MONJES Y RELIGIOSOS
Little
La «huida del mundo» (fuga mundí) es un tema recurrente en la retórica monástica medieval,
pero su práctica concreta adoptó formas diversas, que van desde el retiro propiamente
dicho a lugares aislados, hasta una liberación figurada,
La edad de oro del monaquismo occidental se extiende desde el siglo VIII al siglo XII
El monacato, erudito pero, sobre
todo, litúrgico, formaba parte integrante del tejido social, económico y político (así como
del religioso e intelectual) de la época
Nos disponemos a examinar estos orígenes, y luego describiremos cómo, una vez exportado,
este movimiento monacal se transformó en un elemento dominante de la sociedad
occidental (…) asistiremos a la transformación que provocaron los frailes mendicantes, antes
de esbozar, por último, la historia de su decadencia y de sus vestigios.
EL ORIGEN ORIENTAL
El fenómeno del monaquismo cristiano tiene su origen en Egipto, en el siglo III. El más famoso
de los primeros protagonistas relacionados con este momento fue san Antonio Abad, que
abandonó Alejandría para refugiarse en el desierto, en donde llevó una vida de ascetismo
riguroso, en soledad
Cuando Constantino legitimó el cristianismo y ya no fue posible hacer del martirio un
testimonio de la fe cristiana, los autores monásticos declararon que los monjes eran los
auténticos herederos de los mártires
Entre los consejos reunidos por Juan Casiano durante su viaje por lo~ lugares de a~cesis en
torno al año 390 figura el consejo de huir de «las mujeres y de los obispos». Las «mu¡eres»
encarnaban, en este caso, la corrupción de la cual ofrecía tantos ejemplos 1~ socied~d de la
época. Pero resulta más sorprendente ver cómo estos santos varon:s aconse¡aban hu~ de los
obispos. (…) Se puede ver, por tanto, en el monaquismo primitivo al mism? tiempo un
movimiento laico y una protesta contra la integración complaciente de la Iglesia en las
estructuras dominantes de la sociedad.
Los DEBATES OCCIDENTALES
La organización de la Iglesia de Occidente reprodujo fielmente los principios elementales de la
estructura política imperial que la había precedido. La continuidad del personal y de las
instituciones estuvo asegurada por la facilidad con la que los miembros de la aristocracia
senatorial se introdujeron en el episcopado
LA EXCEPCION
IRLANDA Irlanda constituye una interesante excepción en este esquema. La población de
Irlanda fue la primera región situada fuera del mundo romano que abrazó el cristianismo. San
Patricio y los que le acompañaron y participaron conjuntamente en una misión hacia 430
conocían bien los ideales ascéticos y los principios de organización de la vida monástica (…) La
zona no contaba con la infraestructura romana corriente ciudades puertos, vías, puentes y
unidades geopolíticas de administración y de jurisdicción,' por lo qu~ fue imposible implantar
la organización episcopal de la Iglesia continental. La unidad dominante de organización social
irlandesa era el clan y cada uno de los grandes clanes poseía un monasterio masculino.
También habían algunos clanes que contaban con algún monasterio para las mujeres. Las
funciones del abad o de la abadesa estaban directamente controladas por la familia
SU INSERCION EN CONTINENTE
Por la misma época había en el continente, en todas las provincias romanas occidentales, que
por entonces sufrían las migraciones germánicas, comunidades monásticas, tanto femeninas
como masculinas. Estas comunidades estaban gobernadas por diferentes reglas monásticas,
algunas importadas y traducidas, otras de origen local
El movimiento monacal logró, pues, extenderse por Occidente, pero bajo diferentes
aspectos, implantándose en lugares dispersos. En términos sociales y con la excepción de
Irlanda, se caracteriza por una naturaleza claramente marginal. Estas tendencias
comenzaron a invertirse con el papa Gregario Magno. Afirmaba Gregario que uno de los
principales problemas políticos de su época era la presencia de tribus germánicas sobre el
territorio romano. Algunos de estos pueblos habían sido convertidos al cristianismo de forma
muy superficial y, en el mejor de los casos, mantenían unos débiles lazos con la Iglesia de
Roma, mientras que otros, como los anglosajones, que habían ocupado la antigua provincia
de Bretaña, eran todavía paganos. El papa Gregario Magno decidió enviar una misión a
Inglaterra con el fin de convertir a los paganos al cristianismo y confió esta tarea a un grupo
de monjes del monasterio romano en el que él había vivido con anterioridad. Estos monjes,
que habían «huido del mundo» y hecho juramento de permanecer en su monasterio, fueron
enviados muy lejos de su casa para cumplir una larga y peligrosísima misión. Por muy
contraria a su vocación monástica que pudiera parecer esta tarea, algunos rasgos de la vida
monástica que llevaron consigo, como la disciplina, la obediencia, la erudición religiosa y la
humildad
La misión inglesa fue un éxito. En menos de un siglo, todos los reinos anglosajones se unieron a
la fe cristiana de Roma
Una «nueva frontera» se abriría entonces para estos monjes-misioneros, que partieron para
Frisia, Sajonia, Turingia, Hesse, Franconia, Alemania y Baviera. Abandonaron Inglaterra para
convertir a los germanos
Durante ese tiempo, la Iglesia franca había sufrido una transformación radical que emanaba
de una fuente muy diferente (Irlanda), y esta transformación, conjugada con nuevos
impulsos que llegan de Inglaterra, permitió al movimiento monacal occidental salir de su
posición marginal. La hegemonía carolingia favoreció su proyección en el seno mismo de las
estructuras dominantes de la sociedad occidental (…) Colombano y sus compañeros
transformaron la vida religiosa de los francos, que los acogieron calurosamente y les dieron
tierras para fundar monasterios.
la influencia duradera de Colombano aparece igualmente en los monasterios que eminentes
familias francas fundaron en sus propios territorios. El fundador de cada uno de estos
monasterios pasaba a ser, habitualmente, el primer abad (o la primera abadesa, en el caso
de las fundaciones femeninas), lo que le valía la canonización, generalmente, al tiempo que
la iglesia monástica se convertía en el mausoleo familiar. Estas fundaciones de monasterios
no obligaban a la familia a sacrificar a uno de sus miembros a la vida religiosa ni a alienar su
patrimonio en beneficio de una institución exterior. Al contrario, es más bien la familia la
que absorbe a la comunidad religiosa, apropíándose, además, del poder de la liturgia y de la
plegaria, sin olvidar el poder y el prestigio que aportaba la santidad. La adaptación del
monacato irlandés, que tiene un fundamento basado en el clan, a la estructura de la
sociedad aristocrática franca, produjo una mezcla única y original
LA UNIFICACIÓN CAROLINGIA
El fortalecimiento de las principales funciones sociales que desempeñaba la corriente monacal
en Europa está directamente vinculado con el de la dinastía carolingia. Los monjes
anglosajones y francos contribuyeron de forma esencial a establecer una nueva fuente de
legitimidad, desde el mismo momento en que Pipino se apodera de la monarquía. Carlomagno
hizo llamar a monjes para que le aconsejaran y para que rezaran por el éxito de sus empresas.
A partir de entonces, los monjes serán los auxiliares habituales de la realeza cristiana
germánica
El modelo monástico que surgió al comienzo de la época carolingia se desarrolló sin
contestación alguna a lo largo de más de tres siglos. Su característica determinante era de
naturaleza litúrgica, pues su razón de ser primordial consistía en mantener una serie regular y
continua de celebraciones litúrgicas. El significado esencial que se daba a la «religión» era ante
todo ritual, y se creía que allí en donde lo ritual se celebrara de forma perfectamente regular,
la religión prosperaría, sin ninguna duda. Se consideraba, igualmente, que «más» era igual a
«mejor», a juzgar por el aumento progresivo de salmos recitados
Este modelo clásico de monacato sólidamente implantado en la sociedad, siendo Cluny su
encarnación típica, reclutaba a sus miembros entre los escalones más elevados de la jerarquía
social. Los religiosos de Remiremont y los monjes de Reichenau se jactaban de tener
únicamente entre sus filas a miembros de alcurnia. Los abades y abadesas procedían de
grandes familias (reales, condales, ducales y otras). Se servían de esta entrada junto a otros
poderosos para favorecer los intereses de sus propios monasterios, pero también para ejercer
cierta influencia sobre el modo de vida de los poderosos
La influencia de los monjes no podía ir mucho más lejos, pero no cesaron en su empeño de
definir los criterios de la conducta regia y aristocrática, redactando biografías, exhortaciones y
tratados de teología política
Los monjes y los religiosos se hicieron indispensables para la sociedad en razón del
monopolio casi total que ejercían sobre la oración. Su función religiosa resultaba esencial
según la concepción de la organización social que estaba ampliamente extendida.
Comenzando por el monje misionero Bonifacio, algunos autores anglosajones y francos
expresaron su punto de vista sobre la composición de la sociedad, sobre las funciones
ejercidas por cada uno de sus elementos y sobre las relaciones entre esos distintos
elementos. Sus ideas se correspondían con el esquema indoeuropeo descrito por Georges
Dumézil que identificaba las funciones fundamentales con la oración, la guerra y el trabajo.
Los monjes no rezaban sólo por los vivos, sino que también lo hacían por los moribundos y los
difuntos. Los nombres de los difuntos que se beneficiaban de sus oraciones estaban escritos en
libros registros llamados (…) A cambio de todos los servicios que prestaban, los monjes se
beneficiaban de la generosidad de los laicos. Propietarios deseosos de asegurar su propia
salvación entregaban a las comunidades monásticas importantes superficies de tierras. La
constitución de patrimonios monásticos considerables está documentada en los importantes
cartularios que se han conservado
Entre el proyecto de construcción de Sankt Gallen, a comienzos de la época carolingia, y la
edificación de monumentos tan prodigiosos como Tewksbury, Fleury, Silos y Pomposa, en los
siglos XI y XII, los elementos fundamentales de la arquitectura monástica adquirieron su forma
completa y acabada. El elemento central era, evidentemente, la iglesia, marco de los
esplendores litúrgicos que, según la teología monástica, prefiguraban los banquetes
celestiales. La escala grandiosa de los edificios y la complejidad de la administración de los
dominios monásticos y, de forma especial, de la arquitectura, son señales evidentes de poder
social. En efecto, la arquitectura, como forma artística, depende más que ninguna otra de la
protección del poder establecido
El plano habitual de un monasterio comprendía además, evidentemente, una biblioteca y un
scriptorium. Durante los primeros siglos de vida monástica, el valor concedido al saber y a la
instrucción fue ambivalente, pero el movimiento monacal occidental se dedicaría
constantemente a la erudición
CRÍTICAS Y REFORivIAS
Antes, incluso, de que esta forma grandiosa de vida monástica hubiera alcanzado su apogeo,
diversas voces se alzaron para criticar, no sólo sus excesos, sino sus principios subyacentes. Se
asiste, entonces, a la emergencia de movimientos disidentes, movimientos que se originan a
comienzos del siglo XI en el norte de Italia, teatro de la aparición de una economía basada en
el mercado y en el comercio, que alimenta, a su vez, la expansión de una cultura urbana
resueltamente nueva
Según Pedro
Damián, que incitaba a un gran número de personas a hacerse eremitas o a abrazar una vida
monástica significativamente simplificada
LAS ÓRDENES MENDICANTES
A comienzos del siglo XIII, las órdenes de frailes mendicantes no sólo se ocuparon de sintetizar
las principales evoluciones de la vida religiosa de los dos siglos precedentes, sino que
irán mucho más allá (…) El fraile, en cambio, entraba en una orden, más que en una casa o en
un convento particulares. En cuanto a las riquezas, ya no sólo los individuos que la componían,
la orden como comunidad no podía tampoco tener bienes en propiedad. En los primeros días
del movimiento lanzado por San Francisco de Asís, este ideal parecía aparentemente accesible.
Pero, desde el momento en que algunos frailes aceptaron una casa que se les ofreció en
Bolonia en 1219 los franciscanos incumplieron este ideal. Pero aun así, dicho ideal se mantuvo
como el model~ absoluto de las órdenes mendicantes,
La principal característica de la espiritualidad mendicante era el apostolado activo dirigido a
la población urbana laica. Así pues, al contrario que los monasterios, los conventos de
órdenes mendicantes estaban situadas en las ciudades
Los frailes no se contentaron, sin embargo, con crear una nueva forma de vida religiosa, smo
que, además, impulsaron una nueva espiritualidad laica. El resultado final, singular y
paradójico, fue que la religión misma deja de ser monopolio exclusivo de una elite una
experiencia que el resto de la sociedad sólo podía vivir hasta entonces por deleg¡ción. A pa~t}r
del siglo XIII, los laicos f'.::1eron invitados a confesarse, al menos, una vez al año y, tambien, a
comulgar una vez al ano al menos, en Pascuas. Igualmente se les anima a rezar y, para ello, se
les enseña a rezar el Padrenuestro.
ESTANCAMIENTO Y FUTURO