Rut 1: La bondad de Dios en medio de las
pruebas
“Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.” Rut 1:16
El capítulo 1 de el libro de Rut comienza en un tiempo difícil. Había hambre en la tierra, y
Noemí salió de Belén junto a su esposo y sus hijos buscando alivio en Moab. Pero allí las cosas
se hicieron aún más dolorosas: murió su esposo, y luego murieron también sus dos hijos. En
poco tiempo, Noemí perdió mucho (Rut 1:1-5)
A lo largo de los años, muchas de nosotras también hemos conocido temporadas así: pérdidas,
despedidas, enfermedades, cambios inesperados, etapas de soledad o decisiones difíciles.
Mirando hacia atrás, a veces hay partes de nuestra historia que todavía no entendemos.
Sin embargo, este capítulo nos recuerda una verdad profunda: las pruebas no significan que
Dios haya dejado de obrar.
Mientras Noemí solo podía ver dolor, Dios seguía gobernando silenciosamente cada detalle. Él
no había soltado su historia. Y muchas veces con nosotras ocurre lo mismo. Nosotras vemos el
momento presente; Dios ve la historia completa.
Una de las grandes lecciones de este libro es que la providencia de Dios no siempre se siente
clara, pero siempre es fiel. Aun en tiempos oscuros, Él sigue siendo bueno. (Isaías 55:8)
1. Cuando la vida cambia y no entendemos
El comienzo de esta historia es abrupto. Todo cambia rápidamente. Lo que parecía una búsqueda
de provisión termina en pérdida.
A veces así también se presenta la vida. Hay momentos en que jamás imaginamos el rumbo que
tomarían las cosas. Lo que planeamos no ocurre. Lo que esperábamos permanece inconcluso. Lo
que amábamos parece haberse ido.
Y en medio de eso surgen preguntas como:
¿Por qué el Señor permitió esto? ¿Qué está haciendo?
El libro de Rut no responde todas esas preguntas de inmediato. Pero sí nos enseña algo
importante: aunque no entendamos, Dios no está ausente. Muchas veces, con los años, uno
aprende que primero se camina por fe y mas adelante podemos ver el propósito del Señor. (2
Corintios 5:7).
¿Hay alguna parte de mi historia que todavía me cuesta entender delante Dios? ¿He interpretado
el silencio de Dios como ausencia, cuando en realidad Él sigue obrando?
2. El dolor puede nublar nuestra mirada
Noemí oyó que Dios había visitado a su pueblo y que nuevamente había pan en Belén. Esa
noticia ya era una pequeña señal de misericordia.
Pero el dolor había marcado profundamente su corazón.
Cuando habló con sus nueras, parecía mirar el futuro solamente desde sus pérdidas. Le costaba
ver esperanza. Veía lo que había perdido, pero le resultaba difícil ver lo que Dios todavía estaba
sosteniendo (Rut 1:8-13)
Eso también puede pasarnos.
Cuando el sufrimiento permanece mucho tiempo, el corazón puede comenzar a interpretar toda la
vida desde esa herida. Empezamos a mirar lo que falta, lo que nunca ocurrió, lo que fue
arrebatado, y poco a poco perdemos sensibilidad para notar las misericordias diarias de Dios.
Aquí también debemos cuidarnos de la autocompasión.
Cuando el corazón se queda demasiado tiempo mirando solo su propio dolor, puede encerrarse
en sí mismo. Sin darnos cuenta, dejamos de levantar los ojos hacia el Señor.
La autocompasión no trae verdadero descanso. Muchas veces alimenta tristeza, queja y
amargura.
Pero aquí el evangelio nos consuela profundamente.
Tenemos en Cristo a un Salvador que entiende nuestro dolor. Él conoció el rechazo, la pérdida, el
sufrimiento y el quebranto (Hebreos 4:15). No nos mira desde lejos. Podemos acercarnos a Él
con libertad, derramar nuestro corazón delante de Él y hallar gracia en el tiempo oportuno.
El dolor es real, pero no debe convertirse en el lente con el que interpretamos toda nuestra
vida.
Para meditar
• ¿Estoy mirando mi presente más desde mis pérdidas que desde la fidelidad de Dios?
• ¿Hay alguna raíz de amargura, queja o autocompasión creciendo silenciosamente en mi
corazón?
• ¿Estoy llevando sinceramente mi dolor a Cristo?
3. La fe sigue caminando aunque no tenga todas las
respuestas
Rut tomó una decisión que cambió el rumbo de la historia.
“No me ruegues que te deje… tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.”
Rut no tenía garantías. No sabía cómo sería el futuro. No sabía qué encontraría en Belén. No
tenía certezas humanas.
Pero sí sabía algo: quería refugiarse en el Dios de Israel.
Eso es fe.
No siempre significa tener respuestas claras. Muchas veces significa seguir caminando con
Dios aunque todavía no entendamos el camino.
Las mujeres que han caminado años con el Señor saben algo muy valioso: muchas veces la
comprensión viene después. Primero se permanece. Primero se confía. Primero se obedece.
Tal vez hoy el Señor no nos está pidiendo entenderlo todo. Tal vez simplemente nos está
llamando a seguir orando, seguir confiando, seguir amándolo y seguir caminando con Él.
Para meditar
• ¿En qué área de mi vida el Señor me está llamando a confiar aunque no vea todo con
claridad?
• ¿Qué significa para mí hoy seguir caminando por fe?
4. Dios ya estaba preparando esperanza
El capítulo termina con una frase sencilla: “comenzaba la cosecha de la cebada.” (Rut 1:22)
Parece un detalle pequeño, pero no lo es.
Mientras Noemí pensaba que volvía vacía, Dios ya estaba preparando provisión, cuidado,
redención y esperanza.
La bendición fue profética. Booz y Rut se casaron, y el Señor pronto les bendijo con un hijo. En
el nacimiento de este niño, las mujeres de Belén también dieron una bendición a Noemí: «Loado
sea Jehová, que hizo que no te faltase hoy pariente, cuyo nombre será celebrado en Israel; el cual
será restaurador de tu alma, y sustentará tu vejez; pues tu nuera, que te ama, lo ha dado a luz; y
ella es de más valor para ti que siete hijos» (Rut 4:14-15).
Todo eso también se hizo realidad. Como el versículo 17 lo explica, «Y le dieron nombre las
vecinas, diciendo: Le ha nacido un hijo a Noemí; y lo llamaron Obed. Este es padre de Isaí,
padre de David». En otras palabras, Rut fue la bisabuela de David.
Así es cómo Rut, una mujer moabita aparentemente predestinada a sufrir maldición, cuya lealtad
y fe la habían llevado lejos de su propia gente y traída como extranjera a la tierra de Israel, llegó
a ser madre en la línea real que daría origen al primer gran rey de esa nación. Su principal
descendiente sería la Simiente de Abraham y el esperado Libertador de Eva.
Rut es el perfecto símbolo de cada creyente, y de la iglesia misma redimida, traída a un lugar de
gran predilección, dorada de riquezas y privilegios, exaltada como la propia novia del Redentor y
amada por El con un amor difícil de comprender. Por eso, es que la extraordinaria historia de su
redención, debería hacer resonar el corazón de cada creyente con alegría profunda y acción de
gracias por Aquel que, del mismo modo, nos ha redimido de nuestro
pecado.
Ella no sabía que más adelante aparecería Booz.
No sabía que esta historia llegaría a formar parte del camino que conduciría a Cristo.
No sabía que Dios estaba haciendo mucho más de lo que ella podía imaginar.
Ese es uno de los consuelos más hermosos de este capítulo.
Mientras lloramos lo que perdimos, muchas veces Dios ya está preparando lo que vendrá.
Nosotras vemos una parte. Dios ve el cuadro completo.
Y quizá esa sea una verdad especialmente preciosa al mirar los años vividos: muchas veces
recién con el tiempo alcanzamos a ver cuánta bondad, sabiduría y fidelidad había en caminos que
en su momento parecían oscuros.
Para meditar
• Mirando atrás, ¿puedo reconocer momentos donde después vi la mano bondadosa del
Señor?
• ¿Qué misericordias presentes quizá no estoy viendo hoy?
El libro de Rut no termina resolviendo todas las preguntas. Todavía hay dolor. Todavía hay
incertidumbre.
Pero ya aparece una luz en el horizonte.
Y eso nos enseña algo muy precioso: aunque todavía no veamos el final de la historia,
podemos descansar en el carácter de Dios. (Salmo 145:17)
Él sigue siendo sabio.
Él sigue siendo fiel.
Él sigue siendo bueno.
A veces no entenderemos sus caminos, pero nunca tendremos razón para dudar de su bondad.
Preguntas para conversación o reflexión grupal
1. ¿Qué prueba en mi vida me ha enseñado más acerca de la fidelidad del Señor?
2. ¿Dónde he visto la providencia de Dios solo después de haber atravesado el dolor?
3. ¿Qué áreas de mi corazón necesitan hoy volver a mirar la bondad de Dios?
4. ¿De qué manera el Señor me sigue llamando a crecer espiritualmente en esta etapa de mi
vida?
5. ¿Cómo puedo animar a mujeres más jóvenes con lo que Dios me ha enseñado a través de
los años?