FILOSOFIA
FILOSOFIA
PLATÓN
Platón hace una distinción entre dos mundos: el Mundo Sensible y el Mundo de las Ideas. El Mundo Sensible o Aparente, es el
mundo terrenal y material compuesto por los seres particulares y concretos, diversos, múltiples, imperfectos y corruptibles, que son
sólo una copia de las Ideas. Frente a él, está el Mundo de las Ideas o real, el mundo trascendente, el de las Ideas que existen de
forma independiente a sus realizaciones concretas. Las Ideas son la esencia, la verdadera realidad de las cosas y son únicas,
eternas, inmutables, perfectas e inteligibles. Así, el mundo real y verdadero es el Mundo de las Ideas y el mundo material y sensible
es solo una copia.
La relación entre ambos mundos se explica con la Teoría de la Participación: los seres concretos y materiales del mundo sensible
sólo existen en tanto que participan en diversos grados de perfección en la idea con la que se corresponden y, por ello, son
múltiples y diversos siendo unos mejores copias que otros de acuerdo a su mayor o menor grado de participación. Los seres
sensibles no son más que la realización de las Ideas en la materia imperfecta, como se afirma en el mito del Demiurgo para
explicar el origen del mundo sensible (el Demiurgo copia las ideas perfectas en la materia informe caótica e imperfecta).
El Mundo de las Ideas es, por lo tanto, el mundo real y perfecto. En él, todas las Ideas se relacionan y coordinan, están
jerarquizadas y organizadas racionalmente. La jerarquía de las Ideas va, de abajo a arriba, de las Ideas menos generales (de las
que participan menos Ideas) a las más abstractas (de las que participan más Ideas): Ideas de los seres sensibles; Ideas
Matemáticas; Ideas éticas, estéticas y políticas; y, en la cúspide, la idea de Bien. La idea de Bien(de Perfección) es el fundamento
ontológico ya que todas las Ideas participan plenamente de la idea de Bien porque esta idea hace posible que las Ideas existan y
que sean perfectas y racionales. Igualmente, el Bien hará que los seres sensibles sean más o menos perfectos según el grado en
que participen de su idea (cumpliendo así su finalidad: teleología). La idea de Bien es también el fundamento epistemológico de la
realidad: las Ideas no son conocidas plenamente (su racionalidad y perfección) hasta que no se conoce la idea de Bien.
Al igual que existe una duplicidad en su metafísica, Platón distinguirá, tal y como señala en el mito de la caverna, dos modos
fundamentales de conocer: la doxa (opinión), el falso conocimiento que proviene de la percepción sensible de los seres concretos o
aparentes del mundo sensible; y la episteme (ciencia), el verdadero conocimiento de las Ideas trascendentes e inteligibles, el
conocimiento de la verdadera realidad de las cosas que pertenece al Mundo de las Ideas y que se obtiene a través de la razón.
Según la Teoría de la Reminiscencia platónica, conocer es recordar las Ideas que nuestra alma ya tenía pero ha olvidado: la
verdad se recuerda, no se enseña. Esto es posible porque el alma racional, que es su esencia, pre existió en el Mundo de las
Ideas. De allí cayó al mundo terrenal, como se explica en el mito del carro alado, y fue atrapada por el cuerpo, la materia, olvidando
todo su conocimiento. El filósofo usa para ayudar a recordar a otros el método de la mayéutica: arte por el cual mediante preguntas
se hace reflexionar racionalmente al interlocutor, obligándole a recordar las Ideas que su alma ya conocía pero que ha olvidado.
Nuestra alma racional sigue un proceso dialéctico para alcanzar el conocimiento de la idea de Bien, momento en que el
conocimiento de las Ideas es perfecto. La dialéctica pasa por cuatro grados del conocimiento, siguiendo el símil de la línea, hasta
llegar al conocimiento verdadero. Comienza con la Doxa, que se divide a su vez en, Eikasia (imaginación) es el conocimiento de las
imágenes de los objetos sensibles, y la Pistis (creencia) supone el conocimiento por percepción de objetos sensibles. A
continuación, está la Episteme, que a su vez se divide en la Dianoia (razón discursiva), conocimiento por razonamiento, como en
las matemáticas, que utiliza hipótesis,deducción e imágenes visibles, y, por último, el grado máximo, la Noesis (intelección) que
supone la intuición intelectual y pura de las Ideas hasta llegar a la idea de Bien. Al llegar a la intelección se completa la dialéctica y
el conocimiento es total.
Platón defendió el dualismo antropológico: alma y cuerpo son dos sustancias distintas y forman una unión accidental. Ambas están
en continua lucha pues el alma pertenece al Mundo de las Ideas siendo inmortal y espiritual, mientras que el cuerpo es propio del
mundo sensible material y es mortal. El cuerpo es una cárcel para el alma. El alma racional es la esencia del hombre y el principio
del conocimiento racional, pues nos permite llegar a conocer las ideas del mundo trascendente. El alma humana transmigra de
cuerpo en cuerpo hasta que consigue purificarse para acceder de nuevo al Mundo de las Ideas. Platón presenta varias
argumentaciones para defender la inmortalidad del alma. Destacan la basada en la reminiscencia, pues solo podemos conocer el
Mundo de las Ideas por la preexistencia del alma, lo que demuestra que el alma puede existir sin el cuerpo; y la de la simplicidad, el
alma es simple, pues no es material, y por lo tanto no puede descomponerse y morir.
Además, distinguió tres tipos de alma o tres partes del alma, que en el mito del carro alado se representaban como el auriga y los
caballos que tiran del carro que caerá al mundo sensible. El alma racional, esencial y propia de lo humano, que posibilita el
conocimiento racional, debe gobernar el desarrollo de las otras dos, es inmortal y se sitúa en la cabeza (el auriga). El alma
irascible, proporciona la capacidad del esfuerzo, la voluntad y el vigor, es mortal y se localiza en el pecho (el caballo blanco). El
alma concupiscible, ofrece la capacidad del deseo y las pasiones sensuales, y también es mortal, está situada en el vientre (el
caballo negro).
La virtud se fundamenta en el desarrollo del bien propio del hombre, su esencia racional, y por lo tanto, es universal. Distingue tres
virtudes de acuerdo a la división del alma: la sabiduría o la prudencia, se consigue con el desarrollo del alma racional; la valentía,
se realiza con el desarrollo prudente del alma irascible; y la templanza, que se realiza con el desarrollo prudente del alma
concupiscible. Con el desarrollo armonioso de las tres virtudes se consigue la Justicia, el orden estable y perfecto de las tres partes
del alma, cuando cada parte cumple su función específica.
Las virtudes se desarrollan en sociedad ya que el ser humano es considerado un ser social por naturaleza. El gobierno debe
pensar en el bien común y conseguir la justicia social. El orden perfecto de la sociedad se generará con el desarrollo de la virtud
característica de cada hombre, según qué alma predomine más en ellos, para así proceder después a la división social en la ciudad
y el puesto que cada uno ocupará en ella. La educación es por ello muy importante para descubrir el alma propia de cada individuo
y guiar su desarrollo.
Platón distingue tres funciones sociales de acuerdo al predominio del alma y que jerarquizan la sociedad: el gobernante, en el que
predomina la facultad racional y que debe ser el filósofo que tiene la episteme y la virtud de la sabiduría, cuya función será
gobernar; el guerrero, con predominio del alma irascible y cuya virtud es la valentía encargándose de defender la ciudad; y el
pueblo, con predominio del alma concupiscible, cuya virtud es la templanza, que proveen a la ciudad de las necesidades
económicas o materiales.
Para Platón la mejor forma de gobierno es la Aristocracia, el gobierno de los mejores que son los filósofos, que poseen la episteme
y por tanto la verdad. Después, y por orden descendente, se encuentran la Timocracia, gobierno de los honorables, la Oligarquía,
gobierno de los ricos, la Democracia, gobierno del pueblo que implica la perversión del orden, y por último, la Tiranía, que surge
como respuesta al desorden democrático
SANTO TOMÁS
EL PROBLEMA DE DIOS
Santo Tomás aceptará en su concepción de la realidad varias de las teorías de Aristóteles, como el hilemorfismo y la explicación
del movimiento como el paso de la potencia al acto. Pero Aquino distinguirá dos formas de ser distintas: la de Dios y las criaturas.
Afirmará que Dios es el creador de todo el universo y por tanto es un ser necesario, no puede no existir, frente a las criaturas que
son contingentes, pueden existir o no. En los seres contingentes hay una diferencia entre la esencia (su definición universal) y
existencia (si realmente existen o no) ya que su esencia no implica su existencia, pero en Dios, al ser necesario, su esencia implica
su existencia. La esencia es potencia de ser (posibilidad) y la existencia es acto de ser (el hecho). Aquino, igualmente, establecerá
una organización jerárquica de los seres basada en sus grados de perfección según la potencialidad de sus esencias y su
semejanza (participación) con Dios: los seres serán más o menos perfectos de acuerdo a su mayor o menor parecido con Dios.
Sto. Tomás afirma a Dios como el ser necesario y acto puro, ser inmutable y perfecto, cuya actividad es pensarse, como
Aristóteles. Pero Aquino defiende el creacionismo y, por lo tanto, Dios conoce el mundo al pensarse a sí mismo, además de cuidar
y amar a sus criaturas.
Santo Tomás comprende que la existencia de Dios es problemática racionalmente y por tanto considera una de las tareas
fundamentales de la razón la demostración de la existencia de Dios. En primer lugar, criticará el Argumento Ontológico de San
Anselmo, pues para Aquino la existencia de Dios no es evidente para la razón humana, por lo que debe ser demostrada. Una
proposición evidente puede serlo en sí misma y para nosotros, cuando es evidente y al comprender todos sus términos lo afirmado
en el predicado está incluido en el sujeto, o evidente en sí misma pero no para nosotros, cuando siendo evidente (por fe) nuestra
razón no lo comprende por no conocer todos sus términos. “Dios existe” es una proposición evidente en sí misma, pues Dios es un
ser necesario, pero no es evidente para nosotros, pues nuestra razón no puede comprender plenamente la esencia de Dios. Por
ello, habrá que demostrar su existencia. Aquino distinguirá dos tipos de demostración: la a priori, en la que conociendo la causa
podemos inferir el efecto, y la a posteriori, en la que al darse el efecto podemos demostrar la causa. Afirmará que sólo es posible
demostrar la existencia de Dios utilizando la demostración a posteriori, pues conocemos el efecto (la creación) y buscamos su
causa (Dios).
Sto. Tomás presentará cinco vías para demostrar la existencia de Dios. Todas ellas son demostraciones a posteriori pues parten
del efecto para demostrar la necesidad de una última causa y todas siguen cuatro pasos: constatación de un hecho de experiencia,
aplicación del principio de causalidad, afirmación de la imposibilidad de una regresión infinita de causas, debiendo haber una causa
primera, y afirmación de la existencia de Dios. La primera vía, parte del movimiento de los seres para afirmar la existencia de Dios
como primer motor inmóvil. La segunda, parte de la existencia de causas causadas para demostrar la de Dios como primera causa
incausada. La tercera, parte de la existencia de seres contingentes para afirmar la de Dios como necesario. La cuarta (de influencia
platónica), parte de la existencia en los seres de distintos grados de perfección para afirmar la de Dios como ser perfectísimo. La
quinta, parte del orden y finalidad en el comportamiento de los seres naturales para afirmar la existencia de Dios como inteligencia
ordenadora. Así Dios es motor inmóvil, causa primera, creador, ser necesario, ser perfecto y ordenador del universo.
El orden de la naturaleza se realiza mediante la ley eterna, que regula con la ley física a los seres naturales, y a los seres humanos
con la ley natural, o ley moral, que posibilita su libertad.
Sto. Tomás distingue dos fuentes distintas de conocimiento, la razón y la fe. La razón conoce de forma imperfecta la esencia de
Dios y tiene unos límites que sólo pueden ser ampliados por la fe. Razón y fe tienen contenidos propios y específicos, pero también
contenidos comunes. Para Sto. Tomás razón y fe son autónomas e independientes, no puede existir contradicción entre los
contenidos de ambas y deben ayudarse mutuamente: la razón ayuda a la fe para construir la teología y la fe a la razón como
criterio extrínseco negativo de sus conclusiones.
Aquino, influenciado por Aristóteles, en relación con el conocimiento racional afirmará que se parte de la percepción sensible para
elaborar mediante abstracción los conceptos universales que expresan la esencia. El entendimiento agente abstrae las
características comunes creando el concepto universal y el posible aplica los conceptos universales a lo concreto para hacer
juicios.
Tomás de Aquino defiende una concepción teleológica del ser humano según la cual con el desarrollo perfecto de nuestra alma
conseguimos la felicidad que es la finalidad última a la tendemos. Esta felicidad perfecta solo se conseguirá de forma plena con la
contemplación de Dios en la otra vida.
Aquino afirma la existencia de la ley natural, la forma moral en que Dios ha impuesto en el alma humana la ley eterna respetando
su libertad. La ley natural tiene varios preceptos que se fundamentan en uno: el deber de desarrollar la esencia humana realizando
el bien y evitando el mal. De éste se derivan tres preceptos primeros en relación al desarrollo de las facultades del alma: el deber
de conservar la vida, que desarrolla la facultad vegetativa; el deber de procrear y educar a los hijos, que desarrolla la facultad
sensitiva; y el deber de respetar la justicia social y de buscar la verdad (el conocimiento de Dios) desarrollando así la facultad
racional.
Para Sto. Tomás, los preceptos de la ley natural son evidentes, todos podemos conocerlos por estar en nuestra alma, universales,
válidos igualmente para todos los seres humanos, e inmutables, no cambian nunca por estar implícitos en la esencia humana. Los
seres humanos tienen una capacidad natural para descubrir y tienden al cumplimiento de la ley natural de forma espontánea,
denominada sindéresis. Igualmente, a través de la conciencia podemos deducir de estos preceptos generales unos preceptos
secundarios, concretos para las distintas situaciones cotidianas, que sí pueden admitir excepciones.
El entendimiento, la capacidad racional, es la facultad más propia del alma humana, la cual es su esencia y el principio de vida. El
hombre es para Aquino la unión sustancial del cuerpo (mortal) y del alma racional (subsistente, inmortal e incorruptible) siguiendo al
teoría hilemórfica aristotélica. El alma humana tiene tres facultades: vegetativa, que posibilita la alimentación y el desarrollo, propia
de todos los seres vivos; sensitiva, posibilita las sensaciones dotadas por los sentidos, deseos y movimientos, propia de todos los
animales; y la racional, que posibilita el pensamiento y es exclusiva de los seres humanos.
El alma humana tiene tres facultades, pero estas facultades del hombre sólo pueden desarrollarse correctamente en sociedad por
lo que el hombre es para Sto. Tomás es un ser social por naturaleza. Este desarrollo de la esencia humana se realiza siguiendo la
Ley Natural dada por Dios. Pero los preceptos de la ley natural son demasiado generales y deben ser concretados mediante la ley
positiva, las leyes que rigen una sociedad concreta. Las leyes positivas son convencionales y deben ser una prolongación de la ley
natural y respetarla, ya que si no es así serán injustas y existe el derecho a desobedecerlas. La búsqueda de la justicia es el punto
de unión entre la moral y el derecho. Las mejores formas de gobierno, para Sto. Tomás son la Monarquía, la Aristocracia y la
Democracia siempre que respeten la ley natural al hacer sus leyes positivas.
DESCARTES
Descartes, siglo XVII, es el fundador de la Filosofía Moderna y principal pensador de la corriente filosófica del racionalismo. El
racionalismo es una escuela filosófica que considera a la razón, frente a los sentidos, como única fuente de conocimiento
verdadero.
Para Descartes lo fundamental es buscar un conocimiento cierto y seguro sin ningún tipo de duda. Por ello, su prioridad será
buscar un método que nos ayude a modo de guía a razonar. Además, este método debe ser compatible con la forma de pensar de
la Razón humana, pues si no sería inútil. Por ello, lo primero que hace es analizar la forma de actuar de la propia Razón.
En la razón, que es la misma para todos los hombres, se distinguen dos modos de conocimiento seguros: la intuición o luz natural,
conocimiento de las ideas simples que surgen de la propia razón de forma clara y distinta, cuya verdad es evidente e indudable; y
la deducción, que es el conocimiento de una sucesión de intuiciones de las ideas simples y de las conexiones que la razón
descubre entre ellas para llegar a verdades complejas, juicios o leyes. Por ello, el método deberá cumplir cuatro reglas que
permitan desarrollar estos modos y que nos lleven a un conocimiento seguro. La primera regla es la evidencia, que consiste en
aceptar como verdadero sólo aquello que se muestra de forma clara y evidente. La segunda es el análisis, por el que se dividen las
ideas complejas hasta llegar a las ideas simples y evidentes para que puedan ser intuidas. La tercera es la síntesis que busca
desde lo ya intuido construir las verdades complejas. Y, por último, la cuarta es la enumeración, por la que al final se deben revisar
los pasos anteriores para estar seguros de su correcta aplicación.
Descartes aplicará este método para buscar una verdad indudable y llegar así a una metafísica cierta y segura. Para encontrar esta
verdad evidente aplicará la duda metódica: a través de un proceso de duda se buscará llegar hasta aquello que resulte evidente e
indudable. En la primera duda, dudará del conocimiento que proviene de los sentidos pues pueden engañarnos. En la segunda
duda, dudará de la existencia de la realidad extramental ya que resulta imposible distinguir la vigilia del sueño. Y por último, en la
tercera duda, dudará del conocimiento que proviene de la razón, de las ideas de razón o de los razonamientos, pues se puede
suponer la existencia de un genio maligno que nos lleva hacia el error cuando creemos estar en lo cierto. Sin embargo, afirma
Descartes, no podemos dudar que dudamos, mientras pensamos no podemos dudar que estamos pensando y por lo tanto que
existimos. La primera intuición de una verdad indudable es pienso, luego existo (cogito ergo sum). Y si existo lo hago como un yo
pensante, un cogito, afirmando, pues, la existencia de la sustancia pensante (el cogito)como primera verdad indudable.
Descartes partirá del cogito, la primera verdad indudable, para construir una metafísica cierta. El cogito piensa ideas que pueden
dividirse hipotéticamente en tres tipos: adventicias, aquellas que parecen provenir del exterior; facticias, aquellas que construye la
mente a partir de otras ideas; e innatas, aquellas que la razón tiene en sí misma y no son ni adventicias, ni facticias.
Entre las ideas innatas se encuentra la idea de Infinito, que Descartes identifica con la idea de [Link]ún Descartes, la idea de
Infinito (Dios) que existe en nuestra mente no es adventicia, pues no puede proceder del exterior, ni facticia, pues no puede ser
producida por la mente, así pues deberá ser innata.
Descartes aplicará a continuación el principio de causalidad sobre la idea de infinito para demostrar la existencia de Dios.
Descartes afirma que toda idea tiene una realidad objetiva dada, sus características y propiedades, y que su causa debe tener
realidad formal, existencia real, y una realidad objetiva igual o mayor a la realidad objetiva de la idea causada. La idea de infinito
(Dios) no puede haber tenido como causa a un ser finito, pues no habría proporción entre la causa, lo que ha originado la idea de
infinito en el cogito, y el efecto, la idea de infinito que incluye entre sus cualidades las máximas perfecciones. Por tanto, esa idea de
infinito tiene que ser causada por un ser a su vez infinito y perfecto. Por ello, concluye con la afirmación de que Dios existe pues es
la causa necesaria de nuestra idea de Dios o de infinito.
Además de esta demostración, Descartes afirmará una variante del argumento ontológico según la cual el propio concepto de Dios
al implicar su perfección necesariamente conlleva su existencia pues si no sería imperfecto. Igualmente, defenderá que Dios debe
existir por la necesidad de una primera causa para el cogito que sea, a su vez, incausada. El Dios afirmado por Descartes, la
sustancia infinita, es infinito, omnisciente, perfecto y bueno.
Así, Dios, tras haber demostrado su existencia, es la garantía, el fundamento, de que a las ideas sobre el mundo exterior les
corresponde una realidad extramental, pues Dios es bueno y no nos engaña. Por tanto, ya no podemos dudar de la existencia de la
realidad extramental. Esta sustancia extensa es concebida como si fuera una máquina y será explicada a través del mecanicismo,
según el cual todo movimiento de la materia está determinado por las leyes físicas que la afectan.
Para Descartes existen así tres sustancias: el cogito, la sustancia pensante, Dios, la sustancia infinita,y la realidad exterior, la
sustancia extensa. Descartes definirá “sustancia” como todo aquello que existe independientemente de cualquier otro ser, por ello
sólo Dios sería sustancia en sentido estricto pues es el único que no necesita una causa ajena a sí mismo para existir al ser
necesario. Sin embargo, como la extensa (la realidad exterior) y la pensante (el cogito) son independientes entre ellas también
pueden ser consideradas sustancias.
Descartes afirmará un dualismo según el cual alma, el cogito, y cuerpo, la sustancia extensa, mantienen una lucha permanente
siendo dos sustancias diferentes. La relación entre estas dos sustancias se da a través de la glándula pineal, haciendo posible al
alma gobernar el cuerpo a través de dicha conexión. El ser humano es propiamente la sustancia pensante, el cogito, independiente
de la sustancia extensa(que es su cuerpo físico). El cuerpo, como toda la realidad física, actúa como una máquina, tal y como
defiende el mecanicismo, y no puede comportarse de forma libre. Sin embargo, el alma (el cogito), que es inmortal, actúa de forma
libre y debe gobernar a esa misma máquina.
Con el desarrollo de la perfección del alma se consigue la felicidad. Descartes identifica el desarrollo de la perfección del alma con
el desarrollo de la libertad. La libertad se consigue con el dominio y guía de los deseos y pasiones que surgen del cuerpo, cuando
el sujeto no se encuentra dominado por la sustancia extensa sino que gobierna en él su cogito siendo, por tanto, auténticamente
libre. La libertad es así, concebida como la realización por la voluntad de lo que propone el entendimiento como bueno y verdadero.
Descartes no construirá un sistema ético completo sino que defenderá una moral provisional. Como resultado de la duda como
método, y mientras se construye una ética indudable y cierta, los seres humanos deberán comportarse de forma moderada para
actuar moralmente, y de acuerdo a las costumbres y leyes de los distintos lugares. Así, con esta moderación el error no será nunca
absoluto mientras se busca, de ahí que sea una moral provisional, esa ética cierta que se debe establecer en aplicación del método
del conocimiento propio de la razón.
KANT
Según Kant, dado el antagonismo surgido entre el Racionalismo y el Empirismo es necesario hacer una crítica de la Razón y
contestar definitivamente a la pregunta qué puedo conocer. Para ello, se propone hacer un estudio y análisis de la Razón Pura, de
nuestra capacidad de conocer, en su obra Crítica de la Razón Pura.
Para responder a esta pregunta se cuestionará primero cómo es posible la ciencia pues para Kant éste es un conocimiento seguro
y a partir de él podremos establecer qué condiciones debe tener cualquier otro conocimiento que quiera también ser cierto. Las
condiciones que hacen posible los juicios científicos son dos: empíricas (de experiencia, particulares y concretas de cada ciencia) y
trascendentales o a priori (anteriores a la experiencia y universales de la razón y, por tanto, necesarias para todas las ciencias),
siendo las segundas las que deberemos estudiar. A su vez, clasificará todos los posibles tipos de juicios para analizar cuáles son
aquellos que se emplean en la ciencia y conocer cómo son posibles.
En cuanto a si nos dan una nueva información y extienden nuestro conocimiento los juicios pueden ser analíticos (el predicado está
comprendido en el sujeto y no son extensivos) o sintéticos (son extensivos, amplían nuestro conocimiento). Si hace falta la
experiencia para conocer su verdad, los juicios serán o a priori (su verdad se conoce sin recurrir a la experiencia, es universal y
necesaria) o a posteriori (su verdad depende de la experiencia, no es universal ni necesaria). Para Kant, los juicios científicos serán
los juicios sintéticos a priori, que son extensivos, dan un nuevo conocimiento, pero su verdad no depende de la experiencia y por
tanto son universales y necesarios. Por ello, estudiará cuáles son las condiciones trascendentales de la razón que posibilitan la
realización de dichos juicios y para ello analizará las tres facultades de la Razón: Sensibilidad, Entendimiento y Razón.
En primer lugar Kant estudia la sensibilidad y el fundamento de los juicios de las matemáticas (en la “Estética Trascendental”). La
sensibilidad es la capacidad de percibir de forma pasiva. Sus condiciones trascendentales (que la hacen posible) son las
intuiciones puras: el espacio y el tiempo que pertenecen a la Razón y no a la realidad. Al percibir el sujeto aplica estas intuiciones
puras de forma espontánea, creando así el fenómeno, que es lo percibido y no la cosa en sí. De esta manera se da, según Kant, el
giro copernicano en el conocimiento pues es el objeto el que para ser conocido debe adaptarse a las condiciones de la propia
razón del sujeto. Las intuiciones puras además posibilitan los juicios sintéticos a priori en las Matemáticas, el espacio posibilita la
geometría y el tiempo la aritmética, por lo que son universales.
En segundo lugar estudia el entendimiento y el fundamento de los juicios de la física (en la “Analítica Trascendental”). El
entendimiento es la capacidad de pensar lo percibido de forma activa. Las condiciones trascendentales que hacen posible
comprender lo percibido mediante el entendimiento son los conceptos puros o categorías del entendimiento (vacías de contenido
empírico) y que se deben siempre aplicar a lo percibido por la sensibilidad, a los fenómenos de la experiencia, para poder
comprenderlos. Las categorías posibilitan los juicios sintéticos a priori en la física y por eso son universales. Kant distingue entre el
fenómeno, lo que percibimos y comprendemos aplicando las intuiciones puras y las categorías, y el noúmeno, la cosa en sí de la
que no tenemos experiencia y que no puede ser conocida y solamente puede ser pensada por nuestra razón. Así, toda la realidad,
incluido el ser humano, tiene un ámbito fenoménico, lo que percibimos, y otro nouménico, lo que es realmente, la cosa en sí. La
ciencia, el conocimiento seguro, sólo puede conocer los fenómenos pues el noúmeno es incognoscible y sólo puede ser pensado.
La filosofía kantiana se llama por eso Idealismo Trascendental pues lo que conocemos no son las cosas reales, sino ideas o
fenómenos construidos a partir de los elementos a priori de la razón (intuiciones y categorías).
Finalmente, Kant estudia la razón y si la Metafísica es posible como ciencia (en la “Dialéctica trascendental”). La razón es la
capacidad de unificar los juicios del entendimiento haciendo teorías cada vez más generales. Así surge la Metafísica que busca
estudiar y conocer las realidades que están más allá de la experiencia, en el ámbito nouménico, los trascendentes Dios, Alma y
Mundo como totalidad. Para ello la razón aplica las intuiciones de la sensibilidad y las categorías del entendimiento sobre objetos
que no son de experiencia, directamente sobre el noúmeno, y por lo tanto su conocimiento es ilegítimo y lleva siempre a
contradicciones. Sin embargo, Kant reconoce que es una tendencia propia de la Razón la búsqueda de un saber incondicionado
que no esté limitado por la experiencia, y por ello no puede dejar de preguntarse por estos problemas. Las ideas metafísicas de
Dios, alma y mundo como totalidad expresan el ideal de la razón, el deseo del conocimiento absoluto que es inalcanzable, pero
gracias al cual es posible el progreso en el conocimiento científico.
Kant trata el tema de la moral respondiendo a las preguntas qué debo hacer en su obra Crítica de la Razón Práctica.
Comenzará haciendo una distinción entre dos tipos de sistemas éticos en general: las éticas materiales y la ética formal. Kant
criticará a las éticas materiales ya que son empíricas (a posteriori), establecen una finalidad o Bien basándose en la experiencia;
sus preceptos o normas son hipotéticos, dependen del fin establecido; y mantienen una moral heterónoma, donde la norma no
surge de la propia razón sino que es determinada por algo exterior al sujeto (dios o la naturaleza humana). Frente a ellas, Kant
defenderá la ética formal, vacía de contenido empírico lo moral no depende de ninguna finalidad, es a priori y universal, ya que el
valor moral de una acción no se determina por la experiencia; sus preceptos son categóricos, su cumplimiento es obligado sin
esperar conseguir ningún fin; y es una moral autónoma, determinada por la propia razón a priori del sujeto.
Según Kant, la ética debe fundamentarse en el deber que establece la conciencia o razón de los hombres de forma a priori y
universal. La realización del deber por el puro deber, por respeto a la propia razón, supone la buena voluntad. Una acción es moral
solo si se realiza por buena voluntad. No son acciones morales por tanto las conformes al deber, que realizan el deber pero no solo
por buena voluntad sino para conseguir algo, ni por supuesto las contrarias al deber. Así, el bien moral, la virtud, es cumplir el
deber que establece mi razón por respeto a la misma.
El imperativo categórico expresa la forma, el modo o protocolo que debemos seguir para establecer la norma moral (el precepto o
máxima) que guie la acción para poder estar así seguros que nuestra acción es moral y que realiza efectivamente el deber
establecido por la razón. Es imperativo porque se expresa como una orden y es categórico porque representa la obligación moral
de realizarlo sin condición ninguna, solo porque así lo establece nuestra razón. Kant ofrece varias formulaciones del Imperativo
categórico de las que destacan dos: hay que obrar siempre según una norma que pueda desearse se impusiera como ley universal
obligatoria; y hay obrar siempre según una norma que asegure el trato de todo ser racional como un fin en sí mismo y nunca se
utilice a ningún ser humano solo como un medio para nuestros fines egoístas. Cumpliendo el imperativo categórico, según Kant, se
conseguiría construir el Reino de los Fines, una sociedad ideal donde cada persona sería siempre tratada como un fin y no como
un medio.
Además, Kant afirma tres postulados (supuesto necesario como condición de la moral misma pero indemostrable teóricamente) de
la razón práctica. El primero, y único demostrado en la práctica, es el de la libertad pues la existencia en nuestra razón de la
exigencia de obrar por deber supone la libertad como algo previo para poder ser capaces de vencer nuestras inclinaciones e
intereses. El segundo postulado exigencia de la razón práctica, es el alma inmortal pues el cumplimiento del deber al que nos
sentimos obligados moralmente nunca acaba y por ello es necesaria la inmortalidad del alma. Y el tercer postulado exigencia de la
razón práctica, es la existencia de Dios pues nuestra razón establece una identificación entre la virtud y la felicidad que no se da en
nosotros por lo que dicha unión se afirma como realizada en Dios.
MARX
Para Marx, el auténtico conocimiento es la praxis, la actividad teórico-practica a través de la cual el ser humano transforma la
realidad. La praxis sigue un proceso dialéctico que implica utilizar el entendimiento que transforma racionalmente la realidad en la
mente o pensamiento como actividad teórica, para después aplicar la sensibilidad activa que transforma empíricamente la realidad
en algo racional de forma concreta, la actividad práctica. Por ello, sólo se podrá afirmar la verdad de lo pensado cuando se haya
realizado en el mundo. Toda teoría únicamente especulativa (abstracta) de la realidad es, por tanto, falsa ("Los filósofos no han
hecho más que interpretar de diversos modos el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo”).
Según Marx, el ser humano se realiza como tal al transformar la realidad y humanizarla, haciéndola racional, cumpliendo su praxis.
En Marx, la realidad externa existe como forma social producida por el trabajo humano y no como algo natural. Además, Marx
afirma que las relaciones sociales (de esclavitud, de vasallaje, de explotación, de igualdad) son relaciones existenciales, pues
posibilitan y condicionan concretamente la existencia de cada individuo y de ellas depende cómo será su vida. Una sociedad será
justa si permite a todo ser humano cumplir libremente esta praxis desarrollando con ello su racionalidad en condiciones de
igualdad.
La realidad para Marx se construye y fundamenta en la relación dialéctica de dos elementos materiales, ser humano y naturaleza,
que se realiza en un proceso de producción determinado (histórico-social). La realidad es pues la realidad social, la sociedad, y
será estudiada por el Materialismo Histórico.
Para Marx toda sociedad se compone de una estructura básica compuesta de dos elementos: la base económica, que es el modo
en que se organiza la producción material, y la Superestructura, que es el conjunto de leyes, ideas y costumbres, la cultura, que
surge de dicha forma de producción. La relación entre esta base económica y la superestructura es dialéctica excluyéndose
mutuamente.
Por supuesto, la base económica puede cambiar y eso ocurre cuando surgen una serie de contradicciones que, alcanzado un
determinado nivel, harán que la sociedad entre en crisis. Estas contradicciones son una negatividad surgida del sistema, elementos
que al existir contradicen la racionalidad del mundo creado desde el sistema y exigen su superación racional, y se traducen en
condiciones necesarias para su transformación (para hacer la revolución). Estas condiciones son tanto condiciones objetivas,
elementos propios del sistema de producción económico y que son contrarios a la idea de que el sistema sea absolutamente
racional, como condiciones subjetivas, por las que un grupo humano debe tomar conciencia de las injusticias y contradicciones del
sistema vigente y realizar la revolución.
Precisamente, frente a esta toma de conciencia de la injusticia del sistema, la superestructura genera un mecanismo de defensa
que es la Ideología. La Ideología es una falsa conciencia, un conjunto de ideas, que justifica y busca mantener la realidad tal y
como es, impidiendo su transformación,haciendo que los individuos formen teorías falsas sobre sí mismos y sobre el mundo. Una
forma importante de Ideología, aunque no única, es la religión. Se produce, según Marx, una alienación religiosa pues el ser
humano pone en Dios y “otro mundo”, todo ello inventado, aquello que él mismo tendría que ser y realizar, y encuentra así
consuelo para su vida sin intentar cambiar este mundo. La religión es Ideología porque justifica y mantiene la irracionalidad de la
realidad concreta, impidiendo tomar conciencia de su necesaria y posible transformación, prometiendo la racionalidad en “otro
mundo” ultraterreno ya realizado (“la religión es el opio del pueblo”).
Para Marx, por tanto, la tarea de la filosofía será analizar la realidad social concreta y por ello pasará a estudiar la forma social
actual, el Capitalismo, afirmando que en él el ser humano no puede desarrollar libremente su praxis y por tanto llevar una vida
digna y feliz.
La sociedad capitalista se divide en clases sociales y Marx señala que surge una contradicción fundamental entre las dos
principales: burguesía y proletariado. La burguesía tiene la propiedad privada de los medios de producción, y el proletariado sólo
posee su fuerza de trabajo, su praxis, que tiene que vender a la propia burguesía para sobrevivir. Se da de esta manera la
explotación de una clase sobre otra y con ella la lucha de clases.
Esta explotación en el Capitalismo se fundamenta en la Alienación en el trabajo. La alienación en el trabajo consiste en que el valor
del producto realizado por el trabajador, que debería identificarse con el valor que le otorga el trabajador y los medios de
producción utilizados, no pertenece al obrero ni sirve para mejorar el mundo, sino que lo establece, pertenece y beneficia al
capitalista. El salario no paga el trabajo realizado sino sólo la fuerza de trabajo, la cantidad necesaria para que el obrero pueda
volver a trabajar y ser explotado otra vez. Así, la praxis del trabajador, y con ella su propia humanidad, es utilizada como un “medio”
para conseguir un beneficio para el capitalista, la plusvalía, y no para crear un mundo más humano. La Alienación se produce
porque la capacidad de transformación del mundo del trabajador, su praxis, no sirve para humanizar el mundo y hacer de él un
lugar mejor, más racional, sino que sirve para mantener el capitalismo y su propia explotación y opresión. Por todo ello, en el
capitalismo el proletariado es la negación de lo humano y de la racionalidad del sistema que le obliga a vender su praxis y no poder
realizarse como auténticos sujetos racionales.
Es, por tanto, necesaria la superación del capitalismo y el final de la sociedad de clases, es necesaria la Revolución.
Efectivamente, la única forma para poder emanciparse es hacer la revolución y superar con ella el capitalismo, que impide el
desarrollo de la humanidad. El interés del proletariado es, por tanto, universal porque si se libera él también libera a todos pues
implica el final de la sociedad de clases y de la explotación del hombre por el hombre. Para que la realización de la revolución sea
posible, el proletariado deberá adquirir una conciencia de clase que le haga comprender su propia alienación y que debe hacer la
revolución para emanciparse, superando así la Ideología dominante. Con la revolución serán socializados los medios de
producción y comenzará tras lo que Marx llamó la “prehistoria de la humanidad”, una nueva era, la verdadera historia de la
humanidad, donde los sujetos podrán desarrollar su praxis y ser realmente libres.
NIETZSCHE
Nietzsche criticará la metafísica tradicional surgida con Platón. La metafísica tradicional ha considerado como verdadera realidad
de las cosas a las esencias y por tanto la realidad es concebida como algo estático, fijo e inmutable. La metafísica ha distinguido
entre una realidad verdadera y superior, y una realidad falsa o aparente. Pero la “invención” de este otro mundo superior es
producto en realidad producto del resentimiento y temor hacia la vida de los filósofos, que rechazan la vida tal y como esta es. Este
impulso contra la vida es denominado por Nietzsche “Voluntad de Verdad” y consiste en utilizar la razón para afirmar la supremacía
de las esencias, lo estático, vengándose así del devenir de la realidad, de la vida que no se puede dominar. Toda la filosofía ha
sido, en realidad, un platonismo encubierto y contrario a la vida.
Frente a la metafísica tradicional, Nietzsche afirma la realidad como devenir sin finalidad ni meta. Esta realidad cambiante y
múltiple se presenta al ser humano a través de perspectivas. Estas perspectivas en las que se da la realidad son propias de cada
momento de la vida individual. Por ello, no existe una perspectiva verdadera y la Voluntad de Verdad, que pretendía una verdad
absoluta, única, universal e inmutable, es falsa.
Por ello, Nietzsche defenderá la “Voluntad de Poder” que supone asumir y enfrentarse a la realidad cambiante afirmando una
perspectiva individual de forma temporal para vivir más plenamente. Con la Voluntad de Poder se reconoce la realidad como
cambiante y la inexistencia de la verdad, admitiendo la elección de una perspectiva entre las múltiples posibles para potenciar la
propia vida.
Desde la Voluntad de Poder se comprende que los conceptos no son en realidad más que metáforas. Además, estas metáforas se
generan a través de un proceso que nos aleja cada vez más del original, la cosa real individual. La primera metáfora es la imagen
mental conformada por nuestra percepción. A su vez, esta imagen la convertimos en palabra que expresa nuestra forma individual
y original de captarla, siendo así una metáfora de la primera metáfora. Luego esa palabra se establece como única para una
multiplicidad de realidades cambiantes, posibilitando el “olvido” de la multiplicidad y de los cambios. De esta manera, las ideas más
abstractas solo son las metáforas más alejadas de la realidad que hemos olvidado que solo son metáforas. Estas metáforas se
convirtieron en conceptos por la necesidad y el deseo del ser humano de vivir en sociedad. Para ello se hizo un pacto llegando a
una convención en el lenguaje. Se establecieron así los nombres y significados de las cosas imponiendo ciertas convenciones
como las correctas por mera utilidad. Con el tiempo se olvidó el origen metafórico, afirmándose erróneamente el concepto universal
(expresión de la esencia) como la verdadera realidad.
De esta forma, la filosofía, al tratar de los conceptos más abstractos, llama “verdad” a lo más alejado de la realidad: lo creado al
final del proceso por el pensamiento, el producto más imaginativo. También las ciencias positivas que matematizan lo real son
criticadas por Nietzsche, pues sólo expresan la realidad cuantitativamente sin atender a las diferencias reales y cualitativas.
Así, para Nietzsche no hay verdad absoluta y sólo podrá considerarse “verdad” aquello que favorezca a la vida. El criterio de
verdad es la “Voluntad de Poder” que asume y justifica el error necesario para vivir como válido. Por ello, exaltará el poder de la
metáfora como una perspectiva que se reconoce como tal, que selecciona e interpreta la realidad sin identificarse nunca con ella.
La metáfora se sabe que es una perspectiva que nos ayuda a vivir plenamente.
EL PROBLEMA DE DIOS, EL PROBLEMA DEL SER HUMANO Y EL PROBLEMA DE LA MORAL
Nietzsche afirma una visión pesimista del hombre, un animal cuya única arma para defenderse del mundo es la inteligencia. El ser
humano es débil e indigente y sin embargo se cree el centro de la naturaleza. Por ello, Nietzsche considera que el ser humano
sigue evolucionando y es solo un puente hacia el superhombre. El hombre es algo cambiante, en tanto que es vida, y tras una serie
de transformaciones conseguirá superarse a sí mismo en el superhombre, aquel que tiene Voluntad de Poder, no de verdad.
El hombre débil, anterior al superhombre, sigue los dictados de la moral tradicional. Se trata de una moral de los esclavos donde lo
fundamental es la resignación y el rechazo a la vida. Es antinatural, niega los instintos vitales, y su fundamento ha sido Dios, o la
Razón entendida también como un dios por la Voluntad de Verdad. Además, Dios o la Razón entendida como dios,ha sido el
fundamento no solo de la moral sino también de la idea de que existe una verdad única y de que la vida individual concreta debe
ser sacrificada en aras a otra vida futura. Así, Dios, o la Razón como dios, es el fundamento último de la Voluntad de Verdad y del
platonismo y por lo tanto es el gran enemigo frente al surgimiento del superhombre que tiene Voluntad de Poder. Por ello, para que
el superhombre pueda llegar a ser, para afirmar absolutamente la vida, hay que acabar con Dios y acabar con la Voluntad de
Verdad que éste representa. Dios ha sido la gran objeción contra la vida y es necesario para dar valor a la vida negar a Dios.
Esta negación ha ocurrido en la época moderna donde Dios ha muerto. Con ello, todos los valores tradicionales se derrumban, se
quedan en nada, surgiendo una nueva época dominada por el nihilismo. Este puede tener dos sentidos: uno negativo en cuanto a
que con el derrumbe de los valores tradicionales se cae en la pasividad, en el sinsentido de la existencia; otro, positivo, en cuanto a
que la muerte de Dios es la oportunidad para la transmutación de los valores y el surgimiento del superhombre.
Así, deberán transmutarse los valores. Esta transmutación de los valores no implica solo crear valores diferentes sino cambiar
radicalmente la misma forma de valorar. Efectivamente, la transmutación de los valores implica que ya no se valorará desde el
resentimiento contra la vida sino desde la “Voluntad de Poder”, desde los instintos que en cada caso potencien la vida. Esta
transmutación será hecha por el superhombre, producto de la evolución desde el hombre débil, racional y dominado por la Voluntad
de Verdad, hacia un ser humano fuerte, instintivo, con Voluntad de Poder, destructor y creador constante que acepta lo trágico de
la vida, su devenir, multiplicidad y sus diversas perspectivas.
Esta evolución del espíritu hasta el superhombre pasa por tres estadios: el camello, que todavía asume su deber racional; el león,
el nihilista que se rebela frente a todo, pero aún es incapaz de crear nuevos valores; y el niño, o el bailarín, que hace de la vida un
juego y una creación artística.
Éste último es la representación del superhombre, que tiene la Voluntad de Poder y admite la vida como un Eterno Retorno, es
capaz de crear una vida tan intensa que la posibilidad de que pueda ser repetida infinitas veces le parece maravillosa. El
superhombre rechaza la moral del esclavo y la conducta gregaria, siendo contrario al igualitarismo. Frente a estos valores de los
hombres débiles, el superhombre es un creador constante de nuevos valores, vive en un mundo sin trascendencia y haciendo de
su vida su propia creación, su obra de arte.
HANNAH ARENDT
Para Hannah Arendt el ser humano desarrolla dos actividades fundamentales: la actividad teóricao contemplativa (vita
contemplativa) y la actividad práctica (vita activa). La actividad teórica o contemplativa estaría relacionada con la actividad
intelectual pura y que, generalmente, ha producido la filosofía. Sin embargo, Arendt está más interesada en la actividad práctica,
con la que construimos una sociedad libre y justa.
Esta actividad práctica del ser humano se constituye en tres dimensiones fundamentales como son la labor, el trabajo y la acción.
Es con el desarrollo de estas tres dimensiones como la conciencia humana individual se abre al mundo exterior, a la realidad, y,
también, al resto de lasconciencias, a las otras personas.
La labor es aquello que se relaciona con lo biológico y, por lo tanto, con la supervivencia como proceso natural. Esta actividad se
corresponde con la vida, hacer lo necesario para sobrevivir.
Sin embargo, la persona no solamente mantiene una relación biológica con la naturaleza, sino que a través de la dimensión del
trabajo genera una nueva realidad, distanciándose así del mundo estrictamente natural. Así, si la labor nos permite sobrevivir, el
trabajo nos permite independizarnos de las necesidades naturales y crear un mundo artificial característicamente humano. Es
nuestra mundanidad.
Y de esta forma se crean las condiciones para que surja la acción. En la acción nos relacionamos ya no con la naturaleza o con los
productos creados por el trabajo, sino con los propios seres humanos. La acción supone la culminación de la creación de un mundo
humano, en el cual cada individuo entra en relación con su propia conciencia y la de los otros. Así, se realiza la construcción de un
modelo social y político, con el lenguaje y el diálogo como instrumentos fundamentales, que establece el marco en el que se
produce la interacción humana. Con la acción surge el reconocimiento de la pluralidad de las diferentes conciencias, descubrimos a
los otros y, con ellos, también a nosotros mismos, y la necesidad del diálogo y el acuerdo. Es la acción lo que hace que cada
nacimiento signifique el comienzo de algo nuevo, que la vida humana no sea solamente un dirigirse hacia la muerte. Por todo ello,
la acción es la actividad humana más importante. Efectivamente, la filosofía, la actividad teórica, se podría dar en soledad, pero la
acción requiere a los otros y, por lo tanto, la apertura a las otras conciencias.
EL PROBLEMA DE LA MORAL
La dimensión humana ha presentado así dos características fundamentales: la acción teórica o contemplativa y la actividad
práctica. Es en esta en la que Arendt cree que se desarrolla auténticamente la persona a través de sus tres dimensiones: la labor,
el trabajo y, especialmente, la acción, donde el ser humano constituye una nueva realidad social y política a través de la relación
con los otros. Si esta última actividad tiene importancia fundamental, resulta lógico deducir la importancia que tendrán para Hannah
Arendt tanto la moral como la política, pues en estos dos campos será donde esa acción cobre mayor sentido.
En primer lugar, la acción es el ámbito de la libertad pues es precisamente al actuar en relación a otras conciencias donde se
manifiesta y se da la capacidad de obrar de una manera u otra. La acción humana es por lo tanto libre, pues nada la determina
previamente, impredecible, porque nunca puede saberse cuál será el resultado final por su propio carácter de libertad también en la
respuesta de los otros, e irreversible, pues ella misma y sus consecuencias nunca pueden volverse hacia atrás.
Además, la clave de la moral es su constitución como alteridad, atender la perspectiva de otro. En el juicio moral, tanto para juzgar
una acción como para realizarla, el yo dialoga consigo mismo como si fuera otro yo, en una especie de duplicación de la propia
personalidad entre el querer o desear y la imposición de la voluntad para hacer lo correcto (por eso, el pensamiento se realiza
siempre como diálogo). Efectivamente, todo juicio moral debe buscar la armonía entre lo que yo soy y aquello que quiero ser,
provocando por tanto un diálogo interno que no puede solucionarse desde la pura identidad, sino que es una elección entre
diferentes opciones. Se trata así de la relación entre el pensamiento, que argumenta, y la voluntad, que pretende forjar nuestro yo
en busca de un ideal de lo que deseamos ser. Por ello, el principio de la moralidad es la ausencia de contradicción interna entre
estas dos voces al realizar la acción.
De esta importancia de la reflexión en la moral resultará la distinción entre el mal radical y el mal banal. El criterio no es el
contenido del acto en sí, sino la reflexión previa. El mal radical es deliberado, se produce cuando, aun habiendo reflexión y
sintiendo la contradicción interior, el individuo actúa haciendo caso omiso de esta y con plena conciencia de su acción. El mal banal
se da cuando la persona no reflexiona sobre el acto a realizar ni sus consecuencias. Ocurre cuando el mal, se deja de pensar como
una acción valorable moralmente y se considera un acto cotidiano, normalizado, sobre el que el sujeto se niega a reflexionar
huyendo de la contradicción. Para Arendt, paradigma de esta banalidad del mal es Adolf Eichmann, alto cargo de la SS nazi y
partícipe de la solución final, que solo juzga sus actos desde la eficacia productiva y no moralmente.
EL PROBLEMA DE LA POLÍTICA
La dimensión fundamental del ser humano es la acción. En ella el ser humano se relaciona estableciendo un diálogo interpersonal
e intrapersonal. Este diálogo es la clave de la moral, buscando la coherencia entre la identidad y nuestro ideal. Así, toda moral
necesitará de un sujeto reflexivo, pues cuando no se da surge la banalidad del mal. Y precisamente, esta idea de la moral nos lleva
a la importancia de la política. Como la moral es la relación con los otros es imprescindible la política, pues en ella es donde la
relación interpersonal cobra mayor importancia y trascendencia. Por ello, Hannah Arendt pondrá especial atención al problema
político,auto denominándose pensadora política y no filósofa.
Como novedad absoluta en política, Arendt realizará un análisis del totalitarismo, forma política que surgió en el siglo XX
representado exclusivamente por el estalinismo y el nazismo. Este totalitarismo tiene como una de sus condiciones previas al
hombre masa. Este es un individuo absolutamente atomizado, que se halla solo y sin ningún referente (a pesar de estar al lado de
otros), negándose a la reflexión interior, representante de la banalidad del mal.
Teóricamente, el totalitarismo defiende la existencia de leyes determinantes y suprahumanas que rigen el mundo y la historia,
desde las ciencias naturales, en el nazismo, o el sentido de la historia, en el estalinismo. Con ello, se derrumba el concepto de
Estado, que es sustituido por un poder paralelo y privado, como el partido, que controla todo, y el de Nación, ya que desaparece la
ciudadanía que es sustituida por la raza (nazismo) o la clase (estalinismo). Supone el fin del estado de derecho, impide cualquier
pluralismo o disidencia y crea un clima de arbitrariedad donde todos se convierten simultáneamente en sospechosos y delatores.
Así, el triunfo del totalitarismo implica el fin de la política y la eliminación de la acción, que constituye lo propio y fundamental del ser
humano. Efectivamente, el totalitarismo implica la eliminación de pensar y vivir conjuntamente desde la diferencia sustituyéndolo
por pensar y vivir como una identidad única.
Frente al sistema totalitario, Arendt defenderá el republicanismo, forma de democracia deliberativa compuesta de consejos y
espacios de actuación política, donde el poder fuera fundamentalmente horizontal. El objetivo siempre sería crear nuevos espacios
de actuación política para preservar la libertad y, con ella, la condición humana fundamental de la acción.