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Eutanasia

eutanasia en el mundo, panamá

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Eutanasia

La eutanasia es la intervención deliberada para poner fin a una vida sin perspectiva
de cura. La eutanasia se practica tanto en humanos (medicina) como en animales
de otras especies (eutanasia animal en veterinaria). En medicina la eutanasia es la
provocación intencionada y consentida de la muerte de una persona que padece
una enfermedad o una lesión corporal grave e incurable, la cual es realizada por un
médico. Las organizaciones médicas no recomiendan el uso de términos como
“eutanasia involuntaria”, “eutanasia pasiva” ni “eutanasia indirecta”, al considerar
que son situaciones ajenas a esta definición de eutanasia.

En los países donde está legalizada su práctica, la eutanasia se realiza a petición


reiterada del paciente y con la supervisión de un equipo médico. El procedimiento
es libre, autónomo, voluntario, intencionado, reflexionado y consciente, en el caso
de que esta circunstancia no sea posible, cuando el testamento vital del paciente lo
indique explícita y claramente. La eutanasia realizada por un médico es legal en:
Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Canadá, Colombia, Ecuador, España, Nueva
Zelanda, Portugal, Uruguay, y en los estados de Australia Meridional, Australia
Occidental, Nueva Gales del Sur, Queensland, Tasmania y Victoria.

La eutanasia debe diferenciarse del suicidio asistido, cuando es el propio paciente


el que lleva a cabo la administración de los fármacos para acabar con su vida.
También debe diferenciarse de los cuidados paliativos, donde el fin de la
medicación que se administra no es terminar con la vida sino generar bienestar, a
pesar de que dicha medicación pueda acortar la vida de forma secundaria.

La eutanasia se clasifica de diferentes formas: directa e indirecta según el accionar


médico, y voluntaria e involuntaria si se cuenta o no con el consentimiento del
paciente informado y consciente.

Según el accionar médico


 Eutanasia directa: cuando existe una provocación intencional del médico que
busca la terminación de la vida del paciente. Esta a su vez posee dos formas:
 Activa o positiva: se le considera activa o positiva (acción) cuando existe un
despliegue médico para producir la muerte de una persona como suministrar
directamente algún tipo de fármaco o realizando intervenciones cuyo objetivo es
causar la muerte.
 Pasiva o negativa: es pasiva o negativa (omisión) cuando la muerte es
producida por la omisión de tratamientos, medicamentos, terapias o alimentos.
En este tipo de eutanasia la actuación del médico es negativa pues su conducta
es de «no hacer». En otras palabras, se abandona todo tipo de actividad
terapéutica para prolongar la vida de una persona que se encuentre en fase
terminal, pues se ha concluido que el tratamiento es inútil para el mejoramiento
del paciente. Suele identificarse con los conceptos de dejar morir y ortotanasia,
así como con el derecho a rechazar un tratamiento médico o retirarse del
soporte vital.
 Eutanasia indirecta: es la que se verifica cuando se origina sin la intención de
causar la muerte del paciente. Según la definición de eutanasia la indirecta no lo
sería pues uno de los elementos de esta práctica es la provocación intencional
de la muerte. En todo caso, la indirecta se da como resultado de efectuar
procedimientos médicos intensos, con intención terapéutica, que pueden
producir la muerte.

Según la voluntad del paciente


 Voluntaria: es aquella en la cual es el paciente quien toma la decisión o por
terceras personas obedeciendo los deseos que el paciente ha expresado con
anterioridad.
 Involuntaria: sucede cuando un tercero toma la decisión sin obtener el
consentimiento del paciente (pudiendo obtenerse) o de un pariente de este.
 No voluntaria: ocurre cuando un tercero toma la decisión sin el consentimiento
del paciente debido a la imposibilidad de expresarlo.
Estatus de la eutanasia en el mundo:
Eutanasia activa legal (Un médico de forma directa, y con el consentimiento del
paciente, provoca la muerte de una persona que padece una enfermedad grave e
incurable): Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo, Canadá, Colombia, Ecuador,
España, Nueva Zelanda, Portugal, Uruguay, y en los estados de Australia
Meridional, Australia Occidental, Nueva Gales del Sur, Queensland, Tasmania y
Victoria.

Eutanasia pasiva legal (El paciente rechaza tratamientos o pide que se le retire
soporte vital para acelerar su muerte)

Eutanasia activa ilegal, eutanasia pasiva no regulada

Toda forma de eutanasia ilegal

En Panamá la eutanasia es ilegal, pues no está permitida por ley. La Ley 68 de


2003, que regula los derechos y deberes de los pacientes en materia de
información y de decisión libre e informada, prohíbe expresamente tanto la
eutanasia como el suicidio asistido. Esto significa que ningún médico o profesional
de la salud puede provocar o facilitar la muerte de un paciente, incluso si dicho
paciente se lo solicita.

Si bien la eutanasia está prohibida en Panamá, nuestra legislación sí reconoce el


derecho a una muerte digna, como aquel derecho que tiene cada paciente de
rechazar tratamientos médicos que prolonguen artificialmente su vida cuando ya no
le aportan calidad ni bienestar alguno. Este derecho se basa en el principio de
autonomía del paciente. Se trata de la posibilidad de morir sin dolor, con serenidad,
manteniendo acceso a cuidados paliativos. Esto incluye decisiones como no
someterse a procedimientos invasivos, evitar terapias que solo extienden el
sufrimiento o suspender máquinas de soporte vital en casos irreversibles.
No se trata de “acelerar la muerte”, sino de la posibilidad de esperar que
la muerte llegue de manera natural, priorizando la dignidad del paciente y el respeto
a su voluntad.

En Panamá, una de las formas más efectivas de ejercer el derecho a una muerte
digna es mediante la voluntad médica anticipada, documento donde la persona deja
por escrito sus decisiones sobre los tratamientos médico y cuidados que desea
recibir en caso de no poder expresarlas en el futuro, por hallarse en un estado de
incapacidad que afecte sus facultades mentales o cognitivas.

Mediante el otorgamiento de la voluntad médica anticipada el paciente ejerce su


derecho a la autonomía de decisión en relación con los procedimientos de
pronóstico, diagnóstico y terapéuticos que se le apliquen sobre su propio estado de
salud y enfermedad, como también sobre la confidencialidad de la información
relacionada con su proceso, y a la libre elección de opciones de tratamientos
presentados. Contar con este documento permite que la familia y el equipo médico
respeten la voluntad del paciente y evita decisiones apresuradas en momentos de
crisis.
Opinión

Opino que la eutanasia debería ser un derecho al que puedan acceder las personas
que enfrentan enfermedades terminales o padecimientos irreversibles que les
provocan un sufrimiento constante y que ya no tienen posibilidad de mejorar.
Considero que cada ser humano debería tener la libertad de decidir sobre su propia
vida y sobre la forma en que desea enfrentar sus últimos momentos, especialmente
cuando continuar viviendo significa soportar dolor físico, emocional y psicológico
que afecta completamente su calidad de vida.

Para mí, el concepto de una muerte digna es tan importante como el de una vida
digna. Muchas veces pensamos que proteger la vida significa prolongarla a
cualquier costo, pero creo que también debemos preguntarnos qué tan justo es
obligar a una persona a permanecer en un estado de sufrimiento permanente
cuando ella misma ha expresado, de manera consciente e informada, que no desea
continuar así. No se trata de elegir la muerte por un problema pasajero, sino de
respetar la decisión de quienes saben que su enfermedad no tiene cura y que cada
día representa más dolor y pérdida de autonomía.

Uno de los argumentos que más comparto es el derecho a la autodeterminación.


Cada persona es quien experimenta su propio sufrimiento y conoce sus límites, por
lo que nadie más debería imponerle una decisión sobre cómo vivir o cómo morir.
Considero que el Estado y la sociedad deben garantizar el respeto por la dignidad
humana, permitiendo que quienes atraviesan situaciones extremas puedan decidir
libremente si desean poner fin a un sufrimiento que consideran insoportable.
Además, muchas personas solicitan la eutanasia no solo por el dolor físico, sino
porque han perdido su independencia, su capacidad de realizar actividades básicas
o sienten que ya no pueden disfrutar de la vida como antes. En esos casos,
prolongar la existencia únicamente por mantener las funciones biológicas puede
convertirse en una situación que va en contra de la propia voluntad del paciente y
de su concepto de dignidad.

También pienso que prohibir la eutanasia no elimina el deseo de morir en quienes


están sufriendo intensamente. Al contrario, muchas personas, al no contar con una
alternativa legal, segura y acompañada por profesionales de la salud, terminan
recurriendo al suicidio en condiciones mucho más traumáticas y dolorosas tanto
para ellas como para sus familias. Algunas intentan poner fin a su vida de forma
desesperada, sin asistencia médica y con métodos que pueden fallar o generar aún
más sufrimiento. Por eso considero que regular la eutanasia no significa promover
la muerte, sino ofrecer una opción humanitaria, controlada y basada en el
consentimiento informado para quienes ya no encuentran una posibilidad real de
recuperación.

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