El salon olía a marcador y a lápices de madera
recién afilados. Me encontraba en un rincón
sentado. Me gustaba aislarme, todo se volvía
borroso y podía estar tranquilo. Cerré mis ojos,
nadando entre mis pensamientos, y, en ese
momento, pensé que podria quedarme aqui para
siempre.
Pero una luz casi angelical me interrumpió entre
sueños. Era ella. Su pelo exageradamente rojo y
brillante me lastimaba los ojos. Sus ojos azules
parecían lagunas brillantes y hermosas en las
que podria hundirme. Sus labios rojos y
carnosos que resaltaban con su delicada y
palida piel. Parecia el sol entre la nieve. A veces
me preguntaba a cuantos chicos les habia roto
el corazón en mil pedazos, incluso sin tener ni
una pizca de maldad. Estaba hablando con sus
amigas, pero de alguna manera ella brillaba
entre todas. Era una luz resplandeciente en
medio de la oscuridad. Apoye mi brazo en la
mesa y recargue mi barbilla en mi mano. Me
resultaba satisfactorio verla.
Sintió el peso de mi mirada y volteó hacia mi. En
mi mente todo sucedió tan lento. Sus ojos se
posaron en mi. Ella sonrió angelicalmente. Mi
corazon dio un pequeño vuelco. Y, en ese
momento, me avergoncé de ser una chica,
deseando desesperadamente que, algun dia,
pudiera volver a ser un hombre, y asi Jessica me
viera con otros ojos. Asi poder protegerla. Asi
poder ser suyo.