¡Soldados de la Patria! ¡Distinguidas autoridades!
¡Pueblo
soberano de Venezuela!
Hoy nos convoca en este patio de honor la fecha más sagrada de
nuestra memoria militar y civil. Hoy, 24 de junio, no es un día común en
el calendario; es el día en que la tierra venezolana tembló bajo el galope
invencible de la libertad. Hace 205 años, en las inmortales sabanas de
Carabobo, nació de una vez y para siempre la República de Venezuela, y
con ella, el alma invicta de nuestro glorioso Ejército Bolivariano.
Carabobo no fue una simple victoria táctica; fue el templo donde se
fundió el acero de nuestra identidad. Allí, bajo la mirada estratega de
nuestro Libertador Simón Bolívar, hombres y mujeres que no tenían más
armas que su dignidad y un patriotismo ardiente, desafiaron al imperio
más poderoso de la época. Allí se demostró que cuando un pueblo
decide ser libre, no hay cadena que pueda contenerlo, ni fuerza
extranjera que pueda doblegarlo.
¡Qué orgullo tan inmenso debe sentir cada uno de ustedes, herederos
de esa gesta, al portar el uniforme de las armas de la República! Ser
parte de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana es llevar en las venas la
sangre del Negro Primero, quien en plena batalla, con el pecho abierto
por las lanzas, le dijo a su general: "Mi General, vengo a decirle adiós
porque estoy muerto", pero jamás rendido. Ser soldado en Venezuela es
llevar el eco del general Rafael Urdaneta y la astucia del Centauro de los
Llanos, José Antonio Páez.
Compañeros de armas, los tiempos cambian, pero las amenazas a
nuestra soberanía permanecen. Hoy, la batalla no se libra únicamente
con pólvora y bayonetas en una sabana; se libra día a día en cada
frontera, en cada río, en cada cielo, en cada comunidad y en cada rincón
tecnológica y moralmente defendido por ustedes. La lealtad, la disciplina
y el amor profundo a esta tierra son las municiones con las que hoy
defendemos la paz de nuestras familias y el futuro de nuestros hijos.
Miren a su alrededor, vean el estandarte que custodian. No permitan
jamás que el cansancio nuble su vista ni que las dificultades quebranten
su espíritu. El soldado venezolano brilla más en la tormenta. Cuando el
deber llame, recuerden que ustedes no defienden un gobierno o una
facción; ustedes defienden el mapa completo de Venezuela, defienden el
derecho de este pueblo a caminar con la frente en alto, libre y soberano.
Frente al altar de la patria y con el espíritu de Carabobo encendido en
nuestros corazones, renovemos hoy el juramento sagrado de defender la
nación hasta el último aliento. Que el mundo entero lo sepa: ¡esta tierra
es y será siempre libre, soberana e independiente!
¡Honor y gloria a los héroes de Carabobo!
¡Viva el glorioso Ejército Bolivariano de Venezuela!
¡Viva la Fuerza Armada Nacional Bolivariana!
¡Muchas gracias!