EL HINDUISMO
Vedas · Upanishads · Advaita Vedanta · Maya · Kundalini · Bhagavad Gita
I. El problema de escala: el hinduismo no es una
religión sino un continente
Lo que llamamos hinduismo es una familia de tradiciones filosóficas, rituales,
devocionales y contemplativos que comparten ciertos textos fundamentales,
ciertos conceptos nucleares y una geografía común, pero que difieren en
aspectos que en otras tradiciones serían heréticos entre sí.
Hay dentro del hinduismo escuelas que afirman que el mundo material es
completamente real, escuelas que afirman que es completamente ilusorio, y
escuelas que afirman posiciones intermedias que ninguno de los otros dos
extremos puede absorber completamente. Hay escuelas que afirman que el alma
individual y el principio supremo son idénticos, escuelas que afirman que son
distintos, y escuelas que afirman que son simultáneamente idénticos y distintos
de maneras que la lógica ordinaria no puede contener.
Lo que unifica a todas esas escuelas no es un dogma sino una
pregunta: qué es la conciencia y cuál es su relación con lo que
experimenta. Esa es la pregunta central del hinduismo desde sus
textos más antiguos hasta sus desarrollos más recientes. Y es
exactamente la pregunta que sostiene todo este mapa.
II. El Rig Veda: el primer asombro ante la conciencia
El Rig Veda es el texto más antiguo de la tradición india que conservamos en
forma continua. Compuesto en sánscrito védico probablemente entre 1500 y
1200 antes de nuestra era, aunque transmitido oralmente durante siglos antes
de ser fijado por escrito, es la base sobre la que todo el pensamiento indio
posterior se construye, incluyendo el budismo y el jainismo que nominalmente lo
rechazan.
El Nasadiya Sukta: la pregunta que no tiene respuesta definitiva
El Nasadiya Sukta, el himno de la creación en el décimo mandala, es
filosóficamente insuperable después de tres mil quinientos años. El texto
comienza con una negación radical de cualquier descripción positiva del
principio primordial: entonces no había ni existencia ni no-existencia. No había
el dominio del espacio ni el firmamento más allá. ¿Qué se agitaba? ¿Dónde?
¿Bajo la protección de quién? ¿Había agua, profunda y sin fondo?
Cada pregunta desmonta una posible respuesta. Si dices que había existencia,
necesitas explicar de dónde vino. Si dices que había no-existencia, necesitas
explicar qué es la no-existencia que da origen a la existencia. El himno lleva al
lector hasta el límite donde el lenguaje no puede seguir y lo deja ahí, en la
suspensión de toda respuesta definitiva.
Y luego hace algo que es filosóficamente el gesto más honesto que cualquier
texto sagrado puede hacer. Pregunta si alguien sabe cómo ocurrió la creación.
Responde que quizás el dios que la supervisa desde el cielo más alto lo sabe. Y
añade: o quizás no lo sabe.
Un texto sagrado que termina con la posibilidad de que ni
siquiera el creador sepa cómo ocurrió la creación. Esa apertura
epistémica, esa negativa a cerrar la pregunta con una respuesta
conveniente, es la marca de una tradición que comprende que la
pregunta más profunda no puede ser resuelta sin dejar de ser la
pregunta más profunda. La honestidad epistémica es parte de la
respuesta.
El Purusha Sukta: la creación como sacrificio
El Purusha Sukta, otro himno del décimo mandala, describe la creación de
manera completamente distinta: el cosmos entero surge del sacrificio del
Purusha, el Ser primordial, que es sacrificado por los dioses y de cuyas partes
emergen todas las cosas. De su mente surge la luna. De su ojo surge el sol. De
su boca surge el fuego. De su aliento surge el viento. De su ombligo surge el
espacio. De su cabeza surge el cielo.
La creación como sacrificio del Ser primordial resuena
directamente con el Tzimtzum kabbalístico: lo Infinito que se
contrae, que se ofrece, que se da para que haya mundo. Y con el
Enuma Elish sumerio donde el cosmos emerge del cuerpo
desmembrado de Tiamat. En todas estas imágenes, la creación
exige algo del principio que crea: no solo un acto de voluntad sino
una donación de sí mismo.
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III. Los Upanishads: la investigación que cambia todo
Los Upanishads son la capa más profunda de cada Veda. La palabra significa
sentarse cerca de, y evoca la imagen del discípulo sentado cerca del maestro
para recibir la enseñanza que requiere la proximidad del contacto directo.
Lo que los Upanishads hacen que el Rig Veda no hace es girar la mirada. El Rig
Veda mira hacia afuera: los dioses, el cosmos, las fuerzas naturales. Los
Upanishads miran hacia adentro: ¿qué es lo que percibe? ¿Cuál es la naturaleza
del que conoce? ¿Qué hay detrás de la mente que piensa, del ojo que ve, del
oído que escucha?
Ese giro produce el descubrimiento más radical de la filosofía
india y posiblemente de cualquier filosofía: que la conciencia que
está buscando la realidad última y la realidad última que está
siendo buscada son lo mismo.
El Chandogya Upanishad: Tat tvam asi
El Chandogya contiene la enseñanza que Shankara considera el corazón de todo
el sistema: la conversación entre Uddalaka Aruni y su hijo Shvetaketu.
Shvetaketu ha pasado doce años estudiando con un maestro y regresa orgulloso
de su erudición. Su padre le pregunta: ¿te enseñaron aquello por lo que lo no
escuchado se vuelve escuchado, lo no pensado se vuelve pensado, lo no
conocido se vuelve conocido?
La primera instrucción: toma esta arcilla. Todo lo que está hecho de arcilla es
en esencia arcilla. Los nombres y las formas son modificaciones del habla. Lo
que es real es la arcilla. Lo que es real en todo lo que existe es un principio
único que se manifiesta en formas distintas. Tat tvam asi, Shvetaketu. Eso eres
tú.
La segunda instrucción: toma este fruto de la higuera. Ábrelo. ¿Qué hay dentro?
Las semillas. Abre una semilla. ¿Qué hay dentro? Nada que puedas ver. Y sin
embargo de esa nada invisible emerge este árbol enorme. Lo que es tan sutil
que no puedes verlo, eso es lo que constituye todo este mundo. Eso es la
realidad. Eso es el Atman. Tat tvam asi, Shvetaketu. Eso eres tú.
La tercera instrucción: toma esta sal y disuélvela en agua. Por la mañana
tráeme la sal. Shvetaketu no puede encontrar la sal. Pero prueba el agua en
distintos puntos y en todos está salada. La sal está presente en toda el agua
pero no puede ser localizada en ningún punto específico. Así está el Atman en
todo lo que existe. Omnipresente, invisible, constitutivo de todo, imposible de
señalar en ningún lugar particular. Tat tvam asi, Shvetaketu. Eso eres tú.
El Tat tvam asi se repite nueve veces en el texto, una vez después
de cada instrucción. No es redundancia. Es insistencia
deliberada: la instrucción que acaba de darse no es información
sobre algo externo. Es el señalamiento de lo que el discípulo ya
es. Cada vez que se dice, señala desde una perspectiva
ligeramente distinta. Y la acumulación de perspectivas distintas
apuntando al mismo punto es el método: rodear lo que no puede
ser dicho directamente hasta que el lector reconozca lo que
siempre ha sido.
El Mandukya Upanishad: los cuatro estados de la conciencia
El Mandukya es el más breve de los Upanishads principales: doce versos. Y es
posiblemente el más denso del corpus entero. Shankara, Gaudapada y toda la
tradición del Advaita lo consideran suficiente por sí solo para producir la
liberación si se comprende completamente.
El texto comienza con la afirmación más radical de toda la tradición india: Om,
esta sílaba es todo esto. Todo lo que fue, lo que es y lo que será es Om. Y
también lo que está más allá de esas tres dimensiones del tiempo es Om. Om no
es simplemente un mantra. En el Mandukya es el nombre del Atman en todas
sus dimensiones.
El primer estado es Vaishvanara, la conciencia de vigilia. Se dirige hacia afuera,
hacia el mundo de los objetos percibidos por los sentidos. Tiene diecinueve
bocas: los cinco sentidos de percepción, los cinco órganos de acción, los cinco
tipos de energía vital, la mente que delibera, el intelecto que discrimina, el ego
que se identifica, y la memoria que retiene. Es la conciencia ordinaria en toda
su complejidad: el estado de la caverna platónica, el estado del príncipe que ha
comido el alimento de Egipto.
El segundo estado es Taijasa, la conciencia del sueño con imágenes. En este
estado la conciencia se dirige hacia adentro, hacia el mundo de los objetos
sutiles producidos por la propia mente. No hay material externo: la conciencia
genera su propio mundo completo. Lo filosóficamente importante de Taijasa es
lo que revela sobre la naturaleza de la percepción ordinaria: si la conciencia
puede producir en el sueño un mundo completo que parece completamente real
y externo, usando solo sus propios contenidos, entonces la distinción entre
percibir y crear no es tan absoluta como la vigilia sugiere.
El tercer estado es Prajna, el sueño profundo sin imágenes. No hay sujeto ni
objeto, no hay distinción entre el que conoce y lo conocido, no hay
pensamientos, no hay emociones, no hay mundo. Es una masa de conciencia
unificada, una oscuridad luminosa, un silencio que es la fuente de la que
emergen los otros dos estados. El Mandukya describe Prajna con una paradoja
irresoluble desde el lenguaje ordinario: es el que disfruta de la bienaventuranza.
¿Cómo puede haber disfrute sin un sujeto que disfruta y un objeto disfrutado? El
disfrute en Prajna no es la relación entre alguien y algo. Es la naturaleza del
estado mismo antes de que la distinción entre alguien y algo se establezca.
El cuarto estado es Turiya, simplemente el cuarto. Su nombre no
tiene descripción porque no puede ser descrito por referencia a
sus contenidos. El Mandukya lo describe por negaciones: no es el
conocimiento del mundo interno del sueño, no es el conocimiento
del mundo externo de la vigilia, no es la masa de conciencia del
sueño profundo, no puede ser visto, no puede ser agarrado, es
impensable, indescriptible. Y luego cuatro atributos positivos que
son los únicos que el texto se permite: es la cesación del mundo
fenoménico, es paz, es bienaventuranza, es no-dualidad. Turiya no
es un cuarto estado separado de los otros tres. Es la conciencia
testigo que está presente en los tres estados sin confundirse con
ninguno de ellos. La práctica espiritual no produce Turiya.
Disuelve la identificación con los contenidos de los tres estados
que oscurece su presencia. No añade luz. Quita velos.
El Kena Upanishad: ¿quién conoce al que conoce?
El Kena comienza con cuatro preguntas filosóficamente radicales: ¿a instancias
de quién la mente va hacia su objeto? ¿A instancias de quién el prana realiza su
primera función? ¿A instancias de quién los seres hablan estas palabras? ¿Qué
dios dirige el ojo y el oído?
La respuesta que el texto construye no es una respuesta ordinaria: lo que no es
pensado por la mente pero por lo que, dicen, la mente piensa, eso solo conoce
como Brahman. Lo que no es visto por el ojo pero por lo que el ojo ve, eso solo
conoce como Brahman. Lo que no es oído por el oído pero por lo que el oído oye,
eso solo conoce como Brahman.
Brahman no puede ser un objeto de conocimiento porque es la condición de
posibilidad de todo conocimiento. No puede ser visto porque es lo que hace
posible la visión. No puede ser pensado porque es lo que hace posible el
pensamiento. Y esto no es limitación de Brahman sino su naturaleza: Brahman
es el sujeto puro que nunca puede volverse completamente objeto sin dejar de
ser el sujeto.
El texto añade la paradoja definitiva: quien dice que no lo conoce
lo conoce. Quien dice que lo conoce no lo conoce. No es conocido
por los que lo conocen. Es conocido por los que no lo conocen.
Esta no es un juego de palabras. Es la descripción más precisa
que existe de la naturaleza de Turiya como el sujeto que nunca
puede volverse completamente objeto. El que dice que lo conoce
lo ha convertido en objeto de conocimiento y en ese momento ya
no está mirando el sujeto.
El Brihadaranyaka Upanishad: Yajnavalkya y el amor al Atman
El Brihadaranyaka contiene los debates filosóficos de Yajnavalkya, el sabio más
importante de la tradición upanishádica. La enseñanza a su esposa Maitreyi es
una de las más importantes de toda la filosofía india.
Maitreyi pregunta: si toda la tierra llena de riquezas fuera mía, ¿me produciría
la inmortalidad? Yajnavalkya responde: no. Y Maitreyi dice entonces: ¿para qué
quiero lo que no me produce inmortalidad? Enséñame lo que sí lo produce.
Yajnavalkya dice: no es por amor al esposo que el esposo es querido, sino por
amor al Atman que el esposo es querido. No es por amor a la esposa que la
esposa es querida, sino por amor al Atman que la esposa es querida. No es por
amor a los hijos que los hijos son queridos, sino por amor al Atman que los hijos
son queridos. No es por amor a los dioses que los dioses son queridos, sino por
amor al Atman que los dioses son queridos.
Esta enseñanza no es un rechazo del amor. Es la revelación de su
fundamento más profundo. Lo que amamos en todo lo que
amamos es el Atman que brilla a través de ello. El amor que
sentimos por las personas y las cosas particulares es el amor al
Atman percibido a través de sus formas particulares. La
conciencia que vive como oscuridad ama lo que ama sin saber que
lo que ama en todo lo que ama es su propia naturaleza más
profunda reflejada en los objetos del amor. El olvido no es la
ausencia de amor sino el no reconocimiento de lo que el amor
siempre ha estado amando.
Yajnavalkya continúa con la descripción del Atman mediante el neti neti, no
esto, no esto. El Atman no es grueso, no es delgado, no es corto, no es largo, no
es rojo, no es húmedo, no es oscuro, no tiene sombra, no tiene oscuridad, no
tiene viento, no tiene espacio, no tiene apego, no tiene sabor, no tiene olor, no
tiene ojos, no tiene oídos, no tiene habla, no tiene mente, no tiene calor vital, no
tiene aliento, no tiene boca, no tiene medida, no tiene interior ni exterior. El
neti neti no es nihilismo. Es la metodología más precisa que existe para señalar
lo que no puede ser descrito positivamente. Y lo que queda después de que
todas las identificaciones han sido eliminadas no es la nada sino el Atman
mismo.
El Isha Upanishad: el universo habitado
El Isha es el más breve de los Upanishads principales, dieciocho versos, y el que
más directamente responde a la acusación de que el hinduismo no-dualista
conduce al quietismo. El primer verso dice: todo esto, lo que sea que se mueve
en este universo que se mueve, está habitado por el Señor.
El texto distingue entre dos caminos: el de avidya, la ignorancia, y el de vidya, el
conocimiento. Y dice que los que siguen solo avidya entran en una oscuridad
ciega. Pero los que siguen solo vidya entran en una oscuridad todavía mayor. El
conocimiento abstracto desconectado de la vida produce una pseudoiluminación
que flota sobre la vida sin tocarla. Lo que el Isha propone es la integración: el
conocimiento que se vive en el mundo, que transforma la manera de habitar el
mundo en lugar de llevarlo a retirarse de él.
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IV. El Advaita Vedanta: Shankara y la no-dualidad
El Advaita Vedanta, cuyo nombre significa la enseñanza del no-dos, es la
sistematización filosófica más rigurosa de lo que los Upanishads apuntan. Su
gran sistematizador es Adi Shankaracharya, que vivió aproximadamente entre
788 y 820 de nuestra era.
El sistema de Shankara tiene tres niveles. El primero es Brahman, la realidad
absoluta, que es sat, chit, ananda: existencia pura, conciencia pura,
bienaventuranza pura. Sin partes, sin atributos, sin relaciones, sin historia. El
Tat tvam asi del Chandogya dice que el Atman individual es idéntico a Brahman.
No similar. No derivado. Idéntico en su naturaleza más profunda.
El segundo es el Jiva, el ser individual, la conciencia que experimenta el mundo
desde una perspectiva particular. El Jiva no es una realidad independiente de
Brahman. Es Brahman apareciendo como limitado por la perspectiva individual,
como el espacio dentro de un vaso aparece limitado por el vaso aunque el
espacio en el vaso y el espacio fuera del vaso sean el mismo espacio.
El tercero es el Jagat, el mundo fenoménico. La relación entre los tres la
describe Shankara mediante la analogía de la cuerda confundida con la
serpiente en la oscuridad: la serpiente no tiene existencia independiente de la
cuerda. Es la cuerda apareciendo como serpiente a una percepción que no tiene
la luz suficiente para ver lo que realmente es. Cuando la luz llega, la serpiente
desaparece y la cuerda permanece exactamente como siempre fue.
La liberación en el Advaita no cambia nada en el nivel absoluto.
Brahman siempre fue lo que es. El Jiva siempre fue Brahman. El
mundo siempre fue la aparición de Brahman. Lo que cambia es la
perspectiva desde la que se percibe: la misma realidad vista
desde la ignorancia produce la experiencia del mundo dual, y
vista desde el conocimiento produce la experiencia de la no-
dualidad. No hay un proceso de purificación que convierta algo
impuro en puro. No hay un viaje que lleve desde un lugar a otro
lugar. Hay el reconocimiento de lo que siempre fue.
V. Maya: lo que no es ilusión sino aparición
Maya es el concepto más malinterpretado de toda la filosofía india en las
lecturas occidentales. Se traduce habitualmente como ilusión, lo cual es
correcto en uno de sus sentidos y profundamente engañoso en los otros.
Maya no significa que el mundo no existe. El mundo existe. Los objetos son
reales como objetos. Las relaciones son reales como relaciones. El dolor es real
como dolor. Lo que Maya describe no es la inexistencia del mundo sino el
estatuto de su existencia: el mundo existe como aparición de Brahman, no como
realidad independiente de Brahman.
Maya tiene tres aspectos que Shankara distingue con precisión. El primero es el
aspecto de ocultación: Maya oculta la naturaleza verdadera de Brahman. El
segundo es el aspecto de proyección: Maya proyecta sobre Brahman la
apariencia del mundo múltiple y cambiante. El tercero es el poder de Brahman
mismo: Maya no es una fuerza independiente de Brahman sino el poder creativo
de Brahman, su capacidad de aparecer como lo múltiple sin dejar de ser lo Uno.
Esa tercera característica es la más filosóficamente importante.
Maya no es algo que le ocurre a Brahman desde afuera. Es algo
que Brahman hace. La multiplicidad no es impuesta sobre
Brahman por ninguna fuerza externa. Es la manera en que
Brahman aparece cuando se lo percibe desde la perspectiva del
Jiva. Esto distingue radicalmente al Advaita del gnosticismo: para
el gnosticismo, la multiplicidad del mundo material es el
resultado de la acción de poderes externos al Pléroma. Para el
Advaita, la multiplicidad es la manera en que Brahman aparece a
la conciencia que no ha reconocido su naturaleza. No hay poderes
externos. Solo hay Maya, que es el propio poder de Brahman
operando como ocultación y proyección.
VI. Kundalini: la energía que asciende
La doctrina del Kundalini pertenece a la tradición del Tantra y del Yoga. Si el
Advaita Vedanta es una filosofía de la conciencia que trabaja principalmente con
el análisis y el reconocimiento directo, el Kundalini Yoga es una tecnología de la
energía que trabaja con el cuerpo sutil, con los centros energéticos y con la
activación de potencias que en el ser humano ordinario permanecen dormidas.
En la base de la columna vertebral, en el chakra llamado Muladhara, yace
dormida la energía fundamental del cosmos, la Shakti, en la forma de una
serpiente enroscada: Kundalini. Su nombre viene de kundal, que significa
enroscada. Kundalini Shakti es la energía real que anima el cosmos y que en el
ser humano ordinario está invertida hacia adentro, hacia la existencia
individual, en lugar de desplegada hacia arriba en su potencial completo.
Cuando Kundalini despierta, asciende por el canal central de la columna
vertebral llamado Sushumna, pasando por los siete chakras. Muladhara:
supervivencia, relación con la tierra. Svadhisthana: emoción, placer,
creatividad. Manipura: poder, voluntad, identidad del ego. Anahata: amor,
compasión, reconocimiento del otro. Vishuddha: expresión, verdad, voz
auténtica. Ajna: percepción sutil, visión más allá de los sentidos ordinarios.
Sahasrara: el loto de mil pétalos donde la conciencia individual se disuelve en la
conciencia universal.
Lo filosóficamente importante del Kundalini para la pregunta
central es su descripción de la oscuridad en términos de energía.
La conciencia ordinaria no solo ha olvidado su naturaleza. Su
energía está bloqueada en los primeros chakras, dedicada a la
supervivencia, al placer y al poder, sin poder ascender hacia los
niveles más altos de percepción. El olvido no es solo conceptual:
es energético. Y el despertar no es solo conceptual: es la
liberación de esa energía para que pueda recorrer el camino que
le es natural. La luz que estaba concentrada en sobrevivir
asciende hacia los niveles donde puede percibir lo que siempre
estuvo presente.
VII. La Bhagavad Gita: el conocimiento en medio de
la acción
La Bhagavad Gita describe la conversación entre el guerrero Arjuna y su auriga
Krishna en el campo de batalla de Kurukshetra, momentos antes de que
comience la batalla decisiva. Arjuna ve en el ejército enemigo a sus maestros, a
sus parientes, a sus amigos. Y se niega a pelear: ¿cómo puede ser correcto
matar a quienes ama?
Krishna responde con una enseñanza que sintetiza los caminos principales del
hinduismo. El argumento central que usa para sacar a Arjuna de su parálisis es
filosóficamente el más importante del texto: el Atman no es asesinado cuando el
cuerpo es matado. El Atman no nace ni muere. No vino a ser ni dejará de ser.
No es muerto cuando el cuerpo es muerto. Lo que mata las armas no es el
Atman sino el cuerpo. El Atman es eterno, inmortal, incognoscible por los
sentidos.
El Karma Yoga, el yoga de la acción, es la contribución más práctica de la Gita.
Krishna dice: tienes derecho a la acción pero no a los frutos de la acción. Actúa
sin apego al resultado. Lo que produce el olvido y el sufrimiento no es la acción
sino el apego a los resultados de la acción: el ego que actúa para obtener algo,
para ser algo, para evitar algo. La conciencia que actúa sin ese apego habita el
mundo plenamente sin ser capturada por él.
Eso es lo que el Isha Upanishad describe: todo lo que se mueve
está habitado por el Señor. Disfruta renunciando. No la renuncia
al mundo sino la acción en el mundo sin la contracción del ego
que convierte cada acción en una demanda y cada resultado en
una identidad.
VIII. La respuesta del hinduismo a la pregunta
central
La pregunta es por qué la conciencia que es luz vive como si fuera oscuridad. El
hinduismo da múltiples respuestas simultáneas según la escuela y el texto, y esa
multiplicidad no es debilidad sino su mayor fortaleza.
El Advaita Vedanta dice: Maya oculta la naturaleza verdadera de Brahman y
proyecta en su lugar la apariencia de multiplicidad y separación. No hay un
agente externo. Es el propio poder de Brahman operando como ignorancia hasta
que el reconocimiento directo lo disuelve.
El Mandukya dice: la conciencia se identifica con los contenidos de los tres
estados y no reconoce a Turiya, la conciencia testigo que siempre estuvo
presente detrás de todos esos contenidos.
El Kundalini dice: la energía de la conciencia está contraída hacia los niveles
inferiores de la supervivencia y el ego, sin poder ascender hacia los chakras
donde la percepción de la naturaleza real de la conciencia se vuelve posible.
La Bhagavad Gita dice: la conciencia actúa desde el apego al resultado, desde la
identificación del ego con lo que obtiene y lo que pierde, en lugar de actuar
desde el reconocimiento del Atman que no nace ni muere.
Y el Rig Veda, desde el principio, dice algo que todas esas
respuestas más elaboradas presuponen: la pregunta más
profunda sobre la naturaleza de la conciencia no puede ser
cerrada con ninguna respuesta definitiva. La honestidad
epistémica es parte de la respuesta. Quizás el creador sabe. O
quizás no sabe. Lo que todas esas respuestas comparten es esto:
la oscuridad no es la naturaleza de la conciencia. Es una
condición superpuesta que puede ser reconocida como tal. Y ese
reconocimiento, cuando ocurre de manera directa y no solo
intelectual, es lo que cada escuela del hinduismo llama por
distintos nombres pero apunta hacia el mismo territorio: la
conciencia que reconoce su naturaleza luminosa porque nunca
fue otra cosa.
El Atman no nace ni muere. Lo que olvida no es el Atman sino la
perspectiva que lo oscurece. Y la perspectiva puede ser reconocida
como lo que es.
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