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CONTENIDO
PAM GODWIN CAPÍTULO 24
SINOPSIS CAPÍTULO 25
CAPÍTULO 1 CAPÍTULO 26
CAPÍTULO 2 CAPÍTULO 27
CAPÍTULO 3 CAPÍTULO 28
CAPÍTULO 4 CAPÍTULO 29
CAPÍTULO 5 CAPÍTULO 30
CAPÍTULO 6 CAPÍTULO 31
CAPÍTULO 7 CAPÍTULO 32
CAPÍTULO 8 CAPÍTULO 33
CAPÍTULO 9 CAPÍTULO 34
CAPÍTULO 10 CAPÍTULO 35
CAPÍTULO 11 CAPÍTULO 36
CAPÍTULO 12 CAPÍTULO 37
CAPÍTULO 13 CAPÍTULO 38
CAPÍTULO 14 CAPÍTULO 39
CAPÍTULO 15 CAPÍTULO 40
CAPÍTULO 16 CAPÍTULO 41
CAPÍTULO 17 CAPÍTULO 42
CAPÍTULO 18 CAPÍTULO 43
CAPÍTULO 19 CAPÍTULO 44
CAPÍTULO 20 CAPÍTULO 45
CAPÍTULO 21 CAPÍTULO 46
CAPÍTULO 22 CAPÍTULO 47
CAPÍTULO 23 CAPÍTULO 48
LISTA DE REPRODUCCIÓN
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PAM GODWIN
L
a autora más vendida del New York Times y USA Today, Pam
Godwin, vive en el Medio Oeste con su esposo, sus dos hijos y un
papagayo parlanchín. Cuando se escapó, viajó a catorce países
de los cinco continentes, asistió a tres universidades y se casó con la
vocalista de su grupo de rock favorito.
Java, tabaco y las novelas románticas oscuras son sus indulgencias
favoritas, y podrían considerarse más malsanas que su aversión a dormir,
comer carne y muñecas con ojos centelleantes.
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SINOPSIS
E
llos me llaman puta. Tal vez lo soy.
A veces hago cosas que desprecio.
A veces, los hombres toman sin preguntar.
Pero tengo un don musical, solo un año para terminar la preparatoria,
y un plan.
Con un obstáculo.
Emeric Marceaux no solo toma.
Se apodera de mi fuerza de voluntad y la golpea como una nota
oscura.
Cuando él me ordena tocar, quiero darle todo.
Me arrodillo por sus castigos, tiemblo por su toque, y arriesgo todo por
nuestros momentos robados.
Él es mi obsesión, mi amo, mi música.
Y mi profesor.
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Página
L
a pobreza.
Solía ser más fácil.
Tal vez porque no puedo recordarla mucho en mi infancia.
Porque era feliz.
Ahora todo lo que queda es pena, gritos y facturas sin pagar.
A los diecisiete, no sé mucho sobre el mundo, pero me parece que ser
infeliz e indeseable es más difícil de soportar que no tener nada que comer.
El nudo en mi estómago se contrae. Tal vez si vomito antes de salir de
casa me relajará y despejará la mente. Excepto que no puedo permitirme
perder las calorías.
Una respiración profunda confirma que los botones de mi blusa más
bonita siguen en su lugar, mi considerable escote conservador todavía
oculto. La falda hasta la rodilla se amolda mejor esta mañana de lo que lo
hizo en la tienda y las zapatillas de ballet… olvídalo. No hay nada que pueda
hacer con las suelas agrietadas y las rasgaduras en las puntas. Son las únicas
zapatillas que tengo.
Salgo del baño y camino de puntillas por la cocina, pasando mis dedos
temblorosos por mi cabello. Los mechones mojados caen por mi espalda y
empapan mi blusa. Mierda, ¿mi sujetador se ve a través de la tela húmeda?
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Debí alzarme el cabello o secarlo, pero ya no tengo tiempo, lo cual me
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revuelve aún más el estómago.
Jesús, no debería estar tan ansiosa. Es solo el primer día de escuela. He
hecho esto muchas veces.
Pero es mi último año.
El año que determinará el resto de mi vida.
Un error, un promedio menos que perfecto, una violación al código de
vestimenta, la más pequeña infracción alejará el foco de atención de mi
talento y lo pondrá en la pobre chica de Treme. Cada paso que doy en los
críticos pasillos de mármol de La Academia Le Moyne es un esfuerzo para
demostrar que soy más que solo esa chica.
Le Moyne es una de las más reconocidas y caras preparatorias de élite
en artes escénicas en la nación. Es intimidante. Jodidamente aterradora. No
importa si soy la mejor pianista de Nueva Orleans. Desde mi primer año, la
academia ha estado buscando una razón para expulsarme, para llenar mi
muy peleado lugar con un estudiante que aporte talento y donaciones
monetarias.
El hedor a humo rancio me hace aterrizar en la realidad de mi vida.
Enciendo el interruptor de la pared de la cocina, iluminando pilas de latas
de cerveza aplastadas y cajas de pizza vacías. Platos sucios llenan el
fregadero, colillas de cigarro dispersas en el piso y, ¿qué demonios es eso?
Me apoyo en la encimera y entrecierro los ojos hacia el residuo quemando
en la cuchara.
Hijo de puta. ¿Mi hermano usó nuestros mejores utensilios para cocinar
cocaína? La lanzo a la basura en un ataque de ira.
Shane afirma que no puede pagar las facturas, pero el bastardo sin
trabajo siempre tiene dinero para fiestas. Y no solo eso, la cocina estaba
impecable cuando me quedé dormida, a pesar del moho floreciendo en
las paredes y el laminado desprendiéndose de las encimeras. Maldita sea,
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este es nuestro hogar. Lo único que nos queda. Él y mamá no tienen ni idea
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de lo que he soportado para mantenernos al corriente con los pagos de la
hipoteca. Por su bien, espero que nunca se enteren.
Un suave pelaje roza mi tobillo, atrayendo mi atención al piso. Enormes
ojos dorados miran hacia arriba desde un rostro naranja atigrado y mis
hombros se relajan al instante.
Schubert ladea su barbilla desaliñada y sus bigotes se frotan contra mis
piernas, su cola moviéndose en el aire. Siempre sabe cuándo necesito
cariño. A veces creo que es el único amor que queda en esta casa.
—Tengo que irme, dulce chico —susurro, inclinándome para rascarle
las orejas—. Sé un buen gatito, ¿está bien?
Saco la última porción de pan de plátano de su escondite en la parte
posterior de la despensa, aliviada de que Shane no la encontrara. La
envuelvo en una servilleta y trato de escapar hacia la puerta tan
silenciosamente como puedo.
Nuestra casa en ruinas tiene una habitación amplia y cinco
habitaciones más pequeñas. No hay pasillos. Con las habitaciones una
frente a la otra y todas las puertas alineadas, podría pararme en la entrada
trasera, disparar una escopeta a la puerta y no darle a las paredes.
Pero podría dispararle a Shane. Deliberadamente. Porque es una
maldita carga y un desperdicio de vida. También es nueve años más
grande, casi setenta kilos más pesado, y el único hermano que tengo.
Los tablones de madera de doscientos años crujen bajo mis pies, y
contengo la respiración, esperando el rugido borracho de Shane.
Silencio. Gracias, Jesús.
Sosteniendo el pan envuelto contra mi pecho, paso primero por la
habitación de mamá. Pasé por ella hace treinta minutos, medio dormida y
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arrastrando los pies para ir al baño en la oscuridad. Pero con la luz de la
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cocina resplandeciendo por la puerta, el bulto en su cama luce
inconfundiblemente humano.
Tropiezo con sorpresa, tratando de recordar la última vez que la vi.
¿Hace dos... tres semanas?
Un palpitar se agita detrás de mi esternón. ¿Tal vez regresó a casa para
desearme suerte en mi primer día?
Tres pasos silenciosos me llevan a la cama. Las habitaciones rectan-
gulares son estrechas y pequeñas, pero los techos tienen cuatro metros o
más de alto. Papi solía decir que los techos de dos aguas y el largo diseño
desde la parte delantera hasta la trasera era un diseño de ventilación para
asegurar que su amor pudiera fluir por todas partes.
Pero papi se ha ido y lo único que circula por la casa es el hedor a
moho saliendo de las rendijas del aire acondicionado.
Me inclino sobre el colchón, esforzándome para ver el cabello corto de
mamá en las sombras. En cambio, me encuentro con el hedor amargo de
la cerveza y la hierba. Por supuesto. Bueno, al menos está sola. No tengo
interés de conocer al hombre-del-mes con el que ha estado follando.
¿Debería despertarla? El instinto me dice que no, pero maldita sea,
muero por sentir sus brazos a mí alrededor.
—¿Mamá? —susurro.
El bulto se mueve y un profundo gemido retumba desde las mantas. Un
gemido de hombre que conozco con horrible intimidad.
Un escalofrío se desliza por mi columna mientras retrocedo. ¿Por qué
está el mejor amigo de mi hermano en la cama de mamá?
El fuerte brazo de Lorenzo se eleva y su mano me agarra de la nuca,
empujándome hacia él.
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Dejo caer el pan en mi intento por alejarme, pero es más fuerte, infame
y nunca acepta un no por respuesta.
»No —digo de todos modos, el miedo elevando mi voz, mi pulso
rugiendo en mis oídos—. ¡Detente!
Me lanza hacia la cama, colocándome boca abajo bajo su cuerpo
sudoroso. El aliento caliente de cerveza me sofoca. Su peso, sus manos... oh
Dios, su erección. La clava contra mi culo, levantando mi falda, su pesado
jadeo rozando mis oídos.
»¡Quítate de encima! —Me agito violentamente, mis dedos arañando
las mantas, llevándome a ninguna parte—. No quiero esto. Por favor, no…
Su palma se cierne sobre mi boca, callándome mientras su fuerza limita
mis movimientos.
Mi cuerpo se hace cada vez más reticente, insensible, colapsando
como una cosa muerta, sumergiéndome en mi propio mundo en mi cabeza.
Me dejo absorber, mi concentración en la seguridad de lo que sé, lo que
amo, ligeros movimientos de teclas de piano en un ritmo atonal mientras
todo mi ser está rodeado de una atmósfera oscura. La Sonata N°9 de
Scriabin. Veo mis dedos deslizándose por las teclas del piano, escucho la
inquietante melodía y siento como cada nota me arrastra más y más a la
oscuridad. Lejos del dormitorio. Lejos de mi cuerpo. Lejos de Lorenzo.
Una mano serpentea bajo mi torso, apretando mi pecho, tirando de mi
blusa, pero estoy perdida en las notas disonantes, recreándolas con
cuidado, distrayendo mis pensamientos. No puede herirme. No aquí con mi
música. Nunca más.
Se mueve, empujando la mano entre mis nalgas, dentro de mis bragas,
explorando toscamente el agujero en la parte posterior que siempre hace
sangrar.
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La sonata se hace añicos en mi mente, y tratao de montar los acordes
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otra vez. Pero sus dedos son implacables, obligándome a soportar el
manoseo, su palma amortiguando mi grito. Jadeo en busca de aire y pateo
frenéticamente con las piernas cerca de la mesita de noche. Mi pie choca
con la lámpara y se estrella contra el suelo.
Lorenzo se queda inmóvil, su mano apretando mi boca.
Un fuerte golpe retumba en la pared cerca de mi cabeza, un puño
golpeando desde la habitación de Shane. Mi sangre se congela.
—¡Ivory! —La voz de Shane se eleva desde el otro lado de la pared—.
¡Maldita puta buena para nada, me despertaste!
Lorenzo se levanta de un salto y se apresura hacia la luz proveniente de
la puerta de la cocina. Tatuajes tribales ennegrecen su pecho y holgados
pantalones deportivos cuelgan de sus caderas estrechas. Una persona
modesta podría considerar atractivo su vigoroso físico y sus marcadas
facciones latinas. Pero las apariencias solo son la piel del alma, y su alma
está podrida.
Ruedo de la cama, acomodo mi falda y agarro el pan envuelto del
suelo. Para llegar a la puerta principal tengo que pasar por la habitación de
Shane y luego por la sala. Tal vez no ha dejado la cama todavía.
Con un pulso tembloroso, me adentro a la oscura caverna que es la
habitación de Shane y… ¡Auch! Golpeo contra su pecho desnudo.
Esperando su reacción, me alejo de la trayectoria de su primer golpe,
solo para exponer mi mejilla a la fuerte bofetada de su otra mano. El
impacto me manda a la habitación de mamá y él se mueve conmigo, sus
ojos nublados por el alcohol y las drogas.
Y pensar que solía parecerse a papi. Pero eso era antes... Cada día, el
cabello rubio de Shane se esfuma, sus mejillas se hunden más en su pastoso
rostro y su vientre cuelga más bajo sobre esos ridículos pantalones cortos de
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entrenamiento.
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No ha estado bien desde que desertó de los Marines hace cuatro años.
El año en que nuestras vidas se fueron a la mierda.
—¿Por. Qué. Carajos… —dice Shane, empujando su rostro en el mío—,
estás despertando a toda la maldita casa a las cinco de la mañana?
Técnicamente, casi son las seis, y tengo que hacer una parada rápida
antes del trayecto de cuarenta y cinco minutos.
—Tengo escuela, idiota. —Me enderezo lo más que puedo, a pesar del
terrible miedo carcomiendo mi estómago—. Lo que deberías preguntar es
por qué Lorenzo está durmiendo en la cama de mamá, por qué tenía sus
manos sobre mí, y por qué estaba gritando para que se detuviera.
Sigo la atención de Shane hacia su amigo. Tinta descolorida garabatea
los costados del rostro de Lorenzo, indiscernible bajo la oscura sombra de sus
patillas. Pero el tatuaje fresco en su garganta arde tan llamativo y negro
como sus ojos. Dice: Destruir. Y por la forma en que me está mirando, es una
promesa.
—Ella vino otra vez a mí. —La mirada de Lorenzo fija en la mía, su
expresión un lienzo lleno de malicia—. Ya sabes cómo es.
—¡Tonterías! —Me giro hacia Shane, mi voz suplicando—. No me dejará
en paz. Cada vez que te das la vuelta me está quitando la ropa y…
Shane agarra mi cuello y me lanza de frente contra la jamba de la
puerta. Trato de esquivarla, luchando contra la fuerza de su ira, pero mi
boca se estampa con la filosa esquina.
Dolor estalla por mi labio. Cuando saboreo la sangre, levantó el mentón
para mantener el lío lejos de mi ropa.
Me suelta, sus ojos opacos y pesados, pero su odio me golpea más
fuerte que nunca.
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—Si le vuelves a mostrar las malditas tetas a mis amigos, te las arrancaré.
¿Me entendiste?
Mi mano vuela a mi pecho y mi corazón se hunde mientras mi palma
se desliza a través de la enorme V de mi blusa. Al menos dos botones han
desaparecido. ¡Mierda! La Academia me levantará un reporte, o peor aún,
me expulsará. Desesperadamente escaneo la cama y el suelo, buscando
pequeños puntos de plástico en el mar de ropa esparcida. Nunca los
encontraré, y si no me voy ahora, habrá más sangre y más botones perdidos.
Me doy la vuelta y corro por la habitación de Shane, sus gritos furiosos
impulsándome a ir más rápido. En la sala, agarro mi bolsa del sofá donde
duermo y acto seguido salgo por la puerta, exhalando de alivio hacia el
cielo gris. El sol no saldrá en al menos otra hora, y todo está tranquilo en la
calle vacía.
Mientras doy un paso fuera del jardín, trato de olvidar los últimos diez
minutos compartimentándolos en una maleta de estilo antiguo, forrada en
cuero marrón con pequeñas hebillas de bronce. Luego imagino que el
equipaje se queda en el porche, porque no puedo llevar tanto.
Un trote breve me lleva hacia la línea 91. Si me apresuro, todavía tengo
tiempo de comprobar a Stogie antes del próximo autobús.
Esquivando los baches que arruinan las majestuosas calles arboladas,
paso por una hilera de cabañas y casas rectangulares, cada una pintada
de vibrantes colores y adornadas muy al estilo sureño. Barandillas de hierro
forjado, lámparas de gas, ventanas de guillotina y gabletes grabados con
ornamentos de volutas, todo está allí si puedes mirar más allá de los pórticos
deteriorados, el grafiti y la basura podrida. Lotes vacíos y llenos de
vegetación manchan el paisaje de la calle, como si necesitáramos
recordatorios del último huracán. Pero la repercusión de Treme prospera en
el suelo fértil, en la historia cultural y en las sonrisas desgastadas de las
personas que llaman a las inmediaciones de la ciudad, su hogar.
Gente como Stogie.
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Llego a la puerta con pesados barrotes de la tienda de música y
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encuentro la cerradura abierta. A pesar de la escasez de clientes, abre la
tienda desde el instante en que despierta. Después de todo, este es su
medio de vida.
La campana suena al entrar, y mi atención se dirige compulsivamente
al viejo Steinway en la esquina. Me he pasado cada verano tocando las
teclas de ese piano hasta que mi espalda me dolía y mis dedos se
entumecían desde que tengo memoria. Con el tiempo, las visitas se
convirtieron en un empleo. Atiendo a los clientes, me hago cargo de la
contabilidad, el inventario y lo que sea que se necesite. Pero es solo en los
veranos cuando no tengo los medios para ganarme mi otro ingreso.
—¿Ivory? —La áspera voz de barítono de Stogie resuena por la
pequeña tienda.
Dejo el pan de plátano en el mostrador de cristal y grito hacia la parte
posterior.
—Solo vengo a dejar el desayuno.
El sonido de sus mocasines arrastrándose indica que se aproxima y su
cuerpo encorvado emerge de sus aposentos en la trastienda. Noventa años
y el hombre todavía puede moverse rápido, cruzando la tienda como si su
frágil cuerpo no estuviera atormentado por la artritis.
El aspecto turbio en sus ojos denota su escasa vista, pero cuando se
acerca su mirada se posa inmediatamente en los botones que faltan en mi
blusa y en la herida en mi labio hinchado. Las arrugas bajo el borde de su
gorra de béisbol se profundizan. Ha visto la obra de Shane antes, y estoy muy
agradecida de que no pregunte u ofrezca compasión. Puedo ser la única
chica blanca en este barrio, y definitivamente soy la única con una
educación en una escuela privada, pero las diferencias terminan ahí. Mi
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equipaje es tan común en Treme como los collares arrojados en la Calle
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Bourbon1.
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Hace referencia a los collares que se usan en la celebración del Mardi Gras, la cual se
realiza cada año en Nueva Orleans.
Me examina de pies a cabeza mientras se rasca la barba, pequeños
vellos blancos contra su tez negra como el carbón. Visibles temblores
recorren sus brazos, cuadra sus hombros, sin duda en un intento de disfrazar
su dolor. He estado viendo su salud deteriorándose durante meses, y soy
incapaz de detenerlo. No sé cómo apoyarlo o aliviar su sufrimiento, y
lentamente me está matando por dentro.
He visto sus finanzas. No puede permitirse medicamentos o visitas al
doctor o incluso cosas básicas como los alimentos. Ciertamente no puede
permitirse un empleado, lo cual repercutió de una manera agridulce en su
nómina durante el último verano. Cuando me gradúe de Le Moyne en la
primavera, dejaré Treme y Stogie no se sentirá obligado a cuidar de mí.
Pero, ¿quién cuidará de él?
Saca un pañuelo del bolsillo de su camisa, su mano temblando mientras
la levanta hacia mi labio.
—Te ves muy elegante esta mañana. —Sus astutos ojos se clavan en los
míos—. Y nerviosa.
Cierro los ojos mientras limpia la sangre. Ya sabe que mi aliada más
fuerte en la academia renunció a su posición como instructora principal de
música. Mi relación con la Sra. McCracken me tomó tres años. Era la única
persona en Le Moyne que me respaldaba. Perder su apoyo para una beca
era como empezar de nuevo.
—Solo tengo un año. —Abro los ojos y los enfoco en los de Stogie—. Un
año para impresionar a un nuevo instructor.
—Y todo lo que necesitas es un momento. Solo asegúrate de estar ahí.
Tengo que tomar la línea 91 a pocas cuadras de distancia. El trayecto
en autobús dura veinticinco minutos. Luego son diez minutos a pie para
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llegar al campus. Reviso mi reloj. Ahí estaré, con botones faltantes y el labio
roto, pero mis dedos todavía funcionan. Haré que cada momento cuente.
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Deslizo la lengua sobre la herida y me estremezco ante la hinchazón
alrededor de la piel.
—¿Se nota?
—Sí. —Me mira con ojos entrecerrados—. Pero no se nota tanto como
tu sonrisa.
Mis labios se elevan en una sonrisa, lo cual estoy segura que era su
intención.
—Eres todo un don juan.
—Solo cuando ella lo vale. —Abre el cajón desordenado a la altura de
su cadera y con una mano temblorosa rebusca entre plumillas de guitarra,
lengüetas… ¿qué está buscando?
¡Ah! Tomo el seguro junto a su dedo y busco otro.
—¿Tienes más?
—Es el único.
Después de algunos ajustes estratégicos, logro acomodar el frente de
mi blusa y le doy una sonrisa agradecida.
Con una suave palmadita en mi cabeza, hace un movimiento para
que me mueva.
»Ve. Sal de aquí.
Lo que realmente está diciendo es: ve a la escuela para que puedas
salir de esa casa. Para que salgas de Treme. Para que dejes esta vida.
—Te traje esto. —Deslizo el pan por el mostrador.
—Oh no. Tómalo.
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—Me darán de comer en la escuela.
Sé que escucha la mentira pero de todos modos lo acepta.
Cuando me doy la vuelta para irme, me agarra por la muñeca con más
fuerza de la que lo creía capaz.
—Tienen suerte de tenerte. —Sus oscuros ojos resplandecen—. Malditos
hijos de puta afortunados. No dejes que lo olviden.
Tiene razón. Solo porque mi familia no puede brindar cuantiosas
donaciones o conexiones poderosas no me convierte en un caso de
caridad. Mi matrícula de cuatro años se pagó en su totalidad cuando tenía
diez y pasé las audiciones necesarias cuando tenía catorce, al igual que mis
compañeros. Mientras continuaba eclipsando a los demás en los cursos,
recitales, ensayos y disciplina, la academia no puede presionarme para que
me vaya.
Con un beso en la mejilla arrugada de Stogie, me dirijo hacia la parada
de autobús, incapaz de detener el temor regresando a mi estómago. ¿Qué
pasa si mi nuevo instructor de música me odia y se niega a ser mi mentor o
a apoyarme en el proceso de registro para la universidad? Papi estaría
devastado. Dios, ese es mi mayor sufrimiento. ¿Papi está mirándome? ¿Ha
visto las cosas que he hecho para llegar a fin de mes? ¿Las que haré de
nuevo tan pronto como anochezca? ¿Me extraña tanto como yo lo
extraño?
A veces el terrible vacío que dejó atrás duele tanto que no puedo
soportarlo. A veces quiero sucumbir al dolor y unirme a él, donde quiera que
esté.
Es por eso que estoy moviendo mi desafío más grande a la cima de mi
lista de tareas.
Hoy, voy a sonreír.
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espués de que la reunión de la mañana en la facultad es
suspendida, mis brillantes y nuevos colegas salen de la
biblioteca en un tono monocromático de trajes almidonados y
repiqueteando con los tacones. Me quedo en la mesa, a la espera de que
la manada se disperse mientras observo a Beverly Rivard por el rabillo del
ojo.
No ha cambiado su postura autoritaria desde la cabeza de la mesa, no
me ha dado ni una mirada desde que se presentó conmigo al inicio de la
reunión. Pero lo hará, tan pronto como la habitación se despeje. No cabe
duda que tiene un tema más en la agenda por discutir. En privado.
Sin duda ella tiene un elemento más de la agenda a discutir. En
privado.
—Señor Marceaux. —Sus ojos encuentran los míos mientras se desliza
por los suelos de mármol, sorprendentemente en silencio en sus pretenciosos
tacones y cierra las puertas detrás del último miembro del personal—. Una
palabra más antes de que se vaya.
Será más que una palabra, pero no utilizaré la semántica para
desequilibrar la posición que piensa que tiene sobre mí. Hay formas más
originales para ponerla de rodillas.
Cruzo las manos en mi regazo y me reclino en la silla de cuero, un codo
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sobre la mesa y un tobillo sobre la rodilla. Le doy toda la fuerza de mi mirada,
porque es el tipo de mujer que quiere algo de todo el mundo, algo poderoso
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que pueda manipular según su voluntad y punto de vista. Por ahora, todo lo
que está recibiendo de mí es mi atención.
Beverly se pasea alrededor de la larga mesa, su modesto traje con
falda a la medida amoldándose a su delgada complexión. Veinte años
mayor que yo, porta su edad con notable elegancia. Pómulos altos y
pronunciados. Rasgos estrechos y aristocráticos. Apenas con una arruga en
su tez pálida.
Es difícil saber si su cabello es gris o rubio donde se agrupa en su nuca.
Apuesto a que nunca lo lleva suelto. Atraer la atención de los hombres no
es su principal presunción. No, su feroz orgullo radica en su sentido de
superioridad al dar órdenes y ver a los subordinados pelearse para besar su
culo.
Nuestra primera y única reunión cara a cara durante el verano expuso
parte de su naturaleza. El resto lo deduje. No se convirtió en la decana de
Le Moyne por su bondadoso corazón o encogerse ante la competencia.
Sé de primera mano lo que se necesita para supervisar una
preparatoria como esta.
También sé lo fácil que es perder esa posición.
Mientras camina hacia mí, sus ojos agudos recorren los rincones entre
las estanterías de caoba, el escritorio vacío de la bibliotecaria y los sofás en
el otro extremo. Sí, Beverly. Estamos solos.
Se acomoda en la silla junto a la mía, cruzando las piernas a la altura
de las rodillas y me mira con una sonrisa calculada.
—¿Todo está instalado en su nueva casa?
—No pretendamos que le importa.
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—Bien. —Pasa sus uñas recortadas por su falda—. El abogado de Barb
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McCracken me contactó. Resulta que, decidió no quedarse callada.
No es mi problema. Me encojo de hombros.
—Dijo que lo manejaría.
Tal vez Beverly no es tan competente como supuse.
Tararea, aferrándose a su sonrisa, pero ahora es más tensa.
—Lo he arreglado.
—¿Ha despilfarrado más dinero?
Su sonrisa cae.
—Más de lo justificable, el pedacito codicioso… —Sus labios se aprietan
mientras se reclina en la silla y mira la habitación—. De cualquier forma. Está
resuelto.
Relajo la boca en una media sonrisa, una señal deliberada de diversión.
—¿Dudando ya de nuestro trato?
Dirige su mirada hacia mí.
—Es un riesgo, señor Marceaux. —Sus ojos se entrecierran en frívolas
rendijas mientras gira la silla para enfrentarme—. ¿Cuántas ofertas de
trabajo ha recibido desde su fiasco en Shreveport? ¿Eh?
Su burla despierta un torrente de ira y traición que acelera mi pulso. Mi
garganta quema por replicarle, pero solo le arqueo la ceja.
»Muy bien. —Resopla con insolencia. O incertidumbre. Probablemente
con ambas—. Le Moyne tiene una reputación inigualable, una que soy
responsable de mantener. La partida de McCracken y mi deseo de
contratarlo como su reemplazo han provocado sospechas indeseadas.
Aunque Shreveport destruyó mi reputación profesional, el motivo de mi
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renuncia nunca se hizo público. Sin embargo, la gente habla. Sospecho que
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la mayoría de los profesores de Le Moyne y las familias de los estudiantes
pueden escuchar los rumores. Prefiero decir la verdad que someterme a
juicios basados en rumores retorcidos. Pero los términos de Beverly para la
oferta de trabajo requieren mi silencio.
»Recuerde nuestro trato. —Sus codos se presionan contra sus lados, sus
ojos demasiado brillantes, casi vidriosos—. Mantenga la boca cerrada y deje
que yo reúna a las ovejas con su frívolo parloteo.
Dice esto como si debiera estar impresionado por sus prácticas de
negocios poco éticos. Pero lo que ha hecho inadvertidamente es mostrar su
verdadero rostro. Su miedo es palpable. Despidió injustamente a una
profesora con plaza fija y le pagó para que se callara, todos para traerme
aquí para su propio beneficio. Si realmente tuviera el control de la situación,
no habría sentido la necesidad de iniciar esta conversación. Tiene la
suficiente sangre fría como para destruir la vida de las personas, pero eso no
significa que está preparada para jugar este juego. Mi juego.
Froto un pulgar sobre mi labio inferior, deleitándome por la forma en
que sus ojos siguen a regañadientes el movimiento.
La piel por encima de su cuello abotonado se ruboriza.
»Es fundamental que mantengamos la atención en sus logros como
profesor. —Levanta la barbilla—. Esperamos que dé un ejemplo profesional
en el aula.
—No me diga cómo hacer mi trabajo. —Era un profesor muy
respetado antes de ascender a las filas administrativas. Que se joda junto
con audacia auto justificada.
—Como la mayoría de los profesores, parece tener un problema con el
aprendizaje. Así que trate de prestar atención. —Se inclina hacia adelante,
su tono bajo y entrecortado—. No dejaré que sus perversiones oscurezcan
los rincones de mi escuela. Si se repite su conducta en Shreveport, el trato
21
termina.
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El recordatorio de lo que he perdido hace que el fuego arda en mi
pecho.
—Es la segunda vez que menciona Shreveport. ¿Por qué? ¿Tiene
curiosidad? —La miro de manera desafiante—. Adelante, Beverly. Haga sus
ardientes preguntas.
Rompe el contacto con mi mirada, su cuello se pone tenso.
—Uno no contrata a un prostituto para escuchar de sus hazañas.
—Oh, ¿ahora soy un prostituto? ¿Está cambiando los términos de
nuestro trato?
—No, señor Marceaux. Sabe por qué lo contraté. —Su voz se eleva una
octava—. Con la estipulación explícita de que no habría indiscreciones.
—Baja su tono—. No quiero oír ni una palabra más al respecto.
Le he permitido tener la ventaja desde el momento en que me
contactó. Es tiempo de ver cómo se desenvuelve con una pequeña
humillación.
Inclinándome hacia adelante, agarro los apoyabrazos de su silla y la
acorralo.
—Está mintiendo, Beverly. Creo que quiere escuchar todos los detalles
sucios de mis indiscreciones. ¿Debo describir las posiciones que se utilizaron,
los sonidos que hizo, el tamaño de mi polla…?
—¡Deténgase! —Toma una respiración, un mano temblando contra su
pecho antes de hacerla un puño y poner esa expresión digna que le muestra
al mundo—. Es repugnante.
Me rio y me alejo de la silla.
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Se levanta y me mira fijamente.
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—Aléjese de mi facultad, específicamente de las mujeres a mi servicio.
—Comprobé las ofertas en la reunión de esta mañana. De verdad
debe actualizar el panorama.
Había unas cuantas profesoras con cuerpo ceñido, muchas miradas
interesadas en mí, pero no estoy aquí para eso. Tengo decenas de mujeres
dispuestas a doblegarse ante mi llamado y mi error en Shreveport... Mi
mandíbula se endurece. Es algo que no haré otra vez.
»Usted, por otro lado... —Dejo a mi mirada recorrer su postura rígida—.
Parece que podría necesitar un buen y maldito polvo.
—Está fuera de lugar. —Su tono de advertencia pierde el efecto con el
bamboleo de sus tacones mientras se aleja.
Se da la vuelta y huye hacia la cabecera de la mesa. Cuanto más se
aleja de mí, más fuerte es su andar. Unos cuantos pasos más y mira sobre su
hombro como si esperara que mis ojos estuvieran sobre su flácido culo. Me
estremezco. La perra arrogante realmente piensa que estoy interesado.
Me levanto, deslizo una mano en el bolsillo de mis pantalones y camino
hacia ella.
—¿El señor Rivard no cumple sus demandas en el dormitorio?
Llega al final de la mesa y recoge sus papeles, negándose a mirarme a
los ojos.
—Continúe con este comportamiento y me aseguraré de que nunca
vuelva a ver el interior de un aula.
Su ilusión de control hace que sea muy difícil mantener mis dientes
proverbiales enfundados.
Me adentro a su espacio personal, acorralándola.
23
—Si me amenaza de nuevo, se arrepentirs del resultado.
Página
—Retroceda.
Inclinándome, dejo que mi aliento roce su oído.
—Todo el mundo tiene secretos.
—Yo no…
—¿El señor Rivard está calentando otra cama?
Es solo una suposición, pero el leve temblor en su mano me dice que
estoy en lo cierto.
Sus fosas nasales se dilatan.
—Eso es indignante.
—¿Y qué me dice de su perfecto hijo? ¿Qué ha hecho para ponerla en
esta precaria situación?
—¡No ha hecho nada malo!
No estaría aquí si eso fuera cierto.
—Está temblando, Beverly.
—Esta conversación ha terminado. —Pasa junto a mí con la mirada en
la puerta y en los papeles.
Su equilibrio flanquea, los papeles caen de sus manos y se arrodilla a
mis pies. Perfecto.
Me lanza una mirada sobresaltada, y al darse cuenta que no hice
ningún movimiento para atraparla, su rostro mirando hacia arriba se torna
de un tímido rubor rojo.
Con los ojos clavados en el suelo, recoge sus cosas con movimientos
enojados.
24
—Contratarlo fue un error.
Página
Me paro en la página que está por alcanzar y bajo la mirada hacia la
parte superior de su cabeza.
—Entonces despídame.
—Yo... —Mira fijamente la piel de serpiente de mis Doc Martens, su voz
baja y abatida—. Solo uso sus conexiones.
Para conseguir que su indigno hijo entre a Leopold, la universidad de
música más prestigiosa en el país. Ese fue el trato.
Ella me daría un trabajo para enseñar cuando nadie más lo haría, y yo
mantendré mi parte del trato hasta el final. Pero no me doblegaré ni me
encogeré de miedo como sus subordinados. No tiene idea de con quién
está tratando. Pero aprenderá.
Deslizo el papel hacia sus dedos y lo mantengo presionado con el
zapato.
—Creo que estamos claros en los términos —levanto mi pie,
permitiéndole agarrar el papel—, así como en nuestras posiciones en este
arreglo.
Se pone rígida, su cabeza baja.
Humillación total.
Doy la vuelta y salgo de la biblioteca.
25
Página
—H
e escuchado que se rellena el sujetador.
—Que puta.
—¿No usó esos zapatos el año
pasado?
Los murmullos ondulan a través del pasillo lleno de gente, hablando
detrás de manos bien cuidadas, pero destinados a llegar a mis oídos.
Después de tres años, ¿cómo es que estas chicas no han inventado algo
nuevo?
Mientras paso su susurrante grupo lleno de marcas, iPhones de edición
limitada y tarjetas American Express negras, refuerzo mi sonrisa con el
recordatorio de que, a pesar de nuestras diferencias, merezco estar aquí.
—Me pregunto de qué cama salió arrastrándose esta mañana.
—En serio, puedo olerla desde aquí.
Los comentarios no me molestan. Son solo palabras. Palabras sin
imaginación, inmaduras, huecas.
¿A quién estoy engañando? Algunos de esos golpes son bastante
verdaderos y escucharlas decirlos tan llenos de odio saca el aire de mis
pulmones. Pero he aprendido que las reacciones llorosas solo los animan.
26
—Prescott dijo que tuvo que tomar tres duchas después de haber
estado con ella.
Página
Me detengo en el centro del pasillo. El flujo de tráfico pasa a mí
alrededor mientras doy un respiro profundo y camino de vuelta hacia su
grupo.
Cuando me ven venir, varias de las chicas se dispersan. Ann y Heather
permanecen de pie, viéndome acercarme con la misma curiosidad
mórbida que dan los turistas a mis vecinos sin hogar. Ojos sin pestañear,
espaldas rectas, sus piernas de bailarina inmóviles bajo las faldas hasta la
rodilla.
—Oigan. —Descanso contra los casilleros junto a ellas, sonriendo
mientras intercambian miradas—. Les diré algo pero tienen que guardar el
secreto.
Sus ojos se estrechan, pero hay interés allí. Les encanta el chisme.
»La verdad es que... —Hago un gesto a mis tetas—. Odio estas cosas. Es
difícil encontrar blusas que se ajusten —ni hablar de pagarlas—, ycuando lo
hago, miren esto. —Empujo el pasador de seguridad—. Saltan botones— Le
doy una mirada a sus pechos planos y aunque siento una pizca de envidia
por sus figuras delgadas, la escondo detrás de un tono sarcástico—. Debe
ser bueno no tener que preocuparse por eso.
La chica más alta, Ann, da un grito indignado. Toda musculosa,
elegante y llena de confianza, es la bailarina más alta de Le Moyne. Ella
también es intimidantemente hermosa, con sus ojos valorantes y los labios
llenos puestos en una tez marrón oscura afilada con los tonos frescos de la
medianoche.
Si Le Moyne tuviera bailes formales, sería la reina del baile. Y por alguna
razón, siempre me ha odiado. Ni siquiera dio la oportunidad de ser de otra
manera.
Luego está su compañera. Estoy seguro de que Heather hizo el
27
comentario del zapato, pero ella es más tímida que Ann, demasiado
Página
aprensivo para ser cruel cara a cara.
Levanto un pie, girándolo para que puedan ver los agujeros en el
plástico.
»Use estos el año pasado. Y el año antes de ese. Y el año antes de ese.
De hecho, estos son los únicos zapatos que me han visto usar.
Heather juega con los dedos con su larga trenza café y mira mis
zapatillas dañadas con una ceja levantada.
—¿Qué talla usas? Podría darte…
—No quiero tus sobras.
Las quiero, pero no hay modo de que admita eso. Es bastante difícil
defenderme en estos pasillos. Estoy segura de que no voy a lograrlo con
zapatos prestados.
Desde el primer día. He confrontado sus habladurías con franqueza y
honestidad. Es lo que mi padre habría hecho. Sin embargo, aquí estamos,
un año nuevo y ya se burlan de mi con suficiente veneno para quemar a
través de mi piel.
Así que decido intentar una táctica diferente, una mentira inofensiva
para callarlos.
»Son los zapatos de mi abuela, lo único que poseía cuando inmigro a
los Estados Unidos. Se los dio a mi madre, que me los dio a mí como un
símbolo de fortaleza y resistencia.
No tengo una abuela, pero la expresión de culpa de Heather me dice
que tal vez estalle su preciosa burbuja dorada finalmente.
El triunfo sube en espiral por mi espina dorsal.
»La próxima vez que abran su boca condescendiente, consideren el
28
hecho de que no saben una mierda.
Página
Heather succiona un suspiro como si la ofendiera.
»Vamos. —Me inclino hacia ellas—. Aquí hay algo acerca de Prescott
Rivard. —Miro al pasillo lleno, como si me importara una mierda que alguien
pudiera escucharme—. Tiene un problema sexual. Todos lo tienen. Lo
quieren y si no se los das, lo toman, ¿saben?
Ann y Heather me miran sin expresión. Desorientadas. ¿Cómo no saben
esto?
Ajusto la correa de mi bolso en mi hombreo, mi piel pica con las
verdades que estoy dejando de lado.
»Alguien tiene que dar un paso al frente y hacer a los chicos felices. Solo
estoy haciendo mi parte para mantener la violencia sexual fuera de nuestra
escuela. Deberían agradecerme.
Hice que eso sonara mucho más caritativo de lo que de hecho es. Solo
hago lo necesario para sobrevivir. Que se jodan todos los demás.
Ann mira hacia abajo con su nariz arrugada hacia mí.
—Eres toda una puta.
Una etiqueta que he tenido desde mi primer año aquí. Nunca he
desanimado sus presunciones sobre mí. La mala conducta sexual requiere
pruebas. Mientras no pase en los terrenos de la escuela o no aparezca
embarazada, no me echarán. Por supuesto, los rumores empañan mí ya
repugnante reputación, pero también distraen la razón real por la que paso
tiempo con los chicos de Le Moyne. Esa verdad me expulsaría en un
segundo.
—¿Una puta? —Bajo mi voz en un susurro conspirativo—. No he tenido
sexo en un tiempo. Quiero decir, han pasado como cuarenta y ocho horas.
—Me doy la vuelta, espero sus jadeos y giro hacia atrás, sonriendo a Ann—.
Pero tu padre prometió que compensaría su lapso esta noche.
29
—Oh, Dios mío. —Ann se dobla, tomando su estómago y tapando su
Página
boca abierta—. ¡Asqueroso!
¿Su padre? No lo sé, pero el sexo generalmente es asqueroso. Horrible.
Inaguantable. Y esperado.
Las dejo en un silencio impactado y paso la primera mitad del día sin
perder la sonrisa. Las mañanas en Le Moyne son una brisa, compuesta por
todas las clases fáciles del bloque A/B, como Ingles e Historia, Ciencias y
Matemáticas e Idiomas. Mientras el mediodía se acerca, nos dispersamos
por una hora para el almuerzo y ejercitar antes de cambiar la marcha y
dirigirnos a nuestras clases especializadas.
Ejercicio diario y los alimentos son necesarios como parte de la dieta
musical balanceada, pero comer es un inconveniente, dado que no tengo
comida o dinero.
Mientras estoy parada en mi casillero en el campus, el dolor de mi
estómago vacío se despierta con un rugido. En la parte superior del hambre
hay un paquete apretado de temor. O emoción.
No, definitivamente es temor.
Miro fijamente a la impresión de mi horario de la tarde.
Teoría Musical.
Seminario de Piano.
Clase principal de rendimiento.
Lecciones privadas.
La última parte de mi día es en Crescent Hall. Aula 1A. Todas las clases
son impartidas por Marceaux. Durante Literatura inglesa, escucho a algunas
30
de las chicas hablar de lo atractivo que es el Señor Marceaux, pero no he
Página
trabajado tanto para pasearme por Crescent Hall.
Mi interior se enrosca mientras murmuro en voz alta:
—¿Por qué tiene que ser él?
El casillero a mi lado se cierra y Ellie se inclina alrededor de mi brazo,
mirando mi horario.
—Es realmente lindo Ivory.
Me dirijo hacia ella.
—¿Lo has visto?
—Un vistazo. —Mueve su pequeña nariz de ratón—. ¿Por qué importa
la parte de que sea un él?
Porque estoy más cómoda rodeada de mujeres. Por qué no me
dominan con músculos y tamaño. Porque los hombres son tomadores.
Toman mi coraje, mi fuerza, mi confianza. Porque solo están interesados en
una cosa y no es mi habilidad para tocas las ultimas barras del Estudio
Transcendental No. 2.
Pero no puedo compartir todo eso con Ellie, mi dulce, protegida, criada
en una estricto-hogar-chino amiga. Creo que puedo llamarla amiga. Nunca
hemos establecido eso realmente, pero siempre es agradable conmigo.
Pongo el horario en mi cartera.
—Supongo que estaba esperando a alguien como la señora
McCracken.
Tal vez el señor Marceaux es diferente. Tal vez sea amable y seguro
como papi y Stogie.
Cerca de una cabeza más baja que yo, Ellie pasa una mano sobre los
mechones sueltos de su cabello negro y hace esa cosa de brincar en las
31
puntas de sus pies. Creo que intenta estirarse, pero más que nada parece
Página
que necesita orinar. Es tan pequeña y adorable que quiero tirar de su coleta.
Así que lo hago.
Golpea mi mano, sonriendo conmigo y regresa a sus talones.
—No te preocupes por Marceaux. Estará bien. Ya verás.
Es fácil para ella decirlo. Ya tiene un puesto de violonchelista en el
Conservatorio de Boston el próximo año. Su futuro no depende de si le
agrada a Marceaux o no.
»Voy al gimnasio. —Coloca una mochila de la mitad de su tamaño en
su hombro—. ¿Vienes?
En lugar de una clase organizada de educación física, Le Moyne ofrece
un gimnasio completo, entrenadores personales y una gran variedad de
clases de acondicionamiento como yoga o kickboxing.
Prefiero cortar mis dedos 5-4-3 que saltar en una habitación llena de
espejos con las chicas en desaprobación.
—Nah. Voy a correr a la pista afuera.
Nos despedimos, pero mi curiosidad por Marceaux me llama detrás de
ella.
»¿Ellie? ¿Qué tan lindo es?
Se da la vuelta y camina hacia atrás.
—Sorprendentemente lindo. Solo fue una mirada, pero te lo digo, lo
sentí justo aquí. —Se golpea el estómago y abre sus ojos angulares—. Tal vez
un poco más abajo.
Mi pecho se contrae. Los más lindos tienen los interiores más feos.
32
Pero soy bonita, ¿no es así? Me dicen que lo soy, menos las personas en
las que confió y más a menudo la gente en quién no.
Página
Tal vez mis interiores también son feos.
Mientras Ellie rebota lejos y me da su linda sonrisa sobre su hombro,
corrijo mis generalizaciones. No hay nada feo sobre Ellie.
En el vestidor, me cambio a unos pantaloncillos cortos y un top y me
dirijo afuera a la pista que rodea el campus de veinte acres.
La humedad evita que la mayoría de los trescientos estudiantes se
aventuren fuera del aire acondicionado en esta temporada del año, pero
unos cuantos descansan en las bancas del parque, riéndose y comiendo sus
almuerzos. Un par de bailarines practican sus calentamientos sincronizados
bajo los imponentes campanarios del edificio del campus.
Mientras estiro mis piernas bajo la sombra de un gran roble, miro por
encima de los exuberantes jardines verdes y los senderos de goma. Los
mismos senderos que caminé con papi cuando mi cabeza apenas
alcanzaba su cadera. Aun puedo sentir su gran mano tragándose la mía
mientras me conducía. Su sonrisa estaba tan llena de brillo cuando señaló
la catedral tan vieja como la piedra de Crescent Hall y especuló sobre la
grandeza de las aulas dentro.
Le Moyne era su sueño, uno que sus padres no podían pagar, Nunca
pareció triste por eso. Porque no era un tomador, ni siquiera en sus sueños.
En su lugar, me dio sus sueños.
Doblándome por la cintura, alcanzo las puntas de mis pies y dejo que
el estiramiento caliente mis tendones mientras los recuerdos calientan mi
sangre. Me parezco a mi mamá con mi cabello y ojos oscuros, pero tengo
la sonrisa de papi. Desearía que el pudiera verme ahora, parada aquí en el
campus, viviendo su sueño y usando su sonrisa.
Sonrió más, porque su sueño, su sonrisa… también son míos.
33
—Santa madre de Dios, extraño ese trasero.
Página
Me pongo derecha, la sonrisa se va y mi cuerpo está demasiado rígido
para girarme hacia la voz que hace que mis hombros se dirijan alrededor de
mis oídos.
—¿Qué quieres Prescott?
—A ti, desnuda. Envolviendo mi polla.
Mi estómago cae y una gota de sudor cae por mi sien. Enderezo mi
columna.
—Tengo una idea mejor. Qué tal si te metes tu polla entre las piernas,
bailas como Buffalo Bill y te vas a la mierda.
—Eres tan desagradable —dice Prescott con una sonrisa en su rostro
mientras da la vuelta en mi línea de visión.
Se detiene a una distancia apropiada pero no lo suficientemente lejos.
Me alejo.
Su cabello largo se detiene en su mandíbula, los mechones rubios
aclarados por el sol del caribe o donde sea que haya pasado su verano. Si
su corbata y su botón lo sofocan con este calor, no lo demuestra mientras
se toma su tiempo enervándome con su mirada errante.
No entiendo por qué las chicas en Le Moyne pelean por él. Su nariz es
muy larga. Su diente frontal está torcido y su lengua se retuerce como un
gusano cada vez que entra en mi boca.
—Jesús, Ivory. —Su enfoque se centra en mi pecho, quemando mi piel
bajo la camiseta de tirantes—. Tus tetas crecieron otra copa durante el
verano.
Lucho por poner mis hombros en una posición relajada.
34
—Si estas pidiendo ayuda este año, intenta de nuevo.
Página
Sus ojos permanecen en mi pecho, sus largos dedos apretados en la
bolsa de su almuerzo.
—Te quiero a ti.
—Quieres que haga tu tarea.
—Eso también.
El ruido en su voz me hace temblar. Envuelvo los brazos sobre mi pecho,
odiando lo notables que son mis pechos, odiando la forma en que él
flagrantemente los mira, odiando depender de él.
Su mirada finalmente se levanta, plantándose en mi boca.
—¿Qué le pasó a tu labio? ¿Lo atrapaste en un anillo de polla?
Me encojo de hombros.
—Fue realmente un gran… anillo.
Su expresión se oscurece con celos, y también odio eso.
»Deberías conseguir uno. —Inclino la cabeza ante el sonido forzado de
su risa—. ¿Por qué no? Aumenta el placer. —No sé nada de perforaciones,
pero no puedo dejar pasar el chiste—. Si tuvieras uno, podrías hacer correrse
a una chica.
Su carcajada se rompe con una tos.
—Espera, ¿qué? —Sus ojos se endurecen—. Te hice correrte.
El sexo con él es como quitarse un tampón. Un jalón rápido que termina
en un desastre repulsivo, uno que descarto de mi mente hasta que tiene que
hacerse de nuevo. No me molesto en decírselo. Puede verlo en mi mirada.
»Esa es una mierda. —Él avanza hacia adelante, cruzando el límite de
35
lo que los espectadores considerarían una conversación amistosa.
Página
Cuando alcanza mi brazo, miro al edificio del campus y encuentro la
ventana vacía de la oficina de la decano.
—Tu mamá está viendo.
—Eres una perra mentirosa. —No mira, pero sus manos caen.
—Si quieres mi ayuda, voy a necesitar un adelanto.
Ladra una risa disgustada.
—Demonios, no.
—Haz lo que quieras. —Hago un sprint, manteniéndome en la hierba a
lo largo de la pista donde no quema mis pies descalzos.
Solo toma unos segundos para que las largas piernas de Prescott me
alcancen.
—Espera Ivory. —El sudor se forma en su rostro mientras corre a mi lado
en su camisa—. ¿Podrías detenerte un minuto?
Retardo mis pasos, anclo mis puños en mis caderas y espero a que
recobre el aliento.
»Mira, no tengo nada de dinero ahora. —Saca los bolsillos de sus
pantalones—. Pero te pagaré esta noche.
Esta noche. Mi estómago se tuerce, pero sonrío y le quito la bolsa del
almuerzo de la mano.
—Esto lo hará hasta entonces.
El almuerzo es el único adelanto que necesito de todos modos. Tiene
crédito ilimitado en la cafetería, así que no es que vaya a pasar hambre.
Mira mis pies descalzos, la bolsa de papel en mi mano y hace una
36
pausa en mi labio roto. Para un chico que tiene problemas con algebra, no
Página
es estúpido. Más bien desinteresado. Desinteresado en mis problemas.
Desinteresado en el plan de estudios.
Ninguno de nosotros está aquí para estudiar ecuaciones cuadráticas o
biología celular. Venimos por el programa de artes, a bailar, a cantar o a
tocar nuestros instrumentos y a ser aceptados en el conservatorio de nuestra
elección. Prescott prefiere dedicar su tiempo a follar y tocar la guitarra
clásica, no a escribir un reporte de historia en Français. Por suerte para él, no
tiene que preocuparse por los cursos académicos. No cuando puede
pagarme para que lo haga por él.
Él no es el único idiota titulado en Le Moyne, pero limito mis servicios a
aquellos con las billeteras más grandes y más que perder. Todos conocemos
los riesgos. Si uno cae, todos caemos. Desafortunadamente, mi círculo de
tramposos se compone en gran parte de Prescott y sus amigos.
Y algunas veces toman más de lo que pagan.
Miro en la bolsa de almuerzo, salivando con la vista de la carne asada
en el pan crujiente, las uvas y las galletas de chocolate.
—¿En la noche dónde?
—Donde siempre.
Lo que incluye recogerme a diez cuadras de la escuela, estacionar su
auto en un espacio libre y hacer mucho más que tarea. Pero soy la que puso
las reglas. No intercambiar tareas en la propiedad de la escuela o lugares
públicos. Es muy riesgoso, especialmente con la forma en la que la decano
vigila a su hijo.
—Te veo en clases. —Se aleja, su atención fija en la ventana de la
decano y la sombría silueta dentro.
El jura que ella no sospecha nada, pero ha estado en mi contra desde
37
que entro como Madre Superiora en mi segundo año. Tal vez sea mi
Página
reputación de puta o mi pobreza. O tal vez mi elección de universidad.
El Conservatorio Leopold de Nueva York es la universidad más selectiva
del país y solo acepta un músico de Le Moyne cada año. Es decir, si aceptan
a alguno de nosotros. Docenas de mis compañeros han solicitado, incluido
Prescott, pero la señora McCracken dice que soy la mejor. Soy a quien iba
a recomendar. Lo que hace a Prescott mi mayor competencia. Al menos,
yo lo era. Sin su referencia, podría estar de vuelta al principio.
Acurrucada bajo un árbol, devoro el almuerzo de Prescott y me
convenzo de no preocuparme por él. Le gustaré a Marceaux. El verá que
merezco el lugar. Y esta noche… Esta noche, no me subiré al auto de
Prescott. Podremos repasar sus tareas en la acera y si tiene un problema con
eso, me iré. Lo dejaré reprobar sus asignaturas y fallar en la competencia por
Leopold. Encontrare a otro vago para compensar mi pérdida de ingresos.
Mientras corro la pista de tres kilómetros que serpentea alrededor de la
propiedad cubierta de árboles, fortalezco mi mente y cuerpo con la solidez
de ese plan.
Cuando la alarma de aviso de cinco minutos suena por los edificios,
estoy bañada, vestida y pasando por las multitudes en Crescent Hall, mi
estómago revolotea turbiamente.
Todo lo que necesitas en un momento.
La confianza de Stogie aclara mis pasos, pero es el recuerdo de la
energía de papi lo que levanta mis labios. Si estuviera en mis zapatos,
caminando por los pasillos que soñó, habría estado tarareando con
entusiasmo y un agradecimiento desenfrenado. Puedo sentirlo, su
dinamismo contagioso, bombeando mi sangre y acelerando mis pasos al
entrar en el aula 1A, el mismo salón de música en el que estuve el año
pasado.
Una pantalla impresionante de latón, cuerda e instrumentos de
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percusión se alinean en la pared lejana. Seis o más de mis compañeros se
reúnen alrededor de los escritorios en el centro del enorme espacio en forma
Página
de L si caminara por la esquina, vería el gran piano Bösendorfer en la alcoba.
Pero mi atención se dirige al hombre en el frente del salón.
En el borde del escritorio, con los brazos cruzados sobre su pecho, mira
la congregación de estudiantes con una expresión inquietante e irritada.
Gracias a Dios no me ha notado, porque no puedo despegar los pies del
suelo o apartar la mirada.
Es inesperadamente joven, no tan joven como un estudiante pero tal
vez de la edad de mi hermano... Su perfil está rigurosamente esculpido, su
mandíbula afeitada limpiamente, pero aun así tan oscura que sospecho
que la afeitadora más afilada no quitaría la sombra.
Mientras más miro, más me doy cuenta que no es rostro lo que parece
joven. Es su estilo. Muy diferente a otros profesores con sus trajes conserva-
dores y comportamientos modestos.
Es el modo en que su cabello negro está arreglado, corto en los lados,
largo y desordenado en la parte superior, como si un empujón de sus dedos
dejara caer el caos perfecto en su frente. Sus largas piernas parecen estar
envueltas en jeans negros, pero un escrutinio más cercano confirma que
está usando pantalones de vestir cortados como jeans. Las mangas de su
camisa a cuadros se enrollan hasta los codos y su corbata tiene un diseño a
cuadros diferente, lo que no combina pero de algún modo funciona
completamente. Su chaleco marrón ajustado es del tipo que un hombre usa
bajo su saco, pero no hay saco.
Su aspecto general es casual, profesional con personalidad,
desafiando el código de vestimenta pero sin violarlo.
—Tome asiento. —Su voz resonante reverbera por la habitación,
sacudiendo mis interiores, pero no está dirigida a mí.
Exhalo un momento de alivio antes de que se incline hacia mí. Sus ojos
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azules se mueven primero, seguidos de su cuerpo entero. Sus manos toman
Página
el borde del escritorio mientras su rostro entra a la vista. Dulce misericordia,
joder, palabras como asombrosamente atractivo diluyen el efecto de su
imagen. Si, el primer vistazo es una conmoción, pero no es solo su atractivo.
Es su presencia, su proyección de auto seguridad y mando lo que me hace
sentir desorientada, sin aliento y realmente jodidamente extraña en mis
adentros.
Me mira por un segundo eterno, sin expresión y sus cejas oscuras se
fruncen en una V.
»¿Usted es…? —Mira al salón detrás de mí y regresa a mi rostro—. No
estaba en la reunión de personal de esta mañana.
—¿Reunión de personal? —La comprensión me golpea en el
estómago.
Cree que soy una profesora, y ahora me está mirando como los chicos
lo hacen, su mirada se arrastra por mi cuerpo despertando un malestar
retorcido en mi vientre. Me recuerda lo diferente que luzco respecto a otras
chicas de mi edad y cómo odio esas diferencias.
Tiro mi cartera sobre mi pecho, escondiendo mis partes más notables.
—No soy… —Aclaro mi garganta y forzó mis pies hacia el escritorio más
cercano—. Soy una estudiante. Piano.
—Por supuesto. —Se endereza, con las manos metiéndose en los
bolsillos, con la voz áspera—. Siéntese.
Sus ojos rígidos y helados me siguen y, maldita sea, no quiero ser
intimidada por ellos. Intento fortalecer mis pasos con la confianza que sentía
al entrar, pero mis piernas están tambaleantes.
Mientras bajo la cartera al lado del escritorio junto a un escritorio libre,
su impaciencia truena más fuerte, más aguda.
40
»¡Dese prisa!
Página
Me caigo en la silla, con las manos temblorosas y el latido de mi corazón
en la cabeza. Si yo fuera más fuerte, más confiada, no me importaría que su
mirada estuviera perforando la mía y disparando mi pulso.
Si fuera más fuerte, sería capaz de apartar la vista.
41
Página
C
egado. Esa es la mejor explicación para el volumen severo de
mi voz y la opresión en mi expresión normalmente compuesta.
No estaba preparado para esto. No para que una mujer alta,
voluptuosa, sexy-más allá-de toda-razón entrara a mi salón de clases. ¿Mi
primer pensamiento? Beverly Rivard encontró a la profesora de música más
sexy del país para poner en mi empleo. Para probarme.
Pero ella no es una profesora.
Relaje mis dedos en el borde del escritorio. Cristo, eso hubiera sido un
terrible inconveniente.
Excepto que esto es peor.
La desconfianza acaricia la mirada de la chica mientras me estudia
desde la primera fila. Sentada rígidamente en la silla, tira del borde de su
falda sobre sus rodillas y mantiene sus piernas cerradas. No la reacción a la
que estoy acostumbrado en las mujeres, o chicas de preparatoria, en
realidad.
Estoy orgulloso de ser un educador estricto, respetable. Sé cómo me
miran las estudiantes, y soy inmune a la vanidad de los corazones
burbujeantes en sus inocentes ojos. Pero no hay una pista de inocente
adoración en los profundos ojos de caoba mirándome ahora. En mis seis
años de enseñar, nunca he encontrado una estudiante que me considere
42
como si me hubiera resumido con un vistazo y desapruebe mis intenciones.
Página
Tal vez esta chica oyó de los errores que cometí con Joanne, el
libertinaje que la llevo a quitarme mi trabajo. Bueno, a la mierda ese trabajo.
Solo mis padres saben la profundidad de lo que perdí en Shreveport y la
naturaleza de mis intenciones.
Lo que sea que esta chica crea que sabe, no estoy más allá de usar la
intimidación o una demostración de poder para exigir su enfoque en el aula.
Sostengo su incisiva mirada mientras hablo a la clase.
—Encuentren un asiento y pongan a un lado sus teléfonos.
Varios estudiantes más entran, y un rápido conteo de once chicas y
nueve chicos confirma que todos están presentes.
Cuando suena la campana, los retrasados escogen sus asientos.
Reconocí al hijo de Beberly de las fotos exhibidas en su oficina. Prescott
Rivard es más arrogante en persona, usando una mueca en vez de una
fotogénica sonrisa. Se sienta al lado de la belleza de ojos marrones y se
inclina sobre su escritorio para enredar un dedo en su cabello.
Ella se aparta.
—Detente.
El chico hípster al otro lado se gira hacia ella, su cuerpo flacucho
exprimido en pantalones ajustados, una camisa a cuadros, y una corbata a
cuadros. El mira su boca a través de sus lentes de marco negro y susurra algo
demasiado bajo para que pudiera oírlo.
Sus labios se vuelven una línea, y la oscura expresión en su rostro parece
venir de un lugar mucho más profundo que simple irritación.
Necesito saber lo que le está diciendo. Es una extraña clase de
curiosidad, pulsando en mi pecho, al tiempo que nivelo una mirada al chico
43
susurrante.
Página
—¿Cuál es su nombre?
Se reclina, ligeramente encorvado con las piernas estiradas debajo del
escritorio.
—Sebastian Roth.
Camino hacia él y le doy una patada de advertencia a la punta de su
zapato que lo impulsa a sentarse derecho.
—¿Qué le dijo, señor Roth?
Él mira a la chica, frotando su boca para esconder su sonrisa.
—Solo estaba comentando lo grande que su… uh… —Mira a su pecho
y levanta la mirada a su rostro—. Su labio. Lo grande que es su labio.
Prescott se echa a reír, seguido por varios chicos sentados alrededor de
él.
Ahí es cuando noto la segregación en los asientos. Chicas de un lado.
Chicos del otro. Con la excepción de la chica que luce como una mujer. Si
escogió su asiento por urgencia o deliberadamente se sentó donde los
chicos con penes duros podrían reunirse alrededor de ella, tenía la intensión
de averiguarlo.
Con las puntas de mis dedos en mis bolsillos, pulgares afuera, me muevo
para estar frente a ella.
—¿Su nombre?
Su labio inferior esta, de hecho, cortado e inflamado. Ella lo chupa
entre sus dientes mientras sus hombros hacen un lento descenso a la auto-
seguridad. Luego alza su barbilla y encuentra mis ojos.
—Ivory Westbrook.
Ivory. Eso conjura una imagen de palidez con duros, desgastados
44
marcos como teclas de piano o dientes. No le queda para nada. Ella es un
Página
oscuro portarretrato de curvas suaves y cabello castaño con piel dorado
profundo que parece absorber las sombras de la habitación que no había
notado hasta ahora.
Joder. Definitivamente esta noche voy a salir y a acostarme con
alguien.
—Señorita Westbrook, encuentre un asiento con menos distracciones.
—Señalo hacia las chicas.
Los enormes ojos de Ivory me miran, como si estuviera atrapada en el
resplandor de luces de escenario, ella parpadea, mira a las chicas, y mira su
escritorio cuando lanzan sus desprevenidas burlas. Eso responde mi
pregunta sobre su elección de asientos.
»No estoy aquí para proteger su sensibilidad. —Golpeo una mano en su
escritorio, haciéndola saltar—. Muévase.
Con una inhalación desigual, ella agarra su cartera y camina hacia las
chicas risueñas, su paso de plomo aún decidido.
Cada hombre en el aula observa su paso a lo largo de la primera fila
de escritorios, y no tengo que seguir su ejemplo para saber lo que ven.
Piernas de stripper haciendo pole dance, tetas todopoderosas, y un trasero
firme, y redondo que se flexiona con cada paso.
Mi parte primitiva y hambrienta quiere unirse a su aprecio mientras que
la parte protectora quiere cubrirla con un abrigo de gran tamaño. En vez de
eso, la parte disciplinaria toma el control y aterriza una palmada
amonestadora en la parte posterior de la cabeza juvenil más cercana.
Sebastian se encoge y me lanza una mirada sobresaltada.
—¿Por qué fue eso?
Arranco el teléfono de su mano y lo lanzo a mi escritorio. Se va más allá,
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se desliza por el otro lado, y golpea el suelo.
Página
El resto del aula estalla en una ráfaga, empujando sus teléfonos en
bolsillos y maletas. Todo el mundo excepto Ivory. Manos dobladas juntas
sobre el escritorio y no teléfono a la vista, me miran con una expresión
cautelosa.
Sebastian juega con un mechón de su cabello con exceso de grasa.
»Si rompió mi teléfono…
Arqueo mi ceja, mi tono duro.
—Sigue.
Él se encoge.
—Mi papá me comprará uno nuevo.
Por su puesto, y seria hipócrita de mi parte condenar a este chico por
ser un niño mimado. No fui diferente a su edad, con padres adinerados y un
inflado sentido de auto importancia. Demonios, aun soy un niño mimado,
solo que ahora soy responsable por mis acciones.
Me muevo al frente del aula, manos cruzadas detrás de la espalda.
—Bienvenidos a Teoría de la Música para doceavo grado. Soy el señor
Marceaux, y seré su director musical durante su último año aquí en la
Academia Le Moyne. Después de esta clase, se dirigirán a sus clases
especializadas en disciplinas específicas. Los estudiantes de piano se
quedaran conmigo. Antes de empezar, ¿qué quieren saber sobre mí?
La chica asiática al lado de la que Ivory eligió sentarse levanta la mano.
Hago un gesto hacia ella.
—Preséntese, por favor.
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Se levanta al lado de su escritorio.
Página
—Ellie Lai. Chelo. —Se balancea en sus pies—. ¿Cuál es tu experiencia?
Le doy un asentimiento y espero hasta que se acomoda en su asiento.
—Tengo una Maestría en Música del Conservatorio Leopold de Nueva
York. Soy miembro de la Orquesta Sinfónica de Luisiana. Y mi más reciente
trabajo fue Director de la Escuela Preparatoria Shreveport, donde también
dirigía el programa de música.
Prescott hace una demostración de estirar y de sonreír. Entonces
despreocupadamente lanza un brazo en el aire y habla sin mi permiso.
—¿Cuántos años tiene, veintisiete, veintiocho? —Su voz señala con
antagonismo—. ¿Cómo consigue una maestría, hace la cosa de enseñar y
se convierte en decano, todo en tan poco tiempo? ¿Qué pasa con eso,
señor M?
Trabajé mi jodido trasero, perezoso chupa pollas.
Y pienso, en un precipitado deslizar de una cremallera, incluyendo algo
que nunca intente tener, lo cual terminó siendo la única cosa que
importaba.
El mero pensamiento de Joanne sentándose detrás de mi escritorio en
Shreveport hace a mi caja torácica vibrar con ira. Pero imaginármela
continuando con su vida sin mí evoca un humo toxico venenoso tan invasivo
que puedo oler la traición con cada respiración.
Hago rodar mi cuello despacio, limpiando mis pensamientos y
frenándome.
—Recibí mi licenciatura temprano y enseñé en una preparatoria en
Manhattan mientras trabajaba en mi maestría. ¿Alguna otra pregunta?
Ivory levanta su mano.
»¿Sí?
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Permanece sentada, no se inquieta, y su oscura mirada direccionada
Página
directamente a la mía.
—¿Toca el piano? Quiero decir, por supuesto que lo hace, ya que usted
será mi tutor. ¿Pero toca el piano en la Orquesta Sinfónica?
Cristo, su voz… no es perezosa y aguda como la de las chicas de su
edad. Es compleja y fascinante, como gotas de lluvia a media noche.
—Sí, toco el piano en la Orquesta.
Su sonrisa crece lentamente como una tranquila expansión de su boca
a sus ojos.
—¿Solo?
—Algunas veces.
—Guau.
No solo yo estoy impresionado por su línea de preguntas, pero la
manera reverente con que me mira me hace zumbar la maldita piel. No me
gusta. Estoy orgulloso de mis logros, pero no cuando el sentimiento elevado
me distrae de mi amargura tan ganada.
Despido las manos alzadas que quedan con un tono afilado.
—Abran sus libros de Teoría de la Música en el capítulo tres. Vamos a
saltar directamente a… —Mi atención se fija en Ivory cuando todo el salón
sigue mi instrucción excepto ella—. ¿Necesita un aparato auditivo, señorita
Westbrook?
—No. —Suelta sus manos en su regazo y encuentra mi mirada con la
cabeza levantada—. Mis otros profesores me dan la semana para comprar
mis libros.
—¿Luzco como sus otros profesores?
—No, señor Marceaux. —Una voz se alza desde atrás—. Usted
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definitivamente no lo hace.
Página
La sigue un coro de risitas, y la irritación me riza los dedos.
Saco mi libro de texto de mi bolso y lo dejo caer sobre su escritorio.
—Capitulo tres. —Me inclino, poniendo mi rostro a la altura del suyo—.
Trate de mantener el ritmo.
Parpadea rápidamente.
—Sí, señor.
Su respuesta susurrada resuena en una muy adulta hambre pulsante,
destructiva dentro de mí. Mi piel se calienta, y mis palmas se manchan de
sudor.
Jesús, voy a necesitar sexo duro y ruidoso esta noche. Cuero, soga, y
golpes. Sin palabras de seguridad. Ningún cuidado posterior empalagoso.
Chloe o Deb servirán. Tal vez ambas
Concéntrate, Emeric.
—Tomen sus tabletas y abran su buscador en mi sitio web. —Con mi
espalda hacia la clase, continúo hablando mientras escribo la dirección en
el pizarrón—. Ahí encontrarán todas mis lecciones. Espero que lo sigan.
Cuando encaro el aula, Ivory no se había movido para seguir mis
instrucciones.
Siento una vena pulsando en mi frente y anclo los puños en mis caderas.
»Déjeme adivinar, ¿no tiene tableta?
—Ella puede sentarse aquí —dice Prescott, acariciando su regazo—, y
compartir la mía.
Ella aprieta la mandíbula y le da la vuelta.
Dudo entre querer golpear el rostro de Prescott y azotar el perfecto
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culo de Ivory. Ninguna es una opción legal, y el cuero hace hervir mi sangre
con solo pensar en él.
Página
Mi concentración se sumerge en sus labios por un respiro muy largo
antes de dirigirme a la clase.
—Lean el capítulo y respondan las preguntas al final de la explicación.
Curvo un dedo hacia Ivory en un gesto de sígueme.
»La veré en el pasillo.
50
Página
S
igo al Sr. Marceaux fuera del salón de clases, mi boca seca y mis
manos húmedas. Cuando la puerta se cierra detrás de él, Mis
entrañas se retuercen bajo el aluvión de mil puños.
Él no es un hombre grande, pero parece gigante en el pasillo vacío,
una imponente montaña de repercusión.
Si mi futuro depende de su primera impresión de mí, he jodido mi vida
al infierno.
Restriega una mano en su rostro, sobre su boca, y me mira por una
eternidad.
—Viene a mi clase sin estar preparada y…
—Aclaré el problema de los libros con la oficina principal. Ellos siempre
me dan la primera semana para…
—No me interrumpa —dice duramente y se inclina, apoyando una
mano en la pared junto a mi cabeza.
Una oleada de sangre calienta mis mejillas debajo del intimidante azul
de su mirada. Su bosa está tan cerca que puedo oler la persistente esencia
de goma de mascar de canela en su aliento, y mi estómago se revuelve con
malestar.
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»¿Está deliberadamente tratando de desperdiciar mi tiempo? —Su
mandíbula se endurece—. Sin excusas lloronas ni mentiras. Tiene cinco
Página
palabras para explicar porque no tienes tus suministros.
¿Cinco palabras? ¿Este tipo habla en serio? Puede comerse una polla,
porque solo le voy a dar cuatro.
—Yo vivo en Treme.
—Treme —repité, sin expresión.
Odio lo rígida e incómoda que me siento en los confines de su mirada.
Quiero que mire para otro lado, porque odio sus ojos, odio las facetas vividas
del zafiro y la forma en que las manchas de hielo se afilan bajo la luz
fluorescente. Nada podría ser nunca gentil o seguro en esa mirada.
Su garganta se mueve en la profundidad debajo del nudo de su
corbata.
»¿Por qué?
—¿Por qué, qué?
—¿Por qué vive en Treme?
Él no solo pregunta. Lo lanza como un látigo. Como un castigo que no
me he ganado.
Estoy solo a centímetros de él, mi espalda contra la pared, y me siento
a la defensiva, acorralada, con los pelos de punta con confirmación.
—Oh, cierto. Olvidé que tiene un gran y elegante título, así que voy a
explicárselo.
—Cuide su jodido tono.
Es apenas un suspiro, atrapado y soltado en el pequeño espacio entre
nosotros, pero lo siento vibrando a través de mí como un rugido estruendoso.
¿Él dijo sin excusas lloronas ni mentiras? Bien.
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Borro la actitud de mi voz y le doy honestidad cruda y sin pulir.
Página
—Vivo en Treme porque mi familia no puede pagar una mansión en el
Garden District, señor Marceaux. No puedo pagar por un celular o ninguna
clase de teléfono, no puedo pagar zapatos para correr o comida para mi
gato. ¿Y esos… esos brazaletes electrónicos que todos mis compañeros de
clase usan cuando se ejercitan? No sé lo que hacen, pero no puedo pagar
por uno de esos, tampoco. Y justo ahora, no tengo el dinero para los
suministros de la escuela. Pero lo haré. Lo tendré para el final de la semana.
Enderezándose, retrocede y baja la cabeza. ¿Es una jodida sonrisa lo
que está escondiendo? Juro por Dios que vislumbré una. ¿Está realmente
disfrutando la patética apreciación de mi vida? ¡Que maldita y horrible
persona! ¿Este es el profesor que se suponía admire? ¿El que me hará o me
romperá? Mis pulmones se mueven y se estrellan.
Cuando levanta su cabeza, su boca es una línea plana, y la frígida
profundidad de sus ojos parece manipular toda su expresión, retorciéndola
en un collage de otros rostros que me persiguen cuando duermo.
—¿Se supone que debo sentirme mal por usted?
—Nunca —hiervo a través de dientes rechinando—. Nunca quiero eso.
—¿No? ¿Entonces qué? Parece que quiere que haga excepciones por
usted.
—No. Solo… —Nunca había conocido a un estúpido más insensible e
hipócrita—. Solo repórteme o lo que sea que vaya a hacer.
Sé que algo no está bien cuando mira hacia el final del pasillo y
comprueba para asegurarse que estamos solos. Sé que toda esta
confrontación es inapropiada cuando él se dobla hacia mí y coloca sus
manos en la pared atrapándome. Y sé que no hay una maldita cosa que
pueda hacer al respecto cuando susurra a través del pálpito en mis oídos
53
—No se preocupe por su castigo. —Su atención cae a mis labios,
regresa a mis ojos—. Me ocupare de eso más tarde.
Página
Solo así, mi fuerza, mi valentía, todas las cosas que desearía tener justo
ahora me abandonan en los pesados brazos del miedo. He estado en esta
posición incontables veces. Esta es la primera con un profesor. Pero él no es
diferente de los otros interesados. Podría reportarlo, ¿pero a quien van a
creerle? ¿A la chica con reputación de zorra o al antiguo decano de
Shreveport?
Me sorprende cuando levanta su mano, no para agarrar mi pecho si
no para pellizcar mi mentón y poder ver mi labio.
»Necesita ir a la enfermería y hacer que le pongan algo en esa herida.
No es hasta que me suelta y desliza sus manos en los bolsillos que me
doy cuenta que estoy temblando. Da un paso atrás, codos separados,
hombros sueltos. Un fuerte escalofrío pasa por mi cuerpo.
Me mira con esos ojos azul ártico, y no sé si se supone que debo ir hacia
la oficina de la enfermera o esperar a ser despedida. Por alguna razón, eso
importa. Como si me estuviera probando. Así que espero.
Es un idiota voluble y sin corazón, pero también me sorprendió. No forzó
su boca contra la mía. No hundió sus dedos entre mis piernas. Él… ¿se hizo a
un lado?
Tal vez aún tengo la oportunidad de probar que no soy solo una chica
pobre o un toqueteo de cinco minutos en el pasillo.
Un recurrente sonido de repiqueteo afilado llena el sonido entre
nosotros. Sigo el sonido con mi mirada, Arrastrándose sobre su corbata y
chaleco, trazando visualmente a lo largo del vello oscuro de su antebrazo
expuesto y haciendo una pausa en el reloj mecánico en su muñeca.
Ruedas moviéndose con dientes como puntos girando adentro del
enorme rostro, haciendo tic tac, midiendo el ritmo del tiempo, como un
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metrónomo. ¿Será cada tic tac que pase con él una irreversible sucesión en
el futuro? ¿O me mantendrá aquí, atascada en el presente, en esta vida?
Página
»Señorita Westbrook.
Presto mi atención a su rostro, las líneas angulosas de su mandíbula, las
sombras oscuras de sus mejillas donde la barba crecerá, y la curva de los
labios que no han sido dañados por la circunstancia. Parece intocable. Tal
vez sus puños son tan brutales como su belleza. Tan solo con mirarlo se siente
como si estuviera inhalando un incendio.
Porque es peligroso, y parece saberlo, también, mientras empuja un
dedo impaciente en dirección a la oficina de la enfermera, su voz llena de
urgencia.
»Ve.
Me volteo y me apresuro por el pasillo con el peso de su mirada
presionando en mi espalda.
55
Página
M
ientras Ivory se aleja rápidamente por el pasillo, no mira atrás,
no le interesa encontrar mi mirada. Pero sus pasos frenéticos
me dicen suficiente. La afecto. No mi comportamiento
profesional pero sí mi presencia masculina. La aterrorizo.
Una amplia sonrisa cruza mi boca.
Separados por la longitud del pasillo, todavía siento el que pasaría si
hubiera fuego entre nosotros. Sé que nos imaginó juntos cuando la acorralé
contra la pared. Estoy seguro que sintió el intercambio de poder, incluso
quizás lo detestó, ya que tartamudeó mientras inhalaba y sus pupilas se
dilataban. Pero aun así, esperó mi permiso para irse.
Saber eso, verla correr, la vista de su curvado cuerpo moverse
inocentemente, todo eso despierta las necesidades de depredador dentro
de mí. La necesidad de cazar.
Pero no lo haré. No aquí. Nunca. Respiro y espero que mi erección
reciba el mensaje.
Para el momento que desaparece girando en la esquina, me recuesto
contra la pared.
Es exactamente el tipo de mujer por la que soy atraído. Una que se da
a la fuga cuando es cazada y revive cuando es atrapada. Que se inclina
frente a los golpes y pide aceptación de su humillación. Que muerde la
56
pesada mano solo para derretirse alrededor de la empuñadura cuando
Página
corta su aire.
Le demandé honestidad, no excusas locas, ni mentiras, y esperaba que
retrocediera, desobedeciera o me dijera que me fuera al diablo. Pero no lo
hizo, no pudo. Ese fue el momento en el que me di cuenta que era su
naturaleza darme lo que quiero. Cuando expuso los vergonzosos detalles de
su pobreza, ofreciendo su vulnerabilidad para que yo me burlase, el cielo
me ayudó, fue hermoso, trágico y seductivo, una trinidad de tentación.
Un latido codicioso apretó el frente de mis pantalones, pero la reacción
significa una mierda para la situación. Es simple, en serio. Quiero sexo. Sexo
morboso y pervertido. Nada más. Tan herido y furioso como estoy por mi
último error, soy incapaz de avanzar, incapaz de dejar ir a Joanne. Pero
también soy lo suficientemente vicioso en mi resentimiento y vengativo para
follar a tantas mujeres como sea posible con la brutal dominancia que
Joanne implora y ya no puede tener. Quizás ella se asfixie en sus celos
venenosos.
Lo cual convierte a Ivory en un gusto tentador. Puedo darle
exactamente lo que necesita. Puedo entrenarla, deshumanizarla y
profanarla y ella me dejaría porque la redención es el material de su
sexualidad.
Pero también podría perderme en ella porque es el tipo de mujer por la
que cometo errores. Excepto que no es una mujer.
Estando en último año de preparatoria, al menos tiene diecisiete años,
la edad legal de consentimiento. Pero todavía es una niña, diez años menor
que yo, y el comportamiento sexual entre profesor y estudiante es castigado
con la prisión, independientemente de la edad.
El conocimiento está bajando a la realidad, desanimando mi polla y
haciendo esto un infierno más fácil para mantener mis manos alejadas.
De regreso en el salón de clases, los estudiantes me bombardean con
57
preguntas sobre la escala cromática y el círculo de quintas. Lentamente mi
obsesión con Ivory se desliza al fondo de mi mente.
Página
Hasta que la puerta se abre y sus oscuros ojos me encuentran
instantáneamente.
Continuo la lección mientras se acomoda en su escritorio, su labio
superior brillando con labial. No le doy más que una segunda mirada de
reojo. Soy el adulto aquí, el que tiene el control de nuestras interacciones.
Ignorando mi fascinación por ella, pretendiendo que no quiero devorarla
con mi mirada, estableciendo comportamientos apropiados. Estoy aquí
para enseñarle, y eso no incluye instrucciones de cómo chupar mi polla
adecuadamente.
Para ser honestos, a pesar de mi lamentable final como Director de la
Escuela en Shreveport, estoy emocionado de estar de nuevo en el salón de
clases. Nada me llena más que el sentimiento de pertenecer como estar
parado frente una audiencia absorta y dirigir la atención con el sonido de
mi voz. Este no es un trabajo. Es un uso respetable de mi necesidad de
influenciar y dominar, un lugar donde puedo disciplinar la debilidad,
moldear mentes confiadas e inspirar estudiantes con mi pasión por la
música.
Mis venas golpean con energía a medida que escucho a la clase
discutir por la aplicación de una sexta nota invariante. Me siento a
horcajadas en una silla al frente de la habitación, asintiendo en apoyo e
interviniendo únicamente cuando se van del tema. Me buscan por
conocimiento, tiemblan frente a mi guía y lo disfruto.
Esta es la razón por la que no peleé para mantener mi trabajo en
Shreveport. Necesito esto… la libertad de dejar toda la mierda
administrativa atrás y enfocarme en mi amor por la enseñanza.
La discusión de la clase aumenta el volumen, voces chocando,
mientras el debate se presenta sobre el uso de la serie de tonos. Estoy a
segundos de interrumpir cuando Ivory se involucra.
58
—Chicos, su relación de tonos es estereotípica. —Junta sus cejas—. Pero
Página
todavía pueden obtener algo estremecedor de la música. —Rápidamente
respalda su punto con ejemplos validos del Concierto de Violín de
Schienberg.
Ni una vez hace referencia al libro. Ni incluso cuando cita
composiciones ornamentales en orden opus. La clase la escucha
atentamente y para el momento que suena la campana, ha persuadido el
debate brillantemente.
Me encuentro a mí mismo… impresionado. Conoce el material, casi tan
bien como yo. Si toca el piano con la misma aptitud, tendré que castigarla
solo por hacerme sentir tan malditamente enamorado.
Sus ojos me encuentran mientras la clase se reduce. Cinco estudiantes
se quedan pero estoy demasiado concentrado en uno para notar a los
demás. Hay algo reconocible en su mirada. ¿Desconfianza? ¿Acusación?
Abuso. Lo que sea que está exponiendo es ofensivo y obsesionante.
Endurezco mi mirada como un reto silencioso. Aleja la mirada, sus labios
humectados rozándose con frenesí mientras supervisa a sus compañeros.
Tres chicos y dos chicas componen los pianistas de último año en Le
Moyne, incluyendo al maldito hípster, Sebastian Roth. Se movió de asiento
entre clase, sentándose más cerca de Ivory dejando una fila entre ellos.
Dejaré que eso continúe tan pronto como él no la mire, ni una jodida mirada
de reojo.
Ya que los archivos de los estudiantes no llegaron a mi escritorio hasta
la hora del almuerzo, no he tenido la oportunidad para leerlos. Pero sé que
al final de mi horario la clase sería un grupo íntimo.
Los beneficios de tener una matrícula cara son muchos, todos ilustrados
en el brillante folleto de Le Moyne con una página entera dedicada a su
proporción 1:5 profesor-alumno.
59
—¿Entonces así es como lucen los mejores pianistas de Le Moyne?
—Pongo duda en mi voz, dejando claro que tendrán que probarse a sí
Página
mismos—. ¿Creen que tienen lo que hace falta para convertirse en virtuosos,
compositores, profesores de piano… algo más que un mocoso hijo de mami
privilegiado y engreído?
Excepto Ivory. Sus ropas y zapatos andrajosos, su incapacidad para
comprar libros, nada sobre ella huele a privilegio. ¿Cómo hace una chica
de un vecindario pobre para aterrizar aquí? Es bizarro. Y llamativo.
Forzándola a salir de mi mente, paseo a lo largo de las filas, mis manos
detrás de la espalda, y estudio a cada uno de los cinco estudiantes sin
registrar futuros individuales. Me interesa una mierda como lucen. Estoy
buscando espaldas rectas, labios entre abiertos, y miradas de alerta.
Cinco pares de ojos me miran, sus cuerpos inclinados para seguir mis
movimientos, respiraciones entrecortadas, esperando mientras paso por
cada escritorio. Tengo su atención.
»Pasaremos tres horas diarias juntos, todos los días, por el resto del año.
Teoría de la Música, Seminario de Piano, Clases Especializadas en
Presentaciones, y para algunos de ustedes, lecciones privadas… Esto es por
lo que mami y papi desembolsaron los grandes billetes. —Mi caminata sin
prisa termina al frente de la clase—. No mal gasten mi tiempo y no
desperdiciaré el dinero de sus padres. No me tomen en serio y seriamente
joderé su posible futuro. ¿Estamos de acuerdo?
Casi puedo olor la mezcla de miedo y respeto en el silencio que sigue.
»Hoy no les voy a dar una lección, ni los pondré en el banquillo de un
piano. —Miro los archivos de mis estudiantes sobre mi escritorio—. Usaré las
próximas horas para conversar personalmente con cada uno de ustedes.
No piensen en esto como una entrevista. Solo una breve reunión para
ayudarme a conocer sus historias y logros académicos.
Sin permiso, mis pensamientos se lanzan a Ivory y todas las formas en las
que no puedo conocerla. Deslizo una mano sobre mi cabello, evitando el
60
pinchazo de su mirada. Estoy inquieto por hablar con ella de nuevo, por
Página
saber cómo una chica de Treme consigue dinero para pagar una de las más
caras instituciones en el país.
Tal vez no quiero saber.
Pero sé que necesito un momento para reunir un poco de maldito
autocontrol.
»Señor Roth, empezaré con usted.
Guardaré la tentación para el final.
61
Página
G
iro un lápiz entre mis dedos y trato de no hacer un agujero en
mi labio por masticarlo. Sentada sobre el piso de la esquina
posterior del aula en forma de L, observo al señor Marceaux a
través del laberinto de las patas de las sillas mientras dirige una reunión
privada en su escritorio.
Estamos separados por un enorme espacio, la longitud de dos aulas de
clases normales están llenas de escritorios e instrumentos. Pero cuando él
mira en mi dirección, lo cual hace inquietantemente seguido, puedo verlo.
También puedo girar lentamente cada vez y obstaculizar el contacto visual.
A veces no me muevo, mi mirada se paraliza bajo la fuerza de la suya.
¿Por qué? Es la cosa más extraña, esta preocupación que tengo con él.
Quiero aprender más sobre él; que come, la música que escucha y los
lugares que frecuenta cuando no está aquí. Quiero estudiar sus movimientos
calculados, observar la punta de sus dedos a lo largo de su mandíbula, mirar
los marcados ángulos de su rostro y memorizar la forma en que sus
pantalones ciñen su cuerpo. Es encantador, perturbador y positivamente
aterrador.
¿Por qué no puedo solo prestar atención a algo más? Esto no tiene
nada que ver con mi ambición por la universidad y su rol en ello. Santo Dios,
ni siquiera había pensado en ello. Solo quiero… ¿qué? ¿Qué me mire? Odio
sus ojos, aun así los miro, espero que ellos se desplacen en mi dirección. Eso
62
es tan jodido.
Página
Nos dijo que podíamos usar el tiempo libre para estudiar, pero no
puedo concentrarme. No puedo pensar en nada excepto en el enigma al
frente de la habitación.
Dos de los estudiantes, Sebastian y Lester, se fueron después de su
reunión. Sarah escogió pasar el rato después de la suya y Chris está ahí
ahora, sentado rígidamente al borde de la silla, asintiendo a lo que sea que
el señor Marceaux está diciendo.
Eso me deja a mí, y la espera de mi turno me está despellejando por
dentro.
—Psst. Ivory.
Me volteo hacia Sarah, quien imita mi posición de piernas cruzadas,
nuestras faldas sueltas estrechas sobre las rodillas por modestia, al otro lado
de la habitación.
»Ven aquí —susurra.
Niego con mi cabeza, sin querer renunciar a mi vista.
Con un suspiro, deja a un costado su libro y gatea hacia mí.
Esto debería ser interesante. Creo que me ha hablado dos veces en los
últimos tres años, me di por vencida con intentar ser su amiga cuando dijo
que la hamburguesa que estaba comiendo estaba hecha de codicias,
mentiras y muertes. No tengo el lujo de escoger comida que protege a
animales de granja y boicotear las agendas políticas.
Su cabello castaño y lacio es tan largo que se arrastra a lo largo del
piso mientras se acerca sobre sus manos y rodillas. Tiene un estilo hippie de
la vieja escuela, con hilos de múltiples colores y cuentas colgando de su
cuello, un vestido suelto que se ajusta sobre su cadera y un brillo travieso en
sus ojos. Estoy bastante segura que no está usando un sujetador pero tiene
63
el tipo de contextura esbelta que no necesita uno.
Página
Se extiende a mi lado, toda brazos y piernas y sonrisas. ¿Qué está
tramando? En un volumen demasiado bajo para ser escuchado detrás de
nuestra reunión pegunta:
»¿Qué piensas sobre él?
Mátenme ahora. No iré ahí con ella.
—Es severo.
Mira de reojo al señor Marceaux, su ceño se frunce.
—No sobre él. Quiero decir, sí, es severo y atractivo y… ¿hola? ¿No has
odio sobre los otros usos de su cinturón?
¿Su cinturón? Niego con mi cabeza.
—¿A qué te refieres?
—Son solo rumores. Quiero hablar de Chris Stevens.
No tengo una opinión de Chris, además que trató de dormir conmigo
en segundo año y lo he estado evitando desde entonces.
—¿Qué hay con él?
—¿Te los has follado?
Mis mejillas arden.
—¡Qué!
El señor Marceaux me corta con su desagradable mirada.
Mierda. Bajo mi voz, abreviando las palabras.
—No he hecho nada con él.
64
—Lo siento, lo siento Es solo… —Separa un mechón de cabello y
Página
procede a trenzarlo—. Sé que has estado con Prescott y Sebastian y… otros.
Ellos no dejan de hablar sobre eso, y bueno, no importa. Fue grosero
asumirlo. —Deja caer la trenza y me deslumbra con sus hoyuelos—. ¿Estamos
bien?
—Sí, estamos bien. —¿Supongo?
—Genial, porque necesito unos consejos. —Baja su barbilla
susurrando—: De sexo. Y ya que tú eres… uhm…
¿Una puta? ¿Una golfa? ¿Una sucia prostituta? Lucho para que mis
hombros estén en una posición relajada.
—¿Soy qué?
—Experimentada.
Junto mis dientes con fuerza.
Ella no parece notarlo.
»Chris y yo estamos en algo. Hemos salido en citas y esas cosas, y he
estado… no lo sé, guardando mi tarjeta V para alguien especial ¿sabes?
No, no lo sé. No puedo imaginar a alguien o algo lo suficientemente
especial para pasar por ello.
Pone su rostro tan cerca del mío que todo lo que puedo ver son pecas.
»¿Cómo se siente?
Me alejo un poco, sintiéndome más incómoda cada segundo.
—¿Qué? ¿El sexo?
—Sí. —Lame sus labios—. Eso.
Solo el pensamiento del sexo hace que mi estómago se plague con
65
cientos de abejas. Soportar eso es peor que lamer una úlcera cubierta de
Página
piel muerta y pus. Pero no sé si es así para todos, las personas actúan como
si a las chicas les tendría que gustar, así que me encojo de hombros.
Ella inclina su cabeza.
»¿Duele? ¿La primera vez?
—Sí. —Mi voz se quiebra y aclaro mi garganta—. Duele. —Nunca deja
de doler—. ¿Cuántos años tienes?
No quiero hablar de esto pero al mismo tiempo mi pecho duele con
una incontenible necesidad de compartir. Nunca nadie me ha preguntado
sobre mis experiencias sexuales. Definitivamente no mi mamá, y nunca he
tenido una amiga cercana. ¿No es esto lo que siempre he querido? ¿Charla
de chicas sin juicios?
Busco en su rostro señales de crueldad y solo encuentro curiosidad en
sus ojos. Produce una cálida sensación en mi centro. Está interesada, quizás
envidiosa. Porque tengo algo que ella no. Experiencia.
Estirando mis piernas, descanso la cabeza contra la pared.
»Yo tenía trece.
—Guau. —Su rostro resplandece con admiración—. ¿Quién? ¿Cómo?
Dime todo.
Las palabras vienen fácilmente, emanando de un recuerdo que está
tatuado en cada célula de mi cuerpo.
—Mi hermano acababa de llegar a casa después de un tiempo de
servicio en la Marina, trajo a uno de los chicos de su equipo. Su mejor amigo.
Estaba tan encantada con Lorenzo entonces, tan embelesada por su
apariencia, músculos perfeccionados y encanto irregular. Y me miraba
como si fuera la chica más hermosa que alguna vez haya visto.
Todavía me mira y temo hasta la médula de mis huesos.
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Sarah cubre su boca, una sonrisa escapa entre sus dedos.
Página
—¿Le diste tu virginidad al mejor amigo de tu hermano?
Un hormigueo sube por mi columna.
—Se estaba quedando con nosotros hasta que pudiera conseguir su
propio lugar. Desperté una noche, no pude volver a dormir, así que salí para
sentarme en el patio trasero.
Papi solo se había ido un mes antes y su pérdida todavía era muy
dolorosa, una presión constante en mi pecho. Él solía decir “Nada es
inconcebible y todo es posible. La prueba está en la magia de la música”.
Así que ahí estaba, tarareando su canción favorita de Herbie Hancock,
deseando lo inconcebible, y deseando que él vuelva.
Sarah se encoge, su expresión irradia mucho más entusiasmo de lo que
merece la realidad de esa noche.
—¿Qué sucedió?
—El amigo de mi hermano salió y me sujeto en las escaleras. Era tan
grande. Enorme en todos lados. Y fuerte. Sabía lo que quería y no pude
detenerlo para que lo tomara.
No pude detener los escalones de concreto raspando mi pecho y
piernas mientras me tomaba por detrás. La mano sobre mi boca ahogando
los gritos. El sonido de mi pijama desgarrándose. El olor de su respiración
deteriorándose en el aire. Y el dolor entre mis piernas… las lágrimas, la
sangre, el dolor durante días después cuando me tomó una y otra vez.
—Amiga. —Sarah se encorva contra la pared—. Eso suena caliente.
¿Lo hace?
»Eres tan afortunada. —Juega con las puntas de su cabello—. Tienes
pecho y experiencia y chicos como esos enamorándose de ti. Quiero eso.
Supongo que había estado asustada pero definitivamente estoy lista para…
tú sabes… con Chris.
67
Página
Debía haber algo mal conmigo porque pechos y sexo y todo lo que
ella acababa de decir quería hacerme sacar mis intestinos.
—Sarah, no…
—Entre nosotras, las chicas aquí solo son malas porque están celosas.
Me refiero, mírate. Los chicos quieren eso. —Mueve su mano para señalar mi
cuerpo—. No es extraño que hayas dormido con la mitad de la escuela.
La bilis golpea mi garganta, y trago repetidamente para bajarla.
»Oh mira. Ha terminado. —Se levanta, agarra sus libros y se apresura
atravesando la habitación en línea recta hacia Chris.
Parte de mi quiere tirarla al piso y rogarle que se aleje de él. Pero por
otro lado, la parte egoísta, ansia su aceptación. Si tiene sexo con Chris, será
igual que yo. Tal vez me hablará más, confiará en mí. Quizás pueda
compartir otras cosas, cosas aterradoras, sobre los hombres y sus
necesidades.
—Señorita Westbrook. —El Sr. Marceaux se levanta, puños sobre sus
caderas y una mirada fría—. No me haga esperar.
68
Página
I
ntento leer a través de su archivo de estudiante, pero las palabras se
amontonan. Estoy muy distraído, todos mis pensamientos se dirigen a
la chica al otro lado de mi escritorio. Mandé a los otros estudiantes a
sus casas, y ahora somos solo Ivory y yo y esta inconveniente atracción.
Sus delgados dedos doblados juntos en su regazo, su espalda recta y
cabello oscuro cayendo alrededor de las agraciadas líneas de su cuello.
Una sonrisa anclada en sus labios, una expresión que parece venir
naturalmente a ella, pero esta es más pequeña que su predecesora.
Temblorosa. El tipo de sonrisas que las niñas usan cuando están asustadas.
Suelto el expediente en el escritorio y me inclino cerca, rompiendo su
burbuja invisible de tensión.
—¿Qué es lo que te preocupa?
Sé la respuesta, pero quiero saber cómo suena en sus labios.
—Nada. —Frota un dedo contra su nariz. Un pequeño, delatante gesto.
Está mintiendo.
Golpeo un puño sobre el escritorio, lo suficientemente fuerte para
hacerla jadear.
—Esa fue la última vez que me mentiras. —Azotaré la miserable verdad
fuera de ella si tengo que hacerlo—. Dime que lo entiendes.
69
Una vena se hincha y se agita en su garganta.
Página
—Sí, lo entiendo.
Bien.
—Mi mirada se hunde en la V de su blusa, la profunda línea del escote,
y el seguro sosteniéndolo todo precariamente. Igual de rápido, aparto mi
mirada, orientándola a su rostro—. Ahora responde la pregunta.
Frota sus palmas en sus muslos y sostiene mi mirada.
—Usted, señor Marceaux. Usted me preocupa.
Ahh, mucho mejor. Quiero que ella me dé su honestidad de a
cucharadas, respiración a temblorosa respiración.
—Explica lo que quieres decir.
Ella asiente para sí misma, como si invocara su valor.
—Es listo y estricto como los otros profesores, pero tiene el enfoque y
temperamento de un bárbaro… —Aprieta sus labios juntos.
—El lenguaje es permisivo en mi salón de clases, señorita Westbrook.
—Pongo mis ojos en blanco—. Siempre y cuando que sea usado de una
forma constructiva.
Me devuelve los ojos en blanco.
—iba a decir que no piensa con la cabeza correcta, pero no estoy
segura de que eso se constructivo.
Al menos está pensando en una cabeza.
—Deme un ejemplo de mi supuesto comportamiento, y decidiré que
tan constructivo es.
Su boca cae abierta, como atónita por mi respuesta.
70
Página
—¿Qué tal cuando estábamos afuera en el pasillo? ¿Cuándo le conté
de mi situación financiera, y usted… usted sonrió?
Joder, ¿ella vio eso?
No puedo decirle que sonreí porque su vulnerabilidad me drogó con
lujuria y me puso tan duro como una roca. Pero puedo darle sinceridad.
—Tiene razón, estuve mal, y me disculpo. —Tomo el expediente y ojeo
los listados—. Hablemos de sus circunstancias.
Escaneo la página de biografía y confirmo su dirección de Treme.
Saltándome el excepcional resumen de sus resultados en el GPA y SAT, me
adhiero a los hechos que más me importan.
¿Fecha de nacimiento?
Cumplirá dieciocho en la primavera.
¿Padres?
William Westbrook. Muerto.
Lisa Westbrook. Desempleada.
Eso explica su escases de fondos, pero no cómo paga una escuela
privada. Espera… salto de vuelta al nombre de su padre.
»¿William Westbrook?
Sus ojos se cierran. Miro de vuelta a la página, tratando de conectar los
detalles.
Westbrook, muerto, de Treme, la hija toca el piano…
Jesús, no puedo creer que no ubiqué su nombre antes.
»¿Es la hija de Willy Westbrook?
Sus ojos se abren, brillantes y esperanzados como su sonrisa.
71
—¿Ha escuchado de él?
Página
—Crecí en Nuevo Orleans, cariño. Todos aquí han escuchado del Piano
Bar de Willy.
Su mirada se vuelve hacia adentro, su sonrisa se suaviza.
—Escuché que es un lugar genial. Los turistas lo aman.
Lo dice como si nunca hubiera estado allí, lo que contradice la imagen
que tengo de ella sentada detrás del famoso piano de Willy por horas y
soñando con llenar sus talentosos zapatos.
Descanso mis codos en el escritorio, acercándome más.
—¿No vive bajando por la calle de allí? ¿Nunca ha ido?
Sube sus cejas.
—Es un bar de dieciocho o más. No puedo entrar.
Mi cerebro atraviesa una nube de confusión.
—¿No va cuando está cerrado para ayudar a llevar el negocio?
¿Todavía es de su familia, no?
¿Excepto que su expediente dice que su madre está desempleada?
Su mirada baja a su regazo.
—Papi vendió el bar cuando tenía diez.
Odio cuando no puedo ver sus ojos.
—Míreme cuando me esté hablando.
Levanta la cabeza, su voz suave, plana.
—El nuevo dueño conservó el nombre y dejo que papi continuara
tocando el piano hasta que…
72
Página
Hasta que una pelea estalló en el bar, tiros fueron disparados, y Willy
atrapo uno en el pecho mientras trataba de controlar a los peleadores.
Mi familiaridad con la historia debe estar escrita en mi rostro, porque
dice:
—Usted sabe qué paso después.
—Estuvo en todas las noticias.
Ella asiente, traga.
La muerte de Willy gano una mierda de atención, no solo era un
pianista de Jazz blanco en un barrio negro, él era además adorado y
respetado por la comunidad. Su bar trae una gran cantidad de dólares de
turistas a Treme, y de lo que he escuchado, su popularidad ha mantenido a
flote los negocios circundantes por años.
Específicamente recuerdo mirar los reportes televisivos de su muerte
mientras visitaba Nueva Orleans, esa particular visita de vuelta a casa había
sido un punto esencial en mi vida. Eso fue… ¿Hace cuatro años? Acababa
de recibir mi maestría de Leopold y estaba dudando si conservar mi trabajo
como profesor en Nueva York o buscar un trabajo cerca de mi pueblo natal.
Esa misma semana, acepté una oferta de trabajo en la Preparatoria
Shreveport. Y conocí a Joanne. Tenía veintitrés en ese entonces, lo que
significa que Ivory tenía trece cuando su padre fue asesinado.
Se sienta enfrente de mí, cuidadosa y tranquila. Cuando el silencio se
extiende, una sutil transformación trabaja su camino en su postura, rizando
su cuerpo en sí misma y haciéndola parecer más pequeña. Toma un hilo de
su manga, llevando mi atención a la costura en su camisa y todos los lugares
que las costuras están desentrañando. Su ropa es de fabricación barata,
vieja, o desgastado por el uso. Probablemente todo lo anterior.
73
No hay una mancha de maquillaje en su bronceado rostro. No usa
Página
anillos, pulseras o joyas de ningún tipo. No hay un olor a perfume, tampoco.
Ella ciertamente no necesita mejoras para hacerla bonita. Su belleza natural
eclipsa a todas las mujeres que he visto. Pero no es por eso que no usa
ninguna de esas cosas.
No voy a pretender entender lo que es vivir en la pobreza, y mucho
menos perder a un padre de la manera en que ella lo hizo. Mi padre es un
médico exitoso, y mi madre se retiró como rectora y decano en Leopold.
Cuando regresé a Luisiana después de la universidad, se mudaron conmigo
para permanecer cerca de su único hijo. Su amor y apoyo para mí es tan
confiable como su fortuna, y decir que son ricos es un eufemismo. La familia
Marceaux posee la patente sobre los brazaletes de madera utilizados en los
pianos. Estoy cubierto de por vida, al igual que mis hijos, y sus hijos, y así
sucesivamente, siempre y cuando los pianos sigan en producción.
El dinero viejo es abundante entre las familias de Le Moyne. A
excepción de Ivory. Entonces, ¿por qué Willy Westbrook vendió su negocio
floreciente solo para seguir trabajando allí como un artista, ganando el tipo
de salario insignificante que dejó a su hija desamparada?
Reviso su expediente, buscando la forma de pago de su matrícula. Una
pequeña anotación en la última página indica que los cuatro años fueron
pagados en su totalidad hace siete años.
Papi vendió el bar cuando tenía diez años.
Nuestros ojos se encuentran.
»¿Vendió su negocio para enviarla aquí?
Ella se desplaza en la silla, encorvándose hacia atrás, pero no mira
hacia otro lado.
—Recibió una oferta que era suficiente para cubrir el programa de
cuatro años, así que… —Cierra los ojos, los abre—. Sí. Vendió todo para
74
asegurar mi posición aquí.
Página
Y tres años más tarde, él murió, dejándola tan pobre que no puede
permitirse los libros de texto.
No me molesto en esconder el desprecio en mi voz.
—Eso fue extremadamente estúpido.
Dos llamas se encienden en sus ojos mientras se sacude hacia
adelante, sus manos agarran la orilla del escritorio.
—Papi me miró y vio algo digno en que creer, mucho antes de que yo
creyera en mí misma. No hay nada estúpido en eso.
Me mira como si estuviera esperando que saltara y creyera en ella
también. Pero realmente se ve como una niña a la defensiva, enojada. Es
impropio.
—Ya no tiene trece años. Crezca y deje de llamarlo papi.
—¡No me diga cómo puedo y no puedo llamarle! —Su rostro se
enrojece en una hermosa sombra de vehemencia. —¡Es mi padre, mi vida,
y no tiene nada que ver con usted!
Cristo, esta chica tiene equipaje, y dado el corte en su labio, va más
allá de problemas con su papi. El abuso físico es fácil de detectar. El trauma
sexual, sin embargo, es un gran salto. Pero soy suspicaz por naturaleza y
demasiado curioso por ella. A pesar de las chispas audaces en sus ojos, su
postura tiene una tendencia a enroscarse hacia adentro en defensa propia,
la evidencia de que alguien en su pasado o presente la lastima.
Quiero excavar dentro de ella, tallar las facetas útiles de su miseria, y
borrar el resto.
—Él era su padre, y ahora usted tiene vida propia. Siga adelante.
75
Un espasmo rebota en su mejilla.
Página
—Lo odio.
Y yo odio lo mal que quiero castigar su boca empujando mi polla en
ella.
—Ha logrado demostrar su inmadurez, señorita Westbrook. Si quiere
seguir siendo un estudiante bajo mi tutela, dejará de pensar como una
colegiala y empezará a comportarse como una adulta.
Ella inhala, sus hombros temblando.
—No tiene una opinión muy buena de mí. —Ella mira a través del aula,
su mirada va vagando por la pared de instrumentos—. Realmente he jodido
esto.
—Míreme.
Ella lo hace, al instante.
El empalagoso perfume de su obediencia me carcome la piel. Quiero
bañarme en ella, probarla y probarla.
»¿Por qué está aquí? ¿Porque su padre decidió cuando tenía diez años
que se convertiría en pianista?
Sus cejas se juntan.
—No, este es mi sueño, también, y “estoy obligado a ser trabajadora”.
Ella puede citar a Bach. Bien por ella.
—¿Cuál es su sueño, exactamente? —Abro el expediente en la sección
de aceptación de la universidad—. De acuerdo con esto, no tiene metas, ni
ambiciones. ¿Qué va a hacer después de la preparatoria?
—¿Qué? —El ultraje se nota en su voz. Se lanza a través del escritorio y
arranca la página de mi mano, su mirada volando sobre las columnas
vacías—. ¿Por qué está en blanco? Debe haber algún error. Yo… yo… ¡Dios!
76
He sido inflexible sobre...
Página
—¡Siéntese!
—Señor Marceaux, esto no está bien. Tiene que escucharme… —Su voz
se debilita, arrastrándose a un silencio asustado bajo la fuerza de mi mirada.
Ella se baja hacia la silla, con el rostro enrojecido y las manos
temblorosas aplastando el papel.
Apoyo los dedos contra mi barbilla.
—Ahora dígame, con voz tranquila, lo que esperaba ver en esa página.
—Voy a entrar a Leopold.
Ni en sueños.
Excepto que la fuerza inquebrantable de su resplandor argumenta que
tiene la determinación de hacer que suceda, y la elevación de su barbilla
me desafía a reclamar lo contrario.
Acepto ese desafío.
—¿Se da cuenta de que solo el tres por ciento de los solicitantes son
aceptados cada año? Docenas de sus compañeros han aplicado, a pesar
de que Leopold no ha aceptado a un estudiante de Le Moyne en tres años.
Tal vez, solo tal vez, uno de ustedes entrara el próximo año.
No hay tal vez. Mi madre todavía tiene un asiento en la Junta de
Fiduciarios de Leopold y tiene los medios para empujar una de mis
referencias. Estoy seguro de que lo hará. Por mí.
Sin embargo. Mientras que el deslizamiento de una solicitud de
estudiante más allá del estricto proceso de aceptación no levantará
sospechas, dos sin duda hará sonar las alarmas y pondrá en duda la
integridad de mi madre. Nunca le pediría eso.
Me inclino hacia atrás en la silla, revisando las copias impresas para
77
asegurarme de que no pasé por alto las notas sobre los objetivos de la
universidad de Ivory.
Página
»Debería ya haber solicitado el proceso de matriculación. No hay nada
que indique que tenga interés en llevar a cabo un riesgo tan imposible.
—Todo es posible, señor Marceaux. —Arroja la hoja en blanco sobre mi
escritorio—. Y ya apliqué. Hace tres años. De hecho, la señora McCracken
tenía la intención de referirme como el principal candidato.
Eso explica por qué Beverly obligó a Barb McCracken a retirarse y me
trajo aquí como su reemplazo. Cuando acepté el trato, sabía que habría
estudiantes más dignos de mi remisión que el hijo de Beverly. Pero no
esperaba sentir tanta culpa enredada en mi estómago.
Ivory Westbrook plantea un dilema moral, y ni siquiera la he escuchado
tocar. Tal vez su talento es mediocre, y puedo apartar este conflicto de
intereses a un lado.
Ella mira fijamente mi corbata, una fuga de pensamientos parpadean
en sus ojos. Los largos segundos pasan. En algún lugar del pasillo, un clarinete
suena de manera perfecta.
Finalmente, ella encuentra mi mirada.
»Mi presencia no es exactamente deseada por aquí. No me pongo la
ropa adecuada, ni conduzco el auto correcto. —Ella se ríe—. Ni siquiera
tengo auto. Y ciertamente no traigo donaciones ni conexiones glamorosas.
Lo único que tengo que ofrecer es mi talento. Debería ser suficiente. Debería
ser lo único que importa. Sin embargo, esta escuela ha estado en mi contra
desde el primer día.
Nada de lo que dijo me sorprende. Ella es un pequeño cordero perdido
entre una manada de lobos asesinos. Entonces, ¿por qué no apunta un
poco más abajo? ¿Intenta en una universidad más fácil y se retira del punto
de mira? ¿Por qué Leopold?
78
Mantengo mi expresión impasible, aplazando mis preguntas hasta que
haya terminado.
Página
Ella toca la página en blanco y la desliza hacia mí.
»Alguien borró mi propuesta para Leopold, junto con todo el trabajo de
preparación que he hecho para apoyar mi elegibilidad. La señora
McCracken me dijo que lo puso todo en mi expediente. No quiero apuntar
con el dedo, pero a alguien en esta escuela no le agrado, y ese alguien
tiene un hijo que compite por mi lugar.
Beverly Rivard borró su expediente, una conclusión a la que ya había
llegado.
—¿Por qué Leopold?
—Es el mejor conservatorio del país.
—¿Y qué?
—¿Y qué? —Sus ojos se iluminan—. La rigurosa educación que reciben
los estudiantes es incomparable. Tienen profesores de élite, instalaciones de
primera clase, y el mejor historial en impulsar a los estudiantes en carreras
musicales. —Señalando cada nombre con sus dedos, enlista a ex alumnos
notables, como compositores de renombre mundial, directores y pianistas,
a continuación, añade—: Y usted, señor Marceaux. Quiero decir, está en la
Orquesta Sinfónica de Luisiana.
Estoy a punto de retarla por ser una lambiscona, pero luego me
sorprende.
»No solo quiero interpretar. —Ella junta las manos, su mirada pierde el
foco—. Quiero ocupar una silla principal en una gran sinfónica y sentarme
junto a lo mejor de lo mejor, en un lugar con las entradas agotadas, tiritando
bajo las luces del escenario. Quiero estar allí, ser parte de todo, cuando
empieza la música.
Esto no es un discurso que preparó de antemano. La pasión en su voz
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tiene mil decibelios de intensidad, todo su cuerpo vibra con la perspectiva
Página
de sus palabras.
Ella baja las manos y me mira a los ojos.
»Además, como ya sabe, cada estudiante aceptado en Leopold
recibe una beca de matrícula completa. No importa quién eres o cuál son
tus antecedentes...
Compartimos una mirada, y en ese espacio de entendimiento,
mentalmente termino su oración. Leopold tiene suficiente prestigio y riqueza
que no se preocupa de las cuentas bancarias de los estudiantes. La escuela
evalúa a sus solicitantes solo en base a su talento.
—Muy bien. —Me froto la nuca y espero como el infierno que sea una
terrible pianista—. Voy a actualizar su expediente, y avanzaremos desde allí.
Bajo circunstancias normales, ser la mejor de su clase la llevaría a
Leopold. Pero Beverly me contrató para asegurarme de que eso no
sucediera. Leopold aceptará a Prescott Rivard porque haré que eso
suceda. Todos los demás de Le Moyne serán pasados por alto. Eso apesta
para Ivory, pero la vida es una perra.
—Gracias. —Sonríe, su postura se afloja.
—Tenemos un asunto más que discutir.
Guardo el expediente, me levanto de la silla y camino alrededor del
escritorio para sentarme en el estante a su lado, frente a ella.
Con sus piernas juntas, pega los pies—un pie desnudo encima del
otro— contra la pata de mi escritorio. Busco en el suelo y veo sus gastados
zapatos debajo de su silla. Sospecho que los bordes de plástico rotos irritan
su piel después de usarlos todo el día.
Cuando levanta la vista, coloco un dedo debajo de su barbilla,
sosteniendo la posición de su cabeza.
80
»¿Qué le pasó a su labio?
Página
Como era de esperar, trata de bajar la barbilla. Una respuesta evasiva.
Cada instinto de mi cuerpo me dice que alguien la lastimó.
Aplico una pequeña pero inconfundible presión contra su suave piel.
»Levántese.
Su respiración se acelera cuando se levanta de la silla, guiada por mi
toque bajo su mandíbula.
Cuando alcanza su altura total, dejo caer mi mano.
»Le hice una pregunta, y antes de responder, recuerde lo que dije sobre
las mentiras.
Ella junta los labios con fuerza.
Intento otra táctica.
»Como su profesor, estoy obligado a reportarlo. ¿Sabe lo que eso
significa?
Sus ojos, como el ébano líquido, parpadean. Ella es terriblemente
hermosa, y estoy tan jodido.
Me levanto de mi puesto en el escritorio. De pie sobre ella, soy una
cabeza más alto y mucho más grande.
»Significa que estoy obligado a denunciar las sospechas de malos tratos
a los servicios de protección.
—¡No! —Sus dedos vuelan hacia el corte en su labio—. No necesita
hacer eso. Mi hermano... él y yo discutimos esta mañana, como lo hacen los
hermanos. Es totalmente normal.
¿Normal? No lo creo.
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—¿Cuántos años tiene él?
Página
Ella apoya la cadera en el borde del escritorio, una actitud casual, pero
no me está engañando.
—Tiene veintiséis.
Veintiséis años, ha tenido diez años más para ser sensato. Si el hijo de
puta la golpeó, no lo informaré. Lo encontraré y le romperé el jodido rostro.
—¿La golpeó?
—Él... uh, bueno, estábamos discutiendo y uh... —Ella elige sus palabras
cuidadosamente, la frente se arruga en concentración, sin duda tratando
de evitar una mentira—. Terminé golpeando la jamba de una puerta.
—¿Él. La. Golpeó?
Ella libera un suspiro.
—Me dio un puñetazo. Esto —señala el labio—, fue la jamba de la
puerta.
Un fuego furioso irrumpe dentro de mí, se apresura a la superficie y me
abrasa a través de mi piel.
—¿Con qué frecuencia?
Ella abraza su abdomen, los ojos en el piso, yo más furioso.
»¡Respóndame!
—No haga esto. No puedo... tengo suficientes problemas con que lidiar
ahora mismo.
—Levante su blusa. —¿Qué estoy haciendo? Joder, esto es una mala
idea, pero tengo que saberlo—. Muéstreme sus costillas.
Ella mira a mí alrededor, con los ojos clavados en el pasillo.
82
Página
»Si alguien entra, no pueden ver a través de mi cuerpo. —Doblo las
rodillas, poniendo mi rostro frente al suyo—. Tengo que reportarlo, señorita
Westbrook. Demuéstreme que no está cubierta de hematomas, y no haré
un informe.
En su lugar, voy a sacar la mierda a su hermano.
Sus dedos agarran el dobladillo de su blusa, su expresión apretada, los
ojos apretados cerrados. Está tan quieta que no estoy seguro de que esté
respirando.
»Esto es solo un examen, por su propio bien. Nada inapropiado. —Es
ilegal como la mierda, pero no puedo detenerme—. Estoy esperando.
Ella dirige su mirada desde los botones de mi chaleco, hasta el nudo de
mi corbata, permanece allí, antes de que arrastre su concentración hacia
arriba en un viaje dolorosamente lento sobre mi boca. Cuando conecta con
mis ojos, un zumbido afilado choca en la parte posterior de su garganta.
Entonces levanta su blusa
83
Página
E
s un profesor. No me hará daño.
Lentamente, temblorosa, recojo el dobladillo de la
camiseta por encima de mi ombligo.
Solo está haciendo su trabajo.
La piel de gallina se estremece en mi piel por la incesante presión de su
fulgor, la rapidez de mis latidos, y el aire helado mientras tiro del algodón
más arriba, descubriendo mis costillas.
Él prometió que nada sería inapropiado.
Entonces, ¿por qué se siente incorrecto?
Es incorrecto.
Empujo la blusa hacia abajo y me giro para recoger mis pertenencias.
Su mano me atrapa por la parte superior del brazo, los dedos se clavan en
él y me pone de nuevo en posición.
—Enséñeme o reportaré la lesión.
Su voz rebota en mi cráneo, aguda e intransigente. Si me reporta,
podría perder mi hogar, mi educación y mi gato. Y Shane… Dios, mi
hermano devolvería el golpe con gran ira y dolor.
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Mi estómago se estremece cuando levanto la blusa. Él suelta mi brazo
Página
mientras sostengo la tela bajo el peso de mis pechos y encuentro sus ojos.
Todo lo que veo es azul hielo, un paisaje ártico sin fin, como si estuviera
mirando a un mundo desconocido.
Sus fosas nasales se agrandan y los músculos de su rostro se endurecen
con emociones que no entiendo. No estoy escondiendo nada. Nada
debajo de mi blusa de todos modos. Aparte del corte en el labio, Shane no
ha dejado marcas desde la noche en que entré en casa y lo encontré
follando con alguna pobre chica en el sofá, en mi cama. Él no tocar mi
propia puerta me ganó un desagradable hematoma en el estómago. Pero
el señor Marceaux no encontrará eso. La decoloración desapareció la
semana pasada.
Se coloca en cuclillas, su mirada glacial recorre mi torso, la baja pretina
de mi falda y luego cae hasta el dobladillo de la rodilla.
»Ahora levante la falda.
Presto mi atención hacia la puerta y el pasillo vacío más allá. Su posición
doblada lo pone a la altura de mi pelvis, su cuerpo ya no me protege del
tráfico del pasillo. La campana final sonó hace una hora, pero muchos
chicos se quedan después a clases privadas. Incluso ahora, el sonido de un
clarinete se escucha por el pasillo.
Cualquiera puede caminar y asumir lo peor. Aquí estoy, la puta
residente, destellando mi cuerpo para el profesor.
El piso frío bajo mis pies descalzos me hace sentir aún más desnuda.
Ojalá no me hubiera quitado los zapatos durante nuestra reunión.
—No hay privacidad. Alguien podría verme.
—Eso debería preocuparme a mí. —Sus brazos cuelgan sobre sus
rodillas dobladas, sus fuertes manos flexionadas en la V de sus muslos—. No
volveré a dar la orden.
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Empujo la blusa y cubro mi estómago. ¿Ahora la falda? Santos cielos,
Página
¿qué debo hacer? Físicamente, él está en una posición inusual para un
hombre, más bajo que yo, su rostro debajo de mi cintura. Más vulnerable,
¿verdad? Sin embargo, todavía está tratando de tomar ventaja de alguna
manera. Podría golpearlo en la nariz y correr. Pero no estoy segura de que
lo necesite. O si quiero hacerlo.
Mierda. Curvo mis dedos alrededor de la parte delantera de la falda,
la agrupo y levanto sobre mis piernas que ahora están expuestas hasta
mediados del muslo.
»Más.
Levanto el dobladillo otros centímetros. ¿Seguro que puede ver mis
piernas temblando? ¿Qué tan alto quiere que vaya?
»Más.
Su voz susurra ásperamente en el poco espacio que separa su rostro de
mis muslos. Sus manos están allí mismas, también, colgando entre nosotros,
lo suficientemente cerca como para agarrarme entre las piernas si ese es su
plan. Un leve temblor se contrae a través de sus dedos, y mis músculos se
contraen.
Pero es un profesor. No se le permite tocarme.
Como su estudiante, se supone que debo confiar en él y hacer lo que
él me dice.
Deslizo el material suelto de la falda contra la entrepierna de mis bragas
y acuno mi mano allí, dándole una vista completa de mis piernas sin revelar
demasiado.
—¿Qué está buscando?
—Amplíe su postura.
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Deslizo los pies, vacilando por el esfuerzo.
Página
—Justo así —respira—. Buena chica.
Su alabanza me rodea como un cálido abrazo. No puedo recordar la
última vez que alguien me abrazó sin herirme, pero si el señor Marceaux pasa
los nueve meses siguientes llamándome buena chica, tal vez nunca
necesitaré un abrazo de nuevo.
Hunde la cabeza, acercándose más.
»Estoy buscando marcas en sus muslos.
Lorenzo ha dejado marcas allí, junto con muchos otros chicos. Los malos
lo hacen siempre, moliendo y sacudiendo haciéndolo durar demasiado.
Pero el señor Marceaux no sabe de esos otros tipos.
—Mi hermano nunca...
—No estoy sugiriendo que el lo haría.
Mi garganta se cierra. ¿Ya ha oído hablar de mi reputación? ¿Está
comprobando la evidencia de mi comportamiento?
—Tiene una tez bastante oscura. —Él levanta la vista, estudiando mi
expresión, demasiado firmemente, demasiado profundamente. Es más fácil
ocultar las contusiones.
Me ahogo con una risa nerviosa.
—Mi mamá dice que estoy demasiado pálida. Demonios, se queja que
ella es demasiado pálida también, y es medio-Negra.
—Baje la falda. —Él se levanta, las manos ancladas en sus caderas—.
Hábleme de su madre.
Estiro la tela alrededor de mis piernas.
—Todo el mundo dice que se parece a Halle Berry pero…
87
—No me importa a quién se parece. ¿Qué es lo que hace?
Página
Drogas. Hombres. Cuando no tiene los dos, se sienta en su habitación y
llora.
Si comparto eso con él, probablemente sonreirá ante mi desgracia.
—Está entre trabajos.
—¿Cuál fue su posición sobre que su padre vendiera su negocio por
usted?
Ella me odia por ello, tanto que sus labios se rizan cada vez que me
mira.
—Discutieron sobre eso. —Ajusto el seguro y los botones de mi blusa—.
Ella no está contenta de perder esa pelea, así que no espere que aparezca
para conferencias de padres y maestros.
—Los seres humanos son desastres miserables. Cometen errores. Hacen
las cosas mal. —Se frota la parte posterior de la cabeza—. Si no viene, eso
está en ella.
Guau, eso fue... inesperado. Sorprendentemente pensativo y muy
profundo. Aunque ahora me pregunto qué tipo de errores puede que él
cometa. Ojalá ninguno que pueda afectar mis metas.
Él baja la mano y hace un movimiento giratorio.
—De la vuelta y muéstreme la espalda.
Mi pulso se acelera. ¿Más exámenes? Solo que esta vez, no podré ver
sus manos.
Abro la boca para discutir, pero la mirada dura en sus ojos me hace
cambiar de idea.
Con una inhalación profunda, le doy mi espalda, engancho mis
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temblorosos dedos debajo de la blusa, y la arrastro de mi caderas a las
Página
axilas.
El crujido de sus zapatos de piel, el susurro de sus respiraciones, el calor
de su cuerpo, todo acerca de él se siente como una violación de la
privacidad. Ojalá pudiera ver su expresión, porque es probable que
abandonara su búsqueda de moretones para mirar el tatuaje en mi
espalda. El circulo desenfocado que envuelve un lado mi cintura, encima
de mi columna vertebral, y se enrolla alrededor del hombro opuesto.
Me preparo para una de sus reprimendas pronunciadas. Soy
demasiado joven. Los tatuajes son demasiado inútiles. Pero no me importa
cuál sea su opinión sobre esto. El tatuaje es personal, atesorado y es mío.
Sin aviso, sus manos aterrizan en mi espalda, no en mi piel, sino en los
pliegues de mi blusa. Él tira el material de mi alcance y lo mete a mi cintura.
Sorprendido, me doy la vuelta.
—¿Qué sucede?
Está más lejos de lo que esperaba, a varios metros entre nosotros, con
las manos juntas detrás de la espalda y la atención en la puerta.
Sigo su mirada justo cuando la señorita Augustin entra.
Se detiene en el umbral, sujetando la correa de su bolso contra su
hombro.
—Oh, no me di cuenta de que estabas con una estudiante. — Ella lanza
miradas furtivas entre el señor Marceaux y yo, hacia adelante y hacia atrás,
arriba y abajo, y se detiene en mí—. Hola, Ivory. ¿Tuviste un buen verano?
Doblo los dedos contra el mármol, deseando mis malditos zapatos.
—Por supuesto.
—Impresionante. —Ella devuelve su atención a mi profesor, su mano
89
levantando para rastrillar su cuello, barriendo y peinando a través de un
mechón de cabello rubio—. Señor. Marceaux, ¿tardará... en... saldrá
Página
pronto?
Ella lo mira como mi mamá mira a sus novios, con ojos brillantes llenos
de adoración y estupidez.
De todos los profesores de música, la señorita Augustin es la más joven
y más bonita. Ella también es irritantemente ruidosa, pero Ellie habla con
entusiasmo de ella, así que supongo que es una buena maestra de cuerdas.
El señor Marceaux agacha la cabeza.
—La señorita Westbrook tiene clases particulares hasta las siete cada
noche.
¿Las tengo?
Una ligereza repentina levanta mi pecho. La señora McCracken se
mantuvo a altas horas de la tarde para enseñarme, pero no había tenido el
coraje de pedirle a él tiempo extra.
Él es tan alto y confiado a mi lado, los pies plantados extendidos, cada
centímetro de su postura esculpida con autoridad mientras estudia a la
señorita Augustin.
»No voy a ir a casa pronto. Esta noche o cualquier otra noche.
—Oh. —Su rostro cae, y todo su cuerpo parece desinflarse—. Bueno.
Bien…
Lo único que mueve es una pierna larga y esbelta mientras arrastra el
alto tacón de su pie hacia atrás y lo balancea en el suelo detrás de ella,
persistente. ¿Esperando que diga algo más?
Finalmente, se endereza.
»Me voy a casa. —Señala el pasillo, riendo suavemente, sonriendo, y
actuando jodidamente raro—.Entonces, supongo, ¿que tengas una buena
90
noche?
Página
La pregunta en su voz me fastidia. Él ya le dijo que se quedaba para mi
lección privada. Debería irse.
Pero entonces estaría a solas con él otra vez. ¿Cómo es posible que me
sienta tanto posesiva y aterrorizada de él?
Él termina su embarazoso encuentro con una ademan.
—Buenas noches, señorita Augustin.
Mientras se desvanece en el pasillo, repito su conversación con el
subtexto.
—¿Acaba de invitarlo a salir, no?
Se vuelve hacia mí con un irritado ceño en el rostro.
—Eso no es asunto suyo.
Probablemente, pero me siento maravillosamente mareada por todo
el intercambio. Es decir, él le dijo que no. No esta noche ni ninguna noche.
Porque él estaría conmigo, ayudándome.
A lo mejor no arruiné las cosas tanto como pensaba.
—¿Vamos a tener clases de piano esta noche?
Las venas en su cuello se marcan.
—No.
—Pero usted acaba de decir...
—Aquí está la lección de esta noche. —Borra la distancia entre nosotros
y se inclina en mi espacio—. No me pregunte. No me mienta. Y nunca desvíe
la mirada de mí. —Se endereza—. Siéntese.
91
Esas son demandas ridículas, pero me encuentro cayendo en la silla y
Página
enfocando mis ojos sobre los suyos.
Se rasca con un dedo su cuello, su bigote y tira del cuello de su corbata.
Abandonando su intento de soltarla, se agacha ante mí.
»¿Cuándo consiguió el tatuaje?
No hay forma de contestar sus preguntas sin mentir, pero puedo darle
esto.
—Tenía trece años.
Algo parpadea en sus ojos. ¿Comprensión? Él sabe cuántos años tenía
cuando perdí a papi... Mi papá. Mi padre. Dios, incluso en mis pensamientos,
estoy tratando de complacer al señor Marceaux. Pero tal vez tiene razón
acerca de mi inmadurez. Si mi papá estuviera vivo hoy, ¿seguiría llamándole
papi?
En lugar de hacer preguntas sobre el tatuaje, el señor Marceaux llega
debajo de mi silla y arrastra mis zapatos hacia sus pies. Se curva y pone su
rostro a centímetros de mi regazo, pero mantiene sus ojos en los míos
mientras sus brazos se mueven alrededor de mis pantorrillas.
Con las rodillas a ambos lados de mis piernas, no me siento atrapada,
pero mi estómago se retuerce de todos modos. No entiendo por qué está
sosteniendo mi zapatilla de ballet, por qué está examinando el interior, o lo
que él ha planeado para mí a continuación.
Con mi zapato en una mano, alcanza mi pie. En el momento en que
sus dedos rozan la parte de atrás de mi tobillo, me sobresalto en el asiento.
Él me pincha con una mirada deslumbrante, su ceño fruncido con el
tierno golpe de su mano. Sin prisas, acaricia a lo largo de mi tobillo, traza las
perillas huesudas en los costados y toma el talón de mi pie, levantándolo.
Estoy atada, confundida por la dulzura, perdida en la sensación. El
mundo entero se estrecha con el calor de su palma, la forma cuidadosa con
92
que me desliza los dedos en el zapato, y la concentración absoluta que da
Página
a la tarea.
Baja mi pie al suelo y exhala una bocanada de aire. Luego se desplaza
hacia mi otra pierna.
¿Por qué está haciendo esto? ¿Qué saca de ello? ¿Esperará que le
muestre mis pechos? ¿Una mamada? ¿Sexo?
Sacudo mi pie fuera de su alcance.
»Puedo hacer eso.
Se pone las manos en las piernas y me aprisiona con esos fríos ojos de
cobalto.
—¿Cuál es la lección de esta noche?
—¿No cuestionarlo?
Tal vez esto es algo pequeño para él, pero no para mí. Los hombres no
me tocan a menos que quieran algo, y su toque me está asustando. Es
demasiado agradable. Demasiado íntimo. De alguna manera demasiado
íntimo para un estudiante y maestro.
Sostiene la palma de la mano, esperando. Quiero preguntarle lo que
quiere de mí, pero eso sería fallar la lección.
Muevo mi pie hacia su mano, y él le da la misma atención que al
anterior. Trazos frágiles. Dedos como el terciopelo que envuelve alrededor
de mis huesos quebradizos. ¿Tomando? ¿Dando? No sé qué es esto. Cada
parte de las puntas de los dedos rozan encima de mis piernas, haciendo mi
corazón revolotear y mi cuerpo entero híper sensibilizarse. Me asusta. Él me
asusta.
Cuando desliza el otro zapato, doblo los pies debajo de la silla, las
rodillas apretadas, temiendo lo que va a pedir a continuación.
93
Se levanta, su expresión oscura bajo las cejas negras y su respiración
más ruidosa de lo que debería ser. Conozco esa mirada necesitada, ese
Página
sonido hambriento. Mi sangre corre fría.
Ahora es el momento de correr, pero mis pies no se mueven. ¿Por qué?
Necesito su permiso, creo.
Quiero su permiso.
Volviéndose hacia el escritorio, presiona sus manos contra la superficie.
—Vaya a casa, señorita Westbrook.
Alivio se escabulle por mi columna vertebral, pero se me corta por mi
siguiente pensamiento.
Puedo tomar cualquiera de las salidas de Crescent Hall, correr a través
del estacionamiento o el parque, en zigzag por las calles hasta la parada
de autobús. No importa en qué camino voy. Prescott se pondrá al día. Me
encontrará. Siempre lo hace.
Entonces en casa. Donde Lorenzo podría estar esperando. Donde
Shane podría estar follando en mi cama.
¿Cuál es más aterrador? ¿Prescott? ¿Lorenzo? ¿Shane?
El señor Marceaux.
Agarró mi cartera y camino hacia el pasillo.
94
Página
E
l aire húmedo se aferra a mi piel mientras hago la caminata de
diez minutos desde Le Moyne a la línea 91. Oh hombre, se siente
bien conseguir un respiro de esa aula. No sé si es el señor
Marceaux o las aterradoras sensaciones que inflama en mí, pero no pude
huir de allí lo suficientemente rápido.
Es agresivo y poderosamente construido como los demás hombres.
Más. Pero tenía muchas oportunidades para tomar y no lo hizo.
¿Porque es un profesor? ¿O porque no es como otros hombres?
No estoy lista para confiar en esos pensamientos o la forma en que me
hacen sentir.
La luna creciente cuelga en lo alto del cielo, pintando un débil
resplandor sobre las mansiones de antes de la guerra que bordean Coliseum
Street. La acera de ladrillo está pavimentada en un patrón de espina de
pescado y bordeada en un lado por cercas de hierro forjado, lámparas de
gas y vegetación floreciente que propaga el aire con la fragancia del
verano.
Los cimientos de las altísimas casas se topan contra las cercas y las
ventanas iluminadas me dan un vistazo de los interiores que brillan con
candelabros, grandes escaleras y ricos mobiliarios. Los autos de lujo alinean
la estrecha calle y los prístinos jardines adornan los patios laterales.
95
Dondequiera que miro se alardea de la riqueza generacional, la clase que
Página
vino del azúcar, del algodón, y transporte.
¿El señor Marceaux vive en una de estas mansiones? ¿Tal vez su familia
es de dinero viejo? Le Moyne atrae a muchos residentes a District Gargen,
incluyendo a Beverly Rivard.
No sé cuál casa es la de Prescott Rivard, pero él sabe qué caminos
tomo a casa. Hay tan solo muchas opciones entre la escuela y las rutas de
autobús. Mis piernas pican por caminar más rápido, para aplazarlo para otro
día. Pero cuanto más me retrase en cerrar cuentas con él, más difícil será
cubrir las facturas de este mes.
A medio camino de la parada de autobús, el ruido familiar de una
motocicleta interrumpe la tranquila calle. Se acerca desde atrás, sonando
cada vez más fuerte, más rápido.
Los minúsculos vellos en mi nuca se ponen en punta. Miro por encima
de mi hombro y vislumbro un casco negro, una chaqueta negra y unos
odiosos carenados de color naranja. El latido de mi corazón se agita, y
acelero mi paso. Si el piloto levantara su barbilla, vería Destroy tatuado en
su garganta.
Cada paso martillea vibraciones a través de mis suelas delgadas.
Debería haber sabido que Lorenzo vendría a buscarme. Lo hace a menudo
cuando se cansa de esperar. Han pasado dos semanas desde la última vez
que me tomó, y yo sangré por mi culo durante horas después.
Mi estómago tiene calambres mientras mi mente gira a través de mis
opciones. La siguiente calle transversal es una carrera de treinta segundos
por el camino. Tal vez pueda perderlo.
Acelero mi paso, buscando un atajo entre las mansiones. No
encontraré uno. Cercas rodean las generosas parcelas, equipadas con
cámaras de seguridad y alarmas. El hierro forjado y los soportes de ladrillo
de la calle en ambos lados. No tengo a dónde ir mientras él se detiene a mi
96
lado.
Página
—Sube a la moto. —Incluso amortiguado por el casco, su grito es duro
y cruel.
—Voy a tomar el autobús. —Camino más rápido, hundiendo mis
hombros con mi cartera golpeando contra mi pierna.
Él revoluciona el motor, rodando la motocicleta a mi lado. Mis piernas
se agitan, y la punta de mi zapato se queda atrapada en un ladrillo astillado.
El impulso me hace girar hacia adelante. Mantengo mi equilibrio, pero...
maldita sea, pierdo el zapato.
Me giro de vuelta, mi pulso golpeando en mi garganta, y empujo mi pie
dentro del ladrillo agrietado.
Un par de faros emergen en la carretera detrás de la moto de Lorenzo.
Miro ciegamente a los rayos de luz, esperando, esperando. ¿Para qué?
Cabello negro, ojos azules, presencia dominante...
Seguramente-
Lorenzo se detiene junto a mí, justo al alcance de su brazo, con el casco
inclinado en mi dirección.
—No te lo diré de nuevo. Pon tu culo en la moto.
El auto que se acerca ralentiza, girando alrededor de Lorenzo. La
parrilla frontal ancha, pintura plateado metálico, llantas gruesas, el Sedán
Cadillac CTS hace el juguete perfecto para que los ricos idiotas juveniles se
paseen por ahí.
Idiotas como Prescott.
Se detiene frente a Lorenzo, se inclina sobre el asiento delantero y abre
la puerta del pasajero.
97
El casco de Lorenzo gira hacia el auto.
Página
—¿Quién carajos es este?
Este es una distracción. Gracias a Dios. No podré evadir a Lorenzo para
siempre, y ciertamente no me agrada subir al auto de Prescott. Pero justo
ahora, voy a tomar a Prescott sobre Lorenzo. Prescott nunca me fuerza por
detrás y en mi culo.
Me inclino hacia adelante, haciendo un amplio circuito alrededor de
la motocicleta, y me deslizo en el asiento delantero del Cadillac.
—Vete.
El motor de la motocicleta chisporrotea mientras se sacude hacia
adelante. Doy un portazo sobre el ruido.
Prescott se inclina sobre la consola, torciendo el cuello para mirar a
Lorenzo.
—¿Quién es ese chico?
—Solo algún cretino. Vámonos.
Pisa el acelerador, y la fuerza del impulso presiona mi cuerpo en el
asiento de piel. Mi ansiedad y mi miedo caen detrás de nosotros en un humo
de escape. Me relajo, en menor medida de todos modos. Ahora estoy
atascada con Prescott.
Su largo cuerpo se esparce en el asiento de piel, su dedo golpeando a
través de varios brillantes dispositivos en el salpicadero. No puedo empezar
a adivinar cuánto cuesta este auto. Sus padres ciertamente tienen que
hacer millones para poder comprárselo. ¿Es un auto impresionante?
Absolutamente. ¿Estoy celosa de que lo tenga?
Prefiero no ser celosa de nadie, especialmente Prescott. Le echo un
vistazo, tomando el ángulo pronunciado de su mandíbula, el cabello rubio
detrás de la oreja y el perfil largo y recto de su nariz. Es más delgado que el
señor Marceaux. Músculos menos desarrollados. Manos más pequeñas. Polla
98
más pequeña. No es que haya visto la polla de Marceaux, pero apuesto a
Página
que es más grande.
Eso no es bueno.
Mi corazón salta. ¿Por qué demonios estoy pensando en eso? ¿Por qué
los comparo?
Prescott cambia de marcha y luego se acerca para enganchar un
dedo debajo del dobladillo de mi falda.
—Te haré correrte esta noche.
Yo le golpeo la mano. Jesús, nunca debí haberlo provocado con ese
comentario sobre los piercings. ¡Estúpida, estúpida, estúpida!
—¿Dónde está tu tarea?
Cambia de velocidad en una curva y empuja un pulgar sobre su
hombro. El indicador del cinturón de seguridad chilla mientras me arrodillo
hacia atrás a través de la abertura en los asientos delanteros.
Recojo sus carpetas del piso, y un solo faro llena mi vista a través del
parabrisas trasero.
»Nos está siguiendo.
Prescott lanza el auto a alta velocidad. Mansiones borrosas. Señales de
parada e intersecciones van y vienen. Supongo que no le preocupa violar
la ley. Afortunadamente, Lorenzo no comparte su imprudencia. La
motocicleta mantiene el límite de velocidad y se detiene en cada señal de
alto. Tal vez Lorenzo tiene drogas o multas pendientes. Cualquiera que sea
la razón, se queda atrás y finalmente fuera de la vista.
Soltando una pesada respiración, recojo el resto de las carpetas de
Prescott.
»Lo perdiste.
99
Prescott tira mi falda hasta mi cadera y me pellizca el coño a través de
Página
la entrepierna de mis bragas.
—Cariño, te voy a follar tan fuerte esta noche.
Me giro hacia el frente, cayendo en el asiento, e intento controlar mi
respiración.
Mi mano tiembla cuando abro el cinturón de seguridad.
—No, no lo harás.
Hay una fuerte dosis de convicción en mi respuesta. Y tal vez un
pequeño fragmento de duda. He escapado a los avances de Prescott
antes, pero puedo contar esas veces en una mano.
Ríe.
—Ya veremos.
Cuando gira hacia Jackson Avenue y se aleja del río, no tengo que
preguntar a dónde va. Durante los seis minutos en auto a nuestro lugar
habitual, utilizo una de las luces de arriba para revisar sus asignaciones y
notas. Es bastante organizado para un tipo que no está interesado en la
tarea, sus tareas esbozadas en caligrafía pura y anotadas con fechas de
vencimiento. Todo lo que ha detallado es factible, lo suficientemente fácil
como para trabajar con mis propias tareas.
Se mete en un terreno baldío, rodeado por una jungla de malas hierbas
y casas que no sobrevivieron al último huracán.
Apagando el motor, se vuelve hacia mí.
»Tengo una proposición.
Un temblor se estremece a través de mis entrañas. Todo lo que tiene
que ofrecer viene con un doloroso precio.
100
Se inclina hacia mí, con su rostro a centímetros de distancia y sumido
en la oscuridad.
Página
»Sé que estás haciendo tareas para muchos de mis amigos y quién
sabe cuántos otros.
No he tenido la oportunidad de hablar con los otros chicos sobre
horarios y tareas. Otra labor temida en mi lista de tareas pendientes.
Su mano serpentea sobre mi muslo, haciendo su camino al hueco entre
mis rodillas. Me alejo, y mis piernas chocan con la puerta.
Con un gruñido, se pone mirando hacia el frente, postura rígida, sus
dedos enrollados alrededor del volante. Dedos que no quiero cerca de mí.
Inclina la cabeza contra el reposacabezas.
—No quiero compartirte.
—Lástima.
—¡Joder, Ivory! Eres tan… —se frota su mejilla sin barba y suaviza su
tono—. Conseguí un aumento en mi mesada. Te pagaré más, lo suficiente
para cubrir lo que estás haciendo de todos los demás, si dejas de verlos.
Dame un precio.
No puede permitírselo. Sumo mentalmente las utilidades mensuales, la
hipoteca, la tienda de comestibles, y añade un poco más para los útiles
escolares. Mierda, eso es mucho dinero. Respirando hondo, le doy el
número.
—Hecho.
¿Qué? ¿Su jodida asignación cubre la suma de todas mis cuentas?
Envuelvo mis brazos alrededor de mi cintura.
—¿Todo lo que tengo que hacer es dejar de ayudar a otras personas?
101
—Eso. Y dejar de luchar conmigo por esto. —Sus dedos se enrollan
alrededor de mi rodilla, tirando de mi pierna hacia él.
Página
—Yo-yo… —Mi respiración se acelera mientras trato de alejar su
agarre—. No puedo. —Mi pecho se agita, luchar contra su mano es inútil—.
Déjalo ir.
—Voy a conseguir esto de todos modos. Deja de hacerlo tan
malditamente difícil. —Me suelta y levanta las manos—. ¿Cómo va a ser?
Me balanceo contra la puerta y me cubro el rostro con la mano. Joder,
¿qué opción tengo?
Puedo alejarme de Prescott, olvidar su dinero, y tratar de compensar la
pérdida con todos los otros tipos que quieren las mismas cosas que él quiere.
O puedo decirles a todos que se jodan y dejar sin pagar la hipoteca.
Todavía no tengo dieciocho años. Puedo ir a servicios sociales y explicar mi
situación. Tal vez intervendrán y me pondrán en casas de acogida. Pero hay
una buena probabilidad de que una nueva casa esté demasiado lejos para
viajar a Le Moyne. ¿Puedo poner mi futuro en manos de algún adulto que
decida a dónde iré a la escuela? ¿Y qué hay de Schubert? Una familia
temporal no puede dejarme traerlo. Mi corazón duele pensando en eso. No
es solo un gato. Schubert es el último regalo que mi papá me dio antes de
morir. Es la única forma viviente de amor que me queda para envolver mis
brazos.
O puedo aceptar la oferta de Prescott, soportar solo una polla de la
preparatoria, y mantener mi casa, mi escuela y mi gato.
La presión de las lágrimas me quema la parte trasera de mis ojos
mientras fuerzo mis labios alrededor de mi respuesta:
—Bien.
—¿Bien? —Se sienta, todo su cuerpo se mueve para enfrentarme—.
Está bien... uh. —Él se retuerce, escudriñando el terreno cubierto de maleza,
102
y hace una pausa cuando su mirada aterriza en el asiento trasero—. Sal.
Página
Con manos temblorosas, pongo las carpetas en el suelo, abro la puerta
y me meto en un enredo de viñas.
Está fuera del auto y a mi lado en un instante. Una enorme sonrisa
contorsiona su rostro cuando abre la puerta del asiento trasero.
—Allí. Sobre tu espalda.
No, no, no. Mis pulmones trabajan por respirar, y cada músculo de mi
cuerpo se bloquea.
»Ivoryyyyy —gruñe—. No es así como funciona esto. No estaré pagando
hasta que tenga mi polla mojada.
Oh Dios, ya tiene un condón en la mano.
La alta hierba pica en mis tobillos. El chirrido de los insectos nocturnos
se arrastra de las sombras del hormigón roto. En algún lugar a lo lejos, un
perro ladra. Otro se une a él. Pero es el sonido de una cremallera lo que grita
más allá de mis oídos.
Sostiene su polla en su mano, la cosa bulbosa hinchada en plenitud,
apuntando hacia mí mientras que rueda el condón. Las náuseas a fuego
lento, y saliva se precipitan en mi boca.
Cuando se encuentra con mis ojos, su expresión determinada parece
fantasmal y siniestra a la luz de la luna.
»¿Hacemos esto de la manera más fácil o difícil? Una de ellos te hace
ganar más dinero.
Un brillo de lágrimas borra mi visión. Hice este trato sabiendo lo que
vendría después. Chupa y traga, Ivory.
Me dirijo hacia la puerta en espera, presiono los talones de mis manos
103
contra mis ojos y me deslizo en el asiento trasero.
Página
Mi cerebro ya está alcanzando las oscuras notas de la Sonata No.9 de
Scriabin. La melodía suena en mi cabeza mientras el peso de su cuerpo
presiona mi espalda contra el asiento. Imagino los complicados golpes las
teclas mientras jala mis bragas a un lado y se mete dentro, gruñendo,
empujando. Tan seco, tan jodidamente doloroso, el fuego entre mis piernas
me provoca más lágrimas en los ojos. Me enfoco hacia adentro,
bloqueándolo. Estoy casi perdida en la música discordante de mi mente
cuando un tono de llamada sale desde el bolsillo de Prescott.
—Joder. —Él tantea alrededor de sus piernas y saca su teléfono de los
pliegues de sus pantalones—. ¡Maldita sea!
—Quítate de mí.
—No. Y tengo que contestar esto, así que mantén la boca cerrada.
Empujo su pecho, pero él no se mueve. Sus caderas empujan con más
fuerza a medida que el odio se filtra en enormes gotas desde mis ojos.
»Es mi mamá. —Coloca el teléfono en el asiento encima de mi cabeza,
el alegre tono de llamada sangrando en mis oídos—. Si ella te escucha, lo
más que voy a conseguir es una pérdida de mesada. Pero tú —su dedo se
cierne sobre la pantalla mientras sus caderas van contra las mías—, tú serás
sacada a patadas de la escuela.
Antes de que pueda decirle que es un maldito imbécil, golpea la
pantalla y la pone en altavoz.
»¿Qué pasa, mamá? —Levanta su pelvis y golpea contra mí, el hambre
en su rostro iluminado por el resplandor de la pantalla.
—¿Dónde estás? —La voz severa de la decano late por el teléfono.
—En casa de Avery.
104
¿Quién es Avery? Me retuerzo debajo de él, doliendo porque esto
Página
termine.
—Pareces sin aliento —dice.
Acuna mis pechos y aprieta.
—Estaba levantando pesas. Tiene una dulce sala de ejercicios.
—¿Oh? Bueno, dile a su madre que dije hola. Necesitamos tomar un té
pronto.
—Síp.
—Mantén tus manos para ti, hijo. No quiero ningún problema con sus
padres.
Me muerdo el labio para no gritar. Sus movimientos se aceleran, cada
vez más erráticos. Gracias a Dios, se está acercando, pero ¿cómo puede
hacerlo mientras mantiene una conversación con su madre? Es tan
repugnante que mi piel retrocede por todas partes, su calor penetra en mi
ropa.
»Te vi hablando con esa chica Westbrook en el almuerzo —dice la
decano.
Mi pulso se dispara, pero Prescott está en otra dimensión. Su boca se
abre en un grito silencioso mientras su cuerpo se agita y se sacude a través
de su liberación. En el momento en que termina, lo empujo de encima de
mí.
»¿Prescott? —La decano exhala a través del teléfono—. ¿Estás
escuchando?
—Sí. Ivory es agradable. —Me mira fijamente y murmura: Una
agradable follada. Sin apartar la mirada, dice en voz alta—: No sé por qué
tienes un problema con ella.
105
—Está tratando de robar tu puesto de Leopold, Prescott. No solo eso,
ella tiene una reputación con los chicos en la escuela. Mantente alejado de
Página
ella.
Él arrastra un dedo sobre su ceja.
—Sí, de acuerdo. Me tengo que ir.
—Prescott…
Cuelga y lanza el teléfono en el asiento delantero.
—¿Te corriste?
Me alejo de él, enjugando en secreto las lágrimas mientras gruño:
—Por supuesto, no me corrí, idiota.
¿Realmente piensa que lo disfruté? Nunca he tenido un orgasmo, o al
menos no que yo sepa. Pero si fuera capaz de tener uno, no sería con él.
Me arreglo las bragas y tiro mi falda hacia abajo.
»¿Quién es Avery?
Se quita el condón y ajusta sus pantalones.
—Mi novia.
—¿Novia? —Un grueso bulto se forma en mi garganta—. ¿Por qué la
estás engañando?
—Es una mojigata. Pero tú no lo eres, ¿verdad? —Alcanza la V en mi
blusa.
Aparto su mano de golpe y agarro mi cartera del asiento delantero.
»Apuesto a que has follado a más chicos que las teclas que tiene un
piano.
¿Ochenta y ocho chicos? El calor me golpea en el rostro mientras abro
106
la puerta y salto. La verdad es que no estoy segura del número. ¿Tal vez la
mitad de eso? Quizás más.
Página
Sube por el otro lado y encuentra mis ojos sobre el techo del auto.
—Cincuenta y dos blancos en Le Moyne y treinta y seis negros en Treme.
¿Estoy bien?
Cincuenta y dos teclas blancas, treinta y seis teclas negras.
Él piensa que es inteligente con su enferma analogía, pero no tiene ni
idea de lo dolorosos que son sus comentarios. Sí, he tenido mucho sexo con
muchos chicos diferentes. No todas mis experiencias han sido como esta. A
veces estoy demasiado débil y no tengo la fuerza física ni el tamaño para
detenerlo. Otras veces, me siento engañada, sobornada, atrapada...
charla-dulce. Cuando era más joven, dejaba a los chicos tocarme en mi
estúpida desesperación por afecto, pero eventualmente aprendí que no
hay nada afectuoso sobre una polla hinchada. Sin embargo, hay momentos
en que me pregunto, ¿esta vez será diferente? Quizás este me abrazará y
me amará. Tal vez se sienta bien, y caigo de nuevo en la trampa.
Pero después de los odiosos comentarios de Prescott, ni siquiera quiero
su maldito dinero. Me alejo con dificultad, enganchando la correa de la
cartera sobre mi hombro. Los proyectos de la Ciudad Central se estiran
extienden a mi alrededor, pero conozco el camino, habiendo andado por
esta ruta cada vez que Prescott me follaba en ese lote. A cinco cuadras de
aquí, puedo tomar un autobús a casa.
El motor del Cadillac arranca, y un momento después, rueda a mi lado.
Extiende un brazo por la ventana, su mano llena de un montón de
billetes.
Lo miro, necesitándolo, odiándome a mí misma.
—¿Cuántas veces tengo que hacer esto?
107
—Tan a menudo como quiera. —Un mechón de cabello rubio cae
sobre sus ojos—. Mi primera asignación es el lunes, así que nos reuniremos
Página
otra vez esta semana. La próxima vez, te haré correrte.
Una oleada de ira me quema en las venas. Lo odio. Pero lo necesito.
Me trago mi orgullo y arrebato el dinero de su mano.
Me muestra una sonrisa saciada y se aleja, dejándome de pie al lado
de la carretera como la puta que soy.
108
Página
C
on la dirección del expediente de Ivory guardada en mi
teléfono, doy vuelta en su calle en mi viejo GTO. Esto no se
siente acosador, pero tampoco se siente completamente
normal. ¿Qué puedo decir? Nunca he necesitado una excusa para golpear
a alguien. Solo que nunca imaginé que a quien golpearía esta noche seria
a su hermano. Y, aun así, aquí estoy.
No tengo plan, solo sé que Ivory no puede saber que estoy aquí.
Debería haber reportado su labio hinchado. Seguramente no debería haber
revisado que no tuviera moretones en el cuerpo. ¿Pero esto? ¿Aparecerme
en su casa? Definitivamente cruza el territorio de que-carajos-estoy-
haciendo.
El anochecer oscurece el horizonte y no hay lámparas. Tal vez pueda
persuadir a su hermano de que salga antes de que ella me vea y lo deje
inconsciente antes de que tenga oportunidad de verme el rostro. Aunque si
ella ve mi auto, lo sabrá. El Pontiac GTO de 1970 es demasiado fácil de
reconocer. Si no lo vio en el estacionamiento de la escuela, lo vera antes de
que se acabe el año.
Debería tomar un taxi, pero no estaba exactamente pensando cuando
salí de clase y manejé directamente hacia aquí.
Siguiendo el GPS, me escabullo por una hilera de casas hundidas. No,
109
no me escabullo. La potencia del auto es de 455 cilindros, y sus rugidos
tienen a los residentes asomándose a sus porches. Los peatones se paran y
Página
miran embobados. Me doy cuenta de que no puedo dejar el auto en la
calle, lo asaltarían en minutos.
A solo unas cuadras al norte del Barrio Francés, Treme es el sitio que se
les dice a los turistas que no deben visitar, ni de día y definitivamente ni de
noche. No había visitado el área desde que era un adolescente rebelde.
Había olvidado los grafitis, las ventanas tapiadas y a los montones de
hombres en las esquinas mirando a su alrededor como si estuvieran
ocultando algo. ¿Cómo vive aquí sin que la asalten a diario?
No tiene nada de valor que le puedan robar.
Excepto su inocencia. Aunque estoy seguro de que se la robaron hace
mucho. La verdadera pregunta es ¿qué tanto daño le habían hecho?
Entiendo sus reacciones hacia mí, sus miradas de miedo y de deseo de
complacer. Son sus reflejos naturales a un hombre dominante. Pero bajo sus
expresiones hay capas de oscuridad, experiencias que la endurecieron y
daños que la distorsionaron. No solo un hermano abusivo y un padre muerto,
algo más. Algo traumáticamente sexual.
La ira recorre mis venas, empujándome hacia su casa y a lo
desconocido que me espera ahí.
Veo el número de su calle en el desgastado exterior de una estrecha
casa vieja. La pintura blanca descarapelada deja ver la madera podrida, y
el techo caído sobre el porche no parece lo suficientemente seguro para
pararse debajo de él. Las casas están demasiado juntas como para
acomodar cocheras, y no hay autos estacionados en frente. No hay luces
prendidas. No hay movimiento en las ventanas. A menos que esté sentada
en la obscuridad, no está en casa.
Al venir me imaginé lo peor. Pero podría decirse que la casa que está
al lado de la suya es mucho peor, el exterior está revestido de pedazos de
110
madera y toda la estructura se está cayendo hasta los cimientos. Alguien
incluso le escribió con spray a la puerta del vecino: Este hogar es un
Página
sentimiento efímero que intento reparar.
Mientras vago frente a su casa, imaginando las decrepitas condiciones
del interior, se me forma un nudo de intranquilidad en el estómago. ¿Qué tal
si no tiene electricidad? Si su madre no tiene trabajo, ¿quién paga las
cuentas? ¿Su hermano?
No me quedo más, temeroso de que Ivory llegue y vea mi auto. A unas
cuantas cuadras, estaciono en un estacionamiento lleno, dejándome guiar
por un presentimiento y un perverso sentimiento de curiosidad.
Las notas de blues de un trompetista haciendo un solo vibran a través
de mí mientras camino despacio por al Piano Bar de Willy. Nunca había
estado aquí, pero no es diferente a los otros bares de mala muerte en Nueva
Orleans que he frecuentado al pasar de los años. Sucio y tipo caverna, la
escasa luz y los muros de ladrillo expuestos le dan una apariencia de
taberna. La clase de taberna donde te disparan.
¿Dónde murió su padre? ¿Cerca del piano? ¿O sobre las mesas? ¿O
justo aquí, donde me desplazo entre la puerta y el bar?
El lugar tiene varios turistas fisgones, así que no me sorprende que nadie
me note. Escaneo a la multitud y me concentro en el único otro chico
blanco. Está muy oscuro para sacar conclusiones, pero parece de mi edad,
con cabello rubio y complexión pálida.
Encaja con la imagen que encontré en Google de un joven Willy
Westbrook cuando iba para casa de Ivory. ¿Puedo tener tanta suerte?
Ajustándome mi sombrero favorito por la orilla curveada y
poniéndomelo más bajo, atravieso el bar y le hago una seña a la bartender.
—¿Ese es el hijo de Willy?
Levanta la vista para seguir la dirección de mi cabeceo, su cabello
blanco formando un brillo etéreo alrededor de su complexión oscura.
111
—Mmm jum. —Vuelve a poner su atención en el trago que está
Página
preparando. —Es él, cariño.
—Gracias. —Enganchando mis dedos a mis bolsillos frontales, voy al
privado circular en el que está y me paro frente a su mesa.
Con una chica en cada brazo, arrastra su mirada hacia mi relajada
postura y observa mi rostro.
—¿Te conozco?
La esquina oscura del privado oculta su expresión, pero sus movimientos
lentos y su forma de arrastrar las palabras lo delatan. Borracho o drogado,
probablemente está muy intoxicado como para recordarme mañana.
—¿Eres el hijo de Willy?
—Siiip. —Alcanza su cerveza, derramando un poco en la mesa—. ¿Y
eso qué?
Quiero decirle por qué estoy aquí, que yo soy lo que pasa cuando
lastima a su hermana. Pero si menciono a Ivory, puede vengarse con ella.
Manteniendo mi rostro en un ángulo fuera de la luz, me inclino sobre la
mesa y estrello mi puño contra su nariz.
Las chicas se separan y salen disparadas de la cabina mientras su
cabeza cae hacia atrás y pega contra sus hombros. Lo blanco de sus ojos
rueda y desaparece detrás de sus parpados mientras su cuerpo se desliza
de la silla.
La sangre de sus fosas nasales forma dos ríos gemelos sobre su labio y
mancha su camiseta. Que lo haya noqueado probablemente tiene más
que ver con su intoxicación que con mis inexistentes habilidades de boxeo.
Esperaba verlo retorcerse de agonía, pero también me da placer saber que
se levantara con el dolor de una nariz rota.
112
La multitud no parece tener ningún tipo de alianza con el hijo de Willy,
porque nadie hace nada para defenderlo mientras me dirijo a la puerta. Sé
Página
que este es un barrio peligroso, pero demonios, ni siquiera me miran cuando
me voy tan discretamente como entré.
Un par de minutos después, me encuentro estacionado al final de la
calle de Ivory con el motor apagado y mi atención pegada a su puerta. Ya
debería haber vuelto a casa para esta hora, pero solo se ve oscuridad en la
puerta y ventanas. ¿Dónde demonios esta?
Considero irme cuando una motocicleta deportiva naranja se detiene
en la curva de su casa. El conductor se quita el casco revelando cabello
negro y complexión oscura. ¿Negro o latino? Es muy joven para ser el novio
de Lisa Westbrook. Más le vale no ser el jodido novio de Ivory.
Me inclino sobre el volante, estirando el cuello mientras pasa por el
garaje y se asoma a una ventana. No toca la puerta y en vez de eso se mete
al estrecho callejón entre las casas y desaparece en la parte trasera.
Mis nervios se intensifican. ¿Es un amigo de la familia? ¿Un primo? ¿Un
jodido ratero? Anoto la placa de la moto en mi teléfono, y un momento
después, sale del callejón, fumándose un cigarrillo. Sube una pierna a la
moto, se pone el casco, el motor ruge, y se ha ido sin siquiera voltear a
donde estoy.
Eso fue raro.
Debería irme. No tengo nada qué hacer aquí.
Treinta minutos después, aun me estoy diciendo lo mismo.
Con cada matón que pasa, con cada auto que cruza la calle, se
multiplica mi impaciencia, retorciéndome con espasmos. Once de la noche,
en una noche de escuela, y ella está allá afuera haciendo Dios sabe qué.
Quiero atarla a la cama y azotarla por ser tan imprudente. ¿Dónde
demonios está su madre?
Este no es mi problema. Voy a encender el auto justo cuando suena un
mensaje en mi teléfono.
113
Página
Deb: ¿Todavía sigue en pie lo de esta noche?
Cuando mensajeamos entre reuniones, mientras miraba el apretado
cuerpo de Ivory, estaba ansioso por ir. ¿Pero ahora?
Yo: En otra ocasión.
Deb: Hoy fui una chica muy mala. ¡Nalguéame!
Mi polla ni se inmuta.
Deb: Puedo fingir que soy ella otra vez.
Con ella se refiere a Joanne. Solo que Joanne no es la ella que me está
volviendo loco.
Yo: Suenas necesitada. Lo opuesto de sexy.
Deb: *mueca*
Yo: Eso tampoco es sexy
114
Deb: Lo siento, señor.
Página
Yo: Me lo puedes compensar haciéndome ese favor que te pedí.
Deb: ¿El tipo de GM?
El esposo de Beverly Rivard, Howard, es dueño de una cadena de
concesionarias de GM. He oído que sus tácticas de negocios son tan viles
como las de su esposa, pero aún tengo que confirmar si la engaña. Si alguien
puede seducirlo es Deb.
Yo: Si. Se discreta y pon atención en la iluminación, su rostro debe verse
clara en el video.
Deb: Si, señor.
Deb: ¿No puedo hacer que cambies de opinión sobre esta noche?
Yo: Buenas noches, Deb.
¿Que estoy haciendo? ¿Por qué estoy aquí? ¿Para asegurarme de que
llegue a casa segura?
Jódeme, solo quiero verla otra vez. Solo un vistazo antes de enfrentarme
115
al vacío de mi casa.
Diez minutos después, mi deseo se materializa en la acera de enfrente.
Página
Incluso en la borrosa luz de la luna, la curva de sus pechos, la pendiente de
su cintura, y el destello de sus caderas son distinguibles. Erótica. Tan
malditamente cautivadora.
Con mi auto detrás de una camioneta, todo mi cuerpo se inclina hacia
la puerta para mantenerla a la vista.
Sus largas piernas la llevan hacia la casa, despacio, con calma, su
barbilla levantada y los hombros relajados. Aquí no tiene miedo, no como
en mi clase. Que irónico dado el peligroso vecindario.
En las depravadas entrañas de mi alma, me estremezco por ser aquello
que teme. Quiero reclamar su aprensión, miedo e incertidumbre. Quiero
poseer todas sus emociones y ser la única razón por la que tiemble y llore.
En ese momento, pretendo que no soy su profesor. Con mi mano
enroscada en el volante y mi hombro presionado contra la puerta, observo
a una hermosa mujer caminar hacia mí. Es sorprendentemente exótica con
esos ojos enormes y su largo cabello oscuro, tan imposiblemente hermosa
que no podría evitar acercármele. Me detendría a unos cuantos pasos de
ella, le sostendría la mirada, y dejaría que el maleable silencio nos envolviera
en un capullo de intimidad. No necesitaría hablar, solo que ella fuera
consciente de mi cuerpo, de mi intención, y de mi confianza en darle lo que
anhela.
Puede que no lo sepa, pero necesita tener límites bien definidos,
disciplina, y un hombre en el que confía para llevarla más allá de su zona de
confort. Tal vez no me vea a mi como ese hombre, pero lo hará. ¿Y luego
qué?
Estacionado a cinco casas, no me puedo concentrar en nada más que
en ella. ¿Qué va a pasar mañana cuando me siente detrás de ella en el
banquillo del piano, respirando el olor de su piel? ¿Cómo carajos me voy a
concentrar?
116
Página
Con el motor encendido, la falta de aire es sofocante. Mi camisa está
empapada de sudor, la corbata la deseché hace mucho. Me estoy
quemando, ansioso, anhelándola. Caliente como el infierno.
Se detiene en la puerta y la abre con una llave de su cartera. Entrando
a prender las luces, no alcanza ni a llegar al umbral antes de que un gato
anaranjado corra hacia ella. Mientras salta alrededor de sus pies, echando
su cuerpo contra sus tobillos, recuerdo sus palabras.
No puedo permitirme comprar zapatos para correr o comida para mi
gato.
Siento una pesada presión sobre mis músculos, insistiéndome en entrar
a su vida y solucionar sus problemas. Tengo el dinero, la determinación, y el
deseo de mejorar su situación. Como su profesor, es mi responsabilidad. El
educarla. Protegerla.
Todo eso es apropiado siempre y cuando deje de imaginar la presión
de su coño alrededor de mi polla.
Levanta al gato y lo frota contra su cuello al entrar. La puerta se cierra
y las cortinas caen sobre las ventanas, dejándome fuera. Hora de irse.
En el camino de vuelta a District Garden, decido que me mantendré
profesional con la señorita Westbrook. Si logro terminar el año sin enterrarme
entre sus piernas, puede que encuentre un futuro bastante satisfactorio en
Le Moyne. Claro, mantener mis manos lejos de ella también significa que mi
futuro no incluirá una celda.
Al entrar a mi casa, soy recibido por pilas de cajas, paredes desnudas,
y una falta total de calidez a pesar de la humedad. Me mudé hace tres
meses, pero no me he mudado realmente. Desempacar se siente como
aceptar que estaré aquí.
117
Aceptar una vida sin Joanne.
Página
Vago por la espaciosa sala, la habitación central y por la cocina, cada
esquina y cada arco están adornados con molduras personalizadas y
profundos tonos cafés. Tal vez mañana comience a llenar las habitaciones
con muebles y pertenencias personales. Pero esta noche, lo único que
necesito es la brillante pieza de arte que se encuentra al final del pasillo.
Me dirijo hacia allá, adentrándome en mi habitación favorita, la razón
por la que compré este caro lugar. Los impecables pisos de madera brillan
bajo el candelabro, y la arqueada chimenea gótica a lo lejos conjura
imágenes de tierras distantes y culturas místicas. Pero la pieza central de la
habitación reclama toda mi atención.
Acercándome al gran piano Fazioli para conciertos de mi abuelo, paso
un dedo por su cuerpo curveado. Raro y extremadamente valioso, tomé tres
años elaborarlo, fue hecho con materiales magníficos, y sus bisagras y
tornillos están chapados en oro. El corazón del piano fue tallado de los
mismos abetos rojos que Stradivari usó para sus famosos violines. Pero esa no
es la razón por la que amo a esta belleza.
Me posiciono detrás de las teclas y dejo que mi estado de ánimo
decida la melodía. Inhalando profundamente, tecleo la suave introducción
de Toxicity de System Of A Down. Mientras la canción metálica cambia de
ritmo, volviéndose pesada y más agresiva, cada musculo de mi cuerpo se
concentra. Mis dedos agarran las notas, mi torso se balancea y mi cabeza
se mueve al mismo tiempo que los sonidos entrecortados, todo mi cuerpo
está atrapado y controlado por la acústica.
La majestuosa proyección me lleva a la nota más alta mientras
estampo mis manos contra las teclas, luchando con cada molécula de
poder que me ofrece el piano. La cristalina claridad me encanta, me
consume, y vuelvo a enamorarme de este instrumento. Dependo de esta
experiencia. He dedicado toda mi vida a dominarla, y la necesito ahora
118
para sobrevivir a los días y meses sin Joanne.
Página
Tal vez ya he alcanzado la cima del éxito en el mundo de la música. Tal
vez estoy destinado a ser un viejo solitario y amargado.
O tal vez aún no he encontrado mi lugar, mi parte en el todo, y tal vez
—como Ivory dijo tan apasionadamente— estaré ahí cuando la música
empiece.
119
Página
E
s universalmente conocido que cuanto más prohibido algo es,
más deseable se vuelve. Siento esta verdad como un puño
alrededor de mis bolas al entrar en el salón de clase después del
almuerzo y encontrar al prohibido objeto de mi deseo esperándome.
Ivory está de pie al lado de mi escritorio, sola y observándome con
enormes ojos oscuros. Con los brazos cruzados bajo sus pechos y la barbilla
levantada irradiando actitud, no tiene ni idea de cuánto quiero sujetarla,
azotarla y follarla.
Su vestido negro cuelga como una lona sobre su pequeño cuerpo, lo
cual solo glorifica mi recuerdo de su cuerpo desnudo, dándole poder al
secreto que compartimos. ¿Está pensando en lo de ayer, cuando memoricé
toda la piel que esconde? El lunar sobre la costilla justo debajo de su seno
derecho, el delicado trozo de pecas en su tonificado muslo, la tinta
decorativa que se desplaza sobre su espalda; todo eso me pertenece
ahora. Anhelo otra ojeada, más piel, más Ivory.
Ella endereza su espalda, empujando inadvertidamente su amplio
pecho y me mira como si me estuviera leyendo mi mente y lo considerara
espantoso.
No pude controlar que mi corazón fuera arrancado de mi pecho
120
—gracias por eso, Joanne— más de lo que puedo controlar la forma
primitiva en que mi cuerpo reacciona a Ivory Westbrook.
Página
El calor inunda mis músculos mientras hago desaparecer el espacio
entre nosotros. Mi boca se seca mientras sus ojos observan mis movimientos
por el escritorio. La tensión que carcome se forma detrás de mis
abdominales mientras disfruto la sensual forma de sus labios, la vena que se
abulta en su garganta, y la cautela en su mirada.
Cierro las manos detrás de mi espalda, sofocando el impulso de dar un
tirón al lazo estrangulador alrededor de mi cuello.
—Señorita Westbrook. —Me obligo a fijar la atención por encima de su
boca—. Ha llegado temprano.
Ella señala con un dedo a los libros de texto apilados en el escritorio
entre nosotros.
—Encontré estos en mi casillero.
Echo un vistazo a los suministros que compré en la librería de la escuela
esta mañana.
—De nada.
—Así que fue usted. —Ella cierra los ojos, inhala profundamente, y su
resplandor regresa—. No los voy a tomar...
—Lo hará.
—¿Esto? —Agarra la tableta sin abrir de la pila de libros y me la
entrega—. No puedo aceptar esto.
—Sí puede. —Me doy vuelta y empiezo a escribir los temas de debate
para el siguiente período en el pizarrón.
Sus pasos se acercan, deteniéndose a mi lado. No la miro, pero siento
su proximidad como un zumbido eléctrico. Una cacofonía de emociones
121
vibra desde su rápida respiración y el crujido de dientes. Puede que me diga
que ella es un lío ansioso.
Página
En su lugar, dice:
—No acepto limosna, señor Marceaux.
Maldito sea su orgullo. Prefiero no insistir por esta cosa sencilla, pero
nada es fácil cuando se trata de esta chica.
Muevo el marcador sobre el pizarrón, la punta de fieltro chirriando a
través del silencio.
—Supone demasiado, señorita Westbrook. Me pagará.
—Eso es lo que me da miedo.
Murmura tan silenciosamente que no estoy seguro de haberla
escuchado correctamente.
Cierro el marcador y la miro.
—Repita eso.
—Yo estoy... —Ella mantiene los brazos a los costados, como si se
obligara a no inquietarse—. ¿Qué tipo de pago?
Mi pulso se dispara cuando las alarmas suenan estruendosamente en
mi cabeza. Ella tiene una gran cantidad de activos que la mayoría de
hombres con sangre caliente valoraría más que el dinero. Sea o no
consciente de su seductora belleza, su pregunta no nace de la ingenuidad.
La experiencia le ha demostrado lo que los hombres quieren de ella, y ese
pensamiento hace hervir mi sangre.
—Efectivo. Cheque personal. —Mi voz azota la habitación, impetuosa
y enojada—. Algo en ese sentido. —Suavizo mi tono—. ¿Qué tipo de pago
esperaba que quisiera?
122
—Oh, yo... —Traga y mira hacia la puerta—. No lo sé.
El ruido distante de las voces fluye desde el pasillo, un recordatorio de
Página
que la clase se reanudará en unos minutos.
—La verdad, señorita Westbrook.
Sus ojos se clavan en mi ingle y se alejan.
Joder. No le haré decirlo en voz alta. En este punto, no puedo soportar
escucharlo.
Ella es consciente de mi inapropiado interés en ella, y ahora sabe que
sé que es consciente de ello. Pero ha juzgado mal la forma en que opero.
Nunca coaccionaría a una mujer en el sexo, y mucho menos a una
estudiante. Mientras que eso me enfurece a un nivel que hace temblar mis
manos, la facilidad con la que saltó al sexo como método de pago me hace
querer matar a alguien.
Tal vez estoy paranoico. Tal vez he perdido la cabeza, pero maldita sea,
estoy convencido de que ha sido abusada sexualmente. ¿Alguien de su
pasado? ¿Está sucediendo ahora mismo? ¿Quién demonios la está
lastimando?
Coloco las manos hechas puños en mis caderas y la fulmino con la
mirada mientras todo dentro de mí parece a punto de explotar.
—¿Algún otro profesor le ha pedido favores inapropiados?
—¡No!
Un pequeño alivio, pero no me dice nada.
—¿Quién entonces?
Ella retrocede justo cuando varios estudiantes deambulan dentro del
aula, riendo y sin darse cuenta. La conversación tendrá que posponerse,
pero hay algo más que no puede esperar. Me uno a ella en mi escritorio
mientras recoge la pila de libros de texto.
123
Bajo la apariencia de encender mi computadora portátil, la observo
por el rabillo del ojo y bajo la voz para solo sus oídos.
Página
»Confío en que su hermano no la haya tocado anoche.
Su sonrisa es renuente, marcando hoyuelos en la esquina de su boca y
abriéndose paso lentamente por sus labios.
—Shane llegó con la nariz rota, lloriqueando por un dolor de cabeza
hasta que se desmayó. Supongo que eso es karma, ¿eh?
—Sí. —Mi boca se contrae—. Karma.
Con los brazos cargados de libros, se vuelve hacia el aula llena de
estudiantes, hace una pausa y luego vuelve a girar hacia mí.
—Gracias. —Ella mira fijamente mi corbata, su barbilla sostiene la
tableta encima de la torre de libros en sus brazos—. Se lo reembolsaré tan
pronto como pueda.
Asintiendo con la cabeza, vuelvo al pizarrón.
Tal vez hice las cosas más difíciles para ella. Lo que sea que haga para
ganar dinero, tiene que hacer más de ello para pagarme. Pero los
suministros escolares son un requisito. Además, no tengo intención de
aceptar su reembolso.
Aunque sé que su sentimiento de autoestima surge al pagar por su
propia cuenta, de no aceptar limosna. Paso las tres horas siguientes
obsesionándome sobre cómo puedo quitarle esa idea de la cabeza sin
cruzar la línea.
Si su madre está desempleada, ¿cómo me pagará? Los estudiantes de
interpretación no pueden trabajar en trabajos regulares. No tienen tiempo
para nada fuera de la escuela y las prácticas. Demonios, los estudiantes
están obligados a practicar sus instrumentos por lo menos cuatro horas al
día, todos los días, durante años. Si no lo hacen, se quedan atrás, pierden su
124
ventaja competitiva y cualquier esperanza de una carrera en la música.
Página
Las preguntas sobre su situación financiera se cocinan en el fondo mi
mente por las siguientes horas. Una hermosa joven como ella, de un barrio
como Treme, tiene una gran cantidad de métodos indeseables para ganar
dinero rápido. Drogas y prostitución están en la parte superior de esa lista,
pero me niego a imaginar que se está degradando de esa manera. Es
demasiado aterrador.
Cuando suena la campana final, los estudiantes de piano salen del
aula, excepto Ivory, quien pone sus pertenencias en un escritorio junto a la
puerta y me mira expectante.
—¿No tienen los otros lecciones privadas?
—Sebastian Roth y Lester Thierry tienen sus propios tutores en casa.
—Lo sé. —Su frente se arruga—. Pero Chris y Sarah siempre aprovechan
las lecciones de aquí.
—Ellos optaron por estudiar bajo la tutela de la señora Romero.
Ayer planteé la sugerencia en las reuniones con Chris y Sarah,
insinuando que la otra instructora de piano tenía algunas vacantes después
de la escuela, y su enfoque más suave podría ser una buena combinación
para ellos. Es parcialmente cierto. La señora Romero enseña a los cursos
inferiores y ya tiene las manos llenas. Pero ella trabaja para mí, y, por lo tanto,
yo determino su horario.
Los labios de Ivory se separan cuando considera las noticias.
—¿Eso significa que lo tendré por completo para mí de tres a siete cada
día?
Que me jodan, pero me encanta como suena eso.
Sus ojos se ensanchan.
»Oh maldita sea, no quise decir...
125
—Sé lo que quería decir, y sí, seré su mentor.
Página
Como regla general, prefiero preparar solo uno o dos estudiantes a la
vez. Aunque mis intenciones con Ivory tienen poco que ver con su desarrollo
personal. Cuando se trata de torturarme a mí mismo, soy el decano del
esfuerzo, empeñado en soportar todo el año escolar con las bolas doloridas
y azules.
Cierro la puerta y camino por la esquina del aula en forma de L.
Apoyando una cadera contra el piano de cola Bösendorfer, espero a que
se reúna conmigo y luego golpeo los nudillos sobre la elegante superficie
negra.
»Cuatro horas todos los días.
Una enorme sonrisa abruma su hermosa boca.
—No voy a perder el tiempo.
—No, no lo hará. —Podía mirarla veinticuatro horas al día y sentirme
como el pervertido más productivo del mundo. Pero si no elimino esos
pensamientos de mi cabeza, nuestro tiempo juntos terminará antes de que
comience—. ¿Practicó anoche?
—Por supuesto.
Ella no se tensa, cambia la respiración, ni transmite la vulnerabilidad de
ninguna manera. Está diciendo la verdad, lo que podría explicar su
paradero anoche.
—¿Dónde practicó? —Al darme cuenta de que eso implica que sé que
ella no estaba en casa, replanteó la pregunta—. ¿Tiene un piano?
—Ya no. —Su cabello castaño oscuro escapa de la curva de su oreja y
cae sobre su hombro. Lo recoge en la curva de su cuello y lo enrosca en
una trenza que baja por su pecho—. Mi mamá vendió el piano de mi papá
126
después de su muerte.
Página
De mi papá y no de mi papi. Muerdo el interior de mi mejilla para ocultar
mi satisfacción.
»Hay una tienda de música en la calle de mi casa. —Frente a mí, ella
apoya un codo en el borde del piano e imita mi posición—. El dueño me
deja practicar en su Steinway hasta las once cada noche.
Lo cual coincide con el momento en que llegó a casa. Entonces, ¿por
qué no puedo quitarme la sensación de que está dejando algo fuera?
Porque ella no me está mirando. Está jugando con las puntas de su
cabello, y a donde quiera que sus pensamientos se hayan desviado, se
distrae al silencio.
Toco su barbilla con un dedo, levantándola para recobrar su atención.
—Es hora de terminar nuestra conversación anterior.
Sus labios se fruncen en una línea.
»¿Quién le pidió un favor inapropiado?
Se da la vuelta y baja al banco del piano.
—¿Sin mentiras?
—No soy mentor de mentirosos, señorita Westbrook.
Ella asiente, con expresión sombría.
—La verdad es que necesito su ayuda. —Sus manos corren sobre las
teclas sin presionarlas—. Con esto. Dominar el piano. —Estira sus dedos—. Soy
la mejor pianista de esta escuela, ya sabe.
—¿En serio?
Ella me mira a través de sus pestañas.
—Incluso puedo ser mejor que usted.
127
Mi estómago se precipita en presencia de su tentadora sonrisa.
Página
—No nos dejemos llevar.
—Tiene razón. —Ella estudia sus dedos en las teclas—. Tengo mucho
que aprender. Pero con el profesor adecuado y la concentración suficiente,
estaré fuera de aquí al final del año. Fuera de Treme. Esta es la mayor
honestidad que puedo darle, señor Marceaux. —Ella coloca sus manos en
el regazo y me mira con ojos suplicantes—. Si usted se centra en las otras
cosas en mi vida, las cosas no relacionadas con mi talento, dañará mi futuro.
Y si involucra a servicios sociales, todas las oportunidades que tengo aquí
me serán quitadas.
Ella está casi admitiendo que no me gustará lo que encuentre cuando
me dedique a meter las narices en sus asuntos. No tengo ninguna intención
de involucrar a servicios sociales, y ella no necesita saber hasta qué punto
soy capaz de investigar a una persona.
Pero prefiero oírlo de ella.
—Responda a la pregunta.
—No puedo. Por favor.
Eso es todo lo que se necesita. El sonido seductor de su ruego en una
sílaba susurrada y ella posee todos los nervios de mi cuerpo. Quiero oír ese
sonido mientras se arrodilla ante mí, me libera de mis pantalones y me guía
hacia su boca.
Contrólate, idiota.
Está claro que ella no me dirá quién se está aprovechando de ella, pero
lo averiguaré.
—Muy bien. —Hago un movimiento rápido con una mano hacia el
piano—. Toque para mí.
Ella ajusta el banco, se saca sus zapatos desgastados, y coloca sus
128
dedos del pie en los pedales. Con sus palmas sobre sus rodillas, me da su
atención.
Página
—¿Barroco? ¿Clásico? ¿Jazz?
—Sorpréndame.
Con los ojos en el teclado, regula su respiración. Una corriente de
serenidad parece flotar a través de ella mientras su postura se afloja y su
rostro se suaviza. Luego sus manos se levantan, su cabeza se inclina sobre las
teclas, y maldito infierno, sus dedos vuelan. El concierto que eligió es pura
locura, una complejidad de alto ritmo de demasiadas notas. Islamey de
Balakirev es una de las cadencias más desafiantes de todo el repertorio de
piano clásico, y lo interpreta como una experta.
Ella es un tornado de muñecas que azotan, dedos violentos y caderas
que se balancean. Su barbilla se mece, agitando la cabeza con los ritmos
difíciles de conseguir, su expresión una imagen de concentración intensa.
Pero mi oído crítico no se pierde los errores cuando golpea los acordes con
demasiada fuerza, acelera demasiado rápido, y toca todas las notas de la
decimosexta como triples de octava.
Es por eso que no toco la pieza. La dominé en la universidad, pero es
una maldita pesadilla. La dificultad y la incomodidad de posicionar los
dedos, la mano izquierda saltando por la derecha, y al final de ocho
minutos, me deja empapado en sudor. Además, no soy un fanático de la
interpretación clásica, lo cual es irónico ya que tengo un asiento en la
Orquesta Sinfónica de Luisiana.
A pesar de los errores mínimos de Ivory, ella manipula brillantemente la
flexibilidad rítmica dentro de las medidas, mientras sigue las rúbricas con sus
propias convicciones artísticas. Me encuentro exhalando con ella al final de
cada frase y agachándome más cerca mientras ella cae en fuertes ritmos,
completamente hipnotizado por el salto de sus manos. Insufla vida a las
notas, las transmite, y a las barras de compás, dando la mejor presentación
que he oído de esta pieza.
129
Ella termina con un barrido de sus brazos y libera un silencioso suspiro.
La transpiración puntea a lo largo de su línea de cabello, y sus manos
Página
tiemblan en el regazo.
Un largo momento pasa antes de que ella arrastre su mirada a la mía y
aclare su garganta.
—¿Bien?
—Tocó las notas con demasiada fuerza. Su rubato es áspero,
demasiado rápido. Demasiados errores.
Ella asiente, sus hombros caen.
—Este un instrumento, señorita Westbrook, no un arma. Está haciendo
música, no disparando notas a la audiencia.
—Lo sé —dice en voz baja—. La proyección es un arte, uno que todavía
estoy tratando de... —Su barbilla tiembla y las lágrimas brillan en sus ojos
antes de apartar la vista y susurrar en voz baja—. Mierda.
Si requiere un instructor que la elogie solo para equilibrar la crítica, tiene
al tipo equivocado. Soy un idiota, y como le dije ayer, respeto la
retroalimentación constructiva. Tampoco he terminado con mi evaluación.
Me acerco al banco del piano y me muevo para sentarme, forzándola
a hacerme sitio. Ella se dirige al borde, el asiento apenas nos sostiene a los
dos. Nuestros hombros, caderas y muslos se tocan, y no es accidental. Quiero
que ella sienta cada punto de contacto y aprenda a confiar en él. A confiar
en mí.
—¿Qué dije de lloriquear?
Sus hombros retroceden, y ella mira hacia adelante, su voz sonora.
—Lo siento. No sé por qué... me abrumé un poco. Supongo que quería
que...
—Deje de hablar.
130
Ella presiona los labios juntos.
Página
Me muevo para encararla, y la posición empuja el largo de mi muslo
contra el suyo. El calor de su pierna se filtra en la mía, y doblo las manos
juntas en mi regazo para no extender la mano y avanzar lentamente por el
dobladillo de su vestido.
—No desarrollé la habilidad para incluso intentar Islamey hasta la
universidad, y no pude tocarla hasta el final de mi último año de posgrado.
Sus ojos se encuentran con los míos, inmensos, redondos y llenos de
humedad.
Tomo la delicada curva de su mandíbula y deslizo mi pulgar para
recoger una lágrima.
»Muy pocas personas pueden tocar esa pieza. De hecho, Balakirev
admitió que había pasajes en su composición que ni siquiera él podía
manejar.
Ella se inclina en mi mano, al parecer no sabe que lo hace mientras se
aferra a mis palabras.
»Su interpretación es extraordinariamente apasionada y sorprendente.
—Al igual que tú—. Estoy emocionado.
Sus respiraciones vienen más rápido, levantando su pecho.
—Oh Jesús, ¿de verdad? Yo... —Más lágrimas caen de sus ojos, y ella se
aparta para limpiar su rostro—. Maldita sea, no estoy lloriqueando. Lo juro.
—¿Por qué eligió esto?
—¿Islamey?
—Sí.
131
Ella me mira con una sonrisa aliviada.
—¿El dueño de la tienda de música de la que le hablé, en donde
Página
practico? Su nombre es Stogie y...
—¿Qué le da a cambio de practicar allí?
Su sonrisa cae al darse cuenta de lo que estoy insinuando.
—¡Nada! Es el hombre más amable que conozco. —Se avergüenza—.
Sin ofender.
—Ambos sabemos que no soy un hombre amable. Continúe.
Se muerde el labio, pero su sonrisa reaparece, tirando de las comisuras.
—Él también es muy viejo y obstinado y se niega a tomar su medicina.
Así que hizo un trato. Si yo aprendía Islamey, él tomaría sus pastillas sin ser
regañado. —Ella se encoge de hombros—. Me tomó todo el verano. Todo
el día, todos los días.
—Dedicación.
Su sonrisa perdura.
—Aún me duelen las manos.
—Acostúmbrese. Mientras tocaba maravillosamente esa pieza, no fue
perfecto. Empecemos con el Etude Op 10 No. 5 de Chopin para que se
sienta más cómoda con la presión adecuada sobre esas teclas negras.
Mientras saca la partitura y se mete en el estudio, no me muevo, no le
doy espacio. Soy reacio a darle ningún margen de maniobra en absoluto.
Me senté con Prescott Rivard esta mañana en una sesión improvisada
con su tutor de guitarra. Luego hice las rondas con otros músicos de alto nivel
en Le Moyne. El talento es impresionante, pero ninguno es tan competente
o motivado como Ivory Westbrook.
Tengo la intención de cultivarla, pulirla y disciplinarla, mientras obtengo
132
cada gramo de placer que puedo obtener de ella. Pero no puedo darle lo
que ella desea. Quiero este trabajo, lo que significa que no habrá Leopold
Página
en su futuro.
—V
oy a ir a Leopold. —Hago una pausa con el marcador
a media palabra, presionando la punta contra el
pizarrón, mientras el sonido de los zapatos del señor
Marceaux se acerca por detrás de mí.
Tan solo su altura proyecta una sombra sobre mi espalda mientras su
respiración revuelve mi cabello, me susurra al oído como una cinta de satén
que se desliza sobre mi hombro.
—Menos charla, más escritura.
Es solo el quinto día de escuela, y ya planeo todas las formas de
asesinarlo.
Quiero envenenar su café por comenzar la lección privada de hoy con
un castigo. Aunque no olvido que interrumpí su clase el primer día. Él estaba
feliz de recordármelo poniendo un marcador en mi mano y llevándome al
pizarrón en la pared.
Quiero estrangularlo con su detestable corbata de flores amarillas por
hacerme escribir una plana interminable de no desperdiciaré el tiempo del
señor Marceaux.
Con líneas largas y molesta, escribo otra frase y digo:
133
—Tengo diecisiete años no siete.
Página
Golpe
Una fuerte punzada quema mi bíceps y mi mano vuela a frotar la
herida. Quiero arrancarle el bastón de director de orquesta de los dedos y
empalarlo en su garganta. Porque en serio ¿dónde está la orquesta?, no hay
una, sin embargo, gira la maldita cosa como Pherekydes de Patrae y la
golpea contra mis brazos como una monja que maneja una regla.
»Esto es tiempo perdido para los dos —murmuro, garabateando una
frase que dice lo contrario.
Golpe
Una ola de calor florece en mi espalda, justo arriba de mi coxis. Hijo de
puta, eso duele. Tampoco es el peor dolor. Si alguien más me castigara con
un bastón —Lorenzo o Prescott, por ejemplo— gruñiría y lanzaría puñetazos.
Pero él es mi mentor y quiero complacerlo. Mientras planeo su muerte.
Quiero que regrese el profesor de hace tres días. El que me el rostro con
ternura y dijo que mi interpretación lo conmovió. ¿A dónde fue ese tipo?
Quizá sea mi culpa. Estoy fuera de cancha, temí por esta noche toda
la semana. No puedo cancelar a Prescot por más tiempo. Su tarea está
hecha, y soy un manojo de nervios e indignación. Y el fin de semana
comienza mañana, tendré dos días en casa. Dos días con Lorenzo y su ira
por no saber de mí toda la semana.
—¿Qué le dije acerca de cuestionarme? —Los pasos del señor
Marceaux pasean detrás de mí, sus ojos fríos haciendo temblar el cabello de
mi nuca.
Sino lo conociera mejor, cosa que no hago, creería que disfruta esto.
—Decirle a una estudiante que no cuestione a su profesor es la peor
regla en la historia de las reglas
134
Me tenso por otro golpe, pero no llega.
Página
Apoya un hombro contra la parte del pizarrón no escrita junto a mí, con
las manos en su espalda y una sonrisa en su demasiado bonito rostro.
—Lo diré de otra forma. No cuestione mis métodos. —Mira ágilmente al
pizarrón—. Borre las últimas cinco oraciones, e inténtelo de nuevo con la
caligrafía propia de una joven de diecisiete años.
Empujo el borrador sobre el pizarrón con golpes agresivos y comienzo
de nuevo.
—Puedo escribir y hablar al mismo tiempo, y quiero hablar acerca de
Leopold.
—No es lo bastante buena para Leopold.
Me giro hacia él mientras el crescendo de mi corazón resuena en mis
oídos.
—Dijo que mi interpretación de Islamey fue extraordinariamente
apasionada e impresionante.
De pie a un par de metros de distancia, me mira encubriendo algo con
sus ojos —¿Aburrida? ¿Soñolienta?— y se encoge de hombros.
—Fueron superlativos sin sentido, que ahora lamento haber usado.
Mis músculos tiemblan cuando una oleada de furia me golpea. Mis
manos se convierten en puños, y antes de que mi cerebro tome el control,
tomo el marcador y lo arrojo. Justo en su frente.
Salta por las líneas de su ceño y rueda por el suelo junto a sus Doc
Martens. Lo mira, sorprendido por una calma aterradora, antes de arrojar el
bastón de director en su escritorio y fulminarme con su mirada fría.
Ohmierdaohmierdaohmierda. Mi rostro se enrojece como el fuego
mientras tropiezo hacia atrás. Mi hombro golpea el pizarrón, pero sigo,
deslizándome por la pared y hacia la puerta. ¿Qué demonios me pasa?
135
Nunca pierdo la paciencia. ¡Maldita sea, nunca arrojo marcadores a mis
profesores!
Página
Extiende su mano, limpia su frente, y hay brillo en sus dedos. Si señor
Marceaux, el punto negro de mi vergüenza manchó su frente furiosamente
arrugada.
—Lo siento. —Miro hacia la puerta cerrada, deseando estar en el otro
lado, pasando el pasillo, y muy lejos de lo que sea que viene a continuación.
Sin apartar sus ojos de los míos, levanta la barbilla y afloja el nudo de su
corbata. Joder, esto no puede ser bueno.
Cuando sus manos se deslizan sobre la seda, recuerdo otro rumor que
escuché esta mañana sobre las formas depravadas de usar sus corbatas,
cinturones y algunos otros accesorios. No creo en los chismes, pero cuando
miro sus crueles ojos, me desplomo en un abismo de imágenes susurradas
con el estómago hundido.
Con el nudo de la corbata colgando flojo bajo su cuello, arquea el
dedo.
—Venga conmigo.
Dos palabras dichas sin esfuerzo, pero con el poder de devastar mi
futuro. El miedo sacude mi estómago. Si me lleva a la oficina del decano,
¿seré suspendida? ¿O arrojar objetos a mis profesores merece una
expulsión?
Pero no camina a la salida. Se mueve más hacia adentro del aula y
cerca de la esquina, fuera de la vista. Miro a través de la pequeña ventana
de la puerta, hacia el pasillo vacío, y tiemblo con indecisión.
Correr solo lo hará peor.
Me empujo hacia adelante con las piernas temblorosas abriéndome
paso entre los escritorios. Cada centímetro de mi cuerpo incitándome a salir,
136
como un hilo que conecta el camino de mis pies a lo que sea que me espera
alrededor de esa esquina. Cuando alcanzo el piano y lo encuentro sentado
Página
de lado en un extremo del banquillo, mi pulso se acelera, vibrando y
luchando en mis venas.
Señala el suelo bajo el espacio de sus muslos y agitó su muñeca, como
ajustando la posición de su pesado reloj.
Las mangas de su camisa a rayas gris y blanca se unen alrededor de
sus codos. Usa uno de esos chalecos, este es negro con pequeños botones
grises. Mi atención se desvía de la corbata amarilla a la oscura sombra de
su mandíbula, la línea plana de sus labios, y mientras caigo en la
escalofriante trampa de sus ojos, me doy cuenta con renovado pánico de
que lo estoy haciendo esperar.
Me apresuro hacia adelante y me paro donde él me indica,
balanceándome inestable entre sus piernas extendidas.
Ahí está ese dedo que se encorva de nuevo, indicándome que me
acerque más y más, y el Señor me ayude, cuando finalmente estoy en la
posición que él quiere, mis pechos están justo en su rostro. Arqueo mi
columna, intentado retraerlos, pero maldita sea, están ahí y no hay nada
que pueda hacer al respecto.
El calor hormiguea en mis mejillas mientras descaradamente mira
fijamente bajo el escote de mi blusa. Me hace sentir asquerosa, barata, y
muy jodidamente enojada.
Agarro el escote para levantarlo.
Su mano toma mi muñeca, tirando de mi brazo a mi costado.
»Deje de moverse y enderece la espalda.
Hago lo que dice, aunque estoy a punto de implosionar con la
ansiedad por la posición de nuestros cuerpos y su silencio por el incidente
137
del marcador.
Página
—¿Me reportará con la decano?
—Administro mis propios castigos. —Gesticula su frente—. Arregle esto.
—¿Arreglarlo? —La saliva se atora en mi garganta—. ¿Frotándolo?
Me mira como si fuera la chica más tonta del mundo. Si, bueno, solo
una chica tonta se pondría en esta situación.
Con la mano temblorosa, presiono la almohadilla de mi pulgar contra
la tinta encima de su ceja. No sé qué estaba esperando —¿frías escamas
de reptil?— Pero su piel es suave y cálida y humana. Mientras presiono con
más fuerza, mi mano libre toma la parte de atrás de su cabeza, y mis dedos
se deslizan entre sus suaves mechones negros. Se siente tan… personal,
afectivo, anormal.
Su rostro está a unos centímetros bajo el mío, los músculos de sus mejillas
se relajan, sus labios están ligeramente separados y sus gruesas pestañas
abanican hacia abajo. Es realmente guapo. Aunque todo en él es
potentemente masculino. Desde el olor a madera de su champú y la forma
cuadrada de su mandíbula hasta su estrecha cintura y el modo en que sus
musculosas piernas ajustan el corte de sus pantalones negros, todo esto me
recuerda que mi futuro depende de los caprichos de un hombre.
Un hombre con tinta en la frente.
Froto un poco más fuerte.
»No se quita.
—Use saliva.
Mi asquerosimetro gira hacia guácala, pero ya estoy hasta las tetas en
problemas, así que a lamer mi pulgar y continuar fregando.
—¿Cuál es mi castigo?
138
—¿Se está quitando?
Página
—Sí, lo siento mucho, señor Marceaux. —Limpio los rastros finales y dejo
caer mis brazos—. Se fue.
—Ponga sus manos donde estaban.
¿Por qué querría mis manos en su cabello? ¿O su rostro? Se siente tan…
extraño. Impropio. Pero lo pidió. No, ordenó, maldita sea, ¿porque es tan
difícil desobedecerlo?
Pongo mis manos exactamente donde estaban, y por alguna razón, es
más fácil esta vez, menos torpe. Me mira, y múltiples tonos de azul
fluorescente brillan en sus ojos. Hace un gesto con su boca, no de modo
desagradable. De alguna manera sus labios carnosos lo hacen parecer más
suave. Creo que son mi atributo favorito.
El hecho de que tenga un atributo favorito en cualquier hombre me da
un respiro, pero no recuerdo haber visto a alguien tan atractivo como el
señor Marceaux. Ni en la televisión o en las revistas o en persona.
Definitivamente no de cerca. Estoy consciente de la presión de sus muslos
contra el exterior de mis piernas, la entrepierna de sus pantalones rozando
mis rodillas, y la calidez de su aliento susurrando en mi clavícula. Pero su
cabeza en mis manos me hace querer alejarlo y acercarlo al mismo tiempo.
Nunca he tocado a un hombre así. El cosquilleo de su cabello entre mis
dedos, las musculosas líneas de su rostro en mis manos, el roce de su barba
casi inexistente, cada sensación debajo de mis dedos me llena de miedo y
éxtasis y es un caos.
Pienso de nuevo en el rumor, acerca de por qué se fue Shreveport.
¿Puede pasar lo mismo aquí, conmigo? Mis dedos se aferran a su cabeza.
Se lame los labios.
»Dígame en qué está pensando.
139
Quiero quitar mis manos, pero no me atrevo.
Página
—Escuche a un par de chicas susurrando sobre usted en la primera
hora.
—Siga.
—Dijeron que su nombre de pila es Emeric.
—Difícilmente suficiente para susurrar sobre ello. —Descansa sus
muñecas en los muslos, sus dedos penden detrás de mí, y la proximidad
hace que mis piernas piquen—. ¿Qué más?
—Shreveport.
—Ah. —Sus dedos rozan mis rodillas y esta vez estoy segura de que lo
hace deliberadamente—. Señorita Westbrook, no me haga extraer todos los
detalles de usted.
—Dijeron que lo despidieron. —Mi palma se siente pegajosa en su
mejilla, así que dejo caer mis manos en el cuello de su camisa—. Porque
alguien entro en el salón y lo encontraron con una mujer.
Arqueo la ceja.
—¿Es todo?
—No. —Aclaro mi garganta—. Supuestamente la boda de ella estaba
amordazada con su corbata.
—¿Y?
—Sus muñecas estaban atadas con su cinturón. —Sigo adelante con el
resto—. Su cuerpo estaba doblado sobre el escritorio mientras tenía sexo con
ella por detrás. Esa es la versión extendida de lo que escuché.
Sus manos se cierran alrededor de la parte de atrás de mis rodillas.
140
—Guau.
Página
Guau es correcto. Las locuras que dice la gente.
Una sonrisa pasa por sus labios.
»Eso es sorprendentemente exacto.
—¿Qué? —Mi pecho se levanta mientras empujo sus hombros.
Pero se anticipa, engancha sus brazos alrededor de mis piernas y va
hacia arriba para rodear mi cintura mientras se levanta. Patea el banco
fuera de su camino y nos lleva a la pared más cercana.
Mi espalda se presiona contra los ladrillos y su pecho está a la par del
mío acorralándome ahí.
—Respira profundo, Ivory.
Ivory. La palabra más íntima que he oído de su boca. Mi piel se
estremece con un extraño placer.
Toca mi cuello con sus labios.
»No respires.
Lleno de aire mis pulmones, pero no funciona. Me siento tan pequeña
y frágil en sus fuertes brazos, sujetada contra su enorme cuerpo. Su pecho,
bíceps, estomago, muslos… Dios mío esta duro en todas partes y yo estoy
suave. Y caliente. Muy caliente. Creo que tengo fiebre. Definitivamente
vomitaré si se quita la corbata y el cinturón.
Con las manos apretadas en sus hombros, trato de mover los músculos
inmovibles.
»Fue consensual ¿Sabes lo que eso significa?
Sacudo la cabeza, no estoy segura pero quizá si lo sé.
—¿Cómo un acuerdo?
141
—Sí. Solo que ella no solo estaba de acuerdo. Ella suplicó.
Página
—¿Por qué? ¿Por qué querría eso?
—Joanne es… —Mira hacia otro lado y estira su cuello para frotarse la
barbilla contra el hombro. Arquea las cejas, y toda su actitud de pronto
parece extrañamente sutil. Cuando vuelve la mirada, lo hace con
intensidad, y sus brazos se aprietan alrededor de mi cintura—. Ella es como
tu.
—¿Yo? —Me doblo contra él—. No quiero esas cosas. Ni siquiera me
conoce.
—Dime que sientes ahora mismo.
—Miedo. Me está asustando.
Sus labios se ciernen a un beso de distancia el olor a goma de mascar
de canela perfuma su aliento.
—Sí, pero hay algo más. Descríbelo.
—Mi corazón late fuerte. Ardiendo, y mi estómago se siente como un
bloque de hielo.
—Tu corazón y estómago. ¿Dónde más? Describe la sensación en tus
pezones.
Un destello de calor se propaga por mi cuello, a través de mi pecho y
se construye en mis piernas. Aprieto los muslos juntos, humillada por la
reacción, confundida por el flujo de extrañas emociones pero me aferro a
la sensación que entiendo.
—Esto es incorrecto.
—No es incorrecto. Es inapropiado. Pero tenemos un pasado
inapropiado desde el primer día. Dime como se sienten tus pezones. No
criticaré tu respuesta siempre y cuando sea la verdad.
142
Tomo una respiración temblorosa y le doy lo que quiere.
Página
—Pican y aprietan.
—Buena chica.
El hormigueo en mis piernas se hace más fuerte, más exigente.
Empuja su cadera contra la mía para que deje de moverme, y la parte
más dural, la que más odio, golpea contra mi estómago.
»Ahora ponle nombre a todas esas sensaciones.
—No lo sé. —No puedo respirar. No puedo pensar—. No puedo.
—Indaga más profundo Ivory.
Mi garganta se cierra.
»¿Qué sientes cuando no has comido?
—Hambre
Sus duros ojos están demasiado cerca, demasiado inseguro.
—¿Qué tal si ves un hermoso piano?
—Lo quiero.
—¿Y cuándo te elogié después de tu interpretación de Islamey?
—Deseo más.
—Hambre. Querer. Deseo. ¿Eso es lo que sientes mientras de sostengo
contra la pared?
¿Lo es? La dolorosa hambre entre mis piernas, el latido de mi corazón
está fuera de control, y la ardiente necesidad de expresarlo, ¿habla de eso?
Mi cabeza esta confundida. Sí, es un hombre hermoso, y he escuchado a
todas las chicas decir que quieren hacerlo con él. Y si, ansío su aprecio por
143
mi talento y ser su buena-chica y la calidez de su mano en mi rostro, ¿pero
esto? ¿La longitud de su cuerpo cerca del mío? ¿Manteniéndome inmóvil?
Página
Solo me sujeta. No está agarrando mis tetas o empujando entre mis
piernas. Está llamando mi atención. Preguntándome lo que siento. Sin
tomarme.
Jesús, quiero esto, de alguien en quien confío, de mi profesor, y no
debería.
—Creo que es deseo. Y vergüenza. —Humillación.
Presiona sus labios contra mi frente.
—Mmm. Esa es mi chica.
—No quiero ser atada, amordazada y…
Su dedo calla mi boca y luego regresa a mi espalda.
—Ahora no. Pero lo querrás. La idea te consumirá. Después hablaremos
de ello nuevamente.
—Pero es mi profesor.
—Dije que hablaremos de ello. —Se inclina hacia atrás y apoya sus
manos en mis caderas—. ¿De dónde sacarás el dinero para pagarme?
El cambio de tema me da un latigazo.
—Lo tendré el lunes, lo prometo.
—Eso no fue lo que pregunté.
Cierro los ojos, bloqueando su mirada perspicaz. Sabe que mi mamá
está desempleada. Estoy aquí hasta las siete cada noche y practicando con
Stogie hasta las once, así que sabe que no puedo trabajar. No hay forma
de que le diga que hago la tarea de Prescott y básicamente me prostituyo
para pagar las cuentas. Y no sé por qué, pero mentirle me asusta más que
144
si descubre la verdad.
Página
Abro los ojos, y hago lo único que puedo hacer, sacudo la cabeza.
Su expresión se endurece, y su ceño supera mi mundo.
»Hablemos del castigo por tirarle mierda a tu profesor.
Está a unos centímetros de mi rostro, con un fulgor aterrador y un
cuerpo dos veces más grande que mi tamaño. ¿No es suficiente castigo?
—Tienes una opción. Dime cómo consigues el dinero. O desnuda tu
trasero para unos azotes.
Toda la sangre bajo de mi rostro a los pies. No hay opción.
145
Página
F
lexiono mis manos contra la cintura de Ivory, mi cuerpo entero
vibra con el pensamiento de sus enrojecidas y apretadas nalgas.
Pero mi cerebro le grita que elija la otra opción, que me cuente
sus secretos y me lleve lejos de esta peligrosa tentación.
Con la pared detrás de ella y sus preciosas tetas que se elevan y caen
sobre mi pecho, levanta sus marrones ojos y me susurra:
—Los azotes.
Su respuesta me golpea en las tripas y viaja hasta mi ingle, arrancando
un gruñido de mi garganta e impulsando mis caderas con hambre contra
las de ella. Jadea cuando me siente.
Joder, ¿cómo podría no sentirme? Esto nunca había sido tan difícil en
mi vida.
Es un error. Es Shreveport y Joanne y una maldita pendiente hacía la
ruina otra vez.
Sostengo mi pesado cuerpo en contra del suyo, y mis dedos enterrados
en su cintura.
Ella no es Joanne. Esto no es amor ni cariño. Incluso no es sexo. Tengo
146
el control, y su castigo es merecido.
Página
Liberándola, me vuelvo un paso y se calma mi respiración.
Le di la opción, soy un hombre de palabra.
—Date la vuelta. Manos en la pared.
Su rostro es una hoja en blanco mientras gira lentamente y sigue mi
orden. La corta falda marrón marca el contorno de su erótico trasero,
mucho mejor que la cosa negra que usaba unos días antes. El bulto de sus
nalgas no es ni muy grande ni muy chico, proporcionado a su pequeña
cintura y perfecto para mis manos.
Pero los bordes gastados y descoloridos de su ropa son la advertencia
de que todo esto no es sobre lo que está debajo de su corta falda. Más allá
de mi hambre de disciplina y placer, siento un doloroso deseo de satisfacerla
de todas la maneras.
—No te muevas.
Me vuelvo y ajustó la protuberancia detrás de mi cremallera. Camino
afuera de la alcoba y entro a la parte principal del aula, hecho una mirada
a la puerta. Sigue cerrada. No está trabada, pero sus bisagras crujen cuando
se abre, dándome cinco segundos antes de que un intruso entre al salón y
rodee la esquina.
Cuando vuelvo hacia Ivory, mi teléfono vibra en mi bolsillo. Irritado con
la interrupción, considero ignorarlo, pero tal vez esto me distraerá del error
que estoy a punto de cometer. Miro la pantalla.
Joanne: Estoy en la ciudad este fin de semana. Necesito verte.
El espacio vacío de mi corazón se aprieta fuertemente. Saco goma de
147
mascar de mi bolsillo y mastico entre mis molares.
Página
El teléfono zumba otra vez.
Joanne: Necesito tu dirección.
Ella es persistente al buscarla, pero no la obtendrá de mí.
Ahora estoy más irritado que hace treinta segundo atrás.
Apago el teléfono, lo tiro encima del escritorio, y regresó mi atención a
Ivory.
Con sus manos planas contra la pared y la mirada en el piso, no se
había movido. Excepto sus pies. Están juntos, y sus rodillas tiemblan
visiblemente debajo de su falda.
Ella sabe que esto es inapropiado, que estamos haciendo algo que no
deberíamos. Pero dudo que sea consciente de la emoción de este riesgo, y
la emoción de ser atrapados le aumenta la transmisión de dopamina a su
cerebro y le eleva la excitación de su cuerpo.
La posibilidad de escapar con alguien que es perversamente prohibido
solo alimenta a mi bestia y me hace estar más hambriento. Merodeo cerca.
»Amplía tu postura.
Desliza sus pies a los costados e inclina su cabeza, como si me estuviera
escuchando. Suavizo mis pasos, forzándola a que se concentre y rastree mi
acercamiento.
Cuando la alcanzo, me pego, presionando mi excitación contra su
trasero. Sin forzarlo. Solo haciendo que sienta lo bien que encajamos juntos
148
mientras la sostengo con mi cuerpo y mis manos en su cintura. Sus hombros
se contraen casi tocando sus orejas, y su inhalación queda estancada en su
Página
garganta.
Corro su cabello hacia un lado, y arrastro un dedo por su nuca, después
acerco mi mejilla a la suya.
—Ultima oportunidad para cambiar de parecer.
No cambies de parecer.
Sus palabras salen con una respiración entrecortada.
—Solo termine.
Mi corazón se agita cuando me muevo a la derecha y mi mano
dominante golpea contra su culo. Es solo un golpe de calentamiento, pero
se para sobre los dedos de sus pies y chilla de manera sexy.
Mi polla se hincha, presionando atrapada detrás de mis pantalones. Mis
dedos hormiguean por tocarla, por acariciar y marcar su impecable cuerpo.
—Abre tu boca.
Aparta sus labios, titubeante, su barbilla tiembla con aprensión. Es tan
malditamente hermosa.
Saco mi goma de mascar de mi boca y la pongo en la de ella. Se
sacude hacia atrás, pero agarro su cabeza y le colocó la goma entre sus
molares con un apretón de mis dedos.
»Mastica. —Le acaricio la mandíbula mientras la flexiona—. Buena
chica. Ahora agárrate de ahí. Sin gritar.
Deslizo mis manos por sus muslos, alcanzando su piel desnuda. Su
respiración se acelera cuando levanto su falda con mis puños, subiendo
más, y más, hasta llegar a su magnífico trasero y alrededor de su cintura.
La piel de gallina pica entre mi manos cuando la acaricio en la parte
149
de atrás de sus piernas, el pliegue qué hay entre sus muslos y su trasero, y el
recorte de sus bragas que le marcan sus nalgas.
Página
Engancho mis dedos debajo de los bordes del encaje, empujo el
material más arriba, tirando del pequeño trozo a lo largo de su grieta para
exponer más carne.
Flexiona y contrae sus glúteos en mis manos, y mi pulso se revoluciona.
Es tan suave y firme, estremecedora y caliente. Tan malditamente sensible.
Quiero arrancarle las bragas para hacer esto, pero con una visión de
su coño descubierto va a hacer imposible que mi polla se quede adentro
de mis pantalones.
Escuchando la puerta, doy un paso hacia atrás. La vista de su culo
marcado por el encaje y por el tirón del algodón, más la forma de su coño,
amenazan con doblar mis rodillas.
»Cuatro golpes —le digo bruscamente y con fuerza en la voz. —Dos en
cada nalga.
Mira fijamente la pared, sus dedos se doblan contra los ladrillos con la
serie de sacudidas a través de sus nalgas.
Con una profunda respiración, dejo que mi mano vuele, aplicando más
fuerza está vez, pero me contengo. La palmada suena en la habitación, y
su cuerpo responde como la cuerda de una guitarra, estirándose, vibrando,
sus cuerdas vocales zumbando exquisitamente. Entonces se recompone,
volviéndose estable y tranquila.
Una mano rosada aparece impresa en su carne. Le masajeo su piel
caliente, y ella menea su trasero, solo un poco, pero eso dice mucho. Está
asustada, probablemente aterrorizada, pero no corre o grita o me empuja
lejos. Frota su trasero contra mi toque, preparada para que la lleve a donde
yo quiero.
Caminando hacia un lado, le doy los tres siguientes golpes seguidos,
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cada uno más duro que el anterior y alternando sus nalgas. Gime
suavemente, arqueándose hacia atrás, sacude sus caderas, y se eleva
Página
sobre los dedos de sus pies. Pero nunca se separa de la pared.
Le gusta duro, ser humillada, necesita ser dominada. Si fuera consciente
de esto, nunca lo admitiría. Probablemente porque nunca tuvo experiencias
en los temas adecuados y con las personas adecuadas.
En un salón de clases con su profesor… sigue sin ser correcto. Y aquí está
ella, suspendida contra la pared, con sus pies separados y su trasero hacia
afuera, porque se lo ordené.
Ella está hecha para mí, para instruirla, castigarla y disfrutarla. Quiero
entrar en ella con una intensidad agonizante que mi cuerpo tiembla. Quiero
hacerlo en su boca, en su coño, y en su alma. Quiero desgarrarla con mi eje,
y volver a juntarla, y hacerlo todo otra vez. Joder, necesito a esta chica.
Y no puedo tenerla.
Su frente descansa contra la pared, después de un profundo suspiro, la
tensión se drena de sus músculos.
Me agacho por detrás y le enderezo las bragas, mientras le acaricio la
piel marcada y voy sintiendo como sus piernas tiemblan con mi toque. Le
ajusto la falta también con cuidado, y voy amasando su trasero y sus muslos
con calma. Cuando me vuelvo a poner de pie, la giro hacia mí, con mis
manos en sus caderas para estabilizarla.
Parpadea hacia mí, con sus ojos desenfocados, y unas arrugas
marcadas en su frente.
»¿A dónde fuiste, chica hermosa?
—A un lugar profundo.
Endorfinas, adrenalina, miedo, y excitación son un cóctel embriagador,
y ella se ve absolutamente asombrosa en su descubrimiento.
151
Agarro su barbilla y la levanto más.
—La goma de mascar.
Página
Cubre su boca con sus dedos y susurra detrás de ellos.
—Yo... me la tragué.
La próxima vez le recordaré que debe mantenerla para que cuando
me la devuelva pueda pasarle la lengua entre sus labios.
La levanto, enganchando mis brazos en sus piernas y en su espalda. Ella
se ve tan robusta y tan firme con su altura, tiene curvas, y tetas llenas, pero
cuando la tengo acunada en mi pecho, es ligera como una pluma o un
billete de diez dólares.
Sentándome en el banco del piano, la siento de lado en mis piernas, y
pasó un dedo por su brazo.
Se estremece y retuerce en mi regazo, causando estragos en mi
palpitante erección. Pero no me aleja, y en su lugar se da la vuelta y me
enfrenta.
»¿Esa cosa que hacía con su dedo? —Con un brazo atrapado entre los
dos, mira al otro, que está doblado en su regazo—. ¿Lo hará otra vez?
¿Un toque? ¿Es eso lo que quiere?
Ella quiere afecto.
Muevo mi boca a un centímetro de la suya y la miro fijamente.
—Suplica.
Baja su barbilla, y aprieta su mandíbula, pero no aleja su mirada.
Después de un latido, dos, tres, relaja su rostro, y separa sus labios.
—Por favor.
Una ola de calor pasa a través de mí. Soy esclavo de sus susurradas
152
palabras.
Página
Pasando mis dedos por sus hombros, bajo hasta sus mangas cortas, sigo
por la piel satinada de su brazo, y me quedo en los nudillos de su mano.
Cuando estira sus dedos, trazó la longitud de ellos, maravillado por cómo
tan frágiles huesos pueden moverse ferozmente a través de las teclas del
piano.
Revolotea sus pestañas, y sus fosas nasales se inflaman con las
profundas inhalaciones. Ella ama esto, mis manos sobre ella, dándole placer.
Cuando abre sus ojos, sus pupilas tan grandes tapan el color marrón de
sus ojos.
»¿Qué más es lo que hace?
Cristo, está chica está matándome. Su inocencia, su curiosidad, su
preciosa sumisión, ella es como masilla, rogando ser moldeada. Pero no es
solo eso. Su falta de autenticidad y de privilegios despierta algo en mí. Me
hace sentir protector. Posesivo. Tal vez incluso... ¿deseoso?
—Puedo hacer muchas cosas, Ivory. —Toco un lado de su rostro y paso
mi mano a través de su grueso cabello, acaricio su oreja y la parte de atrás
de su cabeza—. Pero esta situación… es delicada. —Escandalosa. Peligrosa.
Criminal.
Quiero mostrarte todo.
Me inclino más cerca, tanto que nuestras respiraciones se mezclan.
Te mostraré mientras estoy enterrado en tu garganta.
Tan cerca que nuestros labios se rozan, separados, y permanecen
inmóviles con la anticipación de tocarse de nuevo.
Te lo mostraré mientras me corro entre las paredes de tu coño.
153
Aprieta sus muslos contra mí, y mi corazón se acelera.
Página
Te lo mostraré mientras te voy marcando. Poseyendo. Adorando.
Quiero besarla. Tengo que hacerlo. Solo una probada.
Apretando mi mano contra la maraña de cabello, la acerco a mi boca.
Y paro.
¿Algo se movió cerca de la esquina? Hecho un vistazo a las crujientes
bisagras unos segundos demasiado tarde.
La pequeña profesora rubia del departamento de música atraviesa de
la esquina justo cuando dejo a Ivory sobre el banco al lado mío. Un sabor
amargo me inunda la boca. ¿La habrá visto la señorita Augustin sentada
encima de mí? Definitivamente nos vio separarnos.
Estrecha sus redondos ojos, mirando de mí a la estudiante a la que
acabo de darle unos eróticos azotes, contengo mi respiración.
Aquí está el problema con las erecciones. Ellas no bajan solo porque el
resto del cuerpo está volviéndose malditamente loco. La escuela podría
estar en llamas y la maldita cosa va a estar alta y orgullosa como el asta de
una bandera, llamando la atención en los peores momentos posibles.
Afortunadamente, el piano se encuentra entre mi erección ondeando
y la señorita Augustin.
—¿Interrumpo algo? —dice con sospecha en su tono—. Son pasadas
las siete, y pensé qué…
Pensó que podía seguir dándome todas esas miradas calientes como
en los pasillos, o en la sala de maestros, o en las reuniones de personal que
hacían todas las semanas. Ella pensó que pasaríamos un viernes en la noche
hablando en el camino hacia mi cama.
—No se preocupe —le digo casualmente. Andrea Augustin es un
154
problema, uno que estoy determinado a resolver—. La señorita Westbrook
justo estaba saliendo.
Página
Ivory se desliza del banco y se va sin mirarme. No, es que su atención
esté centrada en la profesora. No puedo verle el rostro, pero le da a la
señorita Augustin espacio al pasar, acelera sus pasos cuando cruza la
esquina y desaparece.
—Ten un buen fin de semana, Ivory —le grita Andrea.
La puerta del salón se cierra con un leve chasquido.
Todos mis músculos están tensos por correr detrás de ella, pero tengo
que tratar primero con este problema.
Andrea se vuelve hacia mí, con las manos en las caderas, el tono de su
voz pasa de ser agradarle a un gruñido.
—¿Qué estabas haciendo con ella?
En la jerarquía de la facultad, técnicamente ella está muy debajo de
mí. Yo soy el Director de Estudios de Teclado y ella es solo una profesora.
Quiero usar esto a mi favor, pero ella vio lo que vio. Es suficiente para reportar
mi comportamiento. Suficiente para que me despidan. O para que me
arresten.
Con Ivory, no quiero nada entre los dos, excepto la verdad desnuda.
¿Pero con Andrea? Todo lo que le voy a dar es la mentira mejor disfrazada.
—Te estaba esperando.
Baja los brazos a los costados, y parpadea.
—¿Lo hacías ? —Sus ojos se entrecierran—. ¿Por qué estaba Ivory
Westbrook sobre tus piernas?
Doy un suspiro por la impresión, y ahora que mi polla se ha calmado
finalmente, me pongo de pie.
155
—Necesito recoger mis cosas. Sígueme, y te lo explicaré.
Página
Caminamos hacia la entrada del aula, voy cerca de ella, más cerca
de lo aceptable, mi brazo rozando el suyo, estiro mi cuello y la miro para que
tenga el impacto de mis ojos sobre ella.
—¿Sabes que su padre está muerto? ¿Que fue asesinado hace un año?
—Si. Todos saben eso.
—Bueno, yo no. —Voy al escritorio, finjo que voy a apagar mi laptop, y
abro el programa enfocando la tapa trasera hacia ella.
»Justo me estaba contando sobre eso, se puso un poco llorona, y yo la
consolé.
—¿Sobre tus piernas? —dice cruzando sus brazos.
Es absurdo mentirle, o escapar. Voy a tener que hacerlo de la manera
difícil.
Paseo por alrededor del escritorio, con mis manos en la espalda, y dejo
recorrer mi mirada por todo su cuerpo.
—Se lo que quieres Andrea.
Retrocede un paso, chocando contra el escritorio de un estudiante, y
sus dedos se acercan y juegan con su pendiente.
—¿Qué quieres decir?
—No seas tímida. He notado cómo me miras, o tus sonrisas coquetas, la
manera en que juegas con tu cabello y tus joyas cuando yo te estoy
mirando.
Deja caer su mano y suspira.
—Emeric…
156
Con tres pasos, cierro nuestra distancia, acorralándola contra el
Página
escritorio pero sin tocarla. Me aflojo y desato mi corbata, y la deslizo por mi
cuello. Si Ivory escuchó lo de Shreveport, es probable que Andrea también
lo hiciera y esté pensando en eso. Apuesto a que está aquí por esos rumores,
con su rostro sonrojado y sus ojos entrecerrados siguiendo el trayecto de mi
mano al enroscar la seda.
Le acerco mi boca a su oído.
—¿Quieres que te ate?
Se sienta hacia atrás, descansando su trasero en el escritorio. Separa
más sus rodillas y da la bienvenida a mi empujón con las cajeras.
»¿Quieres comerte mi polla? —le digo con mi voz ronca y acelero mi
respiración, insinuando que quiero esto, también.
Por desgracia, mi polla se rehúsa a ayudarme en la estrategia, así que
mantengo un poco de espacio hacia sus muslos, donde está cubierta por la
falda suelta.
Se agarra a mis bíceps, y me empuja sus pequeñas tetas, pero su
atención queda centrada en la puerta cerrada.
Apoyo mi boca en su cuello, exhalo y finjo una corriente de deseo.
—Todo el mundo de ha ido a su casa por el fin de semana, ¿verdad?
—Si.
—Además, nadie puede vernos desde la ventana. —Me inclino hacia
atrás—. Te daré una oportunidad, Andrea. Dime exactamente, ¿qué es lo
que quieres?
Su mirada se posa en mi mano y la corbata, estura sus dedos, y traza el
contorno de la seda.
157
—Yo-yo... quiero lo que has dicho. Pero no podemos. No se puede aquí.
Mira la puerta cerrada, y lame sus labios.
Página
—No, aquí no. —Me alejo y vuelvo al escritorio, me apoyo justo al lado
de la laptop—. Pero antes de que te vayas a casa, tienes que mostrarme
cuánto me deseas.
La excitación brilla en su rostro. Entonces entorna sus cejas.
—¿C-cómo?
—Muéstrame cuan mojada estás. Vamos. Nadie más lo verá.
Su expresión se contrae en una batalla entre la incertidumbre y el
deseo. Sé quién ganará, pero alarga el silencio, haciéndose a sí misma, una
mezcla de sofocada ansiedad.
Finalmente, su respiración se calma, y sus manos buscan a tientas el
contorno de la falda.
—Extiende tus piernas, Andrea.
Lo hace, con los ojos en la puerta mientras siente alrededor de sus
bragas de satén.
—Cómo voy a-
—Baja tus bragas. Andando.
Mueve su cabeza y hace un poco de ruido.
Realmente no estoy prestándole atención, pero la dejo que se toque
un momento.
»Levanta tu mano ahora.
Levanta su brazo, mira sus dedos y sonríe. No me interesa si están
mojados o no. Ya tengo todo lo que necesito.
158
Golpeó una tecla en la computadora, y me pregunto si le hago saber
lo que he hecho.
Página
Es mejor ser proactivo, que ser reactivo.
Agarro la pantalla, y le doy la vuelta hacía ella, retrocedo el video
silencioso hasta la parte más jugosa.
La conmoción viene primero, palideciendo su tez y paralizándola.
Después el enojo.
—Qué... —Arregla la falda y la acomoda en su lugar, aprieta los puños
a los costados y se abalanza contra mí—. ¿Qué has...? Oh por Dios,
¿grabaste eso?
Con la cámara frontal de la laptop, conseguí todo mientras me
mantenía fuera del foco de las imágenes incriminatorias.
Golpeo la tapa y la cierro.
—No joda conmigo, señorita. Augustin.
Se vuelve en sus pasos, se envuelve con sus brazos y me mira con horror.
—¿Por qué lo harías...? —Un profundo rojo envuelve sus mejillas—. ¿Qué
es lo que vas a hacer con eso? ¿Todo esto se trata de Ivory? —Cubre su
rostro con sus manos, y un sollozo ahoga sus palabras—. Necesito el…
trabajo. No puedo perderlo…no puedes hacerme esto.
—No hice nada con Ivory. Pero tú te has masturbado en mi salón.
—Guardo mi laptop y la corbata en mi bolso y me vuelvo hacia ella, usando
una expresión parecida a mi tono de voz más intimidante—. Mantente
alejada de mi salón, alejada de mis asuntos, y nadie va a ver este video.
Vuelve su mirada fija a mí, derrotada. Traicionada. Sip, conozco muy
bien esa sensación. Es solo que no estoy tratando de robarle su trabajo a
Andrea. Simplemente quiero mantener el mío.
El odio penetra en su mirada.
159
—Entonces lo que ellos dicen de ti, es cierto.
Página
—No sabes ni la mitad de ello.
Cuelgo mi bolso en mis hombros, le doy una encantadora sonrisa, y
salgo al pasillo.
»Buenas noches, señorita Augustin.
160
Página
P
rescott enreda su mano en mi cabello, sosteniendo mi rostro
contra su regazo.
Su polla apuñala la parte de atrás de mi garganta, y me
atraganto.
Corbata de flores amarillas. Goma de mascar de canela.
La hebilla de su cinturón se clava con los empujes. La consola entre los
asientos delanteros cava en mi pecho.
Fríos ojos azules. El calor de su palma en mi trasero.
Una canción de pesado suena desde la radio del auto, y no puedo
encontrar mi lugar seguro. No estoy lo suficientemente entumecida, no lo
suficientemente lejos. Estoy tratando, tratando... No puedo reunir las notas
para la Sonata N° 9 de Scriabin.
El sonido de un reloj metálico. El gentil golpe de su respiración.
Lagrimas brotan en mis ojos y se aferran a mis pestañas. No puedo
concentrarme. No puedo escapar.
Todo en lo que puedo pensar es en los azotes y en cómo no me
importaría otro si termina con un casi beso del señor Marceaux.
161
Página
A
cuñada entre la fiambrería Engánchalos y una tienda de joyería
vintage llamada Peón de los Muertos reside la única tienda de
música en Treme. Al menos, creo que esta es una tienda de
música. De pie sobre la acera rota, cuelgo mis gafas de sol en el cuello de
mi camiseta y entrecierro los ojos contra el resplandor del sol.
Las barras de seguridad entrecruzan el vidrio de enfrente. No hay signo
de abierto o cualquier tipo de anuncio, y la suciedad en las ventanas
oscurece mi vista del sombrío interior. Ya que es sábado, la tienda podría no
estar abierta. Encontrar a Ivory dentro es incluso menos probable.
Pero no estoy aquí por ella. Anoche no podía dormir pensando en de
donde consigue su dinero y quien puso esas inquietantes sombras en sus
ojos. Este tipo Stogie podría ser una avenida a las respuestas, y con suerte,
esta visita calmará mi molesta necesidad de conocer al hombre con quien
ella pasa su tiempo.
Compruebo mi teléfono, confirmando la dirección, y pruebo la puerta.
El sonido de la campana encima de mi cabeza me anuncia mientras
entro en una habitación llena de instrumentos. Voces susurran desde la parte
de atrás, guiando mis pies a través del laberinto de estantes, juegos de
baterías, y basura miscelánea.
162
—Necesitas comer más.
Página
No puedo verla alrededor de las filas de los estantes de exhibición, pero
su sexy canturreo acelera mis pasos y mi cuerpo zumba con entusiasmo.
Vine aquí para encontrarme con un hombre llamado así por un cigarro,
esperaba entrar en una vieja nube de cuero y humo, pero en su lugar, el aire
es extraordinariamente fresco, especialmente para un edificio tan antiguo.
—Deja de molestar —dice una voz profunda—, y deja dormir a un
anciano.
—Pero tienes un cliente. —Su suspiro sale de detrás de un estante lleno
con libros.
Doy un paso a la vista y la encuentro sentada en el piso, de espaldas a
la pared, y las piernas desnudas extendidas ante ella. Mis manos se flexionan
mientras silenciosamente agradezco a los dioses de la moda por los
pantalones cortos. Ella es una fantasía semidesnuda de piel bronceada y
curvas tortuosas. Una fantasía ilegal.
Los parpados se levantan, sus ojos chocan con los míos y se ensanchan.
El libro de texto en sus manos cae al suelo para unirse a la docena de otros
que la rodean.
»¿Señor Marceaux?
—Señorita Westbrook. —Estoy impresionado con la salvaje urgencia de
sonreír como un imbécil, pero logro mantener una máscara estoica.
Su mirada barre mi cabello desaliñado y camiseta hasta mis jeans
oscuros y Doc Martens. Desearía poder leer sus pensamientos mientras ella
me ve por primera vez sin la pompa de chalecos y corbatas. Hace otra
pasada de cabeza a los pies, mordisqueando su labio y revolviendo un
torrente de emociones dentro de mí.
163
El anciano a su lado se sienta más alto en la silla de metal. Una
deshilachada gorra de béisbol se alza sobre su cabeza calva, y arrugas
Página
horizontales pliegan el puente de su nariz, profundizándose en más líneas en
su frente de piel oscura. Su sonrisa de boca cerrada es del tipo que los
hombres utilizan cuando están desdentados y tienen... ¿ochenta?
¿Noventa? No lo sé, pero el tipo es viejo.
Su brazo tiembla cuando alcanza la pared en un intento de pararse.
»No se levante. —Camino hacia él, ofreciendo mi mano para sacudir la
suya—. Soy Emeric. Usted debe ser...
—Stogie. —Aprieta mi mano con un agarre sorprendentemente fuerte
y se vuelve a sentar.
Ivory se inclina para ponerse de pie, y su pequeña camiseta me
muestra una pecaminosa visión de sus tetas. Jesús, joder, si ella no ajusta esa
camiseta, estaré excitándome con ninguna manera de ocultarlo.
Agarrando el escote bajo en un tirón sutil, ella me mira con una
expresión desconcertada.
—¿Qué está haciendo aquí?
Me encuentro con la mirada vigilante de Stogie y le dejo ver las
preguntas en la mía. ¿Sabe quién soy? ¿Cuán bien conoce a Ivory?
Engancha sus pulgares debajo del elástico de sus tirantes rojos y me
mira descaradamente de arriba a abajo. Su sonrisa se desvanece, y su
cuerpo se endereza. Aparentemente, sus ojos turbios ven mucho más de lo
que aparentan.
—Ivory, ¿por qué no vas a la parte de atrás y calientas una de las
comidas congeladas?
Ella cruza sus brazos, los ojos entrecerrados.
—Oh, ¿ahora quieres comer?
164
Página
—Me encantaría una taza fresca de café y un poco de ese pastel de
frutas que hiciste, también. —Agarra el asiento y se levanta—. No hagas
esperar a un viejo.
Ella bufa y sale de la pila de libros, apuntando un dedo hacia él.
—Se agradable.
Luego me mira, su expresión es vulnerable y vacilante, como si me
rogara que hiciera lo mismo.
En el momento en que ella desaparece en la habitación de atrás, hace
un intento dolorosamente lento de ponerse de pie mientras sostiene mi
mirada.
—Conozco a los de su tipo.
Mis vellos se erizan, pero la educación que mi madre arraigó en mi me
hace alcanzarlo para ayudarlo a ponerse de pie.
Mira mi mano, se burla de ella, y se levanta con piernas temblorosas.
Me trago mi irritación.
—Ilumíneme con mi tipo.
Su cuerpo encorvado me pasa y va hacia el frente de la tienda. Lo sigo,
agradecido de estar moviéndome fuera de la audición de Ivory.
Rodea el mostrador delantero y se sienta en un taburete alto. Sin prisas,
examina mi costoso reloj, físico, la postura ancha y barbilla levantada. Sé lo
que ve. Un hombre acaudalado, de buena reputación en su posición sexual
primitiva en un vecindario deteriorado por una razón.
Él estaría en lo correcto.
165
Finalmente, se inclina hacia adelante y descansa los deteriorados
antebrazos en el mostrador.
Página
—Esa chica ha tenido un camino difícil, y usted es el tipo de hombre
que lo hace peor.
Hay un tesoro de respuesta bajo sus palabras, y necesito descubrir cada
una de ellas.
—Explíquese
—Es el tipo de hombre que fija su mirada en algo y no lo suelta hasta
que lo posee.
Es demasiado astuto para fingir, asique no me molesto en jugar al tonto.
—No importa en lo que he fijado mi mirada. Soy su profesor.
—Sí. —El juicio arruga sus ojos—. Lo es.
Mido mi respiración, inexpresivo.
—Ella habla con usted. Sobre mí.
—No ha dicho nada incriminatorio, pero no tiene que hacerlo. Lo ha
mencionado más la semana pasada que a todos sus otros profesores
combinados en tres años. —Tamborilea los nudillos nudosos en el mostrador
de cristal—. Lo que sea que esté haciendo con ella, ella quiere confiar en
usted. —Sus manos tranquilas, los ojos sin pestañear—. El tipo de confianza
que no le da a nadie. Pero una vez tenga lo que quiere y la deseche como
su tipo hace, su desconfianza en los hombres será irreparable.
Una helada ola de mareo me invade cuando mi mente salta a
imágenes repugnantes de hombres mayores, hombres brutales, violándola.
Coloco mis palmas calmadamente en el mostrador y me inclino.
—Dígame que le pasó.
166
Él mira hacia el otro lado, su atención en la habitación de atrás.
Página
—Ella no habla sobre las cosas malas. No estoy siquiera seguro de si
distingue entre lo malo y lo no tan malo. Lo que le sucede a ella es la vida.
Es todo lo que conoce. —Sus nublados ojos vuelven a los míos—. Ella no es
solo financieramente pobre. Esta falta de amor, afecto y protección.
Necesita un buen ejemplo en su vida, alguien con un interés desinteresado
en ella.
—¿Usted no es un ejemplo?
—Solo soy un viejo pobre con un pie en la tumba. No puedo comprar
sus libros y aparatos costosos. No sostengo su sueño de asistir a una
universidad de música en mis manos. Y no tengo el poder de robar su
corazón.
Una oleada abrumadora de respeto se eleva en mi pecho. No puedo
reprochar a este hombre por preocuparse lo suficiente por ella para decir
esa mierda en mi cara. Ni siquiera puedo discutir con él, porque de alguna
manera, tiene razón. No tengo nada que ofrecerle excepto dolor y
decepción.
—Pero le dio un lugar para practicar. —Mirando detrás de mí, veo el
único piano en la tienda y empujo mi barbilla hacia el viejo Steinway—. ¿Está
a la venta?
La tensa mirada en sus ojos dice no, pero las tablillas del piso astilladas,
los estantes raquíticos y la destartalada apariencia de la tienda me dice que
necesita los ingresos. Desesperadamente.
—Ella no sabe que tengo ofertas por él. —Sus manos apretadas en el
mostrador—. No venderé su piano.
Pero algún día, quizás pronto, se vería forzado a aceptar una de esas
ofertas porque es la mercancía más valiosa en su inventario.
167
Saco la billetera de mi bolsillo trasero y coloco mi tarjeta de crédito en
el mostrador.
Página
—Cárguelo a mi tarjeta, así como el costo para que sea entregado en
su casa.
Él mira fijamente a la negra American Express luego levanta sus ojos
vidriosos hacia mí.
—Ella no quiere un piano en su casa. Está aquí porque no quiere estar
allí.
Mi estómago se hunde con miedo.
—Bien. Manténgalo aquí. Ponga la factura a su nombre, y no le diga
que lo posee o que alguien lo compro a menos que pregunte. —Deslizo la
tarjeta hacia sus temblorosas manos y espero a que me mire—. ¿Qué está
evitando en su casa? La conoce lo suficientemente bien para tener una
buena jodida idea.
Él recoge la tarjeta y gira hacia la caja registradora.
—¿Que saca de esto? —Cabecea hacia el piano.
—Paz mental. Responda mi pregunta.
Registra la compra, sus labios pellizcados entre sus encías, negándose
a hablar.
Ivory emerge de la habitación trasera con una bandeja de comida y
le coloca un plato desechable de fideos y algún tipo de degradada
pastelería en el mostrador.
—Yo...uhm... —Mira fijamente a los bordes carbonizados de la orilla—.
¿Lo quemé? O quizás... —Empuja un dedo en el centro pastoso, y toda la
cosa se hunde. Sus mejillas se sonrojan—. Debería seguir con lo que soy
buena.
168
¿Cómo en recibir azotes y tocar el piano? O mejor aún, tocar el piano
mientras la azoto.
Página
Mira a Stogie, la tarjeta en su mano, y encuentra mi mirada.
»¿Que compró?
Endurezco mi mirada en un silencioso No es de tu incumbencia.
—¿Ha almorzado?
Sacude su cabeza.
—Recoja sus cosas y únase a mí.
—Oh, yo... —Ante mi impaciente expresión, se frota la nuca—. De
acuerdo.
Tan pronto como se aleja de alcance del oído, me vuelvo hacia Stogie.
—¿Cómo se pagan sus gastos de subsistencia?
—Creo que ello cubre lo pesado de ello. —Me mira con cautela—. La
contrato en el verano para ayudar con algo de eso.
—¿Y cuándo está en la escuela?
Coloca la factura y una pluma en el mostrador y rasca su barbuda
mejilla.
—No lo sé.
El conflicto en sus ojos oscuros afirma que ella no comparte esos
detalles, pero...
—Puede que no se lo diga, pero lo sabe.
Me ofrece mi tarjeta de vuelta. La agarro, pero él no la suelta, su
enfoque en el plástico cuadrado que une nuestras manos. Luego la deja ir
169
y mira hacia arriba.
—Usted también sabe.
Página
Admiradores. Acosadores. Morbosos. ¿Hombres con dinero, necesida-
des y la inmoralidad para atrapar a una hermosa joven?
Siento los musculas tirando y tensándose en mi cuello mientras la ira
quema en mi garganta.
—No compré ese piano para...
—Lo sé. Lo cual es el por qué se lo vendí, y por qué nunca le diré que lo
compró, incluso si ella pregunta. —Se inclina más cerca, las manos
apoyadas en el mostrador—. No le debe nada.
—Ya sea confíe en mi o no, estoy preocupado sobre su bienestar,
especialmente relacionado con su vida familiar. —Firmo la factura y
garabateo mi número de teléfono en la parte superior—. Llámeme si algo
sospechoso, cualquier cosa, surge con ella.
Ivory regresa al frente con una saturada cartera envuelta en sus brazos.
Me muevo para tomar el peso de ella, pero sacude su cabeza.
—Estaré de vuelta esta noche. —La guarda detrás del mostrados y se
despide de Stogie.
Sosteniendo la puerta para ella, miro al viejo.
—Un placer conocerlo.
Asiente, su boca bajando en las esquinas.
Sí, tiene todo el derecho de no confiar en mí. No confió en mí, tampoco. 170
Página
—¿S
on buenos los fiambres de al lado? —El señor
Marceaux sostiene la puerta mientras lo sigo fuera de
la tienda de Stogie.
—Solo los mejores sándwiches en Nueva Orleans. —Mi estómago
revolotea con mariposas. Porque tengo hambre. De comida. No porque
estoy comiendo con el señor Marceaux.
En vez de dar vuelta hacia la tienda, se dirige hacia la acera y abre la
puerta de pasajeros de un brillante auto negro.
—Permanece aquí mientras recojo el almuerzo.
Observo el sello GTO sobre el panel de la puerta, el estilo de los años 70
de la manija, y el interior de vinilo negro, preguntándome por qué conduce
un auto tan viejo.
—¿No vamos a comer allí?
Quita las gafas de aviador del cuello de su camiseta y los desliza fuera.
—No.
Todo dentro de mí se derrite. ¿Por el calor del sol cegador?
Definitivamente el sol.
171
Bajo en el asiento del pasajero y le doy mi orden mientras enciende el
Página
motor y el aire acondicionado.
Mientras camina con largos y fluidos pasos hacia la tienda, no puedo
no mirarlo fijamente, porque dulce Jesús, nunca me lo imaginé en algo
excepto una corbata, el chaleco, y la camisa abotonada con mangas
enrolladas. Pero lleva jeans azules como una segunda piel. La mezclilla fue
hecha para su cuerpo, apretando su culo y extendiéndose a través de sus
muslos mientras él alarga su paso. La delgada camiseta gris se adhiere a los
músculos de su espalda y hombros, las mangas se estiran alrededor de los
aumentos de su bíceps, justo como aquellos modelos en revistas de
ejercicios.
Me gustan más las ropas de lujo. Son más seguras, como una barrera
profesional para recordarme que es mi profesor.
Cuando él desaparece dentro de la tienda, cambio mi atención a su
auto. El estruendo ruidoso del motor y el humo quemado del escape. El olor
a canela caliente flotando desde el paquete de goma de mascar que
cuece el sol sobre el tablero. El asiento tieso debajo de mí, vibrando con la
fuerza del motor. Las perillas de plata de la vieja radio y Axl Rose
canturreando por los altavoces. Es todo tan distintivo y diferente, fascinante
y masculino. Como él.
Se siente surrealista, estar sentada aquí. En su espacio personal. De
buena gana.
Esto es solo el almuerzo.
Con mi profesor. Un sábado.
Limpio mis palmas de las manos sobre mis muslos, deseando llevar algo
más agradable. Y menos revelador.
¿Por qué está aquí? ¿En mi vecindario? Nadie de Le Moyne se aventura
en mi mundo, como si la pobreza podría manchar sus zapatos caros o algo.
172
Aun así, aquí está ¿Qué es lo que quiere?
Cuando vuelve, tengo los nervios torcidos a niveles nauseabundos.
Página
—¿A dónde vamos? —pregunto.
—Bajando la calle. —Agarra el volante con una fuerte mano y se funde
en el tráfico, lento, con seguridad, como si fuera su camino y tuviera todo el
tiempo del mundo.
Un minuto más tarde, entra en el Parque de Louis Armstrong y pone sus
gafas de sol en el portavaso. Un paseo corto nos lleva a una banca del
parque protegida del sol, donde nos sentamos el uno al lado del otro y
cavamos en nuestros sándwiches de Engánchalos. El grueso pan está
amontonado con carnes y quesos, requiriendo dos manos para sostenerlo.
A mitad del sándwich, me duele el estómago. Envuelvo el resto, limpio
mi boca con una servilleta, y miro fijamente hacia el estanque de patos
teñido de verde.
—¿De qué hablaron Stogie y usted?
—De ti.
Tal vez debería estar sorprendida por su honestidad, pero no. Él siempre
ha sido directo conmigo, un rasgo del que he venido a depender. Si solo
pudiera hacer lo mismo. Quiero decirle todo. Pero él me reportaría. ¿Cómo
no?
Él toma otro mordisco, y discretamente estudio el movimiento de su
mandíbula y garganta que mueve cuando mastica. Es extraño mirar a un
hombre comer. Nunca he hecho esto. No deliberadamente. Siento como si
estuviera invadiendo su intimidad.
Cuando va por otro mordisco, comprendo que no va a explicarse.
—¿Qué sobre mí?
173
Tragando, sonríe.
—Esto es realmente bueno. —Otro mordisco. Luego otro.
Página
Dos hombres jóvenes negros caminan a lo largo del lado opuesto del
estanque, pero el parque está vacío de otra manera, el sol demasiado alto
y caliente para un paseo perezoso.
—Señor Marceaux…
Sigue ignorándome mientras termina su almuerzo entre largos tragos de
su agua embotellada. Entonces deja mi parte no comida de lado, tira la
basura, y se recarga contra el respaldo de la banca al lado de mí, con las
manos relajadas sobre sus muslos.
—Le pregunté cómo pagas tus gastos para subsistir.
Jesús, es como un perro con un hueso. Tuerzo y desenredo la tapa de
mi agua. ¿Qué pensaría Stogie de mí si supiera lo que hago? ¿Y el Señor
Marceaux? Probablemente me azotaría después me expulsaría. Mi corazón
da un fuerte golpe.
—¿De qué más hablaron? —Se da vuelta para enfrentarme.
—¿Dime por qué estoy aquí?
¿Para terminar ese casi-beso? ¿Quiero eso? Me tiemblan las manos.
—No lo sé.
—Lo sabes, y quiero oírte decirlo.
Aparto la mirada, mis ojos sobre el estanque, pero cada centímetro de
mi cuerpo se centra en él. El cambio en su respiración, el tic tac de su reloj,
el levantamiento de su brazo cuando toca mi barbilla y fuerza mi cabeza a
girar.
Sus ojos reflejan todos los tonos luminosos del cielo, pero son fríos, tan
aterradores de cerca. Me vuelvo a centrar en algo más seguro, los patos en
174
el estanque. Pero su mirada llena mi vista, su rostro quedándose conmigo, su
cuerpo entero moviéndose, anticipando mis movimientos. No me dejará
Página
escapa de él. Quiero correr.
Y quiero que me atrape.
La lucha en mis músculos se evapora mientras me tira a su regazo. Mi
pulso se eleva cuando él arregla mis piernas para sentarme a horcajadas
sobre él. Sus muslos son como columnas de piedra debajo de mí, poderosos
y de apoyo.
Sentarme sobre él, contra él, no es una mala sensación. Es mucho más
seguro que estar debajo de él, que ha sido mi única experiencia con otros
hombres. Pero no sé dónde poner mis manos. Desde un momento
incómodo, dejo a mis dedos gravitar por su camiseta.
Su pecho se contrae contra mis palmas, las crestas y las hendiduras del
músculo como ladrillos en mis manos, tan diferente a cualquier cosa que he
sentido.
Reúno el coraje para alzar la vista, absorbiendo la sombra oscura en su
mandíbula y las curvas definidas de sus pómulos. Los tonos azules en sus ojos
meteóricos disparan un voltaje de profunda calidez, debajo de mi cintura,
entre mis piernas. La sensación me hace querer alcanzar y trazar la forma
de sus labios. Pero estoy demasiado nerviosa, demasiado insegura.
Se siente como que hay hilos invisibles entre nosotros y se están
enrollando más apretados, tirando, encogiéndose, y rasgueando con
tensión.
Me balanceo más cerca.
—¿Es por eso que usted está aquí?
Me encuentra a mitad de camino, bajando su cabeza, y su boca
arrastra un suspiro a través de mi cuello.
Tiemblo y me caliento. Mis dedos se aprietan en su camisa, mis caderas
175
se relajan en su regazo, y un conflicto de emociones desesperadamente se
agita en mi cerebro. La posición pone mi coño contra él, el rubor con la
Página
larga y rígida evidencia de su hambre. Debería ser suficiente para hacerme
retroceder, para alejarme, pero no puedo. No quiero.
—Ivory —respira a lo largo de mi mandíbula. Sus manos se aferran a mi
espalda, empujando mi pecho hacia el suyo mientras deja un rastro de
placer hasta la comisura de mis labios—. Sí.
Su boca se desliza sobre la mía, sus labios acariciando, calientes y
suaves y agradables. Manos fuertes suben a mi cuello, sosteniendo mi
mandíbula, y acomodando mi cabeza. Él presiona sus labios fuertemente,
separándolos, abriendo los míos, y el primer toque de su lengua dispara una
emoción de electricidad por mi espalda.
Mi cuerpo entero debe encogerse, encogiéndose con repugnancia,
pero el roce de su lengua, el sabor a su boca, y la presión de sus dedos
contra mi cabeza licúan mis entrañas en un fuego necesitado. En vez de
alejarme de los golpes de su lengua, me inclino, estirando mi boca y
profundizando la conexión.
Un gemido vibra en su pecho, y mi propio gemido se aferra mientras sus
labios se mueven deliciosamente, firmemente, contra los míos, tocándome
en un modo que nunca he querido o disfrutado. Durante los últimos cuatro
años, he sido alimentada con piscinas de baba y amordazada por
incontables lenguas penetrantes. Pero nunca he sido besada. No como
esto. Y nunca he devuelto un beso. Nunca experimenté esta clase de
intimidad con un hombre pensando: No pares.
Las manos sobre mi cabeza me guían más cerca, exigiendo que me
quede con él. ¿Qué tan loco es que no quiera estar en ninguna otra parte?
Ni siquiera puedo cerrar mis ojos por miedo a que desaparezca.
Espesas pestañas negras se extienden sobre sus pómulos. Los músculos
en su rostro se contraen con la urgencia de su lengua arremolinándose.
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»Eres tan jodidamente hermosa —susurra contra mis labios y ataca mi
Página
boca con un hambre renovada.
Su pecho y caderas se mecen contra mí. Mi inhalación se afila, y sus
exhalaciones sacan gruñidos de satisfacción de su garganta.
—No puedo alejarme. —Otro beso adictivo—. Te deseo. —Mordisquea
mi labio inferior, lame justo en la comisura, luego apoya su frente contra la
mía—. Me haces desear cosas que no puedo tener.
Me inclino hacia adelante para unir de nuevo nuestras bocas, pero su
agarre en mi mandíbula me mantiene inmóvil.
—Tenemos que detenernos. —Sus dedos rizan mi cabello mientras su
rostro se aleja, dejando un cosquilleo en mis mejillas.
Mantengo mis palmas sobre su pecho sudado.
—No lo besé para aumentar mis posibilidades para Leopold.
—Oh, Ivory. —Sus manos tiemblan mientras se deslizan alrededor de mi
cuello, sobre mis hombros, y bajo mis brazos—. Tan joven y directa. —Agarra
mis muslos, justo debajo del dobladillo de los pantalones cortos, y hace rodar
sus caderas bajo mi culo—. Tan perfecta.
Su dura longitud pulsa contra la entrepierna de mis pantalones cortos.
¿Por qué no provoca mi reflejo de arcadas? ¿Por qué no me enrosco y
alcanzo el lugar seguro en mi cabeza?
¿Por qué quiero desabrochar sus jeans y mirar sobre esa parte misteriosa
suya? ¿Por qué quiero sostenerlo en mis manos y hacer que su cuerpo se
doble de placer?
»Esto se termina ahora. —Agarra mi cintura y me pone sobre la banca
a su lado.
Mi pecho se contrae, rechazando esas palabras. ¿No más toques? ¿No
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más besos?
—¿Qué? ¿Por qué?
Página
—Es imprudente. Peligroso. —Se inclina hacia adelante y se apoya en
los codos sobre sus rodillas extendidas, mirando hacia el otro lado del
parque.
—¿Por la señorita Augustin?
—Ella no es una preocupación, pero habrá otros. —Sus ojos cortan los
míos, de piedra e inmóviles—. Siempre habrá alguien mirando, esperando
para arruinar la prosperidad de una vida que ellos no tienen.
Nadie quiere mi vida, y la gente no se preocupa por lo que pasa en
Treme.
—Puede venir aquí y besarme siempre que…
—No soy un escolar, Ivory. Esto no es una inocente sesión de hacer lo
que sea detrás de las gradas. —En un desenfoque de movimiento, él está
sobre mí, su pecho contra el mío y fuertes dedos alrededor de mi cuello—.
Las cosas que quiero hacerte te darían pesadillas.
Está tratando de asustarme, pero no lo logra. Él administra sus propios
castigos, pero la enfermedad dentro de mí anhela más de sus azotes. Él no
me da pesadillas. Él me hace flotar por el aire en un sueño.
Suelta mi cuello y se posa en el borde de la banca, poniendo medio
metro de confusión entre nosotros. Mis manos tiemblan para alcanzarlo, mi
cuerpo entero ansía subir a su regazo de nuevo y volver a la seguridad de
sus brazos. Por primera vez en mi vida, quiero que un hombre me toque, y él
está… ¿Alejándome?
—No quiero que esto termine —susurro, la parte de atrás de mis ojos
quemando.
—No pedí tu opinión.
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Su rechazo golpea en mi estómago como un carbón caliente, robando
Página
mi aliento y llenando mis conductos lagrimales de humedad.
—Mierda. —Me mira a los ojos llorosos, su expresión palidece bajo un
brillo de sudor—. No puedes enamorarte de mí.
—No puedo… ¿qué? —Me hago hacia atrás, inhalando bruscamente
y reteniendo una lágrima fugitiva—. ¡Oh Dios mío, de todas las cosas
engreídas, arrogantes que decir! Nunca lo haría.
—Estoy ofendido. —Se ríe, pero está tenso—. Las colegialas tienen una
forma de caer rápido e ingenuamente enamoradas.
—Bien, estoy ofendida si cree que soy una ignorante. —Tiro del
dobladillo de mis pantalones cortos—. No se preocupe, señor Marceaux. Los
pensamientos de amor aún no han cruzado mi mente.
Mira fijamente al estanque.
—Sé que no eres ignorante, Ivory. Es solo…
Con una mano descansando contra su boca, se dobla contra sus
rodillas y mira los patos chapotear en el agua. Pero él realmente no está
mirando, no con su mirada vuelta hacia adentro y su expresión transformada
con lo que él piensa.
¿Por qué mencionaría el amor? Si su mente fue allí, ¿significa ¿qué
siente algo? Fue un buen beso. Por el amor de Dios, fue un beso que
recordaré para el resto de mi vida, uno que compararé con todos los besos
futuros. ¿Pero amor? ¿Qué sabe él del amor?
Le echo un vistazo, y algo pulsa dolorosamente en mi mente.
—¿La amó, ¿verdad? ¿A aquella profesora en Shreveport? ¿Joanne?
Por favor di que no.
Deja caer sus manos, sosteniéndolas entre sus rodillas, sus antebrazos
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apoyados en sus muslos, mientras mira fijamente al suelo.
Página
—Todavía la amo. —Encuentra mis ojos—. Por mucho que la odie.
Los celos se disparan ignorantemente en mis entrañas, surgiendo como
la bilis en mi garganta. Me gustaría ser amada, incluso si viene con odio. Es
mejor que nada.
—¿Me dirá qué pasó?
Se reclina y descansa un brazo detrás de la banca.
—Valoro la honestidad entre nosotros. —Su mano se desliza por mi
cabello—. No quiero que esto termine.
Mi corazón se aprieta con el pensamiento de que algo termine entre
nosotros, pero nunca le mentiré. Al menos, no sobre las cosas que no logrará
hacerme expulsar.
»Estuvimos juntos cuatro años. —Sus dedos se mueven por mi cabello,
suavemente, hipnóticamente—. Con la política de no fraternización de
Shreveport, nuestra relación era un secreto. Teníamos casas separadas, pero
vivíamos juntos en una. Conduciendo separados a la escuela. Manteniendo
nuestras interacciones profesionales en el trabajo. Hasta…
No tiene que terminar aquella oración. Estoy consumida con las
imágenes de su boca amordazada por su corbata, sus muñecas atadas por
su cinturón, y su cuerpo inclinado mientras él la follaba sobre un escritorio.
¿Ella es mejor músico que yo? ¿Más inteligente? ¿Más bonita? ¿Le dijo que
ella es tan jodidamente hermosa, también? Pongo mis manos en puños. Las
posiciones sexuales no me afectan casi tanto como la idea de que él haga
aquellas cosas con alguien más.
Con una mano en mi cabello, se acerca más y coloca la otra sobre mis
puños, abriéndolos.
»Nosotros solamente llevamos a cabo una fantasía. Teniendo un poco
de diversión después del horario.
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—¿Y luego qué pasó? ¿Cómo perdió…? Mierda, ¿ello lo planeó?
Página
Sus dedos se contraen contra los míos.
—No. Pero quedar atrapada así la puso en una posición precaria. Ella
podría admitir que violó la política de no fraternización, que ella de buen
grado fue amarrada, y perder su trabajo cubierta de una vergüenza que la
seguiría por todas partes. O podría decir lo que le parecía. Atada y
amordazada y violada. De cualquier manera, yo me habían despedido.
Violación. Pongo esa palabra en mi cabeza, examinándola desde
todos los ángulos. Pienso que lo experimento a veces, pero nunca sé que
hacer al respecto. Una chica puede decir que fue forzada. Un hombre
puede demandar que ella lo quiso. La policía decide quién dice la verdad,
y ¿si se ponen del lado del hombre? Él tomará represalias contra la chica.
Pero no suena como que el señor Marceaux devolvió el golpe.
Una loca oleada de protección —hacia él— zumba a través de mí.
—Podría haberse defendido. Decirles sobre su relación. Demostrar que
vivían juntos. Por lo menos, ella habría perdido su trabajo y usted no habría
sido acusado de forzarla.
—Los cargos de violación no se adhirieron. El estigma lo hizo, pero me
importa una mierda. Hay un millón de cosas que pude haber hecho para
arruinar su trabajo. Cosas que todavía puedo hacer.
—Pero la ama. —Oh Dios, ¿por qué duele tanto mi corazón?
Su expresión se oscurece con un profundo ceño.
—Y ella ama su carrera. —Separa sus manos y se sienta adelante en la
banca, su perfil grabado en dolor—. Ahora es la Directora de la Escuela en
Shreveport.
Qué perra.
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—Lo siento, pero suena horrible. ¿Cómo puede amarla?
Pellizca el puente de su nariz y cierra sus ojos.
Página
—A veces amas a la gente que no deberías, y en el espacio infinito de
ese amor, nada más importa. —Cuando levanta su cabeza, su comporta-
miento entero cambia. El hombre de chaleco y corbata vuelve con la
mandíbula fuerte y ojos duros cuando se levanta y junta sus manos detrás
de su espalda—. No más toqueteos y besos, señorita Westbrook. Soy su
profesor, su mentor, y nada más.
Me pongo de pie.
—Nunca le haría eso. Ni siquiera puedo imaginar arruinar su carrera.
Se ríe, pero suena más como un gruñido.
—Si fuéramos encontrados haciendo algo inapropiado, tendrías que
escoger entre mi carrera y tu educación, entre un hombre que has
conocido durante una semana y un sueño que has perseguido durante tres
años. ¿Qué elección harías?
Leopold se mete en mi mente, pero lo rechazo, negando admitirlo.
—Seremos cuidadosos.
—Exactamente. Vuelve a casa. —Señala con su dedo la dirección de
mi casa.
Echo un vistazo sobre mi hombro. Si no fuera por los árboles, sería capaz
de ver mi casa desde aquí. ¿Cómo sabe dónde vivo? ¿La dirección en mi
expediente?
Cuando miro hacia atrás, se aleja, con las manos en sus bolsillos
delanteros y cabeza abajo. Un sangrante, miserable tipo de deseo se
enciende a través de mi pecho. Lo ha hecho.
Agarro el sándwich sin comer de la banca y camino trabajosamente a
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lo largo del camino hacia mi casa, cada paso más pesado y más difícil de
dar. ¿Tal vez no tengo que obedecerlo esta vez? ¿Tal vez esta es una de
Página
aquellas reglas que están para ser rotas?
Girando alrededor, corro detrás de él. Hace una pausa al oír el sonido
de mis zapatillas de ballet, sus amplios hombros apretando su camiseta. Pero
no se da la vuelta.
Rodeo su imponente cuerpo, e infierno santo, es tan alto y oscuro y
hermoso. Y enfadado. Líneas profundas aparecen desde las esquinas de sus
ojos helados, sus labios en una línea de descontento, y las venas en su cuello
se extienden bajo la piel aceitunada.
Sosteniendo mi espalda, me acerco a él y envuelvo mis brazos
alrededor de su cintura. Cada sólido centímetro que toco se flexiona con el
músculo.
Mantiene sus manos en los bolsillos, su pecho se eleva con una
respiración profunda.
—Me estás desobedeciendo.
Presiono mi mejilla contra la cornisa de sus pectorales.
—No le haré daño. Lo prometo.
—Te haré daño.
—Bien.
Sus manos agarran mis hombros, forzándome a dar un paso atrás, pero
no me suelta. Dobla sus rodillas, poniendo sus ojos al mismo nivel que los míos.
—Dime quien te hizo daño, y te daré lo que quieras.
Mi pulso martillea, y mis muelas chocan juntas. ¿Planeó esto? ¿Me tocó
y me besó hasta que mi cabeza giró, solo para tomar todo de vuelta para
que pudiera colgarlo como un incentivo para hablar?
183
Retrocedo, alejándome del alcance de su brazo y sacudiendo mi
cabeza.
Página
Su rostro se aprieta, y mi estómago cae. Odio decepcionarlo.
Con una mano sobre su cadera y otra señalando mi casa, mira
fijamente el suelo.
Bien, porque odio sus ojos. Y los adoro, también. Especialmente cuando
me toca y me dice que soy hermosa. Y ahora, me está castigando
negándose a mirarme.
En una niebla de vergüenza, abrazo el sándwich a mi pecho y arrastro
mis pies a casa. Mientras camino, miro sobre mi hombro. No se mueve. No
puedo ver sus ojos, pero sé que están siguiéndome, mirándome,
protegiéndome.
Sea lo que sea, por muy inapropiado y arriesgado, no quiere que esto
termine. Pasar juntos cuatro horas privadas diarias por el resto del año, solo
va a hacerse más. Más castigos, más música, más señor Marceaux. No me
preocupa lo que dice. Esto no ha terminado.
184
Página
—S
e acabó. —Dejo caer la botella de cerveza con más
fuerza de la que pensaba y me encojo ante el crujido
de la mesa de cristal de mamá. Mierda. Froto un dedo
sobre la astilla y le echo una mirada de disculpa—. Lo siento, mamá.
—No me importa la maldita mesa. Estoy preocupada por ti. —Cierra
una botella de vino de la encimera de atrás y cruza la cocina para sentarse
a mi lado, con una copa de tinto en la mano. La coloca sobre la mesa, le
da vueltas al pie y une las palabras—. Sé que has sido infeliz durante un
tiempo, pero esto es diferente. Has estado malhumorado, con un mal genio
que has sido un grano en el culo las últimas semanas.
Cinco semanas, para ser exactos.
Cinco semanas desde que besé a Ivory. Desde que sentí su piel bajo
mis manos. Desde que la castigué de la forma que ambos necesitamos.
Cinco semanas agonizantes desde que la envié a su casa en el parque con
el arrepentimiento invadiendo mi sistema nervioso.
»Cariño. —Ella coloca su mano en mi antebrazo y me da un firme
apretón—. ¿Sabe Joanne que se acabó?
Joanne todavía me envía mensajes de texto, pero sus mensajes
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quedan sin respuesta. Sé lo que quiere, ella sabe lo que quiero, y ninguno
de nosotros está dispuesto a comprometerse.
Página
—Sigue negándose obstinadamente a aceptar mis términos. —Me llevo
una mano a los largos mechones que me tocan la frente. Vaya, necesito un
corte de cabello—. Esto no tiene nada que ver con ella.
—Oh. —Los persistentes ojos azules de mamá vagan por mi rostro,
buscando respuestas—. No se trata de tu auto, ¿verdad?
—No, ayer recuperé el auto.
Aunque eso me puso en un estado de ánimo magnífico. Después de
ver a Ivory alejarse volví al estacionamiento y el GTO se había ido. Robado.
Secuestrado. Tuve que llamar a Deb para que me llevara a la comisaría.
Cuando me dejó en casa, me quedé de pie en la puerta, vibrando con la
agitación mientras le decía: No, no voy a follarte. Debería haber sido más
amable con ella por ayudarme, con el transporte y con el esposo de Beverly
Rivard, pero estaba demasiado angustiado para dejarla entrar.
El GTO no fue lo único que perdí en el parque ese día.
Los policías recuperaron mi auto, el interior estaba destrozado y el
cuerpo desnudo. Hicieron falta semanas para devolverlo a su perfecto
estado.
Pero Ivory… Mi mano se aprieta alrededor de la botella. Estoy haciendo
todo lo posible para asegurarme de que la cosa entre nosotros no se
recupera. La atracción permanece, más fuerte que nunca, ardiendo como
una brasa encendida. Chisporrotea para ser alimentada cuando me siento
a su lado en el banco del piano, sisea con chispas cuando golpeo sus
muñecas por la falta de una nota, y cruje y salta cada maldita vez que
nuestros ojos conectan.
Nuestra primera semana juntos se pasó tan jodidamente rápido que mis
nervios aún están salvajes por el hambre. Si no hubiera retrocedido, estaría
186
en mi cama ahora mismo, su joven cuerpo de diecisiete años inclinándose
y ruborizándose bajo mi cinturón y sus enorme y adorables ojos rogándome
Página
por cosas que no puedo darle. Leopold. Una relación abierta y lícita. Mi
corazón…
Es demasiado joven para separar el sexo y el amor, y he perdido el
interés en cualquier cosa más allá del placer físico.
Una vez que consiga lo que quiere de ella, su desconfianza en los
hombres será irreparable.
Mamá me observa de esa manera intuitiva, su suave expresión
enmarcada por el cabello negro que se encrespa sobre sus hombros. Se
estira para pellizcar los extremos de un bucle, cepillando el mechón de un
lado a otro por la mandíbula mientras me estudia. Dejo la cerveza y finjo
ignorarla.
Deja caer la mano e inclina la cabeza.
—Has conocido a alguien.
Allá vamos.
—No, yo…
—Emeric Michael Marceaux, no mientas a tu madre.
Me pongo de pie y me muevo a la encimera apoyándome contra ella
y balanceando la botella en la repisa.
—No voy a hablar de esto contigo, mamá.
Quiero hacerlo, pero expresarlo lo hace real.
Unos pasos se acercan a la puerta de la cocina.
—¿No quieres hablar de qué? —Papá entra, con las gafas de leer en la
punta de la nariz y el rostro enterrado en el teléfono.
187
—Emeric conoció a alguien. —Sonríe en el borde de su copa de vino,
Página
con los ojos clavados en mí.
Sin levantar la vista del teléfono, él pasa junto a ella y desliza los dedos
por su nuca.
—Esperemos que sea mejor que la última.
¿Mejor? Joanne es realidad. Ivory es un sueño embriagador, del tipo
que visita a un hombre por la noche, velado por la oscuridad del anochecer
y perseguido con seguridad en los rincones secretos de la mente. Pero a la
luz del día, es una fantasía peligrosa, tentando a un hombre a hacer las
cosas con los ojos bien abiertos.
—¿Quién es ella? —Mamá sorbe su vino.
—Está vedada —digo rápidamente y me vuelvo hacia papá—. ¿Qué
tal es ese nuevo médico que has contratado en la clínica?
—Está… bien. —La reserva le profundiza la voz.
Por supuesto, él sabe que estoy evadiendo.
Guarda el teléfono y se coloca en la silla en la mesa redonda de mamá.
»¿Está casada esa mujer?
Niego con la cabeza y dirijo los ojos a mis Doc Martens.
Es sábado por la noche. Se supone que debo estar en una habitación
de hotel en el Barrio Francés, agarrando las enormes tetas de Chloe,
azotando el culo de Deb, y oliendo a sexo. Pero en el momento en que subí
al GTO, mi mente se dirigió a Ivory. Mi subconsciente se apoderó del volante
y unos minutos más tarde, estaba sentado en la entrada de la propiedad de
mis padres en District Garden.
Porque necesito hablar de esto. Si hay alguien en este mundo en quien
confío lo suficiente para tener esta conversación, están en esta habitación.
188
Saben del trato que hice con Beverly, así como todos los detalles sucios
Página
de mi relación con Joanne. Ni una vez me han juzgado. Demonios,
contrataron al equipo de abogados que convenció a Joanne para que
retirara la acusación de violación.
—¿Ella es… —La pregunta en el tono de mamá emite una alarma. Y un
entendimiento—. Oh, no, Emeric.
Antes de que mamá subiera a las listas de Directores de Leopold, era
profesora de preparatoria. Cuando yo era más joven, la señora Laura
Marceaux era demasiado bonita para mi consuelo, con su grupo de
admiradores adolescentes, incluyendo a los chicos a los que frecuentaba.
Incluso a sus cincuenta años, todavía hace girar las cabezas con su rostro
juvenil, su sonrisa cálida y sus ojos suaves.
Aquellos ojos clavados ahora en mí, abiertos y sin pestañear, porque
sabe exactamente lo que no estoy diciendo.
Me dirijo hacia la encimera y pongo los brazos en la superficie de
granito, con los hombros cayendo por el peso de mis palabras.
—Se acabó.
—¿Qué es exactamente lo que se acabó? —Su voz flota detrás de mí,
llena de preocupación.
—Siéntate —dice papá con menos ternura.
Termino la cerveza, agarro otra y me siento en la silla entre ellos.
—Es una chica de último año en Le Moyne. —Dejo que eso se asiente
en la mesa antes de continuar—. Cuando entró en mi clase el primer día…
juro por Dios, que pensé que era una profesora. —Me froto el rostro con una
mano y doy otro trago—. No parece una estudiante de preparatoria.
Mamá se estira en la mesa y apoya su mano en mi muñeca.
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No me interrumpen cuando explico la situación financiera de Ivory, el
talento musical, mis sospechas de abuso, mi visita a Stogie y su deseo de
Página
asistir a Leopold. Comparten miradas ansiosas cuando menciono el beso en
el parque y las últimas cinco semanas de infierno. Incluso admito conducir
por las calles después de sus lecciones privadas, tratando de rastrear su
camino hacia la parada del autobús. Pero ella nunca toma el mismo
camino, y lo más frecuente es que no la localizo en absoluto.
Lucho contra el impulso de dejar a un lado la parte con más
implicación, pero mi necesitad de divulgación completa gana.
—Le di un azote. En el salón de clases.
Sus rostros se ponen pálidos, pero tampoco preguntan si fue
consensuado. Su confianza en mí es infinita, lo que hace que la parte final
sea más fácil de escupir.
»Después fui atrapado con ella en mi regazo. Por una colega. —Jodido
Shreveport de nuevo—. Chantajeé a la profesora.
Mamá toma su vino y se lo acaba.
Cuando me encuentro con los ojos de papá, se sienta, se quita las
gafas y las limpia con los pliegues de su camisa.
—¿Chantaje cómo?
—No quieres saberlo.
—Bueno. —Mamá se pone de pie y se acerca a la encimera para
rellenarse la copa—. Ciertamente sabes cómo probar los límites de la
aceptación social, pero sé de donde lo sacas. —Vuelve a la mesa con los
ojos brillando hacia papá—. A tu padre le encanta dar azotes…
—Mamá —gimo—. No hagas esto más incómodo.
Baja hasta la silla, con la expresión seria.
190
—¿Dijiste que es una pianista dotada? ¿Es ella más merecedora de
Leopold que al que quieres que ayude?
Página
Aunque está retirada, mamá todavía vuela a Nueva York una vez al
mes para las reuniones del consejo. Incluso después de todo lo que le conté,
sé que garantizará un lugar para una de mis referencias.
El trato con Beverly me ha estado molestando durante semanas. Ivory
pertenece a Leopold. No porque sea hermosa y auténtica y necesite
desesperadamente ahorrar. Ella es todas esas cosas, pero le debo mi
referencia porque es malditamente el mejor músico de Le Moyne.
—Sin duda, se merece ese lugar. —Mi pecho se eleva con pasión en mi
voz—. Es increíble.
—Estás en una posición difícil. —La mano de mamá encuentra la mía,
apretándome los dedos—. No te envidio, pero cariño, si persigues una
relación con ella, no resultará como Shreveport.
Porque no cometí un crimen con Joanne. Nuestra relación fue
consensuada, no ilegal. ¿Pero Ivory? Mala conducta estudiante-profesor no
se barre debajo de la alfombra y ya. Hace los titulares de las noticias. Los
mejores abogados del mundo no podrían salvarme de las acusaciones que
saldrían si me atraparan con ella.
—Tienes que soltarte, hijo. —Papá se acomoda las gafas en la nariz y
dobla los brazos sobre la mesa, inclinándose—. Deja ese maldito trabajo,
termina las cosas de una vez por todas con Joanne, y vete del estado si
tienes que hacerlo. La mierda de Shreveport solo puede seguirte a cierta
distancia.
Mamá niega con la cabeza.
—Frank, no le digas eso. Nuestra familia ha vuelto a estar junta por fin a
Nueva Orleans y…
—No, mamá. Tiene razón. —Me aparto de la mesa y vacío la cerveza
191
en el fregadero.
Página
Ya estoy delirantemente borracho de Ivory Westbrook, y no sé cuánto
más duraré sin rendirme.
Puedo mantener el trabajo, tratar de ignorar esta atracción prohibida,
en última instancia fallar, y el riesgo de ir a prisión. O puedo dejar Le Moyne,
apartar la tentación de mi vida, y joderme y nunca volver a verla.
Me duele el pecho con la agonizante verdad. Sé… que Dios me ayude,
sé lo que tengo que hacer.
192
Página
—¡T
odo esto es culpa tuya!
El chillido empañado en lágrimas me
atraviesa, pero es el odio en sus ojos oscuros lo que
hace que mis entrañas sangren.
Ni siquiera sé por qué estoy siendo culpada. Es media noche, y entró
aquí encendiendo las luces y despertándome con su llanto loco.
Acostada en el sofá donde duermo, me acerco las piernas al cuerpo,
curvándome en mi costado y sosteniendo a Schubert en mi pecho.
—¿Cómo? ¿Cómo es qué culpa mía?
Llegó a casa hace un mes, llorando por el novio que rompió con ella.
No ha dejado de llorar.
—Si no fuera por tu… tu… —Pasea por el salón y se tropieza con sus
propios pies, tirándose de los mechones cortos de su cabello—. ¡Jodido
egoísmo de mierda!
Fue bonita una vez, suave y con curvas, con la satisfacción brillando en
sus ojos. Pero las drogas y el dolor la han marchitado hasta los huesos y el
rencor. Papá estaría tan destrozado como yo.
193
Si no me aceptan en Leopold, si nunca encuentro una salida de Treme,
¿acabaré así? Cada vez que mi mente avanza, me veo encadenada para
Página
siempre a Lorenzo y sus necesidades violentas. ¿Cómo no iba a recurrir a las
drogas como escape al tormento de su tacto? Ese futuro me aterra, pero
también me hace fuerte. Saldré de aquí, no importa lo que cueste.
Mi mamá tropieza en la habitación, arañándose el rostro como si
intentara quitarse objetos imaginarios. Debe de estar bajando de lo que sea
con lo que se envenenó, con todo el cuerpo alterándose de infelicidad.
Me culpa por eso. Por su infelicidad. Soy la razón que usa, la razón por
la que es pobre, la razón por la que no puede encontrar un trabajo o
mantener un novio.
Supongo que, en cierto modo, soy responsable de su miseria. Me duele
el pecho por ir con ella, abrazarla y consolarla. Pero no tolera esas cosas de
mí.
Unos pasos múltiples avanzan desde la parte trasera de la casa. Entierro
la nariz en el olor reconfortante del pelo de gatito de Schubert y aguanto la
respiración.
Lorenzo y Shane entran en la sala, vestidos con jeans y camisetas.
¿Salen o regresan a casa? Echo un vistazo al reloj de la mesa auxiliar. Tres
quince de la mañana. Me froto los ojos. Tengo que prepararme para la
escuela en dos horas.
Lorenzo le da a mamá un gran rodeo mientras Shane va hacia ella,
apartándole las manos del rostro.
—Mamá, para. Te estás lastimando a ti misma. —Le ajusta los tirantes
del camisón sobre los hombros huesudos y me mira—. ¿Por qué le dejas
hacer esto?
¿En serio? Me incorporo, sosteniendo a Schubert en mi regazo.
—No soy quien le suministra drogas.
194
Lorenzo se reclina en el extremo opuesto del sofá, observando a mi
Página
mamá con diversión. Paso una temblorosa mano por el pelo de Schubert.
Lorenzo no intentará nada. Probablemente ni siquiera me mirará.
Mi mamá trae un torbellino de drama cuando regresa a casa, pero hay
seguridad en su presencia. Ella y Shane no se creen mis acusaciones de que
Lorenzo me hace daño, pero Lorenzo siempre se comporta de la mejor
forma cuando están ellos en la habitación. He evadido el susurro de su
motocicleta en mis paseos a la escuela, y no me ha tocado mucho desde
que mamá llegó a casa. Aun así, la impaciencia que palpita de él es
palpable.
Mi mamá mira fijamente a Shane, su mirada se suaviza en un momento
tranquilo antes de que atraviese la habitación y caiga sobre mí.
—Me quitaste todo.
La garganta se me cierra y me quema.
Da unos pasos hacia mí, arañándose el esquelético brazo.
—Ojalá no hubieras nacido nunca.
Las lágrimas me escuecen en los ojos. Son solo las drogas hablando.
Otro paso, este más fuerte, más sobrio, sus ojos duros y claros.
»Te odio, pequeña perra egoísta.
La humedad borra mi visión, y aunque me ha dicho esas palabras mil
veces, todavía lo intento.
—Te amo, mamá.
Se lanza hacia mí, gritando, pero Shane la atrapa con el brazo
haciendo un gancho en su cintura.
—Te odio. Te odio. —Patalea en su gancho, intentando llegar hasta mí,
sus pechos rebotan y caen fuera del camisón—. ¡Tú arruinaste mi vida!
195
—Lo sé, mamá.
Página
Shane la arrastra fuera de la habitación.
—Te traeré lo que necesitas.
No necesita las drogas que está a punto de inyectarle. Necesita un
trabajo, una pasión y un maldito carácter.
Me acurruco con Schubert y me enfoco en el surco del techo,
intentando evitar que se me escapen las lágrimas. Tal vez necesite un
carácter también.
Sus gritos resuenan por la casa y finalmente se convierten en sollozos.
—Él la amaba más. Nos lo quitó a nosotros, Shane, y se lo dio todo a
ella.
Se me encoge el corazón en el pecho, y las lágrimas caen, fuertes y
rápidas. Espero a que el sofá rebote junto a mí, y cuando lo hace, Schubert
se aleja de mis brazos.
La cadera de Lorenzo golpea mis pies con sus movimientos. Se inclina y
me fuerza a ponerme de espaldas, los tendones de su cuello ondulan el
tatuaje Destruir.
—¿Crees que puedes evitarme para siempre?
—Ese es el plan. —Empujo contra su pecho cuando un flujo renovado
de lágrimas me hace cosquillas en las orejas.
Sus ojos negros se vuelven increíblemente más oscuros.
—Tan jodidamente bonita.
Mete una mano entre mis piernas, pero el nido de mantas me protege.
Por un momento fugaz, me imagino la puerta principal abriéndose y al señor
Marceaux de pie en el umbral con sus ojos aterradores. Apuesto a que
Lorenzo le tendría miedo, tal vez lo suficiente para dejarme en paz.
196
Pero el señor Marceaux no volverá a Treme. No esta noche. Jamás.
Página
En una oleada de ira, pateo y empujo, golpeando las costillas de
Lorenzo y tratando de liberar las mantas en mi intento de escapar. Agarra
mis rodillas y las mantiene inmóviles. Le araño los brazos, mis pulmones
jadeando por mi pulso acelerado.
El fuerte golpe de las pisadas de Shane suena en su aproximación, y
ambos nos congelamos.
Lorenzo retira las manos y mira hacia adelante justo cuando Shane
entra en la habitación.
—Estás sentado demasiado cerca, idiota. —Shane golpea un lado de
la cabeza de Lorenzo—. Muévete.
Exhalo una respiración enorme y ajusto las mantas a mi alrededor.
—De todos modos me voy a casa. —Lorenzo se pone de pie e
intercambia un apretón de manos con Shane.
Cuando la puerta se cierra detrás de Lorenzo, Shane se pone a mi lado
en el sofá y saca un paquete de cigarrillos del bolsillo.
La adrenalina sigue en mis venas, rasgándome los nervios.
—No lo quiero aquí.
—Cierra la boca, Ivory. —Se enciende el cigarrillo y se reclina en el
respaldo del sofá.
Decido probar una nueva palabra.
—Me viola, Shane.
Su rostro se enrojece y luego se vuelve más oscuro y señala con el
cigarrillo en dirección a la puerta.
197
—Ese tipo me salvó la vida en Irak. —Su volumen se vuelve más alto, sus
brazos temblando—. No estaría aquí, respirando, si no fuera por él. Así que
Página
mientras das vueltas con tus pantalones cortos y coqueteas con él con tus
jodidas tetas, recuerda eso. Recuerda que ese tipo es la razón por la que
estoy vivo.
He oído la historia, pero salvar la vida de alguien no le da derecho a
tener sexo con su hermana. ¿Y no se supone que los hermanos defienden a
sus hermanas? Tal vez no piensa que sea digna de ese tipo de amor.
Tiro las mantas y digo en voz baja, inútilmente:
—No coqueteo, y no tengo mucha ropa. Son los pantalones cortos de
mamá.
—Otra cosa más que le quitas.
Tal vez me pegue, y tal vez el señor Marceaux informe del nuevo
moretón, pero maldita sea, no puedo dejarlo pasar.
—Yo pago las facturas. Tú no. Ni ella. No me ha preguntado ni una vez
por la escuela o dónde consigo el dinero. Pero estoy ahí afuera, trabajando
duro para asegurarme de que no perdamos esta casa.
Agarra el cigarrillo con fuerza, su expresión dura.
—Sí, apuesto a que estás trabajando tu culo. ¿De dónde sacas el
dinero? —Me echa una mirada de soslayo—. ¿Eres una jodida puta?
La vergüenza se amontona en mi garganta. Agito la cabeza. Dios, ¿y si
lo supiera? No quiero averiguar lo que haría.
—Al carajo con esto. —Se levanta y echa la ceniza al suelo—. Y al
carajo contigo—. Camina hacia la puerta principal, la abre y me mira por
encima del hombro—. Mamá tiene razón, sabes. Papá vendió nuestro futuro
para comprar el tuyo. Te amaba más.
La puerta se cierra detrás de él, sacudiendo más lágrimas de mis ojos.
198
Lo entiendo. Lo hago. Su resentimiento por mí corre a doscientos mil
Página
dólares de profundidad.
Mientras apago las luces y vuelvo al sofá, Schubert se une a mí,
ronroneando y acariciando mi pecho en la oscuridad. A veces pienso que
el amor de Schubert es una extensión del de papá. Papá lo eligió, me
sorprendió con él, y murió al día siguiente. Es como si supiera lo que iba a
pasar y quería asegurarse de que parte de su corazón quedara atrás, para
consolarme cuando más le necesitara.
Pero no creo que papá me amara más que a ellos. Solo estaba
intentando hacer algo bueno con mi educación. Sin embargo, puedo
imaginar cómo se deben sentir. Apenas puedo respirar después del rechazo
del señor Marceaux, y eso ni siquiera estaba cerca del amor.
Por lo menos, Marceaux no quitó las clases privadas. Debo estar
contenta por eso, pero las últimas cinco semanas solo me han enfurecido.
Rabiosamente jodidamente molesta. Sus interacciones estrictamente
profesionales y el comportamiento frío, son recordatorios diarios de que no
soy lo bastante buena.
No soy lo bastante buena para Leopold.
No soy lo bastante buena para arriesgarse a estar conmigo.
199
Página
A
pesar de mis dudas sobre el futuro de Ivory, me concentro en
mí. Me paso el resto del fin de semana en una búsqueda para
puestos de profesor. Para el domingo por la noche, he solicitado
algunas vacantes de mediados de año fuera del estado.
Detesto la idea de dejar Luisiana sin solucionar un último asunto con
Joanne, pero no tengo opción, y quizás con un poco de autocontrol
mantendré las cosas a nivel profesional con Ivory hasta que esas opciones
den resultado.
Pero esto no disminuye la sensación de embriaguez en mi cuerpo.
Cuando cruzo el estacionamiento del campus la mañana siguiente, mi
anticipación en verla me tiene silbando Paciencia con el optimismo
contagioso de Axl Rose. Mi sangre bombea más caliente y mis músculos se
flexionan más fuerte con cada paso hacia Crescent Hall.
La mente trabaja de maneras divertidas, haciéndome racionalizar todo
tipo de mierda al entrar en el edificio. Si me voy, no hará daño que la toque
ahora. Solo una vez, otra probada de sus labios, eso es todo. Hombre, ¿por
qué estoy considerando renunciar? No puedo abandonarla. ¿Cómo voy a
malditamente respirar? Esto es una mierda.
Mis pasos me alejan de mi salón de clases. Y giro hacia el centro del
200
Campus por razones que solo pueden describirse como obsesivas.
Página
Corro la mano por mi cabello y ralentizo la marcha, No recuerdo
haberme sentido así de salvaje y fuera de control con Joanne. Pero yo no la
perseguí tampoco. No al principio y mucho menos después. Nunca perseguí
a una mujer, nunca tuve que hacerlo. Eso solo es suficiente para hacerme
cuestionar por qué estoy estirando el cuello y escudriñando a la multitud de
estudiantes, con la esperanza de ver un cabello largo y oscuro. Ivory
Westbrook está jodiendo mi cabeza.
Algunos pasillos más adelante, la encuentro apoyada contra los
casilleros y sonriendo a Ellie Lai.
La visión de ella envía una inyección de cálida satisfacción a través de
mí, bloqueando mis piernas y paralizándome a seis metros de distancia. Mi
enamoramiento puede ser ridículo, pero no es menos real. Estoy completa y
profundamente hipnotizado por ella.
Ella se destaca entre todos en esta escuela. No por el estilo aburrido de
su blusa blanca abotonada y andrajosa falda negra, sino porque ella brilla
por encima de sus limitaciones financieras, irradiando el tipo de belleza que
no se puede comprar. Todo parece pálido en comparación con el brillo de
su piel, la claridad de su mirada y la fuerza de su aura. Estoy tan jodidamente
atraído por ella que no puedo ver bien.
La corriente de estudiantes fluye entre nosotros, pero solo toma un
momento para que ella me perciba. Cuando sus ojos me encuentran, su
sonrisa se escabulle, sus labios se separan, y su mano forma un puño a su
costado.
Esta resentida conmigo por poner distancia entre nosotros, pero
entiende por qué lo hice. Aun así, ambos sabemos que ese espacio no ha
logrado nada, con el pasar de los días, se hace más tensa, más delgada,
forzándose a cerrar y desaparecer. Como ahora.
Su mirada sostiene la mía, perforándome con una súplica vulnerable
toma el riesgo, encuentra una manera, te necesito. Tal vez esas son solo
201
reflexiones de mis propios pensamientos, pero quiero agarrar su muñeca,
abrir los dedos y envolverlos alrededor de los míos, mientras prometo darle
Página
todo lo que quiera.
Ellie le da un codazo al brazo de Ivory y así de fácil Ivory mira hacia otro
lado y el trance se rompe.
Parpadeo y tomo una frustrada respiración mientras la atención de Ellie
salta entre Ivory y yo. Joder.
Relajo mis hombros. Les hago una pequeña inclinación de cabeza y
doy la vuelta al pasillo. Gracias a Cristo, ninguno de los otros estudiantes
parece haber notado mi estupefacción. Me deslizo una mano por el rostro
y lucho contra la ardiente urgencia de mirar de nuevo a Ivory.
Cuando llego a Crescent Hall, mi mente es un desastre de argumentos
incoherentes. Puedo darnos a ambos lo que queremos, pero, ¿puedo
mantenerla a salvo de las consecuencias? ¿Está segura ahora? Sin ella a mi
lado cada maldito segundo, no tengo idea de quién o qué la está
amenazando, maldita sea lo odio.
Me acerco a una intersección vacía en el pasillo y me detengo a la
vuelta de la esquina con el sonido de una voz familiar.
—No me importa lo que ella aceptó. —El quejido ruidoso de Sebastian
Roth rechina a través de mi piel.
¿Ella quién? me muevo a la esquina y permanezco oculto.
—Amigo, suéltame.
Reconocería la voz nasal de Prescott Rivard donde sea. Esos dos
imbéciles son amigos inseparables, lo cual despierta mi curiosidad por su
discusión.
—Tenía un acuerdo con ella por jodidamente siempre —susurra
furiosamente Sebastian—. Ella no te pertenece.
202
La paranoia golpea detrás de mis costillas. Solo hay una chica en esta
escuela por la que yo pelearía, y sé exactamente cómo la ven en la clase
Página
todos los días. Espero que, por su bien, estén discutiendo sobre alguien más.
Sus pesados gruñidos hacen eco por el pasillo, seguido por el chirrido
de sus zapatos. Si caen en la esquina, me verán, y los interrogaré. Pero,
espero escuchándolos luchar mientras contengo mi aliento. Digan el
nombre de la chica, digan su jodido nombre.
—¡Para! Estás arrugando mi camisa —dice Prescott—. No podemos
hacer esto aquí. Si mi mamá nos oye…
—¡No me importa una mierda! —grita Sebastian.
En el pasillo, unas cuantas chicas dan la vuelta de la esquina y se
congelan a medio camino les doy una severa señal en la dirección opuesta
por lo que se giran y alejan.
»Tú eres el que se meterá en problemas. —Sebastian baja la voz, su
inhalación apresurada—. Viendo que tú nunca más serás el único follándola.
Tal vez iré hacer una visita a tu querida vieja madre y le haré saber cómo te
estás gastando tu mesada.
Mis manos se cierran y mi visión se nubla ya que conecto los motivos de
los cachondos chicos ricos con los de una hermosa chica con una fuente
desconocida de ingresos
La adrenalina sacude mi cuerpo y acorta mi respiración. Quiero
golpear algo, mis dedos cavan en mis palmas. Quiero matarlos.
—No lo harías —dice Prescott, su tono venenoso.
—Pruébame —gruñe Sebastian.
El sonido de los puños golpeando la carne llega a mis oídos justo antes
de que Sebastian caiga en mi vista. Él aterriza en mis pies, sus anteojos
enmarcados en plástico cuelgan desordenados en su frente.
203
Tapando su boca, el escuálido hípster gime y rueda de lado.
»¡Maldito psicópata!
Página
Prescott se abalanza desde la esquina. Ninguno de ellos advierte mi
presencia mientras Prescott se agacha sobre Sebastian y retrocede el puño.
—¡Levántense!
Se congelan ante el látigo de mi voz y levantan la mirada, sus rostros
palidecen en tonos descoloridos de Oh Mierda.
Sebastián se recupera primero, saliendo de debajo de Prescott y
saltando sobre sus pies. Ajusta sus gafas y señala al hijo de la decano.
—Él me pegó. Lo vio, ¿verdad?
El pequeño marica ni siquiera está sangrando.
Prescott sonríe, tomando su tiempo enderezando su corbata sin
levantarse. Negándose a reconocerme. Puedo cambiar eso.
Agarro su corbata y tiro hacia arriba. Se tambalea mientras yo lo giro
alrededor, golpeo su espalda contra la pared y envuelvo mi mano alrededor
de su garganta.
—Su nombre.
El cabello rubio cae sobre sus ojos, sus labios se apartan de su mordida.
—¿Que?
Que Dios me ayude si el metió su polla en mi chica…
No vayas ahí, Emeric
Pongo mi rostro en el suyo y lo dejo sentir la furia de mi respiración.
—La chica que está follando. Deme su nombre.
204
Su garganta se agita contra la compresión de mi mano. Somos de la
misma altura, pero tengo al menos trece kilos de adulto en él. Porque soy el
Página
adulto, la figura de autoridad que se supone que está deteniendo las peleas
de pasillo, no participando en ellas.
Aflojo mi agarre, pero me rehúso a dejarlo ir. Quiero romper su flacucha
garganta solo por infectar mi cabeza con imágenes de él con Ivory.
»La conducta sexual inapropiada le hará ser expulsado, señor Rivard.
¿Quién es la chica?
—Avery. —Se ahoga—. Pero solo para aclarar… n-no estamos…
teniendo sexo.
Avery, no Ivory. Los nombres son demasiado similares, como si estuviera
pensando en Ivory y escupido otra cosa.
Miro a Sebastian.
—¿Quién es Avery?
Apuñala con la mirada a Prescott.
—Avery Perrault es su novia. Ella asiste a St. Catherine.
¿Está mintiendo? Estoy demasiado herido para recoger las pistas.
—Hábleme del acuerdo que tiene con ella.
Los ojos de Sebastian destellan detrás de sus gafas, su tono bajo y
picante.
—Ella solía pasar el rato conmigo, pero ahora ya no.
Si pasar el rato no es un eufemismo para el sexo, no sé lo que es. Y si
esto es sobre Ivory, ¿por qué mentirían? ¿Entonces no puede contradecir su
historia? ¿Hay más? Pagarle por el sexo va más allá de la expulsión. Si son
atrapados, los tres serían acusados como adultos por infringir las leyes de
prostitución. Mi pecho se contrae con el pensamiento de Ivory arrestada.
Vuelvo mi atención sobre el imbécil jadeando en mi agarre.
205
—¿Cómo está gastando su mesada?
Página
—Y-Yo... le c-compro cosas a Avery. —Él da manotazos a mi mano—.
Porque es mi novia.
Cada centímetro de mi cuerpo tiembla con nerviosismo. Lo suelto y
sostengo mi palma.
—Desbloqueen sus teléfonos y dénmelos. Los dos.
Ellos intercambian miradas hostiles y hacen lo que les digo. Un
desplazamiento rápido a través de los registros confirma que ambos se
comunican con un contacto llamado Avery. Ninguno de los teléfonos tiene
almacenado en la lista a Ivory porque ella no tiene un teléfono.
Devuelvo sus aparatos y examino sus posturas tensas y expresiones
indignadas, buscando un rayo de falsedad. Quiero decir el nombre de Ivory,
traerla a la conversación de alguna manera, solo para estudiar sus
reacciones. Pero no puedo hacer eso sin hacer que mis propios intereses
sean evidentes.
Sin embargo, puedo reportarlos por pelear.
Veinte minutos después, estoy junto al escritorio de Beverly Rivard con
las manos detrás de mi espalda. No digo una palabra mientras los chicos
explican su disputa sobre Avery Perrault, como todo es solo un malentendido
y las virtudes de todos todavía están intactas, blah, blah, malditamente blah.
Prescott se adelanta en la silla con el brazo ondeando en mi dirección.
—¡Entonces él trató de estrangularme!
La decano pasa su miraba sobre mí.
—Señor Marceaux, ¿es usted consciente de la política de no tocar?
—Si. —Inclino mi cabeza—. ¿Sabe que su hijo es un idiota?
206
—¿Ves lo que quiero decir? —Prescott lanza sus manos en el aire y cae
Página
en el asiento—. Él está jodidamente loco.
Beverly camina alrededor del escritorio. Se detiene en las ventanas y
mira fijamente hacia fuera sobre los cuidados jardines.
—Señor Rivard y señor Roth, ustedes serán reportados por lenguaje y
pelea. —Ella se vuelve, con los brazos cruzados bajo el pecho, y toma con
calma sus expresiones indignadas—. Esperen en el vestíbulo mientras tengo
una palabra con el señor Marceaux.
Una turbulencia de emociones me invade, y dirigir la embestida es algo
pesado, una premonición de tipo urgente. Si están mintiendo sobre la novia,
no encontraré la verdad en esta oficina. Ni en esta escuela. Necesito llevar
a cabo mi propia investigación sobre sus actividades fuera de la escuela.
Cuando la puerta se cierra detrás de ellos. Beverly dejo caer sus brazos
y permanece bastante erguida, rígida, su mirada irregular afilada fijamente
hacia la mía.
—Si tú vuelve a poner sus manos sobre mi hijo otra vez…
—¿Ese es el favorito para enviar a Leopold? —Señalo la puerta—. Ese
pequeño cabrón no durará un mes ahí.
Su cabeza tiembla con la fuerza de su chillido.
—¡Suficiente!
Toca el cuello de su blusa y cierra sus ojos, aspirando profundamente.
Me acerco a paso lento hacia ella y me detengo a un milímetro de
distancia. Elevado sobre ella, espero que me mire.
Mi interior arde con inquietante rabia, pero mantengo mi tono suave,
la voz dulce, y mis ojos fríos.
—Cuando él hace algo que desapruebo, yo manejo la situación del
207
modo que yo jodidamente quiera, si no le gusta eso, nuestro trato se acaba.
Página
Mientras me voy a zancadas hacia la puerta, dice:
—Lo despediré.
—No, no lo hará. —No necesitaba decirle que estaba considerando
renunciar—. Yo soy su único camino hacia Leopold.
208
Página
A
lgo no está bien hoy. Siento un extraño tipo de flujo en el aire al
instante en que entro al salón 1A. Prescott y Sebastian se sientan
en lados opuestos del salón. Extraño. Casi tan extraño como la
forma dura y resentida en la que me están mirando. El señor Marceaux está
detrás de su escritorio, también me observa de una manera dura. Pero hay
algo más en su expresión.
Algo que no he visto en cinco semanas.
Me mira como si me estuviera azotando en su mente. Es un sutil ardor
contenido en sus ojos, parpadeando como si estuviera construyéndose por
un tiempo, creciendo y fortaleciéndose detrás de sus gruesas pestañas, y
ahora, tal vez se ha vuelto demasiado grande, demasiado hambriento para
reprimir.
Tal vez lo estoy imaginando, pero el oscuro y pesado tipo de sensación
golpeando a través de mi interior es definitivamente real.
Lo estudio detenidamente y me dirijo a mi asiento, mientras comienza
la conferencia, y guía a la clase durante la siguiente hora de discusión. En
esos innumerables momentos en los que sus ojos se encuentran con los míos,
hay una resonancia que irradia detrás de su mirada, como si estuviera
experimentando algo que está deseando compartir conmigo.
209
Él sostiene mi mirada.
Página
—Cada minuto que no estén en la escuela, deberían estar practicando
su instrumento.
Ahora que es octubre, tenemos una serie de eventos para los cuales
debemos prepararnos, el más grande es la Celebración de Fin de Cursos del
Área de Música. A medida que escribe algo sobre el calendario de
rendimiento, recuerdo que no ha elegido al solista de piano. Sé que soy la
mejor, pero no sé si él está de acuerdo. Su evaluación de mis habilidades es
grosera y degradante. Aun así, sus comentarios me estimulan a esforzarme
más, a ser mejor, a complacerlo.
Él continúa observándome mientras habla. Siempre soy yo quien aparta
la mirada primero, su intensidad es demasiado potente para verlo por
mucho tiempo y me hacerme sentir mareada. Pero cuando vuelvo a él —y
siempre lo hago— noto sus dedos temblorosos o su lengua mojando su labio
inferior, las validaciones de que no soy la única que siente esta presencia
más profunda, esta vibración, entre nosotros.
¿Qué cambió? ¿Cómo va un hombre de azotarme y besarme, a cinco
semanas de rechazo, a darme una vibra de fóllame?
Cuando la última campana suena, el salón se vacía, me he vuelto tan
sensible a los destellos de fuego en sus ojos que no tiene que decirme que
permanezca sentada. En el momento en que estamos solos, me paraliza con
una sola mirada. Una orden silenciosa. No te muevas.
Con pasos fuertes y medidos, se acerca a mi escritorio, agarra los
bordes exteriores y se inclina sobre la corta distancia, invadiendo mi espacio
de esa manera depredadora.
Me mira, lo miro, y un tintineo invade mi cuerpo a través de mis
extremidades.
210
—¿Señor Marceaux? —Jesús, mi corazón va a golpear fuera de mi
pecho—. ¿Qué está haciendo?
Página
—Háblame de Prescott Rivard.
Mi corazón se detiene.
—¿Perdón?
Golpea su puño en el escritorio, y el eco sacude en sintonía la grave D
de su timbre.
—¡Respóndeme!
Mis hombros se doblan hacia adelante y mi garganta se cierra. ¿Lo
averiguó? Se supone que debo reunirme con Prescott otra vez esta noche.
¿Qué tal si ese maldito imbécil se lo contó? Pero, ¿por qué lo haría? Prescott
estaría tan jodido como yo.
Relájate. El señor Marceaux no sabe nada.
—Prescott es mi mayor competidor para Leopold. Pero soy mejor…
—No eso. —Su voz se convierte en una coyuntura tranquila—. Háblame
de tu relación con él fuera de la escuela.
Abro mi boca para formar una mentira, pero las palabras no salen. No
puedo ser deshonesta con él. No sé por qué. Así que me conformo con la
simple verdad.
—Lo odio.
—¿Por qué?
—Él conduce alrededor en su lujoso auto llevando su sonrisa
demasiado-bueno-para-quien sea y siendo como un tampón
Él levanta una ceja.
—¿Cómo un tampón?
211
—Sí. Como un tampón. Un tampón usado, grueso, pegajoso…
Página
Se frota una mano sobre su boca, mirándome como si estuviera
hablando otro idioma. Dejando caer la mano sobre el escritorio, estrecha
los ojos.
—Explica lo que quieres decir.
—¿De verdad quiere que yo…? Bien, de acuerdo Un tampón es
repulsivo. Se abulta y se expande con sangre. Gotea por todo el lugar, huele
mal y…
—Detente. ¿Por qué Prescott es repulsivo?
—¿Tiene que preguntar?
Se endereza, mete los dedos en los bolsillos delanteros y, por primera
vez en semanas, me da una media sonrisa.
—No, supongo que no.
El silencio nos envuelve, pero no es tranquilo. El aire está tan cargado y
lleno de latidos del corazón que me pierdo en la música que se interpone
entre nosotros. La mirada en sus ojos… Dios mío, es abrumadoramente
sexual. No de una manera física. Probablemente está pensando eso, pero
su mirada exuda el tipo de sensualidad que promete más, como si
pasáramos el resto de la eternidad simplemente compartiendo contacto
visual, sería íntimo y alucinante y perfecto, con o sin sexo.
Es un concepto que me cuesta comprender. Solo pensar en el sexo con
él me retuerce en un montón de conflictos. Pero no necesito entenderlo ni
analizarlo. Lo siento.
La cadencia de nuestras respiraciones hace sonar un suave canto de
ansia, hambre y deseo en el fondo, y mientras que esos matices sexuales no
son necesarios en nuestra comunicación silenciosa, añaden ritmo y sabor al
212
corazón de nuestra música.
Página
—¿Señor Marceaux? —Me froto las palmas en mis muslos, sosteniendo
su mirada, y susurro—: Estás compartiendo tus notas.
Las líneas se forman en su frente mientras sujeta la parte posterior de su
cuello.
—¿Qué?
—Siento sus notas. Aquí. —Toco mi esternón, mi voz es temblorosa—. Son
oscuras e hipnóticas, como sus respiraciones y sus latidos.
Él da un paso atrás, luego otro paso, y otro. La distancia no importa.
Todavía lo escucho. Todavía lo siento. Está dentro de mí.
Se aleja, se tambalea por el frente del salón, zigzagueando,
cambiando de dirección, como si no supiera a dónde va. Él termina en su
escritorio, jugueteando con su laptop.
—Estás trabajando en el Concierto No.2 de Prokofiev hoy —dice de
espaldas a mí—. Ve a calentar.
Maldición. Esa es una pieza tan intensa que requiere una cantidad
increíble de enfoque. ¿Es por eso que la eligió? ¿Para distraerme?
La decepción me toca el pecho mientras me levanto del escritorio y
sigo su orden.
Durante las siguientes cuatro horas, soporto sus manos crujientes y duras
críticas a mi interpretación de piano, mientras lamento decirle acerca de la
forma en que me hace sentir. Debería haberme enfocado primero en
preparar y nutrir esas palabras antes de sacarlas, medio formadas, en los
vientos de su volatilidad, con la ridícula esperanza de que se engancharía y
que aun guardaría afecto por mí.
Me manda a casa a las siete, no un minuto después, con un inmutable
y desgarrador:
213
—Buenas noches, señorita Westbrook.
Solo que no puedo irme a casa. Treinta minutos más tarde, estoy
Página
sentada en el terreno baldio de los proyectos en el asiento trasero del
Cadillac de Prescott, viéndolo colocarse un condón por séptima vez desde
que empezó la escuela.
Puedo hacer esto. Siempre y cuando no intente follarme por el culo
—algo que nunca ha intentado— lo soportaré. Siempre hago.
—No se supone que esté aquí. —Intenta deslizar sus manos por debajo
de mi falda.
Mi cuerpo está adormecido, pero no lo suficientemente adormecido.
Siento sus dedos tirando de mis bragas. Huelo la codicia que exhala en mi
rostro.
»Me castigaron hoy. —Él arrastra la ropa interior por mis piernas y por
mis pies—. Por dos meses,
La nada suena en mis oídos. Todo es demasiado tranquilo, demasiado
sin vida en ausencia del señor Marceaux.
»Pero encontraré una manera de encontrarme contigo. —Él me
empuja sobre mi espalda.
No puedo hacer esto de nuevo. No puedo soportar sus manos, sus
empujes, los sonidos de su placer. Esto que hace conmigo, no es violación,
pero todavía se siente forzado, indeseado, temido. Si le digo que no, él lo
forzará. Tal vez pueda pelear con él esta vez, pero ¿qué pasa con mis
facturas? ¿Mi futuro?
Él separa mis rodillas y yo las vuelvo a juntar.
»¿Qué estás haciendo? —Arrodillándose sobre mí, baja sus pantalones
por los muslos.
Los resultados de mis elecciones son tan ilógicos. Si mantengo las
214
piernas cerradas, podría perder mi casa y convertirme en una puta adicta
al crack como mi mamá. Si dejo que Prescott haga lo que quiere, tengo la
Página
oportunidad de algo genial. ¿Qué tan horrible es eso?
Empujo mis manos contra él, reteniéndolo.
—No quiero esto.
Pero si lo quiero. Quiero esto en una forma no necesitada, dar y tomar.
Quiero conectarme con un hombre de la manera que quiero que mi música
se conecte con una audiencia. Emocionalmente. Profundamente. Innata-
mente.
Quiero esto con alguien que se preocupa.
Él fuerza sus caderas entre mis piernas y lucha con mis brazos oscilantes.
—¿Qué sucede contigo?
—Esto. —Presiono mis antebrazos contra su pecho—. Tú.
El ruido gutural de un motor suena a lo lejos, cada vez más fuerte, más
cerca, vibrando mi cuerpo.
Los vellos se erizan en mis brazos, y lanzo la mirada a través de la
oscuridad del asiento trasero, incapaz de ver.
»¿Es eso ...? —Me agarro de los hombros de Prescott mientras él me
monta. Trato de empujarlo, un esfuerzo desperdiciado—. ¿Es un GTO?
—Joder si lo supiera. —Él agarra su polla, empujándola alrededor de mi
abertura—. Mantente quieta.
El ruidoso auto está cerca. Lo suficientemente cerca como para parar
en la calle. Lo suficientemente cerca como para que Prescott levante la
cabeza para mirar por la ventana trasera.
»Mierda —susurra—. Hay alguien aquí.
El hielo me llena las venas. ¿Él me está buscando? Trago un poco de
215
aire y empujo contra el pecho congelado de Prescott.
Página
No puede verme de esta manera. No puede. No puede.
Pateo y me sacudo, tratando de enderezar mi falda, incapaz de
moverme ante el peso de Prescott.
—¡Muévete! —Oh Dios, no puedo cerrar mis piernas.
La puerta detrás de él se abre, y la súbita luz de arriba me lastima los
ojos. Un brazo llega, y en un abrir y cerrar de ojos, Prescott es sacado del
auto y vuela hacia atrás, desapareciendo en el tono negro de la noche.
Los sonidos de los gruñidos adoloridos armonizan con el ronroneo del
GTO. Me agarro la falda, la bajo por mis piernas, mis ojos abiertos y
paralizados miran la puerta abierta.
Pasos cercanos, el crujido de botas sobre la grava. Pantalones negros,
un chaleco, luego una corbata llenan el marco de la puerta. Se inclina
hacia abajo, y cuando su rostro baja a la vista, todo lo que veo es azul
asesino.
No puedo moverme. No puedo respirar. Eso es todo. Él incluso podría
matarme, porque mi vida termina ahora.
No Le Moyne. No Leopold. No futuro.
No más música con el señor Marceaux.
Apunta un dedo en dirección a la calle y grita:
—¡Pon tu jodido culo en mi auto!
216
Página
E
l hijo de puta va a morir.
Dejo a Ivory para que recoja sus cosas del auto mientras
vuelvo al pedazo de mierda que está en el suelo. A pesar de
mi nube de rabia, logré contener todos los golpes en las costillas
de Prescott cuando lo arranqué del asiento trasero. Pero ahora
que me mira, con los brazos envueltos alrededor de su sección media, mis
manos se aprietan listas para romper cada hueso de su contorsionado rostro.
Las sombras de los proyectos de la Ciudad Central mantienen el lote
vacío. Las paredes decrépitas de los edificios de apartamentos están poco
iluminadas, y los bosques de vegetación excesiva y la basura apestan a
abandono. Las espesas vides de hojas suben postes de luz y edificios
desmoronados, formando un velo protector en ausencia de la luz de la luna.
Prescott se extiende sobre su espalda con los pantalones hundidos
alrededor de sus muslos. Una mirada al condón todavía colgando de su
fláccida polla, y mi control se desintegra. Locura como nunca he conocido
explota caliente y gruesa dentro de mí, estrechando mi pecho y quemando
mis músculos.
Este es el lugar perfecto para matar a alguien. Nadie verá. A nadie le
importará.
217
Me agacho sobre él y envuelvo mis dedos alrededor de su garganta.
Página
—Estas muerto.
Se agarra a mi mano, aspirando aire.
—N-no solo a mí. Ella es una puta y f… f… folla con todo el mundo.
La rabia primitiva me ahoga, cegando mi visión y empañando mi
mente. Me muevo en instinto, moviéndome para atrás y conduciendo mis
nudillos, duros y rápidos, en su pecho.
Un grito tose de sus pulmones.
»Oh Dios, por favor, por favor…
—Nunca la vas a… —Conecto un golpe en su estómago—. Tocar.
—Otro golpe, en sus costillas—. De nuevo.
Entonces ataco. Los sonidos de sus gritos, el dolor en mis manos, el
esfuerzo de mi respiración, todo esto se desvanece mientras descargo la ira
del infierno sobre él. Sus brazos se disparan hacia arriba, protegiéndolo, pero
lo golpeo a través de ellos, golpeando cada centímetro expuesto de su
torso.
—¡Señor Marceaux! —El grito de Ivory viene de detrás de mí.
Mis entrañas la desafían.
—¡Entra en el maldito auto!
Prescott intenta alejarse, y yo lo regreso, golpeando mis puños contra
su pecho.
—Señor Marceaux, ¡pare! —grita, más cerca ahora, a centímetros de
distancia.
Estoy en una zona donde mi visión está consumida con sangre,
venganza y huesos rotos. Con cada golpe de mis puños, sus súplicas y gritos
218
ya no se registran… hasta que su boca se mueve tan cerca, su aliento me
cepilla la oreja.
Página
»Emeric.
Me congelo a mitad de un golpe, mis venas están ardiendo y
pidiéndome que termine esto.
Inclinándose detrás de mí, ella enrosca sus brazos sobre mis hombros, su
pecho contra mi espalda y sus dedos cavando en mi camisa. Con su rostro
junto al mío, susurra:
—No perderás tu trabajo solamente. Irás a prisión. No vale la pena.
Me acerco y agarro su mano contra mi pecho.
—Pero tú lo sí. Lo vales.
Ella gimotea y me aprieta los dedos.
—Lo siento mucho. No era mi intención… —Intenta empujarme hacia
atrás—. Por favor. Llévame a casa.
Por favor. Rey del infierno, esa palabra en sus labios.
Me pongo de pie, golpeándola hacia atrás con la oleada de mi
cuerpo. Con una mano en su brazo para equilibrarla, empujo la otra en
dirección a mi auto.
—No te lo diré de nuevo.
Con los ojos bien abiertos y vidriosos, abraza la correa de la cartera
contra su hombro y arrastra sus pies hacia el GTO.
El sonido del vómito me atrae hacia Prescott. Con los pantalones en su
lugar, se balancea en sus manos y rodillas y vacía su estómago en un gruñido
arcadas, sollozando entre cada alzamiento.
Mientras espero a que finalice, hago respiraciones profundas y trato de
convocar algo de control. No soy un asesino. Demonios, antes de Ivory, no
219
había movido los puños desde que era un adolescente con testosterona.
La miro, observando su postura derrotada y expresión horrorizada
Página
mientras se sube a mi auto. Muevo mi atención a mis manos hinchadas,
sorprendido al encontrarlas temblando violentamente. Me ha convertido en
un animal homicida.
Ella pagará por dejar que este imbécil haya tocado su cuerpo. ¿Pero
los moretones que cubrirán el torso de él durante las próximas dos semanas?
Eso está sobre mí.
»Levántate. —Agarro su cabello, saboreando sus lamentos mientras lo
llevo hacia el Cadillac y lo empujo en el asiento del conductor.
Tiembla a lo largo de sus flacos brazos, su rostro pálido y empapado de
lágrimas mientras mira fijamente hacia adelante. No hay sangre o hinchazón
visible en ninguna parte de su piel expuesta. Si no fuera por su expresión de
dolor y su ropa manchada de suciedad, nadie se daría cuenta de que
acabo de golpear la mierda fuera de él.
Con un brazo apoyado en la parte superior de la puerta, me inclino.
»Mírame.
Él se encoge, y sus manos vuelan para bloquear su cabeza.
—No me golpees.
Mis puños se flexionan para golpear, para sentir su cuerpo bajo la fuerza
de mi angustia, pero lo entierro, guardándolo. Por Ivory
Una vez que se da cuenta que no estoy balanceando mis puños o que
no voy a ninguna parte, arrastra los ojos inyectados de sangre a los míos.
»Tienes dos opciones —enuncio suavemente cada palabra,
deliberadamente—. Uno. No le cuentas a nadie lo que pasó. Ni una palabra
de lo que has estado haciendo con la señorita Westbrook. Que esos
moretones sanen sin revelarlos a nadie, y ese será tu único castigo por
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pagarle a una chica por sexo.
Sus ojos se estrechan en una mirada mordaz.
Página
Igualo su mirada con una que la hace marchitar.
»Dos. Cojea alrededor como un maldito cobarde. Dile a la decano lo
que hiciste para ganar esas lesiones, y di adiós a Leopold. No importa cuán
poderosas sean mis conexiones, no hay un conservatorio en el mundo que
aceptará a un solicitante que enfrenta cargos por comprar servicios
sexuales.
Sus ojos se agrandan.
—¡Solo tengo diecisiete años!
—Eres lo suficientemente mayor para ser castigado como un adulto y
lo suficientemente joven como para ser la bella del baile en la prisión estatal.
—Oh Dios, oh Dios, esto no puede estar sucediendo. —Él envuelve un
brazo alrededor de su estómago y me da una mirada suplicante—. ¿No le
dirás a mi mamá?
Debería haberlo roto. Debería haberlo dejado en una pila sangrienta
para que los buitres se alimentaran.
—Esto es entre tú y yo. Mantén la boca cerrada, aléjate a la mierda de
la señorita Westbrook… y cuando te digo que te alejes, quiero decir que no
pienses en ella. No le hables, no la mires. Elimínala de tu maldita mente. Haz
eso, y la decano no escuchará de tu crimen.
—Está bien. —Agarra el volante, asintiendo, tragando—. Puedo hacer
eso.
No estoy convencido. Si es la mitad de adicto a Ivory de lo que soy yo,
no podrá permanecer lejos. Pero por ahora, asustarlo de muerte es la mejor
opción que tengo.
221
Cierro la puerta y camino hacia el GTO.
¿Le gustaba acostarse con él? ¿Me odiará por separarlos?
Página
De ninguna manera. Ella lo comparó con un tampón ensangrentado.
Pero ¿qué pasa con otros chicos? ¿Otros clientes?
En el fondo de mi estómago, sé que ella no quería estar aquí. Ella ni
siquiera entendió el concepto de deseo sexual hasta que me conoció. Pero
encontrarla con otra persona es un golpe aplastante para mi orgullo. Cristo,
ni siquiera puedo llevarme a mirar a otra mujer, pero aquí está ella… con él.
La rabia celosa me atraviesa el pecho, sacándome el aire y
acelerando mi paso. Ella debería haber venido a mí, confiado en mí,
pedirme que la ayudara. En su lugar, ella escogió esto. Lo escogió a él.
Los recuerdos del asiento trasero se estrellan en mi mente,
atormentándome con imágenes de sus piernas extendidas, su culo
desnudo, el condón.
Mis piernas se tensan para dar la vuelta, mis puños hormiguean
queriendo pulverizar su garganta hasta que deje de respirar. Pero sigo
caminando, concentrado en ella, en lo que pienso hacer.
De todas mis pasiones, disciplinar a una mujer es lo más estimulante. Lo
más excitante. La razón por la que trabajo, follo y respiro. Puedo hacer esto
sin destruirla. Si mantengo mi temperamento bajo control, podré abrir algo
dentro de ella que no tiene idea que existe. Dolor y placer. Miedo y
excitación. Dar y recibir. Una vez que entienda cómo funcionan estas cosas
juntas, la cambiará, la fortalecerá y la atará a mí irrevocablemente.
La parte racional de mi cerebro exige que la lleve a casa, renuncie a
mi trabajo y acabe con este peligroso enamoramiento. Pero he llegado al
punto de no retorno.
Ya no es cuestión de quizá o cuándo.
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Esta noche, ella se doblará por mi castigo, temblará por mi toque, y
arriesgaré todo para mostrarle exactamente lo que ella significa para mí.
Página
L
a tensión en el GTO es tan sofocante y desconcertante como mi
ira. Doy la bienvenida al silencio de Ivory, pero los secretos de sus
pensamientos me empujan más y más fuerte a medida que pasan
las calles.
Cuando paso más allá de la salida de Treme, ella se gira en el asiento
y señala:
—Mi casa está… —Su mirada vuela hacia la mía—. ¿No me está
llevando a casa?
Al detenerme en un semáforo, me vuelvo hacia ella.
—¿Alguien notará si no regresas a casa esta noche? ¿Tu madre?
¿Hermano?
Pensé que sus ojos estaban oscuros antes. Pero ahora son el color de
las pesadillas. Incluso en los faros de cruce, me persiguen y me enfrían hasta
el hueso.
Ella mira su regazo, sacude su cabeza, su voz temblorosa muy suave.
—¿Qué va a hacer conmigo?
Ella está pensando lo peor. Lo oigo en las bocanadas de sus
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respiraciones y me enfurece.
Página
Pero no puedo culparla. Ella me vio enloquecer con Prescott, y estoy
seguro que puedo sentir su miedo, ella puede sentir mi vibrante necesidad
de penitencia.
Me acerco y agarro la mano en su regazo.
—Escúchame muy cuidadosamente, Ivory. —Aprieto sus temblorosos
dedos—. Nunca te golpearía por enojo. Cuando azote tu trasero, lo amarás
tanto como lo odiaras. Dime que entiendes.
Contiene la respiración, y un sollozo cuelga en el borde de su voz.
—No me hará daño por enojo. —Ella toca la piel rota en mis nudillos—.
¿Cómo me encontró?
—Sebastian Roth estaba demasiado dispuesto a revelar el lugar de
estacionamiento favorito de su amigo. —Un torrente de hostilidad invade mi
garganta, y soy incapaz de detenerlo—. ¿Te los estás follando a él y a
Prescott? ¿Cuántos otros?
Intenta apartar su mano, pero la sujeto con fuerza. Sus dedos
descienden flojos mientras que los míos tiemblan por el subidón de
adrenalina.
Probablemente sea mejor que no responda mientras estoy
conduciendo. A segundos de explotar, soy capaz de tirar el maldito auto
desde un puente.
La Calle Lasalle, quince cuadras, dos vueltas, y una puerta de alta
seguridad más tarde, aquí estoy, sentado en mi camino de entrada, a punto
de cometer el mayor error de mi vida.
Una lámpara de gas cercana ilumina el interior del auto, pero estamos
estacionados en la parte de atrás, envueltos por enormes robles y
224
escondidos de la calle. Cuando me vuelvo en el asiento para hacerle frente,
ella no está mirando mi gran propiedad con envidia. Ella no está
Página
examinando el paisaje millonario con los labios separados. Ella me está
mirando. Como si yo fuera lo único que existe en el mundo. Como si fuera
más importante que toda la riqueza que la rodea.
Me quedo sin poder hacer nada contemplándola, perdido en las
sombras de tragedia, miedo y abandono, pero hay un destello de luz en las
profundidades oscuras. A medida que se va acercando, buscando, mi
corazón late con comprensión. Ese pequeño destello en sus ojos es
confianza.
Es entonces cuando lo escucho.
El tempo de nuestras respiraciones. El tambor de nuestros latidos. El
crujido en el aire.
La exquisita cadencia pulsa a través de mí, despertando sensaciones
que nunca he sentido, componiendo una melodía que nunca he oído.
Nuestras hipnóticas, notas oscuras.
Esto es mucho más que un castigo o un placer prohibido.
Ella nunca podría ser un error.
—Vamos a… —Ella inclina la cabeza y busca mi rostro—. ¿Hacer la cosa
de la vibra toda la noche? Estoy bien con eso, pero no saber lo que viene a
continuación me tiene... uhm… un poco nerviosa.
Paso un dedo a través de su mejilla y a lo largo de su labio inferior.
—Dime que confías en mí.
Ella mordisquea la esquina de su boca.
—Me ha dado todos los motivos para no hacerlo.
Dejo caer mi mano, pero ella la agarra y la levanta de nuevo a su rostro.
225
—También me ha mostrado todas las razones por las que debería
Página
hacerlo. —Sostiene nuestras manos firmemente contra su mejilla—. Gracias
por encontrarme. —Sus dedos rastrean los cortes en mis nudillos, y sus ojos
brillan con lágrimas—. Por protegerme.
Cristo, esta chica... ella es mi música, mi lugar en esta vida, mi parte en
todo.
Me muevo y toco mis labios con los de ella.
—Sígueme adentro. —Deslizo una mano en su grueso. Cabello—. Vas a
decirme todo lo que quiero saber. —Aprieto mi agarre y jalo la cabeza hacia
atrás—. Entonces voy a probar la profundidad de tu confianza. Di que sí.
Sus ojos parpadean con vulnerabilidad y desesperación. Entonces ella
parpadea, respira y se relaja en mi agarre.
—Sí, señor Marceaux.
226
Página
S
igo al señor Marceaux A través de los pasajes anchos y resonantes
de su monstruosidad de mansión. Entre las preguntas que tendría
que responder y cualquier castigo que le seguiría, mis piernas
amenazaban con ceder con cada paso.
Él toca mi espalda baja y me dirige adelante. Extrañamente, los
temblores en su mano me dieron fuerza. Como que tal vez él está tan
asustado como yo.
Sus dedos han estado temblando desde que se subió en el GTO, sus
respiraciones oscilando en volumen y tempo todo el camino aquí. Estoy bien
familiarizada con los indicadores de un hombre en necesidad, pero esto se
siente diferente, más seguro de alguna manera. Tal vez es porque él no está
atrayéndome como los otros hombres que me he encontrado. O quizás es
porque la mano en mi espalda está guiándome, no forzándome.
Pasamos una estancia llena de lujos muebles de piel, una sala de
chimenea con más sofás, y una reluciente cocina masiva con acero
inoxidable. Comparado con el sombrío exterior gótico victoriano de piedra
y campanarios, el interior es cálido y brillante, ostentando el tipo de lujos que
no estoy segura que un salario de profesor pueda permitirse.
Candelabros de hierro forjado, cortinas largas y pesadas, pisos de
227
madera brillante, papel tapiz negro damasco, todo es del viejo mundo, pero
moderno al mismo tiempo. Una profunda reflexión de su personalidad.
Página
Parece un alma noble y antigua en el sentido de que él ama el
conocimiento y la verdad, esos propósitos le interesan mucho más que los
últimos chismes o los autos de alta tecnología. Pero tras dos meses de
lecciones, he aprendido que el también aprecia la fugacidad de la vida, las
tendencias breves, y la forma en que la gente y la música cambian con el
tiempo.
Después de incontables habitaciones, una escalera en espiral que
envuelve el atrio, y un laberinto de pasillos, he perdido mi rumbo. ¿Por qué
un hombre soltero necesitaría tanto espacio?
Realmente no me importa mucho cuánto dinero tiene o de dónde
viene. Estoy más interesada en el hombre mismo, lo que ha planeado, y a
donde me está llevando.
—¿Señor Marceaux?
—Es Emeric. —Se detiene, me gira para enfrentarlo, y acaricia la
almohadilla de su pulgar a través de mi mejilla—. Soy el Señor Marceaux
cuando soy tu profesor.
Su toque causa un escalofrió en mi piel y electrifica mi corazón.
—Si no es mi profesor justo ahora, ¿qué es?
El mecanismo en su reloj hace tic tac al lado de mi oreja cuando desliza
sus dedos a través de mi cabello y sostiene mi cabeza en el marco de sus
manos.
—No creo que estés lista para escuchar eso.
Tal vez no, pero creo que me lo está mostrando. Mientras miro dentro
del azul tormentoso de su mirada, los apliques de la pared, las puertas
arqueadas y los bosques oscuros en el pasillo todos se derriten en el olvido.
228
Él está usando su rostro serio de muerte, el que dice quiero follarte y
mucho más.
Página
Esa mirada en sus ojos revuelve mis entrañas. Respirando a través de
una neblina diáfana de felicidad y confusión. No atenúa el hambre de su
expresión, pero no actúa sobre ella, tampoco. Es como si la dejara
construirse naturalmente mientras la mantiene contenida. Como si disfrutara
como lo hace sentir sin empujarla contra mí.
Podría pararme aquí y mirarlo toda la noche, a sus perfectas facciones
de modelo, el apenas rastrojo en su esculpida mandíbula, y el calor bailando
en sus ojos. Las puntas de mis dedos hormiguean por correr por su cabello
otra vez. Suavemente, sin embargo, a diferencia de la forma en que
apuñala sus manos a través de los mechones negros cuando está enojado.
Él es solo… tan… condenadamente hermoso. Demasiado sexy para ser
un profesor. Pero es su auto control por el que estoy más atraída. Gracioso
eso, dado que mostró cero contenciones con Prescott. ¿O tal vez lo hizo?
Prescott aún está respirando.
Cuando viene hacia mí, sin embargo, su control es evidente en su dura
expresión y en sus aún más duras respiraciones. Él desea, pero no lo toma.
Solo eso me hace sentir más atraída hacia él.
Agarro las mangas recogidas en sus codos y deslizo mis dedos a lo largo
de sus fuertes antebrazos.
—¿Puedo amarrarle las manos?
— Después. —Su rostro se mueve un centímetro más cerca.
—No lo entiendo, Señor Mar… Emeric. Pasaste de azotes a cinco
semanas de nada a puñetazos a… —titubeantemente busco y toco su
caliente, cincelada mejilla—. A mirarme así. ¿Por qué?
—Bueno, algo sucedió recientemente. —Me da una media sonrisa—.
Hace como diez minutos. —Voltea su rostro hacia mi mano y presiona sus
229
labios en mi muñeca—. Tuve una epifanía.
Página
—¿En el auto? —Mi ritmo cardiaco salta—. ¿Qué quieres decir?
—Me di cuenta que he estado en negación desde… —Su mirada baja
a mi boca momentáneamente luego regresa a mis ojos—. Por un rato.
—¿Negación sobre qué?
Se acerca, desliza sus manos en mi cabello, y sostiene mi mejilla contra
su pecho.
—No le demos un nombre todavía.
Amor aparece en mi mente, inesperado, seguido rápidamente por
abrazo. Instintivamente mis brazos se envuelven en su torso. Mis manos
agarran la parte de atrás de su chaleco de lana, y musculo a musculo, me
relajo contra él, sus dedos bajando por mi columna, disparando temblores
de mi cabeza a mis pies. El círculo de sus brazos se estrecha, y cada
molécula dentro de mí se vuelve súper alerta de cada centímetro de su
cuerpo.
Su altísima altura y físico duro se sienten intimidantes y protectores,
inmovible y cálido, extraño y asombrosamente correcto.
Mi papá solía abrazarme, y extraño ese amor con angustia
insoportable. Stogie me ama en una no abrazadora ni protectora manera
de tío. Pero esa es toda la extensión de mi experiencia con el concepto.
Explorar algo como amor con Emeric es aterradoramente imprudente.
Es demasiado volátil, impredecible, e insanamente intenso. ¿Daría un día y
tomaría al siguiente? ¿Se burlaría de mí con eso, me haría rogar por ello, y lo
usaría contra mí?
Aun así, preferiría recibirlo en raciones que no tenerlo en absoluto.
Excepto que él es mi profesor. Me dijo específicamente que no puedo
enamorarme de él. Y él ama a otra mujer.
230
¿Exactamente que soy para él? Mi estómago hierve con celos y miedo,
Página
pero no duele tanto con sus brazos sosteniéndome cerca y su boca
descansando encima de mi cabeza.
Lo que sea que sea esto… esta cosa con la que él ha estado en
negación, parece estar haciendo que su corazón corra. O tal vez es el
abrazo el que causa estos pesados latidos contra mi oreja. Tal vez es todo al
mismo tiempo.
Ladeo mi cabezo y miro arriba hacia él.
—¿Tienes miedo?
Me libera y da un paso atrás, se centra en sus manos mientras estira la
corbata a rayas blanco y negro.
Aprieto los dientes. Demonios, quiero que posea sus sentimientos, no
que los aparte y se deshaga de ellos. Abromi boca para decir eso, pero sus
ojos atrapan los míos, y olvido respirar.
Ese momento… mi Dios, se siente como toda una vida en fabricación.
Sus manos se curvan alrededor de mi cuello, desgarrándome en un beso tan
consumidor que me toca en todas partes. Segundos pasan como horas. La
caricia de su boca se roba la fuerza de mis rodillas. En el instante que ofrece
su lengua, un escalofrío de electricidad corre salvaje a través de mi piel. Su
suave gemido vibra contra mis labios, provocando un cálido palpitar entre
mis piernas. Y su respuesta…
—Sí. —Sus manos sujetan mi garganta, ajustadamente, posesivamente,
mientras besa un tembloroso camino a mi oreja y dice con tono áspero—.
Tengo miedo.
Mis dedos encuentran su cabello y halan su boca de vuelta a la mía.
—¿Miedo de qué?
—Ser atrapados. —Nos voltea, presiona mi espalda contra la pared, y
susurra entre lamidos de drogadicto en mis labios—. Ir a prisión.
231
Quiero discutir, pero no tengo voz, no respiración, solo su pecadora
Página
boca y el soporte de su fuerte pecho contra el mío.
Ladea su cabeza, entrelazando nuestras lenguas, más profundo, más
rápido, y floto sobre las corrientes termales retorciéndose entre nosotros. El
algodón de mi blusa y el elástico de mi sujetador pican y aprietan mi piel.
Quiero quitármelos.
»Tengo miedo de lastimarte. —inclina su cabeza en la dirección
opuesta, un nuevo Angulo, comiendo de mi boca como si no pudiera estar
lo suficientemente profundo—. Pero no voy a detenerme, Ivory. —Otro beso
hambriento—. Eres mía.
Un sentido de pertenencia inflama mi pecho. Se siente tan gante y
completo y muy bueno para ser verdad. No sé si puedo confiar en eso. Al
vacilar, su calor y su fuerza desaparecen, dejándome balanceándome
contra la pared.
Agarra mi cintura y me tira delante de el en el pasillo, dirigiéndome
hacia adelante. Intento un paso tambaleante, pero él está detrás de mí, sus
fuertes dedos resbalándose de mi cintura, sobre mi cadera, y curvándose
alrededor de mis muslos.
Su boca traza la línea de mi hombro y mordisquea a lo largo de mi
cuello. Se detiene en mi oreja, su tono ronco.
»Última habitación a la derecha.
Con una inhalación entrecortada, camino hacia adelante. Sus pisadas
unos pasos detrás, y no puedo evitar girar mi cuello para sostener su mirada
caliente. Cuando alcanzo la puerta, me vuelco y vuelvo, mi atención
paralizada por todas las emociones sin nombre endureciendo su feroz
expresión.
Debería estar ansiosa. Debería estar jodidamente aterrorizada. Pero él
no es Lorenzo o Prescott o los incontables otros que me hicieron querer morir.
232
Emeric me ha hecho sentir más viva esta noche que en diecisiete años.
Página
La periferia de mi visión capta una cama, algunos muebles, mucho gris
y negro. ¿Su habitación? No miro alrededor, no aparto mis ojos del hombre
que está arriesgando su carrera, su libertad, para estar conmigo.
Merodea más cerca, su abrumadora proximidad persiguiéndome
hacia atrás, lentamente, sin respirar, más profundo en la habitación. ¿Hará
sus preguntas ahora? ¿La verdad lo molestara al punto del odio? Ha habido
tan poca gente en mi vida que cree en mí. No puedo soportar la idea de
perder la mirada protectora en su rostro.
Agarra mi muñeca y me empuja contra él, su voz baja y gutural.
»No tienes idea de lo que eso me hace.
—¿Qué?
—La forma en que me miras como si valiera más para ti que —mira
alrededor de la habitación—, una casa lujosa.
Un rubor ardiente barre mis mejillas. ¿Qué está diciendo? ¿Porque soy
pobre, debería estar enamorada y boquiabierta con sus cosas? Me importa
más él que todo el dinero en el mundo. Pero tal vez no debería. Tal vez
piensa que soy una colegiala enferma de amor.
Estrecho mis ojos.
—La moldura en este lugar… Está en todas partes. Diseños festonados
en el techo de la sala de estar. Paneles cuadrados en las paredes. Rieles
para sillas corren en la longitud del pasillo. Podría pelarlo todo y empeñarlo
mientras tú estás…
—Malcriada. —Su hermoso rosto se divide en una sonrisa mientras él me
arrastra hacia atrás y me sienta en el borde del colchón.
233
Me deja allí y avanza al vestidor. Cuando vacía sus bolsillos, soy
golpeada con una pesada dosis de realidad. Estoy en la habitación del
Página
señor Marceaux. Sentada en su cama. Viéndolo hacer cosas, cosas
personales en su espacio privado, que nadie en la escuela ha presenciado.
Con su espalda hacia mí, él pone su billetera y sus llaves en un plato de
madera. Su teléfono y se reloj mecánico van enseguida. Su chaleco cae
sobre el respaldo de una rígida silla de piel. Su corbata lo sigue.
Cuando sus manos caen a su cinturón, mi respiración se detiene.
Se voltea para encararme, sus dedos lentamente desabrochando la
hebilla.
»Es hora de enfrentar el problema que hemos estado evitando.
Mi estómago se hunde, y una ola de vértigo me estremece.
Desliza el cinturón libre, lo enrolla en una espiral, y lo deja en la mesa de
noche a lado de la cama.
»Sin mentiras. —Agarra sus manos detrás de su espalda, los hombros
cuadrados estiran el botón blanco sobre su pecho, y su mirada se
endurece—. Omitir es lo mismo que mentir.
¡Mierda! Aprieto mis ojos cerrados. Mierda, jodida mierda.
»Ivory.
Abro mis ojos y lo encuentro estudiándome. Por supuesto, lo está
haciendo. Siempre mirando. Siempre viendo demasiado. Muerdo mi labio.
Esto no va a terminar bien.
»Probablemente voy a perder mi tranquilidad de nuevo. —Mira sus
zapatos, sonriéndose a sí mismo—. Ya que parece que no puedo controlar
mi temperamento cuando tú te preocupas. —Mira hacia arriba a través de
un velo de gruesas pestañas—. Recuerda lo que dije a cerca de eso.
Mis cejas se elevan cuando pienso de vuelta.
234
—¿Nunca golpeas a una mujer por enojo?
—Buena chica.
Página
Mis pulmones se expanden, inhalando esas palabras.
Se arrodilla frente a mí, su pecho tocando mis rodillas cerradas y sus
manos en mi cadera.
»Sé que necesitas dinero. He deducido que Prescott y Sebastian te
pagaron. —Sus ojos destellaron con ira—. Dime como y cuando comenzó el
arreglo.
Quiero acariciar su rostro, pero los ángulos de su estructura ósea de
repente parecen muy afilados, demasiado intocables. Así que pongo mi
palma en la tibia piel de su antebrazo, donde descansa junto a mi muslo.
—Te lo contare. Lo prometo. ¿Pero qué pasará con mi educación y
Leo…?
—Leopold no está aquí ni allí. Esta no es una conferencia profesor-
estudiante. —Se acomoda, agarra el dobladillo de mi falda, y lo sube a mis
muslos hasta que queda justo debajo de mis bragas.
Mantengo mis rodillas juntas, pero no lucho con él.
—Esto es tú y yo, Ivory. —Sus dedos se deslizan bajo el tejido reunido,
trazando la curva oculta entre mis piernas y caderas—. Solo somos un
hombre y una mujer, compartiendo un íntimo momento de honestidad.
Me gusta cómo suena eso casi tanto como el calmado toque de sus
dedos. Una cesura silenciosa se extiende entre nosotros, durante la cual no
se cuenta ni se pesa el tiempo. Eventualmente, sus caricias me calman lo
suficiente para hablar.
—Primer año, estaba desesperada por amigos, desesperada por
encajar, y ofrecí ayudar a algunos de los otros chicos con su tarea. —Sudor
mancha mis manos, y las junto sobre el pliegue de mis muslos apretados y
235
desnudos—. Solo los chicos aceptaron mi oferta con la ayuda. Prescott y sus
amigos. En algún punto de ese primer año, mi tutoría se convirtió en yo
Página
haciendo las tareas por ellos.
—¿Y qué vi en el auto?
—Ellos tocaron y besaron y tomaron cosas que yo no quería dar.
Emeric se levanta, sus manos recorriendo su cabello mientras una
violenta sinfonía choca y vibra en sus ojos.
—Ellos tomaron cosas… —Deja caer sus brazos y flexiona sus puños a sus
costados—. Explica eso.
Le cuento cómo amenace con dejar de ayudarlos, como ofrecieron
pagarme si continuaba, y lo mucho que necesitaba el ingreso para sostener
mi casa. Para el momento en que llego a la parte de ellos tomando más
que la tarea, Emeric está paseando un camino furioso a través de la
habitación.
Si va a quemarlo todo, tiene el espacio para hacerlo. Quiero decir, es
la habitación más grande que he visto, con nada sobre el piso que lo haga
tropezar. Para ser un chico, él es sorprendentemente ordenado.
Y para una chica que está en una jaula con un león paseando, me
siento extrañamente desprendida. Incluso liberada.
Finalmente decir estas cosas es liberador, y él absorbe cada palabra
como si lo estuviera viviendo, sintiendo. Si, él está enojado, pero no lo ha
dirigido a mí ni una sola vez. Se preocupa lo suficiente para estar enojado
por mí.
Se detiene ante mí, su rostro tan rojo como sus nudillos inflamados.
—¿Les dijiste no?
Dirigiendo mis ojos a sus Doc Martens, asiento.
—Por un tiempo.
236
—Define un tiempo.
Página
—El primer par de años.
—Te violaron. Por años. —Su voz mordaz rueda en un bramido—.
¡Mírame!
Mi mirada salta a la de él. El horror grabado en su rostro hace a mi
corazón palpitar tan fuerte que duele.
¿Cómo explico estas cosas vergonzosas cuando ni siquiera estoy
segura sobre nada de eso?
—No lo sé.
—No hay un no lo sé sobre esto, Ivory. —Se agarra atrás de su cuello
con ambas manos y pasea en un círculo apretado—. O estabas dispuesta
o no lo estabas. ¿Cuál es?
—A veces, me siento atrapada por las circunstancias. A veces, soy
dominada. Otras veces, solo lo dejo pasar.
—Solo lo dejas pasar. —Hace eco con veneno—. ¡Basura!
El rugido de su grito golpea mis hombros. Voltea y golpea su puño en la
pared, arrancando un jadeo de mi garganta.
Salto de la cama, bajándome la falda mientras cautelosamente me
acerco a su espalda.
—Emeric.
Golpea otro agujero, y otro, sus brazos flexionándose y contrayéndose
con cada impacto mientras polvo y tablones estallan a su alrededor.
»Emeric, ¡detente!
Respirando pesadamente, apoya un antebrazo en la pared, descansa
su frente en su brazo, y ladea su cabeza para mirarme.
237
—¿Cuál de esos hijos de puta tomó tu virginidad?
Página
—Nadie en Le Moyne. —Me acerco, al alcance de un brazo—. Ya
estaba… —Usada. Arruinada.
Extiende la mano y me arrastra contra él, fijándome entre su pecho
marcado y la pared.
Sangre y polvo cubren los nudillos de la mano que levanta gentilmente
para acariciar mi mejilla.
—Hay más que no me has contado.
Más hombres que toman. Más verdad para compartir. Le contaré todo,
porque él no me ha alejado, no me ha mirado con repulsión ni una sola vez.
Baja su frente a la mía, dedos descansando contra mi mejilla, y dice
suavemente:
—Quiero azotarte por estar tan mal informada sobre la violación.
Pero estoy aprendiendo las diferencias, tanto como en quién confiar y
cuándo pedir ayuda. Siempre pensé que el lugar más seguro para ir era mi
cabeza, que nadie podría herirme allí. Pero parada entre una pared
arruinada y el furioso hombre que la destruyó, nunca me he sentido más
segura.
Sostengo su mano contra mi rostro y me encuentro con su mirada
apasionada.
—Confío en ti.
Todos mis repugnantes secretos finalmente me han alcanzado. Pero
por primera vez en mi vida, no tengo que enfrentarlos sola.
238
Página
M
i autocontrol es una maldita broma, y la parte imperturbable
de mi cerebro se pierde bajo las imágenes escalofriantes de
Ivory acorralada, herida y sola. Me tiemblan las manos
mientras me tambaleo al borde de la brutalidad maníaca, consumido por
el tipo de dolor de cabeza palpitante que solo puede ser consolado por el
derramamiento de sangre.
Sabía que había abuso sexual, pero parte de mí creía que era en el
pasado, como si hubiera sido un solo momento horrible en su vida. Nunca
imaginé años de violación.
¿Cuántos hijos de puta tendré que matar? Y mientras estoy asesinando
en mi camino a través de sus pesadillas, ¿cómo voy a detenerme de ser el
peor de todos ellos?
La visión de Ivory del sexo está muy probablemente dañada como el
infierno. ¿Cómo responderá al sexo conmigo? ¿Se congelará? ¿Estoy
empujándola demasiado rápido? ¿Qué carajos hago ahora, si acaso, con
respecto a nuestra relación?
Mi corazón ruge más fuerte, más rápido, mis músculos se expanden con
la dirección de mis pensamientos.
239
—Oye. —Ella sostiene mi adolorida mano contra su mejilla—. Te estás
poniendo tenso otra vez.
Página
Creo que puede estar más loca que yo. Ella no se encoge ni intenta
poner una distancia segura entre nosotros. En su lugar, ella me da una sonrisa
gentil y me mira con grandes ojos marrones llenos de confianza.
Sí, la traje a casa para mantenerla a salvo, pero ella no tiene ni idea de
lo cerca que estoy de romperme. Todo mi cuerpo se estremece por doblarla
y follarla tan duro que todo lo que recuerde es a mí. Y eso la destruirá.
Doy un paso atrás y señalo con un tembloroso dedo hacia la cama.
—Siéntate.
Ella alisa su falda y sigue mi orden, mirando nerviosamente el cinturón
en la mesilla de noche.
Mi palma se siente caliente y dolorida, mi brazo tenso por balancear
ese cinturón. Menos por la ira y más porque estoy desesperado por dejar
toda esta mierda detrás de nosotros y pasar el resto de la noche
derritiéndola en una felicidad orgásmica.
Pero no es como si pudiera ir hacia ella con el cinturón en la mano. Eso
sabotearía su confianza. Tengo que enseñarle que hay un dolor mejor y más
significativo que lo que ella experimenta. Del tipo voluntario.
Para hacer eso, tengo que reponerme.
Con respiraciones medidas, tomo un momento para disfrutar de su
belleza, absorbiendo su perfecta exquisitez, tez morena y cabello oscuro y
brillante. Pero es la audacia en sus ojos, la fuerza en su sonrisa, y la potencia
de su aura lo que me calma. Es imposible no gravitar hacia ella, no ser
cautivado por la gracia y tenacidad que emana.
Mientras la miro, me doy cuenta con una claridad asombrosa que ella
no me necesita para matar su pasado. Ella ya lo vivió y salió del otro lado
240
con más fuerza que cualquier persona que conozco.
Página
Pero ella me necesita para que escuche, la apoye sin enloquecer, y,
sobre todo, que la proteja de futuros daños.
Con un pulso más estable y el dolor de cabeza disminuyendo, me uno
a ella en el borde de la cama, mis pies al lado de los de ella en el suelo.
Inclinándome sobre su regazo, alcanzo sus tobillos. He despreciado sus
zapatos remendados desde el primer día en que los puse sobre sus pies. No
son lo suficientemente buenos para ella, y verla caminar en ellos semana
tras semana me hace querer darle cada centavo que tengo.
Saco las pequeñas zapatillas de ballet negras de sus talones y las dejo
caer al suelo. Si solo supiera cuántos reemplazos de número siete le he
comprado. Todo el maldito armario detrás de mí está lleno, no solo con
zapatos, sino con ropas y bolsas y... Jesús, sueno como un psicópata, incluso
en mi cabeza.
Ni siquiera soy un comprador. Joder, lo odio. Pero durante las últimas
cinco semanas, fue la forma más benigna que encontré para canalizar mi
obsesión inapropiada con ella.
Atrayéndola por el costado a mi regazo, me levanto del colchón y me
reclino contra la cabecera.
Con mis brazos envueltos alrededor de su delicada estructura, acaricio
su espalda.
»Cuéntame sobre tu primera vez. ¿Cuántos años tenías?
Ella apoya su mejilla en mi hombro, su voz vacilante.
—Tú primero.
Un violento Contéstame se construye en mi garganta, pero lo trago,
recordándome que la honestidad va en ambos sentidos.
Le beso la sien.
241
—Tenía dieciséis años. Ella también. Una novia de verano. Fue…
—Dulce. Torpe. Vainilla—. Sin acontecimientos notables. Nos separamos
Página
poco después.
Se menea con el botón de mi camisa debajo su barbilla.
—¿Es una locura que yo quiera cazarla y arrancarle los ojos para
conseguir esa primera vez sin incidentes contigo?
Una risa brota de mi pecho mientras doblo mi mano hinchada en su
regazo.
—Si eso es una locura, probablemente debería estar comprometido.
—Por ser incontrolablemente, locamente y violentamente protector con
esta chica.
Ella ríe suavemente, sus dedos trazando círculos alrededor del lío
carnoso en mis nudillos.
—Quiero limpiarte las manos.
—Cuando hayamos terminado.
En su posición lateral en mi regazo, ella se apoya contra mi pecho y
engancha un brazo alrededor de mi espalda baja, presionando su rostro en
mi cuello, como para mantenerme cerca.
No iré a ninguna parte.
—Tenía trece años mi primera vez.
Cierro los ojos y recuerdo respirar.
—El amigo de mi hermano lo hizo, detrás de mi casa, en las escaleras.
Hiervo. Maldita sea, hiervo por todos los poros de mi cuerpo. Su
hermano es nueve años más grande que ella. Si el amigo es de la misma
edad, ese imbécil enfermo tenía veintidós años cuando folló su cuerpo de
trece años.
242
Es todo lo que puedo hacer, solo sentarme allí, sujetarla contra mí, y no
explotar con un rugido en un ataque balístico de furia.
Página
—¿Su edad?
Se desplaza hacia arriba de mi pecho y rodea mis hombros con sus
brazos, apoyando su frente contra mi costado.
—La misma edad que tú.
Sé que la estoy apretando demasiado fuerte cuando ella chilla y me
clava las uñas en el cuello. Las preguntas se acumulan en medio de las
vibraciones que gruñen en mi garganta, pero no hay forma de que pueda
formar sonidos sofisticados en este momento, mucho menos palabras.
Ella acaricia mi hombro como si estuviera consolando a un maldito
perro rabioso.
»Le dije que no, luché contra él, lo odié. Ya sé lo que eso significa ahora,
pero no lo entendí entonces.
—Ivory…
—Solo déjame terminar. —Ella se inclina lejos de mi pecho, mirando
fijamente la entrada al cuarto de baño principal mientras sus dedos
juguetean con los botones en mi camisa—. Después de que pasó, yo estaba
bastante jodida en mi cabeza. Dejo que todo el mundo tenga sexo
conmigo, como si estuviera tratando de demostrarme a mí misma que no
era débil. No quería llorar por causa de eso. Yo quería poseerlo, como
“Tengo esto. Lo estoy haciendo”. Y él y él y...
—¿Cuántos? —exclamo con los dientes apretados.
Ella parpadea y sacude la cabeza. Cuando vuelve a parpadear, sus
ojos brillan con lágrimas.
—No funcionó como yo quería.
243
—Deja de lloriquear y dime cuántos él ha habido.
Página
Su mandíbula se ajusta, y me nivela con una mirada llorosa.
—No lo sé, ¿de acuerdo? ¿Sesenta? ¿Ochenta? ¿Más? ¡No llevo la
cuenta porque no quiero saberlo!
Mi estómago se endurece. Jódeme, soy diez años mayor que ella, y
sesenta es el doble de parejas que yo he tenido. Y ese es su número bajo.
Su atención vuelve al cuarto de baño.
»Adelante, dilo. Soy una zorra. Una puta repugnante.
Atrapo su barbilla con fuerza y empujo su rostro hacia el mío, mi tono
tosco.
—Nunca pongas palabras en mi boca.
Cuando la dejo ir, tira sus rodillas entre nuestros pechos, su firme culo
cavando en mis muslos donde se sienta de lado en mi regazo. Sus piernas se
contraen para cerrarse imposiblemente más apretadas mientras mira
fijamente al cuarto de baño otra vez. Mi primer pensamiento es que necesita
hacer pis. Pero dada la conversación, sé que hay algo más sucediendo.
Coloco su cabello detrás de su oreja y paso mis dedos por su cuello.
»¿Prescott... te tocó o tuvo sexo contigo antes de que llegara esta
noche?
Ella se abraza las rodillas, su expresión se oscurece.
—No.
No lo creo, pero ser atrapada en esa posición esta probablemente
haciendo un número en su cabeza.
—Dime por qué estás mirando el cuarto de baño.
Sus pestañas bajan.
244
—Realmente me gustaría... tomar una ducha.
Página
—¿Por qué?
—Estoy sucia —susurra.
Tengo los dientes apretados. Va a tomar un montón de tiempo y
paciencia reparar su dignidad, y estoy empezando justo ahora.
—¿Sabes qué pasó al momento en que arranqué a Prescott de ese
auto? Aseguré una posesión sobre ti. Sé que no entiendes el significado de
eso, así que lo haré simple. —Aprieto su garganta y sostengo su mirada—.
Eres mía. Eso significa que cada centímetro de tu hermoso cuerpo, cada
pensamiento en tu cabeza, y cada palabra de tu boca me impactan.
Llamarte sucia o cualquier otro adjetivo ofensivo es un insulto a mi chica,
algo que no toleraré. Dime que entiendes.
Su garganta se relaja contra mi palma, sus ojos redondeados y
buscando.
—Entiendo.
Jodidamente hermosa.
Libero su cuello y toco la unión de sus rodillas cerradas.
—Separa tus piernas.
El delgado ajuste de la falda no permitirá mucho, pero solo necesito
espacio suficiente para mi mano.
Ella mira fijamente mis dedos, y sus amplios ojos brillan en los míos. Lo
que sea que ella ve en mi rostro suaviza las líneas de preocupación en el
suyo. Sus brazos caen a sus costados, y respiración a respiración, abre sus
rodillas.
Jodido infierno, sufro por desnudarla y probar cada gloriosa curva e
inclinación de su cuerpo. Vamos a ser tan jodidamente salvajes juntos,
245
luchadores y osados, desordenados y ebrios de placer. Siento la promesa
de esa agitación en el aire entre nosotros, sacudiendo mis piernas debajo
Página
de su trasero, y moviendo mi palma mientras deslizo mis dedos por el interior
de su muslo.
Cuanto más profundo llego bajo su falda, más cálida y amortiguada es
su piel. Observo su expresión por signos de pánico y me muevo poco a poco
más cerca de su coño.
A un centímetro de mi objetivo, le acaricio el muslo, burlándome de
ella.
»No voy a borrar tu comentario de auto desprecio con palabras floridas
como “Eres bonita y sexy y perfecta”, porque sospecho que lo has oído
todo, muy probablemente pronunciado en respiraciones pesadas que te
persiguen cuando duermes.
Su labio inferior tiembla, el resto de su cuerpo, inmóvil y rígido.
»En lugar de eso, voy a mostrarte exactamente cómo no estás sucia.
—Toco la entrepierna de sus bragas.
El satén húmedo se encuentra con mis dedos, y mi polla se estremece
contra su cadera. Cristo, la deseo. Es esta sensación de hinchazón y
constricción en la base de mi columna vertebral, haciendo que mis muslos
y mis bolas se aprieten. No sé cómo voy a detenerme de tomarla como
cualquier otro idiota bárbaro una vez que quite las barreras entre nosotros.
Sus ojos se fijan en los míos mientras ella agarra mi antebrazo, no
empujándome, sino deslizando sus dedos a lo largo del músculo como si
sintiera la forma en que se mueve.
Tuerzo mi muñeca y engancho un dedo debajo del borde satinado
entre su pierna y coño. Con un movimiento largo y lento, deslizo mi tacto
desde su abertura hasta su clítoris, separando su carne y saboreando la
sensación de suaves vellos cortos. Mientras hago otro barrido, y otro, ella se
vuelve más húmeda y húmeda. Su coño se hincha, sus piernas tiemblan, y
me emociono por la idea de darle placer de una manera que nadie ha
246
hecho antes.
Página
Ella planta sus pies en el colchón, aferrándose a mi brazo con ambas
manos. Sus tetas se elevan y caen cuando el sonido seductor de su
respiración persigue el silencio de la habitación.
Sus labios entreabiertos, la flexión de su culo contra mis cuádriceps, y la
sensación de su excitación que recubre mis dedos me excitan de maneras
que nunca conocí. Esto alcanza mucho más profundo que la presión rígida
entre mis piernas. Está en mis venas, ardiente y sin peso. Está en mi cabeza,
como un susurro de promesas. Ella está en mi corazón, suavizándolo,
reparándolo, y haciéndolo bombear de nuevo.
Quito mi mano y la levanto a mi boca. Sosteniendo su mirada, chupo
cada dedo limpiando, lenta y deliberadamente.
»Tienes un sabor sucio, Ivory. En el más agradable, delicioso y adictivo
sentido de la palabra.
Su mandíbula cae en un suspiro silencioso. Cierra la boca, la abre de
nuevo, pero la corto con un beso. Mis manos se deslizan sobre su rostro y
cabello, sujetándome mientras persigo su lengua, la atrapo y la enredo con
la mía. Ella me sigue, con las manos en mi cabeza, gimiendo en mi boca y
lamiendo su sabor de mis labios.
La necesidad ondea baja y apretada en mi cuerpo. El marco de la
cama cruje cuando la beso más profundo, la empujo más cerca,
persiguiéndola con los dedos y los dientes, silenciosamente exigiendo que
tome todo lo que le doy, porque es todo suyo. Soy suyo.
Ella mueve sus labios sobre los míos, su voz ronca.
—Maldición, tú... tu realmente sabes cómo besar.
Su sensual exhalación forma un espacio en mis pulmones, y con cada
una de sus pequeñas respiraciones, ese espacio crece más y más lleno.
247
Cuando se aclara la garganta, escucho su pregunta en la inhalación que
sigue. ¿Ahora qué?
Página
Tengo mis propias preguntas, más que los minutos que nos quedan en
la noche. Pero ella no ha comido, el agotamiento pesa fuertemente en sus
párpados, y no vamos a salir de esta habitación hasta que ella haya
aprendido una lección crucial.
Con gran renuencia, la levanto de mi regazo y la acomodo en la cama.
Su mirada cae instantáneamente a la tienda en mis pantalones. Ella
también puede acostumbrarse a eso.
Me paro y agarro mi rígida longitud, forzándola de lado en mis
pantalones.
—Hace muchas semanas, dijiste que no querías ser amordazada,
amarrada, y todo lo que piensas que acompaña a esas cosas. —Busco el
cinturón y lo doblo por la mitad, sosteniendo los extremos—. Pero tú has
pensado en eso.
Ella mira fijamente la correa de cuero y frota sus manos sobre su regazo.
—Yo... no me importaron los azotes.
—Esa es una verdad a medias. Inténtalo de nuevo.
La frustración arruga su frente.
—De acuerdo, me gustó. Pero eso ni siquiera tiene sentido. Fue
humillante y doloroso.
—Define el dolor.
—Fue... no lo sé. Debería haberme asustado. En su lugar, eso solo me
hizo sentir caliente y borrosa por todas partes. Tal vez porque tú no me
asustas. Porque yo... me gusta... —Deja caer su mirada a sus manos.
—Mírame.
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Ella lo hace, sus dientes aserrando a lo largo de su labio.
Página
—Me gustas. Me haces querer cosas que nunca he... —Ella mira hacia
otro lado y rápidamente regresa a mí—. Quiero tus azotes y besos y... más.
—Buena chica. —De pie sobre su posición doblada, le acaricio su
barbilla con mi mano libre y beso su boca.
En el momento en que nuestras lenguas se conectan, estoy perdido por
el deslizar sin sentido y sensual de nuestros labios. Ella es una fantasía en la
carne, desatada a la convención, vibrando bajo mis manos y pidiendo ser
dirigida.
Me enderezo y retrocedo.
—El dolor que experimentaste con otros hombres... Eso fue inaceptable,
Ivory, porque no fue consensual. —Puntualizo cada sílaba con un tono
severo—. No tienes la culpa. Nunca te culpes a ti misma. Di sí, si lo entiendes.
Se sienta más alta, levantando la barbilla.
—Sí.
Ese rayo de confianza en su postura hace maravillas para mi ego.
Estamos progresando, y maldita sea si eso no me endurece como una roca.
Extiendo mi postura, el cinturón doblado cuelga a mi costado.
—Al igual que con los azotes, voy a mostrarte un buen dolor. El tipo de
dolor que tú controlas. Tendrás todo el poder aquí, porque en el momento
en que digas que no...
Sus hombros se tensan, un recordatorio de que en su experiencia esa
palabra es un inútil hijo de perra.
Un nuevo resplandor de ira golpea mi sangre. Lanzo una mano a través
de mi cabello y tomo una respiración profunda.
249
—Desecha eso. Dame una palabra que usarías naturalmente en lugar
Página
de no. Algo que…
—Scriabin.
La velocidad con que ella escupe eso me sacude. ¿Y por qué un
compositor ruso? Cuando miro fijamente en las sombras de sus ojos marrones
lodosos, decido que Scriabin es bastante apropiado dada la calidad
conflictiva, disonante de su música.
Doblo mi mano, mi corazón bombeando salvajemente.
—Cuando digas Scriabin, me detengo.
Escanea mi rostro, mis hombros, y el cinturón en mi mano. Frunce su
boca.
»Necesito tu confianza, Ivory.
Ella levanta la vista, abriendo los labios.
—La tienes.
—Muéstramelo. —El dolor en mí polla se magnifica—. Pies en el piso y el
pecho en el colchón.
Cuando ella obedece, la tensión dentro de mis costillas se afloja.
Me paso detrás de ella y arrastro el lazo de cuero por su pierna y por su
redondo culo. Mis manos continúan hacia arriba, agarrándose al cinturón
mientras extiendo sus brazos por encima de su cabeza.
»Dime por qué estás siendo castigado.
Con los dedos entrelazados en la colcha, apoya la mejilla contra la
cama y encuentra mis ojos.
—Por vender mi cuerpo.
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—Eso no es... —Siento el temblor de mi indignación hasta mis pies—.
Escúchame. Estabas en una situación desesperada, y esos hijos de puta
Página
tomaron más de lo que ofreciste. Te estoy castigando porque te pusiste en
ese auto en vez de venir a mí.
Ella comienza a levantarse, pero la mantengo abajo con mi peso, mi
pecho en su espalda y mi polla hambrienta contra su culo.
—Pero tú eres mi profesor —dice ella en voz baja—. No sabía qué
querrías...
—También tuviste a Stogie. Y la policía, los servicios sociales... Tenías
opciones.
Sus músculos se desinflan debajo de mí.
—Tienes razón.
—Razón y enojo. Rechazaste mi ayuda con los libros de texto, pero
aceptaste el dinero de esos idiotas. No creías en mí lo suficiente como para
confiar en mí, pero creíste en esos chicos con un arreglo peligroso.
Ella asiente, su boca se suaviza en acuerdo. Pero sé que su mente debe
estar compitiendo con el futuro, buscando nuevas soluciones a problemas
persistentes.
Trazo mis labios a través de su mandíbula.
»Eres mía, Ivory. Eso significa que tus problemas son míos. Tus facturas,
tus preocupaciones, tu seguridad... —Beso la comisura de su boca—. Todo
me pertenece.
Ella libera un suspiro pesado.
Moviéndome hacia abajo, recorro mis manos sobre su ropa. Su esbelto
hombro, la curvatura de su columna vertebral, la elevación de su culo, hay
tanta feminidad para tocar, devorar y soldar.
251
Me agacho detrás de ella, mis músculos zumbando de excitación. Con
Página
el cinturón en la mano, la dejo sentir el rasguño de cuero mientras deslizo la
falda hasta su cintura. Muslos tonificados y pecas, culo levantado y piel
cremosa, piel de gallina y satén rosa... todo es mío. Pero las bragas se tienen
que ir.
Mientras los arranco a sus pies y retrocedo, todo dentro de mí se reduce
a un instinto básico. Jesús, carajo, me quiero dentro de ella con ferocidad
cegadora, pero logro mantener mis pies en el suelo y mi mano lejos de mi
polla.
»¿Cuál es tu palabra segura?
—Scriabin —respira, agarrando la colcha.
La visión de ella encorvada para mí tiene a mi polla sacudiéndose
dolorosamente en mis pantalones, malditamente cerca de rasgar a través
de la cremallera. ¿Se toca cuando está sola? ¿Algún hombre alguna vez la
ha complacido? Lo dudo, pero necesito confirmación, incluso si me tienta a
atarla y follarla hasta romperla.
—Una pregunta más. —Le paso un dedo por su muslo y lo deslizo a
través de la carne suave y húmeda entre sus piernas—. ¿Has tenido alguna
vez un orgasmo?
252
Página
P
resiono mi rostro en el aroma varonil de Emeric que está en sus
sabanas y fuerzo mi temblorosas piernas a sostenerme mientras
me deslizo hacia el piso. Una brisa fresca me acaricia la espalda
desnuda, y sus dedos… Santo infierno, sus dedos se deslizan hacia atrás y
hacia adelante entre mis muslos, produciendo el más exótico, y vigorizante
tipo de calor ahí abajo.
No puedo enfocarme en nada que no sea el recorrido de sus golpes,
todo mi cuerpo sigue gritando para que siga haciendo eso… eso… lo que
está exactamente haciendo. Por favor, no pares, no…
Se detiene, cubriéndome con su enorme palma.
—No repetiré la pregunta.
Presionó mis dientes contra mi labio, odiando su tono brusco e
impaciente. O tal vez me encanta.
—No lo sé. Yo... yo me tocó a veces. —He tratado de curvar la punta
de los pies con el ¡Oh si, justo así! del que las mujeres en mi barrio hablan,
pero nunca se siente bien como ellas dicen—. ¿Puede pasar cuando no lo
disfruto?
Flexiona su mano contra mi coño.
253
—Todos esos hijos de puta, y ninguno te hizo correrte. —Relaja sus
Página
dedos, acariciando lentamente—. Será diferente a partir de ahora.
En su siguiente movimiento los mete hasta el fondo, empujándome
hacia un nuevo y diferente mundo. El aire se escapa de mis pulmones, y mi
cuerpo se aprieta alrededor de su invasión. Oh Dios mío, es tan… indoloro.
No está seco o dolorido o demasiado apretado.
Con sus dedos resbalosos, se sumerge una y otra vez. Me he fundido,
en un coma inducido de placer que recorre mi cuerpo. Mis pezones se
aprietan, y mi pulso se vuelve loco. Empujo mis pies sobre la alfombra
mientras los sonidos de su ritmo saturan la habitación.
El calor cubre mi rostro. Sé que esto es deseo, y ha sido él quien
encontró ese misterioso desencadenante que libera una lubricación natural,
al mostrarme cómo desear esto. Pero estoy chorreando toda su mano. E¿s
normal que esto sea tan sucio?
Se inclina, enterando su dedo dentro de mí y con su otra mano arrastra
el cinturón por mi muslo. El cuero se estremece encima de mí como su
respiración. Y como su voz.
»Tan jodidamente húmeda.
—Lo siento. No sé por qué…
—No lo hagas —gruñe, sumergiendo su dedo adentro y afuera,
masajeando y frotando con tanto control—. Esto es lo que se siente cuando
alguien te cuida, cuando recibes placer de alguien que quiere dártelo
desesperadamente. —Sus labios rozan el interior de mi muslo—. Yo sé cómo
tocar a mi chica.
Él sabe cómo ser lánguido y masculino, también sabe cómo hacerme
rendir solo con la fuerza de sus palabras. Nunca he estado con alguien tan
intenso y seguro de sí mismo, alguien que mantiene la calma lo suficiente
como para tocarme así.
254
Sus dedos salen de mi cuerpo, y su calor desaparece. Giro mi cuello y
veo una profunda mirada marina, se endereza y pasa su mano por su boca.
Página
Es la segunda vez que él me prueba. Es obsceno y al mismo tiempo
fascinante.
Da un paso al costado.
—No muevas tus manos.
Retuerzo mis dedos sobre las sabanas encima de mi cabeza justo
cuando el aire silba sobre mi espalda. Un ardiente golpe aterriza en mi
trasero, y no puedo detener mi mano que se vuelve para frotar sobre el
dolor.
Pero su boca está ahí en este momento, fija en el calor palpitante,
chupando y lamiendo. Me agarra de las muñecas, sujetándolas contra el
colchón mientras sus labios transforman el dolor completamente en otra
cosa. El recorrido de su lengua sigue el camino de la picadura, dejando una
especie de droga que hace estremecer mi piel.
Tal vez sea porque pasó tanto tiempo tocándome primero, suspendién-
dome en un estado de sobre estimulación, pero no me acobardo mientras
él se mueve otra vez. Mi cuerpo está vibrando como un adicto. Quiero más.
Excepto que no golpea. Se aleja de la cama con determinadas
zancadas desapareciendo dentro del armario. ¿Qué demonios?
Unos segundos después, sale con una gruesa bolsa negra y la abre en
la cama junto a mi cabeza. Esposas de cuero caen sobre el colchón,
seguidas de correas de nylon.
Mi corazón late tan fuerte que podría ser capaz de ahogar una
orquesta.
—¿Qué... para qué es eso?
255
Desenrolla las correas, se agacha y las sujeta a la cabecera de la
cama.
Página
—Si hubieses movido tu mano un segundo antes, el cinturón habría
rebanado tus dedos. Tal vez solo los habría roto. Vamos a hacer esto sin
arriesgar tu carrera como pianista.
Lo dice el hombre que golpea las paredes.
Me levanto sobre los codos y le señalo sus nudillos dañados.
—¿Cuándo es tu próxima actuación con la sinfónica?
—En dos semanas. —Estira su mano hinchada y da una palmada en el
borde de la cama—. Brazos aquí.
—¿Vas a atarme?
—Voy a protegerte. —Abre la primera esposa de cuero—. Esto o tu
palabra de seguridad. Haz tu elección.
Me imagino a mí misma con estas restricciones, atrapada e incapaz de
escapar mientras él me golpea el trasero, que lo bese es mejor, y me hace
sentir como si fuera el centro de su universo. No me está obligando. Me da
poder con la elección, la oferta es para llevarme a un excitante lugar
cuando a nadie más le ha importado hacerlo.
Apoyo mi mejilla contra el colchón y extiendo mis brazos encima de mi
cabeza.
»Tu confianza es embriagante. —Sus manos aparecen de repente en
mi rostro, inclinando mi cabeza mientras su boca choca contra la mía.
Me fundo bajo la exigencia de sus labios. Este beso es más duro que el
anterior, hambriento y más letal, su lengua se enlaza con la mía y su fuerte
mandíbula araña mi piel con una deliciosa quemadura.
Rompe el beso y se vuelve hacia los esposas, conectándolas con las
256
correas y cerrándolas alrededor de mis muñecas. Sus dedos se mueven,
expertos sobre las hebillas y los cierres.
Página
¿Cuántas veces ha hecho esto? ¿Con cuántas mujeres?
Con mi historia, no estoy en posición de ponerme celosa, pero no se
detiene el desgarrador dolor en mis tripas.
El toque de sus manos me arranca de esos pensamientos. Él está aquí
conmigo, arrastrando la piel de gallina que cruza mis brazos mientras los
asegura en la restricción.
Está hecho, se mueve y queda justo detrás de mí, con sus manos en mis
caderas me empuja el trasero contra sus muslos. Las correas se tensan con
el movimiento, las esposas sostienen mis brazos sobre mi cabeza.
Pero no me siento ni atrapada ni presionada. Me siento anclada. A él.
El cinturón se mueve a mí alrededor justo cuando una nueva punzada
inflama la parte posterior de mi trasero. Se burla del verdugón con ligeros
toques, sus labios se le unen, besando y calmando el persistente dolor.
Entonces vuelve a agitarlo otra vez.
Aporrea, masajea, y besa. No sé cuántas veces repite los mismos pasos.
En algún punto, me deslizo en un trance de felicidad. Perdida en algún lugar
donde puedo flotar y donde somos solo él y yo, y la armonía está en nuestras
respiraciones.
Esto es lo que se supone que sienten dos personas cuando están juntas,
dispuestas y sin motivos. ¿Cómo será el sexo cuando este con él? Ni siquiera
puedo imaginarlo. Solo la conexión emocional podría hacer estallar mi
cerebro.
Cubre mi trasero caliente con caricias y besos, enviando grandes
oleadas de placer en mi interior. El latido entre mis piernas se acumula y
quema, energizando mis terminaciones nerviosas y dilatando partes de mi
cuerpo que no sabía qué existían. Algo está viniendo, algo maravilloso, pero
257
antes de que la sensación llegue a su punto de quiebre, vuelve a
balancearse hacia atrás.
Página
Una y otra vez, me lleva al borde, ardiendo con necesidad, y se burla
de mí con una caricia a la vez.
Cuando los latigazos calientes y los cariñosos toques paran completa-
mente, Me quejo sobre el edredón.
—¿Ya terminaste?
Su risa gimiente lo sigue por la cama donde se inclina para soltar las
esposas. Estoy demasiado floja y sin peso para moverme. Pero mi coño pulsa
con vacío, apretado y empapado más allá de la vergüenza.
No me importa. Necesito… necesito…
»Por favor.
Subiendo a la cama. Me gira sobre mi espalda y me abraza las caderas.
Su erección está justo ahí, intentando abrir un hoyo en sus pantalones. Pero
no la libera o la mira.
Pesa lo suficiente para aplastarme, pero sus caderas se contraen a mis
costados, enterrando su bulto. Su mirada baja a mi blusa y la toma del cuello
rompiéndola. Mi mejor blusa. Pero la mirada en su rostro hace que me deje
de importar.
Sus labios se separan con la fuerza de su respiración y sus ojos se deslizan
sobre mi como un vasto océano, pesado y profundo, ahogándome en
asombro.
Los hombres se han sentado sobre mí de esta manera antes, pero solo
durante una lucha cuando mis brazos se balancean y mis caderas se
sacuden. Nadie me ha tomado nunca en esta posición tan vulnerable sin
empujar y tomar. Con sus pantalones aun puestos.
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Toma el satén blanco del sujetador de mi madre, la tela es muy
pequeña para cubrir completamente mi pecho. Con un gemido, tira las
Página
copas bajo mis pechos, exponiéndolos.
—Si supieras cuantas veces he imaginado esto los últimos meses, cómo
se sentirían, sabrían, como se verían atados con una cuerda…
—Yo también te he imaginado. —Levanto la mano para alcanzar la
dura longitud tirante dentro de sus pantalones.
Toma mi muñeca y se mueve hacia adelante, su pecho sobre el mío y
con voz gutural dice:
—Si me tocas, se acabó. Apenas estoy soportando.
Una parte de mi quiere ver como se ve cuando se deja llevar. Pero
prefiero ceder a mi curiosidad acerca de a dónde está llevando esto y
dejarlo dirigir.
Con una temblorosa mano, traza el borde exterior de mi pecho. Su otra
mano sostiene mi cabello mientras se inclina y prueba mis labios.
Amo el sabor canela de su lengua. Es tan único de él, solo una de las
mil cosas que lo separa de los demás. Cuando estoy con él, los moretones
dentro de mí se esconden. O tal vez se desvanecen. No puedo sentirlos o el
miedo que encienden. ¿Por qué? ¿Por qué es viciosamente protector? ¿Por
qué es dolorosamente tierno incluso cuando me está castigando?
Él es un profundo pozo de descubrimiento y espero que me dé tiempo
y permiso de aprender acerca de él.
Se desliza de mis caderas para acostarse a mi lado, de frente a mí. La
mano en mi cabello se aprieta más fuerte y sus caderas permanecen con
las mías, cada mordida y vuelta de su lengua manda un estremecimiento
eléctrico por mi columna vertebral.
Su mano libre viaja por mi garganta, sigue un camino entre mis pechos,
sobre mi estómago y se sumerge entre mis piernas. Jadeo contra su boca,
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mis dedos aferrándose a su hombro.
Página
La colocación de su pulgar me aturde y mi clítoris palpita contra la
presión diabólica que se frota contra él. Hunde uno y después dos dedos
dentro de mí y me retuerzo contra su mano, mi piel caliente y expuesta bajo
su mirada.
Debo verme ridícula con mi falda envuelta alrededor de mi cintura y mi
muy pequeño sujetador empujado bajo mis senos. Pero no parece
importarle.
Le roba miradas a mis pechos desnudos, incluso mientras su boca se
deleita en mis labios. Desprecio mi pecho, pero amo como me mira como si
apreciara lo que ve, como si nunca hubiera deseado a una mujer del modo
en que me desea. Mi cuerpo le complace. Yo le complazco.
La longitud de su cuerpo tiembla contra el mío, todos los bordes afilados
y músculos contrayéndose. No sé cuándo se quitó los zapatos pero sus pies
con calcetines rozan los dedeos de mis pies. La camisa y los pantalones que
aun usa no disminuyen el calor que emana de él. Su intensidad me ahoga y
sus ruidos graves erizan mi piel. Es un hombre hambriento y con necesidad y
quiero alimentarlo.
Su mano toma mi cabello, sosteniendo mis labios contra los suyos
mientras nuestras lenguas vuelan y se entrelazan juntas, calientes y
húmedas, voraces y sin vigilancia. Su erección golpea contra mi muslo en
círculos enloquecedores y una combustión de sensaciones lamiendo mi piel,
endureciendo mis pezones hasta doloridas puntas.
Aparta mi boca para devorar mis pechos con su lengua caliente.
Succionando y soltando, jala más dentro en su boca mientras sus dedos y
pulgar continúan su asalto travieso.
Voy a explotar. Lo siento hirviendo en lo profundo de mí ser, subiendo
más rápido, más caliente, robando mi aire. Cuando sus labios regresan a los
míos, se traga mis gemidos. Sus besos, su esencia, la sensación de su fuerza
rodeándome… Mis músculos se sacuden con el placer abrumador de todo.
260
Un temblor salta por su brazo, estimulando sus dedos más rápido y sus
Página
caderas más fuerte.
»Córrete, Ivory. —Se pone contra mis labios—. Córrete sobre mi mano.
Mi boca se afloja, mi mentón se inclina hacia arriba mientras lo alcanzo.
Me caigo en su mirada ardiendo y siento la presión expandiéndose, justo
aquí, como una tormenta dentro de mí, recolectando y fortaleciendo. Pero
no sé cómo hacer que pase.
—Yo… estoy intentando. No se…
—Sal de tu cabeza. —Gira su pulgar y pasa su lengua a través de mis
labios flexibles—. Deja ir todo.
Mis confesiones previas habían sido sorprendentemente liberadoras.
Debería haberme relajado lo suficiente para hacer esto con él. Y estoy
relajada, pero también nerviosa acerca de lo que está pasando y lo que
todo significa.
Se estremece con la urgencia de su excitación, frotándose
violentamente contra mi muslo mientras me dedea hasta la locura. Con
cada circulo de su pulgar y el bombeo de su mano, mi liberación se cierne
sobre el límite, galvanizada con determinación pero tambaleándose con
incertidumbre.
»Deja de pensar, maldita sea y siénteme. —Pasa su polla contra mi
pierna, su aliento atrapado en la garganta—. Siente cuánto te deseo.
Cuanto te deseo conmigo. No voy a terminar sin ti.
Una pared invisible se rompe dentro de mí y un flujo de calor tembloroso
y abrumador se derrama desde mi columna vertebral, detona a través de
mi vientre y rompe todas las neuronas de mi cuerpo. La conmoción me roba
el aliento, mi espalda se inclina contra la fuerza de tantas sensaciones
nuevas y frenéticas.
»Ah Dios, ahí tienes. Tan hermosa —gruñe—. Tan malditamente mía-
261
—Sus dedos, caderas y los gemidos entrecortados trabajaron en equipo,
empujándome más profundamente en un hormigueo de felicidad y
Página
despedazando su voz—. Joder voy a…
Termina con un grito estrangulado, su cuerpo se sacude mientras rueda
a medio camino encima de mí y el balanceo de su cadera cae a un giro
perezoso. Su mano se desliza fuera de entre mis muslos, su pecho
apretándose duro contra el mío. Pero sus movimientos son lentos,
reverentemente suaves mientras me toma la mandíbula y me besa en un
cosmos lánguido y soñador.
Morí en un lugar entre mi liberación y la suya. Y ahora sé cómo se siente
estar vivo.
No puedo mover los músculos de mi rostro para besarlo de vuelta. Mi
piel está caliente y resbaladiza con sudor, ¿pero a quien le importa? Cada
centímetro de mí está lujosamente entumecido, apático y feliz.
Sostiene mi mirada, sus ojos enormes y fascinantes mientras ahoga un
sonido dentado contra mis labios.
»Ahora sé por qué eres ilegal.
262
Página
L
evanto las hermosas y exhaustas extremidades de Ivory,
moldeando mis manos alrededor de sus flexibles curvas y tocando
más de lo necesario para quitar la blusa de sus brazos.
—¿Todavía conmigo, chica somnolienta?
Sus caídos ojos marrones hacen un perezoso ascenso sobre mi boca
antes de encontrar mi mirada.
—Mmm.
Mi sonrisa es tan profunda que la siento en mis pulmones como una
estimulante respiración. No hay límite para lo que haría para poner esa
mirada en su rostro cada noche. Pero, ¿cuáles son sus límites? ¿Qué está
dispuesta a arriesgar? ¿Su educación? ¿Su futuro?
Si es atrapada en mi casa, soy el que está en riesgo. Soy el adulto,
aprovechándose de una estudiante, una víctima. Mientras que yo podría
terminar peleando una batalla legal, ella estaría a salvo de toda culpa.
Cuando ponga mi cabeza en orden, resolveré un plan. Pero en este
momento, su seguridad es mucho más importante que las consecuencias
que yo podría sufrir.
Quito el resto de su ropa. Cuando lanzo la mierda final al suelo, me
263
quedo con una vista tan jodidamente tentadora que no podría haberla
soñado, y el infierno sabe que lo intenté durante semanas.
Página
Extendida en mi cama, con su desnuda figura de reloj de arena atrae
a cada nervio masculino, órgano, y tejido conectivo en mi cuerpo. Desde
su húmeda boca y la flacidez en sus músculos hasta su abundante pecho y
enrojecido clítoris, me atrae y me sostiene en irracional fascinación.
No ha dicho ni una palabra desde que se corrió en mis dedos. Parece
estar en shock. O elevada en éxtasis. Definitivamente en asombro, dado el
ensanchamiento de sus ojos mientras desliza una mano entre sus piernas y
siente la hinchada carne de su coño.
Cristo todopoderoso, ella es la inocencia envuelta en pecado.
La parte de la inocencia me inquieta más. No solo he cruzado la línea
como su profesor, hay una diferencia de diez años entre nosotros. Añádase
a eso su pasado abusivo y la despiadada manera dominante en que follo,
y estamos navegando en un campo de minas. Si me muevo demasiado
rápido o doy un paso en falso, las consecuencias serán devastadoras.
Paso mis dedos sobre los suyos, rozando los oscuros rizos en su coño.
—No afeites esto.
Mira nuestras manos y regresa a mi rostro.
—¿Por qué no?
—No quiero sentir como si estuviera… —Tocando a una niña—. Eres
joven, Ivory. No necesito más recordatorios.
—He estado con muchos tipos mayores que tú. —Sus mejillas se
ruborizan con calor, y aleja su mano—. No debería haber dicho eso.
El impulso de exigirle que nunca mencione a otros hombres quema en
mi garganta, pero lo contengo.
264
—Si necesitas hablar sobre eso, sobre ellos, quiero ser la persona a la
que recurres. —Beso sus labios y arrastro mi dedo sobre su coño—. ¿Está
Página
bien?
—Está bien. —Agarra mi muñeca y aprieta—. Gracias.
Salgo de la cama y le pego a su muslo.
—Arriba.
Diez minutos después, vapor empapa el cuarto de baño, empañando
mi reflejo en el espejo así como la puerta de la ducha detrás de mí. La
salpicadura del agua contra los azulejos transmite sus movimientos mientras
el aroma silvestre de mi champú infunde mi inhalar. Hay algo
profundamente satisfactorio sobre ella usando mis cosas, oliendo como yo,
y sintiéndose como en casa en mi espacio.
Mientras se baña, lavo mi polla en el lavabo, tanto consternado como
fascinado por el hecho de que eyaculé en mis calzoncillos. No lo he hecho
dese la preparatoria. Pero no debería sorprenderme. Me he estado
masturbando como un jodido fanático durante semanas.
Se necesita cada pizca de control que me queda para no unirme a ella
en la ducha. Quiero follarla a fondo, completamente, y de todas las formas
imaginables, pero tengo que demostrarle que no soy como los otros. Cada
paso con ella es un riesgo, todavía hay muchas preguntas sin respuesta.
Limpio mis nudillos y los enjabono en crema antibiótica de los suministros
debajo del lavabo.
—¿Estás en control de natalidad?
Su borrosa silueta se congela detrás de la puerta de la ducha.
—No.
Me giro para mirarla, esforzándome por distinguir la forma de su cuerpo
en el rizo de vapor.
265
—¿Usas condones?
Página
Presiona la palma de una mano contra la puerta de cristal, como para
estabilizarse.
—Cuando puedo.
Mi puño se aprieta, pero lo siguiente que golpeé debería ser mi propia
estúpida boca.
¿Podría ser más insensible? Por supuesto, no siempre usa condones. Si
un hombre no se detiene al no, ciertamente no se detendrá para envolverse.
Me las arreglo para controlar mi temperamento, pero el fuego rápido
de mi pulso y la rabia quemando mi columna me impulsa fuera del baño.
—Arreglaré algo para que te pongas —grito desde el dormitorio—.
Encuéntrame en la cocina.
Lanzando una de mis camisetas en la cama para ella, me quito la ropa
y me pongo un par de pantalones de franela.
Al salir, agarro mi teléfono y hago una llamada a la clínica de mi papá.
Como esperaba, se va a correo de voz. Mis pies descalzos bajan lentamente
por las escaleras alfombradas y entran a la cocina mientras le digo a la
grabadora quién soy y qué necesito.
Podría haber llamado a mi papá para programar su cita, pero no
quiero responder sus preguntas esta noche. No cuando todavía no tengo
todas las respuestas.
Cuando ella aparece en la puerta de la cocina, tengo dos platos de
linguine carbonara caliente colocados en la isla.
Ronda el umbral, con sus profundos ojos marrones saltando entre la
comida y mi pecho desnudo. Su expresión se arruga con cada emoción en
266
existencia antes de suavizarse con una sonrisa.
—¿Cocinaste?
Página
—Mi servicio de catering lo hizo. —Agarro dos vasos y una jarra de té
dulce—. El horno lo calentó.
Se acerca a la isla, tirando de la camisera a medio muslo de sus
bronceadas piernas. Su largo y mojado cabello empapa el algodón blanco
contra su pecho, revelando tensos pezones y delicados hombros. Me resulta
imposible apartar la mirada. Es como si cada fibra de mi ser estuviera atada
a la suya, y cada movimiento que hace me mueve, me acerca, más
profundo.
Nunca tuve oportunidad.
—Gracias. —Se sienta en el taburete de la barra, metiendo el dobladillo
de la camiseta entre sus piernas—. Esto huele increíble.
Me instalo en el taburete a su lado, girándome para mirarla, y clavo un
tenedor en los fideos.
Sus ojos regresan a mi pecho.
Arqueo una ceja.
—¿Qué?
Sostiene un dedo delante de mí, golpeteando el aire mientras su
concentración viaja de mis hombros a mi cintura.
¿Está contando?
Jódeme, mis pectorales rebotan. Todo lo que tiene que hacer es
mirarme y mi cuerpo reacciona.
Deja caer su mano y vuelve a su cena, murmurando:
—Doce hendiduras y diez bultos musculosos.
267
Bajo la mirada, tratando de darle sentido a sus números. Paso dos horas
al día, siete días a la semana en el gimnasio de mi casa, perfeccionando mi
Página
físico en excelente forma por la misma razón que los otros chicos se ejercitan.
Para conseguir un polvo. Pero ahora quiero levantar pesas solo para verla
contar mis músculos de nuevo.
Succiona un fideo de su tenedor, sonriendo.
»No pareces profesor.
—No pareces estudiante.
Su sonrisa se desintegra.
Paso una mano por mi rostro, deseando poder devolver esas palabras.
¿Cuántas veces su mirada atraía el tipo equivocado de atención? Me atrajo
a mí.
Agita su tenedor a lo largo de mi cuerpo.
—Harías más dinero modelando que enseñando.
—¿Parece que necesito dinero?
—Buen punto. —Escanea la cocina, asimilando los electrodomésticos
de gama alta que nunca son usados. No pregunta sobre la fuente de mi
riqueza, pero sé que se está preguntando.
Trago un mordisco mantecoso de pasta y giro más fideos alrededor de
mi tenedor.
—Mi familia tiene la patente de los soportes de madera en pianos.
—Guau. ¿De verdad?
—De verdad. Así que el dinero no es mi incentivo para trabajar.
—¿Por qué trabajar en absoluto? Podrías vivir en un yate, beber ron, y
dejar crecer una maloliente barba. —Sus cejas se levantan—. Como un
268
pirata.
Página
—Un pirata. —Mis labios se contraen—. Tan atractivo como eso suena,
el aburrimiento no me queda. —Perdería mi jodida mente—. Necesito
desafío y éxito auto ganado, y encuentro esas cosas tocando piano,
enseñando… —Le doy una estrecha mirada—. Y disciplinando.
Sus ojos parpadean.
—Eres muy bueno en eso último.
—¿Pero no en los otros?
Una traviesa sonrisa tira de la esquina de su boca.
—Nunca te he escuchado tocar.
—Toco todas las noches. —Excepto que no podré esta noche.
Le doy un vistazo a mi palpitante mano sin arrepentimientos.
Raspa un bocado de linguine.
—Sé que este es un lugar grande, pero no he visto un piano.
—Te daré un recorrido en otro momento. Termina tu cena.
Inhala el resto de la pasta y sigue con tragos de té dulce.
Termino la mía poco después y deslizo el plato.
—Te hice una cita con un médico.
Su tenedor tintinea contra el plato, su voz silenciosa.
—No tengo seguro o dinero para pagar por eso.
Mi mano se flexiona. Quiero hacerles daño a su madre y a cualquier
otra persona que nunca ha estado ahí para ella.
—Está cubierto.
269
—No puedo…
Página
Golpeo mi puño contra la encimera, traqueteando la porcelana.
—Irás a esa cita y te harás un examen completo, por el bien de tu salud
y por la paz de mí jodida mente.
Con la mandíbula apretada, me lanza una obstinada mirada.
Puede fruncir el ceño todo lo que quiera. No he terminado.
»Desde este punto en adelante, las palabras no puedo ya no están en
tu vocabulario. —Me inclino hacia adelante hasta que todo lo que puede
ver son mis ojos—. ¿He sido claro?
—Oh, eres claro. —Sostiene mi mirada—. Y abrasivo y malhumorado.
Tienes un terrible temperamento.
Una juguetona especie de juventud parpadea en sus ojos, pero
también hay algo más ahí. Sus labios se separan para permitir el aumento
de sus respiraciones, y no está parpadeando, como si estuviera forzando
una máscara de dureza y valentía.
En el fondo, está asustada. ¿De enfrentarme? ¿De decepcionarme?
¿De poner fe en lo que está pasando entre nosotros?
Cierro los centímetros entre nosotros y la beso sin piedad en la boca.
Ahuecando su cabeza en ambas manos, trabajo mi lengua contra la suya,
fusionándonos, lamiendo y mordiendo e inundándola hasta la última gota
del fervor que siento por ella. Amo su fuerza frente al miedo, su
determinación a pesar de sus obstáculos, y jódeme, me encanta su boca.
La forma en que la caliente y húmeda succión de sus labios envuelve mi
lengua y endurece mi polla.
Se recuesta en el marco de mis manos y busca mi mirada. Nos miramos
el uno al otro, con pechos jadeantes, suspendidos en la energía pulsando
entre nosotros.
270
Después de un interminable momento de latidos, parpadea.
Página
»Tengo el dinero para pagarte por los libros de texto… pero… puedo
ver… —Se encoge ante el calor elevándose en mi rostro—. Ahora es un mal
momento para hablar de eso.
Junto los platos y los llevo al fregadero.
—Para mañana en la noche, quiero una lista de tus facturas y todas las
cosas que necesitas. —Le lanzo una dura mirada por encima de mi
hombro—. Cosas que no sabré comprar.
Se une a mí en el fregadero, con su expresión apretada en frustración.
Enjuago un plato y se lo entrego.
»Sé que eres lo suficientemente fuerte y valiente para valerte por ti
misma. Demonios, lo has estado haciendo durante años. —Rozo mis dedos
sobre su rígida mandíbula—. Pero ahora tienes ayuda. Estoy aquí para hacer
tus dificultades un poco menos duras. Te apoyarás en mí.
Mira fijamente el estante en el lavaplatos, coloca el plato de la forma
equivocada, lo estudia por un momento, luego lo gira.
—¿Así?
Asiento. La comprensión de que ella nunca cargó un lavaplatos me
hace apreciar muchas cosas en la vida, poniéndola en la cima de esa lista.
Con una estoica expresión, me ayuda a terminar los platos en silencio.
Le doy el tiempo para pensar, para pesar su orgullo contra el mío. Cuando
la limpieza está completada y las encimeras están limpiadas, me giro hacia
ella.
Se encuentra justo fuera del alcance de mi brazo, con su pequeño
cuerpo tragado por la camiseta mientras mira sus pies descalzos.
271
»Lo que más valoro no cuesta un centavo, sin embargo, parece ser lo
más difícil de dar para la gente.
Página
¿Amistad? ¿Protección? ¿Amor? Mi cabeza nada, buscando la
respuesta.
—Nómbralo, y es tuyo.
Sus ojos encuentran los míos, y da un paso adelante. Otro paso, y sus
brazos rodean mi cintura. Presiona su mejilla contra mi pecho, piel-a-piel, y
libera un pesado suspiro.
Un abrazo. Eso es lo que más valora.
Mis costillas se aprietan mientras la abrazo, aplastándola lo más cerca
posible sin magullar su suave piel. Es una cabeza más baja, demasiado baja
para sentir su corazón palpitando contra el mío. Así que la atrapo bajo sus
rodillas y espalda, la levanto, y elevo contra mi pecho.
Golpeo el interruptor de la luz con mi codo y me dirijo hacia las
escaleras.
Se acurruca contra mí, con sus manos serpenteando sobre mis hombros
y deslizándose en mi cabello. Todo su cuerpo se relaja en mis brazos mientras
acaricia su rostro contra mi mejilla, tocando, respirando, sintiéndome.
—Debería decirte que me bajes, pero esto me gusta demasiado.
Que bueno, porque no la soltaré.
Cuando llegamos al dormitorio, murmura contra mi cuello:
»Tengo que ir a casa en la mañana para conseguir ropa y alimentar a
Schubert.
Me trago mi sonrisa.
—¿Le das de comer cerebros?
272
—¿Qué? —Su sorprendida expresión se relaja en una reluciente
sonrisa—. No el Schubert muerto. Mi gato.
Página
—Pasaremos por tu casa antes de la escuela, pero no necesitas ropa.
Entro al armario y la pongo de pie. Retrocediendo, me recuesto contra
el marco de la puerta y bloqueo su salida. Cuando se dé cuenta de lo
jodidamente loco que estoy, no se puede decir lo rápido que correrá.
Rodea la isla en el centro, frotando su nuca.
—Tu armario es más grande que mi casa.
Deslizo mis manos en los bolsillos de mis pantalones de franela y espero.
Su mirada se fija en la pared del fondo, y sus vacilantes zancadas la
llevan hacia ella. Arrastra una mano sobre el largo estante de tacones,
zapatos de piso, sandalias, y zapatillas deportivas. Inclinando su cabeza,
mira los estantes de vestidos, blusas, y pantalones. Toda la pared es suya.
Sus omoplatos se tensan, con sus manos cayendo a sus costados
mientras habla de espaldas a mí.
—¿Tienes un estilo de vida alternativo que no conozco? ¿Un fetiche con
ropa de mujer?
—Algo así.
Arrebata un Louboutin de tacón beige del estante y revisa la talla.
—Cómo… —Suspira, devolviéndolo cuidadosamente a su lugar—. El
primer día, cuando me pusiste de vuelta mi zapato.
Mis bombeos de sangre son gruesos y calientes en mis venas. Separada
por la isla y la longitud de la habitación, la veo examinar la ropa,
anticipando sus siguientes palabras.
»Yo n… —Se gira hacia mí, con sus ojos brillando con lágrimas no
273
derramadas—. Lo sé. No, no puedo. No lloriqueos. No cuestionar tus
métodos. —Engancha un brazo alrededor de su cintura y presiona un puño
Página
en su boca, mirándome por debajo de sus pestañas—. Es mucho para
asimilar, pero lo intento. —Se para más recta, mirando la ropa detrás de
ella—. Es solo que… todo esto es demasiado, demasiado rápido, y…
—Ven aquí. —Saco mis manos de mis bolsillos, con mi postura abierta,
de bienvenida.
Atraviesa la habitación en una visión de piel oscura, fino algodón, y
atractivo.
Cuando me alcanza, la levanto y la llevo a la cama.
—Lo que es mío es tuyo, Ivory. Cuanto antes aceptes eso, más fácil será
esto.
Moviéndose bajo las mantas, me mira.
—¿Y si no lo acepto?
Me deslizo a su lado, la atraigo a mi pecho, y entrelazo nuestras piernas.
—Entonces tienes que soportar más de mí… ¿Cómo lo llamaste? —Me
inclino y beso su labio inferior—. Abrasivo y malhumorado temperamento.
—Hay medicamentos para eso.
—Tú eres la única droga que necesito. —Estirándome hacia atrás,
apago la luz y apoyo mi cabeza en su almohada, con nuestros rostros a
centímetros de distancia.
La iluminación de las lámparas de gas y la luz de la luna que se filtra a
través de la ventana cercana, nos cubre en un pálido silencio. Sus ojos brillan
con asombro, preocupación, y palabras tácitas, reflejando todas las
emociones que abiertamente expreso en las mías.
Rozo su cabello detrás de su oreja.
274
»No comparto. Eso significa que no habrá más chicos de la
preparatoria o vecinos. Estás en mi cama y en la de nadie más.
Página
Abre su boca.
La golpeteo con un dedo y luego trazo la suave curva de sus labios.
»Te protegeré de los que no responden al no.
—¿Qué hay de ti? —Su pierna se retuerce en la curva de la mía, su tono
bajo y sospechoso—. ¿Hay otras mujeres?
—Tú eres la única.
He rechazado a cada maldita mujer desde que la conocí. Por primera
vez en mi vida adulta he pasado tanto tiempo sin sexo.
Líneas verticales se forman entre sus cejas.
—¿Qué hay de tu cosa de amor-odio con Joanne?
—Ella es complicada. Pero no la he visto en seis meses.
No he le dicho todo a Ivory, pero necesito tomar una decisión sobre ese
lío antes de exponerla a ella. Y hay un segundo secreto que le guardado,
uno más urgente que necesito abordar ahora.
»Tengo algo que decirte sobre Prescott Rivard.
Su mirada se destroza en ondulantes piscinas de marrón.
—¿Te despedirán? ¿O presentará cargos?
—Lo asusté lo suficiente para mantenerlo en silencio por un tiempo,
pero ese miedo eventualmente se agriará y se volverá resentido. Entonces…
no lo sé.
—Iré a la policía y explicaré lo que pasó.
275
—No, no lo harás. —Engancho un brazo alrededor de su espalda,
preparándome para que se aparte—. Le prometí a su madre un lugar para
Página
él en Leopold.
Una helada mirada pasa antes de que se tense contra mi agarre.
—¿Cómo? ¿Por qué?
—Ella me da una carrera en Le Moyne a cambio de mis conexiones. Por
tener a Prescott en Leopold.
—¿Conexiones? Leopold admite a sus estudiantes solo por talento.
—Mi madre tiene un asiento en la Junta de Fiduciarios Lo pasará sin una
audición formal.
Estudia mi expresión, enroscando su mano contra su pecho entre
nosotros.
—Esto afecta mis posibilidades, ¿no?
—Si te refiero, vendrán sus reclutadores. Asistirán a una actuación de
toda la escuela y…
Su respiración tropieza en su garganta.
—Verán a Prescott tocar y potencialmente rechazarán su solicitud.
—Y aceptarán la tuya en su lugar. —Paso una mano por su cabello y
apoyo mis labios en su frente—. Tienes más talento que nadie en Le Moyne,
pero si le pido a mi madre que cuele dos solicitudes a través de…
—De ninguna manera. —Tira hacia atrás su cabeza—. Cuando sea
aceptada en Leopold, será por mérito y talento propio.
La acurruco contra mí mientras dolor palpita detrás de mi esternón. No
puedo soportar la idea de joderla.
—Arreglaré esto.
276
—¿Cómo? Aceptaste ese trato por una razón, ¿verdad? ¿Por
Shreveport?
Página
—Sí, pero puedo conseguir un trabajo fuera del estado. —Inclino su
barbilla y la beso, sonriendo contra sus labios—. O puedo convertirme en un
pirata.
Después de la mierda con Prescott esta noche, sin importar cómo, mi
renuncia trae nuevas complicaciones para Ivory.
Acaricia mi mandíbula.
—La decano solo te reemplazará con otro acuerdo. Ella te contrató
bajo términos injustos y limpió las recomendaciones de la señora McCracken
de mi archivo, así que claramente, está en una misión diabólica. ¿Por qué
quiere que su hijo vaya ahí tan desesperadamente?
—Es la mejor escuela con los talentos más pudientes. La admisión de
Prescott es su calzado para elevar el poder y estatus de Le Moyne. ¿O quién
sabe? Tal vez aspira a sentarse en la junta algún día.
Asiente, con su rostro fruncido en contemplación.
—Si renuncias, Prescott no tendrá suficiente incentivo para mantener la
boca cerrada sobre mí. Después de esta noche, él puede dar a su madre
todo la ventaja que necesita para deshacerse de mí.
Exactamente dónde está mi cabeza. Justo así, sé con absoluta certeza
que no dejaré Le Moyne o a Ivory. Soy más inteligente e infame que Beverly
Rivard, y tengo unos meses para decidir el método y nivel de crueldad que
usaré para vencerla.
»Entiendo por qué lo hiciste. Por qué tomaste ese trato. —Ivory arrastra
sus dedos por mi pecho, observando el movimiento—. Incluso después de lo
que Joanne hizo, es difícil dejarlo ir. Irse.
Mi respiración atrapa la exactitud de su declaración. Tiene razón, pero
277
no conoce el problema real, el que estoy trabajando por resolver con
Joanne. ¿Y mis sentimientos por Joanne? Esos que se han apagado lo
Página
suficiente que ya no conducen mis acciones.
Los párpados de Ivory se agitan pesadamente, sus extremidades se
aflojan a mí alrededor, mientras murmura en voz baja:
—Todo es posible.
—¿Cómo qué?
—Iré a Leopold.
Su obstinación es inconveniente. Y dolorosamente admirable.
Desafortunadamente, no tengo idea de lo que haré al respecto.
Odio retrasar su sueño, pero hay algo más que necesito saber.
—¿Dónde está el amigo de tu hermano?
Sus ojos se abren, y su voz se atrapa en su garganta.
—¿Qué?
—¿Desapareció después de que te violó? ¿O todavía está por aquí?
Su tez se vuelve pálida en la tenue luz, con sus pómulos presionando
contra su tensada piel.
Todo dentro de mí se queda inmóvil, estrangulando mi garganta y
engrosando mi voz.
»Dime.
Lanza las sábanas rueda encima de mí, y apoya su frente contra la mía.
—No más puñetazos esta noche.
Agarro su firme culo debajo de la camiseta e intento concentrar mi
energía en su cuerpo y no lo que se le ha hecho a su cuerpo.
278
—¿Cuándo fue la última vez que te tocó?
Página
Deja caer sus rodillas a mis costados, sentándose a horcajadas sobre
mí, mientras sostiene mi rostro en sus manos.
—No me ha violado desde agosto.
¿Agosto? Me doblo en una posición sentada, con mi visión borrosa por
la niebla roja.
—¿Este pasado agosto, como hace dos meses?
Se aferra a mi pecho, sosteniendo mi cabeza mientras aplasta su boca
contra la mía. En el momento en que su lengua busca entrar, le devuelvo el
beso, furiosa y posesivamente, enredando mi mano en su cabello y tirando
de sus caderas contra las mías.
Muerdo su labio.
»Su nombre.
Mece su coño contra mi polla, empujando su lengua, maldita sea,
distrayéndome.
Arranco mi boca.
»Su nombre.
Se desploma, con su susurro vacío.
—Lorenzo Gándara.
¿Latino? ¿El mismo hijo de puta acechando su casa esa noche?
—¿Monta una moto deportiva naranja?
Sus uñas se clavan en mi nuca.
279
—¿Cómo sabes eso?
Página
—V
e a dormir.
Esa es la única respuesta que Emeric da
a mis interminables preguntas sobre Lorenzo.
Eventualmente, mis preocupaciones se di-
suelven debajo del peso de la fatiga.
Me doblo contra la rígida pared de su pecho, protegida por el bulto de
su brazo alrededor de mi espalda, y custodiada por su vigilante mirada. Me
quedo dormida rápidamente, pérdida en un gran espacio temporal donde
para siempre no es suficiente.
Nunca me he sentido tan liviana como si una extraña sensación de aire
hubiera reemplazado mis huesos y piel, y no quedara nada más que mi
respiración. Suaves y flotantes respiraciones de éter. Cada exhalación forma
una nube que se une a las otras vagando a mí alrededor en un vasto cielo
azul.
Estoy soñando. Trato de aferrarme al encantamiento. Es tan seguro y
suave aquí que no quiero irme. No despiertes.
Parpadeo contra destellos de halos de zafiro por la luz de la lámpara.
—Buenos días. —Los ojos azules de Emeric llenan mi horizonte, tan
280
profundos y majestuosos, destellando con todos los colores y estrellas del
cielo.
Página
Estiro mis brazos sobre mi cabeza, deleitándome en la suavidad de su
cama.
—Estoy soñando.
Se acerca a mí, con los bíceps agrupándose mientras planta sus manos
en el borde del colchón.
—¿Todavía soñando?
—Bueno… estaba en el cielo. —Estiro el brazo y acaricio la descuidada
barba de un día en su mandíbula—. Hasta que apareció el diablo.
Sus labios se encorvan en una territorial sonrisa, con su tez más rosada
de lo normal. Su piel está húmeda debajo de mis dedos, con su cabello
oscuro y chorreante contra su frente.
»¿Ya te duchaste? —Arrastro mi atención de su rostro, por su camiseta
mojada, y me detengo en los pantalones cortos de gimnasio—. Oh. Hiciste
ejercicio. ¿Qué hora es?
Me muevo a un lado y encuentro el reloj en la mesita de noche. Cinco
quince de la mañana. La escuela no empieza hasta en dos horas.
Se endereza, haciendo rodar sus hombros.
—¿Cuánto tiempo necesitas para prepararte?
Me siento, la habitación tambaleándose a mí alrededor mientras
recuerdo la conversación que no terminamos anoche.
—Depende. No me has contado cómo conoces a Lorenzo.
—Él ya no es de tu incumbencia. —Se gira hacia el baño.
—No puedes simplemente ir a golpearlo. —Me deslizo de la cama y
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ajusto la camiseta sobre mis muslos—. Es un ex Marine, un matón, tal vez
incluso un criminal. Y tú eres…
Página
Me lanza una hirviente mirada que seca el resto de mis palabras en mi
garganta. Su puño se abre y cierra a su lado, con sus lacerados nudillos
brillando de rojo. Está bien, tal vez podría dar unos buenos golpes, pero…
»Es demasiado riesgoso. —Me desplomo en el borde del colchón,
temblando contra la idea de él luchando contra otro de mis monstruos.
Lorenzo rara vez llega a casa sin Shane, así que serían ellos contra mi
profesor. Nada bueno saldría de eso.
Encuentro su mirada.
»La policía podría ser llamada. Tú podrías ir a prisión. O peor aún, si
sigues golpeando cosas, podrías romper tus manos y perder tu habilidad
para tocar el piano.
Camina a zancadas hacia mí, con su expresión marmoleada con
sombrías líneas de intensidad.
—A pesar de lo que has visto, normalmente no confronto problemas
con mis puños. —Levanta uno de esos puños y acaricia mi mandíbula—.
Prefiero una sutil y engañosa planificación. Lorenzo Gándara no me verá
llegar.
Bieeen. Así qué él irá a… ¿qué? ¿Ponerse en plan ninja sobre su trasero?
Regresa al baño, con su voz retumbando por encima de su hombro.
»Tomaré una ducha. Luego el baño es tuyo.
La puerta se cierra detrás de él, seguido por el hueco clic de la
cerradura.
Me vuelvo a dejar caer en la cama, con la camiseta levantada hasta
mi cintura y exponiéndome al aire fresco. No sé qué hizo con mis bragas. Ni
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siquiera me importa. Me ha visto desnuda y ha metido sus dedos en mí. Sin
embargo, todo lo que me dejó ver es su pecho desnudo.
Página
¿Por qué cerró la puerta? ¿Qué está ocultando? Mi pulso se eleva
mientras ridículas teorías llenan mi cabeza. ¿Su polla está deforme? ¿O tal
vez no me quiere cerca hasta que el médico me revise por enfermedades?
Mis emociones se desbordan, pero la sensación más mordaz está en lo
profundo de mi centro. Solo pensar en él desnudo envía un temblor hacia
mis muslos y una sacudida entre mis piernas.
Sensaciones que nunca han estado ahí antes surgen como una fiebre.
Me siento tan malditamente caliente y necesitada. Por mi profesor.
Está mal. Estar aquí está mal. Deslizar mi mano sobre mi coño se siente
mal, también, pero lo hago de todas maneras, acariciando el camino que
él acarició, mojando y rodeando exactamente cómo él lo hizo. Mis dedos
son sus dedos, acariciando, dando, y construyendo esa maravillosa energía
dentro de mí.
Pronto, mi cuerpo se hace cargo, con mi mano moviéndose por el
camino que quiero que se mueva, persuadiendo temblores a través de mi
piel y produciendo una inimaginable cantidad de húmedo calor bajo mi
toque.
Mis piernas se abren, y mi cabeza se echa hacia atrás, con mi cuello
estriándose mientras froto mi clítoris y hundo dos dedos en el interior, afuera
y arriba, abajo y de vuelta.
Está justo detrás de esa puerta, cubriendo de jabón a lo largo de su eje,
encargándose de él. Dios lo bendiga, quiero hacer eso. Apuesto a que su
desnudo cuerpo es una legendaria vista para contemplar.
La presión en mi interior se rompe, cortando mi aire mientras placer
rueda sobre mí en cálidas ondas eléctricas. Me estremezco y sacudo,
jadeando con guturales gruñidos. Santo infierno, tal vez puedo hacer eso de
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nuevo. Después recupero mi respiración. ¿Cuántos de esos puedo tener
consecutivamente?
Página
Deslizo mis dedos en mi resbaladiza abertura. Tal vez solo uno más antes
de que él….
Está demasiado silencioso. ¿Está cerrada la ducha?
La puerta del baño se abre, y sale en una niebla de vapor.
Aparto de un tirón mi mano y bajo mi camiseta.
Agarra la toalla de su cintura mientras sus árticos ojos se entrelazan con
los míos.
Ninguno respira. O se mueve.
Él sabe.
»Te tocaste.
Mi rostro se calienta a niveles nucleares.
Se aferra al marco de la puerta, apretando tan fuerte que la madera
cruje. Sus ojos se nublan de dolor, se endurecen con determinación, luego
se sacude hacia atrás y golpea la puerta entre nosotros.
Gimo, increíblemente avergonzada.
Un ruido sordo golpea la madera en el otro lao. La cerradura hace clic,
seguido por el sonido de la ducha abriendo de nuevo.
¿Qué demonios acaba de pasar? ¿Qué debería hacer? Tan pronto
como salga, tendré que enfrentarlo.
Maldita sea, me niego a avergonzarme por esto.
Lanzándome a través de la habitación, llamo a la puerta.
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—¿Emeric?
—¡Cinco minutos! —Su grito ahogado suena demasiado cerca para
Página
estar en la ducha.
—¿Estás enojado?
—No, Ivory —gruñe.
—¿Entonces qué?
Hace un profundo ruido gruñón.
—Joder, me estás matando aquí.
Me alejo de la puerta y me siento en la cama. No ha tratado de tener
sexo conmigo, pero todos sus besos y toques y miradas me dicen que quiere
hacerlo. Dada mi desagradable vida sexual, supongo que no lo hará.
Una cosa con la que puedo contar, sin embargo, es su franqueza. Así
que en lugar de asquearme de suposiciones, deambulo hacia la locura que
hay en su armario.
Ropa y zapatos forran una pared que es tres veces más grande que mi
altura. La calidad de los tejidos y costuras es diferente a todo lo que he
tocado. Abro los cajones incorporados al lado y encuentro pilas de lencería
de encaje, raso, y oh Dios mío, cuero. Las etiquetas han sido quitadas, pero
todo se ve nuevo y exactamente de mi talla. Moldeo las copas de un
sujetador rojo de encaje alrededor de mis pechos. Ajuste perfecto. ¿Cómo
demonios sabe mi talla de sujetador?
Cinco minutos después, la puerta del baño se abre. Salgo del armario,
todavía usando su camiseta, y regreso a la cama para sentarme en el
borde.
Su negro cabello está parcialmente seco, y la anterior tensión en sus
músculos se ha ido. Mi atención cae en el bulto debajo de su toalla. No está
abombado. Apuesto a que se tocó, pero ¿por qué detrás de una puerta
cerrada con la ducha abierta? Emeric Marceaux no se avergüenza.
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Se sienta a mi lado en la cama, deja caer su magullada mano en mi
Página
regazo, y entrelaza nuestros dedos.
»Para aclarar mi reacción anterior… Yo no, de ninguna manera, me
opongo a que te masturbes.
Solo escucharlo decir esa traviesa palabra desata una tormenta de
fuego dentro de mí.
—Eso es bueno, porque definitivamente lo haré de nuevo. —Levanto
una osada ceja—. Lo apruebes o no.
—Me matas —murmura en voz baja.
—¿Por qué? ¿Por qué no me tocas en su lugar?
Tira de nuestras manos entrelazadas entre sus extendidas rodillas y
apoya nuestros codos en la toalla cubriendo sus muslos.
—Me encanta que quieras darte placer. —Me desliza una sonrisa—. Me
encanta un poco demasiado.
—Escucho un pero venir.
—Pero… —Me muestra otra sonrisa que acelera el corazón—. No te
mostraré lo mucho que realmente me encanta hasta que estés lista.
—¿No me mostrarás tu erección, quieres decir?
Cierra sus ojos.
—No soy un amante amable, Ivory. —Levanta la vista, y su mirada
aterriza en mis labios—. Estoy seguro de que, con el tiempo, descubrirás que
no quieres ser amable. Hasta entonces, esperaré.
—¿Detrás de una puerta cerrada?
Asiente.
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Mordisqueo mi labio.
Página
»¿Con una erección?
La comisura de su boca rebota.
Miro el contorno de su polla debajo de la toalla.
—¿Te corriste?
La potencia de su mirada irrita mis nervios mientras frota una mano
sobre su mandíbula, frotando, mirando con fuerza, frotando más fuerte.
Realmente no debería empujar a la bestia, pero… Respiración
profunda. Voz fuerte.
»La próxima vez que te masturbes, quiero ver.
Su inhalación se corta justo antes de que él se lance. Su pecho choca
contra el mío, haciéndome saltar hacia atrás contra el colchón. Un gemido
escapa de mis labios, pero su boca está ahí, devorando mi voz, y mi cordura.
El peso de su cuerpo hunde el mío en las sábanas, con su fuerza
contrayéndose alrededor de mí mientras su mano se desliza por mis costillas,
tomando la camiseta con ella. Mis dedos se cierran en su cabello,
enroscándose a través de los húmedos mechones mientras me besa con
labios firmes y una devastadora y urgente lengua.
Retenida por su tamaño, con mi boca controlada por la suya, cierro mis
ojos y simplemente disfruto del feroz afecto. Agarra mi pezón y le da un
doloroso tirón. Cuando jadeo, gime. Balanceo mis caderas, y él muele las
suyas, sujetándome a la cama y presionando su dura longitud contra mí
centro. Un poco más de eso y su toalla caerá. ¿Tal vez podría ayudarlo?
Estiro un brazo detrás de él y deslizo una mano por las flexibles crestas
de su espalda. Cuando mis dedos golpean la toalla, me deslizo debajo de
ella y encuentro el aumento del duro y firme músculo. Dios mío, ¿cómo
puede el culo de un hombre ser tan irresistible? Quiero sentirlo con las dos
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manos, pero su cuerpo es demasiado largo para conseguir un buen agarre.
Estiro mis brazos, alcanzando…
Página
Agarra mi garganta y aprieta. La fuerza de su agarre empuja mi barbilla
hacia arriba, y mis manos sueltan los preciosos centímetros en su espalda.
El ángulo de mi boca le da acceso más profundo, con su lengua
enrollándose alrededor de la mía y sus húmedas exhalaciones calientan mi
rostro.
—Soy un furioso jodido animal a tu alrededor.
Quiero decirle que me use de cualquier manera que alimente su
hambre, pero cuando sus dedos se aprietan con más fuerza alrededor de
mi garganta, es demasiado. Mis pulmones queman por oxígeno, y manchas
negras invaden mi visión. Pánico se eleva, con mi mandíbula trabajando
contra la suya. Sin besar. Luchando.
No puedo respirar. Mis manos se agitan contra su espalda, con mi
cuerpo corcoveando para escapar. Libérate. Libérate.
El puño alrededor de mi garganta desaparece, seguido por su peso.
Agarro mi cuello y jadeo por aire mientras el miedo congela mis venas y
lágrimas empañan mis ojos.
Se para al lado de la cama, enderezando la toalla sobre la dura y
sobresaliente longitud que aún no he visto.
Pasando una mano por su cabello, me mira.
»No estás lista.
Suelto mi adolorida garganta y me siento, temblando contra un
estremecimiento de todo el cuerpo.
—¿Lista para qué? ¿Sexo?
—¡Para mí! —Camina a zancadas hacia el tocador y saca calcetines a
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cuadros y calzoncillos negros—. Mantén eso en mente la próxima vez que
me pidas verme masturbar.
Página
Mi estómago se hunde.
—No entiendo. ¿Por qué me estrangulaste? ¿Para asustarme? —Si es
así, funcionó. Mi corazón todavía está latiendo.
—Para mostrarte. —Cruza la habitación, y se detiene al pie de la cama,
y frunce el ceño hacia su erección debajo de la toalla. Luego su mirada
perfora la mía—. Me corro al ver tu cuerpo inclinado en angustia, sabiendo
que puse esas lágrimas en tus ojos. Pero solo cuando me das ese placer
libremente y con absoluta confianza.
¿Se lo di libremente? ¿Incluso tuve una opción?
—Si te preocupas por mí, ¿por qué no podemos hacer esto sin…
lágrimas?
Su enmarañado cabello negro y abundantes pestañas le dan una
mirada más suave, pero la agudeza en sus ojos azules me recuerdan que si
hay algo de gentileza en su interior, es fácilmente ahogada por su meteórico
temperamento.
Mira el reloj y me mira.
—Tengo una profunda necesidad sexual de empujar a una mujer más
allá de su zona de confort. Cuando estés lista para déjate llevar ahí, lucharás
con cada instinto en tu cuerpo, pero prometo… el resultado es mucho más
satisfactorio que un orgasmo.
¿Qué podría ser mejor que un orgasmo? ¿Es algo más profundo, como
esa cálida sensación que llena mi pecho cuando sé que me está
disfrutando? Darle placer aumenta el mío a niveles eufóricos. Así que sí, tal
vez hay más en la intimidad que en solo estar acostada sobre mi espalda
mientras él surca encima de mí. Pero no tengo idea de lo que podría ser.
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Trago. No sé cómo me siento con respecto al estrangulamiento. ¿Va
más allá de mi zona de confort? ¿Qué intentará después?
Página
—¿Por qué quieres presionarme de esa manera?
—Es la máxima confianza, y el poder en eso es incomparable.
A pesar de la inquietud gorgoteando en mi interior, me las arreglo para
mantener mi voz firme.
—No quiero que nadie tenga poder sobre…
—No, Ivory. Tú eres la que tiene el poder. Tú fijas los límites y decides
cuándo se detiene. —Frunce el ceño hacia mí mientras un tirón patina sobre
su pecho sin vello—. No usaste tu palabra de seguridad.
Joder, lo olvidé.
—No podía hablar con tu mano…
—Mentira. No lo intentaste.
Ajusto la camiseta sobre mis muslos.
—Esa es la lección, ¿no?
—Sí. —Sin decir otra palabra, entre al armario, dejándome en una
ruborizada sobrecarga de confusión.
Unos minutos después, sale completamente vestido y me dice que
vaya a la cocina cuando esté lista para irme.
El propósito de su lección me consume mientras me ducho, cepillo mi
cabello y dientes, y me visto sola en su dormitorio. Sé que mis percepciones
de sexo y hombres están hastiadas, pero la presión de su mano en mi
garganta no fue nada comparado con los últimos cuatro años de dolor y
miedo. No hace que sus métodos sean aceptables, pero la escandalosa-
mente dura manera en que hace las cosas puede ser realmente eficaz.
La próxima vez que me haga sentir incómoda, estoy segura de que
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estaré pensando en esa palabra de seguridad. Y él la atenderá. Desde que
lo conozco, no ha tomado nada que no estaba dispuesta a dar. Dios mío,
Página
hay poder en eso. Saber que se detendrá cuando diga la palabra me hace
sentir más alta, más firme… más ligera.
Bajo las escaleras en el suave cuero de zapatos nuevos. Los adorables
zapatos de piso tienen pequeños pinchos plateados y malla negra
alrededor de las puntas. Agregan un toque moderno al vestido tejido de
color rojo. Las mangas tres-cuartos me mantendrán caliente en las noches
de otoño. El recto dobladillo va más allá de mis rodillas, y el corpiño tiene
esa genial faja que entrecruza de atrás hacia adelante y ata mi cintura.
Todo el conjunto me hace sentir elegante y… querida. Una
exasperante voz en mi cabeza me recuerda que no gané esta ropa.
Excepto que Emeric la dio bajo el muy claro acuerdo de que le pertenezco
y, a su vez, todo lo que posee es mío. Es difícil hacerme a la idea de eso.
Pero por ahora, usaré la ropa porque su regalo significa más para mí que mi
maldito orgullo.
Lo encuentro sentado en la isla de la cocina, hurgando en un plato de
pasta cubierta con huevos, queso, y tocino. Su atención salta a mí, y se
congela. Solo sus ojos se mueven, calentándose bajo las oscuras cejas
mientras hace un lento recorrido por mi cuerpo.
Es obvio que compró esta ropa porque mi actual armario es escaso.
Pero cuando continúa su revisión de cabeza a los pies, me doy cuenta de
que fue de compras porque estaba pensando en mí, tal vez imaginando
cómo me vería vestida con las cosas que le gustan.
Con el paso final, sus rasgos faciales duros como una piedra se suavizan
con satisfacción. Algo en mi interior se atrapa y sostiene. Puse esa mirada en
su rostro al aceptar su regalo. No sé lo que es, pero saber que lo complazco
encaja tan bien con todos los nuevos sentimientos que revuelve en mí.
Encuentra mi mirada.
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—El vestido más afortunado del planeta.
Página
Mi corazón rueda en una cadencia de pesados latidos.
—No puedo creer lo bien que encaja.
Mira mis labios.
—Siéntate y come.
Su corbata marrón de estampado de cachemir, camisa con botones
blanquecinos, y pantalones marrones parecerían anticuados en otro
hombre. Pero en él, es una declaración del diseñador metrosexual.
Demonios, podría usar el cuello levantado y deslumbrantes pantalones
cortos de mezclilla, y las mujeres dejarían caer sus bragas cuando pasa.
El robusto olor del café me rodea cuando me siento a su lado.
—¿No hay chaleco hoy?
—Clima para chaqueta.
Le doy un vistazo a la chaqueta de gamuza cubriendo el respaldo de
su asiento. Las largas mangas podrían ayudar a ocultar los cortes en sus
nudillos.
Carga mi plato, vierte mi juego, y apoya su mano en mi muslo. No me
han cuidado de esta manera desde que mi papá murió. Sentada aquí con
buena ropa, poniendo comida en mi vientre, lo estudio como una niña sin
padre lo haría con su protector, como una estudiante con su profesor, pero
más que eso, lo veo como una mujer abriendo su corazón a un hombre.
Llena tantos vacíos en mi vida, y mi deseo por él solo me acerca más,
más fuerte a un mundo con el que solo he soñado. Un mundo donde
interactúo con un hombre porque quiero, porque se preocupa por mí tanto
como yo me preocupo por él.
Excepto que dice que no estoy lista.
292
Antes de conocerlo, gentileza era todo lo que quería, ¿pero ahora?
Página
Cuando empecé los estudios formales de música, gané una aguda
apreciación por el poderoso uso de contrapunto de Bach. Aquellos que no
saben escuchar su música solo escuchan un lío de líneas ruidosas. Pero lo
que compuso fueron múltiples melodías, con cada mano tocando una
versión diferente de la misma canción.
Emeric aplica contrapunto en todo lo que hace. Con una mano,
golpetea con ternura y autocontrol mientras con la otra golpea con
intensidad y dominio. Sus métodos pueden ser contradictorios, pero los
ejecuta en perfecta armonía.
Dejo el tenedor y agarro sus dedos en mi muslo.
—¿Cómo sabré cuando esté lista?
Levanta mi mano y presiona un beso en la palma de mi mano.
—Yo lo sabré.
Inspecciono su rostro, persistiendo en sus esculpidos labios, mandíbula
recién afeitada, y ojos azul ultramarino.
—¿Y luego qué?
Promesas bailan como notas siniestras en su mirada.
—Entonces estarás agradecida por esa palabra de seguridad.
Un escalofrío lame mi columna, y un dolor estalla entre mis piernas.
Quiero lo que está ofreciendo tanto como no lo quiero. O tal vez quiero no
quererlo.
Froto la parte de atrás de mi cuello y luego escarbo en mi desayuno.
Raspa su plato limpio y lo aparta.
293
»Cuando no estés en la escuela o aquí, no te apartarás de mi lado.
Página
Me ahogo, murmurando alrededor de mi bocado de queso.
—¿Cómo funciona eso?
—No hables con la boca llena.
Masticando rápidamente, trago.
—Cuando vaya a casa…
—Vives conmigo ahora.
Me pongo rígida ante sus palabras que penetran mis tímpanos. Las
escucho, pero su significado no está sincronizando en mi cerebro.
Da un sorbo a su café, mira su teléfono, y me mira como si hubiera dicho
que viniera a cenar, no a jodidamente mudarme.
Lo miro con mi boca abierta.
—Me estás jodiendo.
Lleva su taza a sus labios, me vuelve a mirar, sin un indicio de sonrisa en
sus ojos.
Habla en serio.
¿Me perdí una conversación entera donde me pidió mudarme? Oh,
espera. Él no pide nada.
Me encorvo contra el respaldo del taburete.
»Eso es por Lorenzo.
—Es una razón conveniente. —Rellena su taza con la jarra en la isla y
regresa a su teléfono.
Maldita sea su regla anti-yo, porque quiero gritarle esas palabras
294
repetidamente.
—Es contra la ley. ¡Eres mi profesor!
Página
—Eres mi chica. —Pasa perezosamente la pantalla de su teléfono—. Esa
es la única ley por la que necesitas preocuparte.
¿Qué? Mi cabeza martillea.
—Estás loco.
—Eres mía.
—¿Y si alguien lo descubre?
Se desplaza por su correo electrónico, sin ninguna preocupación en el
mundo.
—Mi problema.
—Pero Schubert…
Deja el teléfono y estrella sus labios contra los míos con un beso que
dice Cállate y confía en mí. Luego se reclina y vuelve a su correo electrónico.
—Recogeremos al gato después de la escuela.
295
Página
T
res apartamentos lejos de la casa de Ivory, dejo estacionado el
GTO en la calle mientras ella alimenta al gato. La motocicleta
naranja no está aquí, pero no sé si alguien más está en casa.
Si tuviera una explicación legal para llegar con ella a las seis y media
de la mañana, estaría en esa casa con ella ahora mismo. En cambio, me
veo obligado a controlarla desde lejos, a través de la conexión entre
nuestros teléfonos, listo para hacer lo que sea necesario para ser su punto
de apoyo y protección.
La primera luz del amanecer ilumina las tejas parciales en las casas
circundantes. Sostengo mi teléfono apretado, odiando que no puedo verla
moverse por dentro. Pero la oigo a través del altavoz. Cada gruñido de su
aliento a través del auricular atrae la mía.
Antes de que saliéramos de mi casa, le di el teléfono que le compré
hace semanas. Ella lo acunó en sus manos como si fuera el inestimable violín
Vieuxtemps, su pálida expresión impregnada con reacia aceptación. Espero
su reacción cuando le dé un auto.
—¿Están tu mamá o tu hermano allí? —pregunto a través del teléfono.
—Ambos —susurra—. Dormidos.
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Si escucho un jadeo o un solo sonido preocupante, estaré en esa
puerta en menos de diez segundos.
Página
Doblo mi mano en el volante, los nudillos magullados mirando por
debajo de la manga más larga. Ivory probablemente sabe que la
verdadera razón por la que estoy usando la chaqueta es para ocultar los
cortes. No quiero que se preocupe por lo que la gente asuma o no asuma.
Ese es mi trabajo.
Mientras me concentro en el susurro de sus movimientos a través del
teléfono, mi mente deambula de regreso al dormitorio esta mañana y la
forma erótica en que su cuello se sentía en mi agarre. Ella confía en mí, sin
embargo, entró en pánico, luchando con su cuerpo y suplicándome con sus
ojos, como lo haría con cualquier otro hombre. Eso es inaceptable.
Asfixia, azotar, el placer derivado de cualquier tipo de dolor y
humillación no son para los débiles de corazón. Si tuviera alguna duda sobre
lo que la excita, mi enfoque sería diferente. Si ella fuera demasiado tímida
para sostener mi mirada, probablemente no habría llamado mí atención en
primer lugar.
Si fuera cualquier otra persona, no estaría sentado aquí, cien por ciento
dedicado y arriesgando mi cuello para estar con ella.
Ivory Westbrook no es frágil. Está construida para mi marca de
protección y apetito por el dominio. Tratarla con guantes de niño le haría un
gran perjuicio.
Su fuerza emocional es una de las muchas razones por las que me atrae
tanto. Sí, es la criatura más hermosa que he visto, pero estoy fascinado por
todo el paquete. Ella se alza ante mí cuando piensa que estoy equivocado,
pero se humedece bajo la fuerza de mi voz y el calor de mi cinturón. Apuesto
el Fazioli de mi abuelo a que el sexo normal y monótono con un hombre no
autoritario la ahogaría.
Si esas cualidades provienen de su naturaleza sumisa o de su abusivo
297
pasado, es mi responsabilidad como su primera pareja sexual real hacerla
consciente de las muchas facetas del placer. El sexo no tiene que
Página
conformarse con los estándares de la sociedad para ser sano. No tiene que
ser lento y tierno para ser seguro. Y no tiene que estar libre de esposas de
cuero para ser consensual.
Ella está aprendiendo, pero ¿cuán consciente es lo suficientemente
consciente? Esta es la parte difícil.
La deseo, y esa necesidad es un latido interminable dentro de mí, como
una canción no escrita golpeando contra mi caja torácica para salir.
Mudarla a mi casa y dormir junto a ella mientras no la follo es pura tortura.
Pero sé que ella es consciente de mi moderación, y también sé cuánto la
aprecia y respeta.
El hecho de que me da ganas de enredarla, de hundir mis dientes en
sus tetas, y estrangular sus jadeos no es el tema. La misma circunstancia de
su abuso combinado con mi papel como su profesor hace difícil incluso la
más suave intimidad con ella. Podría persuadir sus piernas con palabras
elocuentes, follarla dulcemente, y ella dejaría que sucediera porque es la
única manera en que sabe cómo responder a un hombre.
Bueno, que se joda eso. Antes de entrar en su cuerpo, ella estará
conmigo mental y emocionalmente, en sus términos, haciendo una elección
consciente entre detenerse o rendirse ante mí. A diferencia de esta mañana
cuando mi mano estaba alrededor de su garganta. No cedió ni usó su
palabra de seguridad. Porque todavía no entiende lo que realmente
significa estar dispuesto.
Unos minutos más tarde, regresa al auto y cierra el cinturón de
seguridad.
Piso el acelerador, observando su postura relajada en el borde de mi
periferia.
—¿No se despertaron?
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—No. —Una sonrisa suave toca sus labios. —Schubert me extraña—. Se
gira en el asiento para mirarme—. Emeric, tenemos que hablar...
Página
—Si se trata de la mudanza, no es negociable.
—Tengo algo que decir sobre en dónde vivo.
—No cuando se trata de tu seguridad. —Giro bruscamente en Rampart
Street y me dirijo hacia Le Moyne—. Con Shane y Lorenzo en esa casa, no
necesito decirte lo jodidamente inseguro que es vivir allí.
Ella frunce sus labios.
Descanso mi mano en su muslo.
»Deja de luchar contra esto.
—Soy tu estudiante. Si alguien descubre que estoy viviendo con...
—Seré arrestado, y estarás libre y limpia de cualquier consecuencia.
—Exactamente. ¡No quiero eso!
—El riesgo es mío. —Infundo mi voz con autoridad, un tono que le
recuerda que soy la solución para su situación simplemente porque estoy a
cargo, en control, y es mi propósito, por encima de todo, mantenerla a
salvo—. Esta es mi decisión, y no me volverás a cuestionar de nuevo.
Mientras me detengo en un semáforo, ella desengancha su cinturón de
seguridad y se inclina sobre la consola.
Su mano hace un barrido familiar a través de mi cabello, sus ojos
sonriendo hacia mí.
—Eres un poco encantador cuando te pones muy serio y mandón.
—Baja su barbilla y profundiza su voz—. Como yo soy el hombre
estableciendo la ley, y así es como va a ser.
Lindo. Sacudo la cabeza, reprimiendo una sonrisa.
299
Aprieta sus dedos contra mi cuero cabelludo y aparta un mechón de
Página
cabello de su boca.
»Pero tengo mi propia mente y mi propia voz, y la vas a oír cuando sea
y como yo quiera.
Miro sus labios, divertido y excitado.
—No espero nada menos, señorita Westbrook.
Justo como ella espera que la calle cuando me pregunta.
—Bueno. —Una luz parpadea en su mirada—. También debes esperar
que no me rendiré con Leopold.
Por supuesto, no lo hará, lo que significa que necesito averiguar cómo
hacer que funcione.
Desliza sus dedos a mi mandíbula, ahuecando mi rostro mientras me
besa. Nadie de Le Moyne se aventuraría en esta parte de la ciudad, por lo
que los automovilistas que pasan pueden mirar boquiabierto todo lo que
quieren.
Lamo sus labios y presiono hacia adelante para unir nuestras lenguas.
Solo un golpe acariciando, un movimiento sugestivo, pero eso es todo lo que
se necesita. Ella gime, inclinando su cabeza para una conexión más
profunda, su pecho que cambia más cerca, levantándose por aire. Cristo,
su deseo es tan asombroso como el mío.
El semáforo va a cambiar en cualquier segundo. No me importa una
mierda. Tomo el beso, agarrando sus caderas y juntándonos contra la
consola. Con mi pie firmemente presionado en el freno, le doy una probada
completa con mi lengua, apuñalando y azotando entre sus labios, mientras
mi mano se desplaza más bajo para agarrar su culo en un duro apretón.
Un bocinazo suena detrás de nosotros. Nos separamos, riendo a través
de respiraciones pesadas como escolares.
300
Impulso el auto hacia delante, mi atención se desplaza entre ella y el
Página
camino.
—Cada vez que te vea hoy, voy a pensar en ese beso.
Mete su cabello detrás de su oreja y me da una mirada sofocante.
—Yo también.
A medida que los bloques de edificios se desdibujan, nos asentamos en
un nexo vibrante, un lazo sin palabras reforzado con un intercambio de
miradas y sonrisas persistentes. Es una cosa tan cómoda, esta energía entre
nosotros, como si estuviéramos en nuestro propio mundo privado, donde los
errores del pasado, los sueños de la universidad y las normas de los
estudiantes-profesores no existen. Aquí, en esta aislada suspensión de
tiempo y espacio, nada nos puede separar.
Entrelazo nuestros dedos juntos en su regazo.
—Dime qué estás pensando.
Rueda su lengua contra el interior de su mejilla.
—Es extraño sentarme en tu auto, vestida con ropa bonita, sintiéndome
llena de un enorme desayuno. Mi estómago está feliz. —Cierra sus ojos y
luego los abre, enganchando los míos—. Estoy feliz. Y asustada. Supongo
que estoy muy asustada, pero la felicidad... eso no viene muy a menudo, y
tengo tanto miedo de perderla.
Probablemente está pensando en su padre y en la seguridad que
perdió cuando murió.
Quiero ordenarle que me deje toda la preocupación a mí, pero no
funciona de esa manera, así que le ofrezco una perspectiva diferente.
—Cuando estamos juntos, Ivory, cuando somos solo tú y yo, la felicidad
solo puede ser limitada por nosotros. Hacemos las reglas y decidimos cómo
301
va a ir esto. Nuestro mundo es tan ilimitado y real como nuestros sentimientos
del uno por el otro.
Página
Levanta mi mano y coloca un beso sobre mis dedos.
—Gracias.
—¿Por?
—Por siempre saber qué decir. —Sostiene mi mano debajo de su
barbilla—. Por alimentarme. Por dejarme alimentar a Schubert. Por el
teléfono, la ropa, y...
—De nada.
Juro que su corazón está envuelto alrededor del mío, estirando y
frotando contra las paredes de mí pecho. Es emocionante y aterrador, la
forma en que se metió furtivamente dentro de mí con tanta rapidez.
A pocas cuadras de la escuela, estaciono en una tranquila calle lateral.
»No estoy contento con esto.
Ella abre la puerta y me lanza una sonrisa fácil.
—Camino a la escuela todos los días.
—No me gusta el secretismo.
Estuve allí, hice este baile con Joanne. Ivory merece algo mejor.
Pero si soy atrapado, ella regresará a Treme, a Lorenzo Gándara, y a la
desesperación financiera. Soy el responsable de protegerla de todo.
Agarro la parte de atrás de su cuello y la empujo para un beso.
»No siempre será así.
Cuando se gradúe, no seré su profesor. Nuestra relación será legal y...
Ella irá a la universidad, donde quiera que sea. ¿Y qué? ¿La seguiré? ¿Querrá
que la siga? Ella no tendrá una maldita elección.
302
Apoya su frente contra la mía.
Página
—No hagas promesas que no puedas cumplir.
Mi rostro se inflama cuando la convicción endurece mi estómago.
—Haré lo que sea...
Presiona sus suaves labios contra los míos y al instante disminuye mi
temperamento ascendente, besándome hasta que mi polla se hincha.
Demasiado pronto, retrocede.
—Podemos discutir el futuro después de absorber todo lo que está
sucediendo en este momento.
Con eso, se desliza fuera del auto, su cuerpo asesino, su culo follable, y
piernas largas todo iluminado por el sol. Jodidamente impresionante.
Empujando su nueva cartera, se agacha para meter la cabeza. El
cuello de su vestido rojo se abre, dándome una infame vista de sus firmes
tetas jóvenes que se apoyan contra el sostén de seda roja.
Me mira fijamente y levanta una ceja.
¿Cómo puedo no mirar? Es la programación genética, e Ivory tiene
tetas malditamente grandes.
Una comisura de su boca se alza con una seductora sonrisa.
»Nos vemos en clase, señor Marceaux.
Se aleja, dejándome sin oxígeno en el auto. Bajo la ventana y
revoluciono el motor unas cuantas veces para llamar su atención.
Mirando por encima de su hombro, tira su sonrisa entre dientes.
»¿Estás intentando competir conmigo o impresionarme?
Solo quería ver su sonrisa una vez más. Ahora puedo respirar de nuevo.
303
Página
P
aso el día escuchando susurros y prestando mucha atención a
expresiones sutiles. Beverly Rivard me saluda en el salón de
profesores con un ceño fruncido de desdén. No hay nada nuevo.
Andrea Augustin me observa desde lejos, cautelosa y magullada. Ella lo
superará. Prescott se queda fuera de mi camino en los pasillos y se escurre
en su asiento durante la clase. Él es el que más me preocupa. Lo humillé
delante de Ivory anoche, un golpe horrendo a su ego de chico. Pero si abre
la boca, tiene más que perder que su dignidad.
En el salón de clases, Ivory mantiene su actitud como estudiante. Ella
no sostiene mi mirada demasiado tiempo. No coquetea ni demuestra
afecto. Pero la tensión sexual entre nosotros flota como una tormenta
eléctrica. Si alguien supiera qué buscar, lo captaría. Prescott debería tener
algo de sospechas después de la manera en que la defendí, pero no se
atreve a mirarla o a mí. Por ahora, lo único que puedo hacer es mantenerlo
bajo mi vigilancia.
Después de las clases privadas de Ivory, regresamos a su casa. El cielo
sin estrellas y la ausencia de luz arrojan su calle en una mancha de sombras.
Metiendo el GTO en el mismo lugar que usé esta mañana, observo la
oscuridad más allá de sus ventanas.
304
—Nadie está en casa.
—Supongo que no. —Abre la puerta del auto—. Seré rápida.
Página
Apago el motor y me encuentro con ella en la calle.
Sacude la cabeza y señala el auto.
»Quédate aquí. Alguien podría volver a casa.
Es arriesgado, pero no va a entrar en una casa oscura sola por la noche.
Tampoco va a sacar un gato y todas sus pertenencias por sí misma. Pero en
caso de que su hermano aparezca, necesito prepararla para una
desagradable re-presentación.
La agarro de la mano y la llevo al porche delantero.
—Conocí a Shane hace un tiempo.
—¿Qué? —Ella se detiene en la acera y me mira con los ojos muy
abiertos—. ¿Cuando?
Tiro de sus dedos apretando, obligando a sus pies a seguirme por las
escaleras.
—No sabe quién soy, y tristemente, no sabe por qué le rompí la nariz.
Ella jadea, sus pasos vacilantes, pero la mantengo en movimiento.
—¿Fuiste tú? Su ceño baja mientras abre la puerta. Un suspiro pasa por
sus labios—. Por el corte en mi labio.
—Nadie hace daño a mi chica.
—Me encanta cuando dices eso —susurra suavemente.
Con manos apacibles, ella endereza mi corbata, sus dedos descienden
por la seda antes de que se aleje.
Cuando abre la puerta, el olor a humo de cigarrillo rancio me inunda
305
la nariz.
Página
Un segundo después, un gato naranja atigrado sale de las profundi-
dades oscuras y se ralentiza a sus pies, ronroneando como un motor y
frotándose contra sus tobillos.
Ella lo carga, acariciando su cabeza redonda contra su cuello como si
fuera lo más importante del mundo.
Me meto las manos en los bolsillos e intento frenar mis celos por un
maldito gato.
—¿Me vas a dejar entrar en algún momento esta noche?
—Tan impaciente. —Ella golpea el interruptor de la pared e inunda la
pequeña habitación con luz. Luego me sostiene al gato y lo deja caer en
mis brazos, obligándome a cargarlo—. Solo necesito agarrar sus cosas.
Mientras corre por la línea de puertas hacia la parte trasera de la casa,
la bola de pelo en mis manos arroja no menos de mil pelos anaranjados por
toda mi chaqueta de gamuza.
Entro, mirándolo fijamente.
—¿Vas a orinar en mis alfombras?
Los dorados ojos redondos parpadean perezosamente. Luego arrastra
su mejilla peluda a través de mi pecho, acariciando.
Nunca he vivido con una mascota, pero él parece lo suficientemente
amable. El cobertizo sin embargo...
»¿Podemos afeitar esto? —grito hacia la habitación de atrás.
El crujido de sus pasos hace una pausa.
—Creí que no te gustaban los “gatitos” afeitados.
306
Una sonrisa se extiende por mi rostro. Touché, mi hermosa chica.
Página
Llevo a Schubert a través de una ordenada sala de estar. Está limpio
porque no hay nada aquí, excepto una caja de cartón con ropa en la
esquina, una pequeña mesa de centro y un sofá con cojines hundidos.
Continuando hacia la parte de atrás, paso un dormitorio, luego otro
dormitorio, ambos apenas lo suficientemente grandes como para
acomodar los colchones en el suelo y el desorden de ropa y ceniceros.
Ninguna de las habitaciones ofrece una pista de la chica que conozco.
Ivory es organizada, su ropa es sencilla y poca, y no fuma. La realidad me
aprieta el pecho y acelera mis pasos.
Llego a la última habitación, la cocina, y la encuentro levantando un
arenero por la puerta trasera.
—¿Dónde duermes?
Agarra unas cuantas latas de comida para gatos de la desordenada
encimera y pasa por delante de mí hasta el dormitorio más cercano.
—Esta es la habitación de mi madre.
Me arrastro detrás de ella, acariciando al gato y removiendo más pelos
sueltos. Mi corazón golpea contra mi pecho mientras absorbo las
empobrecidas condiciones en que vivió. Cuando llega al segundo
dormitorio, sé lo que va a decir, y no quiero oírlo.
»La habitación de Shane. —Mira fijamente las pilas de ropa sucia—.
Solía ser mía, pero cuando mi papá murió, Shane se volvió a mudar. Así que...
Sigue adelante, volviendo a la sala principal. Mi estómago cae mientras
miro el hundido sofá con nuevos ojos.
»Aquí es donde duermo. —Levanta la mirada—. ¿Listo para irnos?
307
Me trago mi ira con el recordatorio de que nunca volverá a dormir en
un maldito sofá.
Página
—¿Eso es todo lo que estás trayendo? —Asiento al arenero y las latas
de alimento en sus brazos.
Sus ojos bajan hacia el gato ronroneando contra mi pecho, y sonríe
cálidamente.
—Es todo lo que me queda.
Mientras conduzco fuera de su vecindario, la tensión en mis músculos
se afloja con cada cuadra que pongo entre ella y esa casa. Nunca me he
sentido mejor con respecto a una decisión que sobre esta.
Con el gato acomodado y maullando en el asiento trasero, solo queda
una cosa que la traerá de vuelta a Treme.
Hago una parada imprevista, subiendo a la acera a lo largo de las
ventanas con rejas de la tienda.
Ella se retuerce en el asiento y busca en mi rostro.
»¿Qué estamos haciendo aquí?
—El viejo no te ha visto en un par de días. Entra, dale tu número de
teléfono y dile que estás a salvo.
Eso me gana una enorme sonrisa antes de que salte y se precipite
adentro.
Una hora más tarde, mientras cena en mi cocina sobre un surtido de
quesadillas abastecidas, Ivory me da su lista escrita de cuentas por pagar.
Justo como he especificado, incluye los artículos que ella necesita comprar,
tales como suministros escolares, desodorante, y tampones. Sonrío cuando
veo el control de natalidad en la lista.
Ella trata de decirme lo que haré y no haré con sus cuentas, pero la
308
callo con mis labios fusionados en los suyos y mis dedos en su coño. Su
espalda se inclina sobre la isla de la cocina, nuestros platos vacíos chocando
Página
con el empuje de mi mano. Dos orgasmos más tarde, se tropieza con la sala
de estar para trabajar en su tarea, la discusión olvidada.
Mis nudillos magullados todavía están demasiado sensibles para tocar
el piano, así que corro en mi caminadora, me ducho y masturbo con los
recuerdos de su cabeza inclinada hacia atrás, de su garganta expuesta, de
las piernas separadas, retorciéndose y vulnerable en mis brazos. Vulnerable
a todas las cosas sucias y depravadas que fantaseo con hacer a cada
agujero en su cuerpo. Cristo, si solo supiera lo que he planeado para ella.
Antes de salir de la ducha, me saco otro orgasmo porque jodido
infierno, voy a dormir a su lado esta noche.
Me digo que no está preparada para la forma perversa y salvaje en
que follo, pero en el fondo de mi mente, hay una fecha de caducidad en
mi autocontrol. Una fecha que se adjunta a la cita de su médico el sábado,
a solo cuatro días de distancia. Tengo esta fuerte necesidad de estar con
ella sin nada entre nosotros, incluyendo condones. Una vez que sus
resultados de las pruebas confirmen que puedo hacer eso, todas las
apuestas están cerradas.
Ella se va al dormitorio para terminar su tarea con Schubert acurrucado
a su lado. Me meto en mi oficina y realizo los pagos para cubrir los miserables
gastos de su familia. Considero pagar su hipoteca. Sería más fácil, pero que
se jodan. Voy a financiar sus cuentas hasta la graduación de Ivory, solo
porque no quiero darles una razón para ir a buscarla. Después de eso,
pueden dormir bajo un maldito puente.
Llamo a mi servicio de catering y hago que agreguen a Stogie a su ruta
diaria. Podría rechazar la comida. O tal vez lo vea por lo que es: mi gratitud
por ofrecer a Ivory un lugar seguro para ir todos estos años.
Con eso terminado, hago unas cuantas llamadas telefónicas más,
309
encuentro un Investigador Privado confiable, y hago contacto. Terminando
la conversación, el investigador tiene muy poco que seguir. Un nombre. Un
Página
número de matrícula. Pero me asegura que es suficiente.
Al final de la semana, el Investigador Privado demuestra su valor,
proporcionando todo lo que necesito para seguir adelante.
Sé exactamente cómo voy a tratar con Lorenzo Gándara.
310
Página
E
l viernes por la tarde, me dirijo hacia mi casillero en el Campus
Center. Ellie se apresura para llegar junto a mí, hablando de cuan
rápidas son mis zancadas. En vez de señalar que sus piernas son
más cortas que las mías, disminuyo mi marcha y la golpeo juguetonamente
con la cadera.
—Pareces diferente. —Me sonríe, parpadeando con sus angulosos ojos
marrones—. Eso es todo lo que voy a decir.
Ella no ha mencionado mi ropa nueva. No, está demasiado ocupada
tratando de encontrar un significado oculto en la forma en que camino.
»Estás… más ligera. Ya sabes, como despreocupada. —Se acerca a mí
saltando y doy un salto hacia atrás a nuestros casilleros, su cola de caballo
negra azotando su cuello—. Tienes un novio, ¿verdad?
No sé qué es Emeric, pero definitivamente no es un chico.
—¿Entonces crees que un chico es un remedio mágico para bajar de
peso? ¿O tal vez estás diciendo que soy flatulenta?
Se ríe y gira para marcar su combinación.
—Eres muy extraña.
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Abro mi casillero y encuentro un pequeño papel plegado encima de
los libros de texto. Con una enorme sonrisa, extiendo el brazo y lo toco.
Página
Acariciándolo.
Emeric me ha dejado notas toda la semana. Solo imaginarlo
garabateando cada una en su elocuente escritura y dejándola de esta
forma deslizarse a través de la ventilación en la puerta del casillero envía
una palpitación a través de mi pecho.
Ellie se encuentra a poca distancia, distraída por su teléfono.
Sostengo la nota dentro del casillero y la despliego.
Te deseo.
Te espero.
Me tienes.
Hace que me duela el alma. Las leo de nuevo y me duele todo el
cuerpo. Cuando cierro los ojos, escucho su voz profunda, siento el roce de
sus dedos, y saboreo la canela en su aliento. Él está conmigo, siempre a mi
alrededor, levantándome. Maldita sea, quizás estoy más ligera.
El sonido de tacones se acerca por mi espalda. Arrugo la nota en mi
puño y miro sobre mi hombro.
Ann se inclina contra el casillero entre el de Ellie y el mío y me da un
vistazo.
—Las chicas han estado hablando.
312
Ajá. Ella está aquí, en nombre de la población femenina, para
recordarme que es más bonita, más inteligente y más popular.
Página
Deslizo mi mano en la cartera y dejo caer la nota hecha una bola.
Luego me muevo para enfrentarla directamente, usando la sonrisa que mi
padre siempre dijo que era mi mejor arma.
Su mueca deforma su suave piel oscura y sus rasgos perfectos.
»Es un vestido de Dolce & Gabbana.
Miro hacia abajo al estampado de margaritas amarillas y blancas,
amando cómo el corte de línea A se adapta a mi cuerpo.
—Correcto.
—Ayer usaste un Valentino. El día anterior fue un Oscar de la Renta. En
serio, Ivory. ¿Eres una ladrona de tiendas ahora?
¿Por qué Emeric no pudo haber recogido algunas prendas de Wal-
Mart? Yo no hubiera reconocido la maldita diferencia.
Porque él no hace nada a menos que esté por encima de los límites.
Ellie se para junto a mí, enganchando su enorme mochila sobre su
hombro.
—Déjala en paz, Ann.
—Está bien. —Asiento en dirección a Crescent Hall—. Te alcanzaré, ¿de
acuerdo?
Me da una sonrisa comprensiva y se dirige hacia nuestra próxima clase.
Me giro hacia Ann y contemplo una respuesta repulsiva, porque es tan
divertido verla retorciéndose. Podría decirle que follé al gerente de la tienda
en Neiman Marcus. ¿Es ahí donde la gente va a comprar esta ropa? No lo
sé, pero esa propuesta toca muy de cerca mis arreglos previos. Oh, ya sé…
313
—Comencé a vender mis óvulos.
Página
Sus ojos marrones se ensanchan.
—¿Tus… qué?
—Óvulos. —Me encojo de hombros—. ¿Quién sabía que la ovulación
podía ser tan lucrativa? Con mi buena apariencia y excelentes califica-
ciones SAT, el centro de fertilidad me paga el doble de la tarifa.
Hace un ruido de arcadas.
—Eso es asqueroso.
—Igual que tu actitud. —Cierro el casillero y paso alrededor de ella—.
Pero estoy profundamente conmovida por lo mucho que me prestas
atención. Trae nueva perspectiva a nuestra amistad. Tal vez podamos ir de
compras y tener pijamadas. —Preferiría ser aplastada por un piano de
doscientos kilos—. Podríamos conseguir collares de mejores amigas por
siempre…
—Eres una perra.
—… o no. —Acaricio su huesudo hombro al pasar—. Gracias por la
honestidad.
Varias horas más tarde, estoy sentada detrás del Steinway en el
escenario del teatro del campus. Emeric trasladó mis clases particulares aquí
hace unos días para hacerme sentir cómoda con la acústica. La
Celebración de Fin de Cursos del Área de Música está a solo un par de
meses. Como una de las mayores actuaciones de Le Moyne, el ballet está
abierto al público y presenta a los mejores músicos y bailarines de la
academia.
El piano es solo una pequeña parte de la producción, pero me
encantaría finalmente ser parte de ella. Emeric todavía no ha anunciado
quién llenará ese asiento. Se toma su trabajo tan en serio que no me está
dando ninguna ventaja solo porque estamos juntos. Tengo que ganármelo,
314
y no hay ni un gramo en mí al que le moleste eso.
Página
A pesar de todo, tiene una frustrante manera de hacerme esperar por
las cosas.
Cuando se unió a mí en la cocina esta mañana, me dijo que es
hermoso verme esperando.
Con mucho gusto seguiré esperándolo hasta el agotamiento.
Esperando su disciplina. Esperando su afecto. Esperando lo desconocido.
—Comienza de nuevo. —Su voz retumba desde las sombras en los
asientos de las gradas.
Tenemos el teatro para nosotros. Está en algún lugar de la primera fila,
pero no puedo verlo más allá de las cegadoras luces del escenario.
Inclinándome sobre el teclado, me sumerjo en la pieza Cascanueces
de Tchaikovsky. Mis manos irrumpen a través de los trémolos, mis muñecas
chasqueando sobre las teclas que cambian rápidamente. He tocado esta
pieza tantas veces que la conozco de memoria, mis dedos moviéndose por
su propia voluntad, adaptados a la perfección con las notas.
Cuando la manecilla de mi reloj llega a las siete, la transpiración lame
mi piel, y los espasmos punzan en las articulaciones de mis hombros y manos.
Emeric solo me ha interrumpido unas cuantas veces para señalar deslices.
Demonios, ha estado tan tranquilo durante la última hora que me pregunto
si se fue.
Me giro sobre el banco del piano y entrecierro los ojos contra las luces.
—¿Te quedaste dormido ahí?
—No. —Aclara su garganta—. Eso fue exquisito, señorita Westbrook.
—Su voz oscura y de tono profundo resuena a través del teatro—. Este
escenario no es lo suficientemente grande para ti.
315
Olas de calor se despliegan dentro de mí, dando vueltas por mis brazos,
Página
entre mis pechos y alrededor de mi columna vertebral.
—¿Qué tal el escenario de Leopold? —Inclino la cabeza, parpadeando
contra las luces—. Ya sabes, dado que es ahí a donde voy.
—Leopold es solo una idea atrapada en tu cabeza. Piensa más grande.
Mejor.
¿Mejor que el mejor conservatorio? Frunzo los labios.
—¿Como qué?
—No hay una audiencia en el mundo lo suficientemente grande para
contenerte. Pero necesitas una lo suficientemente apasionada como para
sostenerte.
Guau. Nunca antes había pensado en eso.
»Ven acá.
Es una orden que le daría a cualquiera de sus estudiantes, como
siéntate, deja de hablar, responde la pregunta. Pero para mí, tiene un
significado más profundo, uno que no pertenece a las paredes de una
escuela.
Mis muslos tiemblan mientras me levanto del banco. Mi respiración se
contrae mientras me muevo hacia él, bajo los escalones del escenario y
entro en la oscuridad de los asientos vacíos.
Está sentado a un lado en la primera fila, justo más allá del borde de la
luz. Con un tobillo apoyado en la rodilla y los antebrazos cubriendo los
descansa brazos, es un cuadro de calma y autodominio. Pero sus ojos están
férreos y enfocados, perforando los míos.
Me detengo al alcance de su mano, y mi atención cae a la longitud
larga y dura que abulta sus pantalones.
316
»Ivory. —Su tono sensual me hace subir la cabeza.
Página
Me froto la nuca.
—Estás… eh, duro. ¿Por mi actuación?
—Todo lo que haces me excita —susurra—. Especialmente el
movimiento femenino de tu cuerpo cuando tocas. Te quiero desnuda,
sentada en mi piano y balanceando tus caderas como si estuvieras follando
las notas.
Un rayo de calor se dispara entre mis piernas, excitando cada
centímetro de mí. Quiero liberarlo de sus pantalones y sentir el peso de su
polla en mis manos. En mi boca.
Golpea un dedo sobre su labio inferior.
—La posición de solista en el ballet es tuya.
Un suspiro de felicidad estremece mis extremidades.
—Gracias.
—Me encanta cuando estás agradecida. —Se lame el labio inferior—.
Pero ganaste esto, Ivory. Vas a robar el espectáculo.
Sus palabras elogian mi talento, pero el ardiente destello en sus ojos me
aprecia por completo mientras su mirada recorre las líneas de mi cuerpo y
escanea debajo de mi piel. Me conoce en un nivel más profundo, mejor que
nadie, y le gusta lo que ve dentro de mí.
Una necesidad repentina y muy específica resuena a través de mi
pecho, desencadenada desde la médula de mi ser. Una necesidad de
satisfacerlo, de sentir el poder de darle ese regalo.
Tiro del pie apoyado en su rodilla hasta que lo baja al suelo. Se
endereza para ponerse de pie, pero lo detengo con las manos en sus muslos
duros como una roca. Luego me arrodillo entre sus piernas extendidas.
317
Agarra mi cabello, su tono severo con advertencia.
Página
»Ivory.
Con una oleada de valentía, agarro su polla a través de los pantalones,
tocándolo por primera vez.
—Quiero probar esto.
—Joder. —Su exhalación hace eco por la vasta habitación. La mano
en mi cabello tira, causando dolor a través de mi cuero cabelludo—. No
aquí.
Si volvemos a su casa, perderé mi valor en el camino. He odiado la
sensación de un hombre en mi boca desde la primera vez que Lorenzo me
llevó allí. Las náuseas, la falta de aire, y la completa humillación de algo tan
vil derramándose por mi lengua…
Quiero que sea diferente con Emeric. Lo necesito para que me muestre
cómo hacer esto voluntariamente.
Rodeada por los rígidos grupos musculares de su pecho y sus piernas,
acaricio mi mano sobre la pulsante hinchazón de su erección.
—Treparé sobre ti. Inclínate. Lo que quieras, lo quiero. Solo… dame esto.
Un grueso y ronco ruido escapa de sus labios.
—Cristo en el infierno. ¿Cómo demonios puedo decir que no a eso?
Envuelve mi cabello alrededor de su puño, su mirada recorriendo el
teatro y se detiene en las puertas cerradas.
¿Está pensando en Joanne y la vez en que fueron atrapados?
Son las siete de la noche del viernes. Probablemente somos las únicas
dos personas en Crescent Hall, y nadie entra en el teatro después de las
horas escolares. Pero si esas puertas se abren, estaré de pie antes de que
nos vean. Además, solo mi espalda está iluminada por el tenue borde de las
318
luces. Nadie puede verlo en las sombras.
Página
Sé que considera todo esto antes de que susurre con brusquedad:
»Sácame.
La emoción me provoca escalofríos mientras aflojo su cinturón y deslizo
su cremallera. Mis manos se estremecen, y mi boca se inunda de humedad.
El puño en mi cabello se aprieta mientras la tensión domina su cuerpo.
Levanta sus caderas, bajando los pantalones con su mano libre. Cuando la
cremallera se desplaza por debajo de su pesado saco, mis entrañas
tiemblan con anticipación por tocarlo.
En el tenue espacio entre nosotros, su grandeza se eleva, larga,
hermosa y palpitante de venas. Mis manos son atraídas hacia ella, con los
dedos enrollados alrededor de la gruesa base.
Me arrastra del cabello hacia atrás y estudia mi rostro, sus ojos azules
son un débil resplandor en la oscuridad.
»En el momento que quieras que esto se detenga, levanta la mano en
el aire.
¿Porque no seré capaz de usar mi voz? El miedo se filtra, pero lo alejo.
Tengo la fuerza para ser vulnerable con él.
—Lo haré.
Me suelta el cabello y agarra los descansa brazos con ambas manos.
—Ahora, chúpame.
Arrodillándome ante él, con mis dedos temblando contra los vellos
oscuros y cortos de su ingle, bajo la cabeza y deslizo mi mejilla a lo largo de
su dureza, acariciando, besando y saboreando la sensación de acero
envuelto en carne sedosa.
Todo su cuerpo se funde con el asiento.
319
Página
Arrastro mi nariz a lo largo de su longitud, inhalando el aroma de un
hombre en quien confío, jalando su almizcle leñoso profundamente en mis
pulmones.
Un gemido corta su respiración, y sus piernas se ensanchan, estirando
las costuras alrededor de su bragueta.
»Deja de jugar con ella, y chúpala.
Sonriendo, hago girar mi lengua alrededor de la punta, haciendo trizas
un jadeo desde su garganta. La visión de sus puños emblanquecidos
alrededor de los descansa brazos produce una palpitación entre mis
piernas. El movimiento de su polla contra mis labios lleva calor húmedo hacia
mi núcleo. Su placer es mi placer.
Mientras chupo y lamo la corona, meto las manos en sus calzoncillos
para burlarme de sus bolas amasándolas con los dedos. Luego cierro los ojos
y lo meto en mi boca.
»¡Oh, joder! —gruñe—. Eso es. Más profundo. Aplana la lengua. Eso es.
—Sus piernas se estremecen—. Jesús, Ivory. Justo así.
Me estremezco ante su elogio y muevo mi cabeza más rápido,
endureciendo la succión de mi boca. Cuando no gira el cuello para mirar a
la puerta, sé que está mirándome, absorbiendo la satisfacción de mi rostro
mientras doy y doy. Imaginar el deseo que cubre sus ojos me estimula, casi
tanto como la forma en que me dirige en cada paso del camino. Escupe en
ella. Lame bajo la cabeza. Gira la muñeca. Tómalo profundamente.
Santo infierno, este hombre. No puede solo sentarse allí y disfrutar de
una mamada. Sus duros susurros exigen que lo haga de la manera que le
gusta, ordenando los movimientos exactos a hacer. Chupa más rápido.
Golpea más fuerte. Humedécelo.
320
Es un maniático del control hasta la médula, pero sabía que
respondería exactamente de esta manera. Lo quiero así. Su maldita boca
Página
sucia y la rudeza de su tono hace que mis labios hormigueen y mis pezones
se endurezcan.
Cuando pierde lo último de su autocontrol, no hay ninguna
advertencia. En una imagen borrosa, agarra mi cabello y baja de golpe mi
cabeza. Hago una arcada, babeando con atrocidad y aspirando aire. Un
doloroso gemido se escapa de él mientras menea las caderas y se impulsa
más fuerte y más profundo. Me atraganto con tanta violencia que mis ojos
lloran a causa de la presión, y mis dedos luchan por llegar a los pliegues de
sus pantalones.
Ambas manos se enredan en mi cabello mientras sujeta mi rostro contra
su ingle, su polla cavándose contra mi garganta, su voz ronca.
»Levanta la mano, maldita sea, y me detendré.
Mis manos están libres. Puedo levantarlas en cualquier momento.
Entonces me liberará, y el malestar terminará. El poder en eso libera algo
encerrado dentro de mí.
Quiero esto. Lo siento en las entrañas, esta necesidad de que me folle
la boca salvajemente, descuidadamente y sin pensar. Quizás porque se ha
retenido durante tanto tiempo, refrenándose por mí, y ansío devolverle esto.
O quizás porque quiero su dolor tan fuerte y profundo dentro de mí que él es
todo lo que siento.
Con la amplia cabeza golpeando la parte posterior de mi garganta y
burlándose de mis vías respiratorias, ya me duele. Mis amígdalas se sienten
como dolorosas masas de tejido hinchado. Está haciendo esto porque
quiere, y me encanta, lo anhelo, como ninguna mujer decente lo haría.
Nunca he sido decente. Soy sucia, Emeric es del tipo sucio que deja un
doloroso placer en mi garganta. Trata de follarme lo más profundamente
321
que puede, porque es mi amo, el hombre por el que estoy hambrienta en la
forma más oscura y terriblemente hermosa posible.
Página
»Levanta… tu… jodida… mano. —Puntualiza cada palabra con golpes
en mi boca.
Entierro mis uñas en sus muslos, una súplica silenciosa. No te detengas.
Me apuñala con sus caderas y me jala el cabello, piernas temblorosas,
y respiraciones sibilantes fuera de control. Justo cuando pienso que no
puedo más, el equilibrio cambia. Se queda en silencio, disminuyendo sus
estocadas, acariciando mi cabello, y llenando mi boca con su liberación.
Mi nombre resuena en el teatro mientras su cuerpo convulsiona y
suspira.
El poder es mío. Me deleito en ello. Sus manos tiemblan, y las agarro,
sosteniéndolas, con los dedos entrelazados. Lo tengo.
322
Página
A
la mañana siguiente, protejo mis ojos contra el deslumbrante
sol y paso un auto desconocido en el camino de entrada de
Emeric.
—¿Qué es eso?
Me sigue fuera de la casa y camina delante de mí.
—Un Porsche Cayenne.
—De acueeerdo. ¿Por qué está aquí? —Pensé que él me estaba
llevando a la cita con mi doctor en su fornido auto—. ¿De dónde vino?
Sus fuertes piernas lo llevan hacia el deportivo blanco, su magnífico
culo flexionándose en sus jeans de cintura baja. Con el chirrido de una llave,
desbloquea y abre la puerta del conductor y luego me mira con una amplia
postura, con los brazos cruzados sobre su pecho.
La camiseta se extiende alrededor de sus bíceps definidos y formidables
hombros, y los pliegues de la mezclilla esbozan el impresionante
abultamiento entre sus piernas. Me quedo mirando sin vergüenza, una
sonrisa jugando en mis labios mientras recuerdo la forma en que su hinchada
longitud golpeó contra mi garganta anoche.
—Mírame. —La censura endurece su tono. Cuando levanto la mirada,
323
dice—: Hice que lo entregaran esta mañana.
Página
Aprieto los dientes. Este auto mejor que no sea para mí.
—Pensé que preferías los rápidos autos estadounidenses.
El azul de sus ojos brilla magnéticamente a la luz del sol.
—Cierto. Pero este es uno de los autos más seguros del mercado.
Sip, es para mí, maldita sea. Otro regalo que no necesito. Ahora sé por
qué me preguntó a principios de semana si tenía una licencia de conducir.
—Gracias pero no…
—No estamos discutiendo sobre esto.
—Uh, sí, lo estamos. Es bastante difícil explicar mi guardarropa en la
escuela. ¿Pero un auto? De ninguna manera. —Pongo mis manos en mis
caderas—. Devuélvelo.
—No. —Él lanza las llaves en mi dirección.
Dejo que caigan a mis pies y le doy mi mejor mirada.
Su boca se pone en una línea delgada y severa.
Oh, mierda. Mi pulso se dispara.
Pone sus manos detrás de su espalda y ronda hacia mí, lenta y
metódicamente, con los ojos aburridos en los míos.
Doble mierda. Bajo los brazos a los costados y examino el patio. Estamos
detrás de la finca, escondidos de la calle. Los imponentes robles forman una
pared viviente de privacidad entre los terrenos. No es que tenga miedo de
estar a solas con él cuando es así. O tal vez lo tengo, pero cualquier miedo
que tengo es sofocado por la embriagadora mezcla de dar y tomar que nos
une tan bellamente.
Sin embargo, no significa que tenga que aceptar un auto. Echo un
324
vistazo a la llave.
Página
»¡Los ojos en mí!
Mi enfoque vuela a las líneas esculpidas de su rostro y la vena pulsante
en su frente. Han pasado unos días desde que lo molesté, pero conozco esa
mirada. Mientras él me rodea, estoy bailando y encogiéndome dentro,
anticipando una mano estrangulante en mi garganta o un duro golpe en el
culo. Tal vez finalmente tenga sexo conmigo, aquí mismo a plena luz del día.
Aceptaría cualquiera o todo. He estado en un estado tan elevado de
excitación desde que me mudé, que podría despojarme de mi ropa y tomar
la decisión por él.
Se detiene detrás de mí, sin tocar, pero lo suficientemente cerca como
para agitar mi cabello con sus respiraciones.
»He tenido mis dedos en tu coño, mi polla en tu boca, y tu sabor en mis
labios. Soy la única persona en el planeta que sabe lo hermoso que te ves
cuando te corres. Todas esas pecas en tus muslos, los sonidos que haces
cuando duermes, la pasión que evocas con un piano, todo acerca de ti es
inestimable e insustituible. Así que voy a envolverte en cosas buenas y te
protegeré en un auto seguro. Y vas a darme las gracias con esos hermosos
labios alrededor de mi polla cuando llegues a casa.
Mi corazón se levanta y se sumerge con cada palabra, mi respiración
tartamudeando ruidosamente.
»Esto es lo que soy, Ivory, y tú eres la parte esencial y más importante
de mí. —Retrocede—. Ahora agáchate.
Mis rodillas se tambalean ante sus palabras. Alcanzo mis Chucks negras
al agacharme, y la costosa mezclilla de diseñador cala en mis muslos. ¿La
desventaja de los jeans de corte bajo? Él está consiguiendo una visión impía
de la hendidura de mi trasero justo ahora.
Su palma golpea contra mi culo con una fuerza que me roba el aliento
y me hunde hacia adelante. Pero su brazo me atrapa alrededor de la
325
cintura, y la mano en mi espalda me mantiene en una posición doblada.
Dulce Jesús, el cachete de mi culo está ardiendo. El calor filtrándose de mi
Página
cuerpo, circulando a través de mi sangre y uniéndose entre mis piernas.
Frota el punto dolorido, limitado por el bolsillo duramente cosido de mis
jeans.
»Levanta el llavero.
Colgando sobre el agarre de su brazo, arrebato el llavero de los
adoquines de ladrillo.
Agarra mi bíceps y me conduce hacia el auto.
»Volvería a enrojecer tu jodido culo si no estuvieras a punto de
enseñárselo al doctor. —Se detiene en la puerta del conductor—. Las manos
en el techo.
Mierda. ¿Ahora qué? Dejo caer el llavero en el asiento y coloco mis
palmas en la brillante parte superior blanca, manchando el trabajo de la
prístina pintura con sudor.
Sus dedos se deslizan alrededor de mis caderas y sueltan el botón de
mis jeans. Mi corazón late en un crescendo febril. Desabrocha la cremallera
y, de un solo empujón, tira todo a mis pies.
De pie afuera en la luz del día, desnuda de la cintura para abajo... Esta
es la primera vez para mí. No puedo decidir si estoy temblando por la
emoción de que alguien vea, por el miedo al inevitable dolor, o por la
ardiente expectación de que él me toque otra vez. Probablemente todo lo
anterior.
»Inclínate y agarra el asiento.
Mientras sigo su orden, una sensación de paz se apodera de mí. Lo que
haga a continuación me hará sentir un poco menos perdida. Cada vez que
me toma de la mano, abre otra puerta que me muestra más sobre mí. La
persona que revela no tiene vergüenza ni debilidad. Finalmente estoy
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averiguando lo que quiero.
Página
Sus Doc Martens raspan contra los ladrillos mientras él baja detrás de
mí. Sus manos se envuelven alrededor de mis muslos, y en el siguiente latido
del corazón, entierra su nariz en mi coño.
Una bofetada de vergüenza ruboriza mi rostro. Pero rápidamente se
transforma en un torrente de deseo mientras su exhalación roza mi carne.
Sigue una inhalación profunda, y sus dedos se aprietan contra mis piernas.
Me está olfateando. Ahí abajo. Profundamente y repetidamente.
Nunca me hubiera imaginado estar tan excitada por esto, pero estoy
temblando y jadeando contra la extraña e increíble sensación. Él está
temblando, también, y... Oh joder, él me está lamiendo, besando mi coño
de la manera que besa mi boca. Otra —jodida primera— vez.
Me muerdo el labio para silenciar mi llanto mientras apuñala su lengua
entre mis piernas. Lame los pliegues, muerde brutalmente la piel sensible y
me rasca con su rastrojo. Es dolor y placer, soprano y bajo, y cada octava
en el medio. Voy a correrme. Siento el tirón, y llego a ese lugar maravilloso,
moliendo mi coño contra su rostro y hundiendo mis dedos en el asiento de
piel. Casi allí. Casi…
Él retrocede.
Me enderezo y me doy vueltas para agarrarlo, pero él está ahí,
atrapándome en el enredo de mis jeans con sus manos en mis caderas y su
lengua en mi boca. Desliza sus labios sobre los míos con golpes resbaladizos,
extendiendo el sabor picante de mi excitación entre nosotros.
Rompe el beso y arrastra mis bragas por mis temblorosas piernas.
Mis entrañas laten, doloridas por terminar lo que empezó. No me he
corrido.
»Lo sé. —Él levanta mis jeans y los cierra. Luego agarra mi mano y la
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presiona contra la erección detrás de su cremallera—. Te esperaré.
Página
—¿No irás a la cita conmigo?
El arrepentimiento ataca su rostro, y suelta mi mano.
Por supuesto, no puede ir. Alguien podría vernos juntos. Me golpeo
mentalmente.
»Por eso me diste el auto.
Acuna mi rostro y me besa.
»Lo siento. —Me inclino hacia atrás y lo observo a través de mis
pestañas—. Estaba siendo una malcriada al respecto.
—La más malcriada.
—¿Por qué no me lo dijiste?
Una sonrisa se extiende en su magnífico rostro.
—¿Dónde estaría la diversión en eso?
¿Le gusta que actúe así para poder disciplinarme? Lección de hoy: el
peor castigo es un orgasmo negado.
Cuando estoy sentado en el asiento del conductor, se inclina hacia la
ventana abierta y me da una mirada deslumbrante.
»No discutas con el doctor.
—No lo haré.
—Consigue las pruebas de sangre.
—Lo haré.
—Y el control de natalidad que prescriba.
Mi pulso salta.
328
—Por supuesto.
Página
Esos duros ojos se suavizan en una mirada que nunca había visto en él.
—Regresa a mí.
Alzo la mano y acaricio la sombra de su mandíbula.
—Cuenta con eso.
329
Página
L
a ansiedad zumba a través de mí mientras salgo del camino de
entrada de Emeric. Tal vez porque estoy usando ropa de
diseñador, conduciendo un auto caro, y obsesionada con un
hombre sin idea de a dónde me dirijo. Conozco mi camino a la clínica, pero
¿después de eso? ¿Meses adelante? ¿Después de graduarme? ¿Adónde
voy y cómo llegaré ahí?
Sé que Emeric pretende mantenerme cerca. Eso tanto me deleita
como me preocupa. Parte de la razón por la que quiero ir a Leopold es para
salir de Treme. Bueno, lo hice, y estoy aquí con una dirección que incluso
Ann envidaría. Pero anhelo continuar practicando piano, y no solo bajo
cualquier instructor. Los mejores instructores que Leopold tiene para ofrecer.
¿Cómo podría desechar mi sueño por un hombre y perdonarme a mí
misma? ¿Cómo podría Emeric respetarme si lo hiciera?
Él no lo haría. De todas las lecciones que me ha enseñado dentro y
fuera de la clase, la más profunda es cómo reconocer mi propia fuerza e ir
tras lo que quiero.
En medio de mis agitados pensamientos, me pregunto sobre mamá y
Shane. ¿Se preguntan dónde estoy? Emeric mantiene las cuentas al día, así
que tal vez no les importa. O tal vez están demasiado drogados para notar
mi ausencia. Trato de no preocuparme por eso. Las cosas que quiero de
330
ellos, sus intereses y preocupaciones, murieron con mi papá. Mi familia está
rota, una desgarradora verdad que acepté hace mucho tiempo.
Página
A un par de minutos de su casa, estaciono el Porsche delante de Salud
Familiar del Sureste. Metiendo el teléfono en mi bolsillo trasero, me dirijo al
interior del moderno edificio de un solo piso.
Unas cuantas personas llenan la sala de espera, pero ninguna levanta
la mirada de sus teléfonos cuando entro. Me registro, lleno los formularios, y
los devuelvo a la mujer de mediana edad detrás del mostrador.
—Toma asiento. —Cepilla su encrespado cabello castaño detrás de su
oreja—. El doctor Marceaux te verá en breve.
Me pongo rígida, con mi atención lanzándose sobre el estante de
panfletos, buscando algo para validar lo que acabo de escuchar.
—¿Dijo Marceaux?
—No es eso lo que… —Mira el monitor de la computadora—. Dice aquí
que pediste a Marceaux.
Mis venas se convierten en hielo. Emeric mencionó que su padre es
doctor, pero asumí que el hombre trabajaba en un hospital de lujo o algo
así. Mierda, ¿por qué me enviaría con su papá para que examinara mi
vagina? ¿Tal vez este doctor es un Marceaux diferente? ¿Es un apellido
común?
—Él… —¿Es demasiado arriesgado preguntar esto? Que se joda—. ¿El
doctor Marceaux tiene un hijo? ¿Un profesor?
—Oh, sí. —La mujer agrieta una enorme sonrisa y se reclina en la silla,
observándome—. Por la mirada en tu rostro, supongo que también te tiene
bajo su hechizo.
—No. Yo… —Mis mejillas arden—. ¿Qué quiere decir?
331
—Cada vez que ese hombre de buen aspecto entra aquí, pone a todas
las chicas en agitación. —Se ríe—. Toma un número, cariño. Hay una larga
Página
fila de mujeres esperando por un pedazo de eso.
¿En serio acaba de decir eso? Rechinando mis dientes, encuentro un
asiento y sacó el teléfono. Tengo dos nombres en mi lista de contactos.
Stogie y AmoySeñor. El último fue el intento de humor de Emeric cuando
configuró el teléfono. No he tenido el corazón para cambiarlo.
Inicio una ventana de texto.
Yo: ¿Me enviaste con tu papá? ¿Para conseguir anticonceptivos? ¿Estás
loco?
La puerta principal se abre, y una muy embarazada mujer se pavonea
hacia el mostrador. Es toda barriga. Delgada y pequeña en cualquier otro
lugar. ¿Cómo demonios hace para caminar tan elegantemente en esos
altísimos tacones?
La vibración de un texto entrante atrae mi atención de vuelta al
teléfono.
AmoySeñor: Él hará todo menos el Papanicolaou. No me cuestiones.
¿Pero me verá en una delgada bata y revisará si hay ETS? Me siento
enferma.
Yo: ¿Sabe sobre nosotros?
332
AmoySeñor: Sí.
Página
¿Sí? ¿Eso es todo lo que dirá?
Pellizco el puente de mi nariz, debatiendo la sensatez en irme furiosa.
—Necesito verlo en este momento. —La elevada voz de la mujer
embarazada levanta mi mirada.
Recoge su largo cabello rubio y lo sostiene lejos de su pálido cutis, con
su tensa postura gritando con frustración.
—Señora —dice severamente la recepcionista—, si me da su
información, organizaré…
—Ve allá atrás y dile que Joanne está aquí.
Mi estómago cae mientras todo mi mundo se estrecha hacia su barriga.
No puede ser su Joanne. Esta… esta mujer está embarazada. Muy
embarazada. Como de fácilmente siete u ocho meses.
Emeric dijo que no la ha visto en seis meses.
Mi pecho se aprieta. No. No, no, no. Emeric me lo habría dicho.
La recepcionista se pone de pie.
—¿La espera el doctor Marceaux?
—Estoy esperando a su nieto. —Señala su estómago—. Pase VIP.
Necesito verlo. Ahora.
La náusea se dispara a través de mi estómago, doblándome. No es
verdad. Debo haber escuchado mal.
La recepcionista ensancha sus ojos y luego se desliza por el pasillo hacia
la parte de atrás.
333
Relajándose contra el mostrador, Joanne apoya su teléfono en la
saliente de su barriga de bebé. El bebé de Emeric.
Página
Mi interior se agita con bilis. Exploro la habitación en busca de un baño,
y mi mirada la atrapa y bloquea la de ella. Me da una tensa sonrisa y se
mueve, contemplando a la gente sentada cerca de mí.
Su pequeña nariz, suaves y planos rasgos, y ojos cercanos le dan un
aspecto de pequeño duendecillo, uno que funciona bien para ella.
Realmente bien. Es dolorosamente hermosa, como una mezcla perfecta de
Kristen Bell y Keira Knightley.
No es de extrañar que la ame.
La madre de su hijo.
Empuño mis manos para detener el temblor. ¿Por qué no me lo dijo?
¿Está tratando de resolver las cosas con ella? ¿Para que puedan ser una
familia feliz?
Lágrimas se escabullen, quemando mis ojos, y un horrible dolor sella mi
garganta. Salto del asiento y camino tan calmadamente como puedo
hacia el baño de una sola persona. Tan pronto como la puerta se cierra,
arrastro fuertes e irregulares respiraciones y toco la última llamada marcada
en mi teléfono.
La voz grave de Emeric raspa contra mi tímpano.
—Ivory.
—Tu novia embarazada está aquí.
Por favor dime que estoy equivocada. Mi pecho duele tanto que no
puedo respirar.
La línea queda en silencio por un pesado momento. Luego una ráfaga
de sonidos atraviesa deprisa. Sus exhalaciones, el golpe de una puerta, el
334
rugido de un motor.
—Estaré ahí en tres minutos.
Página
Así que es verdad. La gravedad de eso me roba la fuerza de mis
piernas. Me deslizo por la puerta, caigo al suelo, y trato de evitar que las
lágrimas tambaleen mi voz.
—Me mentiste…
—Basu…
—Omitir es lo mismo que mentir. —Aprieto el teléfono—. Tus palabras.
Sus pesadas respiraciones raspan a través del receptor.
—Dime que no hablaste con ella.
—¿Por qué? —Mi barbilla tiembla—. ¿Porque soy tu sucio secreto? Tu
otra mitad mientras trabajas en tu relación…
—Así que ayúdame Dios… —Su voz es tan fría que eriza los vellos de mi
cuello—. Romperé mi jodido cinturón en tu culo.
Bajo el teléfono y tomo una gran y calmante respiración, luego lo
levanto de nuevo a mi oreja.
—Eres un bastardo.
—Continúa, Ivory. No podrás caminar por una semana.
—¿Por qué no me lo dijiste?
Un fuerte golpe vibra a través del teléfono, en contra de la sedosidad
en su tono.
—Este es mi problema, uno que se desaparecerá muy pronto.
—¿Qué? —La furia alza mi volumen—. ¡No haces que un bebé
desaparezca!
335
—Baja tu jodida voz. ¿Dónde estás?
Página
—En el infierno.
—El melodrama no te queda bien.
Golpeo un patético puño contra la pared de azulejos.
—Jódete.
—¡Jódete tú por hacer suposiciones de una mierda de la que no sabes
nada! —ruge.
—¿El bebé es tuyo?
—¡Te hice una pregunta! —grita y luego controla su tono—. Me estás
haciendo esperar.
—Bien. —Sentándome contra la puerta en el piso del baño, pateo mis
piernas delante de mí—. Puedes irte a joder tú mismo mientras esperas.
—Estoy afuera. —El rechinar de su respiración tensa el silencio, seguido
por el golpe de la puerta de un auto—. Escucha atentamente. Sé que estás
dolida, y yo causé eso. Pero jodidamente te recuperarás y confiarás en mí.
No puede estar hablando en serio. No me molesto en responder.
»Trataré con Joanne —dice—, y tú tendrás ese jodido chequeo.
Termina la llamada, y miro la pantalla con incredulidad. Permanezco
en el piso, rechinando mis molares y maldiciendo la creación del sexo
opuesto.
Los hombres que elogian y prometen son los que más lastiman.
Coaccionan y sobornan y joden mi cabeza. Luego follan mi cuerpo y dejan
el tipo de miedo cicatrizante que nadie puede ver.
Pensé que él era diferente. Ahora no estoy segura.
Pero sé que no es del tipo que deja embarazada a una mujer y huye.
336
Es demasiado controlador y obsesivo para no estar completamente
dedicado a la vida de su hijo.
Página
Por eso aceptó el trato con la decano en lugar de mudarse fuera del
estado.
Amo eso de él. Pero también lo odio. Porque soy celosa y egoísta.
Abrazo el dolor retorciéndose en mi sección central. Dios, esto jodidamente
duele.
Un puño golpea la puerta.
—¿Ivory Westbrook?
La desconocida voz es profundamente masculina. Probablemente el
enfermero o el papá de Emeric. ¿Entonces qué hago? Temo ver a Emeric
con Joanne, pero no puedo quedarme aquí para siempre.
Me pongo de pie, limpio mis extraviadas lágrimas, y abro la puerta.
El hombre de pie al otro lado es treinta centímetros más alto que yo.
D.R. Frank Marceaux, está bordado en su bata blanca, pero no hay nada
familiar en sus atractivas facciones. Tiene arrugas en su frente, aunque no
muchas. ¿Probablemente tiene cincuenta años? El cabello castaño rojizo
peinado hacia atrás desde unas pronunciadas entradas. Gruesas cejas
curvadas sobre sus ojos verdes, y un pequeño arete de oro cubre el lóbulo
de su oreja.
Pero es su presencia la que denota el parecido familiar. Las manos
detrás de la espalda, los pies plantados en una amplia postura, me estudia
con demasiada atención. Un escalofrío sube por mi columna.
Levanta una ceja castaña rojiza.
»¿Estás lista?
No, definitivamente no. Deslizo el teléfono en mi bolsillo trasero.
337
—Síp.
Página
Mientras lo sigo a través de la sala de espera, mi mirada se fija en la
pared de ventanas y la escena desarrollándose en el estacionamiento. Mis
zapatos se pegan al suelo, y cada célula en mi cuerpo se centra en Emeric.
Camina alrededor de Joanne. Su boca se mueve, sus ojos brillan, pero
su postura general transmite tranquila confianza.
Ella mira fijamente sus manos donde frotan su vientre, cabeza gacha, y
labios en una delgada línea. Probablemente la forma en que me veo
cuando está enseñándome una lección.
Los celos arden calientes e intensos en mi pecho.
—Ivory —dice el doctor Marceaux.
Doy un paso hacia adelante entonces me detengo.
Emeric se detiene justo detrás de Joanne, respirando en su nuca. Con
los puños en las caderas, ninguna parte de él la toca, pero está tan cerca.
El tipo de proximidad que comparten dos personas cuando han pasado
mucho tiempo juntos. Cuando son familiares e íntimos.
Mi corazón se aprieta y se encoge. Ella lo conoce mejor que yo. Ha
estado dentro de ella, puso un bebé en ella, y yo… no sé lo que soy para él.
Ni siquiera hemos tenido sexo.
»Ivory. —El doctor Marceaux se para enfrente de mí, bloqueando mi
vista—. Sígueme.
Parece que no puedo hacer que mis pies se muevan, pero mis ojos
funcionan muy bien, imágenes de Emeric y Joanne quemando mi cerebro
y las lágrimas se filtran por todo mi maldito rostro.
El doctor Marceaux suavemente me aprieta el codo y me lleva a una
338
sala de examen. En cuanto cierra la puerta, señala con un dedo hacia la
camilla.
Página
»Siéntate.
Salto con la autoridad en el tono de su voz y me apresuro a la camilla,
arrugando el papel contra el vinilo mientras subo.
Pone una caja de pañuelos junto a mi cadera, lo que me hace sentir
como una niñita emocional. Agarro uno de todos modos y me limpio el
rostro.
Sentándose en un taburete, lo mueve por el piso hasta que está
sentado justo frente a mí.
»¿No te habló de ella?
Arrugo el pañuelo en mi puño y cuadro los hombros.
—No sobre el embarazo.
Un músculo de su mandíbula se contrae, y sus duros ojos se arrugan,
expandiendo las arrugas desde las esquinas.
»¿Es suyo? —pregunto.
—No lo sabe.
Mi respiración se dificulta.
—¿Él no… ? ¿Ella estaba con alguien más? ¿Lo engañó?
—No tiene pruebas de eso.
—Oh. —Mi pecho se desinfla—. Dijo a la recepcionista que llevaba a su
nieto.
Se gira hacia los cajones detrás de él y saca el equipo y los suministros,
dándome un momentáneo respiro de su mirada de piedra.
—Sé que vives con él. —Abre paquetes de instrumentos—. No voy a
339
darte un sermón sobre los riesgos que tú y él están tomando. Le di mi opinión
por teléfono anoche. —Se vuelve hacia mí, su expresión pensativa—. Emeric
Página
es testarudo e imparable cuando su pasión es provocada.
No estoy de acuerdo con la parte de imparable. Al menos cuando se
trata de mis límites. En cuanto a su pasión se refiere, he estado en el extremo
receptor de ella por dos meses. Supongo que por eso este secreto que me
ha ocultado se siente como una espada en mi pecho.
El doctor Marceaux se coloca las gafas de lectura y agarra el
baumanomentro. Sin pedirme que cambie de ropa, comienza un examen
por encima de la cintura. Durante los siguientes diez minutos, presiona,
pincha y saca sangre, mientras yo respondo sus preguntas médicas,
incluyendo las vergonzosas sobre mi historia sexual y percances con la
protección.
Él mantiene una actitud profesional, pero me pregunto si piensa que
soy solo una puta interesada.
Mientras hace anotaciones en su historia clinica, la puerta se abre.
Emeric entra, cierra la puerta, y su fría mirada encuentra y fija la mía.
Escalofríos me recorren, y tengo dificultades para apartar la vista.
El doctor Marceaux se pone de pie, su voz cortante.
—¿Que estás haciendo aquí?
Emeric no rompe el contacto visual conmigo. Hay tantas emociones
brotando de él, no sé cómo ordenarlas. La ira es la más fácil de reconocer,
tensando su mandíbula y ensanchando las venas en sus tensos antebrazos.
Pero hay un trasfondo de algo más vulnerable. Sus dedos se contraen a los
costados, y los tendones sobresalen en su cuello. ¿Está asustado?, ¿Teme
que me vaya? ¿O es mi imaginación?
El doctor Marceaux se acerca a la puerta, su voz baja y severa.
340
»Emeric, hay cinco enfermeras aquí hoy, viendo cada uno de tus
movimientos. No podré contener los chismes.
Página
Emeric sostiene mi mirada mientras habla con su padre.
—Después de la escena que acaba de hacer Joanne, pensarán que
vine aquí para hablar contigo.
—¿Todavía está aquí? —Relajo las manos en mi regazo e intento
parecer valiente y madura—. ¿De que hablaban?
—Pueden discutirlo en casa. —El doctor Marceaux saca una bata del
cajón y la pone a mi lado—. La doctora Hill vendrá en cualquier momento
para hacer el examen pélvico.
—Me voy a quedar. —Emeric se apoya contra el mostrador, manos en
los bolsillos, instalándose.
—No, no lo harás. —Agarro la bata, girándola en todos los sentidos para
descifrar como se pone—. Esto es bastante incómodo. Además, estoy
molesta contigo.
Me arrebata la bata de las manos y la abre.
—Esto va así.
El doctor Marceaux agarra la manilla de la puerta.
—Vamos, hijo.
En un instante, Emeric reduce la distancia entre nosotros, agarra el
cabello desde mi cuero cabelludo, y pone su boca en mi oído.
—No hemos terminado.
Luego sigue a su padre fuera de la habitación, dejándome sin aliento
y aún más confundida de lo que estaba antes.
Aturdida, meo en un vaso en el cuarto de baño y me pondo la extraña
bata en la sala de examen. La anciana doctora Hill llega con noticias de
341
que no estoy embarazada. Luego me entrega un paquete de pastillas
anticonceptivas, me hace un examen de mamas y mete la mano y otras
Página
cosas invasivas en mi vagina.
Para cuando me subo al Porsche, mi cabeza está golpeando con un
aluvión de preguntas. ¿A dónde voy? ¿Qué debería hacer?
Agarro el volante y busco en mis entrañas la decisión correcta. Ir a su
casa no significa que estoy desesperada o necesitada. Siempre puedo
regresar a casa y regresar las cosas a cómo eran antes.
Pero nunca he sido la chica que huye de una discusión. Necesito
respuestas, y solo hay un lugar para encontrarlas.
Unos minutos más tarde, ingreso mi código en la puerta de seguridad,
un código que Emeric me deja entrar por mi cuenta. Luego me estaciono
junto al GTO y entro a la casa por la puerta trasera sin llave.
Schubert me saluda en el cuarto de lavado con un roce en la pierna y
ronroneando. Cuando lo recojo, me distrae la amortiguada melodía de un
piano. ¿Está tocando?
Acaricio al gatito, lo suelto, y sigo las notas a través de los sinuosos
pasillos.
He espiado en su sala de música varias veces, admirado su Fazioli de
lejos, pero nunca he entrado. Tenía la idea de que me llevaría allí cuando
sus manos sanaran. Luego se sentaría detrás del teclado y tocaría algo
increíblemente loco, como Gaspard de la Nuit de Ravel.
Mientras me acerco, no escucho a Ravel, Brhams o Liszt. Está tocando
Metallica.
Me congelo en la puerta, sometida a la cautivadora paralización
mientras la familiar melodía de Nothing Else Matters me envuelve. A seis
metros de distancia, se balancea en el banco, los ojos cerrados, el perfil
relajado y los antebrazos flexionados mientras martillea las teclas.
342
¿Se formó en un conservatorio, pero toca metal en el piano? Sin una
partitura. Solo los virtuosos pueden reproducir tan fácilmente las piezas que
Página
han escuchado. Estoy total y completamente asombrada.
Cuando recuerdo respirar, mis pulmones se expanden, inhalando la
visión, el conmovedor arreglo de notas y la energía en el aire.
Cabeza abajo, cabello negro colgando de su frente, agita la
mandíbula de lado a lado en un ritmo lento con la música. La melodía es
una súplica desesperada mezclada con nostalgia, y la brinda con
movimientos expertos, golpeando suavemente su pie descalzo, su posición
en una potencia de músculos que se contraen debajo de la camiseta
blanca.
El frente de su reloj resplandece a la luz mientras salta entre las octavas.
Con cada quiebre de su muñeca, imagino que la mano se azota sobre mi
piel. La extensión y la flexión de sus dedos me hacen desear que estuvieran
enroscados alrededor de mi garganta con la misma pasión e intensidad. Sus
caderas ruedan, y tiemblo por sentarme a horcajadas en su regazo y
déjame llevar por su cuerpo mientras toca.
En las manos correctas, el piano puede robar el alma. Claramente, sus
manos están hechas para las teclas, porque no solo siento las notas dentro
de mí. Me devoran como una llama oscura y voraz.
Es tan sexy y talentoso que no sé qué hacer con los peligrosos
sentimientos que se mueve dentro de mí. Se supone que debo estar enojada
con él y exigir respuestas. Debería sentirme perdida, insegura.
En vez de eso, me siento reclamada, como si estuviera acariciando
cada tecla conmigo en su mente. No hemos terminado. Me quiere aquí,
aunque no ha reconocido mi presencia.
Me toma varios segundos darme cuenta de que la tapa está cerrada
en el Fazioli. ¿Olvidó abrirla? Mirando más de cerca, veo algo que no
pertenece al lugar.
343
Las familiares correas negras enganchadas debajo del piano,
extendidas a través de la superficie negra y que se unen a esposas de cuero
Página
cerca del teclado.
Mi pulso se dispara y mi mirada vuelve a su rostro.
Sus ojos aún están cerrados. Podría escapar al pasillo y… ¿Entonces
qué? No voy a ninguna parte hasta que hable con él.
¿Tengo miedo de lo que ha planeado para mí? Bueno, mis labios están
adormecidos, y el latido de mi corazón está fuera de control. Pero estoy
segura de que esas esposas conducirán a respuestas sobre Joanne, así
como para mí misma. Si la verdad es demasiado dolorosa, él me liberará
con una palabra.
Me paro más erguida, pero no lo suficientemente confiada para entrar
en la habitación.
La canción llega a su fin, y coloca las manos en su regazo.
Alzando la cabeza, dirige su mirada glacial hacia mí.
—Deja toda tu ropa en la puerta.
344
Página
—M
etallica. —Ivory mete las manos en los bolsillos traseros
de sus jeans y me da una sonrisa tentativa—. Eso fue
bueno.
Fui entrenado por los mejores, graduado de Leopold, y mantengo un
asiento en la Orquesta Sinfónica de Luisiana. Ni una sola vez en mi carrera
musical me ha importado lo que alguien piensa de mi talento.
Hasta ahora.
Ella ha estado congelada en la puerta durante cinco minutos, ¿y
bueno es el único cumplido que pronuncian sus hermosos labios?
Cuando nos conocimos, tenía miedo de que el equilibrio entre nosotros
fuera fuertemente inclinado, que la dominaría y tomaría ventaja de ella.
Peso casi el doble que ella. Tengo veintisiete años y ella tiene diecisiete. Soy
dominante, y ella es mi estudiante de preparatoria. Cristo, tenía tantas
dudas.
Pero no más.
Mientras me siento aquí, dolorido porque su brillante mente de pianista
escupa poesía sobre mi música, me doy cuenta de que no solo tiene el
poder en el dormitorio. Ella manda mis emociones, prueba mi confianza, y
345
persigue todos mis pensamientos. Ella podría destruirme, no solo mi sustento,
sino la misma fibra de lo que soy, y ella ni siquiera lo sabe.
Página
Es mi responsabilidad equilibrar la armonía entre nosotros y gestionar
nuestros roles. En este momento, ella está desobedeciendo, y voy a
recordarle lo que significa ser mía.
—Tu ropa. Ahora.
Vacilante ante mi duro tono, echa un vistazo a las restricciones en el
Fazioli. Su pecho se levanta una vez, dos veces. Luego cierra los ojos y
levanta la camiseta sobre su cabeza, dejando caer la tela en el suelo.
Sus tetas se hinchan sobre las rosadas copas de encaje, sus tonificados
abdominales envueltos en piel oscuramente dorada. Esas sexys piernas...
Aprieto mis manos. Ella me está haciendo esperar, sus dedos congelados en
el botón de sus jeans.
Me levanto del banco del piano, el Dominante en mí tomando el
control. Enderezo mi columna vertebral, ruedo hacia atrás mis hombros, e
incluso mis respiraciones. Ella me observa con ojos entrecerrados, labios
entreabiertos, sus manos cayendo para encresparse contra sus muslos.
Sabiendo que su confianza en mí fue fracturada en la clínica, es
increíblemente satisfactorio verla de pie aquí, y mucho más teniendo en
cuenta mi orden. Pero para que funcionemos, es vital que la empuje al
borde, al lugar donde ella tanto me teme como me respeta, pero no tan
lejos que no pueda respirar.
Me obligo a retroceder un poco para usar menos gruñidos y más finura.
Acercándola lentamente, sostengo su mirada con un enfoque asertivo.
A medida que agito su espacio, su barbilla baja, su respiración se queda
atrapada, pero esos enormes ojos marrones permanecen conmigo,
negándose a apartar la mirada. Muy valiente. Tan jodidamente intoxicante.
Bajo en una agachada y, con movimientos dolorosamente lentos,
346
desabrocha la cremallera de sus jeans. Poniendo mis labios a centímetros
de sus bragas, arrastro la mezclilla por sus piernas. Ella tiembla mientras la
Página
miro y tomo mi tiempo besando la piel alrededor del satén rosa.
Con mis dedos en la parte de atrás de sus pantorrillas, las hago subir por
sus piernas, hablando suavemente pero con firmeza.
»Quítate los zapatos.
Mientras se los quita, su rápida obediencia crea una presión
hambrienta en mi ingle. Mis manos rastrean el ascenso de su culo, y mis labios
siguen la inmersión de su raja. Ella jadea y rueda sus caderas, sus dedos
hundiéndose en mi cabello, aferrándose a mí por equilibrio.
Joder, la quiero en mi polla, apretando y convulsionando y
entregándose a mí en todos los sentidos.
Pateo las zapatillas de deporte a un lado y guío sus pies fuera de los
jeans y los calcetines. Con pequeñas caricias, hago cosquillas a la línea que
serpentea su columna vertebral y juego con el broche de su sujetador
mientras levanto su cuerpo y beso un sensual camino entre sus pechos.
Su cabeza cae hacia atrás, y su delgado cuerpo oscila entre mis brazos.
Ella huele a jabón de jazmín, sensual excitación, y exquisita Ivory.
Mi polla se sacude en mis jeans, atrapada y exigente. Aún no.
Juego con el cierre del sujetador, mi boca deslizándose sobre su
delicado cuello. Moviéndome más arriba, beso la delgada columna de su
cuello y mordisqueo a lo largo de su mandíbula.
Nuestras frentes se tocan mientras desabrocho el sujetador y aplano mi
palma contra su columna vertebral. Nuestras respiraciones salen
apresuradas, fusionándose, nuestros labios gravitando cada vez más y más
cerca. Cuando nuestras bocas finalmente conectan, se derrite contra mí.
Mis manos se elevan a su rostro, los pulgares acariciando sus pómulos
mientras devoro sus seductores gemidos. La beso agresivamente,
347
ordenándole sin palabras que confíe en mí. Azoto mi lengua contra la suya,
una promesa de dolor inminente y éxtasis. Su boca se inclina en aceptación,
Página
y sus manos me agarran la cintura, empujándome contra ella.
Rompo el beso y dejo que mis dedos permanezcan en los tirantes en
sus hombros. Mis ojos nunca dejando los suyos, suavemente deslizo el
sujetador por sus brazos. Sus pezones están tan duros que el encaje los
atrapa. Lentamente aparto la tela, exponiendo su deliciosa carne. Ella
exhala bruscamente mientras el sujetador cae al suelo.
Jesús, ella es la perfección. Necesito enterrarme dentro de ella y luchar
para pensar más allá de mi furiosa erección.
Dando un paso hacia atrás, dejo que mi mirada vague por su cuerpo
largo y delgado, adorando cada flexión, contracción y frágil hueso mientras
me mira con ojos redondos. Las llenas y puntiagudas tetas se levantan con
sus respiraciones, las estrechas caderas se mueven con ansiedad, y un punto
mojado oscurece el satén de sus bragas rosadas.
Su cuerpo ama mi tacto, pero su mente no me ha perdonado. Si no la
dejo dar el siguiente paso por su cuenta, solo se sentirá peor después.
Asiento con la cabeza hacia las bragas.
»Quítalas o di tu palabra.
Mordiéndose el labio, engancha los pulgares bajo el satén, lo desliza
por sus piernas, y patalea. Su mirada nunca deja mi rostro, observándome
con cautela, curiosidad y deseo innegable.
Busco a su alrededor, disfrutando de su impresionante desnudez y la
forma en que su respiración se detiene y comienza con cada uno de mis
pasos. Mi dedo traza el patrón de volutas tatuado desde su cintura hasta el
hombro opuesto.
Ella se estremece ante la sensación, jadeando y estirando el cuello
para verme.
348
Presiono mi pecho a ras con su espalda, los dedos burlándose de sus
caderas.
Página
»Vas a hablarme de ese tatuaje. No ahora. —Descanso mi boca en la
unión entre su cuello y hombro y lamo—. Tal vez no hoy o esta semana.
—Pasando mis manos alrededor de su pelvis, me sumerjo entre sus piernas y
me deslizo a través de sus húmedos pliegues—. Pero me lo dirás pronto.
Ella libera un pesado suspiro y arquea su cuello, inclinando su cabeza
hacia un lado para facilitarme el acceso.
Pongo mis dientes en su hombro y muerdo. Ella lloriquea y se retuerce
contra mí, con los brazos levantados y los dedos buscando mi cabello.
Besando el dolor, retrocedo.
»Sígueme. —La llevo al Fazioli y señalo la repisa por encima del
teclado—. Siéntate en el borde. Piernas extendidas. Pie derecho en las
teclas más bajas, pie izquierdo en las más altas.
Su expresión se tensa con incertidumbre, pero se pone en posición,
llenando el silencio con notas aleatorias.
Las correas de nylon serpentean debajo del piano y sobre la tapa, dos
en cada lado y las cuatro conectadas a los esposas de cuero. Sujeto dos a
sus muñecas y las aseguro detrás de ella con un fuerte tirón. Ella jadea.
Con los brazos sujetos a la espalda, sus ojos rastrean mis movimientos,
los labios separados y los hombros levantados. Parece estar luchando contra
su postura, luchando contra el miedo que está tirando de su cuerpo en sí
mismo.
Al cruzar delante de ella, acaricio el dorso de mis dedos por el interior
de su pierna extendida.
»¿Cuál es la palabra que hace que esto se detenga?
349
—Scriabin —respira, observándome cautelosamente.
—¿La vas a usar?
Página
Ella asiente con un temblor de miedo en los ojos.
—Si es necesario.
—Buena chica.
Con las otras dos esposas, atrapo sus tobillos contra la moldura que
sujeta el teclado. Entonces me retiro y absorbo la erótica vista ante mí.
En el borde de la tapa, los muslos se extienden lo suficiente como para
mantener el teclado entero entre sus pies, y los brazos contenidos detrás de
ella, ella es un cuadro de lujuria y tormento, fuerza y confianza. Su coño está
abierto, rosa y empapado, rogando por mi polla. Su lengua mira hacia
afuera y toca la parte inferior de su labio inferior.
Nunca he deseado a nadie de la manera que la deseo a ella. No solo
su cuerpo. Lo deseo todo. Ella es la emoción más fuerte que he sentido.
Ajusto el palpitante dolor en mis jeans.
»Estoy tan jodidamente excitado que quiero rodar y morir.
—Morir es una manera de deshacerse de esa erección.
El brillo lúdico en sus ojos me pone imposiblemente más duro.
—O —se muerde el labio—, hay... ya sabes, otra manera.
La sostengo en un momento suspendido de contacto visual mientras mi
mano recorre mi polla atrapada.
—¿Es eso lo que quieres, Ivory? Tu coño está empapado y listo para mí.
Podría deslizarme hacia adentro y follarte tan duro que me sentirás durante
días.
Desvía la mirada, las fosas nasales se extienden y los músculos se tensan
350
en los grilletes. Podría haber estado lista para rendirse esta mañana, pero
ahora no. No después de ver a mi ex.
Página
—Mírame. —Espero por su mirada y luego alcanzo mi cinturón—.
Consigues dos golpes por referirte a alguien más que no seas tú misma como
mi novia.
—Pero Jo...
—No digas su jodido nombre. —Calor recorre mis venas—. Llegaremos
a eso, pero aquí mismo, ahora mismo, esto somos nosotros. Tú y yo y nadie
más.
Las arrugas se forman en su frente y luego se alejan.
—Bien. Dos golpes. —La comisura de su boca se eleva—. Dame lo mejor
que tengas.
Ahora está sonriendo, completamente sin idea sobre dónde le daré lo
mejor que tengo.
Inclino mi cabeza.
—En cuanto a la actitud que me diste por teléfono... —Arranco el
cinturón de mis jeans y lo doblo por la mitad—. Seis orgasmos por tus seis
comentarios malcriados.
—Orgasmos, ¿eh? —Ella se ríe, relajándose en sus restricciones—.
Caray, eso suena como una tortura.
Mis labios se contraen. Oh, lo será.
351
Página
E
l borde de la tapa del piano se clava en mi trasero, y los músculos
internos de mis muslos se tensan en posición fija y extendida. Pero
es la caliente mirada azul que recorre todas las líneas de mi
cuerpo la que me mantiene cautiva. Me extiendo tanto como es posible,
con el corazón latiendo y el cuerpo sufriendo por el daño y el afecto de
Emeric.
Ya que estoy sentada en su objetivo habitual, ¿dónde me golpeará?
¿Mis muslos? ¿Mi espalda? Miro hacia abajo la extensión de mi torso, y un
escalofrío estremece mi cuello. Con mis piernas ampliamente extendidas y
los brazos atados detrás de mí, mis tetas y coño están al frente y en el centro.
Seguramente, eso no es…
Mi mirada vuela hacia arriba, pero no está mirándome a los ojos. Su
atención está pegada a mi pecho, su puño apretado alrededor de los
extremos del cinturón. No, no lo haría. No en algún lugar tan vulnerable. Mis
pezones palpitan ante la idea.
Acechándome en pasos silenciosos, desliza el banco hacia un lado y
pone su rostro en el mío, estudiando mi expresión, observándome respirar,
mirando las partes más oscuras y depravadas dentro de mí.
Trago.
352
—Dónde vas a…
Golpea su boca contra la mía, lamiendo, succionando y
Página
desconectando mi cerebro. Deslizando sus labios a lo largo de mi cuello,
arriba y abajo, lenta y dolorosamente, cubre mi garganta en susurros de
placer. Mi cabeza cae hacia atrás en un jadeo. Su boca es tan suave y
segura que es como si estuviera besando mi alma. Por favor, no te detengas.
Su mano se une, acariciando suavemente mi costado y sobre mi
pecho. Esos cuatro dedos, cuatro pequeños puntos de contacto, cargan
mis venas con electricidad y rasgan mi cuerpo a través de múltiples arpegios
en cuestión de segundos.
—Te necesito. —Las palabras pasan de prisa por mis labios,
entrecortadas y espontáneamente.
—Me tienes —dice suavemente, baja su cabeza y muerde mi pezón.
Grito, consumida por el dolor, sacudiéndome contra los grilletes y sin ir
a ninguna parte.
Se ríe y muerde nuevamente, tirando la protuberancia con los dientes
hasta que palpita y se extiende deformada.
Cuando se mueve hacia el otro, contengo el aliento y sacudo la
cabeza.
Sus labios rozan mi pezón, burlándose, y sus ojos parpadean hacia los
míos con tanta necesidad girando en las profundidades del azul profundo.
»Respira.
En el momento en que lo hago, clava sus dientes. Grito con agonía y
doblo mis caderas, resbalando del borde. Él me atrapa, deslizando mi
trasero de vuelta en su lugar, mientras sus dientes desgarran mi sensible
carne, chupando fuerte y poniéndome en llamas.
—¡Detente! —lloro, retorciendo mis muñecas en los grilletes—. Por favor,
353
detente.
Girando su lengua, lame la terrible quemadura, su voz una raspadura
Página
áspera.
—No escucho tu palabra.
Lágrimas inundan mis ojos, y mi cuerpo entero tiembla como una
cuerda de arpa.
Se inclina hacia mi rostro y muestra los dientes.
»Dila.
Chupo mi labio inferior y miro hacia abajo. Jodido infierno, se siente
como si hubiera cortado mis pezones, pero todavía están allí, enormes,
duros, y furiosamente rojos. Ni una gota de sangre.
Da un paso hacia el costado y golpea el cinturón plegado contra su
pierna.
»¿Dónde está la pequeña mocosa engreída de hace un momento?
—¡Mordiste mis pechos!
—Acabas de aumentar tu número de orgasmo a siete. ¿Ya terminaste?
Si está tratando de provocarme para decir la palabra, tendrá que
esforzarse más.
Doblo la muñeca en mi espalda y le muestro el dedo medio. Lástima
que no pueda verlo.
—Estoy bien.
Levanta el cinturón y toca el lazo de cuero en mi pezón. Un torrente de
temblores me atraviesa.
Sus ojos se unen a los míos, bajan a mi pecho, luego vuelven a mi rostro.
Endurezco mi expresión y levanto mi barbilla.
354
El tiempo se detiene mientras su cabeza se inclina, y su boca se abre
Página
ligeramente. Luego se balancea.
El cuero azota mi pezón hinchado en un ardiente destello. Un jadeo se
aloja en mi garganta, y lágrimas ciegan mi visión. No me da un segundo
para recuperarme antes de golpear el otro pecho.
Mi espalda se inclina, y trago mi grito, mientras mi mente lucha por dar
sentido al dolor. ¿Cómo llegué aquí? ¿Por qué estoy dejando que esto
suceda? ¿Qué carajos estoy haciendo?
El cinturón golpea el piso, haciéndome saltar. Extiende sus manos detrás
de su cuello y saca la camiseta por encima de su cabeza. La mezclilla
cuelga baja en su cintura entallada, su pecho desnudo flexionándose y
agrupándose con valles y crestas.
Acto seguido, está sobre mí, manos en mi cabello y labios siguiendo las
huellas de lágrimas por mis mejillas.
—Luces tan hermosa cuando lloras por mí. —Rocía besos a través de
mis ojos, nariz y boca, mientras sus dedos acarician mi cabello—. Oh, Ivory.
No tienes idea de lo que me haces.
El ruido de su voz y la ternura de su tacto calma el fuego en mis pezones
y alimenta una nueva llama en lo profundo de mi corazón.
—Dime —digo, mi voz es aguda.
Deja caer su frente en la mía.
—Te mostraré.
Acercando el banco del piano, se sienta. La posición pone su boca a
centímetros de mi coño. Sus dedos se extienden sobre las teclas, inmersos en
una escandalosa canción violenta. Otro cover de metal, pero no puedo
ubicarla. Estoy perdida en el golpe de las notas, estremeciéndome contra
el dolor en mis pechos, y preguntándome si esos siete orgasmos serán suyos
355
o míos.
Página
Pruebo las ataduras en mis tobillos, mis piernas temblando por la
estirada postura.
—¿Que canción es esta?
Sus ojos se deslizan entre mis labios y mi coño, sus manos golpeando las
teclas.
—Symphony Of Destruction. Megadeth
Nunca he oído hablar de ellos, pero dulce infierno, suena siniestro.
Se inclina hacia adelante y presiona su boca contra la parte interna de
mi muslo. Todo mi cuerpo se detiene con anticipación mientras desliza sus
labios hacia mi centro. Sus manos se mueven como maniacas sobre las
teclas, y cuando alcanza el pliegue en mi muslo, cambia la dirección sin un
desliz en la melodía. Lame un camino hacia mi rodilla, mordisqueando y
chupando mi piel, luego regresa una vez más hacia mi coño.
Con sus labios flotando sobre mi clítoris, la canción cambia a una que
inmediatamente reconozco.
Me echo a reír gimiendo.
—Tienes que estar bromeando.
Me muestra una sonrisa antes de enterrar su rostro entre mis piernas. A
medida que curva su lengua por mis pliegues, el piano vibra en la melodía
de Smells Like Teen Spirit de Nirvana.
Las sensaciones que se acumulan bajo sus labios me sumergen en un
jadeante desastre de deseo. Explora profundamente con trazos punzantes,
y cuando encuentra mi clítoris, no toma mucho tiempo. Ya estoy preparada
con todo el contacto y los besos, y demonios, incluso los látigos en mis
pechos me mojaron.
Me corro con un gemido fuerte y jadeante, balanceando mis caderas
356
contra su incesante boca mientras mis extremidades se sacuden en las
correas.
Página
Sus manos fallan sobre las teclas, perdiendo el ritmo antes de retomarlo
otra vez.
—Ese es uno —dice en voz ronca.
Me encuentro con sus ojos, jadeando y temblando.
—Es imposible. Yo…
No puedo decir que no puedo. Pero ¿en serio? ¿Seis más? Es
demasiado diabólico con sus castigos. Voy a morir.
Presiona un beso en mi clítoris y luego lo ataca con labios y dientes.
Grito durante los orgasmos dos y tres. Después de eso, ya no escucho la
música ni siento las vibraciones a través de mis miembros ni veo la habitación
a mi alrededor. Cada sentido se reduce a la lengua dentro de mí y la
avalancha de sensaciones de subidas y bajadas atacando mi cuerpo.
Después de la cuarta liberación, alcanzo un extraño estado flotante del
tipo catatónico. Mi coño se estremece con exceso de estimulación, las
terminaciones nerviosas en mi clítoris ardiendo contra el golpe más leve de
su lengua. Pero no se detiene. No cuando le digo que se vaya al infierno o
lo llamo un bastardo sádico.
Me silencia apretando sus dientes alrededor de mi manojo de nervios.
Ya no está tocando el piano, porque esos talentosos dedos están
dentro de mí, follándome en un tortuoso infierno de placer.
»Tienes que parar. —Me balanceo en las correas, mis piernas
extendidas temblando de agotamiento—. Por favor. Terminé.
Sus labios empapados se hunden, besando y lamiendo, su gemido
provocando vibraciones con un tipo de canción diferente a través de mi
357
núcleo. Un poco después, curva tres dedos dentro de mí y saca otro
agonizante orgasmo de mi cuerpo.
Página
—Seis. —Retrocede y limpia su boca con el dorso de la mano—. El
último será conmigo.
—No más. —Mi cabeza está tan pesada que mi barbilla cae contra mi
pecho mientras inspiro aire—. Por favor.
Levanta mi barbilla con su dedo, su mirada ardiendo contra mis labios,
su voz un susurro desigual.
—Me encanta cuando suplicas.
Se pone de pie, y con algunos movimientos de sus muñecas, libera mis
manos y piernas de las correas.
Caigo contra él, mis músculos como agua, derramándose y cayendo.
Pero él me atrapa, mi débil cuerpo sostenido en fuertes brazos y apoyado
contra un maldito buen pecho.
El calor de sus antebrazos desaparece de mi espalda, reemplazado por
la dura superficie de la tapa del piano. Me pone boca arriba, los pies
apuntando lejos del teclado, los hombros en el borde donde yo estaba
sentada. Mi cabeza cuelga invertida, chocando contra las teclas.
Mi piel ya hipersensible se sonroja con más excitación, y la sangre corre
a mi cerebro con la fuerza de gravedad.
—¿Qué estás haciendo?
Rodea el piano, inspeccionando mi cuerpo como si memorizara cada
centímetro. Sus dedos hacen cosquillas a lo largo de mi piel mientras se
mueve, empezando por mi garganta, deslizándose por mi esternón, girando
alrededor de mi ombligo, y deteniéndose entre mis piernas.
Mi pelvis se eleva hacia su tacto, esforzándose por mantener ese punto
358
de contacto. A pesar de que acaba de terminar de morder y dañar mis
pechos y torturarme con orgasmos, quiero más. Debe haber hecho un
Página
cortocircuito en mi cerebro.
Cerrando las esposas alrededor de mis tobillos y muñecas, él
efectivamente me inmoviliza como una X en su Fazioli. Cuando regresa a mi
cabeza, me da una vista invertida de la vara de acero empujando contra
su cremallera.
Abre su bragueta.
—Sabes cuán duro chupar. —Sacando sus jeans, libera su cuantiosa
polla, piel rosada tirante sobre la amplia circunferencia—. Sabes cuán
rápido o lento mover esa lengua perversa.
Calor se reúne y late entre mis muslos con cada palabra.
Tocando la cabeza de su polla con mi boca invertida, empuña su
longitud y manchas saladas de líquido pre-seminal atraviesan mis labios.
»Golpea tu mano derecha contra el piano si quieres que esto se
detenga. Dime que entiendes.
—Yo… —Mi coño se aprieta, vacío y necesitado. Una sensación tan
extraña de experimentar—. Lo golpearé si lo necesito.
Envuelve una mano debajo de mi cabeza colgando, sus dedos
sirviendo como un amortiguador entre mi cráneo y la cubierta de madera.
Con los ojos entreabiertos y observando firmemente los míos, agarra su
erección, frota el eje a través de mis mejillas y golpea la punta contra mis
labios.
Abro la boca, instintivamente, con ansiedad. Hazlo ya.
Su mirada se desliza a lo largo de mi cuerpo mientras se presiona contra
mi lengua. Su exhalación sale entrecortada, y empuja.
No se relaja. Se abre paso despiadada y repetidamente. Una y otra vez,
359
él apuñala su polla más allá de mis labios, follando mi boca como si estuviera
hundiéndose entre mis piernas.
Página
Sus muslos se flexionan contra mi frente mientras sujeta sus dedos contra
mi cuero cabelludo, enredándose en mi cabello, y sosteniendo mi cabeza
inmóvil. Solo puedo estar allí, con manos y piernas atadas, la garganta
relajada y la mandíbula estirada para su placer.
Inclinándose sobre mi pecho, aprieta mi seno con su mano libre,
pellizcando el pezón y atormentándolo con su caliente boca.
Me rindo en el narcótico asombro, mientras su longitud va más
profundo contra mi garganta, sus caderas moliendo y rodando con su
urgencia. Así es como sería si estuviera llenando mi coño. La tensión de sus
músculos, la flexión de su trasero y la embestida de su polla componen una
seductora danza de intensidad. Él da tanto como toma, su hambre
extendida sobre mi piel, mutilando mis gemidos alrededor de su palpitante
longitud, sobrepasándome.
Sosteniendo mi cabeza contra sus empujes, desliza la otra mano sobre
mi estómago y engancha dos dedos dentro de mí, provocando una
contracción de necesidad por mis músculos internos.
—No durará mucho. —Su agitada respiración recorta el aire—. Vamos
a hacer esto juntos.
Mueve su toque a mi sensible clítoris y aplica una presión sólida y en
círculos. Mis caderas lo alcanzan, moliéndose y balanceándose contra sus
dedos. Justo ahí, justo ahí.
Un espasmo de calor hormigueante explota bajo su diabólica caricia.
Se mueve contra mi lengua, su frente cayendo contra mi pecho
mientras nos azota en un dúo orgásmico de gemidos y temblores.
Me trago codiciosamente su liberación, jadeando bajo la ola de la mía.
Su polla tiembla en mis labios, y la parte interna de mis muslos se estremece
360
a través de los vestigios de las réplicas del orgasmo número siete.
Página
Se aparta y libera las esposas, levantándome y moviéndome, miembro
por miembro derretido. Cuelgo como una muñeca de trapo en sus brazos
mientras me lleva al banco del piano y coloca mis piernas en una posición
a horcajadas alrededor de su cintura.
Me desplomo contra él, pecho contra pecho, piel sobre piel, y abrazo
sus amplios hombros.
—Esa fue la peor tortura de la historia.
Riéndose, besa mi mejilla y se extiende detrás de mí, dedos en el
teclado. Con una respiración profunda, nos envuelve en una suave canción,
tranquilizando mi martilleante corazón con Confortably Numb de Pink Floyd.
Me acurruco contra él, sumergiéndome en la flexión y el balanceo de
su cuerpo mientras toca. El ritmo de sus respiraciones se sincroniza con la
melodía, marcando el ritmo de la mía. Su piel, tan suave y cálida, huele a
silvestre, masculinidad y seguridad. Entierro mi nariz contra su cuello y lleno
mis pulmones.
Con los brazos y las piernas enganchados a su alrededor, me aferro al
pilar de su torso. Este hombre brutal es mi hogar. Su infierno es mi cielo.
Soy su nota blanca, y él es mi nota más oscura.
No importa lo que suceda, nunca me resentiré esto. Nunca me
arrepentiré de estar con él.
Cierra la canción en una baja tecla profunda y desliza sus fuertes
manos a través de mi espalda, masajeando mi columna.
Me abraza más fuerte contra su pecho, baja sus labios hasta mi
hombro, su tono tranquilo, suave.
361
—No supe que estaba embarazada hasta después de…
Después de Shreveport. Después de su traición.
Página
Beso su cuello y paso mis dedos por su cabello mientras el resentimiento
brota dentro de mí.
—Tiene siete meses. —Inhala, exhala—. El bebé podría ser mío. O no.
Levanto la cabeza y encuentro su dura mirada.
—¿Crees…?
Parpadea, su expresión en conflicto.
—No lo sé. Nunca hubo un indicio de engaño, y soy jodidamente muy
observador.
Difícil discutir eso.
—Entonces, ¿por qué lo cuestionas?
Mete mi cabello detrás de mi oreja, con los dedos detenidos en mi
mandíbula.
—Nunca pensé que me traicionaría como lo hizo. Si ella puede hacer
eso…
—Podría ser infiel.
Baja su mano para acariciar mi cadera, sus ojos siguiendo el
movimiento.
—Cuando me hice cargo de Shreveport, trabajaba largas horas. Día y
noche. Rara vez estaba en casa.
Podría haber estado haciendo algo durante ese tiempo. Con
cualquiera. ¿Quizás no era tan observador en ese entonces?
Trago a través del dolor en mi garganta.
362
—¿Por qué estaba en la clínica hoy?
Página
Su mirada se alza hacia la mía.
—He estado ignorando sus mensajes. La única forma en que sabe
cómo encontrarme es a través de mi papá.
—¿Qué quiere? —Mi voz se estremece con nervios frágiles—. ¿Volver
contigo? ¿Continuar donde lo dejaste?
—Sí. —Agarra mi nuca cuando empiezo a alejarme—. Quiere mi dinero,
Ivory.
Me parece difícil de creer. Cualquier persona con medio cerebro debe
saber que cualquier amor que ofrece este hombre es más valioso que toda
la riqueza del mundo.
Inclinándome hacia adelante, peino con los dedos los cortos cabellos
en su nuca.
—¿De cuánto dinero estamos hablando?
—La mitad de mi herencia. Millones. La daría con gusto si supiera que
el niño es mío. —Dobla sus brazos alrededor de mi espalda, sosteniéndome
contra él—. Di sangre hace unos meses en mi demanda por una prueba de
paternidad. Todavía no me entrega los resultados.
—Eso no es un buen augurio para ella. Quiero decir, si el niño es tuyo…
—Esto sería un trato hecho, y ella sería una mujer muy rica. —Me mira,
sus ojos dando vueltas en el pensamiento—. Ella conoce mis términos. Quiero
esos resultados de la prueba. Si el bebé no es mío, no obtiene ni un centavo,
y nunca tendré que verla ni pensar en ella de nuevo. Si es mío, seré un padre
en todos los sentidos de la palabra.
Y Joanne estará plenamente arraigada en su vida. Mi corazón
tartamudea y se rompe.
363
Acuna mi cuello, buscando en mi rostro.
—No hay un Joanne y yo. Soy tuyo. Dime que lo entiendes.
Página
Cierro los ojos contra la intensidad de los suyos.
—Dijiste que la amas.
—También dije que la odio. —Con un profundo suspiro, baja su frente
hacia la mía—. Entonces encontré algo más significativo que el amor y el
odio.
Dejo de respirar, mis ojos revolotean abiertos.
—¿Qué?
—Tú.
Mi pulso se sacude con la prisa de mi respiración. ¿Cómo puede destruir
mi confianza y coserla de nuevo tan minuciosamente en el transcurso de
tan poco tiempo?
»Lo siento, Ivory. Debería habértelo dicho. —Frota mi espalda—. Tienes
suficiente de que preocuparte, y yo solo… Confío en mi instinto, y me dice
que ella está mintiendo.
—Te perdono. —Profundamente. Sin parar. Apoyo la cabeza en su
hombro—. ¿Qué pasa ahora?
—Nunca quise amenazar su carrera. No me interesa dejarla sin trabajo
con un bebé. Pero necesito saber si ese niño es mío. —Los músculos debajo
de mí se endurecen con tensión, y su tono se agudiza—. Tiene hasta el
próximo fin de semana para demostrar la paternidad. Si no cumple con el
plazo, la Junta de Shreveport recibirá fotos condenatorias de su sucia y
engañosa Directora de Escuela.
364
Página
L
a semana siguiente pasa en una borrosa inquietud. Con Lorenzo
Gándara todavía suelto y mi constante paranoia sobre mi
situación de vida con Ivory, estoy en el borde, irritable, y
malditamente agotado. Además de mi estrés está mi actuación en la
orquesta este fin de semana.
Entre las reuniones nocturnas y los ensayos generales para la sinfonía y
las lecciones privadas y tareas de Ivory, hay poco tiempo de inactividad.
Pasamos la mitad de nuestras horas despiertos juntos, pero estamos
enfocados en la escuela, la práctica de piano, y las tareas necesarias de la
vida cotidiana.
Las pocas veces que he sido capaz de fijarla con mis dedos en su coño,
estamos de prisa o agotados. No follarla es un tormento peor que la muerte,
pero el ritmo y mi enfoque debe ser perfecto.
Quiero salir con ella, y estoy frustrado por mi incapacidad para hacer
eso. Ella nunca ha sido tratada con una cena romántica o girado a través
de una pista de baile, toda vestida para una noche fuera y apreciada por
un hombre que simplemente disfruta de su compañía. Anhelo darle esas
cosas, sin la expectativa del sexo. Pero aventurarse en público con ella tiene
que esperar.
El recordatorio de que solo tiene diecisiete años apacigua algo de mi
365
impaciencia. Ella tiene toda una vida por experimentar, y tengo la intención
de ser parte de ella.
Página
Mientras tanto, atesoro nuestros breves momentos antes de dormir, esos
pequeños espacios de tiempo cuando acurruca su cuerpo alrededor del
mío. Con la bola de pelo acurrucado entre nuestros pies, compartimos
historias sobre nuestras vidas, piezas aleatorias de nosotros mismos, hasta
que ella se transporta a la tierra de los sueños. Sin lugar a dudas, permanezco
despierto durante largas horas después, sosteniéndola con fuerza mientras
la inminente noticia de tres cosas claves monopolizan mi mente.
Una, es jueves, y todavía no he oído nada de Joanne. No llamadas o
mensajes. La lógica me dice que, si el bebé es mío, habría proporcionado
la evidencia hace meses. Pero se mete en los juegos mentales y hacerme
esperar como un medio para controlarme.
Dos, mi papá aceleró los análisis de Ivory, y los resultados se esperan
cualquier día. Una vez que tenga su certificado de buena salud, no podré
evitar follarla en la próxima semana. Sé que ella piensa que está lista, pero
todavía tiene que usar su palabra de seguridad. Cuando la folle, ¿se
acostará debajo de mí —como si hubiera terminado con cualquier otro
imbécil— y silenciosamente me detendrá? ¿O estará conmigo, haciendo
una elección consciente de rendirse por completo?
Necesito encontrar por lo menos uno de sus límites y obligarla a
enfrentarlo. Entonces lo sabré.
Lo último que ocupa mi mente es Lorenzo Gándara. Después de
implementar mi plan para eliminarlo como una amenaza para Ivory, estoy
atrapado en un patrón de espera, ardiendo para verlo llegar a buen
término. La espera es enloquecedora, lo que me hace cuestionar la
sagacidad en mi enfoque. Tal vez debería haberlo manejado más
directamente, los riesgos legales hasta las últimas consecuencias.
No ayuda que Ivory pregunte por él cada maldito día. He sido honesto
366
con ella sobre el proceso actual, pero si no funciona, no le he aclarado sobre
mi intención de asesinar a ese hijo de puta.
Página
Dudo que le importaría mientras no interfiera con su sueño. Ivory es
nada si no ambiciosa. Vive del lema, Todo es posible, y su todo es la torre de
marfil de Leopold. No tengo prisa por alterar el tenue equilibrio entre ella y
yo, y la decano, pero cuando llegue el momento, Ivory y yo tendremos que
tomar algunas decisiones.
En una nota positiva, Prescott Rivard parece estar cooperando. Le
asigné su actividad a mi Investigador Privado, sus llamadas telefónicas y
movimientos todos supervisados discretamente y reportados. No hay indicios
de represalias.
El viernes, todo cambia.
La tarde llega en una rápida sucesión de llamadas telefónicas y
mensajes. La explosión de interrupciones hace que sea imposible dar una
clase así que le doy a los estudiantes un trabajo ocupado y entierro mi
cabeza en mi teléfono. Ivory me mira con curiosidad desde su escritorio,
arqueando su ceja en un sospechoso ¿Qué demonios estás haciendo?
Le doy una dura mirada, pero por dentro, apenas estoy
conteniéndome. Para cuando suena la campana final, no puedo evitar
mantener mis malditas emociones rabiosas a raya.
Cuando el último estudiante sale del aula, azoto la puerta, tiro a Ivory
de su escritorio y la estrello contra la pared más cercana.
Grita, estirando los dedos de sus pies para llegar al suelo.
—¿Que estás…?
Ataco su boca y devoro sus labios, hambriento y poseído, mis manos
volando sobre cada centímetro de ella que puedo alcanzar, acariciando,
agarrando, sujetando. Mi polla se endurece y mi pulso detona. No más
espera. Malditamente la necesito.
367
»Alguien... verá —jadea entre besos, tanto empujando como tirando
Página
contra mi pecho, su atención tensa hacia la ventana en la puerta.
Muerdo sus labios, excitando la suave sensación de su cuerpo a lo largo
del mío.
—No hay lecciones esta noche. Vete a casa. Nos vemos allí.
Con una estupenda cantidad de fuerza de voluntad, la suelto y me
apresuro hacia mi escritorio.
—¿Qué pasó? —Me mira, con los ojos muy abiertos y congelados
donde la dejé—. ¿Esto es sobre...?
—Te di una orden —digo en voz baja, ásperamente.
Girándome de espalda a ella, coloco mis pertenencias en la bolsa, mi
sangre rugiendo con una necesidad urgente y pesada. Si no se va justo en
este segundo, la voy a follar contra el pizarrón.
En el instante en que sus pisadas se desvanecen por el pasillo, enderezo
mi hinchada polla, haciéndola menos visible con la punta clavada debajo
de mi cinturón. Luego camino detrás de ella a una distancia sin pretensiones.
Afuera, miro desde la entrada principal mientras cruza el estacionamiento y
sube con seguridad dentro del Porsche. Lo mismo que hago cada noche.
Excepto que esta noche es diferente.
Esta noche, la espera ha terminado.
Los tres minutos manejando se sienten como tres horas. Corro a través
de la casa y la encuentro en la cocina con Schubert hundido contra su
cuello.
Mordisquea su labio inferior, sus enormes ojos marrones, redondos y
vigilantes.
—¿Tienes los resultados de la prueba?
368
¿La prueba de paternidad? ¿Análisis de sangre? Lo que quiera decir,
estoy demasiado alterado para sacar esto.
Página
Separada por la longitud de la cocina, doy un paso hacia ella.
—El bebé no es mío.
Entierra su expresión contra la peluda cabeza de Schubert.
»No hagas eso. —Me acerco más, a tres metros de distancia, y me doy
cuenta de sus respiraciones aceleradas—. Nunca te escondas de mí.
Poniendo al gato en el suelo, le da una palmadita en el trasero. Luego
se endereza y me enfrenta. Sus labios fruncidos, pero la sonrisa en sus ojos es
cegadora.
—¿Estás... feliz con eso? ¿O querías...? —Su mirada se oscurece, su voz
apenas es un susurro—. ¿Ese bebe?
Hace dos meses, habría estado devastado por la prueba de que
Joanne tan insensiblemente engañó y echó a perder nuestra vida juntos.
¿Pero ahora? Estoy flotando en una nube de emociones liberadas, y a la
cabeza de estas está la gratitud. Quiero darle las gracias por ser una puta
traidora. Si no me hubiera traicionado, seguiría con ella, completamente
inconsciente de que el amor más profundo y más fuerte resplandece de ojos
marrones y de un corazón desinteresado de diecisiete años.
Otro par de pasos, y me detengo. A dos metros de distancia. Necesito
decirle a Ivory el resto antes de que esté a su alcance. Antes de perder el
agarre sobre mi control.
—Quiero un hijo. Varios, de hecho. Algún día. En un futuro muy lejano.
Contigo.
Toca sus labios entreabiertos mientras una irregular inhalación sacude
su pecho.
369
Doy otro paso hacia ella y golpeo dedos ansiosos sobre la encimera.
»Lorenzo ha sido detenido.
Página
Jadea y coloca sus manos en la encimera de atrás, respirando
profundamente.
Con una orden de arresto de un kilómetro y medio de largo, es buscado
bajo sospecha de robo, posesión de drogas y asalto con un arma mortal. Mi
Investigador Privado identificó su rutina y sitios frecuentados, entregó la
información a Departamento de Policia de Nueva Orleans, y se apoyó
fuertemente en el sargento hasta que se ajustaron las prioridades y se hizo
el arresto.
Lágrimas brotan en los ojos de Ivory, sus manos temblando contra la
superficie de granito.
—¿Cuánto tiempo?
—Está siendo buscado por años de ofensas múltiples. La fianza se fija
en doscientos mil.
Asiente mientras una sonrisa temblorosa se despliega a través de sus
labios.
—Gracias.
Cuando se mueve para acercarse, la detengo con una expresión
tensa. La deseo. Demasiado.
Inclina su cabeza y lame sus labios.
—Me creíste cuando mi propia familia me llamó una puta y mentirosa.
He estado huyendo de él durante cuatro años, y en una semana, lo sacaste
de mi vida. —Me mira con asombro—. Emeric, has hecho algo que nadie ha
hecho por mí en mucho tiempo.
No aclara lo que es, pero puedo llenar los espacios en blanco. La he
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hecho sentir segura.
Página
—Ojalá fuera más. —Doblo mi mano en la encimera, sosteniendo su
mirada—. Quiero que lo castiguen por violación, Ivory. Si cambias de opinión
sobre los cargos, estaré contigo en cada paso del camino.
—No. —Su mandíbula se endurece—. Quiero seguir adelante.
Está preocupada de que vaya tras ella, y francamente, también lo
estoy. No quiero que esté conectada con su muerte de ninguna manera.
No será encerrado para siempre, y tendré que lidiar con su inevitable
libertad cuando llegue ese día. Pero hay menos riesgo para Ivory si él no está
culpándola por los próximos, los que sean, muchos años pudriéndose en una
celda.
En cuanto a la mejor noticia que recibí esta tarde... cierro los últimos
metros entre nosotros y merodeo alrededor de ella, deslizando ligeramente
mis nudillos por su brazo.
Se estremece, girando su cuello para mantener el contacto visual.
Me detengo detrás de ella y agarro sus muñecas. Con su cuerpo frente
a la encimera, aplano sus palmas en la puerta del gabinete sobre su
cabeza.
—No muevas las manos.
Me sonríe por encima del hombro.
—¿Si lo hago?
Malcriada. Azoto una mano contra su hermoso culo.
Vuela sobre las puntas de los pies, la cabeza cayendo hacia atrás con
un chillido de sorpresa. Pero sus manos permanecen donde las puse.
—Una chica tan buena —susurro a su oído, haciendo temblar todo su
371
cuerpo.
Página
Su capacidad de respuesta es tan malditamente excitante. He estado
duro desde el día en que la conocí, pero finalmente, finalmente, voy a
disminuir este dolor de largo sufrimiento entre nosotros.
A menos que use su palabra.
Cubro sus manos con las mías, presionándolas contra el gabinete, un
silencioso recordatorio. Luego me muevo bajo sus brazos desnudos, dedos
acariciando piel, luego cambiando para acariciar alrededor de las curvas
exteriores de sus pechos.
Se sostiene para mí, pero hay una sutil inclinación en su postura cuando
se levanta y se inclina hacia mi toque, con la cabeza inclinada y los ojos
alerta, siguiendo cada movimiento.
Muevo las manos sobre el rígido material de su vestido negro, trazando
el contorno de sus músculos y caderas debajo. Cuando llego al dobladillo a
sus rodillas, recojo el vestido por sus muslos, sobre su flexible culo, y lo dejo
aferrarse alrededor de su cintura.
Con sus ojos volteados para mirarme, sus pestañas bajan mientras
deslizo mi boca por la parte de atrás de su vestido. Suspira, inclinándose
contra la encimera y dejando caer la cabeza entre sus brazos levantados.
Agachado detrás de ella, lleno mis manos con sus cachetes altos y
redondeados. Las bragas de encaje negro se ven tan condenadamente
pecaminosas sobre ella. Lástima que sea la última vez que las use.
Agarro las diminutas tiro alrededor de sus caderas y tiro.
El sonido del cordón rasgando hace girar su cabeza.
—Me gustaban esas.
372
—Te compraré un centenar más y arrancaré jodidamente cada una
de ellas de tu precioso culo.
Página
Mientras estoy de pie, alcanzo la parte delantera de sus piernas y
arrastro las yemas de mis dedos por sus muslos internos. Sus temblorosas
extremidades y roncos gemidos queman con calor a través de mi polla,
hinchándola a un doloroso acero.
Cuando mi mano se encuentra con suave vello en su coño, tiro
fuertemente sobre las hebras cortas. Se muerde el labio, ahogando un
jadeo.
Mi corazón bombea más rápido, más fuerte. Presiono mi pecho contra
su espalda, separo sus pies y deslizo mi dedo a lo largo de su hendidura.
Su cabeza cae sobre mi hombro, y su boca persigue la mía. La esquivo,
cosquilleando mis labios a lo largo de su mandíbula, por su cuello, cubriendo
su piel con mis respiraciones.
—Dios, Emeric. Nunca me he sentido así.
—Shhh. —Mordisqueo sobre su hombro, le dejo sentir mis dientes, mi
lengua, y el calor que me quema por dentro.
Su cabeza rueda, exponiendo su cuello a mis besos. Chupo el lóbulo
de su oreja, rodeando mi lengua mientras hundo mis dedos en su resbaladizo
coño. Mierda, está tan caliente y húmeda y apretada.
Gimotea y frota su culo contra mi polla, impulsando mis toques de burla
con jadeos, moliendo imperativamente. Nuestros cuerpos ruedan juntos,
follando sin penetración. Mi polla está alineada, pero mis pantalones están
en el camino.
Empujo mis dedos en su empapado coño, saboreando la hendidura de
sus paredes interiores.
»Estás limpia, Ivory.
373
Sus manos se sacuden contra la puerta del gabinete.
Página
—¿Limpia?
—Los resultados de las prueba. —Deslizo mi toque hacia su borde
anal—. Ambos estamos limpios.
Aprieta su culo.
—¿Vamos a…? —Sus glúteos se aprietan contra mi explorador dedo—.
¡No! No allí —jadea—. ¿Qué estás haciendo?
—Voy a follarte, Ivory. Esta noche. Ahora mismo. —Golpeo contra su
cadera, frotando mi dedo entre su grieta, burlando ese apretadanillo o de
músculo. Anhelo llevarla allí, follar cada agujero en su cuerpo.
Sosteniendo su cadera en un duro agarre, alcanzo más profundo entre
sus piernas, presionando mi dedo contra el minúsculo pliegue de piel.
Un doloroso ruido agudo es arrancado de su garganta, y sus manos
caen del gabinete.
—Scriabin.
Me tambaleo hacia atrás, mi pulso acelerado y las manos en el aire.
—¿Ivory?
Jodido infierno, usó su palabra. Ella usó su jodida palabra.
Se estremece ante un temblor de cuerpo entero, torso curvado sobre
la encimera, muslos apretados y brazos alrededor de su pecho.
—Yo no p-p-puedo.
Frustración me golpea a través de mí, enojada y viciosa. E irracional. La
obligo a retroceder, respirando con fuerza, luego profundamente,
desesperado por entender.
Relajando mis brazos a mis costados, trato de suavizar mi voz.
374
—Se específica.
Página
—No mi... —Mete el vestido por sus piernas y se gira hacia mí, con los
ojos vidriosos y aterrorizados—. No allí atrás.
—¿Alguna vez te han tocado allí?
Su rostro cae, y se hace un ovillo.
Furia fundida penetra por mis venas como lava. No la he examinado lo
suficiente cerca para ver cicatrices, pero es obvio que alguien la sodomizó.
Posiblemente varios alguien.
Imágenes horribles se aferran a través de mi cerebro, pateando mi
latido del corazón en una macabra orquesta de violencia.
—No anal. —Aprieto mis temblorosas manos y doy un paso cauteloso
hacia adelante—. ¿Ese es tu límite?
—No puedo, Emeric. —Retrocede y golpea contra la encimera, su
expresión contraída en tormento—. Por favor, no hagas esto.
Mi estómago cae. ¿Cree que la obligaría?
—Ivory. —Otro paso, mi voz áspera con angustia—. No te tocaré allí. Lo
prometo.
Mira fijamente a la puerta, la barbilla temblorosa y las rodillas
temblorosas. Parece que va a huir.
»Ojos en mí —digo suavemente y espero a que ella obedezca—. ¿Es tu
único límite?
Por favor di que sí. Pensé que estaba segura sobre tener sexo. ¿Cómo
carajos juzgué mal esto?
—Y-yo... no sé.
375
Mis pulmones se tensan, luchando por aire. Me mantengo al alcance
de la mano, respetando su zona de seguridad. Pero no estoy listo para
Página
retroceder. Estoy seguro como el infierno que no me estoy dando por
vencido.
Ella tiene todo el poder aquí, y maldita sea, haré lo que sea necesario
para asegurarme de que lo sabe.
Mantengo mi nivel de voz, pero firme.
—Tienes dos opciones. Uno. Caminar por el pasillo, sentarte detrás del
piano, y esperar a que comience tu lección. Dos. Subir al dormitorio, quitarte
la ropa y esperar a que te folle. —Endurezco mi mirada—. No anal, Ivory.
Tienes mi palabra.
Brazos envueltos alrededor de su pecho, frota sus bíceps, todavía sin
mirarme.
Infundo mi tono con convicción.
»Lo que elijas, no habrá ninguna decepción o vergüenza. No de mí ni
de ti. ¿Entiendes?
—Sí —susurra temblorosa.
—Ve.
Al segundo que está fuera de la vista, me giro hacia la encimera y
muelo mi puño contra el granito. Joder, joder, joder. Debería haber sabido
que no quería que la tocase allí. No debí haberla presionado.
No, eso es una mierda. Si solo pudiera pensar más allá de mi polla
dolorida por un maldito minuto... respira profundo.
Acabamos de avanzar un gran jodido paso. Usó su palabra y me mostró
uno de sus límites. Ahora puedo confiar en que la usará de nuevo. La
esperaré por una eternidad si tengo que hacerlo.
376
Página
El sonido de pequeñas pisadas atrae mi atención hacia el suelo.
Schubert da saltos a mi alrededor y apoya su cuerpo contra mi pierna,
cubriendo mis pantalones negros con pelo naranja.
Lo alcanzo y lo alzo en brazos.
—Ella va a cortarme el rollo, ¿verdad? —Presiono mis labios contra su
cabeza, sosteniéndolo contra mi pecho—. Mierda, quiero matar a cada
jodido cabrón que se ha atrevido a tocarla.
Ronronea como un motor y arquea su cuello por una rascada.
Curvando mis dedos debajo de su barbilla, lo hago. Pronto, mi pulso se
iguala, y mis músculos se aflojan.
»Vamos a buscar a nuestra chica.
Lo coloco en el suelo y lo sigo fuera de la cocina, a través de la sala
con la chimenea, y en la sala de estar. Se desvía hacia los sofás y se extiende
sobre uno de los cojines.
Derecho y por el pasillo está la sala de música. A la izquierda y hacia
el…
Un delicado zapato negro situado en la alfombra en el vestíbulo. Mi
pulso salta.
Me dirijo hacia ella, aflojando la corbata alrededor de mi cuello
mientras observo la escalera. El segundo zapato se posa en la curva en los
escalones.
Eligió el dormitorio.
Mi polla se contrae y mi respiración se acelera. Me lanzo hacia
adelante, subiendo las escaleras y doblando la esquina.
377
La vista de su vestido negro en el suelo en el pasillo me impulsa más
rápido, la construcción de una hambrienta presión en la base de mi
Página
columna vertebral. Cuando llego a la puerta del dormitorio, la encuentro
cerrada, el mango adornado con su sujetador de encaje negro.
Cristo, me está volviendo loco. Ajusto el rígido dolor en mis pantalones
y arrastro varias respiraciones calmantes. Entonces abro la puerta.
378
Página
L
a puerta del dormitorio se abre, y libero un suspiro de alivio.
Me paseo en el lado de la cama, desnuda y vulnerable,
mientras nos miramos fijamente el uno al otro. Verlo recargado
en el marco de la puerta y mirarme con esos duros ojos me quita
el aliento.
Estaba tan malditamente confundida sobre por qué usé mi palabra.
¿Cómo dejé que un momento de terror paralizante anulase cada gramo de
confianza que tengo en él?
No solo Emeric se detuvo, no explotó en un ataque de ira. Su reacción
paciente y su control confiable demuestran que mi temor hacia él era
injustificado y débil. ¿Soy tan disfuncional que no puedo tener una relación
íntima con un hombre que preferiría morir antes que ponerme en peligro?
Su camisa azul claro se abre en el cuello, la corbata cobalto
desanudada y colgando alrededor de su cuello. El chaleco es un multicolor
de azul a cuadros, gris y negro. Parecería monótono en un estante de ropa,
pero sus ojos zafiro, mandíbula cincelada y sucio desordenado cabello
negro, lo venden como un modelo de catálogo de tendencias.
Jesús, es dolorosamente guapo. Pero es la sinergia de su aura
dominante y devoción inquebrantable lo que lo hace particularmente
379
eficaz en robar mi corazón.
En vez de forzarse en mi culo o de sacarme de su vida, me dio una
Página
opción. No había un milisegundo de debate en mi mente. No aceptaré
voluntariamente el sexo anal, pero él nunca me obligará. Mi fe en eso hizo
fácil dejarle un rastro de ropa.
Ahora que está aquí, no sé qué decir o cómo guiarnos de nuevo a la
manera que eran las cosas. Pero no tengo que hacer nada.
Cruza la habitación con pasos sin esfuerzo, enmarca mi rostro en sus
fuertes manos, y roza sus labios contra los míos.
—¿Estás bien?
—Sí. —Mi aliento hipea—. Lo siento mucho.
—Nunca te disculpes por usar tu palabra. —Besa mi boca y regresa
para mirarme a los ojos—. Todo el mundo tiene límites.
Niego.
—¿Tú? ¿Cuáles son?
Baja, agachándose entre mis piernas y desliza sus manos por mi cuello.
—Defecación.
—¿Defe… qué?
—Mierda. Heces. Eso es un gran no.
—Oh Dios mío, ¿la gente hace eso?
—Sí. —Él lucha una sonrisa nerviosa y gana, aplastando sus labios.
»Y la bestialidad. También mi límite.
Mi garganta convulsiona.
—¿Cómo siquiera va tu mente hasta allí?
380
—¿Tienes que preguntar?
Página
Sonrío. Es un hombre pervertido, fetichista, y maldición si no me encanta
eso de él.
—Es bueno saber que no te aprovecharás del pobre Schubert.
Hace una cara disgustada.
—Esa fue tu mente yendo ahí.
—Tú empezaste.
Moldea sus manos alrededor de mi cintura, sus pulgares trazando mis
caderas.
—No compartir. Nunca. Eres mía. Soy tuyo. Ese es mi límite más duro.
—¿Prefieres que me cague sobre ti a tener sexo con otra persona?
—Sí. —Su mirada vuela hacia la mía, las endurecidas profundidades
azules cimentadas con un tono penetrante—. Si otro hombre te toca, mi
reacción será asesina. Recuerda eso.
—Está bien —susurro.
Se pone en pie, sus dedos bajan por la parte delantera de su chaleco,
soltando lentamente cada botón mientras sus ojos recorren mi cuerpo.
—Tócate a ti misma.
Separando mis piernas, deslizo una mano entre mis muslos. Su chaleco
cae al suelo, y mis pezones se contraen contra el súbito alboroto de
excitación.
Se quita la corbata y desabotona la camisa de la misma manera sin
prisas, aparentemente contento con su visión de mí. Su cabeza se inclina
minuciosamente, los labios se separan mientras su mirada sigue el círculo de
381
mis dedos contra mi clítoris.
Página
Me acaricio suavemente, observándolo mirarme, mi pulso arrastrando
un ritmo suave a través de mis venas.
Se encoge de hombros fuera de las mangas de la camisa, exponiendo
los bíceps curvados y definidos pectorales y abdominales. Luego se agacha
para quitar sus zapatos y los calcetines, sin apartar la vista.
»Recuéstate. Abre las piernas.
Me muevo rápidamente hacia el centro, tendida de costado en el
colchón, y doblo mis dedos sobre mis pliegues húmedos. La sensibilidad de
mi tacto y su ininterrumpida atención sobre mí alimenta un fuego ardiente
en mi núcleo. Estoy tan en sintonía con él, con la armonía de sus
respiraciones y las sutiles sacudidas en sus manos. Proviene de un hábito de
disfrute sexual de su presencia, y se solidifica en el conocimiento de que
nunca me decepcionará.
Con una economía de movimiento, afloja el cinturón, abre sus
pantalones y empuja la última de sus ropas al suelo. He visto sus partes del
cuerpo más duras en fragmentos, pero nunca todo él a la vez, totalmente
al desnudo. Dulce cielo, le da un nuevo significado a desnudo.
Su polla se eleva, sobresaliendo sobre las columnas de sus poderosos
muslos. No la toca, ni siquiera la reconoce mientras se acerca, con los ojos
clavados en los míos y expresión intensa.
Agarra mi tobillo y rodea el colchón, arrastrando mis piernas y girando
mi posición hasta que mi cabeza está cerca de la cabecera. Se detiene
con los pies al pie de la cama y se inclina hacia adelante.
La hendidura de su rodilla en el colchón hace encender mi corazón. La
mirada depredadora de sus ojos detiene mi respiración. Se arrastra sobre mí,
las piernas en el exterior de las mías, rondando sobre sus manos y rodillas y
382
sentándose a horcajadas en mis muslos.
Esperaba que abriera mis piernas y se empujara entre ellas, pero ha
Página
demostrado repetidamente que no es como los otros.
Cerniéndose sobre mí, funde su boca en la mía mientras su mano
recorre mi cuerpo, acariciando y apreciando mi pecho, muslos, y coño. Su
lengua febril, exhalaciones pesadas y toques diabólicos me dejan sin aliento.
Me agarro a su hombro, tratando de acercarlo.
—¿Quieres... estar encima de mí? ¿Me dejas sentir tu peso?
Me ha clavado contra una pared, me ha atado a un piano y me ha
tocado en la isla de la cocina, pero nunca he estado en esa posición con
él. No importa cuántas veces lo haya imaginado, sé que será diferente a
todo lo que he experimentado.
Con mis muslos apretados entre los suyos, me cubre la parte de atrás
de la cabeza con ambas manos y baja su larga estructura encima de mí.
Sus ojos buscan mi rostro mientras su peso me hunde en el colchón, su pecho
cubriendo el mío en calor y músculo.
Mi boca se abre en un dichoso jadeo, y lo atrapa, su lengua
deslizándose y reclamando, sus labios firmes, agresivos, y todos míos. El
tamaño voluminoso de él me ahoga en la seguridad, su fuerza un escudo
de protección, y sus manos apoyando mi cabeza como si estuviera en
suplica.
Nos besamos a través de una sonata sin fin de latidos y gemidos,
nuestras frentes rodando juntas y sus caderas moliendo avariciosamente.
Nuestros cuerpos se balancean en una onda sincronizada, atrapando la
longitud acerada de él entre nosotros.
Estoy asustada de mi mente como siempre pensando en su gran
contorno siendo empujado dentro de mí. Pero estoy lista. Nunca he estado
tan lista para esto.
Flexiono mi parte interior, tratando de abrir mis muslos. ¿Por qué no ha
383
extendido mis piernas ya?
Página
—No me pruebes, Ivory. —Se acerca entre nosotros y frota sus dedos a
lo largo de la resbaladiza hendidura de mi coño—. Dónde está mi cabeza
ahora mismo, te dividiré por la mitad.
En el siguiente aliento, nos da la vuelta, rodándome en la parte superior
y doblando mis piernas para sentarme sobre sus caderas.
»Te estoy dando esto. Solo por esta vez. —Acerca su cabeza y agarra
los barrotes de la cabecera—. Mis manos no se moverán. Voy a acotarme y
quedarme quieto mientras tú me follas.
Oh.
Vaya.
De acuerdo, eso es... diferente. Y realmente agradable.
Hasta que miro la enorme y larga polla que se levanta ante mí. ¿Cómo
funciona esto? ¿Quiere que… me siente en esa cosa?
Encontrando sus ojos, niego.
—Yo nunca…
Sus dedos palidecen alrededor de los barrotes, su expresión dolorida.
¿Es esa ira?
—¿Nunca has estado arriba? —gruñe.
—Nunca. —Energía nerviosa fluye a través de mí. Agarro su eje con
ambas manos, acariciando arriba y abajo, reacomodándome con su
tamaño.
—No lo sé, Emeric. ¿Siquiera puedo encajar...?
Su aliento sale volando.
384
—Maldita sea, Ivory. Encajará. —Los tendones en sus antebrazos se
Página
tensan con su agarre en la cabecera—. Me estás atormentando aquí.
Flexionando sus muslos debajo de mí, me engancha con una mirada
que es tan integral a quien él es. La omnipotente confianza en sus ojos me
dice que me calle y preste atención porque está a punto de compartir una
experiencia alucinante conmigo. Es su expresión más poderosa, una que
probablemente lo haya hecho caer, sin una sola palabra, más veces de lo
que me importa pensar.
—Esa mirada que me estás dando... —Aprieto mis dedos alrededor de
su polla, disfrutando el sonido de su respiración estrangulada—. ¿Lo haces
cuando estás actuando en el escenario?
Sus caderas se mueven debajo de mí, su voz torturada.
—¿Qué?
—¿Follas con la mirada a las mujeres en la audiencia?
—Ivory, sube a mi polla antes de que enloquezca.
Me doblo y coloco un beso en la bulbosa corona en un saludo cariñoso.
El siguiente beso es una súplica para ser apacible.
Luego me levanto de rodillas y lo posiciono entre mis piernas.
Fiel a su palabra, no empuja ni mueve sus manos. Sus ojos brillan como
llamas azules mientras espera que lo atraiga hacia adentro.
Me bajo sobre él, centímetro a centímetro, maravillada por la sensación
de estiramiento, el fácil deslizamiento, el ajuste perfecto. Nunca tan
húmeda, tan cuidada. Joder, me siento tan llena. Hambrienta. Aliviada.
El sonido de su gemido gutural me impulsa más rápido. Cuando está en
el camino, aprieto mis músculos internos a su alrededor.
Sus ojos se cierran con fuerza, músculos se flexionan en su mandíbula,
385
su cuerpo temblando debajo de mí. No creo que esté respirando.
Página
—¿Emeric?
Un gruñido gutural es la única respuesta que da, cargando a mis ya
sobrecargados sentidos con vértigo. Y ni siquiera me he movido aún.
Me inclino hacia adelante y presiono mis labios contra la cresta de su
tenso pecho.
»Eso es todo. Lo estamos haciendo.
Sus ojos se abren y libera una risa adolorida.
—No estamos haciendo nada. —Sus manos apretándose alrededor de
la cabecera, su mirada era dura y exigente—. Folla mi polla, Ivory.
Ruedo mis caderas, probando la sensación de él deslizándose contra
mis entrañas y llenándome de sacudidas de estática.
Todo su cuerpo tiembla debajo de mí.
»Más rápido.
Con las palmas sobre su pecho, giro a lo largo de su eje, levantando y
balanceando. Los golpes rozando y cosquilleando son irreales. Los
pequeños choques de la electricidad, los jadeantes sonidos de nuestras
respiraciones, todo se centra alrededor de donde nos unimos.
Levanta la cabeza, observándome intensamente.
»Móntala.
Lo hago voluntariamente y con abandono.
»Jodidamente muelela. —Su mano se desliza de la cabecera de la
cama, pero con la misma rapidez, ajusta su agarre.
»Más duro, Ivory. Más profundo.
386
Me suelto, levantando mis brazos detrás de mi cabeza, cerrando mis
ojos, y rodando mis caderas. Cuando salto, mis pechos se balancean y la
Página
cabecera de la cama cruje. Cuando presiono hacia abajo y me sacudo, mi
clítoris atrapa el fuego.
Podría correrme así. Un orgasmo de buena fe. Con una polla dentro de
mí. La polla de Marceaux. Es difícil ignorar el significado de eso.
»Ah, joder. —La cabecera gime en su agarre—. Mírate.
Abro los ojos y choco con los suyos, una sonrisa tirando de mis mejillas.
—Estoy follando a mi profesor.
—Jesucristo, Ivory. —Sus bíceps se flexionan sobre su cabeza, sus muslos
endureciéndose debajo de mí—. Dame tu boca.
Me deslizo por su pecho y empujo mis caderas, deleitándome en la
sensación del nuevo ángulo. Cuando llego a sus labios, su lengua busca la
mía, girando y saboreando.
Chasquea sus dientes en mí, sus músculos retorciéndose y
contrayéndose.
»Tu empapado coño está goteando todo sobre mí.
Su sucia boca fortalece la marea de infusión dentro de mí. Paso mis
manos por sus bíceps y acuno su rostro, el rastrojo de su barba raspando mis
palmas. Profundiza el beso, el fuerte estiramiento de su mandíbula tan
erótico como la pecaminosa manera en que desliza su lengua.
Sin embargo, extraño sus manos sobre mí, y el mordisco de su cinturón,
su doloroso placer. Tampoco me gusta su silencio. Anhelo sus órdenes
crecientes que ordenan cada uno de mis movimientos. Pero de repente
parece incapaz de hablar. Con su cuerpo tan rígido y duro, sospecho que
está tomando una gran dosis de concentración para no mover sus caderas
387
o dejar ir los barrotes.
No más tortura.
Página
Con mis manos sobre su rostro, lo beso con fuerza, apasionadamente,
mientras trabajo mi coño de arriba a abajo en su longitud, buscando el
lugar. Cuando lo encuentro, todos mis nervios, células y pensamientos se
precipitan hacia mi vientre, recolectando, presurizando y explotando a
través de mi cuerpo en una serie de percusiones.
Mi boca se abre en un grito silencioso, mi mirada fija en sus ojos. Sus
labios se separan de mí, sus pupilas se dilatan y sus manos vuelan hasta la
parte posterior de mi cabeza. Entonces me está besando sin piedad,
martilleando sus caderas, y haciendo espirales a través de otro orgasmo.
Nos rueda, manos sobre mí rostro, su boca y respiraciones consumiendo
las mías. Nuestras lenguas luchan, lamiendo y azotando mientras su peso
aplasta mi pecho y su polla me llena. Una y otra vez, golpea sus caderas
con empujes malvados. Me acerco, pongo mis manos en el duro músculo
de su culo por primera vez, y aguanto.
Dios mío, es un culo perfecto. Es perfecto en todas partes. La canela en
su lengua. La baja nota oscura en su voz. El talento musical en sus manos. La
vista de él en pantalones y camisetas, corbatas y chalecos, y nada en
absoluto. Nunca obtendré lo suficiente.
Su ritmo desplomándose salta y se sacude, cayendo en un abrupto
staccato. Arranca su boca, su mano cayendo al colchón para apoyar el
arco de su espalda mientras ruge a través de su orgasmo. Sus ojos se quedan
conmigo a través de cada grito y jadeo, diciéndome que soy la razón de su
placer, el corazón de él.
Bajando su cabeza a mi hombro, parece que está cayendo, tratando
de estabilizar sus respiraciones. Pero la presión de sus dientes contra mi piel
me mantiene en un borde elevado de excitación.
Un momento más tarde, sujeta mis brazos sobre mi cabeza, sus caderas
388
oscilando, la polla palpitando dentro de mí.
Página
»Recuerda tu palabra.
Mis ojos se ensanchan.
—¿No hemos terminado?
Él sisea, cierra una fuerte mano alrededor de mi pecho, y muerde mi
pezón.
Luego me folla.
Por horas.
Sus ritmos se extienden entre suave y salvaje, su tempo cambiando
rápidamente con innumerables posiciones alternas. Me coloca sobre manos
y rodillas y golpea mi culo mientras empuja por detrás. Me lanza sobre mi
espalda, atrapa mi garganta con sus dedos y me folla con los muslos entre
los suyos. La coreografía tiene un poco de niebla después de que mi cuerpo
se rinde al mundo flotante, pervertido de Emeric Marceaux.
Gran parte de la noche se desliza por mis pesados párpados en una
manta de piel resbaladiza, caricias tiernas y besos apasionados. Pero este
es Emeric, y su camino está infundido con dominación, requiere una sutileza
emocional y mental que va mucho más allá del acto técnico del sexo. Me
dice cuándo, dónde y cuán fuerte, y ruedo con él, deseándolo, mi
necesidad de satisfacerlo superando todo lo demás.
A su vez, me deleita. Justo en un coma.
—¿Ivory? —Muerde mí muslo.
Ni siquiera puedo moverme. ¿Por qué tengo que hacerlo? Me moverá
él mismo.
Acabando de salir de la ducha, donde me folló contra la pared de
azulejos, me acuesto boca abajo en la cama. Desnuda, enrojecida,
389
saciada, trato de convencerme a levantar mí mano para quitarme el
cabello goteando de mí rostro. Lo haré en un minuto.
Página
Mueve mi cuerpo flojo y cepilla los mechones mojados detrás de mí
oreja.
—Eres diez años más joven que yo. No me digas que un viejo te agotó.
Bufo, alcanzando la energía que puedo reunir. Pero en mi defensa, él
se ejercita dos horas al día.
El colchón rebota mientras se desplaza a mí alrededor, besando cada
centímetro de mi cuerpo desde mi cabeza hasta los dedos de mis pies. No
tardaré mucho en caer felizmente dormida bajo el afecto.
Cuando me despierto, se estira a mi lado con una toalla envuelta
alrededor de su cintura, arrastrando un dedo a lo largo de mi columna
vertebral.
—¿Cuánto tiempo estuve dormida?
—Quince minutos.
Doblo mis brazos bajo mi mejilla y encuentro sus ojos a medio cerrar.
—Nunca he hecho esto.
Alcanza detrás de él, toma un vaso de agua de la mesita de noche, y
me lo sostiene.
»¿Qué?
Después de una larga bebida refrescante, la devuelvo y cambio el
tema.
»No comiste la cena.
Devuelve el vaso y luego se tumba de costado, apoyando su cabeza
en la curva de su brazo.
390
—Ninguno de los dos comió. Termina lo que ibas a decir.
Página
Extiendo la mano y trazo la curva de su labio superior.
—La cosa de después. Esto. Siempre ha sido sexo y correr, usualmente
seguido por llorar y esconderse. —Le doy una suave sonrisa—. Me gusta esto.
Mucho.
Me empuja contra su pecho y besa mí sien. El silencio de nuestras
respiraciones nos envuelve, y me abraza así durante tanto tiempo que me
pregunto si se durmió.
Finalmente, su susurro rompe el silencio.
—Me gusta también, Ivory. Tanto es así que estoy aterrorizado de que
nos lo quiten.
Envuelvo un brazo alrededor de su ancha espalda.
—Tendremos cuidado.
—Necesitamos ser más discretos en la escuela.
Rasco mí uña a través de su pezón.
—Tienes que dejar de darme esa mirada.
—¿Qué mirada? —Una sonrisa burlona aparece en sus labios.
—La que dice… —Profundizo mi voz—. Venga aquí, señorita Westbrook.
Míreme, señorita Westbrook. Sobre sus rodillas…
Surge una sonrisa pícara en su rostro.
Me desplazo fuera de su alcance, mi tono burlón cayendo en risa.
»Chupe mi polla, señorita Westbrook.
Destella sus dientes y se arrastra detrás de mí, perdiendo su toalla en el
proceso.
391
Mi mirada baja por su pecho y aterriza en su polla. ¿Es suave? Santa
Página
mierda, se ve raro. Inclino mí cabeza, tratando de obtener una mejor vista.
Se sienta de nuevo en sus tobillos y estrecha sus ojos.
—Vas a darme un complejo.
—Nunca he... —Me inclino sobre su regazo y envuelvo mi mano
alrededor de él. Aún es pesado, solo...—: Tan suave.
Me mira con curiosidad.
—Sigue tocándola, y no lo será.
Por supuesto, en cuestión de segundos, comienza a endurecerse. Estoy
familiarizada con esta parte, y él es el más grande y rudo de todos.
Irónicamente, también es el más seguro.
Balancea su brazo a mí alrededor y palmea mí culo.
»No he acabado contigo, pero tenemos que comer.
Lo hacemos a través de la mitad de una pizza gourmet de pepperoni
antes de que me doble sobre la isla de la cocina y demuestre exactamente
cómo no ha terminado conmigo.
Espero que nunca lo haga.
392
Página
L
a siguiente tarde, me estiro detrás del piano durante el intermedio
de la Novena Sinfonía de Mahler y tiro de la asfixiante corbata. El
esmoquin es uno de los muchos de mi colección privada, hecha a
medida y diseñado con mano de obra de calidad. No importa lo
jodidamente caro que es. Las telas que me restringen me pican y se
recalientan. Todo el vestuario pretencioso no encaja conmigo.
Tampoco la música.
Joanne nunca asistió a mis presentaciones, reclamando aburrimiento
al escuchar las mismas obras maestras en los programas de conciertos año
tras año. ¿Puedo culparla?
Aunque aprecio los clásicos, dudo que Gustav Mahler intentara que sus
sinfonías se convirtieran en asuntos comercializados de repetición sin
sentido. En sus cincuenta y un años, solo dirigió su segunda sinfonía diez
veces.
Escaneo el estilo Beaux-Arts del teatro filarmónico, rodeado por una
orquesta de pomposos ancianos y músicos de tiempo completo, la mayoría
de los cuales tienen sus propios salones de residencia. En lugar de componer
apasionada música moderna, parecen estar desperdiciando sus
extraordinarios talentos en el rutinario reciclaje del repertorio clásico.
393
Pero no estoy contento. Ni siquiera un poco.
Página
Entonces, ¿por qué estoy aquí, revolcándome soltando una sarta de
quejas?
Asegurar un asiento en la sinfonía fue una progresión natural en mi
carrera musical, una muy notable. Era un medio de auto justificación, una
validación de todo mi trabajo y talento. No fue hasta que alcancé el
objetivo que me di cuenta de que era la aspiración equivocada para mí.
Quiero crear mi propia música, aprovechar mi imaginación y
transformar el piano clásico en algo fresco y salvaje. Y quiero compartir esa
pasión, enseñarla y abrir mentes ansiosas a nuevas ideas.
Sentado detrás de la sección de secuencias, observo las siluetas
sombreadas de los espectadores en los asientos de los palcos. Una sonrisa
sacude mis labios mientras la pregunta de Ivory se burla de mí.
¿Follas con la mirada a todas las mujeres en la audiencia?
Hubo varios meses después de Joanne cuando el punto culminante de
mis conciertos era encontrar mi siguiente follada ¿Ahora?
Mi mirada se conecta con el rostro más atractivo del teatro, la única
razón por la que estoy sonriendo esta noche.
Ella se sienta en la primera fila, brillando como una brillante aria
rodeada por oscuros instrumentales. Su vestido rojo de Versace sigue las
líneas sinuosas de su cuerpo de las tetas a los dedos del pie, la alta hendidura
del muslo bordeada de diamantes de Swarovski.
Conozco todos los detalles porque yo mismo lo escogí, como si hubiera
hecho toda su ropa. Pero yo elegí este vestido en particular para una noche
como ésta, imaginándola usándolo mientras me veía actuar.
A pesar de mis dudas acerca de su asistencia al concierto, verla con
ese vestido de noche casi hace que el riesgo valga la pena. Casi.
Los padres de los estudiantes de la Academia Le Moyne frecuentan
394
estos lugares, y aunque Ivory condujo por separado con Stogie a cuestas,
me preocupa que las personas equivocadas hagan las conexiones
Página
correctas con nuestra relación. Pero rogó por estar aquí, seduciéndome con
Por favor en sus labios. Así que aseguré dos asientos en la primera fila y
acomodé su cita.
Sentado a su lado, Stogie viste de mala gana el esmoquin que le
compré, su gran mano frotándose repetidamente la calva, como si
lamentara la ausencia de su amada gorra de béisbol. Qué pareja hacen.
¿Dos músicos apasionados de la interpretación clásica, y esta es su primera
actuación filarmónica?
Me pregunto si cumple con sus expectativas. Voy a prestar mucha
atención a la reacción de Ivory después del show, así como sus respuestas
a las otras cosas que he planeado para ella en los próximos meses. Ella
afirma que quiere asistir a Leopold, que su sueño final es sentarse donde
estoy sentado ahora, en un lugar agotado, tiritando bajo las luces del
escenario.
Pero, ¿qué sabe realmente sobre el mundo de la música y las
oportunidades disponibles para ella? Tengo la intención de iluminarla.
Entonces, si todavía quiere ir a Leopold, tengo un plan para que eso suceda.
A dos secciones de distancia, mis padres ocupan sus asientos de
boletos de temporada, las cabezas inclinadas juntas en conversación. Les
pedí que no se acercaran a Ivory esta noche, a fin de mantener su
disociación de mí fuera de la escuela.
Ivory y yo aceptamos voluntariamente los riesgos de nuestro enredo.
Pero también pone en peligro los medios de vida de mis padres. Si soy
atrapado con ella, nadie iría a un médico cuyo hijo es un delincuente sexual
condenado. ¿Y mi mamá? Leopold la quemaría en la hoguera. Así que he
estado conteniendo a mamá con las presentaciones.
El concierto termina, y las próximas tres semanas flotan en una dichosa
niebla de Ivory.
395
Cuando llega el Día de Acción de Gracias, finalmente me rindo a las
Página
demandas de mamá para conocerla.
Mientras conduzco con mi estudiante de diecisiete años a la casa de
mis padres para cenar pavo, estoy con los nervios de punta, no me siento
más tranquilo sobre el secreto de nuestra relación.
En el momento en que mi mamá abre la puerta y mira mi mano donde
se aferra fuertemente a Ivory, mis nervios aumentan.
Sí, soy su profesor. Sí, empujo mi polla en ella, con rigor y con
depravación sin adulterar, mañana y noche. Pero la profundidad de mis
sentimientos por ella va mucho más allá de las leyes de mierda. Realmente
no me importa lo que cualquiera piense.
Pero mis padres se preocupan. También son demasiado solidarios y
dedicados a mi felicidad. Por eso la traje aquí. Ella tuvo un padre como el
mío una vez.
Quiero que de nuevo vuelva a experimentar ese tipo de amor.
396
Página
D
espués de la cena, me recuesto en el sofá, desplazando la
pretina de mi falda para liberar mi dolorido vientre. No sé si es
por mi abuso del pavo, puré de papas y pan de mantequilla, o
si estoy plagada con viejos y simples nervios por estar sola con Laura
Marceaux.
—Ya veo por qué está tan prendado de ti. —Me sonríe cálidamente y
se reclina en la silla al lado del sofá.
Mi mirada deambula a través de la puerta de la cocina y aterriza sobre
la camiseta blanca estirándose a través de la espalda de Emeric. Sentado
en la mesa con su papá, abarca el espaldar de una silla, enfrascado en una
conversación. No puedo ver su rostro o escuchar sus palabras, pero las
profundas notas en su voz vibran a través de mí, relajándome como una
sensual canción de cuna.
Él no usa bóxers debajo de sus jeans, y en este momento, la mezclilla
cuelga peligrosamente bajo sobre sus caderas, apenas cubriendo los duros
músculos de su trasero. Si se inclina solo un poco más, mi visión se volverá
mucho más distractora.
Aclaro mi garganta.
—También estoy prendada de él.
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Ella gira el vino tinto en su copa, estudiándome intensamente. Es tan
extraño ver los ojos azules de Emeric establecidos en una expresión así de
Página
suave. Ella es intimidantemente hermosa. Ni una pizca de gris en su cabello
negro largo hasta el hombro. Pero hay décadas de sabiduría en la manera
en que me mira, como si pudiera leer mis pensamientos y darles sentido.
Ella sorbe su vino.
—Ambos parecen felices. Tal vez un poco en el borde, comprensible-
mente, pero felices. Solo han estado viviendo juntos por… ¿un mes?
—Cinco semanas.
¿Cree que es insuficiente? ¿Que cinco semanas no son tiempo
suficiente para medir la seriedad de una relación?
Quiero señalar que hemos estado absortos emocionalmente el uno en
el otro por tres meses y la parte del sexo no ocurrió hasta hace tres semanas,
pero eso es Demasiada Información. Además, De camino hasta aquí, Emeric
me prohibió actuar raro respecto a nosotros. Sin vergüenza. Sé tú misma. No
nos juzgarán.
Resulta que él tenía razón. Laura continúa como si la cosa más
importante en su mente son sus historias sobre el mal genio de la niñez de
Emeric. Su bondad eventualmente me abre lo suficiente para compartir
recuerdos de mi papá. Nos mantenemos alejadas de discusiones sobre
Leopold, el conflicto de intereses muy sensible. Pero eso no nos obstaculiza
el instalarnos en un cómodo intercambio, como si fuera simplemente una
novia normal, llegando a conocer a la familia.
Una hora después, estoy completamente embelesada con ella. Su
disposición es tan ligera y refrescante. Su mirada gentil y sonrisa sincera
irradia el tipo de serenidad que solo viene de una felicidad profundamente
arraigada.
Es la encarnación de la calidez y el afecto maternales. En tan
devastador contraste con mi propia madre. Ella me hace sentir aceptada y
398
nutrida y… joven, pero solo en la mejor manera.
Página
En la cocina, el doctor Marceux se levanta de la mesa, apretando el
hombro de Emeric, y desaparece por el pasillo que conduce más
profundamente en la propiedad.
—Si no te importa… —Laura se levanta de la silla—. Voy a ver a dónde
salió Frank. —Mientras pasa al lado del sofá, alarga la mano hacia abajo y
agarra la mía—. Es tan bueno conocerte finalmente, Ivory.
Dejo que la ternura de sus palabras se hunda.
—A ti también.
Emeric no se ha movido de su asiento en la cocina, sus antebrazos
doblados sobre el respaldo de la silla.
Levantándome, rozo hacia abajo la coqueta falda a medio muslo. Me
siento bonita, pero no llamativa, con mi blusa verde sin mangas, ajustada y
abotonada sobre una delgada camisola. Si hiciera mis propias compras, el
conjunto es algo que habría escogido.
Me aproximo a su espalda y hago un acercamiento en la vista de la
piel sobre sus jeans que cuelgan bajo. Sin raja del trasero. Él es muy genial
para eso. Pero una sombra se burla del valle entre sus musculosos cachetes.
Es muy tentadora para ignorarla.
Meto un dedo debajo de la mezclilla y trazo esa sexy hendidura.
Él aspira una larga, profunda respiración, su voz ronca:
—Ivory.
Acariciando la parte superior de su raja, pongo mi boca al lado de su
oído y susurro:
—Amo tu trasero.
399
Sus caderas se mecen, y su frente baja hasta sus brazos doblados.
Página
—Mi trasero te ama.
Mi respiración flaquea. ¿Su trasero me ama, o él me ama? Quiero que
él quiera decir ambos.
Coloco mis palmas sobre los magros músculos a lo largo de su columna
y acaricio en círculos lentos. Todavía encuentro sorprendente el que sea
capaz de tocarlo así. Simplemente acercarme a él cuando estamos solos y
mostrarle afecto. ¿Cuán loco es que realmente quiera poner mis manos
sobre él?
Las últimas cinco semanas han cambiado drásticamente mis
percepciones acerca de mí misma y mi habilidad para hacer cosas
normales con un hombre.
Inclinándome, enlazo mis brazos alrededor de sus hombros y presiono
mi torso contra el suyo.
Con su cabeza inclinada hacia abajo, envuelve una gran mano
alrededor de mis dos muñecas, restringiéndolas contra su pecho.
—Una de las cosas más eróticas que una mujer puede hacer es rozar
sus tetas contra la espalda de un hombre, y, Ivory, tus tetas son pecaminosas.
Jesús, sus padres podían oír. Trato de apartar mi pecho, pero todavía
me sostiene con su agarre en mis brazos. Mi atención se mueve rápidamente
hacia el pasillo vacío.
»Incluso más sexy, ni siquiera estás tratando de excitarme. —Desplaza
su cabeza y muerde mi bíceps.
Mi boca se separa en un jadeo mudo, mi aliento retenido en
anticipación. ¿Qué voy a hacer con este hombre travieso? Si me toca en
más de una manera provocativa, no me importará dónde estemos o quién
esté observando.
400
Él desliza sus labios hacia arriba por mi brazo, y me derrito contra su
espalda.
Página
Su mano libre va a la deriva detrás de mí, prendiéndose sobre la piel
desnuda de mi muslo debajo de la falda.
»¿Mi mamá te hizo el tercer grado?
Beso su cuello, saboreando su cálido olor.
—Me he vuelto inmune a los métodos de interrogación Marceaux.
—¿Eso es cierto?
El reforzamiento de la presión de sus dedos alrededor de mis manos
acelera mi pulso. Su pulgar acaricia la parte inferior de mi muñeca, y sé que
él puede sentir al tacto el ruido sordo del latido de mi ritmo cardíaco allí.
Entierro mi nariz en el suave cabello detrás de su oreja, inhalando el
aroma a madera de su champú.
—¿Sobre qué hablaste con tu papá?
—De ti. Nosotros.
Con el agarre de sus manos alrededor de mi muñeca, me lanza a su
costado. Entonces se levanta de la silla, agarra su sombrero fedora de la
mesa y lo coloca sobre su cabeza con una inclinación tan sutil que podría
ser accidental.
No me engaña. Todo lo que hace es insidiosamente calculado. ¿Cómo
emparejar sus jeans y una camiseta blanca con un sombrero fedora?
Aparentemente inofensivo, como si solo se arrojó algo encima. Pero
maldición, él sabía que ese aspecto sexy conseguiría hacerme botar
espuma lujuriosa por la boca.
Es su mirada firme, sin embargo, los profundos océanos de sus ojos
debajo del ala de su sombrero, lo que me hace nunca querer apartar la
401
mirada.
Página
La habitación se oscurece alrededor de nosotros hasta que solo soy
consciente de él y de los latidos pulsando entre nosotros. Me hundo en las
atractivas olas de deseo, en ese deliciosamente oscuro abismo que anhela
su agarre castigador, voz gruñona y orientaciones viciosas.
Aquí no.
Con gran esfuerzo, retrocedo hacia la superficie y tomo una respiración
profunda.
—¿Hablaste con tu papá sobre nosotros? ¿Qué dijo?
¿Su papá ha condenado nuestra relación? ¿Emeric está reconsi-
derándolo?
Los dedos alrededor de mi muñeca se aprietan y él tuerce mi brazo en
mi espalda. El movimiento me mete directo contra su erección en aumento.
Sus ojos atrapan los míos.
—Quería asegurarse de que tengo todas mis bases cubiertas, que he
pensado detenidamente en todo. —Con mi brazo clavado en mi espalda,
acuna mi rostro con su mano libre—. Estoy trabajando en algunas medidas
preventivas para mantenernos a salvo hasta que te gradúes.
—¿Cómo qué? —Detesto esta constante amenaza inminente de
alguien lastimándonos.
Roza su boca contra la mía.
—¿Confías en mí?
—Profundamente.
Sus dientes atrapan mi labio inferior.
402
—Vayamos a casa y cuidemos de tu “gatito”.
Página
Sonrío en el beso.
—¿Schubert?
—De él también.
Nos despedimos de sus padres, subimos al auto y conducimos hasta su
casa sin atacarnos el uno al otro. Pero al segundo en que la puerta del
garaje se cierra detrás del GTO, me da una mirada que licúa cada hueso
en mi cuerpo.
En una fluidez de movimiento, arroja su sombrero, libera nuestros
cinturones de seguridad y lanza su asiento hacia atrás, lejos del volante.
Su mano vuela a su cremallera, dando un tirón hacia abajo y liberando
su dura polla.
»Siéntate a horcajadas sobre mí.
Una orden áspera y ya estoy húmeda.
Me lanzo hacia él, golpeando una rodilla en la consola mientras doy
volteretas hacia su regazo. Tuerce mi pierna a su alrededor, mi trasero
chocando con el volante y tocando la bocina. Reímos con nuestras bocas
fusionadas, sus manos debajo de mi falda y mis dedos enredados en su
cabello sexy como el infierno.
Tirando de la entrepierna de mis bragas a un lado, hunde un dedo
dentro de mí.
»Tan jodidamente lista.
Entonces me estrella en su polla.
Gimo a través del estallido de sensaciones, apretando mis músculos
internos y arqueando mi espalda. Él agarra mi trasero con una mano y la
parte posterior de mi cabeza con la otra, empujando vigorosamente y
403
sosteniéndome tan fuertemente que él es la única cosa que existe.
Página
Da sacudidas debajo de mí con impulsos implacables mientras la mano
en mi cabeza dirige el ángulo y profundidad del beso. Su lengua folla mi
boca de la manera en que su polla llena mi coño. Profunda, urgente y
completamente desenfrenada.
Sus músculos se sacuden y contraen. Sus roncos gruñidos endurecen
mis pezones, y el sensual y hambriento rodar de sus caderas me reduce a un
charco tembloroso de rendición.
Me disuelvo en las bandas de acero de sus brazos mientras me besa sin
sentido, me arrastra de arriba a abajo por su longitud y se masturba a sí
mismo en el agarre de mi cuerpo.
Me corro duro y largo, mis uñas arañando su cuero cabelludo y su
nombre rugiendo desde mi garganta. Él se empuja dentro de mí en un
despiadado moler, deja caer su cabeza sobre mi hombro y persigue su
liberación con un profundo y gutural gruñido.
Cuando levanta su cabeza, nos miramos fijamente uno al otro,
jadeando, aferrándonos juntos fuertemente, los labios tocando y liberando.
Él traza su nariz a lo largo de la mía, sus ojos muy cerca, nunca apartando la
mirada. Estoy tan perdida en este hombre, con mi cabeza tan saturada, el
corazón abierto de par en par y el alma temblorosa.
No somos simplemente un profesor y una estudiante, un Dom y una
sumisa, un hombre y una mujer.
—Somos un concierto atemporal. —Beso sus labios—. Una obra maestra
musical.
Él arrastra su boca a través de mi barbilla, su polla sacudiéndose dentro
de mí.
—¿Como Black Mass de Scriabin?
404
Muy disonante.
Página
Arqueo mi cuello para sus labios.
—Estaba pensando en la dirección de la Oda a la Alegría de
Beethoven.
—Aburrido. —Muerde la piel debajo de mi oreja—. Somos más como el
Ardiendo por el Profesor de Van Halen.
Oh, Dios mío. Reprimo mi sonrisa.
—Estás arruinando mi analogía. Eso ni siquiera es un concierto.
—Compondremos nuestra propia obra maestra musical. —Su boca se
desliza hacia abajo por mi cuello, besando y lamiendo—. Una canción que
nunca terminará.
Amo el sonido de eso.
405
Página
D
os semanas después, me paseo a través del estacionamiento
de la escuela, cavando a través de mi cartera en busca de las
llaves del auto. El sol ha desaparecido hace mucho tiempo, y
pasan de las seis y media. Hombre, mi culo se está arrastrando.
En la escuela, Emeric ha estado trabajando duro detrás del piano en la
preparación de la actuación de fin de cursos este fin de semana. En casa,
me trabaja duro contra la pared, atada a su cabecera, y arrodillada bajo
el calor de su cinturón. Es un interminable entrenamiento cardiovascular de
alta intensidad. Por mi vida, no sé de dónde saca su energía.
Hay solo unos pocos autos dispersos en el estacionamiento, el Porsche
en un extremo y el GTO en el otro. La oscuridad circundante refresca el aire,
enfriando mi piel debajo del delgado suéter. La escasa iluminación no
ayuda a buscar las llaves. Me arrastro por los libros de texto en mi bolsa, la
cabeza inclinada, maldiciendo bajo mi aliento.
Las encontré. Presiono el botón de desbloqueo y hago una mueca de
dolor por el ruidoso chirrido.
Cuando miro hacia arriba, me encuentro cara a cara con la última
persona que esperaba ver.
A dos metros y apoyado contra el Porsche, mi hermano me da una
406
sonrisa no-buena.
—¿Dónde has estado, Ivory?
Página
Mis músculos se congelan. ¿Cómo sabe que ese es mi auto? ¿Me ha
estado siguiendo? ¿Sabe dónde vivo? ¿Con quién estoy viviendo?
Agito el llavero. No tiene caso ocultarlo. Ya hice que el maldito auto se
encendiera.
—¿Te tomó dos meses venir a buscarme? Caray, Shane. Supongo que
debería sentirme especial, has notado que desaparecí,
Se endereza y saca un cigarrillo del paquete en el bolsillo. Su cabello
rubio se aleja de su amplia y pálida frente, con las mejillas hundidas bajo los
ojos oscuros. Parece tan cansado como yo. Y más delgado. Sus jeans y su
camisa de franela cuelgan de su alto y delgado cuerpo.
¿Qué demonios le pasó? ¿Tiene algo que ver con la detención de
Lorenzo? Mi pecho se aprieta.
—Bonito auto. —Enciende el cigarrillo y desliza una mano sobre la
blanca cubierta—. ¿Cómo lo conseguiste? ¿Haciendo trucos?
Mis temblorosos dedos se enroscan alrededor de la correa de mi
cartera. Emeric estará justo detrás de mí, y Shane lo reconocerá de la noche
en que rompió la nariz de Shane. Si vuelvo a entrar, tal vez pueda evitarlo.
Me dirijo hacia Crescent Hall. Demasiado tarde. Emeric está a la mitad
del camino, sus largas zancadas comiendo el pavimento y dirigiéndose
hacia mí. No puedo ver su rostro desde esta distancia, pero sé exactamente
lo que encontraría en sus ojos. Los vellos se levantan en mis brazos.
¿Cómo puedo advertirle que la sombreada figura detrás de mí es mi
hermano? Cualquier cosa que haga hará que Shane sospeche. Está
bloqueando mi camino hacia el auto, pero podría caminar en la dirección
opuesta, bajar por la carretera o algo así. Emeric me perseguiría.
407
Shane también lo haría. Vino aquí por una razón, y no se va a ir hasta
que lo consiga.
Página
No hay nada que pueda hacer para detener esta inminente
confrontación.
Me giro hacia Shane, con el estómago dando vueltas.
—¿Qué quieres?
Él exhala una corriente de humo.
—Mamá se ha ido.
—¿Y? Ella siempre…
—No, ella empacó su mierda hace un mes y jodidamente desa… —Sus
ojos se desplazan sobre mi hombro, estrechándose en rendijas. Su boca se
abre con incredulidad—. Conozco a ese tipo.
Mierda. Mi pulso me salta a la garganta. ¿Por qué Emeric no pudo
dejarme manejar esto?
—¿Hay algún problema aquí? —Su escalofriante voz está justo detrás
de mí, hormigueando en mi columna vertebral.
Emeric se pone delante de mí, con las manos juntas detrás de su rígida
espalda, su caro traje impregnando el aire con autoridad.
Shane pudo haber perdido peso, pero su cuerpo es más ancho y más
alto que el de Emeric. Si esto se convierte en algo físico, Emeric podría nunca
ser capaz de tocar el piano de nuevo.
Me muevo al lado de Emeric. Se desplaza conmigo, como para
bloquearme de nuevo, y luego se detiene, plantando sus pies en una amplia
posición. Él conoce tan bien como yo la importancia de mantener un
comportamiento neutral frente a mi hermano. Está aquí para investigar a un
intruso, no para proteger a su novia.
408
Shane lo observa de la cabeza a los pies, sacudiendo sus cenizas en la
Página
distancia de dos metros entre ellos.
—¿Trabajas en la escuela de Ivory? ¿Cómo un profesor o algo así?
Emeric agacha la cabeza, los ojos en Shane.
—Señorita Westbrook, ¿este hombre la está molestando?
Necesito elegir cuidadosamente mis palabras. La intensidad de la
mirada de Shane entre Emeric y yo me dice que está tratando de averiguar
por qué un profesor de mi escuela de educación superior entró en un bar y
lo golpeó hace cuatro meses.
Miro los ángulos duros como piedra del perfil de Emeric y regreso a
Shane.
—Este es mi hermano, y él ya se iba.
Shane sonríe.
—Necesito algunas respuestas, hermanita. Como, no sé... ¿Con quién
vives? ¿Y por qué este chico de fraternidad —señala a Emeric con el
cigarrillo—, rompió mi jodida nariz?
Con su atención enfocada en Shane, Emeric no se mueve, ni una
contracción. Su silencio es algo chocante, pero hay un propósito para todo
lo que hace. Una palabra hablada revela cosas. El silencio da menos
distancia. Pero Shane no va a dejar ir esto, así que abro mi boca.
—Me estoy quedando con una amiga de la escuela. —Pongo mis
labios en una muestra de asombro—. Ella tiene esta casa enorme y tiene
todos estos autos de repuesto. —Hago un gesto al Porsche—. ¿Puedes
culparme por salir de nuestro tugurio para vivir en una mansión? Una
mansión, Shane. De verdad.
Me estudia con escepticismo.
409
—No me di cuenta que dabas una mierda por esas cosas.
Página
No lo hago, maldita sea, pero no puedo decirle la verdad.
—¿A dónde se fue mamá?
Deja caer el cigarrillo y lo rompe con su bota.
—No lo sé. —Sus cejas se juntan, su enfoque volando a Emeric y de
vuelta a mí—. Su teléfono está apagado. Sin notas. Sin llamadas. Ni siquiera
un Jódete. Que tengas una buena vida.
Incluso en sus frecuentes ausencias, siempre se mantenía en contacto
con Shane.
Me froto los brazos.
—¿Crees que está en problemas?
—No. —Él se encoge de hombros, mira el pavimento—. Encontró algo
mejor.
Algo mejor que la familia. En cierto modo, supongo que lo hice,
también.
Intercambiamos una mirada suspendida, y en ese fragmento más
pequeño que un latido del corazón, veo al chico que conocía antes de que
se alistara en los Marines. El hermano que solía llevarme a la escuela, poner
goma en mi cabello, y dibujar penes en mis partituras. El hijo que amaba a
su padre tanto como yo. Cuando nos miramos el uno al otro, compartimos
un crudo momento de pérdida, por nuestro papá, nuestra mamá, y el amor
que una vez tuvimos el uno por el otro.
Parpadea, rompe la conexión, y se aferra a la parte posterior de su
cuello.
»Alguien todavía está pagando las cuentas.
Espero a que Emeric reaccione, pero se queda quieto y silencioso
410
como un atalaya, sin duda sopesando cada palabra hablada y
preparándose para exponer su relación conmigo si Shane hace algo
Página
estúpido.
—No te dejaré sin hogar. —Por ahora. Le envío un silencioso
agradecimiento al hombre a mi lado por cubrir los gastos y hacer esto más
fácil.
—Me voy a ir por un tiempo. —Shane camina hacia nosotros,
lentamente, con los brazos a los costados, la expresión hosca—. Pero no
quiero perder la casa de papá.
Mi cabeza se sacude.
—¿A dónde vas?
Se detiene al alcance de Emeric y, audazmente, arranca algo de la
solapa de la chaqueta de Emeric.
La tensión se filtra en la postura de Emeric, sus labios se aplastan en una
línea. Dejo de respirar.
Shane sostiene uno de los pelos anaranjados de Schubert entre las
puntas de sus dedos.
Una sonrisa tuerce sus labios.
—Solía vivir con un gato. La maldita cosa dejaba pelos por toda mi
ropa. —Mueve el pelo y me nivela con una mirada conocedora—. Lo
extraño.
El temor se hincha en la parte posterior de mi garganta, y en mi piel
brota un sudor enfermizo. Él lo sabe. Dios mío, él jodidamente lo sabe.
Su mirada fija en la mía, su tono amargamente suave.
»Jódete. —Empujando sus manos en sus bolsillos, él se aleja—. Que
tengas una buena vida.
411
Contengo mi respiración mientras su oscura silueta cruza el
estacionamiento y se derrite en las sombras de la calle. El camino que lo
Página
llevará a la parada del autobús. A donde quiera que vaya. Esperemos que
a un lugar donde se olvide de mí y el hombre a mi lado.
El agudo susurro de Emeric me sacude de mi inmovilidad.
—Entra en el auto.
412
Página
A
prieto el paso, corriendo más fuerte, más rápido, dejando que
la quemadura penetre profundamente en mis músculos. La
pantalla digital en la cinta de correr marca catorce kilómetros.
Tengo tres kilómetros más por recorrer, pero podría cortarlo brevemente esta
mañana. Es sábado, y estoy ansioso por arrastrarme a la cama con Ivory.
Todavía estaría con ella si mi despertador interno no me hubiera
despertado. O tal vez fue una pesadilla. Despierto o dormido, no puedo
sacudir esta sensación crónica de temor.
Han pasado cinco días desde que Shane Westbrook desapareció. Salió
del estacionamiento y bum. Desapareció. Después de subir a Ivory en su
auto, conduje por las calles, buscándolo. Luego le encomendé la búsqueda
a mi Investigador Privado.
No ha habido ninguna señal de él en la casa, la suya o la mía, en los
bares de Treme o en cualquier lugar de Nueva Orleans.
De todas las formas en que podría exponer mi relación con Ivory, me
pregunto repetidamente, ¿por qué lo haría? No tiene nada que ganar,
excepto mis represalias. ¿Por qué morder la mano que paga sus cuentas?
Hacerlo solo le haría perder la casa de su padre, que parecía ser el propósito
de su visita sorpresa. Eso, y decirle adiós a Ivory.
413
Buen jodido viaje.
Página
El peso de mis zapatillas deportivas acompaña mi respiración mientras
mis pensamientos se adelantan a esta noche. La Celebración de Fin de
Cursos del Área de Música será un evento agotado. Ivory está años por
delante de sus compañeros y es demasiado talentosa para los conciertos
que interpreta.
Pero espero estar allí. Quiero estar a su lado esta noche y todas las
noches después, con una vista cercana de cada momento en que ella se
estremece bajo las luces de sus sueños.
A mitad de mi enfriamiento, el timbre suena. Golpeo el botón de
parada y agarro una toalla, mi pulso acelerado.
La puerta de seguridad no abarca la entrada principal, así que
cualquiera puede caminar hasta la puerta desde la calle. ¿Quién demonios
estaría aquí a las siete de la mañana?
Corro a través de la casa, limpiando el sudor de mi pecho desnudo y el
cuello.
Ivory se encuentra junto a la puerta principal abierta, de espaldas a mí,
su silueta con una aureola por el amanecer.
¿Qué carajos está haciendo ella aquí? Está bloqueando mi visión de
quien está en el porche. Si es alguien de la escuela…
—Soy amiga de Emeric —dice una conocida voz felina.
En tres pasos, llego a la puerta y encuentro los vivos ojos avellana de
Deb. Ella pasó algo de tiempo arreglando su cabello castaño claro al estilo
bob esta mañana, sus tetas llenas y piernas bien formadas resaltan en el
delgado vestido.
Sospecho que esta visita es una mezcla de negocios y placer.
—Deberías haber llamado.
414
—Pensé… —Su sonrisa revela sus sucios pensamientos. Se desliza
cuando encuentra la mirada de Ivory—. No sabía que tenías compañía.
Página
No es de su incumbencia con quien paso mi tiempo. Pero ella es buena
persona, y no tengo razón para ser un idiota.
Ivory cruza sus brazos bajo su pecho, sus pechos amenazando con
salirse de su diminuta camisola. Luego vuelve la mirada hacia mí.
—¿La conoces?
—Sí. —Agarro el músculo en la parte posterior de su brazo y aplico una
presión de advertencia—. Esta es Deb.
Ivory ajusta su mandíbula y amplía su postura en descarados
pantalones cortos de dormir que revelan más culo de lo que cubren. Mi polla
se contrae.
»Ivory. —Espero a que ella me mire—. Deb y yo tenemos algunas cosas
que discutir. Ve a poner el café.
Ella presiona los labios, estudiando a Deb por debajo de sus pestañas,
y luego se dirige hacia la cocina.
Estoy tentado a tirar de esos sexys diminutos pantalones cortos y
desnudar su jodido culo.
En el momento en que desaparece a la vuelta de la esquina, Deb entra
y acaricia sus manos sobre mis pectorales.
—Dios, te he echado de menos.
Aferro su muñeca y la guío hacia atrás, endureciendo mi expresión con
una mirada que hace que su postura se marchite.
Ella retuerce su brazo hasta que la suelto, decepción arrugando su
rostro.
415
»¿Quién es ella?
Cierro la puerta principal.
Página
—Ella es algo serio.
—Ya veo. Ella también es un poco territorial, ¿no crees? ¿Dónde la
encontraste?
—Dónde no es importante. Lo que importa es que no va a ninguna
parte.
Ella escanea mi rostro, y sus hombros caen.
—Jesús. ¿La amas?
Tampoco es de su incumbencia. Me doy la vuelta y me dirijo hacia la
cocina, esperando que ella me siga.
—¿Conseguiste la grabación?
Ella me alcanza, mete una mano en su bolso, y sostiene una memoria
usb.
La agarro de su mano, esperando como el infierno que nunca tendré
que usarla.
En la cocina, Ivory se inclina sobre mi cafetera Astra de varios miles de
dólares, entrecerrando los ojos en todos los interruptores. Cuando levanta la
vista, su atención se enfoca en Deb, y un músculo rebota en su mejilla.
Ella se vuelve a centrar en mí, su dedo apuñalando los botones.
—Esta cosa no funciona.
Siento mi sonrisa hasta el final de mi polla.
—¿Pusiste dentro los frijoles?
—¿Frijoles? —Ella mira fijamente el embudo en la parte superior—.
416
¿Esto?
Página
Adorable. Con mis manos en sus caderas, la muevo a un lado.
Deb se instala en la isla detrás de nosotros.
—Bonito lugar.
La confirmación de que nunca estuvo aquí debería calmar algunos de
los celos de Ivory. Le echo un vistazo.
Nop. Los brazos de Ivory vuelven a una posición cruzada bajo sus
ardientes tetas.
Centrándome en el café, nivelo los frijoles en la cuchara, descartando
los que se levantan sobre el borde. Es un hábito poco práctico, uno de los
que disfruto por la trivialidad pura.
—¿Sesenta frijoles? —pregunta Ivory.
—Sí. —Comparto una sonrisa con ella, maravillada por la riqueza de su
mente—. Si lleno la cuchara hasta el borde.
Deb nos mira desde la isla.
—¿Por qué sesenta?
Ivory se apoya contra la encimera.
—Beethoven contaba sesenta frijoles cada vez que preparaba café. Él
afirmó que eso hacía la taza perfecta. —Ella levanta sus cejas hacía mí—.
Era rígidamente meticuloso.
Está tratando de insultarme, pero sé que ama mi atención al detalle.
—¿Entonces... Ivory? —Deb se sostiene la barbilla en la mano—. ¿Eres
músico, como Emeric?
—Sí. —Ivory sonríe, dulcemente—. Emeric y yo fuimos juntos a Leopold.
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¿Qué está haciendo?
Página
Su sonrisa no parece tan dulce cuando mira en mi dirección.
»Aún le cuesta aceptar que me gradué con calificaciones más altas
que él.
Muerdo el interior de mi mejilla. Voy a pegarle tan duro que verá triple.
Con el café preparado y vertido, Deb dedica los próximos veinte
minutos a describir su adúltera aventura con el esposo de la decano,
Howard Rivard. Ha estado follando al señor Rivard durante semanas, sin su
conocimiento de las grabaciones o sospechas de chantaje. Es más que
suficiente.
Ivory se niega a unirse a nosotros en la isla, manteniendo su posición
obstinada contra la encimera de atrás. Durante las cuentas de Deb, la
expresión de Ivory se transforma entre la conmoción y disgusto, todo
manteniendo una pesada mirada de antagonismo.
Deb parece distraída, su atención completamente enfocada en mí.
—Para ser un viejo, es muy viril. —Me guiña un ojo—. Pero no es nada
como usted, señor.
Ivory avanza hacia la isla y golpea con una mano la superficie, la otra
señalando temblorosamente a Deb.
—¿Quién es ella para ti?
Echando un vistazo a mi muñeca, me doy cuenta de que no estoy
usando mi reloj. Pero sé que aún es temprano. Tendré mucho tiempo antes
de su actuación para sacar un castigo apropiado.
Pretendiendo ignorar el estallido de Ivory, me pongo de pie.
—Gracias, Deb, por ver esto.
Se levanta, mirando a Ivory y de nuevo a mí, con los labios fruncidos.
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—Esto es todo, entonces.
Página
—Lo es. —Solo hay una mujer en mi futuro, y ella tiene una cita con unos
azotes—. Te acompañaré.
La mirada furiosa de Ivory me sigue hasta el vestíbulo hasta que doblo
la esquina. Le extiendo a Deb mis buenos deseos en la puerta, cierro con un
aliviado suspiro de conclusión, y regreso a la cocina.
Ivory camina a lo largo de la encimera, las manos empuñadas a sus
costados.
—Has tenido sexo con esa mujer. Eso es bastante obvio. Pero ¿qué más
está pasando? ¿Por qué hace cosas por ti? —Su tono se eleva a un tono
maníaco, sus pasos se aceleran mientras gira alrededor de la isla—.
Correcto. Porque ella te desea. Está tan jodidamente caliente por ti que
estoy sorprendida de que no sacara tu polla y chupa…
—Ivory.
El impacto de mi voz la lleva a detenerse.
Entrelazando los dedos detrás de la espalda, le doy una lista de órdenes
cortas y específicas y lo puntualizo con un seco:
»Ve.
Un rubor se extiende desde su cuello hasta su pecho, y apuesto a que
viaja más abajo y lame su dulce coño como un beso caliente y húmedo.
Ella quiere lo que le ofrezco más de lo que le teme.
Se aparta de la cocina. Vierto otra taza de café.
Sus necesidades, deseos y temores corren profundamente. Tan
profundo que fácilmente podría perder su camino en la oscuridad. Ella
necesita una cuerda, no una que la ate a su espantoso pasado, sino una
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fuerte e irrompible línea para guiarla hacia adelante. Las ataduras podrían
hundirla, pero estoy tirando del otro extremo.
Página
Nunca la dejaré ir.
Con Schubert a mis pies, le hago un plato con el pollo sobrante,
sonriendo ante el recuerdo del tono severo de Ivory cuando se mudó. ¡No
sobras de la mesa, Emeric!
Sentando al gato en mi regazo, lo dejo comer del plato de pollo en la
isla. Es un secreto inofensivo entre Schubert y yo.
Me rasco el cuello mientras come y disfruto de mi café. Cuando ha
terminado, tomo una ducha y me pongo un par de jeans. Luego agarro mi
cinturón favorito, un trozo de cuerda, y la encuentro esperando en la sala
de música.
Desnuda y doblada sobre el teclado del piano, apoya las palmas en la
tapa junto a los puños. Exactamente como le dije. Su enojo podría ser mi
combustible, pero su obediencia es mi jodido fuego.
Sin hablar, encierro sus muñecas en las esposas y uso la cuerda para
atar un sencillo arnés de pecho alrededor de su pecho, asegurándome de
que las secciones verticales presionen contra sus pezones. Ella me observa
con enormes ojos marrones, su curiosidad momentáneamente supera su ira.
Una vez que sus enormes tetas están atadas hacia arriba, aprieto las
correas, cinchándola contra el piano hasta que su pecho roza el teclado.
Cuando tomo mi posición detrás de ella, la erótica visión pone mi
excitación en la cúspide de la detonación.
En burlones roces, trazo el cinturón a través del perfecto ascenso de su
trasero.
»¿Cuáles son las primeras reglas que te enseñé?
Con su mejilla presionada en la superficie del piano, sus labios sueltan
un fuerte suspiro.
420
—Sin mentiras. No cuestionar tus métodos. Nunca mirar hacia otro lado
Página
—Estira su cuello para mirarme—. Y siempre gritarte por ser un idiota.
Balanceo el cinturón, mi polla palpitando dolorosamente por el sonido
de su grito.
—Discúlpate.
—Jódete. Esa es mi regla, y se queda. Lo que sea que estás haciendo
con esa mujer... —Su barbilla tiembla, su voz un gruñido enojado—. Eres un
idiota.
Reprimo mi sonrisa y le doy otro duro golpe.
—Doblaste tus golpes. Dime qué estaba pasando por tu jodida cabeza
testaruda cuando abriste la puerta.
—Revisé a través de la ventana primero. Nunca antes la había visto. No
en la escuela o...
—¿Estás segura de eso? ¿Puedes identificar a cada padre de cada
estudiante?
Aprieta sus ojos y gruñe.
—No.
—Lo jodiste.
—Sip.
—No riesgos innecesarios, Ivory.
—Está bien. —Mece sus caderas.
Dejo volar el cinturón, azotando, y golpeando su culo como un tambor,
cada golpe llenando la habitación con sus gemidos musicales.
Cuando sus nalgas brillan calientes y rojas, me inclino sobre la curva de
421
su columna vertebral, abrazo fuertemente su torso, y la dejo sentirme
respirando con ella. Mis labios tocan su hombro, y su inhalación tartamudea.
Página
Ahueco su pecho, aplastando la cuerda alrededor de su pezón, y ella muele
su febril culo contra mi polla encerrada.
La sostengo ahí, acariciando y besando, hasta que sus respiraciones
caen a ritmo con las mías.
—Cuando conocí a Deb en el verano, ella tenía algunos problemas
financieros. Pagué su deuda, y me hizo unos cuantos favores. Nuestra
relación era física, práctica, y conveniente. —Lamo la suave piel en su
cuello, acariciando su oreja con un tono murmurante—. No hemos sido
íntimos desde que la escuela empezó.
Asiente, su cuerpo levantándose por completo hacia mi voz,
temblando bajo mis labios, y ronroneando por mi toque.
—Imaginarte con ella me hace sentir realmente alterada.
Bienvenida a mi mundo. Con el cinturón en mi agarre, la provoco con
él, arrastrando el cuero arriba y abajo de la V en sus muslos internos.
—Nunca la verás otra vez.
—Gracias a Dios.
La libero abruptamente y doy un paso atrás.
—Yo, por otro lado, tengo que pasar horas cada día con Prescott,
Sebastian, y todos los otros idiotas que te han tocado.
—Mierda. —Cierra sus ojos—. Nunca pensé en eso.
Balanceo el cinturón de nuevo, una y otra vez sin pausa. Ella se tensa,
gime, salta en las restricciones. Mi polla pulsa con el sonido de cada duro
golpe, mi atención atrapada en el meneo de su hermoso culo mientras
alterno entre sus cachetes, muslos, y los lados de sus piernas.
422
En minutos, se sumerge en el dolor, sus músculos relajándose, toda esa
Página
suave piel dorada un lienzo de rayas rosadas.
Cada chasquido de los calientes golpes es un recordatorio de que no
es la única que se siente celosa, posesiva, y alterada. Pero hay un propósito
más profundo para el dolor. Le da el poder de abrir su mente. De reparar
heridas emocionales infringidas por hombres que la usaron. De poner todos
sus miedos en mis manos, confiando en mí para protegerla.
—Por favor, Emeric. —Inclina su cuello para mirarme, sus ojos
entrecerrados y nublados en una bruma de agonía y placer.
Su mirada suplicante y la hambrienta prisa de sus respiraciones sacuden
una corriente primitiva a través de mí. Amo follarla, pero nada se compara
a este momento mientras me ruega con una expresión velada, sus dedos
curvándose contra las esposas, y su excitación filtrándose por sus muslos.
Agarro la cuerda en su espalda y aprieto el arnés sobre sus pezones,
estimulándola hasta que libera un ronco gemido. Entonces la azoto otra vez,
disfrutando el vínculo en nuestro contacto visual.
Ella es mía, y su mirada me dice que sabe esto, su cuerpo temblando
para que la tome y empuje. Castigarla tan dolorosamente que llore solo por
mí, sabiendo que la mantendré a salvo de cualquiera que desee herirla.
Cuando las lágrimas finalmente llegan, se desploma sobre el teclado y
deja caer su cabeza en la tapa del piano. Su piel se sonroja y tiembla, sus
caderas rodando con necesidad sin sentido. Es tan jodidamente cautivante
que dejo caer el cinturón, incapaz de ralentizar mi urgente frenesí de
remover mis jeans.
Forcejeo la mezclilla por mis piernas y fuera de mis pies. Entonces me
lanzo a ella, sumergiendo dedos dentro de su húmedo coño y extendiendo
sus piernas. Gime y se muele contra mi mano, poniéndome tan maldita-
mente duro que no tengo la paciencia para desacelerar esto.
423
Empuño mi polla con dedos temblorosos, alineo nuestros cuerpos, y me
entierro en una larga estocada. Gemimos en concierto, nuestras caderas
Página
estrellándose juntas y profundizando la conexión. Cristo, se siente tan
jodidamente bien. Conduzco más duro, hundiendo y retirando, obsesionado
y cautivado con el ceñido apretón de su coño.
Deslizando mis manos sobre sus brazos, ensancho mis pulgares bajo las
esposas y entrelazo nuestros dedos. Se agarra a mi apretón y se reprime
alrededor de mi polla, sus respiraciones un adorno musical de deseo.
Sus reacciones, sus emociones, cada movimiento que hace me
pertenece. Completamente bajo mi mando para doblegarse a mi voluntad.
Me posee, también, en todas las mismas formas. Soy suyo.
Inclinándome sobre su espalda, le muestro a través de la calidez
retorcida de mi cuerpo que me posee. Mientras golpeo dentro ella, perdido
en su calidez, descansa su mejilla en el piano y jadea con sus ojos cerrados.
Su suave boca, la sensación de su cuerpo contra el mío, y la felicidad de sus
músculos apretados a mí alrededor me impulsan hacia la liberación.
—Vamos a corrernos, Ivory. —Golpeo mis caderas y aprieto mis dedos
alrededor de los suyos mientras la presión en mi polla se construye,
amenazando con explotar—. Ahora.
Con su mente y cuerpo a mi cargo, salta sobre el borde conmigo,
gimiendo y jadeando mientras nos hundimos juntos en una explosiva y
temblorosa armonía de placer.
Deslizo mis labios por su columna vertebral, revistiendo su piel con la
fuerza de mis respiraciones. Es tan sensible, temblando contra mi toque.
Joder, amo eso, casi tanto como la forma en que se presiona en las
restricciones para arquearse en el roce de mi boca. Me quedo ahí,
sosteniéndola en alivio saciado, hipnotizado por el lenguaje lírico de nuestros
latidos.
Eventualmente, salimos de nuestro estado de felicidad exhausta.
424
Después de desatarla, desayunamos y volvemos a la cama en un nudo
entrelazado de miembros. Ahí, le hago el amor sin lucha o urgencia. Mis
Página
caderas se mecen perezosamente entre sus muslos, sus tobillos cruzados en
mi espalda, y mi mente se deleita por la sensación erógena de ternura.
Puedo follarla suavemente o violentamente, misionero o por detrás. No
importa mientras esté dentro de ella, con ella, conectado a ella en cada
nivel.
Demasiado pronto, el sol se inclina a través de la ventana y se sumerge
en el horizonte. No quiero dejar el capullo de su cuerpo, pero es hora de
alistarse.
Bañado, afeitado, y preparado, me paro en el vestidor en mi esmoquin,
jodido con el corbatín alrededor de mi cuello. El sonido de sus pisadas
saliendo del armario le da vuelta a mi cabeza.
El primer vistazo detiene mi corazón. Mientras absorbo la vista, mi pulso
se reinicia, latiendo más fuerte, más rápido, y golpeando el timbre de total
y absoluta adoración.
Metida en encaje de marfil, el vestido Louis Vuitton envuelve su figura
desde el collar bateau hasta los zapatos de cristal en sus pies. Compré el
vestido después de la primera vez que la escuché tocar, sabiendo sin
ninguna duda que lo usaría para la presentación de esta noche en un teatro
agotado.
—Gira... —Mi voz se quiebra. Toso detrás de mi puño—. Date la vuelta.
Una tímida sonrisa levanta sus labios mientras gira. Su largo cabello
oscuro se envuelve en un elegante moño desordenado en la parte posterior
de su cabeza, con rebeldes bucles bajando por su cuello. Delgadas tiras de
marfil serpenteaban por sus hombros, dejando la extensión de su espalda en
hermosa exhibición.
Florituras negras de tinta trazan una elegante, serpenteante vid de su
cintura a su nuca, florituras arremolinadas sobre su columna vertebral y
425
alrededor de sus omóplatos. Es tan malditamente llamativa, mi pecho arde
con el recordatorio de respirar.
Página
Cruzando la habitación hasta que estoy justo sobre ella, rozo mis labios
a lo largo de su hombro.
»Tan hermosa que estoy temblando.
La dejo sentir los temblores en mis dedos mientras trazo la delicada
ilustración en su columna vertebral.
Tararea suavemente, su cabeza inclinándose.
—El tatuaje fue mi primer arreglo.
Me congelo, luego reanudo mi caricia, mi estómago retorciéndose.
—Tenías trece.
—Sí. Lo conseguí después de que mi papá murió. —Su mano se estira
hacia atrás y encuentra la que está a mi lado, trayéndola hacia delante
para apoyarla en su cadera—. Justo después de que Lorenzo...
La sola mención de su nombre me hace querer golpear mi puño en su
rostro hasta que se ahogue en su sangre.
Sus hombros se tensan, tranquila.
—El tatuador se negó por mi edad. Hasta que sugerí un diferente tipo
de pago.
Continúo trazando las espirales de tinta, dejando que la suavidad de
su piel calme mi creciente ira.
—Le ofreciste sexo.
Asiente.
—Necesitaba este tatuaje.
426
Con su espalda hacia mí, no puedo ver sus ojos, pero la emoción en su
Página
voz aprieta mi pecho.
»Mi papá afirmaba que no solo escuchaba las notas cuando tocaba.
Podía verlas curvándose a través del aire como volutas. Cada canción era
una imagen gráfica en su mente, y dibujó esa ornamentación en los
márgenes de sus partituras.
Cuando yo tenía trece, juagaba con mi polla mientras soñaba con una
chica —cualquier chica— tocándola.
Cuando ella tenía trece, vendió su cuerpo a un tatuador por un
recuerdo permanente de su padre muerto.
Miro hacia la curva de su espalda, mi dedo siguiendo los bucles de tinta
con nueva apreciación.
—¿Qué canción es esta?
Me da una sonrisa llorosa sobre su hombro.
—Su favorita de Herbie Hancock, Algún Día mi Principe Vendrá.
No soy un príncipe, pero cuando estoy enterrado dentro de Ivory,
siempre me vendré.
Parándome a su alrededor, remuevo un brazalete de platino de mi
bolsillo y lo abrocho alrededor de su mano.
La estudia con ojos amplios, sosteniendo el pequeño amuleto de rana
entre sus dedos.
—Edvard Grieg mantenía una estatuilla de rana en su bolsillo todo el
tiempo.
Curvo una mano alrededor de su cintura, dedos acariciando su
espalda desnuda.
427
»Y la frotaría antes de los conciertos para la buena suerte.
Asiente y me besa, respirando contra mis labios.
Página
—Gracias.
Esa noche, toca con más pasión y habilidad que todos sus compañeros
combinados. Stogie mira desde la audiencia, su rostro estirada en una gran
sonrisa. Veo desde los bastidores del escenario, mi corazón latiendo a
tiempo con sus dedos.
Todo está bien.
Joanne, Shane, y Lorenzo desaparecieron. Prescott y la señorita
Augustin están incluidos. La decano no tiene nada sobre mí, mientras que
yo tengo suficiente chantaje para arruinar su carrera. He sido demasiado
cuidadoso.
Todo está perfecto.
Demasiado perfecto. Como si la vida me hubiera dado una canción
llena de profunda alegría y me dijera que disfrutara cada nota.
Porque eventualmente, la canción terminará.
428
Página
L
a navidad viene y se va en una bruma de regalos extravagantes y
sonrisas cálidas en la casa de sus padres. Emeric y yo pasamos el
resto de nuestras vacaciones de dos semanas en casa, en la
cama, metidos en una burbuja indestructible de felicidad de susurrar, tocar,
besar. Cada segundo con él se siente como un sueño, como que en
cualquier momento, alguien cruelmente va a sacudir mi hombro y forzarme
a despertar.
Desde que me mudé, nuestros viajes fuera de la casa han estado
limitados a la escuela, visitas semanales a Stogie, y cenas de fin de semana
con los Marceaux. No hay noche de citas en el cine, cenas románticas en
el barrio francés, o paseos de la mano por el río Misisipi. Hacemos algo
normal en la privacidad de nuestro mundo, como engancharnos con una
serie de televisión protagonizada por piratas barbudos con dientes
perfectos.
Realmente no importa qué hacemos mientras lo tenga para hacerlo
con él.
Cuando me gradúe, seré libre de restricción estudiante-profesor. No
más esconderse y vivir en miedo. ¿Entonces...?
Dice que Leopold es mío si lo quiero. No sé cómo. Si rompe su trato con
la decano, nuestro mundo entero vendrá estrellándose. Pretendo perseguir
429
un puesto ahí por mi cuenta. Tal vez me tomará años. Tal vez me mudaré ahí
y golpearé en las puertas de los reclutadores cada día hasta que se cansen
Página
de verme.
Dice que se mudará a Nueva York conmigo mientras trabajo en mi
título. Eso hace a mi corazón elevarse, pero no puedo pedirle que deje su
trabajo y s su familia.
Dice que puedo hacer lo que sea en que ponga mi mente. Le creo.
Diciembre termina un paso discordante en mi vida, una coda a Treme
y mi destrozada familia.
Enero es el preludio de una nueva canción, prometiendo un año de
duras decisiones.
Febrero pasa deslizándose en un glissando de tareas, lecciones de
piano, y noches silenciosas con Emeric.
Marzo comienza con una cuenta regresiva para las vacaciones de
primavera, inusualmente cálido clima, y...
Una infección urinaria.
En cuclillas en el inodoro, me encorvo de dolor. No me he movido por
treinta minutos, cada pequeña gotita de orina arde como fuego entre mis
piernas.
—Voy a llegar tarde a la escuela.
Emeric se agacha enfrente de mí y apoya el dorso de su mano en mi
frente, preocupación oscureciendo sus ojos azules.
—Todavía no hay fiebre, pero te vas a quedar en casa, y eso es todo
—Empuja un vaso de agua en mi mano—. Bebe.
Más agua significa más orinar, lo que significa más quemadura.
—No más.
430
Fija mis dedos alrededor del vaso, forzándome a sostenerlo.
Página
—Deshidratación es la razón por la que estás aquí sentada.
—Y demasiado sexo. —Consigo una sonrisa y tomo un sorbo.
—Nada de eso —Sus palmas se deslizan por mis muslos desnudos,
acariciando tiernamente—. Sigue bebiendo.
Bajo el fluido con una mirada. El cabello negro en la cima de su cabeza
es una rebelión de sexualidad rastrillada por los dedos, mientras los lados
recortados gritan pulcro Señor Profesor. Con su mandíbula recién afeitada,
esencia potentemente masculina, y ostentosos chaleco y chaqueta gris,
está listo para enfrentar el mundo. O al menos, una escuela llena de
adolescentes privilegiados.
Mi sucia cola de caballo cuelga por el frente de la única cosa que
estoy usando: su camiseta de Guns N' Roses. No estaré lista para ir a ningún
lado pronto. Mi estómago se hunde. Por primera vez en cuatro años, voy a
perderme un día de escuela.
»Sé que duele. —Toma el vaso, lo pone en el suelo, y roza su pulgar
sobre mi labio inferior—. Mi papá está trayendo medicina.
Mi cuerpo se aprieta contra una aguda ola de dolor, liberando otro
flujo de orina. Gruño, mis ojos aguándose a través de la terrible quemadura.
»Al carajo. —Alcanza el nudo de su corbata—. Me voy a quedar aquí.
—¿Para qué? —Agarro su mano, deteniendo su ataque en el cuello de
la camisa—. ¿Qué harás? ¿Sentarte aquí y verme orinar todo el día?
Sus ojos brillan.
—Sí.
—Terrible idea. —Enredo nuestros dedos y los sostengo entre mis
rodillas—. ¿Cómo luciría si no estamos ambos? Ninguno de nosotros nunca
431
falta a la escuela. La gente lo notará.
Arrastra su mano libre por su rostro, su expresión dolorida. El secreto de
Página
nuestra relación, verme enferma, dejarme sola, todo eso lo atormenta.
Me inclino hacia adelante y beso su boca, deseando que mis dientes
estuvieran limpios.
»Esto es lo suficientemente vergonzoso sin tus ojos de halcón en todo mi
asunto.
Realmente no es tan malo. Estoy bien acostumbrada a su invasividad.
Así sea que esté en mi periodo o usando el baño, no tiene concepto de
límites personales, siempre revoloteando, interrogando, y examinándome
por dentro y por fuera. Lo entiendo, sin embargo. Porque estoy así de
obsesionada con él.
Enderezando mi espalda, uso una de sus órdenes favoritas.
»Ve.
Espero que su barbilla se endurezca y su voz quiebre las paredes en su
indignación. Pero lo que encuentro en sus ojos es algo totalmente diferente.
Algo que ha estado extendiéndose entre nosotros por meses, duplicándose
en tamaño cuando estamos juntos, y creciendo en fuerza cuando estamos
separados. Como si finalmente lo suficientemente atrevido, todo lo que
hemos sentido por el otro se reúne entre un sentimiento monumental y brilla
desde su mirada.
Envuelve sus manos alrededor de mis caderas.
—Te amo.
Ahí está. Dicho sin fuegos artificiales, recibido sin lágrimas sentimentales,
y absorbido sin el rebote de truenos distantes.
Es simple, real, y justo ahí al aire libre.
En un baño.
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Agarro su rostro, ojos conectados, corazones latiendo en sincronía.
Página
—¿Esperaste hasta ahora para decirme eso?
La comisura de su boca se levanta.
—No es como si no lo supieras ya.
—Sí, pero una chica no olvida la primera vez que su flechazo dice esas
palabras. —Lucho con una sonrisa—. Siempre recordaré este momento con
la imagen de un asiento de inodoro imprimiendo un círculo en mi culo.
Apoya su frente contra la mía.
—¿Dijiste flechazo?
—No solo un flechazo —Toco nuestros labios juntos—. Un flechazo por
mi ardiente profesor, quien también pasa a ser mi arrogante Amo. Y el
hombre que amo.
No importa si estoy sentada en un inodoro, extendida en su piano, o a
horcadas en su regazo. Este es nuestro mundo secreto, y es más significativo
que cualquier aspiración que alguna vez he establecido para mí. Nuestra
relación no es práctica o conveniente. Y no es solo física. Nos necesitamos
el uno al otro, no porque nuestros cuerpos encajen tan bien juntos, sino
porque nuestros corazones laten con la misma melodía, por la misma razón.
—Dilo —respira.
—Te amo. —No soy la primera mujer que le ha dicho esas palabras,
pero me aseguraré jodidamente de ser la última. Rastrillo mis dedos por su
cabello—. El tipo de amor que no termina en traición.
Sus manos se aprietan contra mis caderas.
—No terminará por nada. Nunca.
Me besa apasionadamente, con añoranza, su boca moldeándose
contra la mía como si estuviera tratando de transmitir la profundidad de sus
433
palabras. Me besa hasta que mi vejiga aúlla otra vez.
Página
Persistiendo más de lo que debería, me mete en la cama y acumula la
mesa de noche con comida y agua. Entonces deja la habitación y vuelve
unos minutos después con Schubert metido en sus brazos.
Me curvo en mi costado, sonriendo a pesar de la incomodidad.
—Pensaste en todo.
—No todo. —Poniendo a Schubert a mi lado, acaricia al gatito que
ronronea con perezosa satisfacción—. No he descubierto una forma de
quedarme en casa contigo.
—Vas tarde, Señor Marceaux. Vete de aquí.
Presiona un beso duradero en mis labios.
—Papá tiene su propio código para entrar, así que quédate aquí arriba.
Duerme un poco. Estará aquí pronto.
Cierro mis ojos y acaricio a Schubert, tratando de ignorar la irritante
urgencia de orinar otra vez. Siento a Emeric rondando en la entrada por un
silencioso momento antes de que sus pasos se desvanezcan por el pasillo.
El pitido de la alarma me dice que la activó. El golpe de la puerta
marca su frustración sobre irse.
El sueño me arrastra en minutos. Es una clase de sueño desorientado,
incómodo que me hace rebotar entre la conciencia y el país de los sueños.
Minutos pasan, o tal vez horas, mientras mi mente reproduce la ternura de
Emeric mientras mi cuerpo le ruega que libere mi vejiga.
En algún punto, el sistema de alarma suena su retraso de entrada de
treinta segundos, chasqueando mis ojos abiertos. Me fuerzo a levantarme y
hago un loco lanzamiento al inodoro. Después de una gran cantidad de
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engañoso alivio y dolor abrasador, me debato en buscar un par de
pantalones cortos. Al menos, debería ponerme ropa interior.
Página
Que se joda. Estoy enferma, él es un doctor, y el armario está
demasiado malditamente lejos. Estirando la camiseta por mis muslos, ruedo
bajo las sábanas y espero la bendita entrega de la medicina.
Debo haberme dormido. Schubert salta de la cama, sorprendiéndome
en un estado parpadeante de atontamiento mientras trato de dar sentido
a la silueta en la entrada.
Jeans. Camiseta negra con cuello en V. Piel oscura. Brazos reforzados...
miro fijamente el tatuaje de Destruir en su cuello y me ahogo.
¿Estoy soñando? ¿Teniendo una pesadilla? Esto no puede ser real.
Interiormente, me doy un vistazo. Mi corazón está latiendo, pulmones
jadeando, garganta apretada. Esto realmente está pasando. Un espasmo
convulsiona por mi cuerpo.
Lorenzo me devuelve la mirada con ojos enormes.
—Se supone que estés en la escuela.
Hielo satura mis venas mientras me apresuro hacia atrás, arrastrando la
sábana conmigo.
—¡Se supone que estés en prisión!
Inclina su cabeza hacia un lado y toma un paso en la habitación.
—¿Cómo sabes de eso?
—¿Por qué estás aquí? ¿Qué quieres? —Con respiraciones ásperas,
empujo una mano bajo las cobijas y escarbo. ¿Dónde está mi teléfono?
Joder, sé que Emeric lo dejó a mi lado. ¿Dónde está? ¿Dónde está?
Se escabulle en la habitación y se detiene enfrente del armario. La
cama está en el centro con el baño en el otro lado de la puerta. Hay una
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cerradura en esa puerta. Hago mi camino por el colchón en esa dirección.
Página
Manteniendo su cuerpo inclinado hacia mí, mira dentro del armario, su
vil mirada manchando todo lo que mira.
—Shane y yo hemos estado inspeccionando el lugar.
¿Shane...? ¿Inspeccionando...? Mi cabeza gira mientras en secreto
busco a través de las sábanas. ¿Dónde está mi maldito teléfono?
Sus ojos se aferran a mis temblorosas manos, y me congelo. No quiero
darle ninguna razón para atacarme.
¿Está Shane en la casa? ¿Están aquí para robar a Emeric? Lorenzo fue
arrestado por robo, pero....
—¿Cómo entraste?
Lentamente muevo mis piernas bajo las cobijas, esperando toparme
con mi teléfono mientras sutilmente me muevo al borde más cerca al baño.
Lorenzo cruza sus brazos sobre su pecho y me estudia.
—Conozco estos sistemas de alarma. Hay un código maestro, así como
códigos asignados a cada usuario. Shane adivinó el tuyo en el tercer intento.
La fecha en que mi papá murió. Mi corazón se derrumba.
Él sisea.
»El vínculo más débil en seguridad es siempre el humano.
Sofocante dolor aprieta mi pecho. ¿Por qué está pasando esto? No
podré soportarlo si me toca otra vez. ¿Qué demonios voy a hacer?
Mis ojos se difuminan con lágrimas.
—Tienes que irte. Estoy esperando una entrega en cualquier segundo.
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Merodea más cerca.
Página
—Tu hermano está afuera vigilando.
¿Y Shane no sabe que estoy en casa? Joder. Joder. Joder.
Me deslizo más cerca del borde, desenredando mis piernas de las
cobijas.
Lorenzo se detiene a tres metros de la cama, mirándome.
»No hagas nada estúpido, Ivory. Sé que el ricachón con el que estás
enredada está en la escuela. Tenemos horas antes de que venga a casa
—Su sonrisa forma una grieta viciosa en su rostro—. Me debes meses.
Cambiando de curso, gira hacia el pie de la cama. ¿Anticipando mí
escapada al baño? Es más rápido, más fuerte. Si corro, me golpeará ahí.
»¿Dónde está la caja fuerte? —pregunta mientras rodea el colchón.
Está en la oficina de Emeric, y conozco la maldita combinación. Pero
no solo tomará el dinero. No ahora que me ha visto. Sacudo mi atención
hacia el armario.
Él sigue mi mirada, su cuerpo girándose, distraído.
Paso medio segundo escaneando las cobijas por el teléfono antes de
largarme de la cama y correr como el infierno hacia el baño. Corazón
corriendo, derrapo a través de la entrada mientras me persigue, gritando:
—¡Ivory!
Estoy hiperventilando para el momento en que la puerta se cierra de
golpe. Golpeo el bloqueo. Y otra vez. Entonces retrocedo, mareada, con
nauseas, luchando para respirar. ¿El marco de la puerta aguantará? La
moldura luce gruesa y fuerte. ¿Pero mantendrá a Lorenzo fuera?
No por mucho.
437
Su puño golpea la puerta.
»¡Ivory! ¡Ábrela, maldita sea!
Página
Giro, escaneando el baño por escape, autodefensa, un arma. La
ventana de media luna es demasiado alta, demasiado pequeña,
demasiado irrompible. Abro los cajones y gabinetes, buscando algo,
cualquier cosa.
Oh Dios, esto no puede estar pasando. ¿Cómo salió de prisión? ¿Por
qué eligió esta maldita casa?
Shane.
El egoísta hijo de puta sabía que vivía con Emeric. Ha estado
desaparecido por tres meses. Más que suficiente tiempo para averiguar
dónde vivo. O tal vez lo ha sabido todo el tiempo.
Los pesados golpes en la puerta endurecen mi estómago.
»Ivory, si no abres la maldita puerta, vamos a tener que hacer esto de
la forma difícil.
Un escalofrío barre por mi columna vertebral. Los golpes se detienen.
Levanto un cepillo de dientes y lo descarto por un cepillo de cabello.
¿Qué demonios voy a hacer con esto?
»Aquí, gatito gatito —llama Lorenzo, suavemente.
El cepillo golpea el suelo mientras toda la sangre en mi cuerpo se
apresura a mis pies. No no no.
»Sal, Schubert.
Su dulce voz falsa y gentiles sonidos de persuasión retuercen mis
entrañas e inundan mis ojos con lágrimas. Entonces él silba, usando el mismo
llamado de gato que me ha escuchado usar por años.
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Todo dentro de mí se tuerce en horror. Vuelo a la puerta y presiono mis
palmas contra ella. Corre, Schubert. Oh Dios, por favor corre.
Página
Mi latido golpea por mis oídos mientras silencio se establece
fuertemente en el otro lado. Miro hacia la manija. Emeric azotaría mi culo
solo por pensar en girarla. Pero Schubert…
Su largo, adolorido aullido penetra la puerta y me sacude hasta los
huesos.
Un sollozo se desgarra por mi garganta, y violentos temblores
bambolean mis piernas.
—¡Suéltalo! —Mi mano cae a la manija de la puerta, apretándola en
un agarre de muerte—. Hablemos de esto. Solo... por favor, déjalo ir.
Schubert deja salir otro lamentable grito, este más fuerte, más frenético.
Abro la puerta y me tambaleo afuera, ojos frenéticamente buscando.
Lorenzo apoya un hombro contra la pared al lado del baño, su mano
alrededor del cuello de Schubert mientras el cuerpo del gato se agita y
contorsiona en dolor.
»¡Detente! —Me lanzo hacia él, gritando y sacudiendo con histeria—.
¡Lo estás lastimando!
Me patea en el estómago, golpeando el aire fuera de mí y enviándome
a través del suelo. Su mano se aprieta alrededor de ese pequeño cuello tan
duro que la espalda de Schubert se arquea, piernas extendiéndose fuera y
golpeando contra la restricción.
Me apresuro a mis pies, miedo destrozándome mientras me lanzo hacia
él otra vez.
»Por favor, déjalo ir. Por favor —gimo incontrolablemente, arañando su
brazo, incapaz de remover su tortuoso agarre—. No puede respirar. ¡Oh Dios,
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détente!
—Ponte en tus manos y rodillas, culo en el aire.
Página
Cada músculo en mi cuerpo se bloquea en terror mientras el vulnerable
hueco en mi parte trasera se aprieta en angustia recordada. No puedo. No
ahí. No puedo. No puedo.
»¡Hazlo! —ruge.
Mi cabeza se sacude por su cuenta, tomando el control de mi
respuesta. Quiero ser lo suficientemente fuerte para hacer lo que sea que se
necesite para liberar a Schubert. Pero mi barbilla está pegada, mis piernas
tan congeladas que no puedo sentirlas.
Toda su actitud cambia, retorciendo y apretando, su expresión
transformándose de podrida y asquerosa a horriblemente malvada. Veo su
intención venir una fracción de segundo antes de que pase. Pero me moví
muy lentamente, demasiado malditamente débil para remover su mano de
alrededor del cuello de Schubert, para detener su brazo de balancearse,
para prevenir que mi amado gatito golpeara la pared.
El cuerpo flojo de Schubert cae al suelo, y algo dentro de mí se rompe,
se separa, y se paraliza. Mis orejas lo escuchan golpear contra el suelo de
madera. Mis ojos trazan la incómodo, inmóvil curva de su columna vertebral.
Pero mi mente se rehúsa a aceptarlo. Él no está muerto. No lo está. No puede
morir.
El suelo se levanta y golpea contra mis rodillas. Estoy gritando, pero hay
una palma sobre mi boca. Estoy aruñando y estirándome, pero el fuerte
peso en mi espalda me sujeta. Estoy sollozando, pero no siento las lágrimas.
Determinación me conduce, mis brazos estirándose por mi pequeño gatito
roto, doliendo por sostenerlo. Me necesita para consolarlo, para arreglarlo.
Pero su cabeza está en el ángulo incorrecto. Ojos abiertos. No
moviéndose. Mirando pero no viendo. Oh Dios, ¿por qué no se moverá?
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La parta cuerda de mi cerebro lo sabe. Pero la entierro, enfocando
toda mi fuerza en alcanzarlo, desesperada en sacudirlo para que despierte,
Página
para escuchar su ronroneo, para verlo mover esos ojos sin parpadear.
Hasta que la presión de dura carne tienta entre mis piernas.
Muerta y escalofriante oscuridad se asienta en mis sentidos.
Adormeciendo la mano en mi cadera. Aligerando el pecho en mi espalda.
Callando el sonido de respiraciones hambrientas.
—Scriabin —sollozo, dedos estirándose y golpeando contra la suave
almohadilla de la pata de mi gatito—. Scriabin.
Solo unos cuantos centímetros más, y seré libre de tirar a Schubert entre
mis brazos.
La poderosa presión contra mi centro se ajusta, realineándose con el
anillo del músculo en mi culo. Aprieto mis ojos cerrados. Prestar atención a
mi cuerpo traerá dolor agonizante, así que me concentro en las notas en mi
cabeza, la sonata disonante, el amortiguamiento oscuro donde puedo
sostener a mi gatito.
Lucha, Ivory. La voz de Emeric rompe a través de mi mente. Lucha y
jodidamente gana.
La erección empuja contra mi barrera, abrasando mis terminaciones
nerviosas. Retuerzo mi cuello y hundo mis dientes en la carne del bíceps de
Lorenzo. Duro.
Él ruge y alza hacia atrás su brazo.
Justo mientras su puño vuela hacia mí, la frenética voz de Shane hace
eco en algún lugar abajo.
—¡Lorenzo! Hombre, ¿dónde estás?
El puño conecta con mi rostro.
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Página
D
esacelero el GTO en la puerta y marco mi código. Con todos
los vecinos en el trabajo, la calle está desierta y silenciosa. No
me gusta el silencio. Hace que mis instintos hormigueen con
paranoia.
Sin ninguna dudas mis nervios están relacionados con el riesgo de
cancelar mis clases de la tarde. Pero desde que mi papá está retrasado en
la clínica, declaré una emergencia familiar, que las consecuencias se jodan,
y recogí sus prescripciones en el camino a casa.
Cuando la puerta se abre, sigo la entrada alrededor de la parte
posterior de la propiedad, preguntándome si Ivory escuchó el estruendo del
motor.
Golpeo los frenos. ¿Qué de...?
Un viejo Honda negro está estacionado cerca de la puerta trasera.
Desconocido. Desocupado. Sin matrícula.
Mi estómago se endurece en hielo. Ivory.
No respiro hasta que estoy en la casa. La alarma no está activada.
La siguiente respiración no llega hasta que alcanzo la cocina. Pasos en
el segundo piso.
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Acelero por la sala de estar, cada célula de mi cuerpo muy alerta.
¿Quién carajos está aquí?
Página
—¡Lorenzo, está en la entrada! —La voz de un hombre hace eco
arriba—. ¿Dónde estás?
Shane. Mi sangre se vuelve fría mientras corro a toda velocidad hacia
el vestíbulo. ¿Dijo Lorenzo? ¿Cómo es eso posible?
Lorenzo está en mi jodida casa.
Con Ivory.
Rabia me impulsa por las escaleras, cada paso un oponente entre ella
y yo. Escalo más rápido, tomando dos... tres escalones a la vez.
—¿Qué carajos? —Shane ruge desde la dirección de mi habitación —.
¡Bájate jodidamente de ella!
¡No! ¡Oh, Jesús, joder, no! Urgencia se funde en mis músculos,
empujándome más rápido, más duro, apretando mí mandíbula. ¿Por qué
no puedo escucharla?
Salto el último escalón, pero la distancia que queda se siente como si
estuviera forzando mi corazón a explotar fuera de mi pecho. El aterrizaje es
demasiado grande, el pasillo demasiado largo. Estoy demasiado lejos.
Nunca debería haberme ido. Le fallé, y estoy jodidamente furioso echando
humo en mi arrepentimiento. Malditamente temblando en mi desespera-
ción de alcanzarla.
Sigo los sonidos de gritos elevándose. Casi ahí. Unos pocos pasos más.
Me apresuro a través de la entrada, mi enfoque acercándose al lado
opuesto de la habitación.
Ivory está de pie inmóvil en mi camiseta. Sangre en sus labios. Expresión
vacía. Schubert en sus brazos. Muerto.
443
Las manos empuñadas de Shane. Heridas en el rostro y brazo de
Lorenzo. Su cremallera abierta.
Página
Cada instantánea de milisegundo quema dentro de mí con una
crueldad que tambalea mis pasos.
Nadie me nota.
Soy superado en número, desarmado, y sobre-jodidamente-forjado
con furia. Todo dentro de mí tira hacia Ivory, pero lucho contra ello,
rehusándome a mirarla o pensar en ella. Si lo hago, enloqueceré.
Pegándome a la orilla de la habitación, cierro la distancia. Ivory se para
a unos pocos pasos de la confrontación entre Shane y Lorenzo.
—¿La violaste, hijo de puta? —Shane lanza un puño a Lorenzo y falla al
darle a su cabeza—. ¿Estuvo diciendo la verdad todo este tiempo?
Fría intención letal se expande por mí, elevando mi respiración. Mi puño
se flexiona por destrucción. Mi corazón se endurece por permanente,
irrevocable muerte. Terminaré esto.
Mi impulso toma el control, mis manos cayendo a mi cinturón y
liberándolo mientras veneno hierve a fuego lento por mis venas.
Lorenzo amplía su postura.
—Amigo. Mira lo que le hizo a mi rostro.
—¡Estabas encima de ella! —Shane lo ataca, brazos balanceándose.
Lorenzo se agacha, lo engancha alrededor de su cintura, y lo lleva al
piso en una serie de golpes.
Me aproximo en rápido silencio, deslizando el extremo del cinturón a
través de la hebilla. A treinta centímetros de distancia, me paro detrás de
Lorenzo. Shane se extiende en su espalda con Lorenzo arrodillándose sobre
él. Estoy seguro de que Shane me ve, pero ambos están lanzándose puños,
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bloqueando, gruñendo.
Página
Meto la presilla del cinturón por la garganta de Lorenzo, torciendo el
extremo con toda la fuerza de mi ira.
Su cuerpo se lanza hacia atrás con la crueldad de mi tirón,
golpeándose por el suelo, manos rasguñando el cinto. Me aferro, tirando
más fuerte, alimentado por mi propósito malintencionado.
Shane se arrastra hacia el cuerpo sacudiéndose de Lorenzo y me mira
con ojos salvajes. ¿Cómo voy a luchar con él mientras me aferro al cinturón?
Con un grito de rabia, golpea una rodilla en el pecho de su amigo, sus
puños destrozando el rostro de Lorenzo. Vacilo, aturdido, y reajusto mi
agarre, jalando el cinturón con venganza.
El peso de Shane sostiene a Lorenzo en el suelo mientras me paro sobre
ellos y retuerzo el agarre más fuerte, más fuerte, la brutalidad exigiendo que
esto termine cortando a través de mi vacilante respiración.
Dedos apretados alrededor del cuero, encuentro la destrozada mirada
marrón de Ivory. Estoy matando a un hombre enfrente de ella, fríamente,
conscientemente, y sin disculpa. No hay vuelta atrás de esto.
Sus piernas sostienen su postura inmóvil. Sus manos sostienen el cuerpo
muerto de Schubert. Sus ojos se quedan con los míos, pero no está aquí. No
está conmigo.
Probablemente para mejor, porque no estoy deteniéndome hasta que
este hijo de perra no pueda herirla más.
El teléfono en mi bolsillo vibra con una llamada entrante. ¿La escuela?
¿Mis padres? ¿Los jodidos policías llamando investigando actividad
sospechosa? ¡Joder!
La mandíbula de Lorenzo jadea en un grito silencioso. Sangre mancha
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su rostro, ojos hinchados, su cutis menguando de rojo a azul.
Página
Me paro en un lado, manos adormeciéndose alrededor del cinturón. Al
otro lado de Lorenzo, Shane lo presiona contra el suelo mientras su cuerpo
se retuerce, piernas pateando, dedos arañando el cuero alrededor de su
garganta.
La estrangulación es una insoportablemente lenta forma de irse. En esos
desgarradores minutos, la enormidad de lo que estoy haciendo tiene tiempo
de deslizarse bajo mi piel y ahoga mis órganos vitales. Sostengo fuerte con
el recordatorio de que mi responsabilidad de proteger a Ivory anula todo lo
demás.
Los dedos de Lorenzo desaparecen de su garganta, y con una
sacudida de su pierna, pierde la batalla.
Está terminado.
Shane colapsa en su culo, manos volando a la parte posterior de su
cabeza, su boca colgando abierta con esfuerzo. Horror. Sorpresa.
Adrenalina hormiguea a través de mis miembros mientras dejo caer el
cinturón y presiono mis dedos temblorosos contra el inflamado Destruir en la
garganta de Lorenzo. Sin pulso. Hay ironía en eso, algo que contemplaré
cuando nuestras heridas ya no estén en carne viva.
Doy un paso atrás y salgo de mi chaqueta, sudando contra los ataques
contradictorios de alivio y realidad.
Acabo de matar a un hombre.
Un hombre que se metió en mi casa.
Quien mató a nuestro gato.
Quien trató y tal vez tuvo éxito en violar a Ivory otra vez.
Porque yo no estaba aquí.
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Mi pecho quema, mi mundo entero rotando y girando hacia ella.
—¿Ivory?
Página
Por primera vez desde que entré, se mueve. Solo sus ojos, moviéndolos
a los míos. Sangre brota de sus fosas nasales, tiñe sus labios, y mancha el
frente de su camiseta.
Mi estómago se retuerce. Necesito tomar al gato, abrazarla, borrar la
distancia entre nosotros. Me estiro por ella.
Se sacude hacia atrás, sus brazos apretándose alrededor del cuerpo
colgante de Schubert.
¿No lista para dejarlo ir? ¿No lista para que la toque?
Entiendo, pero maldita sea, siento su rechazo como un puño al
corazón.
Un vistazo a Shane confirma que todavía está aturdido, mirando el
cuerpo con ojos vidriosos sin parpadear.
Mi bolsillo vibra con una alerta de texto. Maldición. Quien sea que esté
tratando de contactarme tiene terrible sincronización.
Suelto mi corbata y la tiro. Entonces me paro enfrente de Ivory y rozo
mis dedos por su mandíbula. No reacciona, su mirada distante, sin enfocar.
Cuando bajo mis caricias al brazo alrededor de Schubert, libera un llanto
angustiado y se tambalea hacia atrás.
Está bien. No la separaré del gato.
»Solo necesito saber que estás bien.
Su comportamiento se vuelve frío, distante, excepto sus brazos, que
sostienen a Schubert más fuerte.
—Luché con él. —Su voz es un metrónomo—. Lo mordí. Aruñé su rostro.
447
—Buena chica. —Quiero jalarla contra mí con tanta fuerza, pero si lo
hago, me desharé. Tengo que estar tranquilo hasta que este desastre esté
Página
arreglado—. ¿Te vio...?
—No. —Un parpadeo de vida despierta en esas profundidades marrón
fangoso suyas—. Shane lo detuvo.
¿Su hermano tuvo un golpe de culpa? ¿Un repentino trasplante de
corazón? ¿Una intención oculta? El infierno sabe por qué se metió, pero
joder, estoy respirando un poco más fácil sabiendo que lo hizo.
Los jadeos de Shane crecen más ruidosos, más frenéticos, sus ojos
inyectados en sangre por el desperdicio de vida que era Lorenzo. Tal vez
Shane no es una amenaza en el momento, pero lo será si huye.
Honestamente, luce como si estuviera a segundos de una crisis.
Otro texto llega. Saco el teléfono de mi bolsillo, pero el llanto gutural de
Shane atrae mi atención.
Cubre su rostro con sus manos, gimiendo como un jodido marica.
—Era mi mejor amigo. —Su cuerpo se mece—. Oh Dios, salvó mi vida, y
lo matamos.
Mantengo una postura elevada sobre él, una posición de poder.
—Matamos al saco de mierda que ha estado violando a tu hermana
por cuatro años.
Chasqueando su mandíbula cerrada, mira hacia otro lado.
Ivory mira al suelo, su expresión en blanco. Está en shock. Pero es fuerte
como el infierno. No hay duda en mi mente que estará burlándose de mí
otra vez en poco tiempo.
Reenfoco mi atención en Shane y acero mi voz con autoridad.
»Estás en mierda más profunda que yo.
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Sus ojos se levantan, lágrimas cayendo por su rostro.
—¿Cómo es eso? Ambos...
Página
—Ley de Castillo. En el estado de Luisiana, tengo el derecho de
defenderme y a otros en mi propiedad. Eso incluye el uso de fuerza mortal
contra intrusos. Homicidio justificable. —Señalo a Ivory—. Fue jodidamente
justificable.
El problema es, que si llamo a los policías, seré arrestado por un crimen
diferente. Mi estudiante de preparatoria no estaba solo visitando mi casa
mientras estaba en el trabajo. Ella vive aquí. No seré capaz de esconder eso.
No con Shane involucrado. Si lo entrego, devolverá el favor.
Tengo dos opciones. Llamar a las autoridades y enfrentar un juicio
publicitado que destruiría no solo mi futuro, sino el de Ivory. O lidiar con el
cuerpo y hacer todo esto desaparecer.
La segunda opción solo funciona con la cooperación de Shane. Tanto
como quiero enterrar su culo sin valor con Lorenzo, estamos en esto juntos.
Miro mi teléfono. Una llamada perdida y dos textos de mi Investigador
Privado.
Smith: Gándara está libre.
No me digas. Miro a Schubert en los brazos de Ivory, su cuello colgando
incómodamente, probablemente roto. Una renovada ola de ira se canaliza
a través de mí.
Smith: Liberado ayer. Mi informante me acaba de contactar. El abogado
alegó estrés post-traumático como razones para alegar demencia. Obtuvo
449
una apelación. Sentencia reducida. Estaré en contacto tan pronto como
localice la ubicación de Gándara.
Página
A Lorenzo le quedaba un año en su sentencia. Al menos ahora no
tengo la preocupación respecto a lidiar con su liberación.
Escribo un acuse de recibo debido a que eso es lo que haría si no
estuviera de pie junto a un cuerpo muerto. Dejaré que el Investigador
Privado busque a Lorenzo. Es un riesgo, pero necesito ver si su investigación
lo conduce de regreso a mí.
La mirada de Shane salta entre el teléfono en mi mano y la puerta,
como considerando escapar.
—No puedes llamar a los policías, hombre. ¡Evité que la violara! —Su voz
se eleva—. Maté a mi mejor amigo. Por ella.
—Cierra la jodida boca. —Presiono enviar el mensaje y taladro mi
mirada en la suya—. Irrumpiste en mi casa. Eres un cómplice de asesinato. Si
huyes, haré la llamada. Si me das lo que quiero, esto se queda entre nosotros
tres.
Él traga.
—¿Qué quieres?
—Respuestas. Cooperación. —Muevo rápidamente una mano hacia el
cuerpo. De ninguna manera en el infierno puedo levantar a ese hijo de puta
solo—. Entonces te arrastrarás de regreso a cualquiera que sea el agujero
en el que has estado por los últimos tres meses y nunca regresarás.
—Bien. —Asiente, con su garganta balanceándose y ojos evasivos—.
Puedo hacer eso.
Jodidamente, no confío en él. En un mundo perfecto, yo habría
matado a Lorenzo sin otra alma sabiendo acerca de ello. Dos testigos son
dos riesgos extra. Ivory no me traicionará, pero cualquier conocimiento que
450
tenga acerca de mis próximos pasos podría incriminarla. Tengo que
distanciarla de ello.
Página
También tengo que desenredarla de Schubert.
—Ivory. —Mientras espero que me mire, recuerdo la razón por la que
corrí a casa—. ¿Necesitas usar el baño?
—Yo… —Abraza al gato contra su cuello, baja la mirada hacia sus
piernas desnudas, al suelo por la puerta del baño, y de regreso a sus
piernas—. Podría haberme… —Su barbilla tiembla—. Lo siento.
¿Qué lamenta? ¿Liberar su vejiga a la par que pelear con un violador?
Capturo su brazo y tiro de ella hacia mí.
—Espero que jodidamente te orinaras encima de él.
Su mano acaricia el pelaje del gato.
—También lo espero.
Deslizo mi brazo alrededor de su cintura, desplazándola contra mí con
Schubert entre nosotros. Muevo mi otra mano sobre los ojos de él, rozándolos
para cerrarlos, acariciando su suave pelaje, permitiéndome llorar su muerte.
Fue un regalo de su padre, su consuelo cuando estaba asustada, su
amigo cuando no tenía ninguno. Fue todo lo que tuvo la última vez que
perdió a alguien que amaba. Ahora me tiene a mí.
La sostengo hasta que sus lágrimas caen y acaricio su espalda mientras
solloza silenciosamente. Su temblor me duele. Su pesar magnifica el mío.
Shane nos observa a unos pocos metros de distancia, sus ojos húmedos
y turbios, los ruidos estrangulando en su garganta como si estuviera tratando
de contener su lloriqueo. Tal vez sea culpa. Espero que se ahogue en ella.
Me echo hacia atrás con renuencia.
—Es hora de despedirse.
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La mirada de devastación en su hermoso rostro amenaza con ponerme
de rodillas.
Página
Refuerzo mi postura y hago un gesto hacia Shane.
»Tu hermano va a tomar a Schubert.
Sus brazos se aprietan alrededor del gato mientras un sollozo sube de lo
profundo de su pecho.
Acuno su rostro.
»Lo lamento tanto, Ivory. Daría cualquier cosa para hacer esto más
fácil. —Presiono un beso en su frente—. Lo enterraremos en el jardín trasero.
Construiré una tumba allí, cualquier cosa que quieras, ¿bien?
Las lágrimas gotean por sus mejillas, mezclándose con la sangre sobre
sus labios mientras contempla al gato.
Asiento hacia Shane.
Después de algunos llantos de protesta, ella suelta su agarre. Shane
reúne el cuerpo contra su pecho, su rostro cayendo.
Le doy la vuelta, la guío hacia el baño y preparo la bañera.
»Regresaré enseguida.
Agarrando una toalla, salgo, cierro la puerta detrás de mí y encuentro
la mirada de Shane.
»¿Quién sabe que estás aquí?
Se estremece.
—Nadie. Lo juro.
Su promesa no significa nada para mí.
452
—Sal por la puerta trasera y consigue el botiquín de mi GTO. Estaciona
el Honda en el garaje. Encontrarás una lona y cinta de embalar allí adentro.
Página
—Dejo caer la toalla al lado del cuerpo—. Agarra cualquier otra cosa que
pudiéramos necesitar.
Si fuera a correr, lo habría hecho a estas alturas. Si cambia de opinión,
no seré capaz de detenerlo. Así que lo dejo allí con el gato en sus brazos y
espero que sea más inteligente de lo que aparenta.
En el baño, le doy a Ivory algunas pastillas para dormir, enrollo mis
mangas y, silenciosamente, dulcemente, la baño hasta la somnolencia.
Detesto sedarla, pero no quiero dejarla despierta y de duelo sola. Tiene que
estar comatosa por las muchas horas que tome lidiar con el cuerpo.
El impulso de llamar a mis padres me escuece. Mamá podría quedarse
con ella mientras no estoy. Pero convertirlos en cómplices de deshacerse de
un cuerpo no es una opción.
Cuando un puño golpea la puerta del baño, algo de la tensión se alivia
de mis hombros.
Bajo la mirada hacia Ivory, su piel rosa por el calor del agua y sus ojos
entrecerrados por la fatiga.
»Si te dejo aquí por algunos minutos, ¿te vas a ahogar?
Sus pestañas se levantan, y un indicio de una pequeña sonrisa toca sus
labios.
—Si no dejas de merodear, podría ahogarte a ti.
Esa es mi chica. Presiono un beso en su ceja, su nariz, su boca. Entonces
me dirijo hacia la puerta.
»¿Emeric?
Me giro, mi pulso cantando ante el sonido de su voz.
Ella recuesta su cabeza sobre el borde.
453
»Gracias.
Dudo que me esté agradeciendo por algo específico. Su
Página
agradecimiento siempre es global. Cristo, amo a esta chica.
—Regresaré enseguida. —Me escabullo y cierro la puerta.
Shane ya tiene al cuerpo envuelto en lona y cinta de embalar. Pasa la
toalla sobre los pisos de madera, limpiando cualquier orina o sangre, con su
expresión gris y grabada con tormento.
Camino a su lado.
»Parece que has hecho esto antes.
—Nunca.
Temor, conmoción, repulsión… hay tantas emociones abrumadoras en
ese suspiro, que le creo.
Con el cuerpo empaquetado, lo cargamos por el pasillo. Lo dejo en la
escalera y regreso a Ivory.
Para el momento en que la visto, le doy su medicina y la meto en la
cama, está profundamente dormida bajo el peso del sedante.
Inspecciono los pisos de madera en busca de sangre con cada pasada
que doy a través de la habitación. Haré una limpieza exhaustiva más tarde,
pero a simple vista, no hay indicativo de que un crimen fuera cometido aquí.
Me cambio a una camiseta Henley y jeans y encuentro a Shane
sentado en el escalón superior, mirando fijamente al espacio.
—Terminemos esto. —Mi voz lo hace saltar.
Unos pocos minutos después, el cuerpo es cargado en el Honda en el
garaje.
Le entrego una pala.
»¿Dónde está Schubert?
454
Él la toma, su mirada furiosa clavándose en el portaequipaje cerrado
Página
del auto.
—¿No deberíamos lidiar con eso primero?
—Al caer la noche. —Me dirijo hacia el pasillo que conduce al patio
trasero—. Tenemos que hablar.
Afuera, el sol se desliza detrás de la torre monolítica de mi propiedad,
desvaneciéndose en el cielo en vetas violeta.
Rodeado por robles y arbustos florecientes, coloco el cuerpo de
Schubert en el suelo y dirijo a Shane a un lugar al lado de la banca de
concreto en el jardín.
»¿Dónde has estado los últimos tres meses?
Él apuñala la pala a través de la cubierta del suelo y comienza el hoyo.
—No en Nueva Orleans.
Si presiono, probablemente mentirá acerca de su ubicación. Dijo que
voló. Tal vez eso ayudará al Investigador Privado a rastrearlo esta vez.
Me siento en la banca e internalizo la pérdida de su cabello rubio, tez
pálida y la estupidez emanando de sus ojos sosos. Difícil creer que esté
emparentado con Ivory.
Con una respiración profunda, descanso mis codos sobre mis rodillas
extendidas.
—Cuéntame cómo sucedió esto.
Trabajando la pala a través de la tierra, dice en voz baja,
cansinamente:
—Lorenzo me llamó ayer, dijo que fue puesto en libertad… —Se
detiene, levantando la mirada hacia mí, dudando—. Estaba en prisión por
455
robo.
O me está jodiendo o no sabe mi implicación en el arresto de Lorenzo.
Página
Tan tonto como es, estoy inclinándome hacia lo último. Eso quiere decir que
no quería mencionar la condena por robo por otra razón. Puedo suponer
por qué.
Él vuelve a su tarea.
—Me llamó cuando salió, dijo que perdió su apartamento y necesitaba
dinero rápido. —Palea más tierra, evitando mi mirada—. Le debía mi vida,
así que le ofrecí una solución y volé a casa para ayudarlo.
Levanto la mirada hacia mi propiedad mientras las piezas lentamente
encajan juntas. Shane debe haber estado siguiendo a Ivory antes de que se
aproximara a ella en el estacionamiento. En ese caso, ya sabía dónde vive.
Cuando me vio esa noche y me reconoció como el tipo que lo golpeó,
descubrió nuestra relación y con quién vive. Nuestra agenda es obvia, así
que apostó por la suposición de que estaría en la escuela.
—Vinieron a robarme. —Mis manos se cierran—. ¿Cómo entraron?
Se detiene, luego continúa cavando.
—Adiviné su código.
Joder. Ese es un gran maldito descuido de mi parte.
Entonces, ¿qué? ¿Lorenzo entró solo mientras Shane se mantenía
vigilando? Ella luchó con él. De alguna manera el gato fue arrastrado a ello.
No le exigiré esas respuestas a Shane. Ella me dará un relato honesto cuando
esté lista.
Él mira fijamente el suelo, con la voz tensa.
»No se suponía que ella estuviera aquí.
—Excepto que estaba. ¿Qué crees que Lorenzo intentaría hacerle
después de que la violara? ¿La habría dejado viva para identificarlo en una
456
fila después de que robara el lugar?
Página
—Oh, Dios. —Su cabeza cae, sus dedos se envuelven tan fuertemente
alrededor del mango de la pala que tenía que estar cortando la circulación.
—¿Sabes por qué te golpeé esa noche?
Mira con furia la tierra, las fosas de su nariz aleteando.
»Ella fue a la escuela con un labio roto. —Dejo que mi disgusto corte
ligeramente las palabras.
Sus ojos cerrados, el rostro apretado por el dolor.
Encuentro una enferma clase de alivio en su culpa.
»Se supone que un hermano proteja a su hermana. Que enfrente las
balas por ella. Que atraviese el jodido fuego por ella.
Se inclina sobre la pala como una muleta, con todo su cuerpo
temblando.
—La eché a perder, ¿bien? —Suelta el mango y restriega sus manos
sobre su cabeza, sus ojos desolados con angustia—. Ella trató de decirme
por años, pero no escuché. Solo estaba tan… enojado con ella. Respecto a
la cosa de la escuela y su relación con papá. Entonces aquí está ella,
viviendo en esta inmensa mansión…
No creo que esté hablando para mi beneficio, y no doy una mierda por
las que sean sus justificaciones. Solo necesito saber si va a ser una continua
amenaza para Ivory.
Levantándome de la banca, agarro la pala y cavo.
—De modo que la llamada de Lorenzo te dio la idea para robarla. Con
su experiencia en robos, saltaste a la oportunidad para robar algo de su
felicidad para ti mismo.
457
Deja caer sus brazos a sus costados y contempla la casa, su voz un
Página
susurro graznado.
—Sí.
Asiento hacia el gato en el hoyo, trago un nudo de tristeza, y devuelvo
la tierra.
—Debería estar enterrándote a ti en lugar de a Schubert.
Un ceño contorsiona su rostro, sus ojos ignorantes iluminados desde
atrás con convicción.
—Prometo que no le causaré más problemas. Joder, pasaré el resto de
mi jodida vida manteniendo el infierno fuera de ella. Es lo único que puedo
ofrecerle.
Tendré un investigador en mi nómina de sueldos por el resto de su vida
para asegurarme de ello.
—Es hora de lidiar con lo otro.
—Sí. —Levanta su mentón, mirando hacia el cielo oscureciendo sobre
el horizonte del este—. Conozco un lugar.
458
Página
A
l momento en que me despierto, mis músculos se aprietan con
el recuerdo de los eventos del día. Una tenue lámpara brilla en
la penumbra de la habitación, lanzando sombras sobre la
adusta expresión de mi hermano donde se encorva en una silla al lado de
la cama. Es perturbador verlo en esta casa, en un lugar que siempre ha
representado seguridad, felicidad y amor. Pero no estoy asustada. Emeric lo
mataría antes de permitirle otra vez estar solo conmigo.
Desplazo mi atención por la longitud del colchón y encuentro atenta
devoción en ojos de un resplandeciente azul. Mi corazón tararea.
Emeric me dijo una vez que si alguien me tocaba, su respuesta sería
mortal. Es un hombre de palabra. Lorenzo se ha ido. Muerto. Ya no es capaz
de lastimarme. Todavía me siento fuertemente pesada por la conmoción,
mi interior doliendo con la pérdida de Schubert y enrollándose con
preocupación por Emeric tomando una apuesta tan drástica con su futuro
para protegerme. Pero superaremos esto juntos, sin importar nada.
Sentado a mi lado en la cama, traza una mano a lo largo del contorno
de mi pierna en las sábanas. Su cincelado rostro está suavizado en un aire
de calma enmarcado por la extenuación. Su cabello negro se alza en un
caos de perfección, y una Henley gris acero se estira a través de sus
hombros, acentuando la fuerza de su cuello. Él arriesga ese cuello por mí
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reiteradamente, y hoy no fue diferente.
Mi sonrisa agradecida viene con facilidad.
Página
—¿Cuánto tiempo he estado inconsciente?
Su quijada se mueve, triturando la goma de mascar en su boca.
—Seis horas.
Estoy consciente de que pasó ese tiempo lidiando con el cuerpo de
Lorenzo. ¿Qué hizo con él? El parpadeo en su mirada me dice que anticipa
la pregunta, pero también hay una mirada dura allí. No va a contarme.
No quiero que lleve esta carga solo, pero podría ser importante para él
mantenerme aislada de los detalles. Presionarlo con ello solo lo pondría
frustrado y contrariado.
Puedo ser racional en este asunto.
Su mano se mueve sobre la curva de mi rodilla, su pulgar acariciando
contra las colchas.
»Tu hermano se está yendo. —Mira a Shane y vuelve acero su voz—.
Esta vez para siempre.
Soplando una respiración, compruebo lo que estoy vistiendo… otra de
las camisetas de Emeric. Sin bragas. Me desplazo para sentarme contra la
cabecera, arrastrando las colchas conmigo, y encuentro la mirada de
Shane.
Él se desliza al borde de la silla y frota sus palmas sobre sus jeans,
observando el movimiento.
—Es un poco tarde, pero lo digo de todas formas. —Me echa una
ojeada—. Lo siento.
Dos palabras no borran años de abuso y basura. Sin embargo, sus
acciones de hoy, el escogerme a mí por encima de Lorenzo, golpean fuerte
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y de verdad, fracturando la fea barrera entre nosotros.
Página
Una fractura no derriba una pared. Pero sí deja detrás un precioso
punto débil, uno que siempre estará allí. Cada vez que piense en él, sentiré
esa fractura y la recordaré cariñosamente.
Emeric estudia nuestra interacción, con su expresión neutral, sus caricias
persistiendo en mi tobillo.
Shane levanta una mano y se estira por la mía, haciendo un incómodo
titubeo en el espacio que nos separa antes de enganchar juntos nuestros
dedos.
Sonríe con tristeza, aprieta mi mano y susurra:
—Jódete, Ivory.
Aprieto de vuelta.
—Ten una buena vida, Shane.
Aparta su mano, luego su mirada, y sale por la puerta sin mirar hacia
atrás.
Una punzada por la pérdida aprieta mi pecho. El impulso de detenerlo
tensa mis piernas.
Pero él irrumpió en la casa de Emeric. Me golpeó durante años. Ya no
soy una víctima. Con esos recordatorios, lo dejo ir.
Emeric lo sigue afuera. Cuando vuelve algunos minutos después, se
desnuda, desliza en la cama detrás de mí y curva su cuerpo alrededor del
mío. Me deleito en el calor de su piel y enrosco nuestras piernas,
fundiéndome contra su pecho con un suspiro.
En lugar de exigir que hable o coma o tome mi medicina, toca mi
hombro con su boca, luego mi cuello y barbilla. Cuando me giro en sus
461
brazos, se burla de mis labios, los separa y hunde su lengua para deslizarla
contra la mía. La barba en su mentón frota suavemente. La canela le da
Página
sabor a su aliento, sus labios como una firme presión de sensualidad.
Su boca es el mejor lugar para perderse.
Con mi mano en esas sexys hendiduras en su cintura, mordisqueo, lamo
y pruebo, tomándome mi tiempo, siguiendo su guía. Es un beso sin
expectativa, una fusión de labios simplemente por la comodidad de la
conexión.
Mantenemos esa atmósfera apacible por el resto de la noche.
La mañana siguiente comienza con una pelea.
Él dice que no vamos a la escuela. Puede hacer lo que quiera. Yo voy.
Cree que necesito descansar y se rehúsa a dejarme sola en casa. Es viernes.
Puedo descansar el fin de semana. Si ambos perdemos otro día, bien
podríamos anunciar nuestra relación por el intercomunicador.
Discutimos por una hora. Gano. Resulta ser un día sin incidentes. E
infructuoso. Mi concentración es una mierda. Emeric podría haber tenido
razón acerca de algo. Necesito descanso… del tipo mental.
Para el sábado en la tarde, el punto débil donde Lorenzo me pateó el
estómago se vuelve de una violenta sombra púrpura. El horror de Emeric al
verlo es el impulso para una conversación inevitable.
Nos remojamos en la bañera, mi espalda contra su pecho y sus piernas
enmarcando las mías. Mientras le cuento lo que sucedió, él gira el jabón
sobre mi piel, sus dedos masajeando y calmando. Le doy cada crudo
detalle, mi voz fuerte al principio. Cuando le cuento acerca de mi
descerebrado intento de usar mi palabra segura, su cuerpo se vuelve piedra
debajo de mí. Mi voz vacila desde allí. Para el momento en que evoco esos
momentos finales con el cuerpo de Schubert en mis brazos, me derrumbo
contra él.
Duele. Esa pequeña bola de pelos era una parte tan esencial de mi
462
vida, y sufro en su ausencia. Pero no estoy rota. No como lo estaba cuando
perdí a mi papá. Es más fácil esta vez. Lo siento en cada toque y mirada que
Página
Emeric me da, ese muy necesario apoyo de otra persona sosteniéndome
durante esos momentos cuando lucho para valerme por mí misma.
Esa noche, él ronca suavemente detrás de mí, su pecho presionado a
mi espalda, nuestras extremidades enredadas, cuerpos alineados. No
puedo unirme a él en el sueño, con mi mente muy inquieta, pensando en su
reacción por usar mi palabra con Lorenzo.
Nada ha cambiado entre Emeric y yo. No hemos tenido sexo desde ese
día, pero he tenido una infección en la vejiga. Sus persistentes miradas
todavía me hacen ronronear. Sus besos curvan mis dedos de los pies. Lo que
no sé es cómo responderé cuando me ate, agarre mi garganta o levante
ese cinturón. Pero confío en él, inequívocamente. Pero, ¿confío en una
palabra —cualquier palabra— lo suficiente para usarla otra vez?
Antes de conocerlo, la Sonata de Scriabin era una misa negra en mi
mente, el lugar al que iba cuando cosas terribles le sucedían a mi cuerpo.
Durante los últimos cinco meses, esas notas oscuras se han convertido
en sinónimos de Emeric y la seguridad que él me da. ¿La arruiné por usarla
con el hombre equivocado?
Toco la sonata en mi cabeza, pero no la siento. Necesito escucharla.
Escabulléndome de debajo del gran peso de sus brazos, escucho sus
respiraciones parejas, entonces camino de puntillas a la sala de música.
Con la puerta cerrada, la habitación se supone que sea insonorizada.
Me siento detrás del piano, empapándome en el silencio y aclarando mi
cabeza. Después de algunas respiraciones calmantes, paso mis dedos sobre
las teclas y me acostumbro a la Sonata No. 9 de Scriabin.
Es ruda al principio, la melodía golpeando la habitación en un ritmo
inconexo. Pero sigo con ella, transformando mi interpretación de
463
espeluznante y neurótica a algo más nebuloso y meditativo. La sonata vaga
a través de mí en una nube de notas. Mi mente la absorbe, la refleja.
Página
Se siente segura. El tipo de seguridad que me rodea durante mis
momentos más oscuros. Está haciendo eso ahora, desapareciendo de la
habitación, empañando mi espacio mental y sumergiéndome en la
disonancia.
Pero de repente no me apetece tocarla. Descanso mis manos en mi
regazo. La sonata es un lugar al que ir, una palabra para hablar, cuando he
alcanzado mi límite. Pero, ¿la disfruto? No realmente. No… me emociona.
Quiero intentar algo diferente. Algo más allá de Chopin, Rachmaninov
y Debussy.
Mi atención se desplaza hacia la puerta, y me sobresalto.
Emeric se apoya contra el marco, los brazos relajados e sus costados,
su teléfono en una mano. Ha estado en constante comunicación con su
Investigador Privado durante el último par de días. Probablemente
rastreando a Shane. Tal vez también algo relacionado con Lorenzo. No me
cuenta y no pregunto.
Los pantalones negros de pijama están seductoramente bajos en sus
esbeltas caderas, la V de sus abdominales apuntando como una flecha
hacia el suave bulto debajo del algodón.
Enarco una ceja.
—¿Cuánto tiempo has estado allí?
—Te seguí. —Sus cejas bajas, sus ojos oscuros, atormentados—. Tocaste
Scriabin.
—Sí. Necesitaba saber. —Le echo una ojeada al teclado—. No estaré
temerosa de decir no. Con la palabra. —Regreso con él—. Confía en mí para
que la use.
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Se endereza, estudiándome intensamente.
Página
—Ten seguridad, Ivory.
—Estoy segura. Es segura. —Arrugo mi nariz—. Y algo así como aburrida.
Sus ojos se iluminan.
—Estoy intrigado. —Acecha hacia mí—. Nombra una canción que no
sea aburrida.
El tic de tu reloj. La armonía de tu respiración. El tempo de tu corazón.
Las notas que siento cada vez que estás cerca.
—Te Seguiré En La Oscuridad.
Se detiene detrás de mí y coloca su teléfono en el banco al lado de mi
cadera.
—¿Death Cab for Cutie?
Asiento.
—Interesante elección. —Mueve mi cabello a un lado y traza sus
nudillos a lo largo de la línea de mi cuello—. Tócala.
—No tengo la partitura.
—No la necesitas. —Sus labios tocan la ruta de su dedo, su aliento
acariciando mi oreja—. Tienes al mejor profesor del mundo.
Me estremezco.
—Tan arrogante.
Le da un mordisco de advertencia a mi cuello y retrocede.
—Levanta tus brazos.
Lo hago, evocando sus palabras la noche que chupé su polla en el
465
teatro de Le Moyne.
Te quiero desnuda, sentada en mi piano y balanceando tus caderas
Página
como si estuvieras follando las notas.
Tira de mi camiseta sobre mi cabeza y la deja caer, dejándome
completamente desnuda debajo de su mirada. Con sus manos en mi
cintura, me levanta, toma mi asiento y me posiciona sobre su regazo, de
frente al teclado.
Esto es diferente. Estoy un poco más arriba, pero cuando sus brazos
vienen alrededor de mí y sus manos guían las mías a las teclas, relajo mi peso
sobre sus poderosos muslos. Las rodillas juntas entre las suyas, tiemblo en
anticipación.
Él pone la canción en su teléfono y lo coloca sobre el banco. En la
siguiente respiración, el inspirador arreglo de música y letras fluye
lentamente del altavoz. Sus manos se mueven debajo de las mías y me guían
a través de la simple complejidad de acordes.
Extiendo mis dedos a través de los espacios entre los suyos. Mis manos
son más pequeñas, más huesudas y de piel más oscura, pero se moldean
alrededor de las suyas exquisitamente, como si nuestras manos estuvieran
destinadas a estar unidas de esta manera, para sostener las del otro, para
crear música juntos.
Andando a tientas, me frustro por mi falta de habilidad para entender.
Puedo recrear piezas clásicas sin partituras, solo las que he tocado millones
de veces. ¿Cómo él simplemente arranca misteriosas notas del aire sin guía
visual? Es una locura. Y brillante.
—Escucha. —Roza su boca a través de mi nuca—. Siéntelo.
Cierro mis ojos y me concentro en las pulsaciones, el deslizar de sus
dedos, y el balanceo y flexiones de sus dúctiles músculos alrededor de mí.
Su respiración en mi cuello y las contracciones en sus piernas hacen más fácil
predecir sus movimientos y rítmica. No solo siento la música. Lo siento a él
mientras las voces nos dirigen a través de cada compás, pintando un
466
simbolismo apasionado acerca del temor siendo el corazón del amor.
Página
No sé cuántas veces repite la canción. Estoy perdida en sus brazos y el
significado de la letra. Nuestro amor es arriesgado, aventurero y real. ¿Está
fundamentado en el temor? Tal vez, pero es un temor respetuoso, porque
nuestro amor es todopoderoso y contundente.
La tensa piel en su pecho frota contra mi espalda desnuda, la fricción
eróticamente placentera, su cuerpo un conductor de calor sensual y sonido.
Ruedo mis caderas contra las suyas, liberadas por la desnudez, balanceán-
dolas con la música y follando las notas.
Él gruñe, un estruendo seductor, y una de sus manos se escabulle de
debajo de la mía. Llevo la canción, perdiendo teclas pero siguiendo el ritmo
mientras él arrastra sus dedos a través de mi muslo, a lo largo de mis costillas
y alrededor de mi pezón.
Suspiro cuando su polla se hincha debajo de mi trasero.
Su otra mano se desliza del teclado para unirse a la primera, y mi pulso
se acelera. Sus dedos vagan con hambre alrededor de mis pechos, de
arriba a abajo por mis piernas, sobre mis brazos, siempre volviendo a mi
pecho. Cuando sus labios caen a mi garganta, mis manos flaquean,
arruinando la melodía, pero no me importa. Él está tocando una mejor
canción, nuestra canción, establecida al tempo de nuestras respiraciones y
palpitantes corazones.
Además, su erección es toda clase de distracción, clavada debajo de
mí y bombeando sangre. Quiero sacarla de sus pantalones y deslizarme por
esa dura longitud mientras continúo tocando.
Extiendo mis piernas, enganchándolas sobre las suyas, mis manos
haciendo mal dos compases de la canción.
—Emeric.
467
Su lengua traza la concha de mi oreja, sus dedos sumergiéndose entre
mis muslos, probando, rodando mi clítoris y hundiéndose en mi coño.
Página
—Tan húmeda para mí.
Jadeando, me doy por vencida con el teclado y agarro sus muslos por
donde se flexionan entre los míos. Las diabólicas estocadas de sus dedos
arquean mi espalda, me hacen gemir y me lanzan a un crescendo de lujuria
en ebullición.
Tiro de los pantalones de su pijama.
—Sácatelos. Te necesito.
La grabación en el teléfono termina, el repentino silencio amplificando
el coro de nuestras respiraciones pesadas.
Él pellizca mi clítoris con una retorcida cantidad de presión, disparando
doloroso placer a través de mi núcleo. Trabajando ambas manos a través
de mis piernas, palmea y acaricia, gira y se sumerge dentro. Si es rudo o
delicado, dando o tomando, cada toque es una declaración de total
compromiso.
Con un brazo alrededor de mi cintura, levanta mis caderas y empuja su
pantalón al suelo, apartándolos de una patada. Tiemblo cuando me baja
hacia su polla y se empuja dentro. Es duro y persistente, grueso y agresivo,
sus dedos cavando contra mis caderas y controlando el deslizar arriba y
abajo con poderosa confianza.
Agarro sus fuertes antebrazos y me aferro, mi cabeza cayendo hacia
atrás hasta su hombro y mis músculos internos contrayéndose alrededor de
cada estocada. El profundo deslizar de acero caliente estira mi coño y me
llena. Mi cuerpo canta por él con cada latido pulsando entre mis piernas,
atrayéndolo, restringiéndolo y sujetándolo allí. Él encaja dentro de mí,
conmigo.
—Tan jodidamente apretada. —Golpea sus caderas—. Goteando
468
sobre mí —gruñe, sus dedos apretándose contra mis caderas—. Amo tu
pequeño coño.
Página
Amo su sucia jodida boca.
Se muele contra mí en círculos apretados, su timbre bajo y crudo.
»Toca la canción.
¿Ahora? ¿Sin la grabación? Incluso si tuviera concentración total,
tendría problemas. Pero, ¿mientras me está follando? De ninguna manera.
Giro mi cuello para mirarlo. Su mano se sumerge en mi cabello,
torciendo mi cabeza hacia adelante e inclinándola hacia un lado. El roce
de sus dientes en mi hombro me hace estremecer. El jodido mordisco que
sigue arranca un grito de mi garganta.
La punzante quemadura penetra en mis músculos, cargando y
vibrando como electricidad líquida. Santo cielo, eso va a dejar una marca.
Clavo mis uñas contra sus antebrazos duros como rocas.
—Eres un animal.
Se ríe, me levanta todo el camino fuera de su polla, y golpea su mano
contra mi trasero. Con un aullido, caigo hacia adelante y me sorprendo a
mí misma sobre el piano, con los dedos extendidos sobre las teclas.
El hombre sabe exactamente cómo conseguir lo que quiere.
Tira de mí hacia abajo, empujando dentro de mí con una fuerza que
trae lágrimas a mis ojos. Es gozoso, superador de la pena, del tipo que
estimula la mente, excita el cuerpo y estremece el alma.
Él aumenta la sensación al hacer círculos en tiernas estocadas,
asegurándose de que sienta cada grueso centímetro de él arrastrándose a
lo largo de mis sensibles paredes.
469
—Toca la canción, Ivory. —Pellizca mi hombro, su mano levantándose
para amasar mi pecho.
Página
Con toques concentrados, me lanzo de lleno a las partes que recuerdo,
repasando los acordes reiteradamente en la mente y dejando a mis dedos
seguir adelante.
Él besa mi cuello, probando mi piel, nuestros cuerpos balanceándose y
estremeciéndose juntos mientras la música nos persuade hacia una
lánguida danza. Me folla lentamente, sensualmente. El movimiento de
nuestras caderas ondula en sincronía con mis dedos en las teclas, mientras
el sonido de nuestro hacer el amor zumba a un ritmo apasionado.
Nosotros somos la canción de amor suprema.
La punta de su lengua da vueltas por el lóbulo de mi oreja.
»Córrete.
Mi cuerpo obedece instantáneamente, y gimo a través de la ola de
placer, apretándome alrededor de su longitud, mis dedos pulsando teclas
al azar.
»Ivory —gruñe, sosteniendo mis caderas contra él mientras el ritmo
caliente de su polla crece dentro de mí, marcándome, reclamándome.
Giro mi cuello para observarlo en la agonía de su placer.
El aire se precipita de mis pulmones ante la visión de sus pupilas
dilatadas rodeadas por espirales intensamente hermosas de fuego azul.
Solía odiar sus ojos, incapaz de imaginar gentileza o seguridad en esas
profundidades cristalinas. Estaba muy, muy equivocada. Esta es la única
vista que quiero, cuando me despierte, cuando vaya a dormir, y todos los
segundos en medio de ello.
Me levanto fuera de él y rápidamente giro para sentarme a horcajadas
en su regazo, deslizándome de nuevo sobre su polla. El beso que sigue es
470
una búsqueda mutua de labios, un encuentro en el espacio entre nosotros
e impulsado por una necesidad compartida de conectar en todas las
Página
maneras.
Él es eso para mí. El cenit de mi felicidad. Todos los caminos, por muy
peligrosos y tortuosos, conducen a este hombre, mi profesor, la música de
mi alma.
Quiero ir a Leopold para aprender de lo mejor de lo mejor, pero estoy
aquí, sentada sobre la polla de uno de sus más brillantes alumnos. Si es pura
casualidad o algún tipo de destino mágico lo que me trajo aquí, no lo
desaprovecharé.
Reclinándome, enmarco su esculpido rostro con mis manos.
—Enséñame cómo tocar.
—Señorita Westbrook. —Sus labios forman una línea firme—. Estoy
enseñando…
—No. —Beso esa dura boca, porque en serio, es muy sexy para
ignorarla—. Enséñame la manera como lo hiciste esta noche. Sin teoría de
música clásica y libros técnicos. Quiero tocar… cualquier cosa que quiera
tocar.
Una muy masculina sonrisa traspasa sus labios, su polla sacudiéndose
dentro de mí.
—Date la vuelta. Las manos sobre las teclas.
Y así continúa. Por las próximas semanas, me enseña cómo tocar
cualquier canción de rock o pop que se adapte a mi estado de ánimo a la
par de sostenerme, tocarme, besarme y follarme.
Algunas canciones son más difíciles que otras. Todas me retan. No uso
partituras, pero no las necesito. No con sus dedos debajo de los míos,
mostrándome, y su voz en mi oído, instruyéndome.
471
Dominar música moderna no me ayudará a entrar a Leopold, pero
madre mía, eso me expone a todo un mundo de compositores fuera de los
Página
salones de clases y libros de texto. Descubro una pasión por fusionar piezas
magistrales clásicas con grandes éxitos de la lista de los cuarenta más
escuchados. Hay algo acerca de la originalidad y distinción en poner mi
propio giro a la música. Eso golpea una brillante nota viviente dentro de mí.
Por supuesto, el entusiasmo de Emeric en enseñarme y disciplinarme no
es una sorpresa. Se excita con eso, especialmente cuando me equivoco.
Dios, ese hombre ama darle palmadas a mi trasero. Pero es su apoyo
interminable lo que me recuerda por qué estoy tan feroz, profunda y
locamente enamorada de él.
Mi décimo octavo cumpleaños cae en el último viernes de abril. Esa
mañana, me despierto con él montando a horcajadas mis caderas, las
manos plantadas a cada lado de mi cabeza, y con ojos azules llenando mi
horizonte. Perfecto.
Pone su rostro en el mío, con su expresión seria.
—Voy a hacerte algunas preguntas, pero antes de que respondas…
Sácame de la ecuación. Voy a donde vayas. Permanecemos juntos sin
importar nada.
Está bieeen. Asiento.
Busca en mi rostro.
»¿Quieres ir a Leopold?
—Por supuesto. —Arqueo mis cejas—. ¿Qué más podría hacer con mi
vida?
—Cualquier cosa que quieras. —Me besa, su voz un sedoso tempo de
notas—. ¿Qué quiere Ivory Westbrook?
Bueno, eso es fácil.
—Quiero tocar el piano, contigo a mi lado en el escenario central.
472
Sonríe, evidentemente gustándole esa respuesta.
Página
—¿Cómo llegarás allí?
Mmm. ¿Esa es una pregunta capciosa? Siempre he creído que la
formación rigurosa, persistencia y prestigio me ayudarán a alcanzar mi
sueño. ¿No es Leopold la mejor manera de obtener esas cosas?
Frunzo mis labios.
—No lo sé.
Alcanza algo sobre mi cabeza y me entrega… ¿un boleto de avión?
—Vamos a averiguarlo.
473
Página
E
l sábado en la mañana, no volamos desde Nueva Orleans. Llevo
en auto a Ivory una hora y media para tomar un avión desde
Baton Rouge. Una ciudad donde no conozco a nadie. Pero
mientras caminamos a través del aeropuerto —sin tocarnos— sospecho
jodidamente de cada persona que lanza sus ojos en nuestra dirección. ¿Me
conocen? ¿Están asociados con Le Moyne? Podía explicar nuestro viaje
como uno de negocios para la escuela, pero eso no detiene a mi piel de
arrastrarse por la paranoia.
Cuando salimos del avión en nuestro destino, finalmente me permito
relajarme.
Ivory se sienta a mi lado en la limo, sus ojos lanzándose por todas partes,
su expresión es una representación del asombro. La amplia sonrisa, los ojos
brillantes e hiperactividad saltarina han sido persistentes desde que anoche
le di el pasaje para primera clase. Nunca ha salido de Nueva Orleans. Nunca
ha estado en un avión o una limo o un hotel.
Le mostraré cada rincón del mundo si eso mantiene esa sonrisa en su
rostro.
Han pasado dos meses desde que Schubert murió, y su felicidad no se
ha recuperado completamente. Hasta ahora. Joder, si eso no hace que
todo mi nerviosismo de más temprano valga la pena.
474
Por primera vez en el tiempo desde que dejamos Baton Rouge, la toco,
Página
no como un profesor, sino como el hombre que la ama. En la privacidad de
la limo, envuelvo un brazo alrededor de su espalda baja y tiro de ella contra
mi costado. Descansando mis labios contra su sien, acaricio el pliegue de su
muslo y cadera.
Ella suspira, su cuerpo derritiéndose en mi agarre.
—Una limo, Emeric. Es… innecesario, pero vaya. —Se inclina hacia
adelante, con la mirada trabada en la ventanilla lateral y la boca abierta
mientras absorbe los rascacielos de cristal en los alrededores de la
metrópolis—. No puedo creer que esté en Nueva York.
Atrapo un mechón de su cabello y lo jalo.
—¿No puedes?
Me desliza una sexy sonrisa, se tuerce en el asiento y lanza una pierna
a través de mi regazo, montándose a horcajadas sobre mí, pecho con
pecho.
Con sus manos en mi rostro, toca con su sonrisa la mía.
—No puedo. No puedo. No puedo.
La inclinaría sobre mi regazo y palmearía su perfecto trasero, pero
estamos a cinco minutos de nuestra primera parada. Así que, en su lugar,
pellizco su pezón a través del vestido y me aferro.
Ella agarra mi muñeca e intenta sacudirse de vuelta, pero el movi-
miento aprieta mis dedos y alarga el guijarro de carne.
Agarrando mi corbata, da un fuerte tirón. Eso solo trae más cerca
nuestros labios. Tomo ventaja, besándola ávidamente mientras aprieto a
más no poder su pezón.
Su cuerpo corcovea, una sinuosa curva de carne envuelta en seda
475
negra, mientras exhala pesados resoplidos.
Página
»Nunca diré otra vez no puedo. Solo, por favor… ¡mi seno!
La sangre se precipita hasta mi polla, haciendo que se levante.
La libero.
—Buena chica.
Se frota el pecho.
—Tan malo.
Diviso la sonrisa abriéndose paso a través de su mohín.
—Te encanta.
Se desliza fuera de mi regazo pero se queda cerca, inclinándose sobre
mis muslos para mirar por mi ventana.
—¿Vamos primero a Leopold?
Pasan calles y lugares de interés familiares. Estamos a una cuadra de
distancia.
Ella cree que estamos vestidos para la reservación de una cena lujosa
y que el propósito del viaje es abrirle los ojos a la vida del campus de
Leopold.
Lo que no sabe es que la traje aquí para abrir puertas.
Cuando la limo se detiene, mira a la entrada del edificio y jadea. Su
codo se balancea a tres centímetros de mi rostro en su salida en
desbandada a través de mi regazo para salir por el otro lado, más cerca a
las brillantes puertas de la entrada.
Encuentro la mirada del conductor en el espejo retrovisor.
—Estaremos un par de horas.
476
Mientras me uno a ella en la acera, el viento fresco hiela mi nuca. Pero
Página
apenas lo siento en la calidez de su cegadora sonrisa mientras absorbe el
campus donde pasé cinco años de mi vida, obteniendo mi pregrado y
maestría.
—Santa mierda. —Sacude un brazo alrededor del mío, apretando con
fuerza—. Esto está sucediendo realmente. Realmente estoy aquí.
Por mucho que deteste nuestro secretismo, fuerzo el tono de
advertencia más allá de mis labios.
—Señorita Westbrook.
—Mierda. —Deja caer su brazo, se aleja una distancia apropiada, y
mira directamente hacia adelante—. Lo siento. —La comisura de su boca
se contrae—. Señor Marceaux.
Sabelotodo.
—Sígueme. —La guío dentro y a través de los pasillos.
No he estado aquí desde que me gradué hace cuatro años. La
nostalgia tira de mí, pero no me tomo el tiempo para mirar alrededor.
Tenemos una cita.
Ella camina rápidamente para mantener el ritmo de mis largas
zancadas, sus tacones cliqueando contra el suelo de cemento.
—No eres un guía turístico muy bueno. Reduce la velocidad.
—Exploraremos más tarde. —Me detengo ante la puerta cerrada en el
Richter Hall y me muevo para enfrentarla.
Me estudia, echa una ojeada a la puerta y mira hacia atrás. Sus manos
alisan frotando el frente de su vestido.
—¿Qué estamos haciendo? —Entrecierra sus ojos, la sospecha
477
azotando a través de su tono—. ¿Qué hiciste?
—Estamos aquí para una audición.
Página
Su boca cae abierta, trabajando para formar palabras.
—¿Ahora? —Agarra el sapo encantado en su brazalete, frotando con
dedos ansiosos, su voz un áspero susurro—: ¿Por qué no me dijiste?
—Debido a esto. —Toco sus inquietas manos y dejo caer mi brazo—. Tu
emoción respecto a este viaje habría sido arruinada por los nervios.
Asiente de forma brusca, sus ojos abiertos y aterrorizados.
El pasillo está vacío, pero no arriesgaré un beso. En lugar de ello, la dejo
ver las profundidades de mi apoyo y amor en mi mirada.
»Recuerda, tu sonido es lo primero que los miembros del panel juzgarán
en ti, y lo harán en los primeros treinta segundos.
—Oh, Dios. —Inhala profundamente—. ¿Qué piezas toco?
—Toca con lo que más te identifiques, lo que sientas que tocas bien, y
lo que más se ajuste a tu estilo y aspiraciones. Déjales ver el exquisito corazón
de Ivory Westbrook.
Compruebo mi reloj. Es hora. Dándole la espalda, abro la puerta.
El salón de clases de estilo estadio no ha cambiado desde todos esos
semestres que pasé tomando apuntes justo allí arriba en los asientos de las
gradas. El mismo piano de cola Steinway se encuentra enfrente, cerca de
la puerta. Es como caminar en un túnel del tiempo.
Con Ivory a mi lado, me dirijo hacia la mujer de mediana edad y los dos
hombres mayores larguiruchos en la fila del frente. Nunca los he conocido,
pero he estado en contacto con la mujer, Gail Gatlin, que se levanta y cruza
la habitación para recibirnos.
Sus severos ojos grises levantan su mirada hacia mí desde detrás de sus
478
gafas bordeadas en oro. El cabello castaño arena se peina hacia atrás de
una figura que probablemente ve poca o ninguna luz del sol. Su estatura es
Página
baja y regordeta, y aun así irradia autoridad desenvuelta.
Alarga su mano, estrechando la mía.
—Bienvenido de nuevo, señor Marceaux.
—Gracias por vernos hoy. —Hago una seña hacia Ivory—. Esta es mi
protegida, Ivory Westbrook.
—Soy la señora Gatlin. —Gail estrecha la mano extendida de Ivory—.
Debe ser muy especial para que el señor Marceaux la traiga todo el camino
por sí mismo. Su apreciación de su talento fue lo suficientemente
convincente para reunir un panel de jueces un sábado.
En otras palabras, no malgastes su tiempo. No la habría traído aquí si
pensara que ella lo haría.
Gail hace una seña hacia los dos hombres esperando en la fila del
frente.
»Generalmente no interactuamos con los candidatos, pero ya que esta
es una audición inusual, será hasta cierto punto de estilo libre. Comience
cuando esté lista. —Asiente hacia el piano y toma su asiento.
Ivory se establece detrás del Steinway, sus dedos frotando el sapo
encantado. Encuentro una silla a un lado, donde tengo una vista directa de
su rostro mientras mira fijamente el teclado.
Mi pierna salta, y la tenso hasta la inmovilidad. ¿Qué tocará?
En este momento, su sonrisa me recuerda al Silent Lucidity de
Queensryche. Las comisuras de sus labios se levantan en autodominio, los
picos curvándose en competencia luminosa mientras mira su sueño directo
a los ojos. Un sueño que solo ha comenzado.
Pero Queensryche no estará en su repertorio. Ha estudiado a Leopold
479
durante años y sabe que la audición requiere piezas estándar de conciertos
del siglo 19, contrastando movimientos desde una partita de Bach sin
Página
acompañamiento y arpegios en tres octavas a dos manos.
Cualquier cosa que escoja para tocar, puede concretarlo con los ojos
cerrados.
Inclinándose sobre las teclas, mueve sus dedos y se balancea en un
preludio de lenta combustión. No reconozco la pieza inmediatamente. No
es barroca o clásica… mi respiración se contrae. Es una banda de pop
irlandesa.
Mi cuerpo entero se bloquea, mis manos enroscándose alrededor de
los reposabrazos. ¿Qué demonios está haciendo?
Los acordes desesperados de All I Want de Kodaline llenan la
habitación con trasfondos pesados de tristeza y positivismo. Las letras no
habladas se garabatean a través de mi mente, un mensaje que solo puede
ser interpretado como, se acabó, pero encontraré a alguien. La vida
continuará.
Es una canción de ruptura.
Mi corazón se detiene, hundiéndose en el furioso pozo de la negación
mientras las notas del piano se machacan en mi mente. ¿Por qué está
tocando esto? ¿Es un mensaje para mí?
Mírame Ivory.
Sus ojos se mueven rápidamente hacia los míos y vuelven al teclado, el
fugaz vistazo muy rápido para leerlo. Anhelo que levante la mirada hacia mí
otra vez, para que me dé algo que me saque de este nebuloso daño
psicológico.
Le dije que la seguiría a cualquier lugar. La traje aquí sabiendo que
entraría. Estoy completamente comprometido a mudarme de regreso a
Nueva York con ella. De modo que, ¿qué carajos está tratando de decirme?
¿Y por qué está arruinando su audición para hacer eso?
480
Los jueces se mueven incómodamente en sus asientos. En cualquier
Página
momento van a callarla.
Todo esto va de mal en peor. No, no mal. Hay mucha pasión y
profundidad en la manera en que toca esas teclas. Su ejecución es
perfecta. Pero la canción no muestra sus talentos técnicos. Definitivamente,
no cumple con los requerimientos de la audición.
Gail levanta una mano en un movimiento para detenerla, la irritación
mordiendo a través de su tono.
»Señorita Westbrook.
Ivory se detiene, mirando expectante a la mujer.
Con un suspiro molesto, Gail hace señas a las paredes circundantes.
»Esto es Leopold. No Escuela de Pop.
Sutilmente, lentamente, los ojos de Ivory se desplazan y conectan con
los míos. En esa fracción de segundo, veo el corazón de la mujer que amo,
y está sonriéndome con una radiante resolución. Es apenas un momento de
contacto visual, pero la siento como si estuviera justo a mi lado,
asegurándome que todo está bien en nuestro mundo. Mi pulso tamborilea
a través de mis venas.
Sabe exactamente lo que quiere, y no solo me lo está diciendo. Me lo
está mostrando de la mayor trascendental manera posible. En una audición
por su sueño. A través de una canción con la que más se identifica.
Mantengo una expresión de indiferencia y doblo calmadamente las
manos en mi regazo. Pero por dentro, estoy temblando por debajo de la
conmoción del darme cuenta. No está rompiendo conmigo. Está diciéndole
adiós a Leopold. Lo que no entiendo es, ¿por qué? ¿Qué cambió?
Gail se recuesta en la silla.
481
»¿Por qué quiere asistir a esta escuela?
Con los hombros hacia atrás y la columna derecha, Ivory levanta su
Página
barbilla.
—Para aprender de lo mejor de lo mejor.
—Ya veo. —Gail ajusta sus gafas—. ¿Qué estás buscando en un
instructor?
Ivory sonríe, sus ojos iluminados.
—Experiencia, por supuesto. Una mano firme que me empuje. Una
mente no tradicional para expandir la mía. Y disciplina. —Su mirada hace
un movimiento rápido hacia mí y regresa a los jueces—. Cuando sea
necesaria.
Su respuesta está dirigida hacia Gail, pero sé que esas palabras son
para mí. Encarno cada característica que mencionó. Yo soy su instructor
ideal.
La boca de Gail forma una línea plana.
—Leopold es una escuela tradicional y nuestra formación se concentra
en clásico, barroco…
Ivory se gira hacia el teclado y saca la sección más difícil del Islamey
de Balakirev.
Si no pretende ir a la escuela aquí, no sé lo que está tratando de probar.
Sin embargo, la estremecedora intensidad de su presentación explota a
través de la habitación con deleite. No hay errores de rítmica, nota o
dinámica. Cada sonido que produce es impecable.
Los tres jueces se inclinan hacia adelante en sus sillas, con los ojos
amplios, las bocas abiertas. Sí, están impresionados. Jodidamente deberían
estarlo. Apuesto a que nunca habían visto a alguien intentar Islamey en una
audición, y mucho menos llevarlo a cabo con habilidad inmaculada.
482
Ivory interrumpe la pieza y arquea una ceja hacia ellos. Siento mi orgullo
todo el camino hasta los dedos de mis pies.
Página
Gail descansa sus dedos sobre su boca, entonces alisa su cabello hacia
atrás.
»Bien, señorita Westbrook. Tiene nuestra atención.
Llevando una sonrisa privada, Ivory se levanta, endereza su vestido
negro, y se acerca a ellos.
—He pasado toda mi vida diciendo: “Quiero entrar a Leopold”. La
mayoría de los músicos lo hacen, ¿saben? Pero me he estado subestimando.
Hay brillantes instructores de piano fuera de estas paredes. Puedo pasar los
próximos no sé cuántos años felizmente perfeccionando mi habilidad sin
mudarme a Nueva York.
Mi corazón late tan fuerte que me pregunto si pueden oírlo a través de
la habitación. Me pongo de pie y me acerco a Ivory, las manos juntas detrás
de mi espalda en silencioso apoyo.
Gail se pone de pie, su expresión grabada con determinación.
—Necesito conversar con mis colegas… —Cuando ambos hombres
asienten hacia ella, su voz se endurece—. Nos honraría que se uniera a
nosotros.
Ivory asiente.
—Gracias, pero he tomado mi decisión.
Extendiendo un brazo, Gail le entrega una tarjeta de presentación.
—Es una oferta abierta. Si no encuentra al instructor que está buscando,
este año, el año próximo, o en cualquier momento en el futuro, tendremos
un asiento para usted.
Se intercambian despedidas, e Ivory y yo caminamos silenciosamente
483
a través de los pasillos, mi cabeza llena de preguntas.
Página
Cuando llegamos a un patio vacío en el exterior, ya no puedo contener
mi lengua.
—Dime por qué hiciste eso. ¿Qué demonios te hizo cambiar de
parecer?
Envuelve sus brazos alrededor de su cintura y se estremece contra el frío
en el aire.
—No quiero vivir aquí. Es demasiado frío.
Oigo la sonrisa en su voz y me saco la chaqueta, cubriéndole sus
hombros.
Se mete dentro de la lana, manteniendo sus pasos al ritmo de los míos.
»Cuando me senté detrás de ese piano, imaginé cómo sería aprender
de un instructor, un mentor, que no seas tú. Entonces toqué la canción que
se encajaba a mí en lugar de los requisitos. Una canción que expresa pasión
y voz, algo que nunca he sentido a través de las piezas del libro de texto. Los
jueces no lo aprobaron, y fue entonces cuando lo supe. —Se detiene y
parpadea hacia mí—. Si me inscribiera aquí, sería obligada a conformarme
bajo la instrucción de alguien que no me conoce mientras practico música
que no me conmueve.
Zarcillos de calidez se extienden por mi pecho, pero me pregunto si ha
considerado todas las ramificaciones.
—No recibirás un título bajo mi tutela. Si aún estás persiguiendo ese
asiento en la sinfónica, no tendrás el pedigrí y el prestigio para ponerte allí.
Se encoge de hombros.
—Una sinfónica, un teatro, un estadio… el dónde no es importante.
484
Quiero las luces, la audiencia, y la música. Supongo que tengo mucho por
averiguar, y si resulta que el título es necesario, lo conseguiré. —Levanta la
Página
tarjeta de presentación y sonríe.
—Por eso tocaste Islamey.
—Los planes de respaldo son buenos. Nunca sabes. Mi instructor actual
podría poner sus ojos en otra estudiante. —Sonríe—. Los profesores de
preparatoria tienen una manera de enamorarse rápida e ignorantemente.
Mi mano se flexiona, ardiendo por golpear su culo.
—Me impresionas.
Sonríe.
—Lo intento.
Mientras vagamos hacia el próximo edificio, le doy un recorrido
adecuado. Su interés en el campus se concentra en dónde pasaba mi
tiempo en lugar de qué instalaciones la ayudarían si cambiara de opinión.
Parece bien y verdaderamente en paz con su decisión.
Dado que es fin de semana, los pasillos están oscuros y vacíos. Aun así,
mantenemos una distancia profesional, caminando lado a lado mientras
señalo mis lugares favoritos y comparto recuerdos sobre las personas con
quienes pasaba el rato.
—No lo entiendo. —Me sigue a un pasillo sin salida—. Te he conocido
por ocho meses, y solo te he oído tocar rock de viejos en el piano.
—¿Rock de viejos?
—Guns N’ Roses, Megadeth, AC/DC… Quiero decir, esa es tu
actuación, entonces ¿cómo manejaste el entrenamiento clásico aquí si no
te gustaba?
—Estaba a punto de mostrártelo.
485
Al final del pasillo vacío, muevo la manija de la última puerta. Se abre,
y la arrastro al interior, cerrando y bloqueando la puerta detrás de mí.
Página
Mi mano golpea el interruptor de la luz en reflexiva memoria, y la
fluorescencia de la parte superior vibra a la vida.
La sala de práctica espartana y a prueba de sonidos es lo
suficientemente grande para contener al piano vertical y dos personas. Mira
a su alrededor y me da una mirada confundida.
Me apoyo en el piano vertical.
»Pasaba cada día aquí, practicando las canciones que disfrutaba sin
la rígida instrucción de mis mentores. Me sentaba aquí con mis auriculares y
mi lista de reproducción en repetición. Aquí es donde me enamoré del
metal en el piano.
Pasa una mano por el teclado cubierto, acercándose a mí.
—¿Cada día? ¿En este piano?
—Sí.
Sacándose la chaqueta, la tira sobre el banco.
—¿Solo?
—Por supuesto.
Se detiene a un brazo de distancia.
—¿Alguna vez trajiste a alguna chica?
—Solo a una. —Mi polla se retuerce—. Sus bragas están en peligro de
ser rasgadas.
—No estoy usando bragas.
Joder, estoy duro. ¿Cómo me perdí su coño desnudo cuando estaba a
486
horcajadas sobre mí en la limosina?
Página
Le echo un vistazo a la puerta y recuerdo que la bloqueé.
Una sonrisa perversa se retuerce en sus labios.
»¿Te masturbabas aquí?
Toso a través de una risa.
Se para delante de mí y agarra mi corbata.
»Lo hacías.
Totalmente lo hacía.
Mira el piano, mordisqueando su sonrisa.
—Apuesto a que chorreabas las teclas. Me pregunto si todavía hay…
—¿Quieres ver mi semen? —Agarro su muñeca y sostengo su palma
contra mi erección, desesperado por alivio—. Puedes verlo escapar de tu
coño.
Mi otra mano va a su cabello, enredándose en los gruesos mechones
mientras tiro su boca a la mía.
El beso se desliza más allá de suave y se hunde directo en golpes fuertes
y agresivos. Sus dedos me aprietan a través de los pantalones, empujando
mis caderas al movimiento, meciéndose contra su mano mientras mi lengua
azota y lame su boca. Muerdo su labio inferior con dureza y santo jodido
infierno, sus uñas se hunden en mis pelotas.
La giro hacia la pared alfombrada, pecho a pecho, y sujeto sus brazos
encima de su cabeza. Levanta su mirada hacia mí, sus labios llenos,
sensuales e hinchados con lujuria. Es esa mirada sexy como el infierno que
me da siempre después de que la he besado hasta aturdirla. El tipo de beso
que pone su cuerpo pesado y flácido con deseo.
487
Apretando mi polla contra su coño, recorro su cuello con mi lengua.
»¿Recuerdas las primera vez que estuvimos en esta posición?
Página
Arquea su cuello lejos de mi boca.
—En el pasillo el primer día de clase. No era exactamente la misma
posición.
—Quería contenerte de esta manera y morder esa boca inteligente.
—Hundo mis dientes en su labio inferior, sin piedad, y la libero.
Sus respiraciones se aceleran.
—Me asustaste mucho ese día.
—¿Y ahora?
—Me asustas de una manera diferente. —Besa el lugar sobre mi
corazón, haciendo que mí pulso se acelere—. De la mejor manera.
—Aplana tus manos contra la pared.
Mientras sigue mi orden, inclino mi peso contra ella, confinándola
mientras desabrocho mi cinturón, intentando aflojarlo. Cristo, la necesito.
Estoy temblando con la urgencia de enterrarme dentro de ella y embestir
duro, rápido y sin disculpas. Ni siquiera me importa dónde estamos.
Bajo mis pantalones y calzoncillos a mis muslos y empuño mi polla,
acariciándola con una mano mientras levanto su vestido con la otra.
Mis dedos la encuentran desnuda, suave, y empapada. Gracias a Dios,
porque ya me estoy alineando y… ¡Ahhh! Joder, esa primera embestida
dentro de ella me roba el aire. Está tan apretada, tan húmeda y cálida. Me
dejo ir, sin contenerme mientras golpeo dentro de ella, una y otra vez,
perdido en el ajustado agarre de su cuerpo.
Sus manos permanecen en la pared, sus muslos temblando contra los
míos.
488
La levanto, envuelvo sus piernas alrededor de mi cintura, y conduzco
Página
mis caderas profundamente, viciosamente.
»Jodidamente amo tu coño.
Con un gemido, arquea su espalda, sus tobillos cruzados contra mi culo,
esos marrones oscuros ojos dilatados y fijos en los míos.
Mi cuerpo se aprieta con mi desesperación por correrme. Se siente muy
bien, demasiado jodidamente perfecta alrededor de mi polla. Quiero
explotar.
Aprieto la parte posterior de su cabeza y presiona su boca contra la
mía. Nada de besos. Estoy demasiado salvaje y frenético para eso. Uno
nuestros labios, sosteniéndonos fuertemente, saboreando sus respiraciones,
mientras gimo y embisto y la follo hasta el clímax.
Su pecho se alza y baja a través de una serie de gemidos en aumento,
sus manos deslizándose de arriba a abajo por la pared. Al instante en que
se aferra alrededor de mí y su cuerpo tiembla con su liberación, me corro
tan jodidamente duro que mi cabeza gira.
»¡Jodeeeeer!
Dejo caer mi frente contra la suya y la sostengo contra la pared,
besándola perezosamente y jadeando a través de las persistentes vibra-
ciones de placer.
Envuelve sus brazos alrededor de mi cuello, labios entreabiertos y
provocándome.
—Eres todo lo que quiero.
Acaricio mi lengua contra la suya.
—Eres todo lo que necesito.
—Mmm. Me encanta eso.
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Salgo de la calidez de su cuerpo, sabiendo que estaré allí de nuevo al
Página
final del día.
—Solo tenemos veinticuatro horas. Es hora de ver la ciudad.
En la limosina, le doy un recorrido rápido desde Central Park hasta la
Estatua de la Libertad. Caminamos por las concurridas calles de Times
Square. Cenamos en un restaurante de lujo que tuve que reservar con dos
meses de anticipación. No es lo mío, pero es algo que quería que
experimentara.
Más tarde esa noche, yacemos desnudos en la cama de la Suite
Presidencial en el Hotel Four Seasons. He estado dentro de ella durante tanto
tiempo que mi polla está entumecida. Pero en unos veinte minutos, estará
lista de nuevo.
Me observa con ojos pesados, sus brazos extendidos sobre su cabeza,
muñecas atadas con mi cinturón. No se molesta en moverlas o pedirme que
la desate. No estoy seguro de que tenga energía para hablar.
Me deslizo por sus curvas y beso su cadera, pellizcando el hueso con la
suficiente presión para hacerla temblar.
—¿Cómo te metiste en… —Mueve su muñeca en el grillete del
cinturón—, esto?
Arrastrándome de vuelta por su cuerpo, deshago la correa y masajeo
sus brazos.
—Cuando tenía quince, encontré algunos libros escondidos en la
oficina de mi papá.
Sus ojos se agrandan, despertando con alerta.
—¿Como libros sexuales sucios?
Curvo mis dedos alrededor de una de sus tetas, levantándola para
490
enrollar mi lengua alrededor de su pezón.
—Libros de BDSM. Morbo. Cosas de Amo/esclavo. Estuve
Página
instantáneamente —duro como una jodida piedra—, intrigado. Durante los
próximos años, investigué. Me obsesioné con ello. Pero no era lo
suficientemente audaz para intentarlo hasta que fui a la universidad.
La vena en su garganta pulsa.
—¿Con una chica aquí en Nueva York?
—Nadie importante. —Ni siquiera recuerdo su nombre.
Se relaja al instante en las suaves sábanas, sus dedos peinando mi
cabello sin pensarlo mientras lamo, beso y acaricio sus tetas. Es tan
malditamente hermosa que no puedo mantener mis manos lejos de ella.
Sus dedos se congelan en mi cabello.
—¿Qué riesgos corriste hoy? Si hubiera aceptado el lugar en Leopold,
¿qué habría pasado con tu trabajo y la decano?
—Los riesgos son nulos. Quiero que te concentres en graduarte. —Le
doy una mirada acerara—. Confía en mí.
—Está bien.
Traerla aquí no puso su educación en peligro. Sabía que los jueces la
aceptarían. Si Beverly Rivard está jugando doble a mis espaldas, no impedirá
que Ivory se gradúe de Le Moyne o que logre el futuro que desea.
Solo quedan tres semanas de escuela, y Beverly cree que ya he
presionado la inscripción de Prescott más allá del proceso de solicitud. No lo
he hecho, y no lo voy a hacer. Él entrará a un conservatorio. No será
Leopold. Para cuando Beverly se entere de eso, Ivory se habrá graduado y
yo habré entregado mi renuncia.
He hecho mucho autoanálisis durante los últimos meses. Ivory quiere
aprender, y yo quiero enseñar. Obtendremos esas cosas el uno del otro.
491
¿Entonces?
Página
Ella tiene una imagen muy específica de cómo luce su objetivo final…
Las luces, la audiencia, la música. Mis aspiraciones no son muy diferentes.
Sé exactamente cómo haré que se alineen nuestros sueños.
492
Página
E
l lunes siguiente a nuestro viaje a Nueva York, me encuentro
sentado en la oficina de Beverly Rivard, intercambiando miradas
con ella a través del escritorio. No tengo idea de por qué estoy
aquí, solamente que fui convocado luego del segundo período. ¿Se trata
de Leopold? ¿Andrea Augustin? ¿Prescott? Cada posibilidad es un intruso
vengativo intentando penetrar mis defensas y robarme mi futuro con Ivory.
Los ochos meses en los que he conocido a Ivory han sido una maldita
guerra, el mundo entero contra ella y contra mí. Pero Shane es localizado,
trabajando como un gruñón para un equipo de construcción en Tennessee.
Lorenzo aún está DEA2; mi Investigador Privado se avergüenza de reportar
que la pista se enfrió.
He estado esperando la conclusión final.
Beverly interrumpe el silencio, observándome con ojos agudos,
probablemente un intento de hacer que me retuerza.
Estoy luchando una batalla de alta adrenalina en el interior, pero
mantengo mi postura relajada y fuerzo una mirada aburrida en mi rostro.
Endereza las mangas largas de su chaqueta de traje y palmea el moño
rubio grisáceo en su nuca. Cuando termina de acicalarse, mira bajo su nariz
493
y olfatea.
Página
—Tengo noticias desafortunadas.
2 DEA: Desaparecido en acción.
Sea lo que sea, parece francamente presumida al respecto. Eso no es
un buen presagio para mí.
Me acomodo en la silla con exagerada casualidad.
Desbloquea la tablet en su escritorio y se encuentra con mi mirada.
»Uno de sus estudiantes fue expulsado esta mañana.
Tengo docenas de estudiantes, pero en el fondo lo sé, jodidamente sé
a quién se refiere, y es un agudísimo puñetazo en el estómago.
El segundo puñetazo viene cuando gira la tablet y la desliza sobre el
escritorio.
Un video sin sonido se reproduce en la pantalla. Es granulado y oscuro
en los bordes, pero el escenario del teatro de Le Moyne brilla bajo las luces
superiores. Al frente y al centro está Ivory, levantándose del piano en un
vestido impreso con margaritas amarillas y blancas.
Observo con horror mientras sale del escenario, camina al borde de la
pantalla, y se arrodilla entre un par de piernas incorpóreas. Oscuridad
envuelve todo frente a ella. El rostro, ropa, zapatos, nada identifica a la
persona sentada en las sombras en la primera fila.
Pero recuerdo la mirada seductora en sus ojos antes de que el video lo
muestre. Recuerdo sus palabras antes de que sus labios se muevan
silenciosamente en la pantalla.
Me arrastraré hasta ti. Me inclinaré ante ti. Lo que quieras, lo quiero.
Solo… dame esto.
Mis entrañas se endurecen en brasas ardientes, silbando vapor por mis
venas. Si la mirada de Beverly no estuviera ardiendo sobre mí, si las
494
consecuencias de este video no me estuvieran haciendo hervir en una rabia
combustible, miraría el resto de esto con una polla dura y una sonrisa
Página
hambrienta. En su lugar, me obligo a lucir como el hombre que Beverly pensó
que contrató. Un profesor hastiado e insensible que solo se preocupa por sus
propios planes.
Controlo mi respiración y enmascaro mi expresión, codo apoyado en
el reposabrazos, barbilla apoyada en una mano con un puño flojo. Apagaría
el video, pero necesito saber si el ángulo de la cámara me capturó cuando
salí.
Las imágenes muestran una indistinguible mano en el cabello de Ivory
y su cabeza balanceándose de arriba hacia abajo en un regazo. Termina
con ella siguiendo a una oscura silueta hacia la oscuridad.
Nada en el video me incrimina. Es difícil encontrar alivio en eso cuando
Ivory ha sido expulsada de la escuela tres semanas antes de su jodida
graduación.
Beverly estudia mi rostro, su boca apretada en una línea. Está mirando
en busca de una reacción de mi parte. Toma cada gramo de control que
tengo no darle una mientras un rápido torrente de preguntas acribillan mis
pensamientos con sangrantes agujeros.
No soy el único profesor de Ivory, pero apuesto a que soy el único al
que Beverly llamó para ver el video. ¿Qué sabe? El video tiene cinco meses.
¿Cuánto tiempo ha estado retrasando esto? ¿Por qué lo está usando ahora?
Algunas de esas respuestas podrían revelarse si entendiera cómo y por
qué el teatro estaba equipado con una cámara en vivo.
Inclino mi cabeza.
—Consentimiento firmado por los padres es requerido por la ley para
fotografiar o filmar a un estudiante, especialmente si invade su privacidad.
¿En qué estaba pensando? Sabe que esas leyes están ahí específicamente
para proteger las malas conductas del estudiante de la atención pública.
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Vuelve su mirada hacia la tablet frente a mí.
Página
—La escuela no colocó esa cámara. Fue el dispositivo personal de
alguien.
Aquí vamos. Ese alguien es Andrea Augustin o Prescott. Ambos sabían
que moví las lecciones de Ivory al teatro, y ambos tenían razones para
joderme. Pero si me tendieron una trampa, sabrían que soy yo en ese video.
Mi pulso se agita mientras presiono un tono desapasionado a través de
mi voz.
—¿Interrogó a la señorita Westbrook antes de enviarla a casa?
—Sí, por supuesto. Se rehusó a… participar.
—Explíquese.
—No dijo una palabra después de que le mostrara el video. —Se
encoge de hombros—. Es su funeral.
Cristo, Ivory debía estar jodidamente enloqueciendo en este momento.
¿Por qué no me ha llamado?
Mi temperatura se eleva, pero mantengo la fría fachada.
—¿No le dijo la identidad del chico en el video?
Beverly resopla.
—No respondió ninguna de mis preguntas.
En una aventura estudiante-profesor, el estudiante es una víctima y por
lo tanto inmune al castigo escolar o acción criminal. Todo lo que Ivory tenía
que hacer era decir mi nombre, y habría sido exonerada.
En su lugar, permitió que Beverly asumiera que su conducta sexual fue
con otro estudiante, sabiendo que resultaría en su propia expulsión. Cuatro
496
años en Le Moyne, y renunció a su diploma escolar. El diploma de Le Moyne.
Uno por el cual su padre sacrificó todo para que ella lo recibiera.
Página
Y se alejó de esto.
Para protegerme.
Rectificaré eso ahora mismo.
—Soy yo. —Toco la pantalla de video.
Beverly pestañea.
—Señor Marceaux…
—Seguramente lo imaginó basado en el tamaño sustancial de la polla.
—Sonrío—. Puedo sacarla si necesita pruebas.
Luce como si fuera a vomitar, pero bajo el disgusto, no hay ni una pizca
de sorpresa.
—No sé qué está planeando, pero no creo ni por minuto que tenga
intención de arruinar su carrera e ir a prisión por esa… esa… —Se estremece
ante mi mirada asesina—. Chica.
La evidencia de cuán profundo iré por Ivory se está pudriendo en el
fondo de un pantano en Luisiana.
Saco mi teléfono de mi bolsillo y la llamo.
Beverly estira un brazo a través de su escritorio.
»¿Qué está haciendo?
—Emeric. —El sonido de la voz empapada de lágrimas de Ivory hace
que mi pecho se derrumbe.
Presiono el teléfono más fuerte contra mi oreja.
497
—¿Dónde estás?
—Sentada en el estacionamiento. —Su tono se eleva una octava—. Oh
Página
Dios, Emeric. Quería llamarte, pero temía que estuvieras con la decano y…
—Estoy con ella ahora. —Sonrío ante la vista de Beverly moliendo su
mandíbula viciosamente—. Entra.
—Pero yo…
—No estás expulsada. Ven directamente a su oficina. —Termino la
llamada.
Beverly se mueve hacia adelante, puños sobre el escritorio y ojos duros
y ahusados.
—Voy a entregarlo a las autoridades.
Excepto que aún no ha hecho la llamada.
Porque todavía necesita mi remisión para Prescott. Y porque una mala
conducta entre una estudiante y un profesor sería mala publicidad para Le
Moyne.
—Vayamos al punto, Beverly. —Dejo el teléfono en mi rodilla y
tamborileo mis dedos contra este—. Está claro que sacó el video de su
arsenal para deshacerse de Ivory. Dígame por qué eligió hoy, de todos los
días, para hacerlo.
Se endereza e inhala profundamente.
—Recibí una llamada inquietante anoche. —Un rubor enojado se eleva
por su cuello—. La llevó a Leopold. Para una audición.
Mis suposiciones eran correctas sobre sus conexiones de juego doble.
—¿Quién la llamó?
—Alguien que tiene acceso a los registros de admisión. La facultad de
Leopold está zumbando sobre la joven virtuosa de Le Moyne. Aun así,
498
ninguna persona ha mencionado el nombre Prescott.
Voy a salirme de lo normal aquí.
Página
—Prescott instaló la cámara y se la dio meses atrás. Usted no quería
usarlo porque no quería el escándalo. Ahora está en pánico, porque se dio
cuenta de que no tengo intenciones de empujar a su inútil hijo hacia las
audiciones.
Uno, no es lo suficientemente bueno para Leopold. Dos, he llamado la
atención hacia mí luego de la audición de Ivory. La facultad de Leopold
cuestionaría por qué no llevé a Prescott para una audición también. Alguien
indagaría, y eso conduciría a la participación de mi mamá.
Beverly me llamó para poder entregar la desafortunada noticia de Ivory
ella misma y regocijarse sobre tener la ventaja. Esperaba que dejara que
Ivory cayera sola y forzaría lo de Prescott para mantener mi trabajo.
Ahora, en un débil intento desesperado por salvarse, está amenazando
con llamar a las autoridades. Excepto que el video no me implica.
No tiene nada.
Tiro de la tablet más cerca y abro un navegador.
»Ivory se graduará de Le Moyne, y la tratará con el máximo respeto.
—¡No! —Beverly me fulmina con la mirada tan duro que creo que sus
ojos podrían estallar—. La quiero fuera de mi escuela.
Iniciando sesión en una plataforma de almacenamiento en la nube,
accedo a la cuenta que creé en el caso de que Beverly decidiera ser una
perra.
¿Expulsar a Ivory de la escuela? Definitivamente una perra.
Reproduzco el primer video y giro la tablet, disfrutando bastante del
cambio de circunstancias.
499
Beverly me la arranca de la mano. Mientras mira la pantalla, sus dedos
se cierran alrededor de la carcasa de plástico.
Página
Un puño golpea la puerta suavemente.
Dejo a Beverly para que mire a su esposo acariciar el culo de Deb y
abro la puerta. Me encuentro con enormes ojos marrones, enrojecidos e
hinchados.
Ivory entra silenciosamente. Cierro la puerta, entrelazo nuestros dedos,
y la guío hacia una de las sillas frente al escritorio de Beverly.
Nos sentamos lado a lado, de la mano. Ella mueve su mirada de
nuestros dedos a Beverly y a mi rostro, sus cejas levantándose en pregunta.
Me encantaría besarla, pero eso sería demasiado.
—Beverly estaba a punto de decirte que vuelvas a clase.
Beverly levanta la mirada de la pantalla, su tez blanca como el papel.
No llora ni se enfurece ni se congela. Sospecho que ya sabía que su esposo
la engañaba. Pero dada su fuerte necesidad de mantener una imagen que
cautive e impresione a todos a su alrededor, no querría que nadie supiera
que su matrimonio es un montón de mierda.
Imagino que justo en este momento se está cagando mentalmente al
pensar en las consecuencias si esos videos se hicieran públicos. ¿Su carrera
como decano? Jodida. ¿El rostro de su esposo en todos los anuncios de su
auto? Por siempre asociados al dinero metido en el culo de Deb. ¿Las
conexiones de Prescott a otras universidades? Tan inútiles como su habilidad
musical.
Con una mirada de derrota, apaga la tablet y la pone a un lado.
—¿Qué quiere?
Aprieto la mano de Ivory.
500
—Ya se lo dije.
Página
Beverly aprieta su mandíbula.
—No puedo permitir esto… —Agita una mano entre nosotros—. Que
siga en mi escuela. Termine las cosas con la señorita Westbrook.
Como el infierno. Pero estoy dispuesto a comprometerme.
—Ivory se queda. Presentaré mi renuncia inmediatamente.
Ivory se estremece a mi lado.
—Emeric, no…
Aprieto mis dedos alrededor de su muñeca en un grillete apretado,
recordándole que confíe en mí. La tengo.
Mi inquebrantable mirada se estrecha sobre Beverly.
—Dígale a Ivovry que regrese a clases.
Beverly me mira desde el otro lado del escritorio, sus ojos profundos
calderones de odio.
—Señorita Westbrook, regrese a clases.
501
Página
M
e despierto de la misma manera en que lo hago la mayoría
de las mañanas. Somnolienta, feliz, caliente. Excepto que hoy
es diferente.
Hoy soy una somnolienta, feliz y caliente graduada de la Academia Le
Moyne.
La ceremonia del día de ayer fue celebrada en el teatro del campus.
El mismo teatro que casi me costó ese diploma. Stogie y los padres de Emeric
estuvieron allí. La decano exigió que Emeric no mostrara su rostro, aunque
estoy segura de que vislumbré su sombrero en la multitud. Cuando le
pregunté al respecto, me besó hasta dejarme en un caliente y pegajoso
estupor. Me encantaría uno de esos besos ahora.
Me estiro detrás de mí, esperando encontrar su cálida piel. En su lugar,
me encuentro con mantas frías y vacías.
Soltando un suspiro, me enderezo y echo un vistazo al reloj. Siete con
trece A. M.
Maldito sea él. Me dijo que los entrenamientos matutinos terminarían.
Odio despertar sola.
Salgo de la cama, envuelvo una bata alrededor de mi cuerpo
desnudo, y salgo a buscarlo.
502
Diez minutos después, encuentro todo vacío y reviso el garaje. El GTO
se ha ido. ¿Quizás está recogiendo el desayuno?
Página
Cuando me meto en la cocina, algo se mueve en mi periferia.
—¿Qué demonios?
Giro mientras una raya negra sale despedida por el suelo y desaparece
alrededor de una isla. ¿Hay una rata en la casa?
Cautelosamente, camino de puntillas alrededor de la esquina y jadeo.
»Oh… ¿Qué? —Cubro mi sonrisa con dedos temblorosos.
Una mirada a esos brillantes ojos amarillos convierte mi visión en un
húmedo borrón.
Un gatito. Trajo un gatito a casa. Mi garganta se cierra.
El pelaje negro carbón cubre el cuerpo del gato desde los picos de las
orejas hasta la punta de la cola. Presiono mis labios cuando un sollozo se
levanta.
Al siguiente momento, estoy jodidamente llorando. Un maldito lío de
empapados lloriqueos, y ruidoso hipo por ninguna razón que tenga sentido.
Hice lo mismo cuando mi papá me dio a Schubert.
Limpio mis mejillas con el dorso de mis manos y bajo lentamente en
cuclillas, cuidadosa de no asustar… ¿Asustarlo? ¿Asustarla? Conociendo a
Emeric, querría otro hombre en la casa.
Emoción me recorre cuando espío dos dijes colgando del collar negro.
Ofrezco mi mano a modo de saludo. Olfatea mis dedos, los marca, y
me hace suya. Me derrito.
Recogiéndolo, lo acurruco contra mi cuello y me hundo en el vibrante
ronroneo. Extrañé tanto esto.
503
Con dedos temblorosos, examino los dijes de plata. El primero es una
etiqueta de identificación redonda con un nombre grabado. Kodaline.
Página
La banda pop irlandesa que toqué en mi audición.
Sacudo mi cabeza, sonriendo. Dios, amo a ese hombre mío.
El segundo dije es un medallón en forma de corazón con una clave de
sol levantada en la parte delantera. Abro el pestillo y una pequeña nota
doblada cae en mi palma.
Deslizándome en el taburete más cercano, coloco a Kodaline en mi
regazo y desentraño el pedazo de papel.
Es una dirección en el Barrio Francés. Garabateado debajo del nombre
de la calle en su masculina sexy caligrafía se encuentra: No me dejes
esperando.
¿Qué ha hecho ahora?
Sonrío mientras me ducho, arreglo mi cabello, y me pongo un casual
vestido rockabilly negro con impresión de una rosa gris. El corpiño sin tirantes
abraza mi escote seductoramente. Un moño coqueto se ata en la cintura, y
la falda se acampana en las rodillas. Lo acompaño con cómodos zapatos
vintage; tan cómodos como pueden ser los tacones, de todos modos.
Zapatos planos serían más prácticos, pero quiero lucir bien para él, para lo
que sea que haya planeado.
Mi sonrisa crece más y más de camino hacia allí, haciendo que mis
mejillas duelan en su negativa de irse. Sonreír es tan parte de mí como la
ropa que él elige, el dolor con el cual me deleita, y la música que él resuena
en mi corazón.
Con la dirección indicada en el mapa en mi teléfono, sigo las
direcciones hacia el popular lugar para desayunar en el Barrio Francés. La
cálida brisa besa mi rostro mientras camino rápidamente a lo largo del
camino de baldosas, rodeada por el ambiente de la sobresaliente historia y
504
arquitectura de Nueva Orleans.
Página
La luz del sol resplandece en los campanarios, aguilones y tejados con
buhardillas. Rocío se aferra a los postes de lámparas de gas. Ávidos turistas
se reúnen alrededor de vendedores instalando sus cabinas bajo los
florecientes árboles en Jackson Square. Es una hermosa mañana sureña.
¿Cómo podría haberme alejado de esto alguna vez?
Entro al restaurante y lo encuentro inmediatamente en una cabina de
la esquina bebiendo su café. Sus ojos azules encuentran los míos, y por
segunda vez esta mañana, me derrito.
Me observa intensamente mientras cruzo el ocupado comedor, su
mirada vagando arriba y abajo y profundo dentro de mí.
Cuando llego a la mesa, se pone de pie y entrelaza nuestros dedos.
—Luces encantadora.
Cabello negro cae sobre los lados recortados en mechones
desaliñados, sin duda importunado por sus dedos desde el momento en que
se levantó. Su camisa color azul cobalto combina con sus ojos y está abierta
sobre una camiseta blanca. La relajada mezclilla de sus jeans se asienta
sobre sus estrechas caderas, un ajuste tan perfecto que es como si cada hilo
estuviera tejido para abrazar sus largas piernas y cubrir su impresionante
bulto.
Luce como un hombre que tiene la intención de pasar un perezoso día
paseando por el muelle. ¿Quizás ese es el plan?
—También te ves malditamente bien. —Le sonrío. En lugar de sentarme
frente a él, lo sigo en su lado, envuelvo mis brazos alrededor de sus anchos
hombros, y llevo mis labios a los suyos—. Gracias por Kodaline.
—¿Rápidos amigos, entiendo?
505
—Amor instantáneo.
Página
Conduce la conversación durante el desayuno, manteniendo la
plática despreocupada y modesta. No me ha contado cómo pasó mis
últimas tres semanas de clase, pero toda su conducta ha sido enfocada y
alimentada con propósito. Cuando curioseo, es siempre la misma respuesta.
Confía en mí.
Estoy recibiendo esa mirada ahora, el brillo con luz trémula en sus ojos
de espera-y-ve. No me importa qué me está escondiendo. Estoy contenta
con simplemente disfrutar de su compañía, agarrando su mano como su
novia y besando sus labios en público. Ya no más escondites o vivir con
miedo. Somos finalmente libres.
Luego del desayuno, serpenteamos por las estrechas calles del Barrio
Francés, dedos entrelazados, compartiendo miradas y sonrisas.
Con tiendas abajo y hogares arriba, las filas de edificios deslumbran con
volutas ménsulas de hierro forjado a mano, acanaladas columnas iónicas, y
balcones famosos por el lanzamiento de cuentas.
Se detiene frente a una de esas estructuras, saca un llavero de su
bolsillo, y levanta su cabeza. Sigo su mirada y pierdo el aliento.
Un enorme y redondo cartel cuelga en cadenas de metal desde
debajo de la enorme saliente. Enmarcado en un trabajo de hierro forjado
negro, el nombre del negocio hace que mi boca se seque.
EMERIC & IVORY
PIANO BAR DE DUELOS
Mi respiración vuelve con mucha fuerza, solo para ser contenida de
nuevo cuando Emeric me recoge del suelo. Acunándome contra su pecho,
506
abre la puerta de cristal y me lleva hacia el umbral.
Página
—Santa mierda. —Mi corazón late. Mis brazos tiemblan. Mi cuerpo
entero flota a través de un sueño—. ¿Cómo hiciste…? ¿Cuándo hiciste…?
¿Esto es nuestro? Ni siquiera puedo pensarlo.
—Tranquila. —Me deposita sobre mis vacilantes piernas y tranca la
puerta detrás de nosotros—. Respiraciones profundas.
Mi pecho sube y baja mientras contemplo las profundas paredes
caoba, espejos góticos, y baldosas en mosaico negro y marfil. Es clásico y
sofisticado, moderno y para servir cócteles. En el corazón del Barrio Francés,
el solo valor de la propiedad en este lugar debió haberle costado millones.
Estoy aturdida en un silencio estupefacto.
Dos grandes pianos están depositados en una plataforma en el centro,
de espaldas el uno del otro. Los teclados están lo suficientemente juntos
para compartir el largo banco entre estos. ¿Estos serán nuestros pianos?
¿Dónde tocaremos juntos? ¿Con las luces, la audiencia, la música?
—Oh Dios mío, Emeric. Pellízcame.
Lo hace, directo en el pezón, lo suficientemente duro para hacerme
gritar.
Llevándome a la adornada barra, se inclina contra el bode.
—Cuando lo compré unos meses atrás, intenté encontrar una laguna,
pero debido a esto —señala las estanterías de licor en la pared—, tu nombre
no estará en la licencia comercial hasta que cumplas veintiuno. —Levanta
mi mano y presiona un beso en mis dedos—. Para entonces, serás la señora
Ivory Marceaux.
Mi corazón canta una melodía de desmayo.
—¿Estás seguro de esto?
507
—Apuesta tu dulce trasero a que sí. —Golpea su palma contra mi
Página
trasero con un resonante zas—. Ve a explorar.
Hay tanto para contemplar que estoy temblando contra el significado
de ello. Un piano bar. Al igual que mi papá.
Lágrimas estremecidas y gozosas caen por mis mejillas mientras hago
un circuito alrededor de las mesas altas, suaves sillas de terciopelo rojo, y
sofás de cuero negro. Candelabros iluminan el espacio con un cálido
resplandor. Y los pianos…
Me detengo junto a uno de los Steinway, y mi dedo encuentra
instantáneamente un familiar rasguño en la tapa. Mi mirada acuosa se lanza
hacia Emeric al otro lado de la habitación.
Apoyado contra la barra, desliza un trozo de goma de mascar en su
boca y cruza sus tobillos.
»Lo compré el día que conocí a Stogie. Es tuyo.
Miro al piano y trago la felicidad hinchándose en mi garganta.
—Vas a hacerme llorar feo.
—Te compraré un piano cada día por el resto de tu vida para ver esas
hermosas lágrimas. —Ronda hacia mí, sus manos juntas detrás de su
espalda.
Esa mirada en sus ojos, la devoción bordeada de deseo, es mi tono
para centrarme, mi nota musical, la que induce la perfecta ola de
vibraciones dentro de mí, balanceándome.
Se mueve detrás de mí, desliza su brazo alrededor de mi cintura, y me
sostiene contra él, su polla endureciéndose contra mi culo.
»Stogie vendió su tienda.
Lo miro, sobresaltada.
508
Roza su boca contra mi oreja.
Página
—El dolor en el culo no se retirará, pero resolvió algo. Me está ayudando
con el inventario y contratación, y lo instalé en una de esas casas criollas a
una cuadra.
Abrumada por las emociones, intento descifrar mi cerebro, analizando
todo lo que ha hecho y el futuro que ha extendido ante mí.
—¿Qué hay de la enseñanza? ¿Cómo llena eso el bar?
—Todavía te tengo a ti. Cuando me sobrepases…
—Nunca te sobrepasaré.
—… hay todo un segundo piso con una entrada separada en la parte
posterior. Abriré una escuela de rock de viejos al público y enseñaré metal
en el piano.
Vaya. Ha pensado en todo, lo cual me deja con solo una cosa que
decir.
Gracias. Podría vocalizarlo un millón de veces, pero no tengo que
hacerlo. Ve los ríos salados corriendo por mis mejillas. Siente el temblor de mi
cuerpo contra el suyo. Oye el silbido en mis respiraciones.
Las palabras no son necesarias porque tenemos algo mejor. Nuestras
propias notas. Solo somos nosotros y nuestra canción, la melodía pulsando
entre nosotros, nutriéndonos, fusionándonos, y haciéndonos uno.
Me vuelve en sus brazos y me aprieta contra él. Engancho mis manos
detrás de su espalda, apoyo mi mejilla en la cálida pared de su pecho, y
cierro mis ojos mientras nos balancea al ritmo de nuestros corazones. Algún
día pronto, haremos esto, aquí mismo, mientras la multitud aplaude y nos
anima y aboga por otra.
509
Suspiro. La realidad es mejor que cualquier sueño que imaginé.
Página
Engancha un dedo bajo mi barbilla, levanta mi rostro, y lleva su boca a
la mía. Sabe a canela y deseo, sus labios firmes con una devoradora
comodidad de familiaridad.
Me pasa su goma de mascar rodando con su lengua. La siguiente
caricia barredora lo reclama. El mordisco de sus dientes en mi labio nos
mantiene unidos.
Sus manos se deslizan debajo de mi vestido y agarran la parte posterior
de mis muslos, levantándome al borde del piano para que pueda
profundizar el beso. Para que pueda provocarme con sus dedos entre mis
piernas. Para que pueda rasgarme…
Ahí van mis bragas, arrojadas en un pedazo de seda detrás de él.
Agarro su sexy cabello mientras sus dedos se hunden dentro de mí, mis
tejidos revoloteando bajo el sensual afecto de su toque. Su otra mano bajo
el corpiño de mi vestido. Entonces sus labios están allí, envueltos alrededor
de mi pezón, chupándolo profundamente en su caliente boca.
Mi cabeza cae hacia atrás, mi columna inclinándose contra su brazo
en mi espalda mientras gemidos se derraman de mi boca. Jesús, sabe cómo
hacer funcionar esos dedos. En el piano. En mi coño. Alrededor de mi
corazón.
Amo a este hombre. Lo amo, y cuando tenga noventa y yo ochenta,
aún lo amaré. Sonrío ante la imagen de su cuerpo arrugado.
Sus ojos se levantan hacia los míos, y su boca libera mi pezón.
—¿Qué es tan gracioso?
Trazo la húmeda curva de su labio con un dedo.
510
—Cuando seas demasiado viejo para que se te pare, todavía te
amaré.
Página
Envuelve sus dedos dentro de mí y pone su rostro en el mío, mostrando
sus dientes en una sonrisa perversa.
—Viagra, cariño.
Sacudo mi cabeza. Tiene una solución para todo.
Quita sus dedos de dentro de mí y encara el botón de sus jeans.
»He pasado cada día aquí durante las últimas tres semanas. —Libera su
cremallera y tira de la falda de mi vestido fuera del camino—. Cada día
imaginando que te follaba aquí, justo así.
—Podrías habérmelo dicho. —Me balanceo en la repisa del piano, mis
piernas desnudas temblando alrededor de sus caderas—. Habría corrido.
—Oh, Ivory. —Apunta la ancha cabeza de su polla sobre mi coño—.
Vas a correrte.
Su mirada sostiene la mía mientras me embiste. Un bajo y profundo
gemido retumba en su pecho.
Placer inunda mi cuerpo en torrentes de azotes, uno encima del otro,
juntándose en una abrumadora neblina de necesidad.
Me besa apasionadamente mientras nuestros cuerpos se deslizan
juntos, balanceándose contra el borde del piano. Mis dedos se hunden en
su cabello. Nuestras respiraciones se mezclan en una armonía de jadeantes
gemidos, y mis caderas absorben el impacto de las suyas mientras me folla
en un salvaje y frenético crescendo.
Sus ojos nunca abandonan los míos mientras envuelve una mano
alrededor de mi garganta. Aprieta, y lloriqueo contra la dichosa presión.
Me encanta la forma en que me sostiene.
511
—Más fuerte.
Página
Sus dedos se aprietan, y conduce sus caderas más rápida, despiadado
en su urgencia.
Nos forzamos al límite hacia el otro, manos agarradas, ojos fijos mientras
nos elevamos, perdidos en nuestro mundo privado de notas y sueños.
512
Página
TRES AÑOS DESPUÉS
P
ersonas de todas partes del mundo vienen al Barrio Francés por
comida, cultura, y música. Bourbon Street es una fiesta
interminable, día y noche. Nuestro piano bar de duelos está justo
en el centro de esta, en auge con el exceso de entusiastas turistas. La
mayoría de las noches, la fila fuera de la puerta serpentea alrededor de dos
cuadras.
El ruido de risas, copas tintineando, y zapatos arrastrándose recargan
la atmósfera con emoción. Estamos tan llenos esta noche, el calor
combinado de cuerpos ahoga el aire, calentándolo más por las brillantes
luces encima de mí.
Me estremezco con nervios felices y tomo un largo sorbo de mi cerveza,
devolviéndola a la plataforma de mi piano.
Stogie está sentado detrás de la barra, tan viejo como las vigas de
noventa años, sonriendo juvenilmente. Laura y Frank Marceaux beben sus
bebidas en la zona de asientos, rodeados de sus amigos.
Compartiendo el banco a mi lado, Emeric mira hacia el otro lado, el
movimiento de sus caderas creando un agradable deslice contra las mías.
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Nuestros pianos están situados en direcciones diferentes y ligeramente
descentrados para darle espacio a nuestros codos al tocar lado a lado.
Página
Se inclina contra el teclado de mi piano, sus ojos barriendo mi ajustado
vestido color marfil.
—Te ves lo suficientemente bien para comerte esta noche, señora
Marceaux.
Contemplo sus jeans, camiseta blanca, y sombrero gris, y casi
malditamente ronroneo de apreciación.
—Espero que estés hambriento, señor Marceaux.
—Infinitamente. —Se lanza hacia mí, agarrando mi cabello y dándome
un beso tan escandaloso que la multitud estalla en silbidos.
Cuando rompe el beso, mi cuerpo nada en su persistente calor.
Me concentro en sus brillantes ojos azules.
—¿Qué duelo vamos a tener primero?
Sonriendo, coloca sus dedos en su teclado y me empuja con su
hombro.
—Guns N’ Roses.
Levanto una sonrisa y tiemblo bajo las luces.
—Y Kodaline.
Entonces la música empieza…
FIN
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Página
LISTA DE
REPRODUCCIÓN
SCRIABIN’S SONATA NO.9
“TOXICITY”: SYSTEM OF A DOWN
BALAKIREV’S ISLAMEY
“PATIENCE”: GUNS N’ ROSES
“NOTHING ELSE MATTERS”: METALLICA
“SYMPHONY OF DESTRUCTION”: MEGADETH
“SMELLS LIKE TEEN SPIRIT”: NIRVANA
“COMFORTABLY NUMB”: PINK FLOYD
“I WILL FOLLOW YOU INTO THE DARK”: DEATH CAB FOR CUTIE
“ALL I WANT”: KODALINE
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¡TE ESPERAMOS CON MÁS
LECTURAS!
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