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El relato sigue la vida de Azul, quien desde su gestación experimenta una conexión profunda con su madre, Clara, y enfrenta la dura realidad de la violencia doméstica y la adicción. Tras la muerte de su madre, Azul lucha con la culpa y la ansiedad, sintiéndose atrapada en un doloroso abismo emocional. A lo largo de su historia, busca sanar y reconectar con su entorno, enfrentando sus traumas y el recuerdo de su madre.

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El relato sigue la vida de Azul, quien desde su gestación experimenta una conexión profunda con su madre, Clara, y enfrenta la dura realidad de la violencia doméstica y la adicción. Tras la muerte de su madre, Azul lucha con la culpa y la ansiedad, sintiéndose atrapada en un doloroso abismo emocional. A lo largo de su historia, busca sanar y reconectar con su entorno, enfrentando sus traumas y el recuerdo de su madre.

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Dentro la inmensa oscuridad me encontraba yo, un feto de unos


siete meses que crecía lentamente sin saber que le depararía el
mundo cruel e injusto, un ser inocente llegaría a este mundo en
poco tiempo. Mientras permanecía en la oscuridad del vientre
de mi madre podía escuchar ruidos provenientes fuera de la
tranquilidad en la que me encontraba, sentí como el vientre de
mi madre estaba en un intenso movimiento.
Llego un punto en donde no sentía movimiento alguno, estaba
todo tan calmado, hasta que, de un instante para otro, sentí
como mi madre se desplazaba de un lugar a otro, después de un
rato, sentí menos movimiento que antes y la dulce voz de mi
madre, era lo mejor que podía escuchar.
Rápidos dos meses avanzaron a sus anchas, durante ese tiempo
sentí mucha tranquilidad, ya no sentía los movimientos bruscos,
y la mayoría del tiempo escuchaba la voz de mi madre cantando
o hablándome, llego un momento en el que sabía que debía ir al
mundo exterior, el abdomen de mi madre contrayéndose me
obligaba a salir de mi habitual tranquilidad, y así llegue al
mundo, sin pedirlo o quererlo. Al salir un hombre de apariencia
amigable me alzo en sus brazos y me llevo hasta el calor de mi
madre, ver su rostro fue lo mejor en este mundo, sentir su
aroma y su pecho me tranquilizo demasiado.
Cuando cumplí un año de vida vi el rostro de un hombre que
nunca en mi corta vida había visto, mi primera reacción al verlo
fue llorar ya que su rostro emanaba un gesto de amargura y
tristeza me sentía muy mal estando cerca de este, vi como este
se acercaba a mí y a mi madre, él intento alzarme mas no pudo
porque yo no se lo permití el hombre me abrazó y se fue, pude
notar la clara incomodidad que mi madre sentía en ese
momento, después de que aquel hombre se subiera a su auto y
se fuera, ya no supimos nada mas de él o eso creíamos.
Viví unos tres años con mi madre, Clara, en Londres. Ella me
llamó, Azul, supe que me llamaba así a los dos años de edad, mi
madre siempre se dirigía a mí con la misma palabra, “Azul”,
aun no sé, porque ella me llamo así, pero lo amaba, en realidad
amaba mi nombre y me sentía agradecida por tenerlo.

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En junio del 2018 yo y mi madre abandonamos Londres y nos
mudamos a Corea, la tierra natal de mi madre, ella me conto
mucho sobre su niñez aquí en Daegu. Este lugar era muy
bonito pase muchos momentos felices con mi madre, siempre
mi madre me decía que nunca se alejaría de mí y no lo hizo.
Cuando el primer copo de nieve toco mi nariz supe que el
invierno que tanto había anhelado, ya había llegado; bajo la
nieve que caía sobre mí, me sentía en un sueño, de un momento
a otro me transporté a un valle lleno de flores cubiertos de
nieve, en él podía sentir una paz indescriptible. Los gritos
desesperados de mi madre me sacaron de mi trance, pude
divisar a lo lejos una silueta que se acercaba a mí.
—Hola, pequeña—dijo aquel señor. Después me tomo de la
mano e intento llevarme con él, mi madre venia corriendo hacia
nosotros, intento detener a aquel señor, pero este la empujó,
haciendo que cayera y quedara adolorida en el suelo, desde los
brazos del señor podía ver como mi madre gritaba a lo lejos que
iría por mí y que no la olvidase y nunca lo hice, hasta el día de
hoy la recuerdo profundamente. Hoy, cumplo trece años de
vida, mi padre muy por la mañana entro a mi cuarto con un
pastel de frutillas, él sabía que eran mis favoritas, durante el
tiempo que viví con él, supe que era mi padre y con el pasar del
tiempo lo perdone, ya que mi madre me había llevado con ella a
Daegu si siquiera decírselo a mi padre, pero también pienso
que ella tenía sus razones debido a que él maltrataba física,
psicológicamente a mi madre y bueno, yo no lo pude ver pero
ella lo me lo contaba, me contó que una vez mi padre había
empujado a mi padre a mitad de las escaleras, casi moría ella y
yo, pero después de cada acto de agresión, él siempre
regresaba a ella pidiéndole perdón, y no se cansaba de hacerlo,
pues mi madre quien lo amaba mucho muy a pesar de todo el
daño que le hubiese hecho, siempre lo perdonaba sin importar
que tan grave fuese el daño, pero ahora que me doy cuenta
pienso que mi madre sufría un dependencia emocional hacia él
y no solo ella si no que era mutuo ambos tenían esa
dependencia, y ni siquiera se dieron cuenta, un día mi madre
conoció a una mujer la cual también era maltratada por su
pareja tuvo ese punto de confianza con mi madre que le conto
sobre aquello, mi madre poco se fue cansando de todo lo que
hacía mi padre, lo que hiso ella fue algo desesperado, pero fue
su mejor opción, y me llevo con ella a Daegu.

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Ese mismo día mi padre me llevó a la tumba de mi madre, mi
madre había fallecido por una sobredosis de drogas, ella se
había vuelto adicta medio año después de que mi padre me
llevase con él a Seúl.
—¿Segura que estas bien, querida?, si quieres podemos irnos si
así lo deseas—preguntó Sehun.
—Sí, estoy bien padre no te preocupes.
—Querida siempre me preocupo por ti, eres lo más preciado
que tengo esta vida—insistió.
Azul asintió con la cabeza, y perdió su mirada en dirección a la
tumba de su madre ella se sentía muy triste y constantemente
pensaba si su madre no hubiese echo eso si su padre nunca la
hubiera alejado de ella, constantemente sentía que ella tenia la
culpa de que su madre haya muerto. El mayor tiempo se sentía
ansiosa y temía que algo malo le pasase a ella o a su padre, era
un claro síntoma de una ansiedad grave, pero ella nunca
comentó que se sentía así a su padre, no quería que su padre se
preocupara innecesariamente, ella realmente creía que no era
importante y cada que su padre se preocupaba por ella lo
tomaba como una exageración.

Al enterarme de su muerte, sentí como el mundo se caía a


pedazos, en el mismo momento que mi padre me anuncio su
muerte, le pedí encarecidamente que se retirase y me dejara
sola, vi pasar todos los momentos felices, malos, tristes, que
pase con mi madre, en frente de mis ojos, pude sentir como mis
ojos de humedecían y me iba perdiendo en el abismo oscuro,
iba cayendo en un pozo sin fondo oscuro, con los recuerdos,
que parecían ser vidrios que me cortaban el cuerpo, sin darme
cuenta me había lastimado, vi como la sangre manchaba mis
piernas, no había sentido dolor alguno, el dolor más grande en
ese momento era la maldita noticia que desearía nunca a ver
oído, pase semanas, meses, sin hablar, me la pasaba en mi
habitación llorando y lastimándome, mi padre intento buscar

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ayuda, pero yo no quería que me ayudasen, tan solo quería vivir
así, creía que ese dolor era lo único que podía experimentar en
la vida, sentía que de un momento a otro ese pozo sin fondo se
convertía en un mar de sangre y en él me ahogaba, y yo no
hacía ni el mínimo esfuerzo por salir, por vivir, mi vida hasta
ese punto ya no tenía sentido, pero una mano delicada me tomo
y me ayudo a salir, al salir de ese mar la vi a ella, vi a una mujer
realmente hermosa.
—¿Pequeña que haces aquí?
—Yo…yo no lo sé—mirada triste.
—Debes de estar muy mal para estar aquí, ven vamos, sígueme.
Tomé su mano y nos fuimos alejando de a poco de aquel mar
rojo, llegamos a un valle de flores en el cual cada pequeño rose
de las flores iban curando mis heridas, con su dulce voz me iba,
guiando a la salida.
—¿Hola?... ¿Estas ahí?—quiso saber, pero su voz se iba
distorsionando, el ambiente iba cambiando y el valle se
convirtió en un bosque de tinieblas. Me desperté en seguida,
tenía la respiración agitada y mi padre estaba con una mirada
preocupada.
—¿Estas bien, querida?—preguntó asustado. Lo abracé y le dije
que estaba bien, pero no era así, no estaba bien, yo realmente
no me sentía bien.

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Después de un tiempo logré salir de mis cuatro paredes, le dije
a mi padre que volvería al colegio.
—¿En verdad quieres regresar al colegio?—me preguntó él.
—¡Así es papá!, quiero regresar, quiero sanar—dije
entusiasmada. Pero realmente lo hacía porque no quería ver a
mi padre, así como estaba.
Al día siguiente fui al colegio, cuando me dirigía al salón de
clases logré divisar como unos niños mayores acechaban a una
niña de mi curso.
—¡Ey, dejadla tranquila!—dije a lo lejos.

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—¿Y quién eres tú? Para decirnos que debemos hacer.
——No hay necesidad de ser alguien para decirles que lo que
están haciendo está muy mal.
Uno de ellos se acercó a mí con notables intenciones de
golpearme. —¿Pero cómo te atreves a hablarle así a nuestro
jefe, niña tonta?—refutó muy amargo. Pero fue interrumpido
por otro chico que lo detuvo e hizo que todos se vayan, yéndose
él con ellos con un gesto de desagrado.
Levante a la chica que se encontraba tendida en el suelo. —
¡Hola! Me llamo Azul—me presenté.
—¿Te encuentras bien?
—¡Sí!, me encuentro bien, gracias por venir a ayudarme, mi
nombre es Suni, un gusto—dijo ella muy alegre.
—¿Tienes algún problema con ellos?
—Realmente no, ellos son los matones del colegio así que no te
sorprendas cuando actúen de forma muy agresiva con los
demás alumnos.
—¿Qué querían de ti?, puedes decírmelo si así lo deseas.
—Sí, no hay problema. Hace un tiempo ellos me prestaron
dinero, ese dinero era para comprar las medicinas de mi madre
puesto a que en ese momento no tenía dinero suficiente para
hacerlo, así que mi opción mas desesperada fue pedirles el
dinero a ellos.
—¿Su opción más desesperada?, ¿así se habrá sentido mi madre
cuando se fue de casa?—pensó ella.
—¿Estas bien?
—¡Sí!, solo pensaba algo, nada importante.
—¿Te parece si nos vamos al salón? Sino llegaremos tarde.
—¡Sí!, ve yendo ahora te alcanzo
—¡Vale, no demores!, te estaré esperando.
Vi como Suni se iba alejando poco a poco y yo me perdía en mis
pensamientos, miré al cielo. —Mamá, ¿Por qué nunca me
buscaste?, ¿A caso te olvidaste de mí?; ¡Yo nunca te olvide!,
pero aparentemente tú sí lo hiciste, te olvidaste de mí. De mi

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existencia. Me eche a llorar bajo la lluvia y a lo lejos escuche la
voz de Suni que poco a poco se iba acercando.
—¡Azul!—gritó a lo lejos. ¿¡Azul!?, ¿¡Azul!?, ¿Por qué lloras
querida?
—¿Por qué no me buscó?, ¿acaso me mintió?—sollozó la pobre
chica que yacía arrodillada en el suelo.
—Me estas asustando Azul, ¿Qué esta pasando?, ¿Alguien te
lastimó?...

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