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CÁMARA NACIONAL DE APELACIONES DEL


TRABAJO - SALA I

SENTENCIA DEFINITIVA CAUSA NRO. 66926/2016/CA1


AUTOS: “GOMES, NICOLAS GABRIEL C/ INDUSTRIAS LACTEAS DE
BUENOS AIRES S.A. S/ DESPIDO”.
JUZGADO NRO. 18 SALA I

En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en la fecha de registro que figura


en el Sistema Lex 100, la Sala Primera de la Cámara Nacional de
Apelaciones del Trabajo, procede a dictar sentencia en la causa del epígrafe,
y de acuerdo al correspondiente sorteo, se procede a votar en el siguiente
orden:

La Doctora Gabriela Alejandra Vázquez dijo:


I.- El Sr. Juez a quo admitió parcialmente la demanda orientada al
cobro de indemnizaciones por despido y otros créditos de naturaleza laboral
(v. pronunciamiento de fs. 233/237vta., dictado el 5.03.2021).
Tal decisión suscita las quejas de la demandada y del trabajador, con
arreglo a las exposiciones vertidas en los memoriales de agravios
incorporados al sistema informático en fechas 8.03.2021 y 12.03.2021, que
merecieron réplica de sus respectivas adversarias mediante presentaciones
efectuadas el 15.03.2021 y 17.03.2021. A su turno, la perita contadora critica
la retribución fijada a su favor por considerarla escasa (v. pieza del
11.03.2021).
II.- Recuerdo que, en la demanda, el Sr. GOMES sostuvo que hacia el
29.10.2007 comenzó a desempeñarse bajo la dependencia de INDUSTRIAS
LÁCTEAS DE BUENOS AIRES S.A. (desde aquí ILBASA), a favor de la
cual brindó funciones consistentes -entre otras tareas- en la carga y
descarga de la mercadería trasladada a bordo de camiones, pintar quesos y
permanecer en la cámara frigorífica, todo ello a cambio de una remuneración
mensual de $15.000.- que habitualmente era abonada en múltiples
fracciones. Denuncia que tal irregularidad salarial aparecía agravada por la
falta de pago de los trabajos desarrollados en exceso a los límites de la

Fecha de firma: 21/04/2022


Firmado por: MARIA VERONICA MORENO CALABRESE, SECRETARIO DE CAMARA
Firmado por: MARIA CECILIA HOCKL, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GABRIELA ALEJANDRA VAZQUEZ, JUEZ DE CAMARA

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jornada legal e inclusive por el encuadramiento erróneo de su labor
(“Categoría ‘C’”, cfr. CCT n º 2/88) en lo atinente a la categoría profesional
que le correspondía revestir (“Categoría ‘B’”), déficits que impactaban
peyorativamente en la retribución a percibir.
Al relatar el escenario que circundó al fin de la relación, expuso que
desde el año 2014 la otrora dadora de trabajo le impuso numerosas
sanciones disciplinarias con motivo en inasistencias en las que debió incurrir
por “cuestiones de salud”, cuando en realidad -según adujo- aquél habría
presentado las correspondientes constancias en su oportuno momento.
Relató que, sobre tales comportamientos previos, mediante la epístola
expedida el 4.01.2016 la patronal procedió a comunicarle su despido
alegando justa causa, fundada en una ausencia de idéntica fecha (v. CD
nº729301200), pese a que en momento alguno lo constituyó en debida mora,
ni le requirió que brindase razones para justificar tal falta, ni menos aún llevó
a cabo el control previsto por el artículo 210 de la ley de contrato de trabajo.
Tal omisión, conforme aseveró, imposibilita “desde el punto de vista jurídico
que la sanción impuesta haga imposible la prosecución del vínculo laboral,
ya que mal puede la empresa saber que la ausencia de ese mismo día se
hallaba injustificada”.
Por su parte, en oportunidad de repeler la pretensión entablada,
ILBASA afincó su defensa sobre una categórica negativa acerca de ciertos
extremos fácticos invocados en la demanda, con especial énfasis en el
cumplimiento de tareas extraordinarias, la inexistencia de motivos que
tornasen ilegítima la decisión rupturista adoptada y las irregularidades de
conducta allí denunciadas (v. fs. 30/41vta.; I, II y III). Al brindar su versión
sobre los hechos concretos que motorizaron el pleito, adujo -en resumen-
que el Sr. GOMES comenzó a desempeñarse bajo su dirección hacia el
01.06.2009, durante una jornada de trabajo que efectivamente se extendía
de lunes a viernes desde las 6hs. hasta las 16hs., mas gozando -como el
resto del plantel de dependientes- de una -1- hora destinada al almuerzo,
libre de directivas u obligación prestacional alguna. También enfatizó que

Fecha de firma: 21/04/2022


Firmado por: MARIA VERONICA MORENO CALABRESE, SECRETARIO DE CAMARA
Firmado por: MARIA CECILIA HOCKL, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GABRIELA ALEJANDRA VAZQUEZ, JUEZ DE CAMARA

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cumplía tareas propias de “ayudante de la sección logística”, consistentes en


la participación en el armado de pedidos para entregar a clientes, pesaje de
mercadería y despacho de camiones con carga, ocupaciones en un todo
congruentes con las referencias vertidas en la norma convencional para la
“Categoría ‘B’”. Por otro lado, al abocarse a detallar los motivos que dieron
lugar a la desvinculación del trabajador, sostuvo que aquél acostumbraba a
incurrir en innumerables inasistencias injustificadas entre los años 2014 y
2015, las cuales dicha parte sancionó -en forma oportuna- mediante el
empleo de también frondosas suspensiones por motivos disciplinarios.
Relató también que, pese a las medidas aplicadas, el Sr. GOMES nunca se
avino a deponer tal actitud y continuó ausentándose a su puesto de trabajo
sin ofrecer aviso previo ni tampoco motivos que brindasen fundamento a ese
proceder. En el escenario bosquejado, y frente a la nueva inasistencia
cometida en fecha 4.01.2016, dicha parte no tuvo otra alternativa que
avanzar en la disolución del vínculo, decisión -subrayó- motorizada por la
persistente inobservancia del Sr. GOMES a satisfacer el débito laboral
comprometido.
Como adelanté, luego de analizar los relatos desarrollados por los
litigantes y las pruebas arrimadas a la causa, el colega de la instancia
anterior entendió que el despido decidido por la patronal no resultó ajustado
a derecho pues, según entendió, la circunstancia de que aquélla omitiera
requerirle previamente una justificación al trabajador, como asimismo
interpelarlo a fin de que retomase sus funciones, obstaban a la posibilidad de
entender que la inasistencia detonante de la decisión (4.01.2016) carecía de
adecuado fundamento.
III.- La empleadora apelante cuestiona tal tramo del fallo apelado y
destaca, en aras de suministrar fundamentos al reproche intentado, que el
magistrado anterior prescindió de ponderar el panorama general de la
relación mantenida, contextualización que implicaba tener en mira que el Sr.
GOMES solía extender unilateralmente los períodos semanales de
descanso, sin jamás proporcionar descargos para sus inasistencias, ni

Fecha de firma: 21/04/2022


Firmado por: MARIA VERONICA MORENO CALABRESE, SECRETARIO DE CAMARA
Firmado por: MARIA CECILIA HOCKL, JUEZ DE CAMARA
Firmado por: GABRIELA ALEJANDRA VAZQUEZ, JUEZ DE CAMARA

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tampoco ofrecer hacerlo o entregar certificado médico alguno. Desde idéntica
vertiente argumental, enfatiza en que tal inactividad también se verificó en la
última de sus ausencias, lo que -a su modo de ver- tornaría intrascendente
que dicha parte lo haya “despedido sin atender a una posible justificación”,
pues ese motivo “nunca apareció”.
Si bien las críticas bajo examen resultan acertadas, un examen
integral de las peripecias que transitó el vínculo enlazado por las partes
impide, a mi modo de ver, arribar a una decisión contraria a la recaída en la
instancia originaria. Las singulares aristas del caso tornan ineludible
referenciar, en primer término, las voluminosas medidas disciplinarias
aplicadas por ILBASA al actor durante el discurrir del contrato, una relevante
porción de ellas reconocidas -de modo explícito- por aquél mediante la pieza
inaugural, y el resto fehacientemente constatadas a través de las epístolas
que acompañó dicha sociedad al repeler la pretensión (v. Anexo de prueba
nº8418, integrado por cuerda; v. CD nº342282288 del 20.01.2014,
291198408 del 20.05.2014, 291202031 del 23.05.2014, 4695011223 del
28.07.2014, 496274574 del 29.10.2014, 355995115 del 2.02.2015,
672388475 del 20.04.2015, 6565895417 del 16.06.2015, 634349105 del
10.08.2015 y 662711072 del 9.11.2015). La integridad de esas diez -10-
penalidades halló móvil en incumplimientos de idéntica naturaleza (esto es,
inasistencias sin fundamento por parte del Sr. GOMES), ante cuya
concreción ILBASA decidió recurrir a idéntica tipología sancionatoria (vale
decir, suspensiones sin goce de sueldo), todas ellas comunicadas al
destinatario en -también- idénticos términos: “Ante sus faltas injustificadas…
agravadas por otras faltas injustificadas… notificamos suspensión… en el
uso de las facultades disciplinarias que la ley de contrato de trabajo confiere
al principal”. Tales antecedentes deben imprescindiblemente tenerse en
cuenta para desentrañar la irrepetible dinámica de la relación, por haber
operado cual marejada de la ruptura contractual que resolvió la empleadora
como reacción final ante la ausencia de fecha 4.01.2016, encarecida en su
gravedad debido a las inasistencias del 13.12.2015, 30.12.2015 y

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31.12.2015, como asimismo frente a los anteriores incumplimientos, ya


reseñados (v. CD nº729301200 del 4.01.2016).
Efectúo tal valoración recordando, ante todo, que la preceptiva
dimanante del artículo 242 de la LCT encomienda a quien juzga el deber de
valorar prudencialmente la “injuria laboral” bajo un tamiz de estándares que
comprenden las características de la relación en estudio, las modalidades
que exhibe la actividad desarrollada y las irrepetibles circunstancias del caso
en cuestión. Acaso valga decirlo de otro modo para mayor ilustración: la
noción de injuria no es inmutable ni posee idéntica fuerza en todas partes
como -permítaseme la evocación aristotélica- el fuego que quema igual aquí
y en Persia; por el contrario, resulta eminentemente contingente y muta al
compás de los rasgos inherentes a cada relación específica. Esa variabilidad,
ilimitada en la insondable casuística, se proyecta tanto sobre los elementos
subjetivos de la falta, inherentes a la percepción personal que cada
contratante pueda poseer sobre el comportamiento reprochado, como
asimismo sobre factores de estirpe objetiva, constituida por la triple orilla de
la causalidad, oportunidad y proporcionalidad. De allí que un incumplimiento
contractual cualquiera, pueda revestir gravedad suficiente para obturar la
continuidad de un vínculo al emerger intolerable para sus intervinientes, o
bien no merecer sanción disciplinaria alguna porque éstos no lo consideran
suficientemente disruptivo de la armonía interna del nexo.
Las particularidades referenciadas exigen que el órgano jurisdiccional
prescinda de reglas predeterminadas o pautas genéricas en el escrutinio de
cada controversia y, en cambio, valore prudencialmente las circunstancias
fáctico-jurídicas irrepetibles del vínculo analizado. Examinado el caso desde
esa mirada, sólo puedo coincidir con el colega de origen en cuanto
descalificó por ilegítima la desvinculación decidida por ILBASA, mas no por
entender que “no ha sido acreditado que… la última inasistencia… fuera
injustificada”, silogismo que no encuentro acertado tanto desde una
perspectiva jurídica como desde el plano lógico, sino por considerar que el
comportamiento patronal que precedió a tal fatal medida impedía prever que

Fecha de firma: 21/04/2022


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aquélla iba a inclinarse por excluir definitivamente al Sr. GOMES de la
organización productiva.
Ello así pues, como reseñé, las medidas disciplinarias aplicadas por
dicha sociedad (reacción) frente a las inasistencias cometidas por el actor
con anterioridad (acción) en todos los supuestos habían residido en
suspensiones sin goce de haberes, a cumplirse durante una cantidad
variable de jornadas (de tres -3- a seis -6-), correctivos que -a su vez- en
ningún caso fueron acompañados de una advertencia -precisa, concreta,
asertiva- de que la reiteración de ese tipo de inobservancias obligacionales
podría dar lugar a empleo de sanciones más severas. De allí que, desde mi
visión, nada tornaba predecible que idéntica inconducta (reitero una vez más,
ausencias sin aviso ni fundamento), durante años pacíficamente merecedora
de una pena más leve (suspensiones), podría luego motorizar la aplicación
del castigo supremo (el despido); máxime cuando, a la época de la
desvinculación, la patronal aún tenía a plena disposición una gravitante dosis
del lapso previsto como límite por el artículo 220 de la LCT. En tal marco, mal
podría el actor haber -permítaseme la evocación a Jakobs- motivado su
comportamiento por la amenaza latente de esa pena, en la medida que no
existían indicadores aceptablemente certeros de que resultaba plausible que
recayera tal castigo.
Desde esta mirada, no luce ocioso poner de relieve que la aplicación
de las sanciones debe ajustarse a pautas racionales, evitando pasar
destempladamente de una relativa benignidad al rigor absoluto (v. en igual
sentido: Alonso Olea, Manuel y Casas Baamonde, María E., “Derecho del
trabajo”, Civitas, 26ª Ed., 2009, Madrid, pág. 391), criterio que -en la especie-
ILBASA pasó por alto al castigar con una intransigencia inesperada cierto
incumplimiento que siempre había reprochado a instancias de medidas de
menor gravedad, sin ofrecer previamente al actor una advertencia en ese
sentido. Reitero, en ninguno de los correos postales a través de los cuales
comunicó a GOMES las sanciones anteriores, incluyó un apercibimiento

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consistente en que reiterarse el incumplimiento adoptaría sanciones de


mayor gravedad.
Con base en esos elementos, sólo cabe entender que se verificó un
salto cualitativo irrazonable entre las alegadas inconductas cometidas y la
ejecución del pacto comisorio implícito en todo contrato. Es decir -plasmado
en otra terminología- que, examinado el conflicto a la luz de los
comportamientos anteriores de las partes (reitero, aquel indisoluble mar de
fondo que calibra el amperímetro aplicable para valorar lo acontecido), la
reacción de la empleadora careció de correspondencia, en su objetiva
severidad, con el comportamiento que habría operado como antecedente o
premisa básica. Tal disonancia debe ser descalificada a la luz del principio
capital de conservación del contrato que rige la materia (art. 10 de la LCT),
de cuya fuente también abrevan los deberes obligacionales descriptos
precedentemente, y cuyo espíritu puede resumirse en la máxima “evitar la
ruptura del vínculo en tanto ello sea posible”. Como es sabido, la
desvinculación de la persona trabajadora no sólo debe encontrar anclaje en
un incumplimiento contractual que impida la prosecución de la relación,
siquiera provisionalmente, sino que además constituye un desenlace al que
cabe acudir como último recurso, únicamente al no existir remedios que
puedan reencauzar el vínculo (v. en igual sentido, CNAT, Sala V, 31/08/10,
S.D. 72.545, “Schmeil, Esteban c/ Banco Itaú Buen Ayre S.A. s/ Despido”). Y
en el presente caso, considero que la empleadora podría haber exhibido una
congruencia con su conducta anterior y decidido agotar el cupo máximo de
suspensiones del cual aún disponía, o bien -cuanto menos- haber exhortado
al dependiente para que se aviniese a rectificar su conducta, pero
transmitiéndole con adecuada claridad que no deponer dicho
comportamiento desencadenaría una consecuencia aún más gravosa a las
aplicadas con anterioridad; vale decir, que lo despediría de reiterarse una
inasistencia injustificada.
Quisiera poner de relieve, aún a riesgo de aclarar lo ya
sobreentendido o incurrir en manifestaciones superfluas, que las precedentes

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consideraciones en modo alguno implican avalar lo acontecido, ni sentar
posición benévola en derredor del proceder -ciertamente obstinado- del Sr.
GOMES, ni mucho menos decir que sus reincidentes inasistencias fueran
dignas de encomio. Tan sólo importan sentenciar que la cesantía resuelta
por la empleadora emergió injustificada, al examinarla al calor de la
atmósfera interna del vínculo y bajo el prisma compuesto por los
temperamentos que las partes adoptaron, inconmoviblemente, con
anterioridad a la desvinculación.
Como corolario de lo expuesto y dentro de los estrictos confines de la
queja formulada por ILBASA, sugiero avalar el pronunciamiento apelado en
lo principal que decide, lo que -a su vez- conduce a desechar las críticas
accesorias a tal tópico (v. acáp. II, pág. 9).
IV.- Idéntica suerte negativa cabe imprimir a las objeciones
articuladas por el actor en torno a la valoración de la prueba recogida. Ello
así pues, incluso en el supuesto de soslayar -desde una perspectiva
meramente hipotética y favorable al planteo- que tal segmento del memorial
linda peligrosamente con la deserción recursiva, lo cierto es que ninguno de
los elementos aportados emerge hábil para corroborar la satisfacción de
tareas en exceso al límite impuesto por la jornada legal, ni el desarrollo de
funciones inherentes a la categoría convencional que aspiró a que se le
reconociera, ni tampoco que ingresó a trabajar con anterioridad a la época
consignada en los instrumentos pertinentes.
A fin de ilustrar lo expuesto nótese que, si bien la testigo Acuña (v. fs.
129/130) dio cuenta de que el actor comenzó a desempeñarse a favor de
ILBASA “el 29 de octubre de 2009”, satisfacía “diversas tareas, estaba en el
depósito, hacía atención al público, carga y descarga”, “trabajaba de lunes a
viernes de 6 a 16 y los sábados” y percibía sus haberes “en cómodas
cuotas”, luego reconoció explícitamente que conocía tales circunstancias
porque “él [iba] a [su] casa y [l]e contaba todas las cosas [de] su vida
laboral”. Análoga es la situación de Basiniani (v. fs. 132/133vta.), “fletero” a
quien ocasionalmente “[lo] mandan a cargar ahí a industrias lácteas”, en

Fecha de firma: 21/04/2022


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tanto admitió estar al tanto de que el Sr. GOMES “ingresó a trabajar… en el


2007… siempre trabajaba más horas de las que tenía que estar”, debido a
que “se pon[ía] a hablar con los muchachos”.
Esas justificaciones tornan pertinente poner de resalto que, como es
harto sabido, la prueba testimonial resulta inidónea como tal si es percibida
por los propios sentidos de quien la rinde, porque los “testigos” de un hecho
son sólo quienes tuvieron noción personal y directa del mismo, ya sea por
haberlo oído, visto o percibido de cualquier otra forma (S.D. del 30/06/98,
“Farías, Ramón c/ Coto C.I.C.S.A. s/ Despido”; S.D. 93.712, 26/06/19,
“Russo, Alejandro Facundo c/ Dos Anclas S.A. s/ Despido”, ambos del
registro de esta Sala). En tal inteligencia, si el declarante no aprehendió los
hechos narrados de modo directo, su aporte carece de poder suasorio,
especialmente si la génesis de conocimiento de aquéllos residiría en lo
manifestado por uno de los litigantes, fuente epistémica abiertamente
inadmisible.
Por otro lado, y a diferencia de lo esgrimido en el memorial, los
aportes de Lovari (v. fs. 185/186) y Herrera (v. fs. 189/190) no alcanzan a
mejoran su casi nulo rendimiento probatorio (v. desistimiento de las
testificales de Bareiro, Pedrozo y Oliver a fs. 184, 188 y 191). Dado que
dicha parte no articuló reclamos concretos en torno al tópico, ninguna
incidencia proyecta el hecho de que la primera de las testigos aludidas haya
precisado que el elenco de dependientes de ILBASA “recibía un adelanto [de
haberes] a mitad del mes y el resto se pagaba” con posterioridad, al tiempo
que la ambigua manifestación vertida en el sentido de que “hacía otras cosas
dentro del ámbito de la logística”, en modo alguno robustece la tesis de que
le correspondía ostentar una categoría convencional de mayor jerarquía.
Tampoco el análisis de la testifical rendida por Herrera luce ajustada a la
realidad de su testimonio, pues -contrariamente a lo deslizado en el recurso-
aquél no refirió haberle impartido directivas de trabajo al actor, posición que
atribuyó a “[P]ablo el que está en expedición adelante… [y a un sujeto de]
apellido Tevez”, ni tampoco ubicó -de modo asertivo- el inicio de su

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desempeño en la data denunciada a través de la demanda, tópico sobre el
cual ha exhibido una palpable indeterminación como corolario de razonables
fallas en la memoria (“no me acuerdo bien la fecha”).
Si bien lo antedicho basta -por sí- para desestimar el agravio en
estudio por mediar una clara orfandad probatoria sobre las temáticas
sometidas a revisión, únicamente a mayor abundamiento me permito añadir,
con respecto al reclamo referente a la categoría profesional revestida, que
las tareas descriptas en la demanda exhiben un armónico calce con el
estatus profesional asignado por la empleadora.
Según lo dispuesto por la norma paritaria de aplicación, la posición
formalmente revestida por el actor (“Categoría B”) identifica al “[p]ersonal que
realiza tareas medianamente calificadas o medianamente complejas” y
comprende a “aquellos operarios, técnicos y/o empleados que desempeñan
tareas de mediana responsabilidad y que -poseyendo la preparación técnica
teórico-práctica necesaria realicen tareas de mediana complejidad dentro de
su especialidad”, quienes “[d]eben tener conocimiento básico de los trabajos
que se realizan dentro de su área y/o especialidad y -eventualmente-…
poder supervisar las tareas de los operarios de categorías inferiores” (v.
Anexo I del CCT n º 2/88). En cambio, respecto a la posición aspirada
(“Categoría C”) indica que tal personal “realiza tareas altamente calificadas o
complejas”, de modo que resultan comprendidos allí “los operarios, técnicos
y/o empleados de amplia preparación teórico- practica que los habilita para
realizar los trabajos de mayor responsabilidad dentro de su especialidad”, y
haciendo hincapié en que “[s]e requiere además un amplio conocimiento de
las tareas que se desempeñan en su área criterios e iniciativa deben
capacitarlos para aconsejar en todos los casos los cambios de
procedimientos y/o rutinas de trabajo para mejorar las tareas relacionadas
con su especialidad”.
En complemento a ello, y acaso con el evidente propósito de ilustrar
en términos prácticos tales descripciones, el instrumento convencional
provee una enunciación ejemplificativa (valga el pleonasmo) de cada

Fecha de firma: 21/04/2022


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categorización. Dicho desarrollo, en lo que aquí interesa, signa como


encuadrable en la “Categoría B” a los/as trabajadores/as que desempeñen
faenas como peón “expedición-estibador” o “de carga y/o descarga”,
“[l]lenador/pesador/cosedor/pegador de envases a granel”, operario “de
producción… de almacén… de saladero… de depósito, sótano y/o cámara
de quesos” o “especializado”, “[p]icador de quesos” o “[p]alletizador”, entre
muchas otras funciones. Por su parte, otorgan ingreso a la “Categoría C” el
desarrollo de ocupaciones en calidad de “Operario preparador de pulpas y/o
frutas y/o jarabes”, “[m]aquinistas de elaboración continua de manteca” o
“extrusora /sopladora de envases” o “impresora de envases” o
“[u]ltrafiltración”, “[r]esponsable de saladero”, “[r]eparador de fermentos”,
“[o]perador de fundidora de quesos”, “[p]reparador de alimentos
balanceados”, “[l]abororistica”, “[q]uesero elaborador de ricota/muzzarella”,
“[p]esteurizador, “[r]ecibidor/tipificador de leche, u “[o]perador de equipos de
esterilización… de equipos planta deshidratadora… permanente de cámara
frigorífica”.
Ahora bien, dado que las tareas denunciadas en la pieza inicial no
emergen comprendidas ni en la descripción general de la posición ni menos
aún en la especificación previamente referenciada, siquiera desde la más
laxa de las posibles interpretaciones, aparece a todas luces evidente la
improcedencia de la pretensión deducida con anclaje en la incorrecta
categorización de las funciones cumplidas a favor de ILBASA.
Propongo, en consecuencia, confirmar el rechazo de los reclamos
deducidos en aras de percibir diferencias salariales por categoría
convencional y retribuciones por horas extraordinarias impagas, como
asimismo en procura del incremento indemnizatorio previsto por el artículo 1º
de la ley 25.323.
Merced a los argumentos esgrimidos por el recurrente, acerca de esta
última pretensión no creo ocioso añadir que -como sostuve inveteradamente-
tal precepto opera a modo de complemento al esquema delineado por la ley
24.013 con el objeto de combatir el empleo clandestino (v. esta Sala,

Fecha de firma: 21/04/2022


Firmado por: MARIA VERONICA MORENO CALABRESE, SECRETARIO DE CAMARA
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13/08/13, S.D. 89.125, “Quiroga, Hilda Antonia c/ Nueva Pilar S.A. s/
Despido”; 27/05/19, S.D. 93.611, “Manzano, Alejandra Gabriela c/ Atento
Argentina S.A. s/ Diferencia de Salarios”, entre innumerables
pronunciamientos). En esa inteligencia, las locuciones “relación laboral… que
no esté registrada” o “lo esté de modo deficiente”, alguna de las cuales
imprescindiblemente debe configurarse para operativizar el recargo
indemnizatorio establecido en el primero de los dispositivos referidos, deben
decodificarse a la luz de las precisiones que suministra el cuerpo normativo
precitado (ver también: CNAT, Sala IV, 28/03/18, S.D. 104.011, “Ramírez,
Silvina del Valle c/ Ave Caesar S.R.L. y otros s/ Despido”; Sala V, 20/12/19,
S.D. 83.893, “Castro Yuli, Alberto Ricardo c/ Baker Hughes Argentina S.R.L.
s/ Despido”). De allí que la falta de satisfacción oportuna de los haberes
devengados o la existencia de irregularidades con respecto al ingreso de las
contribuciones patronales destinadas a financiar el sistema de seguridad
social, entre otras hipótesis, no encuadren en la noción de “irregularidad” allí
concebida.
V.- Ambas partes sea agravian sobre lo resuelto con respecto a la
sanción conminatoria prevista en el artículo 132 bis de la LCT. Mientras que
el actor critica que el judicante anterior haya establecido el quantum de tal
penalización en cinco -5- períodos remuneratorios, la patronal objeta -lisa y
llanamente- su procedencia, aduciendo que la deuda previsional fue
regularizada y que la existente en materia de aportes destinados a la obra
social "era sólo parcial".
Ninguno de los cuestionamientos será atendido por mi intermedio.
En lo atinente al reproche formulado por la empleadora demandada,
suscita cierta perplejidad que tal parte reconozca expresamente la
subsistencia -aunque fragmentada- de la retención indebida de aportes
consagrados a financiar las prestaciones de la obra social, pero al unísono
solicite que se deje sin efecto la pena instituida en el ordenamiento ante la
configuración de dicha conducta. Tal incongruencia interna me exime de
esbozar mayores consideraciones para dar respuesta al agravio en cuestión.

Fecha de firma: 21/04/2022


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Por otro lado, acerca de la cuantía en función de la cual progresa el


concepto en análisis, resulta pertinente poner de relieve que el artículo 132
bis de la LCT (art.43 de la ley 25.345), con clara intención de erradicar
incumplimientos relativos al régimen de aportes y contribuciones destinados
a la seguridad social, diseñó un sistema punitivo consistente en el
devengamiento de una sanción conminatoria mensual equivalente al haber
devengado por la persona trabajadora al tiempo de la extinción del contrato.
Se trata, pues, de una pena de origen legal que guarda notables similitudes
con el derogado régimen de salarios continuatorios que rigió en el ámbito de
la industria de la construcción en tiempos pretéritos, conforme a lo
establecido por el artículo 3º del decreto ley 17.258/67. Tal como lo he
señalado en casos análogos al presente, corresponde evaluar la
envergadura de la deuda que mantenía el empleador frente a la magnitud de
la sanción impuesta, es decir, considerar si la exigibilidad del monto real de
la deuda puede -o no- justificar la sanción del ordenamiento referido, frente a
condenas exageradamente superiores al monto original de la deuda de que
se trataba. Como referí, nos hallamos frente a una penalización cuya causa
génesis reposa en el ordenamiento normativo, lo que exige tener presente
que esa tipología de sanciones siempre fue concebida con la posibilidad de
que la judicatura analice la conducta del deudor, teniendo la posibilidad de
reducirlas o dejarlas sin efecto con arreglo a las características del caso,
extremo que no se verifica en el caso de la norma bajo análisis que -en
principio- no prevé tal facultad (v. mi voto en S.D. 88.575, 23/05/13, “Estrada,
Gastón Adrián c/ Attar, Omar Lorenzo s/ Despido”, del registro de esta Sala).
No escapa a mi criterio que, si bien la propia norma la califica como
sanción conminatoria, en rigor conceptual no se trata de una astreinte por
cuanto no nos hallamos frente al incumplimiento de un deber jurídico
impuesto en una resolución judicial (art. 666 bis, primer párrafo del entonces
vigente Código Civil velezano). En opinión de Justo López, las
condenaciones conminatorias tienen carácter principalmente penal en tanto
no remedian el daño de quien ha sufrido la ilicitud, sino que consisten en la

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imposición de un daño a su autor (cfr. López, Justo, “Aspectos de la
responsabilidad laboral”, [Link]-A-115 y ss.). Considera tal ilustre jurista
que la responsabilidad penal, en sentido amplio, se presenta cuando al
incumplimiento de un deber jurídico corresponde un daño (pena) como
consecuencia sancionatoria, y no una genérica “restitución”, sea un
resarcimiento o una reparación de daños no susceptibles de medida
económica propiamente dicha. Asimismo, siguiendo este mismo orden de
ideas, señala -citando a otros autores- que la proporcionalidad entre la falta y
la sanción es uno de los primeros principios del derecho penal (cfr. López,
Justo, “La falta administrativa laboral”, en [Link]-A-385 y ss.).
Bajo esas directrices, para determinar su cuantía necesariamente
cabe garantizar la existencia de una relativa proporción entre el
incumplimiento a penalizar y la magnitud del castigo impuesto, a cuyo efecto
entiendo prudente considerar las directrices aplicables para la justipreciación
de las consecuencias jurídico-penales que cabe asignar ante la comisión de
un delito, principios aplicables por extensión al caso por regir el principio de
culpabilidad (arts. 18 y 19 de la Constitución Nacional). Esa sanción no
puede ser “cruel”, en el sentido de que no debe ser desmedida respecto del
contenido injusto del hecho, pues -en palabras de la Corte Federal- “toda
medida que se traduzca en una privación de derechos debe guardar
proporcionalidad con la magnitud del contenido ilícito del hecho, o sea, con la
gravedad de la lesión al bien jurídico concretamente afectado” (Fallos: 329:
3680, en autos “Gramajo, Marcelo Eduardo s/ Robo en grado de tentativa”,
voto conjunto de los Dres. Zaffaroni, Highton de Nolasco, Maqueda y
Lorenzetti).
La única télesis aceptable, en este sentido, es aquella que enjuicia la
razonabilidad de la pena (“impuesta con ese nombre o con el que pudiera
nominársela”) confrontándola con los preceptos de raigambre constitucional
que le brindan anclaje y, por ende, la limitan. El criterio que se desprende a
partir de tal confrontación, orientado a garantizar la proporcionalidad entre la
sanción conminada y la ofensa llevada a cabo, opera como valladar a los

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excesos del poder punitivo estatal respecto de eventuales transgresores a


las leyes. Dicho cotejo, no resulta ocioso resaltar, no puede resolverse a
partir de la aplicación lisa y llana de meras fórmulas aritméticas universales:
demanda, de quien la justiprecia, un mínimo de razonabilidad para garantizar
que dicha conminación sancionatoria pueda ser aceptada en el marco de un
Estado de Derecho (CSJN, Fallos: 314:424, en autos “Pupelis, María Cristina
y otros”, sentencia del 14/05/91). Desde esta perspectiva, la imposición de
una condena representativa de 75 remuneraciones mensuales (a la fecha del
presente pronunciamiento) o $1.431.092,25.- ($19.081,23 x 75) como
consecuencia de haber omitido parcialmente los aportes destinados a la obra
social cuya cuantía no pudo haber excedido los $15.343,64.- (v.
remuneraciones percibidas, cfr. peritaje contable de fs. 143/151), a raíz de
una aplicación literal -en la especie- del artículo 132 bis de la LCT,
expresaría una inconciliable falta de correspondencia entre el bien jurídico
lesionado y la intensidad de la privación de los bienes jurídicos del infractor y
–por ende- también de su derecho de propiedad (art. 14 de la Constitución
Nacional).
Creo necesario enfatizar en que la exégesis que propugno en modo
alguno importa subestimar las funestas consecuencias que conductas como
la perpetrada por la infractora representan de cara al financiamiento del
régimen previsional y de las obras sociales, ni tampoco minimizar el reproche
de carácter ético-moral que amerita una apropiación indebida del crédito del
trabajador, ni menos aún desconocer sus aspiraciones disuasivas (cfr. art. 43
de la ley 25.345, ya examinado). Sin embargo, tales fundamentos no
justifican prescindir de examinar si la severidad de una sanción -en el caso
concreto- decanta en un resultado intolerable por desproporcionado, pues la
pena debe ser, ante todo, justa; de lo contrario, su legitimidad se distorsiona.
A partir de lo expuesto, y por aplicación de lo establecido por el
Máximo Tribunal en el sentido que la morigeración de las penas demasiado
rigurosas reposa en el prudente arbitrio del/de la juez/a natural del caso,

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estimo prudente confirmar la cuantía establecida en origen, equivalente a
cinco -5- períodos remunerativos ($95.406,15).
VI.- Tampoco podrán prosperar las disquisiciones que vierte ILBASA
acerca de la falta de cómputo del monto consignado al repeler la demanda
($19.752,00.-), pues basta una superficial lectura de la sentencia atacada
para advertir que allí se detrajo tal suma al confeccionar la liquidación de los
diversos créditos diferidos a condena (v. Considerando III, pág. 6). E idéntico
destino adverso sufrirán las críticas que el Sr. GOMES dirige contra la base
remuneratoria tenida en consideración para calcular tales acreencias, en
tanto no advierto por qué fundamentos habría debido emplearse un estándar
salarial que aquél no alcanzó a devengar, precisamente por haber incurrido
en injustificados incumplimientos al deber prestacional que se había
comprometido a satisfacer.
VII.- A través del remedio bajo estudio, el trabajador también subraya
la existencia de un yerro en el segmento resolutivo del decisorio,
específicamente en cuanto se consignó un capital nominal de condena
disímil al resultante de los cálculos practicados en el Considerando III.
Si bien ese evidente error material podría haber sido subsanado por
vía de aclaratoria si el apelante lo hubiera interpuesto oportunamente ante el
juez que dictó el pronunciamiento, de todos modos, resulta procedente su
rectificación mediante el recurso de apelación en análisis (cfr. art. 100 de la
L.O.). Corresponde entonces, sin más, enmendar tal desliz y aclarar que el
capital nominal de condena asciende a la suma de $385.356,20.-, y no a la
de $290.090,61.
VIII.- Finalmente, propondré desestimar -aunque parcialmente- el
agravio en relación a la condena de hacer que dispuso el judicante anterior.
Como puede advertirse a partir de un mero cotejo de los instrumentos
anexados a la contestación de demanda, la patronal únicamente acompañó
el formulario A.N.S.E.S. PS 6.2. (“Certificado de servicios y
remuneraciones”), certificado que no da acabado cumplimiento al deber
previsto por el artículo 80 de la LCT ya que no contiene un detalle del tiempo

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de prestación de servicios y naturaleza de la labor, ni tampoco de los aportes


efectuados ni las contribuciones atinentes al empleador. Sólo se limita a
especificar los períodos de desempeño laboral, las remuneraciones
percibidas en los últimos ciento -120- veinte meses y el domicilio de
radicación de la fuente documental (ver mi voto en S.D. 94.021, 23/09/19,
“Gerez, Alfredo José c/ Rottio S.A. y otros s/ Despido”, del registro de esta
Sala).
En consecuencia, corresponde confirmar también este aspecto de la
decisión en crisis, aunque circunscribiendo el deber de hacer únicamente a la
confección y entrega de: a) un certificado de trabajo, conteniendo las
indicaciones sobre el tiempo de prestación de servicios y naturaleza de
éstos, y la calificación profesional obtenida en el o los puestos de trabajo
desempeñados (cfr. art. s/n del Capítulo VIII de la LCT, incorporado mediante
art. 1° de la ley 24.576, B.O. 13/11/1995) y b) una constancia documentada
de los fondos dirigidos a la seguridad social y la/s respectiva/s entidades
sindicales (ingresadas ya sea como obligado directo o como agente de
retención).
IX.- A mérito de la decisión que propongo imprimir a los tópicos
centrales del pleito, deviene inoficioso el abordaje de la crítica formulada por
la patronal en torno al orden de imposición de costas dispuesto en origen,
puesto que su fundamentación denota –sin dejar margen para la duda- que
ha sido introducida como un accesorio de las objeciones medulares (“Mi
parte se agravia igualmente por la imposición de las costas a mi
representada, liberando a la actora de las costas en que su reclamo
incurriera. Al resolver la revocatoria pedida, al tiempo de dictar la sentencia
definitiva, solicito se modifique la imposición de costas”, v. acáp. IV, pág. 9)
y, por ende, dependía del éxito de aquéllas para prosperar.
X.- Con arreglo al mérito, calidad, eficacia y extensión de los trabajos
cumplidos, el resultado del pleito, lo normado por el artículo 38 de la LO y
disposiciones arancelarias de aplicación y vigentes a la época de las tareas
ponderadas a los fines regulatorios (arts.1º, 6º, 7º, 8º, 9º, 19 y 37 de la ley

Fecha de firma: 21/04/2022


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21.839; cfr. arg. CSJN Fallos: 319:1915 y 341:1063), considero que los
honorarios regulados a favor de los abogados de la demandada y de la perita
contadora deben consolidarse por aparecer razonables; en cambio, los
aranceles correspondientes a la representación letrada del actor lucen
excesivos, por lo que cabe reducirlos al 15% de la base regulatoria
establecida en origen.
XI.- Las costas generadas ante esta Alzada deben ser soportadas en
el orden causado, dado el resultado de los recursos deducidos (art. 71 del
Código Procesal Civil y Comercial de la Nación), a cuyo efecto propongo
regular la retribución de los profesionales intervinientes en el 30% de lo que
les corresponda percibir por sus trabajos de origen (arts. 38 d la L.O. y 30 de
la ley 27.423).
XII.- En síntesis, de prosperar mi voto correspondería: 1) Modificar
parcialmente la sentencia apelada y, en su mérito, aclarar que el capital
nominal de condena establecido en grado asciende a la suma de
$385.356,20.-, y circunscribir la condena de hacer a la entrega de los
instrumentos establecidos en el Considerando VIII del presente voto; 2)
Reducir los honorarios fijados a favor de la representación letrada del actor,
que se fijan en el 15% de la base regulatoria dispuesta en la instancia
anterior; 3) Confirmar el pronunciamiento anterior en todo lo demás que
decide y ha sido materia de recursos y agravios; 4) Imponer las costas de
Alzada en el orden causado; 5) Regular los honorarios de las
representaciones letradas que intervinieron ante esta instancia en el 30% de
lo que les corresponda percibir a cada una de ellas como retribución por sus
trabajos de origen.

La Doctora María Cecilia Hockl dijo:

Adhiero al voto que antecede por compartir sus fundamentos y


conclusiones.

Fecha de firma: 21/04/2022


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A mérito de lo que resulta del precedente acuerdo, el TRIBUNAL


RESUELVE:
1) Modificar parcialmente la sentencia apelada y, en su mérito, aclarar que el
capital nominal de condena establecido en grado asciende a la suma de
$385.356,20.-, y circunscribir la condena de hacer a la entrega de los
instrumentos establecidos en el Considerando VIII del voto fundante del
presente decisorio. 2) Reducir los honorarios fijados a favor de la
representación letrada del actor, que se fijan en el 15% de la base regulatoria
dispuesta en la instancia anterior. 3) Confirmar el pronunciamiento anterior
en todo lo demás que decide y ha sido materia de recursos y agravios. 4)
Imponer las costas de Alzada en el orden causado, regulando los honorarios
de las representaciones letradas que intervinieron ante esta instancia en el
30% de lo que les corresponda percibir a cada una de ellas como retribución
por sus trabajos de origen. 5) Hacer saber a las partes que la totalidad de las
presentaciones deberán efectuarse en formato digital (CSJN punto n°11 de la
Ac. 4/2020, reiterado en los Anexos I y II de la Ac. 31/2020).
Regístrese, notifíquese, oportunamente comuníquese (art.4º,
Acordada CSJN N º 15/13) y devuélvase.

Gabriela A. Vázquez María Cecilia Hockl


Jueza de Cámara Jueza de Cámara

Ante mí:
Verónica Moreno Calabrese
Secretaria de Cámara

Fecha de firma: 21/04/2022


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