Filosofia S9
Filosofia S9
DOCENTE:
JOHAN CRISTOPHER RODRIGUEZ PINTO
ALUMNO:
TORRES LUDEÑA FERNANDA
CICLO:
II
PERU – 2025
lOMoARcPSD|56486737
ÍNDICE
A.3. REALISMO
Son muchas las escuelas del realismo jurídico, pero todas ellas critican el concepto
formalista de derecho que fue elaborado por el positivismo. Los criterios formales de
validez de las normas hacen que el derecho se construya de espaldas a la realidad. Por
eso, lo que busca el realismo jurídico es resaltar la eficacia que en verdad tiene el
derecho.
En esta línea de pensamiento, fundamentalmente desarrollada por Alf Ross, las normas
jurídicas provenientes de las fuentes de derecho ley, decretos legislativos, decretos de
urgencia, etcétera no son más que «directivas» para los jueces y tribunales. Las normas
jurídicas que provienen de las llamadas fuentes de derecho no tienen aplicación
inmediata, son solo figuras, ya que son simples proclamas y solo asumen realidad
cuando son aplicadas por un juez en un caso judicial.
Entonces, resumiendo esta postura que atiende a reconocer el derecho solo en su
aplicación, podemos decir que las leyes, los decretos legislativos, los decretos de
urgencia, etc., normas que provienen de las fuentes del derecho desde la doctrina
positivista, son mandatos que no se dirigen a los sujetos particulares como nosotros sino
directamente a regular el comportamiento del juez. Por ejemplo, el aborto intencional
constituye delito, el verdadero contenido del derecho, en el caso, es una directiva para el
juez de acuerdo con la cual este deberá, en determinadas condiciones, imponer una
pena al culpable.
Esta nueva concepción del derecho también nos permite responder las dos preguntas
planteadas en las escuelas anteriores:
¿Cuál es el fundamento de la obligatoriedad del derecho? Según esta visión, el
fundamento del cumplimiento del derecho es la sentencia y no la ley. La ley es
simplemente una directiva dirigida al juez, quien en todo caso obliga a un
comportamiento determinado mediante su sentencia. El grupo social no encarga su
poder de coerción al legislador, como creen los positivistas, sino lo encarga al juez.
Obviamente, un juez puede confirmar en su aplicación una ley, interpretarla o rechazarla
si en un caso o en varios casos no cumple su objetivo. Y es que el juez, al estar cerca
del caso, valora mejor lo que quiere el grupo social.
¿Qué conforma el derecho? Ahora será la jurisprudencia, entendida como la reiteración
de soluciones jurídicas a un mismo caso. No así la decisión solitaria y subjetiva de un
juez. Se entiende que la jurisprudencia encarna los fines de unidad del grupo social. Por
ello, la jurisprudencia puede decidir que una ley no sea parte del derecho, si no decide
aplicarla. Del mismo modo, si la ley es adaptada por la interpretación de un caso, el
derecho será la ley interpretada y no el texto que emite el Congreso. En una palabra,
derecho es lo que deciden los jueces. Las leyes son solo probabilidades de lo que
decidirá el juez, mientras la sentencia reconoce el derecho verdadero o derecho vivo.
Desde los realistas, el derecho son normas (sentencias) que determinan en qué
condiciones puede hacerse uso del poder coercitivo estatal. Es decir, se trata de normas
que legitiman el empleo de la fuerza.
Imaginemos que en la ley laboral una mujer embarazada no pueda ser despedida sin
causa durante su embarazo. Sin embargo, para que esta mujer goce de este derecho, la
ley dispone que la trabajadora debe comunicar por escrito a su empleador su estado de
gestación. En la lógica de las probabilidades que señala esta ley, si la mujer presenta su
comunicación por escrito, entonces estará protegida, pero si no presenta su
comunicación no lo estará. Sin embargo, el juez puede ver el caso concreto de una
mujer con ocho meses de gestación que no envió su comunicación escrita. Según la ley
no correspondería la protección; no obstante, si lo que se quería con la comunicación es
que el empleador se entere, es evidente que con los meses que lleva de embarazo el
empleador ya tomó conocimiento. De esta forma, es el juez quien amplía los ámbitos de
aplicación de la ley y obliga al empleador a no despedir a la trabajadora. Como se ve, los
hechos sociales y el caso en concreto pautean permanentemente la aplicación de las
llamadas fuentes de derecho positivista. La principal crítica a las corrientes realistas es
su falta de certeza, pues en muchos casos no se sabrá lo que decidirá el juez. Además,
ello supone cargar todo el poder al juez. Del gran y poderoso legislador de la revolución
francesa y representante de la voluntad general del pueblo, pasamos a atribuir todo este
poder a la judicatura. Esto también puede constituir un peligro, debido a que los sistemas
jurídicos actuales no han elaborado un eficaz sistema de equilibrio de poderes que
ponga límites a los eventuales excesos judiciales.
B.- EL POSITIVISMO EXCLUYENTE DE KELSEN
La teoría jurídico-política de Hans Kelsen (1881-1973), más allá de su teoría pura del
derecho, permeó profundamente el modo de concebir los elementos medulares del
sistema jurídico y de la organización del Estado. Si bien la Teoría pura del derecho fue
su producción científica más notable, Kelsen fue un autor prolijo, que durante casi siete
décadas se ocupó también de otros ámbitos distintos a la filosofía y la teoría del
derecho, tales como la teoría del Derecho Público –sobre todo el Derecho
Constitucional–, la teoría de las normas jurídicas, el Derecho Internacional Público, la
teoría política, el diseño constitucional y la revisión judicial de constitucionalidad que
ejerció como magistrado del tribunal que contribuyó a crear, así como otros campos
menores a los que también dedicó parte de su obra, como la filosofía griega clásica.
El positivismo jurídico está íntimamente ligado al desarrollo del Estado contemporáneo, y
aunque con precedentes en los legistas medievales o en los juristas de Estado absoluto,
surge a principios del siglo XIX. El punto de partida es la reducción del objeto de la
Ciencia Jurídica al conocimiento del conjunto de normas que constituyen el Derecho
vigente o positivo. El jurista se limita en su análisis al Derecho dado o puesto
absteniéndose de cualquier valoración ética o de cualquier consideración sobre la
imbricación de la norma con la realidad. Como señala Ángel Latorre el positivismo
representa una típica actitud mental de "aislamiento" del Derecho que puede ser
estimado como algo separado de la consideración global de los fenómenos sociales. El
positivismo jurídico no es, sin embargo, relativista o indiferentista, pero parte de que el
científico del Derecho no puede detenerse en los valores o principios a que éste
responde, aunque lógicamente promueve la crítica del Derecho positivo para su ajuste a
aquellos valores y principio
¿Qué establece la teoría pura del derecho de Kelsen sobre el positivismo jurídico?
El positivismo jurídico culmina en la gran obra de Hans Kelsen, la "Teoría pura del
Derecho" publicada en 1911. Parte de las tesis formalistas de la escuela del Derecho
Público, pero da un paso más para separar radicalmente del ser ("sein") y del deber ser
("sollen"), de la realidad natural y la norma.
El Derecho es un orden normativo que pertenece a la categoría ontológica del deber ser
y por ello su análisis debe hacerse depurado de cualquier elemento histórico, ético,
sociológico o político, pues pertenecen a otros órdenes del conocimiento. El Derecho es
un fenómeno autónomo y por ello debe liberarse su conocimiento de cualquier
contaminación externa que impide su "purificación".
Hart Es la figura más importante de la filosofía jurídica anglosajona del siglo XX. El
propósito de Hart no es dar una definición de derecho, en el sentido de una regla según
la cual se puede poner “a prueba la corrección del uso de la palabra; su propósito es
hacer avanzar la teoría jurídica proporcionando un análisis más elaborado de la
estructura distintiva de un sistema jurídico nacional, y una mejor comprensión de las
semejanzas y diferencias entre el derecho, la coerción y la moral, como tipos de
fenómenos sociales.”
Es posible defender la distinción entre el derecho que es y el derecho que debe ser y al
mismo tiempo afirmar: que históricamente el desarrollo del derecho ha sido influido por
las doctrinas morales, que muchas normas jurídicas reflejan principios morales, que en
virtud de ciertas normas jurídicas pueden ser incorporados principios morales en un
sistema jurídico y que los jueces deben decidir a veces de acuerdo a valoraciones
morales.
Respecto de la decisión judicial en casos controvertidos
Los jueces deben decidir las cuestiones controvertidas tomando en cuenta pautas
valorativas, no necesariamente morales, aunque pueden serlo, y en dichos casos las
normas jurídicas delimitan su elección, pero no la determinan. En el resto de las
cuestiones los jueces sólo aplican las normas jurídicas sin necesidad de realizar
valoraciones ni elecciones discrecionales.
Tesis del Positivismo Metodológico
Respecto de la relación entre las normas jurídicas particulares y la moral. Del hecho de
que una norma jurídica se considere contraria a ciertas pautas morales no puede
inferirse que dicha norma no posea carácter jurídico, como tampoco del hecho de que
una norma se considere moralmente deseable no puede inferirse que la misma sea una
norma jurídica. Respecto de la relación entre los sistemas jurídicos y la moral.
Los sistemas jurídicos poseen contenidos morales mínimos que vienen determinados por
los propósitos vitales que cabe considerar compartidos por todos los hombres que viven
en sociedad y por la forma que debe asumir un sistema jurídico para ser de utilidad en
sociedades de este tipo.
La estrategia general de Hart consiste en no intentar responder directamente a la
pregunta “¿Qué es el derecho?” sino en distinguir diferentes preguntas que comúnmente
se han planteado al intentar una respuesta a la misma
Para Herbert Hart consideraba que el positivismo jurídico se sostiene sobre tres tesis. En
primer lugar, entendía que para que el derecho exista debe constatarse alguna forma de
práctica social que determine las fuentes o criterios últimos de validez del sistema
jurídico. A esta tesis se le conoce como tesis de las fuentes sociales del derecho (Hart,
1980, p. 5). Si para los positivistas clásicos como John Austin la práctica social relevante
era la obediencia habitual a los mandatos de un soberano (Austin, 1832, pp. 14-17 y
193194), para Hart tanto la existencia del derecho como el último criterio de validez
jurídica derivan de la práctica de los jueces y tribunales consistente en aceptar una regla
de reconocimiento (Hart,
1980, p. 7). La regla de reconocimiento constituiría, a juicio de Hart, la práctica social
más plausible para determinar las fuentes del derecho. Dicha regla se configura como la
práctica social concordante de quienes identifican el derecho con referencia a unos
criterios determinados.
La tesis de la separación no implica, por tanto, que no pueda producirse una conexión
contingente entre derecho y moral, ni tampoco que dicha conexión en un momento dado
no pueda ser distintiva de un determinado sistema jurídico concreto, como ocurre en los
sistemas jurídicos constitucionales. Lo que esta tesis defiende es que dicha conexión no
es nunca necesaria. En definitiva, lo que pretende refutarse a través de esta tesis es la
afirmación de que la conexión necesaria entre derecho y moral sea uno de los rasgos
definitorios del concepto del derecho y, por tanto, de un concepto válido para todo
sistema jurídico.
La tercera y última de las tesis positivistas, a juicio de Hart, es la llamada tesis de la
discrecionalidad judicial. Según ella, cuando se constate la existencia de un caso no
previsto ni regulado por el derecho, esto es, cuando el derecho sea indeterminado e
incompleto, el juez -en situaciones en las que haya de llegar por sí mismo a una decisión
y no pueda inhibir su jurisdicción (prohibición de non liquet) debe ejercitar su
discrecionalidad y crear derecho aplicable para resolver ese caso concreto (Hart, 1980,
pp. 5-6). Cuando el juez se encuentra ante un caso difícil, en el que el derecho es
indeterminado, dado que no hay fuentes jurídicas para resolver el caso tiene que buscar
la solución fuera del derecho. Al no haber respuesta jurídica para el caso, al juez se le
abren multitud de alternativas extrajurídicas para resolverlo. No hay por tanto una única
respuesta correcta al caso, es decir, no existe una única respuesta predeterminada por
una norma jurídica. Entonces, y una vez tomada una decisión sobre la base de un
material extrajurídico, el resultado es que el juez ha creado derecho ex post facto (Hart,
1961, pp. 164 y 191).
Pues bien, la tesis de Ferrajoli es que lo que hace posible (obliga a considerar) el nuevo
plano de análisis es el constitucionalismo contemporáneo, la existencia de constituciones
rígidas. El derecho válido, formalmente vigente, puede ahora ser considerado inválido
desde parámetros establecidos por el propio derecho (sin acudir, pues, a una instancia
política o moral externa al propio derecho): “derecho jurídicamente ilegítimo” no sería un
oxímoron. Por eso, para Ferrajoli, de la misma manera que el iusnaturalismo, en cuanto
concepción característica del derecho en el mundo premoderno, fue sustituido por el
positivismo jurídico con el advenimiento del estado moderno y la existencia de sistemas
exclusivos y exhaustivos de fuentes jurídicas, este positivismo clásico o “paleo
positivismo”, adecuado a los esquemas del estado liberal de derecho, tiene en nuestros
días que ser sustituido por el nuevo paradigma del constitucionalismo en el que el
derecho no se identifica ya exclusivamente con las leyes, sino con las leyes y la
constitución. Esto, para Ferrajoli, no supone un abandono o una superación del
positivismo, sino su completa realización: “El constitucionalismo rígido produce el efecto
de completar tanto el estado de derecho como el mismo positivismo jurídico, que alcanza
con él su forma última y más desarrollada: por la sujeción a la ley incluso del poder
legislativo, antes absoluto, y por la positivización no sólo ya del ser del derecho, es decir,
de sus condiciones de 'existencia', sino también de su deber ser, o sea, de las opciones
que presiden su producción y, por tanto, de sus condiciones de ‘validez’”.
Con Ferrajoli parecen quedar atrás las aspiraciones kelsenianas de una teoría pura del
derecho, pero paradójicamente se consolidan con la idea de una teoría axiomatizada del
derecho, cuyo pilar según las palabras del propio Ferrajoli es su carácter convencional,
pero sobre todo su rigidez lógica.
El fenómeno jurídico, con la propuesta garantista, busca cubrir los diversos flancos que
de forma aislada han sido enfocados por los reduccionismos. El modelo garantista, en su
dimensión normativa del derecho, cumple una función de limitación del poder. Esta
dimensión se identifica, en Ferrajoli, con el Estado de derecho, y los límites al poder se
materializan con los principios de legitimación formal y legitimación sustancial. En su
dimensión de teoría del derecho, incide en una nueva concepción de la cientificidad del
derecho y promulga un iuspositivismo crítico que fortalece el papel de los jueces y de los
juristas como los encargados de la mejora permanente de los ordenamientos jurídicos.
En su dimensión de filosofía política, asume la responsabilidad de la crítica y
deslegitimación externa de los ordenamientos jurídicos con base en criterios éticos
políticos.
E.- EL REALISMO JURÍDICO DE ROSS Y SU APARTAMIENTO DEL POSITIVISMO
Alf Ross es considerado el exponente más importante del llamado «realismo
escandinavo». Su obra más importante, Sobre el Derecho y la Justicia fue publicada en
inglés en 1958.
Si por “realismo jurídico» se entiende una teoría para la cual el derecho no consiste en
normas, pero sí en algún tipo de hechos (por ejemplo, la conducta de los jueces),
entonces Ross ciertamente no es un realista. Para el jurista danés el derecho es un
conjunto de normas, y las normas son prescripciones que pertenecen a una categoría
semántica distinta de las proposiciones descriptivas. Por consiguiente, Ross rechaza
toda interpretación reduccionista de las normas que pretenda reducirlas a proposiciones
descriptivas.
Para Ross las normas jurídicas se encuentran en un grupo de clasificación llamado:
“directivos impersonales”; calificados por no tener un emisor ni un receptor, y que se
dividen en: autónomos; heterónomos; y autónomos-heterónomos.
Los directivos impersonales autónomos son emanados del propio sujeto que los ha de
cumplir, y no de un emisor a un receptor. Esto es lo que ocurre con las reglas morales,
que uno fórmula para sí mismo. Los directivos impersonales heterónomos son los que
Ross considera como las normas jurídicas propiamente dichas. Aquí la “impersonalidad”
ya es doble, en tanto no solo el receptor no es identificable, sino que tampoco podemos
señalar al emisor de la orden (es el caso de una ley votada en el Parlamento, este se
convierte en el “emisor” a todos los efectos, sin perjuicio de ser indiferente quien la haya
votado). En la teoría de Ross esta clasificación también incluye a los “usos sociales”, en
tanto cumplen la misma función. Ambos (normas jurídicas y usos sociales) son
entendidos como cuasi mandatos, ya que a diferencia de los mandatos (que son
personales) estos no están dirigidos a nadie en particular. Ahora bien, para que estos
directivos heterónomos puedan calificarse de “normas jurídicas” Ross les impone dos
cargas: tener cierta correspondencia con la realidad social (que sean regularmente
cumplidas), y que a su vez se sientan como obligatorias (dimensión psicológica). Sin este
último elemento se estaría frente a un cumplimiento mecánico que de ninguna forma
podría ser considerado exigible.
Ross sostiene que el concepto de obligatoriedad no tiene cabida en una teoría general
de corte positivista que pretenda fundamentar una ciencia puramente descriptiva del
derecho. Por esa razón, en su análisis de las proposiciones de la ciencia jurídica, Ross
sustituye el concepto de obligatoriedad por el de vigencia.
4.- CONCLUSIONES
Después del recorrido conceptual y teórico desarrollado en esta investigación, nos
damos cuenta de que existen diversas consideraciones o puntos de vista sobre lo que
comprendemos como positivismo jurídico. Las expuestas tienen relación con sus
características y con sus diferentes tesis, tanto incluyentes o excluyentes de la moral. No
obstante, lo que conviene resaltar es que el positivismo jurídico es una teoría
sustancialmente influenciada por las discusiones del positivismo filosófico, pero contiene
sus propias caracterizaciones y tesis, tal como evidenció nuestro análisis.
El positivismo jurídico incluyente y excluyente, comparándolo con una distinción entre el
positivismo jurídico qua naturalismo y el positivismo jurídico sin naturalismo. La primera
distinción tiene al positivismo jurídico incluyente montado a cuestas del positivismo
jurídico excluyente. Es decir, en todos aquellos sistemas jurídicos correctamente
caracterizados a través de la variante "excluyente", no hay distinción alguna respecto del
positivismo jurídico incluyente; las dos visiones se reducen a la misma cosa. La segunda
distinción, no obstante, que entre el positivismo jurídico en tanto naturalismo y el
positivismo jurídico sin naturalismo, marca una diferencia que es constante. Es decir, una
caracterización de un sistema jurídica mediante la referencia a un positivismo jurídico en
tanto naturalismo es siempre diferente de una caracterización del mismo sistema jurídico
haciendo referencia al positivismo jurídico sin naturalismo.
Kelsen, nuestro partidario del positivismo jurídico sin naturalismo, libra una batalla en dos
frentes: contra el Derecho Natural y contra el naturalismo. Y responde en ambos frentes
con doctrinas que cuentan como doctrinas independientes en su filosofía jurídica
"independientes" en el sentido de que ninguna doctrina se deriva de la otra.
5.- RECOMENDACIONES
Se puede decir que el positivismo jurídico se pueden encontrar dos concepciones de una
norma suprema que condicionan la validez de la constitución no en un hecho, sino que
en una suposición. Como tratado cuando analizamos la doctrina de KELSEN, si
consideramos el ordenamiento jurídico a partir de un punto de vista meramente
jerárquico, la constitución ciertamente será la norma fundamental en los casos de
constituciones rígidas. Ya del punto de vista lógico, la norma considerada suprema será
aquella que posibilita la revisión de la constitución, ya que posibilita la alteración de las
demás normas. Será, así, una meta norma, que necesita ser presupuesta, sin que pueda
ser probada. Así, considerando el carácter descriptivo al que se propone la teoría del
derecho, la única concepción positivista aceptable fuera la de considerar la propia
constitución como ordenamiento. En esta, se presupone una regla de reconocimiento, es
decir, una norma que indica los criterios de reconocimiento de las demás, incluso a la
propia constitución. Sin embargo, esta norma es absolutamente dependiente de su
eficacia y, por lo tanto, tiene carácter empírico, no ideológico. Pues volviendo a la tesis
del neoconstitucionalismo teórico la consideración de la constitución como norma que
posee un valor implícito, o sea, también como meta-norma, además de no ser
demostrable, parece asemejarse mucho al legalismo, en el sentido de condicionar la
actividad política y jurídica a partir de la idea que la norma posee un valor en sí misma.
La consideración de la constitución como un valor indica, bajo esta concepción, que
debe ser obligatoriamente observada, así como que su no observación en algún caso
contamina el acto como no jurídico. De esta forma, incurre en el mismo defecto
positivista de no explicar los casos donde son aplicadas decisiones sin observar la
constitución: el problema de las normas eficaces y no válidas. Más grave, si la
constitución es un valor en sí misma, sus normas pueden ser así consideradas y, por lo
tanto, poseen un significado acabado, tal como sostenía el iusnaturalismo respecto al
derecho natural. En este último caso, cuando la constitución prevé criterios morales,
deberá haber una conexión necesaria entre el derecho y la moral. Así que el
constitucionalismo como teoría del derecho parece poner demasiado esfuerzo en la
dogmática y, por esto, presenta una explicación que parece mucho más ideológica que
coherente. Está, nos parece, más preocupado por condicionar lo político que
propiamente explicar el derecho. De otro lado, otro argumento sobre el cuál se puede
sostener una teoría del derecho neoconstitucionalista es el que se refiere a las prácticas
de interpretación propias de los principios, tales como la ponderación como método que
sustituye a la subsunción. Así que al proponer estos métodos y en el momento que estos
son acogidos por la práctica judicial el neoconstitucionalismo se podría presentar como
nueva teoría del derecho en sustitución al positivismo jurídico. Cuanto, a este argumento,
es posible decir que efectivamente el método de la ponderación viene a cada día más se
consolidando como instrumento usual de interpretación. Sin embargo, al menos por el
cuanto fue tratado en esta investigación, no se observa cualquier incompatibilidad con el
positivismo jurídico actual. Si existe alguna incompatibilidad, esta puede ser solamente
respecto al positivismo ideológico y al modelo legalista que, como ya hemos tratado,
nadie todavía sostiene. De esta forma, las contribuciones neoconstitucionalistas, en el
momento que son todas explicadas coherentemente por el positivismo no deben ser
consideradas más que esto, contribuciones. Al menos hasta que se detecte alguna
incompatibilidad o imposibilidad de la descripción o conceptuación positivista al derecho
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