La mutación como adaptación
y confrontación CULTURA/ADAPTACIÓN
El hombre como primate hominoideo
Hablar del origen de los humanos, nos remite sin lugar a dudas a la historia natural del
Orden
de los Primates, en el cual se reconocen tres grandes grupos: los prosimios, los monos
(clasificados en aquellos del Nuevo Mundo y del Viejo Mundo) y los simios. El humano es
una
especie más en el orden zoológico citado y analizar su origen, desde lo biológico, es un
tema
trascendente, integrador y desde ya complejo, pero vale la pena abordarlo para ampliar las
ventanas a partir de las cuales exploramos el mundo que nos rodea.
Hace 26 millones de años (OLIGOCENO) hubo una bifurcación en los monos, originándose
dos superfamilias, una de ellas los cercopitecoides (monos del Viejo Mundo) y la otra, los
hominoides (simios). Además de la ausencia de cola, los simios se diferencian de otros
primates
en un cráneo voluminoso, de más 100 cm3
de volumen, sustancialmente superior al volumen
craneal de los monos que en promedio es de 35 cm3
, boca diminuta, nariz pequeña, cara retraída
metida debajo de la frente, con órbitas inferiores juntas proyectadas como inflamadas hacia
el
frente.
Más tarde los hominoides, que carecían de cola, se separaron en dos familias, los
hilobátidos
y los Hominidae u homínidos. Los hilobátidos abarcan actualmente a los gibones
(Hylobates) y a
los siamangs (Symphalangus): “pequeños simios” distribuidos en el sudeste asiático. Los
homínidos son los “grandes simios”.
Avanzado el MIOCENO, hace unos 15 millones de años, los homínidos se diversificaron en
linajes distintos. Primero se separaron los ponginos, cuyos únicos representantes vivos son
los
orangutanes (Pongo). Entre 8 y 7 millones de años se originan los gorilas (Gorilla).
Hace 7 millones de años, los homínidos restantes, que no eran ni ponginos ni gorilinos, se
separaron en dos linajes, uno de ellos los paninos y los homíninos. Los paninos actuales
pertenecen al género Pan, son los chimpancés. Chimpancés y homíninos tienen un mismo
antecesor y están estrechamente relacionados. Entre sí solo tienen una diferencia genética
de
0,6%.
Recapitulando, la familia Hominadae incluye ponginos, gorilinos, paninos y homíninos.
44
Focalizando en los HOMÍNINOS.
Focalizando en el término homíninos, hay que indicar que es el nombre de una categoría
taxonómica que incluye varias especies extintas. Nosotros somos los únicos homíninos con
vida.
Los cambios biológicos que han modelado a la especie humana son de fundamental
importancia para comprendernos de manera integral. Menospreciar estos temas o
desaparecerlos
o apelar a concepciones anacrónicas, es indudablemente una forma de fomentar la
ausencia de
identidad biológica y apelar a un antropocentrismo disociado y ajeno a una “realidad
interactiva”:
la comprensión de la “realidad interactiva” no se puede alcanzar sin antes comprendernos
como
especie con una historia natural particular.
Como especie, nuestras raíces hay que buscarlas en otras especies, es indudable. Se han
develado mecanismos naturales que generan especiación y la especiación debemos
situarla
claramente en una ambiente que fluctúa, que cambia, que es inestable, que genera nuevos
filtros
ambientales que desafían a los organismos, los cuales pueden ser dúctiles a los cambios
genéticos
o no.
La cuna de los homíninos está en el este de África y hay una especie a partir de la cual se
sugiere se originaron los homíninos. Este origen estaría situado hace aproximadamente 7
millones
de años. Las especies más antiguas son: Sahelanthropus tchadensis, Orrorin tugenensis,
Ardipithecus ramidus, Australopihecus (varias especies), Paranthropus (varias especies) y
Kenyanthropus platyops, el cual ha sido postulado como posible ancestro del género Homo.
El género Homo aparece hace 2,3 millones de años y nosotros, una de las tantas especies
del
género, Homo sapiens, hace 400000 años. Contemporáneo de Homo habilis fue la especie
Homo
rudolfensis, que se extinguió siendo otra de las ramas truncas del árbol de los homíninos.
Posteriormente a ellas surgen en Asia Homo erectus (1,8 a 0,3 millones de años) y en África
Homo ergaster. Algunos sostienen que H. ergaster podría haber dado origen a H. erectus,
quien
se especializó en el fuego, fue un gran colonizador y se cree que corresponde a otra rama
trunca
del árbol.
Nuestro origen estaría vinculado a Homo ergaster postulado como especie madre de Homo
antecesor (900000 años) y ésta a su vez originando a Homo heidelbergensis (600000
años), de la
cual habrían surgido aproximadamente al mismo tiempo, H. neanderthalensis y H. sapiens,
hace
400000 años. Ambas son ramas truncas del árbol de los homíninos.
45
Todavía hace tan solo 40000 años, habitaban en nuestro planeta varias especies humanas
distintas, como los ya citados “neandertales”, los “sapiens”, los “floresienses” y los
“denisovanos”, entre otros. Todos ellos desaparecieron después de haber entrado en
contacto con
Homo sapiens.
Pero antes de desaparecer tuvieron tiempo de hibridar con ellos, por lo que algunos de sus
genes sobreviven en el genoma humano actual, en nosotros mismos.
Sea dicho de paso, no sabemos a ciencia cierta si somos una especie asesina de
homíninos del
género Homo, pero lo que sí sabemos es que ahora, estamos acorralando y llevando al
borde de la
extinción a todas las especies de homínidos no humanos que quedan: hoy nuestra especie
representa el 99,995% de todos los homínidos, los otros, los “grandes simios”, apenas
llegan al
0,005%.
Homo sapiens, como ya se dijo, también sería una rama trunca, de hecho hay un debate
acerca
del acortamiento del “cromosoma Y” que marcaría nuestra fecha de vencimiento.
Somos una especie cuyas mutaciones cromosómicas producen patologías severas, por
este
motivo, entre otros, los especialistas declaran que al extinguirnos se acabaría el género
Homo, así
que nosotros formaríamos parte de otra rama trunca (la última) del árbol evolutivo de los
homíninos.
Volvamos al origen de los homíninos y asociémoslo al concepto que “la vida baila entre dos
fuegos”. Es interesante ver como la deriva de las placas de la corteza terrestre y el clima
pueden
ser promotores de especiación. Una explicación posible sobre este origen sigue el siguiente
modelo que nos lleva a una zona de África oriental que comenzó a cambiar hace
aproximadamente 8 millones de años, cuando recrudece una crisis tectónica en lo que hoy
es la
zona del “Rift Valley”, que generó una fractura de placa y una grieta gigantesca comenzó a
abrirse
dando lugar a un hundimiento de terreno y al surgimiento de cadenas montañosas. Esta
progresión continúa.
Esta falla generó una perturbación en la circulación del aire que afectó el caudal de
precipitaciones. Desde el oeste las masas de aire húmedo provenientes del Atlántico
siguieron
aportando generosas lluvias hasta chocar con la cadena montañosa del “Rift”, con lo cual al
este
no siguió pasando humedad. Pero por otra parte, las masas de aire húmedo provenientes
de Asia
se vieron obstaculizadas por otro fenómeno tectónico, la elevación del macizo tibetano.
46
Consecuencia final:
El este de África, donde se originan y
diversifican los homíninos, quedó con poca
agua, dando lugar a biomas esteparios.
Apelando al modelo de especiación
alopátrica, la población antropomorfa
ancestral al oeste, con biomas de selva, dio
lugar a los paninos y la población
antropomorfa ancestral al este, con biomas
esteparios, dio lugar a los homíninos que
según esta posible explicación, serían “hijos
de la aridez”.
El filtro ambiental que desafió a los antropomorfos ancestrales y selección natural y barreras
mediante, rindió una notable diversidad de estos simios, que los paleontólogos van
develando año
tras año, a veces arrodillados escarbando en interminables jornadas de trabajo con palita y
pincel
y otras veces por pura casualidad en compañías de sus hijos.
Al hablar de tendencias evolutivas en primates, nos referimos a una notable flexibilidad en la
mano y las extremidades, a la agudeza visual y la posibilidad de ver colores, al cuidado de
las
crías, a un aumento en la verticalidad y a un aumento en el desarrollo del cerebro. Pero no
deberíamos olvidarnos del oído interno y sus canales semicirculares, otras valiosas
herramientas
del equipo sensorial de los primates, cuyo análisis también nos puede dar conocimiento de
la
historia natural de los primates.
Antropología, primatología y paleoprimatología.
A pesar que se tiende a pensar en modelos vivientes como los simios (chimpancés,
bonobos,
gorilas, orangutanes y gibones) con respecto a aquellos que estudian la evolución de los
homínidos,
cada vez más los primates del Nuevo Mundo son sujetos de estudio para entender la
evolución de
los miembros del Orden Primate. Los platirrinos son excelentes modelos para estudiar
paralelismos
que nos ayudan a comprender principios aplicables a todos los primates. Por ejemplo, es
posible
que la variación ambiental haya tenido efectos importantes en los patrones
comportamentales entre
los homíninos tempranos.
47
Por esto, los primates del Nuevo Mundo pueden constituir modelos instructivos para
comprender
el comportamiento de esos homíninos. En general, la existencia de diversos caracteres
homólogos
entre primates humanos y no humanos y las consecuencias de una historia evolutiva en
común,
transforma a los primates no humanos en modelos y sujetos útiles para comprender las
raíces
evolutivas de la morfología humana y la comprensión de los orígenes de la naturaleza
humana. Por
eso la primatología es el estudio de distintas facetas de la naturaleza de un primate y aporta
a la
antropología en función de lo dicho.
Para ser un primatólogo, lo primero es asumir el trabajo de campo para la observación de
la
conducta. Para ello, se requerirá paciencia y voluntad para seguir a sujetos de estudio a
veces
elusivos. Sin embargo, resulta apasionante pensar que luego de proponer preguntas e
hipótesis de
estudio, pasar largas jornadas en el campo observando, digitalizar los datos de la libreta de
campo,
procesar y analizar esa información y finalmente publicar los resultados.
Pero un primatólogo puede dedicarse al estudio de especies ya desaparecidas en la
historia
del planeta. Podemos llamarlo “paleoprimatólogo”. Para poder seguir transitando el análisis
de información que es lo que nutre la mente académica, vamos a ingresar en un artículo
escrito
por Richard J. Johnson, un médico y por Peter Andrews, justamente un paleoprimatólogo:
“El
gen de la obesidad”.
Confrontación evolución vs. Cultura
Esta confrontación se relaciona al cuerpo que tenemos y a como lo tratamos. Como
tratamos el
cuerpo tiene que ver con nuestra cultura y con las modas que van surgiendo. Nuestro
cuerpo ya
queda claro que es una manifestación de la evolución. Para simplificar la explicación,
veamos un
ejemplo, las branquias son una adaptación que permite obtener oxígeno en el agua, no en
el aire.
Hacerlas funcionar en el agua, aportan salud al pez que las porta. Pero si ese pez por
cultura, moda
o lo que sea, se le ocurre salir del agua, las branquias no solo no captaran oxígeno, sino
que se
estropearan y al volver al agua, no serán tan eficientes y ocasionará nuevas dolencias y
enfermedades. Si este ejemplo amañado lo ha entendido, entonces ya entendió de que
hablamos
cuando nos referimos a confrontación. En clase profundizaremos con situaciones concretas
relacionadas con lo osteo-artro-muscular, el parto, la obesidad femenina y la conducta de
dormir.
En el gen de la obesidad, y aquí obesidad se refiere a una afectación anómala, se ve otra
confrontación, que tiene que ver con el tipo de alimentación para la cual estamos
preparados y la
forma de acumular grasa como reserva para tiempos de faltantes de alimentos nutritivos.
48
EL GEN DE LA OBESIDAD
Una mutación genética en nuestros antepasados primates puede ser la causa de la
actual pandemia de obesidad y diabetes.
En base a Richard J. Johnson y Peter Andrews
En 1962, el genetista James Neel propuso una hipótesis para resolver un rompecabezas
evolutivo desconcertante. Lo que se conoce hoy como diabetes 2, provoca, a su vez,
diferentes
síntomas debilitantes, como ceguera, cardiopatías e insuficiencia renal. En el pasado,
cuando no se
disponía de tratamientos adecuados, los humanos con estos síntomas tendrían menos éxito
a la hora
de encontrar pareja, reproducirse y transmitir a las generaciones futuras la combinación
genética
causante de la enfermedad. Es decir, la selección natural debería haber eliminado esa
combinación
genética y, por lo tanto, la dolencia relacionada con la diabetes 2.
Sin embargo, la diabetes 2 se mantuvo y fue aumentando. Neel se preguntaba cómo
pudieron
sobrevivir las personas portadoras de un gen tan perjudicial. Y por qué la diabetes 2, que se
caracteriza por unos niveles anormalmente altos de glucosa en la sangre (hiperglucemia),
resultaba
cada vez más frecuente en la población humana.
Neel basó su trabajo en humanos, solamente, dedicando una gran parte de su tiempo a
estudiar a
poblaciones originarias como los yanomamis del norte del Amazonas. Ellos tienen en su
acervo
génico la misma variante de la diabetes 2 que presentan los humanos del hemisferio norte,
pero casi
nunca padecen diabetes 2 ni tampoco obesidad. El contraste entre las personas originarias
y aquellas
de las sociedades tecno-urbanizadas, le proporcionó una pista, que la razonó de la
siguiente manera:
“en el pasado habría más fases en las que los alimentos escaseaban o directamente
faltaban, lo que
causaría hambrunas. Los portadores de una variante genética que hiciera más eficaz la
asimilación o utilización de los alimentos presentes, habrían podido extraer más calorías y
almacenarlas en forma de grasa. Entonces, los dotados con este gen ahorrador contarían
con una
grasa corporal extra que habría supuesto una ventaja para sobrevivir en tiempos de
escasez de
alimentos. Sin embargo, en tiempos de abundancia, como en la actualidad, el mismo gen
daría
lugar a una ganancia excesiva de peso, obesidad y a la diabetes 2, con su rosario de graves
dolencias asociadas”.
49
Aunque la hipótesis del gen ahorrador ha recibido algunas críticas, se ha mantenido vigente
de
una forma u otra desde hace ya medio siglo. La idea de que nuestro organismo, está
programado
genéticamente para almacenar la grasa y de que nuestra dieta calórica constante desbordó
esta
programación, ha impulsado numerosas investigaciones que intentan identificar los posibles
genes
ahorradores causantes de la diabetes 2 y otras enfermedades relacionadas con la obesidad,
como la
hipertensión arterial (HTA), la esteatohepatitis no alcohólica y las cardiopatías.
En tiempo reciente, los dos autores de este artículo que aquí se transcribe de la manera
más fiel
posible, han analizado en profundidad nuestro pasado evolutivo y han hallado pruebas
sólidas que
confirman una parte esencial de la hipótesis de Neel, a saber, que la mutación de un gen
convirtió a
los humanos en ahorradores de calorías que es igual a decir que la mutación los convirtió
en seres
con tendencia a la obesidad. Lo singular de Johnson y Andrews es que identifican esa
mutación
surgiendo en simios ancestrales hace millones de años y creen que les permitió sobrevivir
durante
largos períodos de falta de alimentos. Si esto es así, la hipótesis de Johnson y Andrews
podría
ayudar a revelar como evolucionaron esos simios ancestrales y dieron lugar a nuestros
primeros
ancestros homínidos y como coletazo, permitiría identificar el gen responsable de las
principales
enfermedades graves que padecen las personas en las sociedades tecno-urbanizadas con
una cultura
alimenticia anómala.
ARGUMENTACIONES
La paleoprimatología en acción.
En la interpretación de Johnson y Andrews, la historia de la mutación del gen ahorrador,
comienza mucho antes de la existencia de los humanos, cuando los simios hacía poco (en
términos
de tiempo geológico) estaban en el planeta. Ellos relacionan el fenómeno con cambios
climáticos
globales, hambre y lucha por la supervivencia. Veamos detenidamente el desarrollo de esta
argumentación que nos lleva a la paleoprimatología y donde el “reloj radiactivo” es
fundamental
para hacer una línea de tiempo confiable. El “reloj radiactivo” es la técnica fundamental para
fechar
la antigüedad de los fósiles, rocas y minerales de acuerdo a la velocidad de desintegración
de los
átomos. Un ejemplo es el C14, que determina la edad de los materiales orgánicos hasta
aproximadamente 50000 años. Pero para fechar en millones de años, se usa la datación
UranioPlomo.
Los primeros simios evolucionaron hace unos 26 millones de años atrás, probablemente en
el
este de África, a partir de un ancestro común con el resto de los primates.
50
Estos simios ancestrales, de los cuales el más conocido es del género Proconsul sp., eran
cuadrúpedos y netamente arborícolas, de forma general al resto de los primates, pero como
rasgos
distintivos poseían un cuerpo más grande, no tenían cola y tenía un cráneo y cerebro más
voluminosos (150 cm3
). En esos tiempos, en África dominaban los biomas de selva lluviosa y
bosques tropicales. En este ambiente, los simios vegetarianos por naturaleza, tenían
comida en
abundancia y seguramente los frutos eran parte importante de su dieta. En esos biomas los
simios
ancestrales prosperaron y se diversificaron (macroevolución) hasta existir por lo menos 14
especies,
según se han identificado en el registro fósil.
Pero hace aproximadamente 21 millones de años comenzó un período de enfriamiento
gradual
y global. Los casquetes polares comenzaron a expandirse, secuestrando a través del
congelamiento
el agua de los océanos, así las cosas el nivel del mar fue descendiendo paulatinamente.
África que
había sido un continente insular como lo son hoy Australia y la Antártida, se conectó a
Eurasia a
través de una serie de puentes de tierra. Con esta conexión comenzó la migración natural
de
animales terrestres. Los animales de por sí tienden a movilizarse y a colonizar nuevos
ambientes si
están disponibles y al desaparecer la barrera de agua, pensemos en un Mediterráneo ya no
como un
mar, sino como un valle. Por él jirafas, elefantes, antílopes, cerdos hormigueros entre otros,
migraron de África a Eurasia. Y entre estos animales había también simios.
Cuando los simios llegaron a Europa se encontraron con importantes bosques y selvas, en
los
cuales abundaban los frutos entre otros recursos que brindan las plantas al igual que en
África. Esta
abundancia de alimentos de alta calidad, les permitió prosperar. En este sentido prosperar
significa
aumentar el éxito reproductivo y la diversificación en géneros y especies (macroevolución).
Se
diversificaron en al menos 8 especies correspondientes a cinco géneros, tales como
Ankarapithecus,
Griphopitecus y Kenyapithecus. Andrews y su equipo, tras estudiar sedimentos de 16
millones de
años cerca del pueblo turco de Pazalar, llegaron a la conclusión de que en ese tiempo, el
clima era
estacional y se asemejaba al que hay hoy en el norte de la India, con copiosas y continuas
lluvias
monzónicas en verano, seguidas de períodos largos de sequía en el resto del año, con
inviernos
frescos pero sin heladas.
En el transcurso del Mioceno, el clima global siguió la tendencia a mayor enfriamiento y las
estaciones se volvieron más secas. En estas circunstancias, los bosques de redujeron y en
muchas
regiones dieron paso al bioma de sabana y la oferta alimenticia para los simios se volvió
más
limitada. Evidentemente en estas condiciones los frutos se volvieron escasos. Los estudios
de
Andrews hallaron que en esa época, los simios vivían sobre todo en el suelo, no en los
árboles, lo
que habría proporcionado mayor capacidad para desplazarse y buscar nuevos alimentos.
51
Los estudios sobre desgaste de dientes fósiles y el engrosamiento de su esmalte indican
que estos
simios hambrientos habrían empezado a consumir otros recursos tales como tubérculos y
raíces de
menor calidad nutricia y mayor dureza.
En Pazalar, Andrews y Kelley, de la Universidad Estatal de Arizona, han hallado fósiles de
individuos adultos jóvenes de Kenyapithecus kizili cuyos incisivos presentan estrías que
revelan
períodos intermitentes de hambruna. Otros paleoprimatólogos, han descubierto que el simio
Dryopithecus, que vivió hace 10 millones de años en la cuenca del Vallés-Penedés, en
Cataluña,
España, mostraba también estas estrías en los dientes. Conforme pasaba el tiempo, el
clima se iba
enfriando cada vez más, hasta que, hace unos 7 millones de años, los simios
desaparecieron
totalmente de Europa. O, al menos, eso parecía. Ahora el registro fósil señala que algunos
simios
europeos se desplazaron a Asia y se convirtieron en los ancestros de los gibones y de los
orangutanes, mientras que otras especies regresaron a África y evolucionaron para dar
lugar a los
grandes simios africanos, de los cuales surgiría la estirpe que llevaría al simio humano
(homíninos).
Tal vez uno de los que migraron de Europa a África y Asia fue Kenyapithecus kizili (15
millones de
años), que poseía dientes y mandíbulas similares a los de Kenyapithecus wickeri, un simio
que
vivió en el este de África hace 13 millones de años y tal vez éste último sea un ancestro
común de
los grandes simios africanos.
Ahora damos vuelta la página y veremos el abordaje bioquímico y fisiológico que hace
Johnson
y sus colaboradores
Hipótesis del gen ahorrador de Johnson y Andrews.
Johnson y Andrews se han centrado en un gen que, en numerosos animales, da lugar a
una
enzima llamada uricasa. Sin embargo, en todos los grandes simios (orangutanes, gorilas,
chimpancés, bonobos y humanos), tal gen ha mutado y no producimos uricasa. Todos los
grandes
simios poseemos la misma forma mutante del gen, lo que indica que lo hemos heredado de
un
antepasado común (tal vez K. wickeri) que dio lugar a los grandes simios, antepasado que
ya tenía
esa mutación.
La paleoprimatología debió pedir ayuda a la genética molecular. El Dr. Takahata de la
Universidad de Estudios Avanzados en Hayama (Japón) se ocupó de este tema de analizar
los
cambios del gen a lo largo de la evolución con un método conocido como “reloj molecular”.
“Reloj
molecular” es un término figurativo para una técnica que estima la antigüedad de una
mutación. El
Dr. Takahata determinó, reloj molecular de por medio, que el ancestro común de los grandes
simios
vivió hace 15 millones de años y que la mutación del gen de la uricasa tenía una antigüedad
similar.
52
Este período de tiempo coincide con la época en la que los simios europeos pasaban
hambrunas
estacionales.
Una mutación diferente desactivó el gen de la uricasa en los ancestros de los simios
menores, los
gibones, que probablemente vivían en Europa en la misma época.
Estos hallazgos hacen pensar que la inhibición de la uricasa ayudó a los antiguos simios
europeos a sobrevivir ante la falta de alimentos.
La pregunta que surge y el resto del artículo intentará responder es ¿de qué forma los
ayudó? Y
aquí entramos en otros campos de investigación totalmente diferentes a los empleados por
la
paleoprimatología y la genética molecular.
Investigaciones biomédicas.
La uricasa en una enzima que metaboliza el ácido úrico proveniente de de las purinas o
sea los
nucleótidos adenina y guanina y lo transforma en sustancias inocuas aprovechables. Una
mutación
que inhiba la uricasa, de entrada podría pensarse que resultaría perjudicial, ya que el
exceso de
ácido úrico puede precipitar y formar cristales en las articulaciones, lo que da lugar a la
gota, o en
los riñones, lo que produce piedras renales, que generan dolor. Sin embargo, en
condiciones
normales, los grandes simios excretan ácido úrico a través de la orina con la suficiente
rapidez
como para que la mutación solo provoque un aumento moderado en la sangre. De hecho,
los
grandes simios presentan niveles de ácido úrico solo ligeramente más altos que otros
animales con
la uricasa activa (uricemia normal: 5 mG/dL).
Los yanomamis no poseen mayores inconvenientes con la concentración de ácido úrico en
sangre. En cambio en las sociedades que siguen la dieta occidentalista, los valores medios
de ácido
úrico se han disparado. Otra realidad que los médicos saben bien, es que las personas
obesas y con
cardiopatías, suelen presentar concentraciones sanguíneas más altas de ácido úrico
(hiperuricemia >
7 mG/dL), además de elevado colesterol (>200 mG/dL) y triglicéridos (>150 mG/dL), que las
personas delgadas.
A partir de ahora se presenta un rosario de experimentos. Por favor esté MUY atento a los
fundamentos y conclusiones de cada uno de ellos: ¡comencemos!
Los autores del influyente Estudio del Corazón de Framingham han realizado un
seguimiento de
pacientes durante décadas y han utilizado la estadística para identificar qué sustancias
causan
cardiopatías. Señalaron que la hiperuricemia no provoca por sí solo enfermedades; en
cambio
propusieron que la HTA aumentaba el riesgo de cardiopatías y también provocaba
hiperuricemia.
53
Sin embargo, esa idea incomodaba a Johnson, porque los autores de Framingham habían
violado
un principio básico en biología: habían presentado su conclusión sin demostrar la hipótesis
en
animales de laboratorio. Marilda Mazzali, médica que trabaja con Johnson, procedió a
realizar un
ensayo de este tipo. Mazzali trabajó con ratas. Las ratas tienen uricasa. Para bloquear su
función, les
administró una sustancia que inhibe la uricasa y por ende aumentaba los niveles de ácido
úrico en
ellas, para ver si ello elevaba la presión arterial o alteraba la función renal. Los resultados
fueron
contundentes: las ratas experimentales sufrían HTA.
Johnson y colaboradores realizaron más tarde una serie de estudios en los que
demostraron que
la elevación del ácido úrico en las ratas causaba HTA a través de dos mecanismos.
Primero, el ácido
úrico en exceso actúa con rapidez y da lugar a una serie de reacciones bioquímicas,
denominadas en
conjunto estrés oxidativo. El estrés oxidativo constriñe los vasos sanguíneos, es decir
reduce el
calibre de los mismos, de esta forma obliga al corazón a bombear con más fuerza para
hacer circular
la sangre por espacios más reducidos. Esto aumenta la presión arterial. Si el ácido úrico
disminuye,
tal efecto se invierte. Pero si se mantiene alto de manera crónica, provoca pequeñas
lesiones
duraderas e irreversibles en los glomérulos e inflamación de los riñones, de esta forma el
riñón
dañado pierde eficiencia para excretar sales y otros solutos. Ello a su vez, como segundo
mecanismo aumenta la presión arterial.
Para comprobar si los humanos respondían de la misma manera que las ratas al aumento
del
ácido úrico, Johnson y el nefrólogo Dan Feig midieron el ácido úrico de adolescentes con
obesidad,
recién diagnosticados con HTA y descubrieron con sorpresa que el 90% de ellos presentaba
hiperuricemia. Entonces, realizaron un ensayo clínico en el que trataron con alopurinol a 30
de estos
adolescentes con obesidad. El alopurinol es un fármaco que disminuye la concentración de
ácido
úrico. Lograron reestablecer la presión arterial normal en el 85% de los pacientes cuyo nivel
de
ácido úrico se había reducido de forma importante.
Ampliando las investigaciones.
Dado que la HTA suele asociarse con la obesidad, definida la obesidad como IMC > 30 y
recordando que el IMC = Peso / (altura cm)2
, Johnson se planteó si el ácido úrico además de dar
lugar a la HTA, podría también producir obesidad por sí sola. Al reflexionar sobre esta
cuestión,
adoptó una perspectiva integradora. Pensó en la forma en que nuestros antepasados
evolutivos,
desde los primates primitivos hasta los simios, habían ajustado su metabolismo mientras
atravesaban épocas de abundancia y de falta de alimentos.
54
En la naturaleza hay una regla general que es que cuando falta comida en una fase
prolongada de
tiempo, sobrevive el individuo más obeso. Esto es así. Los mamíferos aumentan sus
reservas de
grasa para superar la hibernación, las aves engordan para soportar largas migraciones y el
pingüino
emperador gana unos kilogramos para anidar durante el duro invierno. Cuando estos
animales
“sienten” que se acercan tiempos difíciles, se ven forzados a buscar alimento, a comer y a
engordar.
En esos momentos, las aves y los mamíferos también adoptan de forma natural un estado
pre
diabético por obesidad. Normalmente, cuando el cuerpo digiere los carbohidratos, se forma
glucosa
que se acumula en el torrente sanguíneo.
El páncreas reacciona mediante la secreción de insulina, lo que indica al hígado y a los
músculos
que conviertan la glucosa en glucógeno, una macromolécula que actúa como reserva
energética.
Pero cuando la comida escasea, los animales que no hibernan deben seguir buscando
alimento para
sobrevivir y su cerebro requiere un suministro constante de glucosa para hacerlo. Por esta
razón, en
todos los animales hambrientos y enflaquecidos, mamíferos y aves investigados, surge un
cambio
metabólico que hace que las células del cuerpo ignoren las indicaciones de la insulina. Esta
“resistencia natural a la insulina”, mantiene un cierto nivel de glucosa en la sangre para
abastecer al
cerebro y también es un estado pre-diabético adaptativo.
Johnson y otros se dieron cuenta de que debía de haber algún mecanismo que alertara al
organismo para que engordara en tiempos de abundancia. Decidieron denominarlo
“interruptor de
grasa”. La hipótesis era que dado que las aves, los osos y los orangutanes se atiborran de
frutos para
almacenar grasa de cara a los momentos de escasez, sospechaba que el azúcar de los
frutos, el
monosacárido fructosa, tal vez activara el “interruptor de grasa”. Esta hipótesis fue puesta a
prueba
por los investigadores Ishimoto y Lanaspa, colaboradores de Johnson. Ellos trabajaron con
ratones
(múridos). Los múridos con una dieta rica en fructosa comían más, se movían menos,
tendían a
acumular más grasa o sea engordaban notablemente, respecto a los ratones que seguían
una dieta
equilibrada para múridos y como si esto fuera poco tenían menos capacidad mental. Ellos
indicaron
que esta acumulación de grasa se produce porque la fructosa inhibe la señal de la hormona
leptina.
La leptina es la hormona que indica al cerebro que es hora de dejar de comer. En definitiva,
más
fructosa en la dieta más impulso a la ingesta de comida.
Es importante destacar que la fructosa, es el único monosacárido que produce ácido úrico
cuando
se descompone dentro de las células. Johnson se preguntó si él ácido úrico mediaría
también en los
efectos de la fructosa. Nakagawa, también del laboratorio de Johnson se ocupó de este
tema. El
ofreció a ratas una dieta rica en fructosa y a la mitad de ellas les administró alopurinol para
rebajar
el ácido úrico.
55
El fármaco alopurinol redujo la presión arterial de los múridos, lo que confirmaba los
resultados
anteriores del grupo de investigación. Al mismo tiempo, el alopurinol anuló muchos de los
síntomas
del denominado síndrome metabólico, que se caracteriza por unos bajos niveles de HDL (el
colesterol bueno), aumento del LDL (colesterol malo), hiperglucemia, triglicéridos elevados,
exceso
de grasa en el vientre y HTA. Es importante destacar que con menos ácido úrico se reducía
la
conversión de fructosa en grasa.
Con esta información se iba forjando una imagen cada vez más clara. Una dieta rica en
fructosa
activa el “interruptor de grasa” y la ausencia de uricasa en los grandes simios, eleva la
concentración de ácido úrico, que a su vez incrementa los efectos de la fructosa. Es decir, la
fructosa se convierte en grasa, pero en presencia de ácido úrico esa conversión es mayor y
más
eficiente.
En las sociedades tecno-urbanizadas, esta combinación de circunstancias lleva en última
instancia a sufrir el síndrome metabólico, que aumenta el riesgo de cardiopatías, ACV y
diabetes 2.
Volvemos a interpretar la Historial Natural de los simios.
Con estos datos, Johnson y Andrews pensaron como la mutación que desactivo el gen de
la
uricasa habría ayudado a los simios ancestrales a sobrevivir cuando el clima global se
enfrió.
Sugirieron que la ausencia de uricasa y la consiguiente elevación del ácido úrico
propiciarían la
conversión de la fruta en grasa, con lo que los animales soportarían mejor los inviernos
cuando a
mediados del Mioceno, hace 15 millones de años, se volvieron más fríos, secos y
duraderos.
Andrews aportó una idea importante: aunque África se estaba enfriando, seguían siendo lo
suficientemente cálida como para acoger extensos bosques de ficus tropicales que
producen frutos
durante todo el año. De este modo, los simios africanos dispondrían de alimentos todo el
tiempo,
como les sucede hoy a los grandes simios. Pero en Europa, a medida que el clima
subtropical se
volvía templado a frío, estos árboles empezaron a escasear y dejaron de fructificar en
invierno.
Como consecuencia, los simios europeos empezaron a pasar hambre. La hipótesis es que
ante la
mutación aleatoria (microevolución), los simios europeos comenzaron a ser eficientes en
convertir
la fructosa en grasa para poder afrontar los momentos de hambruna. Unos pocos millones
de años
más tarde, los descendientes de estos simios habrían regresado a África y al llevar la
mutación, se
hallarían mejor preparados que los simios africanos ancestrales para soportar las periódicas
hambrunas. Si los simios europeos sobrevivieron mejor y desplazaron a los africanos, muy
probablemente los simios europeos sean los ancestros de los grandes simios actuales. Y el
gen
mutado que desactiva la uricasa correspondería al gen ahorrador que tanto había buscado
J. Neel.
56
La confrontación evolución-cultura: la detonación de la salud.
El panorama descripto y perfectamente argumentado por Johnson y Andrews, podría ser la
causa
de la pandemia crónica de obesidad y diabetes 2, en definitiva del síndrome metabólico.
Ellos
proponen que el gen mutado hace subir los valores de ácido úrico en respuesta a dos tipos
de
alimentos de la dieta occidental. Primero, los que producen ácido úrico per se, como la
cerveza y la
carne con sus derivados (embutidos, fiambres, grasa). Segundo, los que contienen o
producen
grandes cantidades de fructosa, como la miel, bebidas gaseosas como la Coca-Cola, los
alimentos
ultra procesados con grandes cantidades de jarabe de maíz alto en fructosa (JMAF).
Cuando los
niveles de ácido úrico se disparan, nos volvemos mucho más propensos a sufrir obesidad,
diabetes 2
y otras afectaciones del síndrome metabólico.
La adaptación permite, cuando hay comida, comer lo más que se pueda. En la selva, los
frutos
aportarían la fructosa, que bloquearía a la leptina y permitiría comer más para aprovechar al
máximo la abundancia de comida.
De esta manea los simios ganarían peso y tendrían un tanto elevada la presión arterial, que
les
permitiría tener más ímpetu en esta tarea de atiborrarse de alimentos. Parcialmente obesos,
enfrentarían ahora una etapa de escasez con sus respectivas restricciones calóricas.
Pasarían estos
meses metabolizando la grasa almacenada y se activaría en última instancia la otra vía que
lleva al
estado pre-diabético que les mantendría una mayor concentración de glucosa en sangre,
que haría al
cerebro activo en la búsqueda de los escasos alimentos. En las sociedades
tecno-urbanizadas,
dominadas por una cultura alimenticia trabajada por las grandes corporaciones
norteamericanas a lo
largo del siglo XX, basada en glucosa, fructosa, carne, grasa, sal y aditivos múltiples, ha
generado
una superabundancia de principios nutritivos que mantienen activa la adaptación y el
cerebro
cautivo o adicto a la ingesta desmedida con 4000 Kcal o más por día si pensamos en el
sándwich de
Elvis de 8000 Kcal, que es lo mismo que decir, que mantiene activa la fabricación de grasa
corporal. La cronicidad de esta anomalía de la cultura gastronómica a la larga es mortal.