Fallo
Fallo
#28775521#324290522#20220419183614655
jornada legal e inclusive por el encuadramiento erróneo de su labor
(“Categoría ‘C’”, cfr. CCT n º 2/88) en lo atinente a la categoría profesional
que le correspondía revestir (“Categoría ‘B’”), déficits que impactaban
peyorativamente en la retribución a percibir.
Al relatar el escenario que circundó al fin de la relación, expuso que
desde el año 2014 la otrora dadora de trabajo le impuso numerosas
sanciones disciplinarias con motivo en inasistencias en las que debió incurrir
por “cuestiones de salud”, cuando en realidad -según adujo- aquél habría
presentado las correspondientes constancias en su oportuno momento.
Relató que, sobre tales comportamientos previos, mediante la epístola
expedida el 4.01.2016 la patronal procedió a comunicarle su despido
alegando justa causa, fundada en una ausencia de idéntica fecha (v. CD
nº729301200), pese a que en momento alguno lo constituyó en debida mora,
ni le requirió que brindase razones para justificar tal falta, ni menos aún llevó
a cabo el control previsto por el artículo 210 de la ley de contrato de trabajo.
Tal omisión, conforme aseveró, imposibilita “desde el punto de vista jurídico
que la sanción impuesta haga imposible la prosecución del vínculo laboral,
ya que mal puede la empresa saber que la ausencia de ese mismo día se
hallaba injustificada”.
Por su parte, en oportunidad de repeler la pretensión entablada,
ILBASA afincó su defensa sobre una categórica negativa acerca de ciertos
extremos fácticos invocados en la demanda, con especial énfasis en el
cumplimiento de tareas extraordinarias, la inexistencia de motivos que
tornasen ilegítima la decisión rupturista adoptada y las irregularidades de
conducta allí denunciadas (v. fs. 30/41vta.; I, II y III). Al brindar su versión
sobre los hechos concretos que motorizaron el pleito, adujo -en resumen-
que el Sr. GOMES comenzó a desempeñarse bajo su dirección hacia el
01.06.2009, durante una jornada de trabajo que efectivamente se extendía
de lunes a viernes desde las 6hs. hasta las 16hs., mas gozando -como el
resto del plantel de dependientes- de una -1- hora destinada al almuerzo,
libre de directivas u obligación prestacional alguna. También enfatizó que
#28775521#324290522#20220419183614655
Poder Judicial de la Nación
CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES DEL
TRABAJO - SALA I
#28775521#324290522#20220419183614655
tampoco ofrecer hacerlo o entregar certificado médico alguno. Desde idéntica
vertiente argumental, enfatiza en que tal inactividad también se verificó en la
última de sus ausencias, lo que -a su modo de ver- tornaría intrascendente
que dicha parte lo haya “despedido sin atender a una posible justificación”,
pues ese motivo “nunca apareció”.
Si bien las críticas bajo examen resultan acertadas, un examen
integral de las peripecias que transitó el vínculo enlazado por las partes
impide, a mi modo de ver, arribar a una decisión contraria a la recaída en la
instancia originaria. Las singulares aristas del caso tornan ineludible
referenciar, en primer término, las voluminosas medidas disciplinarias
aplicadas por ILBASA al actor durante el discurrir del contrato, una relevante
porción de ellas reconocidas -de modo explícito- por aquél mediante la pieza
inaugural, y el resto fehacientemente constatadas a través de las epístolas
que acompañó dicha sociedad al repeler la pretensión (v. Anexo de prueba
nº8418, integrado por cuerda; v. CD nº342282288 del 20.01.2014,
291198408 del 20.05.2014, 291202031 del 23.05.2014, 4695011223 del
28.07.2014, 496274574 del 29.10.2014, 355995115 del 2.02.2015,
672388475 del 20.04.2015, 6565895417 del 16.06.2015, 634349105 del
10.08.2015 y 662711072 del 9.11.2015). La integridad de esas diez -10-
penalidades halló móvil en incumplimientos de idéntica naturaleza (esto es,
inasistencias sin fundamento por parte del Sr. GOMES), ante cuya
concreción ILBASA decidió recurrir a idéntica tipología sancionatoria (vale
decir, suspensiones sin goce de sueldo), todas ellas comunicadas al
destinatario en -también- idénticos términos: “Ante sus faltas injustificadas…
agravadas por otras faltas injustificadas… notificamos suspensión… en el
uso de las facultades disciplinarias que la ley de contrato de trabajo confiere
al principal”. Tales antecedentes deben imprescindiblemente tenerse en
cuenta para desentrañar la irrepetible dinámica de la relación, por haber
operado cual marejada de la ruptura contractual que resolvió la empleadora
como reacción final ante la ausencia de fecha 4.01.2016, encarecida en su
gravedad debido a las inasistencias del 13.12.2015, 30.12.2015 y
#28775521#324290522#20220419183614655
Poder Judicial de la Nación
CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES DEL
TRABAJO - SALA I
#28775521#324290522#20220419183614655
aquélla iba a inclinarse por excluir definitivamente al Sr. GOMES de la
organización productiva.
Ello así pues, como reseñé, las medidas disciplinarias aplicadas por
dicha sociedad (reacción) frente a las inasistencias cometidas por el actor
con anterioridad (acción) en todos los supuestos habían residido en
suspensiones sin goce de haberes, a cumplirse durante una cantidad
variable de jornadas (de tres -3- a seis -6-), correctivos que -a su vez- en
ningún caso fueron acompañados de una advertencia -precisa, concreta,
asertiva- de que la reiteración de ese tipo de inobservancias obligacionales
podría dar lugar a empleo de sanciones más severas. De allí que, desde mi
visión, nada tornaba predecible que idéntica inconducta (reitero una vez más,
ausencias sin aviso ni fundamento), durante años pacíficamente merecedora
de una pena más leve (suspensiones), podría luego motorizar la aplicación
del castigo supremo (el despido); máxime cuando, a la época de la
desvinculación, la patronal aún tenía a plena disposición una gravitante dosis
del lapso previsto como límite por el artículo 220 de la LCT. En tal marco, mal
podría el actor haber -permítaseme la evocación a Jakobs- motivado su
comportamiento por la amenaza latente de esa pena, en la medida que no
existían indicadores aceptablemente certeros de que resultaba plausible que
recayera tal castigo.
Desde esta mirada, no luce ocioso poner de relieve que la aplicación
de las sanciones debe ajustarse a pautas racionales, evitando pasar
destempladamente de una relativa benignidad al rigor absoluto (v. en igual
sentido: Alonso Olea, Manuel y Casas Baamonde, María E., “Derecho del
trabajo”, Civitas, 26ª Ed., 2009, Madrid, pág. 391), criterio que -en la especie-
ILBASA pasó por alto al castigar con una intransigencia inesperada cierto
incumplimiento que siempre había reprochado a instancias de medidas de
menor gravedad, sin ofrecer previamente al actor una advertencia en ese
sentido. Reitero, en ninguno de los correos postales a través de los cuales
comunicó a GOMES las sanciones anteriores, incluyó un apercibimiento
#28775521#324290522#20220419183614655
Poder Judicial de la Nación
CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES DEL
TRABAJO - SALA I
#28775521#324290522#20220419183614655
consideraciones en modo alguno implican avalar lo acontecido, ni sentar
posición benévola en derredor del proceder -ciertamente obstinado- del Sr.
GOMES, ni mucho menos decir que sus reincidentes inasistencias fueran
dignas de encomio. Tan sólo importan sentenciar que la cesantía resuelta
por la empleadora emergió injustificada, al examinarla al calor de la
atmósfera interna del vínculo y bajo el prisma compuesto por los
temperamentos que las partes adoptaron, inconmoviblemente, con
anterioridad a la desvinculación.
Como corolario de lo expuesto y dentro de los estrictos confines de la
queja formulada por ILBASA, sugiero avalar el pronunciamiento apelado en
lo principal que decide, lo que -a su vez- conduce a desechar las críticas
accesorias a tal tópico (v. acáp. II, pág. 9).
IV.- Idéntica suerte negativa cabe imprimir a las objeciones
articuladas por el actor en torno a la valoración de la prueba recogida. Ello
así pues, incluso en el supuesto de soslayar -desde una perspectiva
meramente hipotética y favorable al planteo- que tal segmento del memorial
linda peligrosamente con la deserción recursiva, lo cierto es que ninguno de
los elementos aportados emerge hábil para corroborar la satisfacción de
tareas en exceso al límite impuesto por la jornada legal, ni el desarrollo de
funciones inherentes a la categoría convencional que aspiró a que se le
reconociera, ni tampoco que ingresó a trabajar con anterioridad a la época
consignada en los instrumentos pertinentes.
A fin de ilustrar lo expuesto nótese que, si bien la testigo Acuña (v. fs.
129/130) dio cuenta de que el actor comenzó a desempeñarse a favor de
ILBASA “el 29 de octubre de 2009”, satisfacía “diversas tareas, estaba en el
depósito, hacía atención al público, carga y descarga”, “trabajaba de lunes a
viernes de 6 a 16 y los sábados” y percibía sus haberes “en cómodas
cuotas”, luego reconoció explícitamente que conocía tales circunstancias
porque “él [iba] a [su] casa y [l]e contaba todas las cosas [de] su vida
laboral”. Análoga es la situación de Basiniani (v. fs. 132/133vta.), “fletero” a
quien ocasionalmente “[lo] mandan a cargar ahí a industrias lácteas”, en
#28775521#324290522#20220419183614655
Poder Judicial de la Nación
CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES DEL
TRABAJO - SALA I
#28775521#324290522#20220419183614655
desempeño en la data denunciada a través de la demanda, tópico sobre el
cual ha exhibido una palpable indeterminación como corolario de razonables
fallas en la memoria (“no me acuerdo bien la fecha”).
Si bien lo antedicho basta -por sí- para desestimar el agravio en
estudio por mediar una clara orfandad probatoria sobre las temáticas
sometidas a revisión, únicamente a mayor abundamiento me permito añadir,
con respecto al reclamo referente a la categoría profesional revestida, que
las tareas descriptas en la demanda exhiben un armónico calce con el
estatus profesional asignado por la empleadora.
Según lo dispuesto por la norma paritaria de aplicación, la posición
formalmente revestida por el actor (“Categoría B”) identifica al “[p]ersonal que
realiza tareas medianamente calificadas o medianamente complejas” y
comprende a “aquellos operarios, técnicos y/o empleados que desempeñan
tareas de mediana responsabilidad y que -poseyendo la preparación técnica
teórico-práctica necesaria realicen tareas de mediana complejidad dentro de
su especialidad”, quienes “[d]eben tener conocimiento básico de los trabajos
que se realizan dentro de su área y/o especialidad y -eventualmente-…
poder supervisar las tareas de los operarios de categorías inferiores” (v.
Anexo I del CCT n º 2/88). En cambio, respecto a la posición aspirada
(“Categoría C”) indica que tal personal “realiza tareas altamente calificadas o
complejas”, de modo que resultan comprendidos allí “los operarios, técnicos
y/o empleados de amplia preparación teórico- practica que los habilita para
realizar los trabajos de mayor responsabilidad dentro de su especialidad”, y
haciendo hincapié en que “[s]e requiere además un amplio conocimiento de
las tareas que se desempeñan en su área criterios e iniciativa deben
capacitarlos para aconsejar en todos los casos los cambios de
procedimientos y/o rutinas de trabajo para mejorar las tareas relacionadas
con su especialidad”.
En complemento a ello, y acaso con el evidente propósito de ilustrar
en términos prácticos tales descripciones, el instrumento convencional
provee una enunciación ejemplificativa (valga el pleonasmo) de cada
#28775521#324290522#20220419183614655
Poder Judicial de la Nación
CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES DEL
TRABAJO - SALA I
#28775521#324290522#20220419183614655
13/08/13, S.D. 89.125, “Quiroga, Hilda Antonia c/ Nueva Pilar S.A. s/
Despido”; 27/05/19, S.D. 93.611, “Manzano, Alejandra Gabriela c/ Atento
Argentina S.A. s/ Diferencia de Salarios”, entre innumerables
pronunciamientos). En esa inteligencia, las locuciones “relación laboral… que
no esté registrada” o “lo esté de modo deficiente”, alguna de las cuales
imprescindiblemente debe configurarse para operativizar el recargo
indemnizatorio establecido en el primero de los dispositivos referidos, deben
decodificarse a la luz de las precisiones que suministra el cuerpo normativo
precitado (ver también: CNAT, Sala IV, 28/03/18, S.D. 104.011, “Ramírez,
Silvina del Valle c/ Ave Caesar S.R.L. y otros s/ Despido”; Sala V, 20/12/19,
S.D. 83.893, “Castro Yuli, Alberto Ricardo c/ Baker Hughes Argentina S.R.L.
s/ Despido”). De allí que la falta de satisfacción oportuna de los haberes
devengados o la existencia de irregularidades con respecto al ingreso de las
contribuciones patronales destinadas a financiar el sistema de seguridad
social, entre otras hipótesis, no encuadren en la noción de “irregularidad” allí
concebida.
V.- Ambas partes sea agravian sobre lo resuelto con respecto a la
sanción conminatoria prevista en el artículo 132 bis de la LCT. Mientras que
el actor critica que el judicante anterior haya establecido el quantum de tal
penalización en cinco -5- períodos remuneratorios, la patronal objeta -lisa y
llanamente- su procedencia, aduciendo que la deuda previsional fue
regularizada y que la existente en materia de aportes destinados a la obra
social "era sólo parcial".
Ninguno de los cuestionamientos será atendido por mi intermedio.
En lo atinente al reproche formulado por la empleadora demandada,
suscita cierta perplejidad que tal parte reconozca expresamente la
subsistencia -aunque fragmentada- de la retención indebida de aportes
consagrados a financiar las prestaciones de la obra social, pero al unísono
solicite que se deje sin efecto la pena instituida en el ordenamiento ante la
configuración de dicha conducta. Tal incongruencia interna me exime de
esbozar mayores consideraciones para dar respuesta al agravio en cuestión.
#28775521#324290522#20220419183614655
Poder Judicial de la Nación
CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES DEL
TRABAJO - SALA I
#28775521#324290522#20220419183614655
imposición de un daño a su autor (cfr. López, Justo, “Aspectos de la
responsabilidad laboral”, [Link]-A-115 y ss.). Considera tal ilustre jurista
que la responsabilidad penal, en sentido amplio, se presenta cuando al
incumplimiento de un deber jurídico corresponde un daño (pena) como
consecuencia sancionatoria, y no una genérica “restitución”, sea un
resarcimiento o una reparación de daños no susceptibles de medida
económica propiamente dicha. Asimismo, siguiendo este mismo orden de
ideas, señala -citando a otros autores- que la proporcionalidad entre la falta y
la sanción es uno de los primeros principios del derecho penal (cfr. López,
Justo, “La falta administrativa laboral”, en [Link]-A-385 y ss.).
Bajo esas directrices, para determinar su cuantía necesariamente
cabe garantizar la existencia de una relativa proporción entre el
incumplimiento a penalizar y la magnitud del castigo impuesto, a cuyo efecto
entiendo prudente considerar las directrices aplicables para la justipreciación
de las consecuencias jurídico-penales que cabe asignar ante la comisión de
un delito, principios aplicables por extensión al caso por regir el principio de
culpabilidad (arts. 18 y 19 de la Constitución Nacional). Esa sanción no
puede ser “cruel”, en el sentido de que no debe ser desmedida respecto del
contenido injusto del hecho, pues -en palabras de la Corte Federal- “toda
medida que se traduzca en una privación de derechos debe guardar
proporcionalidad con la magnitud del contenido ilícito del hecho, o sea, con la
gravedad de la lesión al bien jurídico concretamente afectado” (Fallos: 329:
3680, en autos “Gramajo, Marcelo Eduardo s/ Robo en grado de tentativa”,
voto conjunto de los Dres. Zaffaroni, Highton de Nolasco, Maqueda y
Lorenzetti).
La única télesis aceptable, en este sentido, es aquella que enjuicia la
razonabilidad de la pena (“impuesta con ese nombre o con el que pudiera
nominársela”) confrontándola con los preceptos de raigambre constitucional
que le brindan anclaje y, por ende, la limitan. El criterio que se desprende a
partir de tal confrontación, orientado a garantizar la proporcionalidad entre la
sanción conminada y la ofensa llevada a cabo, opera como valladar a los
#28775521#324290522#20220419183614655
Poder Judicial de la Nación
CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES DEL
TRABAJO - SALA I
#28775521#324290522#20220419183614655
estimo prudente confirmar la cuantía establecida en origen, equivalente a
cinco -5- períodos remunerativos ($95.406,15).
VI.- Tampoco podrán prosperar las disquisiciones que vierte ILBASA
acerca de la falta de cómputo del monto consignado al repeler la demanda
($19.752,00.-), pues basta una superficial lectura de la sentencia atacada
para advertir que allí se detrajo tal suma al confeccionar la liquidación de los
diversos créditos diferidos a condena (v. Considerando III, pág. 6). E idéntico
destino adverso sufrirán las críticas que el Sr. GOMES dirige contra la base
remuneratoria tenida en consideración para calcular tales acreencias, en
tanto no advierto por qué fundamentos habría debido emplearse un estándar
salarial que aquél no alcanzó a devengar, precisamente por haber incurrido
en injustificados incumplimientos al deber prestacional que se había
comprometido a satisfacer.
VII.- A través del remedio bajo estudio, el trabajador también subraya
la existencia de un yerro en el segmento resolutivo del decisorio,
específicamente en cuanto se consignó un capital nominal de condena
disímil al resultante de los cálculos practicados en el Considerando III.
Si bien ese evidente error material podría haber sido subsanado por
vía de aclaratoria si el apelante lo hubiera interpuesto oportunamente ante el
juez que dictó el pronunciamiento, de todos modos, resulta procedente su
rectificación mediante el recurso de apelación en análisis (cfr. art. 100 de la
L.O.). Corresponde entonces, sin más, enmendar tal desliz y aclarar que el
capital nominal de condena asciende a la suma de $385.356,20.-, y no a la
de $290.090,61.
VIII.- Finalmente, propondré desestimar -aunque parcialmente- el
agravio en relación a la condena de hacer que dispuso el judicante anterior.
Como puede advertirse a partir de un mero cotejo de los instrumentos
anexados a la contestación de demanda, la patronal únicamente acompañó
el formulario A.N.S.E.S. PS 6.2. (“Certificado de servicios y
remuneraciones”), certificado que no da acabado cumplimiento al deber
previsto por el artículo 80 de la LCT ya que no contiene un detalle del tiempo
#28775521#324290522#20220419183614655
Poder Judicial de la Nación
CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES DEL
TRABAJO - SALA I
#28775521#324290522#20220419183614655
21.839; cfr. arg. CSJN Fallos: 319:1915 y 341:1063), considero que los
honorarios regulados a favor de los abogados de la demandada y de la perita
contadora deben consolidarse por aparecer razonables; en cambio, los
aranceles correspondientes a la representación letrada del actor lucen
excesivos, por lo que cabe reducirlos al 15% de la base regulatoria
establecida en origen.
XI.- Las costas generadas ante esta Alzada deben ser soportadas en
el orden causado, dado el resultado de los recursos deducidos (art. 71 del
Código Procesal Civil y Comercial de la Nación), a cuyo efecto propongo
regular la retribución de los profesionales intervinientes en el 30% de lo que
les corresponda percibir por sus trabajos de origen (arts. 38 d la L.O. y 30 de
la ley 27.423).
XII.- En síntesis, de prosperar mi voto correspondería: 1) Modificar
parcialmente la sentencia apelada y, en su mérito, aclarar que el capital
nominal de condena establecido en grado asciende a la suma de
$385.356,20.-, y circunscribir la condena de hacer a la entrega de los
instrumentos establecidos en el Considerando VIII del presente voto; 2)
Reducir los honorarios fijados a favor de la representación letrada del actor,
que se fijan en el 15% de la base regulatoria dispuesta en la instancia
anterior; 3) Confirmar el pronunciamiento anterior en todo lo demás que
decide y ha sido materia de recursos y agravios; 4) Imponer las costas de
Alzada en el orden causado; 5) Regular los honorarios de las
representaciones letradas que intervinieron ante esta instancia en el 30% de
lo que les corresponda percibir a cada una de ellas como retribución por sus
trabajos de origen.
#28775521#324290522#20220419183614655
Poder Judicial de la Nación
CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES DEL
TRABAJO - SALA I
Ante mí:
Verónica Moreno Calabrese
Secretaria de Cámara
#28775521#324290522#20220419183614655