El Sol (del latín sol, solis, ‘dios Sol invictus’ o ‘sol’, a su vez de la
raíz protoindoeuropea sauel, ‘luz’)[4] es una estrella de tipo-G de la secuencia
principal y clase de luminosidad V que se encuentra en el centro del sistema
solar y constituye la mayor fuente de radiación electromagnética de este sistema
planetario.[5] Es una esfera casi perfecta de plasma, con un
movimiento convectivo interno que genera un campo magnético a través de un
proceso de dinamo. Cerca de tres cuartas partes de la masa del Sol lo
forman gases como el hidrógeno; el resto es principalmente helio, con cantidades
mucho más pequeñas de elementos como oxígeno, carbono, neón y hierro.
Se formó hace aproximadamente 4600 millones de años a partir del colapso
gravitacional de la materia dentro de una región de una gran nube molecular. La
mayor parte de esta materia se acumuló en el centro, mientras que el resto se
aplanó en un disco en órbita que se convirtió en el sistema solar. La masa central
se volvió cada vez más densa y caliente, dando lugar con el tiempo al comienzo de
la fusión nuclear en su núcleo. Se cree que casi todas las estrellas se forman por
este proceso. El Sol es más o menos de edad intermedia y no ha cambiado
drásticamente desde hace más de cuatro mil millones de años, y seguirá siendo
bastante estable durante otros 5000 millones de años más. Sin embargo, después
de que la fusión del hidrógeno en su núcleo se haya detenido, el Sol sufrirá
cambios importantes y se convertirá en una gigante roja. Se estima que el Sol se
volverá entonces lo suficientemente grande como para engullir las órbitas
actuales de Mercurio, Venus y posiblemente la Tierra.[6][7]
La Tierra y otros cuerpos (incluidos
otros planetas, asteroides, meteoroides, cometas y polvo) orbitan alrededor del
Sol.[5] Por sí solo, representa alrededor del 99.86 % de la masa del sistema
solar.[8] La distancia media del Sol a la Tierra fue definida exactamente por la Unión
Astronómica Internacional en 149 597 870 700 metros[9] (aproximadamente
150 millones de kilómetros). Su luz recorre esta distancia en 8 minutos y
20 segundos.
La energía del Sol, en forma de luz solar, sustenta a casi todas las formas de vida
en la Tierra a través de la fotosíntesis y determina el clima de la Tierra y
la meteorología.
Es la estrella del sistema planetario en el que se encuentra la Tierra; por lo tanto,
es el astro con mayor brillo aparente. Su visibilidad en el cielo local determina,
respectivamente, el día y la noche en diferentes regiones de diferentes planetas.
En la Tierra, la energía radiada por el Sol es aprovechada por los
seres fotosintéticos que constituyen la base de la cadena trófica, por lo que es la
principal fuente de energía de la vida. También aporta la energía que mantiene en
funcionamiento los procesos climáticos.[10]
El Sol es una estrella que se encuentra en la fase denominada secuencia
principal, con un tipo espectral G2 y clase de luminosidad V, por tanto, también es
denominada como enana amarilla. Se formó hace entre 4567.9 y
4570.1 millones de años y permanecerá en la secuencia principal
aproximadamente 5000 millones de años más. El Sol, junto con todos los cuerpos
celestes que orbitan a su alrededor, incluida la Tierra, forman el sistema solar.
A pesar de ser una estrella enana, es la única cuya forma se puede apreciar a
simple vista, con un diámetro angular de 32′35″ de arco en el perihelio y 31′31″ en
el afelio, lo que da un diámetro medio de 32′03″ . La combinación de tamaños y
distancias del Sol y la Luna son tales que se ven, aproximadamente, con el mismo
tamaño aparente en el cielo. Esto permite una amplia gama de eclipses
solares distintos (totales, anulares o parciales).[11]
El vasto efecto del Sol sobre la Tierra ha sido reconocido desde tiempos
prehistóricos y el astro ha sido considerado por algunas culturas como
una deidad. El movimiento de la Tierra alrededor del Sol es la base del calendario
solar, de uso predominante hoy en día.
La disciplina científica que se encarga del estudio del Sol en su totalidad es
la física solar.
Características
El Sol es una estrella de tipo-G de la secuencia principal que abarca
aproximadamente el 99.86 % de la masa del sistema solar. Éste tiene
una magnitud absoluta de +4.83, estimada como más brillante que el 85 % de las
estrellas de la Vía Láctea, la mayoría de las cuales son enanas rojas. Pertenece a
la Población I, o a las estrellas ricas en elementos pesados. La formación del Sol
pudo haber sido provocada por ondas de choque de una o
más supernovas próximas. Esto fue planteado debido a la gran abundancia de
elementos pesados en el sistema solar, como el oro y el uranio, en relación con las
abundancias de estos elementos en la llamada Población II de estrellas, las
cuales son pobres en elementos pesados. Estos elementos podrían haberse
producido por reacciones nucleares endotérmicas durante una supernova, o por
transmutación a través de la absorción neutrónica dentro de una estrella masiva
de segunda generación.[12]
GIF, hecho por la NASA, abril 2008.
El Sol es, con diferencia, el objeto más brillante en el cielo, con magnitud
aparente de −26.74. Es unos 13 000 millones de veces más brillante que la
segunda estrella más luminosa, Sirio, que tiene una magnitud aparente de −1.46.
La distancia media del centro del Sol al centro de la Tierra es de aproximadamente
1 unidad astronómica (alrededor de 150 millones de kilómetros), aunque la
distancia varía a medida que la Tierra se mueve desde el perihelio en enero hasta
el afelio en julio. En esta distancia media, la luz viaja desde el horizonte del Sol
hasta el horizonte de la Tierra en unos 8 minutos y 19 segundos, mientras que la
luz desde los puntos más cercanos del Sol y de la Tierra tarda aproximadamente
dos segundos menos.
El Sol no tiene un límite definido y en sus partes externas su densidad disminuye
exponencialmente al aumentar la distancia a su centro. No obstante, a efectos de
medición, se considera el radio solar como la distancia que engloba desde su
centro hasta el borde de la fotosfera, la superficie visible aparente del Sol. Con
base en esta medida, el Sol es una esfera casi perfecta con
un achatamiento estimado de 9 millonésimas, lo que significa que su diámetro
polar difiere de su diámetro ecuatorial por tan solo 10 kilómetros. El efecto
mareal de los planetas es débil y no afecta significativamente a la forma del Sol. El
Sol rota más deprisa por su ecuador que por sus polos. Esta rotación diferencial
está causada por el movimiento de convección debido al transporte de calor y
al efecto Coriolis producido por la rotación del Sol. En un marco de referencia
definido por las estrellas, el periodo de rotación es de aproximadamente 25.6 días
en el ecuador y de 33.5 días en los polos. Visto desde la Tierra en su órbita
alrededor del Sol, el período de rotación aparente del Sol en su ecuador es de
unos 28 días.
Luz solar
Artículo principal: Luz solar
Amanecer desde el mirador del Garbí
en Valencia (España)
La constante solar es la cantidad de energía que el Sol deposita por unidad de
tiempo y superficie y que es directamente expuesta como luz solar. La constante
solar es igual a aproximadamente a 1361 W/m² (vatios por metro cuadrado) a una
distancia de una unidad astronómica (ua) del Sol (es decir, en la Tierra o a la
misma distancia del Sol que ella).[13] La luz del Sol en la superficie de la Tierra es
atenuada por la atmósfera terrestre, de modo que, llega menos energía a la
superficie (cerca de 1000 W/m²) en condiciones claras cuando el Sol está cerca
del cenit. La luz del Sol en la parte superior de la atmósfera terrestre está
compuesta (por energía total) de aproximadamente un 50 % de luz infrarroja, un
40 % por luz visible y un 10 % de luz ultravioleta. La atmósfera terrestre filtra más
del 70 % de la radiación ultravioleta solar, especialmente en las longitudes de
onda más cortas. La radiación ultravioleta solar ioniza la parte superior de la
atmósfera en el lado diurno de la Tierra, volviendo a la ionosfera conductora
de electricidad.
El Sol es una estrella G2V, con G2 se indica que su temperatura superficial es de
aproximadamente 5778 K (5505 °C), y V que, como la mayoría de las estrellas, es
una estrella enana de la secuencia principal. La luminancia media del Sol es de
aproximadamente 1.88 Gcd/m² (gigacandelas por metro cuadrado), pero como se
ve a través de la atmósfera de la Tierra, esto se reduce a aproximadamente
1.44 Gcd/m². Sin embargo, la luminancia no es constante a través del disco del
Sol debido al "oscurecimiento del limbo".[14]
Color
En ausencia de atmósfera el Sol presenta un color blanco. Se puede comprobar en
imágenes desde la alta montaña con un cielo completamente despejado y limpio,
desde la Estación Espacial Internacional [15] o en las fotos de los astronautas
del Apolo 12 desde la superficie lunar. El color blanco tiene la explicación teórica
en el espectro solar, que emite en un amplio rango del longitudes de onda con
una temperatura de color en torno a 5780 K y un índice de color-espacio (CIE)
cercano al (0.3; 0.3)[16]
En la cultura occidental se suele representar al Sol de color amarillo; en Japón, en
cambio, se suele representar de color rojo. Al observar al Sol, a baja altura sobre el
horizonte, la atmósfera influye en su color y brillo. El Sol se ve menos brillante,
pero con una tonalidad alterada.
Esto seguramente haya influido en que algunos autores hayan argumentado[17] que
el color del Sol viene dado por su máximo de emisión.[18] Pero hay dos problemas
interesantes aquí.
En primer lugar, el espectro de emisión presenta su máximo en unos 500 nm, que
se asocia habitualmente al color verde cercano al azul.[19] Esta asociación es
incluso discutible, puesto que sólo existe una correspondencia longitud de
onda/color visible en una emisión monocromática lo más pura posible. Por
ejemplo, se pueden ver colores verdes en la aurora boreal debido a la emisión
monocromática a 500.7 nm del oxígeno atómico doblemente ionizado (esto está
provocado por el choque entre los átomos de oxígeno con electrones de menor
energía liberados por moléculas de nitrógeno excitadas por la radiación solar en
las capas altas de la atmósfera[20]).
El segundo error es más sutil y viene de no considerar que el máximo de
la distribución de Planck depende de la variable elegida, que pueden ser
la longitud de onda, frecuencia y número de ondas como las más frecuentes. El
máximo de la distribución dependerá de dicha variable. Si elegimos la frecuencia,
el máximo se correspondería a 880 nm, ya en el infrarrojo cercano. Por tanto, el
máximo no tiene un sentido físico tan claro como el interpretado según la ley de
desplazamiento de Wien, donde se utiliza la representación de la función de
Planck exclusivamente en función de la longitud de onda.[18]
El Sol también puede verse de muy diferentes colores según las condiciones
atmosféricas. Desde el rojizo de las salidas y puestas debido a la dispersión de la
atmósfera (que se puede ver aumentados por la presencia de pequeñas partículas
contaminantes), hasta, en raras ocasiones, el azulado (provocado por partículas
de mayor diámetro, como parece haber ocurrido durante la erupción
del Krakatoa o por la contaminación del humo de grandes incendios).[21][22]
Véase también: Ley_de_desplazamiento_de_Wien#Interpretaciones
Composición
Capas internas del sol
El Sol está compuesto principalmente por los elementos
químicos hidrógeno y helio; que representan el 74.9 % y el 23.8 % de la masa del
Sol en la fotosfera, respectivamente. Todos los elementos más pesados,
llamados metales en astronomía, representan menos del 2 % de la masa, con
el oxígeno (más o menos el 1 % de la masa del Sol), carbono (0.3 %), neón (0.2 %),
y el hierro (0.2 %), que es el más abundante.
El Sol heredó su composición química del medio interestelar a través del cual se
formó. El hidrógeno y el helio en el Sol fueron producidos por nucleosíntesis del
Big Bang, y los elementos más pesados se crearon por nucleosíntesis estelar en
generaciones de estrellas que completaron su evolución estelar y devolvieron su
material al medio interestelar antes de la formación del Sol. La composición
química de la fotosfera se considera normalmente como representativa de la
composición del sistema solar primordial. Sin embargo, desde que se formó el
Sol, parte del helio y de elementos pesados se han asentado gravitacionalmente
desde la fotosfera. Por lo tanto, en la fotosfera de hoy en día, la fracción de helio es
reducida, y la metalicidad es solamente el 84 % de lo que era en la fase
protoestelar (antes de que la fusión nuclear comenzara en el núcleo). Se cree que
la composición protoestelar del Sol ha sido de un 71.1 % de hidrógeno, 27.4 % de
helio, y de un 1.5 % de elementos más pesados.
Hoy en día, la fusión nuclear en el núcleo del Sol ha modificado la composición
mediante la conversión del hidrógeno en helio, por lo que ahora la parte más
interna del Sol es más o menos un 60 % de helio, junto con la abundancia de
elementos más pesados que no han sido alterados. Debido a que el calor se
transfiere desde el centro del Sol por radiación en vez de por convección, ninguno
de los productos de fusión del núcleo ha llegado a la fotosfera.
La zona reactiva del núcleo de «combustión del hidrógeno», donde el hidrógeno se
convierte en helio, está empezando a ser circundado por un núcleo interno de
«cenizas de helio». Este desarrollo continuará y posteriormente tendrá lugar la
salida del Sol de la secuencia principal para llegar a convertirse así en una gigante
roja.
La abundancia de elementos pesados solares descritos anteriormente son
medidos usando tanto espectroscopia de la fotosfera del Sol como midiendo las
abundancias en los meteoritos que nunca han sido calentados a temperaturas de
fusión. Se cree que estos meteoritos retienen la composición del Sol protoestelar
y, por lo tanto, no se ven afectados por la sedimentación de elementos pesados.
Por lo general, los dos métodos concuerdan bien.[23]
Estructura del Sol
Artículo principal: Estructura estelar
Imagen detallada de un
conjunto de manchas solares observadas en el espectro de luz visible. La umbra y
la penumbra son claramente discernibles, así como la granulación solar.
Como toda estrella, el Sol posee una forma esférica, y a causa de su lento
movimiento de rotación, tiene también un leve achatamiento polar. Como en
cualquier cuerpo masivo, toda la materia que lo constituye es atraída hacia el
centro del objeto por su propia fuerza gravitatoria. Sin embargo, el plasma que
forma el Sol se encuentra en equilibrio, ya que la creciente presión en el interior
solar compensa la atracción gravitatoria, lo que genera un equilibrio hidrostático.
Estas enormes presiones se producen debido a la densidad del material en su
núcleo y a las enormes temperaturas que se dan en él gracias a las reacciones
termonucleares que allí acontecen. Existe, además de la contribución puramente
térmica, una de origen fotónico. Se trata de la presión de radiación, nada
despreciable, que es causada por el ingente flujo de fotones emitidos en el centro
del Sol.
Casi todos los elementos químicos terrestres
(aluminio, azufre, bario, cadmio, calcio, carbono, cerio, cobalto, cobre, cromo, est
año, estroncio, galio, germanio, helio, hidrógeno, hierro, indio, magnesio, mangane
so, níquel, nitrógeno, oro, oxígeno, paladio, plata, platino, plomo, potasio, rodio, sil
icio, sodio, talio, titanio, tungsteno, vanadio, circonio y cinc) y diversos
compuestos (como el cianógeno, el óxido de carbono y el amoniaco) han sido
identificados en la constitución del astro rey, por lo que se ha concluido que, si
nuestro planeta se calentara hasta la temperatura solar, tendría un espectro
luminoso casi idéntico al Sol. Incluso el helio fue descubierto primero en el Sol y
luego se constató su presencia en nuestro planeta.[24]
El Sol presenta una estructura en capas esféricas o en «capas de cebolla». La
frontera física y las diferencias químicas entre las distintas capas son difíciles de
establecer. Sin embargo, se puede determinar una función física que es diferente
para cada una de las capas. En la actualidad, la astrofísica dispone de un modelo
de estructura solar que explica satisfactoriamente la mayor parte de los
fenómenos observados. Según este modelo, el Sol está formado por: 1) núcleo
solar, 2) zona radiante, 3) zona convectiva, 4) fotosfera, 5) cromosfera, 6) corona,
7) manchas solares, 8) granulación y 9) viento solar.
Núcleo
Artículos principales: Nucleosíntesis estelar, Cadena protón-protón y Ciclo CNO.
Imagen que muestra las capas del
interior del Sol
Ocupa unos 139 000 km del radio solar, 1⁄5 del mismo, y es en esta zona donde se
verifican las reacciones termonucleares que proporcionan toda la energía que el
Sol produce. Esta energía generada en el núcleo del Sol tarda un millón de años en
alcanzar la superficie solar.[25] En su centro se calcula que existe un 49 % de
hidrógeno, 49 % de helio y un 2 % que se distribuye en otros elementos que sirven
como catalizadores en las reacciones termonucleares. A comienzos de la década
de los años 30 del siglo XX, el físico austriaco Fritz Houtermans (1903-1966) y el
astrónomo inglés Robert d'Escourt Atkinson (1898-1982) unieron sus esfuerzos
para averiguar si la producción de energía en el interior del Sol y en las estrellas se
podía explicar por las transformaciones nucleares. En 1938, Hans Albrecht
Bethe (1906-2005), en los Estados Unidos, y Carl Friedrich von Weizsäcker (1912-
2007), en Alemania, simultánea e independientemente, encontraron el hecho
notable de que un grupo de reacciones en las que intervienen el carbono y
el nitrógeno como catalizadores constituyen un ciclo, que se repite una y otra vez,
mientras dura el hidrógeno. A este grupo de reacciones se le conoce como ciclo
de Bethe o del carbono, y es equivalente a la fusión de cuatro protones en un
núcleo de helio. En estas reacciones de fusión hay una pérdida de masa, esto es,
el hidrógeno consumido pesa más que el helio producido. Esa diferencia de masa
se transforma en energía, según la ecuación de Einstein (E = mc²), donde E es
la energía, m la masa y c la velocidad de la luz. Estas reacciones nucleares
transforman el 0.7 % de la masa afectada en fotones, con una longitud de onda
cortísima y, por lo tanto, muy energéticos y penetrantes. La energía producida
mantiene el equilibrio térmico del núcleo solar a temperaturas aproximadamente
de 15 millones de kelvins.
El ciclo ocurre en las siguientes etapas:
1 H1 + 6C12 → 7N13
7 N13 → 6C13 + e+ + neutrino
1 H1 + 6C13 → 7N14
1 H1 + 7N14 → 8O15
8 O15 → 7N15 + e+ + neutrino
1 H1 + 7N15 → 6C12 + 2He4.
Sumando todas las reacciones y cancelando los términos comunes, se tiene
4 1H1 → 2He4 + 2e+ + 2 neutrinos = 26.7 MeV.
La energía neta liberada en el proceso es 26.7 MeV, o sea cerca de6.7 × 1014 J por
kg de protones consumidos. El carbono actúa como catalizador, pues se regenera
al final del ciclo.
Otra reacción de fusión que ocurre en el Sol y en las estrellas es el ciclo de
Critchfield, más comúnmente conocido como cadena protón-protón. Charles
Critchfield (1910-1994) era en 1938 un joven físico, alumno de George Gamow,
(1904-1968) en la Universidad George Washington, y tuvo una idea completamente
diferente, al darse cuenta de que en el choque entre dos protones a velocidades
próximas a la de la luz, puede ocurrir que uno de ellos pierda su carga positiva (e+),
se fusionen y se convierta en un neutrón, que permanece unido al otro protón y
forma un núcleo de deuterio, es decir, un núcleo pesado formado por
un isótopo estable del hidrógeno. El positrón (e+) al ser liberado tiende a
aniquilarse con bastante rapidez, fusionándose con un electrón (e−), produciendo
en el proceso radiación fotónica. Al mismo tiempo, en esta segunda fase, se libera
un neutrino electrónico de baja energía, que no interactúa con ningún átomo y se
libera al espacio a velocidades próximas a la de la luz sin colisionar con la materia.
Más tarde, la fusión de un protón (p+), o lo que es lo mismo, un núcleo H1, con un
núcleo de deuterio da lugar a un isótopo del helio He³ y a la emisión de
fotones gamma (γ). Finalmente, con un 97 % de probabilidad aproximadamente,
dos núcleos del isótopo He³ dan lugar, al ser fusionados, en un núcleo estable de
He4 más dos nuevos protones (p+), con lo que el ciclo se retroalimenta hasta la
primera fase inicial, al tiempo que pierde energía a razón de 26.7 MeV netos.
La reacción puede producirse de dos maneras algo distintas:
1 H1 + 1H1 → 1H² + e+ + neutrino electrónico
1 H1 + 1H² → 2He³ + fotones gamma
2 He³ + 2He³ → 2He4 + 2 1H1
...también expresada con la notación:
p+ + p+ → H² + e + νe
H² + p+ → He³ + γ
He³ + He³ → He4 + p+ + p+
El primer ciclo se da en estrellas más calientes y de mayor masa que el Sol,
mientras que la cadena protón-protón predomina en las estrellas similares al Sol.
En cuanto a este, hasta el año 1953 se creía que su energía era producida casi
exclusivamente por el ciclo de Bethe; sin embargo, posteriormente se demostró
que el calor solar proviene en su mayor parte (~75 %) de la cadena protón-protón.
En los últimos estadios de su evolución, el Sol fusionará también el helio producto
de estos procesos para producir carbono y oxígeno (véase proceso triple-alfa).
Zona radiante
En la zona exterior al núcleo el transporte de la energía generada en el interior se
produce por radiación hasta el límite exterior de la zona radiante. Esta zona está
compuesta de plasma, es decir, grandes cantidades de hidrógeno y helio ionizado.
Como la temperatura del Sol decrece desde el centro (15 MK en el núcleo) hacia la
periferia (6000 K en la fotosfera), es más fácil que un fotón cualquiera se mueva
del centro a la periferia que al revés. Sin embargo, los fotones deben avanzar por
un medio ionizado tremendamente denso y son absorbidos y reemitidos infinidad
de veces en su camino. Se calcula que un fotón cualquiera puede tardar un millón
de años en alcanzar la superficie y manifestarse como luz visible.[26]
Zona convectiva
Esta región se extiende por encima de la zona radiante y en ella los gases solares
dejan de estar ionizados y los fotones son absorbidos con facilidad y se convierten
en un material opaco al transporte de radiación. Por lo tanto, el transporte de
energía se realiza por convección, de modo que el calor se transporta de manera
no homogénea y turbulenta por el propio fluido. Los fluidos se dilatan al ser
calentados y disminuyen su densidad.[27] Por lo cual se forman corrientes
ascendentes de material desde la zona caliente hasta la zona superior, y
simultáneamente se producen movimientos descendentes de material desde las
zonas exteriores menos calientes. Así, a unos 200 000 km bajo la fotosfera del Sol,
el gas se vuelve opaco por efecto de la disminución de la temperatura; en
consecuencia, absorbe los fotones procedentes de las zonas inferiores y se
calienta a expensas de su energía. Se forman así secciones convectivas
turbulentas, en las que las parcelas de gas caliente y ligero suben hasta la
fotosfera, donde nuevamente la atmósfera solar se vuelve transparente a la
radiación y el gas caliente cede su energía en forma de luz visible, y se enfría antes
de volver a descender a las profundidades. El análisis de las oscilaciones solares
ha permitido establecer que esta zona se extiende hasta estratos de gas situados
a la profundidad indicada anteriormente. La observación y el estudio de estas
oscilaciones solares constituyen el campo de trabajo de la heliosismología.[28]
Fotosfera
Artículo principal: Fotosfera
La fotosfera es la zona visible donde se emite luz visible del Sol. La fotosfera se
considera como la «superficie» solar y, vista a través de un telescopio, se presenta
formada por gránulos brillantes que se proyectan sobre un fondo más oscuro. A
causa de la agitación de nuestra atmósfera, estos gránulos parecen estar siempre
en agitación. Puesto que el Sol es gaseoso, su fotosfera es algo transparente:
puede ser observada hasta una profundidad de unos cientos de kilómetros antes
de volverse completamente opaca. Normalmente, se considera que la fotosfera
solar tiene unos 100 o 200 km de profundidad.[29]
Esquema de la estructura de anillo de una
llamarada solar y su origen causado por la deformación de las líneas del campo
electromagnético
Aunque el borde o limbo del Sol aparece bastante nítido en una fotografía o en la
imagen solar proyectada con un telescopio, se aprecia fácilmente que el brillo del
disco solar disminuye hacia el borde. Este fenómeno de oscurecimiento del centro
al limbo es consecuencia de que el Sol es un cuerpo gaseoso con una
temperatura que disminuye con la distancia al centro. La luz que se ve en el centro
procede en la mayor parte de las capas inferiores de la fotosfera, más caliente y
por tanto más luminosa. Al mirar hacia el limbo, la dirección visual del observador
es casi tangente al borde del disco solar por lo que llega radiación procedente
sobre todo de las capas superiores de la fotosfera, menos calientes y emitiendo
con menor intensidad que las capas profundas en la base de la fotosfera.
Un fotón tarda un promedio de diez días desde que surge de la fusión de dos
átomos de hidrógeno, en atravesar la zona radiante y un mes en recorrer los
200 000 km de la zona convectiva, empleando tan solo unos 8 minutos y medio en
cruzar la distancia que separa la Tierra del Sol. No se trata de que los fotones
viajen más rápidamente ahora, sino que en el exterior del Sol el camino de los
fotones no se ve obstaculizado por los continuos cambios, choques, quiebros y
turbulencias que experimentaban en el interior del Sol.
Los gránulos brillantes de la fotosfera tienen muchas veces forma hexagonal y
están separados por finas líneas oscuras.[30] Los gránulos son la evidencia del
movimiento convectivo y burbujeante de los gases calientes en la parte exterior
del Sol. En efecto, la fotosfera es una masa en continua ebullición en el que las
células convectivas se aprecian como gránulos en movimiento cuya vida media es
tan solo de unos nueve minutos. El diámetro medio de los gránulos individuales es
de unos 700 a 1000 km y resultan particularmente notorios en los períodos de
mínima actividad solar. Hay también movimientos turbulentos a una escala
mayor, la llamada «supergranulación», con diámetros típicos de unos 35 000 km.
Cada supergranulación contiene cientos de gránulos individuales y sobrevive
entre 12 a 20 horas. Fue Richard Christopher Carrington (1826-1875), cervecero y
astrónomo aficionado, el primero en observar la granulación fotosférica en
el siglo XIX. En 1896 el francés Pierre Jules César Janssen (1824-1907) consiguió
fotografiar por primera vez la granulación fotosférica.
El Sol con algunas manchas solares
visibles. Las dos manchas en el medio tienen casi el mismo diámetro que la Tierra.
El signo más evidente de actividad en la fotosfera son las manchas solares.[31] En
los tiempos antiguos se consideraba al Sol como un fuego divino y, por
consiguiente, perfecto e infalible. Del mismo modo se sabía que la brillante cara
del Sol estaba a veces nublada con unas manchas oscuras, pero se imaginaba
que era debido a objetos que pasaban en el espacio entre el Sol y la Tierra.
Cuando Galileo (1564-1642) construyó el primer telescopio astronómico, dando
origen a una nueva etapa en el estudio del Universo, hizo la siguiente
afirmación: «Repetidas observaciones me han convencido, de que estas manchas
son sustancias en la superficie del Sol, en la que se producen continuamente y en
la que también se disuelven, unas más pronto y otras más tarde». Una mancha
solar típica consiste en una región central oscura, llamada «umbra», rodeada por
una «penumbra» más clara. Una sola mancha puede llegar a medir hasta 12 000
km (casi tan grande como el diámetro de la Tierra), pero un grupo de manchas
puede alcanzar 120 000 km de extensión e incluso algunas veces más. La
penumbra está constituida por una estructura de filamentos claros y oscuros que
se extienden más o menos radialmente desde la umbra.
Imagen detallada de un conjunto de manchas
solares observadas en el visible. La umbra y la penumbra son claramente
discernibles así como la granulación solar.
Ambas (umbra y penumbra) parecen oscuras por contraste con la fotosfera,
simplemente porque están menos calientes que la temperatura media de la
fotosfera. Así, la umbra tiene una temperatura de 4000 K, mientras que la
penumbra alcanza los 5600 K, inferiores en ambos casos a los 6000 K que tienen
los gránulos de la fotosfera. Por la ley de Stefan-Boltzmann, en que la energía total
radiada por un cuerpo negro (como una estrella) es proporcional a la cuarta
potencia de su temperatura efectiva (E = σT4, donde σ = 5.67051 × 10−8 W/m²·K4), la
umbra emite aproximadamente un 32 % de la luz emitida por un área igual de la
fotosfera y análogamente la penumbra tiene un brillo de un 71 % de la fotosfera. La
oscuridad de una mancha solar está causada únicamente por un efecto de
contraste; si pudiéramos ver a una mancha tipo, con una umbra del tamaño de
la Tierra, aislada y a la misma distancia que el Sol, brillaría una 50 veces más que
la Luna llena. Las manchas están relativamente inmóviles con respecto a la
fotosfera y participan de la rotación solar. El área de la superficie solar cubierta
por las manchas se mide en términos de millonésima del disco visible.
Cromosfera
Artículo principal: Cromosfera
Eclipse solar del 3 de octubre de 2005.
La cromosfera es una capa exterior a la fotosfera visualmente mucho más
transparente. Su tamaño es de aproximadamente 10 000 km, y es imposible
observarla sin filtros especiales, pues es eclipsada por el mayor brillo de la
fotosfera. La cromosfera puede observarse durante un eclipse solar en un tono
rojizo característico y en longitudes de onda específicas, notablemente en Hα,
una longitud de onda característica de la emisión por hidrógeno a muy alta
temperatura.[32]
Las prominencias solares ascienden ocasionalmente desde la fotosfera, alcanzan
alturas de hasta 150 000 km y producen erupciones solares espectaculares.
Corona solar
Artículo principal: Corona solar
Manifestación de la naturaleza
filamentaria del plasma al conectar dos regiones con diferente polaridad
magnética. Imagen tomada por el Telescopio Óptico Solar Hinode, el 12 de enero
de 2007.
La corona solar está formada por las capas más tenues de la atmósfera superior
solar. Su temperatura alcanza los millones de kelvin, una cifra muy superior a la de
la capa que le sigue, la fotosfera, y esta inversión térmica es uno de los principales
enigmas de la ciencia solar reciente. Estas elevadísimas temperaturas son un dato
engañoso y consecuencia de la alta velocidad de las pocas partículas que
componen la atmósfera solar. Sus grandes velocidades son debidas a la baja
densidad del material coronal, a los intensos campos magnéticos emitidos por el
Sol y a las ondas de choque que rompen en la superficie solar estimuladas por las
células convectivas. Como resultado de su elevada temperatura, desde la corona
se emite gran cantidad de energía en rayos X. En realidad, estas temperaturas no
son más que un indicador de las altas velocidades que alcanza el material coronal
que se acelera en las líneas de campo magnético y en dramáticas eyecciones de
material coronal (EMCs). Lo cierto es que esa capa es demasiado poco densa
como para poder hablar de temperatura en el sentido usual de agitación térmica.
Vídeo de cámara rápida de una región activa
en la superficie del Sol capturado con un refractor de 152 mm y un filtro de
cromosfera Daystar Quark.
Todos estos fenómenos combinados ocasionan extrañas rayas en el espectro
luminoso que hicieron pensar en la existencia de un elemento desconocido en la
Tierra al que incluso denominaron coronium hasta que investigaciones posteriores
en 1942 concluyeron que se trataban de radiaciones producidas por átomos
neutros de oxígeno de la parte externa de la misma corona, así como de hierro,
níquel, calcio y argón altamente ionizados (fenómenos imposibles de obtener en
laboratorios).[33]
La corona solar solamente es observable desde el espacio con instrumentos
adecuados que anteponen un disco opaco para eclipsar artificialmente al Sol o
durante un eclipse solar natural desde la Tierra. El material tenue de la corona es
continuamente expulsado por la fuerte radiación solar dando lugar a un viento
solar. Así pues, se cree que las estructuras observadas en la corona están
modeladas en gran medida por el campo magnético solar y las células de
transporte convectivo.
En 1970 el físico sueco Hannes Alfvén obtuvo el premio Nobel. Él estimó que
había ondas que transportaban energía por líneas del campo magnético que
recorre el plasma de la corona solar. Pero hasta hoy no se había podido detectar la
cantidad de ondas que eran necesarias para producir dicha energía.
Pero imágenes de alta definición ultravioleta, tomadas cada ocho segundos por el
satélite de la NASA Solar Dynamics Observatory (SDO), han permitido a científicos
como Scott McIntosh y a sus colegas del Centro Nacional Estadounidense de
Investigación Atmosférica, detectar gran cantidad de estas ondas.[34] Las mismas
se propagan a gran velocidad (entre 200 y 250 km/s) en el plasma en movimiento.
Ondas cuyo flujo energético se sitúa entre 100 y 200 W/km² (vatios por kilómetro
cuadrado) «son capaces de proveer la energía necesaria para propulsar a los
rápidos vientos solares y así compensar las pérdidas de calor de las regiones
menos agitadas de la corona solar», estiman los investigadores.
Sin embargo, para McIntosh esto no es suficiente para generar los 2000 W/m²
(vatios por metro cuadrado) que se necesitan para abastecer a las zonas activas
de la corona. Es por esto que se requiere de instrumentos con mayor capacidad
temporal y espacial para estudiar todo el espectro de energía irradiada en las
regiones activas de nuestra estrella.
Heliosfera
Vista de la heliosfera
protegiéndonos de las radiaciones provenientes del centro de la galaxia
Artículo principal: Heliosfera
La heliosfera sería la región que se extiende desde el Sol hasta más allá de Plutón
y que se encuentra bajo la influencia del viento solar. Es en esta región donde se
extienden los efectos de las tormentas geomagnéticas y también donde se
extiende el influjo del campo magnético solar. La heliosfera protege al sistema
solar de las radiaciones provenientes del medio interestelar y su límite se extiende
a más de 100 UA del Sol, límite solamente superado por los cometas.
Véase también: Viento solar
Actividad solar
Eyección de masa coronal
Filamento solar fotografiado el
31 de agosto de 2012 (NASA). La eyección de masa solar viajó a 1500 kilómetros
por segundo.
Artículo principal: Tormenta geomagnética
Los puntos brillantes y los arcos iluminados
de material solar que flotan en la atmósfera del sol resaltan lo que se conoce
como regiones activas en el sol, en esta imagen del Observatorio de Dinámica
Solar de la NASA, capturada el 20 de abril de 2015. Estas son áreas de actividad
magnética intensa y compleja que a veces pueden dar lugar a erupciones solares y
eyecciones de masa coronal.
La eyección de masa coronal (CME) es una onda formada por radiación y viento
solar que se desprende del Sol en el periodo llamado Actividad Máxima Solar. Esta
onda es muy peligrosa ya que daña los circuitos eléctricos, los transformadores y
los sistemas de comunicación. Cuando esto ocurre, se dice que hay una tormenta
solar.
• Cada 11 años el Sol entra en un turbulento ciclo (Actividad Máxima Solar)
que representa la época más propicia para que el planeta sufra una
tormenta solar. Dicho proceso acaba con el cambio de polaridad solar (no
confundir con el cambio de polaridad terrestre).
• Nos encontramos en el Ciclo Solar 25, que comenzó en diciembre de
2019.[35]
• Una potente tormenta solar es capaz de paralizar por completo la red
eléctrica de las grandes ciudades, una situación que podría durar
semanas, meses o incluso años.
• Las tormentas solares pueden causar interferencias en las señales de
radio, afectar a los sistemas de navegación aéreos, dañar las señales
telefónicas e inutilizar satélites por completo.
• El 13 de marzo de 1989 la ciudad de Quebec, en Canadá, fue azotada por
una fuerte tormenta solar. Como resultado de ello, seis millones de
personas se vieron afectadas por un gran apagón que duró 90 segundos. La
red eléctrica de Montreal estuvo paralizada durante más de nueve horas.
Los daños que provocó el apagón, junto con las pérdidas originadas por la
falta de energía, alcanzaron los cientos de millones de dólares.
• Entre los días 1 y 2 de septiembre de 1859 una intensa tormenta
solar afectó a la mayor parte del planeta. Las líneas telegráficas de
los Estados Unidos y el norte de Europa quedaron inutilizadas y se
provocaron varios incendios. Además, una impresionante aurora boreal,
fenómeno que normalmente solo puede observarse desde las regiones
árticas, pudo verse en lugares tan alejados de los polos como el sur de
Europa, el Caribe, Hawái.,[36] e incluso en Colombia, cerca del ecuador
terrestre.[37]
Cambio de polaridad solar
El campo magnético del Sol se forma como sigue: En el núcleo las presiones del
hidrógeno provocan que sus átomos únicamente queden excluidos por las fuerzas
de polaridad de los protones, dejando una nube de electrones en torno a dicho
núcleo (los electrones se han desprendido de las órbitas tradicionales, formando
una capa de radiación electrónica común). La fusión de los átomos de hidrógeno
en helio se produce en la parte más interna del núcleo, en donde el helio queda
restringido por ser un material más pesado. Dicho «ordenamiento» induce que los
propios electrones compartan estados de energía y en consecuencia sus campos
magnéticos adquieran aún más densidad y potencia. Las enormes fuerzas de
gravedad, impiden que los fotones (portadores de esas fuerzas) escapen de forma
libre. De esta forma se genera en su interior un potente campo magnético que
influye en la dinámica del plasma en las capas siguientes.[32]
Los campos magnéticos, tal como si se tratase de un material fluido, encuentran
su dinámica por las fuerzas magnetohidrodinámicas en constante interacción con
las gravitatorias y rotacionales de la estrella, llegando a la superficie de manera
que, los materiales más externos quedan ordenados conforme a las líneas de
fuerza Gauss. La rotación solar produce que las capas más externas no giren
todas a la misma velocidad, por lo que el ordenamiento de estas líneas de fuerza
se va descompensando a medida que los materiales distribuidos entre los polos y
el ecuador van perdiendo sincronismo en el giro rotacional de la estrella. Por cada
ruptura en la integridad del campo magnético, se produce un escape de líneas de
fuerza Gauss (produciendo las típicas manchas negras), en las que un aumento de
estas, puede tener como consecuencia una erupción solar consecuente por la
desintegración local del campo gauss. Cuando el Sol se acerca a su máximo
desorden, las tormentas solares son máximas. Estos periodos se dan cada 11
años. El Sol no posee un campo electromagnético como el de la Tierra, sino que
posee lo que se denomina viento solar, producido por esas inestabilidades
rotacionales del Sol. Si no fuera por eso, los campos magnéticos del Sol quedarían
restringidos a la dinámica del plasma.
Por esa misma razón, una reacción de fusión entre dos átomos de hidrógeno en el
interior del Sol, tarda 11 años en llegar a escapar de las enormes fuerzas
gravitatorias y magnéticas.
Nacimiento y muerte del Sol
Artículos principales: Evolución estelar y Nebulosa protosolar.
La diferencia de tamaños entre el Sol y
la Tierra queda patente en esta imagen comparativa de ambos, con la Tierra en el
lado izquierdo, y una porción del Sol a la derecha.
El Sol se formó hace 4650 millones de años y tiene combustible para 7500
millones de años más.[38][nota 1] Después, comenzará a hacerse más y más grande,
hasta convertirse en una gigante roja. Finalmente, se hundirá por su propio peso y
se convertirá en una enana blanca, que puede tardar unos mil millones de años en
enfriarse.[39]
Se formó a partir de nubes de gas y polvo que contenían residuos de generaciones
anteriores de estrellas. Debido a la metalicidad de dicho gas, de su disco
circunestelar surgieron, más tarde, los planetas, asteroides y cometas del sistema
solar. En el interior del Sol se producen reacciones de fusión en las que los átomos
de hidrógeno se transforman en helio, produciéndose la energía que irradia.
Actualmente, el Sol se encuentra en plena secuencia principal, fase en la que
seguirá unos 5000 millones de años más fusionando hidrógeno de manera
estable.
El Sol rodeado por un arcoíris (halo solar).
Cada segundo se transforman 700 millones de toneladas de hidrógeno en cenizas
de helio, este proceso transforma cinco millones de toneladas de materia
en energía, lo que da como resultado que el Sol cada vez se vuelve más liviano.[25]
Sol rodeado por un halo solar, fotografía
tomada en la Ciudad de Bogotá D.C Colombia.
Llegará un momento en que el Sol agote todo el hidrógeno en la región central al
haberlo transformado en helio. La presión será incapaz de sostener las capas
superiores y la región central tenderá a contraerse gravitacionalmente, calentando
progresivamente las capas adyacentes. El exceso de energía producida hará que
las capas exteriores del Sol tiendan a expandirse y enfriarse y el Sol se convertirá
en una estrella gigante roja. El diámetro puede llegar a alcanzar y sobrepasar al de
la órbita de la Tierra, con lo cual, cualquier forma de vida se habrá extinguido.
Cuando la temperatura de la región central alcance aproximadamente
100 millones de kelvins, comenzará a producirse la fusión del helio en carbono
mientras alrededor del núcleo se sigue fusionando hidrógeno en helio. Ello
producirá que la estrella se contraiga y disminuya su brillo a la vez que aumenta su
temperatura, convirtiéndose el Sol en una estrella de la rama horizontal. Al
agotarse el helio del núcleo, se iniciará una nueva expansión del Sol y el helio
empezará también a fusionarse en una nueva capa alrededor del núcleo inerte —
compuesto de carbono y oxígeno y que por no tener masa suficiente el Sol no
alcanzará las presiones y temperaturas suficientes para fusionar dichos
elementos en elementos más pesados— que lo convertirá de nuevo en una
gigante roja, pero esta vez de la rama asintótica gigante y provocará que el astro
expulse gran parte de su masa en la forma de una nebulosa planetaria, quedando
únicamente el núcleo solar que se transformará en una enana blanca y, mucho
más tarde, al enfriarse totalmente, en una enana negra. El Sol no llegará a estallar
como una supernova al no tener la masa suficiente para ello.
Ciclo de vida del Sol
Si bien se creía en un principio que el Sol acabaría por absorber a Mercurio, a
Venus y a la Tierra al convertirse en gigante roja, la gran pérdida de masa que
sufrirá en el proceso hizo pensar por un tiempo que la órbita terrestre —al igual
que la de los demás planetas del sistema solar— se expandiría posiblemente y
salvaría a nuestro planeta de ese destino.[40] Sin embargo, un artículo reciente
postula que ello no ocurrirá y que las interacciones mareales, así como el roce
con la materia de la cromosfera solar, harán que nuestro planeta sea
absorbido.[41] Otro artículo posterior apunta en la misma dirección.[42]
En cuanto a la vida en la Tierra durante ese proceso de evolución del Sol, se sabe
que en la actualidad, el brillo del Sol aumenta aproximadamente un 1 % cada 100
millones de años. Se necesitarán por tanto al menos mil millones de años para
agotar el agua líquida de la Tierra debido a tal aumento.[43] Después de eso, la
Tierra dejará de poder sustentar vida multicelular compleja y los últimos
organismos multicelulares que quedan en el planeta sufrirán una extinción masiva
final y completa.[44]
Importancia de la energía solar en la Tierra
La mayor parte de la energía utilizada por los seres vivos procede del Sol, las
plantas la absorben directamente y realizan la fotosíntesis, los herbívoros
absorben indirectamente una pequeña cantidad de esta energía comiendo las
plantas, y los carnívoros absorben indirectamente una cantidad más pequeña
comiendo a los herbívoros.
La mayoría de las fuentes de energía usadas por el hombre derivan indirectamente
del Sol. Los combustibles fósiles preservan energía solar capturada hace millones
de años mediante fotosíntesis, la energía hidroeléctrica usa la energía potencial
de agua que se condensó en altura después de haberse evaporado por el calor del
Sol.
Sin embargo, el uso directo de energía solar para la obtención de energía no está
aún muy extendido debido a que los mecanismos actuales no son
suficientemente eficaces.[45]
Reacciones termonucleares e incidencia sobre la superficie terrestre
Una mínima cantidad de materia puede convertirse en una enorme manifestación
de energía. Esta relación entre la materia y la energía explica la potencia del Sol,
que hace posible la vida. ¿Cuál es la equivalencia? En 1905, Einstein había
predicho una equivalencia entre la materia y la energía mediante su
ecuación E=mc². Una vez que Einstein formuló la relación, los científicos pudieron
explicar por qué ha brillado el Sol por miles de millones de años. En el interior del
Sol se producen continuas reacciones termonucleares. De este modo, el Sol
convierte cada segundo unos 564 millones de toneladas de hidrógeno en 560
millones de toneladas de helio, lo que significa que unos cuatro millones de
toneladas de materia se transforman en energía solar, una pequeña parte de la
cual llega a la Tierra y sostiene la vida.
Con la fórmula y los datos anteriores se puede calcular la producción de energía
del Sol, obteniéndose que la potencia de nuestra estrella es aproximadamente
3.8 × 1026 vatios, o 3.8 × 1023 kilovatios —o, dicho de otra manera, el Sol produce
en un segundo 760 000 veces la producción energética anual a nivel mundial—.
Observación astronómica del Sol
Duración: 8 segundos.0:08Tránsito lunar frente al Sol capturado durante la
calibración de las cámaras de imagen ultravioleta de la sonda STEREO B
Unas de las primeras observaciones astronómicas de la actividad solar fueron las
realizadas por Galileo Galilei en el siglo XVII, utilizando vidrios ahumados al
principio, y usando el método de proyección después. Galileo observó así las
manchas solares y pudo medir la rotación solar así como percibir la variabilidad
de estas.[46] En la actualidad la actividad solar es monitoreada constantemente
por observatorios astronómicos terrestres y observatorios espaciales. Entre los
objetivos de estas observaciones se encuentra, no solo alcanzar una mayor
comprensión de la actividad solar, sino también la predicción de sucesos de
elevada emisión de partículas potencialmente peligrosas para las actividades en
el espacio y las telecomunicaciones terrestres.[47][48]
Exploración solar
Video con un mosaico de imágenes captadas por instrumentos de la sonda
espacial Solar Dynamics Observatory que permite observar la luz producida por el
Sol más allá de lo que el ojo humano puede percibir
La luz solar que apreciamos a simple vista es de color amarillo, pero en realidad el
Sol la emite en todas las longitudes de onda.[49]
Para obtener una visión ininterrumpida del Sol en longitudes de onda inaccesibles
desde la superficie terrestre, la Agencia Espacial Europea y la NASA lanzaron
cooperativamente el satélite SOHO (Solar and Heliospheric Observatory) el 2 de
diciembre de 1995.[50] La sonda europea Ulysses realizó estudios de la actividad
solar,[51] y la sonda estadounidense Génesis se lanzó en un vuelo cercano a la
heliósfera para regresar a la Tierra con una muestra directa del material
solar.[52] Génesis regresó a la Tierra en el 2004, pero su reentrada en la atmósfera
fue acompañada de un fallo en su paracaídas principal que hizo que se estrellara
sobre la superficie.[53] El análisis de las muestras obtenidas prosigue en la
actualidad.
Cálculo histórico del tamaño del Sol y su distancia
Aristarco de Samos fue el primero en hacer estimaciones sobre la distancia al Sol.
No llegó a distancias concretas, sino que estableció distancias relativas a la
distancia entre la Tierra y la Luna. Esperó a que la fase de la Luna sea de un cuarto
exactamente, momento en que el ángulo Tierra-Luna-Sol debería ser un ángulo
recto. Entonces la hipotenusa del rectángulo sería la distancia de la Tierra al Sol.
Para esto era necesario medir con exactitud el ángulo del Sol respecto a la Luna,
cosa que no es nada fácil.[54][55]
Entonces determinó la distancia y el tamaño del Sol (relativos). Sin embargo, al ser
necesario medir unos ángulos demasiado pequeños, y sin los instrumentos para
ello, no logró la suficiente exactitud. Determinó que el Sol se encuentra 20 veces
más lejos de lo que está la Luna, y determinó que su diámetro era al menos
7 veces el diámetro de la Tierra.[55] Según los cálculos actuales, el Sol se encuentra
400 veces más alejado que la Luna, y su diámetro es 109 veces más grande que el
de la Tierra, por lo que fue muy grande el error de medición.
Para establecer la distancia real de la Tierra a la Luna sugirió un método utilizando
curvatura de la sombra de la Tierra proyectada en la Luna, durante los eclipses
lunares.[56] (Este método fue utilizado por Hiparco de Nicea posteriormente para
calcular esa distancia).
Aristarco, pensando que el Sol era al menos 7 veces más grande que la Tierra,
sugirió que no es el Sol el que gira alrededor de la Tierra, sino al contrario, por lo
que fue el primero en sugerir un modelo heliocéntrico.[57] Sin embargo, sus ideas
no fueron aceptadas por sus contemporáneos y la teoría heliocéntrica no se
retomó hasta 1543, 17 siglos después, cuando Copérnico publicó su libro Sobre
las revoluciones de los orbes celestes.[58][59]
En 1650, Godefroy Wendelin repitió las mediciones de Aristarco midiendo
directamente la distancia al Sol, esta vez con mayores recursos técnicos que
18 siglos atrás. Llegó a la conclusión de que el Sol estaba unas 240 veces más
alejado que la Luna.[60] Esta vez el error fue menor, pero el valor todavía menor al
que se mide actualmente.[61]
En 1609, Johannes Kepler abrió el camino para determinar las distancias relativas
de todos los cuerpos del sistema solar, no solamente de la Luna y el Sol, por lo
que, sabiendo la distancia a cualquiera de los planetas, se podría saber la
distancia al Sol.[62] Posteriormente, Giovanni Cassini, en 1673, obtuvo el paralaje
de Marte, por lo que logró determinar su distancia. Entonces, sobre la base de los
cálculos de Kepler, determinó la distancia al Sol en 136 millones de kilómetros
(esta vez, la distancia se acercó bastante a los datos actuales, y el error fue
solamente de 7 %).[63]
Etimología y mitología
En los estudios lingüísticos se ha comprobado que el latín Sol proviene del proto-
indoeuropeo "*séh2-wl.", siendo así un cognado de los nombres dados al sol
(tanto en calidad de astro como de figura divina) en otras lenguas indo-europeas,
como por ejemplo el griego Helios (Ἥλῖος), el sánscrito Suria, el báltico Saule y
el nórdico antiguo Sól.[64]En un rango geográfico-lingüístico mucho más próximo,
otros autores han examinado la relación del latín Sol con el sabino Ausel y
el etrusco Usil.[65]
El Sol latino es una transformación del Helios griego, que todos los días conduce
su carro por el cielo desde el este hasta las Hespérides, en el oeste; allí embarca
en una copa dorada en la que cruza el océano que circunda la tierra hasta la tierra
de los etíopes, donde permanece durante la noche antes de regresar al este.
Saule, diosa báltica de la vida, la fertilidad, el calor y la luz, es la esposa de Menuo,
la Luna, y madre de Žemyna, diosa de la Tierra. Menuo se enamoró de Ausrine (el
lucero del alba, Venus), hija y sirviente de Saule y diosa de la belleza y la juventud,
que todas las mañanas enciende el fuego y prepara a su madre para su viaje
diurno por el cielo. Por su infidelidad, Menuo fue despedazado por Perkunas, dios
del trueno. Pero Menuo no escarmentó, y el castigo se repite todos los meses.
Menuo y Saule se divorciaron, y por eso ahora Saule visita a su hija durante el día, y
Menuo durante la noche.
En la mitología hindú, Suria es un dios bienhechor que alumbra, vivifica y
alimenta. Conduce un carro tirado por siete caballos, que representan los siete
colores del arcoíris.
La nórdica Sól también conduce un carro a través del cielo, tirado por dos
caballos, Arvak y Alsvid. Es hermana de Mani, dios de la Luna. Perseguida por un
lobo, Sköll o Fenrir, que quiere devorarla, los eclipses se producen cuando el lobo
está a punto de alcanzarla y la oculta con su sombra. La luz y el calor del Sol
proceden de las crines de los caballos, y son tan intensos que un escudo, Svalin,
nos protege de ellos.
El mito del carro solar también es de origen indoeuropeo, relacionado con la
expansión de este pueblo tras la invención del carro en el segundo milenio a. C.
Más extendido, y más antiguo, es el emparejamiento de la deidad solar con la
deidad lunar, que casi siempre son esposos, hermanos o enemigos; está presente
casi todas las mitologías del mundo. Generalmente, la deidad solar es masculina,
y la lunar femenina, ya que su ciclo mensual se relaciona desde antiguo con el
ciclo menstrual de la mujer, pero puede ser al contrario, como en el caso de Saule
y Menuo, y como ocurre también en la mitología turca, con el dios lunar Ay Ata y su
esposa, la diosa solar Gun Ana; en la mitología japonesa, en la que Tsukuyomi,
dios de la Luna, es hermano y esposo de Amaterasu, diosa del Sol; y en la
mitología de los aborígenes australianos, donde Yhi, la diosa solar, corteja sin
éxito a Bahloo, el hombre de la Luna. En otros casos ambos son del mismo sexo,
como ocurre con Sin, dios sumerio de la Luna, padre de Utu, dios del Sol.
Véase también
• Portal:Sistema solar. Contenido relacionado con Sistema solar.
• Ciclo solar 24
• Día
• Dios solar
• Eclipse solar
• Energía solar
• Evolución estelar
• Factor de protección solar
• Orto
• Sistema solar
• Sol de medianoche
• El Sol en la ficción
• Variación solar
• Viento solar
• Clima espacial
• HD 186302
Notas
1. En algunos documentos es posible encontrar 5.5 billones de años,
error que se comete por una mala traducción de 5.5 billions del
sistema inglés.
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