MÓDULO 2
EL ÉNFASIS EN LA COMUNIDAD PARA LA PREVENCIÓN DE LA
DESNUTRICIÓN CRÓNICA INFANTIL
Tema 1: Una mirada comunitaria
1.1 Determinantes Sociales de la Salud (DSS)
1.2 La comunidad, clave para la prevención de la DCI
1.3 Vínculo entre la comunidad y el Ministerio de Salud Pública
1.3.1 Integralidad en el Sistema Nacional de Salud
1.3.2 La participación social en el Modelo de Atención Integral de Salud
Tema 2: Aterrizando al terreno de la salud los enfoques que fortalecen el vínculo con
la comunidad
2.1 Derechos Humanos
2.2 Género
2.3 Interculturalidad
2.4 Intergeneracionalidad
2.5 Interseccionalidad
Tema 3: Perspectivas participativas para trabajar con la comunidad
3.1 La Pedagogía o Educación Popular
3.2 Acciones de participación social para fortalecer los servicios de salud y el bienestar
comunitario.
3.2.1 Diagnósticos participativos
3.2.2 Diálogo de saberes y dinámicas sociales
3.2.3 Formación y fortalecimiento de promotores de salud comunitaria
3.2.4 Incidencia en políticas públicas y co-gestión
3.2.5 Fortalecimiento de redes comunitarias de cuidado
Objetivo del módulo: comprender la participación activa de las comunidades en las
decisiones sobre su salud integral para generar condiciones para una vida saludable.
Objetivo de aprendizaje: conectar los servicios de salud pública con la comunidad a
través del fortalecimiento de mecanismos de organización local, para promover y
construir en conjunto bienestar desde y con la comunidad.
Tema 1: Una mirada comunitaria
El énfasis en la comunidad
La salud comunitaria, es una perspectiva integral, participativa e intersectorial que tiene
en cuenta la esfera social en que se producen los fenómenos de salud-enfermedad en
los niveles microsocial y macrosocial; por lo que debe integrar la participación de las
comunidades, instituciones y otros sectores en la toma de decisiones (Restrepo-Vélez
en Cotonieto y Rodríguez, 2021, p.: 396).
Este módulo brinda conceptos necesarios para entender cómo la comunidad, el sistema
de salud pública y los programas de salud, encuentran puntos de intersección para un
trabajo organizado, participativo y aterrizado a realidades y necesidades de los distintos
contextos sociales en el Ecuador. A continuación, se enuncian los pilares principales de
la salud comunitaria (Cotonieto y Rodríguez, 2021):
[Link]
el-enfasis-en-la-comunidad
1. Enfocada a la comunidad: los proyectos o programas de salud destinados a
cualquier comunidad deben ser para las y los mismos habitantes además de
asignarles un grado de participación dentro de estos.
2. Abordaje multisectorial: es imprescindible para la salud comunitaria que las
instituciones gubernamentales, privadas y la misma sociedad en general sean
participantes activos de cualquier propuesta destinada a las comunidades.
3. Participación comunitaria: similar al primer pilar de la salud comunitaria, la
participación de las y los habitantes de la comunidad debe ser diseñada,
planificada y dosificada de tal modo que las y los mismos ciudadanos sean
quienes efectúen cada una de las actividades de salud.
4. Modelos integrados para la atención: las acciones de participación comunitaria
deben estar integradas con las redes de atención institucionales para poder
identificar y ejecutar actividades que permitan la prevención, promoción y
atención de las necesidades comunitarias en materia de salud de manera
equitativa, eficiente y de calidad.
5. Trabajo basado en equipos multidisciplinarios: cada programa a implementar
debe ser un esfuerzo de diversos agentes profesionales involucrados; en la que
se compartan responsabilidades y se distribuya de manera adecuada la carga de
actividades, para que se garantice la prestación de servicios de salud de manera
organizada.
1.1 Determinantes sociales de la salud (DSS)
Es importante partir de la reflexión acerca de los determinantes sociales de la salud
(DSS), los que la Organización Mundial de la Salud define como "las circunstancias en
que las personas nacen crecen, trabajan, viven y envejecen, incluido el conjunto más
amplio de fuerzas y sistemas que influyen sobre las condiciones de la vida cotidiana". Es
así, que este conjunto de circunstancias, afectan/determinan de alguna manera la salud,
funcionamiento y calidad de vida de las personas. Estas condiciones incluyen a las
estructuras y sistemas en materia política, social, ambiental, laboral, seguridad,
alimentaria, religiosa, educativa, económica, cultural, legislativa, entre otras.
A su vez, en su marco conceptual, la OMS distingue entre determinantes sociales
estructurales e intermedios. Los primeros incluyen al contexto socioeconómico y
político en el que se produce y distribuye poder y otros recursos valiosos de manera
desigual entre distintos grupos sociales en términos de clase social, género, y etnia-raza.
Las desigualdades sociales, a su vez producen inequidades en la salud y el bienestar de
la población, entendidas como diferencias injustas y evitables en las que los grupos
sociales desaventajados tienen sistemáticamente peores resultados de salud que los
grupos sociales privilegiados (Whitehead, 2000). Por su parte, los determinantes
intermedios son aquellas condiciones de vida y trabajo más próximas a la realidad
cotidiana de las personas: condiciones de empleo y trabajo, las condiciones de vivienda,
el transporte, las condiciones psicosociales, entre otras. Es importante señalar, que en
este marco conceptual subyace una cadena causal en la que los determinantes
estructurales se entienden como las causas de los determinantes intermedios.
El abordaje de los determinantes sociales de la salud con el objetivo de promover
mayores niveles de equidad en la salud y bienestar de la población en las Américas
implica reconocer las causas complejas y a menudo duraderas de la mala salud y de las
inequidades en esta materia.
Fuente: OPS
Por lo tanto, desde la perspectiva de la salud comunitaria es importante trabajar:
• Creando equipos interdisciplinarios de salud que trabajan en el territorio.
• Realizando diagnósticos participativos.
• Promoviendo espacios de encuentro: talleres, ferias, campañas.
• Fortaleciendo Comités de Salud, promotores/as de salud, vigilantes
comunitarios, agentes comunitarios, redes barriales, etc.
• Co-construyendo políticas públicas locales de salud.
Otro punto importante desde esta perspectiva comunitaria de la salud, es el trabajo con
actores clave, que son: una persona, grupo u organización con una participación
fundamental en las acciones para la salud. La representatividad social, el liderazgo y el
conocimiento de estos actores los hacen particularmente potentes y les permite ejercer
una influencia significativa sobre el diseño, la planificación y la ejecución de programas
y políticas de salud. Además de tener mucha capacidad de llegar de una manera más
cercana y asertiva a una población.
En el ámbito de la salud existen varios actores clave que son el motor para que las
iniciativas de bienestar integral marchen de la mejor manera, todas y todos deben
trabajar como un engranaje para que, colectivamente, se puedan acortar las brechas en
el acceso a los servicios de salud y otros servicios sociales que atienden las necesidades
principales de cada población. Los actores clave institucionales que aportan en la
construcción de salud son: instituciones educativas, centros de salud, municipios, juntas
parroquiales, instituciones públicas, ONGs, universidades; y, los actores clave
comunitarios: vecinas y vecinos, jóvenes, líderes y lideresas comunitarias,
organizaciones sociales, sociedad civil.
Estrategias, acciones y mensajes clave para la prevención
Es interesante aterrizar esta perspectiva de salud comunitaria en distintas acciones que
los actores clave pueden realizar, específicamente cuando se habla de personas de la
comunidad como líderes y lideresas comunitarias, quienes son las personas más
próximas a las comunidades y tienen autoridad, respeto y credibilidad en la población.
Estos actores son fundamentales para promover estrategias, acciones y mensajes clave
para la prevención de enfermedades o situaciones de riesgo para la salud y la vida, por
lo que se pueden resaltar las siguientes acciones:
[Link]
estrategias-acciones-y-mensajes-clave
• Promover la movilización social e institucional para la promoción de la salud y la
prevención de enfermedades, mediante la coordinación y el liderazgo en las
organizaciones. Por ejemplo, organizar reuniones con las madres y padres para
hablar sobre la DCI; plantear diálogos de saberes entre promotores de salud,
agentes de medicina tradicional y profesionales de los centros de salud; incluir
en las asambleas la discusión sobre la DCI y las acciones que son necesarias
realizar para prevenirla; etc.
• Difundir recomendaciones clave para el fortalecimiento de la maternidad y
paternidad compartida, para que la responsabilidad del cuidado esté
equitativamente distribuida en los hogares entre madres, padres y/o cuidadores.
• Conformar redes comunitarias de apoyo para los cuidados a niñas, niños,
adolescentes, para el control de la embarazada, control del niño sano, lactancia
materna, alimentación complementaria adecuada, uso adecuado de
micronutrientes, agua segura, hábitos de higiene, la prevención de la violencia
de género y familiar, y otros temas clave de acuerdo con la realidad local; además
del apoyo a personas adultas y adultas mayores.
• Plantear diálogos de saberes entre las parteras, chamanes, los promotores de
salud, agentes comunitarios y el personal de los centros de salud —médicos,
enfermeras y técnicos de atención primaria—, para encontrar puntos de
encuentro y trabajo conjunto.
• Organizar talleres, reuniones, perifoneos, realizar folletos, ferias, visitas
domiciliarias y otros espacios de comunicación con las madres, los padres, las
familias y toda la comunidad, sobre los temas y mensajes clave en promoción y
prevención en salud integral.
• Apoyar el fortalecimiento de las visitas domiciliarias de los técnicos de atención
primaria en salud, los promotores, las parteras y el personal de salud local, para
fomentar prácticas clave para la prevención de la DCI.
• Fortalecer (cuando existan) y promocionar la conformación de clubes de
mujeres embarazadas y madres, destacando siempre la participación de los
padres y otras personas cuidadoras.
• Promover la participación en los servicios básicos de salud para los controles de
embarazadas y niños sanos, vacunación, entre otros, con la participación de
padres y no solo de madres en caso de controles para niñas y niños.
• Implementar espacios comunitarios de diálogo sobre la responsabilidad de los
esposos/compañeros/padres de familia, con el objetivo de sensibilizar a la
comunidad sobre la corresponsabilidad de los hombres en el cuidado de niñas y
niños. Además de aprovechar de estos espacios mixtos para sensibilizar sobre
prevención de la violencia de género y violencia intrafamiliar.
1.2 La comunidad, clave para la prevención de la DCI
Profundizando en las necesidades que tiene el Ecuador respecto de la desnutrición
crónica infantil, y reconociendo que es una problemática multicausal, implica una
estructura de gobernanza que viabilice de una manera eficaz la gestión para
intervenciones de prevención y reducción. Dichas intervenciones pueden ser directas,
sensibles y habilitantes; y la estructura se fundamenta en una comprensión común
sobre la DCI, destacando elementos fundamentales como son: la coordinación
intersectorial de nivel nacional y territorial, así como la coordinación multiactor para la
prestación de bienes y servicios, su monitoreo y seguimiento.
A continuación, se presenta un gráfico de la articulación intersectorial y estructura de
gobernanza planteado por el Plan Estratégico Intersectorial para la Prevención y
Reducción de la Desnutrición Crónica Infantil en Ecuador 2025-2030:
A nivel nacional está conformado un Comité Intersectorial de Prevención y Reducción de
la DCI, en este espacio participan instituciones prestadoras de los servicios del paquete
priorizado, y también instituciones que cumplen acciones vinculadas a la lucha contra la
DCI. Esta instancia tiene un carácter político de toma de decisiones para poder aterrizar
las intervenciones en territorio, y que estas sean efectivas y adecuadas a las realidades
locales. En este sentido, existe un modelo de gestión territorial, cuyo objetivo es
promover la planificación, gestión, articulación, participación activa y solución de nudos
críticos.
Este modelo contempla un espacio cantonal, liderado por la máxima autoridad del GAD
cantonal, en coordinación con la STECS-DI; y otro espacio a nivel parroquial, liderado
por el GAD parroquial, en coordinación con el MSP. Por un lado, las mesas
intersectoriales cantonales (MIC), son espacios de coordinación y planificación
interinstitucional e intersectorial que fortalecen la participación local y el compromiso
de los diferentes actores sociales e institucionales, con la finalidad de incidir en las
determinantes de la DCI. Y las mesas intersectoriales parroquiales (MIP), son espacios
de coordinación entre instituciones del gobierno central, los GAD y la sociedad civil, que
busca asegurar intervenciones participativas, armónicas y eficientes en el territorio a
nivel parroquial.
Coordinación multiactor
La prevención y reducción de la DCI es una tarea colectiva, donde se deben generar
sinergias para fortalecer las acciones en la población de atención prioritaria. En ese
sentido, existe una coordinación multiactor que establece los actores, roles y niveles de
intervención de los GAD y actores no estatales.
[Link]
coordinacion-multiactor
Los Gobiernos Autónomos Descentralizados tienen un rol fundamental en la
administración del territorio. A nivel provincial diseñan e implementan políticas que
promuevan la equidad e inclusión en su territorio, promueven sistemas de protección
integral para los grupos de atención prioritaria y fomentan actividades productivas y
agropecuarias para impulsar el desarrollo económico local. A nivel municipal
implementan los sistemas de protección integral del cantón para garantizar el ejercicio,
garantía y exigibilidad de los derechos, y prestan servicios públicos como agua potable,
alcantarillado, depuración de aguas residuales, manejo de desechos sólidos y
actividades de saneamiento ambiental. Mientras que a nivel parroquial diseñan e
impulsan políticas que promueven la equidad e inclusión en su territorio, promueven
sistemas de protección integral para los grupos de atención prioritaria e incentivan el
desarrollo de actividades productivas comunitarias, además, gestionan, coordinan y
administran los servicios públicos que le sean delegados por otros niveles de gobierno.
Por otro lado, está la Academia, que aporta rigurosidad técnica y científica en la
identificación de problemas, análisis de datos y evaluación de alternativas para la
formulación de política pública, también contribuye con el fortalecimiento de
capacidades y un trabajo comunitario. Mientras que el sector privado, promueve la
movilización de recursos adicionales, se posibilitan alianzas estratégicas y se aplican
soluciones innovadoras que complementan los esfuerzos del Estado.
El rol que tiene la sociedad civil y actores comunitarios es fundamental en la
identificación de las necesidades de las comunidades, el diseño de estrategias locales,
la implementación de intervenciones efectivas que aseguren la provisión del paquete
priorizado, los servicios vinculados a la prevención y reducción de la DCI, participación
en espacios de coordinación local y la apropiación de las soluciones, asegurando que las
acciones tengan un impacto directo y duradero, y sobre todo, que las personas tengan
agencia para la toma de decisiones sobre el bienestar integral a nivel individual y
colectivo, además, sobre los determinantes de la salud.
La comunidad y la familia son el corazón de la política y el actor más importante. A
través de prácticas de cuidado y alimentación adecuadas, son el eje central para la
prevención de la DCI y un desarrollo infantil integral. La política pública se enfoca en que
las familias accedan a los servicios que necesitan, pero también a que fortalezcan un
cuidado adecuado y redes de apoyo comunitario. La comunidad y la familia, además,
son actores absolutamente activos, que deben estar implicados en todos los procesos
alrededor de la política pública. El sistema de salud debe mirar a estos dos actores no
únicamente como beneficiarios de los programas, sino como protagonistas en la
gestión, en la toma de decisiones y en las acciones para la igualdad, la transformación y
la justicia social.
1.3 Vínculo entre la comunidad y el Ministerio de Salud Pública
El Modelo de Atención Integral de Salud Familiar, Comunitario e Intercultural – MAIS-
FCI –, establecido en el sistema de salud ecuatoriano desde el 2012, tiene como desafío
consolidar la implementación del modelo de Atención Integral de Salud con enfoque
Familiar, Comunitario e Integral, trabajar con las familias, desarrollar nuevas formas
relacionales, ubicar a la y el usuario en el centro de la atención, instalando buenas
prácticas, desarrollando intervenciones orientadas hacia resultados de impacto social.
Desde la convicción de que el enfoque biopsicosocial, multidisciplinario e intercultural,
son la alternativa para responder de manera más efectiva a las necesidades de las
personas, familias y comunidades, contribuyendo a mejorar su calidad de vida.
Uno de los enfoques principales del MAIS, es la Atención Primaria de Salud Renovada
(APS-R), como una estrategia que orienta el desarrollo de los sistemas de salud desde
una mirada social, para que se fortalezca la promoción y la prevención. La APS-R busca
implementar estrategias que permitan el acceso equitativo y continuo a servicios
integrales de salud, que se adecuen a las necesidades y demandas de la población,
reconociendo y dando respuesta a las especificidades que devienen de la diversidad
étnica y cultural, del momento del ciclo vital, de género y territorial. Implica también la
articulación intersectorial y la participación ciudadana en torno a procesos de desarrollo
y mejoramiento de la calidad de vida. La Atención Primaria no significa exclusivamente
servicios en el primer nivel de atención, sino que considera que el primer nivel de
atención es la puerta de entrada a los otros tres niveles más complejos de atención, con
la finalidad de dar atención integral y específica a las demandas individuales.
En este sentido, el vínculo estrecho que hay entre la comunidad y el MSP es la clave para
dar respuesta y movilizar la acción para que exista un trabajo conjunto para facilitar la
inclusión social y la equidad en salud, a través de un trabajo intersectorial y sobre los
determinantes sociales de la salud, que responde no solo al bienestar físico y mental de
las personas, sino al bienestar social de las poblaciones. De esta manera, el sistema de
salud y la comunidad, brindan sentido a lo planteado por la OMS, en la necesidad de
implementar acciones orientadas al mejoramiento de la calidad de vida de la población
como una condición ineludible para el logro de la salud. De esta forma, no únicamente
apuntamos a programas de salud, también, acciones participativas que transformen las
relaciones excluyentes, conciliando propósitos e intereses sociales de bienestar para
todas y todos, trabajando por la solidaridad y la equidad social, para la salud y el
desarrollo.
1.3.1 Integralidad en el Sistema Nacional de Salud
Hablar de una mirada integral de las prestaciones de salud en la comunidad es reconocer
que la salud no se reduce a la ausencia de enfermedad ni a la simple oferta de servicios
médicos. Se trata de comprender que el bienestar de las personas y familias está ligado
a múltiples factores, tanto individuales como sociales, culturales, económicos y
territoriales. Por eso, una atención verdaderamente integral debe considerar todos
estos aspectos, articulando esfuerzos desde el sistema de salud y también desde otros
sectores, con la participación activa de la comunidad, para generar respuestas más
justas, oportunas y sostenibles.
Mirada integral
Integralidad en la atención individual y familiar: mirar a las personas y familias no
únicamente como receptoras de acciones diseñadas, ofertadas y brindadas por los
servicios de salud, sino también como un actor social y sujeto que define sus propias
metas en la vida y por tanto, la toma decisiones respecto a su salud de manera
consciente y sistemática. Entonces, la Atención Integral a la Salud son todas las acciones
realizadas por el Estado y la sociedad civil de manera concertada y negociada a fin de
garantizar que las personas, las familias y los grupos poblacionales permanezcan sanos
y en caso de enfermar, recuperen rápidamente su salud evitándose en lo posible la
ocurrencia de discapacidad o muerte.
Integralidad a nivel territorial: responder a las necesidades locales, tomando en
consideración el perfil epidemiológico, las especificidades y necesidades de los grupos
poblacionales según ciclos de vida, pertenencia étnica, relaciones de género,
estratificación social, la realidad local de cada zona y distrito; por lo que se debe revisar
objetivos y metas para brindar respuesta a las necesidades de la población e integrar las
acciones a través de los servicios, para lograr la horizontalidad y convergencia de
programas.
La integración de las unidades de salud en los tres niveles de atención debe dar como
resultado una atención continua a usuarias y usuarios, por medio de una red con
organización y tecnología apropiada, además jerarquizada de acuerdo al grado de
complejidad médica y tecnológica del problema y su tratamiento. También es
fundamental que el sistema de salud a nivel local, promueve la organización o
fortalecimiento de redes de apoyo comunitarias, que puedan brindar acompañamiento
a las personas o familias que lo requieran y de esa forma tejer nuevas formas de cuidado
que busquen el bienestar a nivel individual y colectivo.
Integralidad en la atención: superar programas verticales e integrar la atención
considerando las especificidades y requerimientos de la población en los diferentes
momentos del ciclo vital: dirigir los esfuerzos con acciones sistemáticas y coordinadas
con enfoque intercultural, intergeneracional y de género, que persigue la reducción,
neutralización o eliminación de los factores (presentes o potenciales) que incrementan
el riesgo de enfermar y morir.
Integralidad en las acciones intersectoriales: es necesaria la participación de otros
actores a parte del sistema nacional de salud, para mejorar la calidad de vida de la
población e influir en el mejoramiento de la salud, a veces con más recursos o mayor
decisión que el propio sector, como el caso del abastecimiento de agua potable o las
alternativas nutricionales.
Los planes de salud deben ser preparados y discutidos con la comunidad y la sociedad
civil para lograr articular los esfuerzos hacia un objetivo común. El personal debe incluir
en su planificación de trabajo, la promoción de acciones encaminadas a mejorar la
calidad de vida mediante actividades de coordinación intra e intersectorial, para actuar
sobre los determinantes de la salud.
Integralidad en la participación de la comunidad: promover la participación
comunitaria como un medio y un fin para el mejoramiento de las condiciones de vida de
la población, lo cual implica que deben superarse los esquemas de participación basados
en la simple colaboración de la comunidad en las tareas institucionales. Este enfoque
integrador apunta hacia la creación de espacios de gestión y autogestión, donde los
conjuntos sociales y los trabajadores de la salud acuerden sobre los procesos de
identificación de problemas, el establecimiento de prioridades y la búsqueda de
soluciones.
Para ello, se debe establecer de manera sistemática en todos los niveles del sistema la
relación servicio de salud-población, mediante:
• La participación de las comunidades en la planificación, ejecución y evaluación de las
acciones de salud.
• El apoyo a la conformación y/o fortalecimiento de grupos u organizaciones
comunitarias vinculadas con el cuidado de la salud.
• Fortalecer los procesos de capacitación tanto a nivel comunitario como institucional,
así como el fortalecimiento de conocimientos y experiencia en temas de participación y
comunicación social, al mismo tiempo que en promoción, prevención y atención de los
problemas de salud.
• El establecimiento de mecanismos de referencia y contrarreferencia que incluya como
puntos de partida y de llegada a la comunidad. Al respecto, se debe trabajar
conjuntamente con la comunidad en la conformación de redes de vigilancia y
observancia del flujo de la atención desde la comunidad, pasando por las unidades de
salud, hasta su regreso a la localidad de origen.
• La creación y/o fortalecimiento de las redes de comités de salud y de vigilancia
epidemiológica comunitaria que constituyan elementos operativos indispensables para
potenciar la atención que se brinde a la población.
Integralidad en la gestión institucional: el nivel central apoya el desarrollo de las
capacidades técnicas de las zonas, distritos y circuitos, para pasar de una organización
vertical a una organización horizontal y a una integración de acciones por conjunto de
necesidades y problemas.
Las zonas, distritos y circuitos deben organizar sus servicios en función de las
necesidades de la población, según los principales problemas de salud y los recursos con
que cuenta, desarrollando acciones integrales de atención orientadas a la promoción,
prevención, atención, rehabilitación y cuidados paliativos, para la satisfacción de las
usuarias y usuarios en los tres niveles de atención de la red de servicios de salud.
1.3.2 La participación social en el Modelo de Atención Integral de Salud
Entender a la salud como un proceso integral incluye condiciones de vida dignas,
vínculos sociales, alimentación, trabajo, cultura, medio ambiente, etc. Por lo tanto, la
comunidad tiene un rol protagónico en definir qué es salud y cómo alcanzarla.
La Atención Primaria de Salud Renovada - APS-R (que, como se habló anteriormente, es
uno de los enfoques principales del MAIS) está fuertemente ligada a procesos de
organización y participación social que se construyan desde las necesidades y demandas
más sentidas de los seres humanos. La posibilidad de generar espacios democráticos
deliberativos y asociativos de poder ciudadano pueden convertirse a corto y mediano
plazo en la oportunidad de generar procesos de transformación en el ámbito de la salud
y la calidad de vida.
El MAIS-FCI se orienta a generar condiciones y mecanismos que contribuyan a que las
personas y las organizaciones sociales locales tengan el control sobre los determinantes
sanitarios, a través de procesos de información, educación permanente y activa
participación, facilitando el pleno ejercicio de sus derechos y responsabilidades en salud.
La generación de condiciones saludables no es posible sin participación activa de las
personas como sujetos de derecho, que tienen la misión de construir sus organizaciones
representativas para conocer, acordar, ejecutar y evaluar conjuntamente con los
equipos de salud las intervenciones del modelo de atención. La organización local se
constituye en la contraparte de veeduría del ejercicio del derecho a la salud y el
funcionamiento de la red de servicios.
A pesar de que el MAIS y varios documentos normativos priorizan la participación social
y los enfoques aquí planteados, en contexto local resulta muy retador llevarlo a la
práctica. Por lo tanto, en este curso se enuncian algunas herramientas de la pedagogía
popular que permiten aterrizar acciones de participación social para fortalecer los
servicios de salud y el bienestar comunitario. Insumos que se encontrarán más adelante
en este módulo.
¡Pongamos en práctica lo aprendido!
[Link]
m2-juego-estrategias-acciones-y-mensajes-clave
Tema 2: Aterrizando al terreno de la salud los enfoques que fortalecen el
vínculo con la comunidad
Los enfoques hacen posible una mirada de la realidad para lograr que nadie se quede
por fuera del ejercicio pleno de sus derechos. Se han priorizado algunos enfoques que
garantizan una perspectiva para profundizar el análisis particular en el trabajo para la
promoción y prevención en salud, con énfasis en prevención de la DCI al fortalecer el
vínculo con la comunidad.
Enfoques:
[Link]
enfoques
• Derechos Humanos
El enfoque de derechos humanos parte del reconocimiento de todas las personas como
titulares de derechos inherentes, enfatizando los principios fundamentales de no
discriminación, dignidad y participación activa.
Los derechos humanos son normas que reconocen y protegen la plena dignidad para el
disfrute de la vida humana. Estos derechos rigen la manera en que las personas viven
en sociedad y se relacionan entre sí. Los derechos humanos son inherentes a todas y
todos sin distinción de etnia, nacionalidad, lengua, sexo, orientación sexual, identidad
de género, creencias religiosas o políticas, cultura, situación socioeconómica, edad,
capacidades o cualquier otra condición.
Los derechos humanos son universales y todos los Estados han adoptado tratados para
reafirmar y garantizar legalmente estos derechos. El derecho internacional de los
derechos humanos establece las obligaciones que tienen los Estados de respetar,
promover, proteger y cumplir los derechos humanos y las libertades fundamentales de
todas y todos, independientemente de sus sistemas políticos, económicos y culturales.
Para comprender la relación entre los derechos humanos y la DCI, es importante
entender que la desnutrición crónica infantil no es solo un problema de nutrición, sino
una violación sistemática de los derechos humanos. Abordarla implica un enfoque de
derechos que exige políticas públicas, voluntad política, justicia social y participación
comunitaria.
Algunos puntos clave para transversalizar el enfoque de derechos humanos en
programas y políticas públicas en salud:
• Análisis de los determinantes sociales en la DCI, la interseccionalidad y la relación
con la prevención de la DCI: se debe considerar, cómo los determinantes sociales
(vivienda, educación, acceso a servicios de salud, etc.) juegan un papel crucial en
la DCI, al igual que las múltiples dimensiones de la discriminación (género, raza,
clase social, orientación sexual, etc.). Estos son esenciales para comprender las
desigualdades en salud y cómo estos factores afectan especialmente en
poblaciones vulnerables, para que a través de políticas públicas se puedan atacar
los factores que sostienen la desigualdad.
• La DCI y la relación con la violación de derechos humanos en la primera infancia:
cuando las estructuras sociales, políticas y económicas impiden que una parte
de la población acceda a sus derechos básicos se habla de una violencia
estructural, y esto tiene efectos profundos y duraderos cuando esta violencia
implica la violación de derechos fundamentales como el derecho a la salud, la
vida y el desarrollo de las niñas y los niños, sobre todo en la primera infancia.
• Protección de los derechos humanos relacionados con la salud: las políticas de
derechos humanos y de salud deben enfrentar los determinantes de la salud,
defender la justicia social y abarcar la accesibilidad, disponibilidad, asequibilidad
y calidad de los servicios de salud para proteger a las poblaciones más
necesitadas.
• Los derechos humanos, el enfoque de interculturalidad y las intervenciones
acompañamientos con pertinencia cultural: es fundamental que las
intervenciones sean culturalmente relevantes y que se diseñen en colaboración
con las comunidades, respetando sus conocimientos y prácticas tradicionales,
para garantizar no solo su participación, sino también, la garantía de todos sus
derechos.
• Género
Se incorpora la perspectiva de género para entender cómo y de qué manera las
relaciones de género influyen en la prevalencia de la DCI en niñas y niños menores de
dos años de edad. Género, se refiere a un conjunto de roles, comportamientos,
expresiones y expectativas que una sociedad considera apropiados para hombres y
mujeres. Es la construcción cultural de la diferencia sexual.
En ese sentido, el enfoque de género permite entender las relaciones de poder
existentes entre los sexos, la construcción sociocultural de las identidades de género, y
cómo las mismas se estructuran en un sistema social que jerarquiza a las personas según
sus marcas corporales creando condiciones de desigualdad, inequidad, discriminación y
marginación (MSP 2018, 49). De esta manera el enfoque de género toma en cuenta los
siguientes elementos de análisis:
• Las creencias, símbolos y comportamientos a través de los cuales se diferencia
los hombres de las mujeres.
• Los mecanismos institucionales y culturales que estructuran la desigualdad entre
los sexos y la exclusión de identidades de género que no se correspondan con lo
socialmente establecido como femenino o masculino.
• Cómo la asignación de roles y características específicas para hombres y mujeres
han establecido situaciones diferenciadas en términos de derechos y
oportunidades y un código que organiza y regula las relaciones entre sexos.
• La existencia de una división sexual del trabajo que privilegia roles productivos
para los hombres y reproductivos para las mujeres.
• Relación desigual de poder entre mujeres y hombres que tiene que ver con una
distribución desigual de conocimientos, propiedad e ingresos.
• La existencia de la hetero – norma como la única forma legitimada de vivencia
de la sexualidad y las relaciones afectivas entre personas.
El género, entonces, no se limita a la biología, sino que es una experiencia variada que
se desarrolla a lo largo de la vida de una persona y que puede cambiar entre diferentes
culturas y contextos sociales. Incluye dimensiones como la identidad de género (cómo
una persona se identifica en términos de género), la expresión de género (cómo una
persona presenta su género al mundo), los roles de género (las expectativas sociales
asociadas con ser hombre y mujer), y las relaciones de género (cómo interactúan las
personas en función de su género en diferentes contextos sociales).
Además, permite evidenciar cómo estas desigualdades y relaciones de poder entre
géneros contribuyen a mantener condiciones de vulnerabilidad y subordinación que
tienen como consecuencia que las mujeres tengan menos recursos y poder de decisión
sobre la salud, alimentación y cuidado propio y de sus hijas e hijos, impactando de
manera directa en los determinantes sociales que inciden en la prevalencia de la DCI.
Por lo tanto, este enfoque reconoce la diversidad y promueve la igualdad de derechos y
la inclusión de todas las personas. Además, destaca la importancia de cuestionar y
desafiar las normas y estereotipos de género para crear sociedades más justas y
equitativas.
El género como determinante de la DCI
Los roles de género desempeñan un papel fundamental en el cuidado integral de las
niñas y niños menores de dos años, así como en su acceso a los servicios de salud. Estos
roles están profundamente arraigados en las normas culturales, sociales y económicas
que dictan las expectativas y responsabilidades de hombres y mujeres dentro del hogar,
en la comunidad y en las instituciones.
Nancy Chodorow menciona que la manera en que las mujeres son socializadas para
convertirse en madres, y el papel que se les asigna en la crianza de las y los hijos
perpetúa un sistema de desigualdad de género. Además, las niñas y niños son
socializados de manera diferente desde una edad temprana, lo que lleva a la
internalización y reproducción de roles de género específicos.
Estudios realizados sobre la relación entre género y desnutrición en Guatemala y
Colombia muestran que, debido a las condiciones de desigualdad de género, las mujeres
son las que menos acceso tienen a empleo y a educación adecuada, lo que influye
directamente sobre su calidad de vida. Asimismo, ponen en evidencia el bajo o nulo
acceso de las mujeres a información y a servicios de salud sexual y salud reproductiva.
Todos estos son elementos que influyen de manera directa en la prevalencia de la DCI.
Asimismo, la evidencia sugiere que la edad de la madre es otro factor explicativo al
analizar la prevalencia de DCI. La salud y edad materna inciden en la calidad de vida y
los resultados de salud de las y los niños. Datos concluyentes indican que mientras
menor sea la madre hay más probabilidad de que la niña o niño sufra DCI, ya que las
niñas y adolescentes no cuentan con un desarrollo biológico, cognitivo o emocional que
les permita atender adecuadamente el cuidado de sus hijas e hijos. Esto se da también
debido a que las niñas y adolescentes que son madres suelen tener problemas de
malnutrición incluso antes del embarazo.
Por otro lado, en cuanto a las diferencias en los roles dentro del hogar, los datos
muestran que en el Ecuador las mujeres dedican en promedio 31 horas de trabajo
semanal a las tareas de cuidado, frente a 11 horas en el caso de los hombres. En la
mayoría de los casos la madre o figura materna del menor es quien asume gran parte o
la totalidad del trabajo de cuidado en las familias, siendo la principal responsable de la
alimentación, los controles de salud y otros aspectos fundamentales para la nutrición
adecuada de los infantes durante sus primeros años de vida, a la vez que la suya propia
durante la gestación, mostrando un desequilibrio en las responsabilidades del hogar y
con respecto al cuidado las hijas e hijos.
Algunos puntos clave para transversalizar el enfoque de género en programas y políticas
públicas en salud:
• Asegurar la participación equitativa de mujeres y hombres: Implica que todas las
personas, independientemente de su género, tengan las mismas oportunidades
para acceder a servicios de salud, participar en la toma de decisiones y
beneficiarse de los resultados de los programas y políticas públicas.
• Sensibilizar sobre cómo las desigualdades de género impactan la nutrición
infantil: reconocer que las desigualdades de género, como el acceso desigual a
recursos y oportunidades, las normas y prácticas culturales de discriminación
afectan la salud y la nutrición de las niñas y niños.
• Sensibilizar sobre cómo los estereotipos y violencias de género afectan en el
bienestar individual y comunitario, con énfasis en la DCI y la salud sexual y
reproductiva: hacer visible, comprender y cuestionar las creencias, actitudes y
prácticas que perpetúan las desigualdades y la violencia de género; y cómo
afecta al bienestar, no solo de las mujeres sino de toda la colectividad. Sin el
bienestar de todas las personas, es muy difícil alcanzar el bienestar integral de
una o de uno mismo.
• Promover prácticas de empoderamiento para las mujeres en la toma de
decisiones sobre la alimentación infantil, implicar a los hombres en el cuidado y
el bienestar integral de las niñas y niños: esto significa que se debe implicar a los
hombres en la crianza, el cuidado y la educación de las niñas y niños,
promoviendo una participación más equitativa y efectiva. Donde también se
brinde oportunidades a las mujeres de comprender su rol en la comunidad, no
solo desde su lugar de madre, sino como sujeto activo para la toma de decisiones
sobre su vida y su comunidad.
• Interculturalidad
La interculturalidad es un enfoque teórico y práctico que busca promover el diálogo, la
interacción y la convivencia equitativa entre diferentes culturas, reconociendo y
respetando el derecho a la diversidad, a sus diferencias, sin que ello implique relaciones
de dominación o asimilación. Va más allá del multiculturalismo, ya que no solo reconoce
la coexistencia de diversas culturas, sino que también otorga legitimidad a las
representaciones, concepciones y prácticas culturalmente distintas, y busca generar
espacios de encuentro basados en el respeto hacia las diferentes cosmovisiones, la
reciprocidad y la transformación social.
Para Catherine Walsh (2009), la interculturalidad no debe entenderse simplemente
como el contacto entre culturas, sino como un proceso crítico y político que cuestiona
las jerarquías históricas y contemporáneas impuestas por el colonialismo y el
capitalismo global.
Este enfoque permite reconocer y valorar la diversidad cultural en las formas de vida,
de alimentación, de crianza y de salud, especialmente en contextos con presencia de
pueblos indígenas, comunidades rurales o afrodescendientes.
La DCI afecta de forma desproporcionada a comunidades indígenas y rurales. Esto se
vincula con:
• La pérdida de soberanía alimentaria.
• El desplazamiento de dietas tradicionales por productos ultraprocesados.
• El acceso limitado a servicios de salud culturalmente adecuados.
Desde el sistema nacional de salud en Ecuador, el fortalecimiento del MAIS-FC, implica
definir e implementar estrategias que permitan incorporar el enfoque holístico de la
salud de las culturas ancestrales y operativizar el enfoque intercultural en los diferentes
niveles de atención. Para lograrlo, se requiere, entre otras acciones, la formación y
capacitación del recurso humano en el enfoque intercultural, generar actitudes y
condiciones para garantizar una interacción con las y los usuarios respetando sus
conocimientos y prácticas de salud, con la activa participación de los actores de la
medicina ancestral y alternativa, que contribuyan a recuperar, fortalecer y potenciar sus
saberes y prácticas en función de una atención integral.
En el MAIS, la interculturalidad en salud se vincula como el enfoque que permite la
interrelación entre culturas sanitarias distintas, aquella que se da entre los proveedores
de salud que tienen en sus orígenes, en su preparación y formación, concepciones y
prácticas distintas, contribuyendo a responder adecuadamente a las necesidades de las
y los usuarios que por su origen tienen y generan distintas demandas de atención en
salud.
Algunos puntos clave para transversalizar el enfoque de interculturalidad en programas
y políticas públicas en salud:
• Interculturalidad en la oferta de servicios de atención en salud: establecer la
conformación y presencia efectiva de los proveedores de las medicinas
occidentales, en conjunto con las medicinas alternativas y complementarias, que
logren el bienestar del individuo, familia y comunidad pertinencia, a fin que que
la provisión de servicios cumpla con criterios de coherencia y correspondencia.
• Participación activa y vinculante de las comunidades: generar espacios
permanentes de diálogo con liderazgos comunitarios, parteras, médicos
tradicionales, etc.
• Formación intercultural del personal de salud: incluir contenidos de
interculturalidad, racismo estructural, derechos humanos y salud comunitaria en
la formación profesional. Además de la sensibilización sobre prácticas culturales
locales y el respeto a las diferentes cosmovisiones.
• Accesibilidad cultural y lingüística: brindar servicios de salud bilingües o con
intérpretes en localidades donde hablan otros idiomas o lenguas indígenas.
También es importante adaptar los horarios, métodos de atención y
procedimientos para que se respeten las dinámicas comunitarias y culturales.
Desde un enfoque intercultural, la DCI no puede combatirse sólo con intervenciones
técnicas o biomédicas, se necesita una respuesta culturalmente situada, respetuosa y
participativa.
• Intergeneracionalidad
El enfoque intergeneracional es una perspectiva que reconoce y valora las relaciones
entre generaciones (niñez, juventud, adultez, vejez) como clave para la construcción de
una sociedad más justa, solidaria y sostenible. Se centra en cómo las decisiones y
condiciones de vida de una generación afectan a otras, tanto en el presente como en el
futuro.
Este enfoque pone en evidencia que las personas tienen necesidades específicas en
relación con la etapa de desarrollo evolutivo en la que se encuentran. Fomenta y resalta
el derecho de las personas de toda edad a expresarse, así como la validez de sus
opiniones y deseos. Implica el reconocimiento de niñas, niños y adolescentes, jóvenes y
adultos como interlocutores válidos y sujetos clave en los procesos de salud y sociales,
más aún cuando pueden estar en situación de riesgo.
La DCI no aparece de forma aislada: está vinculada a condiciones de vida, pobreza
estructural, desigualdad, falta de acceso a salud, educación, alimentación adecuada, que
se heredan repiten entre generaciones.
El enfoque intergeneracional aplicado a la DCI:
• ayuda a comprender y romper los ciclos de desigualdad que se transmiten de
generación en generación.
• Permite diseñar políticas públicas o programas que no se enfoquen solo en el
síntoma (la niña o niño con DCI), sino en las causas estructurales que afectan a
su familia, su comunidad y su historia.
• Interseccionalidad
La interseccionalidad es la interacción entre dos o más factores sociales que definen a
una persona. Analiza cómo múltiples ejes de opresión como el género, la orientación
sexual, la etnia, la clase social, la ubicación geográfica, su situación de movilidad
humana, edad, discapacidad u otros, no afectan a una persona de forma separada, sino
que estos se interrelacionan y se combinan de distintas formas, generando
desigualdades o privilegios. Además, estos factores de diferencia moldean las
identidades y las trayectorias de vida de las personas y las sociedades, que dan cuenta
de los efectos de los sistemas de discriminación como el sexismo, el racismo y el
clasismo.
• La desnutrición crónica infantil no afecta a todas y todos los niños por igual.
• Un enfoque interseccional permite visibilizar que la DCI está profundamente
relacionada con factores sociales estructurales
• No propone soluciones universales, sino estrategias diferenciadas y
contextualizadas.
¡Pongamos en práctica lo aprendido sobre los distintos enfoques!
[Link]
enfoques-juego
Tema 3: Perspectivas participativas para trabajar con la comunidad.
3.1 La Educación Popular
La Educación Popular, inspirada en los postulados de Paulo Freire, prioriza la
participación activa y el aprendizaje práctico como herramientas clave para el
conocimiento. Este enfoque reconoce que los procesos educativos deben adaptarse a
los contextos y realidades de las personas o poblaciones, promoviendo un aprendizaje
significativo que responda a las necesidades específicas de los destinatarios (Cruz,
2020). Así, Paulo Freire, plantea que la educación no es solo transmisión de
conocimientos, sino un acto de liberación a través de un proceso dialógico, creativo y
de profunda reflexión y transformación.
La pedagogía popular refuerza y defiende la idea de que el conocimiento se construye
permanente y colectivamente desde los saberes y las acciones del día a día. Y que es
necesaria la reflexión crítica sobre su contexto social e histórico particular, para lograr
la transformación de aquellas injusticias arraigadas en tales cotidianidades. Estos
procesos permiten aprovechar lo dialógico como acto pedagógico y para desarrollar
estrategias y acciones concretas, desde la agencia de las personas participantes como
agentes de cambio y no sólo ejecutores de programas o proyectos. Siempre desde una
ética de cuidado colectivo, potencia la experiencia de aprendizaje para llevarlo a un
plano de análisis estructural y social.
Trabajar desde el lenguaje sensible y simbólico permite superar barreras idiomáticas,
recuperar las capacidades expresivas que van más allá de la palabra y propiciar el diálogo
colectivo desde la diversidad, así como de clase, de género, de experiencias educativas,
de origen étnico y otras intersecciones que puedan darse en el grupo de participantes.
Bases de la Educación Popular
[Link]
bases-de-la-la-pedagogia-o-educacion-popular
Elementos - dimensiones y fundamentos
Los elementos de la pedagogía popular son los siguientes:
• Conjunto de aprendizajes donde el educando es un sujeto activo de su proceso
educativo.
• Se basa en el vínculo teoría y práctica.
• Se le otorga gran importancia a la sistematización y evaluación de las
experiencias vividas para un perfeccionamiento de la práctica.
Y se pueden identificar 4 dimensiones de la Educación Popular:
• Educar es conocer críticamente la realidad.
• Educar es comprometerse con la utopía de transformar la realidad.
• Educar es formar sujetos de dicho cambio.
• Educar es diálogo.
Por lo tanto, la pedagogía popular se fundamenta principalmente en:
1. Participación activa y construcción colectiva del conocimiento
El conocimiento no es exclusivo de personas expertas y la educación no es solo
transmisión de conocimientos, sino un acto de liberación que se construye
colectivamente. Es decir, una educación dialógica, en la que docentes y estudiantes
aprenden juntos a través de un diálogo horizontal.
2. Aprendizaje situado y basado en la realidad
Parte del contexto y la experiencia de los educandos, y del proceso de concientización,
donde las personas toman conciencia de su realidad y de su capacidad para
transformarla.
3. Vinculación con las luchas sociales y la transformación social
Se busca siempre la justicia social, la equidad y la transformación de las condiciones de
desigualdad y desventaja. Por eso, se vincula estrechamente con la protección de los
derechos humanos, la justicia de género, derechos indígenas, soberanía alimentaria,
bienestar integral, entre otras.
4. Metodologías flexibles y diversas
Usa técnicas flexibles que tienen capacidad para adaptarse a cada comunidad y
realidad social. Donde los lenguajes son cercanos para una mejor comprensión y
aprendizaje colectivo.
5. Valoración de los saberes populares y ancestrales
No impone una cultura dominante, sino que rescata los saberes tradicionales, la
oralidad y la memoria colectiva.
6. Compromiso ético y crítico
La pedagogía popular no es neutral, toma postura a favor de las personas y
comunidades históricamente excluidas, para así construir procesos de igualdad,
empoderamiento y justicia social.
3.2 Acciones de participación social para fortalecer los servicios de salud y el bienestar
comunitario.
En este acápite se presentan algunas herramientas de la pedagogía popular que facilitan
la implementación de acciones participativas orientadas a mejorar los servicios de salud
y promover el bienestar en la comunidad. Además, en la sección de Enlaces de Interés,
se puede encontrar manuales con algunas herramientas y técnicas que pueden ser
utilizadas en cada territorio.
Herramientas de educación popular
[Link]
herramientas-de-pedagogia-o-educacion-popular
3.2.1 Diagnósticos participativos
Propósito: que la comunidad identifique sus propias problemáticas de salud y bienestar,
reconozca sus causas estructurales y sus saberes propios.
Herramientas:
• Mapeo colectivo del territorio: es una herramienta para la participación
comunitaria que toma como medio visual el mapa, pero permite ir más allá de
las descripciones y construcciones geográficas, para elaborar la historia de los
territorios, de sus conflictos, de los actores, de las relaciones, de las amenazas y
las oportunidades.
• Lluvia de ideas guiada: es una técnica en la que se propone que las personas
expresen libremente sus ideas, percepciones, sentimientos o experiencias sobre
un tema específico, pero acompañadas de preguntas orientadoras que guían la
reflexión hacia un diagnóstico crítico de la realidad.
• Árbol de problemas y soluciones: es una técnica para visualizar colectivamente
las causas profundas de los problemas y sus efectos, y al mismo tiempo estimula
la construcción de las posibles soluciones desde la comunidad.
Ejemplo: en un taller, las vecinas y vecinos dibujan un mapa del barrio o comunidad,
marcan zonas de riesgo, lugares de cuidado, actores clave, etc. A partir de ahí, surgen
temas como basura, falta de agua, violencia, consumo problemático, salud mental, etc.
3.2.2 Diálogo de saberes y dinámicas sociales
Propósito: romper con el modelo vertical (experto–paciente/docente-estudiante) y
generar espacios donde todos los saberes valen, incluyendo el conocimiento popular,
ancestral y territorial.
Herramientas:
• Asamblea participativa: es un espacio de encuentro donde las personas de una
comunidad se reúnen para discutir y deliberar sobre temas de interés común,
con el objetivo de influir en la toma de decisiones locales. Se trata de que las
iniciativas de base puedan llegar directamente a la asamblea. El objetivo no debe
ser tanto la de “representar” a la gente, sino dinamizar para que la gente tome
iniciativas y las presente directamente en las mesas, redes o asambleas, para
debatirlas y priorizar un plan de acción.
• Teatro del Oprimido: es una metodología teatral participativa en la que las
personas no solo observan una obra, sino que también intervienen, actúan,
reflexionan y transforman la historia. Está pensado para que quienes viven
situaciones de opresión puedan analizar su realidad y buscar caminos de
liberación colectiva.
• Sociodrama: es un método en el cual un grupo estudia un tema en concreto, una
situación social, cultural, a sí mismas o a sí mismos mediante un proceso de
grupo creativo guiado. También es una estrategia metodológica para crear
empatía.
• Historias compartidas: son relatos de vida o experiencias concretas, contadas
por integrantes de la comunidad, sobre situaciones relacionadas con la salud, el
cuerpo, la enfermedad, el cuidado, el acceso al sistema de salud, entre otros.
No son testimonios aislados, sino puentes para el diálogo colectivo y la toma de
conciencia.
Ejemplo: Una médica comunitaria comparte sobre cuidados prenatales y una partera
tradicional cuenta su experiencia. Juntas, construyen una guía con y para las mujeres
del barrio.
3.2.3 Formación y fortalecimiento de líderes y lideresas de salud comunitaria
Propósito: formar referentes locales que sean puentes entre el sistema de salud y la
comunidad, promoviendo el autocuidado y organizando redes de apoyo comunitario.
Herramientas:
• Escuelas populares de salud: son espacios de formación para fortalecer el rol de
promotoras y promotores de salud comunitaria, integrantes de los Comité de
Salud, vigilantes comunitarios, no solo como transmisores de información, sino
como actores sociales, políticos y territoriales que cuidan, acompañan y
transforman sus comunidades. Se organizan en cursos, módulos, encuentros o
talleres participativos.
Ejemplo: personas de la comunidad o del barrio se capacitan como promotores (comités
de salud), luego organizan charlas, visitas domiciliarias, campañas barriales, etc.
3.2.4 Incidencia en políticas públicas y co-gestión
Propósito: que la comunidad tenga voz y voto en la planificación, seguimiento y
evaluación de los servicios de salud, y pueda exigir mejoras y transformaciones.
Herramientas:
• Mesas de gestión participativa: se constituyen como un instrumento de co-
gestión, donde la comunidad no solo demanda, sino que participa activamente
en el diseño, seguimiento y evaluación de políticas públicas, especialmente en
temas de salud, educación, alimentación, entre otros. Se pueden organizar
mesas en torno a problemáticas o áreas específicas como la prevención de la
desnutrición crónica infantil.
• Auditorías comunitarias: se trata de procesos donde la comunidad evalúa,
monitorea y propone mejoras sobre los servicios públicos (en este caso, de
salud) que les afectan directamente.
• Presupuestos participativos en salud: son procesos en los que la comunidad
participa activamente en la definición, asignación y control del uso de los
recursos públicos destinados a la salud. En lugar de que las decisiones sobre en
qué se gasta el presupuesto las tome solo el Estado o una dirección técnica, la
comunidad opina, propone, prioriza y decide, con base en sus propias
necesidades y saberes territoriales.
Ejemplo: Un grupo barrial se reúne con el centro de salud y acuerdan horarios
extendidos, más turnos para pediatría, incorporación de medicina intercultural, etc.
3.2.5 Fortalecimiento de redes comunitarias de cuidado para la prevención de la DCI
Propósito: construir comunidad como forma de bienestar, no solo atender síntomas,
sino tejer vínculos solidarios que sostengan la vida en su integralidad.
Herramientas:
• Redes de apoyo de adolescentes, adultos mayores, embarazadas, salud
mental, entre otras: son formas organizadas y horizontales en las que personas,
grupos y comunidades se acompañan, se sostienen y se cuidan mutuamente
frente a situaciones de vulnerabilidad, exclusión o crisis (de salud, económicas,
emocionales, etc.).
• Ferias de salud comunitaria: es un evento abierto que funciona como punto de
encuentro entre saberes, prácticas y experiencias que tejen comunidad y
organizan el cuidado en clave de justicia social. Sirve para: hacer acciones de
prevención de la desnutrición crónica infantil, promover el autocuidado y la
salud integral; intercambiar saberes entre lo popular y lo profesional; y, visibilizar
derechos y fortalecer redes de cuidado.
• Cuidados colectivos: es un espacio que busca articular los procesos personales y
colectivos de respuesta y recuperación de crisis, para reducir las secuelas
emocionales y sociales que pueden ocurrir. Esta metodología pretende
establecer relaciones de confianza y generar espacios de distensión para grupos
sociales. Los cuidados colectivos tienen como propósito generar espacios de
comunicación y aprendizaje horizontal, posibilitando el autocuidado, la descarga
emocional y el manejo de situaciones conflictivas. A través de la escucha
empática que se genera en estos espacios, se promueve la creación de
estrategias para superar etapas de crisis en lo individual, pero principalmente en
lo colectivo. Estos espacios son cruciales para los equipos que trabajan en
atención directa a personas, como son el personal de salud, de educación,
comunicación, ayudan a mitigar el desgaste laboral, promueven el trabajo en
equipo y la resolución de conflictos.
Ejemplo: Se arma una red comunitaria o barrial con comedores, iglesias, escuelas,
centro de salud, organizaciones. Juntas y juntos articulan para acompañar situaciones
de violencia, soledad, consumo problemático de alcohol y drogas, etc.
Bibliografía:
Breilh, J. (2021). Epidemiología crítica y la salud de los pueblos. Ciencia ética y valiente en una
civilización malsana. Oxford University Press y Universidad Andina Simón Bolívar, Sede
Ecuador.
Breilh J. (2013). La determinación social de la salud como herramienta de transformación hacia
una nueva salud pública (salud colectiva). Rev. Fac. Nac. Salud Pública 31(supl 1): S13-
S27.
Cotonieto M., E. y Rodríguez T., R. (2021). Salud comunitaria: una revisión de los pilares,
enfoques, instrumentos de intervención y su integración con la atención
primaria. Journal of Negative and No Positive Results, 6(2), 393-410. Epub 16 de octubre
de [Link]://[Link]/10.19230/jonnpr.3816
Cruz, E. (2020). La educación transformadora en el pensamiento de Paulo Freire. Educere, vol.
24, núm. 78, pp. 197-206, 2020. Universidad de los Andes.
Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales -FLACSO Ecuador-, MSP y OPS. (2024).
Investigación cualitativa sobre comportamientos, actitudes y prácticas (CAP)
relacionados con los roles de género que influyen en el cuidado integral y acceso a los
servicios de salud para gestantes y de niños y niñas menores de dos años de edad, en las
provincias de Morona Santiago, Pastaza, Bolívar, Pichincha, Manabí, Santa Elena y
Guayas.
Franco-Giraldo, A. y Álvarez-Dardet, C. (2008). Derechos humanos, una oportunidad para las
políticas públicas en salud. Gaceta Sanitaria. España.
Freire, Paulo. (2005). Pedagogía del oprimido (2 ed.). México, D.F. Siglo XXI Editores.
Ministerio de Salud Pública. (2012) y (2018). Manual del Modelo de Atención Integral de Salud
– MAIS.
Secretaría Técnica Ecuador Crece Sin Desnutrición Infantil. (2024). Plan Estratégico
Intersectorial para la Prevención y Reducción de la Desnutrición Crónica Infantil en
Ecuador 2025-2030.
Secretaría Técnica Ecuador Crece Sin Desnutrición Infantil, MSP, MIES y UNICEF. (2022). Anexo
2. Actores y acciones clave para la prevención de la desnutrición crónica infantil.
Secretaría Técnica Ecuador Crece Sin Desnutrición Infantil, MSP, MIES y UNICEF. (2022).
Estrategia de comunicación para el desarrollo para la prevención de la desnutrición
crónica infantil (DCI).
Walsh, C. (2009). Interculturalidad crítica y educación intercultural. Instituto Pensar,
Universidad Javeriana.