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Doble dominación
Copyright Max Santino© 2018
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This is a work of fiction intended for a +18 audience. All characters,
names, places and events are product of the author’s imagination.
Doble dominación
Max Santino
Nunca he sido muy asiduo a los clubes gais, y a simple vista este no es
muy diferente al resto; hombres bailando al son de la música electrónica,
tocándose, besándose desvergonzadamente con las luces de neón
proyectando extraños colores sobre sus pieles. La música ensordecedora, el
aroma a sudor, loción masculina y alcohol…todas cosas con las que estoy
más o menos familiarizado. Lo que es totalmente nuevo para mí es lo que
ocurrirá en escasos minutos.
—Tú eres Leo ¿verdad? —me pregunta un hombre alto y fornido que
trabaja en el club.
—Si —respondo, tratando de disimular mi nerviosismo. Pero las
cosquillas ya han invadido la boca de mi estómago y entre mis muslos.
—Si quieres pasar al reservado, ya estamos listos —me dice, notando
que es mi primera vez.
Apuro mi trago algo nervioso y me pongo de pie. Aquel hombre de
quijada cuadrada y bíceps musculosos me guía a través de la pista de baile.
Yo lo sigo, abriéndome paso entre los hombres bailando apasionadamente,
y mis nervios aumentan con cada paso. Caminamos hasta una pequeña
puerta negra custodiada por otro empleado del club. Cuando la
atravesamos, me encuentro en un pequeño cuarto con paredes pintadas de
rojo y luces débiles. La música también suena a un volumen más débil, con
los sonidos graves retumbando entre mis piernas y acelerando mi
excitación. Mis ojos van directo a una cruz de madera negra que espera
contra la pared. A unos metros de ellas hay una mesa con varios juguetes
sexuales. Mi polla comienza a despertar bajo mis pantalones y trago saliva.
—De acuerdo —dice el empleado del club —¿estás seguro que quieres
hacer esto? Si cambias de idea puedes retirarte.
—Estoy seguro —me apuro a responder. El calor invade mis mejillas y
me cuesta respirar. De pronto, el hecho de que no he follado en meses se
torna insoportable. Mi mente vuela pensando en todas las cosas que deseo
que me hagan en esa cruz, y con esos juguetes sobre la mesa.
—Bien, pero si cambias de parecer, tan solo díselo al Amo. Todas las
actividades en este club se hacen con el consentimiento de todas las partes
—insiste el hombre con una expresión seria. Yo asiento. —Has solicitado
ser castigado por dos amos, junto a otro chico sumiso. Aceptas azotes
suaves y juguetes pero no quieres juegos con cera ni electricidad ¿Es cierto?
Yo asiento de nuevo.
—Bien. Te has hecho los exámenes médicos pertinentes y has recibido
nuestro correo electrónico garantizando que los otros dos participantes están
sanos también.
—Si —asiento una vez más, impaciente ¡Quiero dejar de hablar y
comenzar a follar! Quiero ver como son los otros tres; a los hombres que
me dominarán y al otro chico sumiso que compartirá los castigos conmigo.
Me han ofrecido ver sus fotos pero parte de mi fantasía era no ver sus
rostros hasta ahora. Follar a dos perfectos desconocidos. Ahora, el suspenso
me está matando.
—Una cosita más. A algunos participantes les gusta filmar las escenas y
luego llevarse una copia. También subimos algunos fragmentos en nuestras
redes sociales, si todos dan su consentimiento. Pero tú has especificado que
no quieres que se grabe lo que ocurrirá aquí…
—¡Si, por favor! —Exclamo —He conseguido un empleo nuevo hace
poco y preferiría que no quede registro de lo que pase aquí. Soy
abiertamente gay en la oficina, pero nunca se sabe.
—No hay inconveniente. De hecho, los otros dos participantes tampoco
desean que se grabe nada.
Respiro aliviado.
—Perfecto. Bueno, me retiro entonces. Que disfrutes —sonríe el
empleado. Abandona el cuarto y me deja solo con las cruces y los juguetes.
Los cosquilleos suben y bajan por toda mi espina dorsal. Una sombra de
duda aparece entre la marea de excitación ¿Acaso he hecho bien en venir
aquí?
¿Y por qué no? Estoy soltero, no tengo novio ni nada por el estilo, he
aceptado mi sexualidad hace años y mi familia y amigos no tiene problema
al respecto ¿Por qué debería sentirme culpable de follar? Aunque sea con
dinero de por medio, con dos extraños en un antro. Desde que he
comenzado a trabajar en la oficina a tiempo completo casi no he podido
salir a ligar, y todo hombre tiene necesidades ¿Qué tiene de malo que haya
acudido a un club de sexo? Es un lugar bastante profesional y se han
tomado todos los recaudos ¿Y qué problema hay con que tenga la fantasía
de ser dominado? Los hombres fuertes, poderosos y algo mayores que yo
siempre me han parecido atractivos, pero nunca he tenido la oportunidad de
experimentar el BDSM con ninguna de mis parejas anteriores. A todos les
repugnaba la idea, pero a mí me ha obsesionado desde que vi un video
porno en donde un hombre amordazaba a otro, esposaba sus manos detrás
de su espalda y lo follaba bien duro, para correrse en su rostro lleno de
lágrimas. Desde aquel entonces, he ardido porque alguien me haga lo
mismo a mí. Ahora, finalmente voy a cumplir con mi deseo de ser
dominado.
Camino hacia la mesa y deslizo mis dedos por la fusta de cuero,
imaginando al amo azotándome con ella. Me muerdo el labio inferior y
admiro el dildo de silicona rojo que espera erecto sobre la mesa. Es bastante
grueso, y se ve tentador, aunque ahora mismo, deseo tener una polla de
carne, caliente y dura, dentro de mí.
Se abre la puerta y entra un muchacho de mi misma edad. Me decía una
sonrisa fugar, sin decir una palabra, y comienza a quitarse la ropa en forma
mecánica. Yo tan solo lo observo, preso de mi calentura. Tiene el cabello
rubio y desordenado, y unos ojos redondos y oscuros. Se quita la camiseta y
la arroja al piso, revelando un torso plano y delgado, sin muchos músculos
pero irresistible al mismo tiempo. Luego se quita los pantalones y los
zapatos, y sus muslos son fornidos y elegantes a la vez. Mi miembro está
palpitando con fuerza entre mis piernas mientras el desconocido realiza su
improvisado striptease delante de mis ojos. Se quita la ropa interior con un
movimiento rápido y su polla salta a mi vista, un buen tamaño; larga y
delgada. No está rígida aun, pero a mi s eme hace agua la boca.
Una vez que está totalmente desnudo, me dedica otra sonrisa que me
hace temblar las rodillas. No hay lugar a dudas que él es el otro
sumiso….por su cuerpo, actitud y facciones delicadas. Pero al mismo
tiempo, posee una confianza en sí mismo que imagino, es la envidia de
muchos amos.
—Hola —me dice casi con un ronroneo. Ahora sí, mi polla está dura
como una roca. —No temas, vamos a divertirnos mucho.
Separo mis labios para responder cuando la puerta se abre una vez más.
Otro hombre entra al cuarto. Lo primero que me llama la atención es su
pecho, con una irresistible mata de vello oscuro entre sus pectorales
definidos por el ejercicio. Debajo, una deliciosa serie de abdominales se ven
tensionados, y yo imagino deslizar mi lengua por ellos, siguiendo el
recorrido hacia su entrepierna. Lleva unos pantalones de cuero negros
ajustadísimos, y se puede notar que su polla ya está algo dura. Parece
grande, e inmediatamente la imagino embistiendo dentro de mi culo. Mi
mirada sube hacia su cuello, largo y elegante, sostenido por dos hombros
fuertes. Su rostro está cubierto por una capucha del mismo tipo de cuero
opaco que sus pantalones. Solo hay cuatro orificios; para su boca, su nariz y
uno para cada ojo, los cuales brillan como dos luceros en la íntima luz del
cuarto.
Me mira y mis rodillas tiemblan. Su postura recta proyecta dominación,
y las venas se marcan en sus brazos hasta llegar a dos manos grandes y
masculinas. No puedo esperar a sentir esas manos en todo mi cuerpo.
Instintivamente miro al muchacho desnudo frente a mí; él se muerde el
labio en un gesto decididamente lujurioso.
Antes de que yo pueda mover un músculo, otro hombre entra a escena.
También posee una capucha de vinilo negro brillante que cubre su cabeza,
con un cierre abierto a la altura de su boca. Su cuerpo es igual de
musculosos que su compañero; con unos hombros duros como la roca, unos
pectorales firmes adornados con una irresistible mata de vello castaño, y
una espectacular serie de abdominales en su estómago plano. Lleva unos
pantalones militares no tan ajustados como los de su compañero, pero que
aun así denotan una polla semi rígida en su entrepierna.
—¿Bueno? —Me repte el primer hombre de la capucha con una voz
grave y demandante —¿Por qué no estás desnudo?
—S—si…. —balbuceo mientras mis manos van a la cintura de mi
camiseta para quitármela. Él da un paso al frente.
—Sí, Amo. De ahora en más te referirás a mi como Amo número uno.
—me dice con un dejo de impaciencia en su voz que me pone más caliente
todavía. Luego toma la fusta de la mesa y señala al hombre de pantalones
camuflados —Y te referirás a él como Amo numero dos ¿entendido?
—Sí, Amo número uno —repito mientras mi camiseta vuela al otro
extremo del cuarto. Mis manos tiemblan mientras me apuro a quitarme los
zapatos y busco la cremallera de mi pantalón. Quiero desvestirme lo más
rápido posible para que ese hombre me folle sin piedad. Esto es aún mejor a
lo que he imaginado, y mi corazón está a punto de explotar dentro de mi
pecho. La atención del Amo Dos pronto gira hacia el otro muchacho
esclavo.
—Tú, de rodillas. Chúpame la polla —le ordena. El chico rubio camina
hacia él en forma decidida y se arrodilla frente a su entrepierna abultada.
Acaricia los muslos por sobre el cuero y libera el miembro grueso con sus
dedos hábiles. Ver esa polla me hace exhalar con asombro; no puedo
esperar para tenerla dentro de mi culo. El muchachito la toma en su mano
derecha y la acaricia, disfrutando de su grosor y dureza. Me lanza una
mirada cómplice antes de deslizar su lengua por toda su extensión. Oigo al
Amo gemir de placer y mi propia polla se retuerce en soledad. Ya me he
quitado los pantalones y me bajo la ropa interior hasta el piso, revelando
una erección furiosa y desesperada por atención. Pero solo puedo mirar;
mirar como el chico lame esa polla mientras sostiene la base en su mano,
morar como besa el glande y como gime de gusto.
—Si hubieras estado desnudo al llegar, tú se la estarías chupando ahora
—dice el Amo Uno mientras el esclavo engulle su miembro con hambre
urgente.
—Perdón… Amo número Uno —respondo, entendiendo como funciona
el jueguito.
Cuando estoy completamente desnudo, observo como la cabeza rubia
del otro chico se mueve frenéticamente, tomando la polla del Amo Dos
hasta su garganta. Lo escucho salivar y escupir mientras su velocidad
aumenta, y yo no puedo tolerarlo más. Doy un paso al frente, decidido a
arrodillarme y chupársela también, pero el Amo Dos alza su mano y me
detiene sin tocarme.
—¿Qué haces? ¿Acaso te he dicho que podías chupármela? —me dice,
y es la primera vez que escucho con su increíble tono de voz dominante.
—¿No? —titubeo.
Logro discernir una sonrisa debajo de la capucha, unos labios
masculinos pero generosos se curvan y unos dientes blancos como perlas
asoman. Es una sonrisa desafiante, confiada, que me hace temblar las
rodillas pero que al mismo tiempo exige sumisión. El Amo Uno le da un
golpecito al esclavo en su hombro y este alza la vista.
—Atalo en la cruz. —Le ordena —Este chico necesita aprender
disciplina.
El sumiso rubio se pone de pie y con una fuerza que yo no esperaba de
él, me pone de espaldas contra la cruz. Siento la fría madera entre mis
omoplatos y el muchachito me toma de las muñecas y extiende mis brazos a
ambos lados. Tengo su rostro a escaso milímetros del mío, la boca húmeda
con la cual le ha chupado la polla al Amo Dos casi rozando mis labios.
Instintivamente lo beso. El chico se sorprende pero acompaña el beso con
pasión, saboreando mis labios y dejando que mi lengua penetre en la suya.
Mientras nos besamos con fervor, y nuestras lenguas danzan la una con la
otra, siento las fuertes manos del Amo Uno atando mis muñecas a la cruz.
Mis piernas también son separadas y sujetadas a la cruz con esposas de
cuero, formando una X con mi cuerpo.
Una vez que estoy bien atado e indefenso, el muchacho aleja su boca de
la mía y me da una mirada orgullosa.
—Bien, me gusta verte así. Vulnerable —suspira el Amo Uno. —Hasta
que no aprendas disciplina, lo único que podrás hacer es mirar.
El chico se muerde el labio y festeja con una risita adorable. El Amo
Dos lo llama y este se aleja de mi cuerpo. El hombre de torso ancho y
pantalones militares coloca un collar de perro en el cuello del muchacho
sumiso. Este parece ronronear de placer y yo siento algo de envidia. Con
mis manos y pies atados a la cruz, solo puedo contemplar el espectáculo, el
chico se arrodilla frente al Amo Dos y desliza su lengua por toda la longitud
de su polla. No usa sus manos, solo su lengua y sus labios para complacer al
hombre musculoso de pantalones militares. Engulle su miembro de un solo
movimiento, y el Amo jala de la correa en su cuello. Mientras el chico
mueve su cabeza hacia atrás y adelante, atragantándose con esa polla
gruesa y enorme, el Amo Uno escupe en sus dedos y lo penetra con el
índice. Escucho al chico gemir de placer, con la polla del otro en la boca.
Todo mi cuerpo siente una ola de placer y frustración. Inconscientemente
me retuerzo bajo mis ataduras, pero no puedo moverme, no puedo unirme a
ellos. Las cosquillas en mi polla se tornan rápidas y rabiosas, urgentes, y mi
corazón se acelera.
Veo como el muchacho está en el suelo, apoyado en sus manos y
rodillas, mientras le chupa la polla al Amo Dos y el Amo uno lo folla con
sus dedos. Se toma turnos para escupir y palmear su culo, ese culo tan
pálido, perfecto y redondo. Lo explora con la punta de su fusta de cuero,
haciendo que el chico arquee su espalda con gozo. Luego vuelve a
penetrarlo con sus dedos; ahora está usando dos, el índice y el mayor, y al
chico le encanta. Los mueve hacia atrás y adelante a un ritmo creciente, y el
chico le chupe la polla con más ansias al Amo Dos. Veo como los chorros
de saliva resbalan desde su boca hasta el suelo, y escucho como el otro
gime de placer.
Deseo que mis manos estén desatadas para poder masturbarme;
conforme avanza el espectáculo, los latidos en mi polla se tornan más
dolorosos. Pero no puedo aliviarme, solo puedo mirar.
El Amo número Uno escucha mis gemidos de frustración y se pone de
pie. Durante una fracción de segundo me ilusiono con que se acercará a mí
y me tocará, me follará…me penetrara con sus dedos igual que como lo ha
hecho con el muchacho en el suelo. Pero solo me dedica una sonrisa, casi
imperceptible gracias a su capucha, y me dice.
—¿Te gusta lo que ves? ¿Te gustaría que te hiciéramos esto a ti?
—¡Sí!—gimo en forma desvergonzada. El Amo ríe en respuesta y se
aleja de mí. Se coloca de pie junto al otro Amo y libera su polla de sus
pantalones de vinilo negros. Es tan enorme como la de su compañero;
gruesa y con el glande de un rosado furioso. Se me hace agua la boca y mi
polla late más duro imaginando ese miembro en mi culo.
Ahora el chico está chupándosela a los dos al mismo tiempo, gimiendo
y esforzándose por complacerlos a ambos. Se toma turnos para lamer y
escupir las dos pollas durísimas frente a su cara, casi sin usar sus manos.
Los gruesos hilos de saliva chorrean por su boca y entre los dos glandes. El
muchacho engulle la polla de uno y luego la del otro. En un momento
intenta tomarlas a las dos al mismo tiempo, pero solo consigue atragantarse,
jadear y ahogarse. Por algún motivo, esos sonidos me excitan muchísimo
¡Desearía tanto estar en su lugar, luchando por saborear esas dos pollas
enormes a la vez! Mi miembro duele horrores.
—¿Te gustaría que este fueras tú? —Me pregunta el Amo número uno
mientras jala el cabello rubio del muchacho entre sus piernas —¿Te gustaría
que te folláramos la garganta así?
—¡Sí! —respondo con un gemido. Pero solo obtengo una risita cruel en
respuesta.
En vano lucho con las ataduras que mantiene mis muñecas a la cruz de
madera. El hombre de pantalones negros se coloca una vez más de rodillas
en el suelo, detrás del muchacho rubio. Puedo ver todo lo que hacen, y cada
detalle es tan exquisito como doloroso. Mientras el sumiso continúa
chupándole la polla al Amo número dos, quien jala de su cuello con firmeza
y gruñe de placer, el Amo número uno escupe en su mano, desparrama la
saliva por todo el grosor de su polla y presiona su glande entre las nalgas
del chico. Las separa con sus manos y puedo ver como su miembro entra en
él. Escucho al chico gemir de dolor y placer con la polla del otro en la boca.
Solo puedo imaginar lo bien que se debe sentir; el Amo sujeta su cintura
con ambas manos y empuja, empuja y empuja. Sus pantalones de vinilo han
resbalado por sus piernas hasta el suelo, enredados en sus rodillas, y puedo
ver cómo los músculos de sus nalgas y muslos se contraen mientras
embiste. Los gemidos del muchacho aumentan con desesperación, y el Amo
lo penetra más fuerte y más duro. Siento tantos deseos de estar en su lugar
que apenas puedo respirar. Mi polla está chorreando pre semen, mientras mi
cuerpo permanece inmóvil en la cruz. Dejo escapar otro gemido, pero los
tres me ignoran.
Está follando tan duro a ese chico que sus piernas tiemblan, casi
incapaces de aguantar el peso de su cuerpo delgado. Con el aliento
entrecortado y el rostro rojo, deja de chuparle la polla al Amo número Dos
y despide unos gemidos tan agónicos como candentes. Su cara se
contorsiona de placer mientras la polla entra y sale de su culo a toda
velocidad. El Amo Dos observa el espectáculo y se masturba a milímetros
de los labios del muchacho.
El amo número uno se detiene. Su polla sigue enterrada en el culo del
chico, pero no se mueve. Su pecho y estomago suben y bajan, le cuesta
respirar, puedo notar que está retrasando su eyaculación. Sin soltar la
cintura del muchacho rubio, gira su cabeza hacia mí.
—¿Quieres estar en su lugar? —me pregunta con el aliento
entrecortado.
—Si…
—Debes suplicar mejor que eso —dice con un dejo de crueldad. La
frustración me hace doler el miembro, y mi corazón golpea fuerte dentro de
mi pecho.
—Por favor…
—Por favor ¿Qué?
—¡Por favor, fóllenme! ¡Desátenme y fóllenme! —grito a viva voz.
Mientras me retuerzo en la cruz y suplico, el Amo número Dos se corre en
la cara del rubio. El semen caliente empapa su cara, y el muchachito rubio
cierra los ojos y sonríe. Con su lengua recoge los rastros de semen en sus
labios y barbilla. Cuando el Amo número uno retira su polla dura de su
interior, emite un pequeño quejido, pero permanece en cuatro patas sobre el
suelo. El hombre camina hacia mí, con el pecho cubierto de una fina capa
de sudor y su polla durísima apuntándome. Siento otro escalofrío.
—¿Vas a portarte bien? —me pregunta con voz profunda, caminando
lentamente hacia mí.
—¡Sí! ¡Sí! ¡Por favor, desátenme! —suplico.
El Amo emite una risita. Lo veo patear sus pantalones de vinilo a un
rincón. Camina hacia la pequeña mesa donde esperan los juguetes sexuales
y toma un collar de perro con una correa idéntico al que está usando el
sumiso en el suelo. Me muerdo el labio inferior cuando sus manos están
ajustando el collar de cuero en mi cuello. La presión es perfecta; ideal para
sentirme bajo su dominio, pero no lo suficiente para sofocarme. El hombre
me desata las manos y los tobillos con parsimonia, y todo mi cuerpo está
latiendo de deseo. Una vez libre, me ordena ponerme en cuatro patas.
Obedezco y me dejo conducir por él, quien jala de mi correa.
—Vas a cumplir todas nuestras ordenes ¿no es cierto? —susurra el Amo
Uno con voz ronca, mientras me guía hacia el rincón del cuarto donde
espera el chico rubio.
—Si…—jadeo mientras camino sobre mis rodillas y manos. Me siento
en el suelo, al lado del muchacho con el rostro sonriente y cubierto de
semen. Está con la espalda apoyada contra la pared, y su pecho sube y naja
mientras recupera el aliento. Su polla está dura y mis ojos se desvían por
ese miembro de buen tamaño y punta rosada. También hay rastros de semen
en su pecho, desparramados entre los pequeños pezones marrones.
—Límpialo —me ordena el Amo número Dos.
Yo deslizo mi lengua sobre el culo del chico, buscando su mandíbula.
Recojo los rastros de semen y los saboreo, siento como la respiración del
chico se agita bajo mis besos, y continúo. Pruebo el semen caliente de sus
mejillas y el borde de sus labios, y él gime de placer.
—Quiero ver cómo esos dos putitos lindos se besan —ríe el Amo
número dos. El amo Uno también ríe y me jala de la correa, acercándome a
la fuerza contra el pecho del rico.
—Ya lo han oído. Bésense —Ordena, deslizando la fusta por mi
columna vertebral.
Tomo los labios del chico en los míos. Se sienten deliciosos; carnosos,
hambrientos, suaves, calientes y húmedos por el semen del amo. Las
pulsaciones en mi polla se tornan más fuertes mientras nuestras lenguas se
cruzan. El chico saborea mi lengua y yo saboreo los rastros de semen. La
fusta del Amo Uno recorre toda mi espalda y juega entre mis nalgas.
—Eso es, déjalo bien limpito —ordena uno de los amos, tengo la cabeza
dando vueltas así que me cuesta reconocer quien es quien, pero obedezco;
deslizo mis labios y mi lengua por el cuello del muchacho. Dibujo círculos
en su pecho plano con mi lengua, limpiando las blancas gotas de semen.
Encuentro uno de sus pezones y lo lamo hasta dejarlo limpio. Escucho al
chico gemir y succiono uno de los pezones. Lo beso, lo lamo y lo muerdo
mientras uno de los amos está acariciando mis nalgas. Siento un golpe de la
fusta en ellas y lanzo un gemido. Ambos ríen. Sigo besando y lamiendo el
pecho del chico, mientras recibo los golpes suaves pero firmes de la fusta
en las nalgas. Un ardor se esparce entre ellas y aumenta el dolor en mi
polla.
—Qué lindo culo tiene —reconozco la voz del Amo Dos, pero continúo
besando y lamiendo al muchacho cubierto de semen. Su piel es cálida y
deliciosa.
—Chúpale la polla —me ordena el Amo Uno. Y admito que me siento
algo decepcionado; desearía poder ocuparle la polla gruesa, larga y dura de
alguno de los dos amos. Aunque la del chico se siente deliciosa entre mis
dedos. Me inclino sobre su cuerpo, sujeto la base de su polla con mi mano
derecha y engullo su glande. Mientras lo hago el muchacho se retuerce, y
uno de los amos está humedeciendo el agujero de mi culo con lubricante.
Me estremezco, y la polla me late as fuerte. El Amo numero dos presiona
mi cabeza, obligándome a engullir el miembro del chico en su totalidad.
Muevo mi cabeza más rápido, subiendo y bajando mientras me atraganto, y
el Amo Uno está metiéndome el dedo en el culo con ayuda de su lengua y
su saliva.
—Vamos a divertirnos mucho follando este culo —sentencia antes de
lanzar un escupitajo en mi agujero. Desparrama la saliva con su lengua y
mete su dedo más profundo, yo gimo con la polla del rubio en la boca. Las
manos del Amo Dos también palpan mis nalgas, la bofetean, las aprietan.
Mientras yo sigo chupando el miembro en mi boca, el Amo Uno me penetra
con su dedo índice. Lo mueve hacia atrás y adelante, cada vez más rápido.
La presión es increíble, y aumenta mi necesidad de que me follen. Yo hago
una pausa para respirar, y emito un largo gemido de placer. El Amo Uno
retira su dedo de mi culo y ahora es el Amo Dos quien inserta su índice. Lo
mueve en movimientos circulares, explorando lugares que me hacen
temblar las piernas y gritar. El Amo uno escupe de nuevo en mi culo y
también mete su dedo. Masturbo al chico rubio mientras intento respirar, y
ambos me están follando con sus dedos al mismo tiempo. Han sincronizado
sus movimientos, y sus índices me están abriendo con un placer intenso. Se
mueve hasta el fondo, rápido, hurgando dentro de mí. Emito un largo
gemido, incapaz de respirar.
El Amo número Uno ríe y retira su índice de mi culo, me da una sonora
nalgada y el Amo Dos lo imita. Me siento vacío, palpitante, húmedo,
mareado. Necesito que me follen. No es un deseo, es una necesidad
primitiva y desesperada. Mis paredes internas laten con urgencia, y mis
rodillas tiemblan. Miro hacia arriba y noto que la polla del Amo Dos se ha
puesto dura una vez mas, asomando por la cremallera de sus pantalones
militares. Es gruesa y el glande de color rojo escuro está palpitando frente a
mi rostro. Siento como empiezo a salivar.
—Chúpame la polla —me ordena con su voz cavernosa. Me acomodo
sobre mis rodillas y tomo su polla en la boca. Se siente genial; dura,
caliente. La sujeto con la mano derecha y la envuelvo con mis labios.
Muevo mi cabeza hacia atrás y adelante, rápido, tratando de tragarla entera.
Tengo los ojos cerrados, y los abro a sentir los labios del chico rubio
chupándome el miembro. Dejo escapar una exhalación profunda; mi polla
está tan sensible que el roce húmedo de sus labios me vuelve loco. Creo que
me correré más rápido que de costumbre. Y el chico la chupa tan bien, a un
ritmo cadente y delicioso, ayudándose con sus manos. Miro hacia abajo y lo
encuentro tumbado en el suelo, con el cuerpo de lado, chupándome la polla.
Gimo de nuevo y el Amo número uno me jala de la correa en forma
insistente.
—¿Por qué te detienes?—me dice, y una sonrisa cruel se asoma por la
abertura de la capucha de cuero.
Me relamo los labios y me meto la polla del Amo Dos en la boca. Me
cuesta concentrarme cuando el rubio me está devorando sin piedad. El Amo
Uno se acerca también, y presiona su glande contra mi mejilla. Yo giro la
cabeza y me meto su polla en la boca, lo escucho gruñir de placer. Masturbo
al Amo Dos mientras se la chupo al Amo Uno, gimo con la boca llena
mientras el sumiso me complace con sus labios. No podré tolerarlo mucho
tiempo. Muevo mi cabeza hacia atrás y adelante, bien rápido, engullendo en
su totalidad la polla del Amo uno. Cuando siento nauseas, echo mi cabeza
hacia atrás en forma violenta. Un grueso hilo de saliva pende entre mis
labios y su glande. Escupo el exceso de saliva en la polla del Amo Dos,
ahora se la chupo a él mientras masturbo al Amo Uno. Siento como me
jalan de la correa en forma insistente, mientras yo me esfuerzo por
chupárselas a ambos al mismo tiempo. Entre mis piernas, el muchacho
también está tragándose mi miembro entero, y yo apenas puedo tolerarlo.
La cabeza me da vueltas, mis músculos internos aun palpitan por cómo me
han metido los dedos. Estoy satisfecho y frustrado al mismo tiempo.
Necesito más, necesito más…
—Arriba —ordena el Amo Uno con un suspiro ronco. Aparta su polla
de mi boca y me jala de la correa, obligándome a ponerme de pie. El Amo
Dos obliga al rubio a ponerse de pie.
Nos hacen subirnos a la mesa que hay en el centro de la habitación,
apoyados sobre nuestras manos y rodillas y con las caras enfrentando la
pared. Las piernas me tiemblan y la polla me duele. Uno de los amos
presiona mi nuca, y también la del chico rubio, obligándonos a besarnos.
No me cuesta nada obedecer aquella orden; los labios del chico son
deliciosos; húmedos y carnosos. Cierro mis ojos y me pierdo en el beso,
cruzo mi lengua con la suya, gimo de placer, lo muerdo, lo saboreo.
Mientras tanto, siento una lengua juguetear con el agujero de mi culo. Me
veo obligado a interrumpir el beso y gritar. Cuando abro los ojos y giro el
cuello; encuentro la capucha del Amo número uno enterrada entre mis
nalgas. Es él quien me está comiendo el culo, enloqueciéndome con su
lengua. No puedo soportarlo, no puedo respirar. El chico me calla con un
beso apasionado, pero cuando el Amo número Dos está torturando su culo
con su lengua, él también debe dejar de besarme para gritar. Los sonidos
que emite son deliciosos; el Amo Dos lo devora con hambre, le da sonoras
nalgadas que lo hacen temblar. Y el Amo número Uno me está volviendo
loco, curvando su lengua dentro de mi culo y masturbándome al mismo
tiempo.
Cuando creo que no puedo tolerarlo más, la lengua me abandona.
Respiro hondo cuando siento el glande del Amo Uno abriéndose paso en mi
culo mojado. Se siente mil veces mejor de lo que esperaba. Mientras esa
polla dura me abre, deslizándose despacio en mi culo palpitante, escucho al
rubio gemir como un demente; el Amo Dos ya lo está follando sin piedad,
enterrando su miembro en lo más profundo de su culo. Las manos fuertes
sostienen su cintura y todo su cuerpo delgado tiembla gracias a las brutales
embestidas.
—Te hacía falta esto ¿verdad? ¿Una buena polla en el culo? —gruñe el
Amo Uno entre dientes, mientras empuja dentro de mí con bestialidad.
Apenas puedo gemir unos lastimosos Si mientras me folla. Tal vez
porque he han hecho esperar tanto, pero ahora esa polla se siente como la
mismísima gloria. Entra y sale de mí con rapidez, fuerte, duro…me hace
gritar y mis paredes internas se contraen rítmicamente alrededor de su
impresionante grosor. Duele un poco, pero al mismo tiempo es lo mejor que
he sentido en mi uta vida. Incluso me olvido que mi erección está
palpitando entre mis piernas, desesperada por algo de fricción. Solo me
importa el placer que estoy recibiendo por el culo, tan brutal e intenso.
El chico rubio a mi derecha no para de gritar, y su voz aumenta mi
calentura. Llego al punto que la cabeza me está dando vueltas y el calor me
asfixia. El Amo Uno empuja y empuja y empuja, y yo creo que voy a
volverme loco.
—Me encanta cómo grita —ríe por lo bajo el Amo Dos.
Y yo simplemente no puedo más. Mi eyaculación está cerca, todo mi
cuerpo está palpitando. Pero aun así, no estoy satisfecho. Deseo más,
necesito más. Me falta el aire, siento mi rostro ardiente y rojo. El corazón
golpea fuerte dentro de mi pecho, como si fuera a explotar. Y sin pensarlo,
con un hilo de voz, las palabras escapan de mi boca:
—Los dos…quiero que me follen los dos.
No puedo creer lo que acabo de decir. El chico rubio hace silencio y el
Amo Uno se queda quieto, con su polla palpitando en mi interior.
—Eso no está en el contrato —dice con el aliento entrecortado. Su tono
de voz es diferente al que ha estado usando desde que comenzó la sesión; es
más suave, y hasta dubitativo.
—Lo sé…pero lo quiero ¡Quiero sus dos pollas en el culo! —gimo en
forma desvergonzada.
—¿Estás seguro? —pregunta el Amo Dos.
Me muerdo el labio inferior y asiento; nunca había deseado tanto algo
en mi vida. El Amo Uno retira su polla de mi culo con un movimiento
lento, pero algo doloroso. Chillo y respiro hondo para prepararme. El Amo
Dos me ofrece su mano y yo me bajo de la mesa. El hombre de pantalones
militares se tumba de espalda sobre la mesa, y yo me siento a horcajadas de
él. El muchacho rubio me humedece el culo con su lengua durante unos
minutos, y luego el Amo Uno me aplica una generosa cantidad de
lubricante con sus dedos. Guio la gruesa polla del Amo Dos hacia mi
agujero y desciendo despacio. Es gorda, y me llena de placer. Mis paredes
internas palpitan al su alrededor, y él me sujeta de la cintura. Cuando tengo
toda su longitud enterrada en mi culo, lanzo un gemido agónico. Me tumbo
sobre su cuerpo, él envuelve mis hombros con sus fuertes brazos y yo me
muevo. Subo y bajo, despacio al principio, y el roce de mi polla dura
contra su estómago y el mío hará que me corra enseguida. Aumento la
velocidad a medida que me acostumbro a su tamaño, y el chico rubio se
sube a la mesa de un salto. Está de pie y su entrepierna queda justo frente a
mi cabeza. Con manos gentiles envuelve mi rostro y guía mi boca hacia su
polla. Se la chupo mientras muevo mis caderas, enterrándome más
profundo en la polla dura del Amo Dos. Cuando estoy casi a punto de
correrme, siento el peso de los pies del Amo uno sobre la mesa. Su glande
comienza a hacer presión contra el agujero de mi culo, abriéndose paso a la
par de la polla del otro Amo. Es una sensación increíble, y yo me veo
obligado a gritar con el miembro del rubio en la boca. No puedo respirar,
me aparto para tomar una bocanada de aire. Giro un poco mi cuello y veo al
Amo sujetándome de la cintura mientras me penetra. Ambos hombres me
sujetan con una fuerza increíble mientras me penetran; el Amo dos tiene su
erección enterrada en el punto más recóndito de mi cuerpo, pero el Amo
Uno recién está entrando. Lo oigo gruñir de dolor y placer y me excito
todavía más. Cuando tengo las pollas de los dos adentro, extendiendo mis
paredes internas a una dimensión jamás imaginada, el semen escapa de mi
polla con un espasmo violento. Grito de placer, y el chico rubio me silencia
con un beso apasionado, todo mi cuerpo está vibrando por el orgasmo y los
dos hombres están empujando con pasión dentro de mi culo. Mi semen
caliente se esparce entre mi estómago y el del Amo Dos debajo de mí,
escucho el sonido de la carne de Amo Uno chocar violentamente contra mi
culo mientras me folla. Con la cabeza dándome vueltas, mareado por mi
propio orgasmo, logro meterme la boca del chico rubio en la boca una vez
más. Pero solo puedo chupársela durante unos breve instantes; con un
gemido delicioso él la retira de mi boca y comienza a masturbarse a lo loco.
Cierro mis ojos y siento su semen caliente y espeso chorrear por mi cara. Lo
recojo con mi lengua y lo saboreo, mientras el Amo Uno empuja cada vez
más duro dentro de mi culo. Ha sincronizado sus movimiento con los del
Amo Dos y creo que van a partirme en dos. Tomo la polla todavía
palpitante del rubio entre mis labios y limpio hasta el último rastro de
semen mientras él tiembla de placer.
El Amo dos se corre primero, derramando una abundante carga de
semen dentro de mi culo. Aúllo de placer, y el líquido ayuda a que el amo
Uno pueda deslizarse todavía más rápido. Segundos después, él también se
corre, y el semen de ambos me desborda, chorreando por las caras internas
de mis muslos. Jamás me había sentido tan lleno.
Terminado el encuentro pactado, cada uno se va por su lado. Ignoro a
donde conduce la puerta por donde se retiran los dos Amos, desnudos y
cubiertos de sudor. El chico rubio me dedica una última sonrisa y me pide
mi móvil para agendar su número. Accedo con una sonrisa, ansío volver a
divertirme con él, ya sea los dos solos o con alguien más. Un empleado del
club me guía hacia los baños y me doy una ducha rápida. Cuando estoy por
salir a la calle, con el cabello todavía húmedo, el mismo empelado que me
ha recibido me pregunta:
—¿Todo acorde a lo planeado?
Yo sonrío, mis interiores todavía arden y duelen, pero es un dolor
exquisito.
—No del todo, pero volveré —respondo antes de cruzar la puerta.
Fin.
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