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Gutenberg: el inventor que cambió el mundo

Tras años de investigaciones y ensayos en secreto, Johannes Gutenberg


dio hacia 1450 con la invención de la imprenta, un sistema que
transformaría la difusión del saber en Europa

La ciudad natal de Gutenberg

La ciudad alemana de Maguncia, con su imponente catedral, fue tanto la ciudad donde
nació el inventor como el lugar donde Gutenberg desarrolló la imprenta.
La biblia de Gutenberg

La obra maestra de la primera imprenta de Gutenberg en Maguncia fue la Biblia de 42


líneas, así llamada por el número de renglones a dos columnas que componían las 1.286
bellas páginas de la obra, impresa en dos volúmenes a tamaño folio. Gutenberg quería
demostrar que mediante la imprenta podía elaborarse un libro tan hermoso y perfecto
como los más soberbios manuscritos de la época, con la diferencia de que podían
realizarse 200 copias iguales, que fue la tirada que se hizo. Se tardó alrededor de tres
años en imprimirla, y se cree que se emplearon cuatro prensas funcionando
simultáneamente, seis tipógrafos y una docena de prenseros.

"No enseñéis a nadie la prensa"

El inventor alemán intentó mantener en secreto sus trabajo. De hecho pedía a sus socios
que no enseñaran a nadie la prensa, una de las claves de su sistema.

Primera imprenta

El asalto de Maguncia en 1462 contribuyó a la difusión de la imprenta en Europa. La


primera imprenta en Florencia fue fundada en 1471.

Un invento aplicado a la industria

Imprenta de Gutenberg reconstruida en el museo de Maguncia. Aunque no inventó


todos los componentes de la imprenta sí introdujo innovaciones técnicas fundamentales,
como la fabricación de los caracteres a partir de una matriz en la que se grababan a
punzón, o el uso de una tinta más intensa que la disolución acuosa utilizada en la
xilografía.

Libros de lectura

En esta escultura de 1517 se puede observar a una mujer leyendo un libro con un
aspecto muy parecido al que podría tener cualquier libro actual.

En 1471, un humanista francés rendía homenaje a la «nueva especie de libreros» que en


los años pasados habían difundido desde Alemania una novedosa técnica que permitía
fabricar libros sin necesidad de copiarlos a mano. Entre ellos «Juan, conocido como
Gutenberg», había sido el verdadero «inventor de la imprenta», el hombre que ideó «los
caracteres con que todo lo que se dice y piensa puede ser inmediatamente escrito,
reescrito y legado a la posteridad».

Un artesano emprendedor

Quien inventó la imprenta y con ello realizó uno de los descubrimientos de mayor
impacto en la historia, pero su vida está repleta de incógnitas y lagunas. Se sabe que se
llamaba en realidad Johannes Gensfleisch y que nació hacia 1398 en Maguncia. El
nombre por el que se le conoce procede de una casa propiedad de su padre, un rico
patricio local dedicado a la orfebrería.
Tras estudiar tal vez en Erfurt, hacia 1434 emigró a Estrasburgo, donde se estableció
como orfebre. En 1436 tuvo que afrontar la querella que le puso una dama, de nombre
Ennelin, por haber roto su promesa de matrimonio; un signo de un carácter áspero y
difícil que se había manifestado ya dos años antes, cuando hizo encarcelar a un paisano
suyo por deudas.

No hay duda de que Gutenberg demostró pronto una excepcional pericia en


cuestiones técnicas y un fuerte espíritu empresarial. En 1437 descubrió un novedoso
sistema para pulir piedras preciosas, y un año después concertó un contrato con Andreas
Dritzehn, Hans Riffe y Andreas Heilmann para fabricar espejos para los peregrinos. Los
espejos se llevaban prendidos en el sombrero, en la túnica o en los bastones, y servían
para captar los destellos de las reliquias e imágenes sagradas en la creencia de que así se
transmitía su bendición. Esta actividad requería gran destreza en el manejo del metal
y se dirigía a una demanda masiva, dos características que se encontraban también en el
invento en el que Gutenberg estaba trabajando al mismo tiempo con gran sigilo: un
sistema para fabricar libros de forma mecánica mediante caracteres metálicos.

La revolución de los tipos móviles, la clave del inventor de la imprenta

En Europa, durante muchos siglos no se conoció más forma de reproducción de textos


que la copia manuscrita realizada por escribanos. El trabajo se concentró en los
escritorios de los monasterios, pero en el siglo XIII la producción de manuscritos se
desplazó a los nuevos centros universitarios, donde surgieron talleres que llegaron a
emplear a medio centenar de copistas, organizados de forma prácticamente industrial.
También se generalizó entonces el uso del papel, elaborado con lino y cáñamo,
mucho más barato y manejable que el pergamino.

Por otra parte, a finales del siglo XIV se difundió en Europa la técnica del grabado
sobre madera, o xilografía, que permitía imprimir gran número de imágenes sobre tela o
papel a partir de una única plancha. Esta primera imprenta se orientó inicialmente a la
producción de imágenes piadosas, individuales o combinadas para formar libretos.
También se podían imprimir opúsculos impresos por una sola cara, que coexistieron con
los libros impresos en tipos metálicos durante la segunda mitad del siglo XV. Tenía, sin
embargo, el inconveniente de que las planchas de madera grabada, además de requerir
mucho tiempo para su talla, se deterioraban rápidamente.

Faltaba idear un sistema que permitiera imprimir mecánicamente textos escritos sin que
fuera necesario grabar cada página. La solución fueron los tipos móviles: letras talladas
en metal que podían combinarse para formar las palabras y líneas de una página de
texto. Las ventajas del procedimiento, que permitía reproducir escritos con una rapidez
y a una escala sin precedentes, le garantizaron un éxito fulgurante que se ha prolongado
hasta la actualidad.

En el pasado, los historiadores han propuesto diversos nombres como inventores de los
tipos móviles en lugar de Gutenberg. Sin duda habría que empezar con los precedentes
en el Lejano Oriente, documentados ya en el siglo XI, aunque no hay pruebas de que la
invención se transmitiera a Occidente. En Aviñón, un orfebre llamado Waldvogel
alardeaba, entre 1444 y1446, de conocer un «arte de escribir artificialmente»
(léase, de modo mecánico) y de tener «dos alfabetos de acero… 48 formas de
estaño… y unos materiales destinados a la reproducción de textos hebreos y latinos».
En Holanda se cita igualmente el nombre de Coster. Hoy en día, sin embargo, la
paternidad exclusiva del descubrimiento se atribuye a Gutenberg, aunque las
circunstancias en que se produjo siguen rodeadas de incertidumbre.

Las primeras impresiones

Parece que Gutenberg hizo los primeros ensayos de impresión en Estrasburgo, con el
apoyo de sus socios en la empresa de fabricación de espejos. Él mismo se cuidó de
mantener sus trabajos en secreto; a sus socios les pedía, en un documento, que no
enseñasen a nadie la prensa, no se sabe si para pulir espejos o fabricar libros. En
cualquier caso, a la muerte de Dritzehn estalló un conflicto de intereses entre Gutenberg
y sus otros socios, y poco después el impresor volvió a Maguncia, donde se encontraba
en 1448. De nuevo Gutenberg se vio en la obligación de buscar socios capitalistas para
su empresa. Johann Fust, un rico negociante de Núremberg, le prestó 800 florines para
la fabricación de «ciertos instrumentos», y luego le prometió 300 florines más para la
«obra de libros», mediante un nuevo contrato en el cual estaban contemplados los
gastos para papel, pergamino y tinta. Los estudiosos creen que este dinero se estaba
invirtiendo en la impresión de la célebre Biblia de 42 líneas, aunque antes ya había
impreso un manual para aprender latín así como formularios de indulgencias papales.

Un negocio muy lucrativo

Es probable que, pese a la gran inversión que se requería, la empresa fuera un éxito
comercial desde el principio, o al menos suscitara expectativas de que llegara a serlo.
Ello explicaría el sorprendente vuelco que se produjo a finales de 1455, cuando Fust
acusó a Gutenberg de emplear el dinero que le había prestado para otra cosa que la
«fabricación de libros». Fust logró que los tribunales condenasen a Gutenberg a
devolverle el dinero que le adeudaba más los intereses, 1.200 florines en total, una suma
enorme a la que Gutenberg no podía hacer frente.

El resultado fue que Fust se hizo con buena parte del material de impresión y logró el
objetivo que seguramente se proponía con la acusación: apropiarse del pingüe negocio y
desembarazarse de un inventor fastidioso al que robó sus hallazgos. Con ayuda de su
futuro yerno, Peter Schoeffer, que conocía la técnica de Gutenberg y era, sin duda,
más fácil de manejar, creó uno de los talleres más prósperos de Europa.

Pese a ello, Gutenberg conservó al menos una prensa con la que siguió trabajando en
Maguncia. Allí imprimió un diccionario latino, el Catholicon. Algunos autores creen
que luego se trasladó un tiempo a la cercana Bamberg, donde entre 1458 y1460
concluiría la impresión de la Biblia de 36 líneas, empezada en Maguncia años antes.

La diáspora de los impresores

En la noche del 27 al 28 de octubre de 1462, Maguncia fue asaltada por las tropas de un
poderoso príncipe, Adolfo II de Nassau, nombrado poco antes arzobispo de la ciudad.
En los cruentos combates que siguieron murieron el rival de Adolfo, Diether von
Isenburg, así como otros 400 ciudadanos, y la ciudad fue saqueada por la soldadesca del
arzobispo vencedor. Muchos artesanos y comerciantes abandonaron Maguncia, entre
ellos los distintos impresores que habían creado su negocio en los últimos años. Esta
emigración forzosa favoreció la rápida difusión del arte de la imprenta a lo largo
del Rin y luego por toda Europa, primero en Italia (Roma, 1467) y después hacia
Francia (París, 1469). España acogió la primera imprenta en 1472, en Segovia, donde se
instaló un impresor originario de Heidelberg.

Gutenberg también fue víctima de la represión desencadenada por el arzobispo-


elector Nassau: se confiscó su casa familiar, la Gutenberghof, y debió exiliarse durante
un tiempo a una ciudad próxima, Eltville. Se sabe que no pudo pagar al cabildo de
Santo Tomás de Estrasburgo la suma de cuatro libras que le debía por los intereses de
un préstamo, de lo que se deduce que pasó apuros económicos.

No se sabe si, cuando finalmente pudo volver a Maguncia, reanudó su trabajo como
impresor. Su avanzada edad y la carencia de recursos eran un obstáculo importante,
aunque tal vez aún pudo dirigir y supervisar la actividad de otros impresores. En 1465,
el arzobispo de Maguncia reconoció su valía y lo incorporó al personal de su
palacio, prometiéndole un estipendio anual, un vestido de corte, 20 medidas de trigo
y toneles de vino para su casa. A su muerte, tres años después, el 26 de febrero de 1468,
se encontraron entre sus bienes «ciertas formas, papeles, instrumentos, herramientas y
otros objetos pertenecientes al trabajo de la imprenta». Los utensilios con los que había
creado un nuevo oficio y había revolucionado la forma en que los hombres
accederían en lo sucesivo a la información y el saber.

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