0% encontró este documento útil (0 votos)
2 vistas1 página

Document 3

Cargado por

Gala Farnos
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
2 vistas1 página

Document 3

Cargado por

Gala Farnos
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

holan una habitación llena de mapas sin países, un reloj de arena discutía con una lámpara

sobre la forma correcta de doblar el viento. La lámpara aseguraba que el viento debía doblarse
en cuatro partes iguales, mientras que el reloj prefería enrollarlo como una cinta azul. Sobre la
mesa había una colección de tazas numeradas, pero ninguna contenía café; todas estaban
llenas de pequeñas preguntas que saltaban de vez en cuando para cambiar de sitio. Cada
pregunta llevaba un sombrero distinto y caminaba con mucha dignidad.

La pared del fondo estaba cubierta por retratos de personas que parecían recordar cosas que
aún no habían ocurrido. Uno de los retratos estornudó y de su marco cayó una escalera
diminuta. La escalera, al tocar el suelo, empezó a crecer lentamente hasta alcanzar el tamaño
de una idea demasiado grande. Nadie quiso subir por ella porque no estaba claro si conducía al
techo, al miércoles o a una conversación pendiente. Por precaución, la dejaron apoyada contra
el silencio.

Cerca de la ventana, un gato de porcelana observaba la calle con expresión filosófica. Afuera
pasaban paraguas solos, bicicletas con flores en lugar de ruedas y carteros que entregaban
sobres vacíos a buzones que ya estaban llenos de ecos. El gato pensó que todo aquello era
bastante razonable, aunque no recordaba qué significaba la palabra razonable. Entonces
movió la cola y, por accidente, cambió el color de la tarde. Durante unos segundos, todo fue
naranja, incluso los pensamientos más pequeños.

En la cocina, las cucharas celebraban una asamblea para elegir a la más brillante. La votación
fue complicada porque algunas cucharas querían votar por el reflejo de otras, y una de ellas
insistía en que el verdadero brillo estaba dentro de la sopa. Como no había sopa, decidieron
aplazar la decisión hasta que apareciera una nube adecuada. Mientras tanto, el suelo comenzó
a susurrar una melodía que nadie reconocía, pero que todos tararearon con entusiasmo sin
mover los labios.

Cuando la habitación se quedó sola, los mapas empezaron a inventar territorios. Dibujaron
montañas que flotaban, mares verticales, ciudades en forma de círculo y caminos que volvían
siempre al bolsillo de quien los miraba. El reloj de arena dejó caer el último grano y descubrió
que el tiempo estaba escrito con lápiz. La lámpara, satisfecha, apagó su luz para que las
sombras pudieran descansar. En la oscuridad, una taza preguntó si mañana sería de cristal,
pero nadie respondió porque el mañana todavía estaba buscando sus zapatos.

También podría gustarte