La deconstrucción del género como un proceso de
subversión cultural
Introducción
El rol de la mujer en el trabajo
Referencias
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Introducción
Analizar el esquema cultural de género posibilita desentrañar una compleja
red de interrelaciones e interacciones sociales que responden a un orden
simbólico. De esta manera, será posible reconocer que, en la base de las
desigualdades entre mujeres y varones, se encuentra la adjudicación de
diferentes tareas y ámbitos donde estas se desarrollan. La perspectiva de
género permite reconocer cómo las costumbres culturales limitan la
participación de las mujeres y disidencias sexuales en la vida pública.
La exclusión de las mujeres de los empleos mejor pagos y prestigiosos se
observa en todo tipo de organizaciones, lo cual demuestra que las mujeres
se encuentran en una situación de inequidad.
El techo de cristal es una metáfora que representa el ejercicio de violencia
simbólica a la que son sometidas las mujeres en el mundo laboral, marcando
límites en las carreras en su camino hacia la cima de las jerarquías políticas o
empresariales.
¿Cómo construir un piso común de igualdad reconociendo la diferencia
sexual? ¿Es posible deconstruir el género?
C O NT I NU A R
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El rol de la mujer en el trabajo
Carolina refiere:
Amo mi profesión y siempre he realizado mi trabajo con mucho
amor y dedicación.
Durante el tiempo que trabajé como diseñadora gráfica en la
empresa de publicidad, me esforcé permanentemente por
cumplir con todo lo que me pedían y entregar mis trabajos en
tiempo y forma. Aunque recibía buenas devoluciones de
desempeño por parte de mis superiores, nunca lograba
ascender. Esto fue algo que me llamaba la atención.
Un día me animé y consulté en la empresa sobre está situación
que venía observando y que me parecía injusta, pero la respuesta
me sorprendió más aún. Me contestaron que era una política de
la empresa que los cargos de jerarquía estén ocupados por
hombres, lo cual ponía un límite a la posibilidad de seguir
creciendo en la compañía y lograr un mayor desarrollo en mi
profesión.
Hablando con otras mujeres y leyendo sobre el tema, aprendí
que esa situación es explicada a partir de la denominación de
“techo de cristal”.
¿Qué ocurre con mi capacidad, con mi formación, con mi trabajo?
Me pregunté en ese momento: ¿Qué argumentos explican o se
encuentran en la base de estas políticas en las empresas?
Muchas personas creen que, cuando las mujeres son madres, el
foco en sus vidas está puesto en la crianza de los hijos, y que
cualquier otro interés, como el seguir creciendo en la carrera
profesional, desvía la atención de lo realmente importante, que
son las tareas de cuidado. Esto es lo que no permite que las
mujeres podamos demostrar nuestras capacidades.
Había escuchado esta idea anteriormente, pero no había vivido
sus consecuencias de manera personal. Empecé a pensar en la
poca cantidad de mujeres que hay ocupando puestos que
implican toma de decisiones. Eso demuestra que los
preconceptos que circulan socialmente sobre el rol de las
mujeres se traducen en barreras para su desarrollo y crecimiento
profesional y laboral.
La deconstrucción del género como un proceso de subversión
cultural.
Los estereotipos de género estructuran la percepción individual y la
organización concreta y simbólica de toda la vida social. Marta Lamas
(2007), retomando a Bourdieu, explica que el orden social construido sobre la
base de los estereotipos de género se impone como algo natural, no
requiriendo justificación alguna. Esto es posibilitado por un acuerdo casi
perfecto entre:
La organización social del espacio y el tiempo.
La división sexual del trabajo.
Las estructuras cognoscitivas inscritas en los cuerpos y en las
mentes.
Analizar el esquema cultural de género posibilita desentrañar una compleja
red de interrelaciones e interacciones sociales que responden a un orden
simbólico.
Es evidente que el entramado de la simbolización se construye partiendo de
las diferencias anatómicas, de las características biológicas y de los roles en
relación a la reproducción. De esta manera, los aspectos económicos,
sociales y políticos son dominio masculino y heterosexual, dando lugar a
formas de ciudadanía radicalmente diferentes para los géneros.
En la base de estas desigualdades entre mujeres y varones, se encuentra la
adjudicación de diferentes tareas y los ámbitos donde estas se desarrollan.
La perspectiva de género ayuda a reconocer cómo las costumbres culturales
limitan la participación femenina en la vida pública y asignan diferentes
ámbitos de desarrollo:
Ámbito Privado:
En relación con actividades que socialmente son consideradas con
menor prestigio y valor, pero que sin embargo permiten el proceso
de la vida.
Se relaciona con las tareas domésticas, tareas de cuidado de hijos
e hijas, etc.
Comúnmente son ejecutadas por mujeres desde el anonimato.
Ámbito Público:
Aparece como el espacio donde se realizan las actividades
socialmente más valoradas.
Son llevadas a cabo por sujetos masculinos.
Se relacionan con un lugar visible, con el ejercicio activo de la
ciudadanía y la toma de decisiones.
Los roles de género tradicionales entran en contradicción con los que se
reclaman actualmente para las mujeres: roles de ciudadanas y de
trabajadoras.
Para transformar esta realidad, se hace necesario contar con marcos
regulatorios que no solo posibiliten el acceso y desarrollo del trabajo de las
mujeres en el ámbito público, sino que también reconozcan que las tareas
desarrolladas en el ámbito privado son trabajos y necesitan reconocerse
como tales, ampliando así el acceso a los mismos derechos.
La desigualdad tiene su correlato salarial: las mujeres ganan
mucho menos que los hombres. La división existente entre los
trabajos "femeninos" y los "masculinos" no permite defender el
principio de "igual salario por igual trabajo". La segregación de la
fuerza de trabajo excluye a las mujeres de los empleos mejor
pagados y prestigiosos. En todo tipo de organizaciones, las
mujeres están en una situación de inequidad, y rara vez se
encuentran en las posiciones de alta gerencia y de dirección. El
hostigamiento y el chantaje sexual son una lamentable realidad
laboral.
Aunque cada vez más mujeres ocupan altos puestos técnicos y
científicos, e importantes cargos políticos y de la administración
pública, todavía representan un porcentaje pequeño de éstos.
No se reconoce la sutil discriminación en altos niveles y
tampoco se comprenden las barreras invisibles del fenómeno
llamado "techo de vidrio” (Lamas, M. 2007).
El trabajo no asalariado de las mujeres está entretejido estrechamente con
su trabajo asalariado: las condiciones en que las mujeres entran al mercado
formal e informal de trabajo están ligadas a las condiciones en que realizan o
resuelven sus trabajos domésticos, de atención y de cuidado.
Estas son algunas de las consecuencias del entrecruzamiento que se da
entre el trabajo doméstico y el trabajo remunerado para las mujeres:
La carga física, emocional y mental de la doble jornada.
Restricción de sus posibilidades de desarrollo personal, de sus
vidas afectivas y sociales, y de su participación política como
ciudadanas.
Vulnerabilidad laboral: son ellas, y no ellos, quienes faltarán al
trabajo para resolver cualquier problema doméstico o familiar.
Figura 1: Panorámica de la cúpula de cristal en el Estado
Fuente: Castellanos, L. (2017). Recuperado de [Link]
la-cupula-de-cristal-en-el-estado/
Figura 1. La figura ilustra un artículo elaborado por Economía Femini(s)ta,
titulada: "Panorámica de la cúpula de cristal en el Estado". Se afirma que el
techo de cristal está siempre ahí, invisible pero inconmovible, marcando el
límite de las carreras de las mujeres en su camino hacia la cima, en una
jerarquía política o empresarial. Si bien hay derechos conquistados que
alientan la participación política femenina, aún hay estructuras sociales que
impiden que las mujeres puedan acceder en igualdad de condiciones a los
espacios de poder.
Las sociedades se constituyen y se modifican a partir de los significados y
valores de quienes vivimos en ellas. Teniendo en cuenta esto, Marta Lamas
(2007) se pregunta: ¿Cómo construir un piso común de igualdad
reconociendo la diferencia sexual?
Uno de los principales desafíos políticos en la actualidad se relaciona con
poder conciliar responsabilidades laborales y familiares, tanto para las
mujeres como para los varones, lo cual implica alentar la participación
masculina en las tareas domésticas y de cuidado, y transformar la
identificación simbólica mujer=familia. Se requiere el desarrollo de una nueva
forma de conceptualizar las responsabilidades familiares, una nueva
distribución de tareas y el apoyo de servicios de cuidado infantil.
La autora insiste en que es importante evitar caer en las trampas de la
igualdad, y desechar la idea de que son las mujeres las que tienen que
igualarse con los varones. También, denuncia que existe una contradicción
demagógica que otorga valor a la participación ciudadana de las mujeres,
pero dificulta su participación efectiva al no existir opciones sociales que
redistribuyan o reduzcan las labores de madres y amas de casa, o que por lo
menos las reconozcan, ya que históricamente, el trabajo doméstico no ha
sido reconocido. Se han adjudicado las tareas de atención y cuidado humano
en la esfera privada a las mujeres, como función natural y como expresión de
amor. No basta con declarar la igualdad de trato, cuando en la realidad no
existe igualdad de oportunidades.
Uno de los retos a enfrentar es trascender las definiciones tradicionales de
qué es ser mujer y qué es ser hombre, teniendo en cuenta que un número
mayor de personas tienen experiencias de vida que no se ajustan a los
esquemas tradicionales de género y se siente violentado en su propia
identidad y subjetividad por los códigos culturales y los estereotipos de
género existentes.
El reconocimiento de la diversidad y multiplicidad de identidades requiere
comprender que hay variadas formas de existencia en las personas.
Ante prácticas, discursos y representaciones sociales que discriminan,
oprimen o vulneran en función de un esquema rígido de género, hoy se exige
igualdad de trato y de oportunidades.
Teniendo en cuenta estas consideraciones, Marta Lamas (2007) refiere que
deconstruir el género es un proceso de subversión cultural, asumiendo que
las personas reciben y están atravesadas por significados culturales que
pueden ser reformulados y resignificados, orientándose a una visión
igualitaria de los géneros, superando el marco binario existente y sus
estereotipos. El género es cultura, y la cultura se transforma con la
intervención humana.
¿Cómo pensar lo impensable? Sólo mediante la crítica y la desconstrucción
de las creencias, prácticas y representaciones sociales que discriminan,
oprimen o vulneran a las personas en función del género, es posible
reformular, simbólica y políticamente una nueva definición de las personas.
Actividades de repaso de lecturas
Marta Lamas (2007) afirma que deconstruir el género implica un proceso de
subversión cultural, ¿qué significa esto?
Asumir que las personas estamos atravesadas por
significados culturales que pueden ser reformulados
y resignificados, orientándose a una visión igualitaria
de los géneros, superando el marco binario existente
y sus estereotipos.
Asumir que las personas estamos atravesadas por
significados culturales que influyen en nuestra
manera de relacionarnos y por ello no es posible
reformularlos y resignificarlos.
Asumir que las personas estamos atravesadas por
significados culturales, pero que estos no pueden ser
reformulados y resignificados porque son
constitutivos de las sociedades.
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Vanesa Vázquez Laba, Doctora en Ciencias Sociales de la Universidad de
Buenos Aires, en la entrevista realizada en el Ciclo de entrevistas: Palabra
Clave, afirma que cuando se necesita sacar la fuerza de trabajo femenina
del mercado laboral aparecen:
Los discursos conservadores que vinculan a las
mujeres con cuestiones relativas a la maternidad.
Los discursos que vinculan a las mujeres con la
ampliación hacia otros puestos de trabajo del mundo
masculino.
Los discursos que establecen que los cuerpos
pueden realizar trabajos intelectuales, manuales y
de fuerza, y que ello no tiene que ver con lo
masculino y lo femenino.
Los discursos conservadores que establecen que los
trabajos masculinos siempre fueron los mejores
pagos.
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Referencias
Castellanos, L. (2017). Recuperado de
[Link]
estado/
CONTENIDOS UNPA [nombre de usuario]. (29 de abril de 2020). PALABRA
CLAVE VANESA VAZQUEZ LABA BLOQUE 3: TECHO DE CRISTAL [video de
YouTube]. Recuperado de [Link]
0Ds3aE&ab_channel=CONTENIDOSUNPACONTENIDOSUNPA
Lamas, M. (1996) La perspectiva de género. La Tarea, Revista de Educación y
Cultura de la Sección 47 del SNTE. No. 8. Recuperado de (Microsoft Word - La
perspectiva de g\351nero _Lamas_.doc) ([Link])
Lamas, M. (2007) El Género es cultura. Ponencia presentada en el V Campus
Euroamericano de Cooperación Cultural: Cooperación y diálogo intercultural.
Ministerio de Cultura de España. Recuperado de
[Link]
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