PLANTILLA INSTRUMENTO DE EVALUACIÓN
SEDE:
FACULTAD:
CARRERA: Lic. Psicología.
NOMBRE DE LA ASIGNATURA:
CLÍNICA PSICOTERAPÉUTICA II
NOMBRE Y APELLIDO DEL
DOCENTE
NOMBRE Y APELLIDO DEL/LOS
ESTUDIANTE/S
DNI DEL/LOS ESTUDIANTE/S
☐Trabajo Práctico I / 1er evaluación
TIPO DE EVALUACIÓN:
☐Trabajo Práctico II / 2da evaluación
☐Evaluación Parcial / 3ra evaluación
X Evaluación Integradora / 4ta evaluación
MODALIDAD DE INSTANCIA ☐Individual
EVALUATIVA ☐Dúos: Pares de ☐Sincrónica
Alumnos X Asincrónica
X Grupal
CONTENIDOS A EVALUAR: correspondiente a la unidad 1, 2, 3 y 4.
CRITERIOS DE EVALUACIÓN- 1 punto
- Compromiso con las actividades propuestas.
- Uso de lenguaje técnico.
- Pertinencia en la articulación de contenidos teóricos con la realidad que se presenta.
- Presentación escrita: aspectos formales, redacción, ortografía, citas bibliográficas.
- Utilización de Normas APA (obligatorio)
- Capacidad de síntesis.
- Presentación en tiempo y forma (en caso de no ser presentado en tiempo y forma NO SERÁ
EVALUADO).
- NO podrán presentarse DOS TRABAJOS IDÉNTICOS.
- Buen uso de las IA.
CONSIGNAS DE EVALUACIÓN/ ASIGNACIÓN DE PUNTAJE
1. Formar 5 grupos. Cada grupo tendrá asignada la lectura de dos textos.
2. Realizar una síntesis de los textos.
3. Realizar una guía de preguntas/lectura para cada texto.
4. Realizar con ayuda de la IA un mapa conceptual a partir de la síntesis realizada.
5. Armar una presentación creativa para la exposición oral donde se puntualice (del
modelo asignado) los orígenes/inicio, autores, conceptos claves, propuesta de
intervención, evidencia/efectividad. Tendrán 20 minutos por grupo para la exposición
oral.
6. Formular una actividad de evaluación breve (choice, sopa de letra, preguntados, etc) que
se aplicará en 10 minutos a los demás estudiantes para ir evaluando la comprensión de
los contenidos.
7. Subir todo el trabajo al aula virtual, en la carpeta correspondiente.
Estructura del Trabajo:
- Portada (solamente la plantilla de evaluación)
- Desarrollo (las consignas 2 a 6).
- Referencias bibliográficas.
- Anexo (si consideran necesario).
Aspectos Formales: márgenes normales, texto justificado, interlineado 1.5, letra time new
roman o arial, tamaño 12, sangría en primera línea. Títulos, citas y referencias bibliográficas
según normas APA séptima edición.
ITEM PUNTAJE
Criterios de evaluación 0.50
Síntesis de los textos 2 puntos
Guía de preguntas 1.50 puntos
Mapa conceptual 2 puntos
Actividad de evaluación 1 punto
Exposición oral 3 puntos
TOTAL: 10 (diez)
CALIFICACIÓN FINAL OBTENIDA:
(Explicitar numéricamente la calificación final)
Introducción
El propósito de este trabajo es que, en el camino de formación como psicólogos,
encontrarnos con la Terapia Dialéctico-Comportamental representa una oportunidad valiosa
para ampliar nuestra comprensión clínica. Más que incorporar un contenido específico para
la cursada, acercarse a la TDC implica explorar una forma de intervención que combina
técnica, sensibilidad y claridad, especialmente en contextos donde el sufrimiento emocional
se presenta de manera intensa y compleja. Este enfoque nos enseña a cómo sostener límites
sin perder humanidad, cómo acompañar a personas que viven emociones extremas sin caer
en la sobreimplicación ni en la distancia, y cómo intervenir con estructura cuando la crisis
amenaza con desbordar todo.
Cuando entramos en el modelo, descubrimos que la TDC no es solo un conjunto de
habilidades o módulos, sino una manera particular de mirar el sufrimiento emocional.
Nació escuchando a personas que se sentían fuera de control, atrapadas entre crisis
repentinas, impulsos difíciles de frenar, vínculos intensos y un vacío que parecía no llenarse
con nada. Frente a eso, la TDC propone algo profundamente humano, trabajar en la tensión
entre aceptar quién se es hoy y, al mismo tiempo, construir posibilidades reales de cambio.
Conocerla es importante porque hoy es uno de los tratamientos con mayor evidencia
para la desregulación emocional, las autolesiones, los intentos suicidas y las dificultades
relacionales severas. Estas problemáticas son cada vez más frecuentes en consultorios,
hospitales y dispositivos comunitarios, por lo que entender este enfoque permite intervenir
con rigor, sin improvisaciones y sin respuestas que terminen reforzando el malestar.
Por eso estudiar TDC durante la formación no es un detalle académico, es
entrenarse en una forma de acompañar a quienes viven emociones al límite, comprender la
lógica detrás de conductas que a simple vista parecen irracionales, y aprender a combinar
aceptación, cambio, validación y estrategia en un mismo movimiento clínico. En definitiva,
es adquirir una mirada más amplia y humana para la psicología que queremos ejercer.
Desarrollo
2-Síntesis:
La Terapia Dialéctico- Comportamental: Terapia Individual - Azucena
García-Palacios.
El texto de García Palacios (2006) presenta primero la visión dialéctica, base
diferenciadora de la TDC, entendida como una perspectiva que concibe la realidad como un
sistema interrelacionado, atravesado por fuerzas opuestas y en permanente cambio,
fundamento que organiza toda intervención al integrar simultáneamente aceptación y
cambio. Luego desarrolla el modelo biosocial del TLP, que explica la desregulación
emocional como resultado de la interacción entre vulnerabilidad biológica y ambientes
invalidantes, lo que genera dificultades persistentes para modular emociones y se expresa
en impulsividad, inestabilidad relacional y reactividad intensa.
La TDC es una terapia altamente estructurada, con tareas intercesión y un grado
fuerte de directividad al inicio. Su meta es que el paciente adquiera habilidades para regular
emociones y conductas, algo que se dificulta por las crisis frecuentes propias del TLP, por
lo que el modelo divide el tratamiento en dos ejes diferenciados, el entrenamiento grupal en
habilidades, donde se aprende el repertorio técnico, y la terapia individual, donde esas
habilidades se aplican y se trabaja sobre crisis, conductas problema y obstáculos del
proceso, manteniendo siempre un encuadre claramente separado.
El entrenamiento en habilidades es central y se realiza en formato grupal, lo que
permite un estilo más directivo sin que las crisis individuales interrumpan el trabajo y
favorece el aprendizaje mutuo, la observación de patrones interpersonales y el apoyo entre
pares. La coordinación entre los terapeutas del grupo y el terapeuta individual asegura
coherencia clínica. Este entrenamiento se organiza en cuatro módulos; habilidades básicas
de conciencia (mindfulness), efectividad interpersonal, regulación emocional y tolerancia al
malestar. Las habilidades básicas de conciencia introducen la práctica del mindfulness para
trabajar vacío, confusión del yo y desconexión interna, enseñando las habilidades “qué” y
“cómo” junto a la integración de mente racional, emocional y sabia. La efectividad
interpersonal se orienta a abordar las dificultades relacionales (miedo al abandono,
impulsividad en vínculos) y a entrenar conductas eficaces mediante role playing. La
regulación emocional busca disminuir la inestabilidad afectiva mediante validación,
identificación de emociones, reducción de vulnerabilidades, incremento de emociones
positivas y uso de estrategias como la acción opuesta. La tolerancia al malestar enseña a
atravesar crisis sin recurrir a conductas impulsivas mediante habilidades de supervivencia y
aceptación radical.
La terapia individual es el eje articulador del tratamiento. Antes de comenzar, el
terapeuta debe motivar al paciente y establecer un vínculo que no reproduzca experiencias
invalidantes. El trabajo clínico se sostiene en la integración entre aceptación y cambio. Los
objetivos se organizan de manera jerárquica. Primero, reducir conductas que ponen en
riesgo la vida; luego las que interfieren con el tratamiento; posteriormente las que afectan la
calidad de vida; y finalmente, fortalecer habilidades de regulación emocional. En cada
sesión se realiza un análisis funcional de las conductas de la semana para identificar
antecedentes y consecuencias y enseñar alternativas adaptativas. También se intervienen
patrones secundarios como vulnerabilidad emocional y auto-invalidación. El proceso suele
requerir un año o más y en etapas avanzadas se orienta a la construcción de una vida
significativa y estable.
El estilo terapéutico se distingue por combinar dialéctica, validación y resolución
activa de problemas. El terapeuta utiliza metáforas e intervenciones paradójicas para
flexibilizar el pensamiento del paciente, valida su experiencia dentro de su historia y
promueve alternativas conductuales más adaptativas, combinando calidez, empatía y una
irreverencia estratégica que desafía patrones rígidos sin invalidar.
La evidencia científica muestra de forma consistente que la TDC reduce
autolesiones, intentos suicidas, hospitalizaciones y visitas a urgencias, y mejora la
adherencia, comparada con tratamientos habituales o no conductuales. Con adaptaciones,
demostró eficacia en adolescentes con riesgo suicida, trastorno bipolar, trastornos
alimentarios, abuso de sustancias, adultos mayores deprimidos y adultos con síntomas de
TDAH. Aunque aún se requieren estudios comparativos a largo plazo, la TDC se consolida
como una intervención eficaz para la desregulación emocional y las conductas impulsivas.
Terapia Dialéctico Conductual Para El trastorno De Personalidad Límite-
Irene De La Vega y Sabrina Sánchez Quintero.
La Terapia Dialéctico-Comportamental (DBT/TDC), siguiendo a De La Vega-
Rodríguez y Sánchez (2013), es desarrollada por Marsha Linehan y se la considera uno de
los tratamientos con mayor respaldo empírico para el Trastorno Límite de la Personalidad
(TLP), caracterizado por inestabilidad emocional, impulsividad, autolesiones, relaciones
caóticas, vacío crónico y elevada reactividad afectiva. La DBT surge como una
intervención cognitivo-conductual ampliada que incorpora elementos dialécticos y de
aceptación para abordar la desregulación emocional, núcleo del trastorno.
La DBT parte del modelo biosocial, que explica el TLP como una disfunción en la
regulación emocional producto de la interacción entre vulnerabilidad biológica (emociones
intensas, rápida activación y lenta vuelta a la línea base) y un ambiente invalidante, que
castiga o responde de forma inconsistente a la expresión emocional y refuerza de modo
intermitente conductas extremas. Esta combinación produce la inestabilidad afectiva,
interpersonal, cognitiva y conductual que define el TLP. El programa de tratamiento busca
intervenir cinco áreas problemáticas, emocional, conductual, cognitiva, interpersonal e
identidad.
El tratamiento comprende tres fases; primero el pretratamiento que establece
relación terapéutica, metas, compromiso y límites claros (por ejemplo, asistir un año
renovable), lo que reduce abandonos, la fase 1, de un año, prioriza disminuir conductas
suicidas/parasuicidas, conductas que interfieren en la terapia, y aquellas que afectan la
calidad de vida; a la vez se entrenan habilidades de conciencia, regulación emocional,
tolerancia al malestar y eficacia interpersonal. Incluye terapia individual, grupo y consultas
telefónicas, la fase 2 que aborda el estrés postraumático, utilizando técnicas de exposición
de Foa y Rothbaum una vez que el paciente ya regula mejor sus emociones. También se
consolidan habilidades y se utilizan grupos de autoayuda; y la fase 3 que se orienta al
desarrollo personal, construir respeto propio y avanzar en metas vitales laborales,
académicas o familiares.
El entrenamiento grupal en habilidades trabaja cuatro módulos, mindfulness
(observar, describir y participar en el presente sin juicio), tolerancia al malestar (relajación,
distracción, pros y contras, mejorar el momento), regulación emocional (identificación de
emociones, modificación de hábitos que aumentan vulnerabilidad, actividades positivas), y
eficacia interpersonal (equilibrar deseos y obligaciones, resolver problemas y mejorar
relaciones). Las habilidades se practican en el grupo y se refuerzan en terapia individual.
Con respecto a la terapia individual, se expresa que es el modo central del
tratamiento y se guía por una jerarquía de metas; primero las conductas suicidas y
parasuicidas; segundo las conductas que interfieren con la terapia; tercero las conductas que
interfieren en la calidad de vida; y cuarto el aumento de habilidades. Esta organización
permite trabajar con pacientes que suelen cambiar de foco sesión a sesión.
La terapia individual se rige por principios, no por un manual. Las sesiones se
estructuran a partir del diario de registro, donde el paciente anota variables relevantes según
su jerarquía. Durante la sesión se revisan avances, se priorizan objetivos, se atienden
estados emocionales que interfieran, y se planifica continuidad (tareas, contacto telefónico,
próxima cita). También se cierran fases revisando logros y preparando transiciones.
Las estrategias de intervención de la DBT integran evaluación, cambio, aceptación
y dialéctica. El trabajo comienza con un análisis conductual detallado del problema
(contexto, pensamientos, emociones y consecuencias) para identificar su función. A partir
de allí, la solución de problemas guía el cambio mediante generación de alternativas,
instrucción y modelado de habilidades, anticipación de obstáculos y generalización al
ambiente natural. El manejo de contingencias implica reforzar conductas adaptativas,
extinguir las desadaptativas, aplicar contingencias aversivas limitadas y establecer límites
claros en el tratamiento. Como parte del abordaje emocional, se utilizan exposiciones
formales o informales para enfrentar emociones intensas bloqueando la evitación,
complementadas con estrategias cognitivas para identificar, cuestionar y modificar
pensamientos disfuncionales. La validación, núcleo de la aceptación, abarca desde mostrar
interés y reflejar emociones hasta explicar conductas según historia de aprendizaje,
reconocer su lógica contextual y transmitir explícitamente confianza en la capacidad de
cambio. El estilo comunicativo combina reciprocidad (calidez, flexibilidad, colaboración,
autorrevelaciones pertinentes) con irreverencia estratégica (respuestas inesperadas que
rompen patrones rígidos cuando es clínicamente necesario). Finalmente, las estrategias
dialécticas ayudan a integrar opuestos (especialmente aceptación y cambio) destacando
contradicciones mediante técnicas como el abogado del diablo y el uso de metáforas,
promoviendo un pensamiento más flexible y una identidad menos rígida.
Además, numerosos estudios controlados muestran que la DBT reduce
hospitalizaciones, urgencias, intentos de suicidio y abandonos, incluyendo pacientes con
comorbilidad por abuso de sustancias. Comparaciones con tratamientos realizados por
terapeutas expertos indican que la eficacia no se debe solo a factores inespecíficos, sino a
componentes propios del modelo. También ha mostrado eficacia en formatos hospitalarios.
Por otro lado, la DBT se ha adaptado a trastorno por atracón, adolescentes con rasgos límite
y sus familias, depresión en adultos mayores y reducción de agresión en violencia
doméstica, manteniendo como eje común el tratamiento de la desregulación emocional.
3- Guía de preguntas:
Texto: La Terapia Dialéctico- Comportamental: Terapia Individual - Azucena
García-Palacios.
1. ¿Qué necesidades clínicas llevaron a Marsha Linehan y su equipo a
desarrollar la Terapia Dialéctico-Conductual para el Trastorno Límite de la Personalidad?
2. ¿Qué elementos de la terapia cognitivo-conductual tradicional se
consideraron insuficientes para abordar el TLP y motivaron el desarrollo de la DBT?
3. ¿Cuál fue el rol de Marsha Linehan en la creación y validación de la DBT y
qué aportes principales estableció en sus manuales de 1993?
4. ¿Qué otros autores o equipos de investigación han contribuido a la
expansión, adaptación o investigación de la DBT en distintos países?
5. ¿Cómo define Linehan el modelo biosocial del TLP y de qué manera explica
la interacción entre vulnerabilidad emocional y ambiente invalidante?
6. ¿Qué papel juegan los dos ejes centrales de la DBT (aceptación/validación y
cambio/solución de problemas) en la estructura del tratamiento?
7. ¿Cómo se organiza la jerarquía de objetivos en la terapia individual de DBT
y por qué es fundamental para el tratamiento del TLP?
8. ¿Qué función cumplen los distintos modos de intervención (terapia
individual, grupal, consultas telefónicas) dentro del programa global?
9. ¿Qué resultados muestran los estudios controlados sobre la DBT en
comparación con el tratamiento habitual en pacientes con TLP, especialmente en relación
con intentos de suicidio y uso de servicios psiquiátricos?
10. ¿En qué otras poblaciones clínicas se ha demostrado el uso efectivo de DBT
más allá del TLP, y qué fundamenta estas adaptaciones?
Texto: Terapia Dialéctico Conductual Para El Trastorno De Personalidad
Límite- Irene De La Vega y Sabrina Sánchez Quintero.
1) ¿Para qué fue creada la Terapia Dialéctico Conductual (TDC) y qué problemática
buscaba resolver?
2) ¿Qué significa que la TDC pertenezca a las “terceras generaciones” de terapias
psicológicas?
3) ¿Quién desarrolló la TDC y qué aportó su equipo de investigación?
4) ¿Qué otros autores mencionados profundizan aspectos clave del modelo?
5) ¿Qué es el modelo biosocial del TLP y por qué es central en la TDC?
6) ¿Qué significa la “visión dialéctica” en la TDC y cómo impacta en la relación
terapéutica?
7) ¿Cómo se organiza el tratamiento en la TDC y qué función cumple cada
componente?
8) ¿Qué habilidades se entrenan y cómo se aplican en situaciones reales?
(Explicación con ejemplos claros)
9) ¿Qué demostraron los estudios iniciales y posteriores sobre la eficacia de la
TDC?
10) ¿En qué otras poblaciones se han mostrado efectiva la TDC y qué limita la
evidencia?
4- Mapa conceptual:
Conclusión
En síntesis, el estudio de la Terapia Dialéctico-Comportamental implica reconocer
algo que trasciende lo técnico, que detrás de cada conducta que nos desconcierta hay una
historia de dolor, de invalidación y de esfuerzos fallidos para sobrevivir. La TDC nos
muestra que el cambio no ocurre cuando alguien “deja de ser así”, sino cuando encuentra
un espacio donde su experiencia puede ser validada sin quedar atrapada en ella. Ese
equilibrio, esa dialéctica entre aceptar y transformar, no solo es el corazón del tratamiento,
sino también una forma ética de estar frente al sufrimiento de otro.
Para nosotros como futuros psicólogos, la profundidad de este enfoque no está
solamente en sus módulos, sus jerarquías o sus estrategias conductuales, sino en el tipo de
presencia que exige. Una presencia firme, cálida, creativa, capaz de sostener crisis sin
romperse y de marcar límites sin dejar de cuidar. La TDC nos invita a pensar a la clínica no
como un lugar donde “se corrige” al paciente, sino como un espacio donde se co-construye
una vida más habitable, donde cada sesión abre la posibilidad de salir del círculo de la
impulsividad, el vacío y la autodestrucción.
Estudiarla nos deja una enseñanza esencial, que acompañar a alguien en su
desregulación emocional implica trabajar también con nuestras propias tensiones, reconocer
nuestras contradicciones y cultivar una mirada que integre complejidad en lugar de
reducirla. En este sentido, la TDC no solo amplía nuestra caja de herramientas como
futuros psicólogos, sino que profundiza nuestra humanidad. Nos recuerda que incluso en las
vidas más caóticas hay un punto desde el cual empezar a reconstruir, y que el trabajo
terapéutico cuando es sostenido con claridad, sensibilidad y honestidad puede ser una
verdadera vía hacia una existencia más digna, más libre y más significativa.
Referencias Bibliográficas
De La Vega- Rodríguez, I. y Sánchez Quintero, S. (2013). “Terapia dialéctico
conductual para el trastorno de personalidad límite”. [Dialectical behavioral therapy in
borderline personality disorder]. Acción psicológica, 10(1), 45-56.
García Palacios, A. (2006). “La terapia dialéctico-comportamental: Terapia
Individual”. Universitat Jaume I, Castellón (España). Psicología Conductual, Vol. 14, Nº 3,
2006, pp. 453-466.