Capítulo 5 – Curación y Plenitud
La Voz que habla por Dios
1. Curar no es crear; es reparar. El Espíritu Santo fomenta la
curación mirando más allá de ella hacia lo que los Hijos de Dios
eran antes de que la curación fuese necesaria y hacia lo que serán
una vez que hayan sanado. Esta alteración de la secuencia
temporal debería resultarte familiar, ya que es muy similar al
cambio que el milagro produce en la percepción que se tiene del
tiempo. El Espíritu Santo es la motivación para alcanzar la
mentalidad milagrosa; la decisión de subsanar la separación
renunciando a ella. Tu voluntad se encuentra todavía en ti porque
Dios la ubicó en tu mente y, aunque puedes mantenerla dormida, no
puedes destruirla. Dios mantiene tu voluntad viva al transmitirla
desde Su Mente a la tuya mientras perdure el tiempo. El milagro
mismo es un reflejo de esta unión entre la Voluntad del Padre y la
del Hijo.
2. El Espíritu Santo es el Espíritu del júbilo. Es la Llamada a retornar
con la que Dios bendijo las mentes de Sus Hijos separados. Ésa es
la vocación de la mente. Antes de la separación la mente no tenía
ninguna vocación, ya que antes de eso simplemente era y no habría
podido entender la llamada al recto pensar. El Espíritu Santo es la
Respuesta de Dios a la separación; el medio a través del cual la
Expiación cura hasta que la mente en su totalidad se reincorpore al
proceso de creación.
3. Tanto la separación como el principio que gobierna la Expiación
dieron comienzo simultáneamente. Cuando el ego fue engendrado,
Dios puso en la mente la llamada al júbilo. Esta llamada es tan
poderosa que el ego siempre se desvanece ante su sonido. Por eso
es por lo que tienes que elegir escuchar una de las dos voces que
hay dentro de ti. Una la inventaste tú y no forma parte de Dios. La
otra te la dio Dios, Quien sólo te pide que la escuches. El Espíritu
Santo se encuentra en ti en un sentido muy literal. Suya es la Voz
que te llama a retornar a donde estabas antes y a donde estarás de
nuevo. Aun en este mundo es posible oír sólo esa Voz y ninguna
otra. Ello requiere esfuerzo, así como un gran deseo de aprender.
Ésa es la última lección que aprendí, y los Hijos de Dios gozan de la
misma igualdad como alumnos que como Hijos.
4. Tú eres el Reino de los Cielos, pero permitiste que la creencia en
la obscuridad se infiltrase en tu mente, por lo que ahora necesitas
una nueva luz. El Espíritu Santo es el resplandor al que debes
permitir que desvanezca la idea de la obscuridad. Suya es la gloria
ante la cual la disociación desaparece y el Reino de los Cielos pasa
a ocupar el lugar que le corresponde. Antes de la separación no
tenías necesidad de dirección, pues disponías de conocimiento, tal
como dispondrás de él de nuevo, pero como no dispones de él
ahora.
5. Dios no guía porque lo único que puede hacer es compartir Su
perfecto Conocimiento. Guiar entraña evaluación, ya que implica
que hay una manera correcta de proceder y otra incorrecta, una que
se debe escoger y otra que se debe evitar. Al escoger una,
renuncias a la otra. Elegir al Espíritu Santo es elegir a Dios. Dios no
está dentro ti en un sentido literal; más bien, tú formas parte de Él.
Cuando elegiste abandonarlo te dio una Voz para que hablase por
Él, pues ya no podía compartir Su Conocimiento contigo libremente.
La comunicación directa se interrumpió cuando inventaste otra voz.
6. El Espíritu Santo te insta tanto a recordar como a olvidar. Has
elegido estar en un estado en el que los opuestos son posibles.
Como resultado, hay ciertas decisiones que tienes que tomar. En el
estado de santidad la voluntad es libre, de modo que su poder
creador es ilimitado y elegir no tiene sentido. El poder de elegir es el
mismo poder que el de crear, pero su aplicación es diferente. Elegir
implica que la mente está dividida. El Espíritu Santo es una de las
alternativas que puedes elegir. Dios no dejó a Sus Hijos
desconsolados a pesar de que ellos decidieron abandonarlo. La voz
que ellos pusieron en sus mentes no era la Voz de Su Voluntad, en
favor de la cual habla el Espíritu Santo.
7. La Voz del Espíritu Santo no da órdenes porque es incapaz de ser
arrogante. No exige nada porque su deseo no es controlar. No
vence porque no ataca. Su Voz es simplemente un recordatorio. Es
apremiante únicamente por razón de lo que te recuerda. Le ofrece a
tu mente el otro camino, permaneciendo serena aun en medio de
cualquier confusión a que puedas dar lugar. La Voz que habla por
Dios es siempre serena porque habla de paz. La paz es más
poderosa que la guerra porque sana. La guerra es división, no
expansión. Nadie gana en la batalla. ¿Qué saca un hombre con
ganar el mundo entero si con ello pierde su propia alma? Si le
prestas oídos a la voz que no debes, pierdes de vista a tu alma. En
realidad no puedes perderla, pero puedes no conocerla. Por lo
tanto, te parecerá que la has “perdido” hasta que elijas
correctamente.
8. El Espíritu Santo es tu Guía a la hora de elegir. Reside en la parte
de tu mente que siempre habla en favor de la elección correcta
porque habla por Dios. Él es el último nexo de comunicación que te
queda con Dios, comunicación que puedes interrumpir, pero no
destruir. El Espíritu Santo es el vehículo mediante el cual la
Voluntad de Dios se cumple así en la tierra como en el Cielo. Tanto
el Cielo como la tierra están en ti porque la llamada de ambos está
en tu mente. La Voz de Dios procede de los altares que le has
erigido a Él. Estos altares no son objetos; son devociones. Sin
embargo, ahora tienes otras devociones. Tu devoción dividida te ha
dado dos voces y ahora tienes que decidir en qué altar quieres
servir. La llamada que contestas ahora es una evaluación porque se
trata de una decisión. La decisión es muy simple. Se toma sobre la
base de qué llamada es más importante para ti.
9. Mi mente será siempre como la tuya porque fuimos creados
iguales. Fue sólo la decisión que tomé lo que me dio plena potestad
tanto en el Cielo como en la tierra. El único regalo que te puedo
hacer es ayudarte a tomar la misma decisión. Inherente a esta
decisión es la decisión de compartirla, pues la decisión en sí es la
decisión de compartir. Se toma mediante el acto de dar y es, por lo
tanto, la única alternativa que se asemeja a la verdadera creación.
Yo soy tu modelo a la hora de tomar decisiones. Al decidirme por
Dios te mostré que es posible tomar esta decisión y que tú la
puedes tomar.
10. Te he asegurado que la Mente que decidió por mí se encuentra
también en ti, y que puedes permitirle que te transforme tal como
me transformó a mí. Esta Mente es inequívoca porque sólo oye una
Voz y contesta de una sola manera. Tú eres la luz del mundo junto
conmigo. El descanso no se deriva de dormir sino de despertar. El
Espíritu Santo es la llamada a despertar y a regocijarse. El mundo
está muy cansado porque es la idea del cansancio. Nuestra jubilosa
tarea es la de despertarlo a la Llamada a Dios. Todos responderán
a la Llamada del Espíritu Santo, ya que, de lo contrario, la Filiación
no sería una. ¿Qué mejor vocación puede haber para cualquier
parte del Reino que la de restituirlo a la perfecta integración que le
devuelve la plenitud? Escucha sólo esto a través del Espíritu Santo
en ti y enseña a tus hermanos a escuchar tal como yo te estoy
enseñando a ti.
11. Cuando te sientas tentado por la voz falsa, recurre a mí para
que te recuerde cómo sanar compartiendo mi decisión, haciéndola
así aún más firme. Al compartir este objetivo, aumentaremos su
poder para atraer a toda la Filiación y para restituirla nuevamente a
la unicidad en la que fue creada. Recuerda que “yugo” quiere decir
“unión”, y “carga” significa “mensaje”. Reformulemos la frase “Mi
yugo es llevadero y mi carga ligera” de esta forma: “Unámonos,
pues mi mensaje es la Luz”.
12. Te he pedido encarecidamente que te comportes tal como yo
me comporté, pero para eso tenemos que responder a la misma
Mente. Esa Mente es el Espíritu Santo, Cuya Voluntad dispone
siempre en favor de Dios. El Espíritu Santo te enseña cómo tenerme
a mí de modelo para tu pensamiento y, consecuentemente, a
comportarte como yo. El poder de nuestra motivación conjunta
está más allá de lo que se puede creer, pero no más allá de lo que
se puede lograr. Lo que juntos podemos lograr es ilimitado porque
la Llamada a Dios es la llamada a lo ilimitado. Hijo de Dios, mi
mensaje es para ti, para que lo oigas y se lo transmitas a otros a
medida que respondes al Espíritu Santo en ti.