PARTE1
PARTE1
Paseando por el cabo de Sagres, en Portugal, en el suroeste de la península ibérica, mi hijo reparó en una
libélula que yo había pasado por alto. Estaba posada sobre una planta. Lo normal habría sido interpretar ese
momento como un evento meramente fortuito, puro azar, pero el filósofo Carl Gustav Jung, discípulo de Freud,
lo habría definido como una “sincronicidad”: la libélula apareció en ese momento específico de mi vida como
un evento cargado de significado: para invitarme a la reflexión sobre la necesidad de vivir el presente. Intento
explicarlo. Días después de aquel encuentro, comencé a investigar sobre la vida de las libélulas. Lo cierto es
que, a lo largo de los siglos, muchas culturas las han incluido en su imaginario simbólico: en el budismo japonés
y zen, representan el coraje, la victoria y la ligereza del ser. Los samuráis los consideraban insectos invencibles,
siempre moviéndose hacia adelante y nunca retrocediendo. En el sintoísmo japonés se consideran mensajeras de
los kami (espíritus). Uno de los nombres de Japón en el pasado, de hecho, fue Akitsu-shima, que significa “Isla
de la libélula”. En el país del sol naciente, las libélulas se asocian al renacimiento, al cambio de las estaciones y,
en concreto, al otoño. En China, en cambio, representan el verano. En el Feng Shui simbolizan la felicidad y los
nuevos comienzos. En algunas culturas nativas americanas el insecto también está cargado de simbolismo y es
venerado por su capacidad de transformación y adaptación, en cambio, en el folclore sueco se le tenía cierta
aversión. Allí le llamaban el “acerico del diablo”, ya que su cuerpo recordaba al de una báscula con la que el
diablo pesaría el alma de las personas. Estos insectos, también llamados anisópteros, me fueron atrapando poco
a poco y comencé a investigar más. Atraviesan tres etapas a lo largo de su vida, que suele durar entre dos y seis
años: la primera transcurre dentro del huevo, hasta su eclosión. La segunda es la fase de ninfa acuática, durante
la cual respiran mediante branquias internas y se alimentan de pequeños invertebrados, renacuajos e incluso
peces diminutos. La última etapa, la más breve (de unas pocas semanas a varios meses), es la del insecto adulto
alado que conocemos. Se produce tras numerosas mudas, entre 8 y 15 en función de la especie. Son insectos
sorprendentes, más allá de su iridiscencia y colorido: son excelentes voladoras, capaces de desplazarse en
cualquier dirección y de mantenerse suspendidas en el aire. Algunas especies alcanzan velocidades cercanas a
los 50 km/h. Sus alas baten de forma independiente, unas 30 veces por segundo, mientras que otros insectos,
como los mosquitos, necesitan hacerlo unas 600 veces por segundo. Poseen ojos compuestos con unas 30.000
facetas, que les permiten tener una visión casi completa de 360º. De su vida se desprende, pues, una enseñanza
metafórica, que es con lo que yo me quedo: vivir es cambiar, dejar atrás viejas formas de pensar o de actuar,
para alcanzar nuestro propio yo. Hemos de aprovechar el presente, como el insecto que, al desplegar sus alas, es
consciente de que el tiempo que le queda es breve y lo vive intensamente, como una última oportunidad. Si se
nos presenta una ocasión interesante, debemos aprovecharla, pues quizá no se repita nunca más. Aceptemos los
cambios, abrazando cada día como si fuera único. Y ese, como digo, fue el mensaje que me llevé de aquella
libélula, cuyo aleteo desató un huracán en mí, ya que tras esta reflexión llegaron muchas otras.
Una libélula (Odonata Anisoptera) reposa sobre una planta en el cabo de Sagres, en el suroeste de Portugal.
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Día 2 – Memento Mori (recuerda que morirás)
En Faro, capital del Algarve portugués, se encuentra la célebre Capela dos Ossos (Capilla de los Huesos),
construida en el siglo XIX (1816) con más de mil esqueletos de monjes carmelitas exhumados de un cementerio
aledaño para ganar espacio, que constituyen un recordatorio visual de que la muerte es nuestro destino común.
La capilla conecta con el mensaje de todos esos artistas y literatos: la brevedad de la vida y la inevitabilidad de
la muerte, invitando a vivirla con plenitud y con un propósito. En el dintel de la puerta puede leerse el texto:
“Pára aqui a meditar, que a este estado hás-de-chegar”. Al acceder a la capilla, el visitante queda
completamente sumergido en un entorno macabro, inundado de muerte. La fuerza del simbolismo de la capilla
es sobrecogedora y no deja a nadie indiferente.
El mensaje “Memento Mori” (“Recuerda que algún día morirás”) ha marcado la mentalidad del hombre
occidental desde antiguo. Horacio apelaba en sus odas a aprovechar el día (“Carpe diem, quam minimum
credula postero”) y Séneca también reflexionaba sobre lo efímero de la vida en su De brevitate vitae. En la
Antigua Roma, cuando algún general desfilaba victorioso por las calles de la capital del imperio, se decía que un
esclavo le susurraba al oído: “Respice post te! Hominem te esse memento” (“¡Mira tras de ti!. Recuerda que solo
eres un hombre”), y que para muchos podría constituir el origen de la célebre expresión latina. Muchos monjes
se saludaban con un “Frater, memento mori”, para recordarse la inevitabilidad de la muerte. En el siglo XIV,
especialmente durante las epidemias y hambrunas, se popularizaron numerosas pinturas, murales y manuscritos
que hacían referencia a la danza de la muerte, guiando a personas vivas de toda condición y clase, lo mismo
campesinos que nobles, hacia algún lugar en el que su rasero se igualaba inevitablemente. San Agustín, Erasmo,
Quevedo y otros autores hicieron también sus reflexiones sobre la muerte en sus obras. En el evangelio de San
Mateo también hay una referencia a la a veces inesperada llegada de la muerte en la parábola de las diez
Vírgenes (Mateo 25:13): “Velad, pues, porque no sabéis el día ni la hora”.
Otras culturas también han abordado el tema: en el hinduismo, los Upanishads y el Bhagavad Gītā hacen
referencia a la impermanencia del cuerpo y la inevitabilidad de la muerte, que no un final, sino un paso
necesario en el ciclo del samsāra. En el budismo se practica el Maraṇasati (“atención plena a la muerte”) y quien
medita piensa en frases como: “La muerte es segura, el momento de la muerte es incierto”, con el objetivo de
cultivar el desapego y una vida más consciente del presente. El Corán también hace referencia a la certidumbre
de la muerte (el Dhikr al-mawt) y a la necesidad de estar preparados para el Juicio final. Su Profeta, Mahoma,
también pronunció en uno de sus dichos (o Hadith): “Recordad a menudo al destructor de placeres: la muerte”.
Y esa es la reflexión: la muerte es segura, aunque el momento en que se produzca podrá ser inesperado, pero en
ningún caso deberá paralizarnos ese miedo a la muerte, sino espabilarnos para vivir la vida con más plenitud.
Los huesos de la Capela dos Ossos (Faro) colocados en una estampa macabra invitan a reflexionar sobre la mortalidad.
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Día 3 – Hormigas: la grandeza de lo diminuto
Las hormigas, aunque pequeñas y frágiles, son criaturas sabias y sorprendentes: presentan un cerebro
excepcionalmente grande y complejo en proporción a su tamaño, son capaces de cargar hasta cincuenta veces su
propio peso y treinta veces el volumen de su propio cuerpo. Pueden comunicarse a través de feromonas, con un
vocabulario de unas pocas palabras que les permiten expresar ideas como “Peligro”, “Reina” o “Comer”.
Pueden flotar o nadar y hay registros de hormigas que usan hojas como balsas para trasladarse sobre el agua.
Las hormigas enfermas o las más ancianas asumen las tareas más arriesgadas dentro de la colonia, conscientes
de que el tiempo que les queda es menor que al resto. Y así, cada hormiga adopta un rol o tarea dentro de la
colonia: cuidar larvas, buscar comida, proteger o defender a la reina, rescatar hormigas malheridas (aunque solo
lo hacen si sus posibilidades de supervivencia son altas), recoger residuos de la colonia, etc. En general todas las
hormigas son hembras estériles, a excepción de la reina. Los machos o zánganos tienen alas y su función no es
otra que la de fecundar a la reina durante el vuelo nupcial. Esta puede llegar a vivir 10 o 15 años, aunque en
algunas especies han logrado vivir casi el doble de ese tiempo en ambientes controlados. Las obreras pueden
vivir entre uno y tres años, pero los zánganos presentan una vida mucho más corta, de apenas algunas semanas o
unos pocos meses.
Estos peculiares insectos, considerados “superorganismos” por algunos expertos, han impresionado a la
humanidad desde la antigüedad. La Biblia incluye varias referencias en Proverbios, al respecto de la capacidad
del diminuto insecto y a la sabia lección que podemos aprender de ellos: “Tú, holgazán, aprende una lección de
las hormigas. ¡Aprende de lo que hacen y hazte sabio!”. En otro pasaje del mismo libro se dice también que:
"Las hormigas no son fuertes, pero almacenan su alimento todo el verano" (Proverbios 30:25). Esopo nos
aleccionaba con una de sus fábulas sobre la constancia, el trabajo, la previsión y la disciplina de las hormigas,
frente a la pereza y la burla de la cigarra. También Aristóteles citaba a las hormigas en varios de sus libros,
como el Historia Animalum, y reconoció su capacidad de organización. Dicha colaboración tribal va mucho más
allá que la de otros insectos, comportándose casi como un solo organismo: se protegen mutuamente, eligen la
ubicación del hormiguero de forma colectiva y expulsan a los miembros de otros clanes de su territorio, que son
atacados y eliminados una vez reconocidos como “okupas” de su colonia.
En definitiva, las hormigas nos enseñan que la humildad, la constancia y la entrega demuestra que lo pequeño
no es sinónimo de insignificante, además de la importancia del trabajo en equipo, sobre el que volveremos a
reflexionar cuando hablemos de los castellers.
Una diminuta hormiga carga con una pipa de girasol a lo largo de una empinada acera en Arganda del Rey (Madrid).
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Día 4 – Ikigai
El ikigai es un concepto filosófico japonés que se puede traducir por ‘aquello por lo que vale la pena vivir’ o
‘la razón de ser’, un poco en la línea de la búsqueda del propósito de vida del que hablaremos más adelante. El
término procede de la unión de dos vocablos: iki (vida) y gai (valor o propósito). En la cultura japonesa se
piensa que todos tenemos un ikigai, pero encontrarlo exige realizar una búsqueda introspectiva en nosotros
mismos. En esa reflexión puede ayudar la respuesta a cuatro preguntas clave:
En occidente este concepto se ha relacionado más con el trabajo, aunque en japón el ikigai se encuentra en las
pequeñas cosas diarias, ya sea disfrutando de una taza caliente de café o ayudando al prójimo con alguna
actividad. A menudo está ligado a sentirse útil, cultivar la gratitud, hacer cosas que nos motiven y estar
conectado con la familia o el grupo. En la isla de Okinawa, famosa por la longevidad y vitalidad de sus
habitantes, se cree que tener un ikigai es crucial para mantener la salud mental y física, especialmente a medida
que envejecemos. El esquema de la parte inferior muestra dónde debemos ubicar la respuesta a las preguntas
antes planteadas. En el centro del esquema estamos nosotros, que dedicamos nuestras vidas, especialmente en el
ámbito profesional, a actividades en las que somos buenos y el mundo necesita, pero que además nos gustan y
nos pagan por ello. Esto no siempre se cumple: un gerente de un banco, por ejemplo, puede ganar mucho dinero
y ser la mejor en su trabajo, pero podría no amar lo que hace, y a lo mejor tampoco el mundo lo necesita (o eso
puede pensar él). Esa persona estaría, pues, lejos de su ikigai. Tiene dinero, pero podría sentirse vacío en su
interior que podría llevarle, antes o después, a un cambio profesional.
En resumen, el ikigai no consiste en encontrar nuestro trabajo ideal, sino que es más bien una combinación de
pequeñas razones que hacen que la vida valga la pena. Puede ser pintar una acuarela, escribir un libro, criar a
nuestros hijos, cuidar el jardín, ayudar a otros... No existe una respuesta correcta ni muchas respuestas correctas.
El propósito de nuestra vida será lo que creamos para nosotros mismos. Nuestro objetivo debería ser acercarnos
a la intersección de esas cuatro áreas, algo que puede llevarnos años o incluso décadas. Eso no es
necesariamente malo. Pensemos en Buda, que renunció a su vida de príncipe a los 29 años y no alcanzó la
iluminación hasta los 35. Transcurrieron aproximadamente seis años de intensa búsqueda y práctica hasta que
encontró su propósito. La cuestión es: ¿Qué sacrificio o esfuerzo estaríamos dispuestos a hacer para encontrar
nuestro ikigai?
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Día 5 – En los confines de lo diminuto
Ayer mi hijo, de once años, me preguntó sobre los átomos y la estructura de la materia. ¿Cómo explicarle que
no somos nada? ¡El 99,9% de los átomos que forman la materia están vacíos!. Si tuvieran el tamaño de un
campo de fútbol el núcleo tendría un tamaño equivalente al de una pelota de tenis, en el centro del campo,
mientras los electrones, orbitarían alrededor. Pero hoy sabemos que no lo hacen como los planetas en el Sistema
Solar, alrededor del Sol, sino de una forma difusa. Fue el alemán Werner Heisenberg quien nos enseñó, con su
principio de incertidumbre, que era imposible conocer simultáneamente y con exactitud la posición de una
partícula y su velocidad. Por eso decimos que los electrones están como en una nube probabilística, cargada
negativamente, y no en órbitas fijas. Entonces, uno podría pensar que, al caminar, estaríamos flotando en esas
“burbujas atómicas”. Lo que sucede en realidad es que entre los átomos existe una fuerza electromagnética de
repulsión: los electrones de los átomos de la suela de nuestros zapatos se repelen con los electrones de los
átomos del suelo. De hecho, nunca llegamos a tocar nada del todo, al existir siempre una diminuta distancia
creada por esa fuerza de repulsión. Parece magia, ¿verdad? Y, sin embargo, nosotros no somos más que polvo de
estrellas, de un Universo que ya tiene 13.800 millones de años. La Tierra se formó hace unos 4.500 millones, y
apenas hace poco más de 4 millones de años que el Australopithecus, el primer homínido, empezó a caminar
erguido por África. Estamos formados con los mismos átomos que las estrellas: carbono, oxígeno, hierro…
forjados en el interior de estrellas que murieron tras explotar como supernovas. Y hoy, como humanos con
conciencia, podemos contemplar el Universo al mirar a las estrellas, como si el cosmos se mirara a sí mismo.
La naturaleza cuántica es realmente extraña y muchas veces se escapa a nuestro entendimiento. El físico
austríaco Erwin Schrödinger abundó en el principio de Heisenberg con un conocido experimento mental: como
no podemos saber simuláneamente la posición y la velocidad de un electrón (solo una probabilidad de dónde
puede estar, “más o menos por aquí” o “más o menos así de rápido”), Schrödinger imaginó un gato encerrado en
una caja con un mecanismo mortal, activado por la desintegración de un átomo radiactivo. Según la teoría
cuántica, mientras no abramos la caja, el gato estaría simultáneamente vivo y muerto, en una superposición de
estados. No podemos predecir si un átomo radiactivo se desintegrará o no, ya que esa desintegración es aleatoria
y no hay manera de predecirla con certeza, solo podemos decir que hay un % de posibilidades de que suceda, su
probabilidad. Es como si tuviésemos una caja con una luz roja y azul simultáneamente: al abrirla veremos solo
un color, pero mientras esté cerrada la luz es, a la vez, ambas cosas. Es como si el Universo nos dijera: no te diré
lo que sucede ahí dentro hasta que lo observes. Cierta tarde, paseando por el barrio de camino al parque, con los
niños, nos cruzamos con un gato, resguardado en una caja de cartón, junto a los contenedores de basura. Capturé
una foto de aquel instante, que he recordado al escribir este breve artículo y que comparto bajo estas líneas.
Un gato se resguarda en una caja de cartón, junto a unos contenedores de basura (Arganda del Rey)
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Día 6 – Expectativas
Los humanos a menudo tendemos a creamos grandes expectativas en nuestro día a día. Vamos al cine
esperando ver un peliculón y muchas veces salimos decepcionados aunque la película fuera “tan solo”
entretenida, viajamos a otro país pensando que será un viaje perfecto, pero nos frustramos cuando algo no sale
según lo planeado, empezamos un nuevo trabajo pensando que será motivador y estimulante, para descubrir
después que está lleno de rutinas… Podríamos escribir muchos más ejemplos. Cada expectativa nos genera
episodios de malestar o frustración. Por tanto, parece razonable pensar que tenemos que cambiar el enfoque: si
no tenemos expectativas, no puede ocurrirnos nada que pueda ser contrario a unas expectativas que no existen.
Será difícil que lo que suceda en el futuro pueda decepcionarnos y seguramente podamos sacar partido o ver el
lado positivo en lo que nos pueda suceder. En su libro Los diez secretos de la abundante felicidad, Adam J.
Jackson reflexiona sobre la importancia que tiene la actitud ante la vida en nuestra propia felicidad. Si bien el
autor reivindica la necesidad de esperar lo mejor siempre, para atraer cosas positivas (algo que va un poco en
contra de lo que estamos comentando), es interesante recuperar la reflexión a la que alude tras vivir un evento
frustrante o inesperado. El autor plantea hacernos tres preguntas: ¿Qué tiene de bueno esta situación (o qué
podría tener de bueno)? ¿Qué es lo que todavía no es perfecto? y ¿Qué puedo hacer para remediar esta situación
pasándolo bien mientras tanto? Seguro que siempre encontramos algún punto positivo, y si no lo encontramos,
busquémoslo. Son nuestros pensamientos los que nos condicionan. Cuando tengamos la sensación de que un
pensamiento negativo se hace con el control de nuestra mente, rechacémoslo de inmediato, pues somos nosotros
quienes generamos los pensamientos, no ellos. Kurt Tepperwein escribía en Nuevos caminos hacia la felicidad:
“Enfoque las cosas desde otro punto de vista. Piense de otra manera. Piense de nuevo. Piense de una forma
constructiva y positiva. Con toda certeza, quedará sorprendido de la gran cantidad de perspectivas existentes si
se propone de una sola vez deshacerse de las viejas pautas. [...] Todo es desestimado con el lema “Eso no
saldrá bien”. Y lleva razón. Con semejante actitud, no puede usted ver bien las cosas: la obra de teatro no le
gusta, el viaje no le satisface y la amistad se deteriora. Pero todo ello está en sus manos. También para verlo de
otra manera”. Los estoicos también abordaron la idea de no crearnos expectativas o de preocuparnos por el
futuro ni anticipar acontecimientos. Marco Aurelio escribió: “No dejes que el futuro te perturbe. Lo enfrentarás,
si llega, con las mismas armas de la razón que hoy te protegen contra el presente”. Sanchez Dragó escribió en
su código de conducta: “Nunca te plantees problemas antes de que ellos se planteen. A partir del preciso
instante en el que nos planteamos un problema, el problema existe. El sueño de la aprensión produce
monstruos. No les des cuerda”.
A veces, nuestras expectativas no coinciden con la realidad (esperas barritas energéticas y te sirven torreznos)
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Día 7 – No hay lugar como el hogar
“There’s no place like home” (no hay lugar como el hogar). Eran las palabras que Dorothy pronunciaba en el
mundo de Oz para regresar a su hogar en Kansas mientras golpeaba sus talones con los chapines mágicos en la
archiconocida película El mago de Oz, basada en la novela de L. Frank Baum (aunque en el film cambiaron los
chapines de plata del libro por unos con rubíes de color rojo, que ganaban mucha fuerza en el Technicolor de la
época). Y esa frase de Dorothy tiene mucho sentido, porque no hay sensación más placentera que regresar a tu
casa tras realizar un largo viaje. Ya lo escribió el irlandés George Moore: “Un hombre viaja por el mundo en
busca de lo que necesita y vuelve a casa para encontrarlo”. El hogar es donde el alma descansa y el corazón
encuentra su paz. ¿No les parece injusto que un lugar como el hogar esté cada vez al alcance de menos
ciudadanos? Nuestra Constitución establece que “Todos los españoles tienen derecho a disfrutar de una
vivienda digna y adecuada. Los poderes públicos promoverán las condiciones necesarias y establecerán las
normas pertinentes para hacer efectivo este derecho, regulando la utilización del suelo de acuerdo con el
interés general para impedir la especulación. La comunidad participará en las plusvalías que genere la acción
urbanística de los entes públicos”. ¿Cómo es posible que en medio siglo de democracia hayamos llegado donde
hemos llegado? A un mundo en el que en las grandes ciudades se alquilan viviendas a turistas mientras los
propios ciudadanos, que cada día se levantan y mueven la ciudad, se ven expelidos a kilómetros del centro (la
mayoría por obligación), en la periferia de las ciudades, lidiando el resto de su vida con atascos, transporte
público eterno o la conciliación con sus familias e hijos? ¿Nos extraña entonces que España atraviese un
invierno demográfico y que no tengamos mano de obra suficiente para cubrir las necesidades de nuestro país
como motor? Y todo por beneficiar a las élites de grandes tenedores, y no tan grandes, que siguen amasando y
comprando más y más viviendas. El hombre es un depredador nato. Ya lo decía Plauto, y luego Hobbes: “El
hombre es lobo para el hombre”. Y en la Biblia también se advierte: “¡Ay de los que juntan casa con casa, y
añaden campo a campo hasta que no queda sitio alguno, para así habitar ustedes solos en medio de la tierra!”
(Isaías 5:8). El anarquista francés Pierre-Joseph Proudhon criticaba en su Théorie de la propriété a aquellos que
obtenían ingresos del trabajo de otros, sin trabajar ellos mismos. Es obvio que algo no funciona en nuestra
sociedad, y que hay intereses muy por encima de la clase política, que van en contra de los de los ciudadanos de
bien. Este es uno de los temas con el que estoy más sensibilizado. Durante mi etapa laboral en Londres me
chocaba mucho ver mendigos en la gran metrópoli, como el que aparece en la fotografía bajo estas líneas, y
cuyo rostro, afortunadamente, no puede verse.
A pesar de la riqueza de la capital británica, no es raro cruzarse con mendigos incluso en calles céntricas de Londres.
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Día 8 – Colecciona momentos
Hace algún tiempo leí que tendemos a recordar mejor los momentos que llevan asociado un vínculo emocional.
Nuestro cerebro los graba mejor que el resto, más rutinarios. Y es que, si lo pensamos bien, todos los recuerdos
que vamos acumulando a lo largo del tiempo van vinculados a momentos, algunos especiales, otros no tanto,
pero al fin y al cabo instantes en los que vivimos, oímos o sentimos algo. Al final no somos capaces de recordar
con tanta facilidad un mes o un año específico, pero sí lo que hicimos aquel año, por pura asociación con alguna
emoción. Esto lleva a pensar en una obviedad: si quisiéramos sacar el máximo partido a nuestra vida,
deberíamos obtener el máximo de cada momento, acumulando momentos mágicos, tantos como podamos.
Mientras escribo esto me viene a la cabeza la mítica frase de John Lennon. Algo así como que “...la vida es todo
aquello que te sucede cuando estás ocupado haciendo otros planes”. Paulo Coelho reflexionó sobre este asunto
de una forma más poética: “Un día despertarás y descubrirás que no tienes más tiempo para hacer lo que
soñabas. El momento es ahora. Actúa”. Y Gabriel García Márquez coincidió en vincular nuestras experiencias a
aquello que fuésemos capaces de recordar: “La vida no es lo que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la
recuerda para contarla”. Y un spot de televisión de una conocida marca de carburante nos bombardeó durante
semanas con un mensaje en la misma línea: “Tú eres todos los kilómetros que has recorrido, eres cada una de
las personas que has conocido. Tú eres los atardeceres que has visto, todos los lugares en los que has
amanecido. Cada sabor, cada olor, cada alto en el camino. Eres cada huida y cada reencuentro, todos los mares
en los que te has bañado, todos los caminos que has tomado, cada cerro, cada valle, cada río. Tú eres lo que
has visto y lo que has vivido”.
Y aunque la vida no nos sonría en un determinado momento, aunque no sea todo lo buena que quisiéramos, es
todo lo que tenemos en este instante. El aprendiz de sabio solo desea lo que ya tiene, y así tiene cuanto desea.
Adam J. Jackson nos explica en su libro Los diez secretos de la abundante felicidad que: “Si queremos ser
felices, debemos aprender a apreciar lo que tenemos, y todo lo que tenemos está aquí y ahora. Las decisiones de
hoy son las realidades del mañana. […] Recuerda que cada nuevo día es un nuevo comienzo. Una nueva vida”.
Siendo adolescentes nos mandaron memorizar un poema de Shakespeare que empezaba así: “All the world is a
stage, and all the men an women merely players…”, así que ya saben: sigan actuando en el teatro de la vida,
atesorando momentos y viviendo el presente como si fuera el último día de nuestras vidas.
Una cabra come de un matorral entre las rocas de Cala Turqueta, ajena a los turistas cercanos (Menorca)
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Día 9 – ¿Arte o barbarie?
Todos los años, cuando llegan las fiestas de nuestra ciudad, siguiendo la tradición, se levanta una enorme plaza
de toros portátil y se realizan encierros, recortes y corridas de toros. Puedo entender que las tradiciones de los
pueblos se quieran mantener, pero no cuando chocan con principios fundamentales, que algunos quieren
disfrazar de arte, expresión artística o símbolo de la identidad española. En mi opinión, sentirse español va
mucho más allá de maltratar a un animal en una plaza. Sin entrar en conflictos, pues no seré yo el que trate de
convencer a las gentes de si sus costumbres son bárbaras o civilizadas, me limito a tomar fotografías del paisaje
urbano durante las fiestas y a denunciar lo que, a mi juicio, no tiene justificación alguna: un espectáculo basado
en el sufrimiento de un animal, en el que el toro muere tras sufrir una serie de heridas durante una suerte de
ritual engalanado con música y jolgorio, pero que estresa de principio a fin al animal. Es la opinión de una
persona que lo ha vivido desde niño, en el seno de una familia cuyo abuelo no se perdía una corrida de toros
televisada a través del conocido programa “Tendido cero”. Sin embargo, el cambio generacional, primero mis
padres y luego nuestra generación, perdimos todo el interés por la llamada “fiesta nacional”. La imagen
internacional que proyectamos con esta fiesta es bien negativa, ya que se ha convertido en un estereotipo de la
cultura española y desde fuera se ve como una obsolescencia cultural injustificable en pleno siglo XXI. El
tiempo dirá si el interés de las nuevas generaciones buscará otras formas de ocio y diversión que no requieran
del sacrificio de un animal, o si seguirán disfrutando de la fiesta nacional de esa manera. Independientemente de
lo que suceda, la tauromaquia seguirá siendo un icono nacional, como el flamenco (o los Gladiadores en la
Antigua Roma), pero no nos hará sentirnos menos españoles si desaparece.
Para pensar un poco: Gandhi dijo que “la grandeza de una nación y su progreso moral pueden ser juzgados
por la forma en que se trata a sus animales” y Da Vinci afirmó que “Llegará un día en que los hombres verán el
asesinato de un animal como ahora ven el de un hombre”. Muchos filósofos también emitieron juicios sobre el
respeto animal. Schopenhauer dijo que: “La compasión por los animales esta íntimamente asociada con la
bondad del carácter y puede ser afirmado que el que es cruel con los animales no puede ser un buen hombre” y
el británico Jeremy Bentham equiparaba el derecho a la vida de un animal con el de una persona con el siguiente
discurso: “...pero un caballo o un perro adulto es, más allá de toda comparación, un animal más racional, y con
el cual es más posible comunicarse, que un niño de un día, de una semana, e incluso de un mes. Y aun
suponiendo que fuese de otra manera, ¿qué significaría esto? La cuestión no es si pueden razonar, o si pueden
hablar, sino: ¿Pueden sufrir?”.
En la imagen, un toro es enganchado a una grúa que lo llevará al matadero (Arganda del Rey, Madrid)
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Día 10 – ¿Qué fue antes, el huevo o la gallina?
En el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe, dentro de la Ciutat de les Arts i les Ciències de Valencia, era
posible, al menos hace unas décadas, ver a un ave romper un huevo y salir a la luz. Había una incubadora con
muchos huevos que iban abriéndose poco a poco, tal como se muestra en la imagen bajo estas líneas. La
situación invitaba a pensar en la famosa pregunta que la humanidad se ha hecho durante siglos: “¿Qué fue antes,
el huevo o la gallina?”, una paradoja infinita, ya que toda gallina tuvo que nacer de un huevo, pero el huevo
tuvo que ponerlo, obviamente, una gallina. Muchos filósofos se cuestionaron esa misma pregunta. Aristóteles,
por ejemplo, pensaba que fue primero la gallina, ya que el acto precede a lo potencial (el huevo), al igual que el
hombre es anterior al esperma (“no el hombre nacido de ese esperma, sino otro del cual procede ese esperma”).
Siglos después, Stephen Hawking y Christopher Langan concluyeron que fue primero el huevo que la gallina, y
tenían razón, ya que, si bien un huevo tuvo que ser engendrado por un ave, no fue precisamente una gallina la
que lo puso, sino una especie muy similar; llamémosla proto-gallina. Dicho huevo tuvo una mutación genética
que dio lugar a la primera gallina, que a su vez puso huevos de los que, finalmente, nacieron nuevas gallinas.
Pero la naturaleza se tomó su tiempo en el contexto de la evolución, y estos pequeños cambios se van gestando
poco a poco. Antes de las aves, los dinosaurios también fueron ovíparos, y algunos tuvieron también alas, picos
y plumas, por lo que, en la cadena evolutiva de la gallina, tuvo que tener algún pariente lejano como el
Archaeopteryx. Aclarado el misterio, aún se pueden extraer algunas moralejas con la paradoja del huevo y la
gallina: aunque la evolución tenga su ritmo, a veces, pequeños cambios diminutos, dan lugar algo nuevo. Una
minúscula mutación terminó dando lugar a una gallina. Llevado a nuestro día a día podemos extraer una
moraleja también: los pequeños gestos pueden dar a cambios importantes. Lao-Tsé dijo que “un viaje de mil
millas comienza con un solo paso”. En 1955, en Montgomery (Alabama), Rosa Parks, una mujer de color, se
negó a ceder su asiento en el autobús a un hombre blanco y se quedó sentada. En aquel momento los autobuses
estaban señalizados con el texto: “Los blancos delante y los negros detrás”. Aquel gesto fue el detonante del
movimiento por la lucha de los derechos civiles en los Estados Unidos. Fue arrestada y, como respuesta, Martin
Luther King lideró una protesta ciudadana que llevó a los ciudadanos de color a unirse y a dejar de utilizar el
autobús hasta no poder sentarse en cualquier asiento. Tras más de un año de protestas, los autobuses empezaron
a tener déficit, no salían las cuentas, y llevó a las autoridades de transporte público a claudicar, eliminando la
normativa de segregación racial en los autobuses. Después de aquella protesta llegaron muchas otras. Lo
importante es que aquel pequeño gesto de Rosa Parks fue la chispa que desató el incendio que cambio la
sociedad norteamericana de entonces. Y hablando de chispas, el escritor florentino Dante Aligheri formuló hace
ocho siglos una frase íntimamente relacionada con esto: “A una pequeña chispa le sigue una gran llama”.
La vida se abre camino en una incubadora con huevos de gallina en el Museo de las Ciencias Príncipe Felipe.
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Día 11 – La inesperada resistencia de una pompa
A medida que uno va cumpliendo años, pierde la capacidad de sorprenderse y, sin embargo, a mis cuarenta y
tantos, me asombré al ver que algunas de las pompas de jabón que mis hijos creaban distraídamente en un
parque del barrio, lograban resistir el embiste del césped al tocar el suelo. ¿Cuál era esa magia? Las condiciones
ambientales, la mezcla del jabón, la suavidad de la superficie de las hojas o la humedad del césped, además de
la velocidad de caída de la pompa, influyen, para bien o para mal, en el casi inevitable destino de la pompa de
jabón. La escena, que pude capturar con una instantánea, nos invita a recapacitar sobre la belleza y la fragilidad
de la vida humana. La idea no es nueva, ya que algunos escritores clásicos como Marco Terencio Varrón,
Petronio o Luciano de Samósata ya utilizaron la misma metáfora, también referenciada por Marco Tulio Cicerón
en su obra De Senectute. Posteriormente, a finales del siglo XV y comienzos del siglo XVI, una corriente
humanista en el norte de Europa recuperó la idea, acuñando la frase “Homo bulla est”, que venía a comparar la
vida humana con una burbuja o pompa. El símil se popularizó principalmente gracias a Erasmo de Rotterdam,
que la incluyó en sus Adagia. También Joan Manuel Serrat creó un tema musical, “Proverbios y cantares”, a
partir de la letra de un poema de Antonio Machado. En el tercer capítulo de su poemario, Campos de Castilla, el
escritor andaluz hacía una metáfora con las pompas de jabón: “Nunca perseguí la gloria ni dejar en la memoria
de los hombres mi canción. Yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón”. Podría
tratarse de una metáfora de nuestros sueños e ilusiones, efímeros, delicados, como las pompas de jabón o quizá
a los pensamientos efímeros que el propio escritor tenía sobre ideas trascendentales, buscando en la poesía una
vía de escape. Esa soledad en la que se refugiaba Machado sería como una burbuja, perfecta y brillante, pero
efímera, quebradiza y volátil.
Y esas pompas de jabón, que a veces no se rompen, también pueden representar lo opuesto: la resiliencia, la
capacidad de resistir durante la tormenta, aceptando lo inevitable. Situaciones en las que cualquiera de nosotros
nos encontraremos antes o después a lo largo de nuestras vidas y que afrontaremos de diversas formas. Y esa es
la reflexión que yo hago en esta página. En su obra Esferas, Peter Sloterdijk también comparaba la condición
humana con unidades microsféricas, que denominó burbujas. Según el autor, los seres humanos no somos islas,
sino que creamos "burbujas" o espacios, unos compartidos y otros más íntimos. La pompa que no se rompe
podría ser una de estas "esferas" que, a pesar de sus limitaciones, consigue interactuar y dialogar con su entorno,
sin desintegrarse de forma inmediata.
Una pompa de jabón se posa suavemente entre la hierba sin romperse tras tocar el césped (Arganda del Rey, Madrid)
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Día 12 – En nuestra pequeña burbuja
Vivimos como peces, dentro de una pecera de cristal, ignorando lo que sucede de verdad ahí fuera. Algo
parecido al mito de la caverna de Platón. Podemos ver cómo nos cae el alimento, fruto de nuestro trabajo, con el
que también pagamos facturas, recibos, hipotecas, ocio… sumergidos en nuestro microcosmos, pero ajenos a las
manos que realmente mueven los hilos fuera de la pecera. Así es nuestra sociedad: la mayoría vivimos nuestras
vidas inmersos en nuestras rutinas, mientras las grandes corporaciones como Blackrock, JPMorgan o Vanguard
gestionan activos que suman más de 22 billones (con be) de dólares, cifras casi equiparables al PIB de los
Estados Unidos, y por encima del de países como China, Rusia o Japón. Y eso sin tener en cuenta las
participaciones en bolsa de estos gigantes. Mientras, nosotros, como inocentes pececitos, seguimos nadando en
nuestra pecera, pensando que controlamos nuestra realidad, pero percibiendo que cada vez nos queda menos
oxígeno aquí dentro. Cuesta más nadar en esa pecera, a pesar de que la ilusión de la libertad y de la democracia
es total. Pero por más que nademos, no podremos salir de esa pecera.
A las élites, que controlan los lobbies e influyen de manera directa en nuestra clase política, no les interesa
hacer políticas sociales, como las de creación de vivienda. Más bien les interesa que existan mercados estables y
rentables utilizando dichos bienes de primera necesidad para lograr sus fines. Su poder no está en las urnas, sino
en los mercados. Recientemente, en octubre de 2025, la Presidenta de la Comunidad de Madrid expresaba su
buena sintonía con Blackrock y sus políticas de inversión inmobiliaria en la capital, evidenciando una realidad
que la mayoría no quiere ver. Pero su gobierno es legítimo, respaldado por miles de madrileños, así que se ha de
aceptar lo que la mayoría quiere. Esta realidad que vivimos es independiente de la ideología. Sucede lo mismo
con otros partidos y en otros países, con líderes alineados con el Foro de Davos o el Foro Económico Mundial
(WEF), o en espacios vinculados a estos, como Emmanuel Macron (Francia), Giorgia Meloni (Italia), Justin
Trudeau (Canadá), Angela Merkel (Alamania) o Jacinda Ardern (Nueva Zelanda). Todos ellos han participado
en el Foro de Davos o en el Foro Económico Mundial (WEF), o en espacios vinculados a este último. De hecho,
Macron, Trudeau y Ardern fueron “Young Global Leaders” del WEF, una iniciativa de dicho foro para
seleccionar cada año a cien líderes menores de 40 años por sus habilidades políticas o empresariales. Muchos de
esos seleccionados terminan ocupando cargos de gran influencia global. El presidente de dicho foro, Klaus
Schwab, se enorgullecía de ello en una entrevista pública (“Merkel, Putin, Trudeau were WEF Young Global
Leaders’. What we are very proud of, is that we penetrate the global cabinets of countries with our World
Economic Forum Young Global Leaders"). ¿Y qué hacemos los peces? Pues seguir nadando, aunque algunos
intentamos rebelarnos, tratando de mirar qué se cuece a través del cristal. ¿Y ustedes? ¿Son felices en su pecera?
Un pez nada en su pecera, ajeno a lo que sucede fuera de ella (cerca del Monasterio de Rila, Bulgaria)
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Día 13 – El poder del trabajo en equipo
La primera vez que visitamos Tarragona llegamos con muchas ilusiones. Queríamos visitar el legado romano,
el parque de atracciones de Salou, sumergirnos en sus calles y sus gentes… entre el poble. Sin embargo, mi hijo
sufrió una infección en los ganglios que nos obligó a ingresarle y a tener que abandonar la ciudad en la que
apenas pudimos estar un par de días. Pero en esos días dio la casualidad (o la “sincronicidad”, que diría Jung) de
que eran fiestas y las colles locales rivalizaban para conseguir levantar el castell más alto. La primera vez que
uno contempla esta fiesta catalana no puede reprimir un sentimiento de emoción que roza el éxtasis,
especialmente en el momento en el que el enxaneta, un niño o una niña, asciende por las espaldas de sus
compañeros, apoyándose en sus hombros, hasta coronar la torre, durante unos segundos, antes de comenzar su
descenso. Todo un ejemplo del poder del trabajo en equipo.
Aristóteles ya reflexionaba sobre la naturaleza social del hombre: “El hombre es un ser social por naturaleza”,
y en su obra Política, concebía las Polis griegas (ciudades-estado) como los únicos lugares en los que el ser
humano podía vivir una vida plena. El símil con los castellers es obvio: cada casteller por sí solo no es nada,
solo tiene sentido en grupo. También Marco Aurelio, en sus Meditaciones, utilizaba la metáfora de la colmena
para referirse a la comunidad: “Lo que no es bueno para la colmena, no es bueno para la abeja”. Los castellers
serían, pues, como abejas: su único fin sería el de contribuir al bien del panal (el castell). El resultado final, la
torre, es el fruto de la perfecta colaboración del equipo. San Pablo comparaba en Corintios a la comunidad
cristiana como parte de un mismo cuerpo. Los miembros de ese cuerpo han de trabajar juntos, de acuerdo con el
papel que cada uno debe desempeñar, de manera que el cuerpo funcione correctamente. Varios capítulos de la
Regla de San Benito ponen de relieve la importancia de la obediencia y la solidaridad como virtudes clave para
la vida en comunidad -monástica, se entiende-. Incluso el francés Jean-Jacques Rousseau introdujo en su obra El
contrato social (1762) la idea de la “voluntad general”, no como la suma de las voluntades de cada individuo,
sino como una fuerza orientada al bien común, a la que los individuos tienen que plegarse, sacrificando sus
libertades e intereses personales en beneficio del grupo, como los castellers. En otras culturas, como el
hinduismo, hay también referencias a la cooperación, entre semidioses y hombres: “...y de ese modo, mediante
la cooperación entre los hombres y los semidioses, reinará la prosperidad para todos” (Bhagavad Gītā (3:11)).
La reflexión: nadie levanta el castell solo. Cada miembro, desde la base hasta el enxaneta tiene su mérito. Y el
poder de las colles reside en la fuerza del grupo. Cuánto deberíamos aprender de esta fiesta catalana, ¿verdad?
Los castells humanos de Tarragona impresionan al visitante. Patrimonio de la Humanidad desde 2010.
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Día 14 – Hasta que la muerte nos separe
El amor es tan importante en nuestras vidas como el alimento, el agua que bebemos o la luz del sol. Y muchas
veces es un sentimiento cuya aparición no podemos controlar o reprimir. Cuando amamos, lo hacemos con todo
nuestro ser, dándolo todo. Ahora bien, ¿existe el amor verdadero o está cambiando el paradigma de las parejas
para toda la vida? La idea de una relación eterna la hemos heredado a nivel cultural, de nuestra tradición
cristiana, que une a dos personas en matrimonio con esa condición (“hasta que la muerte nos separe”). Estos
enlaces tan duraderos tienen una explicación más que razonable: en los contextos sociales tradicionales la
economía familiar era la base de la supervivencia, por lo que las leyes y los credos impedían deshacer el
matrimonio. Pero hoy en día, el panorama ha cambiado y priman otros valores: el individualismo, la libertad de
cada uno y la realización personal, por lo que la unión con otra persona no se concibe como una obligación
hasta el fin de los días, sino como una opción más, siempre que la relación siga siendo sana y todos puedan
crecer con ella. A los jóvenes de hoy en día les ha tocado vivir en un mundo en el que el trabajo no es para
siempre, la estabilidad laboral y económica es más frágil, por lo que no pueden planificar su vida a largo plazo
(comprar una vivienda, formar una familia…) y todo eso termina afectando igualmente a las relaciones de
pareja, que pueden terminar sin que ello signifique necesariamente un fracaso. Se prioriza el “estar mientras nos
vaya bien” antes que “estar porque hay que estar”. Esto, por supuesto, no excluye el “para siempre”, pero hoy
en día se vive con más libertad, no como una obligación, algo que precisamente revaloriza el concepto de
pareja: sabiendo que no es una obligación, tiene mucho mérito permanecer con una misma pareja durante
muchos años.
Sin embargo, como explica Bernabé Tierno en su libro Aprendiz de sabio, no debe confundirse esto con tener
la imperiosa necesidad de amar y ser amado, porque entonces el amor se convierte en un problema. Cuando el
ego toma el control, se ama de forma posesiva y exigente, obligando al otro a amar de la misma forma en que
uno se entrega, como si amar dependiese de la voluntad. Si uno necesita continuamente pruebas de amor, lo que
demuestra es que existe un deseo insatisfecho de ser amado, lo que explica esa insistencia en recibir amor, y en
darlo de forma desmedida. Y, por encima de una pareja que nos quiera, lo primero que hemos de hacer es
querernos a nosotros mismos, de otro modo será imposible amar a nadie. Y ese amor no ha de ser incondicional,
que nos haga renunciar a la familia o amigos, a nuestras aficiones o gustos. Si tu pareja te quiere, tiene que
dejarte volar sin cortarte las alas, valorarte y admirarte lo suficiente como para que cada día que pase contigo
sea ilusionante. De otro modo, el amor restará, en lugar de sumar, algo que, para bien o para mal, también tendrá
un impacto en nuestras vidas.
Unos novios se preparan para una sesión fotográfica junto a los canales de la “Venecia de oriente” (Suzhou, China)
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Día 15 – El arte de buscar sin buscar
¿Cuántas veces nos hemos obsesionado con conseguir algo que parece imposible? Esa persona de la que nos
enamoramos y la cosa no marcha, ese trabajo para el que nunca nos llaman, etc. En su libro Más Platón y menos
Prozac, Lou Marinoff hacía referencia al taoísmo con una cita de Laozi (Lao-Tse) sobre la necesidad de esperar
al momento adecuado para alcanzar algo. Es importante tener una meta, pero creer que es inalcanzable puede
ser contraproducente para la salud. Marinoff lo llama el arte de “buscar sin buscar”, que el taoísmo define con el
término Wu Wei (literalmente “no acción”, o acción sin esfuerzo). Si no buscas, no sufres, porque no estás
buscando. Se deja simplemente que suceda cuando tenga que suceder. Es como ponerse bajo un manzano en
primavera: por más que lo intentemos, no encontraremos ninguna manzana, pero si esperamos pacientemente a
que llegue el otoño (Wu Wei) las veremos por todas partes. El autor norteamericano también hacía referencia a
una importante revelación de Buda: “Lo que experimentamos en la vida es lo que hemos querido. No lo que
deseamos o soñamos, sino lo que quiere nuestra voluntad”. Todo lo que vivimos en el presente es el resultado de
una idea, una intención o un propósito previo, anidado en nuestra mente. Así pues, podemos influir
notablemente en cosas que nos van a suceder en el futuro reflexionando sobre lo que queremos ahora. Un viaje a
un lugar que nos ilusione, aprender un idioma, conocer a una persona, mudarse a otra ciudad… No es algo
inmediato, requiere tiempo, pero si lo piensan, al final funciona. Parece una obviedad, pero es así. Funciona con
aquellas cosas que queremos (intención / karma), pero no con las que deseamos (apego). Porque hay que
distinguir entre necesidades y deseos. No podemos ganar la lotería por el simple hecho de pensarlo, pero sí
podemos plantearnos conocer gente, acudiendo a clases de baile o a un gimnasio; eso seguro abrirá alguna
puerta, a menudo de forma inesperada, especialmente si no lo buscamos. O eso dice el Tao.
Los estoicos, como Epícteto o Marco Aurelio, nos enseñaron que el sufrimiento surge de querer cambiar lo que
no se puede controlar (eventos externos o el destino), descuidando precisamente aquello que sí podemos
controlar (nuestras opiniones o nuestra voluntad): “No te preocupes por lo que no depende de ti”. También el
evangelio de Mateo hace una referencia a una cita de Jesús en el Sermón del Monte: “¿Quién de vosotros, por
mucho que se afane, puede añadir a su estatura un codo?”. Quizá la ley de la siembra y la cosecha puede tener
su relación con el mismo concepto budista: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas
6:7). Para Schopenhauer, “...el impulso constante del deseo nunca se puede cumplir a través de la satisfacción
de las necesidades porque permanecen abiertos muchos más deseos y siempre surgen nuevos. La vida es, por
tanto, una insatisfacción y un sufrimiento constantes”. Así que dejemos de obsesionarnos con las cosas que no
podemos controlar y centrémonos en lo que sí está en nuestras manos. Pero, sobre todo, tengamos paciencia.
El segundo cuento habla de un caballo que galopaba a toda velocidad por un camino. Parecía que el jinete tenía
que llegar a algún lugar importante. Un hombre se cruzó con el jinete y le preguntó: “A dónde vas tan deprisa?”.
“¡No lo sé!”, respondió el jinete. “¡Pregúntale al caballo!”. Se trata de un cuento clásico en países como China o
Japón, y se puede interpretar de diversas formas. En la cultura zen, el caballo representa la mente desbocada.
Por lo que la enseñanza del cuento es que, si no dominas tu mente, terminará llevándote donde no quieres ir.
Actualmente solemos utilizar la expresión de que vamos “como pollo sin cabeza” para indicar que el estrés nos
hace actuar a menudo sin pensar antes las cosas. Sin embargo, el cuento también podría interpretarse de manera
totalmente opuesta, siguiendo el principio taoísta del que hablamos, el “Wu wei”: dejar fluir, no actuar. El sabio
taoísta no se opone al curso de las cosas, sino que armoniza con él. El caballo representaría en esta segunda
interpretación a la vida misma, un compañero que guía y enseña.
Una manada de caballos pasta junto a las marismas del Parque Nacional de Doñana (Cádiz)
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Día 17 – La importancia del perdón
Qué difícil nos resulta a veces perdonar una ofensa. El rencor es una forma de defensa emocional ante una
agresión, pero no siempre resulta saludable: si se cronifica, puede terminar perjudicando más al agredido que al
agresor. Es así: si no somos capaces de perdonar, al final los que sufrimos somos los ofendidos. Además, el
corazón del perdonado o del que perdona tiene un efecto reparador, llenándose al momento de gozo. Jung decía
que “Quien olvida se cura”. Pero el asunto del perdón es poliédrico y ha despertado muchas opiniones a lo largo
de la historia de la humanidad. Aristóteles lo rechazaba, considerándolo una debilidad, una virtud viciosa, ya
que implicaba aceptar que la ofensa era merecida, bien es cierto que también lo consideraba un acto
fundamental para poder mantener relaciones de amistad. Platón encontraba en el perdón un acto de sabiduría y
virtud; una respuesta racional y virtuosa al enfado y a la venganza. Pero no aceptaba un perdón gratuito, sino
que debía pasar por la expiación de la ofensa a través de la justicia. Yo estoy con Jung: el verdadero perdón es
un acto de liberación y de sanación, de rebelión contra el rencor que nos corrompe por dentro. En el fondo, el
perdón nos libera porque nos perdonamos a nosotros mismos, de nuestros errores y de las faltas contra otros. En
la Biblia se hace referencia al “ojo por ojo y diente por diente”, pero también en los evangelios (Mateo 5:39)
hay un pasaje en el que Jesús, en el sermón de la montaña, les decía a sus discípulos: “No resistáis al que es
malo; antes, a cualquiera que te hiera en la mejilla derecha, vuélvele también la otra”. El mismo evangelio
contiene una referencia que se reza en el Padre Nuestro cristiano: “Y perdónanos nuestras deudas, como
también nosotros perdonamos a nuestros deudores”. En Romanos 12:10 se propone dejar la venganza en manos
de Dios: “No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está:
Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor”. Nietzsche también escribió sobre el perdón: “Es mucho más
agradable herir y luego pedir perdón que ser herido y conceder perdón. Quien hace lo primero da evidencia de
poder y el segundo de bondad de carácter”. San Agustín escribió: “Perdona y te perdono. ¿No has perdonado?
Eres tú quien te pones contra ti mismo, no yo. […] Tenéis enemigos, ¿quién vive en esta tierra sin tener
ninguno? Mirad por vosotros: amadlos. El enemigo que se ensaña contra ti en ningún modo te puede dañar más
de lo que te dañas a ti mismo, si no lo amas”. En Los diez secretos de la abundante felicidad, Adam J. Jackson
nos recuerda que el perdón es la llave que da la felicidad: “Mientras tengamos resentimientos y odio nos será
imposible ser felices. Los errores y los fallos son lecciones de la vida. Perdónate a ti mismo y perdona a los
demás”. Y nos invita a recordar una oración Sioux: ‘Oh Gran Espíritu, apártame de juzgar o criticar a otro,
mientras no haya caminado en sus mocasines durante dos semanas’”.
El muchacho se saca una espina, como quien perdona, y se libera de su propio dolor (Aranjuez, Madrid)
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Día 18 – La humanidad depende de ellas
Al igual que las hormigas, la forma de organizarse de las abejas es también sorprendente, y además, la
supervivencia de muchas especies, como la nuestra, depende de ellas, ya que su función polinizadora es de vital
importancia para la producción de muchas frutas y verduras. Su capacidad de organización guarda ciertos
paralelismos con los humanos. Desde el momento en el que se funda una nueva colmena, las abejas
exploradoras salen a buscar el lugar más idóneo para ubicarla. Tras regresar al punto de partida, realizan una
suerte de danza en forma de ocho, indicando la dirección en la que se encuentra el lugar que cada exploradora
ha encontrado como el más apropiado para ubicar la colmena. Así pues, la ubicación de esta se realiza de forma
democrática, pues termina imponiéndose por consenso el lugar con más “votos”. Cada abeja, además, tiene una
mentalidad de grupo, siendo capaz de sacrificar su vida si fuera necesario en beneficio de la colmena, algo
difícil de ver entre los humanos, un mundo claramente individualista en el que prima la voluntad individual
frente a la del grupo. Y es que, en la colmena, una sociedad matriarcal, dicho sea de paso, el valor de una abeja
es prácticamente nulo fuera del contexto colectivo. Cada abeja tiene asume un rol. Las obreras, como las
hormigas, son hembras estériles. Sus funciones son diversas: recolectar el polen, construir o proteger la
colmena, limpiar las celdas, segregar jalea real para alimentar a las larvas durante sus primeros días de vida, y
en especial a la que será reina, producir cera (a través de un órgano especial en su abdomen), etc.. La reina, que
es la única abeja fértil, se encarga de poner unos dos mil huevos al día y de producir feromonas para mantener
unida a la colmena. Por último, los zánganos, que tienen la mitad de cromosomas que las obreras y proceden de
huevos sin fecundar, tienen una única función: la de fecundar a una reina virgen, siendo expulsados de la
colmena por las obreras al final de la temporada, normalmente tras el verano, para ahorrar recursos. Eso si no
han muerto antes al finalizar su “vuelo nupcial” con la reina, ya que suele desprenderse su aparato genital y esto
los hace morir. La reina guarda el esperma de todos los machos con los que copuló en su “espermateca”, de
manera que no necesitará aparearse de nuevo para fecundar sus huevos. ¿No les parece increíble? Y eso que aún
no he hablado de la miel ni del propóleo. Cada abeja obrera invertirá toda su vida, unas seis semanas,
recolectando miles de flores para conseguir elaborar la miel que cabe en una doceava parte del volumen de una
cuchara. Una deliciosa sustancia cargada de vitaminas, minerales, azúcares, agua, enzimas e hidratos de
carbono, sin apenas pensar en todo el esfuerzo que les ha llevado prepararlo. ¡Y además no tiene fecha de
caducidad! La miel no es más que una de las fuentes de alimento de las abejas (junto al néctar, el pólen o la
mencionada jalea), además de su reservorio energético; su despensa particular. En cuanto al propóleo, se trata
una sustancia resinosa que las abejas obtienen de árboles como el pino o el castaño. Al mezclarla con enzimas y
cera, crean una sustancia que ayuda a desinfectar la colmena, ya que repele hongos, virus y bacterias, y además
también se sirven de ella para sellar grietas. Es normal que esta criatura haya fascinado al ser humano desde la
antigüedad. Aristóteles llegó a comparar las colmenas con las poleis griegas. La fotografía que reproduzco bajo
estas líneas, que tomé en el jardín de la urbanización en la que vivo, muestra a una abeja debatiéndose entre la
vida y la muerte, apenas unos minutos antes de que un grupo de hormigas la trasladasen, aún viva, a su despensa
particular. ¡La naturaleza no es justa con los justos!
Una abeja malherida intenta escapar de su cruel destino: la despensa de un hormiguero (Arganda del Rey)
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Día 19 – Religión, ideología y poder
Las atrocidades que el ser humano ha cometido a lo largo de los siglos en nombre de Dios son incontables. Las
cruzadas cristianas eran campañas militares en las que al grito de “Dios lo quiere” (Deus vult, en latín) se
asesinaron a cientos de miles de “infieles” en Oriente Próximo y en Europa. La Guerra de los Treinta Años
enfrentó a católicos y protestantes, generando millones de muertos. La Santa Inquisición persiguió y torturó a
miles de “herejes”, judíos, musulmanes y “brujas”. Durante la conquista de América, siglos después, se obligó a
los indígenas a abrazar una religión y una ideología, justificando su sometimiento. En el mundo islámico la cosa
no se queda corta: las conquistas árabes durante los siglos VII y VIII se justificaron como una yihad contra los
infieles. Incluso hoy en día algunos grupos radicales como el Estado Islámico (ISIS), han cometido atentados
masivos justificándolos con la voluntad de Allah, como las masacres de Niza (Francia, 2016), el mercado
navideño de Berlín (2016) o el de Las Ramblas de Barcelona en 2017. También los judíos realizaron campañas
de exterminio atribuidas a mandatos divinos, contra los cananeos o los amelacitas. Incluso Benjamin Netanyahu
llegó a pronunciar estas palabras en 2023, durante el conflicto con Palestina que derivó en genocidio: “Nosotros
somos el pueblo de la luz, ellos son el pueblo de las tinieblas. Haremos realidad la profecía de Isaías, ya no
habrá robos en tus fronteras y tus puertas serán de gloria”.
Otras religiones como el hinduismo o el budismo, más alejadas de la violencia, también han sufrido episodios
atroces como las persecuciones en la India medieval o los conflictos de Sri Lanka y Myanmar. En este último
país se produjo el genocidio rohinyá, una operación de limpieza étnica ejecutada por el ejército y la policía
birmanos, de mayoría budista, y por civiles budistas rakéin, contra los musulmanes rohinyá, al noroeste del país,
dando lugar a masacres, violaciones y a la quema de viviendas de dicha minoría. En centroamérica y
sudamérica, aztecas, mayas e incas sacrificaron a miles de personas y animales para honrar a los dioses.
La historia ha demostrado que los humanos somos depredadores natos. Va codificado en nuestros genes, y la
religión o la política han sido, durante siglos, meras herramientas de dominación y de justificación de
atrocidades. El hombre impone sus ideas en nombre de un dios, de una patria o de una doctrina política,
abriendo la puerta a la violencia cuando una creencia se convierte en dogma, por encima de las normas. Ese gen
depredador también se manifiesta hoy en día en grupos financieros descomunales, como Blackstone o
BlackRock, que invierten de forma despiadada en el mercado inmobiliario, realizando un profundo daño a la
dignidad humana, tratando la vivienda como un mero activo financiero para maximizar su rentabilidad, creando
más y más desigualdad social. Esta acumulación despiadada de bienes no hace otra cosa que socavar la dignidad
humana en beneficio de unos pocos. ¿Cómo hemos podido caer tan bajo como sociedad y como especie? ¿Qué
clase política nos gobierna? En ese sentido, algunos animales e insectos nos ganan de calle.
La escalera vaticana de Bramante, de doble hélice, fue diseñada por Giuseppe Momo en 1932, inspirada
en la rampa helicoidal que Donato Bramante proyectó en 1505 para el Papa Julio II.
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Día 20 – El “Ego”
El ego es la fuente de muchos males. Es esa voz interior, oscura, que suele entrar al trapo cuando consideramos
que alguien nos ha faltado el respeto o creemos que pone en cuestión nuestras capacidades. Normalmente,
cuando algo nos molesta, nos turba, nos crispa… es porque el ego ha tomado el control. Tenemos que ser
capaces de identificar al ego y evitar que la situación nos arrastre. No es sencillo. El ego no quiere ser
eliminado, quiere encendernos, en lugar de serenarnos. Según el budismo, el ego (con sus recuerdos, deseos,
miedos y apegos) es un espejismo embriagador que nos distrae de la conciencia pura, que es el estado natural de
ser: silencioso, presente, sin etiquetas. Creemos que somos ese yo egoísta, con una historia, unos logros, unos
fracasos… Pero ese espejismo ilusorio que nos distrae nace y muere. Si creemos que somos ese ego, entonces
veremos la muerte como el final de nuestra existencia. Sin embargo, si entendemos que no somos ese ego, sino
la conciencia que lo observa, que no ha nacido y no puede morir, porque es eterna, entonces nadie muere
realmente. Por tanto, la muerte, tal como la concebimos, es solo el fin de una ilusión. Puede parecer una idea
desconcertante, pero vale la pena entender este enfoque espiritual budista. Tiene, de hecho, ciertos paralelismos
con el hinduismo, que considera que el ciclo cósmico consta de cuatro fases o etapas: la etapa de oro (Satya
Yuga), la de plata (Treta Yuga), la de bronce (Dvapara Yuga) y la de hierro (Kali Yuga), que es la más oscura de
todas. A nosotros nos ha tocado vivir en esa última etapa, también conocida como como la etapa de la oscuridad
o de la riña. Se caracteriza por la decadencia moral, el predominio del ego y de la ignorancia. En esta etapa, la
humanidad se aleja de su esencia divina y se vuelve más materialista. Basta con mirar el mundo que nos rodea.
No obstante, si algo tiene bueno esta etapa es que podemos verla como una oportunidad para el despertar
espiritual. Practicando el vichara (un ejercicio que planteamos más adelante: “¿Quién soy?”) es posible ayudar
a trascender el ego y desprendernos de sus ataduras.
Echart Tolle explica en El poder del ahora que muchos de los grandes sabios de la historia, como Jesús o
Buda, lograron dejar de identificarse con su ego, con ese otro “yo” que se cree separado y necesita reivindicarse,
tener razón y defenderse para sobresalir. Según Tolle, quien esté dominado por su ego no puede reconocer esa
luz porque la oscuridad no reconoce a la luz. Por eso estos sabios eran más sencillos, humildes y normales que
la mayoría de la gente. Cuando nos sentimos atraídos por las palabras de algún sabio verdadero, es porque ya
hay algo de esa misma luz en nosotros, una semilla de presencia que reconoce la presencia en el otro. Pero ese
sabio o maestro no es la única fuente de esa divinidad. Reconozco que para los occidentales este enfoque resulta
complejo de entender al principio, pero cuando uno piensa en la raíz de muchos de nuestros problemas y
discusiones, al final toca reconocer que en un buen porcentaje de los casos tiene que ver con nuestro ego, querer
llevar la razón o no entender el punto de vista del otro. Es un tema para profundizar y trabajar más.
El ego, como Maléfica, vive en la sombra, disfrazado de orgullo o de miedo, temiendo perder su trono (París, Francia)
© The Walt Disney Company. Imagen incluida únicamente con fines ilustrativos y de análisis simbólico.
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Día 21 – ¿Qué hacemos con el móvil?
Muchos jóvenes no pueden comprendernos cuando les explicamos que nuestras infancias fueron muy felices
sin contar con teléfonos móviles. Algunos jugamos con walkie-talkies, sí, y era divertido emular con ellos a los
protagonistas de algunas películas de Steven Spielberg o jugando a detectives y espías. Tuvimos contacto con
aquella tecnología rudimentaria, los primeros videojuegos, las máquinas recreativas, y fuimos testigos de su
adictivo poder. Muchos padres de entonces, como los míos, eran conscientes de ese peligro y nos mantuvieron a
raya limitándonos su uso durante la semana. Han pasado varias décadas y el panorama ha cambiado mucho:
ahora cualquiera de nosotros lleva un ordenador en el bolsillo y es lo más parecido a una navaja suiza a nivel
tecnológico, permitiéndonos, además de realizar llamadas telefónicas, tomar instantáneas o vídeos, escuchar
música, aprender idiomas, guardar tickets de viaje, afinar una guitarra o acceder a nuestro banco, por citar solo
algunas de sus miles de funcionalidades. Además de todas esas virtudes, también llegaron las redes sociales, en
las que millones de personas comparten fotos y vídeos habitualmente, incluidos los adolescentes. Estos
dispositivos tan útiles se han convertido en un apéndice más de nuestro cuerpo y pueden llegar a ser un arma
muy peligrosa en manos de los jóvenes, especialmente con el uso de las redes sociales. Ahora sabemos, gracias
a estudios neurocientíficos, del impacto de las pantallas en los jóvenes, creando déficit de atención, ansiedad,
alteraciones del sueño, dependencia emocional y deterioro de las habilidades sociales. Sabemos también que los
likes y el scroll infinito reconfiguran las conexiones cerebrales de los adolescentes, aún en desarrollo durante su
fase de evolución a la etapa adulta. El like es, en palabras del autor Jordi Nadal, una droga dura. Incita a la
comparación entre nosotros y a la frustración. La legislación española ha decidido actuar en cierto modo,
prohibiendo el uso de teléfonos móviles en las aulas a los menores de dieciséis años para intentar proteger la
salud mental de nuestros jóvenes.
Obviamente, el móvil también puede ayudar a nuestros hijos a resolver dudas, aprender idiomas, trabajar
materias escolares, estar en contacto con otros jóvenes con aficiones comunes e incluso fomentar su creatividad,
con herramientas de vídeo y de música, por ejemplo, pero eso no elimina todos los problemas mencionados
anteriormente, por lo que es importante administrarlo con mesura y control. Sirva para reflexionar la situación
de mi hija: cuando contaba con trece o catorce años, era la única alumna de su clase sin teléfono móvil personal.
El tiempo nos ha demostrado que fue una decisión inteligente, al hablarlo con otros padres, y nunca supimos por
qué, si Whatsapp prohibía su uso expresamente a personas de menos de dieciséis años (hoy en día se ha
reducido ese límite), todos los padres dieron permiso a sus hijos para utilizarlo en sus móviles personales sin
tener aún esa edad (independientemente de otras aplicaciones como Tik Tok, Instagram, etc.).
Un espectador graba una interpretación al piano en el Conservatorio Monserrat Caballé de Arganda del Rey.
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Día 22 – Justicia social
La reacción ciudadana contra la corrupción política reivindicando transparencia, igualdad y justicia ha sido una
constante a lo largo de los tiempos, especialmente cuando la brecha entre el pueblo y sus gobernantes se hacía
insostenible. Ya en el siglo II a.C., los hermanos Graco (Tiberio Sempronio y Cayo) criticaron la desigualdad
social en una Roma en la que los aristócratas se dedicaron a invertir grandes sumas de dinero en comprar
ingentes cantidades de esclavos para que trabajasen para ellos cultivando sus cada vez más grandes extensiones
de tierra. La reivindicación terminó con la muerte de ambos hermanos Graco. En Florencia, en 1378, los
cardadores de lana, trabajadores de producción textil conocidos como “ciompi”, se revelaron contra los gremios
dominantes y la oligarquía florentina. En la Castilla, en 1520, se produjo la revuelta de los comuneros
(principalmente en Segovia, Toledo y Valladolid), que se rebelaron contra el rey Carlos I de España (V de
Alemania), acusándolos de corrupción y de expoliar recursos con sus demandas fiscales. En Francia se
produjeron sendas revueltas contra el poder absoluto en los siglos XVII y XVIII: La Fronda (1648) y la
Revolución Francesa (1789). En el siglo XIX hubo revueltas en varios países de Europa contra gobiernos
corruptos, y en el siglo XX tuvimos, entre otras, la revuelta del mayo del 68 francés, cuando el pueblo tomó las
plazas con espíritu asambleario para rechazar a las élites. Y así llegamos al siglo XXI. En España tuvimos
nuestro 15-M, el movimiento de los indignados, respuesta ciudadana durante la crisis económica al desempleo
juvenil, la corrupción política, los desahucios, etc. reclamando una democracia más participativa y una mayor
justicia social.
Más de una década después no hay nada nuevo bajo el sol: las élites siguen campando a sus anchas en un
mundo cada vez más injusto, en el que la vivienda se ha vuelto más que nunca un objeto especulativo, cada vez
más inalcanzable para las familias, la Sanidad pública va dando paso a la privada y la educación pública va
perdiendo calidad. El cambio climático es ignorado por meros intereses económicos y el hombre está cada vez
más aislado y con mayores problemas mentales. Mientras, el 1% de la humanidad posee el 95% de la riqueza
del planeta a la vez que 2000 millones de personas, casi el 25% de la población mundial, viven en situación de
pobreza. La confianza en la clase política ha caído a niveles mínimos. Pero esta reflexión no va de ideologías, es
solo una llamada al sentido común. El que quiera entender, que entienda. En un mundo tan desigual, en el que
unos pocos acumulan lo que a muchos les falta, es evidente que algo no está funcionando bien. Termino con una
cita de Martin Luther King: “La injusticia, en cualquier parte, es una amenaza a la justicia en todas partes”.
La madrileña Puerta del Sol se llena de manifestantes en una de las múltiples manifestaciones del 15-M.
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Día 23 – Llueve sobre mojado
El desastre de la dana que azotó a la Comunidad Valenciana el pasado 29 de octubre de 2024 es uno de los
mejores ejemplos de la incompetencia de los políticos de nuestro país. El Gobierno valenciano, presidido por
Carlos Mazón, del Partido Popular valenciano, había suprimido un año antes de la tragedia la Unidad Valenciana
de Emergencia (UVE), creada por el gobierno anterior, que presidió Ximo Puig, aduciendo que enfrentaba a los
bomberos entre sí, en lugar de reforzarlos. Precisamente, la actuación de Mazón durante aquella dana llegó
tarde: la alerta masiva a los teléfonos móviles (ES-Alert) de los ciudadanos se activó a las 20:11 horas, cuando
ya había inundaciones graves en municipios, como Catarroja, Chiva y Utiel, y la mayoría de las 229 víctimas
mortales ya habían fallecido. Mazón llegó al CECOPI (Centro de Coordinación Operativa) a las 20:28, según
registros oficiales, tras haber estado en una comida de trabajo que se prolongó hasta las 18:00. Es obvio que un
aviso con más tiempo habría salvado muchas vidas, y esa demora está siendo investigada por la justicia. De
hecho, la Universitat de València se anticipó un día antes y decretó el nivel de emergencias 2, cancelando la
jornada lectiva del día siguiente, el de la tragedia.
Por su parte, Mazón trasladó responsabilidades al Gobierno Central, exigiendo ayudas, la activación de
recursos europeos y la construcción de defensas hídricas. Sin embargo, su ejecutivo fue criticado por rechazar la
ayuda de algunos efectivos, como el de la unidad de élite de bomberos de Cataluña y los Bomberos de Bilbao.
La intervención del Gobierno de España, liderado por Pedro Sánchez, también pudo ser mejor, aunque la UME
sí actuó a medio día, el día de la tragedia, y el Consorcio de Seguros ha abonado las indemnizaciones en base a
peritaciones de los daños. El ministro de Interior francés, Bruno Retailleau, explicó que ofrecieron 250
bomberos a Fernando Grande-Marlaska, pero este le dijo que "por ahora no hace falta" (terminaron llegando 50
rescatistas y bomberos, pero se generaron críticas por la tardanza). La Comunitat contó con el apoyo de la
norteamericana Palantir, empresa especializada en bases de datos masivas con fines militares. La empresa ya
había participado durante la COVID en proyectos de gestión de grandes volúmenes de datos. Pero el resumen es
que fue el pueblo el que terminó movilizándose y salvando al pueblo, gracias a la enorme ola de solidaridad y a
la capacidad de organización ciudadana surgida tras la catástrofe. Aún hoy, muchos profesionales siguen
colaborando de forma altruista con ciudadanos que lo han perdido todo. Yo aporté mi granito de arena donando
mi bicicleta, que tenía abandonada en un trastero, a una organización de voluntarios valencianos, que las hacían
llegar a quienes las necesitaban para desplazarse. A día de hoy, asociaciones como “Unión del Pueblo 29”,
siguen denunciando la inacción de los gobiernos valenciano y central, afirmando que aún siguen esperando
ayudas que no llegan.
Los arrozales valencianos son especialmente hermosos durante las puestas de sol (La muntanyeta de les Sants)
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Día 24 – Marionetas en la cuerda
“Marionetas en la cuerda” era el título de la versión en español del genial tema “Puppet on a String”,
interpretado por la cantante británica Sandie Shaw con el que representó a su país en el Festival de Eurovisión
ese mismo año, ganando el certamen de forma abrumadora. Fue la primera vez que Reino Unido ganaba el
festival de la canción. El tema me ha venido a la cabeza al ver cómo nuestros políticos se han plegado a lobbies
de poder, corporaciones y multimillonarios patriarcas especuladores, como George Soros, a pesar de que el
filántropo también ha invertido millones de dólares en causas justas. El que a Soros se le conozca especialmente
como “el hombre que provocó la quiebra del Banco de Inglaterra”, tras vender 10 000 de dólares en libras
esterlinas, ganando pingües beneficios, nada menos que mil millones de dólares, durante la crisis del Miércoles
Negro en Reino Unido (1992), da que pensar. El magnate también atacó a otras divisas, como la lira italiana, el
peso mejicano y varias monedas asiáticas. Pedro Sánchez ha mantenido varias reuniones en Nueva York con el
hijo de George Soros, Alexander, como parte de su agenda económica y de promoción de inversión del
Gobierno de España. En esas reuniones se captan inversiones y se discute sobre la agenda global o los planes
que decidan desde arriba que quieren aplicar en España. La podredumbre impera. Según datos recientes, existen
más de 800 grupos de presión españoles registrados en la UE, de los cuales se ha constatado que hasta 161 de
estos organismos recibieron subvenciones solo en 2021. El denominado “Qatargate”, un caso de corrupción a
escala europea, destapó las presiones y sobornos a eurodiputados, dejando patente el lamentable control que
existe sobre la clase política, siendo la normativa europea muy laxa en ese sentido. Se trata de un entorno en el
que se mueven miles de millones de euros todos los días, para impulsar leyes, subvenciones y condicionar la
economía europea y los mercados. Las empresas más poderosas del IBEX tienen equipos de lobby que ejercen
gran influencia sobre la legislación energética, fiscal o laboral de nuestro país. Fondos de inversión como
Blackrock tienen participación en múltiples empresas españolas, incluyendo bancos, energéticas y en el sector
inmobiliario. También organizaciones empresariales y consultoras de comunicación ejercen esa influencia en la
política nacional. Incluso las ONGs y los sindicatos, aunque a menor escala, ejercen esa presión. Existen
“quedadas” de políticos y empresarios, como el Foro de Davos, a los que acuden figuras como José María
Aznar, Pedro Sánchez o Ana Botín. Todos los años, el Club Bilderberg realiza una reunión privada y selecta para
discutir temas geopolíticos, sin actas públicas ni prensa, bajo la regla del “Chatham House”. A esas citas se sabe
que han acudido personalidades como Juan Luis Cebrián, Soraya Sáenz de Santamaría, Esperanza Aguirre,
Rodrigo Rato, Federico Trillo o Pedro Sánchez. ¿Por qué no hay transparencia en esas reuniones? ¿Solo porque
son privadas, como las que podría tener un grupo de amigos? Está claro que nuestros políticos, como ya
denunció el 15-M, están lejos de transmitir conductas ejemplares a sus ciudadanos, a los que hace tiempo que
han dejado de servir (las políticas de vivienda, Sanidad o educación, entre otras, se han degradado
notablemente). En mi opinión, la mayoría de los políticos son ya meras marionetas, como las de la canción de
Sandie Shaw.
La pereza es algo más que una simple falta de ganas de hacer algo, puede surgir por falta de energía, de
motivación, por comodidad o incluso por puro aburrimiento. Existen numerosas referencias a la pereza
(conocida en la antigüedad como acedia, del griego akêdia): la Biblia la menciona en los Proverbios (“El alma
del perezoso desea, y nada alcanza, más el alma de los diligentes será prosperada”), y San Pablo lo hace en la
segunda epístola que escribe a los Tesalonicenses, en una cita más radical que la anterior: “El que no quiera
trabajar, que tampoco coma”. Aristóteles la consideró un obstáculo para la virtud y en La Divina Comedia,
Dante situó a los perezosos en el quinto círculo del Infierno, condenados a vagar sumergidos en la laguna
Estigia, cuyas aguas poseían un veneno agresivo que deshacía los metales sumergidos en ellas. En la Edad
Media se consideró a la pereza una amenaza para la salvación del alma, y en la Revolución Industrial un
enemigo del progreso económico. Incluso nosotros hemos bautizado al animal perezoso con ese nombre por la
lentitud de sus movimientos, cuando en realidad es una criatura que aprovecha de forma muy eficiente la
energía de la que dispone, pudiendo sobrevivir con mucho menos que nosotros. El filósofo inglés Bertrand
Russell, en cambio, sí vio en la pereza su punto positivo. En su Elogio de la ociosidad y otros ensayos afirma
que “...si todo el mundo trabajara sólo cuatro horas al día, el desempleo disminuiría y la felicidad humana
aumentaría debido al mayor tiempo libre”.
Que el tema haya preocupado a filósofos y pensadores de medio mundo no es casualidad. Hoy sabemos que el
impacto que la pereza puede dejar en nuestras vidas es preocupante: frustración, baja autoestima, estancamiento
profesional, apatía, conflictos por falta de compromiso, etc. Y el mejor bálsamo contra la pereza es la
autodisciplina: marcarnos unas rutinas y establecer horarios y metas claras. Eviten caer en la procrastinación, el
arte de aplazar las tareas, y vayan cerrando temas, metas y proyectos. A mí me ayuda a sentirme más realizado
cada vez que cierro uno, especialmente aquellos que más me ilusionan.
Un gato duerme la siesta en el escaparate de una librería en Montolieu, villa del libro situada en el sureste de Francia
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Día 26 – Amistad y relaciones sociales
“Quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro”. Esta es una expresión popular que ya quedó recogida en la
Biblia, en concreto en el libro del Eclesiástico (“Encontrar un amigo fiel es como dar con un tesoro o como
hallar un refugio seguro. Un amigo fiel no tiene precio: su valor no se mide con dinero. Un amigo así nos
salvará la vida”. Aristóteles también escribió en su Ética a Nicómaco que incluso el hombre feliz necesita de
amigos con los que compartir su vida y ejercer su virtud; como una parte esencial de la felicidad. Vivir
acompañado es parte de la naturaleza humana. Somos animales sociales. Cicerón también reflexionó sobre la
amistad, no solo para compartir alegrías, sino también fatigas: “De igual modo que nos alegramos por la
felicidad de los amigos, como si fuese nuestra, nos dolemos también con sus sufrimientos”. San Agustín
aconsejaba guardarnos de las sospechas sobre nuestros amigos, pues son el veneno de la amistad. Bernabé
Tierno escribió: “Propicia el contacto con amigos, vecinos, compañeros y personas bondadosas, positivas y
optimistas porque ‘Quien a buen árbol se arrima, buena sombra le cobija’”. Haz reuniones con cierta
frecuencia, rodéate de personas cercanas y afines a tus gustos e ideales y disfruta al ver gente feliz a tu lado ”.
Porque nadie es una isla, todos necesitamos relacionarnos con los demás y hacer que los buenos tiempos
parezcan mejores y los malos menos difíciles. Las alegrías compartidas valen doble, y las penas compartidas se
reducen a la mitad. En El monje que vendió su Ferrari, Robin Sharma reflexionaba así sobre la amistad: “Los
amigos dan humor y fascinación a la vida. Pocas cosas hay que rejuvenezcan tanto que compartir unas buenas
carcajadas con un viejo amigo. Los buenos amigos están para ayudarte cuando la vida te lanza uno de sus
reveses y las cosas parecen peores de lo que son”. Y Adam J. Jackson escribió una frase muy hermosa en su
libro sobre la felicidad: “Trata a todos aquellos con quienes te encuentres como si fuera la última vez que los
fueras a ver”. En Los 88 peldaños de la gente feliz, Anxo Pérez utilizaba su teoría de los planetas para las
relaciones personales (amigos, pareja…). El Sol representaría a nuestra pareja, fuente principal de luz y calor,
pero no la única necesaria. Los planetas simbolizarían otras personas que aportan equilibrio, compañía y apoyo
en distintos aspectos de la vida. El error de muchas parejas es pensar que solo nos basta con el Sol, algo que
puede terminar quemando la relación. Mantener distintos vínculos, amistades, grupos con los que sociabilizar,
incluso intereses independientes, evita esa variable dañina y fortalece la relación. Por tanto, incorporar nuevos
“planetas” en nuestra vida no solo no resta protagonismo al Sol, sino que permite que brille con más fuerza y da
estabilidad al sistema. José Ortega y Gasset escribió: “La civilización es, por encima de todo, la voluntad de
vivir en comunidad”. Pero no caigamos en el tribalismo; si bien su fuerza nos permitió crear civilizaciones y
dejar de vivir en los árboles, su poder destructivo puede ser devastador, a costa de reforzar prejuicios
irracionales y fomentar la guerra, al despertar el odio hacia otras tribus formadas por personas que precisamente
no conocemos. Esos prejuicios suelen reforzarse con tradiciones populares, leyendas, y gestas hechas por los
miembros de una tribu, y al revés: con atrocidades y abusos perpetrados por las otras.
Esta exposición del Centre Pompidou evoca la danza de las relaciones humanas (Málaga)
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Día 27 – Nuestros orígenes
Siempre he sentido fascinación por el árbol evolutivo del hombre. Por conocer las piezas de todo ese árbol
genealógico lleno de ramas de homínidos desde el Australopithecus hasta el Homo sapiens, tan divulgado en
revistas, libros, documentales y museos. De hecho, el Museo de la Evolución Humana de Burgos (MEH) alberga
más de doscientos fósiles originales de Atapuerca y es ya un referente a nivel turístico y científico, tanto para
los aficionados a la arqueología e historia como para quien tenga un mínimo interés por conocer a nuestros
ancestros. En una de sus salas de referencia, el museo reconstruye el aspecto de diversos homínidos a escala
real. Muy cerca se encuentra la Sierra de Atapuerca, Patrimonio Mundial de la UNESCO desde el año 2000, y
uno de los sitios paleontropológicos más importantes del planeta. En la sima de la Gran Dolina se encontraron
restos del Homo Antecessor (1.2 millones – 800.000 años). No obstante, para conocer al primer homínido que
caminó erguido tenemos que viajar a Etiopía y Tanzania, donde apareció “Lucy”, un Australopithecus Afarensis
que habitó en aquella zona hace más de 3 millones de años. Poniéndolo en contexto, el Universo tiene unos
13.800 millones de años y la Tierra unos 4.540 millones. Los seres humanos llevamos caminando sobre ella
desde apenas el “último minuto” de la larga vida del cosmos, como quien dice. Se han encontrado otros
Australopithecus anteriores a “Lucy”, como el Anamensis (4.2 – 3.8 millones) en el lago Turkana, en Kenya y
Etiopía. Caminaban ya de forma bípeda, pero aún con capacidad para subir a los árboles. Tras ellos, y
sintetizando mucho el árbol evolutivo, se produjo una transición al género Homo, que contó con individuos de
mayor capacidad craneal y mejor dominio de las herramientas. Primero apareció el Homo Habilis (2,3 – 1,65
millones de años), asociado a las primeras herramientas líticas del Paleolítico inferior. Le siguió el Homo
Erectus (1,9 millones – 117.000 años), que dominó el fuego y perfeccionó el uso de instrumentos de piedra. Fue
el primer homínido que salió de África (sitios como Dmanisi, Georgia o Zhoukoudian, China). En el Viejo
Continente se halló el Homo Antecessor, considerada una especie que dio lugar al Homo Heidelbergensis
(600.000 – 200.000 años) cuyos fósiles aparecieron en Alemania y al Homo Rhodesiensis (600.000 – 160.000
años), en África, que a su vez dieron lugar a Neandertales y Sapiens respectivamente. En la Sima de los Huesos
(Atapuerca) se halló también el célebre bifaz conocido como “Excalibur”, que perteneció al Homo
Heidelbergensis, interpretado por muchos como una de las primeras ofrendas funerarias. Hace unos 400.000
años apareció el hombre de Neanderthal, con una cultura más compleja y con evidencias de enterramientos. Se
extinguió hace unos 40.000 años, aunque antes se hibridó con humanos modernos (Homo sapiens), dejando una
huella genética en nosotros. Los últimos Neandertales conocidos vivieron en cuevas de la península ibérica,
como en Gibraltar. Por su parte, el Homo sapiens surgió en África (Jebel Irhoud, Marruecos) hace 300.000 años.
Sus primeros representantes europeos fueron los hombres de Cro-magnon. Se trata de humanos modernos, como
nosotros. Nuestra propia especie. Todo este repaso nos recuerda que procedemos de ancestros comunes con
primates y homínidos que, pese a su evolución cultural, seguían siendo animales sociales, pero también
agresivos. Y aunque hoy nos consideremos seres racionales y civilizados (de hecho, somos la única especie que
saluda a desconocidos), seguimos llevando dentro los impulsos primitivos de nuestros ancestros. No es de
extrañar que aún no hayamos aprendido a convivir pacíficamente, como animales racionales que somos.
En la Sierra de Atapuerca hay un museo con algunas esculturas al aire libre, como esta en la que
se recrea un enterramiento (Burgos)
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Día 28 – Grabado en nuestros genes
La localidad en la que vivo es uno de los confines de Madrid. Situada a 25 kilómetros de la capital, lo que
queda aquí de la jungla urbana madrileña es lo que yo llamo habitualmente la “nada”. Uno puede salir a pasear
todos los días por la dehesa argandeña y perderse entre olivos y pinares. De hecho, nos apuntamos a un grupo de
senderismo liderado por un biólogo altruista que en nuestras salidas nos mostraba numerosas especies animales,
vegetales, e insectos con los que nos hemos cruzado durante nuestras caminatas. Una tarde, de paseo por la
localidad, amenazó tormenta. En aquel momento capturé la fotografía que aparece en la página contigua, que
muestra unas oscuras nubes acaparando el cielo argandeño. La imagen parece una alegoría entre la eterna lucha
entre el bien y el mal: los nubarrones frente a la claridad, la luz frente a las tinieblas. Dos elementos, estos
últimos, que resultan antagónicos y que, sin embargo, se necesitan el uno al otro para tener sentido. La luz
carece de sentido sin la oscuridad, y viceversa. Esa luz y esa oscuridad son, a su vez, una metáfora de nuestros
tropiezos y de nuestros éxitos, nuestra escuela de la vida. Y es que todo problema, todo tropiezo, esconde en
realidad una enseñanza o aprendizaje. Porque quien no aprende, no se adapta, así que no queda otra que seguir
caminando, tropezándonos, aprendiendo y adaptándonos.
El profesor Tony Estruch explica precisamente cómo las heridas de la vida pueden transformar el mundo,
poniendo como ejemplo al nobel de la paz sudafricano Nelson Mandela quien, tras salir de la cárcel después de
27 años, utilizó el rugby para acabar con el racismo en Sudáfrica, en lugar de utilizar su odio de forma
destructiva. Estruch cita también al doctor Peter P. Garaiev, nominado al premio nobel en 2021 y descubridor
del ADN fantasma. Fue él quien certificó que en el ADN del ser humano venía grabado su propósito de vida
familiar y colectivo. Estaríamos diseñados para cumplir un propósito desde que nacemos, y esto vendría de
serie, en nuestros genes, aunque nuestro ego y nuestros miedos, a menudo, nos impidan seguir dicho propósito.
Según Estruch, el 90% de las enfermedades se producen por ir en contra de aquello para lo que hemos sido
diseñados, en contra de ese propósito grabado en nuestros genes (que él llama geniotipo). Todo esto puede
parecer unalocura, pero tiene una explicación. Existirían, según Estruch, nueve geniotipos, que representan
diferentes talentos (que no personalidades) que ha clasificado en función de tres kanjis o fuentes de energía
vital: el pragmático (racional), el simétrico (que va más allá del intelecto) y el perceptivo (intuitivo). En el
pragmático entrarían tres geniotipos, representados con un cuadrado, un rectángulo y un pentágono. El cuadrado
se corresponde con personas cuya capacidad creativa innata es la mimética, una capacidad de repetir procesos
(hábiles con las matemáticas, el razonamiento lógico…). El rectángulo es el de las capacidades creativas
fundamentales (naturaleza, educación, transporte, logística…). El pentágono es el geniotipo de las capacidades
disociativas, capacidad creativa innata de generar conceptos antagónicos y generar nuevas ideas (ciencia). El
pentágono combinado con el cuadrado puede dar lugar a personas con capacidad para las leyes. En el kanji
simétrico se encuentran la elipse (capacidades artísticas), el infinito (analógicas e intuitivas) y el triángulo
(capacidades narrativas, descriptivas y asociativas, útiles para explicar). La elipse (arte). combinada con un
cuadrado (estructura) sería propia de un arquitecto, por ejemplo. Finalmente, en el kanji perceptivo se
encuentran la estrella, propia de las personas con facilidad para hacer cualquier cosa (éxito), el rombo, geniotipo
de la intuición pura, y el círculo (propio de las capacidades intuitivas. Ahora sabemos que el cerebro, o intuye, o
es pragmático, por lo que aquellos que tienen un geniotipo rombo podrían estar condenados al fracaso si en la
escuela solo les enseñan lo pragmático. Las personas con un geniotipo círculo tienen una gran capacidad de
generar muchísimo amor.
El talento va de compartir amor, de lo que damos a los demás. Si sabemos para qué estamos diseñados y
estamos bien con nosotros mismos, podremos dar amor a los demás. Si cada uno de nosotros ocupara el sitio
que le corresponde de acuerdo a su propósito, todo lo que hoy es una ilusión, empezaría a ser una verdad que
daría coherencia al ser que cada uno de nosotros es. Solo cuando estamos en paz con lo que hacemos, explica
Estruch, toda nuestra tecnología biológica está en paz con nuestro ser. El problema es que eso a la vez nos
genera miedo, porque nos aleja de nuestra zona de confort y nuestro ego nos frena, haciéndonos ver las
dificultades de seguir ese camino, en lugar de las ventajas. Pero en el fondo hacer algo fuera de lo convencional
también nos aporta paz y nos da confianza. La vida nos iría dando pistas de que vamos por el buen camino. Otro
problema es que nuestro sistema educativo se creó para adaptarnos al mercado laboral, dando el máximo de
nosotros para conseguir la mayor productividad, independientemente de que seamos felices o no (especialmente
para modelos como el cuadrado, el rectángulo y el triángulo). Pero existen otros geniotipos relacionados con
otras habilidades que generan infelicidad en muchos alumnos, ya que no se sienten conectados a lo que están
haciendo. Estruch explica que, según una investigación de la NASA, el 96% de los humanos nacemos
talentosos, pero solo un 2% de los genios termina manifestándolo, ya que el sistema de educación nos castra.
Nos limita. Y el 90% de las enfermedades aparecen por ir en contra de aquello para lo que estamos diseñados.
Solo hay, pues, dos caminos: el de la verdad, que nos aporta paz, y el de la ilusión, que nos frustra. Alejandro
Jodorowski dijo que “Los pájaros enjaulados se piensan que volar es una enfermedad”. Si la vida nos da unas
alas y no sabemos volar, ¿de qué nos sirven? ¿Estamos dispuestos a apostar por el genio que llevamos dentro?
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El cielo se oscurece: una tormenta amenaza Arganda del Rey (Madrid)
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Día 29 – Vencer y dominar nuestros miedos
En la película Buscando a Nemo (2003), el padre de Nemo, Marlin, queda dominado por el miedo tras perder a
su esposa y a la mayoría de sus crías, lo que le lleva a sobreproteger a su hijo. Pero el destino es caprichoso y
termina perdiéndolo igualmente. Todo el viaje que tendrá que realizar Marlin a lo largo del film para encontrar a
su hijo es, en el fondo, un periplo enfrentándose a sus propios miedos y a lo desconocido. La frase “Haz lo que
temes” resume esa lección: solo cuando nos enfrentamos a aquello que nos paraliza dejamos de ser víctimas.
Según Krishnamurti, el miedo desaparece cuando se comprende su raíz, en lugar de intentar suprimirlo. A él se
atribuye el conocido aforismo “Haz lo que temes y el temor desaparecerá”. En El poder del Tao, Lou Marinoff
explica que, en Occidente, buena parte de la infelicidad es fruto de la incapacidad para gestionar nuestros
miedos y ansiedades. El autor nos anima a practicar el Tao para dominar esos miedos. En concreto, uno de los
chakras, el manipura, gobierna diferentes aspectos de nuestra psique, como el miedo y la ansiedad. El mismo
autor también reflexionaba así en otro de sus libros, Pregúntale a Platón: “El miedo se cuenta entre las
emociones más fuertes con las que luchamos, de modo que, si es capaz de dominar el miedo, también será capaz
de dominar las demás. No significa que tenga que dejar de sentir temor, pero sí evitará que el miedo le deje
paralizado”. Las citas sobre el miedo son infinitas: Genet Corcuera escribía que “Debéis dejar fuera el miedo y
ser conscientes de que sois capaces de hacer cualquier cosa igual que otra persona”. Gandhi dijo que “El
enemigo es el miedo. Creemos que es el odio, pero es el miedo” y, según el budismo, “El miedo no evita la
muerte, pero sí evita la vida”. Bernabé Tierno también abordó el tema en Aprendiz de sabio: “Atrévete a hacer
siempre primero lo que temes y lo que debes. Cuanto antes te zambullas en el “agua” de las dificultades y de
los problemas cotidianos, mejor. Gastamos más tiempo y energías en dudar y en temer hacer que en llevar a
cabo, sin dilación, aquello que tememos”. En el la película Sonrisas y lágrimas, la Madre Abadesa le daba a
Fraulein María el siguiente consejo: “Estas paredes no se levantaron para eludir problemas. Tienes que
afrontarlos. Tienes que vivir la vida para la cual naciste”. Curro Cañete también nos animaba en su libro El
poder de confiar en ti a escribir en un papel: “Hoy empiezo de cero. Aparto todos los miedos y me abro a las
posibilidades. Me permito vivir el presente y disfrutar de la vida. Voy a poner todo de mi parte para crear un
día exitoso. No me rendiré pase lo que pase. Mi principal objetivo es ser feliz hoy y dar lo mejor de mí con
todas las cosas y todas las personas. Cumpliré mis compromisos”. Y Eckhart Tolle escribía en El poder del
ahora: “La verdadera salvación es un estado de liberación del miedo, del sufrimiento, de un estado percibido de
carencia y de insuficiencia y, por lo tanto, de todo deseo, necesidad, codicia y apego […] El miedo parece tener
muchas causas: miedo a una pérdida, al fracaso, a ser herido, etc., pero al final el miedo es el miedo del ego a
la muerte. A la aniquilación”. Tolle indica que, en una discusión, el miedo a estar equivocado para el ego
equivale a morir, lo que provoca ponernos a la defensiva con la necesidad compulsiva de tener la razón. Pero si
dejamos de identificarnos con la mente, desaparece esa violencia. Tener o no razón no influye en nuestro sentido
de nosotros mismos y desaparece la necesidad compulsiva de tener razón. Diremos lo que pensamos, pero no
habrá agresividad o actitud defensiva en el debate. Al fin y al cabo, ¿qué estamos defendiendo? Una identidad
ilusoria, ficticia… Una simple imagen que hemos creado en nuestra mente.
Un pez payaso, entre anémonas, evoca a Buscando a Nemo, una historia sobre superar los miedos (Malmö, Suecia)
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Día 30 – Al César lo que es del César
Llevo toda una vida disfrutando con la lectura, el coleccionismo y el estudio de los cómics, especialmente los
de origen franco-belga (Astérix, Tintín, Los Pitufos, Lucky Luke, Spirou y Fantasio…), aunque sobre todo con
la serie más conocida en nuestro país: Mortadelo y Filemón. Desde 2008, con ayuda de muchas personas del
foro de la T.I.A., fuimos clasificando las más de doscientas historietas largas y más de mil historietas cortas de
los personajes creados por el gran Francisco Ibáñez, sin lugar a dudas, el historietista de mayor éxito en nuestro
país, que además ha contado con un gran éxito internacional en un nutrido número de países, llegando a vender
más cómics de Mortadelo y Filemón en Alemania (allí ‘Clever und Smart’), que los que se vendieron de Astérix.
Y es que, por extraño que parezca, de la serie de mayor éxito de nuestro país no se conocía con exactitud la
cantidad de historietas que se habían publicado ni el orden en el que habían aparecido. Fue un trabajo
exhaustivo que llevó muchos años, clasificando publicaciones y ordenando historietas cronológicamente para
eliminar duplicidades. Una vez concluido, continuamos con más de mil doscientas historietas adicionales. La
explicación es sencilla: durante casi dos décadas, desde comienzos de los años setenta hasta finales de los
ochenta, Bruguera y Ediciones B publicaron cientos de historietas de Mortadelo y Filemón de autoría apócrifa,
esto es, realizadas por guionistas y dibujantes distintos a Francisco Ibáñez, padre de la serie. El éxito de los
agentes de la T.I.A. llegó a tal punto, que la editorial del gato negro decidió crear un estudio de dibujantes para
desarrollar historietas de Mortadelo y Filemón en masa. El equipo estuvo comandado por Blas Sanchis, hombre
de la casa, aunque unos años antes Juan Martínez Osete ya había empezado a crear nuevas versiones, más
actualizadas, de las primeras historietas de los personajes, que datan de 1958 en adelante. Muchas de esas
historietas reconocieron la autoría de sus guionistas (Jesús de Cos, Francisco Serrano, Ramón M.ª Casanyes...),
pero nunca se citó a los dibujantes, a excepción del mencionado Casanyes, que fue el único que se guionizaba
sus historietas, y al que solo se le acreditaba como guionista. Entre todos esos dibujantes, los más prolíficos
fueron, además de Casanyes, Jordi David Redó, Antoni Bancells, Tino Santanach y Martínez Osete, aunque
hubo muchos más dibujantes cuyos nombres y apellidos tampoco fueron mencionados, quedando relegados al
olvido. Hubo también un grupo de historietas híbridas, dibujadas por autores apócrifos a partir guiones que
Ibáñez grababa en cintas de cassette, y de las cuales, en muchos casos, el propio Ibáñez llegó a dibujar algunas
páginas. Especialmente reseñable es el caso de Juan Manuel Muñoz, mano derecha de Ibáñez durante cuatro
décadas. Era él quien corregía sus lápices y entintaba sus historietas largas, además de realizar algunas
historietas cortas. Sin embargo, su nombre nunca fue mencionado en ninguna historieta, y además terminó
siendo despedido, unos meses después de autoreivindicarse en una entrevista publicada en internet. Sirva este
pequeño artículo para reconocer todo ese talento que, desde hace años, puede consultarse en internet, en la
página NO oficial de Mortadelo y Filemón, que administro personalmente. Por casualidades de la vida, o por
“sincronicidades”, quiso el destino que en 2007 tuviese la oportunidad de ver como el propio Ibáñez se redimía
de sus filias y fobias, prendiéndole fuego a la falla levantada en su honor en la ciudad de Valencia.
La falla dedicada a Francisco Ibáñez arde, encendida por el propio artista, durante las Fallas de 2007.
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