Bienvenido/a Jorge Proaño Balsera
FAVORITOS
|ÚLTIMOS ARTÍCULOS LEÍDOS
1.
Inicio
2. Control y seguimiento
de las enfermedades crónicas más prevalente
s
3. Enfermedad renal crónica
ANTERIORSIGUIENTE
14. Control y seguimiento
de las enfermedades crónicas más prevalentes
14.12. Enfermedad renal crónica
Añadir a favoritos
¿DE QUÉ HABLAMOS?
Introducción
Actualmente, la denominación más aceptada
cuando se habla de daño renal producido por
cualquier causa es la de enfermedad renal
crónica (ERC). Por lo tanto, será el término
utilizado en este capítulo.
La ERC se considera un problema de salud
pública, ya que es un factor de riesgo
cardiovascular independiente y aditivo y
aumenta la mortalidad en la población general.
El riesgo de morbimortalidad cardiovascular
aumenta con el estadio evolutivo de la ERC y es
muy superior al riesgo de progresión de
insuficiencia renal avanzada.
La detección y el tratamiento precoces son
fundamentales para el pronóstico, y de ellos
depende la futura necesidad de tratamiento
sustitutivo. La implementación, en los sistemas
de salud, de programas específicos para reducir
las consecuencias de la ERC se consideran
estrategias básicas de salud pública.
Conceptos iniciales
La ERC se define como la incapacidad
permanente e irreversible del riñón para cumplir
sus funciones: concentrar la orina, mantener la
homeostasis interna, producir hormonas como
la eritropoyetina y excretar. Por lo tanto, incluye
la presencia de una o ambas de las siguientes
situaciones durante al menos tres meses:
Descenso del filtrado glomerular estimado
(FGe): < 60 mL/minuto/1,73 m2 .
Daño renal diagnosticado por biopsia renal o
por métodos indirectos (albuminuria,
alteración del sedimento urinario o
alteraciones en pruebas de imagen).
El diagnóstico no ha de basarse en una única
determinación del FGe o de la albuminuria, y
siempre debe confirmarse.
La presencia de albuminuria (excreción urinaria
de albúmina ≥ 30 mg/g) es un factor pronóstico
relacionado con la mortalidad, los
acontecimientos cardiovasculares y el inicio de
diálisis. Para el diagnóstico y la valoración de la
afectación renal, las guías recomiendan
determinar la excreción urinaria de albúmina en
una muestra de orina de primera hora de la
mañana mediante la determinación del cociente
albúmina/creatinina (CAC) y determinar el FGe
con el uso de la ecuación Chronic Kidney
Disease-Epidemiology Collaboration (CKD-EPI).
Esta ecuación se basa en métodos de creatinina
estandarizados y proporciona ventajas
adicionales respecto a la ecuación MDRD-IDMS,
como una mayor exactitud y una mejora de la
capacidad predictiva del FGe, así como la
predicción de mortalidad global y cardiovascular
o del riesgo de presentar una ERC terminal. Se
recomienda, por lo tanto, sustituir esta ecuación
por las fórmulas anteriormente utilizadas (figura
1).
Las ecuaciones basadas en la creatinina sérica
no son útiles en las siguientes circunstancias:
Índice de masa corporal extremo (IMC < 19
kg/m 2 o > 35 kg/m2 ).
Dietas especiales o malnutrición.
Alteraciones de la masa muscular
(amputaciones, parálisis etc.).
Embarazo.
Fracaso renal agudo.
Hepatopatía grave, edema generalizado o
ascitis.
Estudio de potenciales donantes de riñón.
En estas circunstancias, o en casos de FGe
entre 45 y 59 mL/minuto/1,73 m2 sin otros
marcadores de daño renal, se sugiere
determinar la cistatina C y el FGe mediante una
ecuación basada en la cistatina C
(preferiblemente CKD-EPI cistatina) o evaluar el
aclaramiento de creatinina, previa recogida de
orina, durante un período de tiempo
determinado.
Epidemiología básica
Aproximadamente el 15% de la población
española presenta ERC; el estadio con descenso
del FGe leve-moderado (G3a) es el grado más
prevalente (10%). Alrededor del 20% de las
personas mayores de 65 años presentan un FGe
< 60 mL/min, con mayor frecuencia en hombres.
La prevalencia de la ERC es más elevada a
medida que el número de factores de riesgo
cardiovascular aumentan. Se estima que la
terapia sustitutiva renal consume el 2,5% del
presupuesto del Sistema Nacional de Salud.
Clasificación y estratificación del riesgo
Según las guías actuales Kidney Disease:
Improving Global Outcomes (KDIGO), la ERC se
clasifica según el FGe (G1, G2, G3a, G3b, G4 y
G5) y la albuminuria (A1, A2 y A3). Esta
clasificación permite, además, realizar una
estratificación del riesgo relativopara cinco
eventos: mortalidad global, mortalidad
cardiovascular, fracaso renal tratado con diálisis
o trasplante, fracaso renal agudo y progresión
de la enfermedad renal (tabla 1).
¿QUÉ LO PUEDE OCASIONAR?
Causas
Las causas son múltiples. El origen vascular, en
especial la hipertensión arterial (HTA), está
asociado mayoritariamente a la ERC (estudio
EPIRCE 2010). Sin embargo, la diabetes se
mantiene como la causa más frecuente de
enfermedad renal terminal (26%). Comparten
esta clasificación etiológica las enfermedades
del glomérulo (14,1%), las patologías
tubulointersticiales (7,97%) y la poliquistosis
renal (7,96%). En los empeoramientos rápidos
de la función renal conviene destacar los
posibles factores potencialmente reversibles:
Fármacos: antinflamatorios no esteroideos
(AINE), diuréticos (tiazidas, furosemida),
inhibidores de la enzima convertidora de
angiotensina, aminoglucósidos, litio,
ciclosporina, rifampicina, alopurinol.
Nefropatía inducida por contrastes
radiológicos.
Depleción hidrosalina por pérdidas
excesivas.
Insuficiencia cardíaca u otras situaciones de
bajo gasto.
Obstrucción urinaria.
¿QUÉ TENEMOS QUE HACER?
Iniciales
Anamnesis
Ante la sospecha de una ERC, se debe confirmar
el diagnóstico y clasificar el estadio, conocer la
enfermedad de base, valorar el grado de
repercusión orgánica, decidir si procede o no
remitir a nefrología y prevenir y tratar las
complicaciones (figura 2).
Antecedentes familiares: de problemas
renales. Se debería realizar un genograma si
existe sospecha de enfermedad renal
hereditaria. Se debe preguntar sobre la
presencia en la familia de diabetes, HTA,
sordera y accidentes cerebrovasculares
precoces.
Antecedentes personales: enuresis,
infección del tracto urinario de repetición,
exposiciones laborales a tóxicos (mercurio,
plomo), consumo habitual de fármacos
nefrotóxicos, episodios de fiebre de origen
desconocido, dolores lumbares no
explicados, hematuria, presencia de otros
factores de riesgo cardiovascular.
Enfermedad actual: al principio, lo habitual
es que el paciente esté asintomático.
Posteriormente, puede presentar astenia,
malestar general o anemia secundaria al
déficit de eritropoyetina. Con un FGe muy
disminuido, la clínica puede ser la de
alteraciones hidroelectrolíticas (acidosis,
hiperpotasemia, hiponatremia), dolor y
fracturas óseas (osteodistrofia renal),
neurológicas (insomnio, déficit de
concentración) o cutáneas (prurito).
Exploración física
Los signos característicos aparecen en fases
avanzadas: palidez y sequedad cutánea,
equimosis y hematomas, lesiones de rascado,
tinte cetrino, asterixis, fetor urémico, edemas,
osteodistrofia, calcificaciones y fracturas
patológicas.
Exploraciones complementarias
Analítica:
Hemograma con metabolismo del hierro
si hay anemia (reticulocitos, ferritina
sérica, índice de saturación de la
transferrina, vitamina B12 y folato).
Bioquímica básica: creatinina, urea,
electrolitos (potasio, calcio, fósforo,
magnesio, sodio), FGe.
Orina: hematuria, densidad (isostenuria,
baja densidad tras supresión de 2 horas
de ingesta líquida), sedimento.
Proteinuria: para el diagnóstico se debe
calcular el CAC en una muestra matutina.
Se define proteinuria con valores
superiores a 300 mg/g. La albuminuria se
define por unos valores de 30-300 mg/g.
Su presencia es importante en el paciente
diabético, ya que es un signo precoz de
enfermedad renal establecida y un
marcador de morbimortalidad y episodios
cardiovasculares.
Ecografía: es la prueba de imagen básica
para comenzar el estudio de la patología
renal. Detecta cambios en la morfología
renal propios de la ERC (disminución y
atrofia renal, mala diferenciación
corticomedular) y permite descartar una
patología obstructiva de la vía urinaria y
valorar las estructuras vasculares, como el
flujo de la arteria renal, los aneurismas, etc.
(tabla 2). En los hombres mayores de 60
años con ERC debe descartarse una
uropatía obstructiva mediante ecografía.
Posteriores
Urografía intravenosa, tomografía
computarizada, angioRM, arteriografía o biopsia
renales para ampliar el estudio o realizar
tratamientos específicos.
¿QUÉ PROPUESTA HAREMOS?
Tratamiento
Una vez establecido el diagnóstico, el médico de
familia y el nefrólogo implementarán un plan de
actuación y revisiones periódicas para tratar la
enfermedad de base e identificar los factores
relacionados con la progresión.
Los objetivos terapéuticos serán:
Control de la presión arterial (PA):
En pacientes con CAC < 30mg/g: PA <
140/90 mmHg.
Si CAC ≥ 30 mg/g, en pacientes con o sin
diabetes: PA < 130/80 mmHg.
En pacientes de edad avanzada o frágiles,
esta medida deberá individualizarse para
evitar hipotensiones.
Control de la obesidad: como medida de
prevención cardiovascular y para frenar la
progresión de la insuficiencia renal.
Control de la dislipemia: lipoproteínas de
baja densidad < 70 mg/dL, lipoproteínas de
alta densidad > 40 mg/dL.
Control de la diabetes: hemoglobina
glicosilada (HbA1c) < 7%, individualizando
en pacientes frágiles para evitar el riesgo de
hipoglucemias.
Control de las alteraciones del metabolismo
óseomineral: se debe realizar un control
anual de los niveles de calcio, fósforo,
parathormona intacta (PTHi) y calcidiol (25-
OH-vitamina D) para mantenerse dentro de
los valores recomendados.
Tratamiento urgente
Las complicaciones de la ERC (hiperpotasemia
grave con alteraciones en el electrocardiograma,
edema agudo pulmón, etc.) requieren,
fundamentalmente, tratamiento con diálisis.
Tratamiento no farmacológico
Ejercicio físico: realizar 30-60 minutos de
ejercicio moderado de 4 a 7 días por
semana.
Dieta: en la ERC 1-3 solo se recomiendan
dietas hiposódicas en caso de HTA o
insuficiencia cardíaca. En la ERC 4-5 (FGe <
30 mL/minuto) se darán recomendaciones
dietéticas sobre el sodio, el potasio y las
proteínas. La dieta hipoproteica retrasa la
aparición de síntomas urémicos y la
progresión de la enfermedad, pero la ingesta
insuficiente puede llevar a la desnutrición.
Debe ajustarse el contenido de proteínas a
0,8 g de proteínas/kg peso/día, pero con un
alto contenido calórico a base de grasas
(mono y poliinsaturadas) e hidratos de
carbono. Si existe hiperpotasemia, se debe
restringir la ingesta de alimentos ricos en K
(verduras, frutos secos, plátano, etc.).
Líquidos y sal: la ingesta hídrica depende de
la diuresis residual; es recomendable, en
general, entre 1,5 y 3 L/día. Debe restringirse
la sal a menos de 6 gramos diarios en la
dieta para controlar la hipervolemia y la
hipertensión y, en ocasiones, emplear
diuréticos. En este caso, se recomendarán
los de asa, evitando los ahorradores de
potasio.
Tratamiento farmacológico
Ajuste y control de fármacos: una parte
fundamental del tratamiento conservador de
básicas en la administración de fármacos
con el fin de no empeorar la función renal ni
provocar efectos adversos debidos al
metabolismo de estos (tabla 3). En la
diabetes mellitus (DM), si el FG es < 30 mL/
minuto no debe utilizarse metformina ni
sulfonilureas por riesgo de acidosis láctica y
hay que utilizar con precaución la
repaglinida. En cuanto a las glitazonas
(especialmente, la pioglitazona), pueden
utilizarse en la ERC sin necesidad de ajustar
dosis excepto en pacientes dializados
(recordando que están contraindicadas en
caso de insuficiencia cardíaca). En el grupo
de los inhibidores de la dipeptidil peptidasa
4 (IDDP-4), la linagliptina no precisará ajuste
de dosis en ningún estadio de la ERC. En la
DM el tratamiento de primera línea es la
combinación de metformina con iSGLT-2.
Los iSLGT2 (canaglifozina, empaglifozina,
dapaglifozina) han demostrado en
diferentes estudios sus beneficios tanto
renales como cardiovasculares, en personas
diabéticas y en no diabéticos. Muchos
autores consideran que en la mayoría de los
pacientes con DM2, ERC y FG >30 mL/min/
1,73 m2 debe pautarse un iSGLT2, con
independencia de la etapa de ERC y del
control glucémico. Debido a su actualización
constante es aconsejable revisar su ficha
técnica con cierta periodicidad. Respecto a
los agonistas delreceptor de la GLP1, no se
recomienda su uso si FGe < 30 mL/minuto
en el caso de lixisenatida y exenatida, < 15
mL/minuto para dulaglutida, y hasta
necesidad de diálisis en caso de
semaglutida y liraglutida. En el grupo de los
inhibidores de los SGLT2 (i-SGLT2) los
límites de inicio de tratamiento son:
canagliflozina < 30 mL/minuto (aunque
posible mantener a dosis de 100 mg/dL
hasta diálisis o transplante), empagliflozina
< 20 mL/minuto y dapagliflozina < 25 mL/
minuto.
El control de la HTA es fundamental para
enlentecer la progresión de la ERC. Están
indicados, por su efecto nefroprotector, los
inhibidores de la enzima de conversión de la
angiotensina y, si hay intolerancia a estos,
los antagonistas de los receptores de la
angiotensina II. Se debe empezar con dosis
bajas e ir aumentándolas progresivamente.
Hay que controlar los valores de K y Cr a los
7-10 días, y suspenderlos si K > 5,5 mEq/L o
si aumenta la Cr > 25%. Se recomienda
combinar fármacos antihipertensivos para
alcanzar los objetivos, incluyendo un
diurético tiazídico o de asa según la
gravedad de la ERC (las tiazidas están
contraindicadas con FG < 30 mL/minuto).
Para el control de la dislipemia es preferible
el uso de fármacos de eliminación hepática
(atorvastatina, fluvastatina, pitavastatina y
ezetimiba).
Para el control del metabolismo óseo-
mineral:
Quelantes del fósforo para mantener el
producto calcio-fósforo a < 55 mg/dL y el
fósforo plasmático a < 5 mg/dL, ya que
eso es fundamental para evitar el
hiperparatiroidismo secundario y la
osteodistrofia renal. Se utiliza carbonato o
acetato cálcico 1-4 g/día por vía oral.
El calcitriol es de indicación hospitalaria.
La dosis de mantenimiento es de 0,5-1 µg/
día y se administra junto con quelantes
del fósforo para intentar controlar el
aumento de la hormona paratiroidea.
El colecalciferol o vitamina D3 debe
utilizarse con cuidado, y hay que controlar
el calcio y el fósforo porque en pacientes
con ERC avanzada pueden incrementarse.
La administración de eritropoyetina exógena
subcutánea pretende conseguir un
porcentaje de hematocrito del 32-36% y
unos valores de hemoglobina de entre 11 y
12 g/dl, con el fin de mejorar la calidad de
vida y disminuir la morbilidad. Hay que
asegurar un depósito de hierro adecuado
con índice de saturación de transferrina ≥
20% y ferritina > 100 ng/mL, con controles
cada 3-6 meses.
Tratamiento sustitutivo renal (TRS) con FG < 10
mL/min: es la única opción terapéutica válida.
Es importante conocer las indicaciones de estos
tratamientos (diálisis, trasplante), de acuerdo
con el servicio de nefrología de referencia. El
médico de familia debe preparar al paciente y a
la familia con antelación a la entrada en un
programa de diálisis o trasplante.
Familia
Como en la mayoría de las enfermedades
crónicas, el médico de familia debe tener a
toda la unidad familiar como objetivo de
tratamiento. Debe identificar al cuidador
principal, evaluar su desgaste (a través de
métodos objetivos como la escala de Zarit)
y tratar de cuidar al cuidador o cuidadora
sería un trabajo primordial desde los centros
de salud.
Dado que muchos pacientes con ERC
pueden necesitar, en un momento dado,
tratamiento domiciliario con diálisis
peritoneal, es imprescindible que la familia
esté bien formada e informada.
Comunidad
En 2019, la Sociedad Española de Nefrología
([Link]) impulsó un programa
conocido como «Código Riñón». El fin último
sería, a través de un abordaje
multidisciplinar donde intervienen todos los
actores sociales, disminuir la incidencia de
la ERC. Parte de las líneas de trabajo del
Código Riñón se basan en la prevención de
los factores de riesgo renales, así como en
el diagnóstico precoz.
Teniendo en cuenta que en muchas
ocasiones el único tratamiento válido para
estos pacientes será un trasplante renal,
será necesario que toda la sociedad se
implique en la concienciación, a través de
actividades comunitarias, de los beneficios
de la donación de órganos.
No hay que olvidar que se deben facilitar al
paciente y a su familia todos los recursos
que la comunidad pone a su disposición, así
como informarle sobre las asociaciones de
enfermos a nivel nacional (Federación
Nacional de Asociaciones para la lucha
contra las enfermedades del riñón, ALCER).
Derivación a nefrología
Se hará teniendo en cuenta los estadios de la
ERC, la velocidad de progresión de la
insuficiencia renal, el grado de albuminuria, la
comorbilidad asociada y la situación funcional
del paciente (tabla 4).
Urgente
Paciente con ERC con síntomas de
insuficiencia cardíaca o edema agudo de
pulmón, hiperpotasemia sintomática o
alteraciones en el ECG, fiebre elevada,
deterioro brusco del estado general o dolor
torácico.
Ge < 30 mL/minuto/1,73 m2 no conocido
previamente para descartar causas
reversibles de ERC.
Preferente
Deterioro agudo de la función renal (caída
del FGe > 25% o un incremento de la
creatinina plasmática > 25%) en menos de
un mes tras descartar factores exógenos
(diarrea, vómitos, depleción por diuréticos
en tratamiento con IECA o ARA II).
Hematuria no urológica o albuminuria con
CAC > 300 mg/g asociadas a
manifestaciones sistémicas (fiebre,
malestar general, artralgias, parestesias,
lesiones cutáneas).
Pacientes mayores de 70 años con FGe
entre 30-40 mL/minuto que presentan
signos de progresión de la albuminuria en
dos controles o CAC a 300 mg/g.
Pacientes que presenten una hemoglobina <
10,5 g/dL a pesar de corregir la ferropenia
(IST > 20% y ferritina > 100).
En caso de sospecha de uropatía
obstructiva (habitualmente prostática), hay
que derivar a urología.
Ordinaria
Todos los pacientes que presenten un FGe <
30 mL/minuto/1,73 m2 , exceptuando los
mayores de 80 años sin progresión renal,
que pueden ser seguidos en AP.
Pacientes mayores de 80 años con FGe < 20
mL/minuto/1,73 m2 (si su situación general
lo aconseja) candidatos a terapia renal
sustitutiva, dado que se aconseja remitir 1
año antes de su inicio.
ERC e HTA refractaria al tratamiento con
tres fármacos a plena dosis, uno de ellos
diurético.
Consejos prácticos
Valorar periódicamente la función renal en
hipertensos y diabéticos (FGe y CAC).
Hacer controles de K y creatinina 7-14 días
después de iniciar tratamiento con IECA o
ARA II.
Detectar precozmente situaciones que
agraven la evolución de la ERC (vómitos,
diarreas).
Considerar al anciano como un paciente con
ERC leve-moderada.
Vigilar el uso de fármacos nefrotóxicos
(después de utilizarlos, valorar la función
renal).
En hombres mayores de 60 años con FG <
45 mL/minuto, descartar una uropatía
obstructiva.
Seguimiento conjunto de pacientes con
enfermedad renal crónica (nefrología y Atención
Primaria)
Filtrado glomerular > 60 (ERC 1-2) estimado mL/
min
AP 6 meses Nefrología 1 año o no revisión
AP: Atención Primaria; ERC: enfermedad renal
crónica. a Seguimiento conjunto, especialmente
en nefrología, salvo en ERC avanzada no
susceptible de inicio de tratamiento sustitutivo
renal (revisión cada 1-2 meses), o ante cualquier
otro proceso intercurrente no nefrológico.
Utilizar fármacos con los que se tenga
experiencia y se sepa si precisan ajuste de
dosis: si el FG es > 50 mL/minuto no suele
ser necesario realizar ajustes, salvo en
fármacos como los aminoglucósidos y los
que se metabolizan totalmente por vía renal.
Errores más frecuentes
Infravalorar los síntomas inespecíficos,
como astenia, mialgias, náuseas, etc., que
pueden ser expresión de una ERC.
Utilizar de forma indiscriminada fármacos
nefrotóxicos.
Utilizar fármacos sin calcular la dosis
adecuada según el grado de la ERC.
No pensar en la uropatía obstructiva como
causa frecuente de insuficiencia renal aguda
o ERC reagudizada en hombres mayores de
60 años.
No pedir de forma rutinaria el CAC en
cribado y seguimiento.
¿Se ha resuelto del todo?
Complicaciones más frecuentes
Cardiovasculares: insuficiencia cardíaca,
pericarditis urémica, arritmias (asociadas a
alteraciones iónicas), HTA refractaria, ACV.
Trastornos hidroelectrolíticos:
hiperpotasemia, acidosis, fracturas
patológicas.
Digestivas: hemorragias, estreñimiento.
Hematológicas: anemia, trombopatía
urémica.
Neurológicas: encefalopatía, neuropatía
periférica, temblor.
Endocrinológicas: disminución de la líbido,
impotencia, amenorrea, esterilidad,
trastornos del crecimiento. a 45-60 (ERC 3) a
30-45 (ERC 3) b < 30 (ERC 4-5) 4-6 meses
3-6 meses Individualizado a 1 año o no
revisión 6 meses 1-3 meses
Pronóstico y seguimiento
En 2019, la mortalidad en los pacientes con TRS
fue del 7,8% (14,8% en hemodializados, 8,6% en
diálisis peritoneal y 2,4% en trasplantados). En
los pacientes dializados, las dos primeras
causas de mortalidad fueron las
cardiovasculares (28%) y las infecciosas (20%)
en todas las modalidades de TRS; los pacientes
trasplantados presentan un mayor porcentaje de
cáncer como causa de muerte (21%).
La periodicidad de la supervisión del paciente
estable con ERC se basa en la tabla de
estratificación del riesgo: los pacientes de
riesgo bajo se revisarán anualmente, los de
riesgo moderado semestralmente y los
pacientes de riesgo alto y muy alto se deberán
revisar tres, cuatro o más veces al año (tabla 5).
En cada revisión en AP se recomienda realizar
las siguientes actividades:
Controlar la PA y ajustar el tratamiento
hipotensor: para conseguir el objetivo diana
de PA. En pacientes de edad avanzada, esta
medida será objeto de una prudente y
cuidada individualización con el objetivo de
evitar hipotensiones.
Vigilar la anemia: si ERC 3-5 y Hb < 10,5 g/dL
(descartada ferropenia), hay que hacer una
revisión en nefrología para valorar el
tratamiento con factores estimulantes de la
eritropoyesis.
Revisar la medicación: ajustando la dosis
según el FG. En ERC 3-5, evitar la utilización
de AINE, antidiabéticos orales de
eliminación renal y contrastes yodados.
Revisar los hábitos dietéticos: orientar al
paciente sobre el tipo de dieta que deberá
seguir en función del FG:
ERC 1-3: solo se recomiendan dietas
hiposódicas en caso de HTA.
ERC 4-5: recomendaciones dietéticas
sobre el sodio, fósforo y potasio.
Analítica en cada revisión a partir de ERC-3
(sin duplicar análisis en ambos niveles):
Hemograma.
Bioquímica sanguínea: glucosa,
creatinina, urea, Na, K, Ca, P, albúmina y
colesterol, FGe.
Bioquímica urinaria (muestra simple de
orina de primera hora de la mañana): CAC.
Sedimento de orina.
¿Podemos hacer alguna cosa más?
Actividades preventivas
Prevención primaria: tratamiento y control
adecuado de las enfermedades que pueden
ocasionar una ERC o empeorarla (HTA, DM,
arteriosclerosis, glomerulonefritis,
infecciones renales, litiasis, reflujo
vesicouretral, malformaciones congénitas).
Inmunización adecuada frente hepatitis B,
antigripal, anticovid y antineumocócica.
Prevención secundaria: diagnóstico y
tratamiento precoz de la ERC inicial
(nefropatía diabética, nefroangiosclerosis,
uropatía obstructiva).
Los grupos de riesgo de desarrollar ERC y a
los que habría que realizar cribado, midiendo
el FG y la albuminuria, una vez al año son los
mayores de 60 años, los diabéticos, los
hipertensos, aquellos con enfermedad
cardiovascular previa y los familiares de
pacientes con insuficiencia renal.
Educación sanitaria
El paciente en hemodiálisis debe ser
instruido sobre los cuidados de la fístula
arteriovenosa empleada, y deberá consultar
ante cualquier signo de alarma, como
enrojecimiento, dolor o sangrado.
Se debe iniciar de forma proactiva desde la
consulta un proceso de toma de decisiones
compartidas, sobre todo en ancianos o
pacientes con ERC avanzada. Hay que
buscar, entre todos los interesados y con un
enfoque multidisciplinar, el consenso entre
las indicaciones médicas y las preferencias
del paciente, entre las cuales se encuentran
el derecho del paciente a solicitar la retirada
de la diálisis e iniciar medidas paliativas
más intensas. (Ver Guía práctica de la salud.
Insuficiencia renal crónica». Disponible en:
[Link]
recursos/guias/guia-practica-de-lasalud/
Bibliografía
García V, Sánchez-Agesta M, Álvarez de Lara
MA. Nefrología al día. Ajuste de Fármacos
en la Enfermedad Renal Crónica. [Internet.]
Disponible en: https://
[Link]/325.
[Consultado31deagosto2021
Gorostidi M, Sánchez-Martínez M, Ruilope
LM, Graciani A, De la Cruz JJ, Santamaría R
et al. Prevalencia de la enfermedad renal
crónica en España: impacto de la
acumulación de factores de riesgo
cardiovascular. Nefrología
2018;38(6):606-615.
Gorostidi M, Santamaría R, Alcázar R,
Fernández-Fresnedo G, Galcerán JM,
Goicochea M, et al. Documento de la
Sociedad Española de Nefrología sobre las
guías KDIGO para la evaluación y el
tratamiento de la enfermedad renal crónica.
Nefrología 2014;34(3):302-16.
Grupo de Trabajo de la Guía de Práctica
Clínica sobre la Detección y el Manejo de la
Enfermedad Renal Crónica. Guía de Práctica
Clínica sobre la Detección y el Manejo de la
Enfermedad Renal Crónica. Ministerio de
Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad.
Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud;
2016. Guías de Práctica Clínica en el SNS.
Kidney Disease: Improving Global Outcomes
(KDIGO) CKD Work Group KDIGO 2012
clinical practice guideline for the evaluation
and management of chronic kidney disease.
Kidney Int Suppl. 2013;3:1-150.
Landa J, Avellana V. Enfermedad renal
crónica leve-moderada. AMF.
2007;3(19):38-47.
Levey AS, Eckhardt KU, Tsukamoto Y.
Definition and classification of chronic
kidney disease: a position statement from
Kidney Disease: Improving Global Outcomes
(KDIGO). Kidney Int. 2005;67:2089-100.
Martínez-Castelao A, Górriz JL, Bover J,
Segura-de la Morena J, Cebollada J,
Escalada J et al. Documento de consenso
para la detección y manejo de la
enfermedad renal crónica. Hipertens Riesgo
Vasc. 2014;31(4):143-161.
Martínez I. Enfermedad renal crónica:
Indicaciones para remitir a pacientes desde
el nivel de atención primaria al nivel de
especialista en nefrología. Ventajas del
envío precoz. Estrategias para el
seguimiento conjunto. Nefrología. 2004;
24(Sup 6):84-91.
Otero A, de Francisco ALM, Ganoso P, García
F. Prevalencia de la insuficiencia renal
crónica en España: Resultados del estudio
EPIRCE. Nefrología 2010;30:78-86.
-
Contacta© 2005 - 2026 Sociedad Española de
Medicina de Familia y Comunitaria
desarrollado por: wearekfactor
Política privacidad y aviso legalPolítica de
cookies© 2005 - 2026 Sociedad Española de
Medicina de Familia y Comunitaria
desarrollado por: wearekfactor