Estrella en El Centro Del Sistema Solar y La Más Cercana A La Tierra, Formada Principalmente de Hidrógeno y Helio
Estrella en El Centro Del Sistema Solar y La Más Cercana A La Tierra, Formada Principalmente de Hidrógeno y Helio
estrella en el centro del Sistema Solar y la más cercana a la Tierra, formada principalmente de hidrógeno y
helio
El Sol (del latín sol, solis, ‘dios Sol invictus’ o ‘sol’, a su vez de la raíz protoindoeuropea sauel,
‘luz’)[4] es una estrella de tipo-G de la secuencia principal y clase de luminosidad V que se
encuentra en el centro del sistema solar y constituye la mayor fuente de radiación
electromagnética de este sistema planetario.[5] Es una esfera casi perfecta de plasma, con un
movimiento convectivo interno que genera un campo magnético a través de un proceso de
dinamo. Cerca de tres cuartas partes de la masa del Sol lo forman gases como el hidrógeno;
el resto es principalmente helio, con cantidades mucho más pequeñas de elementos como
oxígeno, carbono, neón y hierro.
Se formó hace aproximadamente 4600 millones de años a partir del colapso gravitacional de
la materia dentro de una región de una gran nube molecular. La mayor parte de esta materia
se acumuló en el centro, mientras que el resto se aplanó en un disco en órbita que se
convirtió en el sistema solar. La masa central se volvió cada vez más densa y caliente, dando
lugar con el tiempo al comienzo de la fusión nuclear en su núcleo. Se cree que casi todas las
estrellas se forman por este proceso. El Sol es más o menos de edad intermedia y no ha
cambiado drásticamente desde hace más de cuatro mil millones de años, y seguirá siendo
bastante estable durante otros 5000 millones de años más. Sin embargo, después de que la
fusión del hidrógeno en su núcleo se haya detenido, el Sol sufrirá cambios importantes y se
convertirá en una gigante roja. Se estima que el Sol se volverá entonces lo suficientemente
grande como para engullir las órbitas actuales de Mercurio, Venus y posiblemente la
Tierra.[6][7]
La Tierra y otros cuerpos (incluidos otros planetas, asteroides, meteoroides, cometas y polvo)
orbitan alrededor del Sol.[5] Por sí solo, representa alrededor del 99.86 % de la masa del
sistema solar.[8] La distancia media del Sol a la Tierra fue definida exactamente por la Unión
Astronómica Internacional en 149 597 870 700 metros[9] (aproximadamente 150 millones de
kilómetros). Su luz recorre esta distancia en 8 minutos y 20 segundos.
La energía del Sol, en forma de luz solar, sustenta a casi todas las formas de vida en la Tierra a
través de la fotosíntesis y determina el clima de la Tierra y la meteorología.
Es la estrella del sistema planetario en el que se encuentra la Tierra; por lo tanto, es el astro
con mayor brillo aparente. Su visibilidad en el cielo local determina, respectivamente, el día y
la noche en diferentes regiones de diferentes planetas. En la Tierra, la energía radiada por el
Sol es aprovechada por los seres fotosintéticos que Sol
constituyen la base de la cadena trófica, por lo que es la
principal fuente de energía de la vida. También aporta la
energía que mantiene en funcionamiento los procesos
climáticos.[10]
son tales que se ven, aproximadamente, con el mismo Segunda imagen: fotografía ultravioleta
retocada de la NASA en 2020
tamaño aparente en el cielo. Esto permite una amplia
gama de eclipses solares distintos (totales, anulares o Datos derivados de la observación
terrestre
parciales).[11]
Distancia media 149 597 870 700 m
El vasto efecto del Sol sobre la Tierra ha sido reconocido desde la Tierra (~1.5 × 1011 m)
Características físicas
1 391 016 km
Diámetro
(~1.4 × 109 m)
Diámetro relativo
Características (dS/dT)
109
Temperatura del
~1.36 × 107 K
núcleo
Periodo de
rotación
En el ecuador: 27 d 6 h 36 min
GIF, hecho por la NASA, abril 2008.
A 30° de latitud: 28 d 4 h 48min
El Sol es, con diferencia, el objeto más brillante en el
A 60° de latitud: 30 d 19 h 12 min
cielo, con magnitud aparente de −26.74. Es unos
A 75° de latitud: 31 d 19 h 12 min
13 000 millones de veces más brillante que la segunda
Características orbitales
estrella más luminosa, Sirio, que tiene una magnitud
Distancia máxima
aparente de −1.46. La distancia media del centro del Sol ~2.5 × 1017 km
al centro de la
al centro de la Tierra es de aproximadamente 1 unidad ~26 000 años luz
Galaxia
astronómica (alrededor de 150 millones de kilómetros),
Periodo orbital
aunque la distancia varía a medida que la Tierra se 2.25-
alrededor del
2.50 × 108 años[2]
mueve desde el perihelio en enero hasta el afelio en centro galáctico
julio. En esta distancia media, la luz viaja desde el Velocidad orbital
~251 km/s[3]
horizonte del Sol hasta el horizonte de la Tierra en unos máxima
La constante solar es la cantidad de energía que el Sol deposita por unidad de tiempo y
superficie y que es directamente expuesta como luz solar. La constante solar es igual a
aproximadamente a 1361 W/m² (vatios por metro cuadrado) a una distancia de una unidad
astronómica (ua) del Sol (es decir, en la Tierra o a la misma distancia del Sol que ella).[13] La luz
del Sol en la superficie de la Tierra es atenuada por la atmósfera terrestre, de modo que, llega
menos energía a la superficie (cerca de 1000 W/m²) en condiciones claras cuando el Sol está
cerca del cenit. La luz del Sol en la parte superior de la atmósfera terrestre está compuesta
(por energía total) de aproximadamente un 50 % de luz infrarroja, un 40 % por luz visible y un
10 % de luz ultravioleta. La atmósfera terrestre filtra más del 70 % de la radiación ultravioleta
solar, especialmente en las longitudes de onda más cortas. La radiación ultravioleta solar
ioniza la parte superior de la atmósfera en el lado diurno de la Tierra, volviendo a la ionosfera
conductora de electricidad.
Color
En ausencia de atmósfera el Sol presenta un color blanco. Se puede comprobar en imágenes
desde la alta montaña con un cielo completamente despejado y limpio, desde la Estación
Espacial Internacional[15] o en las fotos de los astronautas del Apolo 12 desde la superficie
lunar. El color blanco tiene la explicación teórica en el espectro solar, que emite en un amplio
rango del longitudes de onda con una temperatura de color en torno a 5780 K y un índice de
color-espacio (CIE) cercano al (0.3; 0.3)[16]
Esto seguramente haya influido en que algunos autores hayan argumentado[17] que el color
del Sol viene dado por su máximo de emisión.[18] Pero hay dos problemas interesantes aquí.
En primer lugar, el espectro de emisión presenta su máximo en unos 500 nm, que se asocia
habitualmente al color verde cercano al azul.[19] Esta asociación es incluso discutible, puesto
que sólo existe una correspondencia longitud de onda/color visible en una emisión
monocromática lo más pura posible. Por ejemplo, se pueden ver colores verdes en la aurora
boreal debido a la emisión monocromática a 500.7 nm del oxígeno atómico doblemente
ionizado (esto está provocado por el choque entre los átomos de oxígeno con electrones de
menor energía liberados por moléculas de nitrógeno excitadas por la radiación solar en las
capas altas de la atmósfera[20] ).
El Sol también puede verse de muy diferentes colores según las condiciones atmosféricas.
Desde el rojizo de las salidas y puestas debido a la dispersión de la atmósfera (que se puede
ver aumentados por la presencia de pequeñas partículas contaminantes), hasta, en raras
ocasiones, el azulado (provocado por partículas de mayor diámetro, como parece haber
ocurrido durante la erupción del Krakatoa o por la contaminación del humo de grandes
incendios).[21][22]
El Sol está compuesto principalmente por los elementos químicos hidrógeno y helio; que
representan el 74.9 % y el 23.8 % de la masa del Sol en la fotosfera, respectivamente. Todos
los elementos más pesados, llamados metales en astronomía, representan menos del 2 % de
la masa, con el oxígeno (más o menos el 1 % de la masa del Sol), carbono (0.3 %), neón
(0.2 %), y el hierro (0.2 %), que es el más abundante.
El Sol heredó su composición química del medio interestelar a través del cual se formó. El
hidrógeno y el helio en el Sol fueron producidos por nucleosíntesis del Big Bang, y los
elementos más pesados se crearon por nucleosíntesis estelar en generaciones de estrellas
que completaron su evolución estelar y devolvieron su material al medio interestelar antes de
la formación del Sol. La composición química de la fotosfera se considera normalmente como
representativa de la composición del sistema solar primordial. Sin embargo, desde que se
formó el Sol, parte del helio y de elementos pesados se han asentado gravitacionalmente
desde la fotosfera. Por lo tanto, en la fotosfera de hoy en día, la fracción de helio es reducida, y
la metalicidad es solamente el 84 % de lo que era en la fase protoestelar (antes de que la
fusión nuclear comenzara en el núcleo). Se cree que la composición protoestelar del Sol ha
sido de un 71.1 % de hidrógeno, 27.4 % de helio, y de un 1.5 % de elementos más pesados.
Hoy en día, la fusión nuclear en el núcleo del Sol ha modificado la composición mediante la
conversión del hidrógeno en helio, por lo que ahora la parte más interna del Sol es más o
menos un 60 % de helio, junto con la abundancia de elementos más pesados que no han sido
alterados. Debido a que el calor se transfiere desde el centro del Sol por radiación en vez de
por convección, ninguno de los productos de fusión del núcleo ha llegado a la fotosfera.
La zona reactiva del núcleo de «combustión del hidrógeno», donde el hidrógeno se convierte
en helio, está empezando a ser circundado por un núcleo interno de «cenizas de helio». Este
desarrollo continuará y posteriormente tendrá lugar la salida del Sol de la secuencia principal
para llegar a convertirse así en una gigante roja.
Como toda estrella, el Sol posee una forma esférica, y a causa de su lento movimiento de
rotación, tiene también un leve achatamiento polar. Como en cualquier cuerpo masivo, toda
la materia que lo constituye es atraída hacia el centro del objeto por su propia fuerza
gravitatoria. Sin embargo, el plasma que forma el Sol se encuentra en equilibrio, ya que la
creciente presión en el interior solar compensa la atracción gravitatoria, lo que genera un
equilibrio hidrostático. Estas enormes presiones se producen debido a la densidad del
material en su núcleo y a las enormes temperaturas que se dan en él gracias a las reacciones
termonucleares que allí acontecen. Existe, además de la contribución puramente térmica, una
de origen fotónico. Se trata de la presión de radiación, nada despreciable, que es causada por
el ingente flujo de fotones emitidos en el centro del Sol.
Casi todos los elementos químicos terrestres (aluminio, azufre, bario, cadmio, calcio, carbono,
cerio, cobalto, cobre, cromo, estaño, estroncio, galio, germanio, helio, hidrógeno, hierro, indio,
magnesio, manganeso, níquel, nitrógeno, oro, oxígeno, paladio, plata, platino, plomo, potasio,
rodio, silicio, sodio, talio, titanio, tungsteno, vanadio, circonio y cinc) y diversos compuestos
(como el cianógeno, el óxido de carbono y el amoniaco) han sido identificados en la
constitución del astro rey, por lo que se ha concluido que, si nuestro planeta se calentara
hasta la temperatura solar, tendría un espectro luminoso casi idéntico al Sol. Incluso el helio
fue descubierto primero en el Sol y luego se constató su presencia en nuestro planeta.[24]
El Sol presenta una estructura en capas esféricas o en «capas de cebolla». La frontera física y
las diferencias químicas entre las distintas capas son difíciles de establecer. Sin embargo, se
puede determinar una función física que es diferente para cada una de las capas. En la
actualidad, la astrofísica dispone de un modelo de estructura solar que explica
satisfactoriamente la mayor parte de los fenómenos observados. Según este modelo, el Sol
está formado por: 1) núcleo solar, 2) zona radiante, 3) zona convectiva, 4) fotosfera, 5)
cromosfera, 6) corona, 7) manchas solares, 8) granulación y 9) viento solar.
Núcleo
Ocupa unos 139 000 km del radio solar, 1⁄5 del mismo, y es en esta zona donde se verifican las
reacciones termonucleares que proporcionan toda la energía que el Sol produce. Esta energía
generada en el núcleo del Sol tarda un millón de años en alcanzar la superficie solar.[25] En su
centro se calcula que existe un 49 % de hidrógeno, 49 % de helio y un 2 % que se distribuye
en otros elementos que sirven como catalizadores en las reacciones termonucleares. A
comienzos de la década de los años 30 del siglo xx, el físico austriaco Fritz Houtermans (1903-
1966) y el astrónomo inglés Robert d'Escourt Atkinson (1898-1982) unieron sus esfuerzos para
averiguar si la producción de energía en el interior del Sol y en las estrellas se podía explicar
por las transformaciones nucleares. En 1938, Hans Albrecht Bethe (1906-2005), en los Estados
Unidos, y Carl Friedrich von Weizsäcker (1912-2007), en Alemania, simultánea e
independientemente, encontraron el hecho notable de que un grupo de reacciones en las que
intervienen el carbono y el nitrógeno como catalizadores constituyen un ciclo, que se repite
una y otra vez, mientras dura el hidrógeno. A este grupo de reacciones se le conoce como
ciclo de Bethe o del carbono, y es equivalente a la fusión de cuatro protones en un núcleo de
helio. En estas reacciones de fusión hay una pérdida de masa, esto es, el hidrógeno
consumido pesa más que el helio producido. Esa diferencia de masa se transforma en
energía, según la ecuación de Einstein (E = mc²), donde E es la energía, m la masa y c la
velocidad de la luz. Estas reacciones nucleares transforman el 0.7 % de la masa afectada en
fotones, con una longitud de onda cortísima y, por lo tanto, muy energéticos y penetrantes. La
energía producida mantiene el equilibrio térmico del núcleo solar a temperaturas
aproximadamente de 15 millones de kelvins.
1
1H + 6C12 → 7N13
13
7N → 6C13 + e+ + neutrino
1 13
1H + 6C → 7N14
1
1H + 7N14 → 8O15
15
8O → 7N15 + e+ + neutrino
1 15
1H + 7N → 6C12 + 2He4.
La energía neta liberada en el proceso es 26.7 MeV, o sea cerca de6.7 × 1014 J por kg de
protones consumidos. El carbono actúa como catalizador, pues se regenera al final del ciclo.
Otra reacción de fusión que ocurre en el Sol y en las estrellas es el ciclo de Critchfield, más
comúnmente conocido como cadena protón-protón. Charles Critchfield (1910-1994) era en
1938 un joven físico, alumno de George Gamow, (1904-1968) en la Universidad George
Washington, y tuvo una idea completamente diferente, al darse cuenta de que en el choque
entre dos protones a velocidades próximas a la de la luz, puede ocurrir que uno de ellos
pierda su carga positiva (e+), se fusionen y se convierta en un neutrón, que permanece unido
al otro protón y forma un núcleo de deuterio, es decir, un núcleo pesado formado por un
isótopo estable del hidrógeno. El positrón (e+) al ser liberado tiende a aniquilarse con bastante
rapidez, fusionándose con un electrón (e−), produciendo en el proceso radiación fotónica. Al
mismo tiempo, en esta segunda fase, se libera un neutrino electrónico de baja energía, que no
interactúa con ningún átomo y se libera al espacio a velocidades próximas a la de la luz sin
colisionar con la materia.
Más tarde, la fusión de un protón (p+), o lo que es lo mismo, un núcleo H1, con un núcleo de
deuterio da lugar a un isótopo del helio He³ y a la emisión de fotones gamma (γ). Finalmente,
con un 97 % de probabilidad aproximadamente, dos núcleos del isótopo He³ dan lugar, al ser
fusionados, en un núcleo estable de He4 más dos nuevos protones (p+), con lo que el ciclo se
retroalimenta hasta la primera fase inicial, al tiempo que pierde energía a razón de 26.7 MeV
netos.
1
1H + 1H1 → 1H² + e+ + neutrino electrónico
1
1H + 1H² → 2He³ + fotones gamma
El primer ciclo se da en estrellas más calientes y de mayor masa que el Sol, mientras que la
cadena protón-protón predomina en las estrellas similares al Sol. En cuanto a este, hasta el
año 1953 se creía que su energía era producida casi exclusivamente por el ciclo de Bethe; sin
embargo, posteriormente se demostró que el calor solar proviene en su mayor parte (~75 %)
de la cadena protón-protón.
En los últimos estadios de su evolución, el Sol fusionará también el helio producto de estos
procesos para producir carbono y oxígeno (véase proceso triple-alfa).
Zona radiante
En la zona exterior al núcleo el transporte de la energía generada en el interior se produce por
radiación hasta el límite exterior de la zona radiante. Esta zona está compuesta de plasma, es
decir, grandes cantidades de hidrógeno y helio ionizado. Como la temperatura del Sol decrece
desde el centro (15 MK en el núcleo) hacia la periferia (6000 K en la fotosfera), es más fácil que
un fotón cualquiera se mueva del centro a la periferia que al revés. Sin embargo, los fotones
deben avanzar por un medio ionizado tremendamente denso y son absorbidos y reemitidos
infinidad de veces en su camino. Se calcula que un fotón cualquiera puede tardar un millón de
años en alcanzar la superficie y manifestarse como luz visible.[26]
Zona convectiva
Esta región se extiende por encima de la zona radiante y en ella los gases solares dejan de
estar ionizados y los fotones son absorbidos con facilidad y se convierten en un material
opaco al transporte de radiación. Por lo tanto, el transporte de energía se realiza por
convección, de modo que el calor se transporta de manera no homogénea y turbulenta por el
propio fluido. Los fluidos se dilatan al ser calentados y disminuyen su densidad.[27] Por lo cual
se forman corrientes ascendentes de material desde la zona caliente hasta la zona superior, y
simultáneamente se producen movimientos descendentes de material desde las zonas
exteriores menos calientes. Así, a unos 200 000 km bajo la fotosfera del Sol, el gas se vuelve
opaco por efecto de la disminución de la temperatura; en consecuencia, absorbe los fotones
procedentes de las zonas inferiores y se calienta a expensas de su energía. Se forman así
secciones convectivas turbulentas, en las que las parcelas de gas caliente y ligero suben hasta
la fotosfera, donde nuevamente la atmósfera solar se vuelve transparente a la radiación y el
gas caliente cede su energía en forma de luz visible, y se enfría antes de volver a descender a
las profundidades. El análisis de las oscilaciones solares ha permitido establecer que esta
zona se extiende hasta estratos de gas situados a la profundidad indicada anteriormente. La
observación y el estudio de estas oscilaciones solares constituyen el campo de trabajo de la
heliosismología.[28]
Fotosfera
La fotosfera es la zona visible donde se emite luz visible del Sol. La fotosfera se considera
como la «superficie» solar y, vista a través de un telescopio, se presenta formada por gránulos
brillantes que se proyectan sobre un fondo más oscuro. A causa de la agitación de nuestra
atmósfera, estos gránulos parecen estar siempre en agitación. Puesto que el Sol es gaseoso,
su fotosfera es algo transparente: puede ser observada hasta una profundidad de unos
cientos de kilómetros antes de volverse completamente opaca. Normalmente, se considera
que la fotosfera solar tiene unos 100 o 200 km de profundidad.[29]
Aunque el borde o limbo del Sol aparece bastante nítido en una fotografía o en la imagen
solar proyectada con un telescopio, se aprecia fácilmente que el brillo del disco solar
disminuye hacia el borde. Este fenómeno de oscurecimiento del centro al limbo es
consecuencia de que el Sol es un cuerpo gaseoso con una temperatura que disminuye con la
distancia al centro. La luz que se ve en el centro procede en la mayor parte de las capas
inferiores de la fotosfera, más caliente y por tanto más luminosa. Al mirar hacia el limbo, la
dirección visual del observador es casi tangente al borde del disco solar por lo que llega
radiación procedente sobre todo de las capas superiores de la fotosfera, menos calientes y
emitiendo con menor intensidad que las capas profundas en la base de la fotosfera.
Un fotón tarda un promedio de diez días desde que surge de la fusión de dos átomos de
hidrógeno, en atravesar la zona radiante y un mes en recorrer los 200 000 km de la zona
convectiva, empleando tan solo unos 8 minutos y medio en cruzar la distancia que separa la
Tierra del Sol. No se trata de que los fotones viajen más rápidamente ahora, sino que en el
exterior del Sol el camino de los fotones no se ve obstaculizado por los continuos cambios,
choques, quiebros y turbulencias que experimentaban en el interior del Sol.
Los gránulos brillantes de la fotosfera tienen muchas veces forma hexagonal y están
separados por finas líneas oscuras.[30] Los gránulos son la evidencia del movimiento
convectivo y burbujeante de los gases calientes en la parte exterior del Sol. En efecto, la
fotosfera es una masa en continua ebullición en el que las células convectivas se aprecian
como gránulos en movimiento cuya vida media es tan solo de unos nueve minutos. El
diámetro medio de los gránulos individuales es de unos 700 a 1000 km y resultan
particularmente notorios en los períodos de mínima actividad solar. Hay también
movimientos turbulentos a una escala mayor, la llamada «supergranulación», con diámetros
típicos de unos 35 000 km. Cada supergranulación contiene cientos de gránulos individuales y
sobrevive entre 12 a 20 horas. Fue Richard Christopher Carrington (1826-1875), cervecero y
astrónomo aficionado, el primero en observar la granulación fotosférica en el siglo xix. En 1896
el francés Pierre Jules César Janssen (1824-1907) consiguió fotografiar por primera vez la
granulación fotosférica.
El Sol con algunas manchas solares visibles. Las
dos manchas en el medio tienen casi el mismo
diámetro que la Tierra.
El signo más evidente de actividad en la fotosfera son las manchas solares.[31] En los tiempos
antiguos se consideraba al Sol como un fuego divino y, por consiguiente, perfecto e infalible.
Del mismo modo se sabía que la brillante cara del Sol estaba a veces nublada con unas
manchas oscuras, pero se imaginaba que era debido a objetos que pasaban en el espacio
entre el Sol y la Tierra. Cuando Galileo (1564-1642) construyó el primer telescopio
astronómico, dando origen a una nueva etapa en el estudio del Universo, hizo la siguiente
afirmación: «Repetidas observaciones me han convencido, de que estas manchas son
sustancias en la superficie del Sol, en la que se producen continuamente y en la que también
se disuelven, unas más pronto y otras más tarde». Una mancha solar típica consiste en una
región central oscura, llamada «umbra», rodeada por una «penumbra» más clara. Una sola
mancha puede llegar a medir hasta 12 000 km (casi tan grande como el diámetro de la Tierra),
pero un grupo de manchas puede alcanzar 120 000 km de extensión e incluso algunas veces
más. La penumbra está constituida por una estructura de filamentos claros y oscuros que se
extienden más o menos radialmente desde la umbra.
Imagen detallada de un conjunto de
manchas solares observadas en el
visible. La umbra y la penumbra son
claramente discernibles así como la
granulación solar.
Ambas (umbra y penumbra) parecen oscuras por contraste con la fotosfera, simplemente
porque están menos calientes que la temperatura media de la fotosfera. Así, la umbra tiene
una temperatura de 4000 K, mientras que la penumbra alcanza los 5600 K, inferiores en
ambos casos a los 6000 K que tienen los gránulos de la fotosfera. Por la ley de Stefan-
Boltzmann, en que la energía total radiada por un cuerpo negro (como una estrella) es
proporcional a la cuarta potencia de su temperatura efectiva (E = σT4, donde σ =
5.67051 × 10−8 W/m²·K4), la umbra emite aproximadamente un 32 % de la luz emitida por un
área igual de la fotosfera y análogamente la penumbra tiene un brillo de un 71 % de la
fotosfera. La oscuridad de una mancha solar está causada únicamente por un efecto de
contraste; si pudiéramos ver a una mancha tipo, con una umbra del tamaño de la Tierra,
aislada y a la misma distancia que el Sol, brillaría una 50 veces más que la Luna llena. Las
manchas están relativamente inmóviles con respecto a la fotosfera y participan de la rotación
solar. El área de la superficie solar cubierta por las manchas se mide en términos de
millonésima del disco visible.
Cromosfera
Corona solar
La corona solar está formada por las capas más tenues de la atmósfera superior solar. Su
temperatura alcanza los millones de kelvin, una cifra muy superior a la de la capa que le sigue,
la fotosfera, y esta inversión térmica es uno de los principales enigmas de la ciencia solar
reciente. Estas elevadísimas temperaturas son un dato engañoso y consecuencia de la alta
velocidad de las pocas partículas que componen la atmósfera solar. Sus grandes velocidades
son debidas a la baja densidad del material coronal, a los intensos campos magnéticos
emitidos por el Sol y a las ondas de choque que rompen en la superficie solar estimuladas por
las células convectivas. Como resultado de su elevada temperatura, desde la corona se emite
gran cantidad de energía en rayos X. En realidad, estas temperaturas no son más que un
indicador de las altas velocidades que alcanza el material coronal que se acelera en las líneas
de campo magnético y en dramáticas eyecciones de material coronal (EMCs). Lo cierto es que
esa capa es demasiado poco densa como para poder hablar de temperatura en el sentido
usual de agitación térmica.
Vídeo de cámara rápida de una región
activa en la superficie del Sol capturado
con un refractor de 152 mm y un filtro de
cromosfera Daystar Quark.
Todos estos fenómenos combinados ocasionan extrañas rayas en el espectro luminoso que
hicieron pensar en la existencia de un elemento desconocido en la Tierra al que incluso
denominaron coronium hasta que investigaciones posteriores en 1942 concluyeron que se
trataban de radiaciones producidas por átomos neutros de oxígeno de la parte externa de la
misma corona, así como de hierro, níquel, calcio y argón altamente ionizados (fenómenos
imposibles de obtener en laboratorios).[33]
La corona solar solamente es observable desde el espacio con instrumentos adecuados que
anteponen un disco opaco para eclipsar artificialmente al Sol o durante un eclipse solar
natural desde la Tierra. El material tenue de la corona es continuamente expulsado por la
fuerte radiación solar dando lugar a un viento solar. Así pues, se cree que las estructuras
observadas en la corona están modeladas en gran medida por el campo magnético solar y las
células de transporte convectivo.
En 1970 el físico sueco Hannes Alfvén obtuvo el premio Nobel. Él estimó que había ondas que
transportaban energía por líneas del campo magnético que recorre el plasma de la corona
solar. Pero hasta hoy no se había podido detectar la cantidad de ondas que eran necesarias
para producir dicha energía.
Pero imágenes de alta definición ultravioleta, tomadas cada ocho segundos por el satélite de
la NASA Solar Dynamics Observatory (SDO), han permitido a científicos como Scott McIntosh
y a sus colegas del Centro Nacional Estadounidense de Investigación Atmosférica, detectar
gran cantidad de estas ondas.[34] Las mismas se propagan a gran velocidad (entre 200 y
250 km/s) en el plasma en movimiento. Ondas cuyo flujo energético se sitúa entre 100 y
200 W/km² (vatios por kilómetro cuadrado) «son capaces de proveer la energía necesaria para
propulsar a los rápidos vientos solares y así compensar las pérdidas de calor de las regiones
menos agitadas de la corona solar», estiman los investigadores.
Sin embargo, para McIntosh esto no es suficiente para generar los 2000 W/m² (vatios por
metro cuadrado) que se necesitan para abastecer a las zonas activas de la corona. Es por esto
que se requiere de instrumentos con mayor capacidad temporal y espacial para estudiar todo
el espectro de energía irradiada en las regiones activas de nuestra estrella.
Heliosfera
La heliosfera sería la región que se extiende desde el Sol hasta más allá de Plutón y que se
encuentra bajo la influencia del viento solar. Es en esta región donde se extienden los efectos
de las tormentas geomagnéticas y también donde se extiende el influjo del campo magnético
solar. La heliosfera protege al sistema solar de las radiaciones provenientes del medio
interestelar y su límite se extiende a más de 100 UA del Sol, límite solamente superado por los
cometas.
La eyección de masa coronal (CME) es una onda formada por radiación y viento solar que se
desprende del Sol en el periodo llamado Actividad Máxima Solar. Esta onda es muy peligrosa
ya que daña los circuitos eléctricos, los transformadores y los sistemas de comunicación.
Cuando esto ocurre, se dice que hay una tormenta solar.
Cada 11 años el Sol entra en un turbulento ciclo (Actividad Máxima Solar) que representa la
época más propicia para que el planeta sufra una tormenta solar. Dicho proceso acaba con
el cambio de polaridad solar (no confundir con el cambio de polaridad terrestre).
Una potente tormenta solar es capaz de paralizar por completo la red eléctrica de las
grandes ciudades, una situación que podría durar semanas, meses o incluso años.
Las tormentas solares pueden causar interferencias en las señales de radio, afectar a los
sistemas de navegación aéreos, dañar las señales telefónicas e inutilizar satélites por
completo.
El 13 de marzo de 1989 la ciudad de Quebec, en Canadá, fue azotada por una fuerte
tormenta solar. Como resultado de ello, seis millones de personas se vieron afectadas por
un gran apagón que duró 90 segundos. La red eléctrica de Montreal estuvo paralizada
durante más de nueve horas. Los daños que provocó el apagón, junto con las pérdidas
originadas por la falta de energía, alcanzaron los cientos de millones de dólares.
Entre los días 1 y 2 de septiembre de 1859 una intensa tormenta solar afectó a la mayor
parte del planeta. Las líneas telegráficas de los Estados Unidos y el norte de Europa
quedaron inutilizadas y se provocaron varios incendios. Además, una impresionante aurora
boreal, fenómeno que normalmente solo puede observarse desde las regiones árticas, pudo
verse en lugares tan alejados de los polos como el sur de Europa, el Caribe, Hawái.,[36] e
incluso en Colombia, cerca del ecuador terrestre.[37]
El campo magnético del Sol se forma como sigue: En el núcleo las presiones del hidrógeno
provocan que sus átomos únicamente queden excluidos por las fuerzas de polaridad de los
protones, dejando una nube de electrones en torno a dicho núcleo (los electrones se han
desprendido de las órbitas tradicionales, formando una capa de radiación electrónica común).
La fusión de los átomos de hidrógeno en helio se produce en la parte más interna del núcleo,
en donde el helio queda restringido por ser un material más pesado. Dicho «ordenamiento»
induce que los propios electrones compartan estados de energía y en consecuencia sus
campos magnéticos adquieran aún más densidad y potencia. Las enormes fuerzas de
gravedad, impiden que los fotones (portadores de esas fuerzas) escapen de forma libre. De
esta forma se genera en su interior un potente campo magnético que influye en la dinámica
del plasma en las capas siguientes.[32]
Los campos magnéticos, tal como si se tratase de un material fluido, encuentran su dinámica
por las fuerzas magnetohidrodinámicas en constante interacción con las gravitatorias y
rotacionales de la estrella, llegando a la superficie de manera que, los materiales más
externos quedan ordenados conforme a las líneas de fuerza Gauss. La rotación solar produce
que las capas más externas no giren todas a la misma velocidad, por lo que el ordenamiento
de estas líneas de fuerza se va descompensando a medida que los materiales distribuidos
entre los polos y el ecuador van perdiendo sincronismo en el giro rotacional de la estrella. Por
cada ruptura en la integridad del campo magnético, se produce un escape de líneas de fuerza
Gauss (produciendo las típicas manchas negras), en las que un aumento de estas, puede
tener como consecuencia una erupción solar consecuente por la desintegración local del
campo gauss. Cuando el Sol se acerca a su máximo desorden, las tormentas solares son
máximas. Estos periodos se dan cada 11 años. El Sol no posee un campo electromagnético
como el de la Tierra, sino que posee lo que se denomina viento solar, producido por esas
inestabilidades rotacionales del Sol. Si no fuera por eso, los campos magnéticos del Sol
quedarían restringidos a la dinámica del plasma.
Por esa misma razón, una reacción de fusión entre dos átomos de hidrógeno en el interior del
Sol, tarda 11 años en llegar a escapar de las enormes fuerzas gravitatorias y magnéticas.
El Sol se formó hace 4650 millones de años y tiene combustible para 7500 millones de años
más.[38][nota 1] Después, comenzará a hacerse más y más grande, hasta convertirse en una
gigante roja. Finalmente, se hundirá por su propio peso y se convertirá en una enana blanca,
que puede tardar unos mil millones de años en enfriarse.[39]
Se formó a partir de nubes de gas y polvo que contenían residuos de generaciones anteriores
de estrellas. Debido a la metalicidad de dicho gas, de su disco circunestelar surgieron, más
tarde, los planetas, asteroides y cometas del sistema solar. En el interior del Sol se producen
reacciones de fusión en las que los átomos de hidrógeno se transforman en helio,
produciéndose la energía que irradia. Actualmente, el Sol se encuentra en plena secuencia
principal, fase en la que seguirá unos 5000 millones de años más fusionando hidrógeno de
manera estable.
Llegará un momento en que el Sol agote todo el hidrógeno en la región central al haberlo
transformado en helio. La presión será incapaz de sostener las capas superiores y la región
central tenderá a contraerse gravitacionalmente, calentando progresivamente las capas
adyacentes. El exceso de energía producida hará que las capas exteriores del Sol tiendan a
expandirse y enfriarse y el Sol se convertirá en una estrella gigante roja. El diámetro puede
llegar a alcanzar y sobrepasar al de la órbita de la Tierra, con lo cual, cualquier forma de vida
se habrá extinguido. Cuando la temperatura de la región central alcance aproximadamente
100 millones de kelvins, comenzará a producirse la fusión del helio en carbono mientras
alrededor del núcleo se sigue fusionando hidrógeno en helio. Ello producirá que la estrella se
contraiga y disminuya su brillo a la vez que aumenta su temperatura, convirtiéndose el Sol en
una estrella de la rama horizontal. Al agotarse el helio del núcleo, se iniciará una nueva
expansión del Sol y el helio empezará también a fusionarse en una nueva capa alrededor del
núcleo inerte —compuesto de carbono y oxígeno y que por no tener masa suficiente el Sol no
alcanzará las presiones y temperaturas suficientes para fusionar dichos elementos en
elementos más pesados— que lo convertirá de nuevo en una gigante roja, pero esta vez de la
rama asintótica gigante y provocará que el astro expulse gran parte de su masa en la forma de
una nebulosa planetaria, quedando únicamente el núcleo solar que se transformará en una
enana blanca y, mucho más tarde, al enfriarse totalmente, en una enana negra. El Sol no
llegará a estallar como una supernova al no tener la masa suficiente para ello.
Si bien se creía en un principio que el Sol acabaría por absorber a Mercurio, a Venus y a la
Tierra al convertirse en gigante roja, la gran pérdida de masa que sufrirá en el proceso hizo
pensar por un tiempo que la órbita terrestre —al igual que la de los demás planetas del
sistema solar— se expandiría posiblemente y salvaría a nuestro planeta de ese destino.[40] Sin
embargo, un artículo reciente postula que ello no ocurrirá y que las interacciones mareales, así
como el roce con la materia de la cromosfera solar, harán que nuestro planeta sea
absorbido.[41] Otro artículo posterior apunta en la misma dirección.[42]
En cuanto a la vida en la Tierra durante ese proceso de evolución del Sol, se sabe que en la
actualidad, el brillo del Sol aumenta aproximadamente un 1% cada 100 millones de años. Se
necesitarán por tanto al menos mil millones de años para agotar el agua líquida de la Tierra
debido a tal aumento.[43] Después de eso, la Tierra dejará de poder sustentar vida multicelular
compleja y los últimos organismos multicelulares que quedan en el planeta sufrirán una
extinción masiva final y completa.[44]
Importancia de la energía solar en la Tierra
La mayor parte de la energía utilizada por los seres vivos procede del Sol, las plantas la
absorben directamente y realizan la fotosíntesis, los herbívoros absorben indirectamente una
pequeña cantidad de esta energía comiendo las plantas, y los carnívoros absorben
indirectamente una cantidad más pequeña comiendo a los herbívoros.
La mayoría de las fuentes de energía usadas por el hombre derivan indirectamente del Sol.
Los combustibles fósiles preservan energía solar capturada hace millones de años mediante
fotosíntesis, la energía hidroeléctrica usa la energía potencial de agua que se condensó en
altura después de haberse evaporado por el calor del Sol.
Sin embargo, el uso directo de energía solar para la obtención de energía no está aún muy
extendido debido a que los mecanismos actuales no son suficientemente eficaces.[45]
Con la fórmula y los datos anteriores se puede calcular la producción de energía del Sol,
obteniéndose que la potencia de nuestra estrella es aproximadamente 3.8 × 1026 vatios, o
3.8 × 1023 kilovatios —o, dicho de otra manera, el Sol produce en un segundo 760 000 veces la
producción energética anual a nivel mundial—.
Observación astronómica del Sol
0:08
Unas de las primeras observaciones astronómicas de la actividad solar fueron las realizadas
por Galileo Galilei en el siglo xvii, utilizando vidrios ahumados al principio, y usando el método
de proyección después. Galileo observó así las manchas solares y pudo medir la rotación solar
así como percibir la variabilidad de estas.[46] En la actualidad la actividad solar es monitoreada
constantemente por observatorios astronómicos terrestres y observatorios espaciales. Entre
los objetivos de estas observaciones se encuentra, no solo alcanzar una mayor comprensión
de la actividad solar, sino también la predicción de sucesos de elevada emisión de partículas
potencialmente peligrosas para las actividades en el espacio y las telecomunicaciones
terrestres.[47][48]
Exploración solar
Para obtener una visión ininterrumpida del Sol en longitudes de onda inaccesibles desde la
superficie terrestre, la Agencia Espacial Europea y la NASA lanzaron cooperativamente el
satélite SOHO (Solar and Heliospheric Observatory) el 2 de diciembre de 1995.[50] La sonda
europea Ulysses realizó estudios de la actividad solar,[51] y la sonda estadounidense Génesis
se lanzó en un vuelo cercano a la heliósfera para regresar a la Tierra con una muestra directa
del material solar.[52] Génesis regresó a la Tierra en el 2004, pero su reentrada en la atmósfera
fue acompañada de un fallo en su paracaídas principal que hizo que se estrellara sobre la
superficie.[53] El análisis de las muestras obtenidas prosigue en la actualidad.
Entonces determinó la distancia y el tamaño del Sol (relativos). Sin embargo, al ser necesario
medir unos ángulos demasiado pequeños, y sin los instrumentos para ello, no logró la
suficiente exactitud. Determinó que el Sol se encuentra 20 veces más lejos de lo que está la
Luna, y determinó que su diámetro era al menos 7 veces el diámetro de la Tierra.[55] Según los
cálculos actuales, el Sol se encuentra 400 veces más alejado que la Luna, y su diámetro es
109 veces más grande que el de la Tierra, por lo que fue muy grande el error de medición.
Para establecer la distancia real de la Tierra a la Luna sugirió un método utilizando curvatura
de la sombra de la Tierra proyectada en la Luna, durante los eclipses lunares.[56] (Este método
fue utilizado por Hiparco de Nicea posteriormente para calcular esa distancia).
Aristarco, pensando que el Sol era al menos 7 veces más grande que la Tierra, sugirió que no
es el Sol el que gira alrededor de la Tierra, sino al contrario, por lo que fue el primero en
sugerir un modelo heliocéntrico.[57] Sin embargo, sus ideas no fueron aceptadas por sus
contemporáneos y la teoría heliocéntrica no se retomó hasta 1543, 17 siglos después, cuando
Copérnico publicó su libro Sobre las revoluciones de los orbes celestes.[58][59]
En 1609, Johannes Kepler abrió el camino para determinar las distancias relativas de todos los
cuerpos del sistema solar, no solamente de la Luna y el Sol, por lo que, sabiendo la distancia a
cualquiera de los planetas, se podría saber la distancia al Sol.[62] Posteriormente, Giovanni
Cassini, en 1673, obtuvo el paralaje de Marte, por lo que logró determinar su distancia.
Entonces, sobre la base de los cálculos de Kepler, determinó la distancia al Sol en
136 millones de kilómetros (esta vez, la distancia se acercó bastante a los datos actuales, y el
error fue solamente de 7 %).[63]
Etimología y mitología
En los estudios lingüísticos se ha comprobado que el latín Sol proviene del proto-indoeuropeo
"*séh2-wl.", siendo así un cognado de los nombres dados al sol (tanto en calidad de astro
como de figura divina) en otras lenguas indo-europeas, como por ejemplo el griego Helios
(Ἥλῖος), el sánscrito Suria, el báltico Saule y el nórdico antiguo Sól.[64] En un rango geográfico-
lingüístico mucho más próximo, otros autores han examinado la relación del latín Sol con el
sabino Ausel y el etrusco Usil.[65]
El Sol latino es una transformación del Helios griego, que todos los días conduce su carro por
el cielo desde el este hasta las Hespérides, en el oeste; allí embarca en una copa dorada en la
que cruza el océano que circunda la tierra hasta la tierra de los etíopes, donde permanece
durante la noche antes de regresar al este.
Saule, diosa báltica de la vida, la fertilidad, el calor y la luz, es la esposa de Menuo, la Luna, y
madre de Žemyna, diosa de la Tierra. Menuo se enamoró de Ausrine (el lucero del alba,
Venus), hija y sirviente de Saule y diosa de la belleza y la juventud, que todas las mañanas
enciende el fuego y prepara a su madre para su viaje diurno por el cielo. Por su infidelidad,
Menuo fue despedazado por Perkunas, dios del trueno. Pero Menuo no escarmentó, y el
castigo se repite todos los meses. Menuo y Saule se divorciaron, y por eso ahora Saule visita a
su hija durante el día, y Menuo durante la noche.
En la mitología hindú, Suria es un dios bienhechor que alumbra, vivifica y alimenta. Conduce
un carro tirado por siete caballos, que representan los siete colores del arcoíris.
La nórdica Sól también conduce un carro a través del cielo, tirado por dos caballos, Arvak y
Alsvid. Es hermana de Mani, dios de la Luna. Perseguida por un lobo, Sköll o Fenrir, que quiere
devorarla, los eclipses se producen cuando el lobo está a punto de alcanzarla y la oculta con
su sombra. La luz y el calor del Sol proceden de las crines de los caballos, y son tan intensos
que un escudo, Svalin, nos protege de ellos.
El mito del carro solar también es de origen indoeuropeo, relacionado con la expansión de
este pueblo tras la invención del carro en el segundo milenio a. C. Más extendido, y más
antiguo, es el emparejamiento de la deidad solar con la deidad lunar, que casi siempre son
esposos, hermanos o enemigos; está presente casi todas las mitologías del mundo.
Generalmente, la deidad solar es masculina, y la lunar femenina, ya que su ciclo mensual se
relaciona desde antiguo con el ciclo menstrual de la mujer, pero puede ser al contrario, como
en el caso de Saule y Menuo, y como ocurre también en la mitología turca, con el dios lunar Ay
Ata y su esposa, la diosa solar Gun Ana; en la mitología japonesa, en la que Tsukuyomi, dios
de la Luna, es hermano y esposo de Amaterasu, diosa del Sol; y en la mitología de los
aborígenes australianos, donde Yhi, la diosa solar, corteja sin éxito a Bahloo, el hombre de la
Luna. En otros casos ambos son del mismo sexo, como ocurre con Sin, dios sumerio de la
Luna, padre de Utu, dios del Sol.
Véase también
Portal:Sistema solar. Contenido relacionado con Sistema solar.
Ciclo solar 24 Sistema solar
Orto
Notas
1. En algunos documentos es posible encontrar 5.5 billones de años, error que se comete
por una mala traducción de 5.5 billions del sistema inglés.
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Enlaces externos
Multimedia en Commons.
Definiciones en Wikcionario.
Citas en Wikiquote.
Noticias en Wikinoticias.
Generales
Sobre la edad más exacta del Sol/sistema solar ([Link]
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Datos: Q525
Multimedia: Sun ([Link] / Q525 ([Link]
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Citas célebres: Sol