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OSTEOPOROSIS

El documento analiza la osteoporosis, una enfermedad que reduce la densidad y calidad del hueso, aumentando el riesgo de fracturas, especialmente en cadera y vértebras. Se revisan sus causas, diagnóstico, evolución clínica y tratamientos, destacando la importancia de la puntuación T para clasificar la salud ósea y las opciones terapéuticas disponibles, que incluyen medidas no farmacológicas y diversos medicamentos. La osteoporosis es un problema de salud pública creciente, especialmente entre mujeres posmenopáusicas y personas mayores, lo que justifica la necesidad de detección y prevención tempranas.
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OSTEOPOROSIS

El documento analiza la osteoporosis, una enfermedad que reduce la densidad y calidad del hueso, aumentando el riesgo de fracturas, especialmente en cadera y vértebras. Se revisan sus causas, diagnóstico, evolución clínica y tratamientos, destacando la importancia de la puntuación T para clasificar la salud ósea y las opciones terapéuticas disponibles, que incluyen medidas no farmacológicas y diversos medicamentos. La osteoporosis es un problema de salud pública creciente, especialmente entre mujeres posmenopáusicas y personas mayores, lo que justifica la necesidad de detección y prevención tempranas.
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OSTEOPOROSIS

Resumen

Se desarrolla un análisis sobre la osteoporosis, una enfermedad que afecta la estructura del
hueso, reduciendo su densidad y calidad, incrementando considerablemente el riesgo de
fracturas, especialmente la cadera y vértebras. Debido a su alta incidencia a nivel mundial
y su impacto en la salud pública, se vuelve esencial conocer sus causas, formas de
diagnóstico, evolución clínica y tratamientos disponibles. Para ello, se realizó una revisión
exhaustiva de literatura científica actualizada, lo que permitió integrar información
relevante tanto desde el punto de vista fisiopatológico como terapéutico. Uno de los
aspectos más importantes del estudio es la valoración de los criterios diagnósticos
propuestos por la Organización Mundial de la Salud, particularmente el uso de la
puntuación T como medida de la densidad ósea. Este parámetro permite clasificar con
claridad si una persona tiene huesos sanos, osteopenia u osteoporosis, lo que resulta
fundamental para una intervención temprana. Asimismo, se examinan las distintas
alternativas terapéuticas. Entre ellas se encuentran medidas no farmacológicas como la
actividad física regular, una dieta rica en calcio y vitamina D, y cambios en el estilo de
vida. En el ámbito farmacológico, destacan los bifosfonatos como tratamiento de primera
línea, además de opciones más recientes y específicas como los moduladores selectivos del
receptor de estrógeno, la calcitonina, el denosumab, la teriparatida y el romosozumab. La
elección del tratamiento dependerá de la gravedad del caso y de las características del
paciente. Conocer a fondo esta enfermedad permite tomar decisiones clínicas más
acertadas y aplicar medidas de prevención eficaces.

Palabras clave: reumatología, osteoporosis, diagnóstico, tratamiento.


Introducción

La osteoporosis es una patología ósea que se manifiesta por una disminución en la


densidad del hueso y por alteraciones en su microestructura, lo que compromete su
fortaleza, incrementando la vulnerabilidad a sufrir fracturas. Esta condición implica una
pérdida tanto del componente mineral del hueso, como el fosfato de calcio, como de su
matriz orgánica, compuesta por colágeno y otras proteínas. Se trata del trastorno óseo más
frecuente a nivel global, con impacto en personas de ambos sexos y de distintas etnias,
representando un reto significativo para la salud pública. Esto se debe a que las fracturas,
especialmente en la cadera y en las vértebras, aumentan la tasa de complicaciones médicas
y de mortalidad. Se prevé que su prevalencia continúe en ascenso en las próximas décadas,
principalmente debido al envejecimiento progresivo de la población (1,2, 3).

La osteoporosis se divide en dos formas: primaria y secundaria. La forma primaria, que es


la más común, se presenta principalmente en mujeres después de la menopausia y en
adultos mayores de ambos sexos. La secundaria, en cambio, está asociada a enfermedades
o uso prolongado de ciertos medicamentos que afectan la salud del hueso. No son
entidades excluyentes entre sí, ya que una persona con osteoporosis primaria puede agravar
su condición por causas secundarias. Se estima que la mayoría de los casos en mujeres
corresponde a la forma primaria, mientras que en hombres la secundaria es más frecuente
de lo que se pensaba (4).

En cuanto a la estructura ósea, el hueso es un tejido dinámico y complejo, diseñado para


soportar cargas, resistir fracturas y facilitar el movimiento. Está compuesto por el hueso
cortical, que es compacto y representa la mayor parte de la masa ósea, y el hueso
trabecular, que tiene una apariencia porosa y se encuentra principalmente en los extremos
de los huesos largos y las vértebras. Ambos tipos de hueso colaboran para mantener la
resistencia y flexibilidad del esqueleto (5).

La matriz del hueso está formada en gran parte por colágeno tipo I, además de otras
proteínas y factores que favorecen su regeneración y fortaleza. Los minerales,
especialmente el calcio en forma de hidroxiapatita, le otorgan rigidez. La remodelación
ósea es un proceso continuo en el que intervienen células especializadas: los osteoclastos
(encargados de eliminar el hueso viejo) y los osteoblastos (que generan nuevo tejido óseo).
Este ciclo se lleva a cabo en pequeñas unidades llamadas "unidades multicelulares óseas",
y cada fase tiene una duración distinta: la reabsorción por osteoclastos toma alrededor de
tres semanas, mientras que la formación de hueso nuevo por osteoblastos puede extenderse
por varios meses (6).

Este proceso es regulado por señales químicas producidas por las propias células óseas. Un
sistema clave es el de RANK/RANKL/OPG. RANKL estimula a los osteoclastos para que
maduren y realicen su función de reabsorción, mientras que la osteoprotegerina (OPG)
actúa como inhibidor natural, bloqueando esta estimulación. La disminución de estrógenos,
como ocurre en la menopausia, altera este equilibrio y promueve la pérdida de hueso (7).

Asimismo, otros factores como el envejecimiento, deficiencias nutricionales, la falta de


actividad física, o enfermedades inflamatorias pueden interferir con la regulación de este
proceso, favoreciendo la aparición de osteoporosis. En el siguiente documento, se hace la
revisión sobre el diagnóstico, pronóstico y tratamiento para conocer los avances médicos
para que los pacientes que sufren de esta patología, puedan mejorar su calidad de vida.

Objetivos

General:

Analizar los fundamentos teóricos relacionados con la osteoporosis, su diagnóstico,


pronóstico y tratamiento, con el propósito de fortalecer la formación de los estudiantes de
medicina en acciones de prevención primaria sobre esta patología reumática.

Específicos:

- Identificar los principales aspectos generales sobre la osteoporosis como es su


definición, epidemiología y etiopatogénesis, así como factores de riesgo que
favorecen la aparición de la osteoporosis en la población.
- Destacar la relevancia del diagnóstico de la osteoporosis con una detección
oportuna a través del conocimiento de las pruebas clínicas, de laboratorio e
imágenes.

- Especificar los cuadros de tratamiento adecuado para reducir complicaciones


asociadas a esta enfermedad, haciendo énfasis en la prevención de la osteoporosis.

Metodología

La presente investigación se desarrolló bajo un enfoque cualitativo, con el objetivo de


comprender y sistematizar el conocimiento existente sobre la osteoporosis desde una
perspectiva teórica y clínica. Para ello, se llevó a cabo una revisión documental exhaustiva
que incluyó libros especializados en reumatología, así como artículos científicos,
revisiones bibliográficas y metaanálisis publicados en bases de datos académicas, tales
como PubMed, Scielo, Google Scholar y Elsevier, con una antigüedad de 5 años a la fecha.

El análisis se centró en aspectos clave como la definición de la enfermedad, epidemiología,


sus mecanismos fisiopatológicos, criterios diagnósticos, evolución clínica y opciones
terapéuticas disponibles. Esta metodología permitió integrar diversas fuentes confiables y
actualizadas, contribuyendo a una visión amplia y fundamentada sobre el abordaje de la
osteoporosis en el contexto médico actual.

Desarrollo

Definición de Osteoporosis
En 1994, la Organización Mundial de la Salud (OMS) estableció que una persona presenta
osteoporosis densitométrica cuando su densidad mineral ósea (DMO) se encuentra igual o
por debajo de 2.5 desviaciones estándar respecto al promedio de la masa ósea máxima (T-
score ≤ -2.5) (8). Además, el diagnóstico de osteoporosis establecida se plantea cuando,
además de cumplir con ese valor, el paciente ha sufrido una fractura. No obstante, esta
definición se enfoca casi exclusivamente en la pérdida de mineralización, sin considerar
otros elementos que también pueden comprometer la salud ósea, incluso sin alterar
directamente la DMO.

Con el tiempo, esta definición ha sido objeto de revisión, ya que se basa únicamente en una
medida cuantitativa obtenida por densitometría ósea, sin contemplar la calidad estructural
del tejido óseo (9). Hoy en día se reconoce que no es suficiente establecer la presencia de
osteoporosis únicamente con un valor de DMO, pues aspectos fundamentales como la
arquitectura interna del hueso, su remodelación, la predisposición genética y el riesgo de
caídas también desempeñan un papel crucial en el desarrollo de esta enfermedad (3).

El tejido óseo está en constante renovación, mediante un proceso equilibrado entre la


formación, dirigida por los osteoblastos originados de células madre mesenquimales, y la
resorción, llevada a cabo por los osteoclastos, células multinucleadas especializadas (10).
Los osteoblastos sintetizan la matriz osteoide, que posteriormente se mineraliza y se
convierte en hueso maduro. Del total de la masa ósea, aproximadamente el 80%
corresponde al hueso cortical, y el 20% al trabecular. La osteoporosis tiene un curso
progresivo y asintomático en sus etapas iniciales, y en muchos casos solo se detecta
cuando ocurre una fractura (11).

Epidemiología
De acuerdo a lo que indica Guevara (3), se estima que alrededor de 200 millones de
personas padecen osteoporosis en el mundo, siendo una condición especialmente
prevalente en Estados Unidos, donde aproximadamente 28 millones de personas la
presentan o están en riesgo de desarrollarla. Esta enfermedad se caracteriza por una
disminución de la masa ósea y un incremento en la susceptibilidad a fracturas,
particularmente en regiones como la cadera, la muñeca y la columna vertebral (12).

En el estudio LAVOS (Latin American Vertebral Osteoporosis Study) (13), llevado a cabo
en mujeres mexicanas en 2009 utilizando los parámetros diagnósticos establecidos por la
OMS, se reportó que el 16% de las mujeres mayores de 50 años tenía osteoporosis en la
cadera, y el 17% en la columna vertebral. En hombres de la misma franja etaria, el 6%
presentaba afectación en la cadera y el 9% en la columna. Las fracturas vertebrales y de
cadera suelen incrementarse significativamente después de los 65 años, mientras que en
mujeres mayores de 50 años es frecuente observar lesiones en muñecas, antebrazos,
vértebras y otras zonas, lo que justifica la necesidad de una detección oportuna en este
grupo etario. Según los resultados del mismo estudio, la prevalencia general de fracturas
vertebrales fue del 11.18%, de acuerdo con la clasificación de Eastell y colaboradores. Esta
prevalencia aumentó notablemente con la edad: del 6.9% en mujeres entre 50 y 55 años,
hasta el 27.8% en aquellas mayores de 80 (14).

Las fracturas no solo provocan discapacidad, sino que también se asocian con una
mortalidad considerable, alcanzando hasta el 30% en el primer año posterior al evento. Las
fracturas de cadera conllevan hospitalización, tratamiento quirúrgico y procesos largos de
rehabilitación, con una recuperación que rara vez es completa. En contraste, las fracturas
vertebrales pueden pasar desapercibidas al inicio y manifestarse posteriormente con
limitaciones funcionales (10).

Hay diferencias importantes entre hombres y mujeres en cuanto a la densidad ósea. Tras la
menopausia, las mujeres experimentan una reducción significativa en la masa ósea, lo que
conlleva una incidencia de fracturas entre dos y tres veces mayor que en los hombres.
Además, las mujeres caucásicas presentan más fracturas que las de origen hispano. En el
caso de las mujeres mexicanas e hispanas, su morfología ósea, particularmente un cuello
femoral más corto, las hace más propensas a fracturas. Se proyecta que para 2050, la
prevalencia de osteoporosis será considerablemente mayor en regiones como Asia, África y
América Latina (15).

La masa ósea alcanza su punto máximo hacia los 22 años, y a partir de entonces comienza
a declinar progresivamente. Esta pérdida ósea a lo largo de la vida depende del valor
máximo alcanzado en la juventud y de la pérdida acelerada después de la menopausia. La
genética y la nutrición rica en calcio durante la adolescencia son determinantes
fundamentales en ese pico de masa ósea, mientras que factores como el consumo de
tabaco, alcohol, drogas o el sedentarismo tienen efectos negativos. Entre cinco y ocho años
después de la menopausia, la pérdida ósea se acelera: el hueso trabecular disminuye entre
un 2% y 3% por año, y el cortical entre un 1% y 2%. A lo largo del envejecimiento, las
mujeres pueden perder hasta el 50% del hueso trabecular y un 30% del cortical, mientras
que los hombres experimentan dos tercios de esta pérdida (3).
El uso de la densitometría ha sido fundamental para identificar a personas en riesgo y
fomentar medidas preventivas y terapéuticas adecuadas. Solo en Estados Unidos, el costo
anual asociado a fracturas por osteoporosis asciende a 13.8 mil millones de dólares, y se
espera que esta cifra se triplique en las próximas cuatro décadas. Por ello, implementar
estrategias eficaces de prevención y tratamiento resulta esencial para reducir tanto la carga
económica como el impacto clínico de la enfermedad (3).

Etiopatogenia
La osteoporosis representa un serio desafío para la salud pública, no solo por su alta
prevalencia, sino también por su estrecha relación con el envejecimiento y el aumento de
fracturas óseas, resultado de una masa ósea reducida y mayor fragilidad estructural. Estas
fracturas impactan negativamente en la calidad de vida de quienes las padecen, ya que
pueden generar distintos niveles de discapacidad, incrementar las tasas de morbilidad y
mortalidad, y suponer un alto costo económico para los sistemas de salud. Aunque
determinar la incidencia exacta de esta patología es complejo, debido a que suele
permanecer sin síntomas hasta que se produce una fractura, diversos estudios han intentado
estimarla. En Venezuela, un análisis realizado en una consulta privada mostró que más de
una cuarta parte de las mujeres evaluadas presentaban osteoporosis, lo cual evidencia su
presencia significativa en el país, aunque no pueda considerarse un dato representativo a
nivel nacional (2).

Investigaciones en países como Estados Unidos y en Europa han revelado que las mujeres
tienen un riesgo considerablemente mayor de fracturas osteoporóticas a lo largo de su vida
en comparación con los hombres, especialmente en la cadera, columna y brazo. Esta
diferencia se acentúa con la menopausia, etapa en la que se acelera la pérdida de densidad
ósea, siendo la osteoporosis posmenopáusica la forma más común de la enfermedad, y
representando cerca del 95 % de los casos. Por esta razón, se reconoce que ser mujer y
haber atravesado la menopausia son factores de riesgo clave. A pesar de ello, la progresión
de los cambios óseos en esta etapa puede controlarse o reducirse, siempre que se
identifiquen y gestionen adecuadamente los factores que predisponen a su aparición (1).

Clasificación
La osteoporosis puede dividirse en dos tipos: primaria y secundaria. La primaria Hermoso
de Mendoza (16) la considera como aquella que aparece sin ninguna enfermedad previa
que haya dado paso. La forma secundaria suele estar vinculada a enfermedades
subyacentes o al uso de ciertos medicamentos que contribuyen a la pérdida de masa ósea.
Sin embargo, estas dos variantes no son completamente independientes entre sí, ya que una
persona con osteoporosis primaria podría ver agravada su condición debido a factores
propios de la forma secundaria, aumentando así el riesgo de fracturas. Esta enfermedad es
más común en mujeres que han pasado la menopausia y en hombres de edad avanzada, y
se presenta en muy pocos casos en personas jóvenes con una función hormonal normal. Se
estima que la mayoría de los casos en mujeres (alrededor del 95%) son de tipo primario,
mientras que en los hombres este tipo representa entre el 70% y el 80%, siendo el resto
atribuible a causas secundarias.

Clínica
La osteoporosis es una enfermedad que, en sus etapas iniciales, suele transcurrir sin
síntomas evidentes, lo que dificulta su detección temprana. Las manifestaciones clínicas
más destacadas se relacionan con las fracturas por fragilidad, que pueden ocurrir con
traumatismos mínimos o incluso sin causa aparente.

- Fracturas Vertebrales: Son las más frecuentes en pacientes con osteoporosis.


Pueden presentarse de forma asintomática o con dolor agudo en la espalda,
especialmente en la región torácica o lumbar. Estas fracturas pueden llevar a una
pérdida de estatura y a deformidades como la cifosis dorsal (17).
- Fracturas de Cadera: Comunes en personas mayores, estas fracturas suelen requerir
intervención quirúrgica y pueden estar asociadas con una alta morbilidad y
mortalidad. La recuperación puede ser prolongada y, en algunos casos, incompleta.
- Fracturas de Muñeca: Conocidas como fracturas de Colles, son típicas en mujeres
postmenopáusicas y ocurren generalmente por caídas con apoyo en la mano
extendida.
- Síntomas Generales: Además de las fracturas, los pacientes pueden experimentar
dolor óseo difuso, disminución de la movilidad y, en casos avanzados, pérdida
significativa de estatura.
Es importante destacar que la osteoporosis puede permanecer sin diagnóstico hasta que
ocurre una fractura, por lo que la evaluación clínica y el uso de herramientas diagnósticas
como la densitometría ósea son fundamentales para su detección y manejo oportuno (3).

Laboratorio
Los exámenes de laboratorio son fundamentales para distinguir la osteoporosis de otras
enfermedades metabólicas que también pueden causar pérdida ósea secundaria,
permitiendo además orientar de manera adecuada el tratamiento. La elección de las
pruebas dependerá del cuadro clínico específico, pero generalmente se consideran estudios
como el hemograma, la velocidad de sedimentación globular (VSG), los niveles de calcio y
fósforo en sangre, la fosfatasa alcalina, creatinina, y el calcio urinario recogido en 24 horas
(18). También se evalúan hormonas como la TSH, PTH, y la vitamina D. En hombres,
puede ser útil medir los niveles de andrógenos y la hormona luteinizante (19). En ciertos
casos, también pueden requerirse estudios más especializados como biopsia ósea o pruebas
para detectar alteraciones endocrinas o neoplásicas, especialmente cuando la pérdida ósea
no encaja dentro del patrón típico de osteoporosis (20).

Imágenes
El diagnóstico por imágenes de la osteoporosis puede realizarse mediante diversas
técnicas, siendo la más común la absorciometría ósea de doble energía (DEXA), que
permite evaluar con precisión la densidad mineral ósea. También se emplean métodos
cuantitativos como la tomografía computarizada (TAC) o la ecografía para estimar la masa
ósea. Además, las radiografías siguen siendo útiles, sobre todo para identificar fracturas
vertebrales ya establecidas (2, 3, 21).

Diagnóstico
Para autores como Duró (2), Guevara (3), Kanis (22) y Ullaguari (23), los marcadores de
diagnóstico facilitados por la Organización Mundial de la Saludo, son los criterios
diagnósticos de la osteoporosis basados en los valores de densidad mineral ósea (DMO),
expresados mediante la puntuación T. Una DMO se considera dentro del rango normal
cuando la puntuación T se ubica entre +2.5 y -1, lo que indica que la densidad ósea del
individuo está dentro de 2.5 desviaciones estándar por encima y 1 por debajo de la media
de un adulto joven saludable del mismo sexo. Si la puntuación T se encuentra entre -1 y -
2.5, se habla de osteopenia, es decir, una reducción moderada de la densidad ósea. La
osteoporosis se diagnostica cuando la puntuación T es igual o menor a -2.5. En los casos en
que se detecta esta baja densidad ósea junto con una o más fracturas ocasionadas por
fragilidad ósea, se clasifica como osteoporosis severa o establecida.
Pronóstico
La osteoporosis tiende a agravarse con el paso del tiempo, ya que el envejecimiento
conlleva una progresiva pérdida de masa ósea. Sufrir una fractura eleva considerablemente
el riesgo de experimentar nuevas fracturas, incluso hasta tres veces más. Aunque en
general el pronóstico de vida no se ve comprometido, la situación cambia en el caso de las
fracturas de cadera, ya que estas se asocian con una tasa de mortalidad cercana al 20% (2).

Tratamiento
Se lo puede dividir en dos esquemas: el primero tratamiento no farmacológico y el segundo
farmacológico:

a) Tratamiento no farmacológico: Las estrategias preventivas contra la osteoporosis


buscan optimizar la calidad ósea y reducir el riesgo de fracturas, centrándose
principalmente en modificar factores de riesgo como el consumo excesivo de
alcohol y tabaco. La incorporación de programas de ejercicios físicos,
especialmente aquellos que mejoran el equilibrio y generan impacto mecánico
sobre los huesos, promueve la estimulación de los osteocitos, lo cual contribuye al
fortalecimiento óseo. Esta estimulación es especialmente eficaz cuando, en etapas
tempranas de la vida, se combina la actividad física con una adecuada ingesta de
calcio.
El calcio, de acuerdo con Sosa (24) es esencial para mantener la integridad
estructural del hueso a lo largo de la vida, debe obtenerse principalmente a través
de la dieta. Su deficiencia, común en países como Ecuador, ya que en opinión de
Guevara (3) puede desencadenar un balance negativo y afectar el metabolismo
óseo, incluso provocando hiperparatiroidismo secundario. Mientras el citrato de
calcio ofrece mejor absorción en personas con baja acidez gástrica, el carbonato
requiere de un entorno ácido y su aprovechamiento es más limitado en estos casos.
En paralelo Guevara (3) señala que la vitamina D cumple un papel clave en la
absorción y utilización del calcio. Su síntesis natural en la piel disminuye con la
edad, lo que justifica la necesidad de suplementarla, especialmente en personas
mayores. Estudios como el de Vielma (28) demuestran que la administración
conjunta de calcio y vitamina D mejora significativamente la densidad ósea y
reduce la frecuencia de fracturas, especialmente si se alcanza una concentración
sérica adecuada de 25-OH-D. De este modo, para Sosa (24) el enfoque preventivo
más eficaz parece ser el que combina ejercicio físico regular, adecuada nutrición
rica en calcio y suplementación con vitamina D, en lugar de medidas aisladas.
La prevención de fracturas en adultos mayores no solo depende del calcio y la
vitamina D, sino también de una alimentación balanceada rica en proteínas y
micronutrientes esenciales. Un consumo adecuado de proteínas entre 20 y 25
gramos por comida de acuerdo con Guevara (3) es clave para conservar la masa
muscular y mejorar la resistencia ósea, sobre todo en personas con desnutrición o
en riesgo de pérdida funcional. Nutrientes como el zinc, las vitaminas del complejo
B, la vitamina K y el magnesio también juegan un papel complementario en la
protección del sistema músculo-esquelético según la opinión de Pardo (25).
En cuanto al ejercicio, Sánchez (26) afirma que mantenerse físicamente activo de
forma regular es fundamental para evitar la pérdida de masa ósea que puede ocurrir
incluso con breves períodos de inmovilización. En mujeres posmenopáusicas
Guevara (3) recomienda la práctica de caminatas intensas, trote, uso de escaleras y
ejercicios que favorezcan el equilibrio y la fuerza muscular. Sin embargo, antes de
iniciar cualquier programa físico, es esencial evaluar el estado general del adulto
mayor, considerando su capacidad cardiovascular, la fuerza muscular y la presencia
de enfermedades asociadas, para determinar la intensidad adecuada. La
recomendación general para este grupo es al menos 30 minutos de caminata diaria.
Por otro lado, Guevara (3) menciona la importancia de evitar caídas para que ser
vuelva una prioridad reducir fracturas frecuentes como las de cadera, antebrazo o
columna. Las caídas suelen estar relacionadas con factores modificables como
problemas visuales, uso de ciertos medicamentos, deterioro cognitivo y condiciones
físicas limitantes. Para prevenirlas, se aconsejan rutinas de ejercicio personalizadas
orientadas al equilibrio y la fuerza muscular, combinadas con la corrección de
factores de riesgo en el entorno doméstico —por ejemplo, eliminar obstáculos
como alfombras sueltas o mejorar la iluminación— y con una adecuada
suplementación de vitamina D. Todo esto contribuye a un enfoque integral de
prevención de lesiones osteoporóticas en personas mayores.

b) Tratamiento farmacológico, el cual se encuentra subdividido de la siguiente forma:


Los fármacos para la OP que disminuyen la actividad de los osteoclastos, son:
bifosfonatos, denosumab, moduladores selectivos del receptor de estrógenos y agentes
anabólicos como la PTH.
Tabla 1: Bifosfonatos para el tratamiento de la osteoporosis posmenopáusica.

Droga Objetivo óseo y Dosis en el


mecanismo de acción tratamiento Efecto sobre la reducción del
de la OP riesgo de fracturas demostrado
vertebral en ensayos clínicos
Vertebral No- Cadera
vertebral
Bifosfonatos Alendronato Inhibidores de la 70 mg/semana + + +
resorción ósea: inhiben (oral)
Risedronato la actividad de los 35 mg/semana + + +
osteoclastos e inducen (oral)
Ibandronato la apoptosis de los 150 mg/mes + Post hoc -
osteoclastos. (oral) o
3mg/3meses
(IV)
Zoledronato 5mg/año (IV) + + +
Moduladores Raloxifeno Inhibidores de 60 la mg/día + Post hoc -
selectivos del resorción ósea: agentes
(oral)
receptor de Bazedoxifeno no esteroides que se20 mg/día + Post hoc -
estrógeno. unen al receptor de (oral)
estrógenos y actúan
como agonistas de
estrógenos en los
huesos.
+, efecto sobre la fractura demostrado; -, efecto sobre la fractura no demostrado.
Fuente: Tabla modificada de Dennison E, Chan C, Rizolli R. Osteoporosis: Treatment. En: Bijlsma J, Hachulla E.
Textbook on Rheumatic Diseases. EULAR. 2015, p. 985-1001 (27).

De acuerdo con Vielma (28) la calcitonina es una hormona producida principalmente en la


tiroides y otros tejidos neuroendocrinos, cuya función principal es frenar la actividad de las
células responsables de la degradación ósea, los osteoclastos. Su administración puede
hacerse por inyección —la forma más efectiva— o por vía nasal. Aunque para Carrasco
(29) al igual que Guevara (3) su uso puede causar efectos como náuseas, enrojecimiento en
el sitio de aplicación o irritación, también se ha vinculado con un posible aumento del
riesgo de ciertos cánceres. Más allá de su acción sobre el hueso, estudios clínicos han
identificado que la calcitonina puede ayudar a aliviar el dolor óseo, funcionando como
complemento en terapias analgésicas.

El Denosumab tal como indican Vielma (28) y Narváez (30), es un anticuerpo diseñado
para bloquear el RANKL, una molécula clave en la maduración y actividad de los
osteoclastos. Para Guevara (3) el impedir que esta molécula se una a su receptor natural
(RANK), se interrumpe el ciclo de desarrollo de estas células, reduciendo
significativamente la reabsorción ósea. Este proceso también está regulado por la
osteoprotegerina, que actúa como un "receptor señuelo", reforzando la inhibición del
RANKL. En estudios como el de Arbués (31) con mujeres posmenopáusicas, denosumab,
administrado dos veces al año, logró disminuir notablemente el riesgo de fracturas en
diversas localizaciones, incluyendo columna y cadera. Además, para Guevara (3) el
tratamiento prolongado demostró mantener una buena respuesta clínica, con aumento
continuo de la densidad ósea y pocos efectos adversos. Incluso mostró mejores resultados
en densidad mineral ósea en pacientes que cambiaron de alendronato a denosumab, en
comparación con quienes continuaron solo con bifosfonatos.

La hormona paratiroidea (PTH) según Carrasco (29), específicamente su fragmento 1-34


conocido como teriparatida, es el primer tratamiento anabólico para la osteoporosis. Su
administración subcutánea diaria actúa estimulando los osteoblastos, lo que aumenta tanto
su número como su actividad, favoreciendo el crecimiento óseo en las áreas trabecular y
cortical. Es especialmente útil en pacientes con fracturas vertebrales, y se recomienda su
aplicación a una dosis de 20 microgramos diarios. Sin embargo, para Vielma (28) aún se
necesita más investigación para determinar su efectividad en fracturas de cadera. El
tratamiento tiene una duración recomendada de entre 18 y 24 meses. Señala Guevara (3)
que los efectos secundarios comunes incluyen náuseas, dolor en las extremidades, cefalea y
mareos. Está contraindicado en personas con hipercalcemia, hiperparatiroidismo, cálculos
renales activos y enfermedad de Paget.

Romosozumab, medicamento señalado por Guevara (3) es un anticuerpo monoclonal


humanizado que favorece la formación ósea al inhibir la esclerostina, una proteína de los
osteocitos que bloquea la maduración de los osteoblastos. En un estudio clínico fase III,
denominado FRAME, se evaluó su efecto en mujeres posmenopáusicas. Tras un año de
administración mensual de 210 mg por vía subcutánea, seguido de tratamiento con
denosumab, se observó un aumento significativo en la densidad mineral ósea (13% en la
columna y 7% en la cadera). Además, según Carrasco (29) las pacientes que recibieron
romosozumab presentaron una reducción del 81% en el riesgo de fracturas vertebrales, un
resultado estadísticamente significativo en comparación con el grupo placebo.

Conclusiones
Se pueden mencionar las siguientes conclusiones:

Comprender en profundidad qué es la osteoporosis resulta esencial, no solo por su alta


frecuencia en la población mundial, sino también por las graves consecuencias que puede
acarrear si no se detecta y trata a tiempo. Esta enfermedad debilita progresivamente la
estructura ósea, elevando significativamente el riesgo de fracturas que afectan la salud, la
autonomía y, en algunos casos, la supervivencia del paciente. Reconocer sus causas, su
desarrollo y el papel que juegan factores hormonales, nutricionales y de estilo de vida,
permite no solo un abordaje clínico más eficaz, sino también la implementación de
medidas preventivas. En un contexto de envejecimiento poblacional, estar informados
sobre esta condición se vuelve una herramienta clave para preservar la calidad de vida y
reducir su impacto en la salud pública.

Reconocer la utilidad de los parámetros propuestos por la OMS para diagnosticar la


osteoporosis es clave, ya que ofrecen una guía clara basada en cifras objetivas de densidad
ósea. La puntuación T, al compararse con la media de un adulto sano, permite diferenciar
cuándo la pérdida ósea es leve, moderada o grave. Esta clasificación no solo orienta al
profesional en la toma de decisiones clínicas, sino que también ayuda a identificar a tiempo
a quienes están en riesgo, permitiendo intervenir antes de que aparezcan fracturas o
complicaciones mayores. Por tanto, aplicar estos criterios con precisión es un paso esencial
en la detección y manejo oportuno de esta enfermedad.

Con respecto al tratamiento, ha sido posible determinar que para la osteoporosis se


incluyen varias alternativas eficaces no farmacológicas como lo es el ejercicio físico,
alimentación saludable e ingesta de calcio y vitamina D, como una combinación que pueda
dar resultados efectivos. En cuanto al farmacológico, los bifosfonatos son la primera línea
y ayudan a prevenir fracturas óseas, aunque su uso prolongado puede causar efectos
adversos. Los moduladores selectivos del receptor de estrógeno, como el raloxifeno,
reducen las fracturas vertebrales sin afectar tejidos sensibles al estrógeno. La calcitonina
tiene un rol más limitado, pero puede aliviar el dolor óseo. El denosumab, administrado
semestralmente, ha demostrado una alta eficacia en la reducción de fracturas y mejora
sostenida de la densidad ósea. Por otro lado, la teriparatida y el romosozumab son
tratamientos anabólicos que estimulan la formación ósea, indicados en casos de mayor
riesgo o fracturas previas. La elección del tratamiento depende del perfil del paciente, la
gravedad de la enfermedad y la respuesta a terapias anteriores.

Referencias bibliográficas

1. Yabur JA. Osteoporosis. Definición. Epidemiología. Gaceta Médica de Caracas.


2022;129(2):464-474. [Link]

2. Duró-Pujol JC. Reumatología Clínica. Segunda Edición. Barcelona: Elsevier; 2010.

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