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CORROSION

La corrosión es el deterioro de materiales metálicos mediante reacciones químicas y electroquímicas, que requiere electrodos, un electrolito y conexión eléctrica. Existen diferentes tipos de corrosión, como la generalizada y localizada, cada una con características y riesgos específicos. La protección contra la corrosión incluye métodos como el uso de inhibidores, recubrimientos y protección catódica para prolongar la vida útil de los materiales.

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CORROSION

La corrosión es el deterioro de materiales metálicos mediante reacciones químicas y electroquímicas, que requiere electrodos, un electrolito y conexión eléctrica. Existen diferentes tipos de corrosión, como la generalizada y localizada, cada una con características y riesgos específicos. La protección contra la corrosión incluye métodos como el uso de inhibidores, recubrimientos y protección catódica para prolongar la vida útil de los materiales.

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CORROSIÓN

La Corrosión es un término que se utiliza para describir el proceso de deterioro de materiales


metálicos (incluyendo tanto metales puros, como aleaciones de estos), mediante reacciones
químicas y electroquímicas. Para el caso del deterioro relacionado con otros tipos de
materiales, como los polímeros y cerámicos, se utiliza el término degradación.

La mayoría de los procesos de corrosión involucran reacciones de reducción-oxidación


(reacciones electroquímicas), donde para que se desarrollen estos procesos, es necesaria la
existencia de tres constituyentes: (1) unos electrodos (un ánodo y un cátodo), (2) un electrolito,
como medio conductor, que en la mayoría de los casos corresponde de una solución acuosa,
y (3) una conexión eléctrica entre los electrodos. Las ecuaciones de las reacciones que ocurren
en los electrodos son las siguientes:

• En el ánodo: M0 → Mn + ne¯ (Oxidación)

• En el cátodo: Mn + ne¯ → M0 (Reducción)

Representación de una celda electroquímica.

Ambas reacciones ocurren de forma simultánea. El ánodo cede electrones al sistema cuando
reacciona, aumentando su número de oxidación, cambiando de su estado metálico base a
cationes que se disuelven en el electrolito, siendo este el material que se sufre el fenómeno
de corrosión; mientras que, en el cátodo, los aniones metálicos absorben electrones,
disminuyendo su número de oxidación, por lo que cambian a su estado base.

El potencial electroquímico define la susceptibilidad o la resistencia de un material metálico a


la corrosión, cuyo valor varia en dependencia de la composición del electrolito. Cuanto más
positivo sea el valor de dicho potencial, más noble (resistente) es el material. Mientras que en
el caso contrario, cuanto más negativo sea este, más reactivo es el material a la corrosión. La
serie galvánica consiste es una tabla donde se ubican diferentes tipos de materiales respecto
al potencial electroquímico de estos.
Figura 2. Serie galvánica para algunos metales y aleaciones comunes.

Los productos formados del proceso de corrosión en la superficie del material, pueden afectar
de manera negativa o positiva, las propiedades del material, dependiendo de su naturaleza y
las condiciones que lo rodean. Para el caso del hierro (y otros metales), el producto que se
forma se conoce como herrumbre, y tiene una menor densidad que el metal base, lo que
provoca que este se desprenda de la superficie, facilitando que la corrosión continúe
ocurriendo, consumiendo el material. Por otro lado, para otros tipos de metales, como el
aluminio, el níquel o el cromo, los productos de la corrosión tienen una mayor densidad que el
material base, formando un capa sólida y estable sobre la superficie de este, evitando que la
corrosión se extienda, protegiendo al material. Este proceso se conoce como pasivación,
fenómeno que brinda la denominación de inoxidable a un material como, por ejemplo, los
aceros inoxidables.

Tipos de corrosión

1. Corrosión generalizada (uniforme). Ocurre sobre toda la superficie del material de forma
homogénea, deteriorándolo completamente. Este tipo de corrosión es el que mayor pérdida de
material provoca, pero es relativamente fácil de predecir y controlar, por lo que un accidente
producido por este es de rara ocurrencia. Se puede observar comúnmente en materiales, sobre
todo en la industria de la construcción, a base de hierro no aleado con metales inoxidables,
como el níquel y el cromo.

2. Corrosión localizada. Al contrario de la corrosión uniforme, representa un mayor riesgo


porque es difícil de detectar, ya que se manifiesta en zonas específicas en el material,
determinadas tanto por la naturaleza del material, la geometría de este, y las condiciones del
medio al que se somete. Los procesos de corrosión localizada de mayor ocurrencia son
galvánica, por fisura, por picaduras, por cavitación y microbiológica.

Corrosión galvánica. Ocurre cuando existe una unión, física o eléctrica, entre metales de
diferente naturaleza, lo cuales, en la presencia de un electrolito, forman una celda
electroquímica, donde el material de menor potencial electroquímico es el que se corroe. La
figura 3 muestra un ejemplo de este tipo de corrosión.
Corrosión por fisuras. Es similar a la corrosión galvánica, que se produce en zonas
estrechas donde la concentración de oxígeno es mucho menor que en el resto del sistema, y
cuyo efecto induce a que estas zonas de menor concentración de oxígeno actúen como un
ánodo, propiciando el proceso de corrosión, en las fisuras.

Corrosión por picaduras (pitting). Se presenta en materiales pasivados, debido a las


características geométricas del sistema, existe una acumulación de agentes oxidantes y un
incremento del pH del medio, lo que propicia el deterioro de la capa pasivada, permitiendo que
la corrosión se desarrolle en éstas zonas puntuales.

Corrosión por cavitación. Ocurre en sistemas de transporte de líquidos, hechos de


materiales pasivados, donde por cambios de presión en el sistema, se producen flujos
turbulentos que forman burbujas de aire, las cuales implosionan contra el material del sistema,
deteriorando la capa de pasivación, facilitando el desarrollo del proceso de corrosión, de forma
similar a la corrosión por picaduras, cuya diferencia se observa, en que el efecto de la
cavitación es de mayor tamaño.

Corrosión microbiológica. En realidad no es un tipo de corrosión en sí, sino que más bien
es un fenómeno que facilita el desarrollo de otros procesos de corrosión. Las bacterias son los
microorganismos más influyentes en este caso, por lo que también es conocida como corrosión
bacteriana y se produce en sistemas de transporte de líquido, facilitando la corrosión por
picaduras. La naturaleza del líquido que se transporta en estos sistemas, propicia la
acumulación y reproducción de bacterias, las cuales se aglomeran, y propician las condiciones,
como variación en la concentración de sales y oxígeno, para que se desarrollen otros proceso
de corrosión como el pitting.

Corrosión combinada con un fenómeno físico

Este tipo de corrosión también se puede incluir dentro de la clasificación de corrosión


localizada, pero la diferencia con estos es que se encuentran condicionados por la presencia
de un fenómeno físico, que funciona como iniciador del proceso de corrosión.

Corrosión – erosión. Se observa en sistema de transportes de fluidos hechos con materiales


pasivados, donde existen partículas de mayor dureza que la capa de pasivación. Estas
partículas al estar en movimiento, erosionan la capa pasivada, permitiendo que el proceso de
corrosión se desarrolle.

Corrosión – tensión. Ocurre cuando en un material, sometido a esfuerzo de tensión, ya sea de


forma interna o externa, se forman pequeñas fisuras, que dan inicio al proceso de corrosión
(Revie, 2011). El material que permanece en ambos fenómenos, se deteriora con mayor
rapidez, que si estuviese bajo el efecto individual de cada uno, ya que la corrosión debilita el
material, lo cual permite que la tensión tenga mayor impacto, fracturando en mayor medida el
material, lo cual a su vez incita a que la corrosión se propague en un área mayor, y así,
sucesivamente.
Corrosión – fatiga. Se desarrolla en materiales, sujetos a esfuerzos externos, similar al de
tensión, con la diferencia de que estos esfuerzos son cíclicos o fluctuantes. De igual forma que
con el proceso de tensión, el material se deteriora en mayor medida mediante la combinación
de los dos fenómenos, comparado a cada uno por separado.

Otros tipos de corrosión

También existen muchos tipos de corrosión que no caen dentro de las categorías anteriores.
Algunos de estos son, la desaleación, la corrosión filiforme y la oxidación.

Desaleación. Es un proceso de corrosión que actúa sobre aleaciones metálicas, en donde uno
de los elementos, de mayor afinidad con el oxígeno, se separa de la aleación y dejan una
estructura porosa de pobres propiedades conformada por el resto de constituyentes. El
proceso se nombra respecto al elemento que se separa de la aleación como, por ejemplo, la
descincificación para el latón, aleación que sufre comúnmente de este tipo de corrosión, en la
cual se separa el zinc de la matriz cobre.

Filiforme. Se presenta en ambientes de alta humedad sobre materiales con recubrimientos


orgánicos (pinturas), los cuales al ser rayados, se induce el desarrollo de la corrosión, que se
propaga como filamentos delgados.

Oxidación. Es un tipo de corrosión que se desarrolla en procesos de alta temperatura, en la


presencia de algún gas oxidante, como el oxígeno, azufre y elementos halógenos. Las
reacciones relacionadas son meramente química al no existir un electrolito de por medio, por
lo que también se conoce como corrosión seca. Las moléculas del gas oxidante reaccionan
con el material involucrado, donde, por efecto de la temperatura, el compuesto formado se
difunde al interior del material, permitiendo que el proceso continúe, fragilizando el material.

FACTORES QUE INFLUYEN EL PROCESO DE CORROSIÓN

Acidez de la solución. El pH de una solución es una propiedad que define la cantidad de iones de
hidrógeno libres en dicha solución. Si el pH es menor a 7 (pH<7) la solución es ácida. Debido a la
capacidad de aceptar electrones, las soluciones ácidas son más corrosivas que las soluciones tanto
neutrales (pH = 7) como alcalinas (pH > 7), ya que permiten que la zona anódica reaccione en mayor
proporción, ya que se liberan electrones de tales reacciones.

Sales disueltas. Las sales ácidas, al diluirse en la solución electrolítica, disminuyen su pH, acelerando
el proceso de corrosión por el efecto de acidez. Algunos ejemplos de sales ácidas son, el cloruro de
aluminio, el cloruro de hierro y el cloruro de amonio. Por otro lado, las sales alcalinas, incrementan el
pH de la solución electrolítica, por lo que en algunos casos funcionan como inhibidores del proceso de
corrosión. Ejemplos de estas sales son el fosfato trisódico, tetraborato de sodio, silicato de sodio y el
carbonato de sodio.

Capas protectoras. La tendencia a la corrosión de un material se puede reducir con la existencia de


capas que protejan su superficie. Estas capas pueden ser aplicadas artificialmente, en forma de
recubrimientos; o pueden aparecer a través del fenómeno de pasividad, formándose capas de óxidos
metálicos que impiden el avance del proceso corrosivo.
Concentración de oxígeno. Puede acelerar o retardar el proceso de corrosión, dependiendo de la
naturaleza del material. Para el caso de materiales ferrosos, al aumentar la concentración de O 2,
aumenta la velocidad de corrosión pues el producto corrosivo no protege al material. Mientras que
para materiales pasivables, cuan mayor sea la concentración de O 2, mayor capacidad tendrá el
material de formar la capa protectora que lo caracteriza.

Temperatura. La velocidad de corrosión tiende a aumentar al incrementar la temperatura, debido a


que se acelera la difusión del oxígeno del medio hacia el material afectado, inclusive a través de capas
de pasivación, fragilizando a este. Experimentalmente se ha demostrado que un aumento en la
temperatura de 2°C, incrementa al doble la tasa de corrosión, aproximadamente. La temperatura,
representa el factor más importante para el desarrollo del proceso de corrosión por oxidación.

Velocidad de flujo. En sistemas de transporte de fluidos, al aumentar la velocidad de flujo del medio,
por lo general, aumenta la tasa de corrosión, debido a que: (1) permite a las sustancias corrosivas
alcanzar y atacar zonas aún no afectadas, y (2) evita en cierta medida la formación y/o acumulación
de capas resistentes a la corrosión que protejan al material por efecto erosivo.

PROTECCIÓN CONTRA LA CORROSIÓN Y OXIDACIÓN

Debido a las implicaciones económicas, de seguridad y de conservación de materiales, que envuelven


los efectos negativos de los procesos de corrosión, actualmente se ha investigado y desarrollado
diferentes tipos de métodos para el control de este fenómeno, permitiendo proteger los materiales
expuestos a este. La selección de un material resistente a la corrosión, siempre es el primer tipo de
control que se debe considerar. Esto en muchas ocasiones no es posible, ya que este es limitado por
las condiciones del medio circundante; las condiciones dimensionales y geométricas necesarias en el
material en función de la aplicación requerida; y por un costo económico elevado. Lo cual hace que la
selección de un material resistente no sea factible y/o posible, por lo que se deben considerar otros
tipos de métodos para esto. A continuación, se presentan algunos métodos de control de la corrosión,
para la protección de los materiales afectados. Estos son los que más se emplean a nivel comercial.

Inhibidores. Son sustancias químicas que, al añadirse al medio corrosivo, disminuye la velocidad de
corrosión. Existen varios tipos de estas sustancias; los más conocidos son los anódicos y catódicos.

Inhibidores anódicos (pasivadores). Son sustancias oxidantes, por lo general, inorgánicas, que
aumentan el potencial electroquímico del material por proteger, volviéndolo más noble.

Inhibidores catódicos. Estos controlan el pH del medio corrosivo, que impide que las reacciones
de reducción ocurran, Estos evitan la reducción de iones de hidrógeno en moléculas de hidrógeno en
medios ácidos, o de oxígeno en medios alcalinos.

Recubrimientos orgánicos. Son sustancias a base de polímeros (pinturas), resistentes a la


degradación, que se emplean para recubrir el material por proteger. Estos actúan mediante la
formación de una barrera o la inhibición del proceso de corrosión, al incrementar tanto la resistividad
eléctrica como la iónica, cortando el ciclo de corrosión.

Recubrimientos metálicos. Consiste en recubrir el material a proteger con algún metal que tenga
mayor resistencia a la corrosión. Existen diferentes métodos para efectuar estos recubrimientos, y los
más utilizados son el electroplating y el galvanizado.
Electroplating. Es un proceso de protección en el que se utiliza una corriente eléctrica externa
para depositar un material con mayor resistencia a la corrosión sobre su superficie.

Galvanizado. El material por proteger se sumerge sobre un baño del metal de recubrimiento,
el cual tienen un mayor potencial electroquímico.

Recubrimientos no metálicos. Trata sobre recubrir el material a proteger con el uso de un material
no metálico, que impida el proceso de corrosión. Existen diferentes métodos para efectuar estos
recubrimientos. El más utilizado es el anodizado. Este método se emplea en materiales pasivables, y
consiste en el uso de una corriente eléctrica sobre el material por proteger, de modo que el potencial
electroquímico del sistema induzca a un comportamiento anódico a dicho material, generando el
desarrollo de una capa de pasivación.

Protección catódica. Radica en modificar relativamente el valor del potencial electroquímico del
material por proteger, haciendo que este material se comporte como un cátodo. Se emplea
mayormente en sistemas enterrados o inmersos en agua de mar. Existen 2 formas:

Ánodo de sacrificio. Se conecta eléctricamente un material con menor potencial electroquímico,


el cual se comporta como el ánodo del sistema. Este ánodo protege al material, al ser degradado por
la corrosión en lugar de dicho material, por lo cual se conoce como un ánodo de sacrificio.

Corriente impresa. Es un proceso similar al de ánodo de sacrificio, cuya diferencia consiste en


inyectar una corriente externa al sistema debido a que, por sí solo, este sistema no generaría suficiente
corriente para poder formar la celda electroquímica, siendo ineficaz contra la corrosión. La corriente
impresa hace posible la protección del material en cuestión, al promover las reacciones
electroquímicas, empleando el ánodo de sacrificio.

Protección anódica. Consiste en disminuir el potencial electroquímico del material a proteger, a través
de la inyección de una corriente externa, volviéndolo más anódico, lo cual induce al material hacia un
estado de pasivación, formándose la capa pasivada que protege al material. Al mantener la corriente
externa, la capa de pasivación continúa en constante regeneración, evitando que se deteriore el
material. Solo puede ser empleado en algunos tipos de materiales, sobre todo los metales de
transición.

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