El sentido de mi destino
Personajes:
Hombre-
Mujer-
El hombre, vestido de negro y con una canasta en mano
acelera el paso al que va, tomando del antebrazo a la mujer a
su lado, está preparado para una noche agradable, y aunque es
alguien muy serio está sonriendo.
Ella está sosteniendo su costado con fuerza, intentando
cubrir el hecho de que está herida gravemente, sangrando aún,
trata de ocultar que quiere cogear del dolor. Está vestida
completamente de negro también, y se deja guiar a pesar del
dolor.
Hombre: Te dije que nos apuraramos, ya se hizo de noche.
Mujer: (Se queja del dolor cada que la jala)Y yo te dije que
me iba a tardar más de lo usual.
Hombre: Sabes que no me gusta que nos salgamos de la rutina.
Mujer: Eres un insoportable.
Llegan a donde se acomodarán por el resto de la noche, él
acomoda el pedazo de tela en el suelo, ella se sienta
inmediatamente, como aliviada.
Él está muy concentrado sacando las cosas de la canasta. Se
detiene en el fondo para que ella hable.
Mujer: Ya no puedo aguantar, ya no sé qué hacer… Bueno, sé qué
hacer, pero no es algo que quiera soltar ya. (Voltea al
hombre) No creo que sea el momento, él ha estado muy ocupado y
de un lado a otro. Pero merece saber.
El hombre se descongela cuando termina de hablar ella, la
mujer también deteniéndose para que el otro hable.
Hombre: Que rara ha estado últimamente, ¿“Tardar más de lo
usual”? házme el favor, nunca se pone en este plan. Bueno, no
se ha puesto en este plan desde hace años… Y con lo que pasó
el otro día, me imagino que está agitada nada más. Me diría si
fuera algo serio.
Ambos descongelados se quedan viendo el cielo, una vez
están preparados.
Hombre: (No está feliz) Bueno, no alcanzamos el atardecer,
pero sí las estrellas.
Mujer: (Toma aire en señal de emoción) Que lindo, me encantan
las estrellas.
Hombre: Ya sé.
Ella se queda viendo el cielo, él se ocupa con algún
objeto dentro de la canasta.
La mujer tose agresivamente.
Hombre: (Se acerca a ella con cuidado) Oye, ¿Estás bien? ¿Qué,
está muy helado? Nos vamos si quieres, ¿eh?
Mujer: No, no, está bien, tengo tos desde hace unos días.
Hombre: Ah…
Él se congela otra vez.
Mujer: Creo que le voy a decir ya. Si me tardo más voy a dudarlo
demasiado.
Vuelven a la normalidad, ella viendo al cielo, con una sonrisa
en su rostro tranquila y contenta, suspira y continúa.
Mujer: Ya sé qué quiero que hagas cuando muera.
Hombre: (Voltea a verla asustado) ¿De qué hablas?
Ella se congela viendo al cielo, pues no le presta atención,
él voltea desesperado como intentando entender qué está viendo.
Estrellas.
Hombre: (Parece enojado y preocupado) las estrellas son simples,
nada que destacar, algo tan lejano, que tontería; imposibles de
ver los polvos. Pero ella parece tan interesada, como una niña
pequeña.
Se descongela ella y continúa.
Mujer: Lo estuve pensando por unas semanas; ya sé qué quiero que
hagas, no creo que pueda pedirlo a alguien más. (Ella ríe.)
Hombre: (Él sólo la ve asustado. Suspira.) ¿Qué quieres que haga?
Él se congela.
Mujer: ¿No se irá a asustar por pedírselo? No me imagino estar en
su lugar.
Él se descongela de nuevo.
Mujer: (Le sonríe) Quiero que vendas mis huesos.
Hay una pausa en la que el otro la ve con miedo, asco, y un
revoltijo de emociones que no puede nombrar.
Mujer: No me mires así, (Vuelve su mirada arriba) es una
conversación que debemos tener.
Hombre: (Su voz se quiebra como aguantando las lágrimas) ¿Y si ambos
morimos al mismo tiempo? ¿Cómo sabes que morirás tú primero? (Hace
una cara de arrepentimiento por el tono que tomó)
Mujer: (Dicho con cariño) Siempre has sido un pesimista.
Ella se congela para que el otro hable en pánico.
Hombre: No, no, no, (Se pone de pie, como si le reclamara) soy
realista, sí es una posibilidad. No, ni siquiera realista, ahora
estoy siendo optimista, por primera vez en mucho tiempo… ¿Qué
pregunto? ¿Qué puedo preguntar? (Otra vez trata de ver qué está
observando la otra) ¡¿Y tú qué ves?! ¿Los árboles? Con este viento
frío que parece que los va a tirar…
Empieza a caminar en círculos, estresado a más no poder.
Hombre: ¿Vender tus huesos a quién? Dime algo más, es muy poco:
¿cómo los conservaría yo en buen estado?, ¿por qué hablamos como
si fuera mi siguiente acción?, como un deseo de último momento…
Hay una pausa en la que se calma un poco y se vuelve a sentar
como antes. Ella se descongela y sigue la plática.
Hombre: Bueno… ¿Qué haría con los restos que no venda entonces?
Mujer: No creo que podamos hacer un funeral, (Desvió la mirada un
momento, sólo para volver a ver el cielo) Pero podrías ir a nuestro
lugar favorito y enterrar algo de mí. Si quieres…
Hombre: (Titubea) Pero–– ¿A quién los podría vender?
Ella se congela temporalmente.
Hombre: No vuelvo a sonar así de mal por nadie…
Vuelve a la normalidad la otra.
Mujer: ¡A alguien importante claro! (Sonríe efusivamente,
volteandolo a ver. Luego se deja caer hacia atrás, recostada viendo
el cielo. Se congela.)
Hombre: (La ve recostada) ¿No tendrá frío?… No te entiendo, no
entiendo cómo o por qué… Pero no creo que quieras escucharme
preguntar… (Ve al cielo) Bolas de fuego inútiles.
» Estás extraña, desde hace unos días que lo estás, no he dicho
nada porque no hablamos de esto, ya no. Es como si tu personalidad
que te ví formar, esa cruel actitud, se hubiera revertido
agresivamente a antes de que todo pasara… (Gira su cabeza para
verla a los ojos, él sentado, ella acostada) Es como si…
Ella se descongela, pero no aparta la vista del cielo.
Hombre: (Serio y asustado) ¿Puedes levantarte?
Mujer: No.