“La paz no es algo que se espera; la paz es algo que se construye todos los
días con nuestras acciones.”
Muy buenos días, honorable jurado, maestras, maestros,
compañeros y público presente.
Mi nombre es ______________________, soy alumno/alumna de quinto
grado de la Escuela Primaria Benito Juárez, de la comunidad de
Pustunich, Champotón, y hoy tengo el honor de hablarles sobre
un tema que no solo es importante, sino indispensable para el
mundo en el que vivimos: la cultura de paz.
Vivimos en una sociedad donde con frecuencia escuchamos hablar de violencia,
conflictos, injusticias, peleas y falta de respeto. Estas situaciones no solo ocurren
en lugares lejanos; también pueden suceder en nuestras comunidades, en
nuestras familias y, a veces, dentro de la escuela. Por eso es tan importante
reflexionar sobre la forma en que nos relacionamos con los demás y el papel que
cada uno de nosotros tiene para construir un ambiente de paz.
La cultura de paz significa aprender a convivir con respeto, diálogo, empatía,
solidaridad y justicia. Significa reconocer que cada persona es valiosa, que todos
tenemos derechos y que nuestras diferencias no deben ser motivo de rechazo,
sino una oportunidad para aprender. La paz no es solo la ausencia de violencia; la
paz es la presencia de valores que nos permiten vivir en armonía.
En la escuela, la cultura de paz se construye todos los días. Se construye cuando
respetamos las reglas, cuando escuchamos a nuestros maestros, cuando
cuidamos nuestras palabras y cuando ayudamos a un compañero que lo necesita.
Se construye cuando decimos no al acoso escolar, cuando incluimos a quien se
siente solo y cuando defendemos a quien es tratado injustamente. Una escuela en
paz es un lugar donde todos pueden aprender sin miedo.
Las palabras tienen un gran poder. Con ellas podemos lastimar, pero también
podemos sanar. Un insulto puede dejar una herida profunda, pero una palabra
amable puede devolver la confianza y la alegría. Decir “perdón”, “te apoyo”,
“cuenta conmigo” o “gracias” puede marcar una gran diferencia en la vida de
alguien. Elegir palabras respetuosas también es una forma de construir paz.
Muchas veces se piensa que los niños no podemos hacer grandes cambios, pero
eso no es verdad. Aunque seamos pequeños, nuestras acciones tienen un
impacto muy grande. Cuando elegimos no responder con violencia, cuando
controlamos nuestro enojo y cuando buscamos el diálogo para resolver
problemas, estamos demostrando que la paz también se aprende y se practica
desde la infancia.
Construir la paz no significa que nunca tengamos problemas. Los problemas
siempre existirán, pero lo importante es la forma en que los enfrentamos.
Podemos elegir el enojo y la violencia, o podemos elegir el respeto y el diálogo.
Ser una persona pacífica no es ser débil; al contrario, se necesita valentía para
reconocer errores, pedir perdón y buscar soluciones sin lastimar a los demás.
La cultura de paz comienza en casa, cuando respetamos a nuestra familia,
cumplimos con nuestras responsabilidades y aprendemos a dialogar. Continúa en
la escuela, cuando convivimos con respeto, compañerismo y solidaridad. Y se
fortalece en la comunidad, cuando cuidamos nuestro entorno, respetamos las
normas y ayudamos a quienes más lo necesitan.
Imaginen una comunidad donde todos se traten con respeto, donde los problemas
se resuelvan hablando y donde reine la solidaridad. Imaginen una escuela donde
nadie tenga miedo de ser quien es, donde todos se sientan aceptados,
escuchados y valorados. Ese lugar no es un sueño imposible; es una meta que
podemos alcanzar si cada uno aporta su granito de arena.
Hoy quiero invitarlos a reflexionar sobre nuestras acciones diarias. Preguntémonos
si estamos ayudando a construir la paz o si, sin darnos cuenta, estamos
contribuyendo al conflicto. Cada decisión que tomamos, por pequeña que parezca,
puede acercarnos a un mundo mejor o alejarnos de él.
La paz no se impone con fuerza ni se logra con violencia. La paz se enseña con el
ejemplo, se aprende con valores y se practica todos los días. Comienza cuando
respetamos, cuando escuchamos, cuando dialogamos y cuando actuamos con
empatía.
Para finalizar, quiero recordarles algo muy importante: cada palabra cuenta, cada
acción importa y cada niño tiene el poder de ser un constructor de paz. Si
sembramos respeto hoy, cosecharemos un futuro más justo, solidario y lleno de
esperanza para todos.
Muchas gracias.