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El texto presenta un diálogo entre un ermitaño y varios animales sobre el origen del mal, donde cada uno argumenta que proviene de diferentes emociones como el hambre, el amor, la ira y el miedo. Sin embargo, el ermitaño concluye que la verdadera fuente del mal es la naturaleza humana misma. Además, se discute la dialéctica erística y cómo la vanidad y la mala fe afectan las discusiones, así como la relación entre la fuerza y la justicia en la sociedad.

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El texto presenta un diálogo entre un ermitaño y varios animales sobre el origen del mal, donde cada uno argumenta que proviene de diferentes emociones como el hambre, el amor, la ira y el miedo. Sin embargo, el ermitaño concluye que la verdadera fuente del mal es la naturaleza humana misma. Además, se discute la dialéctica erística y cómo la vanidad y la mala fe afectan las discusiones, así como la relación entre la fuerza y la justicia en la sociedad.

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Simulacro ICFES, Lectura Crítica Filosofía, GRUPO #5 DE PREGUNTAS.

RESPONDE LAS PREGUNTAS 1 A LA 3 DE ACUERDO CON EL SIGUIENTE TEXTO.


El origen del mal
En un bosque vivía un ermitaño que entendía el lenguaje de las fieras y hasta podía conversar con ellas. En una
ocasión en que descansaba debajo de un árbol, se cobijaron allí un cuervo, un palomo, un ciervo y una
serpiente, y empezaron a discutir sobre el origen del mal.
—El mal procede del hambre —declaró el cuervo—. Cuando uno come hasta hartarse las cosas se le antojan
color rosa. Pero, amigos, si durante días no se prueba bocado, cambia la situación y ya no parece tan hermosa la
naturaleza. ¡Qué desasosiego! ¡Qué intranquilidad siente uno! Y si vislumbro un buen pedazo de carne, me
abalanzo sobre él, ciegamente. Ni palos ni piedras, ni lobos enfurecidos serían capaces de hacerme soltar la
presa. ¡Cuántos perecemos víctimas del hambre! No cabe duda de que es el origen del mal.
El palomo intervino. —El mal no proviene del hambre, sino del amor. Si viviéramos solos, sin hembras,
sobrellevaríamos las penas. Más ¡ay!, vivimos en pareja y amamos tanto a nuestra compañera que no hallamos
un minuto de sosiego, siempre pensando en ella. Y cuando se aleja un poco de nuestro lado, nos sentimos como
perdidos y nos tortura la idea de que un gavilán la haya despedazado. Empezamos a buscarla por doquier, con
loco afán. Y si desaparece, uno no come ni bebe; no hace más que buscarla y llorar. ¡Cuántos mueren así entre
nosotros! Ya ven que todo el mal proviene del amor.
—No; el mal no viene ni del hambre ni del amor —arguyó la serpiente—. El mal viene de la ira. Si viviésemos
tranquilos entonces todo iría bien. Pero, cuando algo se arregla de modo distinto a como quisiéramos, todo nos
ofusca. Solo pensamos en descargar nuestra ira en el primero que encontramos. Entonces, como locos, nos
retorcemos tratando de morder a alguien. En tales momentos no se tiene piedad de nadie; mordería uno a su
propia madre; podríamos comernos a nosotros mismos. Sin duda alguna, todo el mal viene de la ira.
El ciervo no fue de este parecer. —No, no es de la ira ni del amor ni del hambre de donde procede el mal, sino
del miedo. Si fuera posible no sentir miedo, todo marcharía bien. Podemos defendernos de un animal pequeño,
con nuestros cuernos, y la huida nos preserva de los grandes. Pero es imposible no sentir miedo. Apenas cruje
una rama en el bosque o se mueve una hoja, temblamos de terror. El corazón palpita, como si fuera a salirse del
pecho, y echamos a correr. Siempre estamos alerta, llenos de terror. No hay modo de disfrutar de un poco de
tranquilidad. Por eso el origen del mal está en el miedo.
Finalmente, intervino el ermitaño:
—No es el hambre, el amor, la ira ni el miedo, la fuente de nuestros males, sino nuestra propia naturaleza. Ella
es la que engendra el hambre, el amor, la ira y el miedo.
Tomado y adaptado de: Tolstoi, L. (s. f.). El origen del mal. Recuperado de [Link]
Pregunta 1 B. el ermitaño, el cuervo, la serpiente, el gavilán y
el árbol.
De acuerdo con expresiones del texto anterior como
“¡Qué intranquilidad siente uno!”, “¡Cuántos C. el ermitaño, el cuervo, el palomo y la serpiente.
perecemos víctimas del hambre!” y “¡Cuántos
mueren así entre nosotros!”, el narrador pretende D. el ermitaño, el cuervo, el palomo, la serpiente y
principalmente el ciervo.

A. alarmar a los interlocutores. Pregunta 3


Según el texto, la serpiente intervino luego de que
B. despertar la ira de los interlocutores.
lo hicieran
C. llamar la atención de los interlocutores.
A. el cuervo y el palomo.
D. hacer partícipes de sus ideas a los interlocutores.
B. el cuervo y el ciervo.
Pregunta 2
C. el palomo y el ermitaño.
De acuerdo con el texto anterior, los personajes de
la historia son D. el palomo y el ciervo.

A. el ermitaño, la serpiente, los lobos y el árbol.


RESPONDE LA PREGUNTA 4 DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN

Pregunta 4 B. El linchamiento de un ángel.


¿Cuál de los siguientes enunciados describe mejor C. Entrevista con el asesino.
la caricatura?
D. Un ángel bajó del cielo
A. El pueblo hace justicia por su propia mano.

RESPONDA LAS PREGUNTAS 5 Y 6 DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE INFORMACIÓN.


La dialéctica erística es el arte de discutir, y de discutir de tal modo que uno siempre lleve razón, es decir, per
fas et nefas [justa o injustamente]. Uno puede, pues, tener razón objetiva en el asunto mismo y, sin embargo,
carecer de ella a ojos de los presentes, incluso a veces a los propios ojos. Ese es el caso cuando, por ejemplo, el
adversario refuta mi prueba y esto se considera una refutación de la propia afirmación, para la cual puede no
obstante haber otras pruebas; en cuyo caso, naturalmente, la situación se invierte para el adversario: sigue
llevando razón aunque objetivamente no la tenga. Por tanto, la verdad objetiva de una proposición y su validez
en la aprobación de los que discuten y sus oyentes son dos cosas distintas. (De esto último se ocupa la
dialéctica.)
¿A qué se debe esto? A la natural maldad del género humano. Si no existiera esta, si fuéramos por naturaleza
honrados, en todo debate no tendríamos otra finalidad que la de poner de manifiesto la verdad, sin importarnos
en nada que esta se conformara a la primera opinión que hubiéramos expuesto o a la del otro; esto sería
indiferente, o por lo menos completamente secundario. Pero ahora es lo principal. La vanidad innata,
especialmente susceptible en lo tocante a las capacidades intelectuales, se niega a admitir que lo que hemos
empezado exponiendo resulte ser falso y cierto lo expuesto por el adversario. En este caso, todo lo que uno
tendría que hacer sería esforzarse por juzgar correctamente, para lo cual tendría que pensar primero y hablar
después. Pero a la vanidad innata se añaden en la mayoría la locuacidad y la innata mala fe. Hablan antes de
pensar y al observar después que su afirmación es falsa y que no tienen razón, deben aparentar que es al revés.
El interés por la verdad, que en la mayoría de los casos pudo haber sido el único motivo al exponer la tesis
supuestamente verdadera, cede ahora del todo a favor del interés por la vanidad: lo verdadero debe parecer falso
y lo falso verdadero.
Sin embargo, incluso esa mala fe, el persistir en una tesis que ya nos parece falsa a nosotros mismos, aún tiene
una disculpa: muchas veces, al principio estamos firmemente convencidos de la verdad de nuestra afirmación,
pero el argumento del adversario parece desbaratarla; si nos damos de inmediato por vencidos, frecuentemente
descubrimos después que éramos nosotros quienes teníamos razón: el argumento salvador no se nos ocurrió en
ese momento. De ahí surge en nosotros la máxima de que aun cuando el contraargumento parezca correcto y
convincente, no obstante hay que oponerse a él en la creencia de que esa corrección no es sino aparente y que
durante la discusión ya se nos ocurrirá un argumento para rebatirlo o para confirmar de algún otro modo nuestra
verdad: por ese motivo nos vemos casi forzados, o al menos fácilmente tentados, a la mala fe en la discusión.
De tal manera se amparan mutuamente la debilidad de nuestro entendimiento y lo torcido de nuestra voluntad.
Tomado de: Schopenhauer, A. (2006). El arte de tener razón. Madrid: Alianza Editorial.
Pregunta 5 D. la conclusión de lo dicho en el párrafo anterior,
pues retoma las razones por las cuales el autor
De acuerdo con los dos últimos párrafos del texto, sostiene que hay mala fe en todo debate y presenta
el último párrafo presenta una tesis concreta.
A. un desarrollo de la idea del párrafo anterior, pues Pregunta 6
proporciona un nuevo argumento mediante el cual
se justifica la idea de que la mala fe está siempre Según el último párrafo del texto anterior, es
presente en las discusiones. acertado afirmar que el autor
B. la antítesis de la idea del párrafo anterior, pues A. incita al uso de la mala fe en los debates.
plantea una forma alternativa de entender la mala
fe: esta no solo no es problemática en las B. celebra la existencia de la dialéctica erística.
discusiones, sino que de hecho es ventajosa para C. condena la vanidad innata en las discusiones.
cada interlocutor.
D. justifica que las personas no piensen antes de
C. un contraargumento frente a lo anotado en el hablar
párrafo anterior, pues expone un argumento que
justifica que todos nosotros actuemos de mala fe
cuando discutimos.
RESPONDA LAS PREGUNTAS 7 A LA 10 DE ACUERDO CON LA SIGUIENTE IFORMACIÓN
Por naturaleza, el más débil es también el peor... No obstante lo cual, en el Estado son los débiles y la gran masa
los que dan las leyes, haciéndolo en su propio provecho y determinando así lo que es bueno y lo que es malo.
Por ello tratan de amedrentar a los fuertes, es decir, a aquellos que tienen fuerza en sí para poseer más que los
otros, a fin de que no aspiren a más. Con este propósito afirman que el deseo de tener más es vergonzoso e
injusto..., y se sienten felices de poseer, al menos, lo mismo que los otros, aun siendo como son los peores. La
naturaleza, sin embargo, prueba que es justo que el hombre hábil posea más que el que no lo es, y el más fuerte
más que el más débil... Desde la infancia procuramos desnaturalizar a los mejores y más fuertes, los
domesticamos como a leones con toda suerte de conjuros y artimañas, predicándoles, una y otra vez, que todos
tienen que poseer lo mismo, y que esto es lo bueno y lo justo...
Cuando, sin embargo, un día se alza un hombre que tiene por naturaleza la fuerza suficiente, vemos entonces
cómo se quita todo de encima, rompiendo sus cadenas, haciéndose libre y pisoteando toda nuestra mala
literatura, toda nuestra mentira, todos los conjuros y todas las leyes antinaturales. Hasta entonces nuestro
esclavo, ahora se pone en pie y se nos muestra como nuestro señor. Es entonces cuando, de repente, brilla en
todo su esplendor el derecho de la naturaleza.
Tomado de: Platón (1998) Protágoras, Gorgias, Carta séptima. Madrid: Alianza Editorial. 483c-484a.
Pregunta 7 C. El enunciado 1 expresa una razón en contra del
enunciado 2.
¿Cuál de las siguientes opciones expresa mejor el
contenido del segundo párrafo? D. El enunciado 2 expresa una consecuencia del
enunciado 1.
A. El derecho de la naturaleza predomina cuando el
hombre fuerte pasa por encima de las leyes Pregunta 9
contrarias a la naturaleza y ejerce el poder.
¿Cuál de las siguientes opciones expresa mejor la
B. El derecho de la naturaleza brilla en su esplendor tesis principal del texto?
cuando se elimina la esclavitud y los esclavos se
A. Lo justo es que el hombre fuerte posea más que
muestran como nuestros señores.
el hombre débil.
C. Cuando el hombre rompa sus cadenas, pisotee la
mala literatura, las mentiras y las leyes B. Lo justo es lo que el hombre débil determine al
construir las leyes a su conveniencia.
antinaturales, se mostrará el brillo de nuestro señor.
D. Hasta que los hombres débiles no se liberen y se C. Lo justo es que todos posean lo mismo,
pongan en pie, seguirá brillando el derecho de la independientemente de su fuerza o debilidad.
naturaleza. D. Lo justo es que los esclavos fuertes se liberen,
Pregunta 8 pero obedezcan las leyes de los débiles.

Considere los siguientes enunciados del texto: Pregunta 10

1. “No obstante lo cual, en el Estado son los débiles Considere el siguiente enunciado:
y la gran masa los que dan las leyes, haciéndolo en “La naturaleza, sin embargo, prueba que es justo
su propio provecho y determinando así lo que es que el hombre hábil posea más que el que no lo es,
bueno y lo que es malo”. y el más fuerte más que el más débil”.
2. “Por ello, los débiles tratan de amedrentar a los ¿Cuál de los siguientes fragmentos expresa la idea
fuertes, es decir, a aquellos que tienen fuerza en sí opuesta a la que presenta el enunciado anterior?
para poseer más que los otros, a fin de que no
aspiren a más”. A. “El deseo de tener más es vergonzoso”.

De acuerdo con el texto, ¿cuál de las siguientes B. “Por naturaleza, es justo que alguno de los más
opciones describe mejor la relación entre los fuertes posea menos o igual que los más débiles”.
enunciados 1 y 2? C. “Por naturaleza, el más débil es también el peor”.
A. El enunciado 1 expresa una consecuencia del D. “Desde la infancia procuramos desnaturalizar a
enunciado 2. los mejores y más fuertes”.
B. El enunciado 2 expresa una razón a favor del
enunciado 1.

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