INSTITUCIÓN EDUCATIVA N°80023
SESIÓN DE APRENDIZAJE N°01
Leemos: Cuentos de la Selva. Parte I “La tortuga
gigante”
I. DATOS GENERALES:
I.E. Nº 80023 Molino Cajanleque
DIRECTOR Iván Guerrero Quiñones
DOCENTE: Maria Ysabel Mercado Narvaez
AREA Plan lector
GRADO Y 3ro “A” FECHA: 10/ 06 /2026
SECCIÓN:
II. PROPÓSITO DE APRENDIZAJE:
COMPETENCIAS Y CRITERIOS DE EVIDENCI INSTRUMENT
CAPACIDADES EVALUACIÓN A OS
Lee diversos tipos de textos Lee el texto. Ficha de Escala valorativa
escritos. Obtiene información sobre trabajo
Obtiene información del del texto. Ubica e
texto escrito. Interpreta el mensaje del interpreta
Infiere e interpreta texto que lee. la
información del texto. Reflexiona sobre sucesos e informació
Reflexiona y evalúa la forma, ideas importantes del texto. n del texto
el contenido y contexto del que lee.
texto.
COMPETENCIAS CRITERIOS DE EVIDENCI INSTRUMENT
TRANSVERSALES Y EVALUACIÓN A OS
CAPACIDADES
Gestiona su aprendizaje de Establece metas de Reflexiona Lista de cotejo.
manera autónoma. aprendizaje sencillas con sobre sus
orientación del docente. acciones y
Define metas de aprendizaje.
busca su
Organiza acciones estratégicas Organiza sus actividades y
para alcanzar sus metas de sigue pasos básicos para estrategia
cumplir una tarea. para lograr
aprendizaje.
sus metas.
Monitorea y ajusta su Revisa su trabajo, identifica
desempeño durante el dificultades y realiza
proceso de aprendizaje. mejoras con apoyo.
ENFOQUE VALORES ACTITUDES
TRANSVERS
AL
Enfoque de Equidad y Promueven acciones colectivas para que todos accedan a un
orientación al justicia ambiente limpio y saludable, sin distinción.
bien común.
Responsabili Asumen tareas y roles concretos dentro del grupo para difundir y
dad practicar acciones de cuidado ambiental.
III. PREPARACIÓN DE LA SESIÓN:
¿Qué necesitamos hacer antes de la ¿Qué recursos o materiales se
sesión? utilizarán?
Leer el cuento original de H. Quiroga Ficha de trabajo individual impresa (1 por
Preparar e imprimir la ficha de trabajo (una estudiante).
por estudiante). Crayones o plumones de colores para los
estudiantes.
Preparar lista de cotejo para evaluación
Pizarra y plumones
formativa.
Lápiz, borrador, regla.
Realizar cartel de propósito y criterios de
Lista de cotejo para evaluación formativa.
evaluación
IV. MOMENTOS DE LA SESIÓN
M ACTIVIDADES
I La docente da la bienvenida a los estudiantes con una actitud cálida, saluda cordialmente y genera un
clima de confianza, mostrando cercanía y respeto. y se les comunica que iniciaremos con las
actividades permanentes.
La docente inicia realizan las siguientes preguntas para dialogar entre todos y rescatar los saberes
previos:
¿Saben qué es un cuento? ¿Han leído cuentos antes?
¿Qué partes tiene un cuento?
¿Qué significa ser agradecida?
¿Han ayudado a un animal alguna vez?
Se plantea el conflicto cognitivo y los estudiantes participan de manera ordenada y de forma
voluntaria: ¿Una tortuga, siendo un animal, podría salvarle la vida a una persona?
(RO1) Comunicamos el propósito de la sesión:
“Hoy leeremos el cuento La tortuga gigante para identificar información
importante e interpretar su mensaje, respondiendo preguntas sobre lo leído.”
Se dan a conocer los criterios de evaluación y se analizan cada uno de ellos.
Lee el texto.
Obtiene información sobre del texto.
Interpreta el mensaje del texto que lee.
Reflexiona sobre sucesos e ideas importantes del texto.
Se establecen con los estudiantes los acuerdos necesarios para el día de hoy.
P ANTES DE LA LECTURA:
La docente entrega el texto impreso del cuento a cada estudiante y les pide que NO lean todavía.
(ANEXO 01)
¿De qué crees que trata el cuento solo leyendo el titulo?
¿Quiénes serán los personajes principales?
¿Dónde ocurrirá la historia?
¿Cómo crees que terminara el cuento?
La docente registra las predicciones en el pizarrón. Estas serán contrastadas después de la lectura.
DURANTE LA LECTURA:
Se les indica que deben leer los textos en silencio de forma silenciosa. Mientras leen, realizan
las siguientes acciones: Personajes que se presenten
Palabras que desconozcamos el significado
Ideas o situaciones importantes.
La docente acompaña esa lectura recorriendo los espacios del aula y ayudar con algunas preguntas o
pautas a algunos estudiantes que se les dificulte realizar una buena lectura.
Luego se realiza una segunda lectura, pero esta vez en voz alta y en cadena para evaluar su nivel de
lectura de los estudiantes, todos los estudiantes esperan ordenadamente su turno. Para esto se les
recomienda:
Leer en voz alta.
Respetar las pausas que se deben dar, tanto en las comas como en los puntos.
Leer tranquilamente sin necesidad de correr.
Los estudiantes que no leen siguen la lectura con la mirada, para evitar interrumpir a sus
compañeros lectores y seguir con la comprensión.
DESPUÉS DE LA LECTURA:
La docente retoma las predicciones escritas en el pizarrón al inicio y pregunta con los estudiantes
cuáles acertaron y cuáles no. Invita a reflexionar: ¿Por qué pensamos eso antes de leer?
La docente coloca tarjetas desordenadas en la pizarra. Voluntarios las ordenan y explican que ocurre
en cada momento
El hombre enfermo va al monte, se recupera, encuentra a la tortuga herida y la
INICIO
cura sacrificando su única camisa.
El cazador cae gravemente enfermo. La tortuga lo cuida con agua y comida, y
NUDO
decide cargarlo en su lomo hacia la ciudad.
La tortuga llega casi muerta a Buenos Aires. El cazador se cura y jamás se separa
DESENLACE
de su amiga la tortuga.
La docente formula preguntas para los tres niveles de comprensión:
Nivel literal:
¿Por qué el hombre se fue a vivir al monte?
¿Qué le hizo el tigre a la tortuga?
¿Cómo curo el cazador a la tortuga?
¿Qué hizo la tortuga cuando el hombre enfermo?
Nivel inferencial:
¿Por qué crees que la tortuga ayudo al cazador?
¿Como se sentiría el cazador cuando supo que la tortuga lo había salvado?
Nivel crítico:
¿Qué moraleja o enseñanza nos deja este cuento de Horacio Quiroga?
¿Estás de acuerdo con como actuó el cazador al inicio?
Entrega una ficha de compresión del texto leído.
Felicitamos su esfuerzo y voluntad para el trabajo. Les expresamos todo lo que están mejorando
hasta el momento y afirma que “son muy buenos lectores”.
S La docente formula las siguientes preguntas de metacognición, permitiendo que los estudiantes
reflexionen antes de responder:
1. ¿Qué aprendimos hoy? ¿Cuál fue la parte del cuento que más les impacto?
2. ¿Qué hicimos para comprender mejor el cuento?
3. ¿Para qué nos sirve lo aprendido?
4. ¿Alguna vez fuiste agradecido como la tortuga con alguien?
V. REFLEXIONES SOBRE EL APRENDIZAJE
Recuerda las actividades que has realizado y las respuestas que has obtenido de los(as)
estudiantes según los desempeños que estaban previstos desarrollar
¿Qué avances tuvieron mis estudiantes?
¿Qué dificultades tuvieron mis estudiantes?
¿Qué aprendizajes debo reforzar en la siguiente sesión?
¿Qué actividades, estrategias y materiales funcionaron y cuáles no?
ESCALA VALORATIVA
APELLIDOS Y EVIDENCIAS:
NOMBRES Ficha de trabajo
Ubica e interpreta la información del texto que lee.
CRITERIOS DE EVALUACIÓN
Lee el Obtiene Interpreta Reflexiona
texto información el mensaje sobre
sucesos e
N° DE ORDEN
sobre del del texto
texto que lee. ideas
importantes
del texto.
Necesita apoyo
Necesita apoyo
Necesita apoyo
Necesita apoyo
Necesita apoyo
En proceso
En proceso
En proceso
En proceso
En proceso
Lo hizo
Lo hizo
Lo hizo
Lo hizo
Lo hizo
1 ACHO VIGO AIXA
DANUZKA
2 BARCES PISCO
JHAZMIN BRICETH
3 BECERRA ALCALDE
JEREMY ARIAN
4 BLANCO SOSA DIOMAR
JESÚS
5 CARRASCO LINAREZ
BRIHANA DALESKA
6 DEZA VIGO FLAVIA
BELEN
7 GUEVARA APONTE
JHOAN ALEXIS
8 PLASENCIA CHACON
BRIANNA SOFIA
9 PLASENCIA CRUZ
JHONNY LIAM GAEL
1 TIRADO PORTILLA
0 AYLEEN FERNANDO
1 VARGAS ALIAGA
1 DASHA ARIANA
LIZBETH
1 VASQUEZ ABANTO
2 ARIANA NICOLL
ANEXO 01
LA TORTUGA GIGANTE
Había una vez un hombre que vivía en Buenos Aires y
estaba muy contento porque era un hombre sano y
trabajador. Pero un día se enfermó, y los médicos le dijeron
que solamente yéndose al campo podría curarse. Él no
quería ir porque tenía hermanos chicos a quienes daba de
comer; y se enfermaba cada día más. Hasta que un amigo
suyo, que era director del Zoológico, le dijo un día: -Usted
es amigo mío, y es un hombre bueno y trabajador. Por eso
quiero que se vaya a vivir al monte, a hacer mucho ejercicio al aire libre para curarse. Y como
usted tiene mucha puntería con la escopeta, cace bichos del monte para traerme los cueros, y
yo le daré plata adelantada para que sus hermanitos puedan comer bien.
El hombre enfermo aceptó, y se fue a vivir al monte, lejos,
más lejos que Misiones todavía. Hacía allá mucho calor, y eso
le hacía bien. Vivía solo en el bosque, y él mismo se cocinaba.
Comía pájaros y bichos del monte, que cazaba con la
escopeta, y después comía frutas. Dormía bajo los árboles, y
cuando hacía mal tiempo construía en cinco minutos una
ramadal con hojas de palmera, y allí pasaba sentado y
fumando, muy contento en medio del bosque que bramaba con el viento y la lluvia. Había
hecho un atado con los cueros de los animales, y los llevaba al hombro. Había también
agarrado, vivas, muchas víboras venenosas, y las llevaba dentro de un gran mate, porque allá
hay mates tan grandes como una lata de querosene.
El hombre tenía otra vez buen color, estaba fuerte y
tenía apetito. Precisamente un día en que tenía mucha
hambre, porque hacía dos días que no cazaba nada, vio a
la orilla de una gran laguna un tigre enorme que quería
comer una tortuga, y la ponía parada de canto para
meter dentro una pata y sacar la carne con las uñas. Al
ver al hombre el tigre lanzó un rugido espantoso y se
lanzó de un salto sobre él. Pero el cazador que tenía una
gran puntería le apuntó entre los dos ojos, y le rompió la cabeza. Después le sacó el cuero, tan
grande que él solo podría servir de alfombra para un cuarto. -Ahora-se dijo el hombre-voy a
comer tortuga, que es una carne muy rica. Pero cuando se acercó a la tortuga, vio que estaba
ya herida, y tenía la cabeza casi separada del cuello, y la cabeza colgaba casi de dos o tres hilos
de carne.
A pesar del hambre que sentía, el hombre tuvo lástima de la pobre tortuga, y la llevó
arrastrando con una soga hasta su ramada y le vendó la
cabeza con tiras de género que sacó de su camisa,
porque no tenía más que una sola camisa, y no tenía
trapos. La había llevado arrastrando porque la tortuga
era inmensa, tan alta como una silla, y pesaba como un
hombre. La tortuga quedó arrimada a un rincón, y allí
pasó días y días sin moverse. El hombre la curaba todos
los días, y después le daba golpecitos con la mano
sobre el lomo. La tortuga sanó por fin. Pero entonces fue el hombre quien se enfermó. Tuvo
fiebre y le dolía todo el cuerpo. Después no pudo levantarse más. La fiebre aumentaba
siempre, y la garganta le quemaba de tanta sed.
El hombre comprendió que estaba gravemente enfermo, y
habló en voz alta, aunque estaba solo, porque tenía mucha
fiebre. -Voy a morir- dijo el hombre-. Estoy solo, ya no
puedo levantarme más, y no tengo quién me dé agua,
siquiera. Voy a morir aquí de hambre y de sed. Y al poco
rato la fiebre subió más aun, y perdió el conocimiento. Pero
la tortuga lo había oído y entendió lo que el cazador decía.
Y ella pensó entonces: -El hombre no me comió la otra vez, aunque tenía mucha hambre, y me
curó. Yo lo voy a curar a él ahora. Fue entonces a la laguna, buscó una cáscara de tortuga
chiquita, y después de limpiarla bien con arena y ceniza la llenó de agua y le dio de beber al
hombre, que estaba tendido sobre su manta y se moría
de sed. Se puso a buscar en seguida raíces ricas y yuyitos
tiernos, que le llevó al hombre para que comiera. El
hombre comía sin darse cuenta de quién le daba la
comida, porque tenía delirio con la fiebre y no conocía a
nadie. Todas las mañanas, la tortuga recorría el monte
buscando raíces cada vez más ricas para darle al hombre
y sentía no poder subirse a los árboles para llevarle frutas.
El cazador comió así días y días sin saber quién le daba la comida, y un día recobró el
conocimiento, Miró a todos lados, y vio que estaba solo pues allí no había más que él y la
tortuga; que era un animal. Y dijo otra vez en voz alta: -Estoy solo en el bosque, la fiebre va a
volver de nuevo, y voy a morir aquí, porque solamente en Buenos Aires hay remedios para
curarme. Pero nunca podré ir, y voy a morir aquí. Y como él lo había dicho, la fiebre volvió esa
tarde, más fuerte que antes, y perdió de nuevo el conocimiento. Pero también esta vez la
tortuga lo había oído, y se dijo: -Si queda aquí en el monte se va a morir, porque no hay
remedios, y tengo que llevarlo a Buenos Aires. Dicho esto, cortó enredaderas finas y fuertes,
que son como piolas, acostó con mucho cuidado al hombre encima de su lomo, y lo sujetó bien
con las enredaderas para que no se cayese. Hizo muchas pruebas para acomodar bien la
escopeta, los cueros y el mate con víboras, y al fin consiguió lo que quería, sin molestar al
cazador, y emprendió entonces el viaje.
La tortuga, cargada así, caminó, caminó y caminó de
día y de noche. Atravesó montes, campos, cruzó a
nado ríos de una legua de ancho, y atravesó
pantanos en que quedaba casi enterrada, siempre
con el hombre moribundo encima. Después de ocho
o diez horas de caminar se detenía y deshacía los
nudos y acostaba al hombre con mucho cuidado en
un lugar donde hubiera pasto bien seco. Iba entonces
a buscar agua y raíces tiernas, y le daba al hombre enfermo. Ella comía también, aunque
estaba tan cansada que prefería dormir. A veces tenía que caminar al sol; y como era verano,
el cazador tenía tanta fiebre que deliraba y se moría de sed. Gritaba: ¡agua!, ¡agua! a cada
rato. Y cada vez la tortuga tenía que darle de beber. Así anduvo días y días, semana tras
semana. Cada vez estaban más cerca de Buenos Aires, pero también cada día la tortuga se iba
debilitando, cada día tenía menos fuerza, aunque ella no se quejaba. A veces quedaba tendida,
completamente sin fuerzas, y el hombre recobraba a medias el conocimiento. Y decía, en voz
alta: -Voy a morir, estoy cada vez más enfermo, y sólo en Buenos Aires me podría curar. Pero
voy a morir aquí, solo en el monte. El creía que estaba siempre en la ramada, porque no se
daba cuenta de nada. La tortuga se levantaba entonces, y emprendía de nuevo el camino. Pero
llegó un día, un atardecer, en que la pobre tortuga no pudo más. Había llegado al límite de sus
fuerzas, y no podía más. No había comido desde hacía una semana para llegar más pronto. No
tenía más fuerza para nada. Cuando cayó del todo la noche, vio una luz lejana en el horizonte,
un resplandor que iluminaba todo el cielo, y no supo qué era. Se sentía cada vez más débil, y
cerró entonces los ojos para morir junto con el cazador, pensando con tristeza que no había
podido salvar al hombre que había sido bueno con ella. Y, sin embargo, estaba ya en Buenos
Aires, y ella no lo sabía. Aquella luz que veía en el cielo era el resplandor de la ciudad, e iba a
morir cuando estaba ya al fin de su
heroico viaje.
Pero un ratón de la ciudad-posiblemente el ratoncito
Pérez-encontró a los dos viajeros moribundos. - ¡Qué
tortuga! -dijo el ratón-. Nunca he visto una tortuga tan
grande. ¿Y eso que llevas en el lomo, que es? ¿Es leña? -
No-le respondió con tristeza la tortuga-. Es un hombre. -
¿Y dónde vas con ese hombre? -añadió el curioso ratón. -
Voy... voy... Quería ir a Buenos Aires-respondió la pobre
tortuga en una voz tan baja que apenas se oía-. Pero vamos a morir aquí porque nunca
llegaré... - ¡Ah, zonza, zonza! -dijo riendo el ratoncito-. ¡Nunca vi una tortuga más zonza! ¡Si ya
has llegado a Buenos Aires! Esa luz que ves allá es Buenos Aires. Al oír esto, la tortuga se sintió
con una fuerza inmensa porque aún tenía tiempo de salvar al cazador, y emprendió la marcha.
Y cuando era de madrugada todavía, el director del Jardín Zoológico vio llegar a una tortuga
embarrada y sumamente flaca, que traía acostado en su lomo y atado con enredaderas, para
que no se cayera, a un hombre que se estaba muriendo. El director reconoció a su amigo, y él
mismo fue corriendo a buscar remedios, con los que el cazador se curó en seguida. Cuando el
cazador supo cómo lo había salvado la tortuga, cómo había hecho un viaje de trescientas
leguas para que tomara remedios no quiso
separarse más de ella. Y como él no podía tenerla
en su casa, que era muy chica, el director del
Zoológico se comprometió a tenerla en el Jardín, y a cuidarla como si fuera su propia hija. Y así
pasó. La tortuga, feliz y contenta con el cariño que le tienen, pasea por todo el jardín, y es la
misma gran tortuga que vemos todos los días comiendo el pastito alrededor de las jaulas de
los monos. El cazador la va a ver todas las tardes y ella conoce desde lejos a su amigo, por los
pasos. Pasan un par de horas juntos, y ella no quiere nunca que él se vaya sin que le dé una
palmadita de cariño en el lomo.