A diferencia de la Tierra, la Luna o
Marte, Júpiter no es un cuerpo
rocoso. Es el gigante gaseoso más
grande de nuestro sistema solar, y
su estructura es fundamentalmente
fluida. Si intentaras pararte en
Júpiter, no encontrarías una
superficie sólida donde pisar;
simplemente te hundirías en capas
de gas cada vez más densas y
calientes.
Para entender cómo está formado
Júpiter, debemos analizar su
composición química global y la
estructura de sus capas internas a
medida que descendemos hacia su
centro.
1. Composición Química: Una
Estrella Fallida
La composición de Júpiter es casi
idéntica a la del Sol y a la de la
nebulosa primordial que dio origen
al sistema solar. Está hecho casi
por completo de los dos elementos
más ligeros y abundantes del
universo:
Hidrógeno ($H_2$):
Representa aproximadamente el
89-90% de las moléculas del
planeta.
Helio ($He$): Constituye cerca
del 10% de las moléculas.
Otros compuestos (Trazas): El
porcentaje restante (menos del
1%) incluye trazas de metano
($CH_4$), amoniaco ($NH_3$),
vapor de agua, sulfuro de
hidrógeno y fragmentos de roca
y metales pesados en su interior
profundo.
2. Estructura Interna: Las Capas de
Júpiter
A medida que se viaja desde el
espacio exterior hacia el centro de
Júpiter, la presión y la temperatura
aumentan a niveles extremos,
transformando los gases en
estados de la materia exóticos.
La Atmósfera Exterior
Es la "superficie" visible que vemos
a través de los telescopios. Tiene
unos 5,000 kilómetros de espesor y
está dividida en bandas de nubes
de colores (marrones, blancas y
rojizas) impulsadas por vientos de
más de 600 km/h.
Las nubes superiores están
hechas de cristales de hielo de
amoniaco.
Debajo hay nubes de
hidrosulfuro de amonio.
En las capas más profundas de
la atmósfera, donde la
temperatura es similar a la de la
Tierra, hay nubes de agua
líquida e hielo.
El Manto de Hidrógeno Líquido
Por debajo de las nubes, la presión
del propio peso del planeta es tan
gigantesca que comprime el gas
hasta licuarlo. Aquí no hay una
frontera clara (como la superficie
del océano en la Tierra), sino que el
gas se va volviendo
progresivamente más espeso hasta
convertirse en un océano global de
hidrógeno líquido.
El Océano de Hidrógeno Metálico
Ocupando la mayor parte del
interior del planeta se encuentra
una capa verdaderamente exótica.
A profundidades donde la presión
supera los 2 millones de
atmósferas, los átomos de
hidrógeno son comprimidos con
tanta fuerza que sus electrones se
liberan.
¿Qué es el hidrógeno metálico?
El hidrógeno empieza a
comportarse como un metal
líquido: se vuelve un excelente
conductor de la electricidad y el
calor. El movimiento de rotación
súper rápido de Júpiter (un día dura
solo 10 horas) agita este océano
metálico conductor, lo que genera el
campo magnético más potente
del sistema solar (14 veces más
fuerte que el de la Tierra).
El Núcleo Central
En el corazón mismo de Júpiter se
encuentra su núcleo. Gracias a los
datos de la sonda espacial Juno de
la NASA, hoy sabemos que el
núcleo de Júpiter no es una bola de
roca sólida y limpia como se
pensaba antes.
Es un núcleo "difuso" o
diluido, compuesto por una
mezcla densa de elementos
pesados, rocas, silicatos e hielos
exóticos, disueltos y mezclados
con hidrógeno metálico líquido.
Este núcleo es gigantesco: se
estima que tiene entre 11 y 25
veces la masa de la Tierra, y
soporta temperaturas que
superan los 35,000°C debido a la
tremenda compresión
gravitatoria.
En Resumen
Júpiter está formado como una
enorme esfera de gas colapsada
por su propia gravedad. Si
pudiéramos cortarlo a la mitad,
veríamos una delgada y turbulenta
atmósfera de nubes de amoniaco,
seguida por un océano gigantesco
de hidrógeno que se vuelve
metálico y conductor en el fondo,
rodeando finalmente a un núcleo
caliente y pastoso de roca disuelta
en metal fundido.