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El documento aborda la importancia de la inteligencia emocional, la conducta positiva y la autoestima como pilares del bienestar emocional y desarrollo personal. Se define la inteligencia emocional como la capacidad de gestionar las emociones propias y ajenas, y se describen habilidades clave como el autocontrol, la autoconciencia, la motivación, la empatía y las habilidades sociales. Además, se discuten las emociones, su clasificación y la necesidad de responder adecuadamente a ellas para mantener una buena salud mental.

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El documento aborda la importancia de la inteligencia emocional, la conducta positiva y la autoestima como pilares del bienestar emocional y desarrollo personal. Se define la inteligencia emocional como la capacidad de gestionar las emociones propias y ajenas, y se describen habilidades clave como el autocontrol, la autoconciencia, la motivación, la empatía y las habilidades sociales. Además, se discuten las emociones, su clasificación y la necesidad de responder adecuadamente a ellas para mantener una buena salud mental.

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Módulo 1.

Inteligencia emocional,
conducta positiva y autoestima
1. Introducción

La inteligencia emocional, la conducta positiva y la autoestima son pilares


fundamentales para tener un bienestar emocional, una buena
comunicación y un desarrollo personal adecuado. Si bien cada uno de los
conceptos tiene su propias características, es posible mencionar su
convergencia hacia un objetivo común, que sería un equilibrio en la vida de
las personas.

La inteligencia emocional permite gestionar las emociones de manera


efectiva, ayudando a establecer relaciones más saludables. Por otro lado,
la conducta positiva enriquece las interacciones con los demás y mejora la
percepción del entorno. Asimismo, una autoestima sólida es la base para
construir una identidad fuerte y positiva, influyendo en la toma de
decisiones.

Incluso, estas tres habilidades influyen en la persona como profesional. Estas


logran facilitar la interacción social, la comunicación, la resolución de
conflictos y la ejecución de tareas. Permiten que el desenvolvimiento
consigo mismo y con otras personas sea de manera adecuada, armoniosa,
con respeto y seguridad; de ahí su importancia de conocerlas, aprenderlas
y trabajarlas. Así, a continuación se desarrollarán con mayor profundidad
estas habilidades, conociendo su significado e importancia.

2. ¿Qué es la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional se define como la capacidad de identificar y


reconocer los sentimientos propios y de los demás para aprender a
gestionarlos y regularlos adecuadamente. El aprender a tener inteligencia
requiere la habilidad de administrar adecuadamente las emociones, de
forma que se puedan reducir las situaciones de estrés y de conflicto.

Este término tiene sus inicios a partir de la teoría de las inteligencias múltiples
de Howard Gardner; sin embargo, es el psicólogo Daniel Goleman quien
construye y desarrolla el concepto de inteligencia emocional, publicando
un libro con dicho nombre en 1995.

La inteligencia emocional se divide en dos tipos: la interpersonal, como la


capacidad de entender las emociones de los otros y poder reaccionar
adecuadamente ante ellas; y la intrapersonal, que consiste en entender las
propias emociones, ayudando a la autorregulación y la buena toma de
decisiones.

Muchas personas malinterpretan el término de inteligencia emocional con


el cohibir la generación de sentimientos y emociones ante cualquier
estímulo. De hecho, lo que refiere este concepto es la capacidad de
manejar adecuadamente esos sentimientos y emociones.

Más allá de las habilidades técnicas que posea una persona, habilidades
como la inteligencia emocional son un agregado al perfil profesional de una
persona. Esta permite a un trabajador desenvolverse de forma más
eficiente, con mayor rendimiento y conservando una buena salud mental.
Asimismo, dicha persona permite tener un ambiente laboral más armonioso,
logrando trabajar en equipo y teniendo una interacción genuina y sana con
los demás compañeros.
En áreas en las que se tiene trato con clientes, un trabajador con
inteligencia emocional es indispensable; sobre todo, para poder
llevar a buen término las relaciones con los clientes difíciles.

La inteligencia emocional es de vital importancia para evitar que una


persona sufra episodios de estrés, pueda procesar la frustración y sepa
enfrentar los sentimientos negativos. Todo esto eleva el desempeño de un
trabajador y lo hace más hábil en el relacionamiento interpersonal.

“Los líderes más efectivos comparten algo clave: todos tienen un alto grado
de lo que se conoce como inteligencia emocional. […] Sin ella, una persona
puede tener la mejor preparación del mundo, una mente incisiva y analítica,
y un sinfín de ideas inteligentes, pero aun así no será un gran líder”.
(Goleman, 1998)

Incluso, una persona con esta habilidad tiene también la capacidad de


converse y dominar a las demás personas, tendiendo a ser excelentes
líderes, generando impacto en las demás personas. Estas personas logran
tener competencias emocionales y habilidades interpersonales que
potencian sus fortalezas y destrezas.

2.1. Habilidades de la inteligencia emocional

Las personas no nacen como tal con inteligencia emocional; por tanto, es
una habilidad que se debe ir desarrollando a lo largo de la vida, a través de
componentes como: el autocontrol, la autoconciencia, la motivación, la
empatía y las habilidades sociales.
● Autocontrol: se trata de tener técnicas para la regulación personal.
Esta competencia va de la mano con la autoconciencia, pues solo
conociéndose a sí mismo se logra controlar y manejar
adecuadamente las emociones.

Asimismo, es a través de esta que la persona llega a tomar las mejores


decisiones en cualquier ámbito. Las personas sin autocontrol actúan
impulsivamente, no se detienen a examinar las consecuencias de sus
actos ni piensan en las emociones que están sintiendo.

● Autoconciencia: está relacionado con el conocimiento de sí mismo,


es la capacidad de reconocer las formas comportamentales, las
situaciones estresantes y motivantes, los sentimientos y las formas en
que se pueden trabajar. La autoconciencia es fundamental para
desarrollar la conciencia emocional; es tener un autoconocimiento
de las fortalezas y las debilidades.

● Motivación: se trata de mantener el positivismo ante cualquier


situación, buscando las formas para sentirse bien y no desenfocarse.
Las personas llegan a cumplir sus objetivos gracias a esto. El tener una
motivación ayuda a que las personas tengan éxito, pues buscan
adaptar las situaciones para no perder el rumbo.

● Empatía: una persona con empatía logra entender cómo se sienten


los demás en respectiva situación y logran comunicarse
asertivamente para no herir susceptibilidades. Se trata de “ponerse en
los zapatos del otro”, comprender su manera de actuar y sentir, sin
necesidad de estar compartiendo el mismo sentimiento. Para tener
empatía se debe saber captar las emociones del otro no solo a través
del lenguaje verbal, sino también del no verbal, sus expresiones, sus
gestos, etc.

● Habilidades sociales: se trata de lograr tener buenas relaciones


interpersonales con las demás personas, llegando a ser una persona
exitosa en el ámbito personal y laboral. Las personas con habilidades
sociales logran trabajar con liderazgo, comunicándose
efectivamente, gestionando los conflictos de manera adecuada y
trabajando en equipo.

2.2. Características de las personas con inteligencia emocional

Las personas con un buen nivel de inteligencia emocional llegan a tener las
siguientes características:

● Logran conocer sus emociones, se escuchan a sí mismos y analizan lo


que sienten.

● Han identificado sus debilidades y fortalezas, llegando a evitar las


primeras y potenciar las segundas.

● Saben razonar sobre sus sentires y no permiten que estos interfieran en


las metas y proyectos que tienen.

● Saben solucionar los problemas, reduciendo los impulsos, las


reacciones viscerales y los ataques.

● No reprimen sus sentimientos, logran expresarlos de manera clara y


auténtica.
● No toman las cosas de manera personal, no se detienen en
situaciones que no pueden controlar.

● Tienen en cuenta las emociones y sentimientos de las otras personas,


son personas empáticas y logran forjar relaciones sólidas con los
demás.

● Buscan motivarse constantemente, buscando dejar atrás y


enfrascarse en las emociones negativas.

● Reconocen sus errores y trabajan para arreglar aquellos


comportamientos y acciones que no les gustan.

● Asumen el cambio y buscan ser flexibles para adaptarse a cualquier


situación. Incluso, anticipan los propios cambios para sacarle
provecho a estos.

● Han aprendido a decir que no y a expresar las inconformidad o


situaciones de incomodidad.

2.3. Estrategias para desarrollar la inteligencia emocional

Realizarse autoevaluaciones
La autocrítica es la mejor herramienta para mejorar aquellas debilidades y
a potenciar las fortalezas que se tienen. Se trata de hacer una reflexión de
cómo se actúa ante algunos escenarios que ponen en conflicto o que
provocan una serie de emociones negativas. La intención es volverse
consciente de cómo se reacciona y tomar medidas y decisiones a partir de
ello.

Diario de emociones
Aunque es una técnica desarrollada para niños y adolescentes; esta
también resulta útil para los adultos, pues se convierte en un proceso
terapéutico que le permite a la persona expresarse de forma sincera
consigo mismo. Dentro de una libreta, la persona puede ir describiendo
cómo experimenta las emociones y determinando los factores o estímulos
que las originan; así, progresivamente, se va haciendo conciencia de su
aparición, se pueden entender mejor y aprender poco a poco a dominarlas.

Mindfulness
Una práctica ligada a la estrategia anterior es el mindfulness. Consiste en
poner atención plena a lo que se está sintiendo, sin llegar a emitir juicios. Se
trata de tomar conciencia del sentir y, a la par, aprender a aceptar los
pensamientos y sentimientos que se tiene, permitiendo ser comprensivo con
aquello que está sucediendo. Esta estrategia va de la mano con técnicas
como la meditación, posibilitando el autocontrol de la mente y el cuerpo.

Comunicar las emociones


Para poder comprender las emociones de mejor manera también resulta útil
dialogar con los demás sobre aquello que se siente y se piensa. El expresarse
de forma correcta ayudará no solo al autoentendimiento, sino también a
desarrollar habilidades como la empatía; sabiendo reconocer cómo
esperan los otros que se debe actuar ante ciertas circunstancias.

Otras estrategias para mejorar la inteligencia emocional


Además de las anteriores estrategias, otras recomendaciones que se
pueden seguir para mejorar la inteligencia emocional son:

● No negar o reprimir los sentimientos; tratar de afrontarlos y aceptarlos


de la mejor manera.

● Trabajar en los límites y el autoconocimiento de las debilidades.

● Aceptar los cambios como algo inherente a la vida y estar preparado


para la adaptación.

● Prestar atención a los sentimientos y emociones de los demás,


intentando comprenderlos y observando cómo las otras personas las
manejan o regulan.

● Definir correctamente las emociones que se tienen, dado que, en


muchas ocasiones, ni siquiera se puede verbalizar el estado por el cual
se está pasando.

3. ¿Qué son las emociones?

Las emociones son reacciones fisiológicas del propio cuerpo ante


situaciones, cambios o estímulos que aparecen en el entorno o en la propia
persona. Estas derivan de un pensamiento, el cual muchas veces es
inconsciente, pero que sí resulta en acciones como resultados. Por ejemplo,
ante el sonido fuerte de alerta, la reacción será el estar alerta, teniendo la
emoción de nerviosismo o susto. Es así como las emociones son también un
mecanismo de defensa del propio cuerpo, que permite defenderse o
alejarse de estímulos peligrosos o acercarse a estímulos placenteros.

Las mismas emociones representan estados de ánimo, que se caracterizan


por sentimientos y sensaciones que se tienen. Por ejemplo, el llorar suele ser
una expresión para comunicar la tristeza y la risa, la alegría. De esta manera,
las emociones también comunican.

Las experiencias también tienen relación con las emociones; el cerebro


almacena los recuerdos a los estímulos y las formas que se ha actúa ante la
situación, teniendo un mismo resultado cuando se esté ante el mismo
estímulo. Así, por ejemplo, el probar algún alimento que de niño no nos
gustaba, traerá la misma sensación de asco o disgusto.

Dentro de la clasificación de las emociones, no se puede llegar a un


consenso claro de su número total. Goleman (1995) establece como
emociones básicas las seis siguientes: el miedo, la tristeza, la ira, la alegría, la
sorpresa y la aversión. Por otro lado, Ekman (1990) estableció siete
emociones básicas: el miedo, la tristeza, la ira, la felicidad, la sorpresa, el
asco y el desprecio. Incluso, Aguado (2005) agregó seis emociones más,
teniendo como resultado diez emociones básicas: el miedo, la tristeza, la ira,
la alegría, la sorpresa, el asco, la culpa, la admiración, la curiosidad y la
seguridad.

Sin embargo, uno de los elementos más completos y específicos sobre la


clasificación de las emociones la desarrolló Robert Plutchik en 1980. Este
autor desarrolla la “rueda de las emociones”, la cual se puede observar a
continuación:
Fuente: Plutchik, R. (1980). Rueda de las emociones básicas.

Dentro de esta rueda, se encuentran entonces 32 emociones, que se


pueden entender como emociones leves, básicas e intensas. Dentro de la
rueda se combinan ocho emociones básicas (las que están en la parte de
afuera), unas con otras para ir conformando los pétalos dentro de la rueda.
Las más similares estarán cercanas, mientras que las antagónicas se
encontrarán en el sentido opuesto. Así, el contrapuesto de la alegría, sería
la tristeza; de la anticipación, la sorpresa; del miedo, la ira; y del asco, la
confianza.

Ahora bien, aunque las emociones son preconscientes, o involuntarias, no


quiere decir que no se puede ser consciente de lo que se está sintiendo o
no se pueda llegar a regular la emoción que se está experimentando. Es
decir, las emociones pueden llegar a ser dominadas y esto se logra a través
de la inteligencia emocional.

3.1. Emociones negativas y positivas

En general, se debe reconocer que las emociones se pueden dividir en


emociones positivas y negativas, esto depende de la experiencia subjetiva
de cada persona, la propia respuesta fisiológica y la respuesta conductual
frente a alguna emoción.

Las emociones positivas son aquellas que permiten acercarse o demostrar


bienestar, potencian el estado de ánimo, establecen un equilibrio en la vida
y ayudan a un mejor desempeño en cualquier ámbito. Al sentir emociones
positivas, se está más abierto al cambio y a los retos; además, el trato con
los otros se da de mejor manera.

Las emociones positivas tienen un impacto en varios aspectos de la


cognición y el comportamiento. Estimulan la atención, mejoran la memoria
y la capacidad de retención de información, y facilitan la capacidad de
mantener múltiples conceptos en mente y comprender sus interrelaciones.
Además, las emociones positivas actúan como impulsores de la acción,
generando motivación y aumentando la energía para realizar actividades.
Así, las emociones que normalmente se asocian como positivas son:

Aceptación
Afecto
Alegría
Amor
Atracción
Deseo
Entusiasmo
Esperanza
Gozo
Gratitud
Humor
Ilusión
Interés
Intranquilidad
Placer
Satisfacción

Por otro lado, las emociones negativas son aquellas que alejan a la persona
de un estado de bienestar, provocan sensaciones de amenaza o alerta y
pueden llegar a limitar la buena ejecución de acciones. Estas emociones
pueden afectar la propia autoestima y repercutir en la vida personal y
laboral.

Este tipo de emociones también aparecen ante situaciones que aparecen


como dañinas, activando procesos neuronales que detectan un problema.
En ocasiones, una emoción negativa puede ser percibida como positiva,
como, por ejemplo, la ansiedad, cuando alguien cree que con ella es más
puntual o responsable.

Así, las emociones que normalmente se asocian como negativas son:

Aburrimiento
Agobio
Angustia
Ansiedad
Apatía
Asco
Culpa
Decepción
Desesperación
Disgusto
Envidia
Frustración
Impotencia
Ira
Miedo
Odio
Rabia
Rencor
Tristeza
Vergüenza

Ahora bien, desde algunas posturas se ha llegado a comprender que no


existen emociones "positivas o negativas", sino más bien agradables o
desagradables, dependiendo de la relación con ellas. Cada emoción es
legítima y cumple una función específica. El verdadero desafío no radica en
la emoción en sí misma, sino en cómo se responde a ella. Es decir, una
emoción no tiene inherente un valor positivo o negativo; lo que importa es si
se disfruta o no experimentarla.

Así, la salud mental no se define por mantener un estado de felicidad


constante, sino por ser capaz de experimentar toda la gama de emociones
de manera saludable. Esto implica tener recursos emocionales para
enfrentar lo que se siente y tomar medidas adecuadas al respecto. Así, se
debe reconocer que en la vida cotidiana siempre habrá emociones
desagradables, y es crucial aprender a convivir con ellas y gestionarlas de
manera efectiva.

3.2. Emociones aliadas o enemigas

Aunque las emociones sean negativas o, incluso positivas, estás se pueden


volver enemigas al no saber controlarlas, dominarlas o siempre querer
negarlas. El dejar que emociones como la rabia o la apatía se expresen sin
control provocarán que la persona se vea como tóxica o insegura; incluso,
causando daños a otras personas. Por el contrario, pueden volverse aliadas
si se gestionan adecuadamente y se llega a un dominio de estas.

De este modo, lo que se debe buscar es transformar todas las emociones en


aliadas; teniendo en cuenta que no significa que deban ocultarse. Por
ejemplo, aunque una persona está sintiendo rabia, puede tomar el control
de ella y saber que necesita un breve espacio para volver a la tranquilidad.
A esto se le denomina tener conciencia o inteligencia emocional y solo se
podrá conseguir conociendo las formas en que el cuerpo reacciona ante
esas emociones.
Como se dijo anteriormente, no es posible que una persona solo sienta
emociones positivas, sino también es necesaria la presencia de las
negativas; sin embargo, en la forma en que se enfrenten y se gestionen,
podrán resultar beneficiosas o dañinas para la propia vida y para el
relacionamiento con los demás.

La capacidad de gestionar las emociones de manera adecuada no solo


contribuye al bienestar individual, sino que también fortalece las conexiones
interpersonales y promueve una convivencia más armoniosa. Cuando las
personas son conscientes de sus propias emociones y tienen la habilidad de
manejarlas de manera saludable, se crea un ambiente propicio para el
crecimiento personal y el desarrollo de relaciones significativas y duraderas.
Así, el dominio de las emociones es un elemento clave para alcanzar una
vida plena y satisfactoria.

Por tanto, las emociones serán aliadas o enemigas según como la persona
quiere verlas y procesarlas. Por ejemplo, el miedo debe entenderse como
un sistema natural de alarma del ser humano para detectar una amenaza
o peligro; por tanto, no debería verse de manera negativa o como enemiga,
sino que ayuda a percibir si se está en un entorno seguro o no. Asimismo, la
tristeza puede ser una aliada si se permite aflorar los sentimiento y se puede
recibir apoyo y compañía de los demás para pasar un proceso o duelo.

Es así como las emociones cumplen distintas funciones en la vida y se debe


reconocer en qué momento se vuelven desadaptativas, es decir, dejan de
cumplir dicha función y se vuelven un contraproducente. Un paso
importante para su dominio es el entender las emociones como transitorias
y que, en cualquier momento, dicha emoción volverá a “un estado de
reposo” o inactividad.

4. Conducta positiva

La conducta es la acción reconocible e identificable mediante la cual una


persona o un grupo se relaciona con otras personas o con la realidad en
general; hace referencia al comportamiento frente a los demás y está
influida por las manifestaciones de la propia personalidad.

La conducta positiva es un enfoque psicológico que se centra en cultivar


pensamientos, actitudes y acciones que promuevan el bienestar y la
felicidad tanto en uno mismo como en los demás. Se basa en la idea de
enfocarse en lo positivo y cultivar una mentalidad optimista, teniendo
efectos profundos en la calidad de vida y en la manera en que se enfrentan
los desafíos cotidianos.

La premisa central dentro de la conducta positiva es el reconocimiento de


una serie de fortalezas y habilidades de las personas que pueden ser
potenciadas y utilizadas para mejorar su bienestar emocional y su sentido
de satisfacción con la vida. Estas fortalezas pueden incluir cualidades como
la gratitud, la esperanza, la resiliencia, la empatía y la generosidad, entre
otras.

Además, la conducta positiva también se centra en fomentar relaciones


interpersonales saludables y satisfactorias. Esto incluye practicar la empatía,
la compasión y la generosidad hacia los demás, así como cultivar
habilidades de comunicación efectiva y resolución de conflictos. Las
relaciones sociales de apoyo y la conexión con los demás son aspectos
fundamentales para el bienestar emocional y la felicidad.

Un elemento clave de la conducta positiva es la búsqueda de significado y


propósito en la vida. Esto implica identificar y cultivar las pasiones, valores y
metas personales. Tener un sentido de propósito claro y definido puede
proporcionar dirección y motivación en la vida, y contribuir en gran medida
a la sensación general de bienestar y realización. Además, conlleva el no
ser tan críticos consigo mismos, teniendo una autocompasión y un
entendimiento de que cada problema y error es una oportunidad para
mejorar.

4.1. Actitudes de negatividad y emociones negativas

La contraparte de la conducta positiva sería un comportamiento negativo,


en el que las emociones se transforman en negativas y enemigas. Una
persona con este tipo de conducta se logra identificar por sus visiones de
vida pesimistas o de rechazo hacia sucesos, personas o situaciones.

Entre las actitudes y emociones negativas que se pueden dar con este tipo
de conducta se encuentran:

● Agresividad: las personas tienden a agredir verbal o, incluso,


físicamente a los demás. Generan actos de rechazo hacia los demás
y pueden provocar daños emocionales. Las personas suelen estar en
alerta y buscan problemas donde no los hay.
● Ansiedad: la persona piensa que todo va a salir siempre mal, que todo
el mundo está en su contra y que debe hacer algo para evitar que
esto suceda.

● Desconfianza: que implica el cerrarse a la posibilidad de conocer


nuevas personas o vivir nuevas experiencias. Lleva a que las personas
vean con suspicacia las acciones de los demás, pensando que
siempre hay una intención negativa o con motivos ocultos.

● Impulsividad: en muchas ocasiones, las personas con conducta


negativa tienden a realizar acciones de las que luego se arrepienten.
Su mente está en un punto en el que no piensa en las consecuencias
antes de actuar.

● Juzgamiento: las personas recurren al chisme, a la cizaña y a los


rumores para lastimar a los demás; no piensan en que tanto lastiman
al otro y dan su opinión de manera despectiva y negativa.

● Mentira: la conducta negativa lleva a mentir a los demás, en


ocasiones, para demostrar que todo está bien. En otros casos, miente
para buscar el beneficio propio y no le interesa lastimar a otras
personas.

● Soberbia: reniega del apoyo de los demás y cree que es la única


persona que tiene siempre la razón. Estas personas se aíslan de los
demás para poder satisfacer siempre sus deseos, desde su punto de
vista y no el de los demás.
Sin embargo, hay que tener en cuenta que la conducta negativa se puede
transformar, en especial, cuando devienen de causas como las situaciones
traumáticas, el estrés o los pensamientos negativos. Se debe recurrir al
diálogo con personas cercanas para poder superar y/o tramitar dichas
situaciones; sin embargo, en algunos casos, se requiere ir al psicólogo o con
un profesional para cambiar la conducta negativa, que remite a tener una
actitud y una serie de emociones negativas.

4.2. Clima emocional positivo

El clima emocional positivo se refiere al ambiente emocional que se maneja


dentro de un entorno particular, ya sea el hogar, el trabajo, la escuela o en
cualquier otro contexto. Este clima está caracterizado por la presencia
predominante de emociones positivas, como la alegría, la gratitud, la
fraternidad, la esperanza y la compasión, que se manifiestan tanto en las
interacciones entre las personas como en la atmósfera emocional.

En un clima emocional positivo, las personas se sienten seguras, valoradas y


apoyadas, lo que promueve un sentido de pertenencia y conexión con los
demás. Las relaciones interpersonales suelen ser más cálidas y afectuosas;
además, hay una mayor disposición para colaborar, compartir y brindar
apoyo mutuo.

Uno de los aspectos clave del clima emocional positivo es la presencia de


una comunicación abierta y respetuosa. Las personas se sienten libres de
expresar sus emociones y opiniones de manera honesta y auténtica, y se
escuchan y se comprenden entre sí. Asimismo, la empatía es una habilidad
circundante, la cual permite que las dificultades y problemáticas se
entiendan de manera comprensiva, sin juzgamientos o acusaciones.
Además, en un clima emocional positivo, se fomenta el crecimiento
personal y el desarrollo. Las personas se sienten inspiradas a asumir desafíos
y a perseguir metas personales y profesionales. La creatividad y la
innovación también suelen florecer en un clima emocional positivo; las
personas se sienten más libres para explorar nuevas ideas y enfoques,
estando dispuestas a asumir riesgos y a experimentar.

Para llegar a construir un clima emocional positivo, se debe cultivar un


entorno sano, en el que se permita la libertad de expresión y en el que la
conducta positiva prime sobre el negativismo o el pesimismo. Asimismo,
debe ser un lugar en el que la inteligencia emocional esté altamente
desarrollada, permitiendo que las personas dominen y sepan interactuar de
manera eficaz con las emociones.

4.3. Los estados de ánimo

Los estados de ánimo son el conjunto de sentimiento que se mantienen


durante cierto periodo de tiempo y generan una serie de comportamientos.
Estos dependen de las situaciones por las que se transiten, siendo
agradables o desagradables; asimismo, depende de la frecuencia e
intensidad de dichas situaciones.

Estos son distintos de las emociones, ya que tienden a ser menos intensos y
más duraderos; a menudo, no están asociados con un evento específico.
Los estados de ánimo pueden ser influenciados por una variedad de
factores, incluyendo la genética, el entorno, la salud y las experiencias
pasadas.
Los estados de ánimo pueden variar en intensidad y calidad, desde estados
positivos como la felicidad, la alegría y la serenidad, hasta estados negativos
como la tristeza, la irritabilidad y la ansiedad. También pueden ser neutros,
como la calma o la indiferencia. Estos estados de ánimo pueden afectar la
percepción del mundo y la capacidad para enfrentar los desafíos
cotidianos.

Entre los estados de ánimo por los cuales puede pasar una persona se
encuentran:

Abochornado Enfadado Preocupado


Abrumado Enojado Preparado
Afligido Entusiasmado Reconfortado
Agobiado Envidioso Renovado
Aliviado Escéptico Resentido
Amado Esperanzado Resuelto
Animado Feliz Satisfecho
Ansioso Furioso Seguro de sí
Apenado Herido Sereno
Asustado Humillado Solo
Avergonzado Indiferente Suicida
Cauteloso Inseguro Tranquilo
Creativo Irritado Triste
Culpable Malhumorado Valiente
Curioso Optimista Valorado
Deprimido Orgulloso Temeroso
Desafiado Pesimista
Enérgico Positivo
El saber nombrar el estado de ánimo es un primer paso para poder
entenderlo de manera clara, dado que, aunque los estados de ánimo son
temporales, pueden tener un impacto significativo en la vida diaria. Por
ejemplo, un estado de ánimo positivo puede mejorar el rendimiento en el
trabajo, fortalecer nuestras relaciones interpersonales y aumentar nuestra
motivación y energía. Por otro lado, un estado de ánimo negativo puede
afectar la concentración y toma de decisiones, disminuir la productividad y
dificultar las relaciones con los demás.

La conciencia y la inteligencia emocional también son aquí claves para


comprender y manejar los estados de ánimo de manera efectiva. Esto
implica tener conciencia de los propios estados emocionales, así como de
los factores que pueden influir en ellos. La práctica de la atención plena y la
autoobservación puede ayudar a desarrollar esta conciencia y a identificar
patrones.

Sin embargo, también es importante recordar que los estados de ánimo son
parte natural de la experiencia humana y no siempre indican un problema.
Empero, se debe tener cuidado si los estados de ánimo negativos persisten
durante un período prolongado de tiempo o interfieren significativamente
con el funcionamiento diario.

4.4. Estrategias para desarrollar una conducta positiva

Para poder tener una actitud positiva, en especial en el ámbito laboral,


algunas recomendaciones son:

● Ser agradecido con las oportunidades, pensando siempre en las


posibilidades de mejorar y crecer.
● No dejarse afectar por la actitud de los demás. Si un compañero está
enojado, no se puede permitir que se contagie ese enojo.

● Detectar aquellos compañeros que tienen mala actitud y pueden


contagiarla.

● Establecer un círculo cercano en el que se compartan visiones, metas


y proyectos, con el fin de dirigirse a este para solucionar problemas.

● Tratar de ver las situaciones desde una postura positiva, siempre en


busca de evitar conflictos.

● Motivarse y motivar a los demás, permitiendo creer en las habilidades


y capacidad, siendo flexible con los límites que se tienen.

● Usar palabras positivas, permitiendo un ambiente ameno y sano,


donde se prohíbe el mal trato, los chismes y el rechazo. Un lenguaje
positivo permite influir en la conducta.

● Evitar esperar siempre resultados inmediatos. Muchas veces la


impaciencia y el afán llevan a una negatividad, impidiendo ver las
metas alcanzadas o el trabajo realizado.

● Aprender a manejar el rechazo y el fracaso, entendiendo estos como


elementos inherentes a la vida.

● Evitar los sentimientos de rivalidad o envidia, permitiendo a cada una


de las personas ser libres en su forma de ser y trabajando en equipo.
5. La autoestima

La autoestima es la visión que se tiene de sí mismo; es la autopercepción, la


valoración y el reconocimiento de la propia persona. Esta permite analizar
cómo alguien se aprecia, se respeta y se acepta. La buena autoestima, así,
estaría ligada a un buen autoconcepto, la confianza en sí mismo y un nivel
alto de bienestar emocional. Por el contrario, una persona con baja
autoestima será aquella que duda de sí misma, no controla sus emociones
y no se siente bien con su físico o su estado mental.

“La autoestima se vive como un juicio positivo sobre uno mismo,


al haber conseguido un entramado personal coherente
basado en los cuatro elementos básicos del ser humano: físicos,
psicológicos, sociales y culturales. En estas condiciones va
creciendo la propia satisfacción, así como la seguridad ante
uno mismo y ante los demás”. (Rojas, 2022)

La autoestima entonces está relacionada con la imagen personal, la


autoaceptación y el reconocimiento tanto de cualidades como defectos.
Sin embargo, está percepción no solo depende de la propia persona, sino
que puede verse afectada por factores externos. Es el caso de las personas
que sufren o sufrieron matoneo o acoso, y el que las personas interiorizan
comentarios que disminuyen su autoestima.

Ahora bien, se debe tener en cuenta que, al igual que la inteligencia


emocional, la autoestima es algo que se puede ir desarrollando y
construyendo a lo largo de la vida; pero, a la vez, es algo que se puede ir
destruyendo o minimizando. De ahí la importancia de lograr unas bases
sólidas para que ninguna circunstancia provoque disminuirla.

5.1. Características de las personas con alta autoestima

Se deben reconocer dos tipos de autoestima: la alta y la baja autoestima.


Quienes tienen alta autoestima se caracterizan por tener muy buena
confianza en sí mismos, logran tomar buenas decisiones, asumen riesgos y se
enfrentan a retos. Asimismo, ven las cosas de manera positiva, se sienten
siempre capaces y, suelen vivir con mayor entusiasmo. Incluso, el trato hacia
los demás suele ser de cordialidad y honestidad.

Por el contrario, una persona con baja autoestima es una persona con
inseguridades, que se siente insatisfecha y altamente sensible. En muchas
ocasiones, no se sabe comunicar de manera asertiva y tiende a tratar a los
demás de manera despectiva o inadecuada.

Se debe tener en cuenta que una persona puede llegar a tener


una buena autoestima en algunos de los aspectos de su vida,
mientras una baja autoestima en otros. Por ejemplo, una persona
que se percibe de muy buena manera intelectualmente, pero
que físicamente no se acepta.

El llegar a tener buena autoestima no equivale a convertirse en una persona


narcisista o con soberbia, sino que se trata de amar y respetar la propia
esencia. Implica la aceptación de las limitaciones personales. Así, las
personas con alta autoestima no tienen miedo de conocerse, de generar
un autoconocimiento, aprendiendo a quererse tal y como es.
Además, las personas con buena autoestima confían y tienen seguridad en
sí mismas, invierten tiempo en su crecimiento personal, saben poner límites,
se escucha a sí mismo y busca experimentar siempre experiencias positivas.
Al igual, el trato hacia sí mismo es bueno, de compasión y entendimiento;
por tanto, en ese diálogo interno, se trata de comprender lo que se pasa día
a día.

5.2. Fundamentos de la autoestima

Los elementos que integran la autoestima son los siguientes:

● Autoimagen: se trata de la percepción de sí mismo, sobre cuánto uno


se agrada. Lo ideal es llegar a sentirse a gusto con lo que se es, sin que
eso llegue a depender de factores externos, como la opinión de los
demás. Esto va anclado con el autocuidado, en tanto se busca que
las personas se sientan bien consigo mismas, cuiden su salud física y
mental y se acepten.

● Autoconcepto: se trata de lo que se piensa sobre sí mismo, la forma


en que se evalúa la forma de ser y qué tanto uno se exige ante las
situaciones. A lo que se debe llegar es a tener un buen
autoconocimiento; identificando las necesidades, deseos, valores y
objetivos que cada uno tiene.

● Autoeficacia: se trata de qué tanta confianza se tiene en sí mismo;


qué tan capaz se siente la persona de cumplir con lo que se propone
o con cualquier reto que tenga. Así, lo que se debe lograr es tener una
autoconfianza, en creer en las habilidades y capacidades. Esto
ayudará a enfrentar desafíos y superar cualquier obstáculo.
● Autorreforzamiento: se trata de qué tanto la persona se motiva, se
permite, se felicita y se da gustos. Es el reconocimiento de los éxitos y
de sentirse orgulloso de lo que se logra. Lo que se debe lograr es tener
una buena motivación, el saber premiarse y no juzgarse por los errores.

5.3. La importancia de la autoestima

Específicamente, la autoestima en el contexto laboral se puede


comprender como la percepción que cada persona tiene sobre el
desempeño, las metas, lo que hace y lo que debería hacer en su trabajo.
Más allá de los conocimientos, los estudios y las capacidades que se tengan,
se trata del sentimiento personal, la autopercepción de la forma de trabajar
de uno mismo.

Entre mejor autoestima tenga un profesional, mayor éxito tendrá en todas


las actividades laborales que realice. Se trata así de tener confianza en lo
que se hace, en trabajar con seguridad y no dudar de la calidad con la que
se realizan las acciones. Asimismo, la autoestima ayuda a manejar
adecuadamente los conflictos, los miedos y las inseguridades; además, a
saber enfrentar correctamente los retos y las decisiones que se tengan que
tomar.

Las personas constantemente deben trabajar en su autoestima, para poder


conocerse mejor, reforzar sus capacidades y llegar a sentirse bien con ellas
mismas. Una buena autoestima ayuda a lo siguiente:

● Conocerse mejor y aceptar los defectos y debilidades.


● Aprender a adaptarse a las situaciones.

● Tener un buen nivel de salud mental y emocional.

● Fortalecer las relaciones con el propio cuerpo.

● Afrontar las situaciones con confianza.

● Relacionarse mejor con las demás personas.

● Lograr las metas y objetivos que se proponen.

Así, en los equipos de trabajo, se debe fomentar la alta autoestima; esto


ayuda a mejorar el rendimiento, a tomar mejores decisiones y a establecer
relaciones más sanas con los demás. Un entorno laboral poco acogedor, en
el que los trabajadores se sientan incómodos, puede generar inseguridades,
disminuir el compromiso y llevar a los empleados a buscar oportunidades
laborales donde se sientan más valorados y cómodos. También puede
suceder que las opiniones y las actitudes negativas de los compañeros del
trabajo afecten la confianza y la seguridad de la persona, provocando que
esta baje su desempeño, se desmotive y se aislé.

Por el contrario, un ambiente laboral seguro y positivo, fomenta el


crecimiento de la autoestima y contribuye a la calidad del trabajo realizado.
Por tanto, es esencial que las empresas promuevan la autoestima de sus
empleados, ya que contar con un equipo motivado y seguro de sí mismo
conduce a una mayor productividad, mejores resultados y un mayor
compromiso.
Finalmente, además del entorno y el tipo de pensamiento que pueda
desarrollar una persona, en la autoestima también influyen los logros y los
fracasos que se tienen y que se sienten haber tenido. Muchas veces, las
personas no llegan a ser conscientes de todo lo que han logrado y, ante
cualquier altibajo, sienten que son fracasados, provocando que su
autoestima baje. Entonces, a lo que debe llegar una persona con alta
autoestima es considerar que el éxito y el fracaso son inherentes a la vida y
no se deben sobredimensionar que tanto el éxito como el fracaso ocurran.

5.5. Estrategias para mejorar la autoestima

Las personas deben trabajar siempre en su autoestima para mantenerla


alta; esto se logra con estrategias como las siguientes:

● Aprender a aceptar los errores, a no ser duro consigo mismo y a ver


oportunidades para crecer constantemente.

● Hacer un listado de las cosas que se es capaz de hacer, de los éxitos


logrados y de las metas conseguidas.

● Mejorar el diálogo interno, hablándose a sí mismo de manera positiva


y afectuosa.

● Evitar compararse constantemente con los demás, entendiendo que


cada persona tiene un proceso de vida distinto y unas condiciones
específicas distintas a uno.

● Evitar pensar en etiquetas tanto hacia sí mismo como hacia los demás.
Las personas pueden cambiar, por lo que no se debe clasificar a una
persona o encasillarla bajo solo una característica, la cual,
regularmente, es negativa.

● Aceptar retos para mejorar la autoconfianza, para aprender de los


errores y mejorar las capacidades que se tienen.

● Buscar empoderarse a través de la preocupación por sí mismo y no


tanto por lo demás, dejando de complacerlos o de estar enfocado
en el “qué dirán”.

● Rodearse de personas con actitud positiva, que no basen sus


relaciones y diálogos en la crítica, el menosprecio y el hacer daño a
las demás personas.

● Cuidar el cuerpo para beneficiar la mente. Esto se logra haciendo


ejercicio, comiendo sanamente, durmiendo el tiempo necesario y
teniendo otros hábitos de vida saludables.

● Ser auténtico, evitando la complacencia hacia los demás y


sintiéndose a gusto con lo que se es. Se trata de mantener los
principios y valores personales.

En caso de que sea necesario, acudir con un profesional


para identificar los puntos a tratar para mejorar la
autoestima. Muchas veces, las personas no logran ser
conscientes de qué es realmente lo que les afecta en su
autoestima y otra persona puede ayudar a revelarlo.
Ahora, si usted es un líder o jefe dentro de la empresa, puede seguir las
siguientes estrategias para reforzar la autoestima de los trabajadores:

● Reconozca el buen trabajo realizado, esto a través de acciones como


las felicitaciones o, incluso, con recompensas pequeñas. También
ofrezca reconocimiento al buen intento y a los esfuerzos de los
trabajadores por cumplir las metas con excelencia.

● Retroalimente constantemente a los trabajadores, destaque los


aspectos positivos y motive siempre a seguir creciendo como persona
y como profesional.

● Fomente el trabajo en equipo y la colaboración entre todo el


personal. Además, reduzca las prácticas de competitividad, dado
que, aunque aumente la productividad, puede resultar con
trabajadores más desmotivados, con falta de confianza y con temor
al trabajo.

● Incentive el orgullo de pertenencia por la empresa, haciendo valorar


el trabajo de cada una de las personas para que todo pueda
funcionar correctamente. Se trata de valorar el trabajo de los demás.

● En ocasiones, delegue responsabilidades al personal para que tome


confianza en su propio trabajo y aprenda a trabajar en equipo.

● Realice actividades de integración, que permitan al equipo


conocerse y reconocer las fortalezas de cada uno. Asimismo, realice
ejercicios que refuercen la confianza.

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