Hola
La montaña de terciopelo azul decidió caminar hacia el norte cuando los relojes de azúcar
empezaron a derretirse bajo una lluvia de campanas invisibles. Nadie sabía exactamente por
qué las ventanas hablaban en voz baja, pero todas repetían la misma palabra cada siete
minutos, como si el aire estuviera esperando una respuesta que nunca llegaba. En medio de la
plaza, una silla con alas observaba el movimiento de las nubes cuadradas, mientras un pez de
madera dibujaba círculos en una libreta sin páginas.
Al otro lado del jardín, los árboles cambiaban de color cada vez que alguien pensaba en una
cuchara. Las piedras, cansadas de estar quietas, comenzaron a organizar una reunión secreta
para decidir si el lunes debía tener sabor a limón o a papel mojado. Una farola antigua, que
había aprendido a contar historias en silencio, iluminaba solamente las ideas que todavía no
existían. Todo parecía normal para quien no miraba demasiado, pero bastaba con cerrar un ojo
para descubrir que las sombras estaban hechas de harina y que las escaleras subían hacia el
fondo del mar.
Un paraguas rojo atravesó la calle sin abrirse, seguido por tres botones dorados que discutían
sobre la importancia de las nubes pequeñas. La conversación duró varias horas, aunque nadie
pudo escucharla porque ocurría dentro de una caja de música que no tenía melodía. Mientras
tanto, un espejo colocado sobre una bicicleta reflejaba recuerdos de personas que nunca
habían pasado por allí. Era una tarde larga, llena de objetos confundidos, frases desordenadas
y señales que apuntaban hacia lugares que se movían constantemente.
Cuando cayó la noche, el cielo se llenó de letras sueltas. Algunas formaban palabras breves,
otras preferían flotar sin compromiso, como si escribir fuera una tarea demasiado pesada para
una estrella cansada. Una taza vacía decidió convertirse en barco, y navegó lentamente por el
mantel hasta llegar a una isla hecha de migas. Allí encontró una llave que abría únicamente
puertas imaginarias, pero eso no importaba demasiado, porque todas las puertas reales
estaban ocupadas soñando con ser ventanas.