Victoire cayó de una ventana de un edificio.
Destrozados, sus camaradas
dudan entre la convicción de un suicidio y la de una muerte accidental.
Desamparados, rehúsan aceptar que sólo pueda existir una realidad.
Alabama, la hija de Victoire representa el futuro, ¿Qué se le dice a una niña
de nueve años cuya madre acaba de caer por la ventana?
En este instante indecible de la desaparición, aparece la intuición de un
don como si sólo la muerte permitiera ofrecer lo que no puede ser expresado. Si
cada uno somos penas potenciales para los seres que nos quieren, la muerte del
ser humano es un agujero abierto para la tribu que le amaba. Nadie en esta tribu
habría podido imaginar la ferocidad de la transformación que una muerte así
engendraría en cada uno de ellos.
Cuando la desaparición de uno se convierte en revelación para sí, entonces
del nombre de Victoire puede eclosionar el impulso de la vida
El espectáculo Notre Innocence, retoma la misma trama pero no tiene
vínculo narrativo con el texto publicado en 2016. Escrita a medida que se
ensayaba, esta creación está construida sobre el trabajo de dieciocho actores de
edades comprendidas entre los 23 y 30 años, llegados de ambos lados del
Atlántico.
La obra trata sobre la herencia dejada a nuestros jóvenes y cuestiona la
confusión que parece ser su destino: ¿Qué dejaremos al mundo que nos
sobrevivirá, nosotros, quienes recibimos un mundo tan poco comprensible?
¿Cómo hablar de la realidad cuando la realidad ya se nos escapa?
Oscilando entre el deseo de dar testimonio y el de contar, Notre innocence,
no es más que una ficción, la de un grupo de amigos enfrentados a la brutal
muerte de uno de los suyos. Ella se llamaba Victoire, tenía veinte años y creía en
las palabras que hablaban de los males del mundo.
Desamparados sus amigos se obsesionan por la actitud que deben tener
delante de Alabama, la hija de nueve años de Victoire. ¿Cómo encontrar el gesto
ideal para que el futuro parezca para ella un horizonte posible?
Llenos de buenas intenciones, el grupo deberá afrontar una trampa tan
violenta que se convertirá en una matanza de las ideas que cada uno de ellos tiene
de sí mismo y de los demás.
¿Quién habría podido imaginar la ferocidad de la transformación que esta
muerte engredaría en cada uno de ellos?
La inocencia, vestida de futuro, nos busca, solicita que transitemos con ella la oscuridad.
Nos desentendemos, la negamos. Ella se instala en el umbral, allí donde el nacimiento y la
muerte son una misma cosa. Y nos susurra proverbios:
-“Estoy aquí, os veo. Por favor, sed sublimes, sed magníficos”
Sección uno: un monólogo de una actriz, desde la centralidad de corbata, en el que nos
narra el momento en que Mouawad contacta con ella para ser parte del reparto, y nos
cuenta en tercera persona, a través de ella, el origen de la obra, sus vaivenes, sus
inspiraciones. La anécdota, un suicidio de ficción que sirve para desarrollar un taller de
creación dramática que remite al suicidio de un compañero de clase de la juventud del autor
y se cierra, sin mayor conexión que la emocional, con el suicidio posterior de una de las
actrices. Teatro sobre el teatro sobre la realidad, que se va alejando del escenario para al
final ser ignorada en su verdad.
Dos: el resto del elenco, un elenco absolutamente variado (y que se declara como tal, como
actores de la obra que -sin declararlo- remiten a los actores con los que Mouawad se
supone que creó el texto cinco años antes, actores que hacen de actores) , forma un coro y
con un unísono marcado y denunciante, nos impreca acerca de ese mundo perdido que se
les ha dejado, sosteniendo una escena de gran fuerza y gran esfuerzo por más de veinte
minutos.
Tres: un cambio de vestuario en escena, declarando la teatralidad del montaje, reas el cual
los personajes, que se sientan en las sillas del foro, se van adelantando uno a uno a
sacudirse en un baile descoordinado, individual y espasmódico, mientras el foro les acorrala
al borde del escenario y se ven obligados a saltar. Cuatro: La discusión del elenco, tras la
noche de fiesta desenfrenada y cotidiana, de quién era realmente la muerta. Y el
surgimiento de la acusación: ¿qué relación pueden tener ellos con el suicidio? Una
acusación que les llevaría a crear una culpabilidad que heredarían sus hijos. Y una llamada
insólita, la de la muerta, contestada por todos a una llamada a su buzón de voz.
Cinco: la pequeña hija de la muerta, que repite las imprecaciones que los ya no tan jóvenes
hacían a sus mayores, que ahora le hace esas imprecaciones a los que antes las hacían,
busca a su madre y una serie de personajes fastamáticos le guían en su recorrido,
negándose siempre a acompañarla. Hasta que ella llega a su destino: la autopsia de su
madre, que revela que conserva el himen y nunca tuvo relaciones sexuales con hombres, la
voz de la madre que la condena a una vida sin futuro y a ponerse en manos de sus
compañeros… Que aparecen finalmente tras una cortina que vela no ya su presencia, sino
la proyección de su presencia: la reunión del elenco. Allí la niña escucha por parte de los
actores que ella no existe, que es un fantasma que sólo ha tenido vida en el engaño de la
compañera suicida y en sus mentes. La niña se queda sobre un escenario, lugar de la
verdad, víctima de la mentira sostenida por una voz. La voz de la que se esconde.