Sol
Para otros usos de este término, véanse Sol
(desambiguación) y Disco solar (desambiguación).
Sol
Primera imagen: fotografía de la luz
visible del Sol con un filtro solar en
2013
Segunda imagen: fotografía
ultravioleta retocada de la NASA en
2020
Datos derivados de la
observación terrestre
Distancia media 149 597 870 700
desde la Tierra m (~1.5 × 1011
m)
Brillo visual (V) −26.8
Diám. angular en
32′35.64″
el perihelio
Diám. angular en
31′31.34″
el afelio
Índice color (U-B) +0.10
Índice color (B-V) +0.63
Características físicas
1 391 016 km
Diámetro
(~1.4 × 109 m)
Diámetro relativo
109
(dS/dT)
6.0877 × 1012 km
Superficie
²
1.4123 × 1018 km
Volumen
³
Masa relativa a la
332 946
de la Tierra
Masa 1.9891 × 1030 kg
Densidad 1411 kg/m³
Densidad relativa
0.255
a la de la Tierra
Densidad relativa
1.41
al agua
Gravedad en la 274 m/s² (27.96
superficie g)
Velocidad de 617.8 km/s
escape
Temperatura
efectiva de la 5778 K (5505 °C)
superficie
Temperatura
máxima de 1-2 ×105 K[1]
la corona
Temperatura del
~1.36 × 107 K
núcleo
Luminosidad (LS) 3.827 × 1026 W
Periodo de
rotación
En el ecuador: 27 d 6 h 36 min
A 30° de latitud: 28 d 4 h 48min
A 60° de latitud: 30 d 19 h 12 min
A 75° de latitud: 31 d 19 h 12 min
Características orbitales
Distancia máxima
~2.5 × 1017 km
al centro de
~26 000 años luz
la Galaxia
Periodo orbital
2.25-2.50 × 108
alrededor del
años[2]
centro galáctico
Velocidad orbital
~251 km/s[3]
máxima
Inclinación
axial con la 7.25°
eclíptica
Inclinación axial 67.23°
con el plano de la
galaxia
Composición de la fotosfera
Hidrógeno 73.46 %
Helio 24.85 %
Oxígeno 0.78 %
Carbono 0.30 %
Hierro 0.16 %
Neón 0.12 %
Nitrógeno 0.09 %
Silicio 0.07 %
Magnesio 0.06 %
Azufre 0.05 %
El Sol (del latín sol, solis, ‘dios Sol invictus’ o ‘sol’, a su vez de la
raíz protoindoeuropea sauel, ‘luz’)[4] es una estrella de tipo-G de la
secuencia principal y clase de luminosidad V que se encuentra en el
centro del sistema solar y constituye la mayor fuente de radiación
electromagnética de este sistema planetario.[5] Es una esfera casi
perfecta de plasma, con un movimiento convectivo interno que
genera un campo magnético a través de un proceso de dinamo. Cerca
de tres cuartas partes de la masa del Sol lo forman gases como
el hidrógeno; el resto es principalmente helio, con cantidades mucho
más pequeñas de elementos como oxígeno, carbono, neón y hierro.
Se formó hace aproximadamente 4600 millones de años a partir
del colapso gravitacional de la materia dentro de una región de una
gran nube molecular. La mayor parte de esta materia se acumuló en
el centro, mientras que el resto se aplanó en un disco en órbita que
se convirtió en el sistema solar. La masa central se volvió cada vez
más densa y caliente, dando lugar con el tiempo al comienzo de
la fusión nuclear en su núcleo. Se cree que casi todas las estrellas
se forman por este proceso. El Sol es más o menos de edad
intermedia y no ha cambiado drásticamente desde hace más de
cuatro mil millones de años, y seguirá siendo bastante estable
durante otros 5000 millones de años más. Sin embargo, después de
que la fusión del hidrógeno en su núcleo se haya detenido, el Sol
sufrirá cambios importantes y se convertirá en una gigante roja. Se
estima que el Sol se volverá entonces lo suficientemente grande
como para engullir las órbitas actuales de Mercurio, Venus y
posiblemente la Tierra.[6][7]
La Tierra y otros cuerpos (incluidos
otros planetas, asteroides, meteoroides, cometas y polvo) orbitan alre
dedor del Sol.[5] Por sí solo, representa alrededor del 99.86 % de la
masa del sistema solar.[8] La distancia media del Sol a la Tierra fue
definida exactamente por la Unión Astronómica Internacional en 149
597 870 700 metros[9] (aproximadamente 150 millones de
kilómetros). Su luz recorre esta distancia en 8 minutos y 20 segundos.
La energía del Sol, en forma de luz solar, sustenta a casi todas las
formas de vida en la Tierra a través de la fotosíntesis y determina el
clima de la Tierra y la meteorología.
Es la estrella del sistema planetario en el que se encuentra la Tierra;
por lo tanto, es el astro con mayor brillo aparente. Su visibilidad en
el cielo local determina, respectivamente, el día y la noche en
diferentes regiones de diferentes planetas. En la Tierra,
la energía radiada por el Sol es aprovechada por los
seres fotosintéticos que constituyen la base de la cadena trófica, por
lo que es la principal fuente de energía de la vida. También aporta la
energía que mantiene en funcionamiento los procesos climáticos.[10]
El Sol es una estrella que se encuentra en la fase
denominada secuencia principal, con un tipo espectral G2 y clase de
luminosidad V, por tanto, también es denominada como enana
amarilla. Se formó hace entre 4567.9 y 4570.1 millones de años y
permanecerá en la secuencia principal aproximadamente
5000 millones de años más. El Sol, junto con todos los cuerpos
celestes que orbitan a su alrededor, incluida la Tierra, forman
el sistema solar.
A pesar de ser una estrella enana, es la única cuya forma se puede
apreciar a simple vista, con un diámetro angular de 32′35″ de arco en
el perihelio y 31′31″ en el afelio, lo que da un diámetro medio de
32′03″ . La combinación de tamaños y distancias del Sol y la Luna son
tales que se ven, aproximadamente, con el mismo tamaño aparente
en el cielo. Esto permite una amplia gama de eclipses
solares distintos (totales, anulares o parciales).[11]
El vasto efecto del Sol sobre la Tierra ha sido reconocido
desde tiempos prehistóricos y el astro ha sido considerado por
algunas culturas como una deidad. El movimiento de la Tierra
alrededor del Sol es la base del calendario solar, de uso predominante
hoy en día.
La disciplina científica que se encarga del estudio del Sol en su
totalidad es la física solar.
Características
El Sol es una estrella de tipo-G de la secuencia principal que abarca
aproximadamente el 99.86 % de la masa del sistema solar. Éste tiene
una magnitud absoluta de +4.83, estimada como más brillante que el
85 % de las estrellas de la Vía Láctea, la mayoría de las cuales
son enanas rojas. Pertenece a la Población I, o a las estrellas ricas en
elementos pesados. La formación del Sol pudo haber sido provocada
por ondas de choque de una o más supernovas próximas. Esto fue
planteado debido a la gran abundancia de elementos pesados en el
sistema solar, como el oro y el uranio, en relación con las
abundancias de estos elementos en la llamada Población II de
estrellas, las cuales son pobres en elementos pesados. Estos
elementos podrían haberse producido por reacciones
nucleares endotérmicas durante una supernova, o por transmutación
a través de la absorción neutrónica dentro de una estrella masiva de
segunda generación.[12]
GIF, hecho por la NASA, abril 2008.
El Sol es, con diferencia, el objeto más brillante en el cielo,
con magnitud aparente de −26.74. Es unos 13 000 millones de veces
más brillante que la segunda estrella más luminosa, Sirio, que tiene
una magnitud aparente de −1.46. La distancia media del centro del
Sol al centro de la Tierra es de aproximadamente 1 unidad
astronómica (alrededor de 150 millones de kilómetros), aunque la
distancia varía a medida que la Tierra se mueve desde el perihelio en
enero hasta el afelio en julio. En esta distancia media, la luz viaja
desde el horizonte del Sol hasta el horizonte de la Tierra en unos 8
minutos y 19 segundos, mientras que la luz desde los puntos más
cercanos del Sol y de la Tierra tarda aproximadamente dos segundos
menos.
El Sol no tiene un límite definido y en sus partes externas su densidad
disminuye exponencialmente al aumentar la distancia a su centro. No
obstante, a efectos de medición, se considera el radio solar como la
distancia que engloba desde su centro hasta el borde de la fotosfera,
la superficie visible aparente del Sol. Con base en esta medida, el Sol
es una esfera casi perfecta con un achatamiento estimado de
9 millonésimas, lo que significa que su diámetro polar difiere de su
diámetro ecuatorial por tan solo 10 kilómetros. El efecto mareal de los
planetas es débil y no afecta significativamente a la forma del Sol. El
Sol rota más deprisa por su ecuador que por sus polos. Esta rotación
diferencial está causada por el movimiento de convección debido al
transporte de calor y al efecto Coriolis producido por la rotación del
Sol. En un marco de referencia definido por las estrellas, el periodo de
rotación es de aproximadamente 25.6 días en el ecuador y de
33.5 días en los polos. Visto desde la Tierra en su órbita alrededor del
Sol, el período de rotación aparente del Sol en su ecuador es de unos
28 días.
Luz solar
Artículo principal: Luz solar
Amanecer desde el mirador del
Garbí en Valencia (España)
La constante solar es la cantidad de energía que el Sol deposita por
unidad de tiempo y superficie y que es directamente expuesta como
luz solar. La constante solar es igual a aproximadamente a 1361 W/m²
(vatios por metro cuadrado) a una distancia de una unidad
astronómica (ua) del Sol (es decir, en la Tierra o a la misma distancia
del Sol que ella).[13] La luz del Sol en la superficie de la Tierra es
atenuada por la atmósfera terrestre, de modo que, llega menos
energía a la superficie (cerca de 1000 W/m²) en condiciones claras
cuando el Sol está cerca del cenit. La luz del Sol en la parte superior
de la atmósfera terrestre está compuesta (por energía total) de
aproximadamente un 50 % de luz infrarroja, un 40 % por luz visible y
un 10 % de luz ultravioleta. La atmósfera terrestre filtra más del 70 %
de la radiación ultravioleta solar, especialmente en las longitudes de
onda más cortas. La radiación ultravioleta solar ioniza la parte
superior de la atmósfera en el lado diurno de la Tierra, volviendo a
la ionosfera conductora de electricidad.
El Sol es una estrella G2V, con G2 se indica que su temperatura
superficial es de aproximadamente 5778 K (5505 °C), y V que, como
la mayoría de las estrellas, es una estrella enana de la secuencia
principal. La luminancia media del Sol es de aproximadamente
1.88 Gcd/m² (gigacandelas por metro cuadrado), pero como se ve a
través de la atmósfera de la Tierra, esto se reduce a
aproximadamente 1.44 Gcd/m². Sin embargo, la luminancia no es
constante a través del disco del Sol debido al "oscurecimiento del
limbo".[14]
Color
En ausencia de atmósfera el Sol presenta un color blanco. Se puede
comprobar en imágenes desde la alta montaña con un cielo
completamente despejado y limpio, desde la Estación Espacial
Internacional [15] o en las fotos de los astronautas del Apolo 12 desde
la superficie lunar. El color blanco tiene la explicación teórica en
el espectro solar, que emite en un amplio rango del longitudes de
onda con una temperatura de color en torno a 5780 K y un índice de
color-espacio (CIE) cercano al (0.3; 0.3)[16]
En la cultura occidental se suele representar al Sol de color amarillo;
en Japón, en cambio, se suele representar de color rojo. Al observar al
Sol, a baja altura sobre el horizonte, la atmósfera influye en su color y
brillo. El Sol se ve menos brillante, pero con una tonalidad alterada.
Esto seguramente haya influido en que algunos autores hayan
argumentado[17] que el color del Sol viene dado por su máximo de
emisión.[18] Pero hay dos problemas interesantes aquí.
En primer lugar, el espectro de emisión presenta su máximo en unos
500 nm, que se asocia habitualmente al color verde cercano al azul.
[19]
Esta asociación es incluso discutible, puesto que sólo existe una
correspondencia longitud de onda/color visible en una
emisión monocromática lo más pura posible. Por ejemplo, se pueden
ver colores verdes en la aurora boreal debido a la emisión
monocromática a 500.7 nm del oxígeno atómico
doblemente ionizado (esto está provocado por el choque entre los
átomos de oxígeno con electrones de menor energía liberados por
moléculas de nitrógeno excitadas por la radiación solar en las capas
altas de la atmósfera[20]).
El segundo error es más sutil y viene de no considerar que el máximo
de la distribución de Planck depende de la variable elegida, que
pueden ser la longitud de onda, frecuencia y número de ondas como
las más frecuentes. El máximo de la distribución dependerá de dicha
variable. Si elegimos la frecuencia, el máximo se correspondería a
880 nm, ya en el infrarrojo cercano. Por tanto, el máximo no tiene un
sentido físico tan claro como el interpretado según la ley de
desplazamiento de Wien, donde se utiliza la representación de la
función de Planck exclusivamente en función de la longitud de onda.
[18]
El Sol también puede verse de muy diferentes colores según las
condiciones atmosféricas. Desde el rojizo de las salidas y puestas
debido a la dispersión de la atmósfera (que se puede ver aumentados
por la presencia de pequeñas partículas contaminantes), hasta, en
raras ocasiones, el azulado (provocado por partículas de mayor
diámetro, como parece haber ocurrido durante la erupción
del Krakatoa o por la contaminación del humo de grandes incendios).
[21][22]
Véase también: Ley_de_desplazamiento_de_Wien#Interpretaciones
Composición
Capas internas del sol
El Sol está compuesto principalmente por los elementos
químicos hidrógeno y helio; que representan el 74.9 % y el 23.8 % de
la masa del Sol en la fotosfera, respectivamente. Todos los elementos
más pesados, llamados metales en astronomía, representan menos
del 2 % de la masa, con el oxígeno (más o menos el 1 % de la masa
del Sol), carbono (0.3 %), neón (0.2 %), y el hierro (0.2 %), que es el
más abundante.
El Sol heredó su composición química del medio interestelar a través
del cual se formó. El hidrógeno y el helio en el Sol fueron producidos
por nucleosíntesis del Big Bang, y los elementos más pesados se
crearon por nucleosíntesis estelar en generaciones de estrellas que
completaron su evolución estelar y devolvieron su material al medio
interestelar antes de la formación del Sol. La composición química de
la fotosfera se considera normalmente como representativa de la
composición del sistema solar primordial. Sin embargo, desde que se
formó el Sol, parte del helio y de elementos pesados se han asentado
gravitacionalmente desde la fotosfera. Por lo tanto, en la fotosfera de
hoy en día, la fracción de helio es reducida, y la metalicidad es
solamente el 84 % de lo que era en la fase protoestelar (antes de que
la fusión nuclear comenzara en el núcleo). Se cree que la composición
protoestelar del Sol ha sido de un 71.1 % de hidrógeno, 27.4 % de
helio, y de un 1.5 % de elementos más pesados.
Hoy en día, la fusión nuclear en el núcleo del Sol ha modificado la
composición mediante la conversión del hidrógeno en helio, por lo
que ahora la parte más interna del Sol es más o menos un 60 % de
helio, junto con la abundancia de elementos más pesados que no han
sido alterados. Debido a que el calor se transfiere desde el centro del
Sol por radiación en vez de por convección, ninguno de los productos
de fusión del núcleo ha llegado a la fotosfera.
La zona reactiva del núcleo de «combustión del hidrógeno», donde el
hidrógeno se convierte en helio, está empezando a ser circundado por
un núcleo interno de «cenizas de helio». Este desarrollo continuará y
posteriormente tendrá lugar la salida del Sol de la secuencia
principal para llegar a convertirse así en una gigante roja.
La abundancia de elementos pesados solares descritos anteriormente
son medidos usando tanto espectroscopia de la fotosfera del Sol
como midiendo las abundancias en los meteoritos que nunca han sido
calentados a temperaturas de fusión. Se cree que estos meteoritos
retienen la composición del Sol protoestelar y, por lo tanto, no se ven
afectados por la sedimentación de elementos pesados. Por lo general,
los dos métodos concuerdan bien.[23]
Estructura del Sol
Artículo principal: Estructura estelar
Imagen detallada de un
conjunto de manchas solares observadas en el espectro de luz visible.
La umbra y la penumbra son claramente discernibles, así como
la granulación solar.
Como toda estrella, el Sol posee una forma esférica, y a causa de su
lento movimiento de rotación, tiene también un leve achatamiento
polar. Como en cualquier cuerpo masivo, toda la materia que lo
constituye es atraída hacia el centro del objeto por su propia fuerza
gravitatoria. Sin embargo, el plasma que forma el Sol se encuentra en
equilibrio, ya que la creciente presión en el interior solar compensa la
atracción gravitatoria, lo que genera un equilibrio hidrostático. Estas
enormes presiones se producen debido a la densidad del material en
su núcleo y a las enormes temperaturas que se dan en él gracias a
las reacciones termonucleares que allí acontecen. Existe, además de
la contribución puramente térmica, una de origen fotónico. Se trata
de la presión de radiación, nada despreciable, que es causada por el
ingente flujo de fotones emitidos en el centro del Sol.
Casi todos los elementos químicos terrestres
(aluminio, azufre, bario, cadmio, calcio, carbono, cerio, cobalto, cobre,
cromo, estaño, estroncio, galio, germanio, helio, hidrógeno, hierro, ind
io, magnesio, manganeso, níquel, nitrógeno, oro, oxígeno, paladio, pla
ta, platino, plomo, potasio, rodio, silicio, sodio, talio, titanio, tungsteno
, vanadio, circonio y cinc) y diversos compuestos (como el cianógeno,
el óxido de carbono y el amoniaco) han sido identificados en la
constitución del astro rey, por lo que se ha concluido que, si nuestro
planeta se calentara hasta la temperatura solar, tendría un espectro
luminoso casi idéntico al Sol. Incluso el helio fue descubierto primero
en el Sol y luego se constató su presencia en nuestro planeta. [24]
El Sol presenta una estructura en capas esféricas o en «capas de
cebolla». La frontera física y las diferencias químicas entre las
distintas capas son difíciles de establecer. Sin embargo, se puede
determinar una función física que es diferente para cada una de las
capas. En la actualidad, la astrofísica dispone de un modelo de
estructura solar que explica satisfactoriamente la mayor parte de los
fenómenos observados. Según este modelo, el Sol está formado por:
1) núcleo solar, 2) zona radiante, 3) zona convectiva, 4) fotosfera,
5) cromosfera, 6) corona, 7) manchas solares, 8) granulación y
9) viento solar.
Núcleo
Artículos principales: Nucleosíntesis estelar, Cadena protón-
protón y Ciclo CNO.
Imagen que muestra las capas
del interior del Sol
Ocupa unos 139 000 km del radio solar, 1⁄5 del mismo, y es en esta
zona donde se verifican las reacciones termonucleares que
proporcionan toda la energía que el Sol produce. Esta energía
generada en el núcleo del Sol tarda un millón de años en alcanzar la
superficie solar.[25] En su centro se calcula que existe un 49 % de
hidrógeno, 49 % de helio y un 2 % que se distribuye en otros
elementos que sirven como catalizadores en las reacciones
termonucleares. A comienzos de la década de los años 30
del siglo XX, el físico austriaco Fritz Houtermans (1903-1966) y el
astrónomo inglés Robert d'Escourt Atkinson (1898-1982) unieron sus
esfuerzos para averiguar si la producción de energía en el interior del
Sol y en las estrellas se podía explicar por las transformaciones
nucleares. En 1938, Hans Albrecht Bethe (1906-2005), en los Estados
Unidos, y Carl Friedrich von Weizsäcker (1912-2007), en Alemania,
simultánea e independientemente, encontraron el hecho notable de
que un grupo de reacciones en las que intervienen el carbono y
el nitrógeno como catalizadores constituyen un ciclo, que se repite
una y otra vez, mientras dura el hidrógeno. A este grupo de
reacciones se le conoce como ciclo de Bethe o del carbono, y es
equivalente a la fusión de cuatro protones en un núcleo de helio. En
estas reacciones de fusión hay una pérdida de masa, esto es, el
hidrógeno consumido pesa más que el helio producido. Esa diferencia
de masa se transforma en energía, según la ecuación de Einstein (E =
mc²), donde E es la energía, m la masa y c la velocidad de la luz.
Estas reacciones nucleares transforman el 0.7 % de la masa afectada
en fotones, con una longitud de onda cortísima y, por lo tanto, muy
energéticos y penetrantes. La energía producida mantiene el
equilibrio térmico del núcleo solar a temperaturas aproximadamente
de 15 millones de kelvins.
El ciclo ocurre en las siguientes etapas:
H1 + 6C12 → 7N13
1
N13 → 6C13 + e+ + neutrino
7
H1 + 6C13 → 7N14
1
H1 + 7N14 → 8O15
1
O15 → 7N15 + e+ + neutrino
8
H1 + 7N15 → 6C12 + 2He4.
1
Sumando todas las reacciones y cancelando los términos
comunes, se tiene
4 1H1 → 2He4 + 2e+ + 2 neutrinos = 26.7 MeV.
La energía neta liberada en el proceso es 26.7 MeV, o sea cerca
de6.7 × 1014 J por kg de protones consumidos. El carbono actúa como
catalizador, pues se regenera al final del ciclo.
Otra reacción de fusión que ocurre en el Sol y en las estrellas es el
ciclo de Critchfield, más comúnmente conocido como cadena protón-
protón. Charles Critchfield (1910-1994) era en 1938 un joven físico,
alumno de George Gamow, (1904-1968) en la Universidad George
Washington, y tuvo una idea completamente diferente, al darse
cuenta de que en el choque entre dos protones a velocidades
próximas a la de la luz, puede ocurrir que uno de ellos pierda su carga
positiva (e+), se fusionen y se convierta en un neutrón, que
permanece unido al otro protón y forma un núcleo de deuterio, es
decir, un núcleo pesado formado por un isótopo estable
del hidrógeno. El positrón (e+) al ser liberado tiende a aniquilarse con
bastante rapidez, fusionándose con un electrón (e −), produciendo en
el proceso radiación fotónica. Al mismo tiempo, en esta segunda fase,
se libera un neutrino electrónico de baja energía, que no interactúa
con ningún átomo y se libera al espacio a velocidades próximas a la
de la luz sin colisionar con la materia.
Más tarde, la fusión de un protón (p+), o lo que es lo mismo, un núcleo
H1, con un núcleo de deuterio da lugar a un isótopo del helio He³ y a
la emisión de fotones gamma (γ). Finalmente, con un 97 % de
probabilidad aproximadamente, dos núcleos del isótopo He³ dan
lugar, al ser fusionados, en un núcleo estable de He 4 más dos nuevos
protones (p+), con lo que el ciclo se retroalimenta hasta la primera
fase inicial, al tiempo que pierde energía a razón de 26.7 MeV netos.
La reacción puede producirse de dos maneras algo distintas:
H1 + 1H1 → 1H² + e+ + neutrino electrónico
1
H1 + 1H² → 2He³ + fotones gamma
1
He³ + 2He³ → 2He4 + 2 1H1
2
...también expresada con la notación:
p+ + p+ → H² + e + νe
H² + p+ → He³ + γ
He³ + He³ → He4 + p+ + p+
El primer ciclo se da en estrellas más calientes y de mayor masa que
el Sol, mientras que la cadena protón-protón predomina en las
estrellas similares al Sol. En cuanto a este, hasta el año 1953 se creía
que su energía era producida casi exclusivamente por el ciclo de
Bethe; sin embargo, posteriormente se demostró que el calor solar
proviene en su mayor parte (~75 %) de la cadena protón-protón.
En los últimos estadios de su evolución, el Sol fusionará también el
helio producto de estos procesos para producir carbono y oxígeno
(véase proceso triple-alfa).
Zona radiante
En la zona exterior al núcleo el transporte de la energía generada en
el interior se produce por radiación hasta el límite exterior de la zona
radiante. Esta zona está compuesta de plasma, es decir, grandes
cantidades de hidrógeno y helio ionizado. Como la temperatura del
Sol decrece desde el centro (15 MK en el núcleo) hacia la periferia
(6000 K en la fotosfera), es más fácil que un fotón cualquiera se
mueva del centro a la periferia que al revés. Sin embargo, los fotones
deben avanzar por un medio ionizado tremendamente denso y son
absorbidos y reemitidos infinidad de veces en su camino. Se calcula
que un fotón cualquiera puede tardar un millón de años en alcanzar la
superficie y manifestarse como luz visible.[26]
Zona convectiva
Esta región se extiende por encima de la zona radiante y en ella los
gases solares dejan de estar ionizados y los fotones son absorbidos
con facilidad y se convierten en un material opaco al transporte de
radiación. Por lo tanto, el transporte de energía se realiza
por convección, de modo que el calor se transporta de manera no
homogénea y turbulenta por el propio fluido. Los fluidos se dilatan al
ser calentados y disminuyen su densidad.[27] Por lo cual se forman
corrientes ascendentes de material desde la zona caliente hasta la
zona superior, y simultáneamente se producen movimientos
descendentes de material desde las zonas exteriores menos
calientes. Así, a unos 200 000 km bajo la fotosfera del Sol, el gas se
vuelve opaco por efecto de la disminución de la temperatura; en
consecuencia, absorbe los fotones procedentes de las zonas inferiores
y se calienta a expensas de su energía. Se forman así secciones
convectivas turbulentas, en las que las parcelas de gas caliente y
ligero suben hasta la fotosfera, donde nuevamente la atmósfera solar
se vuelve transparente a la radiación y el gas caliente cede su
energía en forma de luz visible, y se enfría antes de volver a
descender a las profundidades. El análisis de las oscilaciones solares
ha permitido establecer que esta zona se extiende hasta estratos de
gas situados a la profundidad indicada anteriormente. La observación
y el estudio de estas oscilaciones solares constituyen el campo de
trabajo de la heliosismología.[28]
Fotosfera
Artículo principal: Fotosfera
La fotosfera es la zona visible donde se emite luz visible del Sol. La
fotosfera se considera como la «superficie» solar y, vista a través de
un telescopio, se presenta formada por gránulos brillantes que se
proyectan sobre un fondo más oscuro. A causa de la agitación de
nuestra atmósfera, estos gránulos parecen estar siempre en
agitación. Puesto que el Sol es gaseoso, su fotosfera es algo
transparente: puede ser observada hasta una profundidad de unos
cientos de kilómetros antes de volverse completamente opaca.
Normalmente, se considera que la fotosfera solar tiene unos 100 o
200 km de profundidad.[29]
Esquema de la estructura de anillo de
una llamarada solar y su origen causado por la deformación de las
líneas del campo electromagnético
Aunque el borde o limbo del Sol aparece bastante nítido en una
fotografía o en la imagen solar proyectada con un telescopio, se
aprecia fácilmente que el brillo del disco solar disminuye hacia el
borde. Este fenómeno de oscurecimiento del centro al limbo es
consecuencia de que el Sol es un cuerpo gaseoso con una
temperatura que disminuye con la distancia al centro. La luz que se
ve en el centro procede en la mayor parte de las capas inferiores de
la fotosfera, más caliente y por tanto más luminosa. Al mirar hacia el
limbo, la dirección visual del observador es casi tangente al borde del
disco solar por lo que llega radiación procedente sobre todo de las
capas superiores de la fotosfera, menos calientes y emitiendo con
menor intensidad que las capas profundas en la base de la fotosfera.
Un fotón tarda un promedio de diez días desde que surge de la fusión
de dos átomos de hidrógeno, en atravesar la zona radiante y un mes
en recorrer los 200 000 km de la zona convectiva, empleando tan solo
unos 8 minutos y medio en cruzar la distancia que separa la Tierra del
Sol. No se trata de que los fotones viajen más rápidamente ahora,
sino que en el exterior del Sol el camino de los fotones no se ve
obstaculizado por los continuos cambios, choques, quiebros y
turbulencias que experimentaban en el interior del Sol.
Los gránulos brillantes de la fotosfera tienen muchas veces forma
hexagonal y están separados por finas líneas oscuras. [30] Los gránulos
son la evidencia del movimiento convectivo y burbujeante de los
gases calientes en la parte exterior del Sol. En efecto, la fotosfera es
una masa en continua ebullición en el que las células convectivas se
aprecian como gránulos en movimiento cuya vida media es tan solo
de unos nueve minutos. El diámetro medio de los gránulos
individuales es de unos 700 a 1000 km y resultan particularmente
notorios en los períodos de mínima actividad solar. Hay también
movimientos turbulentos a una escala mayor, la
llamada «supergranulación», con diámetros típicos de unos 35 000
km. Cada supergranulación contiene cientos de gránulos individuales
y sobrevive entre 12 a 20 horas. Fue Richard Christopher
Carrington (1826-1875), cervecero y astrónomo aficionado, el primero
en observar la granulación fotosférica en el siglo XIX. En 1896 el
francés Pierre Jules César Janssen (1824-1907) consiguió fotografiar
por primera vez la granulación fotosférica.
El Sol con algunas manchas
solares visibles. Las dos manchas en el medio tienen casi el mismo
diámetro que la Tierra.
El signo más evidente de actividad en la fotosfera son las manchas
solares.[31] En los tiempos antiguos se consideraba al Sol como un
fuego divino y, por consiguiente, perfecto e infalible. Del mismo modo
se sabía que la brillante cara del Sol estaba a veces nublada con unas
manchas oscuras, pero se imaginaba que era debido a objetos que
pasaban en el espacio entre el Sol y la Tierra. Cuando Galileo (1564-
1642) construyó el primer telescopio astronómico, dando origen a una
nueva etapa en el estudio del Universo, hizo la siguiente
afirmación: «Repetidas observaciones me han convencido, de que
estas manchas son sustancias en la superficie del Sol, en la que se
producen continuamente y en la que también se disuelven, unas más
pronto y otras más tarde». Una mancha solar típica consiste en una
región central oscura, llamada «umbra», rodeada por una
«penumbra» más clara. Una sola mancha puede llegar a medir
hasta 12 000 km (casi tan grande como el diámetro de la Tierra), pero
un grupo de manchas puede alcanzar 120 000 km de extensión e
incluso algunas veces más. La penumbra está constituida por una
estructura de filamentos claros y oscuros que se extienden más o
menos radialmente desde la umbra.
Imagen detallada de un conjunto de
manchas solares observadas en el visible. La umbra y la penumbra
son claramente discernibles así como la granulación solar.
Ambas (umbra y penumbra) parecen oscuras por contraste con la
fotosfera, simplemente porque están menos calientes que la
temperatura media de la fotosfera. Así, la umbra tiene una
temperatura de 4000 K, mientras que la penumbra alcanza los
5600 K, inferiores en ambos casos a los 6000 K que tienen los
gránulos de la fotosfera. Por la ley de Stefan-Boltzmann, en que la
energía total radiada por un cuerpo negro (como una estrella) es
proporcional a la cuarta potencia de su temperatura efectiva (E = σT 4,
donde σ = 5.67051 × 10−8 W/m²·K4), la umbra emite
aproximadamente un 32 % de la luz emitida por un área igual de la
fotosfera y análogamente la penumbra tiene un brillo de un 71 % de
la fotosfera. La oscuridad de una mancha solar está causada
únicamente por un efecto de contraste; si pudiéramos ver a una
mancha tipo, con una umbra del tamaño de la Tierra, aislada y a la
misma distancia que el Sol, brillaría una 50 veces más que
la Luna llena. Las manchas están relativamente inmóviles con
respecto a la fotosfera y participan de la rotación solar. El área de la
superficie solar cubierta por las manchas se mide en términos de
millonésima del disco visible.
Cromosfera
Artículo principal: Cromosfera
Eclipse solar del 3 de octubre de 2005.
La cromosfera es una capa exterior a la fotosfera visualmente mucho
más transparente. Su tamaño es de aproximadamente 10 000 km, y
es imposible observarla sin filtros especiales, pues es eclipsada por el
mayor brillo de la fotosfera. La cromosfera puede observarse durante
un eclipse solar en un tono rojizo característico y en longitudes de
onda específicas, notablemente en Hα, una longitud de onda
característica de la emisión por hidrógeno a muy alta temperatura. [32]
Las prominencias solares ascienden ocasionalmente desde la
fotosfera, alcanzan alturas de hasta 150 000 km y producen
erupciones solares espectaculares.
Corona solar
Artículo principal: Corona solar
Manifestación de la
naturaleza filamentaria del plasma al conectar dos regiones con
diferente polaridad magnética. Imagen tomada por el Telescopio
Óptico Solar Hinode, el 12 de enero de 2007.
La corona solar está formada por las capas más tenues de la
atmósfera superior solar. Su temperatura alcanza los millones de
kelvin, una cifra muy superior a la de la capa que le sigue,
la fotosfera, y esta inversión térmica es uno de los principales
enigmas de la ciencia solar reciente. Estas elevadísimas temperaturas
son un dato engañoso y consecuencia de la alta velocidad de las
pocas partículas que componen la atmósfera solar. Sus grandes
velocidades son debidas a la baja densidad del material coronal, a los
intensos campos magnéticos emitidos por el Sol y a las ondas de
choque que rompen en la superficie solar estimuladas por las células
convectivas. Como resultado de su elevada temperatura, desde la
corona se emite gran cantidad de energía en rayos X. En realidad,
estas temperaturas no son más que un indicador de las altas
velocidades que alcanza el material coronal que se acelera en
las líneas de campo magnético y en dramáticas eyecciones de
material coronal (EMCs). Lo cierto es que esa capa es demasiado poco
densa como para poder hablar de temperatura en el sentido usual de
agitación térmica.
Vídeo de cámara rápida de una región
activa en la superficie del Sol capturado con un refractor de 152 mm
y un filtro de cromosfera Daystar Quark.
Todos estos fenómenos combinados ocasionan extrañas rayas en el
espectro luminoso que hicieron pensar en la existencia de un
elemento desconocido en la Tierra al que incluso
denominaron coronium hasta que investigaciones posteriores en 1942
concluyeron que se trataban de radiaciones producidas por átomos
neutros de oxígeno de la parte externa de la misma corona, así como
de hierro, níquel, calcio y argón altamente ionizados (fenómenos
imposibles de obtener en laboratorios).[33]
La corona solar solamente es observable desde el espacio con
instrumentos adecuados que anteponen un disco opaco para eclipsar
artificialmente al Sol o durante un eclipse solar natural desde la
Tierra. El material tenue de la corona es continuamente expulsado por
la fuerte radiación solar dando lugar a un viento solar. Así pues, se
cree que las estructuras observadas en la corona están modeladas en
gran medida por el campo magnético solar y las células de transporte
convectivo.
En 1970 el físico sueco Hannes Alfvén obtuvo el premio Nobel. Él
estimó que había ondas que transportaban energía por líneas
del campo magnético que recorre el plasma de la corona solar. Pero
hasta hoy no se había podido detectar la cantidad de ondas que eran
necesarias para producir dicha energía.
Pero imágenes de alta definición ultravioleta, tomadas cada ocho
segundos por el satélite de la NASA Solar Dynamics
Observatory (SDO), han permitido a científicos como Scott McIntosh y
a sus colegas del Centro Nacional Estadounidense de Investigación
Atmosférica, detectar gran cantidad de estas ondas.[34] Las mismas se
propagan a gran velocidad (entre 200 y 250 km/s) en el plasma en
movimiento. Ondas cuyo flujo energético se sitúa entre 100 y
200 W/km² (vatios por kilómetro cuadrado) «son capaces de proveer
la energía necesaria para propulsar a los rápidos vientos solares y así
compensar las pérdidas de calor de las regiones menos agitadas de la
corona solar», estiman los investigadores.
Sin embargo, para McIntosh esto no es suficiente para generar los
2000 W/m² (vatios por metro cuadrado) que se necesitan para
abastecer a las zonas activas de la corona. Es por esto que se
requiere de instrumentos con mayor capacidad temporal y espacial
para estudiar todo el espectro de energía irradiada en las regiones
activas de nuestra estrella.
Heliosfera
Vista de la heliosfera
protegiéndonos de las radiaciones provenientes del centro de la
galaxia
Artículo principal: Heliosfera
La heliosfera sería la región que se extiende desde el Sol hasta más
allá de Plutón y que se encuentra bajo la influencia del viento solar. Es
en esta región donde se extienden los efectos de las tormentas
geomagnéticas y también donde se extiende el influjo del campo
magnético solar. La heliosfera protege al sistema solar de las
radiaciones provenientes del medio interestelar y su límite se
extiende a más de 100 UA del Sol, límite solamente superado por los
cometas.
Véase también: Viento solar
Actividad solar
Eyección de masa coronal
Filamento solar
fotografiado el 31 de agosto de 2012 (NASA). La eyección de masa
solar viajó a 1500 kilómetros por segundo.
Artículo principal: Tormenta geomagnética
Los puntos brillantes y los arcos
iluminados de material solar que flotan en la atmósfera del sol
resaltan lo que se conoce como regiones activas en el sol, en esta
imagen del Observatorio de Dinámica Solar de la NASA, capturada el
20 de abril de 2015. Estas son áreas de actividad magnética intensa y
compleja que a veces pueden dar lugar a erupciones solares y
eyecciones de masa coronal.
La eyección de masa coronal (CME) es una onda formada
por radiación y viento solar que se desprende del Sol en el periodo
llamado Actividad Máxima Solar. Esta onda es muy peligrosa ya que
daña los circuitos eléctricos, los transformadores y los sistemas de
comunicación. Cuando esto ocurre, se dice que hay una tormenta
solar.
Cada 11 años el Sol entra en un turbulento ciclo (Actividad
Máxima Solar) que representa la época más propicia para que el
planeta sufra una tormenta solar. Dicho proceso acaba con el
cambio de polaridad solar (no confundir con el cambio de
polaridad terrestre).
Nos encontramos en el Ciclo Solar 25, que comenzó en
diciembre de 2019.[35]
Una potente tormenta solar es capaz de paralizar por completo
la red eléctrica de las grandes ciudades, una situación que
podría durar semanas, meses o incluso años.
Las tormentas solares pueden causar interferencias en las
señales de radio, afectar a los sistemas de navegación aéreos,
dañar las señales telefónicas e inutilizar satélites por completo.
El 13 de marzo de 1989 la ciudad de Quebec, en Canadá, fue
azotada por una fuerte tormenta solar. Como resultado de ello,
seis millones de personas se vieron afectadas por un gran
apagón que duró 90 segundos. La red eléctrica
de Montreal estuvo paralizada durante más de nueve horas. Los
daños que provocó el apagón, junto con las pérdidas originadas
por la falta de energía, alcanzaron los cientos de millones de
dólares.
Entre los días 1 y 2 de septiembre de 1859 una intensa
tormenta solar afectó a la mayor parte del planeta. Las líneas
telegráficas de los Estados Unidos y el norte
de Europa quedaron inutilizadas y se provocaron varios
incendios. Además, una impresionante aurora boreal, fenómeno
que normalmente solo puede observarse desde las regiones
árticas, pudo verse en lugares tan alejados de los polos como el
sur de Europa, el Caribe, Hawái.,[36] e incluso en Colombia, cerca
del ecuador terrestre.[37]
Cambio de polaridad solar
El campo magnético del Sol se forma como sigue: En el núcleo las
presiones del hidrógeno provocan que sus átomos únicamente
queden excluidos por las fuerzas de polaridad de los protones,
dejando una nube de electrones en torno a dicho núcleo (los
electrones se han desprendido de las órbitas tradicionales, formando
una capa de radiación electrónica común). La fusión de los átomos de
hidrógeno en helio se produce en la parte más interna del núcleo, en
donde el helio queda restringido por ser un material más pesado.
Dicho «ordenamiento» induce que los propios electrones compartan
estados de energía y en consecuencia sus campos magnéticos
adquieran aún más densidad y potencia. Las enormes fuerzas de
gravedad, impiden que los fotones (portadores de esas fuerzas)
escapen de forma libre. De esta forma se genera en su interior un
potente campo magnético que influye en la dinámica del plasma en
las capas siguientes.[32]
Los campos magnéticos, tal como si se tratase de un material fluido,
encuentran su dinámica por las fuerzas magnetohidrodinámicas en
constante interacción con las gravitatorias y rotacionales de la
estrella, llegando a la superficie de manera que, los materiales más
externos quedan ordenados conforme a las líneas de fuerza Gauss. La
rotación solar produce que las capas más externas no giren todas a la
misma velocidad, por lo que el ordenamiento de estas líneas de
fuerza se va descompensando a medida que los materiales
distribuidos entre los polos y el ecuador van perdiendo sincronismo en
el giro rotacional de la estrella. Por cada ruptura en la integridad del
campo magnético, se produce un escape de líneas de fuerza Gauss
(produciendo las típicas manchas negras), en las que un aumento de
estas, puede tener como consecuencia una erupción solar
consecuente por la desintegración local del campo gauss. Cuando el
Sol se acerca a su máximo desorden, las tormentas solares son
máximas. Estos periodos se dan cada 11 años. El Sol no posee un
campo electromagnético como el de la Tierra, sino que posee lo que
se denomina viento solar, producido por esas inestabilidades
rotacionales del Sol. Si no fuera por eso, los campos magnéticos del
Sol quedarían restringidos a la dinámica del plasma.
Por esa misma razón, una reacción de fusión entre dos átomos de
hidrógeno en el interior del Sol, tarda 11 años en llegar a escapar de
las enormes fuerzas gravitatorias y magnéticas.
Nacimiento y muerte del Sol
Artículos principales: Evolución estelar y Nebulosa protosolar.
La diferencia de tamaños entre
el Sol y la Tierra queda patente en esta imagen comparativa de
ambos, con la Tierra en el lado izquierdo, y una porción del Sol a la
derecha.
El Sol se formó hace 4650 millones de años y tiene combustible para
7500 millones de años más.[38][nota 1] Después, comenzará a hacerse
más y más grande, hasta convertirse en una gigante roja. Finalmente,
se hundirá por su propio peso y se convertirá en una enana blanca,
que puede tardar unos mil millones de años en enfriarse. [39]
Se formó a partir de nubes de gas y polvo que contenían residuos de
generaciones anteriores de estrellas. Debido a la metalicidad de dicho
gas, de su disco circunestelar surgieron, más tarde,
los planetas, asteroides y cometas del sistema solar. En el interior del
Sol se producen reacciones de fusión en las que los átomos
de hidrógeno se transforman en helio, produciéndose la energía que
irradia. Actualmente, el Sol se encuentra en plena secuencia principal,
fase en la que seguirá unos 5000 millones de años más fusionando
hidrógeno de manera estable.
El Sol rodeado por un arcoíris (halo
solar).
Cada segundo se transforman 700 millones
de toneladas de hidrógeno en cenizas de helio, este proceso
transforma cinco millones de toneladas de materia en energía, lo que
da como resultado que el Sol cada vez se vuelve más liviano. [25]
Sol rodeado por un halo solar,
fotografía tomada en la Ciudad de Bogotá D.C Colombia.
Llegará un momento en que el Sol agote todo el hidrógeno en la
región central al haberlo transformado en helio. La presión será
incapaz de sostener las capas superiores y la región central tenderá a
contraerse gravitacionalmente, calentando progresivamente las
capas adyacentes. El exceso de energía producida hará que las capas
exteriores del Sol tiendan a expandirse y enfriarse y el Sol se
convertirá en una estrella gigante roja. El diámetro puede llegar a
alcanzar y sobrepasar al de la órbita de la Tierra, con lo cual,
cualquier forma de vida se habrá extinguido. Cuando la temperatura
de la región central alcance aproximadamente 100 millones
de kelvins, comenzará a producirse la fusión del helio en carbono
mientras alrededor del núcleo se sigue fusionando hidrógeno en helio.
Ello producirá que la estrella se contraiga y disminuya su brillo a la
vez que aumenta su temperatura, convirtiéndose el Sol en una
estrella de la rama horizontal. Al agotarse el helio del núcleo, se
iniciará una nueva expansión del Sol y el helio empezará también a
fusionarse en una nueva capa alrededor del núcleo inerte —
compuesto de carbono y oxígeno y que por no tener masa suficiente
el Sol no alcanzará las presiones y temperaturas suficientes para
fusionar dichos elementos en elementos más pesados— que lo
convertirá de nuevo en una gigante roja, pero esta vez de la rama
asintótica gigante y provocará que el astro expulse gran parte de su
masa en la forma de una nebulosa planetaria, quedando únicamente
el núcleo solar que se transformará en una enana blanca y, mucho
más tarde, al enfriarse totalmente, en una enana negra. El Sol no
llegará a estallar como una supernova al no tener la masa suficiente
para ello.
Ciclo de vida del Sol
Si bien se creía en un principio que el Sol acabaría por absorber a
Mercurio, a Venus y a la Tierra al convertirse en gigante roja, la gran
pérdida de masa que sufrirá en el proceso hizo pensar por un tiempo
que la órbita terrestre —al igual que la de los demás planetas del
sistema solar— se expandiría posiblemente y salvaría a nuestro
planeta de ese destino.[40] Sin embargo, un artículo reciente postula
que ello no ocurrirá y que las interacciones mareales, así como el roce
con la materia de la cromosfera solar, harán que nuestro planeta sea
absorbido.[41] Otro artículo posterior apunta en la misma dirección. [42]
En cuanto a la vida en la Tierra durante ese proceso de evolución del
Sol, se sabe que en la actualidad, el brillo del Sol aumenta
aproximadamente un 1% cada 100 millones de años. Se necesitarán
por tanto al menos mil millones de años para agotar el agua líquida
de la Tierra debido a tal aumento.[43] Después de eso, la Tierra dejará
de poder sustentar vida multicelular compleja y los últimos
organismos multicelulares que quedan en el planeta sufrirán una
extinción masiva final y completa.[44]
Importancia de la energía solar en la Tierra
La mayor parte de la energía utilizada por los seres vivos procede del
Sol, las plantas la absorben directamente y realizan la fotosíntesis, los
herbívoros absorben indirectamente una pequeña cantidad de esta
energía comiendo las plantas, y los carnívoros absorben
indirectamente una cantidad más pequeña comiendo a los herbívoros.
La mayoría de las fuentes de energía usadas por el hombre derivan
indirectamente del Sol. Los combustibles fósiles preservan energía
solar capturada hace millones de años mediante fotosíntesis, la
energía hidroeléctrica usa la energía potencial de agua que se
condensó en altura después de haberse evaporado por el calor del
Sol.
Sin embargo, el uso directo de energía solar para la obtención de
energía no está aún muy extendido debido a que los mecanismos
actuales no son suficientemente eficaces.[45]
Reacciones termonucleares e incidencia sobre la superficie
terrestre
Una mínima cantidad de materia puede convertirse en una enorme
manifestación de energía. Esta relación entre la materia y la energía
explica la potencia del Sol, que hace posible la vida. ¿Cuál es la
equivalencia? En 1905, Einstein había predicho una equivalencia
entre la materia y la energía mediante su ecuación E=mc². Una vez
que Einstein formuló la relación, los científicos pudieron explicar por
qué ha brillado el Sol por miles de millones de años. En el interior del
Sol se producen continuas reacciones termonucleares. De este modo,
el Sol convierte cada segundo unos 564 millones
de toneladas de hidrógeno en 560 millones de toneladas de helio, lo
que significa que unos cuatro millones de toneladas de materia se
transforman en energía solar, una pequeña parte de la cual llega a la
Tierra y sostiene la vida.
Con la fórmula y los datos anteriores se puede calcular la producción
de energía del Sol, obteniéndose que la potencia de nuestra estrella
es aproximadamente 3.8 × 1026 vatios, o 3.8 × 1023 kilovatios —o,
dicho de otra manera, el Sol produce en un segundo 760 000 veces
la producción energética anual a nivel mundial—.
Observación astronómica del Sol
Duración: 8 segundos.0:08Tránsito lunar frente al Sol capturado
durante la calibración de las cámaras de imagen ultravioleta de la
sonda STEREO B
Unas de las primeras observaciones astronómicas de la actividad
solar fueron las realizadas por Galileo Galilei en el siglo XVII,
utilizando vidrios ahumados al principio, y usando el método de
proyección después. Galileo observó así las manchas solares y pudo
medir la rotación solar así como percibir la variabilidad de estas. [46] En
la actualidad la actividad solar es monitoreada constantemente por
observatorios astronómicos terrestres y observatorios espaciales.
Entre los objetivos de estas observaciones se encuentra, no solo
alcanzar una mayor comprensión de la actividad solar, sino también
la predicción de sucesos de elevada emisión de partículas
potencialmente peligrosas para las actividades en el espacio y las
telecomunicaciones terrestres.[47][48]
Exploración solar
Video con un mosaico de imágenes captadas por instrumentos de la
sonda espacial Solar Dynamics Observatory que permite observar la
luz producida por el Sol más allá de lo que el ojo humano puede
percibir
La luz solar que apreciamos a simple vista es de color amarillo, pero
en realidad el Sol la emite en todas las longitudes de onda.[49]
Para obtener una visión ininterrumpida del Sol en longitudes de onda
inaccesibles desde la superficie terrestre, la Agencia Espacial
Europea y la NASA lanzaron cooperativamente el satélite SOHO (Solar
and Heliospheric Observatory) el 2 de diciembre de 1995.[50] La sonda
europea Ulysses realizó estudios de la actividad solar,[51] y la sonda
estadounidense Génesis se lanzó en un vuelo cercano a la heliósfera
para regresar a la Tierra con una muestra directa del material solar.
[52]
Génesis regresó a la Tierra en el 2004, pero su reentrada en la
atmósfera fue acompañada de un fallo en su paracaídas principal que
hizo que se estrellara sobre la superficie.[53] El análisis de las muestras
obtenidas prosigue en la actualidad.
Cálculo histórico del tamaño del Sol y su distancia
Aristarco de Samos fue el primero en hacer estimaciones sobre la
distancia al Sol. No llegó a distancias concretas, sino que estableció
distancias relativas a la distancia entre la Tierra y la Luna. Esperó a
que la fase de la Luna sea de un cuarto exactamente, momento en
que el ángulo Tierra-Luna-Sol debería ser un ángulo recto. Entonces la
hipotenusa del rectángulo sería la distancia de la Tierra al Sol. Para
esto era necesario medir con exactitud el ángulo del Sol respecto a la
Luna, cosa que no es nada fácil.[54][55]
Entonces determinó la distancia y el tamaño del Sol (relativos). Sin
embargo, al ser necesario medir unos ángulos demasiado pequeños,
y sin los instrumentos para ello, no logró la suficiente exactitud.
Determinó que el Sol se encuentra 20 veces más lejos de lo que está
la Luna, y determinó que su diámetro era al menos 7 veces el
diámetro de la Tierra.[55] Según los cálculos actuales, el Sol se
encuentra 400 veces más alejado que la Luna, y su diámetro es
109 veces más grande que el de la Tierra, por lo que fue muy grande
el error de medición.
Para establecer la distancia real de la Tierra a la Luna sugirió un
método utilizando curvatura de la sombra de la Tierra proyectada en
la Luna, durante los eclipses lunares.[56] (Este método fue utilizado
por Hiparco de Nicea posteriormente para calcular esa distancia).
Aristarco, pensando que el Sol era al menos 7 veces más grande que
la Tierra, sugirió que no es el Sol el que gira alrededor de la Tierra,
sino al contrario, por lo que fue el primero en sugerir un modelo
heliocéntrico.[57] Sin embargo, sus ideas no fueron aceptadas por sus
contemporáneos y la teoría heliocéntrica no se retomó hasta 1543, 17
siglos después, cuando Copérnico publicó su libro Sobre las
revoluciones de los orbes celestes.[58][59]
En 1650, Godefroy Wendelin repitió las mediciones de Aristarco
midiendo directamente la distancia al Sol, esta vez con mayores
recursos técnicos que 18 siglos atrás. Llegó a la conclusión de que el
Sol estaba unas 240 veces más alejado que la Luna.[60] Esta vez el
error fue menor, pero el valor todavía menor al que se mide
actualmente.[61]
En 1609, Johannes Kepler abrió el camino para determinar las
distancias relativas de todos los cuerpos del sistema solar, no
solamente de la Luna y el Sol, por lo que, sabiendo la distancia a
cualquiera de los planetas, se podría saber la distancia al Sol.
[62]
Posteriormente, Giovanni Cassini, en 1673, obtuvo el paralaje
de Marte, por lo que logró determinar su distancia. Entonces, sobre la
base de los cálculos de Kepler, determinó la distancia al Sol en
136 millones de kilómetros (esta vez, la distancia se acercó bastante
a los datos actuales, y el error fue solamente de 7 %).[63]
Etimología y mitología
En los estudios lingüísticos se ha comprobado que el
latín Sol proviene del proto-indoeuropeo "*séh2-wl.", siendo así
un cognado de los nombres dados al sol (tanto en calidad de astro
como de figura divina) en otras lenguas indo-europeas, como por
ejemplo el griego Helios (Ἥλῖος), el sánscrito Suria, el báltico Saule y
el nórdico antiguo Sól.[64]En un rango geográfico-lingüístico mucho
más próximo, otros autores han examinado la relación del
latín Sol con el sabino Ausel y el etrusco Usil.[65]
El Sol latino es una transformación del Helios griego, que todos los
días conduce su carro por el cielo desde el este hasta las Hespérides,
en el oeste; allí embarca en una copa dorada en la que cruza el
océano que circunda la tierra hasta la tierra de los etíopes, donde
permanece durante la noche antes de regresar al este.
Saule, diosa báltica de la vida, la fertilidad, el calor y la luz, es la
esposa de Menuo, la Luna, y madre de Žemyna, diosa de la Tierra.
Menuo se enamoró de Ausrine (el lucero del alba, Venus), hija y
sirviente de Saule y diosa de la belleza y la juventud, que todas las
mañanas enciende el fuego y prepara a su madre para su viaje diurno
por el cielo. Por su infidelidad, Menuo fue despedazado por Perkunas,
dios del trueno. Pero Menuo no escarmentó, y el castigo se repite
todos los meses. Menuo y Saule se divorciaron, y por eso ahora Saule
visita a su hija durante el día, y Menuo durante la noche.
En la mitología hindú, Suria es un dios bienhechor que alumbra,
vivifica y alimenta. Conduce un carro tirado por siete caballos, que
representan los siete colores del arcoíris.
La nórdica Sól también conduce un carro a través del cielo, tirado por
dos caballos, Arvak y Alsvid. Es hermana de Mani, dios de la Luna.
Perseguida por un lobo, Sköll o Fenrir, que quiere devorarla, los
eclipses se producen cuando el lobo está a punto de alcanzarla y la
oculta con su sombra. La luz y el calor del Sol proceden de las crines
de los caballos, y son tan intensos que un escudo, Svalin, nos protege
de ellos.
El mito del carro solar también es de origen indoeuropeo, relacionado
con la expansión de este pueblo tras la invención del carro en el
segundo milenio a. C. Más extendido, y más antiguo, es el
emparejamiento de la deidad solar con la deidad lunar, que casi
siempre son esposos, hermanos o enemigos; está presente casi todas
las mitologías del mundo. Generalmente, la deidad solar es
masculina, y la lunar femenina, ya que su ciclo mensual se relaciona
desde antiguo con el ciclo menstrual de la mujer, pero puede ser al
contrario, como en el caso de Saule y Menuo, y como ocurre también
en la mitología turca, con el dios lunar Ay Ata y su esposa, la diosa
solar Gun Ana; en la mitología japonesa, en la que Tsukuyomi, dios de
la Luna, es hermano y esposo de Amaterasu, diosa del Sol; y en la
mitología de los aborígenes australianos, donde Yhi, la diosa solar,
corteja sin éxito a Bahloo, el hombre de la Luna. En otros casos
ambos son del mismo sexo, como ocurre con Sin, dios sumerio de la
Luna, padre de Utu, dios del Sol.
Véase también
Portal:Sistema solar. Contenido relacionado con Sistema
solar.
Ciclo solar 24
Día
Dios solar
Eclipse solar
Energía solar
Evolución estelar
Factor de protección solar
Orto
Sistema solar
Sol de medianoche
El Sol en la ficción
Variación solar
Viento solar
Clima espacial
HD 186302
Notas
1. En algunos documentos es posible encontrar 5.5 billones
de años, error que se comete por una mala traducción
de 5.5 billions del sistema inglés.
Referencias
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