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Contemporary culture mag

diciembre 2025 | número 53 | 20€


EXPOSICIÓN EN EL

Una producción de Con la colaboración especial de Con el apoyo de Con la financiación de


Las 5 novelas gráficas que necesitas
estas Navidades para regalar bien
(y quedar mejor)
«El objetivo de los escritores
es poner el mundo patas arriba (…).
Nuestro trabajo no consiste en
complacer sino en desafiar.»
HANIF
SOLVEJ KUREISHI,
BALLE, A PEDAZOS
EL VOLUM DEL TEMPS I
LIC CICUS
Calle Madre de Dios, Sevilla

PENSAR LA FIESTA
Conversatorio del Laboratorio de
Investigaciones Contemporáneas
Muestra expositiva de procesos del proyecto
Galería Superior – LIC
20 de noviembre - 31 de marzo
De lunes a viernes, de 11:00 a 20:00 horas
Coordinación: Manuel Zapata
Participantes: Carmen Belmonte, Rafa Chinchilla,
Cristina del Águila, Juan Gabriel Pelegrina,
Eléonore Ozanne

JORNADAS ELLAS EN LA CIUDAD:


transformación y encuentro
Capítulo 2: Salud y género, ciudad y cuerpo
Auditorio del CICUS
18 de diciembre, de 18:00 a 21:45 horas
Participantes: Reyes Gallegos, Soledad Castillero,
Mar Romero Alba

Exposición: Ellas en la ciudad


Sala Casajús
18 de diciembre, 2025 - 20 de febrero, 2026
Comisariado: Reyes Gallegos
SUMARIO

El diablo en el espejo. Sobre la literatura del yo (Quintín) 06


Wojciech J. Has, cineasta-alquimista (Diego Moldes) 12
El calor del cuerpo. Diarios, ensayos y novelas
que llevan la menopausia al centro del relato (Natalia Laube) 16
Testamento de una intimidad expuesta y un relato silenciado (Teresa Galarza Ballester) 22
Rutina a solas contigo mismo (Álvaro Corazón Rural) 26
Clásicos y románticos en el siglo xxi:
las memorias de Jacobo Cortines y Jorge Urrutia (Valentín Navarro Viguera) 31
¿Quieres ver su polla? Euphoria, un retrato generacional
de los desnudos masculinos en la pantalla (Cristina Aparicio) 38
Alas líquidas: sobre la natación (Marilena de Chiara) 44
Irse como Greta Garbo (Rubén Díaz Caviedes) 48
Hannah Arendt: el totalitarismo, ayer y hoy (Norbert Bilbeny) 56
Hackers gonna hack (Diego Cuevas) 64
Los Sullivanians: la familia como causa de las enfermedades mentales (Antonio Yelo) 72
Touch Party (Víctor Balcells) 78
Entrevista a Amparo Llanos (Ángel L. Fernández) 84
Un traidor entre nosotros. Un punto de vista libre de un aldeano
cualquiera de Sátántangó (Dolores Glez. Pastor) 96
Pamela, Tommy, el electricista y el chico de la web (Matías Bauso) 100
La melancolía monumental de Anselm Kiefer (Laura Linares) 108
Intimidad y poesía (Francisco J. Tapiador) 112
Entrevista a Benet Casablancas (Alejandro Luque) 118
Metal Gear Solid 2: la verdad en la sombra (Alejandro Zambudio) 134
La bolsa o la vida (Jorge Freire) 140
Las historias que se sirven en La cantina de medianoche y otras cosas del comer (Laura Linares) 146
Carla Simón, ese íntimo ser ensoñado (Ignacio Ruiz de Gauna) 158
Así en la guerra como en el sexo (Marina Perezagua) 162
Intimidad vs. extimidad. Mira a los demás, deja que te miren (Berta J. Luesma) 168
Intimidad compartida (cuatro recuerdos ficcionados) (Lorena Escudero) 174
Tápese, por favor (Bárbara Blasco) 186
La suave balada de Lusia Harris (Marcos Pereda) 194
Gustave Courbet y el Dios de L'origine du monde (Gabriel Albiac) 200
Entrevista a Mariano Cohn y Gastón Duprat (Andrea Calamari) 212
La doble vida del infame señor don Hamlet (Juanjo M. Jambrina) 228
El yo emocional y la desaparición de la intimidad:
paradojas de la subjetividad posmoderna (Ignasi Jansà) 234
La intimidad en la Edad Media (Almudena Blasco Vallés) 240
Un espacio seguro para la palabra y la escucha: la relación terapeuta-paciente (Verónica Sukaczer) 246
6 Jot Down Magazine
POR QUINTÍN

Roberto Bolaño lo dijo de un modo bastante grosero: «No tengo nada contra la
autobiografía siempre y cuando el que la escriba tenga un pene en erección de treinta
centímetros». Algo así pensé después de leer dos de los seis tomos de Mi lucha del
noruego Karl Ove Knausgård. Aunque el segundo tomo es más pasable que el prime-
ro, pensé que debía ser más ilustrativo leer la obra homónima de un tal Adolfo Hitler.
Recuerdo muy poco de los libros del noruego, casi tan poco como de los libros que
leí (creo que fueron tres) de Annie Ernaux, salvo que la autora lamentaba continua-
mente no haber nacido en una familia rica. Knausgård no es tan lacrimógeno, pero
Ernaux ganó el premio Nobel, lo que prueba que en esos países nórdicos donde dan el

7 Jot Down Magazine


L a literatura del yo excede la práctica
de revelar secretos. Para llegar hoy
a los lectores es mucho más creíble
que los personajes estén tomados
de la vida real, en particular el términos del interés del público por su propia vida,
protagonista. El yo del autor es una aumentó unos centímetros tras su éxito. ¿Sería digno
ahora de que Bolaño leyera sus memorias?
especie de certificado, de sello como
el que aparece en algunas películas Pero, por otro lado, el propio Bolaño recurrió a la pri-
mera persona en sus libros. Los detectives salvajes es
que declaran estar «basadas en una aventura juvenil de su otro yo, Arturo Belano. Del
mismo modo, en varias de sus obras maduras, entre
hechos reales» ellas La pista de hielo, Bolaño habla de los veranos en
los que cuidaba un sórdido camping en Cataluña y es-
cribía en los ratos libres. Pero Bolaño no hacía litera-
tura del yo y estaríamos desencaminados si hablára-
mos de ella en términos de su primera persona o del
tamaño de sus peculiaridades. El tema es un poco más
difícil.
premio se suele celebrar el horror más que el humor
(no es que Knausgård tenga mucho humor tampoco, Empecemos por pensar que hay grandes obras de la
pero al lado de Ernaux cualquiera es Groucho Marx). literatura que narran o reflexionan desde un yo y que
este puede parecerse a la biografía del autor. Después
Se me ocurrió mencionar a Knausgård y a Ernaux de todo, En busca del tiempo perdido está escrito por
porque son los dos ejemplos contemporáneos que da un narrador cuyos rasgos biográficos tienen mucho
la inteligencia artificial de Google cuando se le pre- en común con los del autor, cuyas opiniones suelen
gunta qué por la literatura del yo. El algoritmo —¿ha- coincidir con las suyas y la mayoría de los persona-
brá que llamarlo «algoritmx»?— incluye en el género jes se inspiran en personas que conoció. Y está claro
las biografías, las memorias y las novelas en primera que el narrador proustiano no habla de sus proezas
persona, modalidades que se vienen escribiendo mu- sexuales, como tampoco hablan de ellas los diarios
cho antes de que se inventara la literatura del yo. de Kafka, ese anónimo oficinista praguense que ni si-
quiera ganó el premio Nobel como para vanagloriarse
Pero volvamos atrás. Inventivo y prolífico en sus fic- de algo.
ciones, Bolaño era de trazo grueso a la hora de pensar
la literatura (sin ir más lejos, Derivas de la pesada, el En fin, a esta altura del artículo no sabemos exacta-
ensayo en el que habla de la primera persona y en el mente qué es la literatura del yo. Tal vez una anécdota
que ataca a algunos colegas argentinos, es una suma pueda aclararlo. Una vez, conversando con un editor
de aciertos, desaciertos y desconciertos). Así, su bru- chileno, me contó que le había sugerido a un amigo
lote es efectista pero no demasiado preciso. Por ejem- escritor practicar la literatura del yo para que sus li-
plo, si uno piensa en Knausgård, después de hacerse bros vendieran más, además de ganar libertad para
millonario con su hexalogía debe tener muchas más su prosa. En ese caso, la estrategia tenía que ver con
cosas para contar de su vida: ya no es un oscuro profe- que su amigo reconociera que era gay y hablara en sus
sor de escuela, sino una figura distinguida, de aquellas libros de sus experiencias homosexuales. No sé si el
que la gente lee para saber cómo triunfaron y a quién escritor es ahora más popular que antes, pero recuer-
conocieron en sus giras por el mundo. Como tiene do haber estado en Santiago cuando, un viernes, se
una banda de música, debe haber quienes compren publicó su primera novela del yo. El sábado me crucé
sus discos a partir de su fama. Metafóricamente, el con varios integrantes del mundillo literario local y
tamaño del pene literario de Knausgård, medido en ninguno dejó de referirse a la salida del clóset del per-

8 Jot Down Magazine


E n los mejores casos, la literatura del
yo puede leerse como un intento del
yo de evadirse de su lugar y de su
imagen sin que el autor se dé cuenta.
sonaje aunque, desde luego, todo el mundo conocía su
En los peores, tiene la obscenidad
orientación sexual. Creo que lo que el editor intentó de los actos narcisistas que lo
decirme es que al hablar de su intimidad, las obras de
su amigo iban a demostrar una autenticidad nueva al controlan todo. En el fondo, la
evitar el disimulo. Supongo que el consejo no hubiera
resultado en el caso de Proust, pero esta época es más
escritura del yo es un acto policial
permisiva en la materia. en el que el autor se tortura a sí
Aunque tal vez el sexo sigue vendiendo y las confe- mismo con su presencia
siones sexuales despiertan el morbo. Hace poco un
escritor argentino contó en sus memorias que de jo-
ven se había acostado con un escritor argentino viejo
y prestigioso que nunca había revelado su gusto por
los efebos y todo el mundo hablaba de lo que no era
más que un pequeño pasaje en un libro de mil pági-
nas. También despierta el morbo leer las confesiones ha desaparecido la crítica y se han borrado las dife-
de uno de aquellos rugbiers uruguayos que se comie- rencias entre la academia y el mercado.
ron los cadáveres de sus compañeros cuando el avión
que los trasladaba tuvo que aterrizar en medio de los Aunque fue un rasgo de cierto modernismo (vengo de
Andes —supongo que este es un caso que hubiese con- leer un libro de David Marson, que se refiere a sí mis-
tado con la aprobación de Bolaño—. Pero la literatura mo como «el Novelista», aunque la tercera persona
del yo excede la práctica de revelar secretos. Como el no le quita ni le agrega nada salvo cierta pedantería),
editor chileno me dijo en aquella memorable charla, no se trata de eliminar el yo de la literatura. Pero es
para llegar hoy a los lectores es mucho más creíble cierto que las clases y talleres de la llamada escritura
que los personajes estén tomados de la vida real, en creativa orientan a los alumnos a escribir sobre «sus
particular el protagonista. El yo del autor es una es- experiencias». El resultado es que hay demasiados
pecie de certificado, de sello como el que aparece en autores que intentan mostrar simultáneamente que
algunas películas que declaran estar «basadas en he- son como los demás, ya que piensan y actúan como
chos reales». Tal vez esto se deba a que la literatura representantes de su medio, de su etnia, de su género,
se acerca cada vez más al periodismo. Hasta se podría de su clase y de su partido, pero, al mismo tiempo, han
traducir aquel consejo del editor en la siguiente fór- vivido una experiencia particular que los hace distin-
mula: la ficción no es más que periodismo en primera tos: una enfermedad infantil, una muerte familiar, un
persona. Recíprocamente, la crónica periodística se divorcio, un accidente, un parto difícil, en general al-
presupone cada vez más literatura encuadrada bajo la gún tipo de desgracia o de catástrofe. Es como si un
categoría de «no ficción», cuyo nacimiento es relati- comité escribiera siempre el mismo libro, variando el
vamente reciente. Dicho de otro modo, y exagerando episodio que distingue al protagonista. El resto tiene
solo un poco, literatura del yo es casi todo lo que se que ver con una demostración de destreza, con «escri-
escribe, porque la literatura tiende a ser esa sopa cada bir bien» según parámetros escolares. Pero no pocos
vez más homogénea que usa los mismos métodos para de esos libros son el resultado de un paciente trabajo
construir la ficción y la no ficción alrededor del yo del de edición a cargo de especialistas en producirlos en
autor. Un autor que no se diferencia del yo del autor serie.
de al lado porque ambos comparten la mirada sobre
la literatura que se enseña en las universidades y se Hay excepciones, desde luego. Y tal vez más entre
practica en las editoriales, en buena medida porque quienes usan el yo. Me gustaría nombrar al australia-

9 Jot Down Magazine


no Gerald Murnane, eterno perdedor del Nobel, cuya más noble. Por eso, en la mayoría de esos libros que
obra es una inmersión en su propia vida, en su propia parecen escritos en serie, asistimos generalmente a
mente y, a medida que la iba escribiendo, en su pro- una lucha sorda y subterránea de un autor obligado
pia obra. Murnane es un personaje original que nunca a aburrirse a sí mismo porque su yo es la cárcel de la
salió de su provincia ni viajó en avión y comparte su que no puede escapar. En los mejores casos, la lite-
pasión por la literatura con las carreras de caballos. ratura del yo puede leerse como un intento del yo de
Pero sus libros usan el mismo tipo de movimiento con evadirse de su lugar y de su imagen sin que el autor
el que Proust nos invita a acompañar sus pensamien- se dé cuenta. En los peores, tiene la obscenidad de los
tos enteramente libres y sus intrincadas imágenes actos narcisistas que lo controlan todo. En el fondo, la
mentales puestas en abismo. A diferencia de Ernaux, escritura del yo es un acto policial en el que el autor se
que nos hace parte de sus sordideces familiares, el en- tortura a sí mismo con su presencia.
cuentro que propone Murnane con el lector tiene lu-
gar en el corazón de la literatura, en el descubrimien-
to de ella en sus procesos mentales.

Otra excepción es el Diario que Bioy Casares dedica


a sus conversaciones con Borges. No hay allí más que
dos yos que hablan casi siempre de literatura. Luis
Chitarroni, gran crítico argentino fallecido hace poco
tiempo, escribió un atractivo ensayo sobre el libro, La
ceremonia del desdén, que se publicó de modo póstu-
mo. Chitarroni explica cómo Bioy se las arregla para
que el libro transcurra en un presente que le da una
vibración desconocida en el género del diario. En el
prólogo, Edgardo Scott anota que es el mejor de todos
los diarios escritos por un argentino, incluso el del
polaco Gombrowicz, que también fue argentino. Scott
habla de la importancia del Diario por su distancia
con un medio «donde tantas escrituras autobiográfi-
cas novelizan la realidad con dosis ideologizadas de
narcisismo».

Conviene prestar atención al pasaje entrecomillado.


Scott está hablando sobre la literatura del yo y con-
centra la descripción de sus males en tres palabras fe-
roces. Porque un yo que no tiene nada que descubrir,
un yo que predica en nombre de un grupo aplanado
por la ideología, que intenta construir la realidad a
partir de ese yo que, ajeno a la literatura, confunde
la expresión con la exhibición y hace de la escritura
un trabajo aspiracional cuyo objetivo es el disfrute y
la promoción de la propia imagen en el espejo: ese yo
siempre idéntico a sí mismo, que nunca es otro. La li-
teratura, con el yo o sin él, necesita de una perspectiva

10 Jot Down Magazine


Festival de Cine Festival Internacional de Cine Festival Internacional de Cine Festival Cineuropa
Black Nights de Tallín de Mar del Plata de Gijón Estreno en Santiago
Estreno Mundial Estreno en Latinoamérica Estreno en España de Compostela
13 de noviembre 14 de noviembre 15 de noviembre 19 de noviembre

Festival Rizoma Filmoteca de Catalunya Estreno en Cines


Estreno en Madrid Preestreno en Barcelona de España
21 de noviembre 11 de diciembre 19 de diciembre
Un cielo verdoso y zinc

se vislumbra entre las ventanas de un tren sonámbulo

que recorre espacios imposibles…

Traqueteo onírico, ¿cadáveres o maniquíes? Un revisor zombi, espectro o


resucitado. En el interior de una clepsidra mental un hombre desorientado
busca a su anciano padre entre los pasillos abandonados de un sanatorio en
ruinas.

Una dama como una muñeca viste un orlado vestido blanco, porta un para-
sol ante la atenta mirada de un maligno Pigmalión. Carruajes de fornidos ca-
Zbigniew Cybulski en Rękopis ballos, de color blanco o negro… el adulterio entre una mujer madura y un
znaleziony w Saragossie (El manuscrito estudiante universitario, un hombre con bigote mira por la ventana sucia,
encontrado en Zaragoza), dirigida por mujeres con vestidos floridos cuchichean sobre nimiedades, el trauma de la
Wojciech J. Has en 1965. Fotografía: guerra persiste en medio de calles grises y blancas, de palomas perdidas y mi-
Kamera Film Unit. radas veladas, en pisos compartidos de ropa colgada, cristales translúcidos

12 Jot Down Magazine


WOJCIECH
J. HAS,
CINEASTA-
POR DIEGO MOLDES ALQUIMISTA
y velas derritiéndose en la oscuridad, un violín suena con telas de araña, musgos y líquenes, maderos podri-
entre los cortinones de la casa burguesa de un viejo dos. Gritos mudos. Silencios aulladores.
catedrático de medicina, una anciana polaca habla en
francés a un joven, gotas de lluvia en la ventana, los Un niño grita tras el cristal de un vagón de tren, gol-
turgentes pechos de una mujer se desnudan ante la pea la ventana mientras la locomotora arranca, ante
lejana mirada lasciva de un polaco con sombrero de la mirada perpleja de un soldado inmóvil con casco
bombín, su padre anciano moribundo yace en una de hierro, árboles yermos a los pies de las marismas
cama verdeazulada en donde los rayos de sol azules neblinosas, cuervos negros graznando entre negras
iluminan su rostro de cera, ángeles con brillantes ramas sin hojas, fotografías de cadáveres demacrados,
armaduras metálicas, vírgenes danzando en círculos recuerdos de campos de concentración, fusilamien-
con transparentes camisones blancos y rosas, besos tos de madres con niños en brazos, adioses, despe-
furtivos, sensuales visiones de orgías cardenalicias, didas, tribulaciones, laberintos subterráneos de ríos
monjes contemplando tríos lésbicos, lujuria, avaricia, cavernosos, avernos vengativos.
gula, pecados capitales,
Una habitación rosa es la jaula de cristal de una da-
celuloide que arde en llamas sobre la nieve, y el hielo misela decimonónica en apuros. En una taberna se
quebrado, sobre una calavera blanca con ojo rojo de discute sobre el futuro de las personas sin contar con
cíclope, sobrevolando las ruinas de un palacio tapado ellas, vinotecas llenas de tahúres, ladrones y pícaros,

13 Jot Down Magazine


bebedores de cerveza, versos voluptuosos, una mujer sombras y lágrimas, sudor, más sudor frío, una soga al
viaja en avión recordando su último amor antes de la cuello, ya ahorcado, suena el timbre de una puerta que
guerra, manuscrito encontrado en una soga, un carro- nunca abrirá, koniec,
mato cruza Sierra Morena rumbo a Andalucía, parán-
dose junto a piedras pobladas de calaveras y huesos Kamera: mensajes ocultos, músicas extrañas, suena
en donde dos ahorcados cuelgan de sus sogas, atadas a un piano, raíles de vías hacia destinos improbables,
unos troncos de pino, duelos de espada cabalistas, pis-
tolones y mosquetes, textos alquímicos, moras seduc- sonidos poblados de símbolos, diarios de pecadores
toras de una sexualidad arrebatadora, vanidosas difu- o historias sin importancia, toda una pléyade de ale-
minaciones, un niño en un caballo blanco portando gorías imposibles, de vendedores ambulantes, medias
un gran cirio que se derrite bajo la nieve, soldados ca- de encaje, prostitutas como maniquíes, faldas, pier-
minando, ancianas rezando en iglesias oscuras, gita- nas y rabinos cantores bailando al son de alegorías de
nos cuentacuentos, hermanos dieciochescos portan- niebla y brumas matinales, más viajes en el tiempo,
do puñales, la bruma en los prados verdes, espadas, mitos, sueños transformados en realidades paralelas,
tanques, pistolas, vodka fuerte, nazis de las SS, plazas en mundos alternativos que transcurren entre hume-
cafeterías restaurantes, muertos sobre la tierra yerma dades glaucas y sonidos acuáticos de goteras y tictacs
o sobre la hierba helada, paisajes polacos, españoles, imposibles.
escoceses, viajes en el tiempo, también bailes y danzas
y chanzas, antiguas transmutaciones, demonios del Nunca despertaremos de nuestros verdaderos sue-
averno que resucitan de sus tumbas, muertos suicidas ños.
que se negaban a morir, violencia, supervivencia, re-
cuerdos de violaciones o el arte de ser amada, recuer-
dos en prisión, en celdas inmundas, prismáticos y es- Cfr:
pejos bifurcando miradas, ejecuciones, un intelectual [Link]
se lanza al vacío por la ventana, sonidos de pianos y [Link]
de relojes mecánicos en la noche oscura en la oscura [Link]
noche en la noche inhóspita, en el día que no llegará… dias-cine-centenario-wojciech-has/16537465/
[Link]
vicio y libertinaje en medio de guerras religiosas de
fanatismos protestantes, rusos o alemanes, franceses
y españoles, fotografías de soldados olvidados, de ni-
ños huérfanos y de padres sin hijos, de ancianos sin
futuro y de códigos cifrados, dibujos en papeles ar-
diendo, consumiéndose en una papelera, un teléfono
negro que suena y suena, pero nadie lo coge, el humo
de un cigarrillo de mujer en un avión a París, fundido
a negro, la memoria de un ciego ante una mujer tocan-
do el laúd en la noche fría, conjuros y encantamien-
tos, fogatas de las que surgen antorchas inquisidoras,
otro caballo blanco surcando la niebla,

oro de mis sueños, un alcohólico con sombrero y ga-


bardina deambula bajo la lluvia intensa de Cracovia,
delirios, miradas perdidas, baldías, fiebres de vodkas y

14 Jot Down Magazine


lo que la crítica ha dicho

Un libro que ilumina el futuro y cuya pericia procede de los El libro anuncia una revuelta agonista contra el establishment
antiguos jeroglíficos de una sabiduría inagotable. algorista y la máquina que nos confunde.
José Enrique Ruiz Domènec. Sergi Doria.
La Vanguardia. abc.

El libro de Baltasar, quizá nuestro Giovani Pico della Miran- Crítica de la razón maquinal es un constructo poético que nos
dola, nos exhorta a despertar, a considerar la dialéctica de la vincula con la tradición del pensamiento ancestral, con los orí-
mística, a transitar por los genes del lenguaje filosófico y,
límites del conocimiento. Es mediante la potencia del afo-
la alquimia de los tiempos rismo, nos adentra por el lúci-
modernos, el éter para tratar do camino de la emancipación.
de alcanzar los principios de Enrique Lapuente.
la verdad. Entreletras.
Quim Barnola.
Abril (Prensa Ibérica). Un magnífico ensayo en forma
de aforismos, máximas y medi-
Un ensayo original, provo- taciones escritas con la plastici-
cador y riguroso que delata dad restallante del autor.
el fetichismo de la sociedad Jaume Boix.
mecanicista, su idolatría y El Ciervo.
enajenación.
Albert Lladó. Su escritura reúne, como po-
La Vanguardia. cos, la claridad del analista y
la vibración del estilista. Una
Una enmienda a las exten- mezcla rara de erudición filo-
didas formas de pensar hoy sófica, instinto poético y luci-
vigentes. dez moral.
Sergio Vila-Sanjuan. Rafael Ruiz Pleguezuelos.
La Vanguardia. Diario Córdoba.

La filosofía agonista del pen- Una obra compleja que hunde


sador ambulante: un encuen- sus raíces en una tradición cul-
tro con ideas insospechadas, tural ajena al mundo contem-
inesperadas. Un libro dia- poráneo.
mantífero. María Paredes.
Adolfo Plasencia. TheObjective.
Valencia City.
Una iluminadora reflexión
Aborda la lucha entre la fi- contra la cultura cibernética:
losofía agonista (humanista, aferrarse a lo que de verdadero
Gnóstica) y la razón maqui- hay en nosotros, profundizar
nal que constriñe y convierte al hombre en un esclavo. Un en la comprensión de cuánto estamos arriesgando al ceder
libro fundamental dentro de uno de los géneros más descuida- nuestra voluntad al imperativo de las máquinas, dar un paso
dos últimamente: el pensamiento. atrás buscando un nuevo equilibrio entre ética y física, y, en
Fernando Clemot. definitiva, tantear otros modos de estar en el mundo, modos
Quimera. tal vez inéditos.
Anna Caballé.
Perplejidad, indagación, acertijos, incógnitas seminales, enig- Zenda.
mas existenciales, abismos ancestrales, vacíos imaginales, ver-
dades germinales, mitologías a recuperar que deben fermentar ¿Es el triunfo de la razón maquinal contra la que se ha levantado
en la mente del hombre proverbial. con firmeza Basilio Baltasar en su reciente y demoledor ensa-
Francisco Hermoso de Mendoza. yo? La lucha que Basilio Baltasar propone desde el pensamiento
Devaneos. agonista, por naturaleza intempestivo, acrobático, es la prueba
de la completa vigencia en el campo de la cultura, por tanto, de
De una lucidez aplastante. Un libro complejo, alambicado, la literatura como del arte, de la invitación de los viejos y encrip-
que huye del imán temporal, desde la entereza intelectual y tados textos a pensar en la posibilidad que nuestros actos estén a
heterodoxa. la puertas de una revelación de los últimos días de la humanidad.
Martínez de Dotor. Almudena Blasco.
Publishers. Jot Down.
EL CALOR
DEL CUERPO
Diarios, ensayos
y novelas que llevan
la menopausia
al centro del relato
POR NATALIA LAUBE

En algún momento iba a pasar: Miranda July, la artista que por su


obra y por su pura presencia (¡esos rulos! ¡esas clavículas! ¡esa mirada
aguamarina!), se convirtió en los primeros dos mil en la musa indie por ex-
celencia para toda una generación, un día entró en la menopausia. Lo que
equivale a decir que un día, indefectiblemente, se convirtió en lo que todas
las chicas como ella evitaron ser durante toda sus vidas: una señora. Una
podría no haberse enterado, podría haber seguido viéndola bailar en los ví-
deos que sube a Instagram sin percatarse de todo lo que estaba pasando
dentro de su cuerpo, o podría haberse detenido alguna vez en alguno en
particular y pensar sencillamente que algo de esa frescura de la juventud se
fue esfumando, aunque siga siendo una mujer increíblemente bella y mag-
nética. Pero ella misma decidió poner el tema sobre la mesa en A cuatro
patas (Penguin Libros, 2025), la novela que The New York Times consideró
«la mejor del año» pasado y que hace unos meses fue finalmente publicada
en español.

Y la serie de coincidencias entre la vida de la protagonista y la de la autora


no deja siquiera algún mínimo lugar a sospechar que lo que July narra ahí
está inspirado en anécdotas «de una amiga». Igual que ella hace algunos
años, la narradora de A cuatro patas está casada, también tiene une hije

16 Jot Down Magazine


de género no binario y un nombre transformarlo en «un cuarto propio»
propio en el mundo artístico. Para contratando a la mujer del que le gus-
su cumpleaños cuarenta y cinco de- ta. El viaje, a partir de entonces, se
cide autorregalarse un viaje de Los vuelve interior y empieza a resque-
Ángeles a Nueva York en auto, lo que brajar las certezas en torno a la vida
implica manejar ocho horas diarias familiar que dejó en casa.
durante al menos cinco días. Pero en
la pequeña ciudad de Monrovia, Ca- Ojo, A cuatro patas no es la narra-
lifornia, su ruta se detiene: el deseo ción de un engaño: el tal Dave no es
por un hombre que conoce por ca- más que una excusa para encender
sualidad la lleva a quedarse en un ho- la chispa interna de la protagonista,
tel barato para volver a verlo e inten- para ensayar respuestas a las pre-
tar algo con él. ¿Su estrategia? Gastar guntas que engendra la mente y es
Berthe Morisot, Retrato unos cuantos miles de dólares en re- necesario contestar con el cuerpo.
de Madame Hubbard, 1870.
faccionar el espacio que alquiló hasta La narradora comparte experiencias,

17 Jot Down Magazine


dudas, pensamientos, y con ellos va July enviándolo, aficionada como es lítica: enciende una luz donde el dis-
abriendo capas en torno a la crisis de a coleccionar testimonios). Les pre- curso predominante, hasta ahora,
mediana edad. La más discutida en gunta: ¿qué es lo mejor de la vida supo hacer solamente un inventario
internet, pero central en el novelón cuando dejás de sangrar? Las res- de pérdidas.
de casi cuatrocientas páginas —que, puestas llegan en aluvión, e incluso
hay que decirlo, podrían haber sido las amigas de las amigas se entusias- July no está sola en esto («esto» es:
doscientas—, es la sexualidad. El de- man con la consigna y empiezan a en- escuchar de pronto un diagnóstico
seo y la concreción de ese deseo son viar sus contribuciones. «Después de que, llegue en el momento que lle-
narrados con un nivel de detalle in- la menopausia dejé de tener migraña gue, se siente repentino; tratar de en-
frecuente: la protagonista sin nom- crónica», «Yo nunca tuve ni quise te- tender lo que le está pasando al cuer-
bre cuenta sus fantasías y sus aven- ner hijos, y me encantó que ahora ya po y convertirlo en una experiencia
turas eróticas con varones y mujeres relatable; querer salir a gritarlo a los
y comienza a diseccionar la promesa cuatro vientos, un poco por la desa-
de felicidad marital basada en la ruti- zón de que nadie te haya avisado pre-
na y el sexo en piloto automático. viamente lo que se venía, otro poco
Aún no hay varones para enterar a las que todavía están
Cuando finalmente vuelve a casa, el
alter ego de July recibe un diagnósti- que se hayan atrevido lejos). La suya es la generación que
hace unos veinte años desarmó los
co que se le vuelve indisociable de la
repentina rebeldía que siente contra
a hablar por nosotras mitos de la maternidad en la litera-
tura y ahora está haciendo lo propio
la vida que construyó: su ginecóloga en este terreno. con ese otro gran momento de trans-
le da la bienvenida a la perimenopau-
sia. Esa palabra de significado medio Un lujo bastante formación del cuerpo femenino, con
una conciencia de que cada etapa de
difuso se convierte de la noche a la
mañana en una realidad que va a to-
escaso, no solo en el la vida por la que una pasa merece ser
reescrita, porque las narrativas de las
mar su cuerpo y cuyas consecuencias terreno literario madres y las abuelas ya no alcanzan
van a empezar a sentirse todos los para contener lo que se está atrave-
días. Se informa sobre el tema en in- sando. Acá mismo habría que decir
ternet, comienza a analizar gráficos que, más que insuficientes, los rela-
de cómo la libido inicia su caída libre no haya ninguna posibilidad de hacer tos de las generaciones anteriores en
desde los cuarenta y cinco y compa- uno», «Siento que soy yo por prime- torno a la menopausia fueron direc-
ra con desazón la curva que le ha to- ra vez, como si tuviera nueve años y tamente inexistentes. Valdría la pena
cado en suerte con la de los varones; pudiera hacer lo que me da la gana». pensar por qué y cómo hicieron las
comienza a barajar tratamientos de Hay muchas más, pero no es cuestión mujeres que nos antecedieron para
reemplazo hormonal, se anota en el de desvelar todas. mantener en la más absoluta intimi-
gimnasio para entrenar la fuerza y, dad la revolución que se estaba desa-
sobre todo, indaga en el tránsito por Como muchas de las ocurrencias de tando en sus cuerpos, viviendo en so-
esta etapa de sus amigas mayores, las July en su cine, en sus intervencio- ledad lo que seguramente hubieran
que ya pasaron hace rato por ahí y, de nes artísticas y en sus libros, ese ges- transitado mejor de haber compar-
alguna manera, siguieron viviendo. to podría parecer naíf (¿por qué esa tido malestares y experiencias. Pero
obstinación en encontrarle el lado las cosas están cambiando porque,
En algún momento, pasado el shock positivo a situaciones que no tienen feminismo mediante, las mujeres co-
inicial, se ilumina y envía un mensa- por qué tener uno?), pero, mirado un menzaron a entenderse a sí mismas
je colectivo (una imagina a la propia poco más de cerca, tiene su carga po- como parte de una familia grande y

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diversa a la que le puede ir mejor en lista breve, a la que seguramente le «moda». Amazing Grace Adams, la
la medida que haga circular sus sa- faltarán nombres, entre otras co- novela debut de Fran Littlewood que
beres. También ayuda, por supuesto, sas porque se va actualizando todo se publicó en 2023, está contada a lo
que en esta época el recato haya de- el tiempo. En España, la periodista y largo de un día de furia para la pro-
jado de ser una cualidad valorada y la escritora Gemma Ruiz Palà publicó tagonista, que está atravesando una
capacidad de instalar preguntas in- hace pocos meses Una dona de la teva de las etapas más difíciles de su vida
cómodas sea mejor vista. edat, protagonizada por una esculto- entre su divorcio, el subempleo, la
ra de mediana edad que decide rom- distancia con su hija y —por supues-
Vivan donde vivan, estén donde es- per unos cuantos tabúes, incluido el to— una perimenopausia que la está
tén, hagan esta prueba: chequeen las de callar los síntomas de su tránsito incendiando por dentro. Ese mismo
novedades editoriales en las librerías por el climaterio, y Sibila Freijo di- año, Joanne Harris publicó Broken
de su ciudad. Si la lectura de este artí- Light, un thriller con deriva fantásti-
culo los encuentra en algún país con ca: justo en el momento en que a los
un mercado del libro más o menos ojos de la sociedad su cuerpo se está
pujante, no van a tardar en encon- convirtiendo en material de descar-
trar por lo menos dos o tres títulos «Menopausia» te, Bernie activa un poder psíquico
de ficción, autoficción o ensayos pu-
blicados durante el último año que y «climaterio» que le permite entrar (e influir) en
mentes ajenas, don que había repri-
aborden los efectos corporales y psí-
quicos de la menopausia, ya sea po-
arrastran cierto mido en la niñez.

niéndolos en primer plano o situán- perfume a consultorio Hay algo que llama la atención ense-
dolos como telón de fondo.
y de entrada se guida al repasar este conteo breve y
algo caprichoso: a diferencia de cual-
La mención a la ficción y al ensa-
yo no es meramente anecdótica: li-
asocian a diagnóstico quier otro tema de exclusivo impacto
en los cuerpos femeninos —la prosti-
bros de autoayuda o guías de salud más que a proceso tución o el aborto, por ejemplo— to-
para abordar la «nueva etapa» exis- dos estos libros fueron escritos por
ten desde hace muchos años, por no autoras femeninas. Aún no hay va-
decir que existieron siempre. Quizá rones que se hayan atrevido a hablar
ahora los haya en mayor cantidad, y secciona ideas en torno al edadismo por nosotras en este terreno. Un lujo
con perspectivas que hasta hace un con el humor ácido que la caracteri- bastante escaso, no solo en el terreno
tiempo hubieran sido impensadas, za en Señora lo será tu puta madre. literario. Está claro que, así como no
lo que hace que ahora cada perfil de En Argentina, Laura Wittner na- solamente los autores gays pueden
mujer pueda dar con la referente que rra el fin de sus días fértiles con pul- escribir sobre personajes gays ni so-
siente más afín. Pero la gran novedad so poético en Diario de menopausia, lamente los pobres tienen derecho
reciente es el abordaje desde la lite- compuesto por entradas breves, in- a narrar la pobreza, no hay por qué
ratura de firma, de la mano de auto- teligentes y sensibles, mientras Inés sostener que solamente las mujeres
ras de referencia en otros ámbitos, Garland, en Diario de una mudanza, que están atravesando el climaterio
como si de pronto muchas de ellas, integra los vaivenes hormonales y la deberían poder imaginar personajes
dispersas por el mundo, hubieran observación de un cuerpo que se va situados en ese momento de la vida.
notado que esta etapa de desconoci- transformando al registro de sus des- Nadie que crea en la potencia de la
miento absoluto del cuerpo, de nue- plazamientos físicos y afectivos. En ficción o valore el trabajo de los es-
vas reglas, supone un material riquí- Inglaterra ya hace dos o tres años co- critores y los artistas podría defen-
simo para narrar. Como muestra una menzó a hablarse con fuerza de esta der semejante idea. Pero, si el tema

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fue un secreto a voces hasta hoy, si del mundo». Si «menopausia» y «cli-
nunca nadie lo había vuelto visible materio» arrastran cierto perfume a
hasta esta generación de menopáu- consultorio y de entrada se asocian
sicas (habrá que usar este adjetivo a diagnóstico más que a proceso, ¿no
sustantivado, a falta de uno mejor), tendría sentido crear algún término
lo primero que hace falta es saber que pueda dar cuenta del sube y baja?
qué se siente habitar un cuerpo que No es cierto que el alemán tenga una
de pronto se vuelve irreconocible, palabra para todo, pero en este caso
qué implicancias tiene el duelo de la ese mito tan extendido parece tener
etapa reproductiva, de qué están he- alguna razón de ser: el Wechseljahre
chos los sofocos y las lagunas menta- («años de cambio») que suele usarse
les, hace falta escuchar voces sobre el mucho más que Menopause corre el
deseo transformado, sobre el dolor eje al nombrar el tránsito, no aquello
repentino y sobre las dudas en tor- que se pausó, lo que dejó de ser. Cam-
no a cómo paliarlo. Y para empezar biar el término no borra los síntomas
a asfaltar ese camino, la potencia de ni vuelve más ameno algo que no lo
las voces de primera mano se vuelve es. Pero sí puede abrir, quizá, un cam-
fundamental. po de sentido para dejar de pensar en
términos de estigma un momento de
Una intuición: nadie, salvo las pro- la vida nuevo, que, como toda nove-
tagonistas de este tránsito, será ca- dad, conlleva una adaptación, pero al
paz de cargar de nuevos sentidos un final tiene algo de regalo, porque para
término que hasta ahora solo estuvo qué seguimos viviendo si no para
asociado con la vejez y con las pér- atravesar experiencias que aún no
didas; nadie salvo ellas podrá inven- nos habían tocado en suerte y apren-
tar, eventualmente, una definición der algo de ellas.
nueva. De eso también habla Witt-
ner —que, como buena traductora, es
amante de las palabras— en su Diario
de menopausia. Mientras se sienta a
mirar por vez número mil Call Me
by Your Name, la argentina se detie-
ne en la expresión coming of age y se
pregunta por qué no se usa también
para nombrar el otro extremo. «Cam-
bio de estado, madurez, iniciación: el
pasaje de la adolescencia a la adultez
es sin duda más atractivo que el de la
adultez a la mediana edad. ¿Cuántas
películas y novelas giran alrededor
de ese momento? Pero esto es tam-
bién un coming of age: esta transición
también requiere de un aprendizaje,
una adaptación, una nueva mirada

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Testamento
de una intimidad
expuesta y un
relato silenciado
POR TERESA GALARZA BALLESTER

Imagina la penumbra de un escenario isabelino: tro. En 1991, en un despacho de un notario en Padrón


un anciano rey despliega un mapa de su reino y anun- (Galicia), otro padre, esta vez de carne y hueso, dictó
cia a sus hijas que ha llegado el momento de repar- su última voluntad: Camilo José Cela, premio Nobel
tirlo. Pero antes les pregunta: «¿Cuál de vosotras me de Literatura, dejó prácticamente todo a su última
quiere más?», sometiéndolas a una prueba de amor esposa, Marina Castaño, y reservó para su único hijo,
(o a un concurso de aduladoras, según se mire) para Camilo José Cela Conde, un cuadro de Miró. La histo-
calcular la herencia que corresponderá a cada una. ria del cuadro parece una broma: era una falsificación
Cordelia, la más sincera, no se presta a la farsa: al oír que Cela rompió con un machete, pero Miró, que te-
las declaraciones exageradas de sus hermanas, afirma nía relación con la familia, la transformó en una obra
que no va a convertir sus sentimientos en palabras. intervenida y, de paso, en un auténtico Miró, que, a su
Por eso, cuando su padre le pide que hable, respon- vez, fue lo único que Cela dejó en herencia a su hijo. A
de con un lacónico: «Nada, mi señor», y acto seguido su primera mujer, Rosario Conde (la mujer que sacó
aclara que lo quiere «según su vínculo filial; ni más ni adelante a la familia durante treinta años, mecano-
menos». Lear, indignado, replica: «Nada saldrá de la grafió los manuscritos de su marido, salvó del fuego el
nada: habla otra vez», y al no obtener la respuesta que borrador de La colmena…), Cela no le pasaba ni la pen-
desea, la deshereda: «Que tu sinceridad sea tu dote… sión. Años después, los tribunales concluyeron que el
Aquí renuncio a todo cuidado paternal y te aparto de escritor había utilizado sociedades para esconder bie-
mí para siempre». Shakespeare convierte ese testa- nes y vulnerar la legítima de su hijo.
mento en vida en el origen de una tragedia familiar:
el amor calculado se premia, la honestidad se castiga. Se paga cara la sinceridad, en la literatura y en la vida.
Como en El rey Lear, un testamento se convierte en
A todas las personas que alguna vez hemos pasado documento público de afectos y desdenes. ¿Qué tie-
por el trance de ser Cordelia nos consuela pensar que nen en común el rey shakespeariano y el escritor
existen leyes sucesorias, aunque en la práctica tampo- gallego? Ambos transformaron su legado en un acto
co impiden que la herencia se convierta en puro tea- de poder: el primero exigía palabras bonitas para re-

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partir tierras; el segundo dictó su testamento como ticipa el conflicto. No obstante, cómo no pensar que la
afirmación de sí mismo. Cela había bromeado con que gran suerte de los descendientes legítimos de García
recogería el Nobel acompañado de «una mujer muy Márquez es que Indira Cato haya preferido la discre-
joven y rubia», y la profecía se cumplió: se emparejó ción al reconocimiento y la compensación.
con una señora treinta y tantos años menor. Cuando
dispuso su herencia, decidió quién quedaría dentro Lo que aprendemos de los casos de Cela y de Cato es
y fuera del relato familiar. Su hijo, Cela Conde, que que el testamento marca los límites de la pertenencia
asistió al entierro, contaría después que alguien de la a la familia e intenta ser un acto de cierre. Pero tiene
organización quiso hacer que se marchara del sepelio. un poder que no reside únicamente en la voluntad del
Por más surrealista que parezca, no es algo excepcio- testador, sino en la del legislador. En ese espacio, la
nal: a mí también me quisieron echar de un entierro, voz personal se pliega a las exigencias de la ley: pro-
y, pese a ser la hija del finado, fui tratada como un des- tección de herederos forzosos, legítimas ineludibles.
pojo incómodo. Escenas así ilustran hasta qué punto
los testamentos y la herencia pueden transformar un Pocas cosas parecen más aburridas que discutir sobre
duelo en un escenario de poder y exclusión. la capacidad legal del testador. Hasta que recordamos
que la falta de descendencia del último rey Austria,
El relato de la exclusión hereditaria, como sucedió Carlos II, sumió a Europa en una larga guerra. La gue-
con Cela, es solo un ejemplo del interminable catálo- rra de sucesión española (1701-1714) enfrentó a dis-
go de disputas familiares que giran en torno al testa- tintas casas reales que reclamaban el trono a base de
mento. Pensemos en los hijos ilegítimos, que también genealogías y voluntades escritas o presumidas. Espa-
quedan excluidos la mayoría de las veces. El caso de ña conservaba todavía la mayor parte de los inmensos
Gabriel García Márquez es de lo más llamativo: tuvo territorios que habían acumulado los Habsburgo en
una hija, Indira Cato, fruto de una relación con la es- los dos siglos anteriores, y había logrado un superá-
critora Susana Cato, cuya existencia se mantuvo en vit fiscal en los últimos años del reinado de Carlos II,
secreto por respeto a la señora de García Márquez, así que no es de extrañar que se disputasen la Corona.
Mercedes Barcha, y no salió a la luz pública hasta Entonces llegaron los Borbones.
2022, cuando el escritor y Barcha ya habían fallecido
y la hija ilegítima tenía más de treinta años. De tragedias familiares a guerras europeas, la conclu-
sión es evidente: sin reglas sucesorias claras, la pelea
La gestión de la herencia fue tan discreta como la exis- está garantizada. Para evitar nuevos conflictos, y des-
tencia de la chica: Indira sí habría recibido algo de su pués de darle muchas vueltas, en el siglo xix se con-
padre, una casa y un coche, según familiares y perio- solidó la «legítima» (esa parte de la herencia reserva-
distas cercanos; sin embargo, no existen documentos da por ley a los descendientes), que protagonizó tan
oficiales publicados ni constancia directa en un tes- buenas tramas literarias. Las novelas de Benito Pérez
tamento accesible al público. De cualquier modo, es Galdós, como Fortunata y Jacinta o El abuelo, explo-
una historia que reescribe el relato público de García ran los litigios familiares y las tensiones surgidas en
Márquez, que invita a reflexionar sobre el peso de los torno a los testamentos. En la primera, el drama de la
vínculos extramatrimoniales y la capacidad del tes- descendencia (la infertilidad de Jacinta frente al hijo
tador para silenciar identidades y afectos. Es un caso ilegítimo de Fortunata) pone en cuestión la continui-
que muestra que el testamento puede operar como dad de la familia y la transmisión de la herencia. En
mecanismo de exclusión, pero quizá también como El abuelo, la disputa sobre la legitimidad de la nieta se
intento de preservar la calma cuando el testador an- convierte en el motor de todo el relato. No es casual

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que José Luis Garci la llevara al cine no hace tanto, en oficializando en papel quiénes tendrían poder y quié-
1998: el drama de la herencia sigue siendo, ayer y hoy, nes deberían depender de la caridad o la obediencia.
un espectáculo público donde la familia exhibe sus
verdades más incómodas. El papel del notario merece su propio aparte. Histó-
ricamente ya se le comparaba con un confesor. «Si el
Si la literatura ha sabido convertir la herencia en ma- confesor es depositario de los secretos morales, al no-
teria dramática, la realidad la retroalimenta. Los tes- tario se le cuentan todos los demás secretos, muchos
tamentos históricos abundan en fórmulas solemnes; de los cuales son también morales», escribió Andrés
por ejemplo, los testadores barrocos abrían su última Trapiello. En la actualidad, no ha perdido ese perfil de
voluntad con expresiones religiosas al estilo de «Yo, mediador; su tarea es dar estabilidad al gesto más frá-
en mi lecho enfermo, encomiendo mi alma a Dios», gil, ese de querer dejar la vida en orden antes de mo-
como si toda disposición debiera tener valor sagra- rir. Y, sin embargo, su trabajo también exige lidiar con
do. En los siglos xix y xx era común incluir mandas, miserias humanas: sobrinos que urden planes para
disposiciones testamentarias no patrimoniales; por conseguir más de lo que les corresponde, testadores
ejemplo, hay testamentos que disponían que «fuesen que mezclan rencor y vanidad. El notario lo escucha
oficiadas cien misas para la salvación de su ánima», o todo, desde peticiones insólitas hasta venganzas dis-
incluso doscientas misas por familiares muertos. Son frazadas de actos de bondad, y lo convierte, con pa-
mandatos que reflejan el papel pedagógico y ritual del ciencia y neutralidad, en texto válido ante la ley.
testamento: educar en la religión y en la obediencia.
Quizá ahí reside su paradoja: quien redacta un testa-
A veces, los testamentos llevaban condiciones o lega- mento cree estar ordenando bienes, pero acaba de-
dos simbólicos surrealistas: de herencias condiciona- jando al descubierto emociones, rencores y lealtades.
das a cuidar de un familiar, a «un real y mi maldición» Por eso cada testamento es, en definitiva, una versión
a quien traicionara al testador, etc. En todos los casos, de la historia de una familia. Pero no tanto un cierre
el notario solo transcribía la voluntad (por extrava- como un prólogo que otros continuarán escribiendo,
gante que fuera), ajustándose al marco legal: las vo- a veces para perpetuar una estirpe, otras para reparar
luntades imposibles resultarían no válidas de acuer- una herida o hacer justicia por los agravios heredados.
do con la legislación, pero se convertirían en parte del
relato testamentario (cosa que sigue pasando). Shakespeare lo entendió bien: en Hamlet, el espec-
tro del padre dicta al hijo su última voluntad, y de esa
El contenido puede, además, reflejar estructuras so- obediencia nace la tragedia, pero también una forma
ciales patriarcales. Antes de las reformas liberales del de reparación que, aunque tardía, restablecerá el or-
siglo xix, el mayorazgo aseguraba que el primogénito den tras la ruina. Esa misma tensión entre herencia
varón heredaría la mayor parte del patrimonio fami- y destino recorre Julio César, cuando Marco Antonio
liar, conservando intacta la casa familiar y evitando la lee ante el pueblo el testamento del líder asesinado; al
dispersión de los bienes (como en Downton Abbey). mostrar «un pergamino con el sello de César» y reve-
Los demás hijos recibían poca o ninguna herencia lar que era su voluntad legar a cada ciudadano seten-
directa: los segundones eran destinados a la Iglesia o ta y cinco dracmas y el uso público de sus jardines, la
al Ejército, y las hijas, provistas de una dote matrimo- multitud se conmueve y se desata una furia que aca-
nial, obtenían solo la parte necesaria para casarse. Así, ba incendiando Roma. Toda herencia es, en el fondo,
los testamentos de las élites consolidaban jerarquías puro teatro, y el telón queda a medio bajar, entre acto
familiares y preservaban vínculos jurídicos feudales, y acto.

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Albert Speer, el ‘buen nazi’
que fue el primer rey de las
‘fake news’

Una vida suspendida entre


dos orillas busca un idioma
que las una.

Cada compartimento
guarda un secreto que
solo el viaje se atreve a
escuchar.

Jean-Noël Orengo desvela cómo Albert


Speer, el arquitecto del régimen nazi,
convirtió su culpa en un relato heroico.
Una novela sobre la memoria, la mentira y
el poder de la palabra.
En el borde del desierto, el
arte y el fuego compiten por
nombrar el origen.
RUTINA
A SOLAS
CONTIGO
MISMO
POR ÁLVARO CORAZÓN RURAL

Yonki
 

Mucho antes de que la pandemia permitiera a tanta gente probar las mieles del
teletrabajo, me tocó aventurarme en solitario en esta modalidad de curro que yo consi-
deraba, sin lugar a dudas, el cielo. Eran muchos años levantándome a las siete, a veces
incluso a las cinco o las seis, y sintiendo, cada vez que entraba en el metro, que me estaba
muriendo por dentro.

No exagero cuando digo que fantaseaba con salir un día de la estación y encontrarme un
hongo nuclear en el horizonte que indicase que sí, íbamos a morir todos de forma horrible,
podridos por la radiactividad o devorados por caníbales en la anarquía posapocalíptica, pero
al menos yo en ese momento habría podido volver a casa y meterme otra vez en la cama.

En Madrid te cagabas de frío al salir a la calle, te tenías que envolver en un montón de ropa
y luego dentro del vagón te cocías, te asabas. Si te quitabas la ropa, ibas con todos los bár-
tulos en la mano, sudando igual. Y cuando estabas ya empapado, volvías a salir a la calle, a
menos dos grados, y te helabas.

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Llegar a casa era igual de patético. De nuevo el metro a reventar; yo a veces prefería tardar
hora y media e ir andando, pero por lo menos no pasar por ese estado de compresión de la
materia. No creo que la evolución humana haya previsto el paso a un homo zip que pueda
soportar esos traslados.

Y luego el concurso. Tienes dos horas para hacer la compra, preparar la cena y la comida
del día siguiente y ducharte. Cuando acababas, los cuarenta y cinco minutos restantes
eran lo que podías llamar vida. Abrir un libro era utópico, te quedabas sopa en dos pá-
ginas. Ver una serie era un peligro; como fuese buena, ya le robabas dos horas al sueño.
Entre eso y la noche de Champions, que acababas bebiendo, el jueves lo que depositabas
en la oficina era un cadáver humeante.

Probé todo tipo de formatos. Pasé por currar los fines de semana, pero luego llegaba el
lunes y, cuando empezaba mi vida, no había nadie al otro lado. El resto empezaba su sema-
na. La gracia de salir las noches del lunes y el martes, con los de la hostelería que habían
trabajado el fin de semana, otros periodistas, policías varios y gente de mal vivir en gene-
ral, pues tenía gracia el primer mes.

Luego la cosa se me recrudeció. De noche y con fines de semana incluidos. Comencé a ha-
bitar una dimensión desconocida, un universo paralelo en el que disfrutaba de una buena
película a las cinco de la tarde mientras desayunaba con un café bien cargado, para, al
terminar, ducharme y tirar para el metro viendo las caras de los que vuelven del tajo. En
España son de asco; en Nueva York pude comprobar que iban como bebés, todos dormi-
dos en posturas inverosímiles y con las caras aplastadas contra la ventana. Lo llamé el
verdadero sueño americano una vez que pasé por allí.

Hasta que logré escapar. Apañé colaboraciones suficientes aquí y allá que me permitían
dejar el trabajo, aunque cobrase la mitad, para quedarme a trabajar en casa. Aquello so-
naba a música celestial. Levantarse de la cama y no tener que ir a ninguna parte. Comerte
marrones, muchos, pero no tener que ir a ningún lado era como el descanso eterno, no se
le podía pedir más a la vida.

Así empezó la nueva vida y es de no creer cómo acabó. No sé cómo se hizo la transición, la
metamorfosis, pero en cuestión de cinco años había engordado casi veinte kilos, tenía un
pelo ideal para 1971 y no sé cómo me las arreglaba que me sentaba delante del ordenador
sobre las diez de la mañana y lo apagaba sobre las diez de la noche. Por no mencionar mis
ropajes, en cuanto me quise dar cuenta estaba más desfasado estéticamente que Hernán-
dez Mancha ataviado de sport. Aparte, salía a la compra con la ropa de estar en casa, lo
que valdría como elogio del grunge si cuela y, si no cuela, pues a explicar que no duermes
en la calle.

Había ventajas. A mí siempre se me ha dado bien trabajar a impulsos. Obtener la energía


de la curiosidad. Si algo me molaba, así, de primeras, sin tocar, meterme a leer de lleno so-
bre ello pasando de todo lo demás, solo porque en un momento dado me había apetecido,

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estaba muy bien. No tenía que dar explicaciones a nadie. Ahora, el fin de semana acababa
trabajando también cumpliendo con mis obligaciones. Consecuencias del arrebato.

Pero hay algo que pesa mucho más que eso como no trates de evitarlo. Corres el riesgo
de vivir con las perspectivas vitales de un hámster. Te levantas, vas a una habitación y,
cuando acabas, a la cocina y de ahí al salón. Y repites esto hasta la saciedad. Todos los días.
Llega el viernes y ¡noche loca! ¡voy al salón otra vez!

Al final, los que trabajamos en casa estamos solos, pero no estamos solos en esto. Los
metaanálisis de los estudios que han investigado el teletrabajo concluyen que, si este es
prolongado, deteriora la motivación, la producción y el compromiso organizativo. Rigu-
rosamente cierto: he visto a muchos camaradas caer por este problema. La procrastina-
ción se va apoderando de ellos, van bajando el pistón del volumen de trabajo, empiezan a
aparecer siempre a última hora, a pasarse los plazos y, por esa vía, acabar pasándose por el
forro absolutamente todo. Como penitencia, vuelven al trabajo organizado y presencial.

El hombre es un lobo para el hombre y un borracho que se caga y se mea encima para
sí mismo. Cuando solo dependes de ti para organizarte, dependiendo de qué pasta estés
hecho, puedes acabar mostrándole a los demás la integridad personal de un niño de seis
años en una tienda de chuches cuyo dependiente ha caído fulminado por un infarto.

Dicen los expertos que el teletrabajador sufre una brecha entre las relaciones sociales de-
seadas y las efectivamente mantenidas, lo que conduce a una percepción de aislamiento y
menor sentido de pertenencia. Así aumenta la fatiga emocional, la falta de concentración
y el descenso de la autoeficacia profesional.

El trabajador aislado pierde conexión emocional con el equipo; aparte, la escasez de inte-
racciones cotidianas y la falta de contacto informal con otras personas pueden conducir a
una depresión leve, irritabilidad y desconexión de la tarea, que al final se vuelve a caer en
el círculo de desmotivación y bajo rendimiento.

La pérdida de creatividad por la falta de comunicación con profesionales del ramo en el


día a día se entiende perfectamente, pero más interesante es el absentismo psicológico.
Dícese del trabajador que «está conectado, pero no está presente». Debido, claro está, a
que en su casa puede hacer lo que le dé la gana sin ser molestado. Mi conversión en una
suerte de The Dude Lebowski se queda en nada al lado de historias que he oído, como de-
sayunar tu yonkilata de buena mañana y encender el ordenador para acabar con serios
problemas con el temita; casos de masturbación compulsiva y agotadora —una cada dos
horas es lo que puede dar de sí un ser humano, leí a uno en un foro—. Añádanle al cóctel
todas las drogas que se les ocurra en combinación con cualquier parafilia en libertad en la
soledad de su estancia, bien regado de psicofármacos con prescripción médica, y se com-
pleta el cuadro. Y es aquí donde viene la noticia bomba. Muchos veinteañeros que han
tenido la suerte de incorporarse por primera vez al mercado de trabajo solo han conocido
este modelo, que dios les guarde muchos años.

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Felicitamos al escritor húngaro László Krasznahorkai
y a su editorial en España, Acantilado,
por el galardón que le ha otorgado la Academia Sueca.

László Krasznahorkai
Premio Nobel de Literatura 2025
Premio Formentor de las Letras 2024

LÁSZLÓ KRASZNAHORKAI
Premio Formentor de las Letras 2024

P
or sostener la potencia narrativa que envuelve, revela, oculta y transforma la realidad del mundo,
por dilatar la versión novelesca de la enigmática existencia humana, por convocar la vigorosa lectura
de una compleja fabulación y construir los fascinantes laberintos de la imaginación literaria.
La obra de nuestro premiado abarca en su elíptica y demorada evocación los sombríos, bellos y
melancólicos paisajes del alma, la abrupta cartografía de la sinuosa peregrinación humana y los secretos
murmullos de una ensimismada premonición.
En la trama de unas ficciones sorprendentes, los personajes de László Krasznahorkai se distinguen por
su lánguida, recóndita y ensortijada personalidad. En su itinerario narrativo, conciencia y peripecia,
ironía y tristeza, la locura y lo sagrado fluyen al compás de una meditada cavilación. Los personajes
son siempre densos, imprevisibles y al borde de una delirante redención.
Las estructuras narrativas de László Krasznahorkai y su estilo detallista, lento y dilatado manifiestan
la energía creativa de una literatura ajena por completo a la influencia industrial del divertimento. A
lo largo de las décadas, su obra ha reunido a una comunidad internacional de lectores comprometidos
con la tradición artística de la novela europea.
Las obras de László Krasznahorkai nos devuelven la virtuosa flema de la lectura y la contemplación
de lo extraño, solemne, letárgico, oscuro y voluptuoso que palpita en el corazón del hombre. Nuestro
autor renueva así la autoridad estética de la gran literatura.
Por todo ello, por dar a conocer a los lectores el legado de la lengua magiar, por restaurar las dimensiones
desapercibidas de la imaginación y por el virtuosismo de su elegante escritura, el jurado concede el
Premio Formentor de las Letras 2024 al escritor húngaro László Krasznahorkai.

Acta firmada en Tánger el 15 de marzo de 2024

Por los miembros del jurado: Berta Vias Mahou, Dulce María Zúñiga,
José Enrique Ruiz-Domènec, Andrés Ibáñez y, su presidente, Basilio Baltasar.

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CLÁSICOS Y
ROMÁNTICOS EN
EL SIGLO XXI
LAS MEMORIAS DE JACOBO
CORTINES Y JORGE URRUTIA

POR VALENTÍN NAVARRO VIGUERA

En 2002 Jacobo Cortines publicaba sus memo- posguerra, y comparten una escritura en prosa dotada
rias, Este sol de la infancia (Pre-Textos), dedicadas a de una excepcional carga lírica dentro del panorama
sus primeros años de vida en Lebrija. Años después, de la narrativa española contemporánea. Pero se dife-
Jorge Urrutia publicaría De una edad tal vez nunca vi- rencian en un aspecto fundamental a la hora de afron-
vida (Bartleby, 2010), un libro también de memorias tar la escritura de sus memorias: la concepción, como
que zigzaguea de la niñez a la madurez con la natura- memorialistas, clásica o romántica de la expresión
lidad propia del que no escribe un relato cronológico, poética de la intimidad, si bien están unidos entre sí
sino la biografía emocional de su vida. En este 2025, por la intensidad emocional que implica todo buceo
ambos textos son recuperados, pues el primero cerra- en los abismos personales y por ser defensores a ul-
ba aquellas memorias iniciáticas con La edad ligera, tranza de la verdad, es decir, de una poética que ex-
II (Filosofía y Letras seguido del tiempo airado) en la prese la verdad de sus experiencias y pensamientos.
pulcra editorial Athenaica, donde ya había visto la luz
la reedición de aquellos primeros recuerdos, junto a Las memorias son aquí la recreación lingüística de un
En la puerta del cielo; mientras que el libro de Urrutia pasado, una reelaboración en la que importa menos el
ha sido reeditado por la prestigiosa editorial Cátedra, pasado mismo que su expresión literaria. No nos inte-
entrando así a formar parte del canon de la literatura resa la vida del poeta, sino la interiorización ficcional
española. que lleva a cabo el autor para que surja de la nada la
flor de la palabra. Los límites borrosos entre memo-
Se trata de libros que son —o van a ser en breve— ria y literatura permiten la construcción de dos de
obras de culto. Ambos autores son profesores, poetas, las memorias más interesantes de la lengua española
traductores y críticos literarios; pertenecen a una en el primer cuarto del presente siglo. En ellas, como
misma generación, nacidos en los primeros años de la ejercicio de creación literaria —según ha sabido dilu-

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cidar de forma clarividente Mercedes Comellas1—, y las formas de pulirlos, permite distinguir entre una
el pasado se convierte en materia poética, en tanto memoria más clásica, como es la de Jacobo Cortines,
que la ficción —como en la poesía griega— se nutre de y otra más romántica, que sería la de Jorge Urrutia,
un pasado mítico. Mnemosyne, la madre de todas las si bien en las dos poéticas señaladas la realidad y la
musas y diosa de la memoria, está en el origen de este imaginación son inherentes a la naturaleza misma de
viaje hacia el interior. Las memorias vienen a ser la la escritura. Ya Bécquer nos enseñó, para la literatu-
expresión de lo que no es, de un pasado que voló como ra española, los límites difusos entre la memoria y la
las hojas otoñales del árbol, pero que regresa con la ensoñación.
primavera de la imaginación. Pero más que una bu-
hardilla en la que rebuscar recuerdos, las memorias Toda memoria conduce al centro de uno mismo; mol-
son como la proyección de una película en la que el di- dea el barro del tiempo para insuflarle vida, para que
rector-autor dispone intencionadamente, a su antojo, nazca ese ser que llamamos narrador, pero que mira
los materiales, para que aquellos días idos sean, en el con los ojos del autor. La diferencia fundamental de
presente de la escritura, la expresión de una imagen las historias narradas en ambas memorias está mar-
deseada. Recupera de otros tiempos personajes, esce- cada por los escenarios donde transcurren sus infan-
narios y la urdimbre de los acontecimientos, pero los cias. En uno asistimos a los restos del naufragio de la
dispone de tal manera que son más una justificación hundida economía familiar; y en otro, la luz tibia de la
de su presente que la narración de lo vivido en el pa- mañana chorrea por los jardines por los que después
sado. Uno sabe a qué puertos ha arribado, pero se pre- correrá el niño. Uno vive en el Madrid de la posguerra,
gunta por la travesía. El viaje es a ninguna parte, ape- en un piso con una única ventana por la que penetra
nas al silencio más recóndito de uno mismo, cuando, la luz; otro, en una amplia casa o en un cortijo andaluz
en soledad, te encuentras en los trazos de la escritura, de anchos patios y jardines, de paredes encaladas, de
como arrojado al mundo con el don de la vida entre buganvillas y geranios, de fuentes y arriates. Pero, en
las manos. los dos niños, luces y sombras crean los claroscuros
interiores de la necesaria visita al despertar de la vida
El escritor de memorias, pues, escribe bajo el signo consciente, a la luz del descubrimiento de la natura-
del humo, de la difusa experiencia vivida, que pierde leza humana.
entidad hasta llegar a diluirse en otra cosa: un borrón
en la caligrafía del tiempo, una historia que ha deja-
do atrás los fantasmas del pasado. Sin embargo, con
su escritura dota de sentido a las tres líneas tempora- — De una edad tal vez nunca vivida
les; es la interiorización del tiempo íntimo y funcio- o la transformación del mundo —
na como una argamasa que une las partes inconexas
del olvido, como si brotara una luz que alumbrara los En la obra de Jorge Urrutia, la luz de la infancia es
nudos de sombras de los precipicios interiores. En la misma luz deslumbrante que alumbra la realidad,
estas memorias, los escritores no se buscan en los desnudando la vida, mostrándola sin apariencia algu-
tiempos en blanco y negro del pasado, sino en la re- na, como la descubierta por Meursault en El extran-
creación imaginaria de un mundo que nunca fue, pero jero. Aunque es un libro que sirve para reconstruir la
que pudo haber sido y que ahora es vivido como una historia iniciática del mito personal del yo protago-
nueva verdad, literaria, que ya nada tiene que ver con nista, la cita inicial de Camus atribuye un primer y
la reconstrucción fidedigna illo tempore. Las memo- fundamental lazo de unión con el padre, cuyo poema-
rias juegan con una libertad creadora que, según el rio El extraño mostraba su adhesión ética a la defensa
grado de ficcionalización —muy presente en nuestros de la libertad y de la integridad del ser humano. Asisti-
escritores— de los siempre reelaborados materiales mos a la búsqueda de la transcripción y configuración

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Las memorias son un género
en el que muchos escritores
fracasan, pues caen demasiadas
veces en la trampa de la realidad
y olvidan su condición de
escritores. Por mirarse en el do —que no derrotado— en la estación de su pueblo,
dadora de vida, purificadora, limpia de impurezas, de
azogue del pasado acaban, como las costras del olvido, de insomnios y de desasosiegos.
El agua es el amor, el origen, la luz líquida que despla-
Narciso, ahogándose en za las negras sombras de la angustia, la lengua que re-
las aguas de la historia dime del pasado.

Ficción y realidad son categorías similares, haciendo


posible que en la estancia aquella de su infancia con-
vivieran Cervantes y Aleixandre, como dos persona-
jes dotados de la misma entidad material gracias al
realismo mágico de la lectura. Desciende, peldaño a
peldaño, por la escalera de la memoria hasta alcanzar
el rumor íntimo y particular de lo cotidiano, del rito
del hogar, con sus silencios clavándose en el centro del
del relato personal, del andamiaje lingüístico necesa- corazón, como las astillas con las que la madre —Ma-
rio para hallar el sentido. Si algo es la obra de Urrutia, ruja, María, Mariquita— encendía el fuego de la vida,
ha de ser una incursión en la intimidad, el hallazgo de que es el que la calienta y sostiene entre las ascuas.
los pecios ocultos en la memoria. Y la suya es una me- Cada uno va acumulando sus pequeños guijarros y los
moria creadora, no fotográfica. No se trata de recoger echa al bolsillo de la memoria; con ellos tendrá que
vestigios de una ciudad enterrada bajo las cenizas del elevar su casa, construir su vida, seleccionando, si es
tiempo, sino de descubrir, de edificar el relato perso- posible, las teselas más bellas.
nal que lo configura como un ser viviente determina-
do, con unos rasgos no heredados de forma impositi- En un tercer nivel de ficción, el relato de Urrutia está
va, sino alterados por la ficcionalización del pasado, continuamente salpicado por un cervantino distan-
moldeándolo hasta hacerlo habitable, desde una mi- ciamiento irónico de metaficción: la trama queda in-
rada indagadora. El fin último es no olvidar, porque el terrumpida y la voz narrativa advierte al lector del
recuerdo nos forja por dentro, con nuestras aventuras modo en que el autor está componiendo su relato,
y desventuras, pues ambas nos pertenecen. La melan- como si le estuviera enseñando los andamios con los
colía era uno de los cuatro humores que fluían por el que se va construyendo, como si le cogiera la mano
ser humano, el líquido elemento del que se nutrirán y le mostrara las tripas bajo la herida por la que dis-
las adelfas, símbolo de lo oculto, lo hondo, lo callado, curre la naturaleza de la narración, cuyo ritmo se
es decir, de todo aquello que no son estas memorias, rompe para revelar el truco del mago de las palabras
ya que estas representan justamente la antítesis de lo que es el poeta. Como en el teatro de Bertolt Brecht,
silenciado: escribir es un desentrañamiento de la inti- el narrador resquebraja la ilusión de la literatura
midad. Melancolía significa, etimológicamente, «bilis mediante el efecto de distanciamiento e invita a la
negra» y se relacionaba con la tristeza y la pesadum- anulación de las diferencias entre realidad y ficción,
bre. Este ánimo sombrío es como un arroyo que co- como si del capullo de la primera brotara la mariposa
rre por cada una de las páginas, motivado por la pose de la segunda.
reconcentrada que adopta el narrador, de ensimisma-
miento o entrañamiento de la realidad. Pero el texto Conocer es saber quiénes somos. Conócete a ti mis-
es regado también con el agua redentora que inunda mo, decía Sócrates. Pero quizás el escritor no haga
cada palabra, cada letra de las experiencias narradas, otra cosa que aspirar a reconocerse en la imagen
esa misma agua que una andaluza ofreció a un venci- espejada en las aguas de la fuente —o de las fuentes

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intertextuales— del Regüé. La tarea no debe de ser — La edad ligera o el resplandor
sencilla, pues son pocos los que terminan cavando de la ausencia —
con fe, como los fusilados que trabajaban en su pro-
pia fosa, y menos aún los que logran ser honestos con Las memorias de Jacobo Cortines son contadas como
ellos mismos. Por eso las memorias son un género si el poeta estuviera allí mismo, como si hubiese to-
en el que tantos escritores fracasan, pues caen de- mado unos apuntes de lo que sucedió en otro tiempo.
masiadas veces en la trampa de la realidad y olvidan La voz narrativa se desplaza en el tiempo y observa al
su condición de escritores. Por mirarse en el azogue niño, al joven estudiante, al profesor, al melómano o
del pasado acaban, como Narciso, ahogándose en las al incesante viajero. Es la distancia necesaria que per-
aguas de la historia. En Jorge Urrutia, la memoria mite al narrador ingresar, mediante la ficción, en las
reconstruye las historias oídas de niño, las leídas de escenas del pasado. Los objetos cotidianos, el gesto
adulto, las vividas y las recopiladas con afán de docu- mínimo, la levedad del trajín diario de los recuerdos
mentación investigadora, tal vez para vivir con ma- van cubriéndose de polvo en el desván de la infancia,
yor intensidad o conocer más a fondo el rostro de la expuestos a la oscuridad y al olvido, como objetos ex-
realidad, para aprender, con Jeromo, que la verdad traviados. Hasta aquel rincón se remonta Jacobo Cor-
es belleza o que no todo es lo que parece. Porque la tines, poeta de este sol de la infancia y de días azules,
belleza, como bien sabía Leopoldo de Luis, la pone el para rescatarlos, desempolvarlos y mostrarlos con
hombre con su manera de mirar; pues el pasado no es todo su esplendor. La infancia es también el reino
poético per se, sino por la mirada vertida sobre aque- del descubrimiento, de la acción por imitación, de la
llas ruinas, sobre la manera de encontrar dulces las asunción de realidades y costumbres heredadas que
naranjas amargas, de abrir una pequeña maleta que son o deben ser cuestionadas. Es el territorio iniciá-
encierra un puñado de juguetes, de abrazar al padre tico del misterio y del asombro ante lo maravilloso,
cuando se asoma a la ventana de un sexto piso. La ver- donde se puede soñar con ser músico o Cristo a un
dad la pone el hombre (cada uno la suya); la poesía, mismo tiempo, donde se puede aprender a escuchar
el poeta. Las memorias recuperan la fase de apren- los sonidos del piano o los gritos de los cerdos en la
dizaje, crecimiento, conocimiento y maduración. De tahona. Lo extraño convierte lo conocido en descono-
niño, la realidad es velada; mordida la manzana, to- cido, incluido el propio cuerpo o la visualización del
dos los caminos de la tierra se abren para nosotros. sexo femenino, que lo hace distinto, otro, axis mundi.
Jorge Urrutia recorre el suyo en busca de su propio Son días lentos en los que, bajo nubes que pacen por
«pabellón dorado», que solo se alcanza si tiene el res- el cielo, va a saber de la huella de Caín en el mal por el
plandor del hogar de la infancia, una vez que se ha re- mal, en la condición inhumana del ser llamado huma-
corrido la inmensa mayoría del trayecto. No se trata no, en algo que hoy es, desgraciadamente, un tema de
de volver a un paraíso perdido ni es cuestión de sau- actualidad: el acoso escolar; o aquella otra visualiza-
dade, sino de reafirmarse como constructor de histo- ción del esperpento macabro de la silueta crística de
rias. La memoria consuela al escritor como medicina un borracho o guiñol grotesco, llevado sobre los hom-
que calma. bros de los dos ladrones por las calles del pueblo.

Somos la caligrafía viva de nuestra intimidad, la letra La infancia es, por tanto, la etapa en la que es posible
y la sangre de nuestra identidad. Escribir es escribir- ver lo que es imposible ver. También se puede sentir,
nos, contarnos. Y un escritor no usa la lengua materna adentro, por primera vez, lo que es invisible. Las fron-
ni paterna, sino la suya propia, encontrada en lo más teras de la realidad se desdibujan por la imaginación,
hondo de la mina del lenguaje, la que le hace dueño que construye un mundo posible de imposibles, como
de un tono personal e inconfundible, como el de Jorge la espeluznante figura del demonio, vista solo por el
Urrutia en De una edad tal vez nunca vivida. niño entre los sutiles visillos de la fantasía: todo el que

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ha sido niño ha sentido alguna vez los ojos del diablo la certeza de que su vocación no es celestial. Las letras
clavados en la nuca. El fin de la infancia es la pérdida le llaman y a ellas acude. Empiezan los años universi-
de la inocencia por el advenimiento del conocimiento tarios, los de Filosofía y Letras. La edad ligera, II es la
y la responsabilidad, lo que le hará distinguir entre el declaración implícita de hacerse dueño de su tiempo,
bien y el mal, quedando solo ante sí mismo y ante las de dejar constancia de la voluntad de tomar las rien-
simbólicas fieras que acechan tanto como la realidad. das de la vida desde la conciencia y la lucidez de la me-
Se trata de una diferencia fuertemente marcada a fue- moria. Recordar es volver a lo vivido, recreado a otra
go por una estricta educación religiosa —impositiva luz, ya de otro modo. No es la pintura de un retrato ni
en el colegio Portaceli—, donde Dios rige el compor- los sonidos del lenguaje de aquellos tiempos. Estas
tamiento del niño, el mismo que va descubriendo que páginas son una verdad íntima que fluye por las ori-
el Creador es vengativo y justiciero, y que sus acóli- llas del olvido, unas aguas en las que el protagonista se
tos, los curas del internado, tiranos que rapan al cero bañará, en el río del recuerdo, la acción voluntaria de
a los desvergonzados. Son años, además, en los que se colorear el blanco y negro del pasado. Atrás han que-
aprende el sabor amargo del fracaso y de la derrota, la dado la puerta del cielo, el pecado y las dudas, y más
íntima y la ajena; el espectáculo de la pobreza, con sus lejos aún la inocencia del sol de la infancia. La niñez
miserias y su vivir sin nada, que convive con el trasie- se abre paso para alcanzar al joven seguro de no que-
go diario del vaivén de la vida. rer entrar en el noviciado y que, como un brote verde,
crece decidido hacia la luz y hacia el rompimiento de
Y de la vida en el pueblo a la vida en el campo, en el los límites de lo conocido. Más tarde, crecerá en él el
cortijo Micones, donde ve a su madre ir y venir entre amor y la muerte, a partes iguales, en el parterre de los
las flores del jardín, donde la verá separar unas varas últimos nardos de noviembre.
de nardos, esas plantas con flores blancas —las más
importantes de su vida—, las que recordarán que el
amor, si es amor, nunca muere; esos nardos que ten-
drán como destinataria, muchos años después, a Lilí.
El primer libro de memorias termina con la emoción
quijotesca del que va a ver el mar por primera vez,
donde se topa con un extraño animal que anda de for-
ma peculiar: es el cangrejo. Con el paso del tiempo lo
verá caminando también por la sangre de sus más que-
ridos, convirtiéndolos en extraños, ajenos, hasta hun-
dirlos en las aguas del mar de la muerte y del silencio
último. Es el cáncer y su extraña manera de caminar,
ramificándose en forma de metástasis. Dice Cortines
que «en la fotografía el mar no es azul»; tampoco lo es
en la memoria; por eso es escritor de memorias, para
colorear los restos del pasado, para poner nombre a lo
inefable, incluso a la muerte, un «calambrazo» que se
corresponde, como si de un espejo se tratase, con la
misma sensación de sinsentido que sintió ante la no-
ticia de la parca el niño que fue quien esto escribe.
1 «Cualquier memoria es literatura (Memoria literaria y
El joven crece, le cambia la voz, se sabe distinto. Y su fe proceso de la creación)», Philologia Hispalensis XV/2 (2002),
tiembla. Ante la llamada, el poeta, tras la duda, llega a 46-69.

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Tilda Swinton en The Invisible Frame, 2009.
Fotografía: 3sat / Auswärtiges Amt / Filmgalerie 451 /
Goethe-Institut.
¿Quieres
ver su polla?
Euphoria, un retrato generacional
de los desnudos masculinos
en la pantalla

POR CRISTINA APARICIO

—¿Quieres ver su polla? (…) Es una pasada, ¿no?


La tiene enorme.

—No se sabe porque no hay nada más, no se puede


comparar con nada.

Así comienza uno de los momentos más icónicos


de Euphoria, la serie creada por Sam Levinson: con
una despreocupada conversación en la cafetería del
instituto acerca del aspecto y el tamaño del pene que
muestra la foto que Jules (Hunter Schafer) ha reci-
bido en su teléfono. Tras discutir brevemente sobre
ello, se rompe la cuarta pared y se produce un impas-
se narrativo para que Rue (Zendaya) pueda explicar
a cámara los tipos de fotopollas que existen. A modo
de presentación escolar, al estilo de los vídeos edu- Jacob Elordi en Euphoria, 2019.
cativos que forman parte de los programas de edu- Imagen: HBO / A24 / Little Lamb /
cación sexual en los institutos, la joven ofrece una The Reasonable Bunch.
lección magistral a unos pasivos adolescentes que
permanecen inmutables en sus pupitres. Rue mira
a cámara y expone su tesis: «Hay dos tipos de foto-
pollas, las que pides y las que no». Una exposición
que va acompañada de un pase de diapositivas que
ilustra este contenido; esto es, una rápida transición
de fotografías de miembros masculinos de variadas
formas y tamaños. El análisis de Rue no se limita a lo
cualitativo, aunque el dato que se aporta es bastante

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escalofriante —las fotopollas solicitadas solo repre- vo (un cuestionamiento a la moral establecida, una
sentan el uno por ciento del total que se reciben—, clara sublevación antipatriarcal y un desafío al estilo
sino que establece un modelo para categorizar es- de vida que esconde el sueño americano). Estas foto-
tas imágenes basándose en una cuestión de higiene. grafías estarán coleando hasta el final de temporada,
Este paréntesis dentro de la narración funciona, por pero no serán los únicos desnudos que viajen por la
un lado, como aclaración para que el espectador se red, ni tampoco los únicos que aparezcan en pantalla.
familiarice con los códigos que rigen el intercambio Al contrario: en Euphoria el sexo explícito y los fron-
de desnudos en la red; por otro, su función didáctica tales (masculinos y femeninos) serán una constante,
aporta herramientas para realizar un buen análisis una de sus señas de identidad. Pero no hay nada gra-
visual de este tipo de contenido, de la naturaleza de tuito en ello: Levinson busca restituir un equilibrio
estas imágenes y de la función que tienen en los dis- hasta ahora desajustado en la desnudez mostrada en
tintos contextos en que son consumidas. pantalla —y que históricamente ha derivado en la co-

El sonido de las diapositivas al pasar, la luz del pro- sificación de los cuerpos de las mujeres—, pero sien-
yector que deja la clase en penumbra y la elección del do fiel al retrato de la sociedad hipersexualizada en
noir como estilo para esta disección visual de los pe- que vivimos.
nes (al fin y al cabo hay una cuestión casi criminal en
el estudio de este tipo de imágenes) hacen de este mo- En 1975, Laura Mulvey, teórica de cine feminista,
mento uno de los más aplaudidos de Euphoria, una publicó el célebre artículo Placer visual y cine na-
serie que subvierte modelos de representación, que rrativo, donde analizaba la representación de la
se esfuerza por desentrañar la realidad juvenil desde mujer en el cine. En el texto, Mulvey explica cómo
una posición no normativa que asume su condición el inconsciente de una sociedad patriarcal inevita-
de presente en lo formal (la cuidada estética se acom- blemente estructura la forma fílmica de tal modo
pasa con la generación que retrata) y en lo discursi- que la manera de interpretar las imágenes siempre

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queda condicionada por la diferencia sexual. Son dado el contenido altamente explícito de sus imáge-
muchas las críticas que surgieron al que hoy es uno nes. Pero lo que resulta revelador en este asunto es el
de los documentos fundamentales del análisis fíl- hecho de que este contexto sea el apropiado para mos-
mico, pero es innegable que, en lo relativo al placer trar sin censura desnudos frontales masculinos; de tal
de mirar (inherente al acto de ver cine), sí existía forma que mostrar penes está dentro de lo pornográ-
—y existe— una mirada masculina dominante que fico o altamente hiriente, mientras que la desnudez
condicionaba —y condiciona— la representación en femenina no suele precisar de advertencias previas.
pantalla. Medio siglo después del análisis de Mul- A pesar de amoldarse a las condiciones impuestas por
vey, el audiovisual sigue reproduciendo una men- una cadena de televisión y sus regulaciones internas,
talidad sexista donde los desnudos masculinos son Levinson entra en este juego de hipocresías para, des-
la excepción (y el motivo de estudio), la cuenta pen- de dentro, dinamitar el sistema con un relato que ne-
diente, y los femeninos una evidencia más de que el cesita desesperadamente de todas sus pollas.

cuerpo de las mujeres sigue siendo el objeto de de- — ¿Qué te hace hombre? —
seo de las miradas masculinas.
Un hombre llega borracho a casa y empieza a mearse
Una doble moral que rige el sistema de clasificación en el recibidor. Su mujer y sus dos hijos adolescen-
audiovisual en países como Estados Unidos. Así, cada tes salen a ver qué está pasando y observan la escena
episodio de Euphoria viene precedido por la siguiente asomados a la escalera desde la planta de arriba. En
advertencia: «Este episodio contiene escenas violen- este momento se inicia una conversación a dos altu-
tas, explícitas y sexuales que pueden herir la sensibili- ras: la mujer y los hijos arriba, el padre con la bragueta
dad del público. Puede no ser apto para algunos espec- abierta y el pene fuera, abajo. Toda la escena se va a
tadores». Un aviso que quienes estén familiarizados resolver en esta disposición, con planos-contrapla-
con la serie pueden considerar totalmente pertinente nos que muestran esos dos niveles de altitud. Se trata

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de un momento crucial en la serie y que llega a mitad ción, de ridiculez (un plano picado que muestra a este
de la segunda temporada: el estricto y autoritario Cal señor borracho en horas bajas con la polla al descu-
(Eric Dane), el padre de Nate (Jacob Elordi), está con- bierto), en la escena con Jules la planificación del en-
fesando a su familia que se acuesta con otras perso- cuadre está diseñada de tal forma que su pene quede
nas, tanto mujeres como hombres. Que así es él, insis- en un oscurecido pero agresivo primer plano (con la
te, hombre al cien por cien. Una vez soltada la bomba, menor sentada detrás, sobre la cama, en un segundo
se abrocha la cremallera, para seguir detallando cómo término) asociando esta parte de su cuerpo con la do-
se siente, la decepción que ha resultado ser su vida y minación, una terrible realidad que es una cuestión de
la mentira en la que están viviendo todos. Esta con- poder. Tanto Cal como Nate (probablemente los dos
fesión no es nueva para el espectador que, desde los personajes masculinos más relevantes de la serie, con
primeros compases de la ficción, presencia uno de los la posible excepción de Fezco) están continuamente
encuentros sexuales de Cal (encuentro no, abuso, ya cuestionándose su masculinidad o sintiendo que son
los demás quienes ponen tal cuestión en entredicho.
Algo que se relaciona con la homosexualidad latente
en cada uno de ellos, y que se traslada a la pantalla a
partir de los desnudos masculinos.

En el segundo episodio de la primera temporada, la


voz en off de Rue (narradora omnisciente de la serie)
explica que Nate «odiaba estar en el vestuario y lo
espontáneos que eran sus compañeros cuando iban
desnudos. Cómo le hablaban con aquello colgando
entre las piernas. Hacía esfuerzo por mantener con-
tacto visual…». En ese momento, la imagen muestra a
un Nate que desvía su mirada hacia la entrepierna de
alguno de sus compañeros; el contraplano se convier-
te en esa mirada y la cámara subjetiva registra ipso
facto el pene que tanto evitaba contemplar. A cámara
lenta, con un acompañamiento musical a base de una
percusión con fuertes y rítmicos golpes (el tema que
se asocia a este personaje), la secuencia adopta la es-
tética tantas veces empleada para filmar espacios de
intimidad femenina (como vestuarios o fiestas de pi-
que se trata de una menor), además de estar al tanto jama), donde mostrar los desnudos era una cuestión
de la existencia de numerosas grabaciones con los de erotismo para el espectador, sin importar la lógica
«deslices» que de forma habitual lleva a cabo en su do- interna de la narrativa del momento. Nate también
ble vida. Ambas escenas (la confesión y el encuentro está en un vestuario, y su mirada es masculina. A su
sexual con Jules) tienen como punto de fuga el pene alrededor, otros hombres desnudos que se mueven
de Cal, que ocupa un espacio significativo que no se por la estancia dando saltos con aquello subiendo y
limita al encuadre: se trata de asociar la masculinidad bajando, da como resultado una imagen que se sitúa
(tal y como la entiende el personaje) a esa parte de su en las antípodas de la erótica idealizada de las escenas
cuerpo que es, a su vez,la que le hace vulnerable. Pero similares protagonizadas por mujeres. Levinson vuel-
que esto no nos lleve a error: mientras que en la esce- ve a este momento (al vestuario) en el último episodio
na de la confesión existe una connotación de humilla- de la segunda temporada (la última hasta la fecha),

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con un número musical dentro de la obra de teatro lo que el hombre tiende a mitificar. Y aquí, ante todo,
que se representa en el instituto y que está basada en lo importante es el encuadre.
las vidas de los protagonistas. Este momento metaci-
nematográfico recrea, de alguna manera, la escena de Ya lo explicaba Rue en su pedagógica presentación
Nate en el vestuario a pesar de que quien ha escrito sobre las fotopollas: no es tanto lo que se muestra
la obra no ha podido acceder a los pensamientos que como la forma en que se muestra. En el flashback del
la omnisciente Rue expresaba al principio de la serie. club de striptease hay una voluntad consciente por
Se evidencia así la notoria pulsión homosexual que no convertir este momento en un desfile de mujeres
tan fuerte e inconscientemente autocensura Nate. A desnudas. Si se analiza minuciosamente la secuencia
ritmo de «It's Raining Men», en mitad del escenario, se observa que son pocos los pechos que se muestran
sudorosos adolescentes se rozan en un erótico baile y que la mayoría de las mujeres que hay en el came-
que culmina con la construcción de una enorme polla rino o sobre el escenario están vestidas. A lo largo de
(compuesta por un saco de boxeo y dos grandes puffs) la serie, el tiempo que duran los desnudos en pantalla
que ridiculiza la homofobia de quienes abanderan obedece a algún fin narrativo. Las imágenes de los ví-
una masculinidad que reprime sus instintos pero en- deos porno a los que hacen alusión los personajes —o
diosa sus falos. que ellos mismos consumen— suelen introducirse en
la narración con un montaje tan rápido y acelerado
que cuesta identificar lo que muestran con nitidez
(algo que favorece también cierta distorsión al agran-
— El tamaño no importa, el encuadre sí — dar, pixelar o fragmentar las imágenes de los vídeos
sacados de la red). Su presencia queda justificada por
Lo verdaderamente complejo de una propuesta como Rue, quien pide a los espectadores no escandalizarse
Euphoria está en transitar la fina línea entre la sub- y comprender que los intercambios de nudes y vídeos
versión (o la denuncia) y la legitimación. O dicho de sexuales son una práctica habitual en su generación.
otra manera, proponer un relato que sea capaz de no Incluso una de las subtramas de la ficción aborda los
alinearse con aquellas estructuras, modelos o ideas fetiches sexuales y cómo las plataformas y redes so-
que precisamente intenta destronar. La segunda ciales proporcionan un amplio canal de difusión y
temporada de la serie comienza con un flashback que acceso a todo tipo de contenido sexual. Es descomu-
muestra a la abuela de Fezco (Angus Cloud) en su ju- nal y es aterradora la cantidad de contenido explíci-
ventud. Principios de los ochenta; una mujer entra, to (extremo) que viaja en cuestión de segundos a los
pistola en mano, en un club de striptease. Avanza por smartphones que están en manos de adolescentes.
el local, atraviesa los vestuarios y llega hasta un despa- La pequeña pantalla de sus teléfonos es la entrada a
cho donde una de las chicas está haciéndole una fela- otro mundo más carnal y físico, menos íntimo y pri-
ción a un tipo. La mujer del arma se planta delante del vado. O, quizás, este apéndice es ya una extensión de
hombre, que queda con la erección al descubierto en su propia vida, un espacio que, aunque no es seguro,
el centro del encuadre, y ella dispara. Dos veces: una proporciona un lugar en el que exhibir y mostrar la
bala en cada rodilla, dejando la polla intacta en medio parte de uno mismo que se tiende a ocultar. Antes de
de la carnicería. La mujer sale del club y se monta en Euphoria, Sam Levinson había filmado Nación salvaje
el coche donde está esperando el pequeño Fezco. Lo (2018), una película que ya adelantaba muchas de las
interesante de esta escena es lo que bulle debajo de cuestiones que están presentes en la serie. A pesar de
ella: una abuela que protege a su nieto de los daños fí- no mostrar desnudos (las leyes que se aplican a las pe-
sicos de su padre. El plano del pene erecto flanqueado lículas con distribución en salas son más estrictas que
por dos rodillas sangrantes es la imagen de la superio- para las obras que van directamente a plataformas de
ridad de quien empuña el arma, un acto que trivializa streaming), el eje argumental es el hackeo de los mó-

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viles de toda una comunidad (Salem), sacando a la luz
toda la actividad que se ha hecho con ellos. Todo tipo
de sexteo y contenido pornográfico pone de manifies-
to la hipersexualización de las relaciones, así como la
vida dual que permite el acceso a la red. Una dualidad
que en Euphoria forma parte de la narración, inci-
diendo en que lo público y lo privado están delante o
detrás de cada black mirror.

Levinson da una magistral lección al no caer en pa-


ternalismos, juicios o condescendencia a la hora de
ahondar en el retrato de una generación incapaz de
asumir la celeridad del mundo que le ha tocado vivir.
En medio de este frenesí visual, importa la manera en
que se componen los planos. Porque lo que se mues-
tra y lo que no, y la forma de mostrarlo, no es algo ar-
bitrario ni trivial. Romantizar un desnudo femenino
(como tradicionalmente ha hecho la ficción televisi-
va) o mostrar la vulnerabilidad masculina a partir de
un pene eWrecto de un hombre en horas bajas son dos
posturas antitéticas que sustentan discursos opues-
tos. Euphoria, claramente, se alinea con el segundo de
ellos: con el que busca aniquilar un sistema de mascu-
linidad dominante, el que cuestiona la moralidad con-
servadora aún vigente, desafía la mirada masculina y
la forma en que aún se cosifica a las mujeres.

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La fuente de la juventud, Lucas Cranach el Viejo, 1546.

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Alas líquidas:
sobre la natación
POR MARILENA DE CHIARA

Cómo empieza el mar tiene comienzos infinitos.

Alice Oswald, Nobody

En la médula del movimiento —exacto y medido—


agua y piel se funden, los poros se licuan en la corrien-
te íntima que articula las brazadas e impulsa los gol-
pes de las piernas. El cuerpo todo alberga el equilibrio,
mecido por el balanceo de la respiración que —exacta
y medida— señala el doble aliento, aéreo y líquido. Y
así los músculos todos conspiran para sostener la ten-
sión y dibujar la danza de los estilos que —exactos y
medidos— graban el vuelo sin peso: la ceremonia de
la natación.

«En cuanto el nadador toca el agua, ya no hay nadie


más», escribió Charles Sprawson en su ya canónico
ensayo El nadador como héroe: «buena parte del en-
trenamiento del nadador sucede en el interior de su
cabeza, sumergido como está en el sueño continuo
de un mundo subacuático», en el ensueño que vibra
en la práctica de la natación. Porque antes de la pre-
cisión técnica y de la memoria muscular, antes del
salto intencional y de la respiración húmeda, nadar es
un ejercicio profundo de intimidad, en el borde entre
percepción y vivencia, allanado por la experiencia del
silencio azul. El gesto pulsante de la cabeza que se su-
merge y emerge, de los miembros que empujan y re-
lajan, acompaña la oscilación del pensamiento, com-
pletamente centrado en el cuerpo y a la vez libre en su
dinamismo fluido, desnudo y expuesto como la silueta
que acaricia la transparencia y la domina. Domar las
aguas es domar las olas internas, las intermitencias
del corazón, que son cuatro y exactas y medidas.

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— 1. Estilo libre — lencia con que flota / por encima de todo, / el mode-
rado y terco / esfuerzo de la espalda deslumbrante, /
La propulsión procede de piernas y brazos, empeines su extraña finitud entre infinitos / de arena y aire y
y palmas dialogan con el agua —eso es, la atraviesan y agua, / un cuerpo que en la luz clarea y fulge / siem-
se dejan atravesar, como insinúa la etimología de la pre igual a sí mismo, / rompiendo olas para unirse al
palabra diálogo (a través del logos). Los músculos ab- mundo, / mientras deja en su estela / un tributo de
dominales todos condensan el impulso y la espalda piel para los peces».
responde, firme y flexible, a la euforia del vuelo. Mi
cuerpo (y el tuyo) lo sabe y por eso sigue nadando:
«El salto en el mar reaviva, más que cualquier otro
acontecimiento físico, los ecos de una iniciación pe- — 2. Espalda —
ligrosa», recuerda Gastón Bachelard en El agua y los
sueños. Y el salto en la piscina renueva la repetición, Hay otra línea que guía el movimiento, está en el techo
la línea negra en el fondo como horizonte iniciático, que es cielo abierto y cerrado. Cuando la espalda vibra
señal del viraje que es lanzamiento espacial. por el contacto intermitente con el agua, el cuello li-
geramente arqueado orienta la posición de la cabeza,
Aún sueño con aquella línea, cuento las baldosas que acogida por la cuna espumosa. Y la mirada, punteada
la componen, las que la rodean, las que la separan de de gotas azules, reconoce las banderillas que anun-
ambos bordes del rectángulo perfecto donde se fusio- cian el viraje. El estilo libre se invierte, brazos y pier-
naban aire y agua. Nadaba y entrenaba cada día de la nas se abren hacia el paisaje sonoro. La expansión de
semana, en el amanecer leve de las estaciones; nadaba la espalda atenúa el golpe con el volumen de las olas,
y competía cada fin de semana, en la atmósfera de clo- cada uno de los músculos —trapecio, dorsales, rom-
ro y adrenalina, los oídos insonorizados en el gorro, boides, serratos, elevador y subescapular— late en la
la mirada azulina por el cristal de las gafas, el baña- arquitectura perfecta de la senda corporal, su reflejo
dor perfilando la elasticidad de mi cuerpo infantil. La abdominal la expone, estabilizándola.
memoria del agua permanece en los recuerdos de mi
infancia y adolescencia y ahora mismo, mientras me Para nadar hay que aprender a caminar en horizontal,
miro las manos en el teclado, escucho la voz de mi en- entregándole al agua las cargas anatómicas y men-
trenador: pega el meñique al anular, eres un pez, tus tales y emocionales. Prever el resultado del gesto y
escamas no pueden separarse. Recoge el agua con la posponer su realización hasta el momento preciso en
cuenca de la mano, protégela y ella te permitirá avan- que se produce la fusión: «nunca aprendimos nada en
zar. Y respira, dentro del agua, deja que entre, eleva absoluto / sobre natación, más solo / cómo postergar,
solo la mitad de la boca, un ojo dentro y uno fuera, uno tras otro, / sueños y pena, amor y gracia; / cómo
abiertos. sobrevivir en cualquier sitio», canta Mary Oliver en el
poema Clase de natación. Somos aprendices de hori-
Para nadar hay que aprender otra forma de mirar, zontalidad.
humedeciendo la retina con la opacidad de la espu-
ma, en la orilla donde el peso y su ausencia se en-
cuentran, flotando. También los ojos de quienes nos
miran desde la grada de la piscina o la playa del mar — 3. Pecho —
deben ensayar una perspectiva distinta, híbrida,
oblicua. Sobre eso tratan estos versos del poema «Ver La simetría es central: brazos y piernas entablan una
a Marta nadar», hermoso poema de José María Micó: conversación lúcida, si estas se recogen, aquellos se
«Miro la perfección de sus brazadas, / esa falsa indo- expanden, y al revés, en un baile pautado por la cabeza

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(que se eleva y se hunde) y articulado por pectorales, solidez porque es fusión con el medio líquido. «Cada
abdominales y dorsales, en la contención de trapecio agua posee sus propias reglas y dones. Su uso inexacto
y transverso. Empeines y plantas acercan y rechazan es difícil de explicar. Quizá signifique esa lucha eter-
el líquido en un ritual de seducción que las manos re- na por conocer la belleza, aproximarse a lo bello con
plican. En el medio, el agua. Fuera y dentro, variacio- exactitud», escribe Anne Carson en Norma enrevesa-
nes del silencio: «se da una concentración absoluta en da. Y sigue: «Cada agua está en un lugar correcto pero
el acto de nadar, en cada brazada, y al mismo tiempo la ese lugar vive en continuo movimiento, debes persis-
mente flota en libertad, queda absorta en una especie tir en su búsqueda procurando que te encuentre. En
de trance», escribió el neurólogo Oliver Sacks en uno cada brazada el movimiento se sumerge y remerge
de los ensayos de Todo en su sitio. Y la periodista Bon- una y otra vez».
nie Tsui, en Why We Swim (Por qué nadamos), afirma:
«Encontrar un ritmo en el agua es descubrir una for- Bibliografía
ma nueva de estar en el mundo, fluyendo».
Anne Carson, Norma enrevesada, traducción de Jean-
Para nadar hay que aprender a recolocar los pen- nette L. Clariond, Madrid, Vaso Roto, 2025.
samientos, cada uno en la fracción de piel que le co-
rresponde, para que el cuerpo se deslice, sin luchar Bonnie Tsui, Why We Swim, London, Penguin Ran-
en el elemento nuevo que produce el encuentro. En dom House UK, 2020.
Penélope y las doce criadas, reescritura de la Odisea,
Margaret Atwood da voz así a la madre de Penélope: Charles Sprawson, El nadador como héroe, traducción
«El agua no ofrece resistencia. El agua fluye. Cuando de Lorenzo Luengo, Madrid, Siruela, 2023.
sumerges la mano en el agua, lo único que notas es
una caricia. El agua no es un muro sólido, no te puede Gaston Bachelard, El agua y los sueños. Ensayo sobre
detener. […] No lo olvides, hija mía. Recuerda que eres la imaginación de la materia, traducción de Ida Vitale,
mitad agua». Pues nadar es la huella de nuestro origen México, Fondo de Cultura Económica, 2003.
amniótico, la comunión con el primer latido.
José María Micó, Primeras voluntades, Barcelona,
Anagrama, 2020.

— 4. Mariposa — Margaret Atwood, Penélope y las doce criadas, traduc-


ción de Gemma Rovira, Barcelona, Salamandra, 2020.
Los brazos dibujan un círculo continuo, los pies uni-
dos ondean, guiados por el compás de la cadera, como Mary Oliver, Devociones, traducción de Andreu Jau-
ave acuática, fénix que en un tiempo de Planck infini- me, Barcelona, Lumen, 2025.
to muere y resurge. Una definición de la belleza es el
estilo mariposa. Congrega elegancia y fuerza, ligereza Oliver Sacks, Todo en su sitio. Primeros amores y úl-
y firmeza en la fórmula de intención y reacción que timos escritos, traducción de Damià Alou, Barcelona,
todo el cuerpo imprime en la materialidad del agua, Anagrama, 2020.
con cadera y piernas de delfín, tronco de gato, brazos
de mariposa, cuello de cisne —la fusión imaginativa
de la velocidad entre especies.

Porque para nadar hay que aprender a desear una be-


lleza propia, la belleza que es pérdida de estabilidad y

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Greta Garbo, 1935. Fotografía: Getty.

Irse como
Greta Garbo
POR RUBÉN DÍAZ CAVIEDES

Antes respondía al teléfono, aunque fuera para res: todo el mundo sabe que Garbo lleva una vida ro-
decir que no. Ahora ya ni eso. Greta Garbo, la mayor mántica, ejem, un tanto desordenada. En las colum-
estrella de cine del momento, ni siquiera tiene má- nas de los tabloides se insinúa todo eso y alguna cosa
nager: el último se retiró hace años y desde entonces peor. Por ejemplo, se cuenta que el Departamento de
no ha contratado uno nuevo. Solo contesta por carta, Inmigración ha empezado a recibir cartas pidiendo
si acaso contesta, y siempre para decir lo mismo: que su deportación. Estados Unidos acaba de entrar en la
no, que no y que no. Veintiséis guiones han pasado ya Segunda Guerra Mundial y la actriz, que es de un país
por sus manos, veintiséis, y todos los ha rechazado. La neutral, no ha hecho nada por explicitar su lealtad a la
mayoría, con protagonistas femeninas de relumbrón: bandera americana. Ahí está Marlene Dietrich, mien-
Penélope en la Odisea, la Juana de Arco de Bernard tras tanto, que ha renunciado a la nacionalidad alema-
Shaw, un biopic sobre George Sand, otro sobre Sarah na e incluso ha viajado dos veces a Europa para actuar
Bernhardt, Marie Curie, Anastasia Romanov… Has- ante las tropas. ¿Es mucho pedir, acaso, que Garbo
ta Norma Desmond, la legendaria Norma Desmond haga como ella? ¿Que se ponga una falda cortita, son-
de Sunset Boulevard, se la ofrecieron a ella antes que ría un poquito y se deje abrazar por los soldados? ¿O
a Gloria Swanson. Ingrid Bergman, la otra sueca de es que debemos dudar de que apoya a la causa aliada?
Hollywood, ha ganado ya dos Óscar con papeles des- Quienes difunden estas maledicencias saben que dos
cartados por Garbo. Ni siquiera reacciona ante los de sus mayores personajes siguen vivos en la imagina-
directores europeos, por quienes siempre ha sentido ción popular: Mata Hari y Ninotchka. Una era espía al
debilidad. Wilder, Hitchcock, Cocteau, Lubitsch… servicio de Alemania en la Primera Guerra Mundial;
Ninguno logra sacar a la superestrella de su ensimis- la otra, agente soviética bajo las órdenes de Stalin.
mamiento. También es un hecho conocido que Hitler siente fas-
cinación por Greta Garbo.
Porque será ensimismamiento, ¿verdad? Será que
está endiosada. Quizá crea que ningún estudio puede Ella no responde, por supuesto. Ella no coge el telé-
pagarle ya el caché que merece. O tendrá mal de amo- fono ni al presidente de la Metro-Goldwyn-Mayer,

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como para replicar a cuatro reporteruchos patriote-
ros1. Además, sabe bien dónde empezó todo esto: con
Two-Faced Woman, la última película en la que par-
ticipó. Era una comedia romántica de George Cukor
en la que Garbo interpretaba a una mujer que se hacía
pasar por su propia hermana gemela para reconquis-
tar a su marido. Tras su estreno en 1941, la Legión de
la Decencia, una asociación ultracatólica con mucha
influencia en la época, le había asignado la califi-
cación C, la más severa de su escala, por su «actitud
inmoral y anticristiana respecto al matrimonio», sus
«escenas impúdicas» y su «vestuario provocador»2.
Y el arzobispo de Nueva York, Francis Spellman, se
había enfrascado en una cruzada personal contra la
película, consiguiendo que se prohibiera en su ciudad
y que se proyectara censurada en Boston, Chicago y
otras grandes capitales. Al final, la cinta tuvo que ser
retirada de las salas de cine y reestrenada a escala na-
cional sin las secuencias problemáticas, convertida en
un bodrio infumable que fracasó en taquilla y cosechó
unas críticas terribles, como era de esperar. En la re-
vista Time, por ejemplo, se decía que ver a la gran Gre-
ta Garbo en aquel esperpento «era casi tan chocante
como ver a tu madre borracha». La cita es literal3.

El escándalo trastoca la imagen de la actriz. Más que su


imagen, el aura sobrenatural que la envuelve, que tan-
to le ha costado fabricar a la Metro-Goldwyn-Mayer.
A sus treinta y seis años de edad, la intocable diosa es-
candinava, la enigmática estrella de escarcha, glamur
y terciopelo, ya no es tal: ahora es una celebridad co-
rriente. Es entonces cuando las cabeceras meramen-
te conservadoras, y no solo las puramente cristianas,
comienzan a ensañarse con ella, aireando sus rarezas.
Muchos lectores descubren que precisamente ella, la
actriz más cotizada de la industria del cine, nunca ha
ido a la gala de los Óscar, ni siquiera las cuatro veces
que ha estado nominada4. También trasciende que se
niega a firmar autógrafos, tomarse fotos y atender a
la prensa. Es más: las cartas de sus admiradores, que
llegan por sacos a su mansión de Beverly Hills, las tira
todas sin abrirlas. Sus vecinos dicen que solo sale a la
calle cuando llueve, bajo un gran paraguas acampana-
do que le permite pasar desapercibida. Se pone bolitas

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Greta Garbo durante el rodaje de
Anna Christie, 1930. Fotografía: Getty

51 Jot Down Magazine


Debe ser duro que te echen
de un lugar y que luego te
aplaudan por irte. Debe ser duro
vivir en un armario como el de
Greta Garbo, cuyas puertas no madre de ascendencia sami que limpiaba por horas en

dan a la pequeña parcela del las casas de los ricos. Uno de aquellos ricos, al parecer,
llegó a ofrecerse a adoptarla cuando vio las tremendas
mundo que tenemos los demás, dificultades que atravesaban sus padres para ponerle
un plato de comida en la mesa. ¿Frugal, aquel piso de
sino al mundo entero Nueva York? Frugal era la vida en Estocolmo en 1905.
Una vivienda como aquella, un sueldazo sin trabajar
y el anonimato que ofrecían las intrincadas calles de
Nueva York eran todo a cuanto una persona cabal po-
día aspirar.

Así veía el mundo Greta Garbo. Así pensaba. Lo sabe-


mos por sus amigos, o quienes decían serlo, muchos
de los cuales acabaron revelando sus confidencias.
Solo ellos conocen la dirección concreta de su casa,
de algodón en los oídos, como si tuviera una infección, en cuyo timbre no hay nombre ni distintivo. Solo ellos
pero solo son un pretexto para evitar entablar con- saben cómo conseguir que no cuelgue el teléfono o
versaciones. En los mentideros de Hollywood, donde que vuelva la cabeza por la calle: llamándola Harriet
solían apodarla la Divina y la Esfinge Sueca, tiene un Brown. Solo ellos saben que colecciona muñecas an-
mote nuevo: ahora la llaman Greta Garbage5. tiguas y libros de Peter Rabbit, que su loro sabe imitar
el sonido de un pedo y que el perro que más ha querido
Greta Garbo adquiere la ciudadanía estadounidense en su vida fue un chow chow llamado Flimsy. Son de-
en 1951. Cuando acude a firmar el acta al Servicio de talles, estos y muchos más, que aparecen en una serie
Inmigración y Naturalización lo hace cubierta con de crónicas por entregas publicadas por la revista Life
un velo negro y solo consiente que los reporteros le en 1955. Poco después, su autor, John Bainbridge, las
tomen una fotografía. Luego se deshace de su man- amplía y las publica independientemente con el título
sión de Los Ángeles y se compra un apartamento en de Garbo, la primera biografía de la actriz, que se con-
el número 450 de la calle 52 de Nueva York, donde vierte rápidamente en best seller6. Garbo corta la rela-
se dispone a vivir el resto de sus días. Aunque está en ción con varios de sus amigos, aquellos de quienes más
un edificio para gente con posibles, se trata de una vi- sospecha, pero no es suficiente. Uno de los mayores
vienda modesta, no, modestísima para una celebridad golpes se lo propina Cecil Beaton, modisto, fotógrafo
de su talla. Garbo ha invertido su fortuna y sus pro- y mejor amigo suyo, que se explaya sobre ella en sus
piedades en un fondo fiduciario y el salario mensual famosos diarios. Otro, Sam Green, un jovencísimo
que recibe a cambio asciende a varias decenas de mi- admirador con el que acaba trabando amistad, que
les de dólares de la época: si quisiera, podría vivir en resulta que graba las conversaciones telefónicas que
cualquier palacete del Upper East Side, no en un piso mantiene con ella a menudo7. Pero la peor traición, sin
de tres dormitorios con vistas a los muelles del East dudarlo, es la de la poetisa y dramaturga Mercedes de
River. ¿Es esta la nueva personalidad pública de Greta Acosta, que publica Here Lies the Heart en 1960. Se tra-
Garbo?, se pregunta ahora la prensa sensacionalis- ta de una autobiografía en la que repasa, con todo lujo
ta. ¿Quiere redimirse y presumir de frugalidad? Ella de detalles, sus romances y escarceos con algunas de
recibe estas críticas ya no con enfado, que también, las mujeres más deseadas de las últimas décadas: Mar-
sino con cierta incredulidad. Garbo se había criado lene Dietrich, Ona Munson, Isadora Duncan, Adele
en Södermalm, la mayor barriada obrera de Estocol- Astaire… y Greta Garbo, de quien dice que no fue una
mo, hija de un campesino metido a barrendero y una más. Aunque su relación acabó hace tiempo, es el gran

52 Jot Down Magazine


Según John Bainbridge,
Greta Garbo disfrutaba de
«un nivel de fama y adulación
que el mundo no ha concedido
amor de su vida. Incluso conserva las cartas que la ac- nunca a ninguna persona viva».
triz le ha escrito durante los últimos veintiocho años8.
Garbo le retira la palabra y no vuelve a verla nunca. Mercedes de Acosta afirmaba
La neblina en torno a Garbo se disipa con aquella
que «en ningún momento
revelación. Las piezas del puzle que era su vida em- de la historia del mundo una
piezan a encajar lentamente. Quizá acertemos más
diciéndolo con llaneza: aquello fue una gran caída del sola mujer ha influido tan
guindo. ¿O de verdad creía usted que aquella campa-
ña contra ella, la de la Legión de la Decencia y el ar-
profundamente en tantas otras»
zobispo de Nueva York, tenía que ver realmente con
Two-Faced Woman? Basta con ver la película: no tenía
nada de indecente, ni siquiera para el puritanismo y la
santurronería asfixiantes del cine de la era Hays. Lo
que tenía, eso sí, era un director homosexual, George
Cukor, y una mujer lesbiana en el papel protagonis- duro que te echen de un lugar y que luego te aplau-
ta. Quizá el público lo ignorara, pero era vox populi en dan por irte como si hubiera sido iniciativa propia.
las redacciones de los tabloides y en las sacristías. Él Debe ser duro vivir en un armario como el de Greta
había cedido a la presión, por no llamarlo coerción, y Garbo, cuyas puertas no dan a la pequeña parcela del
se había casado con una mujer poco después del es- mundo que tenemos los demás, sino al mundo ente-
cándalo (y luego, para probar su hombría todavía más, ro. Hasta los elogios deben molestar, como nos cons-
se había enrolado en el Signal Corps, el cuerpo de co- ta que le molestaban, cuando se hablaba de ella como
municación del ejército estadounidense). Lo peligro- si fuera una especie de iluminada existencialista, al-
so es que ella parecía decidida a no hacer lo propio, guien muy profundo, incluso una gran intelectual.
ni siquiera a mantener un sonado «romance», entre Con sus amigos, los pocos que le quedaban cuando
comillas, con algún soltero de oro del momento9. Peli- era mayor, bromeaba sobre aquella costumbre suya
groso, y no solo irritante, porque venía precisamente de ponerse bolitas de algodón en los oídos: decía que
de alguien tan sumamente famosa e influyente, capaz era para que no entrase el viento, porque tenía la ca-
de hacer que cundiera el ejemplo, sentar precedente y beza hueca.
quién sabe cuánto más10. Garbo, que en efecto aguan-
tó durante un tiempo, valorando la posibilidad de Greta Garbo murió en Nueva York el 15 de abril de
volver al cine cuando las aguas se hubieran calmado, 1990, con ochenta y cuatro años de edad. Y hasta muy
acabó rindiéndose o cansándose, eso qué más dará, y poco antes de aquello todavía salía a la calle. Decía
marchándose de Hollywood sin decir adiós. En otras que era su actividad favorita: caminar entre el gentío,
palabras: ellos ganaron y ella perdió. incluso seguir a personas al azar mientras hacían sus
recados por la ciudad. Un consejo: no la imagine como
Y lo peor de todo, quizá, es lo que ocurrió después: una viejita achacosa, porque no lo era. Todavía con-
que la fama no remitió. Que los meapilas y los salva- servaba aquella belleza tan suya, extraordinaria por
patrias, al triunfar, perdieron el interés por ella, pero mundana, y esa pose elegantona de los viejos póste-
ahora era admirada, hasta despertaba más fascina- res de sus películas. Lo atestiguan las fotos de los pa-
ción que antes, por haber abjurado del estrellato. Y parazzi, que todavía la retrataban de vez en cuando,
que la verdad no interesara a nadie, ni siquiera a las aunque guardando las distancias, y los testimonios de
personas bienintencionadas, por más que la hubie- quienes la reconocían, o creían reconocerla, al cru-
ran descubierto ya a fuerza de tanto hurgar. Debe ser zársela por la calle, fugaz como una aparición. Quizá

53 Jot Down Magazine


Javier Bardem en Jamón, jamón (1992).
Fotografía: LolaFilms.

tampoco debamos imaginarla enfurruñada, arisca, 8 Mercedes de Acosta cedió las cartas a la Biblioteca Museo
enfadada con todo: forma parte de esa leyenda de la Rosenbach de Filadelfia con la condición de que no vieran la luz
que ella siempre renegó. Y, a fin de cuentas, era una hasta diez años después de la muerte de Greta Garbo. En el año
actriz, la mejor del mundo, interpretando el papel de 2000, cuando su contenido fue revelado, se pudo comprobar
que no eran cartas de amor ni contenían pasajes subidos de
desconocida. Como les ocurría a sus vecinos de Nue-
tono, como parecía sugerir el hecho de haberlas sometido a
va York, tampoco nosotros sabremos nunca si aquella
embargo. Después del romance entre ambas, que tuvo lugar
era Greta Garbo o solo alguien que se le parecía.
en los años treinta, Garbo había pasado años rechazando los
esfuerzos de la poetisa por retomar la relación, hasta el punto
de llegar a pedirle expresamente que no le escribiera más
poemas. De Acosta no exageraba al afirmar que la actriz había
sido el gran amor de su vida, pero sí lo hacía al dejar caer, con
cierta ambigüedad, que el sentimiento era recíproco.

9 Todo parece indicar que Greta Garbo sí se avino a


disimular su orientación sexual durante sus primeros años
1 Aunque sí se refirió al asunto en privado. Al menos dos
en Hollywood, cuando todavía la comprometía su contrato
de sus grandes biógrafos, John Bainbridge y Barry Paris,
con la Metro-Goldwyn-Mayer. Es sabido que llegó a convivir
comentan que Garbo bromeaba sobre haber aprovechado la
un tiempo con John Gilbert, una de las mayores estrellas del
admiración de Hitler para asesinarlo personalmente. Sam
cine mudo, y que él le pidió matrimonio tres veces antes de
Green, el mayor confidente de la actriz, cita sus palabras así:
darse por vencido. También se dejó ver ante los fotógrafos con
«Hitler no paraba de escribirme e invitarme a ir a Alemania. Si
Leopold Stokowski, un famoso director de orquesta, aunque
la guerra no hubiera estallado cuando lo hizo, habría ido, habría
la mayoría de los biógrafos modernos dan por sentado que
sacado una pistola del bolso y le habría disparado, porque sería
tampoco fue un romance genuino. A lo largo de los años, la
la única persona a la que no habrían cacheado» (en David Bret.
prensa llegó a relacionarla con decenas de hombres, pero hoy
Greta Garbo: A Divine Star. Biteback Publishing. 2012).
tenemos claro que casi todos eran simples amigos y conocidos
2 Anón. «Spellman Scores New Garbo Film; Archbishop (y varios de ellos, también homosexuales). En la actualidad se
Warns Catholics That Seeing It May Be an Occasion of Sin». sigue recurriendo a estos ejemplos para intentar certificar que
The New York Times. 27/11/1971. Garbo, en lugar de lesbiana, era bisexual.
3 Anón. «Cinema: The New Pictures». Time. 22/12/1941. 10 Creemos no estar exagerando. John Bainbridge, su
primer biógrafo, decía que Greta Garbo disfrutaba de «un
4 Por sus papeles en Anna Christie (1930), Romance (1930),
nivel de fama y adulación que el mundo no ha concedido
Camille (1938) y Ninotchka (1940). En 1930, la Academia de
nunca a ninguna persona viva» (en John Bainbridge. «The
Estados Unidos todavía permitía a los nominados optar a dos
Great Garbo. A Candid Biography, First of Three Parts». Life.
premios en la misma categoría por dos películas estrenadas
10/01/1955). Mercedes de Acosta afirmaba que «en ningún
el mismo año (en la actualidad también pueden hacerlo, pero
momento de la historia del mundo una sola mujer ha influido
concurriendo en categorías distintas). Garbo acabó recibiendo
tan profundamente en tantas otras mujeres» (en Mercedes de
el Óscar honorífico en 1955, cuando su retirada se daba ya por
Acosta. Here Lies the Heart. André Deutsch. 1960).
consumada, pero tampoco acudió a recogerlo.

5 En castellano, Greta Basura.

6 John Bainbridge. Garbo. Frederick Muller Ltd. 1955.

7 En total, unas cien horas de conversación. Son la fuente de


información primaria sobre las opiniones y la biografía privada
de Greta Garbo. La actriz cortó su relación con Green en 1985,
cuando intuyó que se estaba aprovechando de ella. En 1994,
Green depositó las cintas con las grabaciones en los archivos de
la Universidad Wesleyan de Middletown, Connecticut.

54 Jot Down Magazine


56 Jot Down Magazine
POR NORBERT BILBENY

Hannah Arendt murió justo hace cincuenta años, en 1975. Tenía


sesenta y nueve años de edad. Sabemos quién fue Hannah Arendt, pero
cuesta más decir qué fue Hannah Arendt. «Filósofa», sí, pero también
escritora. «Académica», sí, pero al mismo tiempo periodista. Yo me
quedo con que fue una pensadora de la política y del ser humano. Es de-
cir, entre lo público y lo íntimo, la politología y la antropología. Lo suyo
es ese estar «entre». Pensar entre la política y la moral; entre la revolu-
ción y el orden; entre el pasado y el presente. Pensar el ser humano y la
política como siempre, ambos, inter homines.

57 Jot Down Magazine


¿ Qué hubiera dicho Arendt al ver
a Elon Musk saludando brazo en
alto a lo nazi? Es seguro que no le
sorprendería encontrar elementos
totalitarios en la política de hoy, la Arendt pertenece a aquella generación impactada por
tercera década del siglo xxi. Estamos el nazismo y el estalinismo. Vamos a recordar algunos
nombres de dicha generación de la mitad del siglo xx.
en plena revolución conservadora En el ala conservadora, por utilizar un término valora-
tivo, figurarían, entre otros: Karl Popper, Eric Voegelin,
Leo Strauss, Raymond Aron, Isaiah Berlin, Friedrich
von Hayek, C. B. Macpherson. En el ala más a la izquier-
da: Jean-Paul Sartre, Maurice Merleau-Ponty, Simone
Weil, Simone de Beauvoir, Alexander Kojève, Norber-
to Bobbio y la misma Arendt, sin ser una izquierdista.
A mi juicio, esta generación de la posguerra es la más
fructífera e interesante del pasado siglo. Tiene que
explicar, y explicarse, por qué el liberalismo y el mar-
xismo acabaron en dictaduras mortíferas. Después de
1918 la mayoría de los nuevos estados democráticos re-
— La generación política de Hannah Arendt — sultantes de la guerra evolucionaron pronto a regíme-
nes autoritarios y al totalitarismo. Y después de 1945,
Ante este carácter intermediario de su obra y tam- Europa queda partida en dos y el mundo en dos frentes
bién de su vida, no puedo menos que asociarla con opuestos. Arendt y otros tienen que razonar el porqué
otras pensadoras y escritoras de su tiempo: Simone de ambas derivas. Casi como Platón tuvo que razonar
de Beauvoir, Simone Weil, Susan Sontag, Joan Di- por qué de la democracia se pudo pasar a la demagogia
dion, Oriana Fallaci… En Estados Unidos a este tipo y a la misma condena de Sócrates.
de autores se les llama public intellectuals. Y ante la
doble condición de Arendt como escritora política y En mi propia lectura de la filósofa, lo que más me ha
periodista, yo la asocio también con algunos hombres interesado de ella son dos reflexiones: sobre la banali-
de su tiempo: Arthur Koestler (El cero y el infinito), dad del mal y sobre la importancia del juzgar o discer-
Elias Canetti (Masa y poder), Albert Camus, al que co- nir (no se confunda con el derecho) en la vida pública.
noció en París en 1952 (El hombre en rebeldía), George Sin olvidar sus acuciantes reflexiones sobre la verdad
Orwell (1984)… y la mentira en la política y la vida pública, tan actua-
les, por lo demás.
Pero como ella fue, ante todo, una filósofa de la polí-
tica, hemos de situarla entre estos mismos filósofos y Pero como lector de casi toda su obra creo mi deber
filósofas de su tiempo. El siglo xx ha tenido tres ge- destacar, por encima de su conjunto, el libro Los orí-
neraciones de teóricos de la política y de lo político, genes del totalitarismo. En este libro está Arendt al
yendo a la raíz de la primera. Hay una generación de completo. La escribe a partir de diferentes textos su-
la crisis europea, tras la Primera Guerra Mundial. Es yos sobre el nazismo, publicados durante la guerra,
aquella destacada, como uno de sus precursores, Max entre 1939 y 1945.
Weber, en rescatar lo social y lo político de entre las
ideologías. Sigue la generación de la posguerra mun-
dial de 1945, conmovida, como Arendt, una de sus in-
tegrantes, por el totalitarismo. Y acaba el siglo con la — La resistencia exterior al nazismo —
generación de la era tecnológica, que debe repensar
la democracia y la cultura política, por ejemplo, como Arendt publica dicha obra en 1951, es decir, en plena
hace Habermas. Guerra Fría, y en un año en que se producían la guerra

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de Corea, la guerra de Indochina, se firma el Tratado como Hans Kohn y Franz Neumann. Arendt critica
de París que da origen a la futura Unión Europea, y fue aquel régimen desde el fenómeno del antisemitis-
el año también en que Estados Unidos ensaya la bom- mo. Aunque no tendrá noticia de los campos de ex-
ba de hidrógeno. Mientras, en Alemania continúa la terminio hasta 1943. El impacto debió ser mayúscu-
llamada «desnazificación» y ve nacer una nueva cons- lo, como recoge el artículo «La culpa organizada»,
titución, con Adenauer en la presidencia del país. Por de enero de 1945 en Jewish Frontier. El terror se ha
otro lado, en Estados Unidos, donde vive Arendt, Tru- apoderado de Alemania, esa «administración del
man detenta la presidencia y el senador McCarthy asesinato en masa». El mismo horror con el que re-
continúa su «caza de brujas» anticomunista. accionan Thomas Mann («¡Oid, alemanes!») y Paul
Tillich en sus numerosas intervenciones por radio
Arendt tiene cuarenta y cinco años en ese 1951. Pero desde Estados Unidos condenando la dictadura. En
hagamos un pequeño repaso de lo que le precedió Camino de servidumbre (1944), el citado von Hayek
hasta la fecha. En 1929 conoce en Frankfurt a Adorno, realiza una parecida condena. Pronto, en noviembre
Horkheimer, Tillich, Mannheim… Buen elenco. Ya en de 1945, tendrá lugar el juicio de Núremberg contra
Berlín, entre 1931 y 1933, le reprochará a Horkheimer los jerarcas nazis. Sartre publica El engranaje (1948)
su seminario por excluir los estudios judíos. Al mismo describiendo con esta metáfora maquinal el estado
tiempo ella critica el antisemitismo, y al propio Martin totalitario.
Heidegger, su antiguo maestro y amante, el participar
en mítines nacionalsocialistas. Pero pronto es denun- Aunque de todas las reacciones antinazis la que más
ciada por un bibliotecario como sionista y metida en debió impresionar a nuestra autora fue la de su siem-
la cárcel por la Gestapo, junto con su madre y durante pre querido y admirado Karl Jaspers con El problema
ocho días. Intuye que hay que marchar de Alemania. de la culpa, de 1946. Él incluso tuvo que hacer fren-
te después de la guerra a sus compatriotas, debiendo
Su otro maestro, Karl Jaspers, le recuerda que ella es marchar a Suiza. Ella escribirá: «Lo que Jaspers re-
alemana antes que judía. Ella contesta que Alemania presentó entonces no era Alemania, sino la humani-
no es su patria, sino la lengua y la filosofía alemanas. tas en Alemania». Y a todo ello se debe añadir la obra
Añade: «Si una es atacada como judía, una debe de- Dialéctica de la Ilustración (1947), impresa en Ám-
fenderse como judía». Marcha pues de Berlín en 1933, sterdam, de los mencionados Adorno y Horkheimer,
tras el incendio del Reichstag y las detenciones pre- otra crítica de la «locura paranoica» del hitlerismo.
ventivas. Viaja sin papeles, pasando por Praga, Gine-
bra y recala en París, contactando con Brecht y Walter
Benjamin, entre otros intelectuales. Ella es otro Wan-
derer o caminante, como otros históricos alemanes. — Una obra clave:
Benjamin, acosado entre la Gestapo y Franco, se sui- Los orígenes del totalitarismo —
cida en los Pirineos en 1940. También a ella la policía
le pisa los talones. Huye en tren a Lisboa en enero de En este ambiente ella escribe Los orígenes del tota-
1941 junto con su esposo Heinrich Blücher. En junio litarismo. Poco antes de acabarlo, regresa en febre-
embarca hacia Nueva York con el manuscrito de las ro de 1950 a Alemania y se reencuentra en un hotel
Tesis sobre la filosofía de la historia de Benjamin y con Heidegger, expulsado de la universidad por nazi.
veinticinco dólares. Les ha facilitado el visado su pri- Tampoco, como Jaspers, será bien vista en su país. Su
mer marido, Gunther Stern. obra sale en 1951 y poco después, en 1952, ella será la
primera mujer en dar una conferencia en Princeton.
En 1941 ya se hablaba del totalitarismo entre in- Y ha obtenido la ciudadanía norteamericana, bien que
telectuales antifascistas exiliados en Nueva York, su inglés será marcadamente alemán.

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Toda su filosofía se basa en tres objetivos, ella misma En el espacio público queda claro que la primacía la
lo dice: comprender (el «arte de establecer distincio- tiene la política. Es una visión republicana. El ser hu-
nes»), resistir y esperar. Su libro trata de comprender mano nace y crece en la polis. No puede ser un abs-
lo que ha pasado, por qué ha pasado y «cómo aquello tracto «ciudadano del mundo». El que es forzado a
fue posible». Y como comprender es distinguir, distin- marchar de su país se convierte pues en un paria:
gue entre cálculo y pensamiento, fabricación y acción, ningún país responderá por él, no tiene derechos, ni
totalitarismo y democracia. Tres dualidades siempre el «derecho a tener derechos». En realidad, sostiene
presentes en ella. Más un pensamiento constante: la Arendt, los derechos humanos son ante todo los de la
política es la clave de un país, y la condición humana, pertenencia a una comunidad política. De ahí la im-
a la que remite la política, es política también. portancia del Estado-ley, del derecho. Hitler se bur-

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París, 2002. Fotografía:
François Le Diascorn / Getty.

do las ha desposeído del derecho más fundamental: el


de no ser excluido de los derechos que garantizan la
pertenencia a una comunidad política». Y en el caso
de los judíos alemanes, los «asimilados», en jerga de
la época, la causa de la expulsión de la comunidad y de
su exilio fue el totalitarismo.

El totalitarismo no es la dictadura. Es la fusión, para


Arendt, del terror con la ideología. La del racismo,
para Hitler, tras las ideas de Gobineau y de Rosen-
berg; la del patriotismo, para Stalin. Ambos predican
un «hombre nuevo», dando por supuesto que este es
un «hombre masa». Si el sujeto común, para el impe-
rialismo del siglo xix, era el «populacho», para el to-
talitarismo del XX será el «hombre masa»: gente no
preparada para la libertad de pensamiento y la políti-
ca. Escribe: «Los movimientos totalitarios son movi-
mientos de masa de individuos atomizados y aislados.
En relación a todos los demás partidos y movimientos
su característica más visible es su exigencia de una
lealtad total ilimitada, incondicional e inalterable del
individuo como un miembro». Ya Mussolini senten-
ció: «Todo en el Estado, nada fuera del Estado, nada
contra el Estado». De dichas ideas lo que sedujo a las
élites de entonces fue, según la filósofa, el «extremis-
mo en cuanto tal».

Sin embargo, el totalitarismo nazi no es para ella el es-


tado totalidad. Aquello que lo diferencia del fascismo
mussoliniano es la «dominación total». En el fascis-
mo y la dictadura lo privado queda aún «a salvo»; pero
en el totalitarismo se ha borrado. Todo está técnica
y policialmente «coordinado». Incluso la policía del
Führer y su partido, las SS y la Gestapo, están por en-
la de la constitución de Weimar y la mantiene como cima de la policía oficial nazi, las SA. El totalitarismo
papel mojado; Stalin no firma una constitución hasta es la negación práctica del estado, con la dominación
1936. del partido sobre aquel y el derecho. Más tarde, en
1964, rememorará Arendt el estado nazi como «la in-
El judío en Alemania o expulsado de ella es un paria, trusión de la criminalidad en la esfera pública». Mas
un apátrida forzoso, con una «humanidad superflua». hay para ella otro distintivo del totalitarismo nazi. El
Esto es, sin derechos, ni ese «derecho a tener dere- estado totalitario no es un brote espontáneo ni ines-
chos» como mero sujeto. «Millones de personas se perado: es un fruto de la historia de Occidente, a raíz
encuentran en situación de exilio sin jamás haber co- de la ideología antisemita y de la combinación de esta
metido un crimen, y la organización política del mun- con la persecución y el terror.

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Michael Clarke Duncan en The Green Mile,
1999. Fotografía: Castle Rock Entertainment /
Darkwoods Productions / Warner Bros.

En paralelo, Raymond Aron ve precisamente en los cribe en el citado artículo. Pensamiento que culmina
ideales y principios de la Ilustración europea y la re- en su libro póstumo, La vida del espíritu.
volución de 1789 la vacuna del totalitarismo, mien-
tras que otros —Adorno, Berlin, von Hayek— verán en ¿Qué hubiera dicho Arendt al ver a Elon Musk sa-
1789 y sus derivaciones, como el régimen jacobino del ludando brazo en alto a lo nazi? Es seguro que no le
terror, el nacimiento del virus totalitario. Pero Arendt sorprendería encontrar elementos totalitarios en
va más allá y, coincidiendo sin decirlo con Nietzsche, la política de hoy, la tercera década del siglo xxi. Es-
quien fue un claro enemigo del antisemitismo, sostie- tamos en plena revolución conservadora frente a la
ne que el germen totalitario se halla en las visiones francesa y la norteamericana de antaño. Observamos
universalistas cerradas de la humanidad: el mal to- la misma «banalidad del mal» que la filósofa criticó
talitario es querer reinventar al hombre y borrarle su en Eichmann en Jerusalén. Es decir: privatización de
condición natural de nacer y vivir en la diversidad de lo público, promoción de la mentira, censura de la di-
la comunidad política. versidad y el pluralismo, incremento del racismo y la
xenofobia, negación del Estado de derecho, violencia.
Tecnofeudalismo, capitaneado por tipos como Musk.
Ella seguiría insistiendo en la importancia del juzgar
— La responsabilidad personal — y ser críticos. Del «Atrévete a pensar» del viejo Kant,
en cuya ciudad, Königsberg, pasó Arendt su adoles-
La comunidad precede al individuo, pero el individuo cencia.
cuenta en y para la comunidad. La política es acción,
y una categoría necesaria de la acción política es la Todos los totalitarismos nacieron de una crisis de la
responsabilidad individual. Léase su artículo de 1964 democracia (Italia, Alemania) y del mismo socialis-
«Responsabilidad personal bajo una dictadura»: a mo (Unión Soviética). Hitler perteneció al soviet de
pesar de ser su autora judía y, antes, una sionista, no Múnich en 1918; Mussolini fue militante socialista.
concibe el sujeto político como «pueblo», sino como Confiemos en no estar asistiendo ya a un pretotalita-
persona. Por eso existe el compromiso del individuo rismo. La manipulación tecnocrática y populista que
con la vida pública. Estamos siempre ante el «riesgo nos hace siervos obedientes no deja de crecer. Debo
de la vida pública» precisamente como individuos. recordar unas palabras de Arendt en Los orígenes del
totalitarismo: «Los movimientos totalitarios suscitan
En la acción, más que en otra actividad, la persona ex- un mundo engañoso y coherente que, mejor que la
presa su ser. Muestra el modo de afrontar el «riesgo» realidad misma, satisface los deseos del espíritu hu-
inevitable pero grande que supone actuar y compro- mano; en este mundo, por la sola virtud de la imagi-
meterse con las consecuencias de sus actos. Con todo, nación, las masas desarraigadas se sienten en casa y
el individuo se salva en la acción, pese a sus riesgos, se creen ahorrar los golpes incesantes que la vida real
con la confianza en todos los demás. Su condición y las experiencias reales infligen a los seres humanos
es una condición política. ¡Esta es Hannah Arendt! y a sus ilusiones».
Una republicana humanista y viceversa. Por lo cual,
la cuestión de quién fue responsable del nazismo, si Mucha atención, pues. Porque el totalitarismo no se
una minoría o todo un pueblo, la zanja ella aseguran- opone a la democracia, sino a la libertad y el pluralis-
do que la responsabilidad fue de cada uno de los que mo. A pensar por uno mismo.
participaron. Y no solo porque obedecieran, sino por-
que apoyaron. Cada uno es siempre responsable en
último término ante su propia conciencia. «Mientras
vivamos habremos de vivir con nosotros mismos», es-

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HACKERS
GONNA
HACK
POR DIEGO CUEVAS

Ocurrió una tarde de junio de 1903, en Londres,


entre las paredes del abarrotado auditorio de la Royal
Institution of Great Britain y ante un público com-
puesto por gente ilustrada y expectante. Frente a los
asistentes, el físico británico John Ambrose Fleming,
uno de los progenitores de la electrónica moderna,
trasteaba con un misterioso cacharro efectuando
promesas que sonaban a brujería: establecer comuni-
caciones inalámbricas de forma totalmente privada.
Entretanto, a cuatrocientos ochenta kilómetros de
distancia, el ingeniero italiano Guglielmo Marconi,
pionero de la radiotransmisión e ideólogo de aquel Pero minutos antes de la hora en la que aquella de-
evento, esperaba en una cala de Poldhu, Cornualles, mostración iba a tener lugar, la luz de un proyector
sentadito junto a otro aparatoso mecanismo con an- de diapositivas que acompañaba a Fleming comenzó
tenas. El plan era sencillo: Marconi lanzaría una señal a parpadear tímidamente, evidenciando que la má-
wireless desde su ubicación, Fleming la recibiría en el quina receptora instalada con tanta fanfarria estaba
anfiteatro londinense y a los espectadores se les cae- recibiendo algo. El físico y su ayudante, Arthur Blok,
rían las eruditas pelotas al suelo al ver que era posible no tardaron en descubrir que se trataba de un código
enviar y recibir mensajes de forma absolutamente se- Morse tras el cual se escondía un mensaje confuso:
gura y blindada, a través de distancias acojonantes y «Ratas, ratas, ratas». O Marconi había descubierto
sin utilizar engorrosos cables como intermediarios. que en Poldhu tenían un problema serio con las plagas

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y se estaba agobiando ligeramente, o algún bromista
Laurence Mason, Angelina Jolie,
les estaba tocando las gónadas en público. Resultó ser
Johnny Lee Miller y Matthew Lillard
lo segundo, porque tras la conga inicial de insultos
en Hackers, 1995. Fotografía: United Artists / Suftley.
recibieron nuevos agravios coloridos, acusaciones de
engañar al público e incluso citas de William Shakes-
peare. El evento, anunciado públicamente como una
demostración de la rígida seguridad de las nuevas co-
municaciones, acababa de ser saboteado por comple-
to. Durante las semanas posteriores, Fleming expresó
su indignación con unas declaraciones en The Times

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donde etiquetaba lo ocurrido como «hooliganismo cerebro portentoso, facciones griegas, que supura ca-
científico» e invitaba a los lectores a otorgar pistas risma, compra el pan con criptomonedas, posee cuen-
sobre la identidad del boicoteador. El enigma se des- tas bancarias secretas en bancos apellidados Suisse y
tapó días después, cuando el mismo periódico publicó es incapaz de dejar de molar ni a la hora de obrar. Para
la carta de un mago llamado Nevil Maskelyne que se el ciudadano medio, y por culpa del cine, un hacker es
presentaba como perpetrador de aquella jugarreta. alguien que aporrea el teclado del ordenador como
si interpretase «El vuelo del moscardón» de Nikolái
Maskelyne llevaba un tiempo trasteando con la radio- Rimski-Kórsakov mientras observa una pantalla don-
transmisión y peleándose con las limitaciones de las de llueven caracteres esotéricos de color moco bri-
patentes wireless que Marconi había presentado dos llante. Para el adolescente estándar, un hacker son sus
años antes. El ilusionista incluso había sido contrata- huevos morenos cuando se enfunda la careta de Guy
do por The Eastern Telegraph Company para efectuar Fawkes de V de Vendetta y graba un TikTok amenazan-
tareas de espionaje industrial sobre tecnología ina- do con derrocar el gobierno de Corea del Norte antes
lámbrica, y erigido una antena de cincuenta metros de que su madre le diga que se le está enfriando la cena.
con la que pescaba alegremente transmisiones aje- Para los encargados de la ciberseguridad de cualquier
nas. Ofuscado ante la fanfarronería de vender aquel empresa boyante, los hackers son una banda de enca-
sistema como algo überseguro, Maskelyne no solo se puchados insensatos que suponen peligros serios.
desquitó a gusto mostrando públicamente la vulne-
rabilidad del invento, sino que también se convirtió Fantasías aparte, el hacker estándar es en realidad
en algo inesperado: el primer hacker de la historia, una criatura de aspecto lechoso, con un cuerpo mol-
una verdadera proeza teniendo en cuenta que aque- deado por una dieta donde los Doritos ocupan todas
llo ocurrió varias décadas antes de que existieran los las plantas de la pirámide alimentaria, abonado al
ordenadores. síndrome del túnel carpiano de manera crónica, po-
seedor de un círculo de amigos que se acota en el chat
de World of Warcraft y con una vida emocional tan
trepidante como para considerar que la relación más
— Hackers gonna hack — estable que ha tenido con una fémina son sus chácha-
ras con la Alexa de Amazon.
El término hacker posee dos acepciones distintas. La
primera de ellas apunta a aquellas personas obsesio- Este exótico ejemplar de informático amigo de rega-
nadas con la subcultura de la programación y el tuneo tear protecciones ajenas se clasifica además, tirando
electrónico, gente muy apañada que agarra aparatos o de gorros metafóricos, en tres subcategorías diferen-
sistemas para tratar de exprimirlos más allá de sus su- tes según la moralidad de sus aventuras. Los deno-
puestos límites. La segunda, más popular en la memo- minados sombrero blanco trabajan habitualmente a
ria colectiva, señala a los individuos capaces de saltar sueldo de empresas, rebuscando vulnerabilidades en
las medidas de seguridad informáticas de programas los sistemas de seguridad para que otros hackers no
o entidades, ya sea con fines maliciosos, para hurgar se cuelen a través de ellas. Los sombrero negro se de-
en vidas privadas ajenas o por mera curiosidad. dican a irrumpir y joder sistemas ilegalmente, ya sea
para sisar información, arramblar dineros, chanta-
La figura de este último tipo de hacker, el aficionado jear o simplemente tocar las pelotas. Por último, los
a burlar métodos de protección para colarse donde no sombrero gris se acomodan en un confuso escenario
debe, sufre de una mitificación graciosa por lo mutan- intermedio: son capaces de regatear las defensas pero
te que resulta según la naturaleza del espectador. Para ni lo hacen para sembrar el caos ni para alertar a las
el informático amateur, un hacker es un individuo de compañías sobre la fragilidad de sus protecciones.

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— Hack of fame — fueron el verdadero estado previo del hacker actual,
individuos que utilizaban silbatos encontrados en ca-
Al igual que ocurrió con Maskelyne, los hackers pri- jas de cereales, aplicaban ingeniería inversa y social,
migenios precedieron a la propia existencia de los pescaban manuales técnicos de los cubos de basura
ordenadores modernos. A principios de los años de las compañías, realizaban conexiones clandestinas
treinta, el trío de polacos criptólogos conformado en teléfonos públicos alejados de la mano de Dios o
por Marian Rejewski, Jerzy Różycki y Henryk Zy- ideaban cualquier treta imaginable para saltarse las
galski hackearon la famosa máquina Enigma con la restricciones telefónicas y realizar llamadas gratis.
que el ejército alemán cocinaba mensajes secretos. El objetivo para ellos no era realmente el lucro, sino
Utilizando aquel logro como punto de partida, en entender cómo funcionaba el sistema y localizar sus
1939 otro triplete de duchos de los números com- debilidades. Entre las filas de estos filibusteros te-
puesto por los británicos Alan Turing, Harold Keen lefónicos se encontraba gente tan pintoresca como
y Gordon Welchman construyeron el Bombe, un Dennis Terry, un disc jockey que emitía su propia ra-
cacharrete electromecánico capaz de descifrar los dio pirata; John Draper, apodado Capitán Crunch por
mensajes en código remitidos por el Tercer Reich. A utilizar para los hackeos de frecuencias un chiflo que
principios de los cuarenta, un auditor francés llama- regalaban los cereales Cap’n Crunch; y la alegre pa-
do René Carmille se abonó también al protohackeo rejita de tocayos Steve Wozniak y Steve Jobs, dos hi-
ético al sabotear de manera muy discreta, y durante ppies que acabarían fundando la empresa tecnológica
un par de años, las tarjetas perforadas que los nazis más pija del universo conocido. El asunto se puso tan
utilizaban para fichar a los judíos, evitando con ello serio como para que los amigos del phreaking comen-
que varias decenas de miles de personas fueran de- zasen a elaborar máquinas caseras, cajas con nombres
portadas a campos de concentración. Y en 1949, el de colores, capaces de emitir las notas adecuadas para
visionario matemático John von Neumann especuló provocar bonitos pifostios cuando había un teléfono
que los futuros programas informáticos podrían re- cerca.
plicarse a sí mismos, anticipándose de manera pro-
fética a la existencia de los virus informáticos favo- La irrupción de los ordenadores, las redes tejidas en-
ritos de los hackers. tre los mismos y el fenómeno revolucionario de una
internet global adobaron el caldo que cocería la en-
A la altura de los cincuenta, en el famoso MIT (Ins- carnación definitiva del hacker. Era de esperar, por-
tituto de Tecnología de Massachusetts), en el club que cuando un ordenador puede llevarte a cualquier
interno de modelismo ferroviario se acuñó la palabra puerta del planeta, tan solo será cuestión de tiempo
hack, junto a otros términos adoptados en el futuro que alguien decida presentarse delante de una de ellas
por los corsarios informáticos, mientras trasteaban y con una ganzúa. O con una bulldozer. La ciberdelin-
modificaban sus trenes de juguete. En 1957, un niño cuencia adquirió entonces un estatus glorioso, aviva-
de seis años llamado Joel Engressia, apodado Joybu- do por la popularidad de la película Juegos de guerra
bbles y dotado del superpoder de oído absoluto (la (1983), la cinta que, además de sembrar el concepto
capacidad de identificar notas de manera inmediata), del hacker entre la población, provocó la creación de
descubrió que se podían hackear las líneas telefónicas la National Security Decision Directive 145 (NSDD-
silbando un tono determinado en el auricular, inau- 145), una directiva sobre seguridad informática que
gurando con ello el deporte de riesgo conocido como Ronald Reagan emitió tras ver el film y quedarse con
phreaking. Una combinación de los vocablos «pho- el culo retorcidísimo.
ne» y «freak» con la que se evocaba el hobby de ma-
nipular, tirando de frecuencias de audio, las normas Entre el pueblo llano, los hackers más notorios se
de las redes telefónicas. Probablemente, los phreaks encumbraron como superestrellas que, tras cumplir

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condena, se convertían en expertos en seguridad, en en Toys R Us ante juguetes con funcionalidades onli-
leyendas o en ambas cosas a la vez. Kevin Mitnick es ne. Porque cualquier tipo de comunicación con la pér-
el sospechoso más habitual en estos recuentos, por- fida internet suponía un potencial butrón de entrada
que desde los dieciséis años decidió encarrilar todo para los amigos de husmear lo ajeno. El peligro del
su ingenio en la noble meta de colarse en entidades allanamiento wireless insinuado en el auditorio del
como la Digital Equipment Corporation o Pacific Bell Royal Institution londinense reaparecía así, un siglo
para robar passwords, software y leer correos ajenos. más tarde, para asentarse en un nuevo escenario te-
Convertido en fugitivo, su caza, captura y condena de rrorífico por suponer el nivel más inocente: el del ju-
cinco años de cárcel, junto a la prohibición de acer- guete para niños. La alarma social insinuaba que cual-
carse a cualquier tipo de ordenador, supuso un circo quier preadolescente confesándole sus crushes a una
mediático tan ruidoso y excesivo como para erigir al Barbie Malibú con conexión internetera podría estar
hombre como un cibermártir, un personaje antisiste- en realidad compartiendo información de su ubica-
ma que caía simpático entre las gentes. ción y entorno con algún orondo de Cheliábinsk más
interesado en acceder a cuentas bancarias familiares
Kevin Poulsen se hizo con el control de todas las lí- que en informarse sobre cómo le palpita la pepita con
neas telefónicas de una estación de radio para ganar ignotas bandas de k-pop a una chavala en la otra punta
un Porsche 944 S2 en un sorteo ideado por la emisora. del globo.
Un caprichito que lo convirtió en prófugo del FBI pri-
mero y usuario de instalaciones penitenciarias un po- A la larga, aquellos temores nunca llegaron a tomar
quito más tarde. Tras cumplir condena, Poulsen colgó forma y en su lugar otro drama aconteció a menor
el sombrero negro para redimirse como periodista es- altura, concretamente a nivel de cuna y en el ámbito
pecializado en seguridad digital y, de paso, rastrear y neonatal. Porque en el momento en el que las cámaras
exponer a más de setecientos depredadores sexuales para monitorear bebés comenzaron a conectarse a la
que acechaban a menores en MySpace. wifi casera sin ofrecer muchas medidas antipirateo,
dichos aparatos se convirtieron en campo de juego
El escocés Garry McKinnon se tiró trece meses hur- para mucho idiota con tiempo libre y ganas de putear.
gando en las entrañas de un centenar de ordenadores En la actualidad, rara es la temporada en la que no
militares, gubernamentales y de la NASA, borrando aparece una noticia en medios como CBS, The New
archivos, recopilando passwords y dejando mensajes York Post o The Mirror donde una pareja de padres
sobre lo mierdero del sistema de seguridad que firma- explica con cara de circunstancias cómo la inocente
ba como «Solo». Se trataba de un allanamiento con baby-cam, tras haber sido hackeada, ha despertado a
intereses magufos, pues el principal objetivo del hom- berridos al retoño o ha comenzado a escupirles barra-
bre era encontrar pruebas de la existencia de ovnis o basadas que sonrojarían al Maligno.
confirmar teorías conspiranoicas como la supresión
de la energía libre. La montó bastante gorda, pero las Entretanto, los verdaderos hackers se enfocaron en
depresiones y el asperger que padecía le libraron de otro tipo de pezqueñines. Porque ese mismo 2017 en
ser extraditado y encarcelado. el que el FBI se puso alarmista, un informático anó-
nimo pero muy cuco logró robar diez gigas de docu-
mentos confidenciales de un importante casino nor-
teamericano inventando el fishing, el truco de colarse
— Hack attack — digitalmente en la base de datos a través de una de las
peceras del lugar, aprovechando que el tanque estaba
En 2017, el FBI emitió un comunicado aconsejando a conectado a internet para controlar la temperatura
las familias vestir calzado de plomo al sacar la cartera del agua.

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En algún momento de 2016, un veinteañero llamado
Geoffrey Eltgroth fue detenido en Texas tras modifi-
car un panel de tráfico, que advertía sobre obras en la
carretera, para que luciese un «Drive crazy y’all». El
chaval declaró que lo hizo por los loles y que se limi-
tó a adivinar el nombre de usuario y la contraseña del
aparato. No era el primero ni será el último, porque la
vandalización de letreros digitales es absurdamente
frecuente, y las carreteras americanas han visto más
de tres anuncios en las afueras que exponían alertas
sobre dinosaurios como «Ataque de Godzilla» y «Viva
Trump» o rezaban «Si el tráfico apesta… es por tu cul-
pa, que te follen». En Serbia, un par de universitarios
hackearon un pantallón publicitario para jugar en él
al Space Invaders, pero tuvieron la decencia de avisar
al dueño de lo flojo de las defensas y aquel les obse-
quió con un par de iPad en agradecimiento.

En octubre de 2025, unos ladrones se colaron en el


Louvre para arramblar ocho joyas de la Corona de
Francia. La investigación posterior reveló que las qui-
nientas cincuenta cámaras de seguridad del museo
estaban protegidas por la contraseña «LOUVRE».
China, Rusia y Estados Unidos llevan años acusán-
dose mutuamente de ciberespionaje e insinuando
ejércitos de informáticos trabajando entre sombras.
Pero la verdadera jodienda que nos ha legado el mun-
do hacker era evidente con la dejadez del password del
hurto parisino: por culpa de tantos fisgones informá-
ticos ahora estamos obligados a recordar contraseñas
compuestas por ocho letras, dos números, un carác-
ter especial, una mayúscula, cuatro símbolos arca-
nos, tres onomatopeyas, algún bramido, doce huellas
dactilares, la composición de una muestra de nuestro
ADN y, al menos, una runa antigua.

69 Jot Down Magazine


Scarlett Johansson y Jonathan Rhys Meyers en Match Point, 2005.
Fotografía: BBC Film / Thelma Production / Jada Productions /
Kudu Films / DreamWorks Pictures.
LOS
SULLIVANIANS
LA FAMILIA COMO
CAUSA DE LAS
ENFERMEDADES
MENTALES
POR ANTONIO YELO

En los últimos años se han publicado y estrenado no caer en el trazo grueso, el experimento social que
varios libros, artículos, documentales y pódcast sobre nos ocupa debe ser colocado en su contexto histórico
los llamados «Sullivanians». Así se conoce al contro- y político. Y, sobre todo, es preciso analizarlo a la luz
vertido grupo de artistas y profesionales que, a finales de lo que entonces eran las teorías psiquiátricas y psi-
del siglo pasado, se estableció en el centro de Nueva coanalíticas preponderantes. Solo así ha sido posible
York para, con la ayuda de la psicoterapia, poner en aprender de lo que sucedió y evitar su repetición.
marcha un innovador modelo de convivencia. En esos
trabajos se afirma numerosas veces que se trató de Según la RAE, una comuna es un «grupo de personas
una comuna, incluso de una secta. Los autores del do- que viven juntas sin someterse a las normas sociales es-
cumental y de los libros se basan en las experiencias tablecidas». Y una secta es una «comunidad cerrada de
personales de quienes pertenecieron al grupo, y es in- carácter espiritual guiada por un líder que ejerce un po-
evitable que la carga de subjetividad sea alta. der carismático sobre sus adeptos». Lo que ocurrió en
aquel edificio del Upper West Side neoyorquino, donde
Las redes sociales y la polarización por ellas fomen- se establecieron los Sullivanians durante más de dos
tada nos han acostumbrado a simplificar y a escoger, décadas, cuadra en estas dos definiciones. Pero, si nos
de forma inmediata, un nombre para así clasificar en quedamos ahí, no entenderemos todo lo ocurrido. Hace
categorías todo lo ocurrido en el pasado. Esta rapi- cincuenta años, las teorías psicoanalíticas que dieron
dez reduccionista nos permite identificar en tiempo razón de ser a este grupo tenían prestigio intelectual
récord situaciones o fenómenos complejos, pero nos y eran respetadas por catedráticos y científicos. Esas
aleja de la comprensión profunda de los mismos. Para ideas, y la modernidad que las caracterizaba, atrajeron

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al grupo a artistas de renombre como el pintor Jackson El grupo, en su momento de máximo desarrollo, llegó
Pollock, el crítico de arte Clement Greenberg, el escri- a estar formado por más de cuatrocientas personas. El
tor y guionista Wes Craven, la cantante Judy Collins, la Sullivanian Institute for Research in Psychoanalysis,
coreógrafa Lucinda Childs y el novelista Richard Price. que los aglutinó, fue fundado en 1957 por Saul New-
Esto si citamos solo a los más famosos, pero también se ton y Jane Pearce. El objetivo principal de la organiza-
unieron otras personas con destacadas carreras profe- ción era experimentar nuevas formas de educación y
sionales: entre ellos, abogados, ingenieros y médicos. de convivencia para conseguir el bienestar mental de
Cuando se habla de una secta, es automático pensar sus miembros, lograr su máximo crecimiento como
que hay un líder carismático y omnipotente y que sus personas y exportar más adelante sus métodos al res-
miembros son personas incultas y fácilmente manipu- to de la sociedad. La idea de partida era la creencia de
lables; no era el caso. Al menos, no del todo. que la familia era la principal causa de las enfermeda-
des mentales.
La psiquiatría y la psicología en el siglo pasado utiliza-
ban métodos y perseguían objetivos muy diferentes a
los de hoy. La evolución de estas ciencias o especiali-
dades médicas ha sido grande. Hay que tener en cuen- Barbara Antmann, hermana de una mujer que formaba parte
ta que el siglo xx fue la época de las grandes ideologías de los Sullivanians, frente a uno de los edificios del grupo, 1988.
que pretendían transformar la sociedad. Fotografía: Marianne Barcellona / Getty.

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L os niños eran educados y atendidos
por el clan en su conjunto, nunca
por sus propios padres. Había que
impulsar el crecimiento personal,
y el apego maternal o la fidelidad la terapia psicoanalítica debía ser movilizar, sacudir,
conyugal eran los principales despertar al «guerrillero» que todos llevamos dentro
para que luche contra las estructuras que el orden ca-
enemigos de la realización completa pitalista y la represiva institución familiar nos habían
del individuo impuesto a lo largo de la historia. Newton y Pearce,
por ejemplo, defendían que había que romper la nor-
ma del psicoanálisis ortodoxo que sitúa al terapeuta
como «pantalla en blanco», como elemento neutral
en la terapia para que, de ese modo, se produzca la
transferencia del paciente. Ellos fomentaban una
relación más cercana entre las dos partes. El proble-
ma fue que, dentro de su forma radical de entender el
Saul B. Newton (1906-1991) formó parte del Batallón tratamiento, acabaron incentivando las relaciones se-
Lincoln de las Brigadas Internacionales y luchó en la xuales entre doctor y paciente, y el remedio terminó
guerra civil española. Previamente se había relacio- siendo peor que la enfermedad.
nado con círculos radicales de izquierda en la Univer-
sidad de Chicago y había adoptado la ideología comu- James Agee, esposa del famoso escultor Bill Bollinger,
nista y antifascista. Newton y Pearce se conocieron llegó al Instituto cansada de las «agobiantes» tareas
trabajando en el Instituto William Alanson White, de la casa y de pasar el día entero cuidando a sus hijos.
uno de los gabinetes psicoanalíticos más importantes Además, su marido bebía «demasiado» y la engañaba
de EE. UU. en aquella época. Ella era psiquiatra y él con varias mujeres. En la primera sesión de terapia
trabajaba en el departamento de contabilidad. New- con Pearce, mientras tomaban una copa de whisky,
ton nunca tuvo el título de psiquiatra ni de psicólogo. escuchó de su doctora lo siguiente como diagnósti-
Ambos eran admiradores de Harry Stack Sullivan, co: «Tu problema es que no eres lo suficientemente
uno de los fundadores del centro, que había desa- promiscua». Comparado con lo que había sido su vida
rrollado interesantes teorías sobre el tratamiento de hasta ese momento, experimentó, gracias a las pala-
enfermedades mentales basadas en el psicoanálisis bras de la doctora, algo parecido a «una explosión de
freudiano. Los métodos de Sullivan tuvieron cierto luz». El escritor Richard Price recuerda lo bien que lo
éxito con pacientes esquizofrénicos, una enfermedad pasó gracias a las divertidas fiestas y al compañerismo
que Sigmund Freud había considerado incurable. que había entre los integrantes de la comunidad. En
el grupo se practicaba el amor libre y se animaba a sus
Newton y Pearce publicaron un libro de 457 páginas miembros a romper de forma radical las relaciones
titulado The Conditions of Human Growth (Citadel con sus familias.
Press, 1963). En ese volumen, partiendo de las en-
señanzas de Sullivan, desarrollaban sus propias te- Los niños nacidos en el seno de la comunidad eran
rapias. Según los autores, su maestro había sido de- educados y atendidos por el clan en su conjunto, nun-
masiado escrupuloso y se había quedado corto en la ca por sus propios padres. Había que impulsar el cre-
aplicación práctica de sus ideas. Argumentaban, como cimiento personal, y el apego maternal o la fidelidad
crítica, que Sullivan había limitado sus objetivos a — conyugal eran los principales enemigos de la realiza-
lean atentamente, por favor— ayudar a sus pacientes ción completa del individuo. Entre los relatos más im-
a adaptarse a las exigencias de la sociedad. Había que pactantes está la historia de los Olitski. Jules Olitski,
ir más lejos: si lo que la sociedad exigía estaba equi- el prestigioso pintor, fue de los primeros en traer a su
vocado, había que cambiar la sociedad. En las páginas familia al Instituto: su mujer y sus dos hijas. En me-
de su libro se puede leer que el objetivo primordial de nos de un año, los cuatro —incluida la pequeña, de solo

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diez años— tenían su propio terapeuta, y las dos niñas estados creativos o reacciones excéntricas contra lo
dejaron de hablarse durante la mayor parte de sus vi- abusivo y coercitivo de la sociedad capitalista. Todas
das. Tal como lo cuentan ahora, el sufrimiento genera- estas teorías fueron un fértil caldo de cultivo para las
do entonces marcó muy negativamente sus vidas. ideas del Instituto de Newton y Pearce. Los ejemplos
de los doctores R. D. Laing y Bruno Bettelheim ilus-
A las mujeres se las animaba a liberarse y a experi- tran este ambiente intelectualmente favorable.
mentar con el sexo. Pero cuando dos integrantes del
grupo dormían juntas varias noches seguidas, podían Bruno Bettelheim, que había nacido en Viena en 1903
encontrarse con que alguien las había denunciado, y estuvo recluido en los campos de concentración na-
y eso traía como consecuencia una penalización. En zis de Dachau y Buchenwald, llegó a Chicago en 1941.
una de las casas donde solo vivían mujeres circulaba Ya en los EE. UU., se interesó por el tratamiento de
un vibrador, y llegó a haber una hoja de registro colga- niños autistas y consideró que el psicoanálisis era la
da en la entrada con las fechas y horas en que cada una mejor manera de curarlos. Llegó a utilizar la teoría de
de las inquilinas utilizaba el utensilio. De ese modo la «refrigerator mother» (madre nevera) para argu-
no se perdía; se sabía en todo momento quién era la mentar que la culpa o causa de la dolencia del hijo au-
última que lo había disfrutado. Una de las ideas de la tista estaba en la poca afectividad de su progenitora.
terapia de Newton y Pearce consistía en la desperso- Las teorías de Bettelheim fueron contundentemente
nalización (not-me experience). La interpretación que desacreditadas posteriormente.
dentro del Instituto se dio a este concepto fue que ha-
cer crecer y fortalecer la personalidad es siempre difí- El psiquiatra escocés R. D. Laing, en los años sesenta,
cil y produce malestar. Pero el esfuerzo valía la pena. defendió que el origen de las enfermedades mentales
Siguiendo con esa teoría, la separación de los padres, era social o familiar, por ser las instituciones tradicio-
aunque doliera, debía realizarse lo antes posible. Ca- nales de la sociedad fuentes de presión y alienación;
rol G., una de las pocas mujeres negras de la comuni- añadía que no tenían nada que ver con alteraciones
dad, tuvo que mandar una carta a sus progenitores químicas dentro del cuerpo y menos con la herencia
para romper con ellos. En el libro, Carol recuerda a genética. Llegó a desarrollar el concepto de «familia
Pearce revisando el contenido de la carta y mirando esquizógena». Para Laing, el desequilibrio mental era
por la ventana para asegurarse de que la echaba real- una manera de introspección o de creatividad, un ca-
mente al buzón. En uno de los libros se cuenta que mino hacia el autoconocimiento y no una enfermedad.
Saul Newton, en la época en que ya se había divorcia- Entendía que no hay una frontera definida entre salud
do de Pearce y tenía hijos con varias integrantes del y enfermedad mental y denunciaba que el afán de diag-
grupo, utilizaba ese argumento —que lo que genera nosticar como enfermos a los supuestos «locos» era
resistencia es bueno para crecer— para conseguir fe- una forma de control y manipulación por parte del po-
laciones por parte de sus pacientes femeninas. der. Defendía un enfoque humanista en la terapia, res-
peto a la experiencia del paciente y la creación de co-
En aquellos años, lo que luego se llamó «antipsiquia- munidades donde pacientes y terapeutas convivieran.
tría» tuvo muchos adeptos entre la profesión psicoa-
nalítica. Esta corriente defendía el origen social y Los resultados del experimento sullivaniano fueron de-
cultural de la enfermedad mental, negaba cualquier vastadores: varias decenas de mujeres y hombres de en-
origen biológico o genético y condenaba la medicación tre cuarenta y cincuenta años que hoy dudan de quiénes
y tratamientos como el electroshock, la lobotomía fueron sus padres y que sospechan que su personalidad
o el internamiento para tratar trastornos psíquicos inestable y su dificultad para establecer relaciones afec-
graves. Algunos teóricos llegaban a negar la existencia tivas duraderas pudieron tener su origen en la perte-
de las enfermedades mentales y las calificaban como nencia de sus progenitores a aquella comunidad.

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Estados Unidos, ca. 1948. Fotografía: Getty.

La psiquiatría y la psicología modernas están bas- generar un exceso de narcisismo por su parte (nar-
tante de acuerdo en que una personalidad madura y cisismo al que, afirma Shaw, los psicólogos son muy
equilibrada tiene como cimiento el desarrollo de la propensos).
conexión emocional; considerando esta como la ca-
pacidad para establecer relaciones sólidas de amor, Así termina Shaw su reseña:
confianza y amistad con los demás. Y que para que
esa capacidad se pueda adquirir es necesario que en la «Los psicoanalistas llegamos a creer hace décadas que
infancia se produzca un apego seguro del niño hacia nuestras teorías podían tener un poderoso efecto so-
sus padres o, a falta de estos, hacia una figura adul- bre la sociedad, que podíamos llegar a cambiarla y, en
ta de referencia que le aporte al infante lo que unos la época de Erich Fromm y Erik Erikson, estábamos
buenos padres. Si entendemos la intimidad como el convencidos de ello. El proyecto de los Sullivanians
ámbito donde se produce una comunicación sincera fue uno de los últimos resquicios de esa esperanza. En
y confiada, donde se da la expresión de sentimientos la actualidad, el alcance de nuestros objetivos profe-
y emociones y donde se comparten experiencias y de- sionales parece haberse vuelto mucho más modesto».
bilidades de forma segura, una mala familia puede ser
destructiva y perjudicial en lo referente al desarrollo Al final, después de casi setenta años, va a resultar que
de la personalidad, es cierto. Pero una familia buena el doctor Sullivan tenía razón. Para su desgracia, pa-
(del tipo que sea) puede apuntalar y cimentar esa per- sará a la historia por dar nombre a un grupo de cuyos
sonalidad necesaria para ser capaz luego de convivir e excesos no tuvo culpa alguna. Pero su criticado —por
interactuar en la sociedad adulta. Por eso hoy se habla poco ambicioso— objetivo, aquello de «ayudar a sus
de malos padres, pero no se descalifica de forma gene- pacientes a adaptarse a las exigencias de la sociedad»,
ral a la familia como institución. acabó siendo —hoy así se acepta— la mejor ayuda que
un psicoterapeuta puede prestar a un paciente.
El accidente nuclear de 1979 en la planta de energía
nuclear Three Mile Island, en Pensilvania, los prime- Bibliografía
ros efectos del sida en EE. UU. en los años ochenta
y, de forma secundaria, el fracaso de las sociedades The Fourth Wall: documental dirigido por Luke Me-
comunistas y la caída del muro de Berlín aceleraron yer y con guion de este último y de Keith Newton, hijo
el final de los Sullivanians. Poco antes, Saul Newton, del fundador del grupo (2023).
presa de su narcisismo, había perdido el autocontrol,
actuaba de forma autoritaria y lo calificaban en el gru- The Sullivanians: Sex, Psychotherapy and the Wild Life
po de womanizer (mujeriego): estuvo casado con cin- of an American Commune, de Alexander Stille (Farrar,
co mujeres y en los años setenta mantenía relaciones Straus and Giroux, 2023).
con un número de pacientes del sexo contrario im-
posible de calcular. Se llegó a acusar a Newton de in- The Sullivanian Institute/Fourth Wall Community, de
tentar abusos sobre algunas niñas del grupo, incluso Amy B. Siskind (Praeger, 2003). Nota: la autora nació
sobre sus propias hijas. La enfermedad de Alzheimer dentro de la organización y cuenta de primera mano
y la posterior muerte de Newton acabaron siendo el sus experiencias durante su infancia.
final definitivo del grupo.

Como dice el psicoanalista Daniel Shaw en su reseña


de 2013 del libro de Amy B. Siskind, la historia de los
Sullivanians es especialmente útil para que los psi-
coterapeutas sean conscientes del daño que puede

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TOUCH PARTY
POR VÍCTOR BALCELLS

Dirijo sin cesar al ausente el discurso


de su ausencia.

Roland Barthes

—I— «Totalmente» lo que me sumió en oscuras cavilacio-


nes. Yo era totalmente un amigo. Sin resquicios. Sin
La llegada de Queralt es inminente. Mi cuerpo tiem- posibilidad remota o factible de deseo: totalmente.
bla. Hemos catalogado los diferentes puestos de la Omnia sine amor. Durante días quedé contaminado
feria. Tras un intenso debate del club astrológico es- por la palabra. Cómo te encuentras, me preguntaban,
cogemos los stands que tienen mejor pinta. Queralt y yo contestaba: Bien... totalmente bien, añadía. La li-
me envía un mensaje y me desplazo a la entrada para teratura ha muerto, anunciaba mi compañero de piso
recibirla, tal vez de rodillas. Trato de mostrarme fir- en pijama, y yo desde el salón: ¡totalmente de acuer-
me, aunque amistoso. Al verla mis labios quedan des- do!, y en las fiestas, llegada cierta hora, empecé a decir
encajados. Aparece con un abrigo de pieles sintéticas. Creo que me marcho totalmente, o que Totalmente
Las botas de tacón la hacen más alta y los dos besos se me marcho, y de esa manera completa salía de inme-
producen en una nueva elevación de su persona que diato de las fiestas. Mi trabajo está totalmente acaba-
me asusta. Hay algún tipo de abrazo no del todo sólido do, anunciaba en la videollamada y apagaba el orde-
entre ambos. Cuando ella me dijo semanas atrás por nador ocioso, y estoy totalmente despierto, me decía
Instagram que me veía «Totalmente como un amigo» al abrir los ojos por la mañana encontrándome a solas
quedé obsesionado. No fue la idea del «amigo», sino el en la cama. En mi desgracia hay un motor. O varios. Y

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cuando finaliza nuestro abrazo totalmente amistoso y Tambaleante, salgo del quiropráctico y mis ojos bus-
desacoplado Queralt me mira un momento los labios can automáticos a Queralt, siendo yo su totalmente
—yo me pregunto por qué lo hace— y luego avanza- amigo extraviado, de hueso duro. ¡Queralt! Mi voz re-
mos hacia el interior de la feria. Distinguimos a nues- suena en los pasillos. Acuden las amigas del club as-
tras socias del club de astrólogas de Hospitalet por sus trológico para asistirme con inciensos, me depositan
coloridos cabellos. Rodean a un alemán con aspecto en una silla y me abanican. Canelita Planner toma la
de leñador que las mira desde las alturas. Lo vitorean. iniciativa a la hora de cuidarme, caído. Si yo pudiera
Canelita Planner, al frente, acaricia el sólido muslo. apenas rozar su mano, balbuceo en mi silla esquinada
entre delirios. Al levantar la vista doy con el perfil rojo
¿Quieres un análisis quiropráctico?, me dice el leña- de sus cabellos al otro lado de la sala. Me incorporo
dor germánico desde las alturas de su trono. envuelto en fuego. Canelita Planner trata de volver
a sentarme: los chakras están desalineados, anun-
Su musculatura dobla a la mía y su mirada acerada de cia; por el hombro me devuelve al asiento. ¡Queralt!,
ojos azules me traspasa. digo, de nuevo antiguo y polimorfo, resistiéndome al
empuje de Canelita. Ella está ahora con la tarotista,
Totalmente, le digo, hipnotizado por el aura, la camisa me dice Canelita. Y me acaricia el cabello como sue-
de cuadros, la bata de doctor apócrifo que calza, por la le hacer con los perros de la finca, esperando así cal-
que se intuyen mullidos los pectorales. marme. Vive con galgos, planea bodas sublimes por
Instagram, conoce los secretos de la astrología. Hace
Túmbate, me ordena. tres años que nadie me toca sensualmente, le confieso
derrotado.
Solícito me tumbo en la camilla. Percibo sus manos
que pinzan mis hombros. Gruñe. Siento parte de su Ahora yo te estoy tocando el pelo, dice.
pelo largo, suave, sobre mi nuca. Ojos cerrados, ma-
nos inertes. Y el leñador quiropráctico aquel me tocó antes el
cuerpo, digo.
Estás duro, anuncia.
¿Entonces?
No en el sentido muscular, precisa a continuación,
sino óseo. La mano de Canelita se siente aflojada, tibia en mi
cabeza como un esparadrapo chorreante. No siento
Como una piedra. que su mano me esté acariciando. No siento nada
amable. Se diría más bien que está fregando o lim-
Duro. La mano repasa el perfil de la columna hacia piando mi coronilla. A lo lejos veo a Queralt inclina-
arriba y siento sus dedos al desplazarse hacia mis da hacia la bruja. Si concentro mi mirada en su piel
clavículas. Solo te estoy abriendo, me dice. Me acari- puedo sentir con la mente que la toco a través de la
cia; no me frota ni me masajea. Siento su cabello en distancia.
mi nuca al moverse. Lo noto cuando respira sobre mi
cuello y, con su acento alemán, me dice, ahora serio:
Te recomiendo que vengas a mi consulta. Me aban-
dona a mi suerte en medio del ritual y me entrega, — II —
todavía yo parcialmente desnudo, una tarjeta con las
indicaciones por si en otro momento quiero concluir- En la Universidad de Wisconsin se llevó a cabo otro
lo en privado. estudio de separación con monos; los investigadores

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separaban a un mono bebé de su madre por medio — III —
de un tabique de vidrio. Madre e hijo podían verse,
oírse y olerse. Pero se les impidió el contacto. Su au- eHarmony, creado en el año 2000, fue uno de los pri-
sencia creó un vacío tan grave que el monito gritaba meros sitios de citas en línea en desarrollar y paten-
y se movía de forma frenética y sin pausa al otro lado tar un algoritmo de emparejamiento para vincular a
del cristal, según quedó registrado en desdibujadas los usuarios con parejas compatibles. El algoritmo
grabaciones en blanco y negro. En otro grupo de mo- original de eHarmony era relativamente simple para
nos, el tabique divisor había sido perforado de modo los estándares actuales. Emparejaba a usuarios según
que madre e hijo pudieran tocarse, lo que al parecer variables que se creía predecían la satisfacción en re-
era suficiente: en ese caso los monitos no sufrieron laciones a largo plazo. Al registrarse, el usuario debía
problemas de conducta grave. En su libro Historia completar una prueba de compatibilidad que incluía
natural de los sentidos, Diane Ackerman dedica una hasta 450 preguntas. Un dudoso estudio de 2009 pu-
parte al sentido del tacto. Señala, no sin desconcierto, blicado por Carter & Buckwalter determinó que los
que los receptores táctiles se adaptan a los estímulos matrimonios nacidos del algoritmo eHarmony tenían
para, a continuación, siempre, dejar de responder. mayor calidad que los matrimonios gestados lejos del
Una presión constante puede activar los receptores algoritmo. Poco después, en 2004, OkCupid empezó a
táctiles, pero su misma constancia estable los desac- ofrecer emparejamiento algorítmico + funcionalidad
tiva. Con las consecuencias fisiológicas y filosóficas básica de búsqueda, en lo que pareció un claro avance
que eso implica. Por lo que tendría que existir en la en la estancada ciencia de los algoritmos de empareja-
práctica un dinamismo del tacto a lo largo de la exis- miento, pero los resultados estadísticos no mejoraron
tencia, un cultivar constante del intercambio amable o siguieron falseándose. Los algoritmos primitivos de
por el contraste, para el mantenimiento del deseo, se eHarmony y OkCupid asumían que los usuarios sa-
hipotetiza. Y como práctica de la resistencia íntima bían precisamente lo que querían. El giro copernica-
de la comunidad frente al Estado o la corporación no se dio pocos años después con el lanzamiento del
surge la caricia. Por ello su desaparición o supresión iPhone y el surgir de las apps de citas en el móvil. El
resulta turbia. nuevo algoritmo de Grindr permitía a los developers
ofrecer recomendaciones de pareja basadas en el
A través de su web, Canelita Planner ofrece paque- comportamiento in app de los usuarios. Los algorit-
tes de boda tematizados que te permiten resaltar tu mos de filtrado colaborativo suponían una evolución
boda frente al resto de bodas. Si te gusta The Lord of que extirpaba de los usuarios el control de lo que su-
the Rings o Star Wars, es posible contratar un paque- cedía en pantalla. Y junto con la plataforma Tinder se
te para que el casamiento tenga un toque tematizado. fundó en 2012 Hinge, una aplicación de citas orienta-
De entre los añadidos opcionales que ofrecen los pa- da a relaciones a largo plazo. En Hinge, el algoritmo
quetes de boda de Canelita Planner existe la opción de de Gale-Shapley, de patente antigua, sofistica un poco
imprimir selectas tarjetas en chapa dorada sobre las más la selección automática al dar también prioridad
que se imprime el carmen 5 de Catulo, Vivamus, mea a la dirección del deseo del usuario. Sin embargo, es-
Lesbia («aunque amemos»), donde el narrador, devo- tudios revelaron que en la realidad de las apps de citas
to, entrega una cantidad cada vez más grande de be- la gente tiende a puntuar más alto: muchos usuarios
sos para su amada, hasta llegar a los incontables y las intentan conquistar a personas lo más atractivas po-
dimensiones fuera de todo cálculo y dimensión, en el sibles, no a quienes fantasiosamente consideran a su
orden último del tocamiento constante y contrastado nivel (Bruch & Newman, 2018; Dinh et al., 2021), por
de los amantes insaciables. Para que ningún malvado lo que los datos de aprendizaje están corrompidos.
envidioso sea capaz de embrujarnos cuando sepa que Así que sucesivos estudios han derivado hacia la ti-
nos hemos dado tantos besos. pificación cuasi fallida del universo fantasmal del de-

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seo para tratar de cifrarlo en algoritmos cada vez más Por la mañana el match había caducado.
complejos y disfuncionales. Los principales rivales de
Hinge, Tinder y Bumble se encuentran en fase de in- Todavía en pijama entré en Instagram e impulsado
certidumbre debido a la presencia masiva de bots y a por el onirismo de la noche o la convicción de mi pro-
un sistema cada vez más impersonal de conectar a las pia obsesión autonarrada en la mente abrí su perfil,
personas. Tinder dejó de utilizar el sistema de clasi- pasé al chat y después de cuatro años de silencio le dije
ficación ELO, basado en los torneos de ajedrez, para «He visto que hemos hecho match pero ha caducado».
clasificar a las personas a favor de un uso más sofis- Ella tardó todavía unas horas en contestar y lo hizo
ticado de un algoritmo basado en machine learning, escueta. «¿Nos citamos?», acabé pidiéndole. «Vale,
pero también positivista, clasificador, compartimen- pero yo te veo totalmente como un amigo», dijo. «¿To-
tador de las personas en espacios y jaulas. talmente?», dije. «Totalmente», dijo. Recuerdo que la
conversación ocurrió cuando yo estaba tumbado en el
sofá, a solas, de mi casa, y que nevaba al otro lado de la
ventana.
— IV —

Era la segunda vez que hacía match con Queralt. La


primera, en 2019, nos condujo a una serie de diverti-
das citas sin beso, sin tacto y, en esencia, sin cita que
culminaron en un opacado silencio, convirtiéndo-
nos ambos en incorpóreos storywatchers de Insta-
gram. Tres años más tarde, de nuevo swipeando por
la app me apareció ella con la misma foto de 2019 y
por el grato recuerdo y la secreta esperanza traté de
matchearla. Ella también me había escogido así que
hicimos match y entonces mi mente fantaseó con un
reencuentro totalmente físico y carnal, sin palabras
esta vez, después de los largos y serviciales discursos
de antaño. El match había ocurrido en la aplicación de
citas Bumble por lo que ella disponía de 24 horas para
abrirme el chat. Recuerdo que hicimos match por la
mañana, que yo había madrugado para ir a la piscina y
limpiar la casa antes de las rutinarias y sórdidas reu-
niones diarias. A lo largo de la jornada de trabajo y du-
rante el rato en el supermercado o caminando junto
a la autopista estuve comprobando el móvil para ver
si ella me decía algo. Llegó la hora de comer y se puso
el sol y alcancé la noche con una ensalada reseca con
brócolis y ella siguió sin hablarme. A lo largo de todo
el día soñé con un reencuentro febril y enamorado y
ya en cama repasé lo fantástica que sería nuestra cita,
evaluando los posibles restaurantes en los que se da-
ría, lo que nos diríamos, nuestra renovada disposición
a por fin conocernos.

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Dee Dee Ramone y Joey Ramone ca. 1977.
Fotografía: Getty.
«Jane Austen sabía que era
un genio. Todas las personas
geniales lo saben»
TEXTO Y FOTOGRAFÍA DE ÁNGEL L. FERNÁNDEZ

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AMPARO
LLANOS
La primera vez que escuché la guitarra de Amparo Llanos (Madrid, 1965)
no fue en un escenario ni en una entrevista, sino en una máquina recreativa
en cuyo videojuego de snowboard tenía como banda sonora la canción
«Loli Jackson». Después llegaron los discos, la devoción y esa forma tan
suya de hibridar rabia y luminosidad en una vibración que atravesaba a
toda una generación. Ahora, en el 250 aniversario del nacimiento de Jane
Austen, Amparo reaparece como una lectora apasionada, una estudiosa
minuciosa y, sobre todo, una intérprete íntima de una autora a la que define
sin titubeos como una diosa cercana.
He quedado con Amparo en su casa, donde los libros cubren todos los
espacios, para que me cuente dónde nace su fascinación por la autora in-
glesa y cómo ha sido el proyecto de recopilar y traducir sus cartas selectas
en Afectuosamente tuya. En cuanto empieza a hablar de Austen, despliega
una mezcla de entusiasmo, pudor y claridad que desmonta estatuas y de-
vuelve a la escritora inglesa su respiración cotidiana: la ropa que quería
comprarse, los bailes que frecuentaba, las comidas que preparaban en
casa. Esa humanidad —dice— es la que revela la genialidad. Una genialidad
que no baja del Olimpo, sino que brota de la vida común.
85 Jot Down Magazine
«Quienes somos devotos y
devotas de leer cartas y diarios
de personajes famosos sabemos
que ahí está la gracia: que la
genialidad es humana»

En el prólogo hablas con mucha admiración de la sea así. Yo he leído en muchas ocasiones de mi vida
diosa Jane y de la tensión entre la figura mítica y la las novelas de Jane Austen como un refugio, como un
mujer real. ¿Cómo has equilibrado esa mirada doble consuelo, como una evasión. La lectura de evasión la
al trabajar sobre cartas tan íntimas? encuentro maravillosa. Para eso son las novelas, para
Porque en realidad es muy fácil, las cartas te llevan a evadirse con la imaginación.
una Jane Austen real. No hay manera de engañarse.
Es una Jane que habla de la ropa que quiere comprar- Las cartas tienen de bueno que te hacen apreciar
se, de los bailes a los que va, de la vida doméstica, de cómo una persona como tú y como yo, como somos
las comidas que preparan en casa. Lo explico en el todas y todos, puede tener a la vez la capacidad de
prólogo. Ese desconcierto de los primeros críticos crear mundos. Y ese don, casi divino, que lo tienen
que la adoraban y que no sabían cómo enfrentarse poquísimas almas contadas, es lo que es la creación
a una Jane auténtica, a veces incluso banal según su artística. Es un acercamiento, como un vislumbrar
mirada. Claro. Pero quienes, además de admirarla, so- lo divino por unos segundos que luego se desmorona
mos devotos y devotas de leer cartas y diarios de per- cuando sales de ahí.
sonajes famosos sabemos que, justamente, ahí está la
gracia: que la genialidad es humana. Las cartas te llevan a darte cuenta de que, si miras a tu
alrededor, puede que estés cerca de alguna genia o ge-
El aniversario parece que devuelve a Austen a la nio que nadie sabe que lo es. Es una cosa muy curiosa.
conversación pública, aunque en realidad nunca ha Poder estar en presencia de alguien genial y no saber-
dejado de hablarse de ella. ¿Crees que se está cele- lo. Probablemente, en su momento, cuando Jane Aus-
brando realmente a la autora ahora en España? ten era Jane Austen viva, de carne y hueso, por lo que
Me da la sensación, como siempre, de que, al ser una se lee en las cartas es posible que se la diera un poco
autora inglesa, en el mundo anglosajón se celebra más por sentada. Era la tía Jane, la hermana Jane, la amiga
que en España. Aquí se celebra también porque es una simpática y witty, ingeniosa, que bailaba y tal, pero no
figura importantísima, entre otras cosas no solo por sabían que estaban en presencia de la genialidad.
su obra literaria, sino por las adaptaciones cinemato-
gráficas que han hecho que sea tan conocida. Claro, En muchos momentos dices que la humanidad des-
pero realmente es una buena manera de llevar a la bordante de Jane puede ser incluso traumática.
gente a Jane Austen. A través del cine y de las series sí Claro, porque puede ser traumático ese paso de «quie-
creo que aquí tiene importancia su figura. Quizá falta ro que sea ese ídolo» que sé que va a proteger a todos
que se la lea un poco más, sobre todo que la lean los sus personajes. Sus heroínas pasan por cosas, por su-
hombres, que tienen mucho miedo a las tacitas, cuan- puesto, porque ella está reflejando lo supuestamente
do realmente descubrirían a una autora que está al fácil, pero a la vez muy difícil que era ser una mujer
nivel de Cervantes y de Shakespeare. en su tiempo, a pesar de pertenecer a una clase más o
menos privilegiada y protegida. El paso traumático se
Cuando describes a Jane Austen como una divini- produce porque, en la vida de Jane, te das cuenta de
dad, es una divinidad cercana que arropa. ¿Sugieres que bajo esa pátina de bailes, ropa, viajecitos a ver a
que sus lectoras y sus lectores buscan una especie sus hermanos y «aquí no pasa nada», sí pasaba mucho.
de consuelo emocional en ella? ¿Qué papel juegan
sus cartas en esto? Era una mujer soltera que dependía totalmente de la
Efectivamente, Jane Austen tiene esa aura de diosa buena voluntad —o no— de sus padres y, más tarde, de
protectora, y para sus lectoras y lectores supone en- sus hermanos cuando su padre murió. Tenía siempre
trar en un mundo más o menos cerrado, con muy po- esa sensación de inseguridad y precariedad, pero a la
cos cambios, un mundo ideal y seguro. Y está bien que vez sabía —aunque no hay muchos fragmentos de car-

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tas en los que hable de su obra— que tenía un talento A pesar de que nos conocemos, nos intuimos muchí-
inmenso, y cómo mezclaba eso con su día a día. A lo simo, hemos pasado años juntas y seguimos en con-
largo de su vida vivió en varios sitios y se refleja: en la tacto diario, contándonos nuestras cosas, anticipando
etapa de Bath hay una cierta tensión porque no estaba cómo va a reaccionar la otra ante ciertas cosas que no
a gusto, porque dejó de ser productiva artísticamente; vienen dadas como una carrera en la vida, etc.
en Southampton igual, una sensación de incertidum-
bre hacia el futuro. Y de repente, cuando llega a Chaw- El punto en común que veo entre Jane y Cassandra y
ton, esa sensación de «bueno, ahora ya, por lo menos Cristina y Amparo es el afán de protección mutua. Yo
sin casa no nos quedamos» y empieza otra vez a pro- las veo a ellas y me identifico mucho con la relación
ducir artísticamente. que tengo con Cris: protegernos a lo largo de los años,
querer que la otra esté siempre lo mejor posible. Fí-
Una cosa que recorre el libro es el vínculo entre jate que mi hermana Cristina es diez años menor que
Jane y Cassandra. En esa relación epistolar entre yo y, durante los años de Dover, hice mucho de pro-
las hermanas, ¿qué te aporta? ¿Ves alguna similitud tectora de Cristina; pero Cristina es muy protectora
con la relación con tu hermana? mía también, muchísimo. Yo la protegí escudándola
Sí. La relación de Jane y Cassandra, como se nota en del público, de la prensa o tal, y ella me protegía a mí
las cartas, debió de ser absolutamente cercana, ínti- durante años siendo ella la que estaba ahí, delante, en
ma, de conocimiento profundo del carácter de la otra el escenario. Y luego teníamos una relación profundí-
y de sus reacciones, pero a la vez dentro de que so- sima de confianza a la hora de trabajar juntas artísti-
mos mundos. Y somos mundos. Como decía Leibniz, camente.
somos mónadas sin puertas ni ventanas. Conocer al
cien por cien es imposible; yo a mi hermana cien por Eso no lo hacían Cassandra y Jane, pero Jane sí te-
cien no la conozco y ella cien por cien a mí tampoco. nía confianza absoluta con Cassandra para ense-

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Extracto de Afectuosamente tuya, Jane Austen (Cartas selectas).
Traducción y edición de Amparo Llanos. Renacimiento, 2025.

ñarle siempre los manuscritos antes que a nadie. Le nos difusa; a veces llega a ser humor negro. Siempre
seguiría algunos consejos literarios, etc. Ese respeto elegante, pero a veces golpea.
profundo y esa sensación de estar totalmente compe-
netradas en cuanto a opiniones literarias, artísticas Tiene sentido porque ahí no está creando un mundo,
—musicales en nuestro caso—, eso lo tenemos conec- está reaccionando ante cómo es la vida. En sus nove-
tado las dos. las utiliza la ironía para crear un mundo lo más ideal
y perfecto posible, pero con ese toque absoluto de hu-
Una de las cosas que me encantan de Jane Austen, manidad, de conocimiento de la naturaleza humana.
y creo que también a ti, es la ironía, esa vena satírica Es lo que la une a Shakespeare, por ejemplo, o a Cer-
tremenda que además aparece en las cartas. ¿Cómo vantes: para mí, los tres genios en dar en el clavo con
dialogan esas dos Janes: ¿la genia y la que está en las palabras más sencillas sobre cómo somos las per-
tierra, irónica? sonas, incluida la narradora. En sus cartas, en cambio,
Es curioso, bueno, en el fondo es normal. Jane Aus- está reaccionando a la vida, a cómo le vienen las cosas,
ten, escritora de novelas, utiliza una ironía sutilísima y esa ironía a veces se vuelve mordaz y satírica. A ve-
e inteligentísima. En prácticamente todas las páginas ces la sátira tiene un punto de escepticismo y de des-
hay una frase absolutamente rotunda y genial por consuelo, mientras que esa ironía más sutil, al revés,
parte de la narradora o incluso de lo que dicen los per- está hecha de creer en la naturaleza humana, en lo
sonajes, donde se ve esa inteligencia suprema. En las bueno de la naturaleza humana, de creer que hasta lo
cartas esa ironía tan sutil y difusa es menos sutil y me- malo que tenemos, como es humano, al final es bueno.

[ N° 79 ] ti, casi lo prefiero, para que no te resulte molesto estar en Steven-


ton en el primer momento de revuelo106.
[ A Cassandra Austen ] El anuncio ha aparecido hoy, por primera vez en el periódico
de aquí. […]
Miss Benn cenó con nosotras justo el día que llegó el libro,
y por la noche nos pusimos con él y le leímos la mitad del pri-
Chawton, viernes, 29 de enero [1813] mer volumen diciéndole que era una novela que Henry nos había
recomendado, y creo que no sospechó nada. ¡La pobre!, no daba
crédito a que dos personajes así fueran la pareja protagonista, pero
sí parece que admira a Elizabeth de verdad. He de confesarte que
Espero, mi querida Cassandra, que el miércoles recibieras mi la considero la criatura más deliciosa que jamás haya aparecido en
paquetito, y que el domingo te queden ganas de otra carta mía, papel, y no sé cómo voy a poder tolerar a los que no sientan, como
porque hoy tenía que escribirte. Tu paquete ha llegado sin contra- mínimo, aprecio por ella.
tiempos y será debidamente entregado. […] Hay alguna errata, y un «dijo él» o «dijo ella» aquí y allá habría
Te cuento que ya ha llegado de Londres mi querida hija104. El hecho el diálogo más claro al instante, pero yo no escribo para
miércoles recibí una copia enviada mediante Falknor, con una nota personas sin imaginación, que no tengan una gran dosis de inge-
de Henry explicando que le ha dado otra a Charles y ha enviado nuidad.
una tercera a Godmersham. Yo querría haberlas tenido todas, así El segundo tomo es más corto de lo que yo habría querido, pero
que le escribí inmediatamente para pedirle que me enviara las dos la diferencia es más visual que real, porque gran parte de la narra-
restantes para mandarlas yo a Steventon y a Portsmouth105, sin ción tiene lugar en el segundo volumen. He cortado y recortado
saber que para cuando llegara mi carta, Henry ya estaría de viaje. con tanto tino que al final ha quedado bastante más breve que
Por lo que cuentas, cuando la escribí él ya se había marchado. El Sentido y sensibilidad. Ahora intentaré escribir sobre algo distinto;
único inconveniente es el retraso, no se puede hacer nada hasta su voy a cambiar de tema radicalmente: la ordenación del clero107.
vuelta. Díselo a James y a Mary con todo mi cariño. En cuanto a

106. Jane Austen publicaba sus novelas anónimamente, ya que a las mujeres de
su categoría social no les estaba permitido desear fama y dinero. Orgullo y
104. Su querida hija era la novela Orgullo y prejuicio, publicada el 28 de enero prejuicio apareció firmada por «la autora de Sentido y sensibilidad» y ya se
de 1813. empezaba a rumorear que era ella.
105. En Portsmouth vivía Frank Austen. 107. Jane Austen estaba preparando Mansfield Park.

133 134

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«Meterte en la piel de una
heroína siendo un chico me
parece un trabajo de imaginación
interesantísimo y debe dar
resultados buenísimos»

Has mostrado a Austen viviendo, corriendo por cuenta de que lo primero que me arrebató y que se-
Londres, tomando el sol, escuchando a la gente de ñalaba muchísimo eran los momentos en los que iba
la iglesia o peleándose con sus editores. ¿Qué ha- a comprar ropa, hablaba de este vestido o de aquel,
llazgo cotidiano te hizo sentir más cerca de ella? porque me parecía que nos conecta a las mujeres.
¿Con qué dijiste «hostia, esto me identifico»? Muchas, en algún momento de nuestra vida, hemos
Yo había leído las cartas de Jane a lo largo de los años tenido interés por la ropa. Ella, en varios momentos,
muchísimo y, como he leído mucho sobre ella, cada también dice que está harta y aburrida, que se ha he-
vez que una experta o un experto hablaba sobre Jane, cho unas cofias para no hacerse nada en el pelo y que
volvía a esa carta y la leía. Me hace gracia porque re- la olviden; que le gustaría que la ropa se pudiera com-
conozco lo que he ido subrayando por los colores de prar hecha y no tener que andarla haciendo: quería
los rotuladores que utilizaba o los post-its. Me he dado ya el prêt-à-porter en el siglo xviii. Me llamó mucho
la atención porque habla de la moda como eso que es
importante para las mujeres, pero a la vez una imposi-
ción, una pesadez. Y lo subrayaba con fruición.

Tienes razón, hoy es un día frío y me da lástima imaginarte Me encantaba también cuando hablaba de su proceso
camino de Manydown. Espero que te pongas el abrigo de crepé de de creación, cuando contaba que estaba corrigiendo
China. ¡Pobrecita! Te veo tiritando con los pies congelados. […] Orgullo y prejuicio y que le estaba gustando mucho.
Lamento decirte que no pude comer ni un mincepie en casa de Mr. Leerla como autora en sus cartas me daba un placer
Papillon; ese día tenía bastante dolor de cabeza y no me atreví a enorme. Y luego estaban sus cosas cotidianas —qué
probar nada dulce, salvo la gelatina, que era excelente. No hubo
comía, qué le gustaba—; cuando mencionaba comida…
peras al vino, pero Miss Benn tomó almendras y pasas. Por cierto,
Yo, que soy una persona muy comilona, aunque no lo
me pidió que te diera recuerdos, pero se me olvidó decírtelo en la
carta anterior. […] parezca, disfrutaba muchísimo. A mí las cartas y los
diarios, incluso cuando no amo al personaje, me ayu-
[falta la segunda hoja.] dan a terminar amándolo. He leído cartas de autores y
autoras que no me interesaban y, de repente, he podido
verles… O con quienes tenía una relación de amor-odio
—por ejemplo, con Freud—: lees sus cartas y piensas
que es humano también. Todo el mundo es humano, sí,
aunque vaya pontificando aquí y allá sobre cómo son
las mujeres; pero luego es una persona, es humano.

Y cuando ya amas al personaje, como me pasa con


Jane —como con Virginia Woolf, con Emilia Pardo
Bazán, con tantas autoras que adoro—, mientras tra-
ducía las cartas sentía algo que no sé si es arrogante
decir, aunque lo viví con total humildad. Estaba su-
dando tinta china durante horas, y no tenía la sensa-
ción de que Jane me hablara, sino de que hablaba por
mí, a través de mí. Me sentía completamente sumer-
gida en Jane.

135 Ahora hay un boom de un género llamado roman-


tasy: lo romántico como fantasía. ¿Crees que Jane

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Austen es precursora del romantasy y que estas chi- meterte en la piel de una heroína siendo un chico me
cas jóvenes la reconocen como figura? parece un trabajo de imaginación interesantísimo y
Yo creo que el romantasy lo que hace es llevar a Jane debe dar resultados buenísimos. Por otro lado, claro,
Austen no solo a chicas jóvenes, sino a chicos jóve- leer a Jane Austen tal cual ella escribió sus novelas es
nes también. Y eso está bien, que los chicos jóvenes lo suyo. No te va a pasar nada en la vida si no la lees,
se permitan acceder a Jane Austen, porque es que no pero si la lees va a ser mejor para ti, seguro. Vas a dis-
saben lo que se pierden. Creen que es un mundo que frutar muchísimo. Y luego, todas esas secuelas, toda
no tiene por qué interesarles porque es un mundo de esa manera de meterte en mundos y provocar la ima-
mujeres. Y, por un lado, aprenderían qué supone ser ginación a base de la lectura me parece maravilloso.
una mujer, qué supone ser una chica. Identificarte y No es tiempo perdido.

90 Jot Down Magazine


misma el término feminista. Para empezar, era un tér-
mino novísimo entonces. Pero a lo largo del siglo xx y
xxi ya hay muchísima crítica feminista aplicada a Jane
Austen, trabajos buenísimos. Y lo evidente es que ella,
a pesar de no ser Mary Wollstonecraft, de no querer
romper con su mundo en absoluto, vivía dentro de una
clase social con unas normas muy concretas que se sa-
bía de memoria y que estaba dispuesta a cumplir… has-
ta un punto. Y eso se ve clarísimamente en las cartas.
Están esos momentos en los que cree que… ¿por qué
tiene una mujer que parir once hijos? ¿Por qué parir
once hasta que se muere en el número doce ya, porque
no puede más? Cuestiona, de hecho, a pesar de creer
que lo que tienen que hacer las mujeres en su entorno
social es casarse. Pero ella no se casa. Y además cree —
se ve cuando aconseja a su sobrina Fanny— que no hay
que tener prisa, que no se case con el primero que apa-
rece, que por qué se tiene que casar con dieciséis años.
Eso, que parece poco, es muy importante. Es, de una
manera práctica, terminar diciendo lo que dice Mary
Wollstonecraft: las mujeres tenemos que tener vida
autónoma, acceso a educación, etc.

Y eso ella lo intenta siempre, pero dentro del mundo


que le tocó vivir; no se planteaba escaparse con un se-
ñor, no era algo que entrara en sus planes. Todo eso ya
lo resolvía a través de la ficción. Era una mujer clási-
ca. En sus novelas casa a todas sus heroínas, sí, pero
hay una parte enorme —muy visible en su ironía— en
la que creo que las casa porque desea para ellas una
buena vida. Sabe por experiencia propia que, si en ese
mundo ideal las une a hombres que las quieren de ver-
dad, que valoran su inteligencia y las respetan como
seres humanos completos, es porque quiere asegurar-
Has dedicado muchos años al estudio de escritoras les lo mejor, sabiendo que ella misma ha sudado tinta
anglosajonas entre el siglo xviii y el xx. Estás tra- china en más de un momento. Cuando su hermano
bajando en un libro sobre Virginia Woolf, también vende el libro por diez libras y ella no puede recupe-
para Renacimiento. ¿Por qué empiezas por Austen? rarlo del editor… Y, aun así, tampoco se casa, pudien-
¿Qué significa dentro de ese linaje? ¿Y qué relación do hacerlo. Llegó a recibir una propuesta en toda regla
tiene con el feminismo? Aunque no hay teoría femi- del hermano de unas amigas que, además, era rico. Y
nista en el libro tal cual, parece que quieres trabajar no se casó. Eligió una vida incierta antes que aceptar
con esta autora también para hablar de feminismo. un matrimonio cómodo, creo que porque tenía un
Con Virginia Woolf no hay ninguna duda. Jane Austen respeto absoluto por su yo genial, por su yo artístico,
no se consideraría… no habría utilizado nunca para sí por su propio talento.

91 Jot Down Magazine


Un par de preguntas sobre la edición. Por un lado,
me ha hecho gracia descubrir cómo eran las cartas:
se pagaba según el papel y se aprovechaba cada es-
quina. ¿Has llegado a ver físicamente esas cartas?
¿Y por qué decidiste utilizar saltos de párrafo para
que fueran más legibles?
No he llegado a verlas físicamente. Creo que solo tie-
nen acceso a esas cartas los y las expertas, aunque las
que están en Oxford puede que este año hagan algo
para enseñarlas al público. Yo lo único que he visto
es, por ejemplo, a Kathryn Sutherland —hay un vídeo
en YouTube enseñando las cartas porque ella sí tiene
acceso—; de hecho, hizo una recopilación de las cartas
manuscritas.

La decisión de cómo he hecho la edición fue así. Son


cartas muy largas, sin puntos y aparte. Primero fui a
las cartas que a lo largo de los años más me gustaban.
Son cartas seleccionadas, no todas. Fui también a las
que creía que aportaban una continuidad de cómo se
iba desarrollando la vida de Jane, aunque de repente
unas fueran un pelín más aburridas que otras, pero
mostraban su estado de ánimo. Sobre todo, en los úl-
timos momentos, que son cartas muy diferentes; ade-
más, algunas son muy parcas porque no tiene energía.

Quería que hubiera también cartas de la época de Bath


o de Southampton, muy domésticas, en las que ya no
habla tanto de bailes y tal, pero que son largas y mues- aunque fuera solo en una carta, a esa Cassandra que
tran estados de ánimo. Y luego, al editar, si ella saltaba habla de su hermana, que cuenta cómo había sido su
de una cosa a otra y de repente volvía al tema anterior, relación y que deja, además, ese documento históri-
yo a veces me saltaba un inciso para unir esas dos par- co que es el relato de las últimas horas de Jane. Tiene
tes y dar un poquito más de continuidad. Porque la un momento en el que Cassandra se sobrepone, que
edición está pensada para quien no tiene costumbre es, en realidad, como debía de ser también el carácter
de leer cartas; pero, como Jane Austen es Jane Austen de Jane. Y, en general, era el espíritu de la época. Jane
y de por sí tiene ese nombre y esa importancia, que al Austen no era victoriana, y Cassandra tampoco. Aún
leerlas resulten apetecibles y entretenidas. quedaba para eso, y el espíritu victoriano era otra cosa,
mucho más melodramático. Ellas venían de la época
Dices que tenías una deuda con Cassandra y publi- augustana, una mezcla peculiar, siempre con un punto
cas como epílogo una carta suya. de sal, incluso en los momentos más duros. Y hay otro
Sí. Es una carta muy curiosa. Ves a una Cassandra que momento muy llamativo —también en la carta— en el
debía de estar sufriendo muchísimo, aunque en los úl- que dice que cree que estuvo tan volcada con Jane, y
timos meses ya se intuía que Jane no iba a recuperarse. Jane tan unida a ella, que quizá la muerte de su herma-
Me pareció interesante que la gente pudiera escuchar, na haya sido un castigo divino por no haber atendido

92 Jot Down Magazine


como debía a otras personas con las que, al menos Jane, llan, que empieza preguntándose si Jane Austen sabía
mantenía una relación muy ambigua. Es curioso, sí. que era un genio; yo creo que sí. Todas las personas
geniales lo saben. Ella, desde luego. Porque eso se lle-
La más difícil: ¿te entraron ganas de escribir una va dentro, te habita. Es imposible que no lo supiera.
carta a Jane Austen? Y, en caso de hacerlo, ¿qué le
contarías del siglo xxi? Pero, como en vida recibió un reconocimiento que
No le escribiría una carta, no me atrevo. Cuando al- a veces podía quedarse un poco tibio —aunque en el
guien se me acerca para decirme que ha sido muy fan, prólogo comento que Orgullo y prejuicio tuvo su mo-
siempre me produce una emoción enorme, y para mí mento de sensación cuando se publicó—, le contaría la
es un honor profundo. Soy timidísima para decirles admiración profundísima que tanta gente le ha teni-
eso a las personas que admiro. No sé si me atrevería, do a lo largo de los años. Le hablaría de todo: del cine,
la verdad, a escribirle una carta. Pero, si lo hiciera, le de las adaptaciones, de las películas… Un poco como
contaría lo irónico que resulta que sea tan grande, tan aquel discurso brevísimo que dio Emma Thompson
reconocida mundialmente, tan aplaudida por su ge- cuando ganó el BAFTA, cuando hablaba como si fuera
nialidad. Ella —no tengo ninguna duda— lo sabía. Es Jane Austen, «¿cómo reaccionaría Jane Austen?». Le
curioso, hay un libro de un experto inglés, John Mu- contaría todo eso.

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Keira Knightley, Brenda Blethyn, Jena Malone, Rosamund Pike,
Talulah Riley, Carey Mulligan, Donald Sutherland y Joe Wright
durante el rodaje de Pride & Prejudice, 2005. Fotografía: Universal
Pictures / Studio Canal / Working Title Films / Scion Films.
Un traidor
entre nosotros
Un punto de vista libre de un
aldeano cualquiera de Sátántangó
POR DOLORES GLEZ. PASTOR

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Una escena de Sátántangó, 1994.
Imagen: Mozgókép Innovációs Társulás és Alapítvány /
VVF / Vega Film Magyar Televízió / TSR.

ciudad, el Estado decidía qué oficio sería más útil para


que todo tuviese sentido. Había una cierta belleza en
saber que todos éramos necesarios, que la comunidad
solo saldría adelante si cada uno cumplía con la fun-
ción delegada, por penosa que fuese.

Pero un día el Estado que conocíamos desapareció y,


con él, el sentido por el que nos levantábamos cada
mañana. Las piezas del engranaje seguían girando so-
bre sí mismas, sin producir nada excepto el ruido de
su propio desgaste. Cuando no hay nada más allá de
la funcionalidad inmediata, el movimiento se vuelve
circular, interminable, dantesco. Como los condena-
dos del infierno, que caminan en círculos eternos sin
llegar a ninguna parte, nosotros también girábamos
en una danza macabra que confundíamos con progre-
so y se tornó en supervivencia.

Recuerdo noches en la aldea cuando nos reuníamos


en la casa comunal y fingíamos que éramos felices. Be-
bíamos el brandy de frutas malo que destilábamos en
los cobertizos, bailábamos las mismas danzas que ha-
bían bailado nuestros padres y nos contábamos unos
a otros que esto era la solidaridad, la fraternidad, el
futuro luminoso. Pero en los ojos de cada uno había
Por suerte la opinión pública todavía no se ha dado algo que desmentía las palabras: una soledad tan pro-
cuenta de que opina lo que quiere la opinión privada. funda que no tenía nombre, porque nombrarla habría
sido admitir que el individuo seguía existiendo, obsti-
Quino nado, irreductible, incluso después de haberlo entre-
gado oficialmente al colectivo.
Irimiás ya no vive aquí. Hace años abandonó la
aldea y nadie lo espera de vuelta. Vació su casa, tapió Irimiás lo entendió antes que el resto. Vio que la ver-
la entrada y, al poco tiempo, se hundió parte del tejado dadera traición no era abandonar la comuna, sino
y se cuelan palomas y otras aves que anidan entre las permanecer en ella sabiendo que cada día te vaciabas
vigas abiertas. En esta parte del mundo solo éramos un poco más de ti mismo. Que la comunidad perfec-
nosotros y no había espacio para el individuo, por- ta era, en realidad, la muerte perfecta del individuo.
que el individuo se había encomendado al Estado, y Y que, sin individuos, sin esa chispa irreductible que
el Estado velaba por nosotros. Cuentan que, en otros nos hace únicos, lo que quedaba era un rebaño de fan-
lugares, es Dios quien vela por las personas, pero no- tasmas interpretando una coreografía sin coreógrafo.
sotros no creemos en Dios y, por tanto, dejamos de ser La intimidad era el último territorio por conquistar.
personas: solo éramos nosotros. Cada día nos levan-
tábamos con el propósito que este Estado había pro- Una porción de nosotros se resistía a ser socializa-
visto para cada uno. Como piezas de engranaje de la da y guardaba sus secretos como se guarda la última
comuna rural, así como otros en una fábrica o en una moneda en tiempos de hambruna. Los amantes se

97 Jot Down Magazine


L a intimidad es el último reducto de
la trascendencia. Es donde guardamos
lo que somos cuando nadie nos mira,
cuando no tenemos que representar
ningún papel en el gran teatro del bien
la capacidad de ir más allá, de imaginar que existe algo
común. Es el lugar donde podemos fuera del círculo. Sin trascendencia, solo queda el nihi-

ser egoístas, mezquinos, generosos, lismo. Y el nihilismo es cómodo, no exige nada. Permite
que te levantes cada mañana, cumplas con tu función
santos, perversos y te acuestes cada noche sin preguntarte por qué. Es el
anestésico perfecto para una vida que ha dejado de do-
ler porque ha dejado de sentir. Por eso este Estado y el
nihilismo se llevan tan bien: ambos prometen liberarte
del peso de tener que decidir quién eres. La línea que se
bifurca es aterradora porque implica responsabilidad.
En cada bifurcación tienes que elegir, y cada elección
encontraban a escondidas, los que todavía leían libros es una renuncia a todos los otros caminos posibles. Es
antiguos los escondían en cajas de herramientas. Has- más fácil seguir una línea recta, o mejor aún, un círculo
ta los que rezaban —y había más de los que admitía- donde no hay que elegir nada porque siempre vuelves
mos— lo hacían en voz tan baja que ni ellos mismos al mismo punto. Pero esa facilidad es la muerte del es-
estaban seguros de estar rezando. El doctor, que llegó píritu. Es cambiar la agonía de la libertad por la como-
de la ciudad y había visto mucho más mundo, fue el didad de la esclavitud voluntaria.
primero que se encerró en su casa. La Sra. Schmidt,
que acude una vez a la semana allí para limpiar y coci- Pienso en Dante, que entendió mejor que nadie la to-
nar, dice que al doctor solo le interesa seguir la vida de pografía del castigo. Su infierno no es un lugar de tor-
los vecinos, a los que observa desde su ventana, ano- tura arbitraria, sino de justicia poética: cada pecador
tando meticulosamente en sus cuadernos todo lo que sufre una condena que refleja perfectamente su peca-
acontece. do. Los que en vida caminaron en círculos —los indeci-
sos, los que nunca eligieron un bando— están condena-
Dicen que Dios es una línea que se bifurca. No es una dos a perseguir eternamente un estandarte que nunca
línea recta hacia la salvación ni un círculo de condena, alcanzarán. ¿No éramos nosotros exactamente eso?
sino una encrucijada perpetua donde cada elección Persiguiendo el fantasma del futuro radiante, corrien-
importa precisamente porque no está predetermina- do en círculos alrededor de nuestra pequeña aldea,
da. Este Estado, en cambio, se cierra sobre sí mismo y porque no hubo nunca ningún otro sitio al que llegar.
llama a eso «el bien común». No hay bifurcación po-
sible cuando todas las decisiones ya están tomadas, La trascendencia es la única salida del círculo. Es la
cuando el yo ha sido delegado tan completamente capacidad de imaginar que existe algo fuera del siste-
que ya no queda nada que pueda elegir. Pero Dios, de- ma cerrado. Es lo que nos hace humanos en lugar de
cíamos, era un invento para controlar a las masas. ¿Y máquinas eficientes, de piezas de su engranaje. Y por
qué era el Estado sino otro invento para hacer exac- eso los sistemas totalitarios, religiosos o seculares,
tamente lo mismo? Al menos Dios, en su versión más la temen tanto. Porque una vez que trasciende, una
generosa, te prometía el libre albedrío. Te condenaba persona se vuelve ingobernable. Puede obedecer por
si elegías mal, sí, pero al menos te dejaba elegir. Este conveniencia, por miedo, por estrategia, pero nunca
Estado ni siquiera confiaba en ti lo suficiente como por completo. Siempre quedará una parte de ella que
para eso. Decidía por ti y luego te convencía de que esa habita en otro lugar, en el espacio interior que ningún
decisión había sido tuya desde el principio. comisario puede requisar.

La trascendencia —palabra que sonaba a superstición La intimidad es el último reducto de la trascendencia.


burguesa en boca de los comisarios— simplemente era Es donde guardamos lo que somos cuando nadie nos

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mira, cuando no tenemos que representar ningún pa-
pel en el gran teatro del bien común. Es el lugar donde
podemos ser egoístas, mezquinos, generosos, santos,
perversos —todo lo que constituye la complejidad
irreductible de ser humano—. Y por eso debe ser pro-
tegida con más ferocidad que ninguna otra cosa.

Irimiás entendió que quedarse era perder esa inti-


midad. Que cada día en la comuna era un día más en
el que su yo se disolvía en el nosotros, hasta que no
quedara nada de él excepto una función: el que arre-
gla tractores, el que lleva las cuentas, el que dice los
discursos en las reuniones. Y decidió que prefería ser
un traidor vivo que un miembro leal muerto.

La casa abandonada de Irimiás se convirtió en un sím-


bolo involuntario. Las palomas que anidaban en las
vigas rotas eran más libres que nosotros, que tenía-
mos aún los techos intactos y las vidas planificadas. La
pregunta que nadie hacía en voz alta era: ¿qué pasaría
si todos nos fuéramos? Quizá algún día tengamos el
valor de seguir sus pasos. Quizá algún día entendamos
que la verdadera traición no es abandonar al colecti-
vo, sino abandonarnos a nosotros mismos. Si la co-
muna se vaciara como la casa de Irimiás, si las vigas se
desplomaran y dejaran entrar la lluvia, el viento y las
aves, ¿sería eso el fracaso del sistema o su lógica con-
clusión? Porque un sistema que necesita tu renuncia
al yo para funcionar es un sistema que, en el fondo, ya
ha fracasado. Solo está esperando que alguien tenga el
valor de señalarlo.

Cuando Irimiás se fue, algunos dijimos que era un


cobarde. Otros, que era un traidor. Pero, en el fondo,
todos sabíamos que era simplemente el primero en
admitir que la aldea se había convertido en una cárcel
demasiado pequeña incluso para las versiones dimi-
nutas de nosotros mismos que el sistema nos permitía
ser. Se fue sin dramatismo, sin discursos de despedi-
da, sin denuncias. Simplemente dejó de estar. Y su au-
sencia era más ruidosa que cualquier presencia. Pero
yo sé que un día volverá, y se vengará de nosotros.

99 Jot Down Magazine


Pamela, Tommy,
el electricista y el
chico de la web
POR MATÍAS BAUSO

El vídeo se volvió viral antes de que existiera el término. Tan pionero fue.

***

Todo empezó con un electricista en plan de venganza. Casi como algunos grandes
descubrimientos de la ciencia, buscando algo encontró otra cosa: diferente pero
mucho más valiosa.
Pamela Anderson
*** y Tommy Lee, 1995.
Fotografía:
Pamela Anderson y Tommy Lee se conocieron el 31 de diciembre de 1994. Esa noche Steve Granitz / Getty.
no pasó nada entre ellos, pero sembró la obsesión en él. A las pocas semanas Tommy
se enteró de que ella debía pasar unos días en Cancún por trabajo. La siguió sin que
Pamela supiera. El encuentro pareció casual. Se enamoraron súbitamente (casi una
redundancia). Se casaron cuatro días después. Se convirtieron en la pareja más ex-
plosiva del mundo del espectáculo. Irradiaban sexo y pasión.

***

Ella había pasado de aspirante a modelo a playmate. Apareció varias veces en la tapa
de Playboy; se convirtió en una de las favoritas de Hugh Hefner: las ediciones con
Pamela en la tapa y/o en el centerfold se agotaban. Participó en varios programas de
televisión. Hasta que llegó Baywatch. Ella corriendo por la playa en traje de baño —
enterizo, rojo, ajustado— es la definición de lo sexy en los noventa.

Tommy Lee era el baterista de Mötley Crüe, una banda de hard rock que había teni-
do un gran éxito en los ochenta. Sus vídeos con amazonas, pelos largos de hombres

100 Jot Down Magazine


y mujeres, antorchas, imaginería del fantasy cargada Malibú, para que instalara alarmas perimetrales y cá-
de atmósfera sexual hicieron escuela. Aprovecharon maras de seguridad. Hizo parte del trabajo y comen-
la mitología del exceso que acompañaba a los rocke- zaron las desavenencias. No se sabe bien el motivo
ros. Las historias y leyendas sobre el rodaje de sus ví- (Tommy Lee dice que Gauthier entró a propósito en
deos orgiásticos circularon por todo el mundo y au- la casa sin aviso para espiar a Pamela y logró encon-
mentaron su fama. trarla semidesnuda), pero discutieron. El baterista,
con mucho alcohol encima, echó de mala manera al
*** electricista.

Rand Gauthier era un hombre de poco más de treinta Gauthier y su ayudante volvieron unos días después
y cinco años. En ese momento trabajaba de electricis- a la mansión. Querían recuperar unas herramientas y
ta, pero en el pasado había tenido un breve paso por la reclamar un pago de veinte mil dólares que la pareja
industria del porno: como cualquiera que vive en Los le adeudaba. No pasaron de la puerta. Cuando Tommy
Ángeles alguna vez quiso ser actor; al ser rechazado Lee vio que eran ellos los recibió apuntándoles con
por todos los grandes estudios terminó desnudo fren- una escopeta.
te a una cámara por un puñado de dólares. Siempre
fue aficionado a la filosofía y a la marihuana. ***

Gauthier fue contratado por Tommy Lee y Pamela Gauthier no se resignó. Regresó, ya no para cobrar el
para que arreglara el sistema eléctrico de la casa en trabajo. Hizo guardia durante varios días hasta encon-

101 Jot Down Magazine


Adolfo Bioy Casares es el autor
de una de mis citas preferidas:
«La intimidad no consiste
únicamente en desnudarse
y abrazarse como personas
ingenuas lo imaginan, sino en
comentar el mundo». los protagonistas lo hizo tener paciencia: mientras
Tiene razón conduce, el baterista se baja un poco los pantalones
y saca su miembro erecto, Pamela se recuesta sobre él
y comienza el sexo oral. Un corte abrupto y otra loca-
ción. Un barco en alta mar. Se tiran al agua desnudos,
tienen sexo intenso en la cubierta de la nave.

Gauthier no podía creer lo que veía. Retrocedió dos o


tres veces para cerciorarse del material (después dejó
de hacerlo: le dio miedo arruinar la cinta). «Cuando
trar el momento oportuno. Tenía demasiada informa- vi de qué se trataba sentí el ka-chinggg de la máqui-
ción. Había estado un buen tiempo trabajando en la na registradora. Como en los dibujitos animados, mis
casa; conocía los movimientos y las rutinas del hogar. ojos se convirtieron en el símbolo del dólar. Supe de
Además, había instalado las cámaras de seguridad y sa- inmediato que la gente estaría dispuesta a matar por
bía mejor que nadie cuáles eran sus puntos ciegos. ese material», dijo mucho después.

Aprovechando que no había nadie, entró con una piel ***


blanca cubriendo la espalda mientras se arrastraba
por el césped. Sabía que en la imagen con grano y poca Tuvo razón Gauthier: si bien la gente no mató por el
definición de la cámara sería confundido con el perro material, lo consumió desaforadamente. Compró ví-
de la casa. Fue hasta la habitación en la que estaba la deos piratas, hizo circular copias, lo bajó de internet,
caja fuerte y se la llevó arrastrando (los investigado- lo reprodujo una y otra vez (hasta llegar a millones)
res dicen que era demasiado pesada para que pudiera en los diferentes sitios web en los que fue subido en
haber hecho el trabajo solo; Gauthier siempre negó las últimas décadas.
tener un cómplice. No delató a nadie). La subió a su
camioneta. ***

Lo que el hombre pensó encontrar en la caja fuerte Gauthier recurrió a sus viejos contactos en el mun-
era dinero, joyas de Pamela y armas de Tommy. En- do del porno. Consiguió que un hombre de la mafia
contró eso y también encontró oro en un casete Hi8. le prestara dinero e hizo miles de copias. No tuvo en
cuenta la dinámica del mercado por esos tiempos.
*** Vendió varias unidades durante los primeros días y
las ventas se detuvieron. No fue, por supuesto, por fal-
Gauthier dejó el inventario del botín robado para ta de interés. Cada vez más gente quería ver la cinta
otro momento. La curiosidad pudo más y, después de prohibida, pero nadie se la compraba a Gauthier. La
abrir una cerveza, lo primero que hizo fue averiguar el copiaban. Comenzaron a circular miles de copias pi-
contenido del vídeo. Al principio no parecía demasia- ratas del vídeo pirata. Gauthier quedó debiendo de-
do atractivo. Escenas cotidianas de la vida en común cenas de miles de dólares al hampón y debió trabajar
del matrimonio de Tommy Lee y Pamela. Eran de los para él durante varios años para salvar su vida.
primeros tiempos de la pareja: nadie podía dudar de
que esas dos personas estaban enamoradas. Imágenes ***
granuladas de la boda, paseos de la luna de miel, bro-
mas conyugales, un viaje en auto por la ruta. A punto En el medio aparece otro personaje, voraz y dispues-
de adelantar la cinta, algo en la conversación entre to a romper límites. Seth Warshavsky era un joven de

102 Jot Down Magazine


veintitrés años que triunfaba en internet. Era uno de millones de dólares y, cuando un juez lo condenó a
los pocos que lograba monetizar sus emprendimien- pagar a la pareja un millón quinientos mil dólares, se
tos en la incipiente web. Descubrió que uno de los es- declaró en quiebra y desapareció.
casos negocios que permitía ganar dinero era el porno
y se dedicó a él. «Hubiera vendido cualquier cosa por ***
la que la gente estuviera dispuesta a pagar. Solo que-
ría hacer dinero. Y en esa época la gente pagaba por Adolfo Bioy Casares es el autor de una de mis citas
sexo», dijo en una entrevista en el pico de su fama. preferidas: «La intimidad no consiste únicamente en
Había empezado con una hot line, líneas telefónicas desnudarse y abrazarse como personas ingenuas lo
en las que mujeres contratadas por él tenían con- imaginan, sino en comentar el mundo». Tiene razón.
versaciones cachondas con los clientes que pagaban Pero se debe reconocer otra cosa: que el mundo co-
por minuto. Después, Warshavsky puso en marcha nozca y comente cómo alguien se desnuda y se abraza
The Internet Entertainment Group (IEG), un nombre (buen eufemismo) con otro es una de las violaciones a
pomposo y formal para una fábrica de porno. Alquiló la intimidad más perniciosas posibles.
un galpón en Seattle y contrató chicas que en trans-
misiones en directo hacían striptease y peep shows ***
por los que los usuarios pagaban. Se convirtió en el
rey del porno y del sexo en vivo. Un imperio lúbrico Cuando el vídeo empezó a circular, Pamela Anderson
virtual. Facturaba setenta y cinco millones de dólares tenía un hijo de poco más de un año y estaba emba-
por año, [Link] escribía largos perfiles sobre él y razada de seis meses. Su carrera cinematográfica pa-
Time lo puso entre las cincuenta personas más impor- recía a punto de despegar. Había sido protagonista de
tantes del mundo tecnológico. Barb Wire y tenía ofertas para trabajar en L.A. Con-
fidential y en Austin Powers. Tras el escándalo la de-
Warshavsky compró el vídeo de Pamela y Tommy. jaron de considerar para las dos producciones y para
Lo subió a uno de sus sitios y la viralización fue in- muchas más.
mediata. Por lagunas en la ley de copyright y porque
no existían todavía leyes que protegieran la intimi- ***
dad de las personas ante casos como estos —el legis-
lador no tenía forma de imaginarse internet— War- Muchos creían que no había diferencia entre hacer
shavsky era el dueño legal de esas imágenes. Y las circular un vídeo íntimo de ella teniendo sexo con
comercializó. su marido y sus paseos con poca ropa por la playa
televisiva o con los desnudos posados para Playboy.
*** Como si se lo hubiese merecido. Todavía, aunque
parezca mentira, la sociedad no tenía desarrollada,
Durante un tiempo circuló un rumor: teniendo en no tenía asentada, más allá de las definiciones ju-
cuenta los beneficios que trajo para su reputación rídicas, la idea de consentimiento y protección a la
viril, fue Tommy Lee quien hizo circular el vídeo. No intimidad.
fue así. El trabajo lo hicieron Gauthier y Warshavsky.
Lo que sí sucedió fue que, ante lo inevitable, Tommy y ***
Pamela firmaron un acuerdo con IEG, resignados por
no poder frenar la circulación ni lograr que lo bajaran Cuenta Pamela Anderson en sus memorias que, en el
de la red. De ese modo cobrarían algo de lo que el ví- juicio que entablaron contra los que comercializaron
deo estaba generando. Eso tampoco sucedió. Warsha- el vídeo, el abogado de la otra parte blandió una de las
vsky vendió a otro empresario los derechos en quince Playboy en las que apareció, la agitó frente al jurado y

103 Jot Down Magazine


frente a la cara de la actriz que estaba en el banquillo que desconocemos es otra cuestión: ¿qué pasa por la
prestando testimonio, la abrió en las páginas en las cabeza de alguien que hace circular un vídeo de otras
que estaba desnuda y le dijo: «¿En serio usted dice que personas teniendo sexo?
la difusión del vídeo violó su intimidad? ¿Qué más po-
dría ver la gente?». ***

*** A nadie que haya visto el vídeo le quedó alguna duda


de que Tommy Lee está bien dotado. Para él la difusión
Al menos en parte sabemos los perjuicios de todo tipo desmesurada de las imágenes significó una condeco-
que sufren los que son expuestos de esta manera. Lo ración. Todos ahora saben de sus atributos viriles. Los

104 Jot Down Magazine


Seth Rogen como Rand Gauthier
en Pam & Tommy, 2022. Fotografía:
Annapurna Pictures / Hulu / Limelight /
Point Grey Pictures / Ramona Films.

chistes que recibía de sus compañeros de banda eran


halagüeños. Sus memorias Tommyland están escritas
a dos voces que se alternan: la de él un capítulo, la de
su miembro el otro.

El vídeo no minó la reputación de Tommy Lee, al fin y


al cabo era un rockero. Ni como músico ni mucho me-
nos como amante. Sus dos verdaderas pasiones.

***

Las consecuencias —la cantidad e intensidad de


daño— para ambos miembros de la pareja fueron muy
disímiles.

***

Con el tiempo la carrera de Tommy Lee y de Möt-


ley Crüe se desplomó. Pero nada tuvo que ver el
vídeo. Lo de ellos fue causa del paso del tiempo y
de las facturas que pasan los excesos. El hair me-
tal dejó de estar de moda —gracias a dios—, sus ví-
deos —ya copiados por todos— no llamaron más
la atención, no volvieron a conseguir un éxito.
Tuvieron un revival hace unos años gracias a la indus-
tria audiovisual. Además de la serie sobre Pamela y
Tommy, se estrenó The Dirt, una biopic sobre la banda
que glorifica los primeros años ochenta, las drogas, los
hoteles destrozados, las orgías, el consumo desbocado
de todo: desde cocaína a groupies.

***

La historia del vídeo, del robo y de su circulación, de


Gauthier, de Warshawsky, de las consecuencias per-
sonales y profesionales que le trajo a Pamela Ander-
son fue contada por Amanda Chicago Lewis en un
largo reportaje escrito para Rolling Stone en 2014.
Luego se transformó en una serie para las platafor-
mas de streaming: Pam and Tommy, que tuvo bastante
repercusión cuando fue estrenada en 2022. Las ca-
racterizaciones de la pareja protagónica fueron muy
ajustadas a la realidad. Los maquilladores lograron
parecidos asombrosos.

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Lech Walesa, 1980. Fotografía: Chuck Fishman / Getty.

*** ***

Todas las producciones audiovisuales basadas en he- Tommy Lee tiene sesenta y dos años y pocos meses
chos reales se toman licencias históricas en beneficio de atrás se separó de su cuarta esposa. Ella posteó en las
la tensión narrativa. Reúnen varios personajes en uno, redes sociales que el consumo desbocado de alcohol
resumen hechos, ponen énfasis en circunstancias que de Tommy hizo las cosas muy difíciles y que pasó mo-
quizá no fueron tan importantes, omiten algún episodio mentos durísimos durante sus seis años de relación.
que complejiza demasiado la trama o que exigiría que la Con Motley Crüe empezaron una residencia en Las
historia se bifurcara. Licencias dramáticas se las llama. Vegas. Los chicos rebeldes tocan ahora para aposta-
La licencia dramática de Pam and Tommy es significa- dores y son programa de escapadas de fin de semana.
tiva, de esas que cambian el sentido de la historia, que Un producto más del marketing de la nostalgia.
en vez de permitir contar mejor lo que sucedió, lo ter-
giversan. ***

La serie omite el verdadero final de la pareja, atribu- Tiempo después de su desaparición, Seth Warshavsky
yendo todos los males de la relación a la difusión del fue visto en Bangkok. Según su entrada de Wikipedia
vídeo. Tommy golpeó varias veces a Pamela en pre- murió en la capital tailandesa en dos mil veinticuatro.
sencia de sus dos hijos pequeños. Hubo intervención
policial y hasta fue llevado ante la justicia por violen- ***
cia doméstica.
Rand Gauthier está cerca de los setenta años. Vive en
*** Santa Rosa, California. No tiene ocupación conocida.
Se sabe que cultiva marihuana y no mucho más. Cuan-
Una digresión: en la serie Tommy Lee iba a ser inter- do después de unos joints y un par de cervezas cuenta
pretado por James Franco. Pero el actor fue bajado que él fue quien hizo circular el primer sex tape viral
de la producción luego de ser cancelado por denun- de internet —y el más conocido de la historia— ningu-
cias por conductas sexuales inapropiadas y diversos no de los otros parroquianos del bar le cree.
escándalos de índole sexual. Es probable que James
Franco alguna vez sea rehabilitado. Más probable aún
es que dentro de un tiempo se haga una serie de varios
capítulos basados en las denuncias en su contra y en
los supuestos episodios sexuales que protagonizó.

***

Pamela Anderson ha logrado que su carrera actoral


renazca. Tiene cincuenta y ocho años y en el último
tiempo estuvo nominada a varios premios por su pro-
tagónico en The Last Showgirl, de Gia Coppola. Par-
ticipó en la remake de The Naked Gun. Allí conoció a
Liam Neeson y comenzaron una relación amorosa.
Pedro Almodóvar la convocó para integrar el elen-
co de su última película. No utiliza maquillaje. Sigue
siendo una mujer bellísima y atractiva.

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107 Jot Down Magazine
LA
MELANCOLÍA
MONUMENTAL
DE ANSELM
KIEFER POR LAURA LINARES

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— 1. — puerto de Tempelhof, reproducido con una mezcla de
devastación y resplandor, y pensaba en esa frase del
Una visita deseada, planificada y, finalmente, Éxodo que abría el texto: «He sido extranjero en tierra
perdida es una vivencia suspendida en la memoria extraña». Nunca he pisado Tempelhof, pero sentí que
que una siente como una pequeña herida que no ter- de pronto yo también recorría aquel hangar inmenso,
mina de cerrarse. Aún tengo en el correo la confirma- bajo la lluvia dorada que Zeus dejó caer sobre Dánae.
ción del vuelo a Nueva York, aquel noviembre en que
me prometí caminar entre el plomo y la ceniza con Hubo un momento, mientras hojeaba el catálogo
las que Anselm Kiefer había levantado su exposición digital, en el que imaginé que entraba en la sala y el
en la Gagosian. Con el sugerente nombre de Exodus aire tenía un peso distinto. En Nueva York, la muestra
abría el día 12 en la 24th Street, y yo, tan ingenua, pen- incluía edificios monumentales, ruinas cargadas de
saba que nada podía torcerse. Luego vino el trabajo, símbolos, y me pregunto si una no tiene que prepa-
una enfermedad, un retraso que se convirtió en can- rarse, casi físicamente, para enfrentarse a esa escala.
celación definitiva, y aquella oportunidad se esfumó. Me imaginé avanzando entre estructuras derruidas,
Hoy releo mi cuaderno de notas en las que preparaba con un silencio espeso, como si dentro del cuadro aún
el futuro no viaje y me quedo absorta en las imáge- vibrara la historia. Kiefer tiende a mezclar lo que se
nes mentales que sustituyeron al viaje real. Decía la eleva con lo que se arrastra por el suelo: paja, barro,
galería que las obras estaban hechas de pintura, tela, plomo, pigmentos que parecen haber sido quemados
cuerda, metal, tierra, objetos encontrados y, a veces, antes de posarse sobre el lienzo. Cuando vi la repro-
sedimento de electrólisis, como si Kiefer necesitara ducción de Für E. T. A. Hoffmann con esa ropa vacía,
que sus cuadros llevaran adheridas las capas de la his- suspendida en la superficie, sentí una punzada. Esos
toria, la mugre del tiempo, la memoria convertida en cuerpos ausentes me recordaron que recorrer una
costra. Yo miraba las fotografías del interior del aero- sala de Kiefer es como pasar la mano por una cicatriz

109 Jot Down Magazine


que no es tuya y, sin embargo, te la imaginas abriendo tica, pero él trabaja con la herida. Lleva más de cin-
tu piel. En mi fantasía de visitante frustrada, iba to- co décadas desafiando la idea de una historia limpia,
mando notas sobre la textura, los objetos adheridos a cómoda, redimida. Cada vez que veo un cuadro suyo
las superficies, los carros de la compra llenos de bul- siento que la pintura está hecha de ruinas, no repre-
tos que aparecen en varias obras, esos vehículos im- sentadas, sino incorporadas. El plomo, la ceniza, la
provisados que evocan huidas contemporáneas, éxo- paja chamuscada, el vidrio roto no son símbolos: son
dos sin nombre. Me imaginaba deteniéndome ante la materia misma del derrumbe, una especie de geo-
ellos con la respiración encogida, consciente de que logía moral.
cada carro era también un paisaje humano, un retrato
del desarraigo. En 1969, cuando se fotografió a sí mismo haciendo el
saludo nazi en distintos paisajes europeos, muchos se
En mi cabeza, la exposición crecía todavía más: veía la escandalizaron y aún siguen discutiendo si aquello
columna de nubes, el barco suspendido que evocaba era crítica, ironía, inconsciencia o temeridad. Para mí,
el ejército del faraón hundiéndose bajo el mar. En Los lo conmovedor del gesto es precisamente su ambigüe-
Ángeles, decían, había incluso una paleta alada hecha dad. Kiefer no ofrece respuestas fáciles; simplemente
de acero y plomo, y yo, en mi casa de Valencia, abría abre la compuerta del pasado para que salga a bor-
la imagen en la pantalla y pensaba que esa paleta era botones todo lo que todavía huele a peligro. En Shu-
como un animal mítico escapado de una civilización lamite, por ejemplo, toma una sala del Tercer Reich
extinguida. La frustración fue convirtiéndose en una y la transforma en un espacio de duelo. No se limita
forma de deseo persistente: quería caminar entre esas a mostrar lo terrible: altera la arquitectura, la vuelve
piezas para entender qué significa que un cuadro fun- mausoleo, memoria, aviso. Lo mismo ocurre en Your
cione como un campo de batalla emocional, como un Golden Hair, Margarete, donde cita el poema de Paul
testimonio y también como una pregunta que se abre Celan no solo como referencia literaria, sino como
paso entre los escombros. detonante de un choque emocional. Kiefer no explica:
confronta e incomoda.
Con esa ausencia en el cuerpo, me puse a escribir
sobre Kiefer intentando no idealizarlo. La obra de Recuerdo un día en que, revisando algunas de sus
Anselm Kiefer siempre obliga a mirar de frente lo obras más recientes, pensé que su pintura es también
que muchos preferirían dejar bajo la alfombra. Hay una forma de levantar mapas afectivos de Europa. Sus
artistas que trabajan con la belleza, otros con la crí- paisajes incendiados, sus horizontes borrosos, sus

110 Jot Down Magazine


Imágenes cortesía de CAHH.

estructuras que parecen a punto de desmoronarse Kiefer. La primera pieza, Las flores del mal, la adquirió
hablan de un continente que todavía no ha termina- en 2016, y ahora el Palacio de Valeriola la acoge entre
do de entender su propio trauma. Algunos críticos le sus salas. El anuncio de que en 2026 seis galerías del
reprochan una cierta fascinación por lo monstruoso, centro se vaciarán para recibir una exposición dise-
un coqueteo con los símbolos del horror. Otros lo ñada específicamente para este lugar me produce una
defienden como alguien que se adentra donde nadie mezcla de ilusión y vértigo. Imagino la llegada de las
quiere entrar para impedir que el pasado se oxide. A obras desde el estudio del artista, el montaje silencio-
mí me interesa que su obra no permite la neutralidad: so, los técnicos sosteniendo estructuras inmensas, la
te empuja, te mueve, te obliga a elegir. Sus cuadros no sala respirando de otro modo. Y en el centro de todo,
consuelan, solo dejan claro que la historia no es un re- Danaë, ese cuadro de más de trece metros que solo se
lato terminado, sino una fractura abierta. ha visto en Nueva York y que ahora aterrizará aquí, en
mi propio barrio, con su Tempelhof espectral y su llu-
via dorada.

— 2. — Pienso en las palabras del propio Kiefer: «Yo pienso


en imágenes. Los poemas me ayudan. Son como boyas
Cuando hace unas semanas me llegó la noticia de que en el mar. Nado hacia ellas». Quizá por eso me siento
el Centro de Arte Hortensia Herrero traería a Kiefer tan cerca de su obra: porque también yo escribo como
a Valencia, sentí una punzada en el estómago y supe quien nada hacia algo que no termina de ver del todo.
que algo en mi biografía sentimental iba a quedarse La exposición profundizará en el paisaje, en esa geo-
redimido. No en Nueva York, sino en la ciudad de la grafía emocional que ha acompañado al artista desde
que parten mis raíces biológicas y sentimentales. El sus inicios. Será, dicen, un recorrido por lo que nos
CAHH ha logrado en poco tiempo algo que parecía constituye: la historia, la mitología, la literatura, los
improbable: convertirse en un destino internacional, lugares que hemos habitado y los que nos habitan sin
en un lugar donde la contemporaneidad tiene espacio que lo sepamos.
para respirar belleza y salitre. Entrar en el Palacio de
Valeriola es cambiar de dimensión para dejarse llevar A veces, cuando paseo por Valencia, imagino ya esas
por una vibración antigua y, al mismo tiempo, recién salas abiertas, preparadas para recibir el peso de esa
estrenada, como si cada sala abriera un pliegue secre- pintura que parece hecha con los restos del mundo.
to de la ciudad y te invitara a caminar dentro de su Pienso en la multitud que entrará sin saber muy bien
memoria. Allí, entre muros que conservan cicatrices qué va a encontrarse y saldrá de allí un poco más to-
de siglos, una siente que el arte no se contempla: se cada, un poco más consciente. Y me sonrío: aquella
atraviesa. El edificio, con el circo romano latente bajo visita perdida a Nueva York se convierte ahora en una
el suelo y la antigua judería colándose por los muros, visita ganada. No tendré que fantasear con caminar
parece un organismo vivo que no deja de revelar sus entre las obras de Kiefer: podré hacerlo de verdad,
capas. Allí conviven obras de más de cincuenta artis- aquí, en la ciudad que tantas veces me ha acogido,
tas, desde Anish Kapoor a Olafur Eliasson, pasando donde escribo mi primer poemario que alguna vez
por Plensa, Baselitz o David Hockney, y lo hacen sin verá luz —y el mar—, donde siento que cuando llegue
estridencias, como si hubieran encontrado un hogar la primavera, al fin, algunas imágenes dejarán de ser
natural. deseo para convertirse en néctar mental. Y entonces
sí, por fin, podré decir que la extrañeza de aquella au-
Me conmueve pensar que Hortensia Herrero, que ha sencia se ha transformado en presencia.
hecho de su colección una forma de devolver algo a la
ciudad, lleva casi diez años dialogando con la obra de

111 Jot Down Magazine


Intimidad
y poesía
POR FRANCISCO J. TAPIADOR

La intimidad, en poesía, se entiende a menudo como el resultado de un des-


pliegue emotivo, de sentimientos. Pero la intimidad es otra cosa; una muy diferente
no en grado, sino en sustancia. No tiene nada que ver con lo efímero, lo sentimen-
tal, las bajas pasiones y apetitos que asedian a las vidas desordenadas. La intimidad
poética es espiritual y, por lo tanto, inefable e incomunicable. Siendo así, un poeta
no puede usar las palabras para intentar comunicar un estado. Es una tarea ilusoria.

112 Jot Down Magazine


Una lectura de poesía beat en Nueva York, 1955.
Fotografía: Susan Wood / Getty.

A lo más que puede aspirar un poeta es a que una sabia antonomasia, nos es inaccesible a los hombres. La
elección de sonidos y silencios genere una vibración paternidad es otra cosa muy diferente. Importante
que resuene en quien lee, reproduciendo así con ma- también, pero otra cosa. Sucede lo mismo con expe-
yor o menor fidelidad una experiencia a través de un riencias traumáticas, como las de Todo lo que tengo lo
proceso ignoto, uno que nadie ha sabido precisar por llevo conmigo, de Herta Müller, o lo que escribió To-
la sencilla razón de que, si se pudiera describir su me- mas Tranströmer.
cánica, la poesía dejaría de pertenecer al ámbito de lo
metafísico, ese reino de lo subjetivo, irracional y per- Ambos autores resultan accesibles incluso traducidos.
sonalísimo. Cesaría, pues, de resultar útil como forma Sucede así gracias precisamente a la sustancia poética
única de conocimiento humano. que logran destilar para que quepa en otro lenguaje.
Así podemos, si no comprender, sí atisbar algún des-
Cuando leo y entiendo a Emily Dickinson, no es el tello de sus experiencias. Esta virtud no es la norma,
conocimiento de sus vivencias —tan diferentes de las porque la lírica suele estar ligada al uso de la palabra
mías— lo que pulsa una cuerda en mi interior, sino sus exacta, y por ello a su idioma original. Sucede con Juan
versos, que operan como un conjuro. Leyendo algu- Ramón Jiménez. Es complicado que sus versos logren
nos de sus poemas me transformo, por un instante, en pulsar la cuerda precisa cuando se vierten al inglés.
Emily Dickinson. La lectura de «Las nanas de la ce- Pocos extranjeros que no dominen el español han en-
bolla», de Miguel Hernández, también me conmueve tendido Platero y yo, aunque hay nativos que tampoco
porque el poeta ha accedido a compartir conmigo su logran penetrar en ese libro porque no se dan cuenta
espacio familiar más sagrado de una forma tan bien de que no es la historia de un señor estrafalario y un
trabajada que la invitación y su arte me permiten en- adorable burrito, sino la identificación de la mirada
trar en comunión con su vivencia. Lo mismo sucede del poeta con la de Platero y su manera de percibir el
cuando Amalia Bautista encuentra la luz en los pies de mundo; de ver el pueblo de Moguer —un micromundo
sus niñas: se ilumina un rincón de mi interior cuando que resulta ser todo el universo y todo lo que impor-
releo unos versos que me transportan a lo bueno, lo ta— a través de la sensibilidad pura de un animal. Po-
noble y lo bello. cas herramientas literarias hay capaces de afinar tanto
la sensibilidad como ese libro. Platero, en su blancura
Esos poemas —y muchos más, como los de Clara Ja- suave de algodón y su trotar infantil, pertenece al rei-
nés— son regalos que nos permiten penetrar a hurta- no de lo más íntimo. Su inocencia nos saca de la mirada
dillas, como invitados, en el mundo reservado de otras vulgar y prosaica de nuestro entorno y nos enseña la
personas, de unos seres generosos que no han dudado puerta de otro universo. Y es la conciencia de la muer-
en abrirse para compartir una experiencia personal te del animal, su futuro entierro bajo el pino grande
que consideran valiosa. y redondo, lo que nos la abre. Esa presencia, ese pre-
sente, enseña al joven y torpe poeta a sentir el mundo,
La poesía y sus capacidades para la exploración de lo transmutándolo hacia un nuevo estado.
íntimo no se limitan al verso. El intimismo de Martín
Gaite en su novela El cuarto de atrás no estriba en la La muerte de un ser querido es materia poética tradi-
forma; Marina Mayoral también explora lo persona- cional. Todos hemos estudiado los poemas de Petrar-
lísimo en Bajo el magnolio, otra novela; y pocas veces ca a su amada Laura y de Jorge Manrique a su padre;
ha llegado la literatura española a cotas tan altas de poemas que conmueven tanto por el tema como por
lirismo como en Los hijos muertos, de Ana María Ma- su serenidad. El valor de la buena poesía se multipli-
tute. Al hilo de esta última novela, no todas las habi- ca cuando comprendemos que el tratamiento de una
taciones de lo íntimo están abiertas para cualquiera. experiencia tan terrible no tiene por qué ser íntimo.
El tratamiento de la maternidad, espacio íntimo por No todos consiguen lo que lograron estos poetas, o

113 Jot Down Magazine


Umbral en su Mortal y rosa, ese monumento a la su- cerlo con la legión que dedica las estrofas a lloriquear
blimación del dolor a través del arte de la palabra. por trivialidades adolescentes o a intentar convencer-
Otros que han descrito la muerte de un hijo han caído nos de lo mucho que sufren injustamente por razones
en el exhibicionismo impúdico de su dolor a través de siempre ajenas a ellos mismos. Nada más lejos de la
páginas carentes de profundidad y plagadas de tram- intimidad que un desnudarse exhibicionista.
pas efectistas para pulsar la tecla sensible, en vez de
dar cuenta del abismo que se abre ante el que queda. En principio, lo erótico y sensual sería propicio para
Solo el trabajo febril y desesperado para crear belleza el tratamiento de lo íntimo en la poesía, pero cuando
puede amortiguar, algo, una pérdida que no se puede los malos poetas tratan esas vivencias pocas veces lo-
comparar con ninguna otra. Y ahí hace falta no solo gran vencer la barrera de la molicie para transmutar-
técnica y arte, sino tiento y una aproximación oblicua. las en lo que hay detrás del mero ejercicio físico, las ri-
sas y el sano intercambio de fluidos. Hay mucha gente
Porque, a menudo, a la intimidad poética se accede de que confunde la intimidad sexual entre dos personas
soslayo. Gran parte de la eficacia de la poesía reside en con contarnos detalles más o menos escabrosos de su
la insinuación. Lo explícito rara vez funciona. Nues- vida privada en forma de verso, así como otros la usan
tro diapasón interno resuena ante el poema de Rosa- como un arma para la política y el activismo, como si el
lía de Castro (famoso por la canción de Luz Casal) que verso fuera a ser más eficaz que un buen recurso con-
alude a una misteriosa sombra, pero no lo hace fren- tencioso-administrativo o la tribuna de un periódico.
te a una de esas exageraciones expresivas en las que Relegar lo profundo a favor de la exposición impúdica
caen quienes no se dan cuenta de que solo explicando de lo sentido o del panfleto conduce a una escritura
su caso no consiguen transmitir lo trágico, ni conver- imperfecta que se quiere hacer pasar por poesía por-
tir su experiencia en memorable, sino que más bien que está compuesta de una determinada manera en
revelan que su triste estado es fruto de una serie de la página, pero que no lo es. Las mesas de las librerías
decisiones erróneas y de daños autoinfligidos. Rosalía están llenas de vulgares declaraciones de necesidades
es contenida, simbólica, recatada, modesta, universal. fisiológicas, carencias afectivas, desesperación angus-
No hay afectación en ella. Y es eso lo que permite es- tiosa porque las cosas no sean como a uno le gustaría,
tablecer una conexión. manifiestos no solicitados, peticiones de compañía o
relaciones, y exhibiciones de complejos varios, todo
Sí se percibe artificio, a veces, en otros poetas. Da la ello envuelto en una falta de destreza y conocimiento
impresión de que estuvieran más interesados en lla- técnico que, si no afecta a la poesía, es porque esta es
mar la atención, o en que se note lo listos que son, que inmune a las carencias de sus peores practicantes.
en el arte; en la lírica. No se esfuerzan en compartir
con sencillez una vivencia. Gritan desde una desespe- Por suerte, la poesía —como la intimidad— es fértil y
ración real, pero epidérmica, anteponiendo el deseo ubicua. Te la puedes topar en cualquier sitio. Fui a Is-
de ser vistos, rescatados y queridos —que les hagan landia buscando paisajes, hielo y fuego, y descubrí una
casito— a esa indagación profunda en el sentimiento literatura. Así, encontré a Laxness, que exploró varias
que les podría hacer alcanzar por sí mismos la super- dimensiones de la intimidad en su retrato de una Is-
ficie. Qué diferencia con Rosalía de Castro, ella sí in- landia rural que quizá nunca existió en los detalles,
defensa, condenada, inerme ante circunstancias que pero sí en su esencia. La naturaleza inhóspita de la isla
la sobrepasan. La misma diferencia entre Ana Ozores ofrece grandes posibilidades para la introspección de
y la señora de Bovary. sus habitantes, y los poetas islandeses —los de des-
pués de las sagas— han sido fértiles en el cultivo de sus
Conecto por lo mismo, por la autenticidad, con Jo vivencias profundas, las únicas que parecen capaces
Shapcott o con Carol Ann Duffy, pero me cuesta ha- de arraigar en la soledad de un medio ambiente tan

114 Jot Down Magazine


Conecto por lo mismo,
por la autenticidad, con Jo
Shapcott o con Carol Ann Duffy,
pero me cuesta hacerlo con la
hostil. Pállson («Mi casa»), Eldjárn («Bueno y malo»), legión que dedica las estrofas
Guðmundsson («Pienso en ti»), Valdimarsdóttir («En
el viejo patio de iglesia»), Sjón («Brujería») han explo- a lloriquear por trivialidades
rado de diferentes maneras la intimidad, con mayor o
menor éxito, pero La luz del mundo, de Laxness —de
adolescentes o a intentar
nuevo una novela—, les supera en calidad poética. El convencernos de lo mucho que
pobre y desvalido protagonista de la historia y su bús-
queda siguen conmoviendo y aportando más y más sufren injustamente por razones
luz sobre una naturaleza humana que no es accidente
que sea tan parecida en todos los lugares. Estoy con-
siempre ajenas a ellos mismos.
vencido de que encontraré los mismos víveres para mi Nada más lejos de la intimidad
viaje en las literaturas que aún no conozco.
que un desnudarse exhibicionista
Queda hablar del amor. La intimidad del amor en la
poesía es quizá el aspecto más maltratado por los que
aspiran a vivir de la poesía. Confundido a menudo con
lo sensual, emborronado con otra cosa que no tiene
nada que ver, el deseo; el amor, en su aspecto de en-
cuentro entre dos seres, se ha venido expresando con
tantas variantes como los destellos de un diamante
bien tallado. Pero pocas obras han tratado de la sus-
tancia primera, el milagro que sucede cuando de re-
pente se derriba el muro que separa a dos seres. Lo ciación del neófito a la poesía, el proceso de entrada al
logró Salinas en La voz a ti debida, una obra que quizá conocimiento de que existe un reino, el poético, muy
como ninguna otra epitomiza la expresión de la inti- diferente del cotidiano. El Alfanhuí, de Ferlosio —sin
midad en esa manifestación del amor. duda su mejor libro—, no solo recorre, sino que propi-
cia ese proceso imborrable que solo se puede dar una
Lo cotidiano y familiar ha sido también materia de vez en la vida y que cada lector de poesía ha experi-
intimidad poética, pero el grado supremo de la inti- mentado de una forma diferente, a menudo con libros
midad en poesía —y del amor— habita en la mística. disímiles. En mi caso fue Eliot, y luego Whitman; pero
Clarice Lispector se acercó mucho a ser capaz de otras personas entraron en este jardín a través de
transmitir una experiencia inefable gracias al trance Lorca o de Machado. La iniciación solo puede suceder
que induce su prosa, en la que la repetición incesante una vez, porque el secreto no puede dejar de saberse
de la misma estructura consigue hacernos olvidar el una vez conocido ni, por su naturaleza particular, ser
acto de la lectura para entrar en resonancia con lo que olvidado. Es una experiencia transformadora tras la
está más allá del espacio y del tiempo. La dificultad cual el mundo no se puede volver a ver igual.
casi insalvable que encuentra la mayoría de la gente
para leer La pasión según G. H. sin perderse a cada Los místicos clásicos, san Juan de la Cruz o santa Te-
frase se debe, no a que la prosa sea intrínsecamente resa de Jesús, comprendieron enseguida que lo más
difícil, sino a que trata experiencias y conceptos que íntimo no puede ser comunicado. La descripción de
solo conoce una exigua minoría de iniciados. santa Teresa de las estancias de su alma, de su camino
hacia lo más profundo del castillo interior, repite sin
Y es que la poesía también exige una ceremonia de cesar esa idea, excusándose a cada paso por la inevita-
paso. Hay un libro prodigioso que recoge el rito de ini- ble pobreza de la lengua incapaz de expresar con pro-

115 Jot Down Magazine


Pablo Amargo

El gran obstáculo que lastra el


acceso a lo íntimo a través de la
poesía es no aceptar la idea de
una realidad ajena a lo sensible,
una a la que de alguna manera no es incompatible con llevar una vida guiada por la
razón, ni con la certeza de que el camino del progreso
se puede acceder por una humano es ceñirse a lo empírico como piedra de to-
resonancia inexplicable entre que para distinguir lo que no son más que fantasías de
lo que sigue ahí cuando dejamos de creer en ello. Solo
universos disjuntos lo físico puede ser social e interpretable. Lo metafísi-
co es personal e incomunicable. Esto bien lo sabía el
mismo Wittgenstein —el gran iluminador de los os-
curos y estériles laberintos verbales de los filósofos—,
un místico en su esfera privada, como comprobaron
con estupefacción las mentes brillantes de Cambrid-
ge cuando por fin conocieron al «último filósofo»; la
persona que acababa de dar carpetazo a siglos de fi-
losofía.

piedad lo inconmensurable, lo infinito e intemporal.


San Juan de la Cruz, por su parte, sublima la metáfora
antigua del amor carnal. Otros emplean técnicas di-
ferentes. Los procedimientos tan particulares que
tiene la poesía para vivir la experiencia generan una
inevitable confusión entre los que no entienden de
estas cosas. Eso no es un problema, porque no es para
ellos. Los que saben se sumergen despacio en la belle-
za de los versos para inducir en sí mismos las expe-
riencias que otros dicen haber tenido. Ha de hacerse
así no solo porque lo espiritual es íntimo por natura-
leza, sino porque no puede ser dicho ni explicado. No
podemos decir nada sensato sobre ello: solo podemos
mostrarlo, ponerlo en movimiento, ejecutar la litur-
gia que imita al acontecimiento o repetir el acto una y
otra vez con la esperanza irracional (o más bien, fuera
del ámbito de la razón) de que produzca una chispa
que nos conecte, por simpatía, con la fuente.

El gran obstáculo que lastra el acceso a lo íntimo a tra-


vés de la poesía es no aceptar la idea de una realidad
ajena a lo sensible, una a la que de alguna manera se
puede acceder por una resonancia inexplicable entre
universos disjuntos. Pero este obstáculo es como el
gigante Talos de la mitología griega. Parece formida-
ble e invencible, pero tiene un punto débil que lo hace
colapsar. En este caso, su talón de Aquiles es la epifa-
nía de que el que pueda haber cosas más allá de lo cog-
noscible y que podamos vislumbrar de alguna manera

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118 Jot Down Magazine
BENET
CASABLANCAS
«La música, como
todo arte, es una vía
de conocimiento»

POR ALEJANDRO LUQUE


FOTOGRAFÍA DE SONIA TRONCOSO

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Camina con agilidad por los pasillos del hotel Occidental de Aran-
juez, con cierto aire excéntrico, de pintor inspirado o científico de
viñeta. Habla con pronunciado acento catalán y pasión contagiosa
de los temas que le motivan, especialmente la música, a la que ha
dedicado toda su vida en múltiples frentes: composición, dirección,
enseñanza, gestión, investigación, divulgación... Benet Casablancas
(Sabadell, 1956), autor de creaciones como la ópera L’enigma di
Lea, seis cuartetos de cuerda, varios cuadernos de haikus o páginas
sinfónicas como The Dark Backward of Time, y de libros como El
humor en la música o Paisajes del romanticismo musical, participó
en las Converses de Formentor y accedió amablemente a conver-
sar con Jot Down de Wagner o Beethoven, literatura e incluso del
reguetón.

120 Jot Down Magazine


Aquella frase de Nietzsche —«sin música, la vida que no se aleja demasiado de las palabras de nuestro
sería un error»—, ¿qué le sugiere a usted? poeta— y que hago plenamente mía al señalar el pun-
Como músico, no quiero interpretar de un modo to clave: «Clásico es aquel texto que nunca acaba de
chauvinista esa frase, porque creo que el arte, la cul- decir todo lo que tiene que decir». Pero claro, emplea-
tura, los libros, todo eso es lo que da valor a la vida. Y mos aquí dicho término en una acepción distinta a la
la música, por supuesto. Y viniendo de Nietzsche, de que dicta la historiografía musical. Aunque, en este
todas formas, es muy significativo, porque él compo- terreno, no hay esa uniformidad que sí existe en las
nía, tocaba el piano. A veces se dice maliciosamente artes plásticas, ni tampoco unanimidad entre los paí-
que era un mal compositor. ¡Pero era compositor! ses: para los franceses, por ejemplo, su música clásica
Compuso una Meditación sobre Manfred, para piano a es la del Barroco. Clásica puede ser, en el sentido que
cuatro manos; tiene una cantata para coro y orquesta le da Calvino, una obra renacentista, barroca, román-
con texto de Lou Andreas-Salomé, piezas para piano, tica, contemporánea, etcétera. La Heroica de Beetho-
fragmentos sinfónicos… Cuidado, para ser un diletan- ven es un clásico, ciertamente, y además se inscribe
te no está nada mal. Fischer-Dieskau grabó un disco en el período clásico, aunque esto último acaba siendo
con sus canciones. una anécdota. Y quien dice la Heroica, dice La pasión
según san Mateo o La consagración de la primavera.
Y está su relación con Wagner… Eso es lo que determina la condición de obra maes-
La relación con Wagner ha sido muy mediatizada por tra, realmente: que tenga una proyección en el tiempo
clichés, ideologías, circunstancias biográficas… Pero que trascienda su propia época.
partimos de la base de que Nietzsche era músico. Y
cuando escribe cosas sobre Wagner, en cualquier mo- Ya que hemos empezado hablando de literatura, su
mento de su vida, se nota mucho que lo hace también propia obra musical está muy relacionada con esta,
como músico. No solo como filósofo, que valora muy como sucede con otros compositores. ¿Están tan
críticamente la evolución que lo lleva a escribir Par- cerca?
sifal, pongamos por caso, sino también como músico. Son disciplinas artísticas hermanas. El anhelo que nos
Y, por tanto, dice muchas cosas muy interesantes de mueve, el anhelo de buscar, es el mismo. Hay una cier-
Wagner que todavía hoy podemos aprovechar, algu- ta voluntad utópica en el fondo. Por decirlo llanamen-
nas de calado. Dice, por ejemplo: «Wagner, el gran mi- te, no nos gusta el mundo en que vivimos. Nosotros
niaturista», que no es precisamente una observación postulamos una realidad diferente que nos permite
obvia, pero que se puede argumentar y demostrar acceder a un ámbito de experiencia que no es el de la
musicalmente. Pero también afirmará, con malévola vida corriente. La obra de arte siempre tiene algo de
perspicacia: «En Wagner hay muchos tesoros, pero utópica. Y eso se refleja perfectamente en la música.
lleva demasiados diamantes falsos». Es interesante. Es bastante habitual que la gente describa sus sensa-
Ya me perdonarás, pero Nietzsche sabía de lo que ha- ciones cuando escucha música con una expresión de
blaba. Su relación con Wagner es un tema complejo uso común: «Nos sentimos como transportados». Esa
que a menudo se trata de un modo muy reduccionista. es la traducción literal de la palabra éxtasis, ni más ni
menos. Y creo que eso sucede en todas las artes, en el
Otra cita que me viene a la cabeza es cuando le pre- mejor cine, en la literatura, por supuesto: las grandes
guntaron a Juan Ramón Jiménez, que era un clási- obras lo generan. Vas a la Tate Gallery, doblas una
co, y él respondió: «Clásico es estar vivo». Me pre- esquina y de repente te encuentras con la sala —más
gunto si todo lo que hoy llamamos música clásica bien capilla— dedicada a Mark Rothko. Recuerdo la
está vivo, o por el contrario... primera vez que fui y quedé anonadado; no me lo es-
En mi intervención en las Conversaciones de For- peraba, no contaba con ello. Entras y te sientes en otra
mentor recordé la definición de clásico de Calvino — dimensión. Mi gratitud a Rothko y a todos los grandes

121 Jot Down Magazine


«Entre el supuesto elitismo
de la alta cultura y los
espectáculos de masas hay una
escalera: se llama educación, y
nos permite elegir en libertad»

creadores por regalarnos esas experiencias. Artistas, afinidades, como Cees Nooteboom, Antonio Muñoz
pensadores, científicos: en el fondo todos ellos buscan Molina, Rafael Argullol… Cada lenguaje tiene sus me-
dar más plenitud a la vida. La vida es efímera, nos en- dios, pero se trata de ser capaz de construir, de dar
señan sabios y poetas. Pero las disciplinas humanís- forma a la obra. Es decir, hay que organizar la obra
ticas nos permiten enriquecer nuestras vidas y abrir- estructuralmente. ¿La finalidad? Emocionar, comu-
nos a nuevos horizontes. nicar, expresarse o, como suele decirse, generar algún
tipo de retroalimentación. Pero la música debe estar
Pero no todas lo hacen de la misma manera, ¿no? organizada. Como la arquitectura o la pintura. Obser-
Cada arte tiene su dinámica y sus medios específicos. va, por ejemplo, los diarios de Paul Klee, otro creador
Pero la música es, para bien y para mal, algo que nos a quien admiro mucho. Él se preocupa por la forma,
afecta de un modo muy singular. A veces incluso al busca los equilibrios. Kandinsky, Rothko también.
margen de la voluntad. Antes surgió el tema de Wag- Rothko tenía una relación con la música muy inte-
ner. Cuando Baudelaire escucha por vez primera su resante. Muchos piensan en autores coetáneos: «Ah,
música en París, quedó muy impactado, escribiendo claro, Morton Feldman». No, no. Él trabajaba siste-
una sensacional reseña crítica en la que describe el máticamente con Mozart y solo a veces se permitía un
efecto causado: era como un narcótico, sentías que poco de Schubert. Es decir, ¿qué hace el creador? Yo
se apropiaba de tu voluntad. Eso no lo veo como algo suelo usar una expresión que me parece clarificado-
positivo, es inquietante. Eso no lo podrías afirmar de ra: organizar la emoción. Es un binomio, digamos; son
Mozart, por ejemplo, ni de Bach ni de Ravel. Y George dos vertientes que están absolutamente unidas. No
Steiner, a quien admiro mucho, dedica un capítulo de hay músicas más poderosas y estructuradas que las
su autobiografía a hablar de la música. Era un hom- de Josquin o Bach, que nos hacen aflorar las lágrimas.
bre culto, centroeuropeo, y como tal la música for- Tiene que producirse esta amalgama.
maba parte de su mundo. Pero aborda también esta
parte ambigua de la música, que puede prestarse a Si hablamos de Lulu, una obra desgarradora pero
usos no tan lícitos. Él señala la famosa contradicción también sensual y bella —porque la categoría de be-
de estar tocando Schubert por la noche y de día ser el lleza, estoy de acuerdo con Scruton, no tiene por qué
comandante del campo de concentración… ¿Cómo darse por periclitada—, vemos que el concepto de be-
es posible? Quizás porque el efecto que nos produce lleza va cambiando, evolucionando, pero creo que es
es muy potente, pero no pasa necesariamente por el un ideal vigente. Buscar la belleza allí donde otros se
entendimiento y la plena consciencia. Si pensamos en sentían atraídos por la fealdad. Se ha hablado mucho
la gran tradición occidental —podríamos hablar tam- del proceso creativo: todo se reduce a trabajar con las
bién de las otras—, la música tiene un valor artístico y herramientas que da el oficio y con la esperanza de
humano extraordinario. Como las demás disciplinas que salga algo, receptivo a la epifanía y —si surge—
artísticas. dejarse llevar por la emoción del rapto, llámalo como
quieras. Lo que decía Picasso: «No busco, encuentro».
Normalmente, cuando se aborda la conexión entre ¡Es fantástico cuando eso ocurre! Pero luego hay que
música y literatura, se mencionan compositores trabajar durísimo. Fíjate en esas series de grabados,
que se inspiran en motivos literarios. Pero en su La suite Vollard; yo creo que, junto con los de Durero,
caso, también hay inspiración en la forma. Cuando Rembrandt y Goya, son los grabados más grandes de
habla de epigramas, de haikus, ya no está hablando la historia. Pero si los miras con atención —¡la fuer-
de un motivo, sino de una forma literaria. ¿Qué le za y delicadeza de la línea!— son de una calidad téc-
interesa de eso? nica que te deja sin palabras. Claro que hay emoción
He hablado largo y tendido sobre estos temas con en la Misa en do menor de Mozart o la Sexta sinfonía
muchos amigos y colegas con quienes compartimos de Bruckner, pero eso solo es posible porque hay una

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estructura férrea que las sostiene. La forma, no se primer nivel de lectura en Bernhard que tiende a la
olvide, es la que asegura la inteligibilidad. No todo el angustia, a lo dramático. No puedo leerlo en alemán,
mundo nace con una disposición natural para leer el pero tenemos excelentes traducciones al español: hay
Ulises de Joyce, y lo mismo pasa con la gran música. un juego con el idioma que es muy musical, largas fra-
Requiere familiaridad, conocimiento, madurez, tiem- ses que vuelven sobre sí mismas, motivos y palabras
po… y por eso es fundamental la educación. recurrentes, un gran sentido del ritmo y de la curva
tensional. En el caso de Nabokov el virtuosismo es
¿No confía en un acercamiento espontáneo a ese todavía mayor, y se suma a un contenido de enorme
tipo de obras? riqueza conceptual.
Sí y no. Yo creo en la cultura del esfuerzo. Todo lo que
vale la pena cuesta. Son valores, si se quiere, conven- ¿Y en la música?
cionales, sí, pero a veces hay que recordar lo evidente. En la música pasa lo mismo. Puede haber obras más
Hay mucha gente ahora mismo en el mundo trabajan- densas o difíciles que otras, que se nos abren a la pri-
do en la demolición de nuestros mejores valores, así mera audición. Volviendo a la pintura: las últimas
que más que nunca tenemos que hacer nuestro traba- obras de Rothko, por ejemplo, esos negros, esos gri-
jo lo mejor posible. Lo que llamamos arte, la filosofía, ses… Son angustiantes, apenas hay aire para respirar,
la literatura, la poesía enriquecen tanto nuestro inte- pero otras obras del autor tienen colores mucho más
lecto como nuestra sensibilidad. Y a menudo compor- vivos y luminosos. La música permite muchos tipos
tan también un ingrediente lúdico. Eso es algo muy de acercamiento y disfrute. Depende también de las
importante, porque cada uno se siente concernido de obras y de los modos de escucha. Creo que en la músi-
un modo único e intransferible. Podemos tomar esos ca concurren diferentes planos que nos permiten dis-
juegos de palabras de Nabokov o el Bernhard de una frutar a distintos niveles de una fuga de Bach, de las
obra que me gusta mucho, Maestros antiguos. Hay un obras de Stravinsky o de Schönberg, o de piezas que

123 Jot Down Magazine


se están componiendo hoy. La música tiene una fuer- cock: «¿Qué es eso?» Y respondes: «Un aparato para
te vertiente emocional, sin duda, sujeta a los cambios cazar leones en Escocia», y te dicen: «¡Pero si no hay
de estilo y de época, pero siempre presente. Está tam- leones en Escocia!», y concluyes: «Entonces, no es un
bién la sensualidad del sonido, la fascinación por las MacGuffin». Es decir, son ganchos, meros pretextos o
combinaciones de timbres y colores, incluso la sines- puntos de partida para abrir nuevas perspectivas de
tesia. Pero al mismo tiempo —y eso suele olvidarse— acercamiento a la obra musical, que permitan ampliar
la música, como todo arte, es una vía de conocimiento. la experiencia musical del oyente medio.
No se puede escuchar a Beethoven sin ser conscientes
de que en su música se despliega el logos: el Concier- En mis libros, quienes saben música pueden seguir
to para violín es prácticamente contemporáneo de la los análisis. Y quienes no, pueden ponderar las ideas
Fenomenología del espíritu de Hegel. Hay una exposi- expuestas y contemplar las ilustraciones que las
ción, un desarrollo y una conclusión, y además es un acompañan. Pero todos ellos —eso es lo más impor-
discurso afirmativo, porque hay una convicción en el tante— pueden escuchar las obras y pasajes musicales
poder resolutorio de la razón. Y luego está la dimen- examinados para verificar sus percepciones y elabo-
sión lúdica, cuya trascendencia ya subrayó Huizinga. rar sus propias impresiones. ¿Comprendes? Se trata
Yo escribí un libro entero sobre eso. simplemente de ofrecer algunas claves y referentes
para escuchar la música, como pueda serlo un mínimo
Su libro sobre el humor en la música resultó una conocimiento de las figuras retóricas (sin ellas no po-
sorpresa para mucha gente, ¿quizá porque nunca demos comprender a Bach) y de los tópicos estilísti-
habían considerado juntos ambos conceptos? cos (que iluminan la recepción del clasicismo vienés).
Hay chistes que, si no dispones de ciertas claves, no
puedes entender, y en la música pasa igual. Mientras Cuando asistes a un concierto o pones un disco… ¿en
que la parodia, la caricatura y otros efectos más grue- qué te fijas al escuchar una sinfonía de Beethoven, la
sos, incluso escatológicos, se perciben con facilidad, Novena, por ejemplo? He dicho a veces, medio en bro-
hay juegos de palabras, bromas y golpes de ingenio ma, que, dependiendo de la ocasión, empezaría la in-
que no se captan a la primera. Pero estamos hablan- terpretación de la obra por el final. ¡Mucha gente está
do de una amplia variedad de registros. La ironía, por impaciente por escuchar el Himno a la alegría, y tiene
ejemplo, como la que encuentras en Heine y también que esperar mucho tiempo —el que duran los restan-
en Schumann o Mahler, es mucho más sutil. La músi- tes movimientos— hasta que por fin llega el anhelado
ca integra una enorme riqueza de estratos —el logos, Finale! La estima de muchos músicos seguiría casi el
lo sensorial, el impulso casi físico, el ritmo, la emo- orden inverso. El último movimiento es ciertamente
ción, el humor— ¡y yo los quiero todos! extraordinario y emblemático, pero los movimientos
anteriores lo son incluso más. Musicalmente, el pro-
¿Ha sobrado, pues, solemnidad en el ámbito musi- meteico movimiento inicial es un torso formidable;
cal y sus ritos? su clímax y desarrollos fugados no tienen parangón.
Bueno, esta es la pregunta que planteó Alfred Bren- Algo similar podría decirse del monumental scherzo o
del, a quien luego tuve el privilegio de conocer y del visionario Adagio. Quizás si el público menos for-
tratar a lo largo del tiempo, en un ensayo ya célebre mado escuchara en primer lugar el Himno a la alegría,
que fue el punto de partida de mi propia indagación: podría apreciar mejor lo que viene después.
«¿Tiene la música clásica que ser siempre tan seria?».
El resultado fue, años más tarde, mi primer libro, al Creo que va a encontrar algunas opiniones en con-
que siguió más recientemente el ensayo sobre el ro- tra de esa propuesta…
manticismo musical. Pero ambos temas constituyen Pero la pregunta que me he planteado muchas veces
en realidad un MacGuffin, ¿sabes? Aquello de Hitch- es: ¿qué escucha la gente cuando escucha música? Sin

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«Hay mucha gente ahora mismo en el
mundo trabajando en la demolición
de nuestros mejores valores, así que
más que nunca tenemos que hacer
nuestro trabajo lo mejor posible»

duda, hay tantas respuestas como oyentes. Pero creo y variantes, y de las modas. Desconocimiento que, pa-
mucho en la divulgación de alto nivel, que empieza radójicamente, aumenta a medida que nos acercamos
por ejercitar el propio oído y que permite orientar un a la gran música de los siglos xx y xxi.
poco la escucha. Decimos: «los violines…». Sí, pero el
que está tocando el tema es el clarinete. «Ah, claro…», No creo pecar de chauvinismo, pero lo lamento por
pero ahora responden los cellos y los bajos. Distinguir múltiples razones. La primera, porque siempre me
las voces, discriminar qué partes son más importan- ha interesado el diálogo entre los distintos lenguajes
tes, ¿sabes?, ese tipo de cosas. Todo el mundo puede artísticos. En segundo lugar, porque dicho desconoci-
captarlo, y es como abrir las puertas para poder pene- miento se extiende a la clase política, que a su vez lo
trar en la música y apreciarla más. proyecta al resto de la sociedad. Yo he vivido la expe-
riencia de organizar con amigos míos de los años uni-
Del mismo modo que hay grupos de lectura donde versitarios unos seminarios interdisciplinares. Eran
compartir impresiones sobre un libro, también el me- tertulias quincenales en las que participaban licen-
lómano dispone de medios para cultivar su afición. ciados en filosofía, antropología, derecho, geología,
Cuando algo nos gusta mucho, nos gusta compartirlo pintores, escritores, etcétera, y en distintas sesiones
con los amigos. Mis libros nacieron de esa voluntad de cada uno de nosotros presentaba una ponencia sobre
compartir: ofrecer al aficionado medio algunas claves su especialidad. Todos aprendimos mucho.
para la escucha con el fin de enriquecer su experiencia
estética y gozar todavía más de las obras de los gran- Yo dediqué una de mis sesiones a la Octava sinfonía
des maestros. Ni más ni menos. de Beethoven, una sinfonía grandiosa, pero que no
pertenece al grupo de las más populares. Y recuerdo
Por terminar con la parte literaria, estos días hemos perfectamente la emoción de mis amigos al descubrir
oído a su compañero Sánchez-Verdú manifestando un mundo nuevo para ellos, pletórico de sensaciones
una queja que comparten bastantes músicos y com- inéditas que pasaron ya a formar parte de su bagaje
positores: afirman que en España los intelectuales cultural. No puede ser de otro modo: si te interesa el
no saben de música, a diferencia de Europa, donde conocimiento, te gustan los buenos libros, y vas a ex-
sí existe esta formación. Usted ha mencionado a al- posiciones, al teatro y al cine, hombre, ¿cómo no vas a
gunos amigos con los que sí tiene esas conversacio- disfrutar con la buena música? No tendría que haber
nes, pero, ¿hay más? ningún muro, ¿sabes?
Sí, sí, claro que los hay. Pero existe todavía un gran hia-
tus con lo que es la cultura musical, que constituye una En paralelo a mi tarea docente especializada, he de-
parte troncal de la tradición humanística, ya desde la dicado bastante esfuerzo a tareas de divulgación, y
Edad Media, con el quadrivium, a medio camino entre es muy agradecido. Pero cuando luego ves los pro-
la ciencia y el arte. En otros países esta distancia no es blemas de la educación general, las dificultades para
tan pronunciada. Es un fenómeno que viene de lejos: la leer y comprender, piensas: «Bueno, después de todo,
música, podría decirse, ha quedado un poco rezagada. tu parcela es tan pequeña…». Pero todos sabemos los
Hay gente muy culta y grandes connaisseurs de las ar- beneficios que comporta una mínima sensibilización
tes, las letras, el cine o el teatro que tienen un gran des- musical. Tampoco es todo culpa de la educación: hay
conocimiento del patrimonio musical. Sería raro que muy buenos maestros, y todo depende finalmente de
estos espíritus cultivados desconocieran hitos funda- que las personas tengan curiosidad por aprender, de
mentales de nuestra historia cultural —Rembrandt, el descubrir cosas nuevas.
Quijote, Bergman, Rilke o Palladio—, ¿me entiendes?,
pero muy a menudo sus referentes musicales son esca- En mi casa, por ejemplo, no había tradición musical,
sos, más allá de la música popular en todos sus géneros pero había algunos discos, no muchos, aunque todos

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ellos eran excelentes: El barbero de Sevilla de Rossi- guroso orden, la segunda, la tercera y todas las demás.
ni, Carmen de Bizet, los Valses de Chopin en la mara- Y es curioso, porque hablando un día con un apreciado
villosa interpretación de Dinu Lipatti, las Rapsodias amigo y colega, George Benjamin, descubrimos que
húngaras de Liszt. Estoy hablando de una generación para ambos el descubrimiento de las nueve sinfonías
que todavía vivió la guerra, sin estudios superiores de Beethoven sigue siendo probablemente la experien-
aunque sí profesionales, pero había una sensibilidad y cia musical más potente que hemos vivido.
un ansia de saber que se traducía en una pequeña pero
selecta biblioteca que guardo como un tesoro, y en di- La educación debería ofrecer a los ciudadanos las he-
versas aficiones que yo heredé (astronomía, egiptolo- rramientas básicas para que puedan ejercer su liber-
gía, viajes…). Estoy muy agradecido a mis padres. Sin tad de elección. Luego, si quieren escuchar pop, rock
ellos no sería la persona que soy hoy. —¡yo también lo hice, entiéndeme!— o lo que sea, pues
estupendo, pero que conozcan las opciones. A mí me
Había otra sensibilidad, ¿no? gusta mucho el jazz, por ejemplo, es una música fan-
Eran otros tiempos y etapas vitales. En la adolescencia tástica, ¿sabes? ¡Si disponemos de una paleta de colo-
descubríamos el mundo, teníamos múltiples inquietu- res más amplia, ganamos todos!
des, compré mis primeros libros, mis primeros discos,
empecé a estudiar piano… Y recuerdo la conmoción Ahora hablaremos de sus gustos, pero por acabar
que supuso para nuestro grupito de amigos la prime- con la educación, ¿no parece que los conservatorios
ra visita al Museo Picasso, recién inaugurado. ¡Empe- en España están hechos para que si el niño que en-
zamos todos a dibujar y pintar como locos! Recuerdo tra ahí con cuatro o cinco años termine o bien to-
también como una gran experiencia personal comprar cando en una sinfónica, o bien quede fuera? ¿No
el disco y escuchar la Primera sinfonía de Beethoven; debería fomentarse el término medio, trabajar más
yo era muy joven entonces. Y luego siguieron, por ri- ese amor por la música?

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Yo no conozco con detalle la situación actual, pero Una figura que me apasiona es Charles Ives, con una
creo que tienes toda la razón del mundo. La idea de producción radicalmente original y visionaria. No
crear solistas era un error muy extendido antes de me interesa tanto la improvisación, una práctica muy
la reforma de las enseñanzas musicales. Se trata de común también en las tradiciones europeas, tanto po-
formar buenos profesionales que puedan cubrir los pular como culta. Me fascina la precisión del ritmo y
diferentes estratos de la profesión musical, que son las sutilezas métricas y de pulsación: Fats Waller, Art
muchos. Tatum, Oscar Peterson, Bill Evans… toda esa rique-
za armónica y rítmica. Y la sofisticación tímbrica: la
Hombre, hay cuestiones básicas, conciliando vo- trompeta de Miles Davis o el saxo de Coltrane, con
caciones, talento y ratios: si un solista toca con una un desarrollo instrumental impresionante. Yo diría
orquesta de noventa, conviene que haya noventa que los músicos de tradición clásica, americanos y
buenos músicos de orquesta por solista. Y habrá pia- europeos, hemos aprendido mucho de ellos, y ellos de
nistas que serán buenos solistas y otros que serán nosotros. Y no digamos el blues: tengo preciosas gra-
mucho más idóneos para la música de cámara o para baciones históricas. En seminarios de composición
acompañar a cantantes, para una escuela de ballet o he analizado a fondo obras de Ellington y Thelonious
para ser profesores de grado medio o elemental. Fue Monk, y hay sorpresas y paralelismos —¡con Bach, por
prioritario, en su momento, promover los instru- ejemplo!— muy interesantes.
mentos de cuerda, que forman la base de nuestras
orquestas, buscando también el equilibrio con los Ha mencionado antes a Steiner, melómano confe-
instrumentos de viento. so, que en cambio detestaba el rock duro. Llegó a
compararlo con «las grandes violencias políticas».
Creo que hemos progresado mucho en este terreno, ¿Lo comparte?
sobre todo con la fundación de las orquestas jóve- He dado muchas vueltas a esas afirmaciones. Creo
nes, que fue determinante. Ello permitió nutrir las que es una forma muy radical de expresarlo, ¿no?,
orquestas —no solo españolas— y de allí salieron ex- pero estoy más cerca de darle la razón que otra cosa.
celentes grupos de cámara, en particular cuartetos, el Él hablaba de las manifestaciones más extremas y
verdadero indicador —junto con el lied— de una so- agresivas del heavy metal. Y yo comparto la opinión.
ciedad musicalmente madura. Todo esto ha supuesto No es nada nuevo. Es una música —llamémosla así— a
un paso gigantesco. ¡Y no nos olvidemos de los ama- todas luces nociva para la salud, física y psíquica, de
teurs cualificados, que también los hay! quienes la escuchan. Pero fíjate que está pensada para
meter a la juventud en cualquier antro y someterlos
Ahora sí: antes me mencionó el jazz, ¿qué le intere- a una acumulación brutal e inhumana de decibelios
sa de esa música? que impiden toda comunicación, no permiten hablar
El jazz es un cruce de diversas músicas de tradición ni oír.
popular, pero que integra también elementos cul-
tos. Acantilado está publicando una serie de libros El rock y el pop son otra cosa, aunque va por épocas.
de música extraordinaria, y en ella no podía faltar el Hoy escuchamos a los Beatles, por ejemplo, y suenan
libro de Schuller (Los comienzos del jazz). El lengua- ya como clásicos. Lo que consume mayoritariamen-
je del jazz es muy rico y ha ido evolucionando con el te la juventud ahora no resiste la comparación. Hay
tiempo. Cuando fue descubierto por los compositores una gran pluralidad de músicas y géneros populares:
del siglo xx, quedaron todos fascinados. Stravinsky todas tienen sus valores y todas tienen su sitio en mi
compuso un ragtime, Berg otro, y Debussy escribió un fonoteca particular. Pero no sé reconocer discurso al-
cake-walk lleno de ironía. Incluso Beethoven usa mo- guno en el ruido ensordecedor y regresivo de la músi-
tivos shimmy típicos del rag en su última sonata. ca industrial.

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Discrepando de Steiner, pienso que, además de la
música, le horrorizaban algunos elementos, como el
culto a la juventud y a la fuerza. Pero se me ocurre
que Marinetti y los ruidistas, ¿no eran lejanos pre-
cursores de todo esto?
El caso que menciona responde a la fascinación de la
vanguardia —en particular el futurismo— por las má-
quinas y los sonidos de la gran metrópolis, y a la crea-
ción de nuevos instrumentos musicales, como el que
usted menciona, pero cuyos logros artísticos fueron
bastante anecdóticos, más allá de abrir nuevos sende-
ros que creadores de fuste supieron transitar. Este cul-
to a la modernidad y la explosión creativa auspiciada
inicialmente por la revolución rusa se refleja también
en la pintura, la arquitectura y el cine de la época.

Es un movimiento que he estudiado bastante y ha de-


jado su huella en el repertorio, singularmente el ruso,
empezando por La fundición de acero de Mossolov,
pero también en el ballet Bolt de Shostakóvich o en la
Suite escita de Prokófiev. Pero en Stravinsky, el más
grande de todos, no hay ni un ápice de ruidismo. ¡Con-
fío en no haberlo decepcionado! [ríe].

No, no, yo encantado de conocer su opinión.


Bueno, pues yo creo que los que amamos la lectura,
los que sabemos que la lectura fue una conquista de
los humanistas —sentarse a leer en su cámara, en so-
ledad y en quietud, y leer un buen libro…—, entende-
mos que esto venía de la tradición monacal. Tiempo
después se generalizó el acceso a la lectura con los
libros de bolsillo, pero claro, ¿cómo puedes tú reen-
contrarte contigo mismo? ¿Cómo puedes articular
tus pensamientos cuando estamos sometidos al im-
perio del ruido que todo lo invade? Creo que sería líci-
to efectuar una transposición al terreno político, pero
no seré yo quien la haga.

Nuestra sociedad fomenta estos fenómenos de masas


y el gregarismo, que siempre me ha parecido algo pe-
ligroso. No sé si estas reuniones multitudinarias y rui-
dosas tienen realmente un valor liberador o son una
mera válvula de escape que dice mucho de la salud de
nuestra sociedad. Quizás obedezcan a la corriente po-

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129 Jot Down Magazine
pulista dominante, que se extiende también al ámbito culos de seguimiento masivo hay una escalera que
artístico. Parece que no haya nada más temible que el se llama educación. Que la gente disfrute con y como
silencio y la soledad no obligada. Pero por encima de quiera, pero como sociedad debemos apostar deci-
todo prima mi vertiente anglófila: que hagan lo que didamente por reforzar dicha escalera en favor de
quieran, siempre que no invadan mi espacio personal. nuestra realización como personas libres. En todos
los frentes. La buena música, como la buena literatu-
A mí me gustaría que la gente fuera capaz de perma- ra, nos ofrece más y mejores satisfacciones. Lo demás
necer tranquila en su habitación —como recomenda- no son sino distracciones y pasatiempos que vienen a
ba Pascal— y disfrutara, como yo y muchos más, escu- llenar espacios de vacío y soledad. ¡Una persona que
chando cuartetos de cuerda de Haydn o de Berg. Pero sea un buen lector nunca se aburre!
que hagan lo que les plazca, ¡ellos se lo pierden!
Pagamos también un fuerte peaje a la moda, pasajera
Del reguetón, ni le pregunto… por definición, como advirtió Barthes. Hay fenóme-
Mejor que no. En general, me parece algo burdo y nos que adquieren de repente una gran notoriedad
rastrero. Las letras suelen ser deplorables, cuando para desaparecer poco después. La perspectiva del
no zafias y absurdas. ¿La música? ¿Dónde la ve? Solo tiempo cambia también nuestra apreciación de las
impulsos rítmicos obsesivos y enervantes. Que no lo cosas. Figuras que en su momento causaron sensa-
llamen cultura, por favor; es como denominar «músi- ción, como John Cage o Duchamp, han perdido buena
cas avanzadas» o «música electrónica» a la oferta del parte de su predicamento, quizás por quedar su obra
Sónar. No podemos pervertir el lenguaje. demasiado apegada a los defectos de su época, como
sabiamente señaló Pessoa glosando a Goethe. No así
El punto crucial para mí es este: entre el pretendido Morton Feldman, cuya música conserva su hálito de
elitismo de la cultura en mayúsculas y los espectá- gélida y distante poesía.

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«La buena música, como la buena
literatura, nos ofrece más y mejores
satisfacciones. Lo demás no son sino
distracciones y pasatiempos que vienen
a llenar espacios de vacío y soledad»

La obra más emblemática de Cage —4’33” minutos de en Francia. Había leído ya los escritos de Falla y tenía
silencio— se agota en una paradoja: el silencio no exis- ganas. No soy un gran aficionado, pero lo conozco y
te. ¡Pero eso ya lo sabíamos! Cualquier músico cono- respeto mucho, y cuando comemos juntos o escucho a
ce la importancia que tiene el silencio. Y los grandes Cañizares siempre aprendo mucho. El flamenco per-
compositores han sabido crear las condiciones para tenece al mejor acervo de las músicas genuinamente
que el verdadero silencio pueda manifestarse en ple- populares del mundo.
nitud en el seno de la obra musical. El silencio es un
efectivo medio de articulación sintáctica y uno de los Cuando estudiaba en Viena descubrí una tienda de
recursos retóricos más poderosos, no solo en música. discos que por fuera parecía normal, pero dentro te-
Estoy terminando ahora mismo un ensayo sobre este nían un cuarto forrado de discos, era fascinante. Te-
tema, que me ha revelado perspectivas inéditas. nía ante mí todas las músicas del mundo: África, Balí,
India, Persia, Vietnam del Norte, Vietnam del Sur,
¿No merece Cage, pues, su consideración? China, Japón, Islas Salomón, Java, Tíbet… una lista
La figura de Cage es poliédrica, es historia viva del si- interminable. Me gasté una fortuna, eran discos ca-
glo xx, y es interesante por otros motivos, como son rísimos, grabaciones de la UNESCO… Lo que aquí se
el desarrollo de nuevas grafías, el cultivo de la perfor- llamó más adelante la world music, término equívoco,
mance o su contribución a la música aleatoria, inspi- porque en su mayor parte se trataba de música culta
rada en el pensamiento oriental. Pero incluso en estos de las grandes tradiciones no occidentales.
terrenos son mucho más significativos, musicalmen-
te, creadores de fuste como Berio o Ligeti. Schönberg, Cuando llegó la primera orquesta de gamelán a París,
su maestro, decía de él que era un inventor talentoso los músicos con los mejores oídos de la época queda-
más que compositor. Curiosamente, y en términos ge- ron fascinados. Los textos donde Debussy cuenta sus
nerales, Cage parece inspirar más a los artistas plásti- impresiones son fantásticos. Nuestra música es un
cos que a los músicos. Obras como la susodicha 4’33” crisol de culturas. Sin los asedios de Viena por los tur-
o el celebérrimo urinario de Duchamp constituyen cos, que se prolongaron hasta 1683, la orquesta no se-
para mí poco más que ocurrencias démodé, que rozan ría como la que hoy conocemos, con platillos, bombo,
la impostura. Gombrich y Hobsbawm me eximen de triángulos y panderetas, recogiendo la influencia de
mayores comentarios. Después de todo, y como bien las bandas de jenízaros. Pero sin las exposiciones uni-
observó Tovey, hay chistes buenos y chistes malos. versales de París no habría tampoco gongs, tam-tams,
marimba, xilófono, láminas metálicas… La orquesta
Por terminar con el repaso con la música, ¿cuál es el occidental se alimenta de estos cruces intercultura-
problema con el flamenco entre los músicos consi- les, y este mestizaje me parece magnífico.
derados «cultos»?
No creo que exista ningún problema. Falla sentía una Y es interesante también recordar, cuando hay gente
gran admiración por el flamenco, que yo comparto. que parece despreciar la idea de una Europa unida,
Tengo además buena amistad con Cañizares, somos que la música fue pionera en este terreno y que ese
de la misma ciudad, Sabadell. Conozco también a diálogo transfronterizo se produjo ya en la música
Ginesa Ortega y a Estrella Morente, ¡con ambas he mucho antes y de una forma natural, por lo menos
compartido bolos! Cataluña ha sido siempre una gran desde los tiempos de Couperin. Él escribió una obra
cantera de músicos flamencos. Yo lo descubrí en Gra- maravillosa titulada Les Goûts-Réunis (1724), donde
nada, donde asistía a unos cursos. Un festival que du- conviven los estilos de la música francesa, italiana y
raba toda la noche, aunque yo solamente estuve seis alemana. Más tarde llegará Mozart, cuyos viajes re-
o siete horas, ya no podía más… Pero me impresionó flejan la vocación cosmopolita del clasicismo vienés,
mucho. Y seguí comprando discos, muchos de ellos incorporando al corazón de Europa las periferias

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orientales del Imperio austrohúngaro. Y la llegada talle», decía Nabokov—, la redefinición de la armonía,
del siglo xx —como hemos visto— ampliará y pro- los contrastes, la luz, la fluidez formal, el virtuosismo
fundizará esta dinámica, articulando lo particular instrumental, el sentido del tiempo, las sorpresas y gi-
con lo universal. La música es un ejemplo de lo que ros repentinos…
para mí es lo deseable: que las barreras se disuelvan,
preservando todas las identidades, pero en buena Además de creador, ha sido gestor cultural, docen-
convivencia, y que eventualmente puedan confluir te, escritor… ¿Lo primero le ha dado la llave para
en nuevos círculos de interrelaciones. ¿Será esto el todo lo demás?
ultralocalismo? Me atribuyes más méritos de los que tengo: gestor
cultural no, pero sí gestor académico, como director
En este sentido, alguna vez se ha dicho que en su pedagógico de la Joven Orquesta Catalana y, espe-
obra hay una tímbrica mediterránea. ¿Cree que el cialmente, como director académico del Conser-
Mediterráneo tiene esa impronta en su música? vatori del Liceu. Nunca me he tomado la docencia
No sé decirle, eso depende mucho del punto de ob- como un modo de ganarme el sustento, sino como
servación, tanto geográfico como subjetivo. Este una forma de aportar mi grano de arena a la for-
tipo de etiquetas no nos ayudan demasiado a captar mación de los jóvenes, lo que considero es nuestro
la especificidad del lenguaje de un autor y —para mí deber. Mi dedicación ha sido limitada —de media,
casi más importante— la personalidad singular de no más de dos días de clases a la semana, el resto de
cada obra. Pero resulta evidente que soy un europeo tiempo para mi obra—, pero intensa; la he disfrutado
que vive en Sabadell, ciudad muy cercana al mar, y y sigo haciendo clases magistrales y seminarios pun-
mi personalidad se nutre de mi entorno más próxi- tuales. ¡Ojalá para ellos haya sido tan estimulante y
mo, y quizás ello pueda explicar una propensión al enriquecedor como lo ha sido para mí! También es
color, ritmos nítidos, motivos bien perfilados… Pero verdad que he sido miembro de diversos consejos
al mismo tiempo me siento íntimamente conecta- asesores para impulsar diversas iniciativas y proyec-
do con ciudades, culturas, movimientos y geografías tos, muy particularmente en la Fundación La Caixa.
muy diversas. Para entendernos: la música de Falla Siempre he tenido la vocación de contribuir a subsa-
es profundamente hispana —no solo andaluza— pero nar todas aquellas carencias que nuestra generación
su técnica es en buena medida francesa. Algo similar tuvo que suplir fuera de nuestro país, y compartir
sucede con Stravinsky, aunque la rusicidad de toda con los demás aquello que para mí es importante. El
su producción —más allá de lenguajes y estilos— es hecho de tener buena amistad con Jaume Vallcorba,
patente. El mundo es muy grande, abogo por las so- Sandra Ollo y Gemma Romanyà me ha permitido im-
ciedades abiertas, pero no creo necesariamente —la pulsar la edición de grandes libros de música, y me
música es abstracta— en la adscripción de caracteres siento muy honrado también y agradecido a Joan
nacionales. El caso de Mompou, ¿de dónde viene su Tarrida por animarme a publicar mis ensayos —«No-
armonía? De Francia, en gran medida, pero las me- tas al margen» los denomino— en Galaxia Guten-
lodías, los ritmos, la atmósfera expresiva emanan de berg. Pero lo fundamental sigue siendo mi música:
la música popular catalana, y él lo integra todo de un sigo buscando; cada obra es una respuesta a la obra
modo personal y delicioso. Mi música tiene también anterior y un nuevo reto, más difícil, si cabe. Sientes
muchos estratos. Para mi generación, la música cen- una mayor responsabilidad y piensas: «Has llegado
troeuropea ha sido un buen punto de partida, espe- hasta aquí. Por lo menos no lo estropees ahora».
cialmente por lo que respecta a los aspectos formales
y a la organización del material. Pero con el tiempo he
ido desarrollando un creciente y renovado interés por
el timbre y las texturas —«la grandeza reside en el de-

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METAL GEAR
SOLID 2:
LA VERDAD EN
LA SOMBRA
POR ALEJANDRO ZAMBUDIO

En el siglo xix, Nietzsche y Dostoievski se propusie-


ron transformar la filosofía y la literatura, respectivamen-
te. Para Nietzsche, la filosofía había perdido su fuerza vital,
reducida a reproducir el canon moral del cristianismo, en
abierta contradicción con el ideal del superhombre: un ser
seguro, independiente y libre; Dostoievski, en cambio, hizo
de la novela un campo de batalla del alma: sus personajes,
heridos por la fe, la duda o el crimen, sufrían en carne viva
la pérdida de sentido del hombre. Ambos anticiparon un
mundo en el que Dios había muerto y el hombre tenía que
reinventarse. Un siglo y medio después, Hideo Kojima llevó
esa misma tarea al terreno del videojuego con Metal Gear
Solid. La saga, aparte de entretener, también convierte la
experiencia lúdica en un ensayo sobre la soledad, la cone-
xión, la intimidad o la violencia. Kojima, como Nietzsche,
sospecha de las narrativas establecidas, por eso las subvier-
te con giros inesperados y personajes que rompen la cuarta
pared. Y, al igual que Dostoievski, coloca a sus protagonistas
en dilemas morales insoportables: la elección entre la leal-
tad y la traición, la supervivencia individual o el sacrificio
por los demás.

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Diseños conceptuales de Metal Gear Solid 2:
Sons of Liberty. Imágenes: Yoji Shinkawa / Konami.

Metal Gear Solid 2: Sons of Liber- como Raskólnikov en Crimen y cas- diada por una frecuencia. Es una in-
ty, más que un producto de entre- tigo, no solo teme al enemigo exte- timidad sin cuerpo, hecha de voz y
tenimiento, es un tratado de filoso- rior, también rechaza el juicio que de datos. Kojima lo sabe y lo subraya
fía. Hay obras que se adelantan a su se levanta dentro de su cabeza. Cada con una ironía dolorosa: la única pri-
tiempo, y el videojuego lo hizo con orden que recibe resuena como una vacidad posible se encuentra, para-
precisión inquietante. El 11-S había culpa que no es suya, como si obede- dójicamente, en un canal de comuni-
devuelto a la catástrofe su condición cer fuera ya una forma de traición. cación diseñado para la guerra.
de hiperrealidad, y Kojima —como Su batalla no es contra un ejército, es
un visionario— escribió la profecía contra la voz que le interroga desde Y es aquí cuando entran los Patriots,
del siglo xxi: un mundo donde la ver- dentro. Los dos, además, viven bajo la organización encargada de vigilar
dad se disuelve en el ruido y el su- una vigilancia invisible —moral en qué datos circulan por todo el mun-
jeto se extravía bajo la mirada de la uno, digital en el otro— que convier- do. Los Patriots no tienen presencia
vigilancia. No era el héroe clásico lo física, puesto que sus fundadores ha-
que le interesaba a Kojima, sino el de bían muerto cien años antes de los
nuestro tiempo: un sujeto atravesado sucesos del juego, pero su influencia
por la duda y la mirada ajena. Fren- persiste. ¿Acaso Kojima estaba pre-
te a Solid Snake —el protagonista por Metal Gear Solid 2 diciendo el poder del algoritmo? La
antonomasia de la saga, símbolo del
cuerpo, de la acción y del orden mas-
habla de nosotros, guerra que plantea la corporación
es asimétrica: los flujos de datos, las
culino—, Raiden —el héroe que lleva de esa época donde comunicaciones, los códigos genéti-
el peso narrativo en el juego— intro- cos cobran una importancia política
duce una fisura: su belleza andrógi- ya no hace falta que fundamental. El siglo xxi es un acua-
na, su voz aguda y sus conversaciones
domésticas con Rose. Kojima desar-
nadie nos vigile: lo rio iluminado: un espacio de exhibi-
ción total donde todo se muestra y
ma en el juego la épica viril del sol- hacemos solos, con nada se oculta, donde el silencio ha
dado y la reemplaza por la fragilidad sido sustituido por el rumor constan-
del individuo conectado, emocional- devoción, frente te del agua filtrada. En el acuario los
mente dependiente y expuesto a la
mirada constante de la red.
a la pantalla peces nadan no por placer, sino para
mantener la ilusión de movimien-
to. Saben que los observan, que cada
Los diálogos aparentemente trivia- movimiento deja un rastro, pero ya
les de Raiden con Rose sobre aniver- no recuerdan cómo era respirar fue-
sarios olvidados o reproches domés- te cada pensamiento en sospecha. ra del agua. A medida que avanza la
ticos en mitad de una misión son el Raskólnikov teme a Dios; Raiden, a misión y Raiden recibe del coronel
verdadero nervio del juego. La inti- la vulnerabilidad. Tanto en el prota- Campbell la orden de infiltrarse en
midad aquí se convierte en un campo gonista del juego como en el de la no- la Big Shell, comprendemos que esa
de batalla para el jugador, que asiste vela de Dostoievski, la culpa no nace estructura es, en realidad, el mismo
a la imposibilidad del héroe de sepa- del acto cometido, sino de saberse acuario: una arquitectura transpa-
rar su vida personal de su objetivo. observados, de sentir que ya ni la in- rente, diseñada para que la vigilan-
La esfera privada desaparece y la ex- timidad les pertenece. Rose y Raiden cia se confunda con la vida misma.
periencia se desliza hacia las paredes se aman, se reprochan, se confiesan… Las élites de Silicon Valley predican
de la conciencia: ese lugar incómodo pero nunca se tocan. Su relación se la participación como forma de liber-
que aturde al héroe y que convier- construye a través del códec, ese es- tad. Sin embargo, los Patriots des-
te toda acción en sospecha. Raiden, pacio donde cada palabra está me- mienten ese mito: muestran que has-

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ta el amor —esa conversación trivial La del jugador choca con esa misma cer, el control se confunde con deseo,
sobre un aniversario olvidado— pue- inestabilidad, con la duda que ser- la vigilancia, antes temida, ahora se
de ser instrumentalizado como parte pentea en un mundo urdido por flu- anhela. Nos dejamos ver, tocar, regis-
del sistema. jos de información invisibles. trar, como si el ojo invisible que nos
observa nos garantizara una existen-
Metal Gear Solid 2 va más allá de la Los Patriots de nuestro tiempo no cia plena. El poder se mezcla con la
noción burguesa de la vida priva- llevan fusiles ni agitan banderas. pulsión, convirtiéndose en goce.
da: la esfera privada, la posibilidad Predican la libertad desde los tem-
de replegarse en uno mismo, desa- plos de cristal de Silicon Valley. Son El sujeto contemporáneo se sostiene
parece como parte de un poder que los nuevos oráculos del mundo digi- sobre una especie de placer anestési-
ha aprendido a habitar esos ángulos tal, los guardianes invisibles del algo- co que nos hace cómplices de nuestra
oscuros. Por eso el juego rompe con propia exposición. No hay violencia
la idea liberal del sujeto dueño de su visible, solo el deseo de permanecer
privacidad. Raiden no tiene una con- conectados, de seguir existiendo en
ciencia propia: su identidad entera la mirada ajena. Así, el mundo se ha
ha sido escrita por los Patriots, que En el universo de vuelto perfectamente gobernable, no
dictan su vida y custodian sus recuer-
dos. Así las cosas, Kojima no promete
Kojima no existe por la ley ni por la fuerza, ni siquie-
ra por la ideología, sino por la admi-
un mundo heroico, sino que levanta diferencia entre la nistración de lo posible: el saber, el
un espejo inquietante del poder invi- recuerdo, la atención, etc. El jugador
sible de la globalización. Tras la Gue- vigilancia y el amor: frustrado de Metal Gear Solid 2 es el
rra Fría, Estados Unidos se alzó como
potencia absoluta y la globalización
ambas son formas ciudadano digital del siglo xxi. Am-
bos viven bajo la ilusión del control
se convirtió en la proyección de su de saberlo todo mientras su identidad se reescribe
dominio. El juego denuncia ese po- en silencio. La pantalla, como el jue-
der que ya no se impone en las fron- del otro go, ya no devuelve un reflejo: ofrece
teras, sino que habita los hilos invisi- una imagen pulida, funcional, pensa-
bles que enlazan la memoria con el da para el deseo de otro. En ese flujo
deseo. constante entre ver y ser vistos, entre
ritmo. En sus manos, el poder se ha confesar y ser procesados, el poder
Metal Gear Solid 2 fue un juego in- vuelto ubicuo. Cada gesto cotidiano alcanza su éxtasis.
comprendido en su tiempo. Muchos —una búsqueda en Google, un like,
fans estaban confusos al descubrir una confesión escrita sin pensar— Pero el juego también abre otra cues-
que no controlarían a Solid Snake, alimenta un circuito que se impone tión:
sino a Raiden, un advenedizo. Lejos de manera sutil. La verdad ya no se
de ser un mero capricho narrativo, discute, se calcula; lo que no puede ¿Y si ya no somos jugadores, sino per-
esta sustitución intensificaba la sen- medirse, simplemente no existe. En sonajes dentro del código?
sación de «estafa» en el jugador, re- el imperio de los Patriots y los mag-
velando que el juego no solo desafia- nates de Tesla, Facebook y Apple, la Tal vez la gran ilusión del siglo xxi
ba las convenciones del género, sino verdad se produce como un residuo sea ese cristal pulido donde creemos
que alteraba las propias leyes del uni- del consumo, no como una conquis- ver el mundo, sin advertir que lo que
verso Metal Gear. Raiden representa ta del pensamiento. Pero en ese flujo contemplamos es el reflejo de nues-
la fragilidad de un yo expuesto, que incesante hay también una forma de tra propia programación. En la ac-
se deshace y se recompone sin cesar. éxtasis: la exposición se vuelve pla- tualidad, todo deseo está ya previsto

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ria: anhela una brújula, un punto fijo
en la superficie líquida de la pantalla.
Como jugadores, compartimos con él
el vértigo de una misión en un siste-
ma que ya no necesita su fe para sos-
tenerse.

Es a través del arte cuando los artis-


tas dicen la verdad. Kojima lo sabe.
No porque crea en su pureza, sino
porque entiende que ya no queda
ningún otro lugar donde hacerlo. El
arte conserva todavía la capacidad
de mentir con sinceridad. Kojima
entendió que el videojuego, más que
cualquier otra disciplina, permite ex-
perimentar el poder desde dentro. Lo
que en Foucault era vigilancia, para
el japonés es una interfaz. También
una obra puede ser un refugio: un lu-
y registrado por una red que memori- la globalización acabó con esas cate- gar donde aún es posible hablar sin
za nuestras decisiones. Y en ese aba- gorías rígidas. Y Kojima entendió ese testigos, aunque sea dentro de una si-
nico de identidades hemos olvidado vacío. En ese sentido, Sons of Liberty mulación. La pantalla no solo mues-
lo esencial: que el cuerpo es también no es solo una historia de espías, sino tra el poder, también revela su rever-
frontera, resistencia ante la mirada. una parábola sobre la desorientación so: la necesidad de ser escuchado, de
Al borrar esos límites, la subjetividad del hombre que ya no sabe por qué ser recordado. Nietzsche confió en
se ha vuelto accesible. lucha. Snake —el veterano, el resi- que el hombre, tras matar a Dios, sa-
duo del siglo xx— actúa todavía mo- bría reinventarse; Dostoievski temió
Durante décadas, el mundo se había vido por un instinto moral: el deber, lo contrario: que, sin culpa ni miste-
sostenido sobre una estructura de la lealtad, el cuerpo. Raiden encarna rio, el alma se disolviera en la nada.
sentido tan simple como eficaz, como el desconcierto de una generación
la existencia de un enemigo definido que conserva los mitos de sus padres, Quizá por eso el juego sigue inco-
—comunista o capitalista según las pero que ha perdido las estructuras modando. Porque habla de nosotros,
coordenadas ideológicas imperan- políticas y materiales que les daban de esa época donde ya no hace falta
tes— que diera forma a la identidad. sentido. que nadie nos vigile: lo hacemos so-
Las fronteras también eran mora- los, con devoción, frente a la panta-
les, aparte de geográficas: sabíamos Esa es la tragedia de Raiden: descu- lla. También Sons of Liberty es, a su
quiénes éramos porque sabíamos a brir que la guerra ya no es política, modo, una historia de amor trágica:
quién temer. Cuando el Muro de Ber- es estética; que el enemigo no está el relato de un hombre que descubre
lín cayó, no solo desapareció el co- fuera del sistema, sino en el flujo que que incluso su relación más personal
munismo, también se desmoronó la lo sostiene. Y Kojima teje con el jue- pertenece al sistema. En el universo
oportunidad de creer en algo más. go como referencia el relato de un de Kojima no existe diferencia entre
El héroe del siglo pasado había sido mundo que ha perdido el sentido de la vigilancia y el amor: ambas son for-
educado en un mundo binario, pero la historia. Raiden no busca la victo- mas de saberlo todo del otro.

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John Travolta, Samuel L. Jackson y Harvey
Keitel en Pulp Fiction, 1994. Fotografía:
Miramax / A Band Apart / Jersey Films.
LA
BOLSA
O LA VIDA
POR JORGE FREIRE

Poned atención:
Un corazón solitario
no es un corazón.

Antonio Machado

Imaginemos la escena. Un sueco estándar, con la compostura funeraria de Max


von Sydow si es varón o la faz nívea e impasible de Liv Ullmann si es mujer, en un apar-
tamento blanco como un quirófano. Abre una bolsa de dulces multicolores y, uno a uno,
los va metiendo en la boca metódicamente. Traga y se relame, percibe un contrapunto de
azúcares en el paladar, oye crujidos que le parecen música de cámara y decide, pobre, que
aquello es un festín.

¿Festín? ¡Festín es otra cosa, criatura! Festín es la risa compartida que corrige los excesos
del vino, la mano que parte el pan y en esa mínima ceremonia te reconoce, el brindis que
no dice yo ni tú sino nosotros… Lo tuyo, en cambio, es frenesí de uno, placer blindado,

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mera gimnasia mandibular privada del abrazo colec- tulia. Conviene, pues, romper la bolsa; repartir los
tivo que da cuerpo al placer. caramelos, pringarse las yemas y brindar con el des-
conocido que, en cuanto acepta el vaso, deja de serlo.
El lördagsgodis, el sábado de chuches de la tradición La comunidad es abrigo y puchero; da cama cuando
sueca, es tan apasionante como pasar la tarde mirando anochece y caldo cuando aprieta la tiritona. Y, si mete
una lavadora. De hecho, hacerlo todo a la vez no con- ruido, bendito sea: el silencio absoluto es cosa de
traviene la observancia del rito, y seguramente haya mausoleos.
quien coma golosinas mientras observa cómo gira el
tambor. Sea como fuere, esta costumbre inofensiva, Dígase a la manera de un parte de guerra. En el día de
pequeño rito de indulgencia personal, encierra una hoy, declarada la victoria sobre todos los vínculos hu-
lección amarga y profunda. Lo llamativo no está en el manos, el individuo ha quedado aislado en su propio
glucógeno, sino en la escenografía: la libertad reduci- fortín. Ha librado su guerra privada y la ha perdido. Le
da a una bolsa cerrada que no se comparte, que no se entregaron la libertad para que se quedara tranquilito
ofrece, que no invita al prójimo. y él la guarda, intacta, en el fondo del monedero; dice
que por si acaso. Libre para todo, sí, pero en solitario,
Además de un atracón de azúcar, el lördagsgodis es que es una manera bastante apañada de estar preso.
el reflejo de un tipo de libertad que, cual dulce que Lo que Robert Putnam situó en la bolera estadouni-
se derrite en la boca, nos deja con sensación de vacío. dense sucede hoy en cualquier gimnasio español: he-
Individualismo convertido en un rito: dulce por fue- mos pasado de practicar deporte en grupo a aislarnos
ra, amargo por dentro. ¿Será que la vida no está hecha en la cinta con nuestros AirPods, por mor de un espí-
para ser engullida en solitario y que, como dice el re- ritu olímpico reducido a guarismos (calorías, kilóme-
frán, quien come solo se atraganta? tros, minutos), propio de atletas que compiten contra
su propio cuerpo.
Frente a la bolsa opaca de la mercancía, el Mediterrá-
neo pone la mesa; y es una mesa larga, de tablón ro- Mejor nos iría volviendo al Mediterráneo. Pero no
busto, con manteles que jamás han coqueteado con la como esos estudiosos que buscan el secreto de la bue-
blancura química de una tintorería. Los platos ruedan na vida meridional en un único principio explicativo.
de izquierda a derecha con la misma docilidad con que Difícilmente el anglosajón solucionará su problema
se filtran los cuchicheos entre quienes, sin mirar, ya se fiándolo todo a la dieta mediterránea. ¿Basta con el
reconocen. La hogaza, al partirse, ofrece ese crujido aceite de oliva para engrasar la comunidad? El aliño
que anuncia tanto el reparto como la alianza, porque sin comensales es solo grasa noble.
aquí el banquete no es una suma voraz de bocados o
de golosinas deglutidas, sino una congregación de Viene a cuento el llamado índice Medlife, ideado por
presencias. Y el vino parece adquirir un grado más de la doctora Merche Sotos Prieto para poner cifra a
audacia, como si cada sorbo alentara otra verdad lar- los beneficios invisibles que acompañan a quienes,
gamente rumiada. Se diría que aquí no se bebe para sin saberlo quizá, practican un estilo de vida medi-
olvidar: antes que anestesiar la memoria, se busca terráneo. Un equipo de la Universidad de Navarra
afilarla, para que las palabras no tropiecen en la gar- ha seguido la pista de dieciocho mil quinientas per-
ganta. En esta aritmética secreta de la sobremesa, el sonas durante más de once años para constatar que
dividendo se llama comunidad mientras que el resto, aquellos que comen legumbres, aliñan con aceite de
si queda, nunca se desecha. oliva, duermen siestas cortas (las únicas dignas de
tal nombre, las que no llegan nunca a media hora y
El ser humano es animal de cobijo mutuo. Aprende a por eso mismo restituyen sin amodorrar), caminan
hablar en coro, a soñar en pandilla y a pensar en ter- con cierta regularidad y no se entregan con fervor

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televisivo al sofá, ven reducido a la mitad su riesgo sumidor, y la parroquia, que en griego significa «casa
cardiovascular. Lo cual demuestra que, junto al ga- de al lado», es más casa que la de uno.
zpacho frente a la hamburguesa, cuentan tanto la
siesta como el estrés, tanto el paseo como el seden- Solo tres palabras más. La primera la conocemos de
tarismo. No es la dieta mediterránea, sino la cultura sobra: intimidad, esto es, santuario doméstico, cuarto
mediterránea. propio donde la conciencia lleva sus cuentas con mi-
nuciosidad de archivero. La segunda la inventó Lacan,
Hay quien descubre el Mediterráneo cada curso, que tenía ojo para bautizar paradojas: extimidad, lo
como si la memoria colectiva se borrase al doblar el íntimo sacado a escena, exhibición que parece liber-
tercer cuatrimestre. Verbigracia, aquellos claustros tad y a menudo es escaparate. Entre ambas (lo secreto
universitarios del norte obstinados en certificar que a cal y canto y lo secreto con luces de neón) cumple
el agua moja, exhibiendo para ello un aparato proba- proponer una tercera, más rara de oír y más fácil de
torio repleto de gráficos de colores y notas a pie de vivir cuando ya se conoce: la entimidad.
página, cuando en puridad la cuestión es tan sencilla
como la lista de sus ingredientes. El Mediterráneo, La entimidad podría describirse como ese ámbito re-
más que mar o accidente geográfico, es costumbre. lacional donde la intimidad no solo no se pierde ni se
Una costumbre que se encarna, sobre todo, en la pla- diluye, sino que, de un modo apenas perceptible pero
za que funciona como laboratorio imprevisible de lo decisivo, se duplica, se agranda al encontrar en el otro
humano, donde el obrero se permite vacilar al nota- una cámara de resonancia; un espacio de confianza
rio, donde el jubilado acosa con preguntas al recién que rehúye las alharacas y reserva la fanfarria para
llegado y donde el estudiante, posponiendo el rigor las reconciliaciones imposibles. Nada que ver con
de la pizarra, aprende física de barra al compás seco esas psicologías de velcro que arrancan media vida al
del dominó. En el norte, tan puntual, tan razonable y intentar despegarlas; antes bien, un puente discreto
tan celoso de sus distancias, la independencia suele entre dos orillas que mantienen su ribera.
consistir en no respirarle encima al vecino, como si
el contacto fuera una amenaza. Aquí, por el contra- En otras palabras: si la intimidad es un monólogo con
rio, la existencia se abraza al roce sin disimulo, como pestillo echado y la extimidad un numerito de cabaret
garbanzos de cocido que hierven sin miedo a pegarse, bajo los focos, la entimidad se parece a una conversa-
sabiendo que en la adherencia también se cocina el ción a media voz con quien no requiere contraseña.
sabor; por eso se abren los brazos y se alzan las voces, Se abre una puerta que está cerrada para casi todos y
por eso confundimos el bullicio con la alegría mien- se deja que entre el otro —ese prójimo concreto, no la
tras la vida se cuece a fuego lento. humanidad en bloque— para que se siente, tome algo
y se comprometa, por simple cortesía, a no romper
Llegados a este punto corresponde hablar de la única nada. Y esa libertad en compañía, lejos de oler a cerra-
plaza que seguimos frecuentando, aquella que, según do, ventila el alma.
Gerald Brenan, constituye el ágora de los españoles.
Me refiero al bar, y en concreto al bar de viejos, insti- Volvamos a la escena inicial. El lördagsgodis, rito se-
tución patria que las lámparas colgantes y el café de manal de azúcar administrado en soledad, ofrece una
especialidad no han conseguido jubilar, al menos to- intimidad dulzona, de envoltorio crujiente y recom-
davía. Allí no se sirven gin-tonics con cardamomo y el pensa inmediata, que disfraza una habitación sin eco;
plato más moderno lleva friéndose desde tiempos del por su parte, el banquete mediterráneo, que se arma
duque de Villahermosa. Quizá por eso se entra pidien- la entimidad con mantel de hule, es un convivio don-
do «lo de siempre», que es un conjuro para espantar el de el apetito es una simple excusa para no comer a
vértigo de las novedades. Se es parroquiano, no con- solas. No se pretende aquí instaurar fronteras senti-

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mentales ni asignar patrias alimentarias; mucho me-
nos menospreciar esos otros climas en los que la cor-
dialidad se expresa, tal vez, con gestos más recogidos.
Se trata, más bien, de reconocer que sin los otros el
cuerpo se encoge y el alma, expuesta al relente, termi-
nará tiritando; que el individuo, ese odre envejecido
que presume de su propia elasticidad, hace restallar
su libertad cuando la estira en el vacío, mientras que
la persona solo aprende a ser libre cuando se siente
rodeada. Se trata de elegir entre el gimnasio con los
cascos encajados o la plaza soleada. La silla de gamer o
el banco corrido. La bolsa cerrada y ominosa o la mesa
larga que invita a alargar la sobremesa; o, por decirlo
con el dilema de supervivencia que solían esgrimir los
atracadores de los años ochenta, la bolsa o la vida.

Basta con eso: una mesa dispuesta para dos, no como


trinchera desde la que repeler cualquier intromisión
del mundo, sino como territorio neutral donde la vida
afloja el ceño. Nadie, ni siquiera un sueco, está conde-
nado a merendar solo para siempre. Porque un cora-
zón solitario, ya lo dijo el poeta, no es un corazón.

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Nueva York, 1983. Fotografía: Getty.
Las historias que se
sirven en La cantina
de medianoche y otras
cosas del comer
POR LAURA LINARES

— Japonfilia — versación íntima que nos guiaba a los lectores al des-


cubrimiento de que lo cotidiano también puede ser
Como toda friki multicultural que se precie he teni- extraordinario, que un simple plato de sopa de miso o
do una época japonofílica que comenzó casualmente, un onigiri comprado en una estación de tren guarda la
como no podía ser de otra forma. En mi casó arrancó misma densidad emocional que la Crónica del pájaro
con la lectura de La mujer de arena de Kōbō Abe, un que da cuerda al mundo.
libro que cayó en mis manos por azar y que me dejó
atrapada en esa arena movediza a medio camino en- Ese oficinista sin nombre convertido en guía involun-
tre la angustia y la fascinación. A partir de ahí me lan- tario de una geografía hecha de tabernas, mostrado-
cé a la adquisición y lectura de clásicos y modernos res grasientos y platos que no necesitaban explica-
nipones. ción acabó cambiando mi manera de mirar la comida
y también la lectura. Ya no se trataba de probar sabo-
A medida que leía a autores tan líricos como Yasunari res exóticos ni de seguir antiguos rituales culinarios,
Kawabata y tan bestias como Ryū Murakami fui cons- sino de escuchar el eco de nuestra propia memoria en
truyendo una biblioteca desequilibrada pero cohe- cada plato. Y fue ese mismo eco el que años más tar-
rente en su disparidad, un Japón íntimo en el que lo de, y sin esperarlo, apareció de nuevo en La cantina de
delicado y lo brutal convivían en la misma estantería. medianoche de Yaro Abe.
Fue entonces cuando cayó en mis manos un manga de
Jirō Taniguchi y Masayuki Kusumi: El gourmet solita- Ahora la experiencia comensal no se encontraba en
rio. No era una novela, no era poesía, ni un manual de diferentes locales repartidos por la ciudad, sino con-
gramática, sino la narración muda y constante de un centrada en un único espacio imaginario: un bar mi-
hombre que come solo. núsculo de Shinjuku, abierto solo desde medianoche
hasta el amanecer. Allí los clientes llegan como náu-
Me fascinó porque no hablaba de rituales milenarios fragos de la jornada para encargar al Maestro su plato
y ni se descuartizaba a nadie, sino que contaba las favorito. Esta cantina condensa todas las tabernas,
historias de alguien común que se sentaba a comer izakayas y puestos callejeros en un solo mostrador,
solo en un restaurante cualquiera, con la misma par- como si Yaro Abe hubiera querido dibujar el mapa
simonia con la que otros leen el periódico o esperan secreto de la nocturnidad tokiota en una sola viñeta
el metro. El autodiálogo del protagonista era una con- infinita.

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En lugar de un oficinista errante tenemos un elenco sabe que lo importante no es lo que cocina, sino lo que
coral de parroquianos —yakuzas sensibleros, jubila- sucede alrededor. En ese silencio muchos críticos han
dos cotillas, hostess enamoradas— quienes depositan visto un reflejo del propio Abe: alguien que observó
sobre la barra sus historias. Y en el centro, el Maestro, durante años desde la sombra y que, cuando por fin se
silencioso, apenas un gesto, preparando sin preguntas decidió a contar algo, lo hizo sin artificio.
lo que cada cual le pide, convertido en anfitrión de una
liturgia nocturna donde la sopa, el arroz o la salchicha El éxito de La cantina de medianoche desbordó pronto
en forma de pulpo son llaves para abrir memorias y las páginas del manga. Llegó a la televisión japonesa,
cicatrices. luego a Netflix como Midnight Diner: Tokyo Stories,
y finalmente incluso al teatro musical. Lo curioso es
que el musical nació en Corea del Sur de la mano de
fans de la serie y fue tan bien recibido que se estrenó
— Yaro Abe — después en Japón. Abe asistió emocionado a una de
las funciones y confesó: «Al principio no sabía cómo
La vida de Yaro Abe es casi tan sorprendente como la habría quedado, pero estaba tan bien hecho que re-
de sus personajes. Nació en 1963 en la prefectura de conocí mi mundo en cada escena». Lo que más le sor-
Kōchi y pasó casi dos décadas trabajando en publici- prendió fue ver cómo los platos mínimos de la canti-
dad antes de atreverse a publicar su primer manga. na —arroz con mantequilla, salchichas con forma de
Tenía 41 años cuando debutó, una edad insólita en un pulpo— conmovían a un público que ni siquiera tenía
mundo donde los autores suelen arrancar en la vein- delante la comida real.
tena. Él mismo lo ha contado con ironía en entrevis-
tas y en su obra autobiográfica Torpe de nacimiento: Lo fascinante es que, igual que en El gourmet solitario
«No es heroico, no es brillante, pero es lo que soy: tor- de Taniguchi y Kusumi hubo una época en la que los
pe desde que nací». Esa torpeza confesada es, en rea- lectores japoneses se lanzaban a recorrer restauran-
lidad, una forma de honestidad radical que impregna tes pidiendo los mismos platos que el oficinista soli-
La cantina de medianoche. tario, La cantina de medianoche ha inspirado también
una peregrinación laica. En Shinjuku y otros barrios
Cuando empezó a dibujar, no buscaba la perfección de Tokio hay bares que se anuncian como “la cantina
técnica ni la espectacularidad gráfica. Sus trazos son de medianoche” para turistas deseosos de vivir la fic-
sencillos, incluso toscos, pero tienen la virtud de cap- ción. Ninguno es oficial, pero todos participan de esa
turar atmósferas: el humo del tabaco, el brillo de un ilusión compartida: entrar en un lugar donde, aunque
cuenco de miso, la mirada cansada de un cliente. Abe no haya guion ni viñetas, alguien prepare un plato
entendió que lo importante no era la cocina en sí, sino sencillo y escuche en silencio.
las personas que se sentaban a la mesa. «La comida no
es la protagonista; lo que dibujo es al ser humano»,
dijo en una entrevista a Sports Hōchi. Esa frase resu-
me la esencia de su obra: los platos son excusas, llaves — Curiosidades de los personajes
que abren historias, puertas que conducen a recuer- y del propio bar —
dos, a veces dulces, a veces dolorosos.
Abe ha convertido la medianoche en metáfora. No es
El Maestro, ese cocinero silencioso que escucha más solo la hora en que abren bares clandestinos, es tam-
de lo que habla, es su gran hallazgo narrativo. Un per- bién el tiempo suspendido donde los derrotados en-
sonaje casi mudo que se limita a preparar lo que se le cuentran consuelo, donde los recuerdos más íntimos
pide, sin juzgar, sin preguntar, con la calma de quien salen a flote y donde los sabores, humildes o banales,

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Un extracto de La cantina de medianoche 8.
Tokyo stories, de Yaro Abe (Astiberri, 2025)

se transforman en consigna de humanidad. En esa que no existe fuera: la certeza de ser aceptados sin
cantina sin nombre caben todas las soledades, todas condiciones.
las confesiones y todos los apetitos, desde el más bási-
co hasta el más nostálgico. La fuerza de La cantina de medianoche está en esas mi-
nucias: en mostrar que unas bolitas de taoyaki pueden
Entre los personajes más entrañables está la mujer cambiarte el destino, que la medianoche es también
que vuelve cada año a encargar el mismo plato, por- una segunda oportunidad, que incluso los derrotados
que ese gesto le permite mantener vivo el recuerdo merecen un lugar donde ser recibidos con un plato ca-
de un amor perdido. Hay también un joven aspirante liente. Esa es la mayor curiosidad de todas: que en la fic-
a cómico que se alimenta casi siempre de arroz bara- ción de Abe hay más verdad que en muchos manuales
to mientras sueña con un futuro mejor, o el anciano de sociología o en muchas guías de viaje. Porque al final,
jubilado que busca en la sopa de miso el sabor de su lo que cuenta, no es el menú ni la hora de cierre, sino la
infancia en una provincia ya lejana. Y luego están los certeza de que, cuando se enciende la parrilla y se abre
clientes episódicos: oficinistas que no quieren volver la puerta, alguien estará allí para acompañar.
a casa todavía, chicas de compañía que cuentan sus
amoríos juveniles, jubilados cascarrabias que confían
en el buen hacer del Maestro.

El propio bar está lleno de detalles que refuerzan la


sensación de refugio improvisado. La cocina es di-
minuta y abierta, lo que hace que cada comensal sea
testigo del proceso. El menú no existe y cualquiera
puede pedir lo que se le antoje siempre que el Maes-
tro tenga los ingredientes. Esa regla, aparentemente
simple, encierra una metáfora poderosa: en la canti-
na no se trata de la oferta del local, sino del deseo de
cada cliente. Lo que uno pide dice tanto de su historia
como lo que confiesa con palabras. Y uno de los deta-
lles más curiosos es que hay un límite de tres bebidas
alcohólicas por persona.

Cada encargo funciona como detonante narrativo:


Ritsuko, la mujer de brillante carrera que se vuelve
loca con el ajo hasta el punto que sus parejas la aban-
donan por el olor de su aliento. La cantante que se
queda sin voz tras la muerte de su marido y pide men-
chi katsu para recordarlo. Tamaki-Chan que disfruta
de sus aperitivos de kinpira de raíz de loto mientras
que asume que es gafe. El Maestro, en su aparente
pasividad, es el gran catalizador de estas historias. Su
silencio es estratégico: no hace falta intervenir cuan-
do ya basta con escuchar y servir. Algunos clientes le
cuentan demasiado, otros apenas dicen nada, pero to-
dos regresan porque en ese silencio encuentran algo

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Carla Simón,
ese íntimo ser
ensoñado
POR IGNACIO RUIZ DE GAUNA

El arte cinematográfico es, de largo, el más com- Y Carla Simón, directora de cine, también se puso a gri-
plejo de todos ellos. Aúna —y no de una manera cuan- tar, desde el grupo de los italianos, aunque no siempre.
titativa— un gran número de las bellas artes (músi-
ca, literatura, pintura, arquitectura) y algunas (mal) Afortunadamente.
consideradas menores (fotografía, diseño gráfico).
El secreto, claro está, es saber maridar todas ellas en Porque Carla Simón sabe de qué va esto. Tiene un
un grumo con intenso sabor que contenga lo máximo evidente talento visual, pero también conocimiento
que se le puede pedir a una película: fondo y forma, del medio. Al menos teórico. Grado, posgrado, más-
historia y emoción. El cine. Un arte para gobernarlos ter, un encofrado aspiracional para muchos briga-
a todos. Si eres un buen demiurgo, si entre ellos se de- dieres de la cosa pública. Lo más probable, entonces,
sean e intercambian fluidos y se subliman, dan lugar por mímesis autoral, es que prefiriera seguir cami-
a la más bella mariposa. Y si no... bueno, tú ya sabes. nos más telúricos, aunque no precisamente inéditos.
Hay quienes los utilizan con gula y los escu(l)pen en Es verdad que, aunque los conozcas y domines, no
la pantalla a lo Basquiat, bulímicos del horror vacui, tienes la obligación de usarlos. Es como decir que
a veces magistralmente (Scorsese, Tarantino), y otras Picasso no sabe dibujar. Aunque, conociendo lo que
el grumo se corta y te entra salmonelosis (Paul Tho- Simón nos quiere contar con su obra, es una autén-
mas Anderson, Aronofsky). tica pena.

Y hay quienes, teniendo todos los dones a su alcance, Pero de eso —la pena, digo—, nos dimos cuenta a la
los repudian y contestan a su arte en un grito primitivo. tercera.

Pasolini, Rossellini y el neorrealismo se tomaron la El giro radical, pues, narrativo y estético, de su última
vuelta a la caverna como un asunto serio. película respecto de las anteriores explica aún más,
por contraste, su postura autoral inicial, la imposta-
Von Trier, Vinterberg y los demás dogmáticos se lo to- da desnudez en la puesta en escena de Verano del 93
maron a coña hasta que se aburrieron. y Alcarràs. Y descose a ambas, si se miran al espejo de

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Una imagen de Romería, 2025. Fotografía: Elastica Films /
Ventall Cinema / Dos Soles Media / Romería Vigo A.I.E.

su hermana mayor en lo artístico, que es arte cinema- Es obvio que, en cualquier ser humano, este plano
tográfico en mayúsculas. vital —ni siquiera trauma— tiene que salir por algún
lado. El común de los mortales, los que no tenemos
Admiro de una manera sincera la capacidad que tiene talento, nos resignamos a digerirlo en la esfera pro-
Simón para exponer sus roturas íntimas de una mane- funda y tratando de que, con el paso del tiempo, el ne-
ra tan a flor de piel, sin disimular, sin quitar allá unas gro monstruo desaparezca. Pero ella no. Carla Simón
pajas, tan solo renombrando personas y cosas para lo ha corporeizado, imaginado, ensoñado y enseñado
evitar, supongo, a los molestos abogados. Será que, de gracias a la más bella y poderosa herramienta: el cine.
donde yo provengo, esta práctica tan exhibicionista es Y, a través de él —quién sabe si ella lo buscó como ve-
anatema, pero empatizo —¿quién no?— con ella, con hículo o fue el propio cine quien fue a su encuentro—,
su recorrido vital: huérfana desde los seis años, unos ha querido, con su expresión artística, presentar ante
padres devastados por la droga y finalmente fallecidos el mundo la más íntima de las historias: la suya.
a causa del sida, una nueva vida con sus tíos, que la
adoptaron, y la búsqueda del Tombuctú paterno, allá Y no lo ha aprovechado. Al menos, no del todo. Hasta
por Vigo. que llegó Romería.

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El corpus creativo de Simón lo componen tres pe- ma. Simón apuesta aquí por la desnudez narrativa y
lículas y varios cortos (que, si te parece, dejamos a decapa la puesta en escena, mucho más inspirada en
un lado). Una suerte de tríada autobiográfica —por la (as)pereza neorrealista que en la captación de sen-
supuesto también escritas por ella, aunque en Alca- saciones poéticas de Malick. La niña Frida observa el
rràs compartió el guion con Arnau Vilaró— en la que proceso desde abajo, incluso desde debajo de la mesa
nos expone los vértices de su vida, marcada, como he (en la mejor secuencia del filme). La cámara adopta
apuntado antes, por su temprana orfandad, y desde su punto de vista, aunque lo traiciona según avanza
distintos puntos de vista, pero sin dejar de poner en la historia, por el interés narrativo. Con su postura
ningún momento el foco en la familia y sus (inter)ac- fílmica, Simón dialoga con su propio arte, en un me-
ciones. talenguaje de dentro afuera ciertamente discutible,
tratando de llegar a la emoción a través de lo esencial,
Su ópera prima fue Verano del 93 (2017). Aclamadísi- renunciando a los manjares que el lenguaje cinemato-
mo debut. Nuevo maná del cine español. Con menos gráfico le ofrece, en una clara simbiosis con su propia
de un millón de presupuesto, sus spin doctors se en- realidad. Y se equivoca, pero no porque opte por esta
cargaron de construir un relato extradiegético, ex- elección formal —entendible, por otra parte—, sino
plicando a quien quisiera oírlos (que, por supuesto, porque las dos secuencias con mayor carga emotiva
fueron todos los medios) que se trataba de un filme son las más cinematográficas, las más artificiosas, y
faction, un álbum Hoffman hecho de retales reales ponen en evidencia al resto del filme, porque contie-
recreados, como si eso mejorara mágicamente la ca- nen mucha más verdad. La primera, la comida fami-
lidad del material. En ella, la cineasta baja la cámara liar que arranca con una canción popular que vincula
hasta la altura de Frida (sosias de Carla), una niña de a todos los parientes, aflorando el subtexto de la pelí-
seis años que sufre su primer verano huérfana y que cula; y la segunda, no voy a destriparla, la espléndida
tiene que irse a vivir al campo con sus tíos y su pri- secuencia final, en la que la emoción detona de forma

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Una imagen de Alcarràs, 2022.
Fotografía: Avalon / Elastica Films / Vilaüt Films /
Alcarràs Film A.I.E.

orgánica y nos aleja del modus operandi que sobrevue- tográfica de Simón escamoteada en sus dos primeros
la el filme. Y lo consigue a través de la dirección de ac- filmes, en forma de cuento episódico, de ensoñación,
tores. Fingiendo. Provocando. Bendita contradicción. de viaje imaginado, de una niña que recrea la figura de
sus padres y reinventa su pasado. «Romería nace de la
Con Alcarràs (2022), su segundo largometraje, gana- frustración de no saber mucho sobre mis padres», ha
dor del Oso de Oro en Berlín, radicaliza esta postura dicho la directora. Otra vez el diálogo consigo misma,
fílmica y percute sobre ella. Si al menos en la prime- con su íntimo ser, con su identidad, pero con la emo-
ra contaba con las antiguas herramientas del arte de ción de la gran mentira del cine y sus recursos, de los
la interpretación, en Alcarràs renuncia a los actores que, esta vez sí, echa mano sin pudor. A mitad de un
profesionales. Aquí vira el eje hacia su familia mater- metraje correcto, aseado, costumbrista, Carla Simón
na y recarga un cine desnudo de supuesto artificio, toma la elección más arriesgada de todas, rasga el ce-
cuasi documental, raw, para mostrarnos el proceso de luloide a la manera de Persona y se deja arrastrar por
destrucción de un negocio familiar en el campo cata- el viaje de luz. Y vuela. Porque sí, lo mejor que tiene
lán. De nuevo la familia, otra vez la familia, nexo ínti- el cine de Carla Simón es su luz, su obra es luminosa
mo que hila su mundo, cruda arruga payesa. dentro de la herida y cuando retorna a la superficie,
después de ese viaje imaginando a unos padres que no
El problema es que ninguna de estas dos películas, existieron —al menos así—, las piezas encajan, su hilo
por la manera en que son narradas, llegan a emocio- umbilical con su desconocida familia paterna se hace
nar. Lavadas, aseadas, aire puro del campo que pide fuerte y encuentra la mitad de su identidad perdida.
a gritos contaminación melodramática y algo más de Y todo esto lo hace Simón con puro cine, con artificio,
pasión mediterránea, especialmente en el caso de Al- claro, para eso te queremos, cine. Queremos actores,
carràs, que parte de un material altamente inflamable queremos un montaje que hable, queremos largos set
y claramente desaprovechado en aras de una verdad pieces, esa magistral reunión familiar en la casona de
tan solo epidérmica, escaparate de Zara Home curado los abuelos, queremos jugar con los formatos que el
por Machado-Muñoz. lienzo de la pantalla nos ofrece, queremos capítulos
fílmicos, números musicales (nada hay más «falso»
Hasta que ha llegado Romería (2025), su última crea- que un número musical) en forma de performances
ción. que explican la devastación de buena parte de la ju-
ventud en los noventa por culpa del caballo. Y que-
Y con ella cambió mi visión sobre su obra, porque ella remos, por supuesto, actores, que eleven la escritura
cambió también su mirada fílmica. La corrigió. A me- y dignifiquen el oficio de la interpretación, como esa
jor. A mucho mejor. joven Marina de mirada animal, pero tan segura de su
opción fundamental —hacer cine— que hasta duele.
A obra maestra. Lo queremos todo y lo queremos ya. Vamos al cine al
asalto. A tomar la Bastilla.
Y es aquí donde Simón abandona el ensimismamien-
to y vuelve la cabeza a nosotros por primera vez, los Gracias, Carla, por darnos todo eso, por fin. Has cons-
espectadores, que hace mucho le compramos la sus- truido con Romería tu obra maestra, pura ficción que
pensión de incredulidad que ella nos negaba con su no puede ser más real.
falso cine cuasi documental, y mira también a su pa-
dre artístico, y este tiende la mano a su hija pródiga Tu intimidad está a salvo con nosotros.
y le entrega su don más preciado: su lenguaje, su
gramática, sus pinceles. Y ella los toma. Y entonces
la película crece, explota, sale toda la verdad cinema-

161 Jot Down Magazine


ASÍ EN
LA GUERRA
COMO EN
EL SEXO POR MARINA PEREZAGUA

Hay placeres que mi cuerpo no concede si no están escritos con una tinta
más honda que el deseo. No es pudor ni condicionamiento social en ninguna de sus
formas: es un código físico. En mí, el sexo anal solo se abre cuando hay amor. Amor,
la única palabra que se acerca a algo que entiendo como una confianza radical en el
otro. Si no lo hay, mi cuerpo se vuelve funcionario: sella la puerta, archiva la peti-
Zoltan Glass, 1949. ción, contesta «no procede». Cuando lo hay, la cerradura reconoce la llave. Sin lu-
Fotografía: Getty. bricante. Con orgasmo. No es misterio. No es suerte. Es anatomía afectiva y es ética.

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163 Jot Down Magazine
E l placer que busco depende de un
ecosistema moral: la posibilidad de
fallar, de detenerse, de reírse, de
cambiar de idea sin consecuencias
radicales. Sin ese ecosistema, mi instante. Como también se quiebra el amor. Ese tipo
cuerpo se encoge y administra el de amor —o de lealtad— es una morfina discreta: no
anestesia, pero hace tolerable la intensidad. El dolor
mundo: aprieta, protege, devuelve deja de ser amenaza y se vuelve borde. En realidad,
al remitente quiero atreverme a decirlo: no me duele, claro que no,
lo pido, lo disfruto, lo agradezco.

Quizá por eso, cuando sucede, no es un triunfo técni-


co, sino una forma de paz. Hay una ternura áspera en
El cuerpo distingue entre manos que toman y manos ese pacto: el cuerpo ofrece un lugar que protege por
que sostienen. Puede que los gestos sean idénticos, instinto, la otra persona promete no confundir aper-
pero el pulso cambia la materia. Amar no convierte el tura con propiedad. En ese equilibrio, la violencia del
dolor en dulzura; baja la guardia para que el umbral mundo deja de entrar por un rato. La puerta se abre no
no se dispare. Y no duele. La cólera contenida de la por sumisión, sino por soberanía. Porque la elección
que vivimos se guarda en el suelo pélvico: un cerrojo de abrir es otra forma de territorio. Lo que sin amor se
que aprieta por defecto. En la intimidad que pido —la siente como invasión, con amor puede sentirse como
mía—, la clave no es una técnica, es un clima: respira- una habitación que ambos iluminamos a la vez.
ción lenta, atención real, la certeza de que nadie va a
invadir donde yo no diga. Amor como permiso tácito. No es casual que este placer tenga tan mala prensa
El cuerpo suelta el expediente de la vigilancia y deja o tanta caricatura. Es un territorio donde la palabra
pasar. Penetrar. Hondo. Hasta donde quiera que esté sobra y el cuerpo toma el mando. Cuando amo, des-
el punto G de mi cuerpo secreto. aparecen los frenos: el deseo se vuelve animal, la en-
trega no necesita pedagogía ni advertencias. No hay
He probado a negociar con mi propio cuerpo como que negociar nada porque la confianza ya ha vencido
se negocia con un animal asustado: sin mentiras y sin al miedo y el miedo era el verdadero origen del dolor,
prisas. Descubrí que la diferencia entre dolor y placer del estrechamiento. Allí todo entra sin resistencia, sin
no es solo intensidad; es dirección. El mismo gesto, si didáctica, sin protocolos. El amor convierte el cuerpo
llega desde alguien que escucha, se curva hacia adentro en un animal hambriento, lúcido, radicalmente vivo.
como una ola que invita. Si llega desde el hambre —pro-
pia o ajena—, embiste. El ano no miente: es un guardián He aprendido que la suavidad no es blandura; es téc-
que no entiende de discursos, solo de señales. En mi nica de poder. La firmeza que no hiere, el peso que
caso, necesita que la otra persona me resguarde, que no no aplasta, la espera que no castiga. La suavidad es
me colonice. Que el verbo sea «entrar conmigo» y no el lenguaje de un amor que no necesita probar nada.
«entrar en mí». Ese matiz gramatical es un nervio. Cuando aparece, el cuerpo cede como una cuerda que
ha dejado de estar tensa. Entonces el placer no es una
No pretendo universalizarlo. Conozco cuerpos que sacudida, es una expansión: se abre por capas, como
disfrutan el empuje sin preámbulo y cuerpos que ja- si una habitación escondiera otra detrás y otra más
más querrán ese territorio. Lo que me interesa es el detrás, y cada puerta se abriera porque la anterior se
mapa emocional que, en mí y en muchas otras perso- cerró con una mano amable. No hay épica, hay ajuste
nas, vuelve ese placer dependiente de un sentimiento fino. No hay conquista, hay afinación.
profundo. El sexo que cuida. El sexo cuidado. No ha-
blo de flores en la mesilla. Hablo de una certeza ma- Hay algo de guerra en todo lo que viola una frontera
terial: que mi «sí» no es una vez para siempre, sino un sin permiso. Pienso en los ejércitos que están exter-
presente continuo que puede quebrarse en cualquier minando territorios ajenos, las infames invasiones

164 Jot Down Magazine


de hoy. Lo he visto de primera mano en noches donde
los cielos se abren con el zumbido de helicópteros,
bengalas que no iluminan sino marcan objetivos, co-
lumnas de humo lamiendo ciudades como espíritus
sedientos. Misiles rasgan la oscuridad con estelas
fosforescentes, no como cometas, sino como órde-
nes de ataque escritas en fuego. Así entran también
algunos cuerpos: con estruendo, con sabor a quero-
seno, con el apetito de conquista que no pregunta.
El lenguaje militar del sexo no es fortuito: invadir,
ocupar, someter. Frente a esa lógica, mi ano es una
trinchera viva, un puesto avanzado que solo se abre
cuando se firma un alto el fuego íntimo. Amor como
tratado secreto, consentimiento como armisticio. Sin
él, cualquier entrada es asalto y ocupación. Con él, el
territorio deja de ser campo de batalla y se vuelve
refugio elegido, espacio de desarme mutuo. El con-
sentimiento no es un acuerdo firmado una vez y para
toda la eternidad, sino un tratado vivo que puede re-
tirarse si hay abuso. Por eso la ética de la intimidad es
también resistencia: la de decir que no todo espacio
abierto es territorio libre para ocupar. Hay reglas. Así
en la guerra como en el sexo.

Hay días en que, pese al amor, el cuerpo decide que no.


Y ese no también es amor: hacia mí, hacia lo que to-
davía guarda. Porque la intimidad honda no siempre
es un sí. A veces es el gesto de alguien que recoge su
deseo y me cubre con una manta. Esa escena me ero-
tiza más que cualquier acrobacia, a veces. Me recuer-
da que el placer que busco depende de un ecosistema
moral: la posibilidad de fallar, de detenerse, de reírse,
de cambiar de idea sin consecuencias radicales. Sin
ese ecosistema, mi cuerpo se encoge y administra el
mundo: aprieta, protege, devuelve al remitente. Con
él, suelta. Y cuando suelta, entiende: el mundo deja de
existir como amenaza, todo se concentra en un úni-
co punto que traga miedo, pudor y defensa, como un
agujero negro, vórtice boreal que devora la gravedad
entera de la vida. No hay afuera, no hay hostilidad:
solo ese instante absoluto, brutal y luminoso donde el
cuerpo deja de ser frontera y pasa a ser espacio. Ahí
no hacen falta definiciones ni nombres; toda palabra
nace tarde. Esa es mi intimidad.

165 Jot Down Magazine


Belfast, 1975. Fotografía: Getty.
Intimidad vs.
extimidad. Mira
a los demás, deja
que te miren
POR BERTA J. LUESMA

168 Jot Down Magazine


Hong Kong es una de las ciudades con mayor den- alegrías y conflictos. Al comienzo del primer capítulo
sidad de población del mundo, con más de seis mil aparece un Gilbert que habla a cámara y comparte su
habitantes por kilómetro cuadrado. La mayoría de su propuesta de cinéma vérité:
superficie corresponde a montañas y zonas casi no
habitadas. O sea, Hong Kong es mucha gente en muy «Durante la próxima hora veréis el primero de
poco espacio; por eso es una ciudad vertical. De día una serie de programas titulados An American
impresiona el ángulo al que se va doblando el cuello Family. La serie trata sobre la forma en que vive
—120º, 135º, 150º— para que la vista alcance la cima la familia Loud de Santa Barbara, California.
de los edificios. De noche, pequeños rectángulos se Durante siete meses, desde mayo de 1971 hasta
iluminan a destiempo, despreocupados, ajenos a las enero de 1972 la familia fue grabada haciendo su
recelosas cortinas. Aunque es una urbe que estimu- rutina diaria. No hay duda de que la presencia de
la, que brilla y cuyas posibilidades parecen infinitas, nuestras cámaras y equipo generó un efecto en
resulta difícil no elegir pegar la cara al cristal de la ellos que es imposible evaluar. También es cierto
habitación y pararse a observar con detenimiento a que la familia Loud tuvo un efecto en nosotros, el
los vecinos. Como un pastel de bodorrio cortado a la equipo. (...) Este es el contexto de nuestra serie.
perfección con espada, como un postre de Master- Este es el hogar de esta familia. Los Loud no son
Chef alabado por diferenciarse sin dificultad cada una típicos ni modélicos. Ninguna familia lo es. Ellos
de sus capas de bizcocho, las casas de Hong Kong se no son LA familia americana, son simplemente
erigen como un limpio corte de urbanismo que per- UNA familia americana (An American Family)».
mite asomarse, piso a piso, a la cotidianidad de otras
personas. No ocurre gran cosa, una colada, la tele, el Toda una declaración de intenciones no solo porque
descanso, una conversación, una cabezada. Pero hip- en aquel momento el público televisivo no estaba
notiza, engancha, atrae. Podrían pasar las horas. Este acostumbrado a este formato, sino porque suponía
ejercicio de voyerismo es compartido y lo recoge el una muestra de honestidad hacia el espectador. Gil-
fotógrafo Michael Wolf, amante de la densidad y los bert no esconde el hecho de que era inevitable que las
rascacielos, en su proyecto Window Watching, donde cámaras y el equipo de rodaje condicionasen, modifi-
con su cámara captura las ventanas de Hong Kong y, casen y sugestionasen de algún modo la naturalidad
si te descuidas, le enseña tu cesto de la ropa sucia al familiar. Hay una apuesta, un experimento arriesgado
mundo. pero sobre un pacto de sinceridad.

¿Pero por qué nos gusta mirar? ¿Por qué nos llama tan- The New York Times recoge que, entonces, la antropó-
to acceder a la privacidad ajena? ¿No somos todos igua- loga Margaret Mead dijo de An American Family que
les en la intimidad? ¿No hacemos, acaso, lo mismo? era una serie extraordinaria: «Nada como esto se ha
hecho anteriormente; creo que puede ser tan impor-
*** tante para nuestra época como lo fueron la invención
del drama y la novela para generaciones anteriores,
En 1973 Craig Gilbert creó An American Family, hoy una nueva forma para que la gente se comprenda a sí
considerado el primer reality show de la televisión. misma». Y tenía razón, el formato reality, en todas sus
Una serie de doce episodios editados que plasmaba variantes, creció exponencialmente desde entonces y,
la vida de una familia nuclear —padre, madre y cinco en concreto, la telerrealidad familiar ha sido y es muy
hijos—, estadounidense y de clase media en su hábitat popular con programas como The Osbournes, Keeping
natural; con sus dinámicas familiares, convivencia, Up with the Kardashians e incluso Las Campos.

169 Jot Down Magazine


E n veinticinco años las redes sociales
han favorecido que todos, en cierto
modo, podamos tener nuestro propio más. A lo mejor tendríamos que convertirnos en unas
reality y podamos mostrar al resto observadas más divertidas, más extraordinarias, más
estéticas. Se acabaron los calcetines con tomates, el
cómo somos cuando nadie nos ve. pijama desconjuntado; tenemos que generar un con-
tenido digno del matrimonio de ascendencia turolen-
Es ese efecto «voy a actuar diferente se que vive delante, nuestro Gilbert, nuestro Big Bro-
ther particular.
porque me están mirando»
Si, como dice RuPaul, todos nacemos desnudos y el
resto es drag, ¿cuál de todas las miradas que recibi-
mos a lo largo de nuestra vida elegimos como la pri-
mera que nos condiciona? ¿Se es natural y espontá-
neo hasta que se participa en un reality? ¿O tampoco
al elegir el lado bueno y el filtro idóneo para un selfie
¿Pero siguen siendo transparentes los realities que se para redes sociales? ¿Cómo actuamos bajo la mirada
hacen hoy día? capitalista, gordófoba, cisheterosexual que invita de
malas maneras a consumir, producir, adelgazar y no
*** ser LGTBQIA+? ¿Y acaso no afecta en un muy alto
tanto por ciento la mirada masculina en nuestra ac-
En la primera edición de Gran Hermano todo pare- tuación vital? ¿No lo hizo también la mirada de los
cían personas de a pie, «como tú y como yo», que en- progenitores ya en la infancia? ¿Qué mirada es la que
traban noventa días en una casa donde todo se mag- nos influye de forma definitiva?
nifica mientras eran grabadas 24/7. Con el paso de los
años esas personas han ido mutando en personajes ***
cada vez más excéntricos, histriónicos y, lo peor, cada
vez menos realistas. Ahora los concursantes son me- La cuestión de los realities está desbocada. Cada vez
nos anónimos: muchos gozan, ya antes de entrar, de se intenta buscar de forma más desesperada nuevas
numerosos seguidores en redes o, directamente, son combinaciones temáticas; como «Los magos de la
nepo babies televisivos. La gente «normalita» (que repostería», el reality de postres de Harry Potter que
mirada de cerca no lo era nada) ya no interesa. presentan los gemelos Fred y George; Naked Attrac-
tion, como First Dates pero donde los participantes
Es probable que el formato, el casting, la representa- eligen a su ligue por la forma de su pene; o Jugando
ción, haya cambiado porque la sociedad también lo ha con fuego, solteros que «creen» que van a una suerte
hecho. GH1 tuvo a todo el país pendiente del televisor. de La isla de las tentaciones a jartarse de sexo y pron-
A unos por morbo y a otros porque era un experimen- to descubren que, por cada paja, van a perder diez mil
to sociológico (o sea, por morbo, pero sin valor para euros del bote común.
aceptarlo).
Vivimos la era de los realities Mr. Potato y el nivel de
Yo no vivo en Hong Kong, pero no tengo cortinas (aún) dos mil veinticinco es que le ponemos al tubérculo
y cada vez que subo la persiana, veo a mis vecinos de tres narices en la cara. Pero a mí me gusta. Aunque
enfrente, a unos cinco metros de distancia, girar há- no cambia el formato, como es el caso de La isla de las
biles la cabeza y entornar los ojos rápido para enfocar tentaciones, sí lo hacen sus participantes. Este pro-
a ver qué escena mundana pillan. Creo que podemos grama se ha convertido en un trampolín laboral para
resultar entretenidas. Pero quizá deberíamos serlo la mayoría de ellos. Ahora más que nunca, el valor de

170 Jot Down Magazine


D e repente, necesitamos compartir
nuestra skin care routine, la fotito
participar en LIDLT reside en hacer lo que sea para con el bro, el último book leído
ser recordado. Coleccionar minutos de cámara que
sirvan como entrevista de trabajo y salir del show con
y el mejor outfit de la semana,
el contrato firmado. Por eso, ya vemos edredoning sin
edredón, por eso correr desesperado hasta la villa de
sin que nadie nos lo haya pedido.
las chicas ya no es la excepción, es la norma y las pare- Padecemos la influencerización de
jas caen tan rápido en la tentación que se siente como
una peli mala, no da ni tiempo a hacer una porra por- la vida. Vivimos en el síndrome
que en un pestañeo la infidelidad reina la casa.
de Truman
Los más suertudos acaban trabajando como colabora-
dores en Mediaset, y el resto vende productos en Ins-
tagram y todo su contenido lleva el hashtag #Publi.
Hasta ha surgido el subgénero insta-publicitario en el
que se finge una escena de la cotidianidad para pro-
mocionar lo que sea: por ejemplo, @oficialsusogh16 propio reality y podamos mostrar al resto cómo somos
y @iammarieta_, ambos exconcursantes de realities cuando nadie nos ve. Ese efecto «voy a actuar diferen-
y ahora pareja, compartían lo que parecía una discu- te porque me están mirando» que también ocurre con
sión o conversación difícil de pareja para, en realidad, las redes sociales: de repente, necesitamos compartir
vender hamburguesas: nuestra skin care routine, la fotito con el bro, el último
book leído y el mejor outfit de la semana, sin que nadie
—¿Qué te pasa? nos lo haya pedido.

—A ver, yo llevo unos días que tengo una pregun- Padecemos la influencerización de la vida, vivimos
ta en la cabeza… ¿Tú te arrepientes de querer ca- en el síndrome de Truman, vamos al gimnasio y cree-
sarte conmigo? mos que de fondo suena «Experience», de Ludovico
Einaudi y Daniel Hope; parejas pasean de la mano y,
—¿Podemos esperar a que traigan la cena y te justo antes de besar… PLEASE, STAY, I WANT YOU,
respondo con el estómago lleno, por favor? I NEED, DON’T TAKE THEEEESEEE BEAUUUU-
TIFUL THIIIINGS THAAAAAT I’VE GOOOOT), un
… tío de fondo (Benson Boone) empieza a gritar. Al ba-
jar del avión, Grits con su «My Life Be Like» uuuh
—Ahora que tengo mi hamburguesa favorita, la aaah… y esta es ahora la cutre banda sonora de nues-
Nevada, cariño, ya te puedo responder a tu pre- tras vidas.
gunta… No me he arrepentido en la vida.
***
—Es que te digo una cosa, las mejores burgers es-
tán aquí porque todos los premios les avalan. Yo pensaba que extimidad venía de timidez (pero en-
tonces se llamaría extimidez, no extimidad, claro) y
Parece que toda esa intimidad que compartimos es que un extímido era alguien que había dejado de ser
impostada. tímido. Que la distancia pantalla-persona-al-otro-la-
do-de-la-pantalla, o follower (parece que dicho así se
En veinticinco años las redes sociales han favorecido diluye más el significado), le era suficiente para ex-
que todos, en cierto modo, podamos tener nuestro presarse en su versión más atrevida.

171 Jot Down Magazine


Un Extímido (todavía Tímido) sería quizá esa perso- ***
na que no puede hablar en clase porque no cae bien
o pasa desapercibida. En las conversaciones nadie es- Treinta años después de la primera emisión de An
pera su opinión y se le habla por encima. Es al que se American Family se lanzó un nuevo y último capítu-
le atasca la broma rápida (y deja de serlo) cuando, por lo, «Lance Loud! A Death in an American Family», un
fin, la casualidad le regala atención y foco. Al (toda- inesperado cierre a esta historia que ya no contaba
vía) Tímido esto le cuesta, porque la timidez funciona con Gilbert, sino con los cámaras y sonidistas Alan y
como una gran mano flotante suspendida sobre la ca- Susan Raymond. Lance Loud, el hijo mayor de la em-
beza. Cuando Tímido hace ademán de coger carreri- blemática familia Loud, primer personaje gay en apa-
lla, de coger impulso para decir «tal comentario», la recer en la televisión estadounidense, quiso grabar
mano baja y le agarra por el cuello de la camisa: «epaa un último capítulo antes de morir. Loud convivía con
a dónde vas». Lo peor es que ni siquiera llega a frenar una hepatitis C y VIH que le provocó una insuficien-
algo, porque Tímido no había emprendido nada. La cia hepática por la que perdió la vida en diciembre de
mano solo detiene la intención. 2001. «No se equivoquen. Esto no pretende enfatizar
la tristeza de mi fallecimiento, sino más bien enfatizar
Pero, en redes no hay contacto directo, hay ojos que el amor de mi familia y amigos», decía Loud en un úl-
le miran a los ojos en diferido, no siente las pupilas, ni timo episodio que acaba, ni más ni menos, que con su
la atención, ni la reacción. Es como estar consigo mis- propio entierro.
mo y pronunciar un soliloquio, agradecer un premio
Goya ficticio, ensayar gestos faciales (a ver cómo me
queda el guiño), bailar solo en la habitación o hacer un
striptease antes de entrar a la ducha. En ese momento
puede ser él mismo porque está solo, y en redes tam-
bién está solo frente a cientos o miles de seguidores. Y
se quita la timidez porque a Tímido le fallaba el resto,
pero ahora que no están, ahora que su mayor aporte
será un like y el menor, nada, es libre. Puede venirse
arriba, ser gracioso, bobo, inteligente, interesante,
guapo y hasta un poco exhibicionista. Puede ser todo
un ligón y tener conversaciones eternas por Tinder,
Grindr, Bumble o Insta. Incluso compartir códigos
con otra persona (claro que, si al final quedan… boca
seca, manos húmedas y un pozo profundo y vacío de
temáticas. «Si esto fuera Habbo Hotel ya estaría fo-
llando», piensa el tímido Extímido, y tiene razón).

Pero no, extimidad viene de intimidad, según Jac-


ques-Alain Miller, pupilo y yerno de Jacques Lacan:
«El término extimidad se construye sobre intimidad:
no es su contrario, porque lo éxtimo es precisamente
lo íntimo, incluso lo más íntimo. Esta palabra indica,
sin embargo, que lo más íntimo está en el exterior, que
es como un cuerpo extraño». Si lo más íntimo está en
el exterior, ¿vive la intimidad su mejor momento?

172 Jot Down Magazine


Fotografía: Ignasi Jansà.

173 Jot Down Magazine


Intimidad
compartida
(cuatro recuerdos ficcionados)

POR LORENA ESCUDERO

Casi se me atraganta la leche de camello. Y no por el sabor, que me recuerda


al yogur líquido y que ya había probado antes. Tampoco por los fideos, de los gordos,
que me hicieron comer con tenedor y que no había conseguido digerir aún —no soy
de comerme una sopa a las diez de la mañana, pero habría sido descortés no aceptar
lo que te ofrecen—. Por el mismo motivo había inhalado obediente de la hermosa
snuff bottle de marfil blanco que el padre y cabeza de familia nos ofreció, uno a uno
empezando por los hombres, y que no contenía perfume como yo creía, sino tabaco.
Además la abuela había estado cocinando aquellos fideos en el hornillo junto a la co-
lumna central desde que llegamos al ger, aquella vivienda nómada, tradicional, re-
donda. Que tenía el mismo suelo de plástico imitando al parqué que usaba mi fami-
lia para el porche de la tienda de campaña, y que estaba presidida por una corona de
figuras budistas y colores y fotografías donde se sentaba el padre, el pastor, rodeado
de sus trofeos y medallas ganadas a caballo. Tenías que agacharte al entrar para no
golpearte la cabeza con el marco de la puerta y sentarte donde te correspondía, al
lado derecho si eras hombre o al izquierdo si eras mujer o extranjero, en bancos que
servían también de camas. Pero no, no fueron ni los fideos ni la leche de camello, no.
Fue por la pregunta. Demasiado íntima. Aunque, la verdad, no me hubiera moles-
tado tanto si hubiese sido horas después, una vez pasadas las formalidades, cuando
ya habíamos compartido y terminado una botella de whisky escocés y cuando ya
habíamos abrazado ovejas y caballos y camellos de dos jorobas en mitad del desierto
del Gobi. Y cuando las cámaras ya habían dejado de grabar nuestras conversaciones

174 Jot Down Magazine


1

y nuestras experiencias como visitantes primerizos a aquella desértica cuña entre


dos gigantes, Rusia y China. Pero no, fue mucho antes de sentirme cómoda, cuando
yo todavía digería los fideos y el pastor no me había regalado aún una camella hem-
bra de cuatro años de edad, que comenzaría a tener crías al año siguiente —mis pro-
pios camellos—, cuando me hizo la pregunta. El hombre quería saber por qué yo no
tenía hijos a mi edad. Al menos eso fue lo que me tradujeron. Porque él no hablaba
inglés ni nosotros mongol, lengua de cadencia asiática pero gutural al máximo, en
la que la palabra «vale» sonaba como prepararse a escupir. Por eso nuestras conver-
saciones eran una cadena de monólogos y pausas y teníamos que fiarnos de lo que
las chicas que nos habían invitado y hacían de guías y traductoras compartían con
nosotros. Y supongo que la pregunta derivaba de lo que él había dicho justo antes
y había provocado los gestos de sorpresa y las risitas, y que nos tradujeron solo de
vuelta en el coche porque había que guardar los chismes más jugosos para las ocho
horas que llenar de regreso a Ulán Bator, por una de las cuatro carreteras que cruzan
el país y su amarillento paisaje mezcla de las películas Mad Max y Dune, que a mí
me recordaba a los campos de Castilla en verano, excepto por la nieve que aún se
acumulaba en las laderas. Una lástima, me hubiera gustado saberlo horas antes para
darles la enhorabuena. Saber que la pastora, la mujer que al llegar vestía pantalón
de chándal y camiseta de las que podrías comprar en el rastro de mi pueblo los jue-
ves, muy de estar en su casa hasta que tuvo que arrojarse encima un hermoso deel
azul para las cámaras, estaba embarazada. Y que era el sexto o el séptimo vástago,
aunque nosotros solo vimos a tres. «Aquí afuera, en el desierto, no hay nada más
que hacer», es lo que aparentemente había dicho el pastor. Y yo pensé de nuevo en
la distribución de la yurta, que venía a ser un espacio abierto sin esquinas ni intimi-
dad, y que los niños dormían en otra más pequeña al lado pero la abuela no: aquella
mujer huesuda y sabia que removía los fideos dormía en la tienda principal y no qui-
se sacar más conclusiones. Me encogí de hombros. «Porque no todo el mundo tiene
que tener hijos», respondí porque qué más daba mi respuesta, si no podía hacerme
entender y a nadie más que a mí le importan mis razones.

Би ингэний сүү уугаад огих шахсан. Амтнаас нь болоод биш л дээ. Өмнө нь
амталж байсан. Шингэн тараг шиг амтыг амтыг эргэн сануулав. Зузаан гурилаас
ч болоогүй. Сэрээгээр идэх болсон ч хоолой даваагүй. Би өглөөний 10 цагт шөл

175 Jot Down Magazine


иддэггүй ч өгсөн хоолойг нь идэхгүй гэвэл бүдүүлэг хэрэг болно. Бас эелдэг байх
үүднээс ясан цагаан өнгөтэй гоёмсог хөөргийг гэрийн эзэн эрчүүдээс эхлэн хүн
бүрт барив. Үнэртэй ус гэж бодсон ч үгүй байв. Хамрын тамхи гэнэ. Нүүдэлчдийн
уламжлалт сууц болох дугуй хэлбэртэй гэрийн гол хэсэгт байх зуухан дээр эмээ
гоймонтой шөлийг чанаж байв. Манай гэрийн үүдний модон шал шиг дуураймал
хээтэй хулдаастай. Гэр дотор бурхан шүтээн, өнгө нэмсэн гэрэл зургууд дунд
малчин аавын цом, медальтай морин дээр авхуулсан зураг нь харагдана. Гэрт
орохдоо тонгойхгүй бол хаалганд толгойгоо цохиулна. Эрчүүд гэрийн баруун талд
суудаг бол, эмэгтэйчүүд, гадны хүмүүс зүүн талд суух ёстой. Сандал шиг сууна,
бас унтах ороо ч болгоно. Үгүй ээ. Гурилтай шөл биш. Ингэний сүүнд биш. Асуусан
асуултад учир байв. Хэтэрхий хувийн асуулт. Үнэнийг хэлэхэд хэдэн цагийн дараа
Говьд шил Шотланд вискигээ дуусгаж, хонь, адуу, тэмээ тэврэн, чөлөөтэй
болсны дараа асуусан бол энэ асуулт надад хүнд санагдахгүй байсан. Бидний яриаг
камернууд бичихээ больж, Орос, Хятад гэх хоёр том гүрний дунд орших говь цөлийн
нутагт анх удаа ирсэн сэтгэгдлээ ярьж эхэлсний дараа асуусан бол. Гэтэл үгүй ээ.
Биеэ барилгүй чөлөөтэй байхаас бүр өмнө нь гурилтай шөл идэж байхад, малчин
ах дөрвөн настай гуныг надад бэлэглэхээс өмнө, дараа жил нь энэ гуна надад тугал
гаргаж өгөх тухай ярианаас өмнө тэр надаас асуулт асуусан. Өдий насанд яагаад
үр хүүхэдгүй яваа юм гэж тэр надаас асуусан. Орчуулгыг нь би тэгж ойлгосон. Тэр
англиар ярьдаггүй, бид монголоор ярихгүй. Ази аялгатай хэл ч зандарч буй аятай
сонсогдоно. “За” гэдэг үг нь нулимахаар зэхэж буй мэт сонсогдоно. Тийм учраас
бидний яриа нэгэн хэмнэлээр, хэд хэдэн удаа тасалдан өрнөсөн. Биднийг урьсан
эмэгтэй биднийг чиглүүлж, орчуулга хийж өгч байв. Би бодох нь ээ.. Тэр асуулт нь
өмнө нь түүний хэлсэн үгнээс нь үүдэлтэй байж. Түүнээс болж хүмүүс инээлдэн,
гайхсан харцаар нэгнээ харцгаасан бөгөөд бид машин руу буцах замдаа л орчуулгыг
нь сонссон. Учир нь хамгийн сонирхолтой яриаг Улаанбаатар буцах найман цагийн
аялалдаа зориулж хадгалсан хэрэг. Монгол Улсыг хэрээслэн гатлах дөрвөн авто
замын нэгнээр нь бид явсан ба шаргалтан харагдах байгалийг тогтоц нь Mad
Max болон Dune кино хосолсон мэт харагдана. Налуу хэсгүүдээр цас тогтсоныг
эс тооцвол зун цагийн Кастилийн талбайг сунагдуулам. Хэдэн цагийн өмнө юу
гэж асуусныг нь мэдээгүй нь таагүй хэрэг. Малчин эмэгтэй бие давхар байсан ба
биднийг ирэхэд биеийн тамирын өмд, цамцтай, яг л гэрийн хувцастайгаа байсан.
Ийм хувцсыг манай тосгонд Пүрэв гараг болгон гардаг задгай зах дээрээс авч болно.
Харин камерын бичлэгт зориулж цэнхэр дээл гаргаж ирж өмсөөд үзэсгэлэнтэй
болов. Зургаа билүү долоо дахь хүүхэд гэсэн. Бид гэхдээ гурвыг нь л харсан. “Говь
цөл өөр хийх зүйл байхгүй” гэж малчин хэлсэн. Тэгээд гэр дотор ямар байдгийг би
эргэн бодсон. Булан, хувийн орон зай гэх газар байхгүй нээлттэй. Хүүхдүүд хажуу
хаалганд унтах ч эмээ энд хамт унтдаг. Гурилтай шөл хийх туранхай, ухаан
дарсан эмэгтэй гол гэрт унтдаг байх. Би өөр дүгнэлт хийхийг хүссэнгүй. Мөрөө
хавчаад өнгөрөв. “Хүн болгон хүүхэдтэй болох албагүй” гэж би хариулсан. Би
өөрийгөө ойлгуулж чадаагүй ч, яагаад гэдэг шалтгаан надад л хамаатай болохоор
бусдад нь хамаагүй шүү дээ.

176 Jot Down Magazine


2

El TK237 aterrizó con más de una hora de retraso, dejando tan solo veinte minu-
tos de transbordo a los pasajeros con destino a Londres, que tuvieron que correr
atravesando el aeropuerto de Estambul desde la zona D hasta la A, maldiciendo
con un genuino olor a sudor a sus acompañantes en las siguientes cuatro horas
y quince minutos de vuelo.

«Todo país tiene un momento histórico del que avergonzarse». Me dijo mi amiga
mientras recorríamos las calles que rodean el Theaterplein, abarrotadas de puestos
de flores y comida, pero ya sin pájaros por el calor. Hacía más de diez años que había
vivido en aquella ciudad, así que me contaba la historia para recordarla ella. Cómo
en aquella plaza llena de arbustos y plantas, o tal vez fue en aquella otra más al norte,
había tenido lugar la Exposición Internacional de Amberes.

A una de sus ediciones, me contaba mi amiga, el rey Leopoldo II de Bélgica mandó


traer un pueblo entero desde su nueva colonia, el Estado Libre del Congo. Y al pa-
recer los hombres, mujeres y niños de aquel pueblo congoleño habían permanecido
expuestos al público belga durante más de seis meses. Doscientos días viviendo en
una réplica de su hogar bajo las miradas constantes de los visitantes europeos. Algu-
nos conocieron enfermedades nuevas y no regresaron. Noté que mi amiga dudaba,
si lo que recordaba era cierto, si debía decirlo o no. Unos murieron y otros nacieron.
Una mujer vino embarazada. Seis meses de gestación dentro de un zoológico huma-
no. Y dar a luz como parte de una exhibición.

Regresamos a la casa donde dormiríamos, un impresionante apartamento doble de


cuatro pisos, techos altísimos y escaleras de vértigo. Al acostarnos descubrí que mi
habitación albergaba detrás de la puerta una cuna, blanquísima, antigua. Me pre-
gunté quién la habría usado, los dueños de la casa no tenían hijos. Tal vez una visita.
Tal vez era decoración. Al cerrar los ojos imaginé el contraste de aquel blanco ce-
gador con la piel brillante y tersa del recién nacido congoleño. Aquella noche tuve
un sueño febril, semiconsciente. Sentía que la habitación se había llenado de gente,
que me observaban mientras dormía. Podía sentir la quemazón de sus ojos sobre
mí. Algunos decían mi nombre, otros me lanzaban mensajes en una lengua que no
entendía. Creo que intentaban despertarme. Pero yo no podía abrir los ojos.

177 Jot Down Magazine


3

En la sala de embarque del Eurostar con destino Brussels-Midi/Zuid, un grupo


de chicas sentadas en el suelo descubren, mientras van pasando discretamen-
te una botella de vino de mano a mano, que dos de ellas se han acostado con el
mismo tipo, un tal Jake, el fin de semana pasado. Todas ríen, incluyendo las dos
aludidas, que no volverán a hablarse en todo el viaje.

Lo que no había entendido a través de los mapas o las fotos es que en Anilao la ve-
getación, los árboles, llegan literalmente hasta la playa. O más bien hasta las rocas
y piedras que sirven de límite entre el mar y la hilera de resorts frente a él, edificios
pegados unos a otros que anuncian la posibilidad de bucear con vistosos murales
de corales y peces exóticos. Detrás de los resorts hay casas, familias, vida. Lo sé por
los niños que a veces se asoman con sus perros al área de piscina de mi pedazo de
hilera. Por eso y por el gallo que desafina a todas las horas del día y de la noche bajo
mi ventana.

Ang hindi ko nakita sa mapa at sa mga larawan ay literal na umaabot hanggang


sa dagat yong mga halaman at mga puno. O kung hindi man literal na umabot sa
dagat, abot ito hanggang sa mga bato na humihiwalay sa dagat at sa hilera ng mga
resorts sa harap ng dagat, mga magkakadikit ng gusali na puro nagpapakita ng mga
patalastas ng mga diving trips kung saan makikita ang mga iba’t ibang makulay na
corals at kakaibang isda. Sa likod ng mga resorts ay may mga bahay, mga pamilya at
tuloy tuloy ang buhay. Nalaman ko yon kasi madalas na nagpupunta yong mga bata
kasama yong mga alaga nilang aso malapit sa swimming pool nong resort kung saan
ako tumuloy, isama mo na pati yong mga manok na nasa ilalim ng kwarto ko na nag-
iingay buong magdamag mula umaga hanggang gabi.

El acceso al mar tampoco era lo que esperaba, apenas un par de escalones al cos-
tado del resort en los que esquivar tendederos repletos de sábanas. Ninguna playa
cercana. Y el agua estaba tan turbia que no podía distinguir ni mis propias piernas.

178 Jot Down Magazine


Así no iba a ver los peces o corales prometidos. Había otra chica en el agua, con una
camiseta de neopreno rosa, que acababa de mudarse de vuelta a Filipinas. «Are you
swimming alone?» Le respondí que sí y, sin pedirlo, me ofreció un pacto: seríamos
guardianas la una de la otra («Ok then I watch you and you watch me»). Pensé que
eso nos convertía en hermanas marinas, sea sisters. Aunque el término me pareció
carente de significado comparado con la soul sister que había encontrado el día an-
terior en Ciudad Quezón. Nos habíamos refugiado de la tormenta en una carinderia,
uno de esos establecimientos en los que se apunta con el dedo a través de la vitrina
para elegir la cena: kare-kare, arroz, sopa. Y bastaron un par de horas de conversa-
ción y platos compartidos para descubrir lo mucho que Carol y yo nos parecíamos,
la similitud con la que entendíamos la vida y las relaciones.

Di ko din inaasahan na yong daan papuntang dagat ay konting lakad lamang mula sa
gilid ng resort ngunit kailangan ko iwasan lahat ng mga sampayan na puno ng mga
kumot. Walang malapit na dalampasigan. Sobrang labo ng tubig hindi ko rin makita
ang mga sarili kong binti. Hindi ko din makikita ang mga corals at isda na ipinapa-
kita nila sa mga larawan. Meron akong nakausap na isa pang babae na habang nasa
dagat, suot nya ang isang pink na wet suit, kakabalik lang daw niya sa Pilipinas. Ti-
nanong nya ako “Are you swimming alone?” Sabi ko oo. Tapos inialok niya na banta-
yan namin ang isa’t isa “ok then, I watch you and you watch me” Sa tingin ko naging
sea sisters kami noon ngunit hindi naging gaanong makabuluhan yong pakiramdam
kung ihahalintulad ko sa nakilala kong soul sister sa Quezon City noong nakaraang
araw. Habang malakas ang ulan, sumilong muna kami sa isang carinderia, isa itong
maliit na kainan kung saan ituturo mo yong pagkain na gusto mo na naka-display sa
likuran ng salamin kagaya ng kare-kare, kanin, sopas. Habang kumakain kami, saglit
na usap pa lamang namin, nalaman ko na agad kung gaano kadami ang pagkakapa-
rehas namin ni Carol. Parehas ang aming mga pananaw sa buhay at sa mga relasyon.

Regresé desilusionada de mi primera excursión marítima. De vuelta en el resort


encontré a cinco mujeres sentadas en sillas de plástico alrededor de una mesa de
camping. Se levantaron al verme y me ofrecieron todo lo que tenían a mano: una
silla, una toalla, un menú. La mujer de mediana edad hablaba bien inglés y no se
sorprendió de que no pudiera ver nada en el agua. Algo sobre las mareas. Me dijo
que lo intentara por la mañana. Las otras mujeres —adivinaría que una abuela, dos
hermanas y una hija— me miraban con curiosidad. Quizás porque estaba sola. Y no
únicamente viajando sola. Era temporada baja, las lluvias ya se habían instalado en
gran parte de la isla y no había casi turismo. Así que, según me aclararon, yo era la
única huésped que quedaba.

Bumalik ako na dismayado sa una kong sea adventure. Pag balik ko sa resort, nakita
ko yung limang babae na nakaupo sa mga upuan na plastik na nakapalibot sa lamesa
na pang-camping. Tumayo agad sila nung nakita ako at inalok ako ng lahat ng kung
anong meron sila; upuan, tuwalya, at yung menu nila. Yung isang babae na maaaring

179 Jot Down Magazine


nasa gitnang-edad , mga nasa kuwarenta na siguro, kinausap ako at magaling siya
mag-English. Di siya nagulat na wala akong nakita sa dagat. Parang tungkol sa kati
ng tubig yung nasabi niyang dahilan. Tapos sabi niya subukan ko nalang daw ulit sa
umaga. Yung iba pang mga babae, sa tingin ko; isang Lola, dalawang magkapatid
na babae, at isang anak na babae ng isa sa magkapatid, tinignan ako na parang
nagtataka sila. Sa tingin ko dahil mag isa lang ako. At maaring hindi lang dahil
sa mag-isa akong nagbyahe, kung hindi dahil din sa panahon na tag-ulan at halos
walang mga turista. Sabi nila sa akin, ako nalang daw natitirang bisita nila.

Y no conseguí acostumbrarme a ello. A que las mujeres se pusieran de pie cada vez
que me veían. Al «Yes, ma’am». A recibir un menú a cualquier hora del día. O a las
cenas del restaurante, siempre sentada en la misma mesa, las otras vacías excepto
una, tres filas por detrás de mí, en la que la hija chateaba por el móvil esperando
pacientemente a que yo terminara de comer. Me recordó al camarero del hotel de
Makati, un chico seguramente de la misma edad, también guardando la espalda de
uno de los comensales mientras yo desayunaba cerdo a la cubana y un delicioso café
barako. La espalda era de un hombre mayor que, tan discretamente como pudo, co-
menzó a vomitar junto a la puerta del local. Lo hizo sin apenas moverse, inclinado
hacia un lado de su silla, sin decir una palabra. Los camareros tardaron en percatar-
se. Cuando lo hicieron, mientras alguien limpiaba el suelo, alguien le traía agua y
alguien hablaba con él, ese chico se quedó allí, de pie, acariciando con gesto tierno la
espalda del hombre, reconfortándole.

Di ako masanay kung paano ang trato nila sa akin kagaya nung palaging pag tayo nila
kapag nakikita ako at pag sabi ng “Yes, ma’am”, tapos pag aalok nung menu maya’t
maya. O yung hapunan sa restaurant, na palagi ako inuupo sa iisang lamesa. Lahat
ng upuan walang laman maliban lang sa isang upuan na nasa pangatlong hilera sa
likod ko, dun umuupo yung pinaka batang babae para makipag usap sa cellphone
niya habang hinihintay ako matapos kumain. Naalala ko sa kanya yung isang
waiter sa Makati, maaaring kasing edad niya, na tumayo sa likod ng isang mama na
kumakain sa restaurante kung saan ako ay kumakain ng Cuban-style pork at nainom
ng masarap na barako coffee. Matanda na yung mama, at sa pinakamaingat niyang
paraan, nasuka siya sa may pinto. Halos di siya gumagalaw, sumandal lang sa gilid
ng upuan niya, walang sinasabi na kahit ano. Medyo natagalan bago siya napansin
nung mga waiter. At nung napansin na nila, nilinis nung isa yung sahig habang may
isa naman na kumuha ng tubig para sa kanya. Tapos may isa din na kumausap sa
kanya, at yung binatang waiter na hinihimas lang ng mabagal ang likod niya para
maibsan ang pakiramdam niya.

La ventaja de ser la única huésped era tener uso exclusivo de la piscina, y cuando
no llovía yo pasaba todo el tiempo posible haciéndome la muerta en su centro, don-
de el agua estaba menos caliente. Aunque lo hacía sintiendo sobre mí los ojos de
aquellas mujeres. Para alejarme de sus constantes miradas de supervisión, aprendí

180 Jot Down Magazine


a usar el kayak y me dediqué a espiar el resto de resorts desde el agua, buscando a
algún otro turista. Observé que varios estaban abandonados y parecían sacados de
la película Jumanji, con la vegetación corroyendo paredes y techos, junto a otros
laboriosamente cuidados, uno de ellos falsificando una estampa griega con el blanco
y azul característicos de Santorini. A veces me abordaban piratas inversos, que se
aproximaban a mi kayak desde sus bangkas con balancines, no para llevarse teso-
ros sino para ofrecerlos. Cajas con tapas de plástico y compartimentos repletos de
corales y perlas de todos los colores, convertidas en collares, pendientes y pulseras,
que lanzaban desde su barca a mi canoa con una despreocupación que no entendí.

Ang pinaka Magandang parte ng pagiging nagiisang bisita ay solo ko lang para
sa sarili ko yung swimming pool. Kapag hindi naulan, nagtatagal talaga ako ng
mahabang oras at nagpapalutang sa gitna, nag papanggap na parang patay, kung
saan medyo mas malamig yung tubig. Kahit na pakiramdam ko pa din ay pinapanood
ako ng mga babae. Para maiwasan yung panunuod nila, inaral ko kung paano gamitin
yung kayak, tapos ginugol ko ang oras ko sa pagespiya ng ibang resort mula sa dagat,
habang nag hahanap ako ng iba pang turista. Napansin ko na parang karamihan
sa kanila ay abandonado na, kamukha nung mga nasa pelikula na Jumanji. Halos
matakpan na ng mga halaman yung mga pader at bubong nung mga gusali, habang
ang iba ay nanananitili pang maayos, may isa pa na parang ginagaya yung mga
gusaling griyego sa Santorini na may kulay puti at bughaw. Minsan may lumalapit
sakin na “reverse pirates” gamit yung mga bangka nila na may katig, ngunit hindi
para magnakaw ng kayamanan sa akin, kung hindi para mag benta ng kanilang
kayamanan. Meron silang mga kahon na plastik na puno ng iba’t ibang kulay ng corals
at pearls na ginawa nilang kwintas, hikaw, at bracelets, tapos di ko maintindihan
bakit nila binabato sa kayak ko yung mga binebenta nila na para bang wala silang
pake kung mahulog man sa dagat.

La última noche bajé al restaurante antes de lo habitual. Cuando me di cuenta de


que había interrumpido la cena de aquellas mujeres, intenté regresar a mi habita-
ción. Pero la abuela me invitó a sentarme con ellas. Enseguida me pasaron un plato
y continuaron conversando en tagalo. La hija hablaba algo de español y me traducía
las bromas que recibía sobre el supuesto novio con el que chateaba. Así compartí su
adobo, compartí sus risas y, finalmente, compartí un pedazo de aquella isla.

Sa huling gabi ko dun, pumunta ako sa restaurant ng mas maaga. Nung napansin ko na
naabala ko yung hapunan nung mga babae, sinubukan ko nalang bumalik sa kwarto
ko, pero bigla akong inaya nung lola nila na makiupo sa kanila. Inabutan agad nila
ako ng plato at nag usap na sa wikang tagalog. Yung anak na nag sasalita ng konting
Espanol at isinalin niya yung ibang joke na sinasabi nila tungkol sa kasintahan niya
na kausap niya sa cellphone. Ako ay nakihati sa Adobo nila, sa tawanan nila, at higit
sa lahat, nakihati ako sa maliit na bahagi ng isla nila.

181 Jot Down Magazine


4

Los ocupantes de las filas diecisiete a la veintitrés comprenden perfectamente,


al final del vuelo, por qué la pareja viajaba en asientos separados, y miran con
respeto a la mujer cuando regresa desde la fila cuarenta y uno, tan lejos como le
fue posible de los ronquidos de su marido.

Son las cinco y veintitrés de la madrugada del lunes cuando, después de casi doce
horas de espera, nos comunican que por fin han encontrado una habitación libre.
Mientras el celador regresa con una silla de ruedas, nos despedimos mentalmente
del ala de A&E del Peterborough City Hospital: de las hileras de sillas azules, de las
paredes verde claro, del olor dulzón, mezcla de sudor y café. Me pregunto qué será
de los extraños que nos han acompañado en esta noche tan larga.

Algunos estaban aquí ya a nuestra llegada. Como la chica rubia, veinteañera, senta-
da en la esquina, que se ha dejado caer contra la pared y se abstrae con una conti-
nua retahíla de vídeos en el móvil. Al principio la acompañaba un chico de su edad,
probablemente un novio que se marchó en torno a la medianoche. Desde entonces,
el sarpullido que trajo en el brazo derecho se le ha extendido al cuello y parte del
rostro. O la jugadora del equipo local de netball, según proclama la insignia de su
sudadera, a la que presté mi cargador del móvil y me ofreció como intercambio una
de esas novelas policíacas que venden a dos por uno y convierten las estanterías de
WHSmith en un paisaje desolador.

El resto han ido llegando a lo largo de la tarde y de la noche del domingo. La mayoría
solos, como Samantha, una mujer mayor, en buena forma a sus setenta y tantos, vis-
tiendo pantalones cortos, camiseta de tirantes y sandalias, como si acabara de llegar
de la playa, aunque no hay ninguna cerca. Otros han venido acompañados de un ser
querido. Tienen que quererte para lapidar hora tras hora contigo en un lugar tan
devastador, tan inhóspito. La mujer de pelo verde fosforito llegó con una pareja con
tatuajes y piercings a juego. Me los imaginaría montados en sendas Harley David-
son si no fuera porque ella se dobla del dolor a cada minuto. A veces el sufrimiento
es mayor cuando hay testigos. También hay casos extraordinarios que han venido

182 Jot Down Magazine


con la familia al completo. Como el hombre pakistaní tumbado a lo largo de tres
sillas, apoyando su cabeza en el regazo de un hermano mientras otro lo custodia de
pie, y cuyo teléfono no dejó de emitir una estridente música electrónica hasta que
aparecieron también en la sala su mujer y varios niños. Lo más significativo, lo que
los demás no podemos dejar de mirar, es cómo se descalzó al llegar y sus pies desnu-
dos están cada vez más cerca, rozando ya, a la veinteañera rubia.

Para no aburrirnos demasiado, cada tanto nos intercambiamos accidentalmente las


sillas. Dicen tu nombre y persigues la esperanza hasta otra sala, donde solo te to-
man muestras o te informan de los siguientes pasos (escáner, hablar con el cirujano,
esperar resultados de la analítica), y la esperanza se hace añicos difíciles de digerir
cuando te mandan de vuelta y ya no hay dos asientos contiguos o alguien se ha adue-
ñado de la posición privilegiada junto a las máquinas expendedoras, las sillas más
deseadas por la mínima intimidad que ofrece el hueco en la pared.

Porque doce horas dan también para compartir muchos detalles íntimos. Como la
videollamada de una mujer entrada en años y en carnes que hablaba en francés con
un chico bastante más joven y guapo que atiende la llamada desde su cama, semi-
desnudo, mientras a su alrededor nos preguntamos qué relación la une a ella con
ese torso tan bien definido del otro lado de la línea. También momentos de angustia,
como cuando el adolescente perdió el conocimiento y cayó, todo lo largo y pesado
que era, contra la puerta de la sala de triage y la enfermera fue incapaz de frenar
su caída o de levantarlo y tuvo que gritar pidiendo ayuda a los tres guardias de se-
guridad. Los mismos que, horas después, abrieron a golpes la puerta de uno de los
servicios para sacar a la fuerza a un hombre obviamente ebrio que, a pesar de las
apariencias, negaba rotundamente haberse metido allí a dormir la mona.

Pero la historia que sé que no olvidaré, las palabras que recordaré aunque no re-
grese nunca a esta sala de espera, son las de la mujer de pelo mitad castaño, mitad
gris. Vino porque su marido necesitaba que le cambiaran el catéter. Era la segunda
vez que venían a urgencias por el mismo motivo ese fin de semana, dijo tan pronto
como llegó, visiblemente enojada. Él apenas hablaba o se movía, aunque manejaba
él mismo los controles de su silla de ruedas, que costaba encajar entre filas de sillas
y cuerpos. Cuando un enfermero nos escoltó para tomar muestras y me pidieron
que esperara en el pasillo, mochila al hombro, pude oírla. La mujer estaba dentro
de una sala adyacente con la puerta abierta e insistía en ver a un médico; se negaba
a que fuera un auxiliar quien cambiara de nuevo el catéter. Y ahora, mientras el ce-
lador nos conduce hacia un pasillo desconocido, mientras atravesamos las puertas
dejando atrás el rastro de emergencia, intercambiamos un leve gesto que significa
buena suerte. En su mirada entiendo que me vio en el pasillo («Do you know what it
is to see a person you love in pain day after day?») y que sabe que la escuché decirlo
(«He is diabetic. Do you know what he told me this morning? Give me the insulin
pen and walk away»).

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Tom Hardy y Matt Dillon en Capone, 2020.
Fotografía: BRON Studios / A Band Apart /
AI-Film / Addictive Pictures.
POR FAVOR
TÁPESE,
INSTANTÁNEA HISTORIA REEL
POR BÁRBARA BLASCO

Intimidad es una palabra que se susurra. La voz cae hasta ser solo aliento.
La punta de la lengua emprende un viaje que roza el paladar, que ve cerrarse unos
labios, que se enreda entre los dientes. In-ti-mi-dad, luz de mi vida, fuego de mis
entrañas.

La intimidad tiene un ligero aroma a sexo, y también a excremento, a café con leche
y a coñac barato.

«Este año, en España, ochocientas cincuenta y nueve personas han denunciado que
un vídeo o una grabación íntima han circulado sin su permiso».

La intimidad es también eso que hoy se vende barato en el mercado negro. Un mate-
rial informe, abstracto, maleable, como los bits o los afectos.

«Europa multa a Meta con 1200 millones por el envío ilegal de datos de usuarios a
Estados Unidos».

No resulta improbable pensar que, en un futuro próximo, la intimidad se convierta


en un objeto de lujo, como un Louis Vuitton o un Rolex. En el privilegio de unos po-
cos millonarios, que podrán cubrir sus vergüenzas mientras el resto de los mortales
quedamos a la intemperie, a la vista de todos, como indigentes.

¿Clase social? Pobre con perfil público o rico anónimo.

«Los directivos de Silicon Valley crían a sus hijos lejos de las pantallas».

La distopía acerca de la misteriosa desaparición de la intimidad empezó hace algu-


nos años. Hasta ahora habíamos pensado que el futuro era eso que vivía en nuestra
imaginación, una idea que se desvanecía en cuanto llegábamos a ella en el presente.
Ahora resulta que el futuro nos ha alcanzado, y ya están sucediendo cosas que ni
siquiera imaginamos hoy.

«Investigadores de Stanford desarrollan un implante cerebral capaz de traducir los


pensamientos en texto».

Pues sí, ya es posible leer las mentes, la última frontera que nos separa del otro. Si
bucear en las redes era asomarse a las cañerías de la sociedad y ver toda la porquería
corriendo por el subsuelo, no quiero imaginar lo aterrador que será que aflore a la
superficie. Llevar al aire nuestros pensamientos, que tu jefe vea lo que piensas de él,
tu amante lo que te ha parecido ese último polvo, tu hijo que no te apetece comerte
esa cookie que ha hecho con sus manitas y que tiene pinta de excremento.

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Una señal de tráfico advierte contra
los viandantes absortos en sus teléfonos móviles
en Alemania. Fotografía: Christoph Schmidt / Getty.

El implante lee cerebros, un hito gracias al vertigi- Cuando estuve en la India, me llamó la atención esa
noso avance de la inteligencia artificial. Se ha creado costumbre, aquí caduca, de que todo girara en torno
para que personas con parálisis cerebral o ELA pue- al trabajo: el taxista dormía en su rickshaw, dispuesto
dan comunicarse. Pero nada más parirse, sus creado- a un viaje en cualquier momento; la chica mantenía
res andan ya preocupados por la privacidad mental, la tienda siempre abierta, veía la televisión, comía un
un concepto hasta ahora impensable por redundante. tikka masala, hacía vida familiar allí, con la posibili-
Y no es para menos: siempre que se abre la puerta a la dad de la venta sobrevolándola siempre. La vida era
virtud puede colarse el monstruo. un largo río de trabajo, cortado por momentos de ocio
y familiares.
Elon Musk: «Todos van a querer nuestro implante Te-
lepathy de Neuralink para controlar con la mente los Podríamos afirmar que la falta de intimidad es cosa
dispositivos». de sociedades atrasadas. Y, sin embargo, ese es el viejo
modelo que proponen hoy las redes: encoger los espa-
Cualquier cosa que salga de la boca de Musk resul- cios, fundir trabajo y ocio. Y nos lo venden como si ese
ta monstruosa, pero esta especialmente. Un futuro atraso fuera algo novedoso y chic. Estar conectados
donde los pensamientos ya no sean privados, donde veinticuatro horas, siempre abierta la posibilidad de
se confundan, no ya los fakes con la verdad, los he- vendernos, hacer de nosotros un espacio anunciador
chos con las opiniones, sino la imaginación con la en el que estampar un mensaje publicitario.
intención, el pensamiento con la actuación, hiela la
sangre. «Multa de hasta 7500 euros a un jefe por escribir a sus
empleados por WhatsApp fuera del horario laboral».
Uno ya no podrá estar a solas ni en su propia cabeza.
Pero tú puedes hacerte rico si te lo propones, si sabes
En realidad, la escasez de intimidad no es un escena- venderte bien. Esto, junto al mito de la meritocracia y
rio completamente nuevo. Históricamente, no ha sido la ideología del self made, han acabado de darle la pun-
un derecho, sino cosita de ricos, privilegio de clase. tilla a la culpabilización del pobre por ser pobre.
Preguntar por la intimidad en la Edad Media vendría
a ser como hacerlo por el wifi o la Champions: «¿Inti- Y es que hoy no basta con hacer bien tu trabajo, hay
miqué?», de lo inexistente que era para la mayoría de que saber venderse. Eso implica no solo que el pro-
la población. ducto eres tú: también eres el escaparatista, el vende-
dor, el que envuelve para regalo, el que cobra y hasta
La única intimidad que se contemplaba era la necesa- el segurata de la puerta. Y si me apuras, el cliente: tú
ria para el acto sexual, y siempre bajo la mirada vigi- pagando siempre.
lante, inquisidora, castrante de la Iglesia, para quien
el coitus interruptus provocaba ulceración del pene, «Vivienda lanza la campaña “¿Cómo imaginas tu fu-
para quien acostarse con una mujer con la matriz turo?” para reivindicar la importancia de la acción
sucia, llena de veneno —es decir, con la regla—, hacía pública en favor del derecho a la vivienda».
enfermar gravemente. Para la mayor parte de la so-
ciedad, que tenía que compartir la habitación con los Esto lo sabe bien cualquier político, que ya no tiene
padres, la cama con los hijos, simplemente no existía. tiempo de administrar y de gestionar, ocupado como
anda en tareas de marketing y comunicación.
«El perfil del demandante de piso compartido en Es-
paña roza ya la edad en que se deja de ser joven». Sep- Pero ojo, que puede que no solo no estés vendiendo
tiembre de 2024. la mejor imagen de ti a los demás, ¿y si ni siquiera lo

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estás haciendo ante ti mismo? Muerto Dios, las redes tan absurdo como: duerme mientras estás despierto,
sociales se presentan como lo más parecido a ese ojo mea sin echar gota, come sin abrir la boca.
inmenso que todo lo ve, que no cierra nunca.
«Un estudio asocia la alta adicción a las pantallas
¿Cómo sabrás quién eres si no te miras en ese espejo? con ideas suicidas y problemas de salud mental en
menores».
«La influencer Mikayla Raines se suicida tras sufrir
acoso en redes». La intimidad como derecho es algo reciente; no se
contempló jurídicamente hasta inicios del siglo xx, es
A menudo olvidamos que perdemos misterio con decir, hace apenas un escupitajo de tiempo. Una inti-
tanta exposición. Que llegamos sin nada que contar midad que se entendía sobre todo como el derecho a
a las cervezas con los amigos, porque ya vieron esa la soledad o, como decían los pioneros Warren y Bran-
anécdota en Instagram, y esa otra, y esa también. deis, «la forma más perfecta de la vida privada». En
Que es como llegar tarde a uno mismo, como hacerse España, no fue hasta la Constitución de 1978 cuando
spoiler constantemente. Como ser un periódico atra- el derecho a la intimidad personal y familiar, junto a
sado, que no sirve ya más que de fondo para el arene- sus compañeros el derecho al honor y a la propia ima-
ro del gato. gen, asomaron la cabeza a nuestras leyes.

Y es que una parte importante de la identidad se cons- «La Casa Real estudia si denunciar a la revista por las
truye necesariamente desde la intimidad. Yo sé quién fotos de la princesa Leonor en bikini».
soy cuando hablo conmigo a solas, cuando me relacio-
no íntimamente con alguien. Las redes, sin embargo, Hoy, la supersónica tecnología ha desbaratado este
se empeñan en proponer una trampa imposible: cons- nuevo escenario que funciona con leyes obsoletas,
truye tu intimidad a la vista de los demás, permanece promulgadas en un lejano mundo predigital. Y es que
dentro estando todo el día fuera. Que viene a ser algo este Internet en pañales es el salvaje oeste, un terri-

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La falta de intimidad es cosa
de sociedades atrasadas.
Y, sin embargo, ese es el viejo
modelo que proponen hoy las
redes: encoger los espacios, «Confirmada la condena de dieciocho meses de cár-
cel al tuitero de Camilo de Ory por hacer chistes sobre
fundir trabajo y ocio. Y nos lo Julen, el niño que cayó en un pozo y murió».
venden como si ese atraso fuera Los haters pueden gritar sus exabruptos al oído de la
algo novedoso y chic víctima, los pederastas susurrar sus mentiras a insta-
gramers adolescentes. El odio licuado llega a todos los
rincones.

Pero aún la zanahoria de la intimidad vende bien. Mues-


tra tus entrañas, vacíate en directo, engorda ese órgano
esponjoso y palpitante que es el ego. Consigue patroci-
nadores, consigue seguidores, consigue admiradores,
consigue amor. Porque, en el fondo, todos buscamos
amor. ¿Qué más da la forma de conseguirlo?
torio por conquistar donde los forajidos big tech cam-
pan a sus anchas imponiendo su ley. Y el resto, colo- «Julien Blanc, “líder internacional en consejos para
nos temerosos tratando de salir adelante, cuando no ligar”, acusado de fomentar la cultura de la violación».
indios masacrados, aceptamos sus normas a cambio
de supuestas ventajas. Un amor que también está metamorfoseándose en el
siglo xxi.
Así, hemos ido ofrendando nuestras vidas privadas
a esos nuevos bandidos, cifradas en datos, a cambio Vivimos desde hace unos años una recesión sexual.
de estar hiperconectados (y tan solitos), de navegar Muchos jóvenes confiesan que mantener una relación
gratis (ya van llegando las facturas), de viajar barato se ha vuelto demasiado complicado.
y seguro (qué más da ser tratados como peligrosos
criminales en los controles), de follar a demanda vía «La abstinencia sexual crece entre los jóvenes de la
Tinder (aun a costa de ver languidecer nuestro deseo generación Z».
a la intemperie).
¿Exceso de porno? ¿Heteropesimismo que arrecia
«El registro de viajeros ya está en vigor: conservar da- con fuerza? ¿Miedo al abuso y a las relaciones tóxicas?
tos sensibles durante tres años pone en jaque la pri- Tal vez solo se deba a la superpoblación del planeta o a
vacidad». la gran precariedad.

En estos tiempos, seguridad y renuncia a la priva- Pero hasta Hollywood, la fábrica de relatos a nivel
cidad, más que mantener un idilio, se refocilan sin mundial, ha perdido interés por el sexo, que cotiza
pudor ante nuestros ojos, y pronto no será pecar de más a la baja que nunca.
exagerados afirmar que intimidad y democracia sí
mantenían una estrecha vinculación, al fin y al cabo. «Muchos jóvenes prefieren masturbarse antes que es-
forzarse por seducir a alguien».
Y es que prescindir de la intimidad implica vivir haci-
nados en esa única pieza a la que se reduce el espacio Cada vez más se buscan sustitutos al amor y al placer
digital, donde se comparten miserias e interioridades, que no pongan en juego nuestra intimidad. Tinder,
sin una cortina de separación. sexo casual, saltar de cita en cita sin pisar nunca terre-

190 Jot Down Magazine


nos íntimos. Y adoptar un perro o un gato para cubrir Venderemos nuestra privacidad a cambio de salud,
la necesidad de afecto. claro que sí.

La tecnología ayuda. En los últimos tiempos, ya nos hemos venido cargan-


do de tareas que no nos correspondían. Y así, tras una
Tracey Follows: «¿Quién tendrá el control de la inte- comida rápida, uno se convierte en camarero lento,
ligencia artificial aplicada al sexo? Porque no será el en dependiente del supermercado cuando pesa fruta,
usuario». saca los guantes de gasolinero para llenar el depósito,
ajusta tuercas como montador de muebles sin carné,
Dicen que en 2045 uno de cada cinco jóvenes tendrá se convierte en informático para hacer un trámite ad-
su ración habitual de sexo con un robot. Tras algunas ministrativo.
sesiones, la máquina creará una biblioteca de sensa-
ciones sobre el usuario capaz de reproducir en el cere- No sorprendería que estuviéramos a un paso de las
bro las caricias en los puntos erógenos más sensibles máquinas extractoras de sangre. Haga su propio test
hasta dar con la fórmula exacta, la receta magistral, de orina y llévese un McFlurry de regalo. Aquí, vendas
aquella que provoque los mejores orgasmos. Mante- y gasas para curar la herida, junto a un tutorial que
ner relaciones sexuales con un robot equipado con in- guiará sus pasos.
teligencia artificial resultará mucho más gratificante
que con cualquier ser humano. Ya no hará falta el otro. En un futuro cercano, monitorizaremos, no ya los
Solo la ilusión del otro reconstruida artificialmente. pasos y las pulsaciones, no ya la tensión o el azúcar,
Solo nosotros y la tecnología. sino los tumores que crecen taimados en la oscuri-
dad interior, las piedras en el riñón, los reflujos que
Al leer estas cosas, el primer impulso es reírse con suben sulfurosos por el esófago. Enganchados a esa
cierta condescendencia. Luego una piensa hasta qué película interior, seremos nuestros propios médicos
punto no nos enamoramos todos de una idea, de una con la promesa de que algo sale más barato. El TAC en
ficción, hasta qué punto el amor no es un espejismo, el móvil hará que siempre tengamos presente nuestra
el más maravilloso y necesario, porque estamos solos calavera. Nuestros cuerpos se volverán transparentes
en el mundo. y olvidaremos que el médico cura con ciencia, pero
también, como hacía mamá, con palabras.
«Muñecas sexuales, corredores de maratones y futbo-
listas: así es la nueva generación de robots humanoi- Y bueno, sé que me está quedando tremendamente
des que desarrolla China». apocalíptico este artículo, una distopía con tintes de
terror. Estoy segura de que la tecnología traerá cosas
Pero una siempre vuelve a la realidad, donde la piel, don- maravillosas, pero contra esas no hace falta estar pre-
de el calor, donde el olor, donde a veces el mal olor. Y es venidos.
que puede que sea el defecto, eso tan humano, lo que la
inteligencia artificial no conseguirá replicar nunca.

¿Y nuestra salud? ¿Cómo incidirá la falta de intimidad


en nuestros cuerpos?

«La nueva herramienta de IA de Microsoft promete


ser más eficaz que los médicos diagnosticando enfer-
medades».

191 Jot Down Magazine


Estados Unidos, 1964.
Fotografía: Tony Ray-Jones / Getty.
LA SUAVE
BALADA DE
LUSIA HARRIS
POR MARCOS PEREDA

Hubiese sido apoteósico. Demen- A Lusia le venía el basket casi de fa-


cial, un escándalo. En cualquier acep- milia. Diez hermanos. Seis varones y
ción de la palabra. Imaginen. Los hi- una chica jugando con la pelotita bo-
jos del sur, los representantes de tona. Los Harris tenían una canas-
aquel pueblo orgulloso y hedonista. ta en su hogar, y allí que venían to-
Haciendo vibrar. Con el baloncesto. dos los niños del pueblo para probar
Jugando juntos. Al baloncesto. Él y suerte. Como empezó Lusia. Miran-
ella, ella y él. Sobre una misma can- do partidos por la televisión (televi-
cha. Imposible. Lo parece, lo era. sión y canasta, suertudos), imitando
Pero estuvo cerquita. Solo que dijo las formas de Alcindor, de Robertson.
«no». Lusia, Lusia dijo «no». Y todos Apellido humilde, recolectores algo-
quisimos saber cómo hubiesen ilu- doneros. Brazos en el profundo sur,
minado aquellos focos... Misisipi años sesenta.

Para hablar sobre Lusia Harris (Min- «Minter City era un pueblo mayori-
ter City, 1955-Greenwood, 2022) tariamente negro, el clásico al sur de
todos utilizan el mismo término. Estados Unidos, muy segregado. Allí
«Dominante». Era una jugadora do- hay pueblos negros, pueblos blan-
minante. Luego fue un coach com- cos, y otros con zonas muy marcadas
prensivo, un símbolo de otros tiem- a nivel de barrios y tal. Se sigue no-
pos, una leyenda con sonrisa. Pero, tando bastante esa diferenciación,
sobre la cancha... dominante. Impo- sitios que tienen la vía del tren cru-
sible de parar. Lo nunca visto, un fe- zándolos por mitad, a un lado noven-
nómeno, la mujer llamada a romper ta por ciento de población negra y al
reglas en su deporte. otro noventa por ciento de población
blanca». Fernando Mahía recuerda
Lew, Wilt, Lusia. vivamente cuando visitó Minter City.

194 Jot Down Magazine


Escritor con vocación de errabundo de baloncesto». Y para allá que se Pero todo eso junto a un carácter
(o viceversa), pasó unos meses en- fue. La única negra entre doce mu- superdulce, hablaba bajito, sonreía
tre trabajos de poca monta, una fur- chachas. La mejor de todas. Cuatro mucho, era curioso. No suelo fijarme
go poshippy y muchos kilómetros añitos estuvo, cuatro. Terceras en el mucho en las manos, pero recuer-
recorriendo Estados Unidos y per- Campeonato Estatal, campeonas de do que las suyas eran grandes, muy
geñando las urdimbres que unen y Estados Unidos, campeonas de Es- grandes, sí».
separan aquel país enorme. Las ur- tados Unidos, campeonas de Esta-
dimbres del basket, sobre todo, por- dos Unidos. Inmaculado. Treinta y Estamos en 1977. Termina el Cam-
que Fernando trenzó Rucker Park dos, treinta y veintitrés puntos en peonato Universitario, triplete para
y el Forum de Inglewood buscando esas finales, un paso universitario Lusia. Tiene, también, una presea de
historias, protagonistas, olores y sa- con veintiséis puntos y catorce re- plata olímpica. Juegos de Montreal,
bores. Con todo eso se monta un li- botes de media. Dominante, dijimos. final perdida ante la Unión Soviética
bro ejemplar titulado Coast to Coast: de Semjonova. Treinta y cinco pun-
Un viaje por los márgenes de Estados tos abajo, que siempre deja regustín
Unidos a través del baloncesto (Con- pésimo. Pero a Lusia no le fue mal.
tra, 2022), uno que se lee a ritmo de Resultó, de hecho, la primera mujer
contraataque Laker. Y que tuvo es- Sobre la cancha, que metía una canasta en certáme-
tación obligatoria por Minter City.
«Fui a Minter City buscándola a ella, era dominante. nes olímpicos, porque el basket de fé-
minas debutaba aquel año. También
a Lusia Harris. Fui allí, entré en un
bar... un bar de paredes de chapa, con
Imposible de parar. anota casi veinte en la final. Pelo ri-
zoso, nariz grande, sonrisa fácil, dias-
un ventilador, mucha personalidad, Lo nunca visto, un tema que no esconde, espaldas para
dos personas había, dos personas
mayores», continúa Fernando. «Pre- fenómeno, la mujer estibar mercancías. Muñeca, pies
y potencia. Nunca antes se vio algo
gunté por Lusia Harris y me dijeron
que su hermana vivía en tal sitio, la
llamada a romper igual. Le dan un premio como mejor
jugadora universitaria de baloncesto,
hermana estaba en el porche de una reglas en su deporte otro como mejor deportista univer-
casa así, sureña, tipo colonial, y me sitaria en cualquier deporte. Empie-
dio su dirección, y al final estábamos zan las comparaciones con los center
en el clásico barrio suburbano de Es- míticos. Nadie, nadie puede parar-
tados Unidos, clase media baja. Allí Dominante. Pero es que hay otras co- la. Pero... ¿a dónde ir ahora? No hay
estaba ella en la puerta de su casita, sas. Los intangibles. Estrella auténti- NBA femenina, no hay nada que pue-
en el porche. Y empezamos a hablar». ca, fenómeno social. Afroamericana, das decirle «Liga Profesional para
mujer, nada menos. Y, aun con todo, Mujeres». Puertas cerradas, pues,
Todos vieron que era distinta. Lu- en aquel Misisipi, estrella auténtica, para Harris.
sia, digo, todos lo vieron. Desde el fenómeno social.
instituto en Greenwood, donde fue O quizá no. Porque aquí empieza la
capitana en basket. Récords de ano- «Casi no se podía poner en pie», historia más fascinante de Lusia.
tación, un paseo por el campeonato me dice Fernando, «pero cuando se Aquella que todos conocen. Por la que
estatal para ese pueblo de 15000 al- puso... es imponente. Yo no soy bajo, es recordada. Tantas cosas que hizo, y
mas. «Ven a Delta State», le dijo un pero ella era bastante más alta que nos queda en remembrar lo que no...
ojeador. «No somos la mejor univer- yo, muy grande, con una presencia Pregunto a Fernando por aquello. Si
sidad, Cleveland no es el mejor sitio, imponente. Ya sentada en la silla de fue una estratagema publicitaria, si
pero estamos montando un equipo ruedas se atisbaba, y al erguirse... hubo opciones reales. «No sé si hu-

195 Jot Down Magazine


biera podido jugar en la NBA, es com- uno Kent Benson, un «hijo» de Bo-
plicado de decir. Era muy dominan- bby Knight con carrera digna, pero
te entre las chicas, pero su físico no poco remarcable. Bernard King, to-
daba, y de aquella las diferencias de rre y leyenda en la Costa Este, fue,
preparación y profesionalización... quizá, lo más pinturero de aquella
si hasta hace cinco o diez años eran elección. Y, luego, Lusia. Número 137,
inmensas, imagina hace cincuenta por los New Orleans Jazz. Prime-
años». Entonces, ¿la escogieron por ra mujer en esas lides. Bueno, Deni-
publicidad? «Pues no sé, la verdad, se Long había pasado por lo mismo
en 1969 con San Francisco Warriors,
pero James Walter Kennedy, comi-
sionado de la NBA, vetó aquella elec-
«Ven a Delta State», ción con gritos de «¿está usted loco?,
es una mujer, una mu-jer», o simila-
le dijo un ojeador. res. Así que, en la práctica, Lusia fue
«No somos la mejor pionera. Y los Jazz ficharon a alguien
perfecto para su estirpe...
universidad, pero
Porque, oh, New Orleans. Y aquellos
estamos montando un Jazz. «Por fechas hubiera coincidi-
equipo de baloncesto». do con Pete "Pistol" Maravich», dice
Fernando Mahía, «y aquello hubiera
Y se fue. Era la única molado mucho, los dos hijos predi-
lectos del sur, aunque Pete no fuese
negra entre doce nacido en el sur. Serían como las dos
muchachas. Y la mejor fórmulas, ¿no?, la chica negra del sur
y el blanco liberal un poco bohemio.
de todas A Maravich se le recuerda muchísi-
mo, es un personaje de culto».

Hay que contextualizar.

pero imagino que no. Ellos, los Jazz, Porque aquello era la fiesta, el éxta-
pensaban que podía jugar en la NBA. sis, un desenfreno. Mardi Gras cada
Pero Lusia era pívot y no llegaba a los noche en el Louisiana Superdome.
dos metros, así es difícil». Todos eran felices, aunque no ga-
nasen demasiado. Pero es que... el ba-
La NBA. rrio francés, los músicos intuitivos,
las noches que nunca terminan. Los
Nada menos. Jazz jugaban un mes entero partidos
lejos de su feudo porque... en fin, por-
Porque a Lusia Harris la seleccionan que allí había un carnaval disoluto
en el draft de 1977. Diez de junio, sép- y pecador que exigía hasta la última
tima ronda. Aquel año fue número gota de sangre en New Orleans (pien-

196 Jot Down Magazine


Lusia Harris ca. 1975.
sen que New Orleans es la casa del menos. Y luego... ya veremos. Ven con
Fotografía: John G. Zimmerman / Getty.
ricachón Louis Cyphre y el lánguido nosotros. Ven y que Pete ponga balo-
Louis de Pointe du Lac), así que es- nes en tus manos, allí en el poste. Ven
taban autoridades y bolingas a otras y fíjate en cómo se mueve, en lo rápi-
cosas. Y luego lo tenían a él. A él. Pete do que es, en ese bote imposible. Ven.
Pistol Maravich. El más sureño de los Ven a los Jazz. Eres hija del sur, ven
blanquitos no sureños. Imaginación, a los Jazz.
fantasía y cierto aire despreocupado.
Perfecto para esa ciudad. En la cuna Y ella dijo no.
de la música improvisada, Pistol se
divertía dibujando partituras jugue- No tenía interés. Me hubiese sido
tonas sobre el parquet. Agridulce imposible jugar con ellos, dijo más
como sus despertares. tarde. La diferencia física, la prepa-
ración. También, si quieren, un ele-
Figura de culto, mito. mento psicológico... pasar de ser
referencia, dominio, a minutos resi-
(Que los Jazz jueguen hoy en Utah duales y casi personalidad para ex-
puede matar a alguien con TOC). hibir. A ella le gustaba el baloncesto,
los Jazz la querían (quizá) para que
Ahí es donde reclamaban a Lusia Ha- jugase al baloncesto, pero todo el res-
rris. Ven con nosotros. A entrenar, al to de la Liga, de los periódicos, de las

197 Jot Down Magazine


Timothée Chalamet y Armie Hammer en
Call Me by Your Name, 2017. Fotografía:
Frenesy Film Company / La Cinéfacture / RT
Features / Water's End Productions /
M.Y.R.A. Entertainment

aficiones rivales... todos iban a ver a bos, dejando colgadas palabras en el


Harris como el bicho raro, el perro aire, a veces me decía algo y se que-
verde, la estratagema publicitaria. daba mirando al cielo, como diva-
Así que dijo no. Lusia dijo no. gando en sus pensamientos. Me fui
de allí con la sensación de que había
(Bueno, y que estaba embarazada en sido un sueño. Ya te digo, estaba sola
el momento del draft, solo que eso no en casa, supongo que ya estaría muy
lo sabían los de Louisiana). medicada. Pero todo parecía una pe-
lícula de Wes Anderson».
Así que ella siguió con su vida. ¿No
hay dónde jugar?, pues dejo de jugar. A Lusia Harris le llegó el reconoci-
Un año fuera, luego intentona en la miento cuando ya recordaba lejos
recién nacida Women’s Professional triples y botes. Primero la incluyen
Basketball League, la WBL. Houston en el Hall of Fame. Año 1992, mujer
Angels. Poca cosa, vuelta a Misisipi. pionera también aquí. Luego apare-
Tiene veinticinco años y en su DNI ce en el recién creado Women’s Bas-
pone «exjugadora». Ha llegado al te- ketball Hall of Fame, allá por 1999. Y,
cho de cristal femenino. salto definitivo a la cultura pop, Ben
Proudfoot dirige un documental ti-
Supo reconvertirse, no crean. Gra- tulado The Queen of Basketball. Dura
duada por Delta State en Salud, veintidós minutos y tiene a paisanos
Educación Física y Recreación, re- tan conocidos como Shaquille O’Neal
tornó a Minter City para dar clase. o Stephen Curry poniendo pasta por
Después fue asistente de entrenado- detrás. Allí hablan sobre Lusia, sobre
ra en Cleveland, entrenadora prin- sus éxitos, sobre su papel de pionera.
cipal en la Texas Southern Univer- Habla la propia Harris, pelo veteado
sity. Profesora de colegio. «Míster» en grises, rostro amable, imponente
donde le pidieran el favor. Eso era, aun tras la pantalla. A veces se emo-
para Lusia, vivir. Eso y luchar contra ciona cuando explica éxitos. A ve-
sí misma, ser con el trastorno bipo- ces sonríe tímida, cuando le tocan
lar. Habitarse un espacio y un tiem- obstáculos. Aquel mediometraje se
po que te firmaría Juan Rulfo. El ca- estrenó en 2021 y ganó el Óscar un
lor del sur, las ondas que desdibujan año después. Mes de marzo. Era, de
carreteras, el mover moroso. Me nuevo, referente. También se repite
cuenta Fernando sobre ese aire par- el sabor agridulce, porque no pudo
ticular, ese gótico sureño a lo Welty ver ese último triunfo. Lusia Harris
en Minter City. «Fue raro, irreal... falleció en enero de 2022. Fue en
ella tenía un problema de salud y a Greenwood, en ese sur que la dio lu-
posteriori tengo la sensación de que ces, que la trasmutó leyenda. La mu-
estaría muy medicada... Yo llegué jer que hizo.
allí y a ella no le sorprendía nada que
hubiera un español preguntándo- La que pudo hacer.
la, la conversación era difusa, a mis
preguntas respondía con monosíla-

198 Jot Down Magazine


L'origine du monde, Gustave Courbert, 1866

200 Jot Down Magazine


Gustave
Courbet y
el Dios de
L'origine
du monde
POR GABRIEL ALBIAC

«La historia del arte, desde que, hace ya cien años,


escapó de las manos de los especialistas» —escribía
André Malraux en 1951— «es la historia de lo que es
fotografiable»1. La fotografía habría venido a superpo-
ner, así, sobre el artificio imaginario que es el museo,
todo museo, hecho de agrupaciones y regularidades
que solo nuestro presente impone, un segundo arti-
ficio: el que la visualización inmaterial puesta por su
reproducción mecánica impone. A nuestros ojos de
voyeurs, sí. Pero también a los ojos del pintor que crea
su gran arte. A eso, un Malraux que sigue la estela de
Walter Benjamin, llama un «museo imaginario». Un
museo, pues, se superpone al otro. Entre ambos, el
juego de sus endemoniadas disfunciones va trazando
un laberinto. Y esa dúplice consagración museística
vehicula, con frecuencia, distorsiones (deliberadas, a
veces) en el mercado del arte, donde el desinterés no
existe nunca. De esa duplicidad, quisiera hoy presen-
tarles solo un ejemplo extremo.

201 Jot Down Magazine


*** de estar en contacto directo con la Mariée, el motor
deseo es un refrigerador por agua».
Mi interés por L’origine du monde de Gustave Courbet
data de enero de 1977. Y hoy sé que, lejos de ser un es- Y Clair procede al más asombroso pasaje de su catálogo
tupor mío, fue un asombro sabiamente planificado. El —y quizá de la exposición Duchamp del 77. El parentes-
Centro de Arte Georges Pompidou inauguraba, bajo co entre esa «virginidad» de la Mariée que Étant donnés
la dirección de Jean Clair, la gran exposición retros- cierra y el más escandaloso de los cuadros de final del
pectiva de Marcel Duchamp. Lo cual vale decir la gran siglo xix: L’origine du monde de Gustave Courbet. En
retrospectiva del arte y la vanguardia en el siglo xx. Étant donnés, escribe, «la actitud general del cuerpo,
la apertura de los muslos, el modo en el que han sido
Clair, director, un decenio más tarde, del Museo Pi- seccionados, como seccionada ha sido la cabeza —a la
casso de París, había privilegiado, en aquella colosal manera en que se nos invita a ver, como en las pintadas
retrospectiva del 77, la última gran obra del maestro pornográficas de los servicios públicos, símbolos se-
surrealista, Étant donnés (ver figura 1), como clave de xuales, un sexo y senos tanto más provocadores cuanto
la encriptación duchampiana. Así lo anota en el ex- más anónimos permanecen—, nos recuerdan con toda
haustivo catálogo que para la exposición redacta: precisión el pequeño cuadro de Courbet L’origine du
monde, hoy conservado en el Museo de Bellas Artes de
«Étant donnés parece retomar, a primera vista, los Budapest»4, cuya única fotografía conservada puede
diversos elementos que componían el Gran Vidrio: el apreciarse en la figura 3.
gas de iluminación, que circulaba en la máquina céli-
be, ilumina aquí el “Bec Auer”, la cascada, no repre- La hipótesis plástica de Clair es brillante, como siem-
sentada en el Vidrio, mana ahora al fondo del paisaje; pre. Lo asombroso es, de entrada, el error —inconce-
la Mariée está tumbada sobre un lecho de ramas, la bible en un historiador del arte de su envergadura—
pequeña lupa que debía sobrevolar a los Testigos ocu- de atribuir la posesión del cuadro a un «Museo de
listas se ha convertido en dos mirillas, a cuyo través la Bellas Artes de Budapest», al cual jamás ha perteneci-
mirada se sumerge sobre este entorno y el espectador do5. Y de ignorar la completa desaparición, a partir de
–voyeur de paisaje– se trastrueca a sí mismo en uno los años cuarenta, de ese cuadro del cual él reproduce
de esos Testigos oculistas… Como en el Vidrio, todo aquí la única fotografía conservada. Una hipótesis ve-
es, pues, [en Étant donnés] cuestión de punto de vista, rosímil, sobre un cúmulo de datos todos falsos. Quizá
de ilusión óptica, de superficies que se deslizan sobre nada nos dé más nítido el jeroglífico de esa historia
superficies»2. clandestina que es la del Origine du monde.

El Gran Vidrio (La Mariée mise à nu par ses célibatai- Tratemos de esbozar sus grandes líneas.
res même) (ver figura 2) es, no lo olvidemos, presenta-
da por Duchamp, en el acompañamiento de notas que Courbet acaba de terminar su Le Rêve, Vénus et Psy-
componen su Caja Verde, como última elegía a la in- ché (ver figura 4), que el Salón de 1864 excluirá como
tangibilidad de los cuerpos: «La Mariée es la apoteosis «indecente».
de la virginidad. Es el deseo ignorante»3.
Jeanne de Tourbey, (ver figura 5), cortesana parisina y
Por los mismos años en los que el Gran Vidrio com- futura condesa de Loynes, habla de esa tela a un diplo-
pone y recompone su proyecto, un cercano amigo de mático turco, libertino y riquísimo, Khalil-Bey.
Duchamp, de profesión psiquiatra, formula el punto
de gravedad de su reinterpretación de Freud. Il n’y pas Este ofrece al pintor un alto precio por la obra, que,
de rapport sexuel, axiomatiza el Doctor Lacan. «Lejos desafortunadamente, está ya vendida. Pide, entonces,

202 Jot Down Magazine


que le haga una copia. Courbet se niega: «le haré, me- mujer de tamaño natural, de frente, pasmada y con-
jor, una segunda parte». Esa segunda parte, juzgada vulsa, notablemente pintada, reproducida, con amore,
aún más escandalosa y más inequívocamente lésbica como dicen los italianos y expresando el último grado
que su predecesora, será Le Sommeil (ver figura 6). de realismo. Pero, por un inconcebible olvido, el ar-
tesano que había copiado su modelo de la naturaleza
Bey ha pagado por ella la cifra colosal de 20 000 fran- había desdeñado representar los pies, las piernas, los
cos. Como contrapartida a la generosidad de su clien- muslos, el vientre, las caderas, el pecho, las manos, los
te, Courbet incluye en la entrega una obrita menor, brazos, los hombros, el cuello y la cabeza.
una pequeña tela «imposible de vender», dice. No tie-
ne aún nombre. Lo tendrá. Legendario. L’origine du El hombre que, por unos cuantos escudos, puede de-
Monde. Nadie, anuncia el pintor a su generoso cliente, gradar su oficio hasta la abyección es capaz de todo…
ha pintado hasta ahora nunca algo así. Hay una palabra que sirve para designar a ese tipo de
bazofias, dignas de ilustrar las obras del marqués de
Pese a la estricta discreción de pintor y propietario, Sade, pero esa palabra no puedo pronunciarla yo ante
los rumores sobre el cuadro se disparan en el París de el lector, porque solo se utiliza en charcutería»7.
1866. Y, sobre todo, las maledicencias acerca de su po-
sible modelo. La devoción del embajador hacia Jean- ***
ne de Tourbey6 hacen suponer a muchos que haya
sido esta la encargada de posar ante el pintor. Pero las En diciembre de 1867 Khalil Bey, antes de retornar a
versiones más compartidas se decantan hacia Joanna su país, pone en subasta su importante colección de
Hiffernan (ver figura 7), modelo y amante de Courbet arte. Vende, de inmediato, Le Sommeil. Y se lleva con-
en ese tiempo, como antes lo había sido de Whistler. sigo el Origine, que solo tras su retorno a París en 1877
Y en ambas facetas compartida por ambos entre 1865 y arruinado por las deudas de juego, accede a vender
y 1866. al anticuario Antoine Le Narde, en cuya boutique dice
haber podido verlo Edmond de Goncourt en 1889,
El cuadro es más una leyenda parisina que una rea- oculto tras otro Courbet más discreto:
lidad tangible. A muy pocos les ha sido dado el privi-
legio de contemplarlo. Entre 1866 y 1868, Khalil Bey «Hoy, de la Narde me ha escrito que había recibido li-
mantiene el cuadro oculto tras una cortina en su sala bros y objetos japoneses… Fui a verlo y mientras mira-
de baño privada. Solo a muy pocos amigos permite ba, con ojos aburridos, el mediocre envío, de la Narde
acceder a una imagen de la que se ha sentido siempre me dice: “¿Conoce usted esto?” Y abre con una llave
muy celoso. Maxime Ducamp ha sido uno de esos es- un cuadro, cuyo panel exterior muestra una iglesia de
casos privilegiados a los que Bey concedió audiencia. pueblo envuelta por la nieve y cuyo panel oculto es el
Describe la experiencia con no oculto desagrado: cuadro pintado por Courbet para Khalil-Bey, un vien-
tre de mujer de negro y prominente monte de Venus,
«Para complacer a un musulmán que pagaba sus fan- sobre un entreabierto coño rosa… Ante esta tela, que
tasías a precio de oro, y que, durante algún tiempo gozó no había nunca visto, debo pedir excusas a Courbet:
de cierta notoriedad en París a causa de sus prodigali- ese vientre es bello como la carne de un Correggio»8.
dades, Courbet, aquel mismo hombre cuya confesada
intención había sido renovar la pintura francesa, hizo A partir de esa fecha, los testigos directos de la obra
un retrato de mujer difícil de describir. En los aseos desaparecen. El cuadro parece haberse esfumado, en
de ese personaje extranjero podía verse un pequeño el curso de los tráficos clandestinos de sus sucesivos
cuadro oculto tras una tela verde. Cuando ese velo se propietarios. Y solo un siglo después, tomará su lugar
apartaba, uno quedaba estupefacto al apercibir a una una fotografía. La misma, en blanco y negro, que el ca-

203 Jot Down Magazine


1. 2. 3.

6. 7. 8.

tálogo Duchamp de 1977 reproduce en la página 55 de lo en su propio libro. Y, de reproducción en reproduc-


su volumen abécédaire9. ción, la fotografía acaba en el catálogo Duchamp, en
torno al cual venimos dando vueltas.
En 1967, en efecto, el cirujano-ginecólogo Gérard
Zwang publica un lujoso volumen ilustrado que lleva Tiene un efecto inmediato, esta publicación de 1967:
por título Le Sexe de la Femme. En su página 18 apare- la textura rizada y el tono rojo intenso del vello pú-
ce, por primera vez, en color, esa foto que habrá supli- bico imponen, de inmediato, la imagen de la más re-
do al cuadro, hasta su exhibición dentro de la muestra putada modelo de la segunda mitad del XIX. Joanna
que, en 1988, dedica el Brooklyn Museum de Nueva Hiffernan, modelo y amante de Courbet, luego de
York al pintor francés: Courbet Reconsidered. haberlo sido de James Abbot McNeill Whistler: la
angelical White Girl del pintor estadounidense en
El origen de esa fotografía vicaria será contado por el 1862, la volcánica pelirroja de Jo, la belle Irlandai-
propio doctor Zwang en una obra posterior, L’Éloge se, retratada por el francés en 1865 (ver figura 8). De
du con10. «Gran buceador de los infiernos, … mi queri- ese retrato, escribirá en 1877 un nostálgico Courbet
do amigo Lo Duca dio un buen día con un desenterra- a Whistler: «conservo aún el retrato de Jo, que no
dor de su talante: un americano de San Diego, Bradley venderé jamás y que causa la admiración de todo el
Smith», que le autoriza generosamente a reproducir- mundo».

204 Jot Down Magazine


4. 5.

9. 10.

1. Étant donnés, Marcel Duchamp, 1966.

2. L
 e Grand Verre (La Mariée mise à nu par ses célibataires, même),
Marcel Duchamp, 1915-1923.

3. La fotografía de L’origine du monde.

4. Le Rêve, Vénus et Psyché, Gustave Courbert, 1864.

5. M
 adame de Loynes (Jeanne de Tourbey), Amaury-Duval, 1862.

6. Le Sommeil, Gustave Courbert, 1866.

7. S
 ymphony in White, No.1: The White Girl
(Joanna Hiffernan), James McNeill Whistler, 1862.

8. J o, La Belle Irlandaise (Joanna Hiffernan), Gustave Courbet,


1866.

 na fotografía de Auguste Belloc en Photographies obscènes


9. U
pour le stéréoscope, 1860.

10. Cubierta para el Origine du monde, André Masson, ca. 1870.

205 Jot Down Magazine


Pero, ¿cuál ha sido el trayecto del cuadro a lo largo de se ha saldado con un fracaso. Estas colecciones siguen
esos más de noventa años que preceden a la irrupción ocultas en algún lugar y su recuperación –como es po-
de su fotografía? sible constatar– se hace cada día más difícil en detri-
mento del patrimonio húngaro”.
Charles Léger, en su Courbet et son temps de 194811,
traza un mapa de ese recorrido, que recogerá en 1966 No hubo devoluciones. Pero Hatvany logró rescatar
Le roman de l’Origine de Bernard Teyssèdre12: su cuadro, mediante equitativo pago a un oficial ruso
corrupto. Hasta que, en 1947 y a la vista de la inminen-
«Hacia 1910, un exquisito coleccionista extranjero de te absorción soviética de Hungría, el barón opta por
paso por París, el barón François de Hatvany, de Bu- huir a París con su familia y los últimos restos de su
dapest, vio en la tienda de Bernheim-Jeune ese cua- colección.
dro dentro de un doble marco cerrado con llave que
representaba, no una iglesia bajo la nieve, sino un Y del Origine du monde nadie vuelve a saber nada.
castillo bajo la nieve. Lo compró junto con el cuadro,
mientras que el paisaje que había servido de camuflaje El 9 de septiembre de 1981, muere el psicoanalista Ja-
pasó a ser propiedad del barón Herzog de Budapest». cques Lacan, puede que la cabeza más influyente en la
Francia del último tercio del siglo xx. Deja una impor-
Y el Origine du monde queda en manos del barón Ha- tante herencia. En inmuebles, en obras de arte… Los
tvany hasta la ocupación nazi de Hungría en 1941. En impuestos de transmisión asustan a sus herederos. Es
aplicación de las leyes antijudías, la importante colec- entonces cuando su viuda, Sylvia, ofrece un trato de
ción pictórica de Hatvany es expropiada. Por suerte «dación» al gobierno francés: la supresión de esa cifra
–o, más bien, por prudencia–, el Origine du monde enorme, a cambio de una obra de arte extraordinaria.
descansaba en la caja fuerte de la Banca Comercial
de Pest, en donde permaneció intacto hasta la en- Y el Origine du monde es, por primera vez desde que
trada del Ejército Rojo en 1945. Y, con él, el fin de la fue pintado más de un siglo antes, expuesto al público.
inmunidad bancaria. Thierry Savatier13 desenterró, Como propiedad del gobierno francés, que hace de él
recientemente, el legajo de los Archivos Nacionales el epicentro del parisino Museo de Orsay. 1995. Nadie
de Hungría que da razón de algunos de los tesoros allí parece preocupado por su medio siglo de desaparición.
descubiertos: Ni por la escasa transparencia de sus compras y ventas.

“El ejército ruso de liberación ha tomado posesión de Pero algo salta, de inmediato, a los ojos, no de los es-
un gran número de objetos húngaros de valor ines- pecialistas; de cualquiera que sencillamente no esté
timable, pertenecientes a colecciones privadas que ciego. La fotografía que todas las historias del arte han
habían sido depositadas en las cajas fuertes de los venido dando como la del cuadro de Courbet no coin-
principales bancos. Los propietarios de esas colec- cide con el cuadro ahora expuesto.
ciones –el barón Ferenc Hatvany, Adolf Wertheimer,
los herederos de Gyula Wolfner y Bertalan Neményi– La foto de Zwang da cuenta de una copia magistral.
han hecho todo cuanto han podido para recuperar sus Pero no exacta. Definida por una marcada diferencia
tesoros artísticos, entre los cuales hay joyas irrempla- en el tratamiento del vello púbico: rizado y rojizo en
zables del patrimonio húngaro. A petición suya – ha- la fotografía, liso y mucho más oscuro en el cuadro de
biéndose comprometido a hacer donación de algunas Courbet que expone el Museo de Orsay. Sorprende, de
obras escogidas al Museo de Bellas Artes en caso de entrada, que un copista tan dotado en todo lo demás
recuperar sus bienes–, la dirección del museo se ha haya desechado ese detalle en la coloración del punto
dirigido al general Cserbisov, por mediación del di- central del cuadro —y del escándalo—. Como si hubie-
rector general del museo nacional, pero la mediación ra estado copiando formas, pero no colores.

206 Jot Down Magazine


Y es eso lo que, muy verosímilmente, ha sucedido. Su- zación del segundo, se exigen dos condiciones: que la
pongamos que el copista, cuya obra reproduce la foto copia exista aún y que el copista hubiese acabado por
de Zwang, no haya tenido a la vista el original de Cour- ser, con los años, una firma altamente cotizada. Lo
bet, sino una foto en blanco y negro y de no excesiva bastante para competir con la de Courbet mismo.
definición. Una foto similar a la que exhibe el Catálo-
go Duchamp (ver figura 3). Y aquí entramos de lleno en el reino de lo real invero-
símil. Mas, ¿es acaso otra cosa el surrealismo que la
¿Cómo hubiera salvado ese brillante copista el enig- maestría de ese oxímoron?
ma de los tonos en carnación y pubis? Como cualquier
conocedor de la pintura del final del xix. Evocando las En 1983, Marcel Mariën publica sus memorias: Le
peculiaridades físicas de las modelos de Courbet en la radeau de la Mémoire. Y el libro se enfrenta inme-
época. Y, muy especialmente, las de su favorita de esos diatamente a una demanda de secuestro por parte
años: Jo, la pelirroja irlandesa a la que el viejo pintor de la viuda de Magritte. La demanda de Georgette
no olvidaría. hace referencia a la intromisión en la promiscua
vida privada de aquellos años locos del surrealismo
Queda en pie lo misterioso del «error» de un especia- belga, uno de cuyos ideólogos mayores había sido el
lista del nivel de Clair al hacer ese Catálogo. Duchamp excéntrico Mariën. Pero, el problema más serio —y
ha sido, hacia 1958, uno de los —no tan escasos— pri- menos confesable— tiene una muy distinta textura.
vilegiados a los que Lacan ha mostrado su «tesoro», Económica.
cuidadosamente oculto, en su casa de campo de Gi-
trancourt, oculto tras un Masson que, a manera de Páginas 101 a 105 de las memorias de Mariën: —«Ma-
criptograma, transcribe en forma de paisaje sus líneas gritte me propuso hacer falsificaciones que yo me en-
maestras (ver figura 10). cargaría de colocar a los aficionados, repartiéndonos
los beneficios en partes iguales. Y así, se hizo: entre
Es poco verosímil que un estudioso de Duchamp como 1942 y 1946, vendí un número importante de dibujos
Jean Clair no haya estado al tanto del impacto que ese y cuadros atribuidos principalmente a Picasso, Bra-
descubrimiento ha ejercido sobre el maestro surrealis- que y Chirico, confeccionados todos por Magritte…».
ta. Manifiesto en ese Étant donnés sobre el cual ha tra-
bajado durante veinte años, entre 1946 y 1966. A la lista —muy amplia— de obras falsificadas por
Magritte con las que Mariën dice haber inundado co-
¿De dónde, pues, la ambigüedad del Catálogo? lecciones y museos de arte contemporáneo, Gérard
Zwang añade específicamente una copia del Origine
El «error» habría tenido solo, en 1977, dos posibles du monde, que Gaston Ferdière, psiquiatra de Artaud
beneficiarios: y de la amante de Magritte, Jeanne Graverol, habría
podido contemplar en el estudio del pintor14. No hay
(1) El propietario del verdadero Courbet. Que la atri- huella posterior de esa copia. ¿Salvo la foto que, en
bución de la herencia familiar nos haría saber que era, 1977, sigue dando el Catálogo como la de un Courbet
desde los años cincuenta, Jacques Lacan. auténtico? ¿Qué valor en el tan especulativo mercado
del arte podría alcanzar, si es que sigue existiendo, un
(2) Y el anónimo propietario de la, hasta hoy desco- «Courbet» pintado por Magritte?
nocida, copia, cuya fotografía pasó por ser auténtica
durante decenios. ***

La rentabilidad para el primero quedó manifiesta tras Queda en pie un pequeño enigma biográfico. Planteé-
el trámite de la herencia lacaniana. Para la rentabili- monoslo a modo de informal epílogo.

207 Jot Down Magazine


La invención de Joanna Hiffernan como modelo de reducía a unos binóculos con empuñadura, montados
Origine du Monde es fruto del malentendido que la sobre una estructura de madera que mantenía, unos
foto de una falsificación pictórica brillante pone en centímetros por delante, el soporte en donde colocar
escena. ¿Podemos aventurar un nombre para la ver- la postal en la que se reproducía la doble imagen. Su
dadera modelo de Courbet? sistema de espejos producía en el observador la fanta-
sía óptica del relieve.
Tantos lo han intentado… El último de ellos, Claude
Schopp, que cree rastrearla, a través de la correspon- El invento tuvo éxito fulgurante en un territorio que,
dencia de un Alexandre Dumas hijo —que no oculta con seguridad, no había sido el previsto por su autor:
su primordial antipatía hacia el pintor— con George el de la pornografía. Floreciente negocio en la Fran-
Sand, en la figura de Constance Quéniaux, joven bai- cia del Segundo Imperio, la fotografía pornográfica
larina en la Ópera de París, demi-mondaine y amante —clandestina pero ampliamente tolerada— halló en
de Khalil Bey. ¿Verosímil? Sí. Como verosímil sería él un efecto de verosimilitud muy apreciado por los
atribuir idéntico protagonismo al pequeño ejército de connaisseurs. Gustave Courbet era uno de ellos muy
demi-mondaines que pasaron por los grandes salones notorio. A su muerte, dejó una de las más copiosas co-
del libertino Segundo Imperio y por el gabinete del no lecciones de esas tarjetas, que —por la propia ilegali-
menos libertino Khalil-Bey. Pero, entre verosimilitud dad de su comercio— a ninguna convención ni límite
y verdad hay el abismo de la constancia empírica: la social se veían sometidas.
cual, de Jeanne de Tourbey a Constance Quéniaux —y
una vez desechada, por incompatibilidad cromática, Entre la pléyade de fotógrafos anónimos que rastrea-
la hipótesis Joana Hiffernan—, sigue brillando por su ron los burdeles parisinos para fijar las poses más
ausencia. sabiamente obscenas de sus pupilas, hubo algunos
de los grandes en el naciente artesanado de la foto-
*** grafía, que vieron en aquel juguete modo conveniente
de redondear su fin de mes. Uno de los más cotizados,
Queda otra línea de trabajo. Señalada por los prime- Auguste Belloc, cuyos trabajos habían sido expuestos
ros espectadores del cuadro. Y, sin embargo, desaten- en la Exposición Universal de 1855 y gran renovador
dida por buena parte de los investigadores actuales, de las técnicas de revelado y coloración manual. En
porque… ¡es tan poco romántica! la década de los sesenta, Belloc, cuya maestría en el
desnudo femenino está ya muy asentada, se lanza a la
¿Y si el modelo del cuadro de Courbet no hubiera sido fabricación de tarjetas estereoscópicas de una calidad
una «mujer», sino un «artefacto»? muy superior a las de sus competidores. Su éxito es
fulgurante. De la preferencia de Courbet por sus pro-
En el año 1838, el físico inglés Charles Wheatstone ductos, queda huella en un buen lote de tarjetas de su
patenta, bajo el nombre de «estereoscopio», una cu- colección. En esta fotografía, por ejemplo, cuya pose,
riosa variedad de fotografía que tendrá sus años de pilosidad y carnadura es idéntica a la del Origine du
gloria durante la segunda mitad del siglo. En territo- monde (ver figura 9).
rios muy variados. Es el primer abordaje de la imagen
tridimensional. En la definición del Diccionario de la «La historia del arte, desde que, hace ya cien años, es-
RAE15, el estereoscopio es un «aparato en el que, mi- capó de las manos de los especialistas es la historia de
rando con ambos ojos, se ven dos imágenes de un ob- lo que es fotografiable»16, leíamos en Malraux hace un
jeto, que, al fundirse, producen la sensación de relie- momento.
ve por estar tomadas con ángulo diferente para cada
ojo». En su variedad más sencilla, la premiada con la Que fuera Khalil Bey el que pidiera la primacía fo-
medalla de la Royal Academy en 1840, el artilugio se tográfica del encargo, o que Courbet así lo ejecutara

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por capricho propio, es por completo irrelevante. 1 André Malraux: Les voix du silence; Gallimard, París, 1951,
L’origine du monde es el tratamiento en arte mayor p. 28.
del modelo que la más envilecida de las artesanías de 2 Jean Clair: Catalogue raisonné de la exposición Marcel
su tiempo ofrece como divertimento de alcantarilla. Duchamp; París, Centre Pompidou, 1977, p. 137-138.
Del cenagal al gran museo, esa catedral de los tiempos
3 Las anotaciones de la Boite verte son citados a través de
modernos.
su reproducción en Henri-Pierre Roché: Victor (Marcel
Duchamp), recogido en el cuarto volumen del citado Catálogo
O de cómo el infierno se convierte en cielo. Y en fan- de 1977, pp. 70-73.
tasma de mujer, la máquina. Más que mujer alguna
pueda soñar serlo. A la manera en que habrá de exigir- 4 Marcel Duchamp, abécédaire, volumen tercero del Catálogo
citado, pp. 53-54.
lo un dandi extremo en el final del siglo xix al embru-
jo de la autómata —«Andreida», llama él a su artefac- 5 Véase la respuesta, en 1973, de la doctora Klara Garras,
to— Hadaly, la máquina que «no es sino las primeras directora del Museo de Budapest, a la pregunta de Peter Webb
horas del amor inmovilizadas», la congelación de «la al respecto: «Esta pintura no ha pertenecido jamás a nuestro
primera hora de ese espejismo encantado que en vano museo; se encontraba en una colección privada de Budapest y
persiguen vuestros sueños… Un ser hecho a imagen desapareció durante la guerra». Citado en T. Savatier: L’Origine
du Monde. Histoire d’un tableau de Gustave Courbet; París,
nuestra y que será pues, respecto de nosotros, aquello
Bartillat, 2006, p. 121.
que nosotros somos respecto de Dios»17.
6 Cuyo retrato por Amaury-Duval conserva el Museo
Pero Villiers de l’Isle-Adam no ignora, al menos, que de Orsay.
una condición es imprescindible para que el canto del 7 Maxime Du Camp: Les convulsions de Paris; París, Hachette,
autómata no se trueque en chirrido. Que su espec- 1881, t. II, pp. 189-190.
tador renuncie a desvelar el artefacto. Y, así, deshu-
8 Edmond et Jules de Goncourt: Journal ; Robert Laffont,
manizarlo. Solo en la mentira se asienta la poesía. Y
1989, vol. III, p. 287.
la belleza. Desvelado el artificio —de mujer, poema o
cuadro—, la devastación alza un reino inconsolable. 9 Ed. cit.

10 París, La Musardine, 2001, pp. 89 y ss.


Diálogo entre el enamorado y su autómata:
11 París, Les Éditions universelles.
—«Admírese. Pero no trate de saber cómo se produce.
—¿Cuál sería el peligro, en caso de intentarlo?... 12 París, Gallimard, 1996, p. 131.
—¡Dios se retiraría del canto!»18.
13 L’origine du monde. Histoire d’un tableau de Gustave
Courbet ; París, Bartillat, 2006, p. 140.
Tengamos la cautela estética de no poner ni nombre
ni rostro humanos al artificio fantasmático de Gus- 14 Gérerd Zwang: Éloge du con, ed. cit., pp. 97-100.
tave Courbet. Mirémoslo —o «admirémoslo»—: nada 15 Voz «estereoscopio».
más que eso. Solo así Dios no se retirará de L’origine
16 André Malraux: Les voix du silence; Gallimard, París, 1951,
du monde.
p. 28.

17 Villiers de l’Isle-Adam: L’Eve future; París, J. Cortí, 1987,


pp. 237-242.

18 Ibid., p. 166.

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Siobhán McSweeney durante el rodaje de
Derry Girls, 2018. Fotografía: Channel 4 / Netflix.
MARIANO COHN
Y
GASTÓN DUPRAT
POR ANDREA CALAMARI
FOTOGRAFÍA DE HELENA ACUÑA

212 Jot Down Magazine


«No respetamos
líderes, ni maestros,
ni autoridades,
ni convenciones»

A Gastón Duprat (1969, Bahía Blanca) y Mariano Cohn (1975, Villa


Ballester) es mejor no intentar definirlos. No vamos a decir qué son
—habrá tiempo durante la entrevista para hablar de caracterizacio-
nes y encasillamientos—, sino enumerar lo que hacen.
Empezaron en la televisión de los 90 con un formato que anticipó
TikTok en la multiplicación de lo visible. La consigna de Televisión
abierta era simple: «Te mandamos una cámara a tu casa para que
hagas y digas lo que quieras». Hicieron Cuentos de terror para la
televisión con Alberto Laiseca, los documentales Yo Presidente, Bor-
ges está vivo, Todo sobre el asado. También las películas El artista,
El hombre de al lado, El ciudadano ilustre, Mi obra maestra, 4x4,
Competencia oficial y la recién estrenada Homo Argentum. Se pue-
den ver por streaming sus series El encargado, Nada y Bellas artes,
y tienen varios proyectos en marcha sobre los que conversamos
durante nuestra charla.
Pocas obras son tan reconocibles como las de esta dupla (a la
que suele sumarse Andrés Duprat como guionista), que muestra
su visión del mundo en cada una de sus realizaciones. Esa visión
sí puede ser definida y es, con toda seguridad, iconoclasta: «(adj.)
que niega y rechaza la autoridad de maestros, normas y modelos».
213 Jot Down Magazine
«Ahora hay una tendencia:
subís a recibir un premio y estás
obligado a opinar del estado
del mundo, aunque no tengas
ni puta idea del tema»

Cohn y Duprat ya son una marca en la realización Encargado y Bellas Artes, siempre hubo ofendidos,
audiovisual. Siempre hay un producto de ustedes aunque es cierto que no en la dimensión estratos-
en pantalla, ¿no? férica de Homo Argentum. Y si a eso le sumas cerca
G. D.: Grabamos la cuarta temporada de El encar- de dos millones de espectadores hasta el momento,
gado y estrenamos una película que se llama Homo es un pleno total, porque creo que el peor destino de
Argentum, que está compuesta de dieciséis minipelí- una película es ir a dormir a una sala de cine arte o
culas. Es disparatada, está inspirada en las películas a un museo, es como el lugar donde van a morir las
italianas de los 60, Los monstruos, por ejemplo, que ballenas.
eran películas episódicas, muy duras, crueles y có-
micas sobre la idiosincrasia italiana, protagonizadas Es que se metieron con la idiosincrasia argentina.
por un mismo actor que era Vittorio Gassman en ese G. D.: Y, sí. Son todas historias que tienen mucha den-
momento, el capo actoral del momento. Son dieciséis sidad y ver la suma es una experiencia. Esta está di-
historias protagonizadas por Guillermo Francella, en señada para que nos puteen todos. El más agresivo es
personajes diferentes. quizás el del director de cine. [Vemos el corto men-
cionado, que termina con el discurso del director en la
¿Cómo fue el estreno en Argentina de Homo Ar- entrega de premios de un festival internacional.]
gentum? La película tuvo críticas cinematográficas
pero también muchas críticas ideológicas, ¿qué opi- «Agradezco infinitamente este premio, pero no puedo
nión tienen al respecto? estar contento y celebrar cuando el mundo está como
G. D.: Fue extraordinario lo que pasó con la pelícu- está. El cambio climático, las políticas anti inmigra-
la. Se convirtió en tema de conversación pública por ción, los discursos de odio. Mi película representa lo
semanas mientras los cines estaban atiborrados de opuesto, la empatía, el compromiso, la humanidad…».
gente en todo el país. En algunos cines agregaban si-
llas. Es un valor del film la controversia, sin dudas. Es que la comunidad artística es muy sensible también.
La unanimidad de opiniones con una obra artística G. D.: Igualmente no inventamos nada: está medio
me cae mal, eso significaría que esa obra está muerta. calcado de los discursos que suelen dar los actores o
Hubo numerosas voces chauvinistas que chillaron directores en las entregas de premios.
en contra de la película para defender al «ser nacio-
nal», supuestamente manchado por el film. Algunos M. C.: Se queda corto, incluso. Ahora hay una tenden-
críticos estaban tan ofendidos que suplicaban a sus cia: subís a recibir un premio y es como que estás obli-
lectores que no vayan al cine. Hubo enojos de políti- gado a opinar del estado del mundo, aunque no tengas
cos, actores, periodistas, artistas, analistas, gremios, ni puta idea del tema. Porque hay muchas películas
instituciones católicas. Por supuesto que a mucha que están totalmente lavadas o pasteurizadas, que son
otra gente le fascinó la película: críticos, periodistas, inocuas, pero igual, cuando el director sube, tiene que
colegas cineastas y actores que la pusieron en lo más exponer cuál es su posición frente al mundo.
alto. Fueron horas y horas de televisión y páginas y
páginas de diarios discutiendo de la película todos Pero parece que a ustedes eso, lejos de producirles
los días. enojo, les va dando letra para nuevas películas en
torno a ese mundo del cine, del arte…
M. C.: Incluso hubo una agrupación política que pi- M. C.: Bueno, yo pensé que lo habíamos agotado con
dió quitarnos la nacionalidad a Gastón y a mí. Biza- el papel de Penélope Cruz en Competencia oficial, que
rrísimo. Lo cierto es que siempre nos gustó meter hace de una artista que aparte es directora de cine.
el dedo en el enchufe: desde El hombre de al lado, Pensamos que lo habíamos agotado y parece que no.
El Ciudadano Ilustre, Todo sobre el Asado, Nada, El Nos habían quedado cosas afuera.

214 Jot Down Magazine


G. D.: Es el mundo al que pertenecemos, de todas ma- cilla estaba autorreprimida por los directores y guio-
neras. No es que tenemos una mirada desde afuera. nistas del cine argentino, increíblemente. Ni hablar de
Pero no deja de llamarme la atención la hipocresía de la Iglesia católica, porque siempre fue mostrado el cura
esos discursos. bueno, que te guiña el ojo, el cura macanudo o el que
hace beneficencia porque es un alma noble, y nosotros
Voy a aprovechar el disparador de Homo Argentum tenemos uno con una posición diferente.
para empezar por ahí. Leyendo una crítica sobre El
encargado, decía: «El producto es muy bueno a pe- Es muy difícil, en las producciones Cohn/Duprat,
sar del inconsciente político nefasto detrás de to- reconfortarse en una división del mundo entre bue-
das las obras de Cohn y Duprat, que implican odio nos y malos.
al peronismo y al argentinismo». ¿Son inconscien- M. C.: En El hombre de al lado, que fue de nuestras pri-
temente antiperonistas y antiargentinos? meras películas, ya estaba insinuada esa contradic-
G. D.: No. Sí hay tópicos en nuestras películas de re- ción cotidiana que existe, esas dualidades que tienen
flexión sobre el patrioterismo, el chauvinismo y la los personajes.
impostación de los artistas, que empezó hace mucho,
probablemente antes de que naciera ese crítico, y no «Eso estaba prohibido, reprimido», dicen. ¿Cómo
tiene nada que ver con los tiempos políticos. No hay rompieron ustedes con eso? ¿Fue un objetivo desde
ni peronismo ni antiperonismo, nada… Sí, hay algu- el comienzo o fueron tanteando, corriendo la línea
nos chistes. En El ciudadano ilustre, por ejemplo, hay poco a poco?
un cuadro de Perón en el despacho del político y un G. D.: No fue un plan, nunca. Es lo que pensamos de
crítico del diario La Nación lo tomó como una afrenta, verdad. No respetamos líderes, ni maestros, ni autori-
pero ese cuadro estaba efectivamente en el despacho dades, ni convenciones.
de la intendencia donde filmamos.
M. C.: Lo mismo si tomás Televisión abierta —ese pro-
M. C.: Pasa que hay unos temas tabú que el cine no grama que hicimos, que fue el inicio nuestro en la te-
podía tocar o no se atrevía a tocar. Después de trein- levisión—, también tenía eso. Fue hacer un programa
ta y cinco años del Instituto de Cine, con trescientas de televisión sin un conductor, sin un famoso.
películas por año, nadie había puesto algunos tópicos
sobre la mesa. Por ejemplo, el de la inseguridad y la G. D.: Eso era nuevo, muy nuevo. Pero no en Argenti-
justicia por mano propia, como en 4x4, o el tema de na, en el mundo. Fue en 1998, faltaban siete años para
cómo opera el sindicalismo en la realidad cotidiana, YouTube. Ibas directo a las casas y mostrabas las casas
como aparece en El encargado. Eso estaba prohibido, de la gente como eran: una pared descascarada o a uno
¿se entiende? Está autorreprimido por los mismos que le faltaba un diente… Eso no estaba permitido en
directores. Lo mismo pasa con tocar el tema del pero- la tele, pero no de acá, del mundo.
nismo: no se puede tocar. El ciudadano ilustre rompió
una losa de hormigón con eso. Por ese chiste delicado, ¿Qué era Televisión abierta?
y era solo un cuadro. G. D.: Un delivery de cámaras a domicilio. El programa
consistía en una serie de testimonios de gente común
G. D.: Y después también hay una cosa muy primitiva desde sus casas, de todo tipo, cualquier edad, sobre
del cine argentino: el rico es el malo y el pobre es bueno. cualquier tema, sin edición, sin montaje. Entonces,
Parece una simplificación, pero no. Y El ciudadano ilus- llamabas a un teléfono y dejabas el mensaje en un
tre también revierte un poco eso, donde, en todo caso, contestador automático: «Hola, soy Carmen de Ave-
los dos son malos o todos tienen sus lados oscuros: el llaneda, quiero que vengan a mi casa porque quiero
escritor famoso y la gente del pueblo. Esa cosa tan sen- dar un mensaje al presidente o quiero mostrar mi loro

215 Jot Down Magazine


o quiero vender mi bicicleta o quiero opinar sobre la Creemos en un espectador inteligente que puede ter-
novela de la tarde». Iba un chico en una moto, lleva- minar de completar la obra viéndola en su casa o parti-
ba una cámara, bajaba, abría el trípode, le daba el mi- cipando de forma directa. Todo esto fue propio de una
crófono y él grababa. En una era preinternet, eso fue cosa que sucedía en los 90, que era la democratización
empezar a ver gente de todo tipo, empezar a escuchar de la tecnología, porque todo lo que hicimos nosotros
discursos descolocados que no le apuntaban a nada, fue con las cámaras de vídeo chiquitas, que eran la in-
no iban a ningún lado y resultaban graciosos o aburri- cursión de las cámaras hogareñas. Empezamos a filmar
dísimos, no importa. Conformaban un programa que videoarte. Gastón hacía vídeos, yo hacía vídeos y así
no aspiraba a otra cosa, no aspiraba a entretener. Era nos conocimos, haciendo cosas artísticas que después
más como una puesta en escena artística. traspolamos a la televisión. Parecía que con esas cama-
ritas chiquitas estaba prohibido hacer televisión y pro-
¿Cómo les fue a nivel de audiencia y rentabilidad? hibido hacer cine, pero nosotros hicimos cine con eso.
G. D.: La audiencia fue extraordinaria. Y al formato lo
tomaron un montón de canales del mundo: en Ingla- ¿Lo primero que filmaron ustedes en cine fue con
terra, en Francia, en Italia, en España, en Japón. esas cámaras?
M. C.: Todo. Nosotros nunca filmamos en 35 milíme-
Pero, ¿les compraron el formato? tros, siempre filmamos con vídeo, así que, asociada a
M. C.: Algunos sí, otros no. Si lo hubiésemos creado nuestras ideas, justo estaba esta explosión tecnológica.
en otro país, ahora te hubiésemos mandado nuestro
avión personal para que te busque y hacíamos la nota La evolución de filmar con una camarita a la actua-
en nuestra isla privada. (Risas) lidad es evidente. Ahora son dos directores consa-
grados a quienes, incluso, algunos actores convo-
¿Con qué propósito lo hicieron, pensando en qué? can porque quieren filmar con ustedes, como fue el
G. D.: Primero, en no respetar normas vetustas que caso de Penélope Cruz y Antonio Banderas. ¿Cómo
nos regían en el mundo audiovisual: una cosa ana- es la relación necesaria entre hacer productos artís-
crónica, con modelos conduciendo, o un lindo con los ticos y conseguir financiamiento? Porque el cine es
dientes muy blancos y ojos celestes… Televisión abier- una industria cara.
ta era todo lo contrario. M. C.: El dinero es lo de menos. De hecho, la motiva-
ción nuestra para filmar es la misma si estamos fil-
M. C.: También contra la necesidad de editorializar, mando con Robert De Niro que cuando estábamos
que es algo que sigue hasta el día de hoy: alguien tiene haciendo Televisión abierta. Puede ser que tengas un
que editorializar, un periodista tiene que masticar y te equipo de 200 personas, pero, de hecho, en todo lo
tiene que explicar. Hay una frase hecha que a nosotros que filmamos nosotros, incluso en las últimas cosas
siempre nos hace reír: «para que lo entienda la gen- grandes también, nunca están las condiciones ideales.
te». La gente lo entiende sola, no tenés que explicar. Siempre tenés que recortar, pero también priorizar el
punto de vista y la ontología de lo que estás contando
G. D.: Ese programa, un poco queriendo y otra parte por sobre la tecnología o por sobre los equipos o sobre
sin querer, fue una falta de respeto a normas estable- las condiciones ideales financieras, y usar eso que uno
cidas y vetustas de la televisión mundial. Un poco nos puede considerar una limitación como una cosa a fa-
dimos cuenta al principio y otro poco lo fuimos reco- vor, como un estilo, como un distintivo.
giendo después.
G. D.: El ciudadano ilustre también fue hecha dentro
M. C.: Si hay una búsqueda consciente, o lo que sea, es de esa saga: sin equipo técnico, sin sindicatos, sin todo
la forma nuestra de contar que no subestima al público. ese lastre.

216 Jot Down Magazine


¿Por qué sin sindicatos? las cadenas sino las salas más laterales, en la periferia,
M. C.: Porque se armó un equipo sui generis. No te- y además muy poquitas. No teníamos un canal de te-
níamos asistente de dirección, por ejemplo, no había levisión que acompañe el lanzamiento, no teníamos
director de fotografía… Con respecto a lo que pregun- actores famosos que corten tickets. O sea, era difícil
tabas sobre el financiamiento, lo que pasa es que para hacerle prensa. Pero se demostró después, con la ta-
filmar no necesitás un equipo. De hecho, ahora que fil- quilla, que así y todo, con viento en contra, en todos
mamos con todo el equipo, muchas veces sentimos la esos cines donde estuvo hizo récord de permanencia
necesidad de decir: «Che, vamos a filmar como antes, porque tuvo un boca a boca muy bueno.
con las camaritas chiquitas». Con El encargado, por
ejemplo, es una locura, es algo mucho más lento, mu- G. D.: Fue una película hit en ese momento. Claro que
cho más engorroso y necesitás muchas voluntades en no tuvo un éxito como los grandes tanques, sino un
conjunto. De hecho, tengo ganas de hacer El hombre éxito en relación al tamaño de la película. Creo que
de al lado 2 y volver a las fuentes: ser cuatro personas 200000 espectadores. El hombre de al lado tiene una
con una cámara chiquita. No pueden ser un obstá- curva única en el cine argentino, y es que la quinta
culo ni los equipos, ni lo financiero, ni esperar hasta semana tuvo más gente que la primera. El cine, gene-
que estén dadas las condiciones ideales. La película El ralmente, es explosivo al principio y luego cae, pero
hombre de al lado la filmamos con una camarita de las esto fue al revés: empezó en nada, después subió y se
que se usan en los casamientos: veinte días de rodaje mantuvo ahí arriba un montón de tiempo. Y rompió
cronológicos, la íbamos editando mientras íbamos fil- con una manera de hacer cine.
mando. Ese es el sueño de cualquier director.
El hombre de al lado es la película que les dio visibi-
¿Por qué funcionó tan bien esa película? lidad como directores en Argentina. Años después,
M. C.: No sé. Porque estaba condenada a no tener éxi- El ciudadano ilustre marcó otro hito ya a nivel in-
to: teníamos las salas más chotas del país, no estaban ternacional y supongo que habían cambiado mucho

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«La unanimidad de opiniones
con una obra artística me cae
mal: esa obra está muerta»

las condiciones de trabajo; incluso tengo entendido propias cosas y sabemos cómo debe ser un guion
que tuvieron algunos problemas con el primer pro- para ser hecho por nosotros, y sabemos producir
ductor de esa película. ¿Quieren hablar de eso? porque no hay ninguna posibilidad de que un direc-
G. D.: Ya hablamos de eso en todos lados… Nos topa- tor sea solo director. En Argentina estás frito si sos
mos con un productor delincuente, vinculado a la po- un director profesional y nada más que director. Sí
lítica, que por no acordar con él nos obturó durante tenemos la posibilidad de elegir y de armar nuestros
cinco años. Así que tuvimos que remar y logramos ha- propios proyectos, no estamos esperando a que sue-
cer El ciudadano ilustre con otro productor. ne el teléfono.

M. C.: Después de filmar mucho y de todo lo que hi- M. C.: Es como dice Gastón. ¿Cómo se dirige hoy en
cimos, somos un poco sommeliers de productores, de día? Hacer una película significa que hay un montón
actores, y en este caso, concentrándonos en la figura de cosas alrededor que tienen que suceder: una parte
del productor, hay un tipo de productor que es un es- política, que es con los productores, con los distribui-
tereotipo: el hombre millonario que hizo fortuna con dores, con los sellos; hay otra parte que es saber ma-
una empresa que no tiene que ver con el audiovisual y nejarse con equipos muy grandes, de más de doscien-
que necesita darse un baño de prestigio produciendo tas personas, y ver cómo se ejecuta eso; después hay
cine. No es el único, es una figura que existe en el cine otra parte que es más como un razonamiento o una
en todo el mundo. En Argentina hay uno, y en Compe- manera de interpretar lo que vas a filmar, y eso tiene
tencia oficial nosotros lo homenajeamos con un juego que ver más con un productor, porque es traducir lo
de iniciales que tienen que ver con el nombre de esta que tenés en mente y llevarlo a un plano de realidad.
persona: es el personaje que interpreta el actor José Y una vez que tenés todo eso, es tratar de pensar en el
Luis Gómez. público, que va a pagar una entrada o que se va a poner
a ver tu serie, para no morir con tu idea sesgada.
G. D.: Pero bueno, como decíamos, ya hablamos de esto.
Y El ciudadano ilustre, finalmente, la hicimos con Fer- El rol de director es, por definición, verticalista.
nando Sokolowicz —productor y director de cine, un ¿Cómo manejan ese verticalismo siendo dos?
tipo muy valioso— y con Televisión Española. Y ahí G. D.: Hay muchas maneras. Hay algunos casos donde
conocimos a Martín Iraola, de Disney Latinoamérica, Mariano es más el director —técnicamente hablando
que fue quien, desde ese momento, empezó a apoyar la de lo que es el oficio de director, de la puesta en es-
carrera nuestra, tanto de cine como de televisión. cena— y en algunos otros casos habré sido más yo el
que ocupaba ese rol. Ahora, lo que sí compartimos es
A partir de ese momento comienzan una relación de lo más difícil, que es el debate anterior sobre lo que se
coproducción con España que continúa. va a hacer y cuáles son sus implicancias, qué es lo que
M. C.: Sí, hicimos muchas cosas con Mediapro de co- queremos hacer, a dónde vamos a llegar. Ese, que es
productor, que fueron Mi obra maestra, 4x4 y Compe- un debate mayor a ejecutar luego la dirección, se dio
tencia oficial, y siempre hay un vínculo muy cercano por ejemplo en El encargado.
con España: Todo sobre el asado, la serie Nada se es-
trenó en San Sebastián y en los premios Goya estuvi- ¿Qué debatieron previamente con El encargado?
mos con El hombre de al lado y El ciudadano ilustre. G. D.: Bueno, nada menos que los temas que íbamos a
tocar, cómo iba a estar configurado el personaje, qué
¿Se consideran realizadores audiovisuales, cineas- íbamos a decir con la serie, a dónde íbamos a apuntar.
tas, directores, artistas? Hay que ser bastante claros en ese diseño para poder
G. D.: Qué sé yo. Ahora somos más directores, pro- luego solo ejecutarlo en un formato industrial, como
ductores y escritores, porque escribimos nuestras es una serie donde no se jode.

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«Hay una frase hecha que a
nosotros siempre nos hace reír:
“para que lo entienda la gente”.
La gente lo entiende sola,
no tenés que explicar»

M. C.: Una serie o una película son artefactos carísi- Hablando de decisiones difíciles y caras, se les ocu-
mos. El oficio del director es verticalista y, al ser dos, rrió filmar con Robert De Niro en Buenos Aires.
ya de movida es más difícil porque tenés que debatir. ¿Cómo fue eso? ¿Una decisión de la producción?
Después, por nuestro estilo de trabajo, nosotros cons- M. C.: No. Fue inconsciencia nuestra. Así como va-
truimos mucho los guiones con los actores, así que rias de las cosas que escribimos, esto surgió en algún
siempre se termina de escribir junto con los actores momento charlando con Luis Brandoni en una cena.
en los ensayos, en la puesta en escena, y esto es mucho Brandoni es amigo nuestro a raíz de filmar Mi obra
antes del momento de filmar. Entonces, vos llegás a maestra con Gastón, y después 4x4, entonces tene-
una filmación con lo más posible decidido. Y lo más mos una relación muy cercana con él. Una vez, en su
difícil de todo es entender el sentido de lo que vas a casa, nos mostró una foto de la estadía de Robert De
contar ahí cuando estés filmando, y eso es lo que ne- Niro en Argentina: que había venido a visitar a Lito
cesita un actor siempre, lo que necesita saber y lo que Cruz y ahí se conocieron, lo llevaron a pasear y co-
necesita un director para transmitirle al equipo. mieron juntos en la misma mesa donde estábamos
nosotros.
G. D.: Y el sentido no es la letra.
Teníamos la idea de hacer una serie con Brandoni,
M. C.: No es la letra, claro, sino lo que estás contando. con un personaje parecido a él: un crítico gastronó-
Y lo que pasa, lo que suele pasar en muchas películas mico, un tipo culto, sofisticado, con algo decadente,
o series, es que las encontrás como anodinas, ¿viste?, porque es un eslabón perdido, como una raza que se
porque el director, o no decidió antes o murió solo con ha perdido con esa generación, de una Argentina pa-
su idea que quedó poco discutida con el productor, el sada, muy conectada con lo europeo, muy sofisticada
distribuidor o el sello. Lo que pasa entonces es que el en la arquitectura, en la literatura, en el arte y en la
actor termina decidiendo cómo se hace, porque mu- comida. Entonces, pensamos el personaje como un
chas veces los actores tienen mucho más oficio que los juego de espejos con la realidad entre el personaje
directores. Y, si no, los técnicos. Entonces, el sentido y Brandoni y, cuando lo escribimos, lo hicimos pen-
de algo que estás contando, o una puesta en escena, sando que De Niro venía a visitarlo. Así nació Nada.
te lo termina resolviendo el director de fotografía o Entonces, hicimos un cruce entre un poco de ficción
un asistente de dirección. Eso pasa cuando no está y un poco de realidad de la relación de amigos que
claro el punto de partida. En el modo en que trabaja- tienen entre ellos. Y escribimos el personaje para
mos con Gastón hay mucha discusión previa a filmar, Robert De Niro.
mucho debate con el actor y después, cuando uno está
filmando, sí estás en alerta y escuchando todos los co- ¿Pero ustedes no sabían si iba a aceptar?
mentarios. Uno tiene que oír porque muchas veces el M. C.: No, era una locura. Porque una cosa es la foto y
director quiere morir con la suya y eso no resiste el otra cosa es traerlo a filmar a Buenos Aires.
paso del tiempo. Al ser dos, creo que nuestras ideas
están más preparadas para resistir el análisis que si G. D.: Aparte, el antecedente es que De Niro hasta en-
uno está solo al frente con su idea en estado puro, tal tonces no aceptaba hacer series. Siempre había dicho
como se te ocurrió y sin ponerla a prueba. Cuando vos que no.
llegás a filmar, el nivel de improvisación que tenés es
muy chiquito porque estás manejando un equipo muy M. C.: Entonces, con los guiones escritos y traducidos
grande, con horarios, cada día de filmación cuesta ca- al inglés, empezamos a ver cómo hacíamos para que
rísimo, cada vez que algo te sale mal también cuesta De Niro los lea. Nosotros, en Estados Unidos, tene-
carísimo y dejás de filmar otra cosa. Son muchas las mos una agencia donde estamos fichados y tenemos
decisiones que tenés que haber tomado previamente. algunos contactos con productores que eran cercanos

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a De Niro, e hicimos una primera avanzada, pero tiene ¿lo traemos o no lo traemos?». Ahí se produjo un gran
círculos concéntricos alrededor que tenés que rom- silencio porque era inaudito, una locura. Por suerte,
per antes de llegar a él y nunca nos contestó. ambas partes acercaron posiciones y se logró.

Entonces, la última opción fue hacerle escribir una ¿Cuánto tiempo estuvo filmando en Argentina?
carta de puño y letra a Brandoni y mandarla por co- M. C.: Diez días. La nuestra era una serie mediana y,
rreo. Le llegó, la leyó y un día dijo: «Quiero hablar con durante los diez días en que estuvo De Niro, se con-
Gastón y con Mariano». Hicimos un zoom y pensé que virtió en una superproducción: hubo que cortar la
era para decir: «Gracias, chicos, pero no». Y lo que dijo ciudad, manzanas y manzanas de calle cortadas, he-
fue: «Me gustó el guion, ¿tienen unos minutos?». Se licópteros, policías.
puso los anteojos y empezó a hacer comentarios so-
bre su personaje. Recorrimos todo el guion, que ya lo Y pasó una cosa re divertida, bien de Argentina:
había leído y le había encantado. Tenía amistad con cuando se enteraron de que iba a venir Robert De
Brandoni, mucha afinidad con Buenos Aires, y le en- Niro a filmar, todas las locaciones que estaban ce-
canta comer. ¡Tres de tres! rradas empezaron a pedir más dinero. Por ejemplo,
íbamos a filmar en La Boca y nos decían que la barra
¿Y el caché? brava de Boca quería cobrar para que se filmara en
M. C.: De Niro la quería hacer, nos pusimos de acuer- el barrio. Obviamente no se aceptó ninguna de esas
do con las fechas, pero faltaba arreglar lo económico, extorsiones, pero fue gracioso ver cómo se activó el
que no era menor. Aunque lo más difícil era lograr que gen argentino.
quiera, y eso estaba. Obviamente iba a ser un precio
amigo, porque suele cobrar decenas de millones, más Fueron diez días de súper despliegue y, cuando se fue,
caro que el costo de una serie argentina, y fuimos a se convirtió todo en lo que era. Como Cenicienta, vol-
Disney a decir: «Tenemos a De Niro, quiere filmar, vimos a la normalidad.

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«Hay un tipo de productor estereotipo:
el hombre millonario que hizo fortuna con
una empresa que no tiene que ver con el
audiovisual y que necesita darse un baño
de prestigio produciendo cine»

¿Es verdad que están filmando una película con De ustedes la producción y el consumo para salas y las
Niro? plataformas de streaming?
M. C.: Sí, vamos a filmar una película con De Niro. Es- G. D.: No sé si soy una persona indicada para respon-
tuvimos en Nueva York haciendo una lectura de guion. der este tipo de preguntas, porque yo tengo un consu-
mo raro, rarísimo. No soy fan de las salas de cine con
¿Pueden contar de qué se trata? olor a humedad y todo eso que los cineastas aman. A
M. C.: Es un guion nuestro, que ya estaba escrito, y es mí no me importa dónde se ven las cosas, por mí, que
de un ídolo en decadencia. Un ídolo del deporte y su la gente vea en el teléfono, donde quiera cada uno.
entorno. Cómo el entorno intenta mantener al ídolo
para seguir facturando. Es un tenista ya retirado, muy Hay mucho discurso muy conservador de que están
popular, muy controvertido, y entra en decadencia por cerrar la última sala de cine en el pueblito. A mí
fuerte. Entonces, todo su círculo se cierra y empieza a eso me ne frega. Como espectador, lo digo. Yo veo co-
protegerlo para que la máquina no se frene. sas en el teléfono o como puedo, tengo un supertele-
visor, cuando quiero lo veo bien y me gusta ir al cine
Toca muchos temas. Uno es el de los entornos, que también. ¿Streaming? Qué sé yo. Cuando estoy viendo
uno puede ver en lo que sucedió con Maradona, con algo, a mí no me importa ni por dónde sale ni tampoco
Michael Jackson, cómo esos círculos se cierran, lo van la nacionalidad. Como espectador, no me importa si
ocultando y aislando. Tiene todos esos tópicos que a es argentino o de dónde es.
nosotros nos gusta explorar: la impostación, la fama,
el trato que se le da a los famosos, la soledad. M. C.: Ni con qué está filmada tampoco. Pueden filmar
con una licuadora si quieren.
¿Escribieron el guion pensando en él?
G. D.: Cuando se fue de Buenos Aires, en la escalerilla G. D.: La verdad que no. No me importa ni cuánto se ha
del avión, nos dijo: «A ver si cuando tienen un protagó- gastado, ni si hay un argentino que hizo un trabajo en
nico me llaman». Como diciendo: “No voy a hacer otra alguna película y todos dicen: «Mirá, los argentinos
vez de segundo”. Entonces, empezamos a escribir esa podemos». Todo eso me parece decadente.
historia, le mostramos un resumen, después estuvimos
con él en Estados Unidos, se la contamos más y le gustó. No sé si lo dicen por eso, pero cuando se estrenó El
eternauta, el discurso del orgullo nacional fue muy
¿Cómo trabajan con la escritura, los modismos y las fuerte.
traducciones? No me refiero solo al inglés sino tam- G. D.: El súmmum del chauvinismo, el patrioterismo
bién cuando trabajan con actores españoles, como y la peor conjunción que puede haber: arte y patria.
en Competencia oficial o en Bellas artes. Huyo de ahí.
M. C.: Nosotros lo hacemos todo en argentino, en
español, y después lo que hacemos es trabajarlo en No los vamos a considerar «talento argentino» a
conjunto con traductores literarios para que se lea de ustedes entonces. (Risas)
manera fácil y ligera. Con el español de España es otro M. C.: No nos interesa. No me gusta esa cosa naciona-
tipo de trabajo. lista.

G. D.: En Competencia oficial hubo traslaciones, pero G. D.: Claro. Ni la exaltación tipo El ciudadano ilustre.
es algo que hicimos directamente con los actores.
M. C.: No lo usaríamos como un estandarte ni para la
Hay directores para los que solo es cine lo que se promoción de nada ni para la divulgación de ninguna
filma para el cine y se consume en salas. ¿Cómo ven de nuestras películas. Es muy berreta eso.

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«La peor conjunción
que puede haber: arte y
patria. Huyo de ahí»

G. D.: Desde algunas producciones se intenta asociar G. D.: «¡Mirá cómo una película argentina te hace
lo que se hace y vincularlo con lo más bajo del patrio- naves espaciales!» Se hacen hace 50 años en todo
terismo. Eso pasó con series y películas y con Messi y el mundo. Eso lo venimos observando hace mucho
el Mundial. tiempo y llegó a un pico de patrioterismo con El eter-
nauta: «los argentinos podemos». (Risas)
Hay gente que se enojó con ustedes cuando habla-
ron sobre el Mundial. En un momento, hubo una película argentina donde
G. D.: Yo estaba encantado con que Argentina haya se intentó instalar el discurso como en el fútbol: «Va-
ganado el Mundial. Pero de ahí a desconocer las im- mos por la tercera en el cine también». Como se ganó
plicancias que tiene el fútbol y los hinchas de fútbol, la tercera copa, había que ganar la tercera en cine,
la llamada pasión, qué hay detrás de la idolatría, del porque hay dos Oscar argentinos.
fanatismo, de los jugadores cantando el himno… Hay
que fingir demencia para desconocer todo eso. M. C.: Pero lo raro, lo que me llama la atención, es
que ves a los directores y a los actores declarando eso
M. C.: O usar el «hecho en Argentina» como si signifi- como un mantra, ¿viste?
cara algo, es irrelevante. Uno, cuando consume, lo ve
independientemente de que esté hecho en cualquier Muchas de las cosas que ustedes hacen ponen el
lado y no me parece bien usar eso como un estandarte. acento justamente en eso: caracterizan, a veces
ridiculizan, a personajes del mundo artístico y cul-
G. D.: Es demagogo, aparte. tural y sus comportamientos preestablecidos. Us-
tedes no se comportan como típicos directores de
M. C.: Y no solo es demagogo, sino que es como decir cine argentinos.
que lo que se hace acá tiene capacidades diferentes. M. C.: No sé si estamos reconocidos como directores
¿Quién dijo que no se puede filmar una película o ha- de cine. Yo no tengo carné, no me llegó.
cer una serie que trascienda?
G. D.: Hay incluso un sindicato. Te imaginás, ¡nosotros
Hay miles de ejemplos de películas o series que tras- en un sindicato!
cendieron y no hubo que esperar a El eternauta para
que esto suceda. Con eso no se corre a nadie, no es que ¿Cómo hacen para que, durante tantos años, coinci-
ahora se puede: siempre se pudo y está al alcance de la da esa visión de director autor entre dos personas?
mano. Ahora, si no te sale, eso es otra cosa. G. D.: Bueno, con matices, pero opinamos realmente
parecido. Pero los matices están ahí.
Yo no haría alarde con que es argentino porque, si
no, parece como que tiene capacidades diferentes, M. C.: A veces algunas contradicciones se filman, y
que debemos ser contemplativos o perdonavidas con están buenas esas ambigüedades. Quizás uno piensa
él, porque costó mucho esfuerzo y no tenemos plata, que un personaje hay que llevarlo para otro lado, ahí
etcétera. surge una idea y también la contradicción, entonces
la incomodidad se filma. Pero compartimos una vi-
«Ahora sí podemos hacer ciencia ficción». No: siem- sión de algunas cosas básicas, porque si no, no podría-
pre pudiste. mos filmar en conjunto, obviamente.

Aparte, hoy convive todo: vos abrís Disney, Netflix, G. D.: Las eminencias no existen para nosotros, ni los
Amazon y está todo en igualdad. Me parece pésimo ese líderes ni los grandes maestros tampoco, los que ba-
discurso. Lo de «hecho en Argentina» me da vergüenza. jan desde arriba una línea y todos tenemos que aplau-

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dir, los grandes sabios. Nosotros siempre nos cagamos que escribe mucho con nosotros. Andrés, por ejem-
en eso. En la vida real, no solo en la pantalla. plo, dirige un museo nacional: es otro mundo, otra
historia.
¿Eso que enumeraste, es una especie de dogma
Cohn Duprat? Entonces supongo que el rol que juega en Bellas ar-
M. C.: Lo que hay es como un estilo, un recorte, un pun- tes es fundamental.
to de vista, y eso es bastante más sencillo aplicarlo en M. C.: Claro, Andrés sabe mucho de arte. Y a mí, por
una película que aplicarlo en una serie, porque es más ejemplo, me encanta cocinar, entonces estuve muy
a largo plazo, son muchas más personas las que inter- pendiente de eso en Nada, donde la cocina juega un
vienen, muchos más directores, son equipos más gran- papel fundamental. Y a Gastón le encanta el tema de
des y más prolongados en el tiempo. Entonces, cuando elegir las canciones, ver cómo musicalizar, así que
nos preguntabas por las películas y si nos gustaban las cada uno sabe en qué parte puede aportar más o me-
series, el desafío con las series es ese: tratar de mante- nos.
ner el sello autoral y que vos cuando veas la serie digas
«Mirá, esto lo hicieron estos chicos. O estos viejos». G. D.: Un director agarra solo una parcialidad del aba-
nico. Nosotros somos dos y también está Andrés.
No es algo buscado, es algo que naturalmente surge
porque es nuestro recorte, como decía Gastón, nues- M. C.: Podemos abarcar más, tener control sobre más
tra manera de ver el mundo, nuestra manera de rela- decisiones que, de otra manera, las tenés que delegar
cionarnos, inclusive con el género, con el formato. en alguien.

G. D.: Todo con nuestros matices. Los que tengo yo, los Hay tres actores recurrentes con los que trabajan:
que tiene Mariano y los que tiene Andrés (Duprat), Oscar Martínez, Luis Brandoni, Guillermo France-

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lla. Los han acusado de tener un sesgo masculino, cupo, sino porque es una gran actriz y porque la his-
que solo trabajan con tipos. toria lo requiere.
G. D.: ¿Cómo decían en las redes? «La trilogía de los
viejos meados». (Risas) Tienen muchos proyectos juntos en marcha. ¿Cómo
hacen?
M. C.: Bueno, en Competencia oficial no. G. D.: Nos dividimos y tenemos un equipo. Por ejem-
plo, eso que decíamos de Andrés, que se hizo más car-
En todo caso, ahí es muy importante la tensión en- go de la serie Bellas artes porque es de ese mundo que
tre dos hombres. él conoce muy bien —y de hecho, las anécdotas que
G. D.: Puede ser. Puede ser. No sé si es malo o bueno. se cuentan son casi todas reales—. Vamos separando
tareas. A veces Mariano está mucho más involucra-
M. C.: ¿Hay una cuota que hay que respetar en pan- do con un proyecto, como la cuarta temporada de El
talla? ¿Tiene que ser tanto femenino, tanto masculi- encargado, y yo en otros proyectos, pero después nos
no? ¿Nos va a llamar algún sindicato por eso? Yo te encontramos para debatir los pilares, hacia dónde van
puedo decir que en Nada el protagonista es Brando- las cosas. Esos son los debates más lindos, porque son
ni, pero el personaje de Antonia es muy importante muy difíciles.
y es el que mueve la historia y le cambia la vida. Para
la segunda temporada, que se va a llamar Todo, es- ¿Cómo aprendieron a hacer lo que hacen? ¿Estudia-
tamos imaginando centralizarla en ella. Pero no por ron cine?

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G. D.: No. Yo estudié arquitectura y dejé. M. C.: Muchas veces nos juntamos a pensar qué tra-
tamiento le vamos a dar a cada serie o a cada película,
M. C.: Aprendimos con las camaritas. pero otras veces nos juntamos a pensar qué vamos a
hacer, y eso es lo más difícil. Bueno, hicimos Compe-
G. D.: Ahora, viéndolo en perspectiva, a mí me parece tencia oficial, hicimos El encargado, ¿qué sigue?
bien que los chicos estudien cine. En nosotros pro-
dujo algo malo, y es que nos enteramos de cosas muy Cuando Penélope Cruz y Antonio Banderas los
tarde, cosas que, si hubiésemos estudiado, habríamos convocaron, no fue para filmar un proyecto que
sabido antes. Pero también algo muy bueno, que fue ellos tenían previamente. Tengo entendido que
la falta de dogmas y la libertad total, y no tener que querían filmar con ustedes y les pidieron que les hi-
respetar maestros ni vacas sagradas. También es cier- cieran alguna propuesta.
to que fuimos por caminos poco transitados porque G. D.: Exacto, fue eso.
venimos de las, llamémosle, artes plásticas. Venimos
del videoarte y no del cine. En ese momento, el cine M. C.: Sí. Y tanto Bellas artes, como El encargado,
nos parecía solo para señoras gordas que toman el té. como Nada surgieron porque siempre dijimos: «Va-
Nosotros hacíamos cosas extremas, muy experimen- mos a hacer una serie con Oscar, una serie con Gui-
tal todo. llermo y una serie con Beto», aunque no estaban las
ideas todavía. Y tienen una identidad las tres juntas
¿Cómo comenzaron con el videoarte? también, ¿no? Así que surgió como una afinidad.
G. D.: Experimentando con vídeo, sin saber que eso
era un género artístico. No teníamos ni la más puta G. D.: Pero además son buenísimos actores. Y con Pe-
idea. nélope también estamos preparando algo, pero tar-
dan mucho tiempo las cosas: cuatro, cinco, seis, siete
M. C.: Eso tuvo un derivado en Televisión abierta y años. Estamos escribiendo una película con Penélope,
después incursionamos en el cine, aunque previa- algo también con Javier Bardem, tenemos varias co-
mente habíamos hecho Yo presidente, que fue como la sas. Son muchas escrituras a la vez. Hablabas de so-
transición, porque ni es televisivo ni es documental. brevivir y, bueno, es eso. No es que estás con una pelí-
cula a la vez, tenemos muchas.
¿Cuándo empezaron a ganarse la vida con lo que
hacen? M. C.: Cuando ves una película o una serie, desde el
G. D.: Creo que siempre. Más pobres, menos pobres, momento que se empezó a escribir hasta que se fil-
pero siempre. man, son tres años. Pero también hay un momento
previo, que es cuando se empieza a pensar, cuando
M. C.: El trabajo que hacemos es freelance, siempre. se empieza a hablar, quiénes pueden ser los produc-
Y es totalmente desparejo. Capaz que estuvimos vi- tores, quiénes pueden ser los actores… Todo eso lleva
viendo de lo que produjo El hombre de al lado duran- tres años más. Cuando ves que algo se estrena, tenés
te seis años, hasta que se hizo El ciudadano ilustre que pensar que hay un proceso de seis años para atrás
después. Ya al final vivíamos con lo último, gracias a que llevó eso. Entonces, si estuviéramos esperando
que se proyectaba la película una vez en algún país seis años hasta terminar un proyecto y empezar otro,
raro. Y después hay momentos donde se produce sería imposible.
mucho.

G. D.: Pero hay momentos que no. Hay que tener aga-
llas también para tolerar eso.

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Peter O'Toole tras el estreno de Hamlet
en el teatro Old Vic de Londres en 1963.
Fotografía: Getty.

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LA DOBLE VIDA
DEL INFAME
SEÑOR DON
HAMLET
POR JUANJO M. JAMBRINA

William Shakespeare publicó Hamlet hacia 1600. observación irónica y descreída. Y tampoco lo hizo en
Poco tiempo antes había fallecido Hamnett, uno de el único texto sobrio y breve que le dedicó al Bardo y
sus hijos, con once años. Hamlet es la tragedia más que publicó en 1964: «Shakespeare, ¿sí o no?».
larga de Shakespeare, y es la que hace de frontera,
marcando un gran cambio entre sus obras previas y Josep Pla reconocía que Shakespeare era, ante todo,
los dramas posteriores. un maestro del adjetivo, lo cual, para Pla, era la mejor
cualidad que podía revestir a un escritor. Además, a
Son incontables las referencias al valor de W. Shakes- Pla le fascinaba que el inglés hubiese creado su obra
peare como el autor literario más importante de todos literaria sobre las experiencias de su vida, llena de
los tiempos. Las obras de Bloom, Ackroyd, Greenbla- matices, llantos y alegrías, pero siempre peleada y
tt, Bonnefoy y otros dan cuenta de la valía del Bardo desde una cosmovisión muy realista: Shakespeare,
de Stratford. Con Shakespeare se revolucionó el mun- para Josep Pla, era conocedor de los recovecos más
do del teatro y de la poesía. Su renuncia a la novela es geniales y terribles del ser humano porque los había
el motivo que exhiben los críticos más cáusticos para vivido prima facie. Este texto de Pla es una delicia de
rebajar la euforia al comentar sus obras. síntesis y de una valoración fría y depurada de los
hechos.
Como sucede con otros autores, los críticos literarios
más canónicos son tan exhaustivos que hacen desapa- Josep Pla también ha resultado ser uno de los escrito-
recer al personaje estudiado bajo quintales de folios. res que mejor han captado la verdadera importancia
de Hamlet sin quedarse en los detalles. En un capítulo
Tal vez por ello resulta muy digestivo el único escrito de sus Cartas de lejos, Pla firma un texto titulado «El
que Josep Pla dedicó de forma específica a Shakes- país de Hamlet». Durante una de sus visitas a Copen-
peare. Pla era un admirador del inglés, pero nunca hague se empapó del castillo de Elsinor y de los paisa-
abandonó su tono ni su fantástica capacidad para la jes en los que Shakespeare ambienta las vicisitudes de

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E l poderío del fenómeno hamletiano
se ha concretado en un curioso
género científico: el debate sobre el
diagnóstico psiquiátrico de Hamlet,
príncipe de Dinamarca. Se cuentan venganza. Y ahí Hamlet se queda como un circuito re-
por decenas los psiquiatras que han verberante, entre sus soliloquios y su representación
de una forma de locura que le permita realizar sus
publicado análisis psicopatológicos planes: «Ser o no ser…». El resto del argumento de la
sobre el carácter y la conducta de obra es de sobra conocido. Y esas frases tan queridas
como «Está loco. Pero hay un método en su locura».
un personaje que casi todos creen Fascinante relato.

entender, pero que nadie acierta La segunda mirada sobre la melancólica figura hamle-
tiana es la que se inicia con la pasión con que Sigmund
a explicar bien Freud acoge esta obra de Shakespeare. Freud, en La in-
terpretación de los sueños, la obra que publica en 1900
y que le lanza como gran maestro en el conocimiento
de la psique humana, ata de forma inseparable a dos
personajes como Hamlet y Edipo. Y ahí comienza una
explotación psicoanalítica del mito de Hamlet como
antítesis de su padre y sujeto deseante de su madre,
Hamlet, que «vivía en una fortaleza que era el edificio que ha oscurecido hechos, valores y muchas adapta-
renacentista más bello del norte. Cuadrado, macizo, ciones teatrales y cinematográficas. Quien escribió
severo, de una seriedad hosca y fría, rodeado de rem- que Hamlet era más listo que Shakespeare y que to-
parts y de fosos con agua, el castillo tiene sobre el mar dos nosotros debió de ser alguien muy tierno que no
una vista inolvidable». Una de las grandes virtudes de contaba con el advenimiento de Segismundo Freud y
Pla para describir los lugares que visitaba y las vidas sus discípulos. La potente mesnada psicoanalítica ha
de sus habitantes es esta forma de aproximarse a las aportado poco sobre la complejidad de Hamlet. Pero
cosas, con la primera impresión como un vuelo a vista ahí sigue, con sus interpretaciones.
de pájaro para luego bajar hasta las calles y las cos-
tumbres del paisanaje. Al psicoanálisis le favorece que Shakespeare será
eterno e inconmensurable, pero lo humano es un fe-
Ya tenemos a Hamlet, príncipe de Dinamarca, en sus nómeno —explica Jorge Carrión— esquivo, dinámi-
aposentos. Hamlet ha tenido múltiples interpretacio- co, nómada y que nadie puede definir unívocamente.
nes de la larga pléyade de hermeneutas que intentan Ni siquiera William Shakespeare. Sentencia Harold
explicar cómo un solo personaje puede acumular una Bloom que Shakespeare interpretó como nadie al
información tan valiosa sobre las relaciones humanas hombre y a la mujer de su época, pero lo que Bloom
y las procelosas y pútridas aguas que confluyen en el no puede sostener es que pueda también dar cuenta
río de la vida. En esta actividad hay dos miradas hege- del hombre del futuro, porque eso significaría negar
mónicas aunque excluyentes. la historia.

Hay una serie de autores que hacen un análisis clásico A la mirada del crítico literario clásico le contrapone-
sobre el «incierto príncipe de Dinamarca». Es la mi- mos el pensamiento que han generado las distintas
rada más respetable. Hamlet es un tipo torturado por escuelas psicoanalíticas. Con sus diferencias, ambas
la muerte de su padre, el rey de Dinamarca, a manos comparten sobre Hamlet una interpretación similar:
de su tío, que le usurpa la corona y se casa con su ma- el héroe melancólico que, intentando vengar a su pa-
dre. El fantasma del padre de Hamlet, el rey muerto a dre muerto, sufre tratando de hallar la mejor forma de
manos de su hermano, le pide a Hamlet que ejecute la llevar a cabo su venganza. La vacilación de Hamlet se

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expresa en forma de duda que, en su caso, revela una rey bueno ni pasar la escoba debajo de la alfombra.
gran inteligencia. Hamlet es capaz de terminar con Hamlet busca ser el rey en el lugar del rey, aunque
la vida de su tío, el rey traidor, y de su madre, aunque para ello deban morir su madre y Ofelia, una mujer
también él muere a causa de un ardid preparado por el que le adoraba y por la que decía sentir afecto. Señala
rey asesino de su padre. René Girard que tachamos de vacilante a Hamlet por
retrasarse en iniciar su venganza porque nos parece
Además de estas dos vías de comprensión, el poderío muy normal que ejerza esa venganza. Hamlet des-
del fenómeno hamletiano se ha concretado en un cu- precia a cualquier ser humano que se interponga en
rioso género científico: el debate sobre el diagnóstico su camino hacia el poder absoluto, donde no piensa
psiquiátrico de Hamlet, príncipe de Dinamarca. Se cambiar ni corregir nada. Incluso a su padre falleci-
cuentan por decenas los psiquiatras que han publica- do, cuando se muestra como fantasma, lo rechaza con
do análisis psicopatológicos sobre el carácter y la con- feas palabras. Su retraso en tomar decisiones —un
ducta de un personaje que casi todos creen entender, retraso calculado— busca que sus súbditos se maten
pero que nadie —como sugiere Girard— acierta a ex- entre ellos. Así, el joven príncipe de Dinamarca, el
plicar bien. El conocimiento psicopatológico que W. huérfano al que han arrebatado sus derechos, el débil
Shakespeare pone en juego en su obra es uno de los as- y melancólico aspirante a rey de los daneses, resulta
pectos más fascinantes del libro. ¿Cómo era Hamlet? no ser tal. No hay que psiquiatrizar la maldad cuando
¿Era un neurótico obsesivo, era un paranoico, sufría lo que esconde es algo tan humano como la pasión por
una depresión psicótica por un duelo complicado, si- el poder político y económico. Hamlet, casi siempre
mulaba su locura, era un psicópata? Hamlet, el libro, ahogado en dudas, siempre tuvo muy claro que la pe-
es uno de los mejores textos para que los aprendices lea por el poder y el dinero eran para él la única moti-
de psicopatología se familiaricen con las brillantes vación. Y la primera.
descripciones sintomáticas shakesperianas. Pero
esto no justifica la pugna continua que sostienen re-
levantes psiquiatras por ver quién tiene más razón en
el diagnóstico. Resulta un tanto absurdo realizar una
patografía retrospectiva de un sujeto fruto de la ima-
ginación de un escritor. Hay datos curiosos: la palabra
«locura» se usa más de doscientas veces en el texto.
El término «melancolía» se usa una media docena de
ocasiones. Por poner un ejemplo de lo que hablamos.

Todos estos debates eluden señalar que, si Hamlet es


la obra más perfecta de Shakespeare, lo es porque el
personaje es único en la complejidad de su intimidad
y de sus actos, y no por la riqueza de la psicopatología
reflejada en los personajes.

Haciendo una lectura realista de los hechos, se con-


cluye que en tiempos del rey padre de Hamlet el reino
de Dinamarca estaba podrido, lleno de corruptelas
y dividido por los intereses de sus habitantes. Pero
Hamlet no se plantea acabar con esa corrupción, con
esa lacra de un sistema de gobierno. No busca ser un

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John Huston durante el rodaje de The Misfits, 1961.
Fotografía: Ernst Haas / Getty.
EL YO EMOCIONAL
Y LA DESAPARICIÓN
DE LA INTIMIDAD
(PARADOJAS DE LA SUBJETIVIDAD POSMODERNA)

POR IGNASI JANSÀ

234 Jot Down Magazine


Ilustración: Francescoch / Getty.

Tengo treinta y siete años y no me —1— sión o alivio, sino que actúan como
da vergüenza admitir que… El giro emocional en la cultura nuevos lenguajes de legitimidad. Sa-
contemporánea ber hablar de uno mismo, identificar
Este podría ser el comienzo de una traumas, gestionar emociones se ha
de tantas publicaciones en redes La cultura posmoderna ha sustitui- convertido en un capital social y sim-
sociales. Una confesión formulada do progresivamente el ideal del su- bólico.
en primera persona, con un tono jeto racional por el de un «yo emo-
íntimo, pero destinada a un público Esta mayor autopercepción no es en
amplio y que refleja cómo la auto- sí negativa: permite visibilizar ma-
percepción y la emocionalidad han lestares, romper con mandatos re-
dejado de ser esferas privadas, de presivos y dar legitimidad a vivencias
pertenecer al dominio de lo íntimo, En ciertos ámbitos, subjetivas tradicionalmente exclui-
para convertirse en un escaparate das. Sin embargo, cuando este giro
donde la experiencia interior se ex- en lugar de emocional se despliega en un entor-
hibe como prueba de autenticidad,
pero también donde se tiende a ho-
desigualdad, injusticia no regido por la lógica digital, mer-
cantil y neoliberal, surgen algunas
mogeneizar la experiencia emocio- o precariedad, nos paradojas.
nal con mensajes simplistas.
hablan de motivación,
En las últimas décadas ha emergido
una nueva sensibilidad en torno al
autoestima o —2—
yo, en la que la autopercepción, la ex- resiliencia, llegando Visibilidad emocional y
presión emocional y la puesta en es- desaparición de la intimidad
cena de la subjetividad ganan cierta hasta el manido «si tú
centralidad en la vida social. Lo que
antes se consideraba parte del ámbi-
quieres, puedes» En la era de las plataformas, el yo
emocional ya no se introspecciona:
to privado o incluso íntimo hoy se ha se expone. Redes como Instagram,
vuelto material de exposición, con- TikTok o YouTube han convertido la
sumo y validación. expresión emocional en contenido:
cional» que busca expresarse, sanar, relatos de ansiedad, traumas familia-
En un mundo donde la visibilidad mostrarse vulnerable y ser reconoci- res, rupturas sentimentales, vulnera-
digital se ha convertido en una ne- do, validado. Vemos continuamente bilidades de todo tipo son hoy parte
cesidad casi estructural y la auten- cómo discursos (pseudo)psicológi- del flujo constante de lo (estratégica-
ticidad se mide por la transparencia cos han colonizado las relaciones so- mente) compartido.
emocional cabe preguntarse: ¿cuáles ciales, los vínculos afectivos y la pro-
son las consecuencias de esta nueva pia comprensión del yo. Pero esta visibilidad emocional no es
centralidad de las emociones sobre inocente: se imprime en un sistema
la intimidad, la verdad y la subjetivi- Se ha popularizado una cultura tera- donde, en palabras de Shoshana Zub-
dad contemporáneas? ¿Y qué otras péutica en la que distintos discursos off (La era del capitalismo de vigilan-
dimensiones políticas o culturales se (desde la psicología profesional has- cia, 2019), la experiencia humana se
entrelazan con la progresiva descen- ta el coaching o la autoayuda) no solo ha transformado en una materia pri-
tralización de la razón? ofrecen herramientas de compren- ma económica y gratuita para prácti-

235 Jot Down Magazine


cas comerciales ocultas de las que re- En este mismo contexto, las grietas que explotan las profundidades ínti-
sulta cada vez más difícil escapar. que se abren en nuestra vida coti- mas de la vida cotidiana como si de
diana parecen imperceptibles, pero una mina se tratara».
En esta «sociedad de la transparen- operan en lo más profundo. Aunque
cia», sabemos que los algoritmos no quizás no usemos redes sociales, es Lo más paradójico de esta era emo-
son neutrales: privilegian y visibili- posible que guardemos nuestras fo- cionalmente hiperconsciente y ex-
zan aquello que genera respuestas tos en la nube, o que un robot aspira- puesta es que, al mismo tiempo que
emocionales intensas, porque están dora cree planos detallados de nues- crece la autopercepción, decrece la
diseñados para maximizar la cone- interioridad. Nunca se ha hablado
xión emocional y el tiempo de per- tanto del yo y, sin embargo, pocas ve-
manencia. Cuanta más emocionali- ces ese yo ha estado tan colonizado
dad explícita, más visibilidad. por fuerzas externas.
Al mismo tiempo
Nuestra intimidad se convierte así en
un recurso natural humano, explota- que crece la La visibilidad emocional convive con
una estetización extrema de la vida
ble y que alimenta las dinámicas del
capitalismo de vigilancia. Una intimi-
autopercepción, personal: filtros, retoques, marcas
personales, el auge de las cirugías es-
dad, pues, que se exhibe constante- decrece la téticas y las narrativas emocionales
mente en busca de validación pero a
la que apenas le queda algo de genui- interioridad. Nunca hipereditadas en redes sociales no
son desviaciones, sino expresiones
namente íntimo. Mostrarse vulnera-
ble no es solo una forma de catarsis,
se ha hablado tanto inevitables de este sistema que mol-
dea la experiencia emocional según
un desahogo personal; también es del yo y, sin embargo, lógicas externas de consumo y va-
una estrategia de pertenencia y re-
conocimiento, una herramienta más pocas veces ese yo ha lidación. Estas narrativas aplican a
menudo una pátina de autenticidad
para obtener visibilidad. Pero en este
proceso la interioridad se erosiona:
estado tan colonizado sobre vidas cuidadosamente cura-
das, que oculta la complejidad y las
¿cuánta autenticidad puede haber por fuerzas externas contradicciones de la vida real. Una
cuando la emoción se convierte en representación más de una ilusión
una performatividad constante? que conecta con el concepto de hipe-
rrealidad que Jean Baudrillard iden-
Sin limitarnos al espacio de las redes tros hogares (que luego podrán ser tificaba como la forma en que per-
sociales, según estudios recientes, vendidos a operadores tecnológicos), cibimos el mundo en las sociedades
cada vez es más habitual que los ado- o que nuestras búsquedas configuren contemporáneas.
lescentes compartan su ubicación en perfiles psicológicos, que nuestros
tiempo real 24/7 con parejas o ami- relojes registren el sueño o el ritmo
gos, interpretándolo como un gesto cardíaco, etc. Nuestra vida íntima se
de amor o de confianza. Sin embar- ha convertido en un dato continuo. —3—
go, estos actos tampoco son inocen- Emoción vs. verdad: posverdad
tes: se convierten en otra forma de Y como señala Zuboff, «Buena parte y neoliberalismo emocional
autoexposición y vigilancia constan- de esta nueva labor se efectúa bajo el
te, socavando los límites de una inti- paraguas de la personalización, que La centralidad de las emociones ha
midad que se entrega y que ya no nos es un modo de camuflar una serie de coincidido (y no por casualidad) con
pertenece. agresivas operaciones de extracción un momento histórico en que la ver-

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dad objetiva ha perdido fuerza como Esta lógica no queda confinada a los A su vez, se extiende una sospecha
referente. La llamada «posverdad» ámbitos íntimos o mediáticos; tam- hacia todo lo que se presenta como
no es simplemente la circulación de bién permea el espacio público. Es- «objetivo», ya que es cierto que his-
noticias falsas, sino la primacía de lo tamos siendo testigos de cómo los tóricamente tales nociones han ser-
que se siente sobre lo que se demues- gobiernos (y en particular las ex- vido para legitimar exclusiones. Pero
tra. En este contexto, la emoción ad- tremas derechas) tratan de reclutar también parece difícil sostener una
quiere valor de verdad: si lo vivo así o a sus electores no desde la razón, relación abierta con la verdad, ya que
lo siento así, entonces es así. sino desde la emocionalidad. Sus esta no puede limitarse siempre a lo
subjetivo ni a lo vivido: requiere un
Esta creciente primacía de la viven- anclaje en una base estructural, ob-
cia subjetiva tiende a situarse por jetiva y común desde la cual operar.
encima de estructuras materiales u
objetivas. Favorecido por un entor- Tal vez hoy el Es precisamente en este terreno de
no neoliberal que privilegia lo in-
dividual sobre lo colectivo, ciertos único gesto tensión entre lo subjetivo y lo es-
tructural donde también emergen
problemas de nuestra sociedad se
interpretan hoy más en clave indivi-
verdaderamente los movimientos identitarios —des-
de colectivos que antaño fueron ex-
dual que sistémica; la narrativa ínti- subversivo sea el de cluidos hasta nuevas expresiones de
ma sustituye al análisis estructural.
De hecho, en ciertos ámbitos, en lu- preservar un espacio género— que suponen sin duda un
avance significativo en la ampliación
gar de desigualdad, injusticia o pre-
cariedad, nos hablan de motivación,
de invisibilidad: volver de derechos, pues visibilizan realida-
des silenciadas y abren espacios de
autoestima o resiliencia, llegando a habitar el secreto y reconocimiento, pero en cuyo seno
hasta el manido «si tú quieres, pue-
des», en cuyos términos hemos llega- la interioridad como parece reproducirse esa lógica neoli-
beral que antepone la experiencia in-
do a concebir la sociedad. Esta lógi-
ca, aunque empoderadora en ciertos
un territorio propio e dividual al análisis de las condiciones
materiales. En este contexto, estos
sentidos, nos desvincula como suje- irreductible movimientos se enfrentan a un de-
tos del análisis estructural y centra safío no menor y pueden verse limi-
el foco en nuestra competencia emo- tados en su capacidad para abordar
cional individual, alejándonos de la injusticias estructurales, al sustituir
reflexión sobre las causas sociales de contradicciones no importan mien- la lucha por el cambio de tales con-
nuestro malestar. tras su discurso avive las brasas de diciones por meros reconocimientos
la ansiedad colectiva. Instrumenta- simbólicos.
El resultado puede ser un estado de lizan sentimientos como el miedo o
autocomplacencia donde el malestar el odio, que se acomodan fácilmen- Como han señalado ciertas corrien-
se individualiza, se confunde con un te en el inconsciente social y abren tes del feminismo materialista, cuan-
eco interior y, por ello, no se politiza. cauces a prácticas autoritarias o a do el género sentido desplaza al sexo
Y así se consolida una dinámica difí- la hipervigilancia, desvelando nues- biológico —es decir, si la identidad
cil de contrarrestar en la que se debi- tra propia indefensión frente al sa- autopercibida prevalece sobre una
litan las condiciones para el debate crificio de derechos fundamentales realidad material y, por extensión, se
racional al generarse una cultura de como la privacidad, convertida ya disuelven categorías como «mujer»
la susceptibilidad donde el disenso se en una excepción más que en una u «hombre»— se pierde la capacidad
interpreta como un ataque personal. norma. de nombrar y combatir las desigual-

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Cynthia Erivo y Jonathan Bailey durante
el rodaje de Wicked for Good, 2025.
Fotografía: Universal Pictures.

dades concretas que sufren las mu- En una época marcada por la exposi-
jeres por el hecho de serlo. Si todo ción emocional, el imperativo tera-
es performativo, cabe preguntarse: péutico, la dictadura del algoritmo y
¿dónde queda la opresión estructural donde todo tiende a ser cuantificado,
basada en el sexo? Cuando el discur- es urgente replantear el sentido de la
so se reduce a una mera celebración vida interior y reivindicar la dimen-
de identidades fluidas sin cuestionar sión intransferible de lo íntimo. Tal
las estructuras económicas y de po- vez la autopercepción más radical
der que condicionan estas desigual- consista en saber qué no mostrar y
dades subyacentes, la lucha por la en custodiar un recogimiento sin que
igualdad puede diluirse en el terreno medie la mirada ajena.
de lo simbólico, perdiendo su fuerza
transformadora. Tal vez hoy el único gesto verdadera-
mente subversivo sea el de preservar
un espacio de invisibilidad: volver
a habitar el secreto y la interioridad
—4 — como un territorio propio e irreduc-
Recuperar lo invisible tible. Allí donde la intimidad se con-
vierte en resistencia y donde la opa-
El yo emocional posmoderno vive cidad se vuelve la condición misma
en una paradoja constante: busca de la libertad.
mostrarse para ser reconocido, pero
al hacerlo se despoja de aquello que
hace posible una interioridad libre
y no performativa. Recuperar la in-
timidad no implica volver a ocultar-
se ni negar el valor de lo emocional,
sino reivindicar el derecho a no mos-
trarse, a guardar silencio, a preservar
una vida emocional no instrumenta-
lizada.

A ello se suma el riesgo de delegar


la vida interior en discursos super-
ficiales replicados en redes sociales
como recetas universales de bienes-
tar. Su aparente accesibilidad redu-
ce la complejidad de las emociones
y experiencias singulares en clichés
y consignas triviales. Recuperar lo
invisible también implica resistirse
a esos moldes prefabricados de au-
toayuda y cultivar una interioridad
crítica y personal.

238 Jot Down Magazine


La intimidad
en la Edad
Media
POR ALMUDENA BLASCO VALLÉS

A finales del siglo xi, Austinde, obispo de Auch, rediseñó su vivienda creando
una suerte de estudio-dormitorio donde retirarse a leer y a escribir. Pagó una con-
siderable suma, consciente de que con ese gesto comenzaba una nueva etapa en la
historia de la intimidad. Algunas décadas más tarde, el monje y cronista Guillaume
de Tournai, al redactar el encomio de Bernardo de Claraval con el título de Flores
Bernardi, atribuye al monje reformador del Cister la decisión de crear un espacio
privado para la lectura y escritura. Una miniatura que ilustra el texto muestra a San
Bernardo escribiendo desde la cama, quedando constancia del cambio en el interior
de las residencias nobiliarias que había iniciado Austinde. El principal motivo de
crear un espacio donde retirarse para descansar, pero también para leer y escribir,
respondía a un impulso moral surgido con la Reforma gregoriana, que buscaba un
referente para poner fin a las cámaras colectivas donde se dormía compartiendo
una misma atmósfera, un mismo sonido, un mismo olor. En algunos informes de
los obispos que realizaban visita pastoral a las residencias de los nobles locales se
hablaba, en términos negativos, de esa disposición social, y recurrían a menudo a un
concepto que se fue extendiendo a lo largo de los siglos: promiscuidad.

Un eco de esta atmósfera nocturna de las residencias nobiliarias del siglo xi lo en-
contramos en unos versos del poeta anglonormando Thomas de Inglaterra en su
roman sobre Tristán cuando, el rey Marc de Cornualles, le censura a quien era en
realidad su sobrino las relaciones con su esposa, la famosa Iseo, diciéndole: «cómo
me has podido hacerme eso, tú, que dormías a nuestros pies, junto a nosotros, en
nuestra cámara». Esta queja explica que, a mediados del siglo xii, se impuso la cos-

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tumbre de que las residencias tuvieran dormitorios personales, habitaciones para Detalle de una edición ilustrada
dormir, chambres à coucher, como una recuperación del antiguo cubiculum de los del roman de Tristán que muestra
romanos. El impacto social del concepto ciceroniano de urbanitas se aprecia en la a Ginebra recibiendo una carta,
forma en la que los relatos de caballería lo traducen como courtoisie, es decir, cor- 1468. Imagen: Pierpont Morgan
tesía. Una novedad que llamó la atención de los miniaturistas que dan visibilidad a Library.
las aventuras de los caballeros de la Tabla Redonda, Lancelot, Gavain, Yvain cuando
son recibidos y hospedados por un noble rural o incluso por un rey, y se les invita a
descansar, a dormir, en una de las habitaciones mejor preparadas de la residencia,
castillo o caserón, que es la habitación propia de una de las hijas del señor del lugar.
Esta escena del caballero acostado junto a una doncella siendo observados, en oca-
siones desde un ventanal, por el padre de ella, nos hace ver las nuevas reglas sobre lo
que Henry James, en el siglo xx, llamó la privacy.

Luego todo fue más fácil y rápido. Se multiplicaron los enseres que facilitaban las
nuevas habitaciones para dormir, camas de madera de roble que sustituyeron a los
toscos catres y un selecto ajuar formado por sábanas, mantas, cojines de seda, pieles
de marta cibelina para protegerse del frío en el invierno, incluso, en algunos casos,
una bañera; pero además cargan de sentido a la habitación personal, siguiendo el
modelo del cronista Guillaume de Tournai al utilizarla para escribir y también para
leer, en privado. Una novela datada a mediados del siglo xiii y escrita en proven-
zal, Flamenca, nos informa pormenorizadamente del hecho de la vida y quebrantos
amorosos de una mujer que posee «una habitación propia». Naturalmente, Flamen-
ca refleja una costumbre que, en sus inicios, era privativa de las clases altas de la

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sociedad, aunque, con el paso de los años, ese modelo la casa y de su delegada para tal fin, la ama de llaves.
de conducta se difundió al mundo de las ciudades. Fue En la gran novela en prosa Lancelot del Lago, el héroe
un movimiento lento que trajo consigo dos cambios acude a la habitación propia de la reina Ginebra a tra-
sustanciales: el primero, referido al mundo de la inti- vés de la ventana, y, en una ocasión, incluso, se hiere
midad, pues numerosas mujeres leían relatos de amor con los hierros que cerraban la misma. En todo caso,
y se interesaba por una nueva espiritualidad de carác- desde las ventanas las mujeres contemplaba el ajetreo
ter místico, que tanto ha marcado a la cantante Rosa- de la calle, como se puede ver en esas dos mujeres que
lía; el segundo de carácter constructivo, la difusión pinta Ambrogio Lorenzetti en su Alegoría del bueno
de las ventanas, desde donde las mujeres miraban lo gobierno de Siena.
que ocurría en los patios de armas de los caserones
de las familias nobles; en las miniaturas que adornan Desde mediados del siglo xiii, la intimidad de las
las novelas artúricas, se puede ver a las mujeres aso- mujeres se convirtió en un gesto social, llegando a
madas desde la ventana de su habitación propia para extremos como el de la famosa poeta americana, Emi-
seguir los ejercicios de las armas, las justas. También ly Dickinson, que nunca quiso salir de su habitación
esas ventanas se convierten en una apertura al mun- propia, donde leía, pero también escribía sus poemas.
do. Un ensueño habitual era creer que los caballeros
lograban trepar hacia ellas, eludiendo así la vigilan- Fue, precisamente, el valor en alza de la intimidad,
cia y la entrada por las puertas sólidamente cerradas uno de los impulsos que transformaron las residen-
con llave, un elemento privativo de los hombres de cias nobiliarias en la revolución arquitectónica que

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Una miniatura de la Biblia de Saint-André-aux-Bois
que representa el matrimonio de Oseas y Gómer, 1180.
Imagen: Getty.

La cultura de la intimidad se
reforzó con la generalización
de una habitación propia para
las mujeres, según el deseo
tuvo lugar en las décadas centrales del siglo xiv, ca- expresado por la gran escritora
racterizadas por la guerra permanente (es la época de
la Guerra de los Cien Años). Consistió en restaurar y Virginia Woolf
recomponer las residencias nobiliarias, los castillos,
creando todo tipo de soluciones constructivas, hoy
identificadas como propiamente medievales: alme-
nas, torreones, puentes levadizos, etc. Pero, al mis-
mo tiempo, también sucedió que las habitaciones
para dormir se ampliaron. En el caso de las mujeres,
se llenaron de esa pasión desbordante del siglo xiv
que un historiador definió como el «imperio de los
objetos»: objetos para decorar la habitación propia
donde las mujeres sociabilizaban con sus amigas, o,
sencillamente, pasaban su tiempo con ellas mismas. en espacios cerrados y para introducir los grandes ha-
Un mobiliario cada vez más sofisticado donde pronto llazgos alcanzados en arquitectura religiosa: vidrieras
triunfaron los tocadores, sobre los que se colocaron en las ventanas, que no solo se embellecían, sino que
espejos, peines y todo tipo de ungüentos y perfumes. se cerraban, dando paso a largos periodos de luces te-
Las mujeres invertían mucho tiempo en la tarea de nues que entraban por los vanos. Una de las últimas
maquillarse, algo criticado por la defensora del espa- transformaciones que afectaron a esa nueva vivencia
cio privado y por la dignidad de las mujeres, la escrito- de la intimidad fue el interés, y ya más, la pasión por
ra Christine de Pizan. una moda que transformaría para siempre las pare-
des de las habitaciones: los tapices. El siglo xiv vivió
Habitaciones que también servían para guardar la de lleno la revolución de los tapices, que adornaban
ropa, el menaje, el ajuar, que las mujeres guardaban las paredes y llenaban de historias lo que antes habían
poco a poco con vistas a convertirlo en una dote a la sido muros encalados. También, en casos concretos,
hora de su matrimonio; muchas de las tablas de esos en pequeñas capillas.
arcones fueron objetivo de pintores donde se narra-
ban historias de relaciones personales de amor, de Fue así como la intimidad empujó a cambiar los
caza, de aventuras exóticas. El siglo xiv no solo pro- principios y el comportamiento, dando lugar a una
dujo un cambio muy visible en las residencias nobilia- dinámica social entre lo privado y lo público que
rias, sino también, e incluso más llamativamente, un marcaría el signo de la historia social europea en
cambio en el interior. Gracias a esas transformacio- los siguientes siglos. A medida que se mejoraban
nes constructivas, las habitaciones propias comen- las habitaciones privadas y, a medida que se exten-
zaron a ser caldeadas, introduciendo en ellas la gran dían esos planteamientos a otras capas sociales, las
novedad también de este siglo, las chimeneas, con las matrices urbanísticas en las ciudades, construidas
que se pudo hacer frente al cambio climático que se con un diseño gótico, permitieron que las casas de
produjo pasado el año 1330. mercaderes, comerciantes, artesanos e incluso cam-
pesinos adinerados se adaptaran al modelo donde
Europa se enfrió, los campos se endurecieron y los el espacio público se contrarrestaba con un espacio
campesinos tuvieron dificultades para el cultivo de privado. Lo que vino a continuación fue una mejo-
sus tierras. El frío alargó la estancia en las habitacio- ra sostenida de este modelo constructivo, donde se
nes propias, porque limitó la vida exterior a primave- tuvo que dilucidar un hecho de enorme importan-
ras terminales y a cortos veranos. Ese cambio sirvió cia en el imaginario que se crea, primero en Italia
también para reeducar el cuerpo a largas temporadas central y más tarde en el resto e Europa, de donde

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Boston, ca. 1930. Fotografía: Getty.

y cómo se hallaba la virgen María en le momento en en la vida personal, especialmente de las mujeres,
el que llegó el Arcángel para anunciarle. Los grandes como se puede ver en las pinturas de Domenico Ghir-
pintores del momento, como Duccio y Fra Angélico, landaio y Andrea Mantegna. Gracias al humanismo,
optaron por representarla en el espacio público de la se abrió un mundo nuevo que se interesó por mostrar
casa, sentada o recostada en un sillón, eso sí, con el a las mujeres en sus habitaciones a la hora de dar a luz
gesto clásico de la representación las mujeres de la a un hijo, ese acto tan íntimo y a la vez tan peligroso
época, que era con un libro en las manos. Tuvieron para ellas. Al fin y al cabo, la cultura de la intimidad
que pasar muchos siglos para que un pintor rectifi- se reforzó con la generalización de una habitación
cara esta decisión de sus viejos colegas. Fue Dante propia para las mujeres, según el deseo expresado por
Gabriel Rossetti, inspirador y máximo exponente la gran escritora Virginia Woolf; un deseo que perci-
del movimiento prerrafaelita, que situó a la Virgen bo en el sueño con el que Vittore Carpaccio presenta
en el momento de la Anunciación en el lugar privado la Leyenda de santa Úrsula (un cuadro expuesto en la
de la casa, exactamente tendida en la cama. Academia de Venecia). Todo lo que rodea a esta mu-
jer dormida, la cama, los muebles, la ropa, los objetos
En este cambio iconográfico promovido por los pin- que decoran el espacio, todo en fin es la prueba de que
tores de finales del siglo xix no solo se vio rectifica- retirarse a la habitación para dormir es también para
do un proceso histórico de larga duración, sino que soñar.
se esperó mejorar la imagen que se tenía de la Edad
Media, adelantando varios siglos el hecho de poder
adentrarse en la intimidad de una persona. Sin em-
bargo, no fue Rossetti el primer en abordar esta cues-
tión, sino que lo hizo en 1435 Jan van Eyck al pintar
el doble retrato del matrimonio Arnolfini. Tal fue la
osadía que el egregio pintor tuvo al representar a los
esposos en su habitación propia que no duda en decir-
lo abiertamente con una expresión que así lo indica:
«Jan van Eyck estuvo aquí». Esta fascinante pintura,
tantas veces interpretada, muestra cómo el humanis-
mo se interesó vivamente por indagar en la intimidad
de las personas, menoscabando el principio de la pri-
vacy en favor de crear un modelo social que dependía
principalmente de un modelo devocional. Fue, preci-
samente, la devoción moderna la que permitió ahon-
dar públicamente en la intimidad, mediante registros
del comportamiento, del pensamiento o de las dudas
que, especialmente las mujeres, tenían en sus habita-
ciones propias para dormir. Las «autobiografías» de
mujeres como Margery Kempe o Juliana de Norwich
nos muestra, precisamente, la necesidad de situar su
vida en el límite de la intimidad. Porque, en definitiva,
esta devoción moderna no solo fue una ascética mís-
tica, sino que también fue la extensión de una espiri-
tualidad en lo cotidiano. La cultura abrió así el espacio
para entender el peso de la intimidad de lo cotidiano

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UN ESPACIO SEGURO
PARA LA PALABRA Y
LA ESCUCHA: LA RELACIÓN
TERAPEUTA-PACIENTE
POR VERÓNICA SUKACZER

— Necesidad —

El hombre, o la mujer, entra a un bar. Son, tal vez, las cinco de la tarde de un día vier-
nes. Falta poco para que finalice la jornada laboral y llegue el fin de semana. Afuera
cae una llovizna persistente y triste. Adentro la iluminación es escasa y la melanco-
lía del día parece habitar desde siempre. Solo un par de mesas están ocupadas.

Nuestro personaje se sienta a la barra del lugar y pide una cerveza. Está agobiado
de, tal vez, un trabajo que se repite día tras día, una mala paga, una pelea incon-
clusa con su pareja, un par de hijos adolescentes ejerciendo su cuota de odio hacia
el mundo.

A los pocos minutos otro hombre, u otra mujer, entra al bar y se sienta a su lado. Pide
un café con leche.

Por un instante, cerveza y café con leche se observan y se reconocen solos, hastia-
dos, agotados. Dos burnouts habitados de palabras que no saben dónde pronunciar.

Entonces algo se enciende en ellos. No algo nuevo, sino el recuerdo de una necesi-
dad. Con las vistas clavadas en sus bebidas, primero uno y luego otro se contarán
sus vidas completas, sus miserias, sus felicidades, sus anhelos, sus errores. Se confe-
sarán lo inconfesable en esa sombra en medio del día que es el bar, sin juzgarse, sin
responderse siquiera, sin escucharse.

Tal vez tienen una borrachera feroz de cosas atragantadas y que allí mismo van a
devolverlas (un vocablo mucho más amable que «vomitarlas», aunque este último

246 Jot Down Magazine


sea más preciso), porque la ocasión es la apropiada, porque el de al lado es un desco-
nocido a quien nunca volverán a cruzar, a quien ni siquiera podrían reconocer en la
calle, un día soleado. Y porque se ha abierto en esos minutos una especie de mundo
alternativo, un multiverso que es pura intimidad.

Un lugar y un momento para decirlo todo.

La ironía es que, en la vida real, nuestros personajes no se sentirán más livianos ni


más tranquilos ni más dichosos luego de aquel acto de desahogo sin consecuencias.
No resulta aquella conversación una acción terapéutica, no alcanza para entender
lo no dicho, lo inconsciente; ni para crecer, cambiar, mejorar, soltar, seguir o el ver-
bo que cada uno precise.

Esa conversación con nadie no construye una relación, no hay adaptación ni flexibi-
lidad ni validación. No hay escucha activa ni empatía. No hay límites ni comunica-
ción clara ni coherencia ni flexibilidad.

No hay, en resumen, del otro lado, un terapeuta calificado para llevar hacia algún
sitio válido toda esa información.

Para saber qué hacer y para qué.

Para entender cómo y qué se necesita para construir un vínculo seguro en el que
pueda nacer la confianza.

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— Paciencia — Así lo explica el psiquiatra y psicoterapeuta Irvin D. Ya-
lom (Estados Unidos, 1931) en su obra El don de la terapia:
La palabra paciencia deriva del latín patientia, que a
su vez viene del verbo patī. El participio de presente «Los terapeutas principiantes deben aprender que
de este verbo es patiens: paciente, que significa tanto hay momentos para estar sentados en silencio, a veces
sufrir como soportar como padecer. en silenciosa comunión, a veces simplemente espe-
rando que los pensamientos del paciente aparezcan
Sufrir, soportar o padecer una enfermedad, un trata- bajo una forma en la que puedan ser expresados».
miento, una confirmación, una autorización, una re-
ceta, una cura, una resolución, una espera. Será de esa paciencia y espera, de la paciencia de la es-
pera, de donde surgirá el gesto terapéutico. Mientras
Ser paciente para que acabe el dolor, para que se cal- el profesional aguarda, da espacio, no apura; el pa-
me la mente, para cimentar una relación con alguien ciente comienza a ser reconocido como persona. No
que puede ayudarnos a que se acabe el dolor, a que se será el ser anónimo del bar con una historia para con-
calme la mente. Nada es instantáneo. tar lo que dura su trago. Será individuo. Será una voz.

Ese tiempo de ser pacientes es lo que quisieron aho-


rrarse nuestros personajes del principio (así les irá).
Y es lo que aceptó Lorena H. (respetaremos el anoni- — Escucha —
mato de los pacientes) luego de atravesar por varias
terapias que no llegaban a buen puerto. Quizás sea lo mismo escuchar que estar.

«Creo que era yo la que no me permitía el tiempo ne- Quizás no sea lo mismo escuchar que estar.
cesario para conocer a mis terapeutas —dice Lorena—,
siempre encontraba algo que me molestaba de ellos y me ¿Existirá ese justo equilibrio? ¿Será eso lo que define
aferraba a eso para abandonar la terapia. Uno usaba un la presencia terapéutica? ¿Alguien podrá ofrecer una
perfume que yo detestaba, otra tenía un lenguaje corpo- respuesta o cada terapeuta con su «librito»?
ral que me producía incomodidad, otra tardaba demasia-
do en responder algún mensaje mío, y si no me escribía Si nos detuviéramos a analizar las conversaciones
cuando le pedía cambiar un turno, por ejemplo, si no es- cotidianas entre amigos, podríamos fácilmente iden-
taba para mí ahí... ¿cómo iba a estarlo en la terapia?» tificar un patrón: cada uno quiere contar su propia
historia.
Lorena no estaba aún preparada para ser paciente
cuando buscó un terapeuta. Porque nadie (o casi na- Pongamos un ejemplo: A acaba de pasar por una ciru-
die) llega al consultorio y narra su vida, se expone, gía menor y B, C y D lo visitan la tarde en que regresa a
demuestra vulnerabilidad. Solo con paciencia llega la su casa del sanatorio.
confianza, esa herramienta que implica adaptación,
conocimiento del otro, comodidad, empatía. Por supuesto, A contará los pormenores de su opera-
ción. Mientras lo escuchan, B, C y D estarán, sin nin-
Para lograr todo ello el terapeuta, a su vez, debe hacer guna duda, recuperando información de sus propios
uso de otro vocablo que deriva del latín: sperare, tener archivos mentales médicos, porque eso es lo que de-
esperanza. sean compartir con los amigos.

El buen terapeuta debe poder esperar. Entonces la conversación se comportará de esta manera:

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A: —Cuando desperté de la anestesia... Luego de aceptar ser paciente y de asumir la espera,
B: —¡Me pasó lo mismo! Me acuerdo que cuando la que surja esta escucha atenta, este estar presente,
enfermera... este aquí y ahora, esta atención flotante, este yo-yo-
C: —Ustedes son muy debiluchos. Cuando yo entré al yo, permitirá que la relación incipiente se afiance y
quirófano... crezca para darle lugar a la confianza.
D: —¿Saben cuántas cirugías tengo yo...?
Para que algo se abra y surja la palabra.
Y así, cada uno intentará encontrar el momento, el
hueco para rellenar con su narración.

Todos están. Todos escuchan. ¿O nadie está y nadie — Verdad —


escucha al otro?
Desde el Talmud, filósofos, intelectuales y también
Así conversamos los mortales: queriendo oír nuestra psicólogos se han apropiado de la frase que dice:
propia voz al tiempo que oímos —o fingimos oír— al «No vemos las cosas como son, vemos las cosas como
otro. somos».

En terapia las cosas funcionan de otro modo. Irvin Ya- Si le damos la razón a estas palabras, la verdad abso-
lom se refiere a este estar presente en la escucha como luta no existe. Todo hecho queda teñido de la subjeti-
su esquema del «aquí y ahora», lo cual significa «per- vidad de cada uno, de cuál es su historia, sus traumas,
manecer concentrados en lo que está ocurriendo en la sus pasiones, sus experiencias y valores. Incluso, des-
relación terapeuta-paciente». de qué ángulo percibe aquello que quiere narrar.

Por su parte, el padre del psicoanálisis, don Freud ¿Es la verdad la herramienta que habita el espacio te-
(Austria, 1856–Reino Unido, 1939), llama a la escu- rapéutico?
cha «atención flotante»: «No querer fijarse en nada
en particular y prestar a todo cuanto uno escucha la ¿O es la autenticidad?
misma atención parejamente flotante». Esto significa
que mientras el paciente hace su asociación libre, el ¿O son ambas?
terapeuta lo escucha todo sin prejuicios y sin privile-
giar ningún elemento del discurso. En la obra Dolto para padres, del psicólogo y psicoana-
lista Jean-Claude Liaudet, se puede leer: «Hablar con
Frente al terapeuta, Brenda G. se ríe de ese exceso de franqueza solo es posible si se sabe escuchar». Y antes
atención que a veces hasta la abruma. de eso: «El silencio resulta más traumatizante que las
palabras, pues lo que no se expresa se vive siempre como
«A veces pienso que hacer terapia es un acto de narci- algo malo, vergonzoso, algo que es preciso ocultar».
sismo, y ojo que el narcisismo no es mi problema. Pero
todo es yo, yo, yo, y siento que puedo cansarla o abu- No haremos distinción entre terapias para niños o
rrirla a mi psicóloga y hasta me pregunto si no debería para adultos. Como explica el psiquiatra y psicoana-
preguntarle por ella, cómo está, si tuvo un buen día... lista J. D. Nasio (Argentina, 1942): «Estríctamente ha-
Pero ya sé que me va a contestar con otra pregunta blando, no deberíamos distinguir entre psicoanalista
que me va a hacer volver al yo, yo, yo. Igual me hace de niños y psicoanalista de adultos. ¿Por qué? Porque
bien tener ese espacio en el que puedo hablar de mí sea cual sea la edad del paciente que recibimos —una
sin culpa, sin tener que cuidar a nadie, es un alivio». persona mayor o un bebé—, escucharemos siempre

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un niño que sufre (...). No hay más que un solo psicoa- sible. Me llevó muchos años de terapia descubrir, por
nalista, aquel que trabaja con la emoción intemporal fin, quién era yo, si es que lo descubrí».
que atraviesa la vida del paciente desde la infancia
hasta el momento en que está ante nosotros».

Regresemos a la pediatra y psicoanalista Dolto (Fran- — Encuentro —


cia, 1908–1988); es Nasio, su coterapeuta durante los
años de formación, quien recuerda el modo en que Tal vez Cerveza y Café con leche, nuestros personajes
ella se presentaba a sus pequeños pacientes: «Yo me del comienzo, siguen preguntándose cómo construir
llamo Françoise Dolto. Soy psicoanalista y digo la ver- un vínculo seguro y útil con otro que los escuche.
dad de la vida a los niños».
Nosotros, de este lado, nos hemos ido acercando.
La verdad de la vida es lo que todos los que inician una
terapia quisieran recibir. Ese secreto. Pero lo cierto es Paciencia, espera.
que la verdad que realmente se busca es la que está en
uno mismo, la coincidencia entre lo que se dice y lo Escucha, empatía.
que se es. La llamaremos, entonces, autenticidad.
Verdad, autenticidad.
Le dejaremos la palabra al psicólogo Carl Rogers (Es-
tados Unidos, 1902–1987), a través de su obra El pro- A esta misma pregunta —la de cómo se logra la con-
ceso de convertirse en persona: fianza en el encuentro terapéutico—, la psicoanalista
Silvia Bennuon (Argentina, 1954) la responde con li-
«He descubierto que cuanto más auténtico puedo ser teratura:
en la relación, tanto más útil resultará esta última.
Esto significa que debo tener presentes mis propios «No hay un psicoanalista.
sentimientos, y no ofrecer una fachada externa, adop-
tando una actitud distinta de la que surge de un nivel Hay muchos. Tantos como pacientes haya.
más profundo o inconsciente. Ser auténtico implica
también la voluntad de ser y expresar, a través de mis El escuchar al otro, el deseo de un lazo para ayudar en
palabras y mi conducta, los diversos sentimientos y el sufrimiento y la empatía producen un movimiento.
actitudes que existen en mí. (...) Solo mostrándome
tal cual soy, puedo lograr que la otra persona busque El paciente comienza a alojarse en ese espacio tera-
exitosamente su propia autenticidad». péutico.

Para Jorge C., la terapia no se trató de ser auténtico, Lugar único de sostén, en donde la intimidad va cons-
sino de descubrir cómo serlo. «Yo era la típica persona truyéndose entre los dos.
Zelig —dice Jorge, en referencia a una conocida pelí-
cula de Woody Allen en la que el personaje principal La presencia del analista en su función, con interven-
es descrito como el hombre camaleón—, sobre todo ciones, interpretaciones y construcciones
en mi adolescencia; era tanta mi necesidad de ser
aceptado por los demás que podía pasar de ser un hi- históricas de los momentos de la vida donde todavía
ppie pacífico por la mañana a casi un barrabrava —un no había palabras, hace que el analizante hable.
hincha de fútbol violento— por la tarde, con tal de ser
parte del grupo con el que estaba. Era eso o ser invi- Pero no es cualquier hablar.

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Es el poner palabras al sufrimiento, los síntomas, las a Giuliana M., cuando esperó pacientemente a que
pérdidas, los traumas. su terapeuta se conectara a la sesión virtual y este no
apareció una vez, dos veces...
Al amor y el desamor.
Como dijo el pediatra, psiquiatra y psicoanalista Do-
En ese espacio el analista, desde el lugar del otro, co- nald W. Winnicott (Reino Unido, 1896-1971) en sus
mienza a sentir su inconsciente que está estructurado conferencias clínicas: «La salud se basa en la expe-
como un lenguaje. riencia repetida de ser desilusionado en dosis sopor-
tables».
Así el psicoanalista ayuda y direcciona a cada uno de
sus analizantes a bordear esa verdad que lo constitu- Sin decepción no hay madurez emocional.
ye, que lo hace único, singular e irrepetible como suje-
to de su propio deseo». Sin haber sentido dolor sería imposible reconocer los
momentos de bienestar.

Necesitamos, entonces, recapitular.


— Desencuentro —
Paciencia, espera.
A veces, sin embargo, nada de lo relatado hasta arriba
funciona, encaja, sana. Escucha, empatía.

A veces no hay paciencia ni escucha ni se construye la Verdad, autenticidad.


confianza.
Decepción, frustración.
Este artículo no desea pecar de ingenuo: ni todas las
terapias son útiles a todos, ni todos los pacientes en- Y por fin caen todas las fichas, se construye el gran
cuentran el terapeuta indicado, ni todos los terapeu- edificio de la relación entre el buen terapeuta y el pa-
tas, por el solo hecho de realizar los estudios necesa- ciente que podemos ser, y le permitimos cerrar esta
rios, resultan competentes. nota a J. D. Nasio con una frase de su libro ¿Cómo ac-
tuar con un adolescente difícil?:
A veces ese contrato sin firma entre escucha y palabra
se rompe. «Ser maduro es haber adquirido una nueva manera de
amar al otro y de amarse a sí mismo».
Le sucedió a Claudia F., cuando una terapeuta sacada
de quicio la echó de su sagrado consultorio psicoana- Y si bien parecería que todo el tiempo estuvimos ocu-
lítico porque había hecho un comentario sobre la te- pándonos de la terapia, en verdad siempre hemos es-
rapia cognitivo-conductual. tado hablando de la vida.

Le sucedió a Laura R., cuando el terapeuta, frente a la


angustia por su situación económica, comenzó a darle
consejos de inversión.

Le sucedió a Marco G., cuando su terapeuta, de un


día a otro, le dijo que ya no tenía horarios para él. Y

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Nicole Kidman en Eyes Wide Shut, 1999.
Fotografía: Warner Bros. / Stanley Kubrick
Productions / Hobby Films / Pole Star.
Imagen de portada:
Maggie Cheung y Tony Leung Chiu-wai
en Fa yeung nin wah (In the Mood for
Love), 2000. Fotografía: Jet Tone
Production / Block 2 Pictures / Paradis Films.

Primera edición: diciembre 2025 Editor: Edición:


Ángel L. Fernández Jot Down
© 2025, Todos los derechos reservados
© 2025, WabiSabi Investments, S.C. Dirección editorial: Distribución en España:
[Link] Rubén Díaz Caviedes Soidem / Azeta
Barcelona / Sevilla / Rosario
Coordinación en Argentina: Distribución en Argentina:
ISSN: 2254-5913 Andrea Calamari Big Sur
Depósito Legal: SE 3223-2012
Diseño original:
Tau Diseño

Publicidad:
Raquel Torres O'Valle

Corrección:
Ricardo Jonás G.

Esta edición ha sido publicada con ayuda de la Consejería


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«Un libro cautivador. [...] Más terroríficamente apasionante
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«The Bear no existiría sin Confesiones de un chef». Vogue

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