PENSAMIENTO DE ROUSSEAU
VIDA (1712-1778)
Nació en Ginebra. Huérfano de madre, pronto comenzó una vida de peregrinaje por distintas ciudades ejerciendo distintos trabajos. Su
interés musical le llevó a París, donde contactó con los enciclopedistas. En 1743 se unió sentimentalmente a Therese Levasseur con
quien tuvo cinco hijos a los que fue confinando en orfanatos. A partir de 1750 su fama se extendió por Europa a través de sus distintas
obras siendo estas prohibidas en diferentes países. Comenzó asimismo un periodo de desequilibrio psicológico y manías persecutorias
que le llevaron a romper algunas amistades como la de Hume. Murió en Francia en 1778. OBRAS MÁS IMPORTANTES: Discurso
sobre la desigualdad; El Contrato Social; Emilio o de la educación.
EL PROBLEMA DEL SER HUMANO
Según Rousseau hay una diferencia fundamental entre el hombre natural y el hombre social. El
hombre natural es aquel que vive en el estado de naturaleza, una época histórica hipotética que
permite a Rousseau desarrollar la idea del mito del buen salvaje. El hombre en estado de
naturaleza, antes de convivir en sociedad, era bueno y feliz, independiente en relación a los otros
hombres y con un egoísmo no negativo. El buen salvaje tenía, así, un sano amor hacia sí que
no implicaba buscar el mal de los otros hacia los que sentía compasión. En este estado natural, el
hombre mantenía sentimientos puros, no coartados o envenenados por el prejuicio social, y una
relación directa con la naturaleza.
Este estado natural de cómo sería el ser humano en sus hipotéticos orígenes se enfrenta al
hombre social, aquel que vive en un estado de sociedad o estado cultural. En este estado
social, que sí que es real frente al natural, el hombre no es un ser feliz y bueno, sino que está
llevado por un egoísmo malsano por el cual busca su propio interés en detrimento de los otros
seres humanos. Así, la cultura y el progreso no han hecho al ser humano más feliz y más bueno,
como creían la mayoría de los pensadores de la Ilustración, sino que lo han hecho más desigual,
injusto y profundamente infeliz. Cultura y progreso no actúan pues como elementos
emancipadores, sino que dentro de la sociedad son elementos que han corrompido a los
hombres.
EL PROBLEMA DE LA SOCIEDAD O LA POLÍTICA
La sociedad corrompe así al hombre, pero Rousseau es consciente de que no se trata de volver
a un estado primitivo, que ni siquiera se puede demostrar que existió, sino que hay que analizar
esta sociedad, que produce esa infelicidad y egoísmo en el ser humano, para ver cuál es su
causa y reformarla de forma tal que pueda ser una comunidad que haga felices a los hombres. Y
para realizar esta tarea seguirá dos pasos: en primer lugar, situar el origen del mal social; y,
segundo, proponer una serie de reformas para transformar esta sociedad.
Para Rousseau el origen del mal en la sociedad es la desigualdad. Esta es fruto de la
propiedad privada que al surgir produjo que los hombres acabaran siendo socialmente
desiguales pues unos empezaron a atesorar privilegios frente a otros. Además, esto produjo un
permanente enfrentamiento social donde lo que primaba era el egoísmo y no la cooperación,
pues el deseo era poseer más y por tanto se fomentaba la codicia y el enfrentamiento entre todos.
Así, la sociedad actual es injusta y además impide la realización plena de los seres humanos
pues no los lleva a la felicidad.
Para reformarla, Rousseau propone un Contrato Social. Se debe reformar la sociedad, pero no
se puede volver al estado de naturaleza, sino que la idea del estado natural debe servir para
crear las bases de una sociedad justa, legítima de acuerdo al ser humano. Se trata de establecer
las bases para un pacto social justo, donde se pueda armonizar libertad, igualdad y poder
político. En este pacto social, que es un contrato social, el pueblo es el soberano.
Esta soberanía popular se expresa en la voluntad general que no es una mera suma de las
voluntades de cada individuo sino el interés social común. Efectivamente, la voluntad de todos
sería la suma de intereses egoístas de cada uno; sin embargo, la voluntad general es la del
sujeto colectivo que siempre pretende el bien común. Así, con el Contrato Social el individuo
renuncia a sus egoísmos personales para someterse a las leyes que establecen derechos y
deberes desde la voluntad general. Cada individuo renuncia así, según Rousseau, no a la libertad
como ciudadano sino a la libertad de obrar de acuerdo al egoísmo propio y en contra de la
comunidad, asegurándose así la igualdad y libertad de todos los ciudadanos.
Además, opina Rousseau, para la creación de esta nueva sociedad será fundamental la
educación ya que la educación interesa a los padres, pero también interesa al Estado porque hay
que formar al hombre y al ciudadano. Rousseau, en su obra Emilio, considera que a los niños se
les debe instruir desde la libertad, huyendo del academicismo y el mero aprendizaje
memorístico. Para esta educación se debe tener en cuenta que los niños tienen una mentalidad
diferente a los adultos, buscando abrir su mente a la curiosidad y deseo de saber a través,
fundamentalmente, del contacto con la naturaleza. Esta educación tiene como finalidad última
formar buenos ciudadanos y contribuir a la mejora social despertando el amor por las leyes
justas que representan el interés común.
De esta forma, y según Rousseau, los seres humanos pueden entrar en un nuevo estado que no
es ni el social anterior donde primaba el egoísmo individual ni tampoco el natural. Este nuevo
estado consiste en una sociedad racional y libre donde se erradicará el mal moral y la injusticia y
permitirá que cada uno de los seres humanos pueda alcanzar su felicidad y plena realización.
SELECCIÓN TEXTOS DE ROUSSEAU
CONTRATO SOCIAL (caps. 6-7)
TEXTO 1
“Supongo a los hombres llegados a un punto en que los obstáculos que perjudican a su
conservación en el estado de naturaleza logran vencer, mediante su resistencia, a la fuerza que
cada individuo puede emplear para mantenerse en dicho estado. Desde este momento, el estado
primitivo no puede subsistir, y el género humano perecería si no cambiase de manera de ser.
Ahora bien, como los hombres no pueden engendrar nuevas fuerzas, sino unir y dirigir las que
existen, no tienen otro medio de conservarse que formar por agregación una suma de fuerzas que
pueda exceder a la resistencia, ponerlas en juego por un solo móvil y hacerlas obrar en armonía.
Esta suma de fuerzas no puede nacer sino del concurso de muchos; pero siendo la fuerza y la
libertad de cada hombre los primeros instrumentos de su conservación, ¿cómo va a
comprometerlos sin perjudicarse y sin olvidar los cuidados que se debe? Esta dificultad, referida a
nuestro problema, puede anunciarse en estos términos:
‘Encontrar una forma de asociación que defienda y proteja de toda fuerza común a la persona y a
los bienes de cada asociado, y por virtud de la cual cada uno, uniéndose a todos, no obedezca
sino a sí mismo y quede tan libre como antes’. Tal es el problema fundamental, al cual da solución
el Contrato social.”
TEXTO 2
“Estas cláusulas, debidamente entendidas, se reducen todas a una sola, a saber: la enajenación
total de cada asociado con todos sus derechos a toda la humanidad; porque, en primer lugar,
dándose cada uno por entero, la condición es la misma para todos, y siendo la condición igual
para todos, nadie tiene interés en hacerla onerosa a los demás.
(…)
En fin, dándose cada cual, a todos, no se da a nadie, y como no hay un asociado, sobre quien no
se adquiera el mismo derecho que se le concede sobre sí, se gana el equivalente de todo lo que
se pierde y más fuerza para conservar lo que se tiene.
Por tanto, si se elimina del pacto social lo que no le es de esencia, nos encontramos con que se
reduce a los términos siguientes: Cada uno de nosotros pone en común su persona y todo su
poder bajo la suprema dirección de la voluntad general, y nosotros recibimos además a cada
miembro como parte indivisible del todo.”
TEXTO 3
“En efecto, cada individuo puede como hombre tener una voluntad particular contraria o
disconforme con la voluntad general que tiene como ciudadano; su interés particular puede
hablarle de un modo completamente distinto de como lo hace el interés común; su existencia,
absoluta y naturalmente independiente, le puede llevar a considerar lo que debe a la causa
común, como una contribución gratuita, cuya pérdida será menos perjudicial a los demás que
oneroso es para él el pago, y considerando la persona moral que constituye el Estado como un
ser de razón, ya que no es un hombre, gozaría de los derechos del ciudadano sin querer llenar los
deberes del súbdito, injusticia cuyo progreso causaría la ruina del cuerpo político.
Por tanto, a fin de que este pacto social no sea una vana fórmula, encierra tácitamente este
compromiso: que sólo por sí puede dar fuerza a los demás, y que quienquiera se niegue a
obedecer la voluntad general será obligado a ello por todo el cuerpo. Esto no significa otra cosa
sino que se le obligará a ser libre, pues es tal la condición, que dándose cada ciudadano a la
patria le asegura de toda dependencia personal; condición que constituye el artificio y el juego de
la máquina política y que es la única que hace legítimos los compromisos civiles, los cuales sin
esto serían absurdos, tiránicos y estarían sujetos a los más enormes abusos.”