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MANDAMIENTOS

Los diez mandamientos de la ley de Dios son principios fundamentales que guían la conducta moral y espiritual de los creyentes, incluyendo la prohibición de adorar otros dioses, el respeto a los padres, y la prohibición de actos como el homicidio, el robo y el adulterio. Estos mandamientos se originan en el libro del Éxodo y son considerados esenciales tanto en el judaísmo como en el cristianismo, aunque su formulación puede variar. Además, la Iglesia católica añade cinco mandamientos relacionados con los deberes rituales de sus fieles.

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MANDAMIENTOS

Los diez mandamientos de la ley de Dios son principios fundamentales que guían la conducta moral y espiritual de los creyentes, incluyendo la prohibición de adorar otros dioses, el respeto a los padres, y la prohibición de actos como el homicidio, el robo y el adulterio. Estos mandamientos se originan en el libro del Éxodo y son considerados esenciales tanto en el judaísmo como en el cristianismo, aunque su formulación puede variar. Además, la Iglesia católica añade cinco mandamientos relacionados con los deberes rituales de sus fieles.

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Los diez mandamientos de la ley de Dios son los siguientes:

1. No tendrás otros dioses delante de mí.


2. No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que
esté arriba en el cielo ni abajo en la tierra ni en las
aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni
les rendirás culto, porque yo soy el SEÑOR tu Dios, un
Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre
los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación
de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia
por mil generaciones a los que me aman y guardan
mis mandamientos.
3. No tomarás en vano el nombre del SEÑOR tu Dios,
porque el SEÑOR no dará por inocente al que tome su
nombre en vano.
4. Acuérdate del día sábado para santificarlo. Seis días
trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día
será sábado para el SEÑOR tu Dios. No harás en él
obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni
tu esclava, ni tu animal, ni el forastero que está dentro
de tus puertas. Porque en seis días el SEÑOR hizo los
cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y
reposó en el séptimo día. Por eso el SEÑOR bendijo el
día sábado y lo santificó.
5. Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se
prolonguen sobre la tierra que el SEÑOR tu Dios te da.
6. No cometerás homicidio.
7. No cometerás adulterio.
8. No robarás.
9. No darás falso testimonio contra tu prójimo.
10. No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás
la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni
su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu
prójimo.
Para los creyentes, los principios del Decálogo son
mandamientos de la ley de Dios. En la tradición cristiana en
particular, se expresan y enumeran de forma diferente que
en el judaísmo, aunque en esencia son los mismos.
Además, pueden resumirse en uno: amarás a Dios sobre
todas las cosas y al prójimo como a ti mismo (ver Mateo 22,
37-39; Jn 13, 34).

Ver también: Los 7 sacramentos y Los 7 pecados capitales

1. Amarás a Dios sobre todas las cosas


El primer mandamiento consiste en poner toda la fe, la
confianza y el amor en el Dios único, así como también
aceptar la autoridad y guía de Dios sobre la propia vida.
Dios ha de ser el principio y el fin de la existencia. Esto
incluye no adorar ni rendir culto a ningún ídolo, ya sea
material o simbólico.

La formulación de la frase «amar a Dios sobre todas las


cosas» sintetiza dos mandamientos implicados entre sí, uno
extraído del libro del Éxodo y otro del Deuteronomio. A
saber:

 «No habrá para ti otros dioses delante de mí». Éxodo


20, 2.
 «Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con
toda tu alma y con todas tus fuerzas». Deuteronomio
5, 5.

De acuerdo con los evangelios, el referido mandamiento de


Deuteronomio 5, 5 era considerado por Jesús como el más
importante de la tradición judía. Por ello, el cristianismo lo
enaltece (ver Mateo 22, 34-39).

2. No tomarás el nombre de Dios en vano


El creyente tiene prohibido usar el nombre de Dios sin
justificación. Esto incluye jurar en su nombre
innecesariamente, maldecir, blasfemar, mentir, atacar a
otros o sacar provecho de los demás. La gravedad de esto
reside en que, cuando un creyente usa el nombre de Dios
en vano, sus malas acciones desacreditan la reputación de
Dios, y pueden llevar a los demás a renegar de Él.

3. Santificarás las fiestas


Santificar las fiestas consiste en respetar los días sagrados,
descansar y cumplir con los rituales que expresan la
relación del creyente con Dios.

La importancia de santificar las fiestas reside en mantener


viva la presencia de Dios y alimentar la propia
espiritualidad, ya que «no solo de pan vive el hombre». Esto
evita que el creyente absolutice el trabajo y caiga en el
activismo vacío.

Asimismo, permite que el creyente dedique tiempo para


cultivar su relación con Dios y con sus seres queridos en
favor de su crecimiento espiritual.

4. Honrarás a padre y madre


Honrar a padre y madre significa respetarlos, amarlos y
mostrar agradecimiento por los cuidados que han
prodigado a sus hijos. Implica que los hijos se hagan
personas de bien, de tal como que los padres sean
bendecidos y que la familia goce de un nombre bien
reputado.

Este principio puede aplicarse también a los demás lazos


familiares, así como en la relación de respeto con maestros
y otras figuras de autoridad que comparten generosamente
sus enseñanzas.

5. No matarás
La vida se considera un don sagrado otorgado por Dios, y
en ese sentido, solo Dios tiene el derecho de quitarla. Este
mandamiento es un principio cívico fundamental del
judaísmo y del cristianismo. El asesinato y la violencia están
condenados por ley. No hay excepciones. El que mata, viola
el principio sagrado de la vida.

Saber más sobre:

 Las 10 plagas de Egipto


 Qué es la Biblia
6. No cometerás actos impuros
Se consideran actos impuros el adulterio, la infidelidad, la
violación, el estupro y otros actos de lujuria que
comprometan la integridad moral o física de las personas.

El sentido de esta ley es promover el ejercicio de una


sexualidad digna mediante el control de los impulsos
carnales, el respeto al otro y la santificación del
matrimonio. De este modo, se fomenta la fidelidad
conyugal, el dominio propio y la salud sexual.

7. No robarás
El mandamiento de no robar forma parte de los aspectos
cívicos de los diez mandamientos. Abarca muchas maneras
directas o indirectas de causar daño material y moral a
otros. Por ejemplo:

 tomar algo ajeno sin consentimiento del otro;


 cobrar más de lo justo;
 alterar pesos y medidas en los comercios para cobrar
más a los clientes;
 vender mercancía en mal estado o inservible;
 prestar dinero con intereses y planes de pago
opresivos (usura);
 extraer dinero del arca pública;
 extorsionar a los ciudadanos cobrando comisiones
ilegales;
 ser cómplice del robo de bienes ajenos o beneficiarse
de lo robado;
 no pagar al trabajador su salario o sus beneficios de
ley, o pagarle menos de lo que merece;
 no cumplir con el deber en el trabajo;
 no devolver lo prestado deliberadamente.
8. No darás falso testimonio ni mentirás
El octavo mandamiento prohíbe la mentira, especialmente
cuando se trata de una calumnia contra el prójimo. La
mentira tiene el poder de destruir moral y materialmente a
las personas, y sus consecuencias pueden llegar a ser
irreparables. Por ejemplo, la calumnia puede causar que
una persona pierda su vida laboral y familiar para siempre.
Por ende, la reputación de las personas debe considerarse
sagrada. De ella depende su bienestar.

9. No consentirás pensamientos ni deseos impuros


En el cristianismo, el noveno mandamiento es no admitir o
estimular deliberadamente pensamientos que violan los
valores de castidad, respeto por el otro y fidelidad
conyugal. Consentir en ello, es decir, alimentar
pensamientos impuros conscientemente aumenta el riesgo
de causar daño a otros y a uno mismo.

Este mandamiento es una ampliación de uno de los


aspectos señalados en el versículo 17 del libro del Éxodo,
capítulo 20: «no codiciarás la mujer de tu prójimo», también
disponible en Deuteronomio 5, 21.

10. No codiciarás los bienes ajenos


El décimo y último mandamiento se puede resumir en lo
siguiente: no envidiarás. Es decir, no desearás los bienes
que tienen los demás. En la espiritualidad judeocristiana, se
entiende que la codicia es la puerta de entrada para el
robo, el asesinato y la incontinencia carnal. Por ende, este
mandamiento pretende promover el valor del trabajo, la
fraternidad y la fidelidad.

Historia de los diez mandamientos


El origen de los diez mandamientos está escrito en el libro
del Éxodo, capítulo 20. Después de que Moisés logró liberar
a su pueblo, los judíos peregrinaron por el desierto en
busca de la tierra prometida.

Según el relato bíblico, acamparon a los pies del monte


Sinaí. Entonces, Moisés subió al monte, donde Dios se le
manifestó y le dio a Moisés las llamadas Tablas de la Ley,
en las cuales se registraba la ley divina.

Los diez mandamientos de la ley judía son los


siguientes:
1º) No tendrás otros dioses delante de mí.

2º) No te harás ninguna escultura y ninguna imagen de lo que hay


arriba, en el cielo, o abajo, en la tierra, o debajo de la tierra, en las
aguas. No te postrarás ante ellas, ni les rendirás culto, porque yo
soy el Señor, tu Dios, un Dios celoso, que castigo la maldad de los
padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación, si ellos me
aborrecen; y tengo misericordia a lo largo de mil generaciones, si
me aman y cumplen mis mandamientos.

3º) No pronunciarás en vano el nombre del Señor, tu Dios, porque


él no dejará sin castigo al que lo pronuncie en vano.

4º) Acuérdate del día sábado para santificarlo. Durante seis días
trabajarás y harás todas tus tareas; pero el séptimo es día de
descanso en honor del Señor, tu Dios. En él no harán ningún
trabajo, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tus
animales, ni el extranjero que reside en tus ciudades. Porque en
seis días el Señor hizo el cielo, la tierra, el mar y todo lo que hay en
ellos, pero el séptimo día descansó. Por eso el Señor bendijo el día
sábado y lo declaró santo.

5º) Honra a tu padre y a tu madre, para que tengas una larga vida
en la tierra que el Señor, tu Dios, te da.

6º) No matarás.

7º) No cometerás adulterio.

8º) No robarás.

9º) No darás falso testimonio contra tu prójimo.

10º) No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de


tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni
ninguna otra cosa que le pertenezca.

Éxodo 20, 2-17


Al bajar del monte, Moisés encontró al pueblo rindiendo
culto a un becerro de oro (Éxodo 32). Indignado, rompió las
tablas de la ley, destruyó el ídolo y subió nuevamente al
monte Sinaí. Allí, Dios volvió a manifestarse, mostrando su
misericordia. Cuando descendió del monte, Moisés trajo
otras tablas idénticas a las anteriores.

Los judíos añadieron al Decálogo otros mandamientos, y


juntos llegaron a formar un compendio de 613 leyes (aún
vigentes en el judaísmo tradicional). Cuando el cristianismo
surgió, heredó los diez mandamientos del judaísmo, pero
desechó las demás leyes.

Los 5 mandamientos de la Iglesia católica


Además de los diez mandamientos, la Iglesia católica
contempla cinco mandamientos sobre los deberes rituales
mínimos que deben observar sus fieles. Estos
mandamientos son:

1. Ir a misa los domingos y fiestas de guardar.


2. Confesar los pecados mortales al menos una vez al
año, en peligro de muerte o antes de comulgar.
3. Comulgar en la Pascua de Resurrección.
4. Ayunar en los días establecidos por la Iglesia.
5. Ayudar a la Iglesia en sus necesidades materiales.

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