En lugar de consumir la fortaleza, hizo una oferta. Poder… a cambio de un vínculo.
Los
sacerdotes dudaron, los guerreros se negaron, Durgan aceptó. No por ambición, por
cálculo. Sabía que cerrar la grieta requería algo más que acero.
Así nació su vínculo con el poder infernal (el patron Fiend). No como siervo… sino
como carcelero con herramientas prestadas.
La Coraza del Bastión Infernal
El objeto que portas —la armadura legendaria— no es un regalo.
Es un instrumento de contención. Fue forjada por los herreros de Karak-Varn
utilizando:
● metal de las profundidades
● fragmentos imbuidos de energía infernal
● runas de anclaje planar
La coraza cumple dos funciones:
1. Proteger al portador
2. Actuar como sello viviente de la grieta
Cada golpe que recibes no solo es resistido…es redirigido simbólicamente hacia
aquello que intenta cruzar. Por eso quema. Por eso devuelve daño. No es magia
ofensiva, es equilibrio impuesto.
La Caída del bastión
El ritual de sellado funcionó… parcialmente. La grieta no se cerró. Pero fue
estabilizada. A costa de todo.
Karak-Varn quedó destruida. Sus guardianes, muertos. Sus sacerdotes, consumidos.
Solo Durgan sobrevivió, no por suerte, por diseño. Él era el ancla.
Encuentro con la Orden
Tras la caída de Karak-Varn, Durgan no vagó mucho tiempo.
Fue encontrado por una célula de la Orden de los Cazadores de Monstruos, quienes
investigaban anomalías en la región.
Al principio lo consideraron una amenaza:
● Portador de magia infernal
● Único superviviente de un evento catastrófico