0% encontró este documento útil (0 votos)
1 vistas18 páginas

Vía Lucís 2026

Cargado por

Dania Valladares
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
1 vistas18 páginas

Vía Lucís 2026

Cargado por

Dania Valladares
Derechos de autor
© All Rights Reserved
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como DOCX, PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

Vía lucís Camino de

la luz Pascual
PASCUA 2026
“¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el
crucificado? Ha
resucitado.” Mc 16,6
INTRODUCCIÓN
La oración del Vía Lucís o Camino de la Luz se reza en Pascua,
con ella acompañamos a Jesús en su camino de la Gloria, así
como con el rezo del Viacrucis lo acompañamos en su
Calvario. Desde el Domingo de Pascua hasta Pentecostés
hubo 50 días llenos de acontecimientos inolvidables que las
personas cercanas a Jesús vivieron intensamente y que
recordamos con cada estación del Vía Lucís.

INVOCACIÓN INICIAL
Guía: En el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.
Todos: Amén.

ORACIÓN INICIAL
Guía:
Señor Jesús, con tu Resurrección triunfaste sobre la muerte y
vives para siempre comunicándonos la vida, la alegría, la
esperanza firme.

Tú que fortaleciste la fe de los apóstoles, de las mujeres y de


tus discípulos enseñándolos a amar con obras, fortalece
también nuestro espíritu vacilante, para que nos entreguemos
de lleno a Ti.

Queremos compartir contigo y con tu Madre Santísima la


alegría de tu Resurrección gloriosa.

1
Tú que nos has abierto el camino hacia el Padre, haz que,
iluminados por el Espíritu Santo, gocemos un día de la gloria
eterna.

I Estación:
Jesús resucitado, conquista la
vida verdadera.
Lector: Del Evangelio según san Mateo Mt 28,1-2

PASADO EL SÁBADO, al alborear el primer día de la semana,


fueron María la Magdalena y la otra María a ver el sepulcro. Y
de pronto tembló fuertemente la tierra, pues un ángel del
Señor, ajando del cielo y acercándose, corrió la piedra y se
sentó encima.

Reflexión

Gracias, Señor, porque al romper la piedra de tu sepulcro nos


trajiste en las manos la vida verdadera, no sólo un trozo más
de esto que los hombres llamarnos vida, sino la inextinguible,
la zarza ardiendo que no se consume, la misma vida de que
vive Dios.

Gracias por este gozo, gracias por esta Gracia, gracias por
esta vida eterna que nos hace inmortales, gracias porque al
resucitar inauguraste la nueva humanidad y nos pusiste en las
manos esta vida multiplicada, este milagro de ser hombres y
más, esta alegría de sabernos partícipes de tu triunfo, este
sentirnos y ser hijos y miembros de tu cuerpo de hombre y
Dios resucitado.

Guía: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Todos: Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.

2
Gloria al Padre…

II Estación:
Su sepulcro vacío muestra que
Jesús ha vencido la muerte
Lector: Del Evangelio según san Marcos Mc 16,1- 6

EN AQUEL TIEMPO, María Magdalena, María la de Santiago y


Salomé compraron aromas para ir a embalsamar a Jesús. Y
muy temprano, el primer día de la semana, al salir el sol,
fueron al sepulcro. Y se decían unas a otras: «¿Quién nos
correrá la piedra de la entrada del sepulcro?». Al mirar, vieron
que la piedra estaba corrida y eso que era muy grande.
Entraron en el sepulcro y vieron a un joven sentado a la
derecha, vestido de blanco. Y quedaron aterradas. Él les dijo:
«No tengáis miedo. ¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el
crucificado? Ha resucitado. No está aquí. Mirad el sitio donde
lo pusieron.

Reflexión
Hoy, al resucitar, dejaste tu sepulcro abierto como una
enorme boca, que grita que has vencido a la muerte. Ella, que
hasta ayer era la reina de este mundo, a quien se sometían
los pobres y los ricos, se bate hoy en triste retirada vencida
por tu mano de muerto-vencedor.

¿Cómo podrían aprisionar tu fuerza unos metros de tierra?


Alzaste tu cuerpo de la fosa como se alza una llama, como el
sol se levanta tras los montes del mundo. y se quedó la

3
muerte muerta, amordazada la invencible, destruido por
siempre su terrible dominio. El sepulcro es la prueba: nadie ni
nada encadena tu alma desbordante de vida y esta tumba
vacía muestra ahora que tú eres un Dios de vivos y no un Dios
de muertos.

Guía: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Todos: Como anunciaron las Escrituras.

Aleluya. Gloria al Padre…

III Estación:
Jesús, bajando a los infiernos,
muestra el triunfo de su
resurrección
Lector: De la primera carta del apóstol san Pedro 1Pe
3, 18-20

PORQUE TAMBIÉN Cristo sufrió su Pasión, de una vez para


siempre, por los pecados, el justo por los injustos, para
conduciros a Dios. Muerto en la carne, pero vivificado en el
Espíritu; en el espíritu fue a predicar incluso a los espíritus en
prisión, a los desobedientes en otro tiempo, cuando la
paciencia de Dios aguardaba, en los días de Noé, a que se
construyera el arca, para que unos pocos, es decir, ocho
personas, se salvaran por medio del agua.

Reflexión

Más no resucitaste para ti solo. Tu vida era contagiosa y


querías repartir entre todos el pan bendito de tu resurrección.
Por eso descendiste hasta el seno de Abrahán, para dar a los

4
muertos de mil generaciones la caliente limosna de tu vía
recién reconquistada.

Y los antiguos patriarcas y profetas que te esperaban desde


siglos y siglos se pusieron en pie y te aclamaron, diciendo:
«Santo. Santo. Santo. Digno es el cordero que con su muerte
nos infunde vida, que con su vida nueva nos salva de la
muerte. Y cien mil veces santo es este Salvador que se salva y
nos salva». Y tendieron sus manos hacia ti. Y de tus manos
brotó este nuevo milagro de la multiplicación de la sangre y
de la vida.

Guía: Verdaderamente ha resucitado el Señor.

Aleluya. Todos: Como anunciaron las Escrituras.

Aleluya. Gloria al Padre…

IV Estación:
Jesús, resucita por la fe en el
alma de María
Lector: Del Evangelio según san Lucas Lc 1, 46-48

En aquel tiempo María dijo: «Proclama mi alma la grandeza


del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador; porque
ha mirado la humildad de su esclava. Desde ahora me
felicitarán todas las generaciones.

Reflexión

No sabemos si aquella mañana del domingo visitaste a tu


Madre, pero estamos seguros de que resucitaste en ella y
para ella, que ella bebió a grandes sorbos el agua de tu
resurrección, que nadie como ella se alegró con tu gozo y que

5
tu dulce presencia fue quitando uno a uno los cuchillos que
traspasaban su alma de mujer.

No sabemos si te vio con sus ojos, mas sí que te abrazó con


los brazos del alma, que te vio con los cinco sentidos de su fe.
Ah, si nosotros supiéramos gustar una centésima parte de su
gozo.

Ah, si aprendiésemos a resucitar en ti como ella. Ah, si


nuestro corazón estuviera tan abierto como estuvo el de María
aquella mañana del domingo.

Guía: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Todos: Como anunciaron las Escrituras.

Aleluya. Gloria al Padre…

V Estación: Jesús elige a una


mujer como apóstol de los
apóstoles

Lector: Del Evangelio según Juan Jn 20, 15-18

EN AQUEL TIEMPO, Jesús le dice a María Magdalena: «Mujer,


¿por qué lloras?, ¿a quién buscas?». Ella, tomándolo por el
hortelano, le contesta: «Señor, si tú te lo has llevado, dime
dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Jesús le dice:
«¡María!».

Ella se vuelve y le dice: «¡Rabbuní!», que significa:


«¡Maestro!». Jesús le dice: «No me retengas, que todavía no
he subido al Padre. Pero, anda, ve a mis hermanos y diles:
“Subo al Padre mío y Padre vuestro, al Dios mío y Dios

6
vuestro”». María la Magdalena fue y anunció a los discípulos:
«He visto al Señor y ha dicho esto».

Reflexión

Lo mismo que María Magdalena decimos hoy nosotros: «Me


han quitado a mi Señor y no sé dónde lo han puesto.»
Marchamos por el mundo y no encontramos nada en qué
poner los ojos, nadie en quien podamos poner entero nuestro
corazón. Desde que tú te fuiste nos han quitado el alma y no
sabemos dónde apoyar nuestra esperanza, ni encontramos
una sola alegría que no tenga venenos

. ¿Dónde estás? ¿Dónde fuiste, jardinero del alma, en qué


sepulcro, en qué jardín te escondes? ¿O es que tú estás
delante de nuestros mismos ojos y no sabemos verte ¿Estás
en los hermanos y no te conocemos? ¿Te ocultas en los
pobres, resucitas en ellos y nosotros pasamos a su lado sin
reconocerte? Llámame por mi nombre para que yo te vea,
para que reconozca la voz con que hace años me llamaste a la
vida en el bautismo, para que redescubra que tú eres mi
maestro.

Y envíame de nuevo a transmitir tu gozo a mis hermanos,


hazme apóstol de apóstoles como aquella mujer privilegiada
que, porque te amó tanto, conoció el privilegio de beber la
primera el primer sorbo de tu resurrección.

Guía: Verdaderamente ha resucitado el Señor.

Aleluya. Todos: Como anunciaron las Escrituras.


Aleluya.

Gloria al Padre…

VI Estación:

7
Jesús devuelve la esperanza a
dos discípulos desanimados.
Lector: Del Evangelio según Lucas Lc 24, 28-32

LLEGARON cerca de la aldea adonde iban y él simuló que iba


a seguir caminando; pero ellos lo apremiaron, diciendo:
«Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de
caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa
con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo
iba dando. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron.
Pero él desapareció de su vista. Y se dijeron el uno al otro:
«¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el
camino y nos explicaba las Escrituras?».

Reflexión

Lo mismo que los dos de Emaús aquel día también yo marcho


ahora decepcionado y triste pensando que en el mundo todo
es muerte y fracaso. El dolor es más fuerte que yo, me
acogota la soledad y digo que tú, Señor, nos has abandonado.
Si leo tus palabras me resultan insípidas, si miro a mis
hermanos me parecen hostiles, si examino el futuro sólo veo
desgracias.

Estoy desanimado. Pienso que la fe es un fracaso, que he


perdido mi tiempo siguiéndole y buscándote y hasta me
parece que triunfan y viven más alegres los que adoran el
dulce becerro del dinero y del vicio. Me alejo de tu cruz, busco
el descanso en mi casa de olvidos, dispuesto a alimentarme
desde hoy en las viñas de la mediocridad. No he perdido la fe,
pero sí la esperanza, sí el coraje de seguir apostando por ti.

¿Y no podrías salir hoy al camino y pasear conmigo como


aquella mañana con los dos de Emaús? ¿No podrías
descubrirme el secreto de tu santa Palabra y conseguir que
vuelva a calentar mi entraña? ¿No podrías quedarte a dormir

8
con nosotros y hacer que descubramos tu presencia en el
Pan?

Guía: Verdaderamente ha resucitado el Señor.

Aleluya. Todos: Como anunciaron las Escrituras.


Aleluya.

Gloria al Padre…

VII Estación:
Jesús muestra a los suyos su
carne herida y vencedora.
Lector: Del Evangelio según Juan Jn 20, 26-29

A LOS OCHO DÍAS, estaban otra vez dentro los discípulos y


Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se
puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás:
«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela
en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó
Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «¿Porque me
has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber
visto».

Reflexión

Gracias, Señor, porque resucitaste no sólo con tu alma, más


también con tu carne. Gracias porque quisiste regresar de la
muerte trayendo tus heridas. Gracias porque dejaste a Tomás
que pusiera su mano en tu costado y comprobara que el
Resucitado es exactamente el mismo que murió en una cruz.
Gracias por explicarnos que el dolor nunca puede amordazar
el alma y que cuando sufrimos estamos también resucitando.
Gracias por ser un Dios que ha aceptado la sangre, gracias

9
por no avergonzarte de tus manos heridas, gracias por ser un
hombre entero y verdadero.

Ahora sabemos que eres uno de nosotros sin dejar de ser


Dios, ahora entendemos que el dolor no es un fallo de tus
manos creadoras, ahora que tú lo has hecho tuyo
comprendemos que el llanto y las heridas son compatibles
con la resurrección. Déjame que te diga que me siento
orgulloso de tus manos heridas de Dios y hermano nuestro.
Deja que entre tus manos crucificadas ponga estas manos
maltrechas de mi oficio de hombre.

Guía: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Todos: Como anunciaron las Escrituras.

Aleluya. Gloria al Padre…

VIII Estación:
Con su cuerpo glorioso, Jesús
explica que también los
muertos resucitan.
Lector: Del Evangelio según Lucas Lc 24, 36-43

ESTABAN HABLANDO de estas cosas, cuando él se presentó


en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros». Pero ellos,
aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y él les
dijo: «¿Por qué os alarmáis?, ¿por qué surgen dudas en
vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en
persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene
carne y huesos, como veis que yo tengo».
Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no
acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo:

10
«¿Tenéis ahí algo de comer?». Ellos le ofrecieron un trozo de
pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos.

Reflexión

«Miradme bien. Tocadme. Comprobad que no soy un


fantasma», decías a los tuyos, temiendo que creyeran que tu
resurrección era tan sólo un símbolo, una dulce metáfora, una
ilusión hermosa para seguir viviendo. Era tan grande el gozo
de reencontrarte vivo que no podían creerlo; no cabía en sus
pobres cabezas que entendían de llantos, pero no de alegrías.

El hombre, ya lo sabes, es incapaz de muchas esperanzas.


Como él tiene el corazón pequeño cree que el tuyo es tacaño.
Como te ama tan poco no puede sospechar que tú puedas
amarle. Como vive amasando pedacitos de tiempo siente
vértigo ante la eternidad. Y así va por el mundo arrastrando
su carne sin sospechar que pueda ser una carne eterna.

Conoce el pudridero donde mueren los muertos: no logra


imaginarse el día en que esos muertos volverán a ser niños,
con una infancia eterna. Muéstranos bien tu cuerpo, Cristo
vivo, ¡enséñanos ahora la verdadera infancia, la que tú nos
preparas más allá de la muerte!

Guía: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Todos: Como anunciaron las Escrituras.

Aleluya. Gloria al Padre…

IX Estación:
Jesús bautiza a sus apóstoles
contra el miedo
11
Lector: Del Evangelio según Juan Jn 20, 19-21

AL ANOCHECER de aquel día, el primero de la semana,


estaban los discípulos en una casa, con las puertas cerradas
por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en
medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les
enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de
alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el
Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Reflexión

Han pasado. Señor, ya veinte siglos de tu resurrección y


todavía no hemos perdido el miedo, aún no estamos seguros,
aún tememos que las puertas del infierno podrían algún día
prevalecer si no contra tu Iglesia, sí contra nuestro pobre
corazón de cristianos.

Aún vivimos mirando a todos lados menos hacia tu cielo. Aún


creemos que el mal será más fuerte que tu propia Palabra.
Todavía no estamos convencidos de que tú hayas vencido al
dolor y a la muerte. Seguimos vacilando, dudando, caminando
entre preguntas, amasando angustias y tristezas. Repítenos
de nuevo que tú dejaste paz suficiente para todos. Pon tu
mano en mi hombro y grítame: No temas, no temáis.
Infúndeme tu luz y tu certeza, danos el gozo de ser tuyos,
inúndanos de la alegría de tu corazón. Haznos, Señor, testigos
de tu gozo. ¡Y que el mundo descubra lo que es creer en ti!

Guía: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Todos: Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.

Gloria al Padre…

X Estación:

12
Jesús anuncia que seguirá
siempre con nosotros
Lector: Del Evangelio según Mateo Mt 28, 20b

EN AQUEL TIEMPO, dijo Jesús a sus discípulos: «sabed que yo


estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los
tiempos». Reflexión Esta fue la más grande de todas tus
promesas, el más jubiloso de todos tus anuncios. ¿O acaso tú
podrías visitar esta tierra como un sonriente turista de los
cielos, pasar a nuestro lado, ponernos la mano sobre el
hombro, darnos buenos consejos y regresar después a tu
seguro cielo dejando a tus hermanos sufrir en la estacada?
¿Podrías venir a nuestros llantos de visita sin enterrarte en
ellos? ¿Dejarnos luego solos, limitándote a ser un inspector de
nuestras culpas?

Tú juegas limpio. Dios. Tú bajas a ser hombre para serlo del


todo, para serlo con todos, dispuesto a dar al hombre no sólo
una limosna de amor, sino el amor entero.

Desde entonces el hombre no está solo, tú estás en cada


esquina de las horas esperándonos, más nuestro que
nosotros, más dentro de mí mismo que mi alma. «No os
dejaré huérfanos», dijiste. Y desde entonces ha estado lleno
nuestro corazón.

Guía: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Todos: Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.

Gloria al Padre…

XI Estación:

13
Jesús devuelve a sus apóstoles
la alegría perdida.
Lector: Del Evangelio según Juan Jn 21, 4-7

ESTABA YA AMANECIENDO, cuando Jesús se presentó en la


orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús. Jesús les
dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?». Ellos contestaron:
«No». Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y
encontraréis». La echaron, y no podían sacarla, por la multitud
de peces.

Y aquel discípulo a quien Jesús amaba le dice a Pedro: «Es el


Señor». Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba
desnudo, se ató la túnica y se echó al agua.
Reflexión

Desde que tú te fuiste no hemos pescado nada. Llevamos


veinte siglos echando inútilmente las redes de la vida y entre
sus mallas sólo pescamos el vacío. Vamos quemando horas y
el alma sigue seca. Nos hemos vuelto estériles, lo mismo que
una tierra cubierta de cemento.

¿Estaremos ya muertos? ¿Desde hace cuántos años no nos


hemos reído? ¿Quién recuerda la última vez que amamos? Y
una tarde tú vuelves y nos dices: «Echa tu red a tu derecha,
atrévete de nuevo a confiar, abre tu alma, saca del viejo cofre
las nuevas ilusiones, dale cuerda a tu corazón, levántate y
camina». Y lo hacemos, sólo por darte gusto. Y, de repente,
nuestras redes rebosan alegría, nos resucita el gozo y es tanto
el peso de amor que recogemos que la red se nos rompe,
cargada de ciento cincuenta nuevas esperanzas.
Ah, tú, fecundador de almas: llégate a nuestra orilla, camina
sobre el agua de nuestra indiferencia, devuélvenos, Señor, a
tu alegría.

Guía: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

14
Todos: Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.

Gloria al Padre…

XII Estación:
Jesús entrega a Pedro el
pastoreo de sus ovejas.
Lector: Del Evangelio según Juan Jn 21, 15-17

DESPUÉS DE COMER, dice Jesús a Simón Pedro: «Simón, hijo


de Juan, ¿me amas más que estos?». Él le contestó: «Sí,
Señor, tú sabes que te quiero». Jesús le dice: «Apacienta mis
corderos». Por segunda vez le pregunta: «Simón, hijo de Juan,
¿me amas?». Él le contesta: «Sí, Señor, tú sabes que te
quiero». Él le dice: «Pastorea mis ovejas». Por tercera vez le
pregunta: «Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?». Se entristeció
Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» y
le contestó: «Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».
Jesús le dice: «Apacienta mis ovejas.

Reflexión

Aún nos faltaba un gozo: descubrir tu inédito modo de


perdonar. Nosotros, como Pedro, hemos manchado tantas
veces tu nombre, hemos dicho que no te conocíamos, hemos
enrojecido ante el «horror» de que alguien nos llamara
beatos, nos hemos calentado al fuego de los gozos del
mundo. Y esperábamos que, al menos, tú nos reprendieras
para paladear el orgullo de haber pecado en grande. Y tú nos
esperabas con tu triste sonrisa para preguntar sólo: «¿me
amas aún, me amas?», dispuesto ya a entregarnos tu rebaño
y tus besos, preparado a vestirnos la túnica del gozo.
Oh Dios, ¿cómo se puede perdonar tan de veras? ¿Es que no
tienes ni una palabra de reproche? ¿No temes que los

15
hombres se vayan de tu lado al ver que se lo pones tan
barato? ¿No ves, Señor, que casi nos empujas a alejarnos de ti
sólo por encontrarnos de nuevo entre tus brazos?

Guía: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Todos: Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.

Gloria al Padre…

XIII Estación:
Jesús encarga a los doce la
tarea de evangelizar.
Lector: Del Evangelio según Mateo Mt 28, 16-20a

EN AQUEL TIEMPO, los once discípulos se fueron a Galilea, al


monte que Jesús les había indicado. 1Al verlo, ellos se
postraron, pero algunos dudaron. Acercándose a ellos, Jesús
les dijo: «Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra.
Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos
en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo;
enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado.

Reflexión

Y te faltaba aún el penúltimo gozo: dejar en nuestras manos la


antorcha de tu fe. Tú habrías podido reservarte ese oficio,
sembrar tú en exclusiva la gloria de tu nombre, hablar tú al
corazón, poner en cada alma la sagrada semilla de tu amor.
¿Acaso no eres tú la única palabra? ¿No eres tú el único
jardinero del alma? ¿No es tuya toda gracia? ¿Hay algo de ti o
de Dios que no salga de tus manos? ¿Para qué necesitas
ayudantes, intermediarios, colaboradores, que nada aportarán
si no es su barro? ¿Qué ponen nuestras manos que no sea
torpeza? Pero tú, como un padre que sentara a su niño al

16
volante y dijera: «Ahora conduce tú», has querido dejar en
nuestras manos la tarea de hacer lo que sólo tú haces: llevar
gozosa y orgullosamente de mano en mano la antorcha que tú
enciendes.

Guía: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Todos: Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.

Gloria al Padre…

XIV Estación: Jesús sube a los


cielos para abrirnos camino.
Lector: Del libro de los Hechos de los apóstoles Hch 1,
10-11

CUANDO miraban fijos al cielo, mientras él se iba marchando,


se les presentaron dos hombres vestidos de blanco, 1que les
dijeron: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo?
El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y
llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al
cielo».

Reflexión

La última alegría fue quedarte marchándote. Tu subida a los


cielos fue ganancia, no pérdida: fue bajar a la entraña, no
evadirte.
Al perderte en las nubes te vas sin alejarte, asciendes y te
quedas, subes para llevarnos, señalas un camino, abres un
surco. Tu ascensión a los cielos es la última prueba de que
estamos salvados, de que estás en nosotros por siempre y
para siempre. Desde aquel día la tierra no es un sepulcro
hueco, sino un horno encendido: no una casa vacía, sino un
corro de manos: no una larga nostalgia, sino un amor
creciente.

17
Te quedaste en el pan, en los hermanos, en el gozo, en la risa,
en todo corazón que ama y espera, en estas vidas nuestras
que cada día ascienden a tu lado.

Guía: Verdaderamente ha resucitado el Señor. Aleluya.

Todos: Como anunciaron las Escrituras. Aleluya.

Gloria al Padre…

ORACIÓN FINAL

Guía:
Señor y Dios nuestro, fuente de alegría y de esperanza,
hemos vivido con tu Hijo los acontecimientos de su
Resurrección y Ascensión; haz que la contemplación de estos
misterios nos llene de tu gracia y nos capacite para dar
testimonio de Jesucristo en medio del mundo. Te pedimos por
tu Santa Iglesia: que sea fiel reflejo de las huellas de Cristo en
la historia y que, llena del Espíritu Santo, manifieste al mundo
los tesoros de tu amor, santifique a tus fieles con los
sacramentos y haga partícipes a todos los hombres de la
resurrección eterna. Por Jesucristo nuestro Señor.

Todos: Amén.

CONCLUSIÓN
Guía: Anunciemos a todos la alegría del Señor resucitado

18

También podría gustarte