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Sinopsis

Capítulo 1

Capítulo 2

Capítulo 3

Capítulo 4

Capítulo 5

Próximo libro

Sobre el autor

Créditos
Después de perder una apuesta con su mejor amiga Cherry, Britt es obligada a salir
de su zona de confort y lanzársele a uno de los hombres más sexys que jamás ha visto.
Todo iba perfectamente bien hasta que él descubrió su pequeño secreto.

Kingston “King” Henry es el playboy soltero más rico y más caliente de la ciudad.
Conocido por salir con una lista de actrices de Hollywood y dejar un rastro de corazones
rotos a su paso, él no es el tipo de chico con la que una chica como Britt debería enredarse.

Pero cuando sus padres sorprenden a ambos con la gran noticia y los dos son
involuntariamente empujados juntos, las chispas volarán, los corazones se incendiarán y
muchas, muchas reglas se romperán.

¿Britt sobrevivirá su encuentro con este hermano malo, y King alguna vez bajará
de su trono lo suficiente como para admitir su amor por ella?

Y lo más importante de todo, ¿cómo manejará la noticia de que ella va a tener a su


bebé?

Bad Brother, parte 5


Traducido por Apolineah17

Mamá me llevó aparte, un par de semanas después de mi prueba de embarazo


positiva y me preguntó—: ¿Hay algo que necesites decirme?

El corazón me revoloteó en el pecho y sentí que se me secaba la boca.

—No, ¿por qué lo preguntas?

—Pareces realmente deprimida últimamente. ¿Todo el asunto de Jake te está


molestando? Puedes hablar conmigo de eso, ¿sabes?

Respiré profundamente y exhalé. Eso no era lo que esperaba.

—No, para nada —dije—, sólo he estado pensando en la universidad y


preguntándome si eso es lo que realmente quiero hacer.

—¿Qué? —preguntó mamá—. Durante años nos hecho más que hablar de
conseguir entrar a pre-medicina en algún lugar y convertirte en médico. ¿Por qué
cambiarías de opinión ahora?

—No lo sé, creo que tal vez debería ver más del mundo antes de decidirme por una
cosa.

—Oh, guau, esta es una noticia grande —dijo ella, con el rostro afligido—. Creo
que te apoyaré en lo que sea que decidas, es tu vida después de todo.

Mientras se alejaba, me senté en el sofá y me pregunté si apoyaría el hecho de que


estaba embarazada. Eso había estado muy cerca, sin embargo, no sabía cómo iba a
ocultárselos una vez que empezara a creerme el vientre. Y no sabía cómo se lo diría a
King.

Él había estado tan distante conmigo desde ese horrible y jodido mensaje de texto
de “seamos amigos”. Había estado tan malditamente enojada por ello que nunca le
respondí.

Había venido a cenar un par de veces, pero siempre se las arreglaba para parecer un
niñito hosco escondiéndose cuando estaba cerca de mí, su culpabilidad lo volvía molesto
y poco atractivo. Quería abofetearlo, agarrarlo del cuello y exigir que fuera un hombre y
empezara a actuar como el macho alfa del que me había enamorado tan profundamente.

Su culpa también significaba que hablaba enserio sobre no tener tiempo para mí, y
eso malditamente dolía. Todavía hervía de rabia por ello cuando escuché el timbre de la
puerta delantera. El timbre de la puerta sonó por toda la gigantesca casa y Loretta, el ama
de llaves, corrió a abrir.

—Es Kiiiiiiiiiiingston —le gritó animadamente a Jake y a mamá en el patio trasero.

Jodidamente fantástico. Otra cena incómoda con él moviéndose furtivamente


alrededor, evitando el contacto visual.

Me erguí y estiré en el sofá, cerré los ojos y me levanté. Dejé que mis articulaciones
crujieran mientras me paraba de puntillas y me estiraba hacia el techo. Me pregunté si mi
pequeño estómago era visible ya y cuán grande era el bebé; y me dejé caer de nuevo al
suelo.

—Ejem —escuché a alguien aclararse la garganta.

Mis párpados se abrieron y me di la vuelta para encontrar a King apoyado contra el


marco de la puerta, observándome. Tenía esa actitud perezosa y arrogante en sus ojos, y
su boca estaba torcida en esa sonrisa de suficiencia que me volvía tan malditamente loca
y salvaje al mismo tiempo.

—¿Qué quieres? —espeté, con hielo fluyendo a través de mis venas, disimulando
mi creciente ira y mi ardiente deseo. Odiaba que todavía luciera tan condenadamente
sexy. Llevaba una camiseta blanca ajustada, que acentuaba sus abultados músculos y
permitía que sus tatuajes se mostraran a través de la tela.

Su cabello oscuro era abundante y ondulado, pero sólo lo suficientemente


despeinado para darle ese aspecto de chico malo que me encantaba. Tenía una barba
incipiente en el mentón, y sus ojos brillaban con humor.

No pude evitarlo, mi mirada cayó hasta el contorno de su marcada V de músculos


que desaparecía bajo la cintura de sus vaqueros. Como una pista de aterrizaje hacia su
enorme polla.

La podía ver a través de sus pantalones, semidura y metida a la izquierda hoy. Dios,
odiaba lo mucho que lo deseaba. Levanté mis ojos de un tirón para encontrarme con los
suyos, cuando me di cuenta de que me había quedado mirando fijamente durante
demasiado tiempo.

—Necesitaba ver cómo vas —respondió con una voz firme, no apartando nunca su
mirada de mi rostro—. ¿Todo bien, princesa?

—Estoy bien —me atraganté, la hirviente ira subiendo en la parte posterior de mi


garganta, amenazando con consumirme. Sin embargo, no quería empezar su visita con un
grito de mi parte; eso tendría que esperar hasta que estuviéramos solos.

Cruzó la habitación hacia mí a una velocidad alarmante. Sus largos pasos cubrían
mucho terreno, sus gruesas piernas musculosas metidas en sus ajustados vaqueros lo
hacían parecer casi inhumanamente perfecto.

Se puso de pie directamente frente a mí, por lo que tuve que estirar el cuello y
levantar la mirada hacia él.

Odiaba la forma en que mi cuerpo me traicionaba, cómo, incluso ahora, deseaba


que él me besara, me tocara. Sentí una opresión en mi pecho y mi coño se apretó a medida
que mis bragas se empapaban. Sentí mi respiración quedarse atrapada en mi pecho y mi
corazón se aceleró el doble.

Mi cuerpo era un maldito traidor, y yo no tenía control sobre sus reacciones estando
él tan cerca.

—¿Realmente estás bien? —preguntó en voz baja, con preocupación tiñendo su


rostro esta vez. Mi coño se apretó de nuevo ante su amable pregunta. Enganchó el dedo
debajo de mi barbilla, levantó mi cabeza hacia su rostro, y pareció como si fuera a
besarme.

Mis rodillas se debilitaron y temblé de necesidad ante su toque.

—Estoy bien —grazné.

—No te ves bien para mí, princesa —dijo—. De hecho, te ves triste. ¿Yo te ocasione
eso?

—Has hecho mucho —respondí. La ira quemaba dentro de mí otra vez—. No tienes
idea. —Quería gritarle que me había dejado abandonada y embarazada, pero no podía
hacer eso. No todavía.
—Lamento cómo resultó todo —dijo—, pero tienes que entender que no puedo
arrastrarte a mi vida caótica ahora. Nunca sé si estoy yendo o viniendo, si estaré en la
oficina hasta media noche o tomaré un vuelo cruzando el país a las cinco de la mañana.
No puedo hacerte eso.

—Sigue diciéndote eso —dije, entrecerrando los ojos—. Estoy segura de que eso
te hace sentir mejor respecto a todo.

La ira destelló en sus ojos y pensé que iba a luchar conmigo por el asunto, negar
sus intenciones o declarar su amor por mí. Algo. Cualquier cosa.

Pero él simplemente suspiró, pasó la mano a través de su abundante cabello y dijo—


: Esto no me hace sentir mejor respecto a nada en absoluto, Britt. Me hace sentir como la
mierda, en realidad. Te extraño.

No sabía qué podría responder a eso. Mi garganta se tensó y las palabras no


pudieron escapar. Él se quedó viéndome durante un largo minuto, se dio cuenta de que
no iba a responder, giró sobre sus talones y salió de la habitación.

Por supuesto, después de que se había ido, fui capaz de chillar—: ¡King! No te
vayas, necesitamos hablar.

Y, por supuesto, él ya estaba fuera del alcance del oído y mi coraje había
desaparecido.

Pasé la cena arriba, escondida en mi habitación, preguntándome cómo iba a poder


hablar alrededor de él de nuevo.
Traducido por Tessa_

Bajé a hurtadillas después que el ama de casa y la cocinera se fueran a casa. Mamá
y Jake habían sido invitados a unas copas después de la cena en el club de la ciudad, y
tenía la casa para mí.

No encendí la luz de la cocina, simplemente abrí el refrigerador y me paré en el


brillante resplandor, preguntándome qué podría disfrutar sin que me hiciera vomitar las
tripas más tarde.

Saqué las sobras de una ensalada Caesar empacada herméticamente en un


recipiente, cerré la puerta y agarré un tenedor.

Abrí el recipiente y empecé a llenar mi boca, compadeciéndome extremadamente


de mí misma. Estaba sola y miserable, y no había nadie que se diera cuenta.

—¿Ni siquiera vas a encender las luces? —La perpleja voz de King llegó a través
de la oscuridad. Di un salto y dejé caer mi ensalada, que quedó esparcida por todas partes,
y el tenedor tintineó al aterrizar a menos de un metro de distancia en el suelo de azulejos
de la cocina.

—Joder —dije—, me asustaste. —Mi corazón latía con fuerza, por el miedo y por
saber que él estaba aquí conmigo, a pocos metros de distancia. Me sentía muy vulnerable
y expuesta.

Podía ver su sombra en la mesa de la cocina. Se puso de pie, se acercó al interruptor


de la luz, lo tocó e inundó toda la habitación con luz brillante. Entrecerré los ojos y deseé
que no lo hubiese hecho. Estaba hecha un desastre, despeinada y con una pijama arrugada,
y ahora, cubierta de migas de pan y lechuga blanda.

—Creo que podrías asustar a cualquiera en este momento, princesa. —Soltó una
risita y agarró una escoba y un recogedor de un armario cercano.

—Jódete —escupí.

—Con gusto —dijo—, pero limpiemos esto primero.


Me quedé inmóvil mientras él barría mi desorden, lo tiraba a la basura, ponía el
recipiente en el microondas y trapeaba la ensalada en el suelo.

No pude moverme cuando se acercó a mí, con esa antigua malvada mirada
depredadora en sus ojos que tanto me encantaba. Me supervisó, bajó la mirada y sonrió.
Tomó un crutón de la parte delantera de mi camisa, se lo metió en la boca, lo masticó
ruidosamente y dijo—: Delicioso.

Me hice a un lado y me encorvé sobre el fregadero, sacudiendo cualquier resto de


comida de mi camisa e intenté conservar algo de dignidad. También necesitaba la
distracción, de lo contrario, probablemente ya estaría desnuda y rogando ver su polla.

Maldito cuerpo traidor.

—Ahora está un poco mejor —dijo y se acercó a donde yo estaba. Miró hacia abajo
de nuevo, sonrió y dijo—: ¿Por qué me evitaste en la cena?

—No estaba evitándote, simplemente no tenía hambre.

—No me salgas con eso, princesa —dijo y agarró mi muñeca en su mano—, los dos
sabemos que no querías verme.

—Tal vez no quería. ¿Y por qué sería raro? Me quitaste la virginidad y me botaste
a la mierda en el minuto en que conseguiste un trabajo real. —Levanté mi barbilla y lo
miré.

—Aquí me tienes —dijo él con una sonrisa torcida—, ahora, ¿qué quieres comer?
Déjame prepararte algo, ya que, aparentemente, pasaste hambre para evitar mi presencia.

—Eso no es del todo justo —dije, entrecerrando los ojos—, ahora te estás pintando
como la víctima, y no lo eres.

—¿Y tú? —preguntó con una ceja levantada—. ¿Es así como te ves a ti misma?

—Tengo más que perder en todo esto —le dije, casi atreviéndome a dejar escapar
la noticia de que estaba embarazada.

—Ah, ¿sí? —preguntó, dando un paso más cerca de mí. Tomó mi mano y la puso
sobre su pecho donde podía sentir su corazón latir con fuerza—. ¿Eres la única que perdió
algo debido a la dirección que tomaron nuestros caminos?
Tragué con dificultad y repentinamente mi garganta estaba seca de nuevo. Su
corazón latía en su pecho con tanta fuerza que juraba que podía oírlo. Debió ser el eco de
mi propio corazón palpitando con deseo y necesidad, pero no podía asegurarlo.

—No sé —susurré—, nunca me lo has dicho. Además, sólo somos amigos,


¿verdad? Y los amigos no hablan de cosas como esa.

—¿Qué hay de los amigos… con derechos?

—¿De qué tipo de derechos estamos hablando?

Me miró a los ojos, su mirada era firme y sus ojos profundos charcos de deseo. Se
inclinó sobre mí, obligándome a girar mi cara para verlo. Bajó repentinamente y presionó
sus labios sobre los míos. Nuestras bocas chocaron, nuestras lenguas se entrelazaron y
nuestros cuerpos, naturalmente, se fundieron uno contra el otro.

Me besó así, siendo los únicos sonidos los que nosotros hacíamos. Los húmedos
sonidos de besar, los suaves gemidos de placer, y el ritmo constante de nuestros corazones
palpitantes.

Subió la mano y envolvió sus dedos en el cabello a la altura de mi nuca. Su otra


mano se deslizó hacia abajo, buscando la cinturilla elástica de mis pantalones de pijama.
La deslizó dentro, encontró la parte superior de mi hendidura y separó mis labios
suavemente.

Jadeé y mordí su labio inferior cuando encontró mi clítoris. Empezó a jugar con él
frotando y provocando el hinchado bulto hasta que yo empecé a hacer fuertes gemidos
guturales de placer contra su boca.

Me vine rápido y con fuerza. Me aferré a su fuerte antebrazo con ambas manos,
clavándole las uñas y cerrando con fuerza los ojos. Rayos de intensa energía sacudían mi
cuerpo, casi haciéndome caer. Grité su nombre y extendí los brazos para sostenerme con
más fuerza contra él.

Él gruñó y me agarró en sus brazos. Pude sentir su enorme pene presionando contra
mí cuando me levantó más.

—¿En qué habitación te estás quedando? —preguntó mientras salía de la cocina


cargándome.
—La habitación de invitados color rosa. —Hice un gesto hacia arriba—. Al final
del pasillo.

—Sé cuál —dijo con una voz ronca y grave. Subió las escaleras de dos en dos y me
dijo—: Voy a follarte duro, princesa. He tratado de mantenerme alejado y administrar la
empresa de mi padre, pero no me puedo concentrar. Te necesito.

Llegamos a mi habitación y empujó con fuerza la puerta. Me puso sobre la cama y


se puso sobre mí. Se quitó la camisa y continuó.

»No puedo sacarte de mi cabeza. Así que, al carajo la compañía, al carajo el negocio
familiar, sólo quiero enterrarme profundo en tu coño y no pensar en nada más que en ti
ordeñando mis bolas hasta dejarlas secas.

—¿Aún me deseas? —pregunté con voz temblorosa.

—Joder, sí —respondió y se abalanzó, empujándome hacia atrás en la cama y


cubriéndome con su cuerpo. Me dio un beso y tiró de mi pijama. Me moví para quitármela
y pasé las manos a lo largo de su ancho pecho. Todavía llevaba puesto sus vaqueros, pero
estaba trabajando insistentemente en mi cuerpo en ese momento.

No sabía si confiaba en él, pero, confiaba en la forma en que me hacía sentir. Yo lo


deseaba y si él me deseaba, tendríamos que trabajar en los detalles de nuestras vidas y
hacer espacio el uno para el otro.

Y, suponía yo, para el bebé.

Pero eso podría esperar, esta noche pertenecía a nosotros.


Traducido por Ione

Su boca estaba en todos los lados a la vez, por todo mi cuerpo. Me besó, chupó y
mordisqueó entera, lo que hizo que se me endurecieran los pezones y que me doliera el
coño por el deseo. Me apartó las piernas y enterró la cara en mi coño, me chupó el clítoris
y metió un dedo dentro.

El placer era demasiado intenso, grité y le agarré la cabeza, enterrando los dedos en
su cabello. Oleadas de calor recorrieron mi cuerpo y sentí como si fuera a desmayarme.
No sabía si era por las hormonas o por la confesión de King de que no podía dejar de
pensar en mí; pero la lengua en mi clítoris era la cosa más alucinante que nunca había
sentido. Pero, necesitaba más.

—King —jadeé—. Fóllame. —De repente lo necesitaba dentro de mí con tantas


ansias que no me eran familiares. La necesidad me asustaba, me daba miedo el poder que
él tenía sobre mí, pero también se sentía como libertad.

Admitir que lo quería se sintió como admitir que estaba viva, era humana y
vulnerable.

Se apartó de mí, me dio un beso en el interior del muslo, se levantó y se bajó los
vaqueros por sus largas piernas.

La polla saltó hacia adelante, balanceándose cuando él saltó para quitarse el


pantalón de la pierna y yo estaba fascinada con ella. No creí que dejara de impresionarme
nunca, era gruesa, larga y preciosa.

Nunca pensé que llamaría a una polla preciosa, pero lo era.

—Déjame probarte —dije con la voz ronca y lo acerqué a mi boca.

—No intentes ponerte al mando, princesa. —Se rio y volvió a empujarme hacia
abajo—. No te queda. Y habrá tiempo para que chupes más tarde. Ahora mismo necesito
tu coño.

Tenía razón, estaba llena de una dolorosa necesidad por él, pero también estaba
como loca por la libertad que me ofrecía cuando me daba órdenes. Y mi coño lo
necesitaba.
—Abre esas piernas preciosas. —Me ordenó mientras se paraba en el borde de la
cama. Obedecí y las abrí ampliamente.

Trepó entre ellas, posicionó la cabeza de su polla justo en mi entrada y me miró


profundamente a los ojos.

—No me voy a alejar de esto —dijo deliberadamente, mientras entraba en mí con


una precisión dolorosa—. No voy a dejar este coño. No me importa quién lo sepa y
jodidamente no me importa si eso significa que perderé mi trabajo. No te voy a dejar de
nuevo, princesa.

Me arqueé lejos de la cama para darle un mejor acceso. Quería que me abriera
completamente y me llenara hasta que no cupiera más.

—Prométeme que no me dejarás así de nuevo. —Jadeé cuando entró hasta el final.

—No lo haré —dijo cuando se quedó quieto dentro de mí. Sentía cómo nuestros
cuerpos latían uno contra el otro, completando nuestra unión con sensaciones y palabras.

—Esto es más que amigos con beneficios, ¿verdad? —Gemí.

Me miró a los ojos, con un poco de brillo en los suyos. —Mucho más, princesa.
Maldita sea, mucho más.

Salió y sentí cada momento agonizante en el que deslizó la polla fuera de mi coño.
Me encogí involuntariamente y sonrió. No quería que dejara mi cuerpo y ambos lo
sabíamos.

—Por favor —le rogué cuando estaba casi fuera. Se quedó quieto ahí, con la punta
de su enorme polla temblando entre mis labios.

—¿Por favor, qué? —preguntó con una enorme sonrisa en los labios. Se reía de mí
con los ojos, pero sabía que era con buen humor. Su felicidad al estar completamente a
cargo de mí. Le pertenecía y ambos lo sabíamos.

—Por favor, fóllame duro, King —exhalé temblando. El corazón me latía fuerte,
tanto que casi me dolía por la tensión. Tenía las piernas y brazos flojos y sentía que la
cabeza me iba a explotar.

Necesitaba que se metiera de lleno en mí, y lo necesitaba mucho.

—¿Quieres decir así? —preguntó y se metió un centímetro más en mí.


—Por favor, ¡más fuerte! —grité. Encontré energía para levantar los brazos y le
arañé los músculos de la espalda. Podía sentir cómo le temblaba el cuerpo para evitar
follarme y sabía que se estaba castigando a él mismo tanto como estaba jugando
conmigo—. Por favor, King. Te necesito duro y rápido. Necesito que me folles.

—¿Qué pasa si quiero hacerte el amor? —preguntó de repente, apoyándose sobre


el codo y mirándome a los ojos.

—Simplemente quiero tu polla profundamente dentro de mí, no me importa cómo


pase —susurré y me besó.

Cuando me metió la lengua en la boca y la reclamó a su nombre, a la vez se metió


dentro de mí despacio.

Era una agonía de éxtasis, cada célula de mi coño lo sintió y cada músculo de mi
cuerpo temblaba de alegría.

Salió y volvió a entrar, nuestros cuerpos balanceándose uno contra otro. Esta era la
verdadera unión de nuestros cuerpos, sin las batallas de antes en las que reclamaba su
dominio sobre mí.

En este lento ritmo, me estaba reclamando, pero no solo para dominarme, sino para
amarme.

Podía sentir lo mucho que me amaba con cada estocada de su magnífica polla. Podía
sentirlo por la forma en la que enredaba su lengua con la mía y por la forma en la que me
acunaba la cara con las manos mientras uníamos nuestros cuerpos.

Era un fuego lento, no los orgasmos explosivos que había tenido con él antes, sino
la construcción de algo increíble.

Seguimos así por lo que pareció una eternidad, nuestros cuerpos cubiertos de sudor
y entrelazados, moviéndose uno contra el otro, unidos por la boca y las partes inferiores.

Sentí cómo se construía mi orgasmo en la parte de atrás de la cabeza, como un


placer cegador, esperando apoderarse de mí.

Amenazaba con ahogarme en deseo y no me importaba. Quería ahogarme en el


amor que me daba.

—King —jadeé contra su boca.


—¿Princesa? —preguntó y se apartó, todavía persistente con sus movimientos,
yendo dentro y fuera de mí.

—Me voy a correr. —Jadeé de nuevo cuando golpeó con la polla ese dulce punto
una y otra vez.

—Córrete para mí, princesa —ordenó y me sujetó la cara mientras me miraba a los
ojos—. Córrete en mi polla, eso es, nena. Quiero sentir cómo ordeñas mi polla, cómo me
dejas seco de todo lo que tengo. Todo es para ti. Vamos, buena chica.

Grité e intenté echar la cabeza hacia atrás, pero me mantuvo ahí, mirándome a los
ojos.

La intensidad del momento era demasiado. Sentí que me caían lágrimas por las
mejillas al correrme. Cuando me dejé ir y sentí que se extendía y me recorría entera.

Amaba a King con cada célula de mi cuerpo y llevaba a su bebé. Si eso no nos
juntaba completamente, nada lo haría.

Gruñó y se tensó. Exhaló y dijo. —Jodeeeeeeeeeeeeeeer, eres increíble, mi


hechicera.

Sentí que se corría mientras aún estaba temblando y aferrándome a mi orgasmo


alrededor de su polla. Se quedó quieto, pulsando dentro de mí y sentí su semen caliente
llenarme el coño.

Grité y jadeé su nombre. Le arañé como si intentara que se metiera todavía más
profundo de lo que estaba.

Lo quería en todas partes en las que pudiera estar, dentro de mí y por todos los
lados.

Quería que el mundo supiera que era suya, le pertenecía a King.

Y a nadie más.

Como si me leyera la mente, gruñó—: Eres mía. —Mientras terminaba y colapsaba


sobre mí.

Nos quedamos tumbados juntos, jadeando al intentar recuperar la respiración y


dejando que se enfriara el sudor.
Después de eso, escuchamos que nuestros padres habían vuelto a casa, pero no
reaccionamos. Me apretó más fuerte en la curva de sus brazos y nos quedamos dormidos
así.

Juntos y conectados de cada manera posible.


Traducido por meri_321

—Briiiittttt —la voz de mi madre penetró el suave velo de mi sueño. Me quejé por
lo bajo y me moví.

Justo en los brazos de King. Me sobresalté, como un pequeño ciervo en la mirada


directa de un depredador. ¿Qué estaba haciendo aquí y cómo le íbamos a explicar esto a
mamá si entraba y nos atrapaba ahora?

—Buenos días, princesa —dijo somnoliento y me atrajo hacia él. No hice caso de
la llamada de mi madre y acomodé mi cabeza en su pecho.

Él era magnífico, incluso a primera hora de la mañana. ¿Cómo podría ser eso justo?
Estoy segura que me veía horrible, con mi cabello en una maraña difusa alrededor de mi
cabeza y mi boca se sentía como si un desierto se hubiera formado durante la noche.

—Hola tú —le dije y oí a mi madre gritar mi nombre de nuevo. Me pregunté qué


hora era, decidiendo que no me importaba y le pregunté a King—. ¿Cómo vamos a sacarte
a escondidas?

—No voy a salir a hurtadillas —murmuró, todavía medio dormido—, eres mía, y
me importa una mierda quién lo sepa.

—Así que, ¿sólo vamos a bajar a la planta baja, unirnos a nuestros padres para el
desayuno y decirles que ahora somos pareja? —le pregunté, vacilante porque tenía miedo
de que su respuesta pudiera ser no. Secretamente quería tanto que esto sucediera.

Se rio y me atrajo más cerca. Él olía a limpio, almizclado, como después del afeitado
y a su propio aroma masculino. Aspiré y me deleité en su olor. Estaba loca por todo lo
que King tenía que ofrecer, creo que era un poco adicta.

Solo noo sabía cómo él reaccionaría cuando se enterara de nuestro bebé. Sabía que
debería decirle en ese mismo momento, pero estaba aterrada.

Quería aferrarme a lo que tenía con él en ese momento por el mayor tiempo posible.
—Creo que eso es exactamente lo que debemos hacer —dijo y besó la parte superior
de mi cabeza—. Necesitamos que la gente sepa acerca de nosotros.

—Está bien —le contesté. Mi corazón se elevó y giró como un acróbata. Él quería
que la gente lo supiera, ya no sería un pequeño sucio secreto.

Yo era suya.

Ahora bien, si tan sólo pudiera hacerle saber mi secreto.

Casi se lo dije, las palabras estaban en mi boca, pero no podía sacarlas más allá del
nudo en mi garganta.

—¡Britt! ¡El desayuno! —la voz de mamá vino justo de delante de mi puerta.

—Ahora mismo bajamos —respondió King con una sonrisa. Esperamos la


respuesta de mi madre, ya riéndonos como niños.

—Eh, ¿King? —preguntó—. ¿Eres tú?

—Lo soy —respondió y comenzó a reír aún más fuerte.

—¿Dónde está Britt?, —preguntó mamá. Me sentí mal por ella, sonaba realmente
confundida.

—Aquí mismo, mamá —dije con una risita. No podía creer lo atrevida que estaba
siendo, pero King hizo eso en mí de alguna manera. Él me dio confianza.

—Ah, ya veo. Vale, bueno ambos deben bajar antes que el desayuno se enfríe —
dijo y escuchamos el taconeo de sus zapatos en el mármol mientras se iba.

—Me pregunto qué le dirá a mi padre —preguntó, sin dejar de reír. Extendí la mano
y la froté a lo largo de su barba incipiente. Incluso con el crecimiento de unos días, se
veía refinado y pulido. Nunca sabría cómo se las arreglaba para lograrlo.

Me preguntaba si finalmente se vería demacrado cuando le contara lo del bebé.


Incluso podría valer la pena, solo para ver la mirada horrorizada en su rostro.

—Sea lo que sea que diga, tenemos que bajar —le dije—. Marta hace las mejores
crepes en la mañana, no nos los queremos perder.

—¿Ella hace servicio de habitación? —preguntó King, atrayéndome para un beso.


No parecía importarle mi aliento de dragón, y el suyo no estaba tan mal, así que nos
besamos hasta que su polla creció enorme y necesitaba sentirlo de nuevo.
Me subí encima y dejé caer las sábanas de mi cuerpo, mis pechos quedaron
expuestos y mi torpeza había desaparecido hace rato. Yo sabía que él amaba mi cuerpo,
y le encantaría aun cuando se hiciera más grande con nuestro hijo.

Sus manos se movieron a lo largo de mis muslos y me mantuvieron en su lugar


mientras perforaba mi coño desde abajo.

—Me encanta tu coño —gruñó—, puedo olerlo desde aquí, huele a mí y eso me
encanta. Quiero que huelas a mí cada puto día, Britt. Quiero que sepas a mí y que sepas
que me perteneces.

—Lo sé. —Me quedé sin aliento y extendí los dedos sobre cada uno de sus
pectorales. Eran enormes, mis manos parecían pequeñas contra sus enormes músculos.
Sus tatuajes se ondulaban y se movieron a la luz suave de la mañana mientras empujaba
su polla dentro de mí—. Te pertenezco, King. Soy tuya.

Nos corrimos juntos. Los dos tan excitados por el simple hecho de haber dormido
uno a lado del otro, que no nos tomó mucho tiempo. Él me clavó en su polla, sostuvo mis
muslos con tanta fuerza que estaba segura que dejaría moretones, y empujó con fuerza
dentro de mí.

—Tú. Eres. Mía —gruñó puntualizando cada palabra con una fuerte embestida.
Cada vez que dijo esas palabras, caí más profundo en un mar de felicidad orgásmica. Me
recosté y me abrí a él, gritando su nombre cuando nos corrimos.

Al terminar, me senté sobre él y sentí su polla blanda retroceder lentamente. No


querría bajarme de él en ese momento, solo quería estar a horcajadas sobre su torso
musculoso un poco más de tiempo.

Él me miró y dijo—: Eres preciosa desde este ángulo. Y tus mejillas están
sonrojadas, me encanta cuando estas recién follada.

—A mí también —me reí—, me gustaría poder estar recién follada todo el tiempo.

—Eso es posible —dijo y acarició mis muslos—, si te quedas conmigo, princesa.


Prometo tenerte recién follada todos los días.

Me moví contra él y sentí su polla blanda deslizándose por completo. Estaba


empapada entre mis muslos, nuestros jugos mezclándose y creando un embriagador
aroma. No podía tener suficiente de esto, de nosotros, y ya no me asustaba.
Yo sabía que se quedaría conmigo sin importar lo que pasara, lo sentí en cada latido
de mi corazón, y cada latido del suyo. Nuestros corazones latían como promesa de que
ahora éramos uno.

—Tengo algo que decirte —dije en voz baja, sin saber realmente cuál sería su
reacción cuando le contara lo del bebé, pero tenía la fe de que iba a salir bien.

—¿Qué cosa, princesa? —preguntó, envolviendo sus manos alrededor de mi cintura


y mirándome con una sonrisa en su rostro.

—Como sabes, tú has sido mi primero y único, ¿no? —le pregunté vacilante. Estaba
aterrorizada de hacerle saber sobre el bebé, pero me sentí obligada a proseguir.

Me sentía débil, y mi corazón latía tan rápido que pensé que estaba tratando de
escapar. Mi pecho se sentía ahogado, hinchado y sensible, y me sentía al borde de las
lágrimas.

Tenía la esperanza de que él lo tomara bien, esperaba que no nos rechazara al bebé
y a mí.

Respiré profundo y enfrenté el secreto que mantenía profundo en mi interior. El


secreto que iba a cambiar mi vida de manera irrevocable, el secreto que iba a consumar o
romper mi relación con King.

—Sí —respondió—, sé que soy el único que ha reclamado tu coño, Britt. ¿De qué
va esto?

—Bueno, yo no estaba tomando la píldora —comencé en silencio.

—Está bien, ¿la estás tomando ahora? —preguntó, con el ceño fruncido por la
confusión.

—No, no lo estoy —le contesté. Mi estómago se agitó y amenazó con huir de mi


cuerpo.

—Podemos conseguirte algunas —dijo—, no te preocupes por eso, princesa.

—Creo que... no las necesito —le contesté y observé su rostro mientras procesaba
la información.

— ¿Qué quieres decir? ¿Eres infértil? —preguntó.

—No, no lo soy —le contesté, tomando otra profunda y temblorosa respiración,


cerré los ojos y seguí—. Estoy embarazada.
Él no contestó, y no se movió. No pude sentir ningún cambio en su cuerpo en
absoluto.

Todavía lo estaba montando, sus manos aún estaban agarrando mi cintura, y mis
ojos seguían cerrados con fuerza.

No sabía si tenía el coraje para abrirlos y ver cuál sería su reacción.

No sabía si tenía el coraje para sobrevivir si él me rechazaba. Y al bebé.

Poco a poco, con cuidado, los abrí.

Y no podía haber previsto lo que vi.


Traducido por ∞Jul∞

King tenía la sonrisa más amplia en su cara que creo jamás haber visto en él. Tenía
los ojos húmedos, llenos de lágrimas ante la idea de tener un bebé conmigo.

—¿Estás enojado? —pregunté, temblando de alivio y por la tensión que se había


acumulado en el interior de mi cuerpo.

—Joder, no, ¿por qué estaría enojado? Dios mío, princesa, ¡está llevando a mi hijo!
—exclamó y me atrajo hacia él en sus brazos. Me besó en la cara por todas partes y se rio
con alegría—. ¡Un bebé!

Mi corazón revoloteaba como un pájaro en una jaula, y empecé a llorar. Odiaba


cuando lloraba, mi nariz se ponía roja y se tapaba, y mi cara se hinchaba como si fuera
alérgica a la emoción.

—¿Estás seguro? —Sorbí mi nariz e inhalé, avergonzada de lo horrible que tenía


que parecerle en ese momento. Estaba cansada por el sexo, mi cabello estaba atroz, mi
cuerpo ya estaba cambiando y ampliándose, y ahora estaba berreando a moco tendido.

—Estoy seguro —dijo y pasó el pulgar por mi mejilla húmeda—. Por favor, no
llores, princesa. Te amo.

Ante sus palabras, dejé de respirar y la sangre corrió a través de mis oídos tan fuerte
que sonaba como las olas del mar rompiendo en una costa rocosa.

Traté de hablar, pero la voz se quedó atrapado en mi garganta. Hice otro intento y
logré susurrar—: ¿En serio?

—Sí —dijo, limpiando las lágrimas de mi otra mejilla—. No sé por qué y no sé


cuándo sucedió, sólo sé que te amo. Traté de sacarte de mi cabeza después de esa primera
noche cuando huiste, pero no podía dejar de pensar en ti. Eras mi princesa, mi Cenicienta,
sólo que no tenía ningún zapato de cristal para encontrarte.

—Y entonces me encontraste —dije en voz baja, secando las lágrimas de mi rostro


mientras hablaba.
—Y sí, te encontré. El destino te trajo a mí una vez, y te trajo de vuelta a mí —
continuó y besó mis mejillas saladas—. No te dejaré ir, Britt. Nunca más. Ahora no, y
sobre todo no ahora que estás por darme el regalo más grande de todos. Un niño.

—¿Qué dirán nuestros padres? —pregunté lentamente a medida que sus palabras
penetraban en mi corazón, se asentaban allí, llenándome de calidez y amor.

—¿Importa? —preguntó, su cálido aliento en mi piel—. Mientras nos tengamos


unos a otros, ¿realmente importa una mierda?

—No —contesté, impresionada de todo esto. Había sido tan estresante, estar sin él
y enterarme de que estaba embarazada, que creo que había estado en completo modo de
pánico. Modo de pánico para mí por lo general significaba que vivía en una nube feliz de
negación; que sin duda había sido mi proceder durante el último par de semanas.

Y, sin embargo, aquí estaba King, amándome y apoyándome y haciendo realidad


mis más profundos sueños secretos.

—Oye —dijo e inclinó mi cara hacia él. Me moví en sus brazos y levanté un poco
la cabeza para verlo mejor, ya que estaba tumbada a su lado.

—¿Sí? —pregunté, absorbiendo la visión de él desde este ángulo. Su barba


destacaba su fuerte mandíbula y los huecos de sus mejillas le daban un aspecto rudo y
sexy que casi me dejó sin aliento nuevamente.

—Nunca lo dijiste de regreso —me dijo con una sonrisa torcida.

—¿Qué? —pregunté, sorprendida.

—Te amo —dijo lentamente, como si yo no hablaba el idioma. Él levantó las cejas
y yo traté de entender lo que quería decir.

De repente me di cuenta, ¡no se lo había dicho de vuelta!

Me reí y le pinché el costado, la parte cosquillosa justo por encima de sus costillas,
y lo vi sacudirse lejos de mí.

—¡Tal vez no quiero decirlo! —Me reí de nuevo y le hice cosquillas otra vez,
viéndolo saltar y sacudirse lejos.

Me agarró las muñecas y dijo—: ¿Qué necesitas que haga para que lo digas? —Se
estaba riendo y gruñendo como un perro rabioso cuando me dio la vuelta sobre mi espalda
y mordió a lo largo de mi carne, haciéndome cosquillas de regreso.
Me reí y grité hasta que lágrimas de alegría empezaron a bajar por mi cara.

—¡Basta! —grité con una risita—. ¡Alto!

—No hasta que lo digas —gruñó, se echó a reír y se abalanzó para otra ronda de
mordiscos y cosquillas.

Luché con ganas para escapar, pero solo terminé con él inmovilizándome contra la
cama aún más fuerte, de alguna manera mis piernas abiertas, y su polla dura y palpitante
contra la cara interna de mi muslo.

—Dilo —dijo, de repente calmado y muy peligroso. Pude ver la expresión de sus
ojos, conocía mi debilidad y estaba a punto de usarla contra mí.

—No —respondí con mi barbilla hacia afuera, amando mi debilidad y queriendo


que él la usara.

Todavía sostenía mis muñecas, alzó mis brazos sobre mi cabeza y se deslizó hacia
arriba hasta que la cabeza de su pene separó mis húmedos labios hinchados.

Jadeé y me dijo—: Dilo, princesa, o no voy a follarte.

—Eso nos castiga a los dos —contesté, desafiándolo juguetonamente, de manera


que mi castigo fuera mayor.

—Realmente lo hace —dijo en voz baja—, pero maldita sea, te amo y quiero que
me lo digas de vuelta.

—¿Qué pasa si no lo hago? —pregunté, mi última chispa de alegría


desvaneciéndose mientras deslizaba su polla arriba y abajo en mi raja, pasando por
encima de mi clítoris, pero nunca deslizándose dentro de mí.

—Entonces te pondré sobre mi rodilla y te azotaré —sonrió y me lamió la clavícula.

—¿Y qé pasa si quiero ser azotada? —pregunté, estrechando los ojos.

—Eso se puede arreglar —dijo, inclinándome hacia un lado, sujetando mis


muñecas con una mano y golpeando con la otra mi culo.

Grité, sorprendida por cuán duro había sido y dije—: Bueno, bueno... yo... amo...
—Vi sus ojos ampliarse mientras esperaba que terminara la frase con la palabra deseada.
En cambio, me reí como una loca y lo terminé con—: ¡Tu polla!
—Eres el diablo. —Se rió y me azotó de nuevo. Salté ante el dolor, pero encantada
con las sensaciones que irradiaban desde donde su mano había golpeado mi carne.

Me azotó cinco veces más en rápida sucesión hasta que mi culo se sentía rojo e
irritado y quería que me follara más que nunca.

—Ahora, ¿qué vas a decirme? —preguntó, poniendo su peso sobre mí e


impidiéndome efectivamente moverme.

—Voy a decirte... —empecé a decir, ladeó mi pelvis y amplió mis piernas para tirar
de la cabeza de su pene parcialmente dentro de mí—. ¡Qué te amo! —Terminé con un
jadeo mientras él se conducía a casa y me separaba con su lujuria.

—Eso está mejor —dijo con una voz gruesa—. Te amo, princesa, no lo olvides.

Grité cuando martilleó en mí, golpeando dentro de mí, reclamándome una y otra
vez.

—Te amo demasiado, King —gemí—. Eres mi rey, eres mi todo.

—Eres mía —dijo de nuevo, y se condujo profundamente dentro con cada


embestida—. Córrete conmigo, princesa. Vente en mi pene, exprime ese coño a mi
alrededor y déjame seco.

—Me estoy viniendo. —Me quedé sin aliento y me estremecí, mi coño palpitaba
contra él y grité su nombre hasta que se convirtió en un gemido de éxtasis.

Él gimió y se detuvo a mitad de empuje, lo sentí pulsar y disparar su carga caliente


dentro de mí, uniéndose a mis propios jugos lujuriosos y me marcó de nuevo como suya.

Estaba exhausta, empapada y cubierta de sudor.

También estaba feliz, segura y amada.

Él salió de mí y me atrajo hacia él. Me acarició el cabello húmedo y casi me sentí


ronronear, estaba tan complacida por su toque.

—Supongo que deberíamos limpiarnos y enfrentar a nuestros padres en algún


momento de hoy —dijo.

Suspiré, no queriendo que nuestra pequeña existencia feliz fuese interrumpida por
su juicio.

—Supongo que deberíamos. ¿Quieres compartir una ducha conmigo? —pregunté.


—Sí —respondió y se quedó inmóvil durante unos momentos más, disfrutando de
nuestro amor y alegría compartida, antes de tener que compartirlo con el mundo.

Un mundo que podría no aceptarlo.

Continuará…
Olivia Hawthorne
Le encantan las lecturas cortas, calientes e intensas, ¡así que decidió empezar a
escribirlas!

Vive en el corazón de Texas con su familia.

Para saber más de Olivia, visita: [Link]


Moderación
Apolineah17

Traducción
Apolineah17
Tessa_
meri_321
∞Jul∞

Corrección y revisión final


Tessa_

Diseño
Tessa_
Adaptación al español y diseño realizados en:

Visítanos:

[Link]
Bad Brother, Parte 6

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