Resumen Módulo 2
Resumen Módulo 2
MÓDULO 2
Introducción
Teniendo en cuenta lo analizado y respondiendo a las preguntas anteriores, intentaremos definir a qué llamamos
economía:
La Economía es la Ciencia Social que estudia la forma de administrar los recursos escasos y disponibles para
satisfacer necesidades humanas.
La Economía es quien brinda las herramientas para tomar las mejores decisiones al administrar.
Por lo tanto, no solo nuestras profesiones, oficios y trabajos están relacionados con el concepto de economía,
sino toda nuestra vida diaria, es decir, las decisiones que tomamos de manera habitual.
El concepto de mercados nos acompaña desde los tiempos más remotos en los que la actividad comercial daba
sus primeros pasos. Siempre que hablamos de necesidades y comercialización, es decir, de ofertas y demandas
de cualquier índole, nos referimos al concepto de mercado.
Mercado
Espacio físico o virtual en los que ambas corrientes (oferta y demanda) se encuentran, se cruzan e intentan
lograr equilibrios para sostener la actividad económica.
Tamaño
Destinatarios
Necesidad
Dinamismo
¿El mercado está en proceso de reconfiguración a partir de nuevas tendencias e inquietudes de sus supuestos
miembros?
Estas y muchas otras preguntas aparecen de manera constante cada vez que hablamos y analizamos mercados.
Por ello, la actividad de interpretar, investigar y analizar mercados es y será una demanda constante de la
humanidad, perfeccionada por hallazgos científicos y nuevas tecnologías, pero esencialmente es y será
humana.
Conceptualmente, todo mercado está destinado a resolver tres cuestiones básicas de la actividad económica
en cualquier rubro o industria:
Históricamente, los mercados han tenido una gran capacidad de supervivencia, adaptándose a distintos
sistemas económicos y regulaciones imperantes; pero siempre con la magia de ser esos puntos de encuentro
entre quienes producen y quienes demandan.
Desde los mercados antiguos y sus regulaciones a los nuevos mercados online o marketplaces basados en
Internet, hay una constante lucha para facilitar el encuentro de oferta y demanda.
Los mercados funcionan, en general, en el marco de dinámicas en las que hay intereses, estrategias, actores
más poderosos que otros, asimetrías de información y regulaciones cambiantes en el tiempo.
El análisis y la actuación en los mercados se lleva gran parte de las energías de la acción empresarial.
Segmentación, diversificación, expansión, desarrollo de nuevos mercados, etc. Son todos términos de
permanente presencia en la deliberación y gestión de todo equipo de management de una organización; más
aún en los tiempos de la cuarta revolución industrial que, como vimos en el módulo anterior, supone una
convergencia acelerada de nuevas tecnologías transversales que impactan en todos los mercados y sectores
de la economía.
Cada día más están los mercados conectados por flujos globales de información e intercambio que amplían y
complejizan sustancialmente las dinámicas de oferta y demanda a escala planetaria.
Capitalismo
Los procesos de creación de valor y el funcionamiento de los mercados que hemos tratado anteriormente, tan
vitales para el funcionamiento de la economía, necesitan desenvolverse en el marco de un sistema de reglas e
incentivos aptos para ello. Este sistema se conoce como el capitalismo, cuyos orígenes hay que buscarlos en
Europa del Siglo XIII cuando comienza a caer el Feudalismo, sistema basado en grandes señores propietarios
de la Tierra, en virtud de títulos de nobleza, y enorme cantidad de vasallos, agricultores y comerciantes que
básicamente aceptaban las reglas de juego sin horizonte de progreso y ascenso social.
El capitalismo se ha ido consolidando y expandiendo por todos los rincones del mundo (aún con distintos
sistemas políticos de fondo) debido a su demostrada capacidad de llevar la producción a las escalas que se
requieren para abastecer las necesidades de personas y empresas, y al mismo tiempo poder incrementar la
productividad, ambos son determinantes para impulsar el crecimiento de la economía.
En otras palabras, el capitalismo es el sistema más afín a la naturaleza creativa de las personas y la dinámica
de la innovación que explica gran parte de la evolución de la humanidad desde las limitaciones más absolutas
propias de la Edad Media, como hemos visto en la secuencia de revoluciones tecnológicas e industriales en el
módulo anterior.
En la base de la lógica capitalista, descansa la consideración de que la rueda de la economía funciona a partir
de los incentivos para crear e invertir por parte de quienes tienen propiedad y acceso a los medios de
producción; y que, al poner en marcha procesos de creación de valor (productos y servicios), siempre se generan
externalidades positivas para el resto de la sociedad además de pagar salarios a los trabajadores, cumplir con
los impuestos del Estado y obtener beneficios en forma de rentabilidad para sus dueños.
Esta es la “teoría del derrame”, sobre la base de la cual esas externalidades o impactos positivos en la sociedad
de la libertad económica se traducen en empleos indirectos; nuevos conocimientos e innovaciones que
resuelven problemas; ascenso social de muchos sectores; y elevación de calidad de vida de la población en
general.
Pero el capitalismo ha tenido y tiene sus lados oscuros y sus cuentas pendientes, por supuesto. Quizás uno de
los pensadores que mejor lo sintetiza actualmente sea Ray Dalio, fundador de uno de los fondos de cobertura
más grandes del mundo llamado Bridgewater Associates y autor del reciente libro titulado Principios (2018),
quien en reiteradas oportunidades ha expresado que el capitalismo se ha mostrado muy eficiente para agrandar
el pastel, pero no para repartirlo. Esto quiere decir que el capitalismo es el mejor sistema para fomentar la
creación de riqueza, pero tiene limitaciones a la hora de generar distribución y equidad entre las personas.
Pues bien, ¿de qué se trata este extremo al que Dalio hace referencia? Básicamente, al componente rentista del
capitalismo que tiene que ver con la multiplicación del dinero a través de la sofisticación de los instrumentos
financieros y que genera enormes movimientos de capital en beneficio de quienes pueden y saben aprovecharlo
en desmedro de mayorías excluidas de dichos procesos. Se trata, en definitiva, de proporciones y de los
mecanismos para producir más dinero a partir de grandes sumas existentes que, en lugar de estar invertidas en
procesos de creación de valor, están puestas en derivados financieros para luego extraer el valor y acumular
rentas, lo que puede socavar las bases mismas del capitalismo que hemos visto anteriormente.
Por ello, el mundo debate hoy cómo introducir mejoras al capitalismo, poner el foco en su versión más
progresista y regular de maneras nuevas su arrolladora fuerza rentista que tiene ya dimensiones globales
(paraísos fiscales, flujos de dinero e inversiones, etc.). Como dice Muhammad Yunus(2019): el dinero termina
fluyendo hacia quien más lo tiene y no a quien más lo necesita y premiando más a los capturadores de rentas
que a los creadores de riquezas.
Capitalismo:
- Ventajas:
1. Incentiva la innovación y la eficacia.
2. Libertad económica.
3. Acumulación de bienes y capitales.
4. Fomenta la creatividad.
5. Fomenta la competencia.
- Desventajas:
1. Redistribución inequitativa de la riqueza.
2. Daño ambiental.
3. Explotación indiscriminada de recursos naturales.
4. Privilegia el interés personal por sobre el colectivo.
En definitiva, revalidar el capitalismo para ponerlo en sintonía con las demandas del Siglo 21 implica encontrar
los mecanismos para justamente ampliar el acceso a la propiedad privada de las mayorías que no están
pudiendo alcanzarlo y reducir las desigualdades como principio moral de mejora del bienestar generalizado,
pero también como mecanismo propio de supervivencia, dado que solo ampliando la capacidad de consumo
de las mayorías puede sostenerse la rueda de la inversión, el crecimiento y el empleo.
Creación de valor
Suele reconocerse que, cuando hay algún tipo de producción de bien o de servicio que alguien quiere y necesita,
siempre se produce creación de valor. Podremos discutir y disentir acerca de los beneficios, los estándares, los
precios y acerca de un sinnúmero de cuestiones vinculadas al tema pero lo central comprender el concepto de
creación de valor.
Creación de valor
Siempre que una manifestación de TRABAJO humano, soportado por un CAPITAL y TECNOLOGÍA, es aceptado
y demandado por alguien que lo ve útil y necesario existe creación de valor.
Como se desprende de la definición anterior, la creación de valor es un flujo o un proceso; nunca es un stock
determinado ni una dotación de recursos naturales ni un compendio de recursos heredados.
Hay creación de valor cuando un proceso combina elementos y recursos, y estos logran un resultado tangible
(una bicicleta eléctrica, por ejemplo) o intangible (una nueva metodología para formar personas para los nuevos
trabajos basados en aplicación de tecnologías, por ejemplo) que resuelve necesidades reales y no en ámbito de
las especulaciones y análisis abstractos.
Siguiendo a Mariana Mazzucato (2019) en El valor de las cosas, podemos profundizar y decir que la creación de
valor económico incluye:
Al ser un flujo o un proceso, la creación de valor se diferencia de la riqueza, que es un stock, es decir, una medida
determinada de algo que se tiene y se acumula a nivel de personas, organizaciones o países. Se puede tener un
fuerte proceso de creación de valor y no plasmarse en una riqueza sostenida (por ejemplo: derroche, fallos de
comercialización, etc.); así como se puede tener un bajo nivel de creación de valor y tener mucha riqueza
acumulada (por ejemplo: patrimonio, monopolios, etc.). Una de las principales cuestiones a las que se enfrenta
la cuestión del valor es cómo se cuantifica, como se mide la creación de valor. En general, las sociedades han
ido resolviendo que el valor se traduce en precios que alguien define y alguien paga.
Dentro de la dinámica en la que se considera y desenvuelve la creación de valor en las comunidades humanas,
una buena parte del análisis se lo lleva la extracción de valor, que siempre existe cuando el valor económico es
capturado por personas u organizaciones en forma de rentas y beneficios. En general, y salvo excepciones de
sistemas o culturas, es válido que cualquier actor vinculado a procesos de creación de valor pueda capitalizar
los retornos que estos pueden generar en forma de rentas particulares o grupales, más aún considerando que
de esas apropiaciones de rentas vienen los procesos de reinversión, los que son vitales para la continuidad de
la secuencia de creación de valor.
El problema emerge cuando en una economía son más fuertes los procesos de extracción de valor que los de
creación; o, al menos, cuando los primeros logran equiparar a los segundos. Específicamente, el problema se
enfoca en el sector financiero y la diversidad de instrumentos que han creado para que las personas arriesguen
y obtengan rentas. En general, no siempre, las finanzas a través de los bancos y otros actores propios del sistema
suelen ser consideradas por muchos analistas y autores como puramente propias del segmento de la extracción
de valor y no del enorme esfuerzo por crearlo.
Uno de los tantos ejemplos relevantes que podemos identificar en materia de creación de valor es la reciente
cadena de hoteles llamada Selina. Esta fue concebida a partir de una experiencia puntual de sus fundadores al
intentar modelar un espacio de alojamiento turístico de características distintas a los que se encontraban en el
mercado, y es definida como un espacio de encuentro y conexión con otras personas, más que de hotelería en
sí misma. Hay allí una variable humana que se traduce en el combo de servicios y prestaciones ofrecidos, que
emerge como más relevante que la necesidad primaria de alojarse y pernoctar. Hablamos del encuentro entre
personas, la conversación, el intercambio, la camaradería y la sociabilidad. Quizás por ello esta cadena de
hoteles, presente ya en varios países del mundo, entre ellos la Argentina, es habitualmente conocida como el
hotel de los millennials, colectivo muy afín a los valores de la cooperación y los vínculos.
Una declaración de su propuesta de valor es: “Si buscas una experiencia única, de inmersión y llena de
propósito, estás buscando Selina” (Selina, s.f. [Link]
Hacer de esos edificios con habitaciones y salones para alojarse verdaderos espacios de construcción de
comunidad entre las personas, que en cada momento recalan allí, era el desafío a lograr a través de la propuesta
de valor de Selina, es decir, a través de la oferta expresada en una combinación de elementos debidamente
armonizados como para poder ser ejecutados y traducidos en un precio a pagar.
¿Cuál es entonces exactamente la creación de valor de Selina? Haber encontrado una fórmula para
reinventar la hospitalidad a través de poner al huésped en el centro y entender que dentro de sus necesidades
primaba la conexión y bienestar compartido. Es a partir de esa hipótesis que se construye la propuesta de valor
que resulta acertada y, a partir de elementos tangibles (locaciones) e intangibles (diseño, actividades,
flexibilidad de servicios, etc.), se valida lo que llamamos ‘creación de valor’ que alguien demanda y paga.
¿Es un sector en el que ya había oferta? Sí, el sector hotelero tiene múltiples opciones, inclusive la industria se
encuentra en plena disrupción a partir de modelos de plataforma y propiedades de particulares, como Airbnb.
Por otra parte, y fiel a la ideología de construcción de comunidad que define a Selina, todos sus
establecimientos ponen en marcha un programa constante de voluntariado e impacto en las comunidades en
las que están instalados los hoteles. El programa se llama “Selina Gives Back” y compromete el 2 % del tiempo
del total de los colaboradores de los hoteles para actividades que contribuyen a las comunidades en las que
están instalados e invitan también a los huéspedes de cada momento a sumarse a dicho modelo que se traduce
en múltiples actividades de impacto. Todo esto y mucho más da vida al concepto de creación de valor que
estamos viendo en la presente lectura y para el que los humanos, trabajando juntos, somos especialmente
aptos.
¿Alguna vez te has preguntado cómo puedes crear valor?
En este video, te invitamos a descubrir el poder que todos tenemos para crear valor. No importa quién seas, qué
profesión tengas o dónde te encuentres en la vida, tienes el potencial de generar un impacto en el mundo que
te rodea. Todos tenemos algo valioso que ofrecer.
Y ACTIVIDAD
Introducción
Retomando la lectura anterior, era necesario el desarrollo de un concepto capaz de capturar con precisión ese
flujo de creación de valor constante que mencionamos, que tiene su hábitat en el mercado y que parece además
tener un correlato de destrucción o muerte de otras expresiones de valor que parecen entrar en la obsolescencia
o bien ser desplazadas por otras mejores. La destrucción creativa vino a llenar ese vacío conceptual.
Fue originalmente introducida por el sociólogo Werner Sombart, pero Schumpeter fue quien fortaleció y
popularizó el concepto en su legendario libro Capitalismo, socialismo y democracia de 1942.
Destrucción creativa
En una economía de mercado, es natural que algunas empresas o negocios ingresen en zona de quiebra al no
poder responder de forma eficiente a los cambios en las demandas y los mercados.
Justamente, en esas asimetrías de mercado, es en las que aparecen las oportunidades para el diseño de nuevas
soluciones, productos y servicios. Schumpeter (1942).
“La destrucción creativa es el proceso mediante el cual las empresas que no son capaces de innovar y mantener
relevancia tienden a desaparecer, dejando sitio a las empresas innovadoras que mejor se adaptan a las
necesidades de los consumidores” (Schumpeter, 1942).
Es muy difícil que una empresa con operaciones y procesos organizados pueda reconvertirse para capturar
rápidamente las nuevas oportunidades. Por ello, es natural aceptar e incluso es necesario promover el proceso
por el cual nuevas empresas capturan los recursos o factores de producción liberados por las que cierran para
poner en marcha nuevos negocios en condiciones de acertar en las cambiantes aguas de los mercados y generar
ganancias a sus protagonistas. Por ello, Schumpeter (1942) consideró a la destrucción creativa como la esencia
misma del sistema capitalista.
Destrucción creativa
Figura 2: Smartphone
Hay, en el análisis del autor, un trasfondo vinculado a los ciclos económicos de las economías de mercado: en
los momentos de expansión y alto consumo, las empresas existentes suelen atravesar procesos de distensión
que se traducen habitualmente en menores eficiencias de producción y distribución. En otros términos, las
empresas suelen engordar sus operaciones, gastar de más y reducir la tensión que supone la productividad y
los resultados. Cuando el ciclo cambia y llegan los eventos de recesión, muchas empresas no pueden acomodar
sus operaciones, se endeudan, pierden la conexión con el mercado y cierran. Siempre aparecen nuevos
emprendimientos y negocios que interpretan con energía y eficacia las demandas del mercado y pueden iniciar
el ciclo virtuoso de satisfacerlas. Así funciona la destrucción creativa schumpeteriana.
Para Schumpeter (1942) eran seis los factores que podrían desencadenar la destrucción creativa:
No siempre puede establecerse un paralelismo entre la destrucción de una empresa o negocio y el surgimiento
de uno nuevo que ofrece una propuesta superior en el marco de la economía de mercado, pero, si lo miramos
en forma global, es una dinámica que suele darse de manera progresiva en el tiempo en todas las industrias.
Mientras algunas compañías y modelos de negocios van perdiendo ventas y rentabilidad, otras comienzan a
explorar con innovaciones que van consiguiendo los primeros clientes (early adopters) hasta poder organizarse
como empresas y entrar en un espiral de crecimiento que, a veces, puede adquirir un nivel exponencial.
En sintonía con este famoso abordaje, en 1997 Clayton Christensen lanzó su libro El dilema del innovador y
renovó el enfoque. Para este autor, las empresas establecidas, más allá de los ciclos de la economía, siempre
tienen una dificultad mayor para emprender las innovaciones que el mercado demanda frente a la capacidad
audaz y disruptiva de las compañías más pequeñas y de reciente creación.
Cuando compañías, habitualmente conocidas como startups, logran, a partir de su agilidad, producir
disrupciones en el mercado (cambios radicales), sucede el DILEMA DEL INNOVADOR. La empresa establecida,
que se ve amenazada, de repente se plantea si lo conveniente es resistir, proteger y reforzar sus productos y
servicios o lanzarse a construir lo nuevo y riesgoso con todas sus energías y recursos.
La lógica de gestionar negocios maduros y conocidos entra en colisión con la invitación a incursionar en los
imprevisibles ciclos de la creación e innovación. Este dilema suele someter a las empresas establecidas en
procesos de duda y validación que los deja heridos de muerte frente a nuevos competidores. El momento
adecuado para romper un modelo de negocios que ya dio sus máximos beneficios y lanzarse a crear el nuevo,
que deberá pasar por etapas de alto riesgo, es la clave que el management tradicional no suele ser capaz de
resolver exitosamente.
Los incentivos de una empresa establecida y de tamaño mediana o grande suelen ser siempre mantener y
expandir sus negocios actuales. Esto especialmente debido a la inclinación a amortizar al máximo las
inversiones ya realizadas en períodos anteriores, la aversión que suele existir a la exploración de nuevas
tecnologías aún no validadas del todo y la tendencia a subestimar el impacto de las propuestas de valor de
nuevos competidores, que suelen empezar en versión muy pequeña pero que, al acertar en el mercado, pueden
explotar hacia arriba de forma muy vigorosa. A pesar de todo ello, y como bien lo explicó Christensen (1997) con
El dilema del innovador, existen muchas empresas que logran superar sus límites y transformar sus negocios
antes de caer en la obsolescencia.
Apple, compañía creada por Steve Jobs, es uno de los mejores ejemplos del fenómeno de la destrucción creativa
y del dilema del innovador.
Apple es el mejor ejemplo debido a su capacidad en las primeras etapas de su vida (fines de los 70, principios
de los 80), para imaginar el futuro de la tecnología para uso individual y diseñar productos absolutamente
novedosos.
Siendo una compañía enorme con miles de empleados, sigue asumiendo el riesgo y el costo de crear nuevas
categorías de productos antes que priorizar lo logrado y dejar el campo de la innovación más disruptiva a los
nuevos competidores.
Como bien expresa Gary Hamel (2012): “puede que algún día Apple sea víctima de su propio éxito (como ocurre
con la mayoría de las empresas), pero, si llegara a suceder, seguiría siendo una de las compañías más
extraordinarias de la historia. Estaría sin dudas dentro de las primeras tres, junto con Ford, que inventó la
producción en masa, y General Electric, que ha liderado el campo de las buenas prácticas de gestión por más
de un siglo” (2012, p. 101).
Factores de Apple
Siguiendo a Gary Hamel (1997), podemos identificar un conjunto de factores que le han permitido a Apple
convertirse en un modelo de compañía que actúa con éxito en las redes de destrucción creativa y dilemas del
innovador:
1. Redefinir las bases para la competencia: A partir de su fortaleza en el diseño y experiencia de usuario,
le ha sacado enormes ventajas a sus competidores.
2. Fusionar hardware y software: A través de una interacción virtuosa entre ambos, Apple logró niveles de
excelencia que eran impensables anteriormente en esta fusión.
3. Dominar variedad de tecnologías: Utilizar tecnologías complementarias, como semiconductores,
materiales de última generación, baterías, empaque de componentes, desarrollo de aplicaciones,
diseño industrial, etc. No hace falta hacer todo de manera directa para tener competencias
sobresalientes en varios campos.
4. Capturar y retener a los clientes: Atrapar a los clientes con encanto. Construir deliciosas experiencias
para capturar y retener a los clientes ha sido siempre una destreza especial de esta compañía.
5. Red de desarrolladores externos: La competencia no es entre aparatos, sino entre ecosistemas de
tecnología, por ello Apple ha cultivado una creciente red de programadores que hacen aplicaciones
fantásticas para el sistema operativo de Apple.
Emprendedores
Como se desprende del apartado anterior, hay en la economía de mercado un actor fundamental para su
funcionamiento: el emprendedor, que inicia proyectos de nuevas empresas a partir de la visualización de una
oportunidad de negocios. Y es la expansión y diversificación de los emprendedores, tan vigente actualmente en
la gran mayoría de las sociedades, lo que constituye una disciplina de estudio y una economía emprendedora
que adquiere patrones, características y proyecciones propias inmersas en la economía en general pero con
muchos matices y particularidades.
Emprendedor
El término emprendedor viene del francés entrepreneur. Distintos autores, a lo largo de la historia, se encargaron
de ir definiendo a este tipo de personas audaces.
1. Richard Cantillon (1775): Personas que desarrollaban o compraban artesanalmente algún producto
para luego venderlo a precios mayores.
2. Jean-Baptiste Say (1803): El emprendedor deja de ser solo un comerciante, con habilidades para ser un
visionario que desarrolla actividades con mejores proyecciones.
3. Peter Drucker (1985): Aquel que pone en marcha un nuevo negocio que pueda demostrar hacer algo
distinto a lo establecido (innovación), a lo que las actuales empresas ya ofrecen en un sector
determinado.
En síntesis, más allá del tipo de negocio, el sector de la industria que se trate, las características personales del
emprendedor, el grado de innovación que implique su propuesta de solución frente a lo establecido, se
considera que hay evento emprendedor cada vez que se produce ese encaje entre problema (o necesidad) de
alguien y la solución que se crea para capturar dicha oportunidad. No hay propuesta de solución (producto o
servicio) sin capacidad de identificar e interpretar un problema que alguien necesita resolver pagando,
problemas que son de los más diversos desde problemas emocionales, urgentes, materiales, sociales,
específicos, amplios, etc. Y no hay necesidades o problemas que no puedan ser cubiertas con alguna creación
de producto o servicio que los emprendedores y sus equipos sean capaces de crear.
¿Quién es un Emprendedor?
Es una persona que identifica una necesidad de mercado y es capaz de imaginar y poner en marcha una
propuesta con solución viable de ser comercializada a partir de la organización de un equipo y de procesos de
trabajo para ello.
Jeffrey Timmons (2007), presenta un modelo de emprendedor: alguien que logra resolver con éxito tres grandes
cuestiones que, combinadas, conforman un nuevo emprendimiento.
Hay oportunidad cuando se logra visualizar un colectivo de personas u organizaciones que necesitan resolver
un problema o necesidad. Esto no puede ser un invento o imaginación del emprendedor (podría ser muy útil para
un soñador o inventor), sino algo concreto y real que pueda fundamentarse con evidencias concretas. Hay
muchas preguntas asociadas al concepto de oportunidad, como las relativas al tamaño de ese mercado que se
advierte, en qué etapa de maduración se encuentra este, qué tendencia tiene ese mercado, qué nivel de
competidores existe, etc. Pero lo fundamental es que exista un problema que pueda definirse y alguien que a
priori estaría dispuesto a pagar por ello.
Los emprendedores son personas comunes con alto estándar de sensibilidad para percibir esas problemáticas
basadas en necesidades de las personas y las convierten en oportunidades al reunir recursos y, especialmente,
un equipo que permita poner en marcha un intento viable de solución. No son personas extraordinarias (o al
menos no todos), dado que, si bien los talentos personales y las experiencias vividas pesan mucho a la hora de
emprender, las evidencias demuestran que tanto las habilidades técnicas y emocionales que se requieren para
protagonizar un proyecto emprendedor pueden adquirirse y desarrollarse si existe la voluntad y la determinación
para ello.
Startup y su metodología
Así como en el año 2009 el Business Models Canvas revolucionó la metodología para imaginar y diseñar un
nuevo negocio, en 2011, Eric Ries hizo lo propio con la metodología para probar y ejecutarlo. Con el famoso
método denominado lean startup, pudimos tener, por primera vez, un abordaje sistemático y metódico para que
el proceso de poner en marcha un negocio comenzara a estar más basado en la evidencia que en la intuición, lo
que baja enormemente los riesgos de muerte progresiva de un nuevo negocio. Para ello, Eric Ries puso en claro
qué es una startup.
Startup es una organización diseñada para crear nuevos productos y servicios bajo condiciones de extrema
incertidumbre y, una vez que los crea y los valida en el mercado, pasa a ser una empresa.
En paralelo, Eric Ries se propuso vencer el prejuicio de que el espíritu emprendedor no debía estar sometido a
reglas y pasos para su creación, dado que se trataba del ámbito donde supuestamente primaba la creatividad y
la intuición. Fue categórico en afirmar que el emprendimiento requiere un tipo de management especialmente
pensado para el proceso de creación de un nuevo negocio; y la metodología lean startup fue la solución.
¿Qué es un MPV?
Se trata de “aquella versión del producto que permite dar una vuelta entera al circuito de crear, medir y aprender
con un mínimo de esfuerzo y el mínimo tiempo de desarrollo” (Ries, 2011, p. 91.).
Un MPV puede ser un modelo físico, un diseño digital en computadora, un diagrama, una infografía, una
simulación, etc. Cualquier mecanismo temprano que refleje las características del producto o servicio
imaginado con el menor costo posible reúne las condiciones para ser un MPV y habilitar el circuito de
aprendizaje que requiere una startup. De la mano de este concepto, tenemos al “pivote”, que simboliza el
cambio que se decide hacer cuando se advierte que el producto o servicio, ya probado a través de un MPV, no
se adapta bien a las necesidades del consumidor según el aprendizaje validado en el mercado por el equipo
emprendedor
Cientos y miles de startups del país y del mundo podrían servirnos de ejemplo para desarrollar los conceptos y
metodologías recorridas en la presente lectura. El fenómeno emprendedor no para de crecer y responde, más
allá de matices culturales o sistémicos, a criterios bastante universales propios de este mundo de la innovación
y puesta en marcha de nuevos negocios.
Entre las startups que podemos mencionar como ejemplo encontramos en Argentina a Kilimo, una empresa que
comenzó poco antes de 2016 como una startup latinoamericana enfocada a la gestión del agua en la agricultura.
La empresa vio en el campo una gran oportunidad: “la industria agrícola en países en vía de desarrollo utiliza
arriba del 85 % del agua de la región" (s.f., [Link] Los protagonistas tenían como objetivo central
desarrollar modelos tecnológicos para un entorno que en muchos sentidos significaba un gran desafío. Kilimo
funciona como intermediario y enseña a sociedades agrarias enteras a recuperar, salvar y proteger el agua para
obtener el recurso económico.
El paradigma digital que conlleva la cuarta revolución industrial moldea todas las actividades de nuestro tiempo.
No hay sectores o dimensiones de la vida humana inmunes al cambio tecnológico y a la extrema digitalización
en la que estamos inmersos. En la presente lectura nos concentraremos en el impacto que todo ello tiene en la
actividad económica y empresarial, que configura lo que podemos denominar una verdadera economía digital,
con características, actores e implicancias específicas.
La era del acceso y la economía del long tail
En el año 2006, Chris Anderson encontró un término para reflejar la economía digital que se estaba configurando
a partir de la expansión de internet y la rápida proliferación de novedades tecnológicas complementarias. Ese
término fue “long tail” o larga cola.
Previo a Internet, la nube y los móviles, producir, comercializar y entregar productos o servicios era más caro y,
en general, estaba sujeto a fuertes limitaciones de espacios físicos y complejas logísticas de traslado. Es con la
expansión de productos y servicios basados en tecnologías digitales, ya sea total o parcialmente, como se
multiplican las posibilidades de descubrir y atender nichos de mercado dispersos geográficamente por el
mundo y hacerlo sin alterar las premisas de rentabilidad que todo negocio requiere tener.
NICHO DE MERCADO
Según Philip Kotler (2003), un nicho de mercado es un grupo de personas (más pequeño que un segmento de
mercado) con necesidades y/o deseos específicos, voluntad para satisfacerlos y capacidad económica para
realizar la compra o adquisición.
De repente, explica Chris Anderson (2006), dejó de ser necesario ser masivos (grandes hits) para ser rentables.
Una compañía en la era de Internet ya no tendría el destino de ser pequeña y local/regional o bien enorme para
ser global. Un renovado espacio de lo pequeño y global comenzaba a ser posible, dado que la digitalización
tendía puentes a costos decrecientes que podrían ser utilizados por todas las empresas, independientemente
de sus tamaños, para producir, vender y entregar.
Si bien esta economía del long tail simboliza en gran medida la proliferación de productos y servicios digitales
puros, es decir, en bits y no en átomos (Spotify, Netflix, Amazon, Salesforce, Dropbox, Slack, etc) no tiene
aplicación exclusiva para ellos. En empresas con productos o servicios que aún siguen siendo físicos, basados
en átomos, la digitalización en red ha favorecido una fuerte reducción de costes y ha expandido las posibilidades
de promoción y distribución de manera tal que también gozan de la llegada rentable a nichos del mercado
dispersos por el mundo (Apple, Samsung, LG, Beats, Nike, L'Oréal, etc.).
La larga cola del gráfico que vimos más arriba puede alargarse sin límite, dado que de alguna manera refleja la
capacidad de los actores empresarios en la era digital para hacer que todos los productos y servicios estén cada
vez más disponibles y para ayudar a la gente a encontrarlos, conocerlos y compararlos. Pensemos en Lego, por
ejemplo, el fabricante de juguetes oriundo de Dinamarca. En las cadenas de jugueterías físicas, Lego siempre
se topaba con una limitación de la capacidad de inventario (stock) y exhibición para su diversa cartera de
productos, pero en su propia tienda online o la de terceros que comercializan juguetes (Mercado Libre, por
ejemplo) pueden ofrecer más de mil variantes de productos y hasta invitar a la comunidad de niños en el mundo
que diseñen sus propios juguetes utilizando las capacidades de Lego. Todo ello es ampliación de mercados y
capacidad de atender y servir a nichos globales, antes dispersos y poco rentables.
Tres son las fuerzas que, según Anderson (2006), se conjugan para generar esta baja de costes que habilitan la
captura de nichos de mercado en condiciones rentables:
Coste decreciente
Para introducirnos en la temática buscando aplicaciones prácticas, en nuestra vida diaria, de costos
decrecientes, podemos preguntarnos:
Figura 3: Preguntas
Un elemento de presencia transversal en todo este proceso de construcción de la economía digital es lo que se
conoce como la creciente disminución de los costos decrecientes. En las distintas industrias y actividades,
gracias a la potencia de las nuevas tecnologías interconectadas, producir unidades adicionales de bienes o
servicios es cada vez más barato. A priori y en términos generales, esto es positivo para las sociedades porque
costos más bajos siempre pueden traducirse en precios más accesibles que favorezcan el acceso al consumo
de los sectores con menos recursos.
Como expresamos en el primer módulo, la inteligencia artificial es la tecnología más transversal de la cuarta
revolución industrial y es considerada la nueva electricidad que impulsará la producción de bienes y servicios y
también una nueva oleada de crecimiento de la productividad mundial, en el futuro próximo. Sabemos que esta
tecnología tiene, para su funcionamiento óptimo, un insumo fundamental: los datos.
Es a partir de la correcta definición, recolección, almacenamiento y relacionamiento de datos que podemos
poner en marcha algoritmos matemáticos y modelos predictivos, que nos permiten entender mejor las
realidades complejas y tomar decisiones de valor.
Es en esta economía digital que venimos considerando en el presente módulo en el que los datos adquieren la
categoría de capital fundamental de los procesos productivos y de servicios. Solo a partir de la extrema
digitalización de actividades y procesos y la Internet es posible hacer de los datos una provisión constante y
abundante sobre distintos aspectos vinculados al comportamiento humano y de las organizaciones.
Es en esta economía digital que venimos considerando en el presente módulo en el que los datos adquieren la
categoría de capital fundamental de los procesos productivos y de servicios. Solo a partir de la extrema
digitalización de actividades y procesos y la Internet es posible hacer de los datos una provisión constante y
abundante sobre distintos aspectos vinculados al comportamiento humano y de las organizaciones.
Lo mismo puede existir en otras áreas de una empresa, no solo en aquellas con orientaciones propiamente
comerciales. Sucede en áreas como Recursos Humanos, en Finanzas, en Logística, en Servicios, etc.
Cuando existe una activa estrategia de datos en una organización, el funcionamiento de esta cambia por
completo. La lentitud que suelen generar los organigramas con muchos gerentes y mandos medios, cede frente
a una renovada agilidad a partir de metodologías de trabajo que son viables a partir de disponer de los datos en
tableros virtuales con actualización en tiempo real. Las decisiones comienzan a estar basadas en evidencia y
en modelos de datos, bajando la carga de intuición y subjetividad que siempre conllevan. Los largos ejercicios
de deliberación y planificación se transforman en instancias analíticas continuas, no lineales y horizontales que
ayudan a construir culturas organizacionales ágiles, innovadoras y eficientes.
En este contexto, lo más preocupante tiene que ver con una derivación de la extrema capacidad de manejar
datos de millones de personas por parte de algunas grandes empresas propias de la economía digital y que
llegan a socavar las bases mismas de la economía del long tail (democratización y diversidad). El símbolo de
esta problemática está reflejado en las siglas GAFA, que hacen alusión a las cuatro grandes corporaciones que
lideran la avanzada era de la digitalización, que son Google, Amazon, Facebook y Apple. Si bien muchas otras
compañías despliegan exitosos desempeños en la economía digital (Microsoft, Tesla, Alibaba, Uber, etc.), es la
masividad sin límites de estas compañías, cada vez más diversificadas en negocios y con mayor cantidad de
empresas menores adquiridas, la que dispara una alerta rotunda sobre la concentración de poder que se está
generando en muy pocas manos corporativas.
Al desplegar modelos de negocios en los que la potencia radica en la expansión constante de usuarios
registrados y conectados, estas compañías han crecido de manera exponencial y han llegado a disponer
actualmente de las bases de datos más grandes y poderosas del mundo con nuestros gustos, hábitos y
comportamientos. Gran parte de la apuesta del capitalismo por experimentar y arriesgar se ve reducida en estas
corporaciones a ejercicios de predicciones cada vez más acertadas, a partir de la data que disponen, para
vender productos y servicios (o para regalarlos a cambio de fidelidad).
Pero, además de esta super instancia de poder global que son las GAFA, el modelo de negocios de plataforma
que estas operan en mayor o menor medida es el que simboliza el riesgo del poder ilimitado de las nuevas
compañías nativas de la economía digital. Se conoce como el riesgo del ganador que se lleva todo un mercado
y se expande en compañías de distintos rubros actualmente.
Negocio de plataformas
Es un modelo que permite bajar al mínimo posible la fricción entre oferta y demanda y logra tener cantidades
crecientes de usuarios y clientes registrados y monitoreados para, a partir de allí, poder promover y distribuir
sus productos y servicios con mayor eficacia.
En las empresas basadas en plataforma, opera el llamado efecto red. Esto implica que, al tener mucho
conocimiento de los usuarios de forma barata, pueden ofrecer propuestas de valor que generan mucha
atracción de usuarios y esa constante expansión de usuarios se traduce en incrementos constantes de la oferta,
como lo demuestran Uber, Booking, Airbnb, Linkedin, etc. Estos negocios de plataforma permiten aprovechar al
máximo la eliminación de fronteras de la economía digital, logrando enormes escalas de operación para sus
negocios con bajísimos costos de distribución. Pueden tener oficinas locales en muchos países, equipos de
atención personalizada en ellos y una buena cantidad de empleados, pero, en general, el diseño organizacional
es aplanado y bien propio de las economías de escala. Mucho más aún en los modelos de plataforma cuyas
prestaciones son realizadas por una red de colaboradores reclutados y preparados por la compañía, pero sin
llegar a tener relación de dependencia con esta (Uber, Lift, Rappi, etc).
Recapitulando, si la economía digital se expresa en un modelo de nichos dispersos que permiten ser atendidos
por empresas ágiles y eficientes de cualquier parte del mundo; si el acceso de consumidores a mirar, comparar
y comprar se ha multiplicado de forma exponencial; si los datos son los que mandan y hoy pueden gestionarse
de forma inteligente porque disponemos las tecnologías para ello; y si las empresas nativas de la era digital,
entre ellas, las que operan con modelos exponenciales de plataformas, son una realidad que define mucho el
funcionamiento de la economía y las empresas de nuestro tiempo, estamos ante un cambio empresarial de
grandes proporciones y no hay empresas inmunes a ello.
La economía digital no es un reducto propio de esas atractivas startups que han nacido en los últimos 15 años
al influjo de la expansión de Internet, la nube y los móviles. Es mucho más que eso y convoca a adaptarse a
todos los actores que pretenden generar resultados en los tiempos actuales. Por ello, el elemento más presente
en los desafíos del management actual es lo que se conoce como “transformación digital” de las empresas.
¿Es acaso simple transformar el modo de funcionamiento de una compañía con años de historia, procesos
instaurados en todas sus áreas, gerentes y empleados acostumbrados a determinados patrones de actuación y
culturas para entenderse y trabajar juntos? Absolutamente no. Es una tarea titánica para cualquier empresa y,
por ello, todas están sometidas al riesgo de no poder hacerlo en tiempo y forma, de modo tal de quedar
totalmente a la deriva de nuevas empresas disruptivas y digitales que puedan atender mejor a sus mercados y
desplazarlas. Los ejemplos de Kodak, Blockbuster, Blackberry y otras compañías que fueron superadas por
competidores más ágiles y asertivos con el mercado desparraman pánico en la comunidad empresarial del
mundo.
Transformación digital
Hay tres grandes certezas respecto al significado y alcance de la transformación digital de empresas y
organizaciones que estamos recorriendo:
- Nuevo modelo: No se trata de aplicar una técnica específica o una tecnología puntual a alguno de los
procesos de la empresa, como por ejemplo podría ser subirse a la tendencia del marketing digital y el
comercio electrónico. Estas acciones pueden ser componentes relevantes de una estrategia digital,
pero en sí mismas no alcanzan. Se requiere una revisión y transformación total. Revisar pilares
fundamentales
- Cambio estratégico especifico: No existe una botonera o receta de éxito asegurado. No se trata de seguir
pasos lineales y aplicarlos para llegar a esta adaptación. Un proceso de transformación digital supone
un camino estratégico cargado de sentido, definiciones, experimentaciones, mediciones y aprendizajes.
Así una empresa avanza sólidamente en dejar atrás su modelo de funcionamiento previo a la revolución
digital.
- Demanda actual: No se trata de una moda. La transformación digital no se trata de una opción como lo
son el tipo de productos o servicios que se deciden hacer o los mercados a los que se decide apuntar.
Es una necesidad para operar en un mundo en el que las personas y las tecnologías trabajan juntas,
basadas en el poder de los datos y los imperativos de ser ágiles para responder a las demandas del
mercado.
En este marco, existen muchos modelos, caracterizaciones y teorías sobre la transformación digital de las
organizaciones. Vamos a tomar un modelo que nos parece especialmente apto para comprender la dimensión
y los componentes de este proceso. Se trata del modelo de “empresas biónicas” creado por el Boston
Consulting Group (BCG). El concepto de biónicas refleja muy bien el epicentro de la economía digital y la
consecuente transformación que se pide a las empresas. Es la biología (la humanidad) la que puede y debe ser
potenciada por la electrónica y la tecnología en general para generar adaptación al entorno y mejores resultados.
Para este modelo, es la humanidad revalorizada por las nuevas tecnologías la que prima en repensar una
empresa a partir de darle sentido a la gran pregunta: ¿Para qué estamos juntos? Aquí aparece la noción de
propósito, tan importante como la de estrategia para actuar. A partir de ello es que toda empresa necesita
trabajar sobre cuatro grandes habilitadores para lograr resultados a partir de la transformación digital; dos
propios del campo de la tecnología y otros dos propios del terreno humano.
Habilidades tecnológicas
- Datos e inteligencia artificial: Los datos son la sangre de las empresas, por eso deben desarrollar la
capacidad óptima de recopilarlos y administrarlos.
- Tecnología modular: La tecnología en una empresa ya no se explica por sistemas y artefactos estancos,
adquiridos con fines específicos y cada uno en su lugar. La nube, la estandarización de sistemas, las API
para integrarlos entre sí y muchas otras innovaciones tecnológicas permiten pensar la tecnología como
una arquitectura en constante modularización basándonos en las necesidades del negocio.
- Talento digital: Todo indica que las tecnologías harán las tareas más repetitivas de las empresas. Por ello,
los humanos necesitaremos cada vez más desarrollar capacidades personales, interpersonales y
digitales para operar en sistemas basados en tecnologías. Desarrollar ese talento expandido es vital para
la transformación digital.
- Organización, cultura dinámica y flexible: Se apunta a un funcionamiento más afín a las plataformas que
a los organigramas, con procesos ágiles (metodología agile) en toda la organización y liderazgos más
transversales y conversacionales.
El trabajo profundo y sostenido de los cuatro habilitadores antes mencionados permite a una organización lograr
avances en transformación digital y específicamente lograr los siguientes resultados concretos:
Nuevas economías
El impacto que la revolución digital actual tiene se basa, sin duda, en la actividad económica y empresarial,
configurando lo que podemos denominar una verdadera economía digital, con características, actores e
implicancias específicas.
Los recursos claves de las empresas y organizaciones para ser eficaces en entornos digitales actuales son:
Se puede advertir en estos y muchos otros abordajes que se proyecta, bajo el paraguas de las nuevas
economías, cierta inclinación a proponer fórmulas superadoras al capitalismo tradicional y las empresas
habituales basadas en el lucro y el beneficio a los accionistas.
Para ello, es imprescindible como venimos viendo, la digitalización que permite el manejo más eficiente de
grandes volúmenes de información y datos. Te compartimos un breve artículo publicado por el Observatorio del
Futuro de Universidad Siglo 21, sobre una innovación reciente que permite teletransportar información.