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La aldea Ayar, rodeada de un vasto bosque y pantanos, realiza rituales matutinos donde los niños rinden homenaje al sol bajo la supervisión del guerrero Yanac. Koga, un niño rescatado por la deidad del pueblo, se une a la comunidad en la ceremonia de bordado en honor al guerrero Pachac, quien falleció recientemente. La aldea, compuesta por unas 500 personas, enfrenta los peligros del bosque mientras mantiene tradiciones que honran a sus héroes y fortalecen a su juventud.
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La aldea Ayar, rodeada de un vasto bosque y pantanos, realiza rituales matutinos donde los niños rinden homenaje al sol bajo la supervisión del guerrero Yanac. Koga, un niño rescatado por la deidad del pueblo, se une a la comunidad en la ceremonia de bordado en honor al guerrero Pachac, quien falleció recientemente. La aldea, compuesta por unas 500 personas, enfrenta los peligros del bosque mientras mantiene tradiciones que honran a sus héroes y fortalecen a su juventud.
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KOGA

la aldea Ayar estaba ubicado dentro de una vasta cadena de bosque y terrenos pantanosos. A su alrededor había altos arboles
antiguos, innumerables pantanos y estanques, e interminables ríos que cuya profundidad era desconocida.
La luz del sol atravesaba las nubes negras de la madrugada bañando a toda criatura con su luz.
Desenas de niños y niñas se juntaba en diferentes plataformas de piedras que había en la zona más libre del pueblo, y las
edades variaban desde los 6 años hasta los mayores de trece años; los niños de seis a diez años se encontraban en las
plataformas más altas, los de doce años se encontraba en el segundo nivel y los de trece estaba en el primer nivel. Todos los
niños estaban inclinados respetuosamente mientras se bañaban con el brillo dorado y cálido del sol.
Un hombre de mediana edad con un cuerpo muy bien formado y una altura aproximado de dos metros, le hacía parecerse a
un pequeño gigante, bestia ropas echa de pieles de bestia. El color de su piel era de un tono oscuro, tenía la cabeza rapada y
llena de cicatrices. Sus ojo serio y vivos escaneaban, a cada niño en busca de alguna falla o muestra de falta de respeto al
ritual que estaban realizando.
—El sol, es el padre de todos los astros, que con su luz todos los seres vivos comienzan a moverse, con su calor nos muestra
su piedad. Y como respeto ante tal astro por su amabilidad de bendecirnos con su calor, con su luz. Ustedes como la
generación mas joven y futuros de la aldea deben mostrar respeto, gratitud por poder sentir su calor otro día más. Por eso se
tienen que despertarse todos muy temprano, y recibir los primeros rayos solares asta que cumplan su mayoría de edad. Deben
hacer eso, para recibir las bendiciones del mundo, purificar el cuerpo, pacificar la mente y ser disciplinados. Deben hacerlo,
si queremos sobrevivir sobre este basto bosque que está lleno de peligro— decía el hombre de mediana edad, que estaba en
la plataforma mas alta que todos los niños, tenía un rostro muy estricto. Advirtiéndoles, luego grito:
—¡¿Entienden?!—
“¡Entendemos, guerrero Yanac!” gritaron todos los niños al unisonó, con mucho respeto, algo que sin duda puso satisfecho al
gran hombre, cuyo nombre era Yanac.
Hubo muchas apariciones de bestias salvajes como algún jabalí gigante o titano boas, que con su larga lengua zigzagueaba en
busca de presas dentro de los bosques, enormes peses saltaban de los grandes estanques o de vez en cuando algún gran
caimán arrastraba alguna presa desprevenida. También había raras bestias voladoras que dejaban escalofriantes sombras
gigantescas en el suelo. También hubo algunas bestias antiguas que posaban en algunas copas de algún árbol sumamente
altos y comenzaba a aullar al cielo, en señal de desafío. Pero no podemos dejar de lado alas formas de vida mas peligrosa del
gran bosque pantanoso. Los insectos; venenosos, carnívoros y sumamente aterradores.
—Entendemos —dijo muy respetuoso Koga, que podía sentir como sus ropas esas de pieles se empapaban por el sudor y con
cada respiración que daba podía sentir como un calor invadía su interior purificando sus órganos, venas y que su corazón
bombeaba con más fuerza. Era una pequeña muestra de que la técnica secreta de la aldea Ayar estaba haciendo muy bien el
trabajo de fortalecer sus cuerpos.
Era un niño sumamente alto para su edad, de aproximadamente 10 años. Que con una exhalación un humo putrefacto había
salido de su boca, eran todas las impurezas que el sol había purificado.
Para luego comenzar dar una gran sonrisa ya que era la señal de que la ceremonia había terminado, Koga sin duda era
hermoso, tenia el pelo largo y rizado, los ojos brillosos, que había atraído la atención de algunas mujeres mayores, que le
miraban con aprecio. Koga no era de la tribu, fue rescatado por la deidad del pueblo, entregándoles a los aldeanos, que lo
cuidaron como si hubiese sido parte de la aldea Ayar.
—Koga, ¿Quieres venir a pescar con nosotros? —pregunto un niño calvo que era sumamente alto, pese a tener diez años, su
nombre era, Wira, era el tercer hijo del guerrero Yanac y mejor amigo de koga.
—Lo siento, pero prometí a hoja que le iba a ayudar a bordar —respondió koga, muy triste, cuando había mencionado a
Hoja, la expresión de wira, cambio abruptamente cuando hoyo a koga mencionar a Hoja, —realmente me duele el corazón, al
pensar en la tristeza que asola a la familia del guerrero Pachac— dijo Wira, y mitras sus ojos comenzaban a humedecerse por
las lágrimas— realmente todo el pueblo lloro su muerte— agrego el para luego darse la vuelta ya que no quería que koga lo
viese llorar—no te detendré entonces…ve y ayuda a hoja—agrego este último mientras salía corriendo.
la aldea Ayar no era demasiado grande. Había alrededor de 500 personas si se sumaban los hombres y mujeres, niños y
jóvenes. Las casas estaban hechas de troncos y pajas y pieles que recubría las paredes o funcionaba como huna puerta. Nada
lujosos, pero extremadamente cómodos.
En el centro de aldea, había un gran árbol que tenía muchos tallados de rostros humanos, eran los rostros de todos los
hombres o mujeres que murieron heroicamente o tuvieron grandes méritos en el pueblo, el árbol era muy especial, era único
de su ipo traído ase miles de años por uno delos ancestros de la tribu, su característica especial era que cualquier cosa que
fuese tallado en su corteza nuca se borraría y crecería junto con el árbol, lo que le hacia muy perfecto para conmemorar a sus
guerreros.
Y hace una semana atrás un nuevo rostro había sido agregado en la corteza del árbol, era el rostro del guerrero Pachac, y
frente a ese árbol tres mujeres vestidas de ropas blancas echo de hilos de seda, estaban bordando todas las a sañas de aquel
guerrero.
Era una tradición milenaria del pueblo para despedir a sus muertos, que consiste en cuatro valiosos pasos, primero es tallar
el rostro del difunto en el gran árbol de los héroes, segundo la familia del difunto tendría que vestirse de blanco asta que sea
la ceremonia de entierro, tercero es el paso mas importante, que consiste en hacer bordados de todas las hazañas que el
difunto tubo en vida, para este paso es necesario ser muy diestro en el bordado, y debido a eso le habían pedido a koga que
ayudase ya que a pesar de ser un niño, y un hombre era muy diestro en el bordado, era tan bueno que muchas mujeres adultas
envidiaban de su talento.
Y el cuarto paso es el entierro. En la aldea Ayar tienen la costumbre de enterrar al difunto en el mismo día de su nacimiento,
y en este mundo las fechas funcionan así cuatro lunas como mese y soles como número de días, no hay definiciones de
semanas, y cada luna tiene de cien días lo que ase que un año tenga cuatrocientos días, y el guerrero Pachac nación el cinto
sol de la cuarta luna. Faltando una luna y treinta soles para su fecha de cumpleaños, y asta que el día de su cumpleaños llegue
el cuerpo estará empapado por una cierta sustancia que preserva el cuerpo evitando que se pudriese o apestara.
Koga admiraba mucho al guerrero Pachac, y cuando supo de su perdida lloró su muerte junto con la familia del guerrero, que
consistía en tres individuos, hoja, su pequeña hija de síes años, y sus dos esposas.
Ha sí que cuando lo habían ofrecido a que ayudase al bordado de las grandes hazañas de tal guerrero el automáticamente
aceptó.
Pachac fue uno de los grandes guerreros de su pueblo, halos 14 años mato a una titano boa de cien metros de largo , a los 15
cazo a un jabalí que poseía el titulo de rey en el bosque, a los 16 años repelió junto a otros guerreros a los enemigos
invasores que quería robar su territorio, y así sucesivamente, toda su vida estaba llena de grandes hazañas, que quedaran
marcados en el bordado y con cada bordado unas lágrimas de tristeza caían de sus ojos.
—volvieron —grito un vigía al ver al grupo de cazadores que estaban regresando. Al oír a los vigías, todos los habitantes del
pueblo salieron a recibirlos, y eso incluían a koga y a las tres mujeres, otra tradición del pueblo que era recibir con respeto a
aquellos que se sacrifican, en la peligrosa tarea que era la caza, con el fin de alimentarlos. Muchos salían con diferentes
expresiones, de felicidad, preocupación o miedo; la de felicidad perteneció a los niños ingenuos que no sabían que tan
peligroso eran los bosques, la de preocupación pertenecía a los ancianos, ya que temían que sus poderoso guerreros
estuviesen lastimado o peor aun muertos, loque seria otro un duro golpe para la aldea, y el miedo pertenecía alas esposas o
madres de los cazadores, el miedo era de recibir la noticia de que sus hijos o esposos nunca irían a regresar. Lo que era algo
normal en este entorno cruel.
Koga vio con asombro a una docena de hombre musculosos, arrastrado a un gran lagarto de barias desenas metros y de alto
que desde lejos parecía una pequeña colina de carne. Lo que fue algo sorprendente, bestia de ese tamaño eran considerado
reyes de algún territorio.
Y una bestia de ese tamaño sin duda alimentaria por lómenos una o dos lunas a todos los habitantes del pueblo Ayar.

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