Actividad 2
¿Qué aporta la Constitución de 1978 al feminismo?
En general, se buscaba que las mujeres adoptaran derechos y obligaciones sin distinción de
género, de modo que pudieran alcanzar sus aspiraciones de carácter universal. La esperanza
era que mujeres y hombres fueran tratados como iguales, sino se vería ralentizada la
sociedad, y el objetivo era llevarla hacia el progres ajena al género.
Por un lado, permitió que los diferentes actores políticos establecieran una distinción
compartida entre el régimen anterior y el nuevo, al tiempo que reafirmaban su carácter
«moderno» y democrático frente al franquismo.
En el debate constitucional, las mujeres y los temas que las involucran quedaron casi
totalmente invisibles debido al discurso universalista, sin que fuera necesario ofrecer
justificaciones. Esta universalidad genérica también propició que lo masculino se
identificara de manera implícita con lo universal. Así, dentro de este discurso igualitario
abstracto, se asumió sin cuestionamiento que la Constitución fuera elaborada por hombres.
En ese lenguaje supuestamente imparcial de igualdad de género, no se consideraba
importante que solo los hombres redactaran las leyes "universales" que debían ser aplicadas
a toda la población.
El tono fue establecido desde el principio, cuando la comisión que tenía la responsabilidad
de redactar la Constitución, que estaba compuesta solo por hombres, fue presentada en una
publicación de *Cambio 16* como los "siete padres responsables". Después, cuando el
borrador llegó a las Cortes, una comisión parlamentaria de treinta y seis miembros, que *El
País* también llamó «los padres de la Constitución», hizo una revisión inicial.
Además, la falta de participación de mujeres durante todo el proceso de construcción y
discusión constitucional no causó inquietud en el espacio público. En realidad, solo una
mujer, María Teresa Revilla López, que era parte del partido centrista en el gobierno
(UCD), participó en la comisión redactora. Ella intervino cinco veces y sus contribuciones
se enfocaron sobre todo en asuntos técnicos de importancia reducida.
Hasta ahora, la responsabilidad de cuidar a las personas dependientes ha sido en gran
medida de las familias, y especialmente de las mujeres, lo que se conoce como "apoyo
informal". No obstante, la evolución del modelo de familia y el creciente ingreso de las
mujeres en el campo laboral están incorporando nuevos factores que exigen revisar el
sistema tradicional de atención para asegurar una cobertura apropiada de cuidados para
aquellos que los necesitan.
Indudablemente, la elaboración de este marco normativo ayudará a lograr una mayor
equidad, lo que facilitará alcanzar una igualdad efectiva y real entre hombres y mujeres.
Igualmente, posibilitará erradicar cualquier tipo de discriminación contra la mujer y
cumplir así.
En la época del franquismo, las mujeres fueron testigos de cómo se fortalecía un modelo
patriarcal que se había vuelto más rígido y que ya existía antes de la Segunda República. Su
rol fue delimitado de acuerdo con lo que se pensaba que era su naturaleza, enfocándose en
ser madre y esposa, además de simbolizar los valores católicos impulsados por el régimen.
En este contexto, se les volvió a marginar del espacio público y, en el privado, continuaron
bajo la autoridad masculina; no lograron una autonomía genuina ni siquiera en el entorno
que se creía propio.
La Constitución Española de 1978 reflejó un cambio trascendental para el marco jurídico y
social del país, porque estableció una base legal clara para la igualdad entre mujeres y
hombres.
1. Principio de igualdad formal
El artículo 14 de la igualdad formal y la no discriminación: “Los españoles son
iguales ante la ley, sin que pueda prevalecer discriminación alguna por razón de
nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición o circunstancia
personal o social” (9).
La ley introduce la prohibición explícita de discriminación por sexo, y como base
para el resto de las leyes.
2. Igualdad material
El artículo 9.2 obliga a los poderes públicos promover condiciones para que la
igualdad sea real o efectiva, lo que puede legitimar políticas públicas con cuotas,
medidas contra violencia de género, conciliación, etc: “2. Corresponde a los poderes
públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y
de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que
impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos
en la vida política, económica, cultural y social” (4).
“Según el TC la inclusión en el art. 14 CE del sexo como posible causa de
discriminación se entiende “como la decisión constitucional de acabar con una
histórica situación de inferioridad atribuida a la mujer” (STC 128/1987, caso
guarderías). Esta concepción ha supuesto, en primer lugar, eliminar aquellas normas
protectoras de la mujer que venían siendo en sí mismas obstáculos para que la mujer
pudiera acceder a todos los ámbitos sociales y profesionales; en segundo lugar,
elaborar normas y políticas públicas favorables a la incorporación de la mujer en
todos los ámbitos sociales, preferentemente, en el mundo laboral” (Queralt).
A este respecto, resulta preciso distinguir entre:
Discriminación directa: que se produce cuando la diferencia de trato se
vincula expresamente al sexo. El Tribunal Constitucional ha considerado
discriminación directa el trato desfavorable dado a la mujer como
consecuencia de una condición únicamente femenina, como por ejemplo,
tratar de forma desfavorable el embarazo.
Discriminación indirecta: en estos casos el trato desfavorable no aparece
inmediatamente vinculado al sexo, pero en la práctica supone poner a la
mujer en una posición desfavorable; como por ejemplo, que a efectos
retributivos, se considere de menor valor aquel tipo de trabajo que es
realizado por mujeres en forma casi totalmente exclusiva. Sirva como
ejemplo la practica habitual de ofrecer una remuneración mayor a tareas
realizadas por hombres, como las de vigilancia y seguridad, que las
consideradas tradicionalmente femeninas, limpieza, aun cuando la duración,
esfuerzo y atención de esas tareas fueran equivalentes.
3. Derechos fundamentales
3.1 Artículo 15. Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin
que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos
inhumanos o degradantes. Queda abolida la pena de muerte, salvo lo que
puedan disponer las leyes penales militares para tiempos de guerra.
Este coadyuda para tener una base para legislar contra la violencia de género.
3.2 Artículo 32. 1. El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con
plena igualdad jurídica. 2. La ley regulará las formas de matrimonio, la edad y
capacidad para contraerlo, los derechos y deberes de los cónyuges, las causas de
separación y disolución y sus efectos.
3.3 Artículo 35. 1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al
trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del
trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de
su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de
sexo. 2. La ley regulará un estatuto de los trabajadores.
3.4 Artículo 23. 1. Los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos
públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en
elecciones periódicas por sufragio universal. 2. Asimismo, tienen derecho a
acceder en condiciones de igualdad a las funciones y cargos públicos, con los
requisitos que señalen las leyes.
Este beneficia y promueve la presencia de mujeres en la vida pública.
Estos dos últimos buscan una serie de derechos que se aplicaban a ambos sexos, incluyendo
el derecho a la propiedad, la privacidad, al trabajo, a poder acudir a la justicia, y otros
derechos no reconocidos con anterioridad a las mujeres .
4. Ley
¿Qué respuesta da el Derecho a la reivindicación feminista?
Se podría decir que responde en tres niveles del derecho: legisaltivo, judicial y
reivindicativo.
1. Ley Orgánica 10/2022, de 6 de septiembre, de garantía integral de la libertad
sexual
(conocida como la Ley del sólo sí es sí.
Según el estudio de Mara Diz sobre el tema:
“Introduce modificaciones en el Código Penal Español para mejorar la protección de
las víctimas de agresiones sexuales y garantizar una respuesta más eficaz por parte de
las autoridades judiciales.
Entre otras medidas, la ley redefine el consentimiento sexual, establece la
necesidad de obtener un consentimiento expreso y elimina la distinción entre abuso y
agresión sexual, entre otras disposiciones destinadas a fortalecer la protección de las
mujeres frente a la violencia de género.
Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la
Violencia de Género: esta ley, aprobada en 2004, estableció medidas integrales para
prevenir, sancionar y erradicar la violencia de género en todas sus formas, así como
para proteger y asistir a las víctimas.
Ley Orgánica 3/2007, de 22 de marzo, para la igualdad efectiva de mujeres y
hombres: esta ley tiene como objetivo promover la igualdad real y efectiva entre
mujeres y hombres en todos los ámbitos de la vida, incluyendo el ámbito laboral, la
educación y la participación política.
Ley Orgánica 2/2010, de 3 de marzo, de salud sexual y reproductiva y de la
interrupción voluntaria del embarazo: esta ley despenalizó el aborto en
determinadas circunstancias y garantizó el acceso de las mujeres a servicios de salud
reproductiva seguros y de calidad. Avances en el ámbito laboral: se han implementado
medidas para reducir la brecha salarial de género, promover la conciliación de la vida
laboral y familiar, y combatir la discriminación laboral por razón de género” (11).
Según Areglia Queralt, profedora aggregada de Derecho Constitucional en la UB, la
constitución aborda también esto:
La ley 39/2006, de 14 de diciembre, de Promoción de la Autonomía Personal y
Atención a las personas en situación de dependencia que suponía, al menos sobre el
papel, el reconocimiento de las actividades de cuidado de familiares, que
muy mayoritariamente llevan a cabo mujeres.
En 1981 se aprobaba la ley del divorcio en España, después de que en la dictadura se
aboliera la primera ley del divorcio aprobada en 1932 por las cortes de la segunda república
española.
Actualmente, lo que observo también es que “las mujeres han conquistado sus espacios en
la política nacional, siendo una de las pioneras en el Gobierno Soledad Becerril, ministra de
Cultura en 1981 y primera mujer en conseguir una cartera ministerial. A ella le han seguido
otras muchas, hasta llegar al hito actual: el Gobierno recientemente formado por Pedro
Sánchez con el PSOE cuenta entre sus filas con más ministras que ministros, con un total
de once. También algunas Comunidades Autónomas como Madrid, Andalucía, Baleares,
Castilla La Mancha, Murcia o Navarra están o han estado presididas por mujeres y, en la
actualidad, algunas de las grandes ciudades españolas como Barcelona o Madrid están
regidas por alcaldesas” (Ortega, s.f.).
Referencias
Álvarez Rodríguez, I. (2020). Constitución y Feminismo: una reflexión
impertinente. Revista general de derecho constitucional, 32.
Cuenca Gómez, P. (2008). Mujer y Constitución: Los derechos de la mujer antes y después
de la Constitución Española de 1978. Universitas. Revista de Filosofía, Derecho y
Política, (8), 73–103.
Diz González, M. (s. f.). Del silencio al escenario: La mujer y la Constitución de 1978, un
viaje inconcluso. Análisis de los cambios propiciados y los retos pendientes en la
realidad jurídica y social.
Martín Barranco, M. S. (2014, diciembre 6). La Constitución Española de 1978 y los
derechos de las mujeres. Especialista en igualdad.
[Link]
[Link]
Moraga García, M. Á. (s. f.). La igualdad entre mujeres y hombres en la Constitución
Española de 1978. Universidad de Alicante.
Ortega, E. (s. f.). Constitución y mujer: 40 años de progreso. Carta España, Ministerio de
Inclusión, Seguridad Social y Migraciones.
[Link]
progreso
Queralt, A. (2019, enero 17). Una constitución sin visión de género. Observatorio de
Derecho Público. [Link]
Radcliff, P. (2012). El debate sobre el género en la Constitución de 1978: Orígenes y
consecuencias del nuevo consenso sobre la igualdad. Ayer, 88(4), 195–225.