SALIVA-INMUNIDAD
La saliva es un fluido oral fundamental para la preservación y el mantenimiento de la
salud bucal. Se ha vuelto útil como medida de muestreo sistémico no invasivo para el
diagnóstico y la investigación. En consecuencia, es necesario que los odontólogos tengan
una buena base de conocimientos sobre la función salival.
Protección
La saliva lubrica y protege los tejidos bucales, actuando como una barrera contra los
irritantes.
Las mucinas desempeñan una función antibacteriana al modular selectivamente la
adhesión de microorganismos a las superficies del tejido bucal, lo que contribuye al
control de la colonización bacteriana y fúngica.
Actividad antibacteriana
Las glándulas salivales son glándulas exocrinas y, como tales, secretan líquido que
contiene agentes inmunológicos específicos e inmunológicos no específicos para la
protección de los dientes y las superficies mucosas.
El contenido salival antibacteriano inmunológico específico e inmunológico no
especifico proviene de dos fuentes diferentes (a saber, células plasmáticas y ductales) con
diferentes respuestas a la estimulación y diferentes niveles de contenido.
El contenido inmunológico específico de la saliva incluye IgA, IgG e IgM
La IgA secretora, el mayor componente inmunológico de la saliva, es una
inmunoglobulina producida por células plasmáticas en los tejidos conectivos y
translocada a través de las células de los conductos de las glándulas salivales mayores y
menores. IgA, si bien es activa en las superficies mucosas, también actúa para neutralizar
virus, sirve como anticuerpo contra antígenos bacterianos y actúa para agregar o agrupar
bacterias, inhibiendo así la unión bacteriana a los tejidos del huésped.
Otras inmunoglobulinas presentes en la saliva se encuentran en cantidades bajas y
probablemente provienen del fluido crevicular gingival.
El contenido salival inmunológico no específico: proteínas, mucinas, péptidos y enzimas
Los contenidos salivales antibacterianos no inmunológicos, como proteínas, mucinas,
péptidos y enzimas (lactoferrina, lisozima y peroxidasa), todos productos de las células
de las glándulas acinares, ayudan a proteger los dientes contra agresiones físicas,
químicas y microbianas.
La MG2, mucina de bajo peso molecular y el complejo IgA, se unen a los patógenos de
la mucosa con mayor afinidad que la MG2 o la IgA solas.
La lactoferrina, producida en las células ductales intercaladas, se une al hierro férrico de
la saliva. Este proceso hace que el hierro férrico no esté disponible como fuente de
alimento para los microbios, como los estreptococos cariogénicos, que necesitan hierro
para seguir siendo viables. Este proceso de privar a las bacterias de nutrientes vitales se
llama inmunidad nutricional. La lactoferrina exhibe otro efecto antimicrobiano no
relacionado con su capacidad de unión al hierro a través de la sensibilidad de
Streptococcus mutans a la lactoferrina.
Las lisozimas, derivadas de las células basales de los conductos estriados de las glándulas
parótidas, dividen las paredes celulares bacterianas, lo que lleva a la destrucción e
inhibición del crecimiento bacteriano. Además, las lisozimas promueven la eliminación
de bacterias mediante agregación. El líquido crevicular gingival también aporta lisozimas
del plasma.
La peroxidasa, también conocida como sialoperoxidasa o lactoperoxidasa, cataliza los
subproductos metabólicos bacterianos con tiocianato, que es altamente tóxico para los
sistemas bacterianos. Secretada por las células acinares, la peroxidasa protege además la
mucosa de los fuertes efectos oxidantes del peróxido de hidrógeno producido por las
bacterias orales.
Las cistatinas, una familia de proteínas que contienen cisteína, tienen un papel menor en
la regulación del calcio salival. Pero la acción principal de las cistatinas puede ser la de
inhibir la cisteína-proteinasa implicada en la patogénesis de enfermedad periodontal.
Finalmente, proteínas como las glicoproteínas, estaterinas, aglutininas, proteínas ricas en
histadina y proteínas ricas en prolina actúan para agregar bacterias.
Este proceso de “aglomeración”, reduce la capacidad de las bacterias para adherirse a las
superficies intraorales de tejidos duros o blandos y, por lo tanto, controla la colonización
bacteriana, fúngica y viral.
En conjunto, el contenido de proteína aumenta proporcionalmente al aumentar el caudal.
Pero las concentraciones de proteínas salivales, al igual que otros componentes de la
saliva, también pueden estar sujetas a variaciones circadianas y verse afectadas por el
estrés, la inflamación, las infecciones y los cambios hormonales.
Además, el contenido de proteínas varía entre personas, exhibe diferentes fenotipos
polimórficos y puede exhibir diferencias entre cepas y especies en las interacciones entre
proteínas y microbios.
Es una paradoja que, aunque la saliva tiene numerosas funciones antibacterianas, también
favorece el crecimiento bacteriano selectivo de la microflora no cariogénica. Los niveles
de glucosa en la saliva son demasiado bajos para explicar este fenómeno. Así como el
contenido de la saliva varía en diferentes partes de la boca, también varía la composición
de la película formada en diferentes partes de la boca. Esto puede ser importante en el
establecimiento de bacterias y patrones de enfermedades relacionadas con los dientes de
un área de la boca a otra.
Conclusiones
El concepto de actividad antibacteriana de la saliva resalta el valor clínico de estimular la
saliva natural, especialmente en pacientes con función disminuida. Los sustitutos de la
saliva son extremadamente importantes para la lubricación y útiles para el aclaramiento
bucal y la integridad de los dientes, pero ofrecen poco que pueda compararse con la
protección brindada por los componentes salivales naturales. Debido a que los
componentes de la saliva se consideran multifuncionales (es decir, que tienen propiedades
antibacterianas compensatorias "incorporadas"), dependiendo del ambiente intraoral o de
la molécula, el desarrollo de una saliva artificial eficaz es una tarea difícil.
Bibliografía consultada
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