La tierra (Gabriela Mistral)
Se oyen cosas maravillosas
al tambor indio de la Tierra :
se oye el fuego que sube y baja
buscando el cielo, y no sosiega.
Rueda y rueda, se oyen los ríos
en cascadas que no se cuentan.
Se oye mugir los animales ;
se oye el hacha comer la selva.
Se oyen sonar telares indios.
Se oyen trillas, se oyen fiestas.
Donde el indio lo está llamando,
el tambor indio le contesta,
y tañe cerca y tañe lejos,
de que huyen y de que regresa...
Todo lo carga, todo lo toma
y no hay tesoro que lo pierda,
y lleva a cuestas, lo que duerme,
lo que camina y que navega,
y lleva a vivos y lleva a muertos
el tambor indio de la Tierra.
Cuando muera, no llores, hijo :
pecho a pecho ponte con ella ;
te sujetas pulso y aliento
como que todo o nada fueras,
y la madre que viste rota
la sentirás volver entera,
¡y oirás, hijo, día y noche,
caminar viva tu madre muerta !
Gabriela Mistral
Escritora chilena (1889 Chile - 1957 Estados Unidos). Premio Nobel de Literatura
1945.
Oda al aire (Pablo Neruda)
Andando en un camino
encontré al aire,
lo saludé y le dije
con respeto:
«Me alegro
de que por una vez
dejes tu transparencia,
así hablaremos».
El incansable,
bailó, movió las hojas,
sacudió con su risa
el polvo de mis suelas,
y levantando toda
su azul arboladura,
su esqueleto de vidrio,
sus párpados de brisa,
inmóvil como un mástil
se mantuvo escuchándome.
Yo le besé su capa
de rey del cielo,
me envolví en su bandera
de seda celestial
y le dije:
monarca o camarada,
hilo, corola o ave,
no sé quién eres, pero
una cosa te pido,
no te vendas.
El agua se vendió
y de las cañerías
en el desierto
he visto
terminarse las gotas
y el mundo pobre, el pueblo
caminar con su sed
tambaleando en la arena.
Vi la luz de la noche
racionada,
la gran luz en la casa
de los ricos.
Todo es aurora en los
nuevos jardines suspendidos.
Todo es oscuridad
en la terrible
sombra del callejón.
De allí la noche,
madre madrastra,
sale
con un puñal en medio
de sus ojos de búho,
y un grito, un crimen,
se levantan y apagan
tragados por la sombra.
Vagué solitario como una nube (William Wordsworth)
Vagaba solitario como una nube.
Que flota en lo alto sobre valles y colinas,
Cuando de repente vi una multitud,
Una multitud de narcisos dorados;
Junto al lago, bajo los árboles,
Aleteando y danzando con la brisa.
Continuos como las estrellas que brillan
Y centellea en la Vía Láctea,
Se extendían en una línea interminable.
A lo largo del margen de una bahía:
Diez mil vi de un vistazo,
Moviendo la cabeza en una danza vivaz.
Las olas a su lado bailaban, pero ellos
Superó en alegría a las brillantes olas:
Un poeta no podía sino ser feliz.
En tan alegre compañía:
Miré fijamente, y miré fijamente, pero poco pensé.
¡Qué riqueza me había aportado el programa!
Porque a menudo, cuando estoy tumbado en mi sofá, me acuesto.
En estado de ánimo ausente o pensativo,
Aparecen fugazmente en ese ojo interior.
Que es la dicha de la soledad,
Y entonces mi corazón se llena de placer,
Y baila con los narcisos.