Moisés:
Según la Biblia, antes de ser llamado por Dios, Moisés
pasó por varias etapas que prepararon su vida. Nació
en un tiempo en que los israelitas eran esclavos en
Egipto y el faraón había ordenado matar a los niños
hebreos. Su madre lo escondió y luego lo puso en una
canasta en el río Nilo, donde fue encontrado y
adoptado por la hija del faraón. Así creció en el palacio
real y recibió educación egipcia. Cuando ya era adulto,
vio cómo un egipcio maltrataba a un hebreo y lo mató
para defenderlo, por lo que tuvo que huir al desierto de
Madián. Allí vivió como pastor de ovejas durante
muchos años y formó una familia. Ese tiempo en el
desierto fue un periodo de humildad y aprendizaje.
Finalmente, mientras cuidaba el rebaño, Dios se le apareció en una zarza
ardiente y lo llamó para liberar al pueblo de Israel de la esclavitud. Ese
momento marcó el inicio de su misión como líder y profeta.
Samuel:
Antes de ser llamado por Dios, Samuel tuvo una historia
especial desde su nacimiento. Su madre Ana no podía
tener hijos y oró profundamente a Dios pidiendo un niño,
prometiendo dedicarlo al servicio del Señor. Cuando
Samuel nació, Ana cumplió su promesa y lo llevó al
templo para que creciera allí bajo el cuidado del sacerdote
Elí. Desde pequeño Samuel ayudaba en el templo y
aprendía a servir a Dios. Vivía en un am biente religioso
donde observaba las prácticas del culto y el trabajo de los
sacerdotes. La Biblia menciona que en ese tiempo la
palabra de Dios era escasa y las visiones no eran
frecuentes. Una noche, cuando Samuel dormía, escuchó
que alguien lo llamaba por su nombre. Pensó que era Elí y
fue a verlo, pero esto ocurrió varias veces hasta que Elí entendió que era Dios
quien lo llamaba. Entonces Samuel respondió diciendo que estaba dispuesto a
escuchar. Desde ese momento comenzó su relación directa con Dios y su
llamado como profeta en Israel.
Isaías:
Antes de su llamado profético, Isaías vivía en
el reino de Judá durante el reinado de varios
reyes y probablemente tenía acceso al templo y
a la vida religiosa de Jerusalén. Sin embargo,
su llamado ocurrió a través de una visión muy
poderosa. Según la Biblia, Isaías vio al Señor
sentado en un trono alto y exaltado dentro del
templo. A su alrededor estaban los serafines
que proclamaban la santidad de Dios diciendo
que toda la tierra estaba llena de su gloria.
Ante esa visión, Isaías reconoció su propia
debilidad y pecado, así como el pecado del
pueblo. Entonces uno de los serafines tomó un carbón encendido del altar y
tocó sus labios para purificarlo. Después de ese acto de purificación, Dios
preguntó quién iría a llevar su mensaje al pueblo. Isaías respondió con
disposición diciendo que él estaba listo para ser enviado. Ese momento marcó
el inicio de su misión como profeta para advertir y guiar al pueblo de Judá.
Jeremías:
Jeremías provenía de una familia de
sacerdotes que vivía en Anatot, una
pequeña ciudad cercana a Jerusalén.
Desde joven estuvo relacionado con
la vida religiosa y el conocimiento
de la ley de Dios. Según la Biblia,
su llamado ocurrió cuando todavía
era muy joven. Dios le habló y le
dijo que lo había escogido antes de
que naciera para ser profeta de las
naciones. Jeremías se sintió
inseguro y respondió que no sabía
hablar porque era muy joven. Sin
embargo, Dios le aseguró que estaría con él y que no debía temer a las
personas a quienes sería enviado. Como señal de su elección, Dios tocó su
boca y le dijo que pondría sus palabras en ella. A partir de ese momento
Jeremías recibió la responsabilidad de anunciar advertencias, llamar al
arrepentimiento y transmitir los mensajes de Dios al pueblo. Aunque su
misión sería difícil, Dios prometió acompañarlo y darle fuerzas para cumplir
su tarea.
Ezequiel:
Antes de su llamado profético, Ezequiel era un
sacerdote entre el pueblo de Israel. Vivía en un
tiempo muy difícil porque los israelitas habían sido
llevados al exilio en Babilonia después de la caída
de Jerusalén. Ezequiel se encontraba entre los
deportados y vivía cerca del río Quebar junto con
otros exiliados. Allí continuaba su vida como
sacerdote y formaba parte de una comunidad que
sufría por estar lejos de su tierra. En ese contexto
ocurrió su llamado. Ezequiel tuvo una visión
impresionante de la gloria de Dios, en la que vio
criaturas vivientes, ruedas llenas de ojos y un trono
donde se manifestaba la presencia divina. Esta
visión mostró que Dios seguía presente incluso en el exilio. Después de esta
experiencia, Dios lo ll amó para ser profeta y hablar al pueblo que estaba en
Babilonia. Su misión era advertirles, enseñarles y darles esperanza durante ese
tiempo difícil.