Macbeth Lista de Personajes
Duncan, rey de Escocia
Un hombre mayor, amable y confiado. La naturaleza desprevenida de
Duncan lo deja expuesto a la traición de Macbeth. Tanto antes como
después del regicidio, es su naturaleza particularmente virtuosa lo
que aumenta la sensación de culpa de Macbeth. El Duncan histórico,
por cierto, era un hombre joven cuando fue traicionado por su general
Macbeth.
Malcolm y Donalbain, hijos de Duncan
Aunque Malcolm y Donalbain parecen haber heredado el sentido de
justicia de Duncan, ambos muestran una astucia que supera con
creces la de su padre. Después de la muerte de Duncan, temen con
razón por sus vidas y huyen de Escocia. Cuando está en el extranjero,
Malcolm también pone a prueba la lealtad de Macduff sugiriendo
ideas deshonrosas y corruptas. Tal astucia permite su regreso exitoso
a la corona de Escocia.
Macbeth, señor de Glamis
Macbeth, originalmente, señor de Glamis y general en el ejército del
rey. Como recompensa por su valiente lucha, descrita en la escena
inicial, Macbeth es también nombrado señor de Cawdor.
Apropiadamente, el anterior señor de Cawdor era un traidor a la
corona que parecía leal. En el fondo, Macbeth no merece el adjetivo
"malvado". Sin duda, comete regicidio y finalmente ordena la muerte
de mujeres y niños por igual. Pero, a diferencia de Yago, de Otelo, o
de Edmundo, de El rey Lear, Macbeth no es un villano explícitamente
malicioso. Su primer crimen es producto de profecías oportunistas,
cierta debilidad de carácter, su desmedida ambición y, ciertamente,
la influencia de Lady Macbeth. A partir de ahí se ve obligado a
cometer más crímenes en un intento de cubrir sus huellas y desafiar
la profecía de las tres brujas. Después de la muerte de Duncan y la
huida de Malcolm y Donalbain, Macbeth gobierna como rey de Escocia
hasta su muerte.
Banquo, señor de Lochaber
General, junto con Macbeth, en el ejército de Duncan, Banquo
también es objeto de una de las profecías de las brujas. Sin embargo,
a diferencia de Macbeth, Banquo no actúa para que se cumpla. En
cambio, confía más en su juicio y su moral. Fiel a las palabras de las
brujas, su hijo Fleancio escapa de los asesinos de Macbeth para
convertirse en futuro rey. Banquo también es importante porque su
fantasma vuelve para perseguir a Macbeth, infundiendo así una fuerte
sensación de inquietud entre los sirvientes de este.
Lady Macbeth
Lo que a Macbeth le falta de decisión, Lady Macbeth lo compensa con
sangrienta sed de poder y riqueza. Lady Macbeth manipula
poderosamente a su esposo, al comienzo de la obra, para llevar a
cabo sus planes de matar a Duncan. Después del acto de regicidio, es
Lady Macbeth quien tiene la sensatez mental para plantar la
evidencia incriminatoria en los guardias de Duncan. Sin embargo, su
firmeza se desintegra gradualmente a medida que avanza la obra,
arrastrándola a pesadillas que la atormentan y la llevan, finalmente,
al suicidio. En este sentido, Lady Macbeth parece intercambiar su
personalidad con Macbeth a mitad de la obra. Aunque es más famosa
por su crueldad, el declive de Lady Macbeth es también un aspecto
sumamente interesante y, sin dudas, misterioso de Macbeth.
Un portero al servicio de Macbeth
Provee alivio cómico con sus comentarios sobre el infierno.
Seton
Oficial de Macbeth.
Tres sicarios
Contratados por Macbeth para matar a Banquo, Fleancio, la esposa y
el hijo de Macduff. Como solo dos asesinos son explícitamente
contratados por Macbeth, los comentaristas especulan sobre la
identidad del tercer asesino. Un candidato popular es el propio
Macbeth.
Fleancio
Hijo de Banquo. Es el único que escapa de la emboscada organizada
por Macbeth contra él y su padre.
Macduff, señor de Fife
Un noble escocés que cuestiona el gobierno tiránico de Macbeth y se
niega a reconocerlo como rey. Macduff sigue a Malcolm a Inglaterra,
donde demuestra su verdadera fidelidad a Escocia. Cuando el ejército
inglés marcha hacia Dunsinania, es Macduff quien mata a Macbeth en
un duelo. Esto no contradice los presagios de las brujas, que decían
que Macbeth era invencible contra cualquier hombre nacido de una
mujer, ya que Macduff nació prematuramente y fue extraído del
cuerpo de su madre ya fallecida.
Lady Macduff
Un complemento amable y maternal de la falta de simpatía y
feminidad de Lady Macbeth. Es asesinada junto a sus hijos después
de que Macduff huye de Escocia.
El hijo de Macduff
La corta edad del hijo de Macduff hace su muerte aún más
lamentable.
Lennox
Un noble escocés que cuestiona, gradualmente, el gobierno tiránico
de Macbeth.
Ross
Primo de Macbeth, Ross es un noble escocés que eventualmente se
vuelve contra Macbeth, eligiendo el lado de Malcolm y las fuerzas
inglesas.
Anguss, Menteith y Caithness
Nobles escoceces que se unen a Malcolm y las fuerzas inglesas contra
Macbeth.
Suardo, señor de Northumberland
Como hermano de Duncan, lidera el ejército inglés contra Macbeth.
Su ejército se disfraza con ramas de la selva de Birnam, cumpliendo
así la profecía de las brujas de que Macbeth caería solo cuando las
selva de Birnam se acercara a Dunsinania. Suardo es también un
padre orgulloso, declarando su aprobación cuando su hijo muere
valientemente en la batalla.
El joven Suardo
Hijo de Suardo, asesinado por Macbeth en combate.
Hécate
Algunos críticos creen que su personaje fue agregado posteriormente
a la obra por un dramaturgo.
Tres brujas
Las brujas prevén el ascenso de Macbeth al poder y su derrota, así
como la sucesión de la línea de Banquo. Aparentemente sin ningún
motivo real, su discurso está lleno de paradojas y equívocos. Aunque
las brujas no tienen mucho carácter per se, en muchos aspectos son
centrales para el desarrollo de la trama y los temas de la obra (para
un análisis preliminar, ver el del Acto Primero, Escena I).
Macbeth Temas
La profecía
La trama de Macbeth se pone en marcha, aparentemente, por la
profecía de las tres brujas. La profecía aviva las llamas de la ambición
dentro de Macbeth y Lady Macbeth, sirviendo como el principal
impulso para que la pareja planee la muerte de Duncan, y
posteriormente la de Banquo. Pero uno también se pregunta: ¿Habría
Macbeth cometido crímenes tan atroces si no hubiera sido por las
profecías? ¿Y si hubiera ignorado las declaraciones de las brujas? Tal
especulación, por interesante que sea, parece inútil, ya que se trata,
en última instancia, de una profecía autocumplida. Las brujas
conocen el trágico defecto de Macbeth: dada su irresistible tentación
de convertirse en rey, elegirá cometer un asesinato a pesar de que
podría, simplemente, ignorar sus palabras. Resulta ser que las
profecías no solo están predestinadas sino que son, además, fatales,
ya que la confianza de Macbeth en las brujas lo lleva a pelear una
batalla precipitada en el acto final.
La culpa y el remordimiento
Algunas de las líneas más famosas y poéticas de Macbeth son
expresiones de remordimiento. "No bastaría todo el océano para lavar
la sangre de mis dedos" (II, ii, 49) exclama Macbeth después de
apuñalar a Duncan. Del mismo modo, a Lady Macbeth la persigue una
"mancha" que no puede quitar de su mano: "¡Lejos de mí esta
horrible mancha! (...) Pero ¿por qué no quedan limpias nunca mis
manos?¨ (V, i, 81). Vestigio físico de un crimen lamentable al
principio, la sangre real deja marcas permanentes en la psique de la
pareja, manchándola para siempre de culpa y remordimiento. Las
diferentes formas en las que los Macbeth hacen frente a sus crímenes
muestran cómo se desarrollan sus personajes: mientras que Lady
Macbeth carece inicialmente de escrúpulos, instando a Macbeth a
tomar medidas, es un sentimiento abrumador de culpa y
remordimiento lo que la lleva a su prematura muerte. Macbeth, a la
inversa, parece superar la culpa que lo acosa al principio de la obra.
Sombras y visiones
Así como una abrumadora conciencia de su culpa enloquece a Lady
Macbeth, también la mente de Macbeth proyecta la visión de una
daga antes de asesinar a Duncan (II, i, 47). En lo que concierne a
fantasmas y visiones, la relación de lo natural con lo sobrenatural en
Macbeth no está clara. Las tres sombras que convocan las brujas, por
ejemplo, generalmente se consideran "reales", aunque solo sea como
ocurrencias sobrenaturales. Pero el asunto es menos claro cuando se
trata del fantasma de Banquo. Macbeth es el único que ve al
fantasma en una habitación llena de gente. ¿Es esta otra proyección
de su mente febril? ¿O es realmente, por así decirlo, un hecho
sobrenatural? Tales ambigüedades contribuyen al efecto misterioso y
a la sensación de extrañeza que impregnan la obra, desde la escena
inicial con las tres brujas barbudas.
Lo natural / sobrenatural
Si se entiende que la profecía de las brujas impone un orden
sobrenatural en el orden natural de las cosas, también se puede
entender que el orden natural responde con signos tempestuosos.
Después de la muerte de Duncan, Lennox describe la "mala noche"
con cierto detalle (II, iv, 50). De manera similar, Ross señala: "¡Con
qué cólera mira el cielo la trágica escena de los hombres!" (II, v, 53).
En la misma escena, el viejo y Ross están de acuerdo en que vieron a
los caballos del rey "vueltos al primitivo estado salvaje" (II, v, 53).
Incluso los eventos que conducen a la conclusión de la obra pueden
entenderse como una negociación de lo natural y lo sobrenatural.
Mientras que Macbeth cree que está fuera de peligro porque la selva
de Birnam no puede acercarse a Dunsinania, la selva es literalmente
arrancada por el ejército inglés de acuerdo con la profecía. La
dicotomía entre lo natural y lo sobrenatural forma un telón de fondo
que sugiere las proporciones épicas de la lucha por la corona
escocesa.
La dicotomía y la ambigüedad
"El mal es bien, y el bien es mal: cortemos el aire y la niebla" (I, i, 33).
La primera escena del primer acto termina con estas palabras de las
brujas, de las que Macbeth hace eco en su primera línea: "¡Día de
sangre, pero hermoso más que cuantos he visto!" (I, iii, 36). De
manera similar, muchas escenas concluyen con líneas que presentan
dicotomía o ambigüedad: "¡Duncan no oigas el tañido de esa
campana, que me invita al crimen, y que te abre las puertas del cielo
o del infierno!" (II, i, 47); "Aquí las sonrisas son puñales, y derraman
sangre los que por la sangre están unidos" (II, iv, 52). Tales líneas
evocan un aire de profunda incertidumbre: mientras se invierten las
polaridades y se anulan los valores establecidos, no está del todo
claro si la dicotómica claridad del cielo o el infierno triunfa sobre el
nebuloso equívoco del "El mal es bien, y el bien es mal". Por lo tanto,
para Macbeth, esto se traduce en una incertidumbre sobre si las
profecías son creíbles. Parece que la selva de Birnam podrá llegar a
Dunsinania (un evento sobrenatural) o no (un evento natural), pero lo
real resulta no ser, de hecho, ni lo uno ni lo otro, ya que la selva de
Birnam llega en sentido firurado a Dunsinania.
La ambición y la tentación
La ambición y la tentación juegan un rol clave en la decisión de
Macbeth y Lady Macbeth de asesinar a Duncan. Macbeth posee
suficiente autoconciencia como para darse cuenta de los peligros de
la ambición excesiva: "La ambición me impele a escalar a la cima,
¿pero rodaré por la pendiente opuesta?" (I, vii, 44). Sin embargo, la
tentación de llevar a cabo la profecía de las brujas es en última
instancia demasiado fuerte como para que Macbeth pueda frenar su
ambición. En el léxico de Lady Macbeth, por cierto, "esperanza" es
también otra palabra para "ambición" y tal vez también para
"tentación". Mientras Macbeth expresa sus dudas acerca de matar o
no a Duncan, ella pregunta: "¿Por ventura ha caído [la esperanza que
te alentaba] en embriaguez o sueño?" (I, vii, 44). En última instancia,
la ambición y la tentación resultarán fatales para los Macbeth.
La salvación y la condena
Como su casi contemporáneo Doctor Fausto, de Christopher
Marlowe, Macbeth puede leerse como una especie de historia moral.
Al igual que el doctor Fausto, Macbeth reconoce las consecuencias
condenatorias de su crimen: "Además, es tan buen rey, tan justo y
clemente, que los ángeles de su guardia irán pregonando eterna
maldición contra su asesino" (I, vii, 43-38).
Aun así, Macbeth lleva a cabo el crimen, precipitando de esa manera
su propio descenso al infierno. De hecho, la historia de Macbeth es la
de un hombre que acepta su condena, en parte porque no puede
pronunciar palabras que puedan atenuar su crimen. Mientras los
guardias de Duncan rezan sobre su lecho de muerte, Macbeth no
puede decir un "Amén" (II, ii). Su destino está sellado completamente
por sus propias manos.
Resumen
Acto primero, Escena I
En un páramo, en Escocia, tres brujas esperan para encontrarse con
Macbeth en medio de truenos y relámpagos. Su conversación está
llena de paradojas y equívocos: dicen que se encontrarán con
Macbeth cuando, en la batalla, "unos la pierdan y otros la ganen"
(33), y cierran la escena afirmando que "El mal es bien y el bien es
mal" (33).
Acto primero, Escena II
El ejército escocés está en guerra con el noruego. Duncan, rey de
Escocia, se encuentra con un escudero que regresa de la batalla. Este
le informa sobre la valentía de Macbeth y Banquo en la batalla.
También describe el ataque de Macbeth contra el castillo del traidor
Macdonnell, en el que Macbeth triunfó y clavó la cabeza de
Macdonnell en las empalizadas del castillo. El señor Ross entra con la
noticia de que el señor de Cawdor se puso del lado de Noruega.
Duncan decide ejecutar al desleal y darle el título de señor de Cawdor
a Macbeth.
Acto primero, Escena III
Las brujas se encuentran en el páramo y esperan a Macbeth. Este
llega con Banquo, contribuyendo a las paradojas del discurso de las
brujas: "¡Día de sangre, pero hermoso más que cuantos he visto!"
(36). Las brujas lo saludan como "señor de Glamis", que el título que
ya posee; "señor de Cawdor", título que pronto recibirá oficialmente; y
"rey" (36). Este saludo sobresalta y parece asustar a Macbeth. A
Banquo las brujas lo reciben con afirmaciones como "Serás más
grande que Macbeth y menos", "Más feliz y menos feliz" y "No rey,
pero padre de reyes" (36-37).
Cuando Macbeth les pregunta más, las brujas se desvanecen en el
aire. Casi tan pronto como desaparecen, Ross y Anguss entran con la
noticia de que el rey le ha otorgado a Macbeth el título de señor de
Cawdor. Macbeth y Banquo se hacen a un lado para discutir esta
noticia: Banquo opina que este nuevo título podría incitar a Macbeth a
buscar también la corona (38). Macbeth se pregunta por qué ante una
noticia tan feliz "palpita mi corazón de un modo inusitado" (38), y sus
pensamientos se vuelven inmediatamente y con terror a la idea de
asesinar al rey para cumplir la segunda profecía de las brujas. Cuando
Ross y Anguss notan el angustioso estado de Macbeth, Banquo lo
atribuye a la falta de familiaridad de Macbeth con su nuevo título.
Acto primero, Escena IV
Duncan exige saber si el antiguo señor de Cawdor ha sido ejecutado.
Su hijo Malcolm le asegura que ha sido testigo de su muerte. Mientras
el rey reflexiona sobre su excesiva confianza en la fidelidad del
traidor, entra Macbeth. Duncan agradece a Macbeth y a Banquo por
su lealtad y valentía. Luego anuncia su decisión de hacer de su hijo
Malcolm el heredero del trono de Escocia (algo que no habría
sucedido automáticamente, ya que no había heredado su cargo, sino
que había sido elegido). Duncan luego declara que planea visitar a
Macbeth en su casa en Inverness. Macbeth se va para llegar antes y
preparar su hogar para la visita real, reflexionando sobre el obstáculo
que representa Malcolm para su ascensión al trono. El rey lo sigue con
Banquo.
Acto primero, Escena V
En Inverness, Lady Macbeth lee una carta de Macbeth que describe su
encuentro con las brujas. Ella teme que el carácter de Macbeth,
criado "con la leche de la clemencia" (41), no sea lo suficientemente
despiadado como para asesinar a Duncan y asegurar que la profecía
de las brujas se cumpla. Afirma que él tiene suficiente ambición, pero
le cuesta actuar en consecuencia. Luego le implora que llegue pronto
a la casa, para poder infundir "mi alma en tus oídos" (41). En otras
palabras, procura incitarlo al regicidio. Llega entonces un mensajero
con la noticia de que llegará Duncan esa noche. Lady Macbeth hace
un llamado a los poderes celestiales para la infundan de crueldad:
"despojadme de mi sexo" (41). Cuando llega Macbeth, ella lo saluda
como señor de Glamis y de Cawdor, y lo insta a "esconder el áspid
entre las flores" (42). Luego afirma que se encargará de todos los
preparativos para recibir y luego asesinar al rey.
Acto primero, Escena VI
Duncan llega a Inverness con Banquo e intercambia cumplidos con
Lady Macbeth. El rey pregunta por el paradero de Macbeth y ella se
ofrece a llevarlo hacia donde su esposo lo está esperando.
Acto primero, Escena VII
Solo en el escenario, Macbeth se debate sobre si matar a Duncan o
no, reconociendo el acto de asesinar al rey como un terrible pecado.
Lucha en particular con la idea de asesinar a un hombre, nada menos
que un pariente, que confía en él y lo estima. Le gustaría que el
asesinato ya estuviera consumado y lamenta ser tan ambicioso pero
no lo suficientemente cruel como para asegurar el logro de sus
objetivos.
Cuando entra Lady Macbeth, su esposo le dice que quiere renunciar
"a ese horrible propósito" (44). Pero Lady Macbeth se burla de él por
sus temores y sus dudas, diciéndole que solo será un hombre cuando
lleve a cabo el asesinato. Afirma que ella misma sería capaz de
estallar los sesos de su propio hijo lactante si fuera necesario. Le
aconseja que apriete "los tornillos de su valor" (45) y detalla la forma
en que asesinarán al rey: esperarán hasta que se duerma y luego
embriagarán a sus guardaespaldas. Esto les permitirá asesinar a
Duncan y culpar a los dos guardaespaldas borrachos. Macbeth se
asombra de la crueldad de su mujer, pero se resigna a seguir
adelante con sus planes.
Análisis
Destino, profecía y ambigüedad
La ambigüedad, junto al equívoco que de ella puede desprenderse,
constituye uno de los temas más importantes de la obra. A partir de
las primeras palabras de las brujas, que abren la obra, el público
determina rápidamente que las cosas no son lo que parecen.
La ambigüedad que se pone en el centro de la escena en esta obra no
solo es aquella que puede desprenderse de los múltiples sentidos que
el lenguaje puede, por su propia naturaleza, provocar. En Macbeth es
central el uso de expresiones con doble sentido con el expreso
objetivo de confundir o engañar. En este sentido, podríamos decir que
el uso de este tipo de ambigüedad es similar al acto de mentir.
La ambigüedad intencional es evidente en las profecías de las tres
brujas. Su discurso es confuso y está lleno de paradojas, comenzando
por su primera afirmación de que "el mal es bien, y el bien es mal" (I,
i, 33). Las profecías de las brujas son intencionalmente ambiguas.
Para muchos lectores, se requiere de hecho más de una lectura para
comprender el significado de sus afirmaciones. No es sorprendente,
por lo tanto, que estas "hablantes imperfectas" puedan encantar y
confundir fácilmente a Macbeth a lo largo de la obra.
Así como son confusas sus palabras, no queda claro si las brujas
simplemente predicen o realmente afectan el futuro. Banquo teme,
por ejemplo, que las palabras de las brujas hagan a Macbeth
"ambicionar el solio" (I, ii, 38). Sus temores parecen estar bien
fundados: tan pronto como las brujas mencionan la corona, los
pensamientos de Macbeth se vuelven asesinos. El poder de las brujas
es, por lo tanto, el de la profecía, pero la profecía a través de la
sugestión. Para Macbeth, las brujas pueden ser interpretadas como el
último empujón que lo lleva a su predestinado final. La profecía es, en
este sentido, autocumplida.
De hecho, en la versión original de la obra, las brujas (the
Weird Sisters en inglés) están conectadas etimológicamente con las
Moiras de la mitología griega. La palabra "weird" (en español,
"extraño/a") se deriva de la antigua palabra inglesa "wyrd", que
significa "destino". Y no todo destino es autocumplido. En el caso de
Banquo, en contraste con el de Macbeth, las brujas solo parecen
predecir el futuro. Porque, a diferencia de lo que sucede con Macbeth,
aunque Banquo no actúa según la predicción de las brujas, que
aseguran que él engendrará reyes, la profecía se hace realidad. El
papel de las brujas en la historia es, por lo tanto, difícil de determinar.
¿Son agentes del destino o una fuerza motivadora? ¿Y por qué
desaparecen repentinamente de la obra en el tercer acto?
La ambigüedad de las brujas refleja un tema más amplio asociado a
la duplicación, los espejos y la división entre los mundos internos y
externos que impregna la obra en su conjunto. A lo largo de la misma,
los personajes, las escenas y las ideas se duplican. Por ejemplo,
mientras Duncan reflexiona sobre la traición del señor de Cawdor al
comienzo de la obra, entra Macbeth en escena. Estas son sus
palabras inmediatamente anteriores a la entrada del protagonista:
"¿Quién adivina el alma por el semblante? ¿Quién me hubiera dicho
que ese caballero no era el más fiel de todos los míos?" (I, iv, 39). La
ironía dramática de la confianza de Duncan solo será descubierta más
adelante en la obra.
Como en todas las obras de Shakespeare, el reflejo entre personajes
sirve para destacar sus diferencias. Así, Macbeth, el rey joven,
valiente, cruel y traidor, tiene su contracara en Duncan, el rey viejo,
venerable, pacífico y confiable. Lady Macbeth, que rechaza su
feminidad y afirma que no tendría reparos en matar a sus propios
hijos si tuviera que hacerlo, se duplica en Lady Macduff, modelo de
buena madre y esposa. El rechazo de Banquo de actuar según la
profecía de las brujas se refleja en el impulso de Macbeth para hacer
realidad todo lo que las brujas prevén.
Del mismo modo, gran parte de la obra tiene que ver también con el
contraste entre mundos internos y externos. Comenzando por las
equívocas profecías de las brujas, las apariencias rara vez se alinean
con la realidad. Lady Macbeth, por ejemplo, le sugiere a su esposo:
"oculte tu semblante lo que tu alma medita" (I, v, 42). Macbeth
parece ser un señor leal, pero planea secretamente el regicidio. Lady
Macbeth parece ser una mujer gentil, pero se compromete
a despojarse de su sexo y jura cometer actos
sangrientos. Macbeth también es una obra de teatro sobre el mundo
interno de la psicología humana, como se ilustrará en actos
posteriores, a través de pesadillas y alucinaciones llenas de culpa. Tal
contraste entre "ser" y "parecer" constituye otro ejemplo de
ambigüedad.
Los Macbeth y la corrupción de la naturaleza
Uno de los aspectos más ambiguos de la obra es el personaje del
propio Macbeth. A diferencia de otros villanos de Shakespeare, como
Yago o Ricardo III, Macbeth no está comprometido del todo con sus
malvadas acciones. Para decidirse a cometer el regicidio, Macbeth
debe superar una enorme resistencia de su conciencia. Al mismo
tiempo, considera que su mayor defecto no es la falta de valores
morales, sino la falta de motivación para llevar a cabo sus
conspiraciones diabólicas. En esto se parece a Hamlet, quien
reflexiona en numerosos soliloquios sobre su inacción. Pero, a
diferencia de Hamlet, Macbeth no tiene una buena razón para matar:
ni el hombre al que mata es malvado, ni mucho menos. Finalmente,
mientras Macbeth se inclina cada vez más hacia acciones asesinas,
sus soliloquios están tan llenos de elocuencia y pathos que no es
difícil simpatizar con él. Así, hay en el centro mismo de la obra una
gran incertidumbre.
Si Macbeth es indeciso, Lady Macbeth es todo lo contrario: un
personaje con una visión tan unívoca y tal impulso para avanzar que
provoca su propia muerte. Y, sin embargo, su misma crueldad
provoca otra forma de ambigüedad, ya que al jurar ayudar a Macbeth
a cumplir la profecía de las brujas, ella debe abandonar su feminidad.
En un discurso al comienzo de la escena V, Lady Macbeth convoca a
los espíritus para que la despojen de su lado femenino:
"¡Espíritus agitadores del pensamiento, despojadme de mi sexo,
haced más espesa mi sangre, henchidme de crueldad de pies a
cabeza, ahogad los remordimientos, y ni la compasión ni el escrúpulo
sean parte a detenerme ni a colocarse entre el propósito y el golpe!"
(I, v, 41)
Lady Macbeth ve el remordimiento como un aspecto de la compasión
femenina, de la que debe deshacerse. Por lo tanto, ella debe
ser despojada de su sexo. Sin embargo, esto no significa que al
rechazar su feminidad se vuelva masculina. En cambio, se convierte
en una mujer desprovista de las características sexuales y el
sentimentalismo que la harían una mujer. Se vuelve completamente
antinatural e inhumana. Al igual que las barbudas brujas, Lady
Macbeth se convierte en algo que no encaja en el mundo natural.
La corrupción de la naturaleza es un tema que surge y resurge en el
mismo acto. Cuando Duncan saluda a Macbeth, por ejemplo, le dice:
"Eres planta que arraiga en mi corazón. Yo la haré crecer" (I, iv, 39).
Siguiendo la metáfora de que el futuro yace en las semillas de
tiempo, se compara a Macbeth con una planta que Duncan cuidará. Al
asesinar a Duncan, Macbeth pervierte la naturaleza separándose
efectivamente de la raíz que lo alimenta. Quizás es por esta razón
que, al pensar en asesinar a Duncan, dice Macbeth: "palpita mi
corazón de un modo inusitado" (I, iii, 38) [en la versión en inglés, el
corazón palpita against the use of nature, es decir, de un modo
contrario a lo que sería natural]. Así como las brujas pervierten el
curso natural de las cosas al enunciar su profecía, Macbeth altera el
curso natural con su regicidio.
Otro aspecto del tema de la corrupción de la naturaleza radica en la
compresión del tiempo que tiene lugar a lo largo de este acto. Cuando
Lady Macbeth lee la carta de Macbeth, dice: "Tu carta me ha hecho
salir de lo presente, y columbrar lo futuro, y extasiarme con él" (I, v,
42). Al develarle el futuro a Macbeth y a Banquo, las brujas alteran el
curso natural del tiempo y traen el futuro al presente. Por lo tanto,
cuando Macbeth vacila sobre si matar o no a Duncan, quiere saltar al
futuro: "Si bastara hacerlo..., pronto quedaba terminado!" (I, vii, 43).
Quiere que el asesinato termine rápidamente, incluso antes de que la
audiencia lo registre. Así como la ambigüedad tuerce el significado de
las palabras, los deseos asesinos de Macbeth tuercen el sentido del
tiempo.
Comenzando entonces con las brujas, la ambigüedad en todas sus
permutaciones se enhebra en todo el tejido del primer acto. En el
transcurso de la obra, la brecha entre el mundo de la realidad y el de
la ilusión, que es el núcleo de la ambigüedad y el equívoco, se amplía
cada vez más.
Acto segundo, Escena I
Banquo, que ha llegado a Inverness con Duncan, lucha contra la
profecía de las brujas. Debe contener "la ira que viene a perturbarme
en medio del reposo" (46). Cuando Banquo plantea el tema de la
profecía, al Macbeth en escena, este finge haber pensado poco en el
tema. Después de que Banquo y su hijo Fleancio dejan la escena,
Macbeth imagina ver una daga ensangrentada. Asustado por la visión,
reza para que la tierra no sienta el ruido de sus pies (47) mientras
lleva a cabo su sangriento plan. Suena el tañido de una campana, que
es la señal de lady Macbeth, y él se dirige a la habitación de Duncan.
Acto segundo, Escena II
Lady Macbeth espera a que Macbeth regrese de matar a Duncan. Al
escuchar un ruido adentro, le preocupa que los guardias se hayan
despertado antes de que Macbeth haya tenido la oportunidad de
plantarles la evidencia.
Macbeth entra, cargando todavía las dagas ensangrentadas con las
que mató a Duncan. Está profundamente conmocionado: cuando
entró en la habitación de Duncan oyó rezar a los guardias y no pudo
decir "Amén" cuando ellos terminaron sus oraciones. Lady Macbeth le
advierte: "Si das en esas cavilaciones, perderás el juicio" (48). No
obstante, Macbeth también le confiesa haber creído escuchar una voz
que decía: "'Macbeth, tú no puedes dormir, porque has asesinado al
sueño'" (48), y "'Glamis, has matado al sueño: por eso no dormirá
Cawdor, ni tampoco Macbeth'" (49). Lady Macbeth insiste con las
advertencias: le sugiere que no lo domine "el torpe miedo" (49), y le
dice que se quite las manchas de sangre de las manos. Al ver las
dagas, lo reprende por tenerlas consigo y le dice que las coloque
junto a los guardias, de acuerdo con el plan. Cuando Macbeth, todavía
horrorizado por el crimen que acaba de cometer, se niega a volver a
entrar en la habitación de Duncan, es Lady Macbeth quien lleva las
dagas de vuelta adentro.
Cuando ella sale, Macbeth oye un golpe e imagina ver manos que le
arrancan los ojos. Está lleno de culpa y se lamenta: "No bastaría todo
el océano para lavar la sangre de mis dedos" (49). Cuando Lady
Macbeth escucha sus palabras, al volver a entrar en escena, le dice
que sus manos también están rojas, pero su alma no desfallece como
la de su marido. Mientras persisten los golpes, los dos se retiran para
ponerse los trajes de noche y no despertar sospechas cuando lleguen
los otros.
Acto segundo, Escena III
En una escena de alivio cómico, el portero escucha los golpes en la
puerta e imagina ser un portero en la puerta del infierno. Se imagina
recibiendo a un labrador que se ahorcó después de una mala
cosecha, a un testigo falso que cometió el pecado de jurar verdades a
medias y a un sastre inglés que robó tela. Como hace demasiado frío,
el portero decide abrir la puerta en lugar de continuar con un
catálogo más largo de pecadores.
Acto segundo, Escena IV
Afuera están Macduff y Lennox, que regañan al portero por tomarse
tanto tiempo para responder a los golpes. El portero afirma que
estaba cansado, pues la fiesta duró hasta tarde.
Entra Macbeth y Macduff le pregunta si el rey está aún despierto. Al
escuchar que este todavía duerme, Macduff va a despertarlo.
Mientras se va, Lennox le cuenta a Macbeth que la noche ha sido
mala, y ha estado llena de extraños eventos: las chimeneas han sido
derribadas por el viento, las aves no dejaron de graznar, la tierra
tembló y se escucharon extrañas voces con cantos proféticos. Un
aturdido Macduff regresa con la noticia de que el rey está muerto. Les
dice a los presentes que vayan a comprobarlo por sí mismos, y que se
pongan en alerta.
Entran Lady Macbeth y Banquo, y Macduff les informa de la muerte
del rey. Macbeth y Lennox regresan, y Macbeth lamenta la muerte del
rey, proclamando que desearía haber muerto él en su lugar. Cuando
llegan Malcolm y Donalbain, Lennox culpa del regicidio a los guardias,
señalando la sangre como evidencia incriminatoria. Macbeth afirma
que ya mató a los guardias en un ataque de furor. En este punto, Lady
Macbeth finge conmoción. Aparte, Malcolm y Donalbain deliberan y
llegan a la conclusión de que sus vidas pueden estar en riesgo, y que
deberían huir de Escocia. Mientras Lady Macbeth se retira de la
escena con ayuda, Banquo propone a los demás reunirse para discutir
el asesinato en cuestión. Ya solos en el escenario, Malcolm y
Donalbain deciden huir de Escocia: el primero a Inglaterra y el
segundo a Irlanda.
Acto segundo, Escena V
Ross y un viejo discuten los eventos antinaturales que han tenido
lugar recientemente: a pesar de que ya ha amanecido, el día está tan
oscuro como la noche, el martes anterior una lechuza cazó un halcón
y los caballos de Duncan se han vuelto locos y se han devorado entre
ellos. Cuando entra Macduff, Ross le pregunta si ha sido descubierto
el culpable. Macduff le dice que fueron los guardias quienes mataron
al rey. Sin embargo, la apresurada huida de Malcolm y Donalbain
también ha puesto a los dos hijos de Duncan bajo sospecha. Ross
comenta que Macbeth será sin dudas el nuevo rey, a lo que Macduff
responde que él ya ha sido nombrado, y que ha ido a Escocia para ser
coronado. Ross se dirige allí para ver la coronación mientras que
Macduff se dirige a su casa en Faife.
Análisis
El famoso soliloquio de Macbeth al comienzo de este acto introduce
un tema importante: las visiones y alucinaciones causadas por la
culpa. La daga que Macbeth ve no es "fantasmal" o sobrenatural, sino
una manifestación de la lucha interna que Macbeth siente mientras
contempla el regicidio. La daga le enseña al protagonista el camino
hacia el acto sangriento que ha resuelto cometer, obsesionándolo y
quizás también burlándose de él. Lo mismo puede decirse de la voz
fantasmal que Macbeth escucha tras matar a Duncan, así como el
fantasma de Banquo, que aparecerá en el tercer acto. De hecho, casi
todos los elementos sobrenaturales en esta obra pueden ser leídos
como sucesos psicológicos más que fantasmales. Sin embargo, si este
es el caso, uno puede preguntarse si las brujas son también producto
de la mente febril de Macbeth. El hecho de que simplemente den voz
a las ambiciones latentes de Macbeth parece confirmar esta idea,
pero esto se ve contrarrestado por el hecho de que Banquo también
las ve y las oye hablar.
La "daga mental" es solo una de las muchas manifestaciones
psicológicas en la obra. Mientras los guardias murmuran, ebrios, "Dios
nos bendiga", Macbeth descubre que no puede pronunciar la palabra
"Amén". Si analizáramos este hecho desde una perspectiva
psicológica, podríamos interpretarlo como una incapacidad física para
hablar causada por la duda paralizante de Macbeth acerca de lo
apropiado del asesinato. El mundo interior de la psique se impone así
en el mundo físico. Lo mismo puede decirse de la voz que Macbeth
oye gritar "Macbeth, tú no puedes dormir más" (II, ii, 48): una
abrumadora sensación de culpa evitará que el sueño le dé a Macbeth
un respiro de su atormentada conciencia. Tras haber enviado a
Duncan al sueño eterno, Macbeth mismo vive ahora en eterna
ansiedad.
Además de su problemática existencia, el sueño perturbado de
Macbeth también puede leerse como una metáfora del turbulento
estado del país. En Macbeth, como en muchas otras obras de
Shakespeare, hay una relación estrecha y espejada entre el rey y el
país. En la escena V, por ejemplo, Ross informa que "Ya ha
amanecido, pero todavía la noche se resiste a abandonar su dominio"
(II, v, 53). Esta imagen de la oscuridad que se resiste a dar lugar a la
luz es una manifestación ambiental del asesinato de Duncan: la luz de
la naturaleza es sofocada cuando la vida de Duncan se extingue. El
escritor victoriano John Ruskin calificó este reflejo del estado
psicológico de un personaje en objetos naturales inanimados como
"falacia patética". En los objetos naturales animados también se
produce un reflejo similar. El viejo describe, en la misma escena, los
nobles caballos de Duncan comiéndose unos a otros y una lechuza
comiéndose un halcón, eventos que hacen eco del asesinato de
Duncan en manos de Macbeth. Así, la muerte antinatural de Duncan
hunde al país en una agitación física y espiritual.
La imagen de la lechuza cazando un halcón es parte de un marco
simbólico mayor en la obra que gira alrededor de las aves. Cuando
Duncan y Banquo se acercan a Inverness en el Acto primero, por
ejemplo, Banquo hace un comentario sobre las golondrinas que ve
anidando en las paredes del castillo, y que toma como un buen
augurio (I, vi, 42). Lady Macbeth, por otro lado, menciona en la
escena anterior hay cuervos graznando en los alrededores,
anunciando la llegada del rey. Banquo, entonces, ve pájaros de la
fortuna, mientras que Lady Macbeth ve aves siniestras. Una señal no
excluye a la otra: para Duncan el bien se convertirá en mal, haciendo
eco del discurso de las brujas, cuando las golondrinas de la suerte se
transformen en cuervos mortales.
En el Acto segundo, los personajes ven o hacen mención de pájaros
en casi todas las escenas. Mientras Lady Macbeth espera que
Macbeth asesine a Duncan, por ejemplo, oye "el chillido de un búho",
al que se refiere como "severo centinela de la noche" (II, ii, 47). En
este sentido, uno puede observar un reflejo entre Macbeth y las aves
nocturnas: por un lado, ambos cazan de noche y, por el otro, se da la
situación antinatural de que la lechuza caza un halcón, al igual que
Macbeth mata a Duncan.
En el transcurso de Macbeth, los sueños, los símbolos, la fantasía y
las visiones inciden en el "mundo real". La fantástica profecía de las
brujas se cumple. La daga imaginaria señala el camino a un asesinato
que se comete con una daga real. Y en la escena del portero, el
portero imaginando proteger las puertas del infierno crea
irónicamente una puerta del infierno "real" a causa del regicidio.
Acto tercero, Escena I
Solo en el palacio de Macbeth, Banquo expresa sus sospechas de que
Macbeth haya matado a Duncan para cumplir las profecías de las
brujas. Reflexiona que tal vez la visión de las brujas para su propio
futuro también se hará realidad, pero saca ese pensamiento de su
mente. Entran Macbeth y Lady Macbeth junto con Lennox y Ross.
Macbeth anuncia que celebrará un banquete por la noche y que
Banquo será honrado como invitado principal. Banquo dice que debe
viajar por la tarde, pero que regresará para el banquete. Macbeth le
dice que Malcolm y Donalbain no confesarán haber matado a su
padre. Después de confirmar que Fleancio acompañará a Banquo en
su viaje, Macbeth le desea a este un viaje seguro.
Ya solo, Macbeth convoca a los dos sicarios que ha contratado.
Mientras los espera, expresa su mayor preocupación en ese
momento: que la profecía de las brujas se haga también realidad para
Banquo, convirtiendo a sus hijos en reyes. Es con el objetivo de poner
fin a tales preocupaciones que Macbeth ha contratado a dos hombres
para que asesinen a Banquo y a Fleancio. Los sicarios no son asesinos
profesionales, sino hombres humildes que están dispuestos a trabajar
como mercenarios. Macbeth ya ha culpado a Banquo por su pobreza y
ahora les dice que, si bien Banquo es su propio enemigo tanto como
el de ellos, amigos leales de Banquo le impiden matarlo él mismo.
Macbeth procede a precisar los detalles del asesinato: deben atacarlo
cuando regrese de su viaje, a cierta distancia del palacio, y matar
también a Fleancio.
Acto tercero, Escena II
Sola en el escenario, Lady Macbeth expresa su infelicidad: su deseo
de poder parece no tener fin y se siente insegura y ansiosa. Macbeth
entra, aparentemente molesto, y le aconseja que deje de pensar en
los crímenes que han cometido. Pero Macbeth también afirma que su
trabajo no está terminado: todavía pasa cada día atravesado por el
miedo, y cada noche envuelto en pesadillas. Envidia incluso a
Duncan, que ahora duerme pacíficamente en su tumba. Lady Macbeth
le advierte que simule estar alegre frente a sus invitados en la cena y
trata de consolarlo recordándole que Banquo y Fleancio no son
inmortales. Macbeth le responde diciéndole que esa noche "estará
terminado todo" (59), pero no entra en detalles.
Acto tercero, Escena III
A los dos sicarios se une un tercero, que afirma que Macbeth también
lo contrató. Se escuchan caballos acercándose y entran Banquo y
Fleancio. Los asesinos atacan a Banquo pero Fleancio logra escapar.
Los asesinos se van para reportarse con Macbeth.
Acto tercero, Escena IV
Ya en el banquete, llega un asesino y se reporta con Macbeth justo
cuando comienzan a llegar los invitados a la cena. Le informa a
Macbeth que Banquo está muerto, pero Fleancio ha escapado.
Sobresaltado, Macbeth le agradece por lo que ha hecho y organiza
otra reunión para el día siguiente. El asesino se va y Macbeth regresa
a la fiesta.
Mirando a los invitados, Macbeth declara que el banquete sería
perfecto si Banquo estuviera presente. En este punto, aparece el
fantasma de Banquo y toma el asiento de Macbeth. Los invitados
instan a Macbeth a sentarse y comer con ellos, pero él dice que la
mesa está llena. Cuando Lennox señala el asiento vacío de Macbeth,
Macbeth se sorprende al ver el fantasma de Banquo. Se dirige a este,
negando el crimen. Los invitados, confundidos por su
comportamiento, piensan que está enfermo. Lady Macbeth los
tranquiliza, contándoles que ha tenido ataques similares desde la
juventud y que pronto estará bien. Aparta a Macbeth e intenta
calmarlo, afirmando que lo que ve "son sombras que finge el miedo"
(62), como la daga que vio antes. Ignorándola, Macbeth le pide al
fantasma que hable, pero este desaparece. Tras ser regañado por
Lady Macbeth, Macbeth regresa con sus invitados y les dice que no
tienen por qué preocuparse.
Justo cuando se reanuda la fiesta y Macbeth ofrece un brindis por
Banquo, el fantasma vuelve a aparecer. Mientras Macbeth vuelve a
estallar en un discurso dirigido al fantasma, Lady Macbeth intenta
suavizar las cosas con los invitados. Luego de que el espectro
desaparece, Macbeth se pregunta cómo hacen sus invitados para
"contemplar tales apariciones sin que vuestro rostro palidezca" (63).
Ross le pregunta de qué apariciones habla. Antes de que pueda
responder, Lady Macbeth les pide a los invitados que se vayan. A
solas con su esposa, Macbeth expresa sus profundas ansiedades y
anuncia que volverá a consultar a las tres brujas.
Acto tercero, Escena V
En el páramo, las brujas se encuentran con Hécate, la reina de las
brujas, que las regaña por entrometerse en los asuntos de Macbeth
sin haberla consultado. Les anuncia que Macbeth las visitará al día
siguiente y les ordena que organicen un espectáculo más dramático
para él.
Acto tercero, Escena VI
Lennox y otro señor discuten sobre política. Lennox comenta
sarcásticamente las recientes muertes de Duncan y Banquo. Sugiere
que parece inverosímil que Malcolm y Donalbain sean tan inhumanos
como para haber matado a su padre. Además, el asesinato de los
guardaespaldas por parte de Macbeth parece haber sido muy
conveniente, ya que probablemente habrían negado el regicidio.
Lennox propone que si Malcolm, Donalbain y Fleancio hubieran caído
en manos de Macbeth, probablemente también estarían muertos.
Además, revela que, como Macduff no asistió a la fiesta de Macbeth,
ha sido denunciado. El señor con quien Lennox habla comenta que
Macduff se ha unido a Malcolm en la corte inglesa. Aparentemente,
los dos hombres le han pedido a Suardo que lidere un ejército contra
Macbeth. Lennox y el señor envían sus oraciones a Macduff y
Malcolm.
Análisis
El tema de "ser un hombre" se repite cuando Macbeth se dirige a los
sicarios. Cuando Macbeth les pregunta si tienen el coraje de matar a
Banquo, estos responden "¡Oh rey! Somos hombres" (III, i, 57). Pero
su respuesta no satisface a Macbeth, que les exige no ser, entre los
hombres, "de los últimos y más abyectos" (57). Macbeth, por lo tanto,
utiliza las mismas tácticas de persuasión que su esposa usó para
convencerlo de matar a Duncan. Pero, ¿qué significa, exactamente,
"ser un hombre"? Tanto Macbeth como su esposa parecen tener una
idea clara de qué constituyen acciones propiamente masculinas. En el
Acto primero, Lady Macbeth sugiere que la masculinidad es en gran
parte una cuestión de crueldad: uno debe estar dispuesto a estallar
los sesos contra la tierra del propio hijo (45).
Lady Macbeth no es el único personaje que valora la crueldad como
un rasgo masculino. Duncan también evalúa la acción heroica en una
escala bastante sangrienta. Cuando el escudero describe cómo
Macbeth "le corta la cabeza [a Macdonald] y la clava en nuestras
empalizadas" [I, ii, 34], Duncan responde con grandes elogios. Un
"verdadero hombre" en Macbeth, entonces, es uno capaz de derramar
abundante sangre sin remordimiento. El truco, por supuesto, es que el
derramamiento de sangre debe estar justificado. Mientras que
Macbeth no necesita ninguna razón para matar a Macdonald en la
batalla, los dos sicarios requieren la justificación de que Banquo es un
hombre malvado.
En cuanto a los términos del asesinato, Macbeth les advierte a los
asesinos: "No dejéis indicio alguno del crimen" (III, i, 58). Macbeth
necesita claridad, es decir, despejar de sospechas, pero también
limpiarse mental y físicamente. El tema de las manchas y la limpieza
está presente a lo largo de la obra. Desde el lamento de Macbeth
acerca de que "no bastaría todo el océano para lavar la sangre de mis
dedos" (II, ii, 49), pasando por sus indicaciones a los asesinos en este
Acto, hasta el famoso discurso de "Lejos de mí esta horrible mancha!
(V, i, 81) en el Acto quinto, los Macbeth están atormentados por la
idea de que estar manchados para siempre. Incluso cuando Macbeth
ha logrado que Banquo sea asesinado prudentemente lejos de su
palacio, la sangre derramada aún regresa para perseguirlo. Cuando el
asesino aparece para reportar que ha asesinado a Banquo con éxito,
Macbeth observa: "Traes manchada la cara de sangre" (III, iv, 61). La
sangre en sí misma sirve de señal y recordatorio de la culpabilidad de
los Macbeth, enloqueciendo en última instancia a Lady Macbeth.
El asesinato de Banquo en sí hace uso de un tema común en las obras
de Shakespeare: el contraste entre la luz y la oscuridad. Mientras los
asesinos esperan a que Banquo y Fleancio se acerquen, uno de ellos
observa que el sol se está poniendo. Esto no es una coincidencia:
Banquo sirve como un luminoso contraste con la oscura noche que
acompaña el ascenso al poder de Macbeth. Es un hombre que no
permite que sus ambiciones eclipsen su conciencia. En el momento
en que muere, por lo tanto, es apropiado que el último remanente de
luz solar se desvanezca. Tal simbolismo se ve reforzado por el hecho
de que Banquo y Fleancio se acercan a los asesinos llevando una
antorcha. La luz de las antorchas es lo primero que ven los asesinos. Y
una vez finalizado el hecho, el tercer asesino pregunta: "¿Por qué
mataste la luz?" (III, iii, 60). En el mismo momento en que muere el
bueno y amable Banquo, la luz se extingue.
Otro aspecto del asesinato de Banquo ha intrigado a generaciones de
estudiosos: ¿quién es el tercer asesino? Algunos creen que es Lady
Macbeth, quien expresó curiosidad por los planes de Macbeth en la
escena II. Otros creen que es el propio Macbeth, que no podía confiar
completamente en los asesinos. Los tres asesinos podrían incluso ser
las tres brujas disfrazadas. En cualquier caso, la introducción de un
tercer sicario redondea el número de asesinos para balancearlo con
las tres brujas. Hay poder en el número tres: Macbeth se encuentra
con tres brujas, comete tres asesinatos por separado y ve tres
apariciones. El número tres se repite a lo largo de la obra, lo que se
suma a su atmósfera misteriosa y mágica.
Finalmente, una de las escenas más convincentes de Macbeth tiene
lugar en el banquete encantado por el fantasma de Banquo. Una vez
más, los límites entre lo realista y lo sobrenatural se desdibujan
cuando el fantasma de Banquo aparece dos veces, en ambos casos,
en el momento exacto en que Macbeth lo menciona. Parece que la
sombra de Banquo acompaña la idea de Banquo en la mente de
Macbeth. El fantasma parece más una manifestación de una idea, un
producto de la imaginación, que un fantasma "real". Lady Macbeth
dice lo mismo cuando aparta a Macbeth: “¡Sombras que finge el
miedo!" Es como aquel puñal que decías que te guiaba por el aire
cuando mataste al rey Duncan" (III, iv, 62). Al igual que el puñal, el
fantasma de Banquo parece ser una manifestación de la culpa de
Macbeth. Incluso si la aparición es sobrenatural, el evento es muy real
para Macbeth.
Acto cuarto, Escena I
Las brujas rodean una caldera, mezclando una variedad de
ingredientes grotescos mientras cantan. Aparece Hécate, cantan
todas juntas y luego Hécate se va. Entra Macbeth, exigiendo
respuestas a sus urgentes preguntas sobre el futuro. Las brujas
completan su hechizo mágico y convocan una serie de sombras. La
primera es una cabeza armada con un casco que le advierte a
Macbeth que tenga cuidado con Macduff. La segunda aparición es un
niño cubierto de sangre que le dice que "ninguno de los humanos
podrá vencerte" (69) [aunque no se vea reflejado en esta traducción,
la sombra en verdad anuncia que "none of woman born / Shall harm
Macbeth", que puede traducirse como "nadie nacido de una mujer /
Podrá herir a Macbeth". Esto es importante porque Macbeth será
asesinado por Macduff, nacido de las entrañas de su madre ya
muerta.]. Esta noticia le da confianza a Macbeth. La tercera aparición
es un niño con una corona y una rama de árbol en la mano que le
dice a Macbeth: "Serás invencible hasta que venga contra ti la selva
de Birnam y cubran sus ramas a Dunsinania" (69). Esto anima aún
más a Macbeth, consciente de que es imposible que una selva se
mueva. Macbeth procede entonces a hacer su última pregunta:
"¿reinarán los hijos de Banquo?" (69).
El caldero se hunde y se escucha un sonido extraño. Las brujas le
muestran a Macbeth una procesión de reyes. El octavo tiene un
espejo en la mano y es seguido por Banquo. Cuando Banquo señala
esta fila de reyes, Macbeth se da cuenta de que en realidad son su
linaje familiar. Después de que las brujas bailan y
desaparecen, Lennox entra con la noticia de que Macduff ha huido a
Inglaterra. Macbeth resuelve que, de ahora en adelante, actuará de
acuerdo con sus ambiciones: el primer paso será apoderarse de Faife
y matar a la esposa y los hijos de Macduff.
Acto cuarto, Escena II
En Faife, Ross visita a Lady Macduff, que está asustada por su propia
seguridad ahora que su esposo ha huido. Él la tranquiliza diciéndole
que su esposo solo hizo lo correcto y necesario. Después de que él se
va, Lady Macduff habla con su hijo sobre su padre. El pequeño niño da
muestras de una sabiduría inesperada para su edad. Un mensajero
los interrumpe con la advertencia de que huyan de la casa de
inmediato. Pero antes de que puedan escapar, los asesinos atacan la
casa y matan a todos, incluyendo a Lady Macduff y su hijo.
Acto cuarto, Escena III
Macduff llega al palacio real de Inglaterra y se encuentra con
Malcolm. Este, recordando la ciega confianza de su padre en Macbeth,
decide poner a prueba a Macduff: confiesa que es un hombre
codicioso, lujurioso y pecaminoso que hace que Macbeth parezca un
ángel en comparación. Macduff se desespera y le dice que, si ese es
el caso, dejará Escocia para siempre, ya que pareciera que no hay
hombres aptos para gobernar el país. Al escuchar esto, Malcolm está
convencido de la bondad de Macduff y revela que lo estaba poniendo
a prueba; no tiene ninguno de los defectos que acaba de confesar. De
hecho, afirma, la primera mentira que jamás ha dicho fue esa falsa
confesión a Macduff. Luego anuncia que Suardo ha reunido un ejército
de diez mil hombres y está preparado para marchar hacia Escocia.
Aparece un doctor y les dice que se acerca el rey de Inglaterra, a
quien espera una multitud de enfermos con la esperanza de que el
rey los cure. El rey, según Malcolm, tiene un don para curar a las
personas poniendo simplemente sus manos sobre ellas.
Ross llega de Escocia e informa que el país está en ruinas. Cuando
Macduff le pregunta cómo están su esposa e hijos, Ross le responde
primero que están "bien" (77). Pero cuando Macduff insiste, Ross le
cuenta cómo han muerto. Macduff se queda sin palabras y Malcolm lo
insta a curar su dolor exigiendo venganza contra Macbeth. Macduff se
siente abrumado por la culpa y la tristeza que le provocan esos
asesinatos, ocurridos mientras estaba ausente. Una vez más, Malcolm
lo insta a usar su pena como motor para buscar venganza. Los tres
hombres se retiran para prepararse para la batalla.
Análisis
Cuando comienza el acto, las brujas continúan con el tema de la
duplicación y la ambigüedad, que se extiende a lo largo de la obra.
Las apariciones que convocan las brujas le dan a Macbeth mensajes
equívocos, y parecen tener muy en claro que este solo entenderá sus
palabras a medias. Aunque Macbeth mismo ha reconocido
previamente que "hasta los árboles hablan" para delatar
eventualmente a un asesino (III, iv, 64), las apariciones le dan a
Macbeth una falsa sensación de seguridad. Toma las palabras de las
sombras al pie de la letra, olvidando examinar cómo esas
predicciones podrían hacerse realidad.
El tema de la duplicación se amplifica cuando las brujas convocan el
desfile de reyes. Cada rey que aparece asusta a Macbeth por su
parecido con Banquo. Para Macbeth, es como si las sombras de
Banquo hubieran vuelto para perseguirlo repetidas veces. En la
procesión de reyes, Macbeth también señala que algunos llevan
"doble corona y triple cetro" (IV, i, 70), como si incluso los signos de
su poder se hubieran duplicado.
En una nota histórica, generalmente se piensa que el octavo rey
levanta un espejo para complacer a Jacobo I. Este último rey,
descendiente de octava generación de Banquo, no es sino una
representación del mismo Jacobo. Por lo tanto, podría llevar un espejo
para señalar al verdadero Jacobo, sentado en primera fila. Un
momento similar de indulgencia tiene lugar cuando Malcolm observa
que el rey de Inglaterra tiene un poder especial para sanar personas
enfermas. De varias formas sutiles, Shakespeare halagaba al rey
Jacobo I, legendario descendiente de Banquo y autor de un libro sobre
brujería (Daemonologie, 1597).
Jacobo I no es el único personaje que se duplica en Macbeth. A lo
largo de la obra, los personajes se equilibran y se complementan
entre sí en una armonía cuidadosamente construida. Como hombre
que recibe también una profecía pero se niega a actuar en función de
ella, Banquo sirve como una especie de imagen inversa de Macbeth.
Aunque ha tenido sueños perturbadores, al igual que Macbeth, estos
se deben a la supresión de sus ambiciones, mientras que los de
Macbeth surgen del cumplimiento de las mismas. Otros personajes
importantes, como Malcolm, Macduff y Lady Macbeth, también
pueden verse como reversos o dobles de Macbeth. Particularmente
interesante es el caso de Lady Macbeth, quien en cierto sentido
"cambia de roles" con Macbeth a medida que avanza la obra. Aunque
primero le aconseja a Macbeth que deje de lado la culpa y el
remordimiento, Lady Macbeth se preocupará cada vez más por su
propia culpa, al mismo tiempo que Macbeth comienza a seguir el
consejo de ella.
Otra forma de duplicación o ambigüedad se da en el tema de las
apariencias, los disfraces y las máscaras. Mientras planea el asesinato
de Duncan, Lady Macbeth le aconseja a Macbeth que oculte su
semblante lo que su alma medita (I, v, 42), es decir, que oculte sus
motivos detrás de una máscara de lealtad. Después del asesinato,
Lady Macbeth mancha los rostros de los guardias con una máscara de
sangre para implicarlos. Del mismo modo, mientras se prepara para
matar a Banquo, Macbeth le comenta a Lady Macbeth: "es preciso (...)
convertir nuestros semblantes en hipócrita máscara" (III, ii, 59).
Cuando Malcolm pone a prueba la lealtad de Macduff, comienza
diciendo, con propiedad, que "muchas veces el crimen toma la
máscara de la virtud" (IV, iii, 74). Incluso los hombres más abyectos
(quizás, como Macbeth y los sicarios), pueden disfrazarse. Así como la
ambigüedad de las brujas oculta el verdadero daño detrás de
palabras seductoras, los disfraces y las máscaras ocultan el mundo
interior del exterior.
Finalmente, durante la escena en la que tienen lugar los asesinatos,
Lady Macduff refleja el simbolismo de las aves que comienza en el
Acto primero. Cuando Lady Macduff se queja con Ross sobre la
abrupta partida de Macduff, declara: "El ave más pequeña y débil de
todas resiste a la lechuza cuando se trata de defender su prole" (IV, ii,
71). Su metáfora cobra vida cuando ella y su hijo son atacados por los
hombres de Macbeth. Macbeth, como se estableció anteriormente, se
identifica con la lechuza. Entonces Lady Macduff, tratando de
proteger a su hijo, se convierte en el ave más pequeña y débil en la
realización de su propia figura retórica. Es con particular patetismo
que el público ve al niño de Macduff caer presa de las espadas de los
despiadados asesinos de Macbeth.
Acto quinto, Escena I
En el castillo de Dunsinania, una dama ha llamado a un médico para
que observe el sonambulismo de Lady Macbeth. El médico informa
que la ha estado observando durante dos noches y aún no ha visto
nada extraño. La dama describe cómo ha visto a Lady
Macbeth levantarse, vestirse, salir de su habitación, escribir algo en
un pedazo de papel, leerlo, sellarlo y regresar a la cama, todo sin
despertarse. La mujer no se atreve a repetir lo que dice Lady Macbeth
durante estos episodios.
Ambos son interrumpidos por una sonámbula Lady Macbeth, que
entra con una vela. La dama informa que Lady Macbeth pide tener
una luz a su lado toda la noche. El doctor y la dama observan cómo
Lady Macbeth se frota las manos, como si se las estuviera lavando, y
dice "¡Lejos de mí esta horrible mancha!" (81). Mientras Lady
Macbeth continúa lavándose imaginariamente las manos, sus
palabras revelan su culpa ante los dos espectadores. Parece estar
reviviendo los acontecimientos durante la noche del asesinato de
Duncan. No puede quitarse las manchas ni el olor a sangre de sus
manos:
"Pero, ¿por qué no quedan limpias nunca mis manos? (...) Todavía
siento el olor de la sangre. Todos los aromas de Oriente no bastarían a
quitar de esta pequeña mano mía el olor de la sangre" (81).
Mientras la sonámbula Lady Macbeth imagina que tocan la puerta y
regresa a su habitación, el médico concluye que Lady Macbeth
necesita la ayuda de un sacerdote y no de un médico. Se despide,
afirmando que es mejor que ni él ni la dama revelen lo que han visto
y escuchado.
Acto quinto, Escena II
Los señores Menteith, Caithness, Anguss y Lennox marchan con una
compañía de soldados hacia el bosque de Birnam, donde se unirán a
Malcolm y el ejército inglés. Afirman que ofrecerán "medicina" a la
patria oprimida por Macbeth (83).
Acto quinto, Escena III
En Dunsinania, Macbeth se cansa de escuchar informes de nobles que
han desertado para unirse a las fuerzas inglesas. Sin embargo, se
siente consolado por la profecía de las brujas, que afirmaban que no
tenía nada que temer hasta que la selva de Birnam se acercara a
Dunsinania, o hasta enfrentarse con un hombre no nacido de una
mujer. Dado que ambos eventos parecen imposibles, Macbeth se
siente invencible.
Un criado entra con la noticia de que el enemigo ha reunido mil
hombres, pero Macbeth lo echa, regañándolo por su cobardía.
Después de llamar a su sirviente Seton para que lo ayude a ponerse
su armadura, Macbeth le pide al médico su pronóstico sobre el estado
de Lady Macbeth. Este le responde que "no es grave su dolencia"
(84), pero que sufre de extrañas visiones que, afirma, solo ella puede
curar. Esta respuesta desagrada a Macbeth. Mientras los asistentes se
ponen su armadura, este declara que aplaudiría al médico si pudiera
descubrir el verdadero mal de su mujer y curarla. De repente,
Macbeth abandona la habitación, profesando una vez más que no
temerá la muerte "mientras no se mueve contra nosotros el bosque
de Birnam" (84). Aparte, el médico confiesa que le gustaría estar lo
más lejos posible de Dunsinania.
Acto quinto, Escena IV
Malcolm, Suardo, Macduff, Caithness y un soldado marchan hacia el
bosque de Birnam. Cuando se acercan, Malcolm les ordena a los
soldados que corten ramas y las sostengan para ocultar cuántos son.
Suardo le informa a Malcolm que Macbeth está en Dunsinania,
confiado, esperando su llegada. Malcolm comenta que casi todos los
hombres de Macbeth lo han abandonado. El ejército sigue su marcha.
Acto quinto, Escena V
Macbeth ordena a sus hombres que cuelguen su enseña en los muros
exteriores del castillo, alegando que resistirá hasta que los atacantes
mueran de hambre. Si el otro bando no tuviera como refuerzos a los
hombres que lo abandonaron, afirma, no lo pensaría dos veces antes
de salir a enfrentar al ejército inglés. Al escuchar gritos de una mujer
dentro, Macbeth comenta que casi ha olvidado el sabor del miedo.
Seton regresa y anuncia la muerte de Lady Macbeth. Aparentemente
imperturbable, Macbeth comenta que no debería haber muerto aún,
sino en un momento más apropiado. Se detiene a reflexionar sobre el
sentido de la vida: "¿Qué es la vida sino una sombra, un histrión que
pasa por el teatro y a quien se olvida después, o la vana y ruidosa
fábula de un necio?".
Entra un mensajero e informa que ha visto algo increíble: mientras
miraba hacia el bosque de Birnam, parecía que este comenzara a
moverse hacia el castillo. Macbeth se muestra sorprendido y
comienza a temer que las palabras de las brujas se hagan realidad
después de todo. Ordena a sus hombres a hacer sonar las trompetas.
Acto quinto, Escena VI
Malcolm le dice a sus soldados que ahora están lo suficientemente
cerca del castillo como para tirar las ramas que llevan. Él anuncia que
Siward y Young Siward liderarán la primera batalla. Él y Macduff lo
seguirán. Los trompetistas hacen sonar una carga.
Acto quinto, Escena VII
Macbeth espera en el campo de batalla para defender su castillo. Se
siente como un oso, dice. Entra el joven Suardo y le pregunta quién
es. Macbeth le responde que tendrá miedo al oír su nombre. Macbeth
mata al joven Suardo en el duelo que sigue, y comenta: "tú naciste de
mujer, y ninguno de los nacidos de mujer puede conmigo" (88).
Acto quinto, Escena VIII
Macduff entra solo y lanza un desafío a Macbeth, jurando vengar la
muerte de su esposa e hijos. Le pide a la Fortuna que lo ayude a
encontrar a Macbeth.
Acto quinto, Escena XIX
Malcolm y Suardo entran y toman el castillo.
Acto quinto, Escena X
Entra Macbeth, afirmando que no va a morir "neciamente como el
romano" (88), es decir, suicidándose. Se encuentra con Macduff y
este lo desafía. Macbeth responde que hasta ahora lo ha evitado, pero
que ya está listo para pelear. Mientras se enfrentan, Macbeth le dice,
confiado: "Mi vida está hechizada; no puede matarme quien haya
nacido de mujer" (88). Macduff le pregunta: "¿No te dijo el genio a
quien has vendido tu alma que Macduff fue arrancado, antes de
tiempo, de las entrañas de su madre muerta?" (88). Al escuchar esto,
Macbeth se acobarda y se niega a pelear. Macduff le responde
ordenándole que entonces se rinda y se convierta en el escarnio de
Escocia. Enfurecido, Macbeth jura que nunca se rendirá ni le jurará
lealtad a Malcolm. Luchan y así salen.
Acto quinto, Escena XI
Entran Malcolm, Suardo y los otros señores. Han ganado la batalla,
pero Malcolm señala que Macduff y el joven Suardo están
desaparecidos. Ross informa que el joven Suardo ha muerto y lo
elogia, afirmándole a su padre: "Tu hijo murió como soldado. Vivió
hasta ser hombre, y con su heroica muerte probó que era digno de
serlo" (89). Después de confirmar que su hijo había sido herido de
frente, o sea, que había muerto valientemente en la batalla, Suardo
declara que habría deseado una mejor muerte para su hijo.
Entra Macduff, cargando la cabeza de Macbeth y anunciándole a
Malcolm que ya es rey. Los hombres hacen eco de este anuncio, y
suenan las trompetas cuando Malcolm acepta la corona. Este también
anuncia que los caballeros que lo acompañan serán ahora condes, y
que llamará para que regresen a quienes huyeron de la tiranía de
Macbeth. Todos salen hacia donde Malcolm será coronado.
Análisis
Hasta el Acto quinto, Macbeth se veía atormentado por visiones y
pesadillas, mientras que Lady Macbeth lo ridiculizaba por su
debilidad. En este último acto, la audiencia es testigo de cómo los
asesinatos cometidos se han apoderado también de Lady Macbeth.
En su sonambulismo, Lady Macbeth encarna el tema del lavado y la
limpieza que se desarrolla a lo largo de toda la obra. Después de
asesinar a Duncan, ella le dice a Macbeth, con frialdad: "Lava en el
agua la mancha de sangre de tus manos" (II, ii, 49). Pero el homicidio
vuelve ahora para perseguir a Lady Macbeth mientras duerme. Las
manos manchadas de Lady Macbeth recuerdan la marca bíblica de
Caín; la marca que Dios le puso por asesinar a su hermano Abel
(Génesis 4:15). Pero la marca de Caín es una señal de Dios que lo
protege de la venganza de los demás. La marca de Lady Macbeth no
la protegerá de la muerte: ella morirá unas pocas escenas más tarde.
El comportamiento del doctor en la tercera escena del acto quinto se
parece al de un psicoanalista. Como un psicoanalista freudiano, el
médico observa los sueños de Lady Macbeth y usa sus palabras para
inferir la causa de su angustia. El lenguaje de Lady Macbeth en esta
escena traiciona su perturbada mente en varios sentidos. Su discurso
en actos anteriores ha sido suave y elocuente. En el Acto primero,
Escena VI, por ejemplo, ella le declara a Duncan:
"Todo nuestro obsequio es poco para pagar tan altos beneficios y
mercedes y, sobre todo, la de haber honrado con vuestra presencia
esta casa. Pedimos a Dios, en agradecimiento, todo género de favores
presentes y futuros para vos" (I, vi, 42-43).
Este discurso de Lady Macbeth es metafórico e hiperbólico, y su
sintaxis es compleja, pero el ritmo sigue siendo suave y fluido. Es
llamativo el contraste, entonces, cuando ella habla dormida en el Acto
quinto:
¡Lejos de mí esta horrible mancha!... Ya es la una... Las dos... Ya es
hora... Qué triste está el infierno... ¡Vergüenza para ti, marido mío!...
¡Guerrero y cobarde!... ¿Y qué importa que se sepa, si nadie puede
juzgarnos?... Pero, ¿cómo tenía aquel viejo tanta sangre? (V, i, 81).
En este discurso, el lenguaje de Lady Macbeth es entrecortado: salta
de idea en idea a medida que cambia su estado mental. Sus
oraciones son cortas y arrebatadas, lo que refleja una mente
demasiado perturbada como para hablar con elocuencia. [Vale
agregar que, en la versión original en inglés, Lady Macbeth hablaba
en el Acto primero en pentámetro yámbico mientras que ahora lo
hace en prosa, pasando así de un lenguaje propio de la nobleza a uno
que suele caracterizar el discurso de la plebe].
La caída en desgracia de Lady Macbeth es rápida. A medida que ha
crecido el poder de Macbeth, de hecho, el de Lady Macbeth ha estado
disminuyendo. Comenzó la obra como una voz implacable e
influyente, capaz de dirigirse con dulzura a Duncan y de influenciar a
Macbeth para que hiciera lo que ella quería. En el acto tercero,
Macbeth la deja fuera de sus planes de matar a Banquo, negándose a
revelarle sus intenciones. Ahora, en el último acto, se ha reducido a
una sonámbula que solo puede murmurar un discurso desvariado.
Mientras que incluso la relativamente poco importante Lady
Macduff muere en una escena conmovedora, Lady Macbeth lo hace
fuera del escenario. Aún más, cuando se le anuncia su muerte a
Macbeth, la respuesta de este es impactante por su fría apatía.
A medida que la obra se acerca a su sangriento final, se pone en
evidencia el trágico defecto de Macbeth: como Duncan antes que él,
su personaje es demasiado confiado. Toma las profecías de las brujas
al pie de la letra, sin darse cuenta de que las cosas rara vez son lo
que parecen: un defecto irónico, dada su propia traición. Así, resiste
en su castillo con los pocos hombres que le quedan, dando por
sentado que los eventos que las sombras afirmaron que debían tener
lugar para que él cayera en desgracia no podían hacerse realidad.
Pero, de hecho, el ejército inglés lleva el bosque de Birnam hacia
Dunsinania. Y Macduff, que de hecho ha sido "arrancado, antes de
tiempo, de las entrañas de su madre muerta" (V, viii, 88), avanza con
el objetivo de matar a Macbeth. Las brujas lo han engañado: le dijeron
a Macbeth una doble verdad, ocultando la compleja realidad tras un
marco que parecía simple (Como nota al margen, quizás valga la
pena considerar el peso dramático de tal final: ¿parece extraño que
una obra tan trágica se resuelva a través de un juego de palabras
más o menos frívolo?).
Es apropiado que la obra termine como comenzó, con una batalla
victoriosa en la que un héroe valiente mata a un traidor y sostiene en
alto su cabeza. Lo primero que escuchamos de Macbeth en el Acto
primero es la historia de su valentía en la batalla, en la que decapitó a
Macdonnell y colgó su cabeza en las empalizadas del castillo. Al final
de la tragedia, Macbeth, ahora traidor, es tratado exactamente de la
misma manera. Después de asesinar a Macbeth, Macduff entra con su
cabeza y exclama "Mira la cabeza del tirano" (V, xi, 89). La obra
termina con el cierre de una estructura paralela.
Una moraleja que puede extraerse de Macbeth es que el curso del
destino no se puede cambiar. Los eventos que las brujas predijeron y
pusieron, al mismo tiempo, en marcha al comienzo de la obra
suceden exactamente como fueron predichos, sin importar lo que
hagan los personajes para cambiarlos. Macbeth hace todo lo posible
para lograr que el destino cumpla su voluntad, pero es en vano.
Banquo se convierte igual en padre de reyes, y Macbeth cae en
manos de un hombre no nacido de mujer. El hombre que triunfa al
final es quien no ha hecho nada para torcer el destino prescrito para
él. Es una profecía autocumplida.
El río del tiempo fluye así, a pesar de las luchas del hombre. Tras el
reinado de terror de Macbeth, al final de la obra se anuncian tiempos
más prósperos para Escocia. La coronación antinatural de Macbeth ha
quedado en el pasado, y Macduff comenta: "libres somos" (V, xi, 89).
Y la vida de Macbeth demuestra ser, de hecho, "la vana y ruidosa
fábula de un necio" (V, v, 86). El tiempo pasa sobre su sangrienta y
vana historia: la familia de Banquo dará lugar a la dinastía de los
Estuardo, y Malcolm recuperará el trono que dejó su padre,
exactamente como si Macbeth nunca se hubiera atrevido a asesinar a
Duncan.