Los primeros filósofos: la centralidad de
la naturaleza
Introducción
La filosofía se remonta a la Antigüedad, siendo los griegos los primeros filósofos. En esta lectura
veremos cómo se fueron desprendiendo de los mitos y comenzaron a reflexionar sobre su
realidad inmediata buscando una explicación racional.
1. Los primeros filósofos: la centralidad de la naturaleza
Lucas está sumamente interesado en la filosofía y ha aprendido a formular preguntas dignas de
reflexión, pero quiere saber: ¿cuál fue la primera pregunta filosófica? ¿Quiénes la hicieron? ¿Cuál
es la primera verdad a la que llegó el hombre?
Podemos afirmar que la filosofía encuentra sus orígenes, aproximadamente, en el siglo VI en
Jonia, región de Asia Menor, en la costa griega, ubicada entre los golfos actuales de Esmirna y
Mendelia.
Si respondemos a la pregunta sobre quiénes fueron los primeros filósofos, podemos decir sin
temor a equívocos que fueron los filósofos jónicos, y entre ellos, Tales, Anaxímenes y
Anaximandro.
Pero, previo al nacimiento de la filosofía, la educación y la formación espiritual del hombre de la
antigua Grecia, encuentran entre los griegos una fuente inagotable en la poesía; por ejemplo, los
poemas homéricos de La Ilíada y La Odisea, constituyeron para los griegos un eficaz sustento
espiritual.
También podemos mencionar a la Teogonía de Hesíodo, es una cosmogonía que narra el origen
de los dioses, es decir, una explicación sobre el origen del cosmos, pero de manera poética y
acudiendo desde luego al mito.
Ahora bien, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de mito?
El mito se puede definir como una representación simbólica de los fenómenos desconocidos de la
vida y de la naturaleza, y en Grecia, esa función de expresar y escribir acerca de dichos
fenómenos correspondía al poeta.
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Mediante los poemas y la religión, el mito y los cultos órficos , la fábula y la fantasía intentaban,
en la incipiente cultura griega, ofrecer una explicación al origen del mundo. Pero, llegó un
momento en que el hombre, deseoso por hallar una respuesta, se cuestionó acerca de las
razones míticas empleadas para explicar, nada menos que la realidad que lo circundaba. Surge
entonces la duda: ¿no habrá otra forma más humana y razonable para explicar el origen del
mundo?; ¿acaso serán las ingenuas explicaciones de Homero y las fantasiosas enseñanzas de
Hesíodo las que sustentan la razón de todo cuanto existe? Fue a partir de ese instante que el ser
humano, cuestionándose el mito, vio nacer la filosofía.
Entonces, los primeros filósofos critican el discurso mítico como forma de explicación de la
realidad y lo reemplazan por el discurso racional: es lo que tradicionalmente se denomina en
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Historia de la Filosofía como “paso del mito al logos” . En realidad, se trataba de trasladar el
impulso racionalizador surgido del intento de ordenar el nuevo espacio político y social creado en
torno a la polis (ciudad-estado), a la investigación sobre la naturaleza (physis).
La filosofía nace entonces como una forma de explicar el origen del mundo, pero, ya no a partir de
suposiciones mitológicas, sino, partiendo de la razón humana. Los primeros pensadores que se
preguntaron acerca del origen del mundo, fueron, precisamente, cosmólogos o naturalistas; en
ellos estaba latente una inquietante pregunta: ¿qué es el mundo?, ¿qué misterio entraña la
inmensidad del Universo? En la contemplación del mundo físico, se buscaron respuestas de
orden filosófico.
Así, los primeros filósofos reflexionaron sobre la naturaleza; y se preguntaron: ¿cuál es el principio
de todas las cosas?, el término principio en griego es arjé o arché.
Y sostuvieron que este principio debe estar en la naturaleza, en griego: physis.
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El orfismo fue un conjunto de creencias y de prácticas rituales que se desarrollaron de un modo poco dogmático y un tanto
disperso durante mil años y que tomaron como fundador a Orfeo, un personaje mítico del que se contaba que viajó al Más Allá
para rescatar a su esposa difunta y al que convirtieron en mediador entre los iniciados y las divinidades infernales. El orfismo
generó una variada literatura y tuvo importantes puntos de contacto con diversos movimientos filosóficos.
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Términos polisémico que se puede traducir por razón, palabra, ley o discurso, como concepto opuesto al mito; explica los
problemas cosmológicos y humanos relacionados con el origen
2. Los presocráticos
Los filósofos presocráticos son llamados así porque vivieron (aunque no todos) antes de Sócrates
y filosofaron sobre la naturaleza.
Los pensadores cosmólogos o filósofos de la naturaleza serán el punto de partida para la
discusión filosófica posterior; ellos sentarán las bases de lo que vendrá más adelante en la
evolución de la filosofía.
A continuación, haremos un breve recorrido por las ideas de algunos de estos pensadores,
agrupándolos por las escuelas de su lugar de pertenencia.
La Escuela de Mileto
Tales de Mileto (624-546 a. C., aprox.), fue el fundador de la escuela de Mileto, consideró el agua
o lo húmedo como elemento primigenio de todo. Sostuvo que “todo viene del agua”. Para Tales, el
agua no es solo materia, sino también vida, movimiento e, incluso, alma. En este sentido se debe
entender su afirmación de que todo está lleno de dioses, una idea que más tarde se denominará
«panteísmo».
Tales pudo defender la vida del agua basándose en la experiencia del agua del río Nilo como
fuente determinante de la fertilidad del país por donde fluye. Así, la Tierra flota sobre el agua.
Anaximandro (610-545 a. C., aprox.), abandona la idea de que la Tierra descansa sobre algo. En
su opinión, la Tierra se mantiene flotando en el universo porque guarda en cualquier dirección la
misma distancia respecto a sus límites. Sustituye el principio del agua, es por el ápeiron. Este
término significa, por un lado, lo ilimitado: el mundo es espacial y, quizá, también temporalmente
infinito, por lo que el ápeiron es fuente inagotable de toda generación. Por otro lado, se refiere a
algo (cualitativamente) indeterminado: el origen no se halla en materias conocidas por nosotros, y
la totalidad de los procesos naturales consiste en un equilibrio dinámico.
Debemos también a Anaximandro una teoría de la evolución tanto cosmológica como biológica: la
especie humana habría derivado de animales acuáticos y no humanos.
Anaxímenes (585-525 a. C., aprox.), fue discípulo de Anaximandro, consideró al aire como el
origen de todo; que al enrarecerse se convierte en fuego, y, al condensarse, en viento, luego en
nubes, después en agua tras una nueva condensación, a continuación, en tierra y más tarde en
piedras; todo lo demás procede de esas cosas.
No atribuye al aire ninguna de las propiedades básicas, sino que las explica en conjunto mediante
ciertos procesos fundamentales de rarefacción y condensación. Ahora bien, para dar esa
preeminencia al aire hubo de efectuar una generalización un tanto audaz: de la misma manera
que el aliento es el principio generador de la vida humana, el aire es también el principio vital de la
totalidad del cosmos.
Figura 1: Escuela de Mileto
Fuente: elaboración propia.
Escuela pitagórica
Pitágoras (572-496 a. C.) es el principal representante de esta escuela, de allí su denominación,
y considera que el principio (arjé o arché) es el número. Junto con el concepto del número
aparece con los pitagóricos una nueva idea importante, la idea de armonía. Las formas que
ordena el ser no surgen caprichosamente, sino que constituyen un sistema, un todo que tiene
sentido, una armonía cósmica.
Para Pitágoras y su comunidad de tipo religioso - los pitagóricos -, la suma de los cuatro primeros
números, el diez, se considera una cifra perfecta a la vez que santa: la sagrada cuaternidad
(tetraktys). Se representa en forma de triángulo equilátero, cada uno de cuyos lados forma un
cuatro. En la cuaternidad están contenidas igualmente las tres proporciones numéricas
consideradas fundamentales para toda la realidad. Corresponden a los intervalos musicales de
octava (1:2), quinta (2:3) y cuarta (3:4); la teoría cosmológica de los números propuesta por
Pitágoras incluye una teoría musical y matemática de la armonía.
Figura 2: Tetrakys de Pitágoras
Fuente: Hoffe, 2003, p. 28
Escuela de Éfeso
Heráclito (544-584 a.C.) es el principal exponente de esta escuela; y va a sostener que el logos
(la razón) es lo que rige al universo y a los hombres, tanto a su vida personal como social. Y el
arjé es el fuego, el continuo encenderse y apagarse del fuego produce el dinamismo del mundo.
Introduce un concepto clave para la filosofía: el devenir, que implica el cambio constante que
proviene de la lucha de los contrarios en la naturaleza que se manifiestan en el día y la noche, el
invierno y el verano, la guerra y la paz, la vida y la muerte, la vigilia y el sueño, lo húmedo y lo
seco, arriba y abajo, estos elementos no aparecen de manera independiente, sino que mantienen
una relación mutua como polos opuestos. Y su acción recíproca, que Heráclito la denomina
“guerra” (del griego: polemos), es un proceso natural que mantiene unidas las parejas de
contrarios.
La famosa frase “Es imposible entrar dos veces en el mismo río” no es de Heráclito, pero sí los
son otros fragmentos en los que se habla de un río; donde Heráclito ve en el río un símbolo del
cambio continuo en el conjunto de la realidad y desde el punto de vista de la teoría del
conocimiento una imagen de cómo podemos pensar y reconocer algo que permanece idéntico
incluso en lo cambiante. Según Heráclito, todo está sujeto a una regularidad del cambio. Y el
devenir no es, por tanto, anárquico, sino que está dominado por el logos.
Escuela de Elea
El polo opuesto de las ideas de Heráclito es el eleatismo, su principal exponente, fue Parménides
de Elea, en el sur de Italia (hacia 540-470 a. C.), pone en el centro de su filosofía el ser y niega el
devenir. Su teoría parte de que todo es uno, y el devenir es solo algo que fluye, no algo que es,
puesto que no es algo que está en reposo, algo que se mantiene; entonces, no es absolutamente
nada. Solo nuestros sentidos nos dan la ilusión del devenir y consiguientemente la multiplicidad.
Ahora bien, si existe multiplicidad, podrá existir también transición, devenir y viceversa. Pero si no
se quiere seguir este engañoso camino de la percepción sensible, de la mera opinión, sino ir por
el camino de la verdad y apoyarse en el pensamiento, entonces se halla el propio y verdadero ser,
que es único, precisamente ser y no algo que está siendo, puesto que “lo mismo es pensar que
ser”. Según Parménides, la imagen que mejor representa al ser es la esfera, como símbolo de
perfección.
El pensamiento de Parménides se recoge en un poema de larga extensión, habitualmente titulado
Sobre la naturaleza, dividido en tres partes bien diferenciadas: el prólogo (o Proemio) en el que
asistimos a la importante visita de la diosa de la sabiduría; la segunda parte, o Revelación, en la
que expone las genuinas vías de investigación para dar con la verdad; y la tercera, la Experiencia,
en la que distingue el camino de la verdad del camino de la opinión (doxa), más fácil de transitar y
al que nos acogemos con más apego (pues no requiere ningún esfuerzo).
El pensar es lo primordialmente humano y es lo único que nos eleva sobre el mundo de la
experiencia y reúne en el hombre lo único verdadero, el ser mismo. Parménides fue uno de los
grandes metafísicos que quieren ofrecer algo más que un saber enciclopédico. Su tema era la
sabiduría, porque buscaba el todo y el uno.
Figura 3: Comparación entre Heráclito y Parménides
Fuente: elaboración propia.
Filósofos pluralistas
Son aquellos filósofos que afirman que todo lo existente consta de un conjunto de esencias
aisladas y heterogéneas, irreductibles a un principio único.
Empédocles (492-432 a.C., aprox.). Descubrió el concepto de elemento, y admitió la existencia
de cuatro, a saber: el fuego, el agua, el aire y la tierra; y concibió, la idea de que son el principio
de toda multiplicidad observable en la naturaleza, con lo que la múltiple variedad de esta queda
reducida a esos principios. Por cierto, que hasta muy entrada la edad moderna se admitieron
estos cuatro elementos.
Anaxágoras (500-420 a. C.) introduce un nuevo principio, el nous (espíritu, inteligencia,
entendimiento). Es la fuerza que desde fuera constituye la causa del movimiento y a la vez lo
dirige todo con sentido. Concibió el nous como algo divino, es infinito, autónomo, existe para sí,
es omnisciente y omnipotente. La idea de orden llega en Anaxágoras hasta las últimas partes
integrantes de las cosas. Estas no son diferentes solo cuantitativamente, sino cualitativamente, de
modo que lo que una cosa es en su totalidad, lo es también en cada una de sus partes
(«homeomerías»), cada una de las partes contiene nous.
Demócrito (460-370 a. de C.). El arjé son los átomos: corpúsculos minúsculos, últimos,
indivisibles (a-tomos), todos de la misma cualidad, aunque diferentes en su magnitud y en su
forma. Según él, estos átomos caen desde la eternidad en el espacio vacío, y todo lo que existe
se compone de ellos. Por tanto, para nuestra percepción sensible las cosas son ciertamente
diferentes en figura, forma, color, etc., pero en sí mismas (physei = por su naturaleza) se
componen únicamente de átomos. La naturaleza no es otra cosa que átomos disparados en el
espacio vacío.
Figura 4: Filósofos pluralistas
Fuente: elaboración propia.
Conclusión
Lucas ha llegado al recorrido del origen de la filosofía en la historia y ha podido responder a sus
inquietudes sobre quiénes fueron los primeros filósofos y sobre qué temas se han ocupado.
Así, las grandes ideas de la filosofía presocrática se remontan constantemente a sencillas y
naturales reflexiones del sentido común. Los textos que nos han llegado de aquellos filósofos han
sido apenas unos fragmentos de lo que fue en realidad una labor inmensa.
Los presocráticos fueron los primeros en abrirse camino en la indagación racional de la realidad y
su fecundidad fue tal que en su filosofía se encuentra en germen la mayoría de los problemas
filosóficos a los que se enfrentarán los filósofos siglo tras siglo.
Referencias
Hoffe, O. (2003). Breve historia ilustrada de la filosofía. El mundo de las ideas a través de 180
imágenes. Península.