EL REY RANA
003-El Rey Rana Hace muchos años, cuando el desear aún le ayudaba a
uno, vivía un rey cuyas hijas eran todas buenas doncellas, pero la más
joven era tan bondadosa, que el mismo sol, que ha visto tanto, se detenía
cada vez que iluminaba su camino. Cerca del castillo del rey, había una
inmensa y oscura selva, y bajo un viejo árbol de lima había un pozo, y
cuando el día esta muy caliente, la hija menor del rey iba a la selva a
sentarse junto a la fresca fuente, y cuando se aburría, tomaba una bola de
oro y la tiraba alto para capturarla. Y esta bola era su juguete favorito.
Pero sucedió que en una ocasión la bola no llegó a las manos que la
esperaban, sino que cayó al suelo y rodó hasta caer en el pozo. La hija del
rey la siguió con sus ojos, hasta que desapareció. Y el pozo era profundo,
tan profundo que no se alcanzaba a ver el fondo. Ella empezó a llorar, y a
llorar más alto y más alto sin llegar a sentir consuelo. Y mientras se
lamentaba oyó que alguien le decía: -"¿Que te sucede, hija del rey?, te
lamentas tanto que hasta las piedras te mostrarían piedad"- Ella miró
alrededor buscando hacia donde venía la voz, y vio a una rana sacando del
agua su gran cabeza. -"¡Ah!, vieja corredora de aguas, ¿eres tú?"-
preguntó.- "Estoy llorando por mi bola de oro, que cayó dentro del pozo"-
concluyó diciendo. -"Quédate tranquila y no llores más"- contestó la rana.
"Yo te puedo ayudar, pero ¿que me darás a cambio si te regreso ese
juguete de nuevo?"- -"Lo que tú quieras, querida rana"- dijo ella. -"Mis
vestidos, mis perlas y joyas, y hasta la corona de oro que llevo puesta"- La
rana respondió: -"No me interesan tus vestidos, tus perlas o joyas, ni la
corona de oro, pero si me amaras y me dejaras ser tu compañera y socia
de juegos, y sentarme contigo en tu mesa, y comer de tu plato de oro, y
beber de tu vaso, y dormir en tu cama junto a tí. Si tú me prometes
cumplir todo eso, yo bajaré y traeré acá de regreso tu bola de oro."- -"Oh,
claro" - dijo ella, -"yo te prometo cumplir tus deseos, si me regresas la
bola"- 26 Ella sin embargo pensaba: -"¡Cómo habla esa tonta rana! ¡Ella
vive en el agua junto a las otras ranas y sapos y no podría ser compañera
de ningún ser humano!"- Pero la rana, una vez recibida la promesa, metió
su cabeza en el agua y se sumergió profundamente, y momentos después
subía nadando trayendo en su boca la bola, y la tiró en el zacate. La hija
del rey quedó encantada de ver una vez más de nuevo a su juguete, y
recogiéndola corrió con ella. -"¡Espera, espera!"- gritaba la rana. haces tú!-
-"¡Llévame contigo, que no puedo correr como lo Pero ¿de qué le serviría
gritar, aún con su croak, croak, tan fuerte como podía? Ella no la
escuchaba, y corrió a su aposento y pronto olvidó a la pobre rana, que se
vio obligada a regresar al pozo de nuevo. Al día siguiente, cuando se sentó
a la mesa con el rey y los cortesanos, y había empezado a comer en su
plato de oro, algo llegó brincando y sonando splash, splash, a las gradas de
mármol, y cuando llegó arriba, tocó a la puerta y gritó: -"Princesa, la más
joven de las princesas, ábreme la puerta a mí."- Ella corrió a ver que había
afuera, pero cuando abrió la puerta, encontró a la rana sentada al frente.
Entonces ella tiró la puerta a toda prisa, y regresó a sentarse a la mesa y
quedó muy asustada. El rey vio que estaba sumamente alterada y que su
corazón latía fuertemente y le preguntó: -"Mi muchachita, ¿qué es lo que
te asustó tanto?, ¿está por casualidad un gigante afuera que quiere
raptarte y llevarte lejos?"- -"Oh, no"- replicó ella. -"No es un gigante, sino
una horrible rana"- -"¿Y qué hace una rana contigo?"- -"Ah, mi querido
padre, ayer yo estaba en la foresta, sentada junto al pozo, jugando con mi
bola de oro, cuándo ésta cayó a lo profundo del pozo. Y como yo lloraba
mucho, la rana me la regresó, y como ella insistía, yo le prometí que podía
ser mi compañera, ¡pero 27 nunca pensé que sería capaz de alejarse de
sus aguas! Y ahora está ahí afuera, esperando que la ingrese conmigo."-
Mientras tanto la rana tocó a la puerta por segunda vez, y gritaba: -
¡Princesa! ¡La más joven de las princesas! ¡Ábreme a mi la puerta!
¿Recuerdas lo que me dijiste ayer en las frescas aguas de la fuente?
¡Princesa, la más joven princesa! ¡Ábreme a mi la puerta! Entonces dijo el
rey: -"Lo que tú has prometido, debes cumplirlo. Ve y déjala entrar"- Ella
fue y abrió la puerta, y la rana saltó y la siguió a ella, paso a paso, hasta su
silla. Entonces, cuando la princesa se sentó, la rana gritó: -"Levántame
para estar a tu lado."- Ella no actuaba, hasta que el rey le ordenó hacerlo.
Cuando la rana ya estaba en la silla, le pidió estar en la mesa, y una vez en
la mesa dijo: -"Ahora, empuja tu plato de oro más cerca de mí de modo
que podamos comer juntos."- Ella lo hizo, pero fue fácil ver que lo hacía
sin su voluntad. La rana disfrutó de la comida, pero casi todos los bocados
que la princesa tomaba, la estremecían. Al final dijo la rana: -"Ya he
comido y estoy satisfecha; ahora estoy cansada, llévame a tu dormitorio,
alista tu sedosa cama, y ambos iremos a dormir."- La hija del rey empezó a
llorar, porque tenía miedo de la fría rana que ella no quería tocar, y que
iba ahora a dormir en su preciosa y limpia cama. Pero el rey se molestó y
dijo: -"Aquel que te ayudó cuando estuviste en apuros, no debe ser
decepcionado por tí."- Así que ella tomó a la rana con sólo dos dedos, la
llevó arriba y la puso en una esquina. Pero cuando ella se metió a su cama,
la rana sigilosamente se le acercó y le dijo: -"Estoy cansada, quiero dormir
tan bien como tú, levántame o se lo diré a tu padre."- 28 Entonces ella se
enojó terriblemente, la tomó en sus manos y la lanzó con todas sus
fuerzas contra la pared. -"Ahora te estarás quieta, odiosa rana."- dijo ella.
Pero cuando cayó al suelo ya no era una rana, sino un encantador príncipe
de bellos modales. Ahora, él, por decisión de su padre, es su compañero y
esposo. Entonces él le contó cómo había sido hechizado por un malvado
brujo, y cómo nadie lo había sacado nunca del pozo, excepto ella, y que
mañana podrían ir juntos a su reino. Ambos fueron a dormir, y a la
mañana siguiente, al levantar el sol, llegó un carruaje con ocho caballos
blancos, con plumas blancas de avestruz en sus cabezas, y con arreos con
cadenas de oro, y atrás venía el fiel sirviente Henry. El fiel sirviente Henry
había quedado tan infeliz cuando su patrón fue convertido en rana, que se
había atado tres bandas de hierro alrededor de su corazón para que no
reventara de pena y tristeza. El carruaje condujo al príncipe a su reino. El
fiel Henry les ayudó a ambos, y se puso a sus órdenes de nuevo, y estaba
lleno de dicha por su rescate. Y cuando iban de camino, el hijo del rey
escuchó que algo se quebraba atrás de él. Se volvió y gritó: -"Hey, Henry,
el carruaje se está quebrando."- -"No, patrón, no es el carruaje. Es una
banda que está sobre mi corazón, que me había puesto por mi gran dolor
por su encantamiento como rana dentro del pozo. Otra y otra vez
volvieron aquellos sonidos, y el hijo del rey pensaba que el carruaje se
estaba quebrando, pero sólo eran las bandas que se reventaban de
alrededor del corazón del fiel Henry porque su patrón era ahora libre y
feliz. Enseñanza: Lo que se promete, siempre debe cumplirse.
EL MONTE SIMELI
004-Monte Simelí Había una vez dos hermanos, uno rico y otro pobre. El
rico, sin embargo, nunca ayudaba al pobre, el cual se ganaba escasamente
la vida comerciando maíz, y a veces le iba tan mal que no tenía para el pan
de su esposa e hijos. Una vez, cuando el pobre iba con su carreta por el
bosque, miró hacia un lado, y vio una grande y pelada montaña, que
nunca antes había visto. Él paró y la observó con gran asombro. Mientras
analizaba aquello, vio de pronto que venían doce grandes hombres en
dirección a donde se encontraba, y pensando que podrían ser asaltantes,
escondió la carreta entre la espesura, se subió a un árbol y esperó a ver
que sucedía. Sin embargo, los doce hombres se dirigieron a la montaña y
gritaron: -"¡Montaña Semsi, montaña Semsi, ábrete!"- -E inmediatamente
la montaña se abrió al centro, y los doce ingresaron a ella, y una vez
dentro, la montaña se cerró. Al cabo de un rato, se abrió de nuevo, y los
hombres salieron cargando pesados sacos sobre sus hombros. Y cuando ya
todos estaban a la luz del día, dijeron: -"¡Montaña Semsi, montaña Semsi,
ciérrate!"- Y la montaña se cerró completamente, sin que quedara seña de
alguna entrada a ella, y los doce se marcharon de allí. Cuando ya no
estaban a la vista, el hombre pobre bajó del árbol y fue a curiosear qué
secreto había realmente escondido en la montaña. Así que se acercó y
gritó: -"¡Montaña Semsi, montaña Semsi, ábrete!"- Y la montaña se le
abrió a él también. Entró a ella, y toda la montaña era una cueva llena de
oro y plata, con grandes cantidades de perlas y brillantes joyas, como si
fueran granos de maíz durante la cosecha. El hombre pobre no sabía que
hacer, si tomar parte de ese tesoro para sí o no, pero al fin llenó sus
bolsillos con oro, dejando las perlas y piedras preciosas donde estaban.
Cuando salió gritó: -"¡Montaña Semsi, montaña Semsi, ciérrate!"- Y la
montaña se cerró, y regresó a casa con su carreta y su carga. 30 Y desde
entonces ya no tenía más ansiedad, y podía comprar el alimento para su
esposa e hijos con el oro, y además buen vino en el almacén. Vivía
felizmente y en desarrollo, daba ayuda a los pobres, y hacía el bien a quien
necesitara. Sin embargo, cuando se le terminó el oro obtenido, fue donde
su hermano y le pidió prestado un barril para medir trigo, fue a la
montaña y trajo de nuevo otro poco más de oro para él, pero nunca tocó
ninguna de las cosas más valiosas. El hermano rico, sin embargo, estaba
cada día más envidioso de las posesiones de su hermano, y de la buena
vida que llevaba, y no podía entender de donde provenía su riqueza, ni
qué era lo que su hermano hizo con el barril de medida. Entonces se le
ocurrió un pequeño truco, y cubrió todo el fondo del barril con goma, y a
la siguiente vez, cuando el hermano le devolvió el barril, encontró una
pieza de oro pegada en él. Inmediatamente fue donde su hermano y le
preguntó: -"¿Qué es lo que mides con mi barril?" -"Maíz y cebada."-
respondió Entonces le mostró la pieza de oro, y le amenazó de que si no le
decía la verdad, lo acusaría a las autoridades. El hermano entonces le
contó toda la historia, tal como sucedió. El hombre rico, ordenó que
alistaran su carreta más grande, y se encaminó a la montaña, determinado
a aprovechar la oportunidad mejor que como lo hizo su hermano, y traer
de regreso una buena cantidad de diversos tesoros. Cuando llegó a la
montaña gritó: -"¡Montaña Semsi, montaña Semsi, ábrete!"- La montaña
se abrió y él ingresó. Allí estaban todos los tesoros yacentes a su vista, y
por un rato no se decidía por cual empezaría. Al fin, se llenó con cuanta
piedra preciosa pudo cargar. Él deseaba llevar su carga afuera, pero su
corazón y su espíritu estaban también tan llenos del tesoro que hasta
había olvidado el nombre de la montaña, y gritó: -"Montaña Simelí,
montaña Simelí, ábrete."- 31 Pero como ese no era el nombre correcto de
la montaña, ella nunca se abrió y permaneció cerrada. Entonces, se
alarmó, y entre más trataba de recordarlo, más se le confundían los
pensamientos, y sus tesoros no le sirvieron para nada. Al atardecer, la
montaña se abrió, y eran los doce ladrones que llegaron y entraron, y
cuando lo vieron soltaron una carcajada y dijeron: -"¡Pajarito, te
encontramos al fin! ¿Creíste que nunca notaríamos que ya has venido dos
veces antes? No te pudimos capturar entonces, pero esta tercera vez no
podrás salir de nuevo."- Entonces el hombre rico dijo: -"Pero no fui yo, fue
mi hermano."- Y lo dejaron rogar por su vida y que dijera lo que quisiera,
pero al final lo dejaron encerrado en la cueva hasta sus últimos días.
Enseñanza: La envidia y la avaricia sólo sirven para hundir al envidioso y
avaro.