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Ii. La Existencia de Dios A. El Valor Del Argumento de La Existencia de Dios

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II.

LA EXISTENCIA DE DIOS
A. EL VALOR DEL ARGUMENTO DE LA EXISTENCIA DE DIOS.
Algunas personas, con buena razón, cuestionarán el valor de los argumentos acerca de la
existencia de
Dios. En ninguna parte la Biblia argumenta la existencia de Dios. Ella asume su existencia
como un hecho aceptado. El primer versículo de las Sagradas Escrituras afirma: “En el
principio creó Dios los cielos y la tierra”
(Gn. 1:1). El salmista proclama más adelante, “Dice el necio en su corazón: No hay Dios.” (Sal.
14:1a). El creyente y todos los adoradores de Dios han aceptado la existencia de Dios como un
acto de fe. Algunos teólogos, tales como Soren Kierkegaard y Karl Barth rechazan toda
teología general o natural y afirman que Dios puede ser conocido sólo como un acto de fe. Sin
embargo, la fe del creyente no es ni ciega ni irrazonable.
La fe es un don de Dios (Rom. 10:17); y es sostenida por evidencias claras para la mente
imparcial. El salmista dice como consuelo para los creyentes: “Los cielos cuentan la gloria de
Dios, y el firmamento anuncia
la obra de sus manos” (Sal. 19:1). San Pablo destaca en el primer capítulo de Romanos que aún
aquellos sin una revelación de la escritura no tienen excusa por su incredulidad:
Porque lo que de Dios se conoce les es manifestado, pues Dios se lo manifestó. Porque las
cosas invisibles de él, su eterno poder y deidad, se hacen claramente visibles desde la creación
del mundo, siendo entendidas por medio de las cosas hechas, de modo que no tienen excusa.
Pues habiendo conocido a Dios, no lo glorificaron
como a Dios … (Rom. 1:19–21). [p 56] Por medio de esto se puede ver que la Biblia sostiene la
validez de una teología natural. Sin embargo,
debemos recordar que aunque una teología natural puede señalar a un creador poderoso, sabio y
benévolo, ésta no dice nada para resolver el problema del pecado del hombre, su dolor, su
sufrimiento, y su necesidad de
redención. La teología natural tampoco puede afirmar lo expresado por Juan el Bautista, “He
aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Jn. 1:29). Aún más, es importante
tener en mente que los argumentos
de la existencia de Dios, tales como aquellos suplidos por la teología natural, no llegan a ser
una demostracióna bsoluta. Los seres finitos no pueden demostrar la existencia de un Dios
infinito. J.O. Buswell dice: No existe un argumento conocido por nosotros que, como
argumento, lleve a más que una probable (altamente
probable) conclusión. Por ejemplo, la mayoría de nosotros cree que el sol saldrá mañana por la
mañana, pero si fuéramos a analizar las evidencias, los argumentos que llevan a tal conclusión,
seríamos forzados a admitir que los argumentos, por buenos que sean, están caracterizados por
la probabilidad. Los argumentos teológicos no son ninguna excepción a la regla de que todo
argumento inductivo sobre lo que existe es un
argumento de probabilidad. Este es el punto al que los argumentos, como argumentos, afirman
llegar.29 Los siguientes argumentos de la existencia de Dios no son un sustituto para la
revelación de Dios en la Escritura, ni tampoco pueden llevar a una fe salvadora. Son un
consuelo al creyente, y pueden ayudarle al predicador del evangelio a despertar a los oyentes y
obtener una audiencia atenta. Sólo el Espíritu Santo suplirá fe verdadera en Dios.

B. LOS ARGUMENTOS DE LA EXISTENCIA DE DIOS.


1. El argumento que parte del razonamiento.
La primera fase del argumento que parte del razonamiento es la de “causa y efecto.” A nuestro
alrededor
hay efectos tales como materia y movimiento. Para su explicación, hay tres alternativas:
1.1. Existen eternamente: No es probable que el universo haya existido eternamente, porque
toda evidencia indica que el universo se está gastando. De acuerdo con la segunda ley de
termodinámica, el sol y las estrellas están perdiendo energía en considerable proporción; si
hubieran existido desde la eternidad ya se
29 A Systematic Theology of the Christian Religion (Teología Sistemática de la Religión
Cristiana) por James
Oliver Buswell (Grand Rapids, MI: Zondervan Publishing House, 1963–63) 72.

hubieran agotado. Los materiales radioactivos [p 57] están perdiendo su radiación. Estudios
espectográficos de las estrellas muestran que todos los cuerpos están viajando hacia afuera
desde centro, indicando un comienzo.
1.2. Surgieron de la nada: El decir que la materia y el movimiento surgieron de la nada es una
contradicción;
“de la nada, nada viene.”
1.3. Fueron causados: La explicación más razonable es que materia y movimiento fueron
creados en
un punto del tiempo. La mayoría de los científicos actualmente datan al universo variadamente
entre cinco y veinte billones de años de antigüedad. Algunos proponen como principio una
serie de emersiones o un creador
impersonal, pero considerando la existencia de inteligencias, y la gran complejidad de la
creación, es muy probable que el universo sea la obra de un creador inteligente como expone la
Biblia. No es probable que una
fuente suba más alto que su propio manantial, ni que seres racionales surjan de una fuente
irracional.
Otra fase del argumento que parte del razonamiento es que el hombre tiene un conocimiento
innato de Dios. La evidencia de esto se encuentra en la creencia universal en un ser supremo de
algún tipo. Escasamente
puede encontrarse una tribu sin fe en una fuerza o ser superior. “El hombre es incurablemente
religioso.” Esto no significa que todos los hombres tienen una creencia completamente formada
en Dios. Es muy cierto que la
creencia religiosa y la propensión a alabar a una deidad son naturales en el hombre. Aun el ateo
que niega la existencia de Dios demuestra que está confrontado con la idea de Dios, y de alguna
manera debe guardar activamente
el concepto.
2. El argumento que parte de la naturaleza.
Para casi todo, encontramos un propósito designado en la naturaleza. Todo el universo
despliega un movimiento
preciso y ordenado. “El que hizo el oído, ¿no oirá? El que formó el ojo, ¿no verá? El que
castiga a
las naciones, ¿no reprenderá?” (Sal. 94:9, 10). Todas las cosas parecen ser una parte del
balance de la naturaleza.
La tierra está inclinada sobre su eje con relación al sol y de ese modo provee las estaciones y la
mejor
distribución de luz y calor durante el año. La tierra está a una distancia ideal del sol para evitar
el calor severo
o el frío congelante. La composición química de la atmósfera está en un balance ideal para la
vida animal y
vegetal. La proporción de tierra y agua en la superficie terrestre proporciona la lluvia y
humedad correcta.
Vientos y corrientes marinas proveen aire acondicionado y tibias líneas costeras. Bendiciones
tales como los
sonidos musicales para los oídos y la belleza del color, muestran un diseño que no se necesita
para simple
utilidad, y hablan de un creador que diseñó oídos y ojos como [p 58] receptores. Ahora,
¿pueden seres inteligentes
creer que una fuerza impersonal o un proceso trajo a existencia este maravilloso universo?
Una ilustración que nos enseña grandes cosas es el estudio de las características del agua. El
agua es una
de las sustancias más comunes del universo. La mayoría de las otras sustancias llegan a ser más
densas a bajas
temperaturas. El agua, afortunadamente se expande llegando a ser menos densa cuando se
congela. En forma
de hielo, el agua flota sobra la superficie de lagos, ríos y mares. Si el agua, en su estado sólido,
se tornara más
densa y se hundiera al fondo, muchos ríos, lagos y mares nunca se descongelarían y gran parte
de la superficie
terrestre llegaría a ser glaciar e inhabitable. ¿No fue un sabio creador el que dio al agua sus
diferentes características?
3. El argumento que parte de la historia.
El argumento que parte de la historia descansa sobre el fundamento de la divina providencia.
Los estudiantes
de historia, a no ser que estén ciegos o sean parciales, descubrirán la obra de la divina
providencia.
Esto no significa que un propósito sabio es visible en todos los eventos. Se debe tomar en
cuenta que el hombre
es pecaminoso y rebelde, y hasta cierto punto, un agente moral libre. Dios no causa cada evento
individual,
pero está en control del fluir de los eventos, llevando a cabo sus propósitos. Él cumple las
profecías inspiradas
que están registradas en su palabra.
Si uno estudia la Biblia junto con la historia, discernirá un modelo divino enfocado sobre Cristo
Jesús, el
Hijo de Dios. Este enfoque no es sólo sobre la vida terrenal de Cristo. El propósito de Dios en
Cristo es visto
en la historia de Israel y en su esperanza de un redentor (Gn. 12:1–3; Is. 52:10–53:12); en la
encarnación, vida,
muerte y resurrección de Cristo; en el triunfo de la iglesia a través de múltiple oposición, y en
la indestructibilidad
de Israel a través de los siglos.
La originalidad de Cristo está bien expresada por Napoleón en una carta al general Bertrand:
Efectos divinos me obligan a creer en una causa divina. Sí!, hay una causa divina, una razón
soberana, un ser
infinito. Esa causa es la causa de causas … Existe un ser infinito, que comparado con usted
general, le hace
sólo un átomo; comparado con quien yo, Napoleón, con todo mi genio, soy verdaderamente
nada; puramente
51
nada. Yo lo percibo—Dios. Yo lo veo, tengo necesidad de Él, creo en Él. Si usted no cree en
Él, pues peor
para usted. Pero usted, general, todavía creerá en Dios. Puedo perdonar muchas cosas, pero
siento horror ante
un ateo y materialista … Los dioses, los legisladores de India China, Roma, y Atenas, no tienen
nada que
pueda maravillarme de [p 59] sobremanera … No es así con Cristo. Todo en Él me asombra, y
su voluntad
me confunde. Entre El y cualquier otra persona en el mundo, no existe un posible término de
comparación. Él,
en sí mismo, es verdadero. Sus ideas y sus sentimientos, las verdades que Él anuncia, su
manera de convencer,
no son explicadas por organización humana, ni por la naturaleza de las cosas. Su nacimiento, y
la historia
de su vida; la profundidad de su doctrina, que lucha con las más poderosas dificultades, la más
admirable solución.
Su evangelio … su marcha a través de las edades y los reinos, todo es para mi un prodigio, un
insoluble
misterio, que me sumerge en un arrebato del que no puedo escapar, un misterio está allí delante
de mis
ojos, un misterio que no puedo ni negar ni explicar … busco en vano en la historia para
encontrar el igual de
Jesucristo.30
4. El argumento partiendo del alma humana.
El argumento que parte del alma humana tiene dos partes: (1) la de la imagen de Dios en el
hombre y (2)
la de la naturaleza moral del hombre. La Palabra de Dios declara que el hombre está creado a la
imagen de
Dios:
Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y
señoree en los
peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que
se arrastra sobre
la tierra. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios los creó; varón y hembra los
creó (Gn.
1:26, 27).
No debemos buscar la imagen de Dios en el hombre físico, porque Dios es Espíritu (Jn. 4:24);
más bien,
debemos buscar la imagen de Dios en el hombre espiritual: “y revestido del nuevo, [hombre] el
cual conforme
a la imagen del que lo creó se va renovando ….” (Col. 3:10). La imagen de Dios en el hombre
se ve en que el
hombre tiene dominio sobre las criaturas menores, y especialmente, en su capacidad y deseo
ardiente de comunión
con Dios. La otra marca de la imagen divina se ve en la naturaleza moral del hombre, su
sentido de
deber y responsabilidad, y en la posesión de una conciencia: “mostrando la obra de la ley
escrita en sus corazones,
dando testimonio su conciencia, y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos …” (Rom.
2:15).
C. S. Lewís dice:
Estos son los dos puntos que yo quería tratar. Primero, que seres humanos, en toda la tierra,
tienen esta curiosa
idea de que deben portarse de cierta manera, y no pueden realmente deshacerse de ella.
Segundo, de hecho
no se portan de esa manera. Conocen la ley de la naturaleza, [p 60] y la quebrantan. Estos dos
hechos son el
fundamento de todo pensamiento claro sobre nosotros y el universo en que vivimos.31
Un Dios personal nos hace responsables por nuestra conducta y nuestra actitud. Debemos
rendirnos a su
voluntad o vivir con una conciencia culpable. Uno puede lograr borrar la superficie de su
conciencia o callarla
por decepción propia, pero entonces, invariablemente creará su propio sistema de valores. La
experiencia ha
demostrado que el sistema de ética de la Biblia creada por Dios, después de todo, es el más
adecuado a la naturaleza
moral del hombre.
5. El argumento que parte de la Escritura.
El argumento que parte de la Escritura descansa sobre sus declaraciones y sobre su exactitud.
La Biblia
declara ser la Palabra inspirada de Dios (II Ti. 3:16, 17; II P. 1:20, 21; I Cor. 2:12, 13; Jer. 1:1–
13). Ningún
libro en el mundo ha sido tan ampliamente aceptado como mensaje de Dios. Sus opositores y
los escépticos
han lanzado todo ataque concebible en su contra, pero su popularidad se mantiene. Su exactitud
ha sido repetidamente
impugnada, pero cada vuelta de la pala de los arqueólogos confirma la exactitud de algún
pasaje
dudoso. El Dr. W.F. Albright, reconocido arqueólogo, escribe: “Nada que tienda a estorbar la fe
religiosa judía
o cristiana ha sido descubierto … Descubrimiento tras descubrimiento ha establecido la
exactitud de innumerables
detalles y ha traído incrementado reconocimiento al valor de la Biblia como un libro de recurso
de
30 Abbot’s Napoleon (El Napoleón de Abbot) como citado en Philosophy of Life (Filosofía de
Vida) por A.M.
Baten, (Garden City, NY: Harper and Row Publishing Company, 1930) 381–390.
31 Mere Christianity (Mero Cristianismo) por Clive Staples Lewis (Nueva York: Macmillan and
Company,
1952) 21. Los escritos de C.S. Lewis han sido muy efectivos en presentar el mensaje cristiano a
gente educada.
la historia.”32 Ningún otro libro se compara con la Biblia en cuanto a su elevada enseñanza
moral y espiritual.
Escrita hace siglos, la Biblia es más moderna que los periódicos de hoy. Nunca cesa de hablar
con poder, sanando
los más profundos problemas del alma y del espíritu humano.

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